LOS FUNDAMENTOS; CAP 8 LAS EPÍSTOLAS PAULINAS



 
LOS FUNDAMENTOS
 DE  LA VERDAD DISPENSACIONAL
E. W. BULLINGER
Transcripción: Juan Luis Molina

NOTA.-TODOS LOS VERSÍCULOS DESTACADOS EN NECRUZCA NO PERTENECES A LA TRADUCCIÓN ORIGINAL Y HAN SIDO PUESTOS PARA FACILITAR EL ESTUDIO, FUERON TOMADOS DE LA BIBLIA ELECTRÓNICA SWORD DE LA BIBLIA VERSIÓN REINA VALERA 1960.
8 – POR MEDIO


DE LOS QUE LE OYERON

Hebreos 2:3

 

LAS EPÍSTOLAS PAULINAS

 

Cuando llegamos a las Epístolas de Pablo, tenemos que estudiarlas de manera cronológica y dividirlas en dos categorías: las más tempranas, y las posteriores.

La serie más temprana fue escrita antes de Hechos 28, y las posteriores después del rechazo formal de la proclamación de la oferta del Rey y el Reino por medio de Pedro y los doce, esa proclamación tuvo lugar durante la Dispensación que abarcaba los Hechos de los Apóstoles. Estas dos series son de igual importancia, pero son al mismo tiempo distintas y separadas. En conjunto estas Epístolas paulinas se hallan en una categoría aparte de las demás Epístolas de Pedro, Santiago, Juan y Judas.

A pesar de no ser posible determinar el orden exacto de los diferentes libros del Nuevo Testamento, no cabe duda,  en cuanto a que el orden es perfecto  en el grupo de las Epístolas paulinas. El orden actual de los libros del Nuevo Testamento en el idioma castellano y el de todas las versiones de nuestros días, nos ha llegado por medio de la Vulgata Latina, cuyo orden nos ha sido fijado por la mano muerta “de carne” de Jerónimo para todas las generaciones sucesivas.

Por lo tanto, no se puede aprender nada en lo que se refiere al orden en que nos han llegado los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento en las Versiones actuales.

Las únicas cosas que son ciertas y seguras en cuanto a los del N.T. son:

 

I.                 Que en los mejores y más antiguos manuscritos griegos los distintos libros del Nuevo Testamento se dividen en cinco grupos:

1.     Los Cuatro Evangelios.

2.     Los Hechos de los Apóstoles.

3.     Las Epístolas Apostólicas.

4.     Las Epístolas Paulinas.

5.     El Apocalipsis.

 

II.               Mientras que el orden de los libros pueda ser variable en el primer y tercer grupo, lo que no cambia sin embargo nunca es el orden del cuarto. Las Epístolas Paulinas (que no sean las que van dirigidas a individuos concretos y la de los Hebreos) no han sido encontradas en ningún manuscrito griego excepto en el mismísimo orden que aparecen en nuestras Versiones actuales.

 

Este hecho por sí nos dice que, sea cual fuere la enseñanza que fue dando en orden cronológico y dejadas escritas por Pablo, el orden para nosotros en la actualidad, sin embargo, no es otro que el orden canónico (comenzando con Romanos y terminando con 2ª Tesalonicenses). No es que un orden sea correcto y el otro equivocado, los dos son perfectos y ninguno está errado.

Ambos son importantes, aunque no de igual manera, porque si bien el orden cronológico está lleno de enseñanzas que son absolutamente vitales para poder entender la verdad Dispensacional, el orden canónico está al mismo tiempo empapado de una profunda enseñanza en lo que se refiere a la verdad doctrinal y experimental. Ninguno de los dos órdenes puede ser dejado de lado o desatendido sin incurrir en falta ante Dios y una grave pérdida para nosotros mismos.

Para los que primeramente las recibieron, en aquel tiempo, el orden cronológico de las Epístolas paulinas era de suma importancia, de hecho era vital. Pero para nosotros, hoy en día, desde que el testimonio de los que le oyeron fue rechazado por Israel,  y se dio el consiguiente aplazamiento del Reino, el orden canónico se vuelve todavía de mayor relevo e importancia.

