Las

Primeras Epístolas

De Pablo

&

Las Pastorales

 

Stuart Allen

Traducción: Juan Luis Molina

 

Una Exposición de

 1 Tesalonicenses

2 Tesalonicenses

1 Corintios

2 Corintios

1 Timoteo

Tito

 

 

THE BEREAN PUBLISHING TRUST

52AWILSON STREET, LONDON, EC2A 2ER

ÍNDICE

COMENTARIO

1 TESALONICENSES

 Introducción y Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

 

2 TESALONICENSES

 Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

 

1 CORINTIOS

Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

Capítulo Seis

Capítulo Siete

Capítulo Ocho

Capítulo Nueve

Capítulo Diez

Capítulo Once

Capítulo Doce

Capítulo Trece

Capítulo Catorce

Capítulo Quince

Capítulo Dieciséis

 

2 CORINTIOS

Introducción y Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

Capítulo Seis

Capítulo Siete

Capítulo Ocho

Capítulo Nueve

Capítulo Diez

Capítulo Once

Capítulo Doce

Capítulo Trece

 

1 TIMOTEO

Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

Capítulo Cuatro

Capítulo Cinco

Capítulo Seis

 

TITO

Introducción y Capítulo Uno

Capítulo Dos

Capítulo Tres

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Comentario

Hace poco tiempo hemos publicado una edición reunida de artículos de Stuart Allen sobre las cartas que el Apóstol Pablo escribió desde la prisión. Este libro, producido en un estilo práctico y de sencilla comprensión, ha tenido una buena acogida y generosa demanda de parte de los amantes de la Verdad.

A eso se debe, por tanto, que nos hayamos sentido en la obligación ahora de publicar este conjunto de artículos de Stuart Allen sobre las más Tempranas cartas del Apóstol Pablo junto con las Pastorales. El texto se halla en The Berean Expositor y ha sido reeditado aquí en las partes que fue necesario hacerlo. Aunque este libro incluya Primera de Timoteo, el comentario sobre la Segunda Epístola podrá ser consultado en las “Epístolas desde la Prisión” también publicado por The Berean Publishing Trust.

El contenido de estos dos libros abarca una gran parte de la vital doctrina que el Cristo resucitado le encomendó al Apóstol Pablo para nosotros los Gentiles. Hoy en día, cualquier persona se desespera con la actitud que manifiestan las iglesias y sus portavoces hacia la plena inspiración de las Escrituras, y para la mayor parte, se hace evidente la escasez del conocimiento expuesto de la doctrina consagrada en las cartas de Pablo. Cuán necesario es, por tanto, para los fieles siervos de Cristo, escudriñar constante y diariamente este depósito de verdad para que podamos exhortarnos los unos a los otros “entre tanto que se dice: Hoy” (Heb.3:13). Ojalá que estos dos libros sirvan para glorificar a Dios, guiando a muchos a las palabras y al conocimiento del Hijo de Dios, nuestro bendito Redentor y Cabeza.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

1ª TESALONICENSES

INTRODUCCIÓN Y CAPÍTULO UNO

Las epístolas a la iglesia Tesalonicense se hallan entre los más tempranos escritos de Pablo. Los antiguos escolares Bíblicos ubican en primer lugar estas epístolas, pero teniendo en cuenta las investigaciones posteriores llevadas a cabo por William Ramsay y otros a seguir, nosotros creemos que la primera epístola escrita por el Apóstol sea la de Gálatas, y que estas cartas a los Tesalonicenses hayan sido las siguientes en el orden.

La primera visita de Pablo a Tesalónica, probablemente en el verano del año 50 d.C, se relata en Hechos 17:1-9. Esta visita hizo parte de su segundo viaje misionero, el ministerio que tuvo su comienzo en Filipo (16:12-40). El Apóstol refiere su venida a Tesalónica a seguir a la persecución y el vergonzoso tratamiento que había sufrido en Filipo con Silas, en Tesalonicenses 2:2.

Allí, de acuerdo a su costumbre, visitó la sinagoga durante tres Sabbaths sucesivos, y les expuso discutiendo con los judíos y prosélitos las Escrituras (es decir, el Antiguo Testamento) concerniente a la muerte y resurrección del Señor Jesús, probando que Él era, y es, el Cristo. Como resultado, algunos de los judíos creyeron, junto con un buen número de Gentiles temientes de Dios; pero debido a una posterior oposición judía motivada por celos, se levantó una sedición y revuelta que se expandió rápidamente por toda la ciudad y acabaron encerrando en prisión al Apóstol y a Silas. Jasón, quien hospedaba entonces a Pablo, y otros amigos del Apóstol, pagaron sus fianzas, y finalmente los enviaron de noche hasta Berea (Hechos 17:1-10).

La joven iglesia que se vieron forzados a dejar para atrás en Tesalónica a la fuerza, quedó expuesta a una activa persecución y muchas tribulaciones, con lo cual Pablo se empeñó en entablar una dura batalla en su respaldo espiritual, especialmente, debido a la súbita partida que le impidió darles las instrucciones necesarias que hubiese deseado impartirles (1 Tes.3:10). De Tesalónica se dirigió a Berea, donde una nueva sedición y oposición judía le obligó a seguir viaje hasta Atenas (Hechos 17:14, 15).

