El
Señor
Jesucristo
¿Dios, o tan solo hombre?
Por
Stuart Allen
Traducción: Juan Luis Molina
THE BEREAN PUBLISHING TRUST 52a Wilson Street, London
EC2A 2ER, England
PREFACIO
El cristiano sabio tiene que tener siempre presente
que las Escrituras tan solo nos dan una revelación parcial de Dios. El estudiante de la Palabra se mantendrá ocupado durante
todo el resto de su vida, y tan solo podrá comenzar a comprender lo que haya
sido revelado, esto es, “lo que pueda ser conocido de Dios” (Rom.1:19). Por
esta razón, cualquier aproximación al tema de la Deidad de Cristo debe realizarse en una actitud de total humildad y
reverencia, y evitando argumentos partidarios y específicos.
Pero hay, no en tanto, revelado en la Escritura, lo
suficiente como para que todos vengamos a comparecer ante Jesucristo diciendo,
con aquel Tomás de la antigüedad: ¡Señor mío y Dios mío! (Juan 20:28). Este
estudio realizado por el Sr. Allen, centrándose como lo hace sobre algunos de
los testimonios escriturales que hablan de Él, producirá la adoración
verdadera, si los hechos son sopesados con honestidad por el lector que a él se
acerque y lo lea seriamente.
El aspecto más importante de este tema, desde el
punto de vista de los creyentes, dice respecto a su propia salvación, pues ésta
se haya en peligro, si es que alguna duda exista de que Cristo era Dios manifiesto en la carne (1ª
Tim.3:16). Si no podemos creer la contundente declaración de Juan diciendo que
la Palabra, Quien era Dios, se hizo carne y habitó entre los hombres como
Jesucristo, ¿Cómo podremos estar seguros de que el Cordero de Dios quitó el
pecado del mundo? (Juan 1:1, 14, 29). El propio título de “Jesús” como Aquel
que “salvaría a Su gente de sus pecados”, fue en sí mismo un cumplimiento de la
profecía del Antiguo Testamento refiriendo al Hijo de la virgen, Emmanuel, Dios
con nosotros. (Mat.1:21-23).
Ojalá que
este estudio venga a ser un medio en la buena voluntad de Dios llevando a
muchos a confesar a Cristo, no solamente como Salvador, sino además como Señor,
con todas las implicaciones que se asocian a dicho título.
Brian E.
Sherring
El Señor Jesucristo
¿Dios, o solo hombre?
La fe cristiana se basa sobre grandes verdades
fundamentales, y una de estas columnas principales es la Deidad de Cristo. La
desafiante pregunta, en frente de los Fariseos y pronunciada por el propio
Señor: ¿Qué pensáis del Cristo?, es
completamente relevante hoy en día, y de nuestra respuesta depende nuestro
conocimiento de Dios y todas las riquezas de Su verdad y amor redentor que Él
desea darnos a conocer. Si un sistema erra en esta vital cuestión, es dudoso
realmente que pueda, apropiadamente, denominarse “cristiano”. El Unitarismo no deja de ser una fórmula
moderna de la antigua herejía del Arrianismo. En los siglos más tempranos, no
fue hasta que el evangelio hubo sido predicado durante unos trecientos años,
que alguien comenzara a asaltar la creencia cristiana en la Deidad de Cristo.
Arrianismo: Doctrina de Arrio a principios del s. IV en Alejandría, según la cual el Verbo no es igual o consustancial al Padre. Fuecondenada en el primer concilio ecuménico, celebrado en Nicea en 325. No obstante, fue profesada hasta el s. VII porlos visigodos, ostrogodos, vándalos y otros pueblos bárbaros.
Herejía religiosa del s. iii que negaba la divinidad de Jesucristo, al que consideraba creación oemanación de Dios, pero no igual o consustancial a Él.
Arrio comenzó a cuestionarla, y por la naturaleza de
su ataque estaba claro que los creyentes la habían mantenido antes sin dudar.
Si los cristianos no hubiesen negado de manera general esta doctrina, su
oposición carecería de sentido. Sus puntos de vista fueron puestos al descubierto
como estando completamente en desacuerdo con la Palabra de Dios. De tiempos a
tiempos su doctrina vino a revitalizarse, y en el gran conflicto de las edades, por detrás de los escenarios entre
la luz y las tinieblas, entre Dios y Satanás, sin duda alguna el poder del
maligno se hallaba escondido en estas actividades, pues su gran deseo es
destronar a Cristo y ocupar el trono de Dios. Satanás no tan solo es anti-Cristo, contra Él, sino que además
procura Su posición y desea otorgarse
ese privilegio por todo el universo (Isaías 14:12-14).
NO HAY FILOSOFÍA DE DIOS EN LAS ESCRITURAS
Precisamos
establecer antes que nada, que, en las Escrituras, no hay filosofía de Dios; y
en cuanto a todo lo que abarca lo “absoluto de Dios”, no sabemos nada. A través
de la Palabra de Dios, desde el principio hasta el final, tan solo se ve en Su relación con Sus criaturas, y lo
que de Él seamos capaces de recibir tiene que ser relativo y condicional, no
solamente debido a nuestra “pequeñez”, nuestras finitas limitaciones, sino
también por Su ilimitada grandeza. A menos que Él decida revelarse a Sí Propio
y rebajarse a nuestra limitada capacidad, no podremos venir a conocer nada de
Él o de Sus caminos. Aun mismo el lenguaje es una limitación en sí propio, tal
como cualquier forma de pensamiento que pueda ser empleado para darlo a conocer.