Esta mudanza de órdenes fue divina, quedó manifiesta por el enorme y significativo cambio que se operó, cuando el Espíritu Santo invalidó el orden en que debían sernos presentadas las Epístolas Paulinas, porque el primer hecho importante consiste en eso precisamente, en que no existe ningún manuscrito griego donde haya una desviación del orden en que nos aparecen y nos han llegado estas Epístolas en la Biblia castellana, en la actualidad.

 El Espíritu Santo ha preservado ese orden intacto y sin permitirle al hombre alteraciones. El segundo hecho, también importante, es que las Epístolas a los Tesalonicenses, que fueron las primeras que Pablo escribió, están, sin embargo, situadas al final ahora. Fueron las primeras entonces, y ahora sin embargo, para nosotros, ¡se leen y comprenden al final!

Ninguno de nuestros lectores creerá que debemos estos dos hechos de mudanza tan importantes a la casualidad y, en cuanto a nosotros, preferimos creer que se debe a la perfección de un orden divino. Siendo así, encontraremos un motivo más que suficiente para Dios haberlo determinado de esta manera ahora, si lo procuramos.

Debe ser evidente para nosotros desde el principio que, siempre y cuando la promesa que hizo Jehová de enviar a Jesucristo no fue retirada y todavía seguía vigente, la promesa seguía en abierto, era válida para que Israel viese en concreción, cumplidas, todas las palabras que anunciaron los profetas, y la condición única estipulada era su arrepentimiento para la rápida venida del Señor.  Así se percibía y respiraba en todas partes con los testimonios en los que le oyeron, tanto por transmisión oral como por escrito; todos aguardaban de manera inminentemente la llegada del Hijo de Dios de los cielos, y verse libres de la ira venidera, Este llamamiento a Israel al arrepentimiento es necesariamente el punto central de todo el testimonio que se da y lleva a cabo durante la Dispensación de los Hechos.

Las Epístolas Paulinas no pueden estar exentas de esta conclusión y confirmación. Si alguno está dispuesto a defender la idea de que la promesa que fue dada en Hechos 3 de manera tan enfática y solemne, había sido retirada, invalidada o sustituida, en cualquier momento anterior a Hechos 28, entonces sería obligado a que nos dijese dónde está escrito? - Pero esto es algo imposible de probar. No se puede aportar la más mínima evidencia en favor de tal afirmación. De hecho, la primera Epístola escrita por Pablo (1ª Tesal.1:10) enfatiza la venida inminente bajo la condición, y lo que es más, la segunda no se comprende si no se tiene en cuenta este llamamiento a Israel para su arrepentimiento, y recibir lo prometido.

1Ts 1:10  y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

 

En lo que a nosotros refiere, este punto, por tanto, es de la mayor relevancia para entender la doctrina o enseñanza. Israel no se arrepintió; así que la nación no cumplió el requisito único que le había sido divinamente estipulado, y a continuación y como resultado de eso, las grandes promesas que aparecen en Hechos 3 quedan aplazadas, así como todas las bendiciones que había se quedaron también en suspense.

Hechos 3:1-26    Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.  2  Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo.  3  Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna.  4  Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos.  5  Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo.  6  Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.  7  Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos;  8  y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios.  9  Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios.  10  Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido. 11  Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón.  12  Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?  13  El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad.  14  Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida,(A)  15  y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.  16  Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.  17  Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.  18  Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.  19  Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,  20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;  21  a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.  22  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;(B)  23  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C)  24  Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.  25  Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.(D)  26  A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

 

La primera pregunta que nos surge entonces es: Viendo que todo esto es de Israel, ¿Qué papel DESEMPEÑAMOS NOSOTROS como gentiles? ¿Dónde nos encontramos, o somos hallados? Nuestros padres terrenales no heredaron ningunas de estas promesas, tales como las que describe Pablo en Romanos 9:3-5.

Romanos 9:3-5  Porque deseara yo mismo ser anatema, separado de Cristo, por amor a mis hermanos, los que son mis parientes según la carne;  4  que son israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación de la ley, el culto y las promesas;  5  de quienes son los patriarcas, y de los cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas, bendito por los siglos. Amén.

