Las Epístolas Desde la Prisión
8º Parte
 
 


CAPÍTULO DOS
 DE LA EPÍSTOLA

A LOS COLOSENSES
 
 

En el primer versículo del capítulo dos, Pablo vuelve a referirse a la lucha que sostiene por los Colosenses y por los que vivían en la cercana Laodicea, y el hecho de que nunca hubiesen “visto su rostro” nos muestra que debieron venir a conocer la salvación de Cristo a través del ministerio de terceros, que, en este caso, los más probable es que fuese por el testimonio de Epafras. El deseo que tenía el Apóstol para con ellos es que fuesen consolados sus corazones “unidos en amor”. El amor divino, nos asegura después en la epístola, es el sello de la perfección (“madurez”) que vincula a la gente de Dios (3:14). Este amor es preeminente entre los frutos del Espíritu Santo (Gál.5:22), y la unidad del espíritu que se solidifica por este amor ha sido realizada por Sí Mismo. Satanás siempre está procurando dividir. Dios en cambio siempre unifica a Sus hijos. La verdadera unidad fortalece, y la división siempre conduce a la debilidad. Mirad que nadie se engañe: No puede haber un “andar digno” sin guardar “esta unidad del Espíritu”, la cual ha sido hecha de antemano entre los miembros del Cuerpo. Cualquier quiebra que aquí se dé, tan solo nos criará obstáculos y producirá el contristar del Espíritu de Dios (Efes.4:30). Y no solo eso, sino que, además, da lugar al diablo, y rápidamente tomará ventaja de la situación. Por eso se nos alerta a guardar esta unidad como la primera parte del andar condigno (Efesios 4:1-16).

unidos en amor, hasta alcanzar todas las riquezas de pleno entendimiento, a fin de conocer el Misterio (secreto) de Dios el Padre, y de Cristo (Col.2:2).

A seguir tenemos una de las más sublimes frases de Pablo, un antídoto seguro para el falso conocimiento que estaba desviando de la verdad algunos en Colosas y haciéndoles caer en el error, y probablemente en otros lugares también. La gnosis, o el conocimiento que la falsa enseñanza estaba intentando difundir entre los Colosenses debió haberles causado una aparente buena impresión, con sus prohibiciones y falsa santidad, pero nunca podría haberles guiado al “pleno entendimiento” de Dios y de Aquel Único que lo contiene en Sí Mismo, esto es, el Señor Jesucristo. Todo el “secreto de Dios” es Cristo, y no tan solo una parte suya. Esto debería recordarnos que no todos los secretos de Dios han sido plenamente revelados. El Salvador declaró:

y nadie conoce al Hijo, sino el Padre, ni al Padre conoce alguno, sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo lo quiera revelar. (Mat.11:27).

Es imposible para cualquiera de los seres finitos y limitados llegar a comprender plenamente lo que Dios haya revelado tanto de Cristo como del Padre. Ahora solo conocemos en parte (1ª Cor.13:12). Aquellos que niegan la deidad de Cristo y hablan livianamente de Él como siendo meramente un ser creado más, deberían recordar esto. Nuestro conocimiento de este profundo misterio tan solo puede ir en crecimiento y profundidad a medida que vayamos reconociendo en la práctica a Aquel de Quien se dijo en verdad que: en Él habita toda la plenitud de la Deidad corporalmente (Col.2:9). Las palabras de C.H. Welch sobre este punto son estas:

La piedra de toque o criterio de toda doctrina, tanto si sea expresada como “filosofía”, como si es la sanción de la “tradición”, o proveniente de todas las formas según los aceptes “rudimentos del mundo”, es CRISTO (Col.2:8). Cristo es revelado como nuestra propia vida en sí misma (Col.3:4), y eventualmente como nuestro “TODO y en todos” (Col.3:11). Es la lección más sencilla y al mismo tiempo la más profunda de las edades. “El Misterio de Dios” es el que abarca en sí mismo todos los demás misterios (secretos) en su esfera, y que son resueltos en la Persona de Cristo. El hecho de que yo pueda llegar a conocerle es el clímax de toda oración. “Yo sé a Quién he creído” es la base de toda garantía. Conocer el amor de Cristo es poseer un conocimiento que se sobrepone, va más allá y está por muy por encima de nuestras más grandes facultades. La excelencia del conocimiento de Cristo hace con que todo lo demás que podamos alcanzar sea muy inferior en su comparación, y la propia unidad de la fe para la cual todos nos dirigimos es, sobre todo, “el conocimiento del Hijo de Dios” (Efes.4:13). El evangelio de Pablo era Cristo (1ª Cor.1:23; 2ª Cor.4:5; Gál.1:16). La doctrina de Pablo era Cristo (Efes.4:20). Su vida aquí en la carne (Gál.2:20), el objetivo de esta vida (Filip.1:21), y la vida de resurrección en gloria (Col.3:4) era Cristo. Ningún lenguaje nuestro puede expresar ni tan siquiera algo aproximado de la plenitud que el corazón percibe residir en estas palabras de Colosenses 2:2. Tan solo una exposición de esta epístola que durase toda la vida podríamos esperar que viniera a tocar la franja de este grandioso tema (The Berean Expositor. Vol.23.pags.44, 45).