Entre tanto, Pablo, envió de regreso a Timoteo para averiguar el estado espiritual de las iglesias que había dejado para atrás, para afirmarlas y consolarlas (1ª Tesal.3:1-3). Cuando Timoteo se volvió a juntar con él, tuvo el privilegio de comunicarle que las Iglesias se mantenían firmes a pesar de la persecución, y además, que estaban activamente propagando el evangelio por sí mismos (1ª Tesal.3:6, 7; 1:8).

Sin embargo, había diversos asuntos concerniente a los cuales deseaban ser mejor informados. Entre estos temas Escriturales se hallaba el retorno del Señor Jesús, y, especialmente, cuál sería la posición de aquellos creyentes que habían fallecido, en relación a este gran acontecimiento. El Apóstol se regocijó y consoló con las noticias que Timoteo le trajo sobre el conflicto espiritual, y rápidamente se puso a escribirles para animarles y fortalecerles. Esta es la epístola que ahora estamos estudiando. Será bueno tener en mente, que, todas las epístolas, tienen por detrás un antecedente y una razón para haber sido escritas, y aunque todas hayan sido inspiradas por Dios, conocer la razón y el origen subyacente por detrás, tan solo contribuirá a que entendamos mejor sus contenidos.

Tesalónica (la moderna Saloniki) se denominaba originalmente Therme, pero fue vuelta de nuevo a fundar por Casandro alrededor del año 315 antes de Cristo y nominada así en honor a su esposa con su mismo nombre - Tesalónica, quien era, por su vez, una media hermana de Alejandro el Grande. Fue considerada una ciudad importante en los tiempos romanos y macedonios, y los romanos la hicieron capital de Macedonia en el año 164 antes de Cristo. La ciudad tuvo siempre una vasta porción de judíos entre sus habitantes.

La primera epístola que Pablo escribió a la iglesia Tesalonicense diserta sobre las tres gracias: la fe, la esperanza y el amor (1ª Cor.13:13). Es significativo que el Apóstol las agrupase juntas también en otras epístolas.

Así, tenemos la fe seguida por los siete dones en Romanos 12:6; el amor en siete distintos aspectos en 12:9, y la esperanza con siete consecuencias en 12:12. En Colosenses 1:4, 5 las encontramos reunidas de nuevo, tal como, además, en Hebreos 10:22-24.

Sin la fe es imposible agradar a Dios (Heb.11:6). Hemos sido salvos por la esperanza (Rom.8:24), una esperanza que no avergüenza (5:5); y el amor de Dios que se derrama en nuestros corazones es el mayor de todos los dones, además de incluir a todos los demás.

Por eso, en 1ª Tesalonicenses tenemos “la obra de la fe, la labor del amor, y la paciencia o constancia de la esperanza”. Y estas vuelven a reunirse de nuevo en el último capítulo:

“Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de la fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo” (1ª Tesa.5:8).

Los capítulos uno y dos son una introducción en su mayor parte, el tema verdaderamente solo comienza a desarrollarse a partir del capítulo tres en adelante. Tenemos las tres gracias en la elaboración de esta sección – y están así dispuestas:

La Fe 3:1-10.

El Amor 3:11 - 4:12.

La Esperanza 4:13 – 5:11.

 

Ahora vamos a dar la estructura de los dos primeros capítulos

 

1ª Tesalonicenses 1 y 2

 

A   1:2 – 10      a   Acordándonos sin cesar

                            b   El evangelio no vino en palabras solamente

                               c El resultado. Para que seáis imitadores (seguidores)

                                  d El fin. Liberación de la ira

                      B 2:1 – 12   Cómo llegó el evangelio a Tesalónica

A   2:13 -16     a    Dando gracias sin cesar

                              b   La Palabra recibida – No como palabra de hombres

                                 c    El resultado – Para que seáis imitadores (seguidores)

                                    d    El fin. Los que se oponen. La ira hasta el colmo.

 

El capítulo uno tiene su propia estructura, la cual es la siguiente:

 

1ª Tesalonicenses 1:2-10

 

A   2, 3   a   Una obra de fe

                  b   Una labor de amor

                     c   Paciencia o constancia de esperanza

   B   5  “Porque” – La venida del evangelio – No solamente|

                                                                           Sino también|  Cómo

                                                                        De qué manera|

      C   6 Imitadores (seguidores)

          D 6 La Palabra y muchas aflicciones

      C   7 Ejemplos

   B   8 “Porque” – La divulgación de la Palabra – No solamente|

                                                                                 Sino también| Dónde

                                                                              De qué manera|

A 9, 10 a    De vuelta a Dios

                b    Para servir al Dios vivo

                   c    Esperar por Su Hijo desde el cielo.