 

Los que SOMOS gentiles no teníamos derechos a una herencia como la que describe Pedro en 1ª Pedro 1:3-5.

1 Pedro 1:3-5  Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,  4  para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros,  5  que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero.

 

No se ha establecido ningún pacto con nosotros gentiles (aparte de nuestra relación de injerto con Israel); entonces, ¿Dónde quedamos nosotros, cuál es el lugar que nos corresponde? Y además ¿Qué esperanza podíamos tener de recibir bendición alguna? ¡Por supuesto que ninguna!

Nuestra posición en medio de todo esto está claramente definida en Efesios 2:11, 12; Por tanto acordaos…acordarnos de qué? Acordaos de lo que está escrito: de que en otro tiempo nosotros, cuando éramos gentiles en cuanto a la carne, éramos llamados incircuncisos por los llamados circuncisos hechos de manos en la carne. En aquel tiempo, estábamos sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa…sin esperanza y si Dios en el mundo.

En todo el libro de los Hechos de los Apóstoles todo el testimonio se centra alrededor de Israel y Sus bendiciones terrenales. El Olivo estaba todavía en pie. Algunas de sus ramas habían sido desgajadas y se injertaron algunas nuevas gentiles. Pero ahora, en nuestros días actuales, vemos que se derrumbó del todo el Olivo, así que ¿en qué posición nos quedamos nosotros, los creyentes gentiles injertados? ¿Con qué o en quién hemos ahora de encontrar una herencia?

La respuesta es: en Cristo solo; sin embargo ¡esta maravillosa verdad no podía de manera alguna ser revelada, entretanto que la herencia del Olivo estuviese aún disponible, o hubiese sido del todo cortada! ¡No es posible obtener una herencia por dos vías diferentes al mismo tiempo!

Este “recordar” que Israel no se arrepintió, todavía, nos guía al secreto de todo, nos muestra siempre la razón por la cual se dio un cambio tan grande de Administración, reflejado en el orden de las Epístolas paulinas. Hay una verdad de profunda importancia que debemos aprender con todo esto, y es que nuestra fortaleza solo la hallamos en Cristo nada más, toda nuestra esperanza se deposita en Él. No en Abraham ni en Israel, ni en los padres siquiera, sino en Cristo solo, en el cual hemos encontrado también una herencia, un campo nuestro (Efesios 1:11).

Efesios 1:11  En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,

 

Por tanto, no es por la Epístola a los Tesalonicenses con la que debemos empezar, sino con Romanos. No podemos procurar a un Señor que no conozcamos. Es preciso que sepamos primero cómo es y cuál es la esperanza que poseemos, antes de que podamos esperar su fruto. Es necesario que, para empezar, aprendamos cuál es nuestro lugar en Cristo, antes de que podamos averiguar nada de lo que ha de ser revelado, en lugar y sustitución de la esperanza que habla Hechos 3.

Ahora estamos en una buena posición para comprender el por qué, la razón por la cual fue necesaria la mudanza en el orden canónico de las Epístolas Paulinas, y por qué la última en escribirse ocupa el primer lugar, y la primera ocupa el último.

No se trata, como dijimos antes, de que un orden sea correcto y el otro equivocado. Los dos son perfectamente diseñados y trazados, como queda claro cuando las dividimos como es debido.

 

EL ORDEN CANÓNICO DE LAS EPÍSTOLAS PAULINAS

 

A| ROMANOS. Verdad fundamental y enseñanza doctrinal precisa para todos, en todas las Dispensaciones del Evangelio de Dios.

     B| 1ª y 2ª CORINTIOS. Corrección por falta de atención y falla en la práctica comprensión de la doctrina de Romanos. Olvido.

          C|                           GÁLATAS. Re conduce o redarguye, del fallo doctrinal  a la hora de entender las enseñanzas de Romanos.

A| EFESIOS. Verdad fundamental y enseñanza doctrinal precisa para los fieles, para comprender la dispensación del Mistero; Cristo como cabeza de todas las cosas para su Cuerpo, que es Su Iglesia.