Si estas sabias palabras vuelven a impresionarnos de nuevo con la grandeza del tema de Cristo Jesús no serán en vano. Verdaderamente solo en Él se hallan todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento escondidos (Col.2:3), y este es el gran antídoto para todo error de doctrina, tal como la falsa enseñanza que estaba procurándose inducir sobre los creyentes Colosenses. Tal como Pablo ya había previamente insistido a la iglesia Corintia, tan solo en Cristo habita toda la sabiduría de Dios (1ª Cor.1:24, 30). Esta glorificación del Señor Jesús se hizo con el expreso propósito de prevenir a estos creyentes en Colosas de ser engañados:

Por tanto, de la manera que habéis recibido al Señor Jesucristo, andad en Él; arraigados y sobreedificados en Él, y confirmados en la fe, así como habéis sido enseñados, abundando en acciones de gracias. (Col.2:6, 7).

Estos creyentes le habían recibido a Él como Salvador y Señor, y así fueron “arraigados” en Él. Ahora se esperaba que le reconociesen en la práctica como Señor y Maestro. El Apóstol aquí emplea dos ilustraciones para expresar la verdad. “Arraigados” es el participio presente en el verbo que señala un acto que tuvo lugar en el pasado, pero cuyo efecto persiste en el presente. Este “arraigados” en Cristo y la íntima unidad con Él es verdad para todo tiempo, y por tanto expresa una continuada secuencia. Un tal sano enraizamiento conduce a un sano crecimiento y fructificación. “Sobreedificados” también se halla en el participio presente, con lo cual se indica un firme y seguido crecimiento. “Confirmados” o “establecidos” expresa de igual manera una continua experiencia de fortalecimiento y confirmación resultante de esta vida centrada en Cristo. La “Fe” es el conjunto de verdad revelada que había sido dada por el levantado y ascendido Cristo a través del Apóstol Pablo (Gál.1:11, 12; Efesios 3:1-9; 2ª Tim.1:13, 14; 2:2) y como nota final, se enfatiza ser agradecidos “abundando en acciones de gracias”, pues con eso nos alejaremos de todo egoísmo y nos dirigiremos al Señor, Quien es la única fuente y sustancia de estas gloriosas verdades y a Quien toda alabanza debe ser dirigida.

Ahora entramos en la distintiva sección de esta epístola que trata con la herejía Colosense y su antídoto (Col.2:8 – 3:4). Consecuentemente, el Apóstol comienza con una palabra de aviso:

Mirad que nadie os engañe por medio de filosofía y huecas sutilezas, según la tradición de los hombres, conforme a los rudimentos del mundo, y no según Cristo. Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en Él, que es la Cabeza de todo principado y potestad (Col.2:8-10).

Ya hemos hablado sobre la falsa enseñanza que estaba diseminándose en la iglesia Colosense. Aunque sea difícil llegar a ver un claro retrato de esta herejía en detalle, aparentemente consistía de una mezcla entre el legalismo Judío y la filosofía pagana que resaltaba la completa antítesis entre el espíritu y la materia, la cual se consideraba mala. Consecuentemente, un santo Dios se había separado de Su creación, y no era posible que hubiese un contacto directo entre ellos. Cualquier contacto tan solo podría ser alcanzado a través de intermediarios que tenían que ser considerados como señores espirituales o gobernadores de las siete esferas planetarias en las cuales el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno se movían. Cada uno de estos astros se creía estar gobernado por uno de estos señores (un archon) y ningún tipo de aproximación directa a Dios sería posible excepto a través de estos ángeles mediadores. Si esta doctrina se llegase a alcanzar, entonces la persona podría comprender la manera de agradar o aplacar a estos seres espirituales.