 

Observando el miembro marcado A veremos que la fe, la esperanza y el amor se manifiestan por los fieles creyentes Tesalonicenses en sus actos. La obra de fe se exhibe por el hecho de que se habían vuelto de los ídolos a Dios y pusieron su fe en Él. La labor del amor se demostró en su servicio hacia el Dios vivo y verdadero en contraste a su inicial servicio a los ídolos muertos, la obra de manos de hombres. Y su paciente o constante esperanza se manifestaba en la manera cómo aguardaban a toda hora por el Hijo desde el cielo. Cristo era su esperanza de la misma manera que Él es la Esperanza de todos los creyentes, pero esta esperanza no se limitaba tan solo a poner sus ojos en las nubes; sino que los motivaba a que fuesen intensamente prácticos devotando el servicio a Quien tan gloriosamente los había hecho salvos. Así vinieron a ser ejemplo para todos los creyentes en Grecia, pues por su fiel testimonio y a través de ellos, el evangelio se había expandido por toda Grecia y más allá de sus fronteras (1:7, 8).

 

No admira que Pablo, entre sus primeras declaraciones, le dé gracias a Dios siempre por ellos, y que de manera constante los tenga en su recuerdo en el Trono de la Gracia (vers.2). No podemos dejar de observar, que, siempre que fuera posible, el Apóstol realzaba los buenos actos en los creyentes, los alababa y les daba ánimo. Aún mismo cuando tenía que corregir los desvíos de la Verdad, el Apóstol, generalmente, encontraba antes algo que alabar primero. Él no se centraba en los fallos, antes bien procuraba y hallaba los frutos del Espíritu siempre que podía. “Todo lo verdadero, honesto, justo, puro, amoroso…” reconocía en los demás (Filip.4:9). ¡Qué gran ejemplo para todos nosotros! Cuán más sencilla sería la obra del Señor si el creyente manifestase este espíritu en vez de la crítica usual, la actitud irascible que muchas veces se halla en los círculos cristianos.

 

El Apóstol entonces continúa diciendo: “Conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección”.

 

¿Cómo conocía Pablo su elección? ¿Tendría algún tipo de especial acceso al consejo Divino que le diese este conocimiento? Aunque fuese verdad que este gran siervo del Señor recibiese muchas revelaciones de parte de Dios, algunas de ellas peculiares a su ministerio, no hay motivo alguno para creer que fuese este el caso en este punto. El versículo cinco nos da la respuesta. Comienza con la griega hoti traducida “pues”, que podría haber sido mejor traducida “porque” o “debido a que”. Él sabía de su elección debido a la manera en la cual el evangelio les había llegado: “en poder, y en el Espíritu Santo, y en plena certidumbre”, y además, por el efecto práctico que tuvo sobre los creyentes Tesalonicenses. "Y vosotros vinisteis a ser imitadores (seguidores) de nosotros y del Señor, recibiendo la Palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu Santo” (vers.6).

 

Para cada efecto debe haber antes una causa, y tales resultados, como los que el Apóstol contempló, tan solo podrían provenir del hecho de haber una obra verdadera del Espíritu entre ellos, la cual confirmaba su elección. La raíz de un árbol es invisible, pero su fruto puede ser visto por todos. La elección es como la raíz, y el efecto práctico en la vida del creyente, el fruto.

 

El evangelio proclamado por Pablo había llegado a ser algo más que meras palabras. Había una abundante confirmación de parte del Espíritu Santo, y durante el periodo de los Hechos, esta confirmación se manifestaba por los dones sobrenaturales (1ª Cor.12).

 

Si bien sea cierto que no hay mención alguna de tales dones en este contexto, no precisamos dudar de su evidencia. Esta confirmación no tan solo era externa sino también interna. El evangelio les llegó con “plena certidumbre” (vers.5). La griega plerophoria aparece cuatro veces, y tan solo en las epístolas de Pablo. En Colosenses 2:2 se refiere al “pleno entendimiento”. En Hebreos 6:11 a la “plena certeza de la esperanza” y en 10:22 a la “plena certidumbre de fe”.

 

Esta es una palabra magnífica, y un correctivo para aquellos que están siempre dudando y temiendo, y para quienes, su consideración o aprecio de “la certeza”, tiene más que ver con algo paralelo y parecido con el orgullo. “Estas cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que tenéis vida eterna” escribió el Apóstol Juan (1ª Juan 5:13). La certeza es la voluntad de Dios para todos Sus hijos, y esta garantía viene cuando se acepta y se cree Su Palabra sin tener en cuenta otras vías de sentimientos o actitudes mentales. Un creyente con dudas a este respecto es una contradicción y un hombre paralítico. Es incapaz de prestar un verdadero testimonio para el Señor. No fue por esta vía que los creyentes Tesalonicenses recibieron la Palabra del Señor predicada por Su siervo Pablo. La consideraron como siendo la Palabra de Dios, la cual operaba eficazmente en aquellos que creían. Esta es la única fuente de poder espiritual para el testimonio cristiano. Siempre fue así, y lo seguirá siendo, y, prácticamente, la última declaración que Pablo hizo fue: “predica la Palabra” (2ª Tim.4:2). Donde no sea honrada la Palabra de Dios como siendo la Palabra de Verdad y plenamente proclamada como tal, lo que hay es impotencia, adormecimiento espiritual, y falta de repuesta. Y esto es precisamente lo que vemos más ampliamente difundido alrededor nuestro en la cristiandad. Es inútil quejarse de la falta de resultados en el testimonio cristiano cuando a la Palabra de Dios no se le da su debido lugar.