Dios es Espíritu (Juan
4:24) afirmó el Salvador, y eso significa que en nuestra consideración de Dios
debemos excluir todas las limitaciones de tamaño, forma, tiempo y espacio. Sin
ser asistidos, nosotros no podemos descubrir a Dios por nuestros propios
esfuerzos o razonamientos, pues no
poseemos el conocimiento del verdadero espíritu de vida sobre el cual basemos
nuestros argumentos. Aquello que sea verdad en nuestra esfera humana, bien
puede ser completamente incierto en el medio espiritual. Un ser humano no puede
hallarse en dos lugares separados al mismo tiempo, sin embargo Dios es
omnipresente (Salmos 139:7-12): sin limitaciones de tiempo y espacio.
Estos hechos
deberían ser un aviso serio para nosotros, cuando pretendamos razonar acerca de
Dios. Tan solo podemos conocer lo que a Dios le haya placido contarnos acerca
de Sí Mismo; estando enteramente dependientes de Su revelación, tanto de Su Ser
como de Sus caminos. Todo aquello que no haya dejado Él registrado está
completamente fuera de nuestro alcance, y si somos sabios, aceptaremos esta
realidad y tendremos cuidado para no confiarnos sobre la limitada lógica de la
experiencia humana en nuestros intentos por comprender a Dios. Una vez que los
límites de la revelación Divina sean sobre escalonados en exceso, y que
antepongamos la filosofía humana por la lámpara de la Palabra de Dios de
Verdad, nos introduciremos en un territorio totalmente desconocido que está
completamente fuera del alcance para nuestra capacidad.
EL ENTENDIMIENTO HUMANO ES NECESARIAMENTE LIMITADO
El Apóstol
Pablo afirmó categóricamente:
(1) La limitación no solo del hombre, sino además del
creyente, concerniente a los asuntos de Dios; contrastando la vida actual y
presente con la vida futura en gloria.
Ahora vemos por espejo, oscuramente, mas entonces veremos cara a cara. Ahora
conozco en parte; pero entonces
conoceré como fui conocido (1ª Cor.13:12).
Así, pues, aun mismo el creyente, no puede llegar a
alcanzar un pleno conocimiento durante esta vida, y esto debe ser tenido en
cuenta siempre por todos nosotros.
(2) Las Escrituras tan solo nos dan una revelación parcial de la Persona de Cristo.
Nadie conoce al Hijo (le comprende plenamente) sino el Padre (Mat.11:27).
Para que sean
consolados sus corazones… hasta alcanzar todas las riquezas del pleno
entendimiento, a fin de conocer el
Misterio (secreto) de Dios el Padre, y de Cristo (Colos.2:2).
E indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad:
Dios (Aquel Quien) fue manifestado en carne (1ª
Tim.3:16).
El Propio Cristo es el Secreto de Dios y esto es un gran secreto, tal como Pablo
testifica; y precisamos tener en cuenta que Dios no ha revelado plenamente
todos Sus secretos, tal como Mateo 11:27 nos muestra con toda claridad.
Teniendo en cuenta todos los caminos trillados en
los cuales nosotros los humanos estamos circunscritos, cualquiera se sorprende
con la audacia y la falsa seguridad que los muchos modernos Arrianos demuestran
cuando discuten la Persona de Cristo. Cualquiera podría pensar que entienden
plenamente Su Persona y Sus caminos, y que poseyesen el rango suficiente para
establecer la ley en todos sus detalles. Muchas de las objeciones que ponen a
la doctrina de la Deidad del Señor, (tales como, si Cristo es Dios, Él debió
entonces estar hablando consigo propio en la Cruz), no tan solo demuestran
ignorancia, sino que son groseramente irrespetuosas. Si es verdad que nuestro
conocimiento de Dios en esta vida es limitado,
y la revelación de Dios de Sí Mismo en el momento presente es parcial, entonces estamos sujetos a
encontrarnos con obstáculos y problemas de entendimiento. Y si no los
tuviéramos, entonces seríamos iguales que el propio Dios, con pleno
conocimiento. Así, pues, está claro que el reconocimiento de la Deidad de
Cristo no resuelve todos nuestros problemas mentales. Algunos de estos
obstáculos, debido a los hechos que hemos mencionado, están sujetos a
mantenerse, pero eso no absuelve al creyente de creer lo que las santas
Escrituras, que son la verdad de Dios, claramente revelan concerniente a la
gloriosa Persona del Hijo de Dios. A esto nos dedicaremos ahora, observando los
atributos y títulos de Dios que son exclusivos de Él y que han sido
positivamente negados a cualquier otra criatura creada como tal. Han sido dados
sin reserva alguna tan solo al Señor Jesucristo.
LA REVELACIÓN DE JEHOVÁ EN EL ANTIGUO TESTAMENTO Y
EL SEÑOR JESUCRISTO EN EL NUEVO
Antes que nada, tenemos que darnos cuenta por
nosotros propios de la magnífica declaración del Propio Dios en la profecía de
Isaías:
Yo soy Jehová, y ninguno más hay; no hay Dios fuera de Mí. (Isaías 45:5, 6, 14, 18, 21, 22).
Yo, Yo Jehová, y fuera de Mí no hay quien salve (Isaías 43:11).
Yo Jehová; éste es Mi nombre, y a otro no daré Mi gloria (Isaías 42:8; 48:11).
Estas tremendas verdades deben ser mantenidas en
mente a través de todo este estudio, pues, si no lo hacemos, nos perderemos
completamente en nuestro camino. Existe, por tanto, un único y solo Dios
(Jehová), Quien a ninguno más dará Su gloria de Dios Principal: a ningún ser
creado, quienquiera que pueda ser. Este Dios es el único Salvador (fuera de Mí
no hay quien salve, o no hay Salvador).