La totalidad de esta engañosa mentira era un ataque sobre la doctrina Bíblica de la creación y la redención que tan solo viene a producirse a través de la agencia del Señor Jesús. Tan solo Él sería el antídoto para la tal falsedad. La nueva enseñanza reclamaba ser una doctrina más alta, pero todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento se hallan solamente en Él. Solamente Él fue el Creador. Solo en Él habitaba la plenitud de la Deidad corporalmente. Solo Él era el único Mediador entre Dios y los hombres y era, además, el conquistador de los principados y potestades enemigos de los creyentes. Por lo tanto, dejarle a Él, sería volverse atrás a las tinieblas y a la esclavitud de las cuales habían sido redimidos, sin importar nada cuan plausible o persuasiva pudiera parecer la nueva idea resaltando una santidad y una humildad que, vista en su verdadera raíz, era completamente falsa.

Toda la historia del hombre desde el Edén ha venido desarrollándose entrelazada con el engaño. Satanás es sobre todo, el archiengañador. Como tal, primero engañó a Eva, y desde entonces ha venido engañando a toda la humanidad. No hay protección efectiva contra sus mentiras fuera de la revelación de la verdad, la Palabra de Dios, y la Palabra viva a Quien revela, Quien es la Verdad (Juan 14:6). Tan Solo en Él hay salvación. Tan solo en cuanto estemos asidos firmemente a la Palabra de Dios de verdad y la dividamos correctamente, recusándonos a dar un paso para allá de lo que está revelado, estaremos a salvo. De otra manera, estaremos siguiendo las tinieblas en vez de la luz, sembrando las simientes del error y finalmente cosechando la vergüenza, la esclavitud y la reprensión de Dios. Este es el único anhelo y objetivo de Satán, desviar al creyente de la libertad en Cristo y llevarlo de vuelta bajo su control y esclavitud. Mirad que nadie os engañe, dijo el Apóstol, y el aviso es tan vital y necesario hoy en día como lo era entonces. Satanás puede alterar sus tácticas, pero al fin y al cabo tiene siempre el mismo objetivo aunque esté recubierto por atractivas representaciones, es decir, las “persuasivas palabras” y las llamativas y atractivas personalidades de los así denominados ministros de justicia que Satán generalmente utiliza.

Debemos observar por este contexto de Colosenses que su ataque es triple, descrito como “falso razonamiento”, “seductor” y “perjudicial”, y para llevar esto a cabo utiliza tres medios: (1) una hueca y vana filosofía, (2) la tradición humana y (3) los rudimentos o elementos del mundo.

Podemos fácilmente venir a ser engañados por falsos razonamientos. Aunque la fe nunca deje de ser razonable, hay sin embargo asuntos Divinos que están por encima de nuestro razonamiento o capacidad de comprensión. Debemos por lo tanto retener firmes estas cosas en la Palabra de Dios, y eso es cuanto basta para todo aquel que esté convencido de su verdad. Si no aceptamos esto, entonces vendremos a ser presa fácil para el Engañador y sus mentiras envueltas con “palabras persuasivas” o “seductoras palabras” de apariencias tan atractivas y correctas. El Apóstol deliberadamente ya había pedido que se evitasen las “palabras persuasivas” en sus tratos con la iglesia Corintia, para que su fe no estuviera basada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios (1ª Cor.2:1-5), y solo así venimos a estar a salvo de las artimañas de Satán.

La palabra sulagogeo (persuadir, o espoliar) significa “tomar cautivo o raptar”. Repetimos, este ha sido siempre el objetivo de Satán para deshacer la libertad que para nosotros produjo la redención de Cristo y llevarnos de vuelta a la esclavitud. La filosofía y la hueca sutileza pueden ser tomadas como una endíadis, es decir, no como dos cosas separadas, sino una, una filosofía que es tanto vacía (hueca) como engañosa.

¿Qué es la filosofía? Es la investigación por la sola asistencia de la mente humana para descubrir conocimiento y sabiduría, y para generalmente obtener la comprensión de la esencia de las cosas. No hay nada de errado en la búsqueda por el conocimiento, siempre y cuando quien procure tenga en mente los límites de la capacidad humana del entendimiento y la experiencia. Pero directamente el hombre se aventura a ir más lejos, es decir, se introduce así en la esfera de Dios y del infinito, se basa confiado en su profundidad y llega a ser como un trozo de corcho siendo zarandeado por el océano. Sus pensamientos entonces pasan a ser meras especulaciones, por muy astutas y atractivas que puedan parecer, y por eso son vanas y desprovistas de verdad, siendo completamente engañosas.

No debemos limitar el término “filosofía” empleado por Pablo a los Griegos y Romanos. Josefo nos dice con toda claridad que la palabra se aplicaba a las varias sectas de Israel:

Los Judíos prestaban una gran atención a estas sectas de filosofías tan peculiares suyas; la secta de los Esenios, y la secta de los Saduceos y la tercera secta de opiniones que se denominaba los Fariseos (Antigüedades 18:1, 2).