     B|             FILIPENSES.   Corrección por el fallo práctico en la comprensión y práctica de la enseñanza de Efesios; falta de firmeza de los miembros del Cuerpo.

            C|                              COLOSENSES. Re conduce o redarguye, en el fallo doctrinal  por no comprender la enseñanza de Efesios: no sujetarse a la Cabeza.

 

 

 TESALONICENSES permanece aparte. Pone fin a todo el proceso con el aplazamiento de la esperanza de la venida del Señor.

 

No es ahora nuestro objetivo ahondar en el tema del orden canónico de las Epístolas paulinas. Esto es algo que tendremos que aguardar hasta que lo tratemos por separado, en su lugar indicado. Lo que ahora nos interesa y procuramos es el orden cronológico, ya que pertenece a la verdad fundamental Dispensacional.

Pablo no se encontraba entre aquellos que menciona en Hebreos 2:3 (Hebreos 2:3  ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron), y que describe como los que Le oyeron. No era uno de los que estuvieron con el Señor mientras el Señor entraba y salía entre los doce (Hechos 1:21  Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros,). Por lo tanto, bajo ningún sentido, era uno de los doce. Pero eso no le resta, de ningún modo, importancia alguna a las Epístolas Paulinas, porque Pablo oyó al Señor que se hallaba en los cielos, siendo gradualmente instruido por el propio Señor, e inspirado por el Espíritu Santo directamente.

Así que sin restarle valor, por ello, a la importancia del orden canónico de las Epístolas Paulinas, debemos ahora hacer todo lo posible por descubrir la verdadera enseñanza que podemos sacar del orden cronológico, y esto nos lleva a

 

 

LAS PRIMERAS EPÍSTOLAS PAULINAS

 

Las distintas autoridades no han llegado a un acuerdo respecto a las fechas exactas de las mismas.

Una vez que no existe evidencia externa sobre ellas, todos los estudiantes tienen que apoyarse en la evidencia interna, y aquí todos están al mismo nivel, pudiendo sacar cada uno sus propias conclusiones. Damos una lista de las fechas, como se reciben normalmente, pero están abiertas a revisión de requerirlo alguna evidencia posterior.

 

 

EL ORDEN CRONOLÓGICO
 

1ª Tesalonicenses, año 52 después de Cristo, desde Corinto.
2ª Tesalonicenses, año 53 d. C, desde Corinto.
1ª Corintios, año 57 d. C, desde Éfeso (primavera)
2ª Corintios, año 57 d. C, desde Éfeso (otoño)
Gálatas, año 58 d. C, desde Corinto (invierno)
Romanos, año 58, desde Corinto (primavera)
 
Hechos 28:25, 29, año 62 d. C.

Hechos 28:25-29  Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo:  26  Vé a este pueblo, y diles:
 De oído oiréis, y no entenderéis;
 Y viendo veréis, y no percibiréis;  27  Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,
 Y con los oídos oyeron pesadamente,
 Y sus ojos han cerrado,
 Para que no vean con los ojos,
 Y oigan con los oídos,
 Y entiendan de corazón,
 Y se conviertan,
 Y yo los sane.(B)  28  Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.  29  Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.
 
 
Efesios, año 62 d. C,  año 62 d. C., en la primavera, desde la cárcel en Roma
Colosenses, año 62 d. C, en la primavera, desde la cárcel en Roma.                
Filipenses, año 62 d. C., en el otoño, desde la cárcel en Roma.
 
1ª Timoteo, año 67 d. C.,(1) desde Corinto.
2ª Timoteo año 68 d. C., desde Roma, en la cárcel

 