En ninguna parte de la Biblia encontraremos que Dios haya delegado la obra de
la salvación a una criatura; tan solo Él Propio es capaz de cumplir esta gran y
gloriosa obra.
Teniendo en cuenta estos hechos extraordinarios,
vamos ahora a comparar lo que las Escrituras enseñan concernientes a la Persona
de Dios y del Señor Jesucristo.
DIOS
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EL SEÑOR JESUCRISTO
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EL PRIMERO Y ÚLTIMO
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Así dice
Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el
primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios...- No temáis, ni os
amedrentéis; ¿no te lo hice oír desde la antigüedad, y te lo dije? Luego
vosotros sois mis testigos. No hay Dios sino yo. No hay Fuerte; no conozco
ninguno. (Isa. 44:6-8)
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Yo soy el Alfa y la
Omega, principio y fin,…- Yo soy el Alfa y la Omega, el primero y el último…-
No temas; yo soy el primero y el último;…-
Yo soy el Alfa y la
Omega, el principio y el fin, el primero y el último…- (Apoc.1:8, 11, 17;
22:13)
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Oyeme, Jacob, y tú,
Israel, a quien llamé: Yo mismo, yo el primero, yo también el postrero. (Isa.
48:12)
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El Eterno
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"From everlasting
to everlasting, Thou art God" (Psa.90:2)
"Thy throne is
established of old: Thou art from everlasting" (Psa.93:2).
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"Whose goings
forth have been from of old, from everlasting" (Micah 5:2).
"Unto the Son He
saith, Thy throne, 0 God, is for ever and ever" (Heb. 1 :8).
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El Inmutable
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Porque yo Jehová no
cambio;…- (Malq. 3-6)
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Jesucristo es el
mismo ayer, y hoy, y por los siglos. (Heb. 13:8)
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El Todopoderoso
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"I am the
Almighty God" (Gen. 17: 1).
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"I am ... the
Almighty" (Rev. 1:8)
"All power is
given unto Me in heaven and in earth" (Matt. 28: 18).
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Quien comprende todas las cosas
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Y tú, Salomón, hijo
mío, reconoce al Dios de tu padre, y sírvele con corazón perfecto y con ánimo
voluntario; porque Jehová escudriña los corazones de todos, y entiende todo
intento de los pensamientos. Si tú le buscares, lo hallarás; mas si lo
dejares, él te desechará para siempre. (1Crón. 28:9)
tú oirás en los
cielos, en el lugar de tu morada, y perdonarás, y actuarás, y darás a cada
uno conforme a sus caminos, cuyo corazón tú conoces (porque sólo tú conoces
el corazón de todos los hijos de los hombres); (1 Reyes 8:39)
|
y no tenía necesidad
de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo que había en el
hombre. (Juan 2:25)
Y Jesús, percibiendo
los pensamientos de sus corazones, tomó a un niño y lo puso junto a sí,
(Lucas 9:47)
Y a sus hijos heriré
de muerte, y todas las iglesias sabrán que yo soy el que escudriña la mente y
el corazón; y os daré a cada uno según vuestras obras. (Ap. 2:23)
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El Juez
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|
Lejos de
ti el hacer tal, que hagas morir al justo con el impío, y que sea el justo
tratado como el impío; nunca tal hagas. El Juez de toda la tierra, ¿no ha de
hacer lo que es justo? (Gen. 18:25)
Mas Dios
es el juez;
A éste humilla, y a aquél enaltece. (Salm. 75:7) |
Porque el Padre a
nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,
5:23 para que todos
honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al
Padre que le envió. (Juan 5:22-23)
Porque es
necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para
que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea
bueno o sea malo. (2 Cor. 5:10)
Pero tú,
¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu
hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo.
14:11 Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. (Rom. 14:10-11) |
El Único Santo
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Porque
yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado
por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. (Isaías 43:3)
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Mas
vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un
homicida, (Hechos 3:14)
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El Recompensador
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He aquí que Jehová
el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa
viene con él, y su paga delante de su rostro. (Isa. 40:10)
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He aquí yo vengo
pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra.
(Ap. 22:12)
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El Fortalecedor
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Dios es nuestro
amparo y fortaleza,
Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. (Salmos 46:1)
Bienaventurado el
hombre que tiene en ti sus fuerzas,
En cuyo corazón están tus caminos. (Salmos 84:5) |
Todo lo puedo en
Cristo que me fortalece. (Fil. 4:13)
Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder
se perfecciona en la debilidad. Por
tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose
sobre mí el poder de Cristo. (2 Cor. 12:9)
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La Esperanza de Su Gente
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Bendito
el varón que confía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. (Jer. 17:7)
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Pablo,
apóstol de Jesucristo por mandato de Dios nuestro Salvador, y del Señor
Jesucristo nuestra esperanza, (1 Tim. 1:1)
a
quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio
entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,
(Col. 1:27)
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El Único Salvador
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Yo, yo
Jehová, y fuera de mí no hay quien salve. (Isaísas 43:11)
|
Y en ningún otro hay
salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en
que podamos ser salvos. (Hechos 4:12)
y habiendo sido
perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le
obedecen; (Heb.5:9)
por lo cual puede
también salvar perpetuamente a los que por él se acercan a Dios, viviendo
siempre para interceder por ellos. (Heb.7:25)
aguardando la
esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro gran Dios y
Salvador Jesucristo,
2:14 quien se dio a sí mismo por nosotros para redimirnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo propio, celoso de buenas obras. (Tito 2:13-14) |
El Autor de las palabras eternas
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Sécase
la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para
siempre. (Isaías 40:8)
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El cielo y la tierra
pasarán, pero mis palabras no pasarán. (Mateo24:35)
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La Luz
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El sol
nunca más te servirá de luz para el día, ni el resplandor de la luna te
alumbrará, sino que Jehová te será por luz perpetua, y el Dios tuyo por tu
gloria.