En apariencia sería una mezcla de filosofía Judía y Griega la que estaba diseminándose en Colosas en sustitución de las divinas realidades en Cristo. Enfatizaba la primacía de la razón humana y del conocimiento como estando por encima y en contra de la revelación de Dios en la Persona del Señor Jesús, en Quien al fin y al cabo se había manifestado. La revelación centrada en Cristo es lo contrario de cualquier filosofía humanística que comienza con el hombre, y que hace del razonamiento y del intelecto del hombre la medida de la verdad. Una tal filosofía es prácticamente inconsciente de sus finitas limitaciones, ni tan poco se da cuenta que la mente humana esté afectada y ciega por causa del pecado.

Por otro lado, el creyente sabio se acerca a la Palabra de verdad en humildad, para escuchar lo que Dios tenga que decirle. Es consciente a toda hora de la limitación de su intelecto, y por tanto está listo para ser enseñado por el Espíritu Santo, procurando que su propio razonamiento no sea el árbitro final de la verdad. Todavía sigue siendo verdad el dicho del Apóstol Pablo: el mundo por la sabiduría no conoció a Dios (1ª Cor.1:21). La falsa filosofía en Colosas tenía dos bases: la tradición de los hombres y los rudimentos del mundo. La tradición se emplea tanto en el buen sentido como en el malo en las Escrituras. El término se puede referir al conocimiento que es pasado de unos a otros; mientras el Nuevo Testamento estaba siendo escrito, al mismo tiempo se iba comunicando oralmente por los apóstoles. Consecuentemente, Pablo, en 2ª Tesal.3:6 avisa a quien estaba andando desordenadamente y no conforme a la enseñanza (tradición) que recibisteis de nosotros. Aquí por tanto vemos el empleo en el buen sentido. Esta era la verdad en toda su pureza. Sin embargo, he aquí, la verdad generalmente viene embebida de adiciones humanas que al fin y al cabo la adulteran y anulan. Cristo acusó a los líderes Judíos de transgredir los mandamientos de Dios y de hacerlos inefectivos por su tradición (Mat.15:2-6) y esto es lo que ha caracterizado a la Cristiandad desde entonces. ¿Cuántos dogmas no han venido a ser sostenidos por los profesantes Cristianos convencidos que hayan sido deducidos por la Palabra de Dios? Para la gran mayoría son credenciales debido a que una cierta iglesia se los haya enseñado, o porque son vistas como asuntos aceptes por la mayoría sin cuestionar. Esto es desastroso para la apreciación de la verdad de Dios, y pone en esclavitud a quien acepte ciegamente una tal tradición. Tanto Pedro como Pablo conocían bien el poder cegador de la tradición (vea Gál.1:14 y 1ª Pedro 1:18). Precisamos ciertamente comprobar que no estemos siendo atados por sus cadenas. Muchas veces una creencia, perdurable en el tiempo, ha llegado a ser un ataque directo a la pura Palabra de Dios, y ha sido acepte como verdad. Esto es lo que Satán estaba empleando en Colosas para atrapar en el engaño a los creyentes de su iglesia.

El tercer medio de ataque del enemigo era los rudimentos del mundo. Stoicheion significa un “primer paso” o los elementos del inicio del aprendizaje, el ABC de cualquier tema o sujeto en sí mismo. En Hebreos 5:12-14 se traduce “los primeros rudimentos” o “principios”, y así se asocia con la infancia y la inmadurez en contraste con la “plena edad” o “madurez”. La palabra también significa las substancias elementares, los básicos elementos de los cuales son hechas todas las cosas en el mundo natural. Pedro nos asegura que vendrá un tiempo cuando estos elementos vengan a ser deshechos, quemados en fuego ardiente (2ª Pedro 3:10, 12), y unos cielos nuevos y tierra sean creados por Dios. Su tercer significado es “cuerpos celestiales”, los signos del zodiaco, y de ahí los espíritus elementares que se suponían controlar los planetas; de ahí también la lectura que hace la Revisión Estándar Revisada en Colosenses 2:8:

Mirad que nadie os haga prisionero por filosofía y huecos engaños, de acuerdo a la tradición humana, según los espíritus elementares del universo, y no de acuerdo a Cristo.