 

Los creyentes en Tesalónica habían recibido el evangelio, no como siendo palabra de hombres, ni tampoco como si fuese la doctrina de Pablo, aunque fuera Pablo quien lo hubo predicado, sino según era en Verdad: la Palabra de Dios. Cuando así la recibieron, aparecieron los resultados. Y estos resultados no afectaron tan solo a lo superficial, pues inmediatamente sucedió una gran tribulación que fracasó en su objetivo de quitarles su “plena certeza” (1:6). Debemos recordar que hemos recibido la Palabra de Dios como siendo mayordomos; que Dios ha prometido honrar y operar a través de Su Palabra por el Espíritu Santo, y si queremos ver un efecto duradero en el testimonio cristiano debemos ministrar esa misma Palabra en toda su pureza inherente, y esperar mirando solo y siempre para Aquel Quien “da el crecimiento” (1ª Cor.3:6).

 

Después de realzar la obra de fe, la labor del amor y la constante paciencia de la esperanza de los creyentes Tesalonicenses, el Apóstol declara que han venido a ser imitadores de él y del Señor. Es cierto que eso los había llevado además a sufrir muchas tribulaciones y persecuciones por su fiel testimonio, pero por eso mismo había un gran regocijo del Espíritu Santo que sobrepasaba todo lo demás.

 

El resultado fue que llegaron a ser “ejemplo para todos los que habían creído en Macedonia y Acaya” (1:7). Esta palabra “ejemplo” es la griega tupos, de donde proviene nuestra palabra castellana “tipo”. Pablo había afirmado que él propio había también llegado a ser un ejemplo o modelo para ellos en su comportamiento, trabajando de noche y de día para que no les fuese gravoso (2ª Tesal.3:8, 9). También se recomienda a sí propio como ejemplo para los santos Filipenses (Filip.3:17). Tanto Pablo como Tito son exhortados a ser “ejemplos” o “tipos” (1ª Tim.4:12; Tito 2:7). La iglesia en Tesalónica había llegado a ser un modelo para toda Grecia y más allá de sus fronteras (1:7). El Apóstol difícilmente podía haber tenido para con ellos una consideración más grande que esta. El testimonio cristiano que estaban dando había llegado a expandirse a lo largo y ancho del territorio, y por medio de eso se expandía también la Verdad.

 

La necesidad de denuedo y valentía no es menor en los días actuales. Todos nosotros deberíamos manifestar Quiénes somos y a Quién servimos. Existen demasiados discípulos escondidos, demasiado temerosos de permitir que la luz brille a través de sus vidas. Especialmente, esto se manifiesta en lo concerniente a las verdades reveladas en las epístolas de Pablo escritas desde la prisión. Muchos permanecen callados debido al temor de que el hombre les cause problemas, aun cuando estos hombres puedan ser creyentes. Tienen miedo del precio que tendrán que pagar por eso. Ojalá seamos fortalecidos e iluminados a “brillar como antorchas en el mundo”, estando firmes por la palabra viva (Filip.2:15, 16) y así evitando que vengamos a estar “avergonzados del Señor y de Su prisionero” el Apóstol Pablo (2ª Tim.1:8).

 

Teniendo en cuenta los efectos prácticos resultantes del firme testimonio de los santos Tesalonicenses, el Apóstol les declara que él propio no tiene ya necesidad alguna de hablar nada; antes bien, las personas de Macedonia y Acaya contaban ellas propias la manera en que habían sido recibidos y con lo cual se glorificaba en gran manera al Señor.

 

Los versículos finales del capítulo resaltan una observación dispensacional. Los creyentes en Tesalónica estaban aguardando al Señor Jesús proveniente del cielo. Esto tan solo puede querer decir que, ellos, tenían consigo, como su esperanza, el retorno del Salvador estando vivos todavía. El propio Apóstol también se identifica con esta particular esperanza en la frase del capítulo cuatro, versículo diecisiete: “Nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado”. La temprana y muy próxima venida de Cristo no es un escenario peculiar tan solamente de esta epístola en particular, sino que es común a todas las epístolas escritas durante el periodo cubierto por los Hechos.

 

Hay dos clases de personas que discrepan de esta verdad. Una son los modernistas, declarando que, en su opinión, Pablo y los recién convertidos fueron muy sinceros en sus convicciones de que Cristo volvería al tiempo de sus vidas, pero que estaban equivocados. La otra clase la forman creyentes más conservadores, quienes, al no darse cuenta del asentamiento dispensacional de la epístola, se confrontan por eso con el hecho del énfasis que tiene sobre la inminente Vuelta del Señor, y que esto no haya sucedido durante los cerca de 2000 años que han transcurrido desde que fuese escrita hasta ahora; procurando resolver el problema, se acogen diciendo que: “mil años sea tan solamente un día” (2ª Pedro 3:8) y que por tanto ¡tan solo dos días hayan pasado en la consideración del Señor!