Es posible que 1ª Timoteo y Tito fueran escritas con anterioridad y que cubriesen tanto los periodos anteriores como posteriores, y que entre ambos y la Segunda Epístola a Timoteo realizase sus viajes a Macedonia (Filipenses 2:24-25  y confío en el Señor que yo también iré pronto a vosotros.  25  Mas tuve por necesario enviaros a Epafrodito, mi hermano y colaborador y compañero de milicia, vuestro mensajero, y ministrador de mis necesidades;), a Colosas (Filemón 1:22  Prepárame también alojamiento; porque espero que por vuestras oraciones os seré concedido), a España (Romanos 15:24  cuando vaya a España, iré a vosotros; porque espero veros al pasar, y ser encaminado allá por vosotros, una vez que haya gozado con vosotros.), a Dalmacia (2 Timoteo 4:10  porque Demas(A) me ha desamparado, amando este mundo, y se ha ido a Tesalónica. Crescente fue a Galacia, y Tito(B) a Dalmacia). A Éfeso 2 Timoteo 4:12  A Tíquico(E) lo envié a Efeso.), cumpliendo lo que había dicho de que la salvación de Dios era enviada a los gentiles (Hechos 28:28  Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.).

 

La importancia de la tabla anterior, con el pivote en el centro Hechos 28, del cual depende todo, debe ser evidente.

Entre las dos cautividades de Pablo efectuó sus viajes misioneros, o al menos así se lo propuso, y hace una referencia a una segunda o posterior etapa en la cárcel. Estos viajes misioneros a los que nos referimos en la nota a pie tuvieron lugar fuera de la Dispensación de los Hechos y, por tanto, no ocupan un lugar en ese Libro. Es evidente que esta última etapa del ministerio posterior de Pablo, durante la Dispensación ya del Misterio, no es algo que podamos dejar pasar por alto sin incurrir en una gran responsabilidad delante de Dios.

Tenemos que examinar ahora

 

 

 

LAS PRIMERAS EPÍSTOLAS DE PABLO

 

Hay tres relatos sobre el llamamiento del apóstol; en el primero, en Hechos 9:6 el Señor no le dijo nada, sino que solo le dio instrucciones claras acerca de dónde tenía que ir, para que averiguase lo que debía hacer a seguir.

Hechos 9:6  El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer.

 

El Señor le dijo a Ananías respecto a Pablo (para calmar sus temores): Ve, porque instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de los reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es preciso padecer por mi nombre (Hechos 9:15, 16). Esto se lo dijo el Espíritu Santo a Ananías, no a Pablo. Y ciertamente nada más ha quedado registrado a estas alturas que le haya dicho, en la Escritura, aparte del hecho de que Ananías le pusiera las manos, y Pablo recibió pneuma hagion, o poder desde lo alto (en forma de dones espirituales).

Todo lo que abarcó la comisión de Pablo a partir de aquí va apareciendo expuesto de forma gradual. Es posible que todo le haya sido anunciado en una sola ocasión, pero que a los demás les fuese revelado en el momento oportuno, según se iban desarrollando los propósitos de Dios. 

Su comisión completa no se nos da a conocer hasta más adelante en los relatos suplementarios de Hechos 22:12-21 y 26:20, al acercarse a la línea divina del cambio Dispensacional.

 

Hechos 22:12-21  Entonces uno llamado Ananías, varón piadoso según la ley, que tenía buen testimonio de todos los judíos que allí moraban,  13  vino a mí, y acercándose, me dijo: Hermano Saulo, recibe la vista. Y yo en aquella misma hora recobré la vista y lo miré.  14  Y él dijo: El Dios de nuestros padres te ha escogido para que conozcas su voluntad, y veas al Justo, y oigas la voz de su boca.  15  Porque serás testigo suyo a todos los hombres, de lo que has visto y oído.  16  Ahora, pues, ¿por qué te detienes? Levántate y bautízate, y lava tus pecados, invocando su nombre.   17  Y me aconteció, vuelto a Jerusalén, que orando en el templo me sobrevino un éxtasis.  18  Y le vi que me decía: Date prisa, y sal prontamente de Jerusalén; porque no recibirán tu testimonio acerca de mí.  19  Yo dije: Señor, ellos saben que yo encarcelaba y azotaba en todas las sinagogas a los que creían en ti;  20  y cuando se derramaba la sangre de Esteban tu testigo, yo mismo también estaba presente, y consentía en su muerte, y guardaba las ropas de los que le mataban.(C)  21  Pero me dijo: Vé, porque yo te enviaré lejos a los gentiles.