Estos “espíritus elementares” son los gobernadores espirituales de maldad supuestamente en control de las siete esferas planetarias a las cuales ya nos hemos referido. La moderna astrología, que ha llegado actualmente a ser tan popular, es un “primer paso” hacia este tipo de conceptos. Es difícil decidir cuál sea de los dos significados representados, si el que se da por la Versión Autorizada o la Versión Estándar Autorizada en Colosenses dos. Probablemente haya verdad en ambas Versiones con respecto al error en la iglesia Colosense. Ambos podían ser los medios que el enemigo de la verdad estuviese empleando para desviar a los creyentes en Colosas de Cristo y de las plenas riquezas que en Él poseían. La hueca y engañosa filosofía sin duda alguna debía presentarse muy atractiva, pero no era según o conforme a Cristo (2:8). Aquí está la piedra de toque o criterio de toda verdad, el estándar por el cual todas las cosas deben ser medidas por el creyente. Mirad que no seáis engañados. No precisamos malgastar nuestro tiempo con cualquier esquema cristiano que no pase este examen. ¿En qué consideración se tiene al Señor Jesucristo? ¿Es el Primero y el Último, el Centro y la Circunferencia de todo? Si no lo es, entonces, y si somos fieles, tan solo podemos hacer una cosa, esto es, alejarnos del tal esquema.

El Apóstol pasa ahora a corregir todo este error:

Porque en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad, y vosotros estáis completos en Él, que es la Cabeza de todo principado y potestad (2:9, 10).

Aquellos que hayan realmente abrazado por la fe la suprema revelación de estos dos versículos, con toda seguridad no se volverán atrás siguiendo la pobre sustituta mediación de los poderes espirituales que, al fin y al cabo, ya fueron derrotados por Cristo sobre la cruz (vers.15). Tan solo en Cristo Jesús reside la plenitud de la Deidad, y esa plenitud ha sido impartida a los creyentes. Han sido hechos “rellenos a plenitud” en Él, sin importar la medida que tuviera el vaso, si pequeño, o medio, o grande. La asociación entre la plenitud de Dios y el rellenado a plenitud del creyente, tan claramente expuesta en el Griego, se queda un tanto oculta por la Versión Autorizada (y de la Reina y Valera) traduciendo “completos”, a menos que se piense del término como “llenos hasta el borde”. Esta es con toda seguridad una de las más estupendas verdades para el creyente procurar entender.

Una vez que seamos conscientes de esto, inmediatamente nos daremos cuenta que cada miembro del Cuerpo posee en Cristo todo lo que sea precioso, provechoso y eterno. No hay nada más deseable. Cualquier cosa que lo parezca es una trampa y una desilusión. El Apóstol continúa con este argumento diciendo que esta “plenitud” hace con que los tipos y los rituales sean completamente inútiles e innecesarios. En el mejor de los casos, solo pueden ser considerados tan insustanciales como las sombras. Esta Divina plenitud, que es espiritual, es la suprema realidad, y no mengua como lo hace todo lo más bajo que pueda ser tocado o detectado por los sentidos. ¿Quién querría contentarse con las sombras cuando se tiene disponible esta incomparable plenitud? Pero hay millares que se contentan y que todavía se apegan a las sombras, con lo cual demuestran el bajo concepto que tienen de esta sobreexcedente riqueza en Cristo.

El Apóstol ahora nos declara enseñando la obra fundamental Divina que hace posible esta plenitud de Dios para los miembros del Cuerpo:

En Él (Cristo) fuisteis circuncidados con circuncisión no hecha a mano, al echar de vosotros el cuerpo pecaminoso carnal en la circuncisión de Cristo. Sepultados con Él en el bautismo, en el cual, fuisteis también resucitados con Él, mediante la fe en el poder de Dios que le levantó de los muertos. (Colos.2:11, 12).