 

Pero esto es muy forzado y nada natural, y en cualquier caso, Pedro revierte esa afirmación, diciendo lo contrario, que ¡“un día, es para el Señor, como mil años”!

 

Las epístolas a la iglesia Tesalonicense fueron dos de los más tempranos escritos de Pablo, y tuvieron ambas su origen durante el periodo de los Hechos, cuando la posibilidad de la Segunda Venida dependía sobre el arrepentimiento de Israel y su vuelta para Dios (Hechos 3:19-26). Los creyentes en esta iglesia, y todas las demás durante ese particular periodo, eran instruidas enseñándoseles que, la fe práctica, suponía el abandono de los ídolos y la vuelta hacia Dios; la respuesta práctica suponía servir al Dios vivo y verdadero; y para una esperanza práctica, ellos tenían que “aguardar por Su Hijo proveniente del cielo” (1:9), Quien los rescataría de la ira venidera tan gráfica y solemnemente descrita posteriormente en el libro del Apocalipsis.

 

 

 

1ª TESALONICENSES

 

CAPÍTULO DOS

 

El Apóstol comienza ahora una larga sección en la cual defiende su conducta hacia los santos. Pareciera que Pablo se estuviese dando prominencia a sí propio si no fuera porque deliberadamente hubiese sido malinterpretado y no estuviese en peligro la verdad que a través de él fue dada a conocer. Está claro que eso mismo fue lo que sucedió, y si así no hubiese sido, él no habría negado las acusaciones que se le hacían de error, impureza y engaño (2:3), o de palabras lisonjeras y avaricia (vers.5), o de procurar su propia gloria  (vers.6), si es que estas insinuaciones no hubiesen sido proferidas.

 

La táctica del enemigo siempre es la misma: denigrar al mensajero y arruinarle el mensaje. Es algo espléndido darse cuenta que Pablo no reaccionase devolviendo mal por mal. En vez de eso les recuerda a los santos su gentileza de comportamiento estando entre ellos, tal como una nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. No tan solo se había comportado de manera solícita dándoles a conocer el evangelio, sino que él propio se había entregado sin límites por causa del amor que profesaba hacia los santos (vers.8). Había estado trabajando de noche y de día para no serles gravosos y un fardo para ellos (vers.9). Se había comportado como un buen padre exhortándoles y consolándoles (vers.11), y por este contexto bien podemos deducir cuál sea el carácter ideal de los que ostenten cargos en la iglesia, el cual debe combinar la ternura de una madre con la fuerza de un padre. Una cualidad sin la otra puede fácilmente conducir tanto a una excesiva dureza como una inapropiada suavidad de carácter. Ojalá que podamos imitar al Apóstol en su equilibrado testimonio en este respecto.

 

La epístola continúa con el elogio de Pablo debido a la manera cómo los Tesalonicenses habían recibido su mensaje. Hace una tremenda declaración diciendo que no la habían recibido como algo humano, simplemente como palabra de hombre, sino, según era en verdad, la Palabra de Dios. Debieron persuadirse que Pablo no les estaba compartiendo meramente sus opiniones. No podía entre los miembros de esta asamblea haber, tal como sí que hay hoy en los días actuales, que considerase el mensaje tan solo como siendo “la teología Paulina”. Todo lo contrario. Fue como si el propio Dios les hubiese hablado, y por tanto, lo que oyeron a través de la boca de Pablo, lo consideraron como Palabra de Dios. Si esta fuese tan solo la actitud de las Iglesias hoy en día: ¡Qué gran diferencia veríamos en la fe y en la práctica cristiana! Se comenzaría a actuar de la misma manera que lo hicieron los creyentes Tesalonicenses: “Lo habéis recibido (el mensaje dado a través de Pablo)…según es en verdad, la Palabra de Dios, la cual actúa (poderosamente) en vosotros los creyentes” (2:13). “Actúa” es la traducción de la griega energeo, de donde proviene nuestra palabra “energía”. El resultado práctico surgió a seguir a una tal recepción de la Verdad, y así sucedería hoy en día si fuese fielmente proclamada y dada a conocer. El mensaje no volvería vacío para Dios ni carente o estéril de resultados. La responsabilidad de sembrar la simiente de la Palabra de verdad es nuestra. La promesa de Dios es “dar el crecimiento” (1ª Cor.3:7).

 

En el caso de la iglesia Tesalonicense, la recepción de la Verdad les costó un gran precio:

 

“Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos…” (2:14).