 

Hechos 26:20  sino que anuncié primeramente a los que están en Damasco,(C) y Jerusalén,(D) y por toda la tierra de Judea, y a los gentiles, que se arrepintiesen y se convirtiesen a Dios, haciendo obras dignas de arrepentimiento.

 

 En Hechos 9 no había llegado aún el momento de dar a conocer nada respecto a su ministerio posterior, y hasta entonces su testimonio se veía unido al de los doce. Por eso testificó al judío primeramente, y fue en ese sentido solamente, que se hizo judío a los judíos.

Es especialmente interesante fijarse en esta ilustración, por la relación tan directa que tuvo sobre lo que escribió posteriormente a estos mismos creyentes. Podemos observar, para empezar, en cuál fue la manera en que llevó a cabo su primer ministerio (Hechos 17:2  Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo[a] discutió con ellos,). Había cualquier cosa de muy especial en cuanto a su manera de actuar, porque se refiere de nuevo a eso en 1ª Tesalonicenses 1:9; 2:1.

1 Tesalonicenses 1:9  porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero,

 

1 Tesalonicenses 2:1 

  Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana;

Silas y él propio acababan de salir de la prisión en Filipo, y Pablo actuando como solía, en Tesalónica hizo lo mismo que en otros lugares. Se dirigió a la sinagoga, y discutía con ellos en la sinagoga todos los días de reposo. No tuvo necesidad alguna de bandas de música, ni precisó de solistas ni de cuartetos, ni tampoco introducciones corales, ni antífonas. No necesitó de trucos ni de artificios de una religión llamativa, ni tuvo que hacer uso de nuevas modas o métodos, no cantaron de rodillas ni tuvieron que pronunciar un número determinado de Amenes, etc. Sencillamente fue, y discutía con ellos todos los días de reposo, con las ESCRITURAS en la mano.

No citó de los periódicos, y estamos seguros de que en Tesalónica no hubo referencias desde el púlpito a ningún suceso público de relevancia, ni en aquel lugar, ni en ningún otro de los lugares del Imperio Romano. Pablo no se ocupó del problema de la vivienda, ni del problema de los pobres de Tesalónica, ni de los barrios bajos, ni de las obras hidráulicas, ni del saneamiento. Una sola cosa le preocupaba, y esa era la Escritura.  ¿Y por qué? ¡Porque no había perdido su fe en ellas! Porque, como les dice en su carta siguiente, era la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la cual recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios (1ª Tesal.2:13); esa palabra, les dice, que actúa en vosotros los creyentes.

Fue por eso por lo que su predicación de la Palabra del Señor tuvo éxito por toda Macedonia, Acaya y por todo lugar donde iba (1 Tesalonicenses 1:8  Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada). Por eso mismo también fue por lo que el apóstol Discutía con ellos (sobre las Escrituras) todos los días de reposo; pero no en plan de crítica. No razonaba con ellos acerca de sus persuasiones acerca de las Escrituras, sino que razonaba basándose en ellas y abriéndolas de par en par. Y al hacer uso de la Palabra escrita de aquella manera, pretendía simplemente dar a conocer la Palabra Viva, porque añade: dándola a conocer, y afirmando que era necesario que el Mesías padeciese y sufriese. Del mismo modo que Pedro había basado su llamamiento en Hechos 3:18, también lo hizo Pablo, y su propósito fue el de mostrar que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo (Hechos 17:3).

PEDRO DECIA Hechos 3:18  Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.

 

PABLO DECIA Hechos 17:3  declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, decía él, es el Cristo.

 

El versículo 7 nos enseña algo más sobre otro punto que Pablo discutía, basándose en las Escrituras, y era que este Jesús vendría en breve para gobernar como Rey. Esa fue la acusación que tuvo que enfrentar delante de los magistrados (vers.7). Aquí aprendemos, por lo tanto, la manera en que Pablo confirmó la doctrina de los doce, sin sobrepasarla. La asamblea de Tesalónica se basaba en esa misma enseñanza o doctrina también, y de ella se alimentaba. Está escrito que esa era la manera y el hábito del apóstol donde quiera que iba, y su especial ministerio durante aquel tiempo fue llevado a cabo en las sinagogas de la Diáspora o Dispersión.