La circuncisión de Cristo no se refiere al ritual llevado a cabo cuando cumplió los ocho días de edad, sino antes bien a Su crucifixión, la puesta de parte del cuerpo de carne tal como en 1:22 ya se había declarado. El bautismo no es el resultado de alguna cosa que el hombre lleve a cabo. No es tampoco la obra de ningún líder o ministro cristiano. Es ciertamente la obra de Dios tal como el versículo doce señala. Así como la circuncisión relativa al creyente no es literal sino espiritual (no hecha de manos humanas), así también sucede en esta Divina asociación e identificación del creyente con Cristo, la cual se trata en Romanos seis y en Efesios dos. Ningún ser humano podía cumplir esto por sí mismo, o por alguien más. Dios no espera hasta que una persona salva sea embebida en el agua antes de venir a completar esta gran obra. Es a través solamente de Su operación, y esto llega a ser verdad en el preciso momento en que la salvación se experimenta. De la misma manera sucede en el levantamiento o resurrección del creyente con Cristo, se realiza solamente a través de la operación de Dios. Ninguna inmersión en agua o al salir de ella el hombre puede realizarlo. La muerte, sepultura, vivificación, resurrección y asentamiento del creyente en Cristo en los lugares celestiales es, volvemos a repetirlo, la sola operación de Dios. Poner aquí cualquier tipo de ritual llevado a cabo por el hombre sería espoliar las maravillas del contexto y arruinar el argumento del Apóstol. Él nos dice que los tipos y las sombras tienen que ser suprimidos porque ahora tenemos la plenitud de las realidades espirituales, estando completamente identificados y hechos uno con Cristo en Su muerte, sepultura, resurrección y ascensión. Es una lástima añadirle a todo esto el bautismo con agua. Aun cuando alguien crea en la regeneración bautismal (como lo hacen los Católicos Romanos y otros) continúa estando fuera de lugar. Si deseamos disfrutar de la realidad espiritual en toda su plenitud, precisamos no darle atención a los tipos que anteriormente estaban puestos, y que aun entonces ni eran perfectos ni podían perfeccionar a nadie. Abandonaremos el libro de las ilustraciones y alabaremos a Dios por el estupendo hecho de que, en Cristo, ahora estamos repletos hasta el borde con Su plenitud, y todo esto ha venido a realizarse por Su sola obra. El Apóstol ahora proclama el hecho de que cada miembro del Cuerpo de Cristo haya sido libertado del dominio de la ley que nos “era contraria”, y había “contra nosotros”:

anulando el acta de los decretos que había contra nosotros, que nos era contraria, quitándola del medio y clavándola en la cruz. (Colos.2:14).

La palabra cheirographon, “manuscrito”, era una declaración de débito firmada por el deudor, asumiendo su “deuda”. La ley de Dios con sus ordenanzas se mantenía como una declaración de nuestra deuda como pecadores. Esto es lo que vino a cancelarse o anularse siendo quitada por la muerte de Cristo, pues Él no solamente cumplió perfectamente la ley, sino que ocupó el lugar del pecador y aceptó en Su propia Persona el pago debido a la quiebra del pecado. Así, pues, la ley, como instrumento de condenación, fue puesta de lado por Dios y cancelada. Su demanda vino a ser completamente satisfecha por la ofrenda del Hijo de Dios, y ahora ya no tiene poder para acusar o condenar, y es en este sentido que fue quitada y anulada en cuanto a todo lo concerniente al creyente.

Pero no solo eso resultó de la victoria de la cruz. No solo vino a ser cancelada la esclavitud de la ley, sino que además obtuvo la victoria sobre los poderes espirituales de maldad:

…Y despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente, triunfando sobre ellos en la cruz (Col.2:15).

Aquí se hace una ilustración semejante a la del conquistador romano que derrotaba a sus enemigos y los llevaba cautivos detrás de sus carros en la procesión que se hacía en honor de su victoria. Por fin, el medio del Calvario significó la práctica derrota para Satán y sus huestes, y si así sucedió, ¡cuán necio y peligroso sería para los Colosenses procurar adorar a los ángeles y sujetarse a ellos! Si así lo hiciesen, entonces, ¡estarían abandonando la gloriosa liberación producida por Cristo de la abyecta esclavitud de la cual habían sido librados! Vendría a ser la gran lección de los Gálatas otra vez repetida:

Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud (Gál.5:1).

Aunque sea cierto que esta libertad no debe ser ejercida de manera egoísta (Pablo estaba siempre listo para limitar su libertad si con eso pudiera evitar la ofensa de alguno que fuese débil en la fe), aun así, volverse a vestir de los viejos y raídos vestuarios en cuanto a los fundamentos anteriores concierne, significa ponerse uno mismo bajo el poder de Satán que la redención había anulado. Por tanto, el Apóstol continúa diciendo:

Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a días de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir; pero el cuerpo (o la sustancia) es de Cristo (Col.2:16, 17).

La esclavitud a los requisitos legales era cosa del pasado, tanto si referente a las observancias anuales, mensuales o semanales. El versículo dieciséis tiene una connotación más amplia que la habida en la ceremonia Mosaica, la cual no afectaba a regulaciones de bebidas en conexión con los alimentos ceremoniales puros o impuros. Debieron ser regulaciones especiales añadidas y enfatizadas por los falsos maestros en Colosas con su disimulada y engañosa santidad. Sin embargo, incluía la observancia del día de reposo, el Sabbath, y aquí citamos de Dean Alford que, ciertamente, no tenía una especial inclinación dispensacional:

Debemos observar que, si la ordenanza del Sabbath hubiese sido, de alguna forma, de perdurable obligación en la iglesia Cristiana, hubiese sido del todo imposible para el Apóstol hablar de esta manera. El hecho de un obligado descanso de un día, tanto si sea el séptimo como el primero, habría estado directamente en oposición de su afirmación aquí; la sujeción de tal ordenanza sería como retener la sombra, cuando poseemos la sustancia. Y ninguna respuesta puede ser dada a esto por la transparente especial alegación de que, el apóstol, solo esté hablando aquí de aquellas costumbres Judías, en tales observancias; siendo que todo el argumento sea general, y el axioma del versículo 17 de aplicación universal (del libro, El Testamento Griego Vol.3, pag.225).