 

Las Iglesias de Judea habían venido a formarse por la dispersión de la iglesia madre en Jerusalén por causa de la persecución (Hechos 8:1). Habían estado sufriendo de las amargos tratos y vejaciones de los judíos incrédulos, y ese era el medio que Satán usaba más frecuentemente en aquel tiempo para contraponerse al propósito de Dios y frustrar Su voluntad. Una y otra vez vino a sufrir el Apóstol a manos de los de su propia nación, tal como se registra tan claramente en los Hechos. Cercaban sus pasos a donde quiera que fuese Pablo, procurando por todos los medios causarle daño y perjurio. No tan solo a él se lo hicieron, sino que extendían sus modales hacia todos cuantos creyesen el evangelio y se mantuviesen firmes por el Señor. No es de admirar que, refiriéndose a ellos, escribiese a seguir:

 

“Los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que estos se salven; así colman ellos la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo” (2:15, 16).

 

Terribles palabras, pero un verdadero comentario sobre la actitud de Israel durante el periodo cubierto por los Hechos de los Apóstoles. No admira que se escribiera hablando de ellos posteriormente Romanos 10:21, describiendo la actitud del Señor:

 

“…todo el día extendí Mis manos a un pueblo rebelde y contradictor”

 

Dejando de lado la amarga oposición de los judíos, Pablo declara a seguir su gran anhelo por volver a visitar Tesalónica y reunirse allí con los santos de nuevo. Dice así:

 

“Pero nosotros hermanos, separados de vosotros por un poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho deseo de ver vuestro rostro” (2:17).

 

“Separados de vosotros” es una traducción de la palabra griega aporphanisthentes que literalmente significa “estar desconsolados”, lo cual nos muestra cuán profundamente sentía el Apóstol la ausencia de los cristianos Tesalonicenses. Deseaba ardientemente visitarles, pero el enemigo le frustró todos sus planes.

 

Es imposible enumerar las veces que Satán ha podido frustrar los planes de Dios y obstaculizar a Sus siervos. Sabemos bien que su poder y el de las huestes tenebrosas que tiene bajo su control es muy grande. Fue capaz de obstaculizar un angélico mensajero enviado a Daniel durante tres semanas enteras (Dan.10:12, 13), y no hay razón para creer que este poder sea de ninguna manera más débil en los días actuales. El conflicto de las edades todavía se mantiene, y si no hubiese sido debido a la obra redentora de nuestro Salvador, nosotros ciertamente no habríamos estado del lado de los vencedores. El propósito de gracia salvadora es que seamos “más que vencedores por medio de Aquel que nos amó” (Rom.8:37). Entre tanto que estemos procurando vestirnos de toda la armadura de Dios (Efes.6:11) y andar en este camino, estaremos a salvo de la malignidad y enemistad del perverso.

 

La siguiente sección de esta epístola comienza con las palabras:

 

“Porque ¿cuál es nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros, delante de nuestro Señor Jesucristo, en Su venida? Vosotros sois nuestra gloria y gozo”

 

Cuando el Apóstol se refiere a una “corona”, él no está tratando con verdades fundamentales, sino con la fidelidad resultante y consecuente, que acaba en recompensa, la cual se da cuando todo el servicio sea examinado por el Señor en Su Bema o  Asiento Arbitral. En su resumen final de su testimonio vivo, el Apóstol dijo lo siguiente:

 

“He acabado mi carrera…por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día” (2ª Tim.4:7, 8).

 

Esto no deja de ser sino una manera de hablar figurativa, no tan solo que viva con Cristo en gloria, sino que además está asociado con Su Trono, o reinando con Él (2ª Tim.2:12).

 

El servicio fiel alcanza esta corona, y en aquel día habrá evidencias prácticas de este servicio en la presencia de todos aquellos creyentes que hayan sido salvos a través de sus devotas obras para el Señor. Los santos Tesalonicenses vendrían a ser “su corona de gloria y gozo”, tal como los creyentes Filipenses serían (Filip.4:1).

 

Hay dos palabras que se traducen “gozo” en el Nuevo Testamento: kauchesis, el motivo por el regocijo, denotando el acto; y Kauchema, un sujeto de regocijo.

 

Pablo emplea la última palabra exclusivamente, y además la palabra inicial exceptuando una ocurrencia en Santiago 4:16.

 

La forma verbal kauchomai aparece treinta y tres veces en el Nuevo Testamento, treinta y una de ellas se encuentran entre los escritos de Pablo.

 

Su exultación o regocijo residía tanto en su Señor como en lo que el Señor había hecho a través de él. Tuvo que aprender a dejar de lado el vacío regocijo en sí mismo, o en sus éxitos conseguidos. Aun mismo en aquel famoso pasaje en el cual se gloría en sí propio, se vio forzado a hacerlo así por causa de sus detractores, y de ahí que dejase ver claro que, su labor y sufrimientos, se debían a su devoción hacia Cristo (2ª Cor.11:16-31).

 

El regocijo en los santos Tesalonicenses sucedería en la Venida del Señor. La palabra es la famosa parousia, y junto con la palabra apokalupsis  nos da la esperanza de la iglesia formada durante el periodo de los Hechos. Parousia no denota el acto de la venida, sino antes bien la llegada o presentación en un destino. Se utilizaba en la literatura secular refiriendo la llegada de los reyes y personas importantes. Una clara exposición de Su parousia es la que hace el Señor Jesús en Mateo 24:27-30. No es necesario inventarnos una “secreta venida” como algunos han hecho. Eso solo denota una falta de capacidad para ver la diferencia entre la esperanza del creyente durante los Hechos de los Apóstoles, comparada con la revelación del Misterio en las epístolas de Pablo en la prisión posteriores.