No hay señal alguna en su testimonio de que la oferta divina, hecha por Pedro, hubiese sido invalidada. Todo lo contrario, todo indicaba que se mantenía en pie, y que Israel seguía siendo el objetivo o albo de su ministerio. Aunque también es cierto que, en dos lugares de los que fue, Pablo se encontró con tal oposición, por parte de los judíos sus hermanos según la carne, que se volvió a los gentiles. Pero ambos casos fueron excepcionales y puntuales, y no influenciaron, de modo alguno, el ministerio particular realizado por Pablo, ni mudó su apropiado carácter de dirigirse a las sinagogas.

En Antioquía de Pisidia, Pablo y Bernabé cumplieron su misión para con los judíos, diciéndoles que a vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; más puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí nos volvemos a los gentiles, etc. (Hechos 13:46, 47). Sin embargo, en el siguiente lugar donde van, en Iconio, dice que volvieron a entrar juntos en la sinagoga de los judíos (14:1), porque Hechos 28:28 no había acontecido todavía.

Hechos 13:46-47  Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles.  47  Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo:

 Te he puesto para luz de los gentiles,

 A fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra.(V)

 

Hechos 14:1   Aconteció en Iconio que entraron juntos en la sinagoga de los judíos, y hablaron de tal manera que creyó una gran multitud de judíos, y asimismo de griegos.

 

Hechos 28:28  Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.

 

De igual manera, en Corinto, se nos dice que oponiéndose (los judíos) y blasfemando estos, les dijo, sacudiéndose sus vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestras cabezas; yo limpio; desde ahora me iré a los gentiles (Hechos 18:6  Pero oponiéndose y blasfemando éstos, les dijo, sacudiéndose los vestidos: Vuestra sangre sea sobre vuestra propia cabeza; yo, limpio; desde ahora me iré a los gentiles.). Así lo hizo, y lo llevó a cabo mudándose a una casa que estaba junto a la sinagoga (Hechos 18:7  Y saliendo de allí, se fue a la casa de uno llamado Justo, temeroso de Dios, la cual estaba junto a la sinagoga.), y al llegar a la siguiente ciudad (Éfeso), entrando en la sinagoga, discutía con los judíos. (Hechos 18:19  Y llegó a Efeso, y los dejó allí; y entrando en la sinagoga, discutía con los judíos,).

Estos acontecimientos muestran que eran casos puntuales y locales, y no seguían la misma línea de la Gran Proclamación, que se daría solo en Hechos 28:28: Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios, y ellos oirán.

Es cierto que Pablo se hizo judío a los judíos, colaborando en todo con los doce en la confirmación del ministerio del Señor Jesús, y transmitió, por todas las sinagogas Dispersas, la misma proclamación que había hecho Pedro acerca del Reino. Podemos estar seguros que no chocó en nada con la proclamación de los doce, como ya hemos visto. Él propio da testimonio de eso mismo, como sobresalió entre los doce haciendo señales y maravillas y diversos prodigios repartidos por el Espíritu Santo (Hebreos 2:4  testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad. ).

Será un estudio interesante para nuestros lectores repasar de nuevo los Hechos, fijándose bien y de manera especial en las referencias que se hacen al Reino y al Rey por medio de los que le oyeron, y observar de cerca el carácter del testimonio de Pablo en las sinagogas. Ahora estamos en una posición buena para darnos cuenta de una diferencia y un avance registrado, entre las epístolas apostólicas, y las primeras epístolas paulinas; también vemos bien, al mismo tiempo, una diferencia clara entre las propias Epístolas de Pablo, las escritas al principio del testimonio confirmativo de los doce, y las que escribe cerca del final.