60:20 No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna; porque Jehová te será por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados. (Isaías 60:19-20)
Jehová
es mi luz y mi salvación; ¿de quién temeré?
Jehová es la fortaleza de mi vida; ¿de quién he de atemorizarme? (Salmos 17:1)
Este es
el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay
ningunas tinieblas en él. (1 Juan 1:5)
|
Otra vez Jesús les habló,
diciendo:Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas,
sino que tendrá la luz de la vida. (Juan
8:12)
"That was the
true Light, which lighteth every man that cometh into the world" (John
1:4,5,7-9).
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La Roca
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"Jehovah is my
Rock" (Psa. 18:2). " ... Let us make a joyful noise to the Rock of
our salvation" (Psa. 95: 1)
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“… for they drank of
that spiritual Rock that followed them: and that Rock was Christ" (1
Cor. 10:4).
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El Pastor
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"Jehovah is my
Shepherd" (Psa. 23: 1). "I Myself will be the Shepherd of My
sheep" (Ezek. 34: 15 R.S.V.)
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"I am the Good
Shepherd" (John 10: 11). Christ is "the Chief Shepherd" (1
Pet. 5:4). and "the Great Shepherd" (Heb. 13:20). "There shall
be one flock, and one Shepherd" (John 10: 16), (therefore Christ must be
the Shepherd of the O.T.).
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El Perdonador de pecados
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Y no
enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce
a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el
más grande, dice Jehová; porque perdonaré la maldad de ellos, y no me
acordaré más de su pecado. (Jer. 31:34)
Pero en
ti hay perdón,
Para que seas reverenciado. (Salmos 130:4) |
Al ver él la fe de
ellos, le dijo: Hombre, tus
pecados te son perdonados.
5:21 Entonces los escribas y los fariseos comenzaron a cavilar, diciendo: ¿Quién es éste que habla blasfemias? ¿Quién puede perdonar pecados sino sólo Dios? (Lucas 5:9, 21) |
Gloria
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Yo
Jehová; este es mi nombre; y a otro no daré mi gloria, ni mi alabanza a
esculturas. (Isaías 42:8)
Por mí,
por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi
honra no la daré a otro. (Isaías 48:11)
|
la que ninguno de
los príncipes de este siglo conoció; porque si la hubieran conocido, nunca
habrían crucificado al Señor de gloria. (1 Cor. 2:8)
Ahora pues, Padre,
glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el
mundo fuese. (Juan 17:5)
|
Esta lista podría fácilmente ser alargada, pero ya
son suficientes los versículos expuestos para demostrarle a cualquiera, excepto
a los que cuyas mentes están ya “conformadas” y son “parciales”, que el Dios
del Antiguo Testamento es el Señor Jesucristo del Nuevo. Los atributos de eternidad, omnipotencia, inmutabilidad, que le son
negados a cualquiera de los seres creados, le han sido otorgados a Él sin
reserva alguna. En la profecía del Antiguo Testamento leemos: “Porque un
Niño nos es nacido, Hijo nos es dado, y el principado (o gobierno) sobre Su hombro: y se llamará Su nombre
Admirable, Consejero, Dios fuerte (El
gibbor)”. Ninguna mente abierta puede ignorar el
hecho aquí declarado tan obviamente: que
el “Dios fuerte” sea el Hijo que estaba
por nacer.
De igual modo, en el Antiguo Testamento, tenemos la
mayestática declaración de Dios como Creador. “En el principio Dios creó el
cielo y la tierra” (Génesis 1:1). “… ¿No has sabido, no has oído que el Dios
eterno es Jehová, el cual creó los confines de la tierra? (Isaías 40:28). “Mas
Jehová es el Dios verdadero, Él es Dios vivo y Rey eterno… Quien hizo la tierra
con Su poder, Quien puso en orden el mundo con Su saber” (Jeremías 10:10-12).
En el Nuevo Testamento la creación siempre se adscribe a Cristo: “Todas las cosas
por Él fueron hechas; y sin Él nada de lo
que ha sido hecho, fue hecho” (Juan 1:3). “Porque en Él fueron creadas
todas las cosas que están en el cielo, y las que están en la tierra… todo (o
todas las cosas) fueron creadas por medio de Él y para Él” (Colos.1:16). “Quien hizo todas las cosas es Dios”
(Hebr.3:4).