 

 

 

 

1ª TESALONICENSES

 

CAPÍTULO TRES

 

El capítulo tres comienza con la partícula de enlace conectivo “por lo cual” (dio). Debido al vínculo tan fuerte que había entre el Apóstol y sus convertidos Tesalonicenses, cuando él propio “no pudo soportarlo más”, envió a que los visitase Timoteo, siéndole a él, prácticamente, imposible ir a verlos personalmente. “Soportar” es la palabra griega stego, y se utiliza cuatro veces, y las cuatro ocurrencias en los escritos de Pablo.

 

La palabra significa “conciliar” o “encubrir”; y sin duda alguna se refiere a que ya no podría “conciliar” o “encubrir” su ansiedad por ellos, puesto que conocía demasiado bien la persecución que estaban sufriendo, y se cuestionaba, temiendo, si es que todavía estarían firmes los santos Tesalonicenses a pesar de todo.

 

Tan solo aquellos que hayan sido utilizados por el Señor en la salvación y edificación de otros sabrán aquí identificarse con el Apóstol plenamente. Cada golpe que sea dirigido al convertido afecta al supervisor, y todos estos mayordomos pueden entender bien el profundo interés de Pablo hacia todos los creyentes, y aquí se vio forzado a dejarlos para atrás en Tesalónica inmediatamente. Cuando ya no pudo resistir más su ansiedad, envió a Timoteo, a quien describe como su “su hermano y ministro de Dios en el evangelio de Cristo”.

 

Ahora llegamos al corazón de la epístola, todo lo anterior hasta ahora ha sido introductorio. Al principio, señalamos cómo, la totalidad de esta carta, gira alrededor de las tres gracias: de la fe, la esperanza y el amor. Ahora comenzamos una sección que trata con la fe, y marca totalmente la sección intermedia de la epístola:

 

      FE           Confirmaros y exhortaros respecto a vuestra fe (vers.2)

 3:1-10          Envié para informarme de vuestra fe (vers.5)

                     Timoteo trajo buenas noticias de vuestra fe (vers.6)

                      Completamos lo que falte a vuestra fe (vers.10)

 

    AMOR      Abundar en amor (vers.12)

3:11 – 4:12    Acerca del amor fraternal no precisáis que os escriba (4:9).

 

ESPERANZA     Entristeceros, como los otros que no tienen esperanza (vers.13)

4:13 – 5:11          La Esperanza expandida en la doctrina de la Venida del Señor.

 

Hay cuatro referencia a la fe en la primera sección, 3:1-10. El Apóstol había enviado a Timoteo para exhortarles y animarles en cuanto a su fe, para que debajo de toda la aflicción que estaban soportando se mantuviesen firmes por medio de la Verdad. Pablo ya les había avisado de antemano la inevitabilidad de que su fe viniera a ser probada por sufrimientos (vers.4). Lo que suponía un problema en los días del Antiguo Testamento concerniente a los sufrimientos y pruebas del justo, ahora pasa a ser la experiencia normal y común de la gente de Dios, y habían recibido instrucciones para aceptarlas con gozo y conforme con la voluntad de Dios para ellos. Era realmente algo precioso, tal como Pedro afirma en su primera epístola (1ª Pedro 1:7), pues tenía un efecto final llevando su fe más allá de la esfera de la teoría, y los trasplantaba al medio de la certeza y el hecho, para que no tuvieran dudas de su realidad.

 

Pablo había estado temiendo que el Tentador usase estas dificultosas experiencias para apartarles de la fe (vers.5) y que deshiciera su obra; pero la vuelta de Timoteo con las preciosas nuevas de su fidelidad y firmeza le alegró profundamente, así como el saber que los santos en Tesalónica también estaban deseando verle a él de nuevo. Se había quedado preocupado desde que se vio obligado a partir de Tesalónica, pues Satán intentaba por todos los medios quebrar el vínculo que tenían juntos, pero ahora se regocijaba en gran manera sabiendo que su temor había sido infundado:

 

“Por lo cual, ¿Qué acción de gracias podremos dar a Dios por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante de nuestro Dios, orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe” (1ª Tesal.3:9, 10).

 

Continúa orando para que se abran las puertas necesarias para que pueda visitarlos de nuevo; entre tanto, les pide que su amor vaya siempre en aumento de unos hacia los otros, y desde el versículo 11 hasta el 4:12, expande el tema que afecta a la práctica Cristiana. El amor sobreabundante afectaría sus corazones y vidas guiándoles a su fortalecimiento y firmeza, resultando en una manera de andar sin mácula e irreprensible delante de nuestro Dios y Padre (vers.11-13). La palabra griega Amemptos traducida “irreprensibles” aparece cuatro veces en las epístolas de Pablo:

 

   Filipenses 2:15      Para que seáis irreprensibles.