Pablo recibió del Señor informaciones especiales, pues no fue por acaso ni en vano que se retirase a Arabia, durante tres años. Lo que vio y escuchó cuando fue arrebatado al tercer cielo y al Paraíso era “algo” de lo que no pudo hablar ni escribir nada entonces, y uno de los motivos era precisamente ese, que los requisitos de aquella Dispensación se hallaban “todavía” vigentes. No habían sido anulados ni sustituidos por otros. Si tenemos en cuenta estas limitaciones, debemos estudiar de manera cronológica estas primeras Epístolas Paulinas, y al mismo tiempo que vamos viendo que su testimonio coincide con el de los doce, también con él vemos “un avance” y desarrollo en sus enseñanzas, teniendo en vista su llamamiento especial como ministro de los gentiles. Si Pablo oyó, y supo alguna cosa, acerca del Gran Secreto (el Misterio) antes de Hecho 28, de eso una cosa sabemos cierta: que no lo puso ahí por escrito ni tampoco recibió la comisión de que lo hiciera hasta después de Hechos 28.

Su testimonio habría de diferenciarse del de los doce, ya que estos doce dependían de lo que habían oído del Señor mientras entraba y salía entre ellos en la tierra. Pero el testimonio de Pablo, en lo que a transmisión oral se refiere, recibió Sus comunicaciones del Señor del cielo, mientras se hallaba en Arabia y por diversos lugares; y en lo referente a sus escritos dependía directamente de la inspiración divina, en cumplimiento especial de la promesa dada por el Señor en Juan 16:12-15.

Juan 16:12-15  Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.  13  Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.  14  El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.  15  Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

 

 Por lo tanto, sus escritos tenían por fuerza que contrastar con lo que los doce habían oído. El testimonio de los doce fue sobretodo oral, y el de Pablo por escrito. Con esto se explican sus últimas palabras e instrucciones a Timoteo en 2ª Tim.4;13: Trae, cuando vengas, el capote que dejé en Troas en casa de Carpo, y LOS LIBROS, MAYORMENTE LOS PERGAMINOS.

Antes de Hechos 28:25, 26 Pablo fue entregado preso desde Jerusalén EN MANOS DE LOS ROMANOS (vers.17)

Hechos 28:17  Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos;

 

Pero en la cárcel, aunque siguió prisionero, pasó a ser al mismo tiempo prisionero de CRISTO JESÚS (Efesios 3:1   Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles;). Antes de Hechos 28:25, 26 Pablo había estado sujeto con cadena, por la esperanza de Israel (Hechos 28:20  Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena.), sin embargo, poco después de eso, se ve encadenado por los gentiles. Si Pablo vino a saber ciertas cosas personalmente acerca del Misterio antes de Hechos 28, no podía bajo pena de desbaratar totalmente el plan de Dios contárselo a nadie por escrito. Tampoco podemos confirmar que no se lo contase a otros, que estuvieren preparados para recibirlo, o ser los iniciados en el gran secreto. Ese es el significado de la palabra madurez en 1ª Corintios 2:6.

1 Corintios 2:6  Sin embargo, hablamos sabiduría entre los que han alcanzado madurez; y sabiduría, no de este siglo, ni de los príncipes de este siglo, que perecen.

 

En cualquier caso, no cabe duda que su testimonio debió de estar un tanto avanzado en relación al de los doce, debido a su comisión en Hechos 26:15-18, pero en especial al aproximarse el final de aquella Dispensación y ver él el día muy cercano.

Hechos 26:15-18  Yo entonces dije: ¿Quién eres, Señor? Y el Señor dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues.  16  Pero levántate, y ponte sobre tus pies; porque para esto he aparecido a ti, para ponerte por ministro y testigo de las cosas que has visto, y de aquellas en que me apareceré a ti,  17  librándote de tu pueblo, y de los gentiles, a quienes ahora te envío,  18  para que abras sus ojos, para que se conviertan de las tinieblas a la luz, y de la potestad de Satanás a Dios; para que reciban, por la fe que es en mí, perdón de pecados y herencia entre los santificados.

 

Ahora estamos, por tanto, preparados para encontrar algunas diferencias entre Romanos (la última Epístola antes de Hechos 28), por ejemplo, y la de los Tesalonicenses (la primera escrita de esa nueva manera). Pero, por otro lado, no hemos de dejar para atrás ni dejar de fijarnos en todas las ocasiones en las que el testimonio de Pablo concuerda con el de los que le oyeron y confirmó las mismas palabras del Señor Jesús con las escrituras.   

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