La Biblia no dice nada, ni nada reconoce, de dos
creadores; así como tampoco revela nada de dos Señores o de dos Dioses; y
además, Cristo, no tan solo ha creado todas las cosas, sino que se debe a todo
Su Gran Poder que toda la creación se mantenga sujeta y subsista, puesto que
“por Él subsisten todas las cosas”
(Colosenses 1:17). En el mismo contexto se Le designa “el Primogénito de
toda y cada una de las criaturas” (vers.15), un versículo totalmente mal
comprendido y mal expuesto por los Arrianos, pues ellos caen en la trampa de
argumentar por una palabra inglesa para “primogénito”, en vez de obtener un
correcto reconocimiento de la palabra griega original prototokos. Se imaginan que
esta palabra enseña, que, Cristo, fue el primer ser creado, el primero a ser
creado. Pero el Profesor F.F. Bruce escribe al respecto: “La palabra primogénito dejó ya hace mucho tiempo de
ser empleada exclusivamente en su sentido literal, así como nos sucede con el primero
(del Latín primus – primero). El
Primer Ministro no es el primer ministro que hayamos tenido, sino que él sea:
el más preminente. Un hombre en la primacía
de la vida, dejó hace mucho tiempo la infancia de su vida para atrás. De
manera similar, el primogénito viene
a denotar: no la prioridad en tiempo, sino la preeminencia en el rango” (las
itálicas son nuestras) *
El apóstol Pablo deja ver con toda claridad lo que
quiere decir por “primogénito” por la declaración siguiente: “Porque por Él
fueron creadas todas las cosas”, en otras palabras: Él fue tanto el creador
como el Primogénito, y tiene que ser así, pues Él es antes de todas las cosas
(vers.17). Observe que no dice Él fue
antes de todas las cosas, sino que Él es
así (tiempo presente), y esto es paralelo a la gran declaración del “YO
SOY” de Juan 8:58, sobre la cual haremos algunos comentarios posteriormente. Si
Pablo hubiese querido declarar que Cristo fue el primer ser creado, tenía
consigo una palabra más a mano, esto es, protoktistos,
“primer creado”. Pero no la empleó, pues habría sido un error grosero.
Además, si Cristo así hubiese sido creado, Pablo habría empleado la palabra
Griega que significa “otras cosas”, o la palabra que significa “restantes”, el
“resto”, en vez de “todas las cosas”
y entonces habría dicho “por Él fueron las otras
cosas (o las restantes) creadas”. El
clímax de esta sección es “que en TODAS las cosas (no algunas cosas) tenga Él
posesión de la PREEMINENCIA” (Vers.18), y una tal posición tan solo puede ser
ocupada por Dios. En 2:9 el Apóstol afirma que “en Él (Cristo) habita toda la plenitud del Dios Principal
corporalmente”, una declaración que no puede ser verdad dicha de cualquier ser
creado. Estos hechos deshacen efectivamente la extraordinaria y completamente
sin base escritural idea de que Cristo se asocie con el arcángel Miguel.
*Es
interesante observar que una palabra
familiar monogenes, se emplea de una
forma muy enfática en Juan 1:18: El
unigénito Hijo, (el único Dios nacido – en la vers. Inglesa) Él “le ha dado
a conocer”. El Profesor A.T. Robertson escribe: “Los mejores Manuscritos
Griegos (Aleph B.C.L) dicen monogenes
theos, que indiscutiblemente es el mejor texto” (Word Pictures in the N.T. Vol.5. pag.17)
Apocalipsis 3:14 no contradice de forma alguna lo
que acabamos de ver, pues en cualquier caso, la Escritura no puede
contradecirse. En ella se describe al Señor como “el principio de la creación
de Dios”. “Principio” es arche, que
significa el primero en el rango, o principal, no meramente el primero en
tiempo. Siendo Dios Creador, Él tiene que ser Primero o Principal. Es la
preeminencia lo que se nos pone delante, y así se apropia con otros títulos mayestáticos de Dios que le
son atribuidos a Cristo en el libro del Apocalipsis. La misma palabra arche forma parte del título de Dios en
Apocalipsis 21:6: “El principio y el
fin”, y vea 22:13.
En el Antiguo Testamento no puede haber dudas que
uno de los títulos Divinos en la Biblia sea YO SOY. Dios le dijo a Moisés: “Así
les dirás a los hijos de Israel: YO SOY me ha enviado a vosotros” (Éxodo 3:14).
Este fue el mismo título que Cristo reclamó en Su argumento con los Fariseos:
“Antes que Abraham YO SOY” (Juan 8:58). Si tan solo y meramente hubiese tenido
la pre-existencia de un ser angelical, Él habría dicho “Antes que Abram fuese,
Yo era”.
Si los modernos negadores de la Deidad del Señor
ignoran las tremendas implicaciones de Su clamor, aquellos que le escucharon a
Él no lo hicieron así: “Tomaron entonces piedras para arrojárselas” (vers.59).
Ellos supieron perfectamente que estaba reclamando para Sí nada más y nada
menos que la posición de Dios revelada en el Antiguo Testamento. Este gran
título, el YO SOY, se expande en siete declaraciones hechas por el Señor
Jesucristo. Cada declaración es enfática, tal como el “pronombre” expresa (ego eimi). Normalmente no aparece así,
inherente en el verbo:
YO SOY el Pan de Vida
(6:35).
YO SOY la Luz del mundo (8:12; 9:5).
YO SOY la Puerta
(10:7).
YO SOY el Buen Pastor
(10:11).
YO SOY la Resurrección y la Vida (11:25.
YO SOY el Camino, la Verdad y la Vida (14:6)
YO SOY la Vid Verdadera (15:1).
A estas declaraciones
hay que añadirles Juan 18:5, 6; y Marcos 14: 61, 62.
A los que se
presentaron para arrestarle, el Señor les dijo: “¿A Quién buscáis?” (Juan 18:4).
Y la respuesta que le dieron fue: “a Jesús de Nazaret”, a lo cual replico Él:
“YO SOY” (ego eimi, vers.5). El
efecto que les produjo fue instantáneo: “Retrocedieron, y cayeron en tierra”
(vers.6). Esto sería inexplicable si es que estas palabras hubiesen sido
comunes y ordinarias ~proferidas un mero ser humano.