Lo mismo puede ser dicho del argumento de Pablo en Rom.14:5, 6. Nuestro domingo no es el Sabbath del Antiguo Testamento; siempre se designaba como “el primer día de la semana” en el Nuevo Testamento, y de todas formas no hay un Divino mandamiento en el Nuevo Testamento para guardarlo y observarlo como el Sabbath del Antiguo Testamento. Eso no quiere decir que no apreciemos la posibilidad de poder descansar en ese día y la oportunidad de reunirnos en él para adorar y testificar. No deberíamos usar nuestra libertad para ofender a los hermanos más débiles; tan solo procuraremos regularnos por lo que está claramente revelado en la Palabra de Dios como siendo mandamiento para la iglesia.

El hecho que permanece es que, el día de Sabbath, se asocia por Pablo, bajo la guía del Espíritu Santo, con “comida y bebida”, y es clasificado como sombras. Pero, podemos estar seguros, el cuerpo (la substancia, la realidad) es de Cristo. Todos los tipos son proféticos; miran enfrente a su cumplimiento en la Persona y obra del Señor Jesús: Una vez que Él los cumplió, fueron alcanzados sus objetivos. En el mejor de los casos no son sino sombras, señalando a Cristo, pero las sombras ya no tienen lugar cuando la realidad para la cual apuntaban vino a suceder. Debemos recordar que una sombra no permanece separada del cuerpo que proyecta. Cuando el cuerpo se mantiene en frente de la luz la sombra desaparece. Y esto es exactamente lo que tenemos en el propósito de Dios. Nosotros ahora estamos en el pleno resplandor de la revelación dada en las epístolas en prisión de Pablo y, si tenemos alguna real apreciación de estas supremas riquezas espirituales, estaremos totalmente dispuestos a dejar de lado las sombras. Desaparecerán a la luz de Su gloria ascendida y nuestra exaltada posición en Él: sentados juntamente en Cristo Jesús en los lugares celestiales (Efesios 2:5, 6). Por naturaleza somos criaturas de sentido y sentimientos. Si hay cualquier cosa que podamos ver o escuchar o tocar o probar, eso es lo que consideramos como siendo real para nosotros. Pero debemos aprender que no es así actualmente: tan solo es la sombra en cuanto a la verdad espiritual concierne. Las realidades son las sobreexcedentes riquezas espirituales que poseemos en Cristo. Estas riquezas son eternas e inmutables, y son estas riquezas las que deberíamos mantener firmemente por la fe y en las cuales debíamos regocijarnos; No hay nada terrenal o visible que se puedan comparar con ellas en precio.

Y para todo aquel que nos juzgue sobre estas cosas, nuestra respuesta siempre es la misma, esto es, Colosenses 2:16. Teniendo al Señor Jesús en toda Su plenitud, poseemos todas las cosas. Estamos “llenos a plenitud (completos) en Él” (vers.10) y para nosotros las sombras ya se han acabado para siempre y han sido abandonadas. El Apóstol continúa diciendo:

Nadie os prive de vuestro premio, afectando humildad y culto a los ángeles, entremetiéndose en lo que no ha visto, vanamente hinchado por su propia mente carnal, y no asiéndose de la Cabeza (Col.2:18, 19).

Katabrabeuo, privar, tan solo aparece aquí en el Nuevo Testamento. Su significado en el Griego clásico varía y va desde “privar de un premio”, hasta el más usual “dar un juicio adverso”: su más usual significado conlleva la idea de “privarle a alguien de alguna cosa que de otra manera hubiese venido a poseer”. Teniendo en cuenta el trasfondo del Apóstol por la ilustración deducida de la carrera en curso, “privar a alguien del premio” es sin duda alguno su significado aquí. Es bueno darse cuenta que el enemigo no malgasta su tiempo intentando hacer con que un creyente pierda su vida en Cristo o su salvación. Esto es imposible, pues esa tal vida está a salvo y “escondida con Cristo en Dios” (Col.3:3) y está, por lo tanto, fuera del alcance del enemigo. Recordaremos que a Satán le era permitido afectar cualquier cosa perteneciente a Job menos su vida. Lo que Satán hace, sin embargo, es procurar que el creyente desista de su carrera, deshaciendo así la posibilidad de venir a recibir una divina recompensa. Los “premios” y las “coronas” pueden venir a perderse (Apoc.3:11), y aquellos en Colosas que estaban siendo seducidos por la falsa enseñanza que estaba circulando se hallaban en peligro de eso mismo, una grave pérdida que, de hecho, sería acompañada por la vergüenza, tal como 2ª Tim.2:15 nos muestra claramente.