En Su interrogatorio
en juicio, el Señor estaba siendo cuestionado en cuanto a Sus Mesiánicos
reclamos por el sumo sacerdote: ¿eres tú el Cristo, el Hijo del Bendito? Y
Jesús le dijo: YO SOY (ego eimi): y
verás al Hijo del hombre sentado a la diestra del poder, y viniendo en las
nubes del cielo” (Marcos 14:61, 62). La reacción del sumo sacerdote deja ver
bien claro lo que pensaba, esto es, que Cristo estaba reclamando su deidad
personal: “Entonces el sumo sacerdote rasgo sus vestidos, y dijo: ¿Qué más
necesitamos de testigos? Habéis oído la blasfemia; ¿qué os parece? Y todos le
condenaron, declarándole ser digno de muerte” (63, 64).
En Juan 12:37-41, el
evangelista registra el hecho de que, a pesar de las señales milagrosas de
Cristo, aun así, muchos del pueblo se recusaron a creer en Él, cumpliendo así
la profecía de Isaías en los capítulos 6:9, 10 y 53:1. Los versículos primeros
del capítulo 6 revelan a Jehová sentado sobre Su trono, alto y ascendido, en
toda Su Divina Majestad, con la adoración de los seraphim y rodeado por la gloria del cielo. El comentario que sobre
todo este cuadro nos da el apóstol Juan es que Isaías está “hablando de Él”
(Cristo) y que vio “Su gloria” (vers.41).
LA DIVINA ADORACIÓN Y EL HOMENAGE
ACEPTE POR EL SEÑOR JESUCRISTO
Cuando llegamos al tema de la adoración en las
Escrituras, hay algo que está muy claro, es decir, que solamente el Propio Dios
tiene el derecho de aceptarlo o no. Siempre y cuando se ha ofrecido
equivocadamente a una criatura, por muy exaltado o perfecto que fuera, siempre
ha sido repudiado. Por ejemplo Juan, después de haber visto las maravillosas
visiones que le fueron dadas a registrar, se arrodilló a los pies del ángel que
le mostraba estas cosas. La reacción del ángel fue inmediata: “…Mira, no lo
hagas, pues yo mismo soy un consiervo…adora a Dios” (Apoc.22:8, 9).
El Señor Jesús, sin embargo, aceptó la adoración como si
le fuera debida. Al indeciso Tomás, el Señor resucitado le mostró Sus manos
horadadas y el costado, exclamando “no seas incrédulo, sino creyente”. Y Tomás
le respondió diciendo: “Señor mío y Dios mío” (Juan 20:27, 28). No hay ningún
intento de corregirle, lo cual hubiera hecho Cristo si hubiese sido tan solo un
ser creado y no Dios; y en este caso, por lo menos, habría actuado en un plano
tan rebajado como el del ángel en el Apocalipsis.
El claro y tajante testimonio de Juan 1:1 ha venido
siempre siendo un directo desafío en todos los siglos para los que niegan la
Deidad de Cristo, la cual Deidad han hecho con su mejor esfuerzo por minimizar
o alterar continuamente: “En el principio era la Palabra, y la Palabra era (o
estaba) con Dios, y la Palabra era Dios.” * Y no menos claro es el maravilloso pasaje en
Filipenses 2:5-11, tratando con los siete voluntarios pasos descendiendo a la
Cruz en Su humillación para nuestra redención, y los siete pasos ascendiendo a
la gloria que tenía consigo (Juan 17:5) antes que el mundo fuese; y todo esto
finalizando nada menos que con la aclamación universal como SEÑOR (Jehová),
para la gloria del Dios Padre” (9-11).
El Apóstol está
citando directamente de Isaías 45:22, 23. Aquí tenemos a Jehová, Aquel gran
Dios, que garantiza: “no hay ninguno más” (vers.5, 6, 14, 18, 21). Es Aquel
ante Quien “se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará” (vers.23), y
Pablo, sin dudar nada aplica este tremendo homenaje universal al Señor
Jesucristo, tal como repite una vez más en Romanos 14:10, 11 ¿Cómo podría esto
haber sucedido y sido así, si en verdad Cristo no fuese Dios en el más pleno
sentido?
Tan solamente estos
contextos serían suficientes para silenciar toda objeción hacia la Deidad del
Señor que le hacen aquellos que profesan tratar la Biblia como siendo la
Palabra inspirada de Dios.
El Señor Jesucristo es
el gran conquistador de la muerte (Apoc.1:12-18). En el Antiguo Testamento Dios
es el Único Quien puede dar vida (vea las ocurrencias en Salmos 119 y la
declaración de Ana en 1ª Samuel 2:6). Nuestro Salvador reclama poseer este
poder equitativo con el Padre: “Porque como el Padre levanta a los muertos, y
les da vida, así también el Hijo a los que quiere da vida” (Juan 5:21). Es la
voz de Cristo la que levanta a los que se hallan en el sepulcro (5:25); Aquel
Quien hizo la mayestática declaración: “Yo soy la Resurrección, y la vida”
(11:25), lo demostró volviendo a la vida a Lázaro (habiendo estado cuatro días
en la sepultura). ¡Imagine a cualquier criatura haciendo una tan tremenda
afirmación! Cualquiera que la hiciera
sería grave y justamente tomado por idiota.
Observe además que se
nos advierte en Filipenses 2:8, que Cristo “llegó a ser obediente hasta la
muerte”. Esto por sí mismo demuestra que debió ser bien más que un hombre, pues
la muerte es el cierto y seguro fin del hombre ¡tanto si le gusta como si no!
Pero Cristo aseguró a Sus oyentes de Sí Mismo que: “Ningún hombre me la quita
(Su vida), sino que Yo la pongo de Mí Mismo. Tengo poder para ponerla, y tengo
poder para volverla a tomar” (Juan 10:17, 18), y así pudo voluntariamente morir
y tomarse a Sí Mismo de la cruz y ser levantado de nuevo a la vida: algo que
ningún ser humanos jamás podrá venir a realizar. En cualquier caso, hemos visto
que el claro testimonio de la Escritura, es que solo Dios puede ser el Salvador
del hombre (“fuera de Mí no hay Salvador” Isaías 43:11).
El único Salvador de
la Escritura es el Señor Jesucristo. Un hombre no puede redimir a los hombres,
pues es algo que está muy por encima de sus capacidades: “Ciertamente ningún
hombre podrá rescatarse a sí propio, o darle a Dios el precio de su vida, pues
el rescate de su vida es altísimo, y nunca puede pagarlo…” (Salmo 49:7, 8
R.S.V.). El único Salvador Quien es el
Dios del Antiguo Testamento, es el Cristo del Nuevo. Observe las siguientes
ocurrencias en Tito:
Dios nuestro Salvador
1:3.
Cristo nuestro
Salvador 1:4.
Nuestro gran Dios y
Salvador Jesucristo 2:13
Dios nuestro Salvador
3:4.
Cristo nuestro
Salvador 3:6.
Si negamos la Deidad
de Cristo, nos vemos forzados a concordar con que, aquí, hay dos Salvadores; y
así negamos la verdad del Antiguo y Nuevo Testamento concerniente al Dios único, y al único Salvador.
Volvemos a repetirlo,
pues es muy importante, que la revelación no siempre completa la explicación
que procuramos ahora. Es imposible para el finito
llegar a comprender al infinito, y
por eso mismo actualmente siempre tendremos obstáculos concernientes a la
Persona del Señor Jesucristo; pero eso no
sirve de excusa para creer el transparente testimonio de la Palabra inspirada
de Dios en cuanto a Su Deidad y a Su manifestación en la carne. Si tan solo
vamos a creer lo que podamos plenamente comprender, bien poca realmente será
nuestra creencia y muy baja.
El Apóstol Juan
concluye su 1ª Epístola diciendo:
“Pero sabemos que el
Hijo de Dios ha venido, y nos ha dado entendimiento para conocer al que es
verdadero; y estamos en el verdadero, en Su Hijo Jesucristo, ESTE ES EL
VERDADERO DIOS, y la vida eterna” (1ª Juan 5:20). En su evangelio (de Juan)
tenemos las palabras del Hijo de Dios: “El Padre…todo el juicio dio al Hijo,
para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no
honra al Padre que le envió” (Juan 5:21-23). Y con esto concuerda el escritor
en su primera epístola: “Todo aquel que niega al Hijo, tampoco tiene al Padre”
(1ª Juan 2:23).
Existe por tanto una
aguda división entre aquellos que le dan al Señor Jesús Su justo lugar por
derecho como Dios, el lugar que la Escritura le asigna; y aquellos que no se lo
dan. Los tales, bajo la estimativa de Juan, no tienen ningún derecho de denominarse
“cristianos”, pues no solo niegan al Hijo, sino inevitablemente además al
Padre. Volvemos a repetir que: en las
Escrituras, cada atributo de la Deidad, con
la excepción del invisible, conforma
y es de acuerdo al Señor Jesucristo. Ahora entonces volvemos a nuestra
primera cuestión y le preguntamos al lector en toda solemnidad: “¿Qué piensa
usted de Cristo?” ¿Cuál es su aprecio hacia Su Persona? ¿Cómo Dios, o meramente
hombre? ¿Cómo Dios, o un mero ser creado?
Las alternativas son,
y han sido siempre, o bien apedrearle, o bien adorarle. No puede haber una
posición intermedia. Las declaraciones de la Palabra de Dios concerniente a
Cristo y Su propia declaración
concerniente a Sí Mismo, o bien son verdad, o son falsas. Si son verdaderas, Él
es Dios. Si no son verdaderas, entonces Él es un mentiroso, si Él sabía que
eran falso, o completamente demente, si no lo hubiese sabido, en cuyo caso toda
la cristiandad colapsaría, pues ¿quién podría confiar en un mentiroso o en un
imbécil?
Estos son días en los
cuales el alejamiento de la verdad es alarmante, y está siendo cada día más y
más evidente en la Cristiandad alrededor de todo el mundo. Es hora de que todo
aquel que profese el nombre de Cristo confronte honestamente al gran desafío y
prueba de la Persona a Quien el Nuevo Testamento define siendo “nuestro gran
Dios y Salvador, Jesucristo” (Tito 2:13 R.V.), y de ofrecer un claro testimonio
afirmando con los que creen esto con todo su corazón, y consideran el más
grande de los privilegios pertenecerle a Él, así como devotar sus vidas a Su
servicio.
……………………………………
APÉNDICE
El
movimiento de los Testigos de Jehová se halla a la vanguardia de los modernos
opositores y enemigos de la Deidad de Cristo. Su Traducción Nuevo Mundo contiene varios erróneas traducciones de los
versículos que tratan con este tema, la peor posiblemente sea la traducción que
hacen de Juan 1:1: “Originalmente la Palabra era, y la Palabra estaba con Dios,
y la Palabra era un dios”. Esta es una chocante mala traducción, y el Dr. Bruce
Metzger se halla en lo cierto cuando dice que: “si los Testigos de Jehová toman
esta traducción en serio, son politeístas. Teniendo en cuenta la luz adicional
que tenemos disponible durante esta era de gracia, una tal representación es
todavía más reprensible que lo fueron los herejes, politeístas errores en los
cuales la antigua Israel tan profundamente cayó.”