Es extremamente difícil traducir del griego la frase: “entremetiéndose en lo que no ha visto”, pues la evidencia textual de muchos manuscritos omiten la partícula negativa y, una vez que embateuon no aparece en ningún otro lugar en el Nuevo Testamento, no tenemos usos de los cuales podamos servirnos como guía. Solamente los que posean un avanzado conocimiento del Nuevo Testamento Griego podrían ser capaces de resolver las dificultades técnicas discutidas por autoridades tales como J.B. Lightfoot, F.F. Bruce, E. Percy, G. Taylor, J.R. Harris y otros. El peso de la evidencia no en tanto creemos que recae sobre la Versión Revisada, porque su traducción se adapta muy bien al contexto. Aquellos que estaban siendo desviados estaban recibiendo y admitiendo “visiones” que resultaban en el orgullo (vanamente hinchados por su mente carnal pecadora). Aunque externamente parecieran ser humildes (vers.23), no eran otra cosa sino una despreciable caricatura de lo real, puesto que nacían de las especulaciones humanas en vez de la revelación de Dios, y provenían de aquellos que habían perdido el contacto con Cristo (“no asidos de la Cabeza”) y estaban a merced de las tinieblas (“mente carnal”).

Estas falsas visiones evidentemente decían respecto a ángeles, puestos como siendo los necesarios mediadores entre Dios y los hombres, y así por tanto suplantaban al Único Mediador, Cristo Jesús. Esto conducía a su adoración, lo que Satán más anhela tener, pues él es quien realmente estaba por detrás de estos falsos poderes espirituales. Satán no desea otra cosa sino ocupar la posición del propio Dios y la adoración de toda la creación. ¡Cuán grato debía estar con los acontecimientos sucedidos en Colosas! Y cuando logramos comprender lo que allí estaba ocurriendo, mejor podemos apreciar el profundo cometido de Pablo en favor de los creyentes que formaban la iglesia en aquel lugar.

Dejar de estar “asidos a la Cabeza” tan solo podría conducir al desastre. Empleando otra figura, el propio Señor dijo: como el pámpano no puede llevar fruto en sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en Mi… el que en Mi no permanece será echado fuera como pámpano, y se secará, y los recogen, y los echan en el fuego, y arden (Juan 15:4—6).

La separación de Cristo significa la muerte espiritual y la esterilidad. Por eso el Apóstol continúa declarando:

Pues, si habéis muerto con Cristo en cuanto a los rudimentos del mundo, ¿por qué como si vivieseis en el mundo os sometéis a preceptos tales como: No manejes, ni gustes, ni aún toques (en conformidad a mandamientos y doctrinas de hombres), cosas que todas se destruyen con el uso. Tales cosas tienen a la verdad cierta reputación de sabiduría en culto voluntario, en humildad y en duro trato del cuerpo, pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne (Col.2:20-23).

Pablo ya había estado insistiendo sobre la identificación del creyente con Cristo en Su muerte, sepultura, vivificación, resurrección y ascensión. Y a seguir había insistido sobre la posterior aplicación de todo esto de una manera práctica. Si esto era verdad, ¿por qué entonces se comportaban como si estuviesen todavía siendo esclavos de Satanás y de los hombres? ¿Por qué habrían de sujetarse a tales restricciones tan negativas como “no manejes esto” o “no comas ni toques lo otro” etc., etc.? Eso no dejaba de ser sino un insulto y burla de la verdadera santificación. En la superficie bien podría aparentar ser humilde, sabio y espiritual. Pero en realidad era fútil y prácticamente despreciable e inútil en cuanto a la prevención de los deseos e indulgencias de la vieja natura pecadora. Eran puramente de invención humana y completamente engañadoras.

Hay cristianos hoy en día que necesitan recordar que la verdadera santificación es positiva y activa, no meramente negativa. No es suficiente que el creyente diga: “Yo no hago esto o lo otro”. Lo que realmente importa es lo que efectivamente somos y hacemos. Esto es lo que un mundo incrédulo observa, no meramente nuestras negaciones.

 

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