Esta
traducción fracasa a la hora de tener en cuenta una regla establecida de la
gramática Griega que trata con la presencia o ausencia del artículo definido
“el” en el sujeto y predicado de una frase. Normalmente el sujeto se hace claro
por el artículo, y el predicado sin él. Así, en 1ª Juan ho theos agape estin tan solo puede significar “Dios es amor”, no
“el amor es Dios”, porque theos tiene
el artículo y denota el sujeto. No importa por tanto el orden de las palabras,
pues en esta vía el sujeto y el predicado son muy claros. Si el apóstol Juan
incluyese el artículo en el predicado de Juan 1:1, ho theos en vez de theos,
habría conllevado la idea de que la Palabra era Dios a la exclusión del Padre y el Espíritu Santo, y eso no es lo que
pretende enseñar.
Algunos años atrás, el Dr. E.C. Colwell de la
Universidad de Chicago, señaló que “Un definido predicado nominativo tiene el
artículo cuando sigue al verbo; no tiene el artículo cundo precede al verbo”.
En el extenso apéndice de la Traducción
del Nuevo Mundo que intenta justificar su traducción “un dios”, los
Testigos de Jehová citan otros 35 pasajes en Juan donde el nombre predicado
tiene el artículo definido en el Griego. Estos son los esfuerzos que tienen que
hacer para probar que la ausencia del artículo en Juan 1:1 requiere la
traducción “un dios”. Pero ninguna de las 35 ocurrencias son paralelas, pues en
cada caso (teniendo en cuenta la regla observada por el Dr. Colwell) el nombre
predicado al hallarse después del verbo, posee apropiadamente el artículo. Además,
las referencias citadas en la traducción que hemos visto de la Septuaginta,
están en exacta conformidad con la regla y la demuestra con exactitud. Otros
pasajes que citan no son propiamente relevantes para la cuestión.
Así, pues,
sus evidencias se revuelven contra ellos propios. Además, son completamente
inconsistentes. En Juan 1:14 tenemos “Y la Palabra se hizo carne”. ¿Por qué no
dice “la Palabra vino a ser una carne”? o en 1ª de Juan 1:5: “Dios es luz”;
¿por qué no “Dios es una luz?
Para obtener más información concerniente al estudio
del Dr. Colwell, vea
A definite rule for the use of the
article in the Greek New Testament
by E. C. Colwell (Journal of Biblical Literature LII [1933] 12-21).
An
idiom Book of NT. Greek por C. F.
D. Moule pp. 115, 116.
A
Grammar of NT. Greek pp.
183,184 by J. H. Moulton & N. Turner.
Y de manera general sobre el tema, vea:
La monumental obra del Profesor A.T. Robertson A
Grammar of the Greek of the NT. in the light of Historical Research pp.
767f.
La traducción anterior de los Testigos de Jehová de
Juan 1:1 muestra cuán lejos están dispuestos a ir algunos renegados de la
Deidad del Señor. Pero este no es el único contexto donde la clara enseñanza
concerniente a la Deidad de Cristo ha sido oscurecida. En el pasaje ya
referido, esto es, Colosenses 1:15-17, la Traducción
Nuevo Mundo falsifica lo que el Apóstol escribió injertando la palabra
“otro”, (ausente en el Griego) no menos
que cuatro veces,”…por medio de Él todas las otras cosas fueron
creadas en los cielos y sobre la tierra…todas las otras cosas han sido
creadas a través de Él, y para Él. Además, Él es antes de todas las
otras cosas y por medio de Él todas las otras cosas fueron dadas
a existir.” El propósito que hay haciendo esto está muy claro, esto es, tratar
a Cristo como un ser creado y sobre emparejado con el resto de la creación.
Pablo no es eso lo que escribe, así, pues, ¿qué confianza puede depositarse sobre una
versión que trata la Palabra de Dios inspirada de esta manera tan chocante?
Tenemos algo más que decir sobre la separación
injustificada del “gran Dios” de nuestro “Salvador Cristo Jesús” en Tito 2:13.
O bien los traductores desconocían que hay un principio en la gramática Griega
que establece que cuando kai, la
copulativa “y”, conecta dos nombres del mismo caso, y si el artículo precede el
primer nombre y no se repite antes del segundo nombre, la posterior siempre
refiere a la misma persona que está
expresa por el primer nombre. Así, la RV. Traduce correctamente Tito 2:13:
“Nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo” donde una persona se menciona, no
dos.
Los Testigos de Jehová han repetido el mismo error
en el similar contexto de 2ª Pedro 1:1 “nuestro Dios y el Salvador Jesucristo”
donde debería leerse, tal como la RV: “Nuestro Dios y Salvador Jesucristo”. El
principio gramatical establecido encima está basado por gramáticos eminentes
tales como J.H Moulton (A Grammar of N. T. Greek vol. I, 3rd
ed. p.84), y A. T. Robertson (A Grammar
of N. T. Greek in the light of Historical Research 5ª ed. pp.
785, 786).
Con respecto a la doctrina de la Trinidad, los
Unitarios adoran señalar que la palabra “trinidad” no aparece en la Escritura.
Esto es cierto, pero realmente puede estar en ella, aunque la palabra no. Así
cualquiera fácilmente decir que la palabra “teocracia”: tan usualmente por
ellos, ¡tampoco aparece en la Biblia!
En cuanto a la palabra “persona”, esta gente se crea
su propia dificultad, por tratar esto como si fuese sinónimo con “individual”.
Para un debate sobre esta discusión Bíblica, al lector le referimos ¿Es Dios una Persona? Por Charles H. Welch y que se hace disponible por:
The Berean Publishing Trust, 52a Wilson Street, London
EC2A 2ER
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