                    3:6        En cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible.

   1ª Tesalon.3:13     Para que sean afirmados vuestros corazones, irreprensibles.

   Hebreos    8:7       Si aquel primero (pacto) hubiera sido sin defecto.

 

Como adverbio aparece dos veces en la epístola que estamos estudiando. El Apóstol había vivido según la Verdad delante de ellos, pues bien pudo escribir diciendo:

 

“Vosotros sois testigo de cuan… irreprensiblemente nos comportamos con vosotros los creyentes” (2:10).

 

En el capítulo cinco, versículo veintitrés tenemos:

 

“(Oro a Dios para que)… todo vuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo”

 

La oración de Pablo por estos creyentes no se limitaba tan solamente a que se preservasen vivos hasta el retorno cercano del Señor Jesús, sino que, además, para que fuesen hallados en Su aprobación cuando este gran acontecimiento sucediese.

 

 

 

1ª TESALONICENSES

 

CAPÍTULO CUATRO

 

El capítulo cuatro comienza con la palabra griega loipon, literalmente “por lo demás”, y difícilmente podría ser transliterada con “finalmente”, como la Versión Revisada la pone (la Reina Valera está correcta, N. T.). La traducción “además de esto” de la Versión Autorizada nos parece más aproximada de su significado original, el Apóstol continúa el tema del amor fraternal en cuanto sus resultados prácticos:

 

“Por lo demás, hermanos míos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús que de la manera que aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así abundéis más y más” (4:1).

 

Observe la frase “como os conviene conduciros”. Aun cuando su manera de andar fuese tan ejemplar, Pablo no quería que se durmiesen en sus laureles, sino que “abundasen” más y más. Perisseuo, traducida “abundéis”, es una típica palabra Paulina que él emplea unas veintiséis veces. En esta presente epístola sus ocurrencias son:

 

“Y el Señor os haga crecer y abundar en amor” (3:12).

“Así abundéis más y más” (4:1).

“Os rogamos…que abundéis en ello más y más” (4:10).

 

Nunca llegamos a alcanzar los límites del amor práctico en la vida Cristiana. Este más grande de todos los dones se manifiesta en el desgaste, y en desgastarse por otros, derramándonos para fuera, por así decirlo, en servicio amoroso y continuo hacia los miembros del Cuerpo de Cristo. Eso no sería tan solo amor, sino un manantial de amor característico del inexplicable amor que Dios nos tiene a nosotros. Este y no otro era el amor que Pablo les urgía a manifestar a los creyentes Tesalonicenses más y más. ¿Qué oportunidad tendría el mundo, la carne o el diablo, de introducirse en la comunión de la gente de Dios que así se manifestase con un tal espíritu?

 

El Apóstol refiere que los mandamientos que les había dado verbalmente, fueron “por el Señor Jesús”. Posteriormente, en el capítulo, habla detalladamente acerca del conocimiento de la parousia o Venida que tenía consigo “por la palabra del Señor” (vers.15). Esto no significa necesariamente, tal como algunos asumen, que la materia o tema fuera completamente nueva; sino que Pablo recibió su comisión y todo lo envuelto en revelación “no de hombres, o por hombre alguno, sino por Jesucristo, y Dios el Padre” (Gál.1:1).

 

No era necesario referirles nada que Dios no les hubiese revelado a través del Apóstol de la Circuncisión, o por Cristo Mismo, cuando estaba sobre la tierra. La revelación de Pablo proveniente del Señor ya estaba asumida en todos los puntos, y si bien sea cierto que algunas características verdades suyas puedan darse en otros llamamientos, o no, eso no importa nada; fue “por el Señor Jesús”, ahora resucitado y ascendido, y dado a conocer a través de él, a un vaso de barro.  

 

Antes de seguir adelante, vamos a examinar la estructura del pasaje que tenemos delante:

 

1ª Tesalonicenses 3:12 – 4:12 La labor del Amor

 

A      3:12, 13   a   Abundar en amor

                               b   Unos para con otros

   B   4:1             c   Andar siendo agradables a Dios

                                      d   Abundéis (perisseuein) más y más

      C   4:2-8                     e   Mandamientos del Señor Jesús

                                            f   Santificación, no en pasión de concupiscencia

                                              g El hermano defraudado

                                              g El Señor, el Vengador

                                           f    No a la inmundicia, sino santificación

                                        e   Desecha a Dios

A      4:9             a     Un amor fraternal

                              b  Amaros los unos a los otros

   B      4:10-12            d   Abundar (perisseuein) más y más

                                 c      Andar honestamente para con los de afuera

 

El énfasis, no tan solo sobre el amor recae, sino que se pone muy claramente sobre el amor que mana o abunda, y ese tipo de amor es el que tendría un sólido efecto sobre el andar práctico del creyente, tal como el contexto nos muestra. El Apóstol recuerda a los creyentes Tesalonicenses del encargo que les hizo “a través del Señor Jesús”. Tal como hemos visto, esto confirma una vez más la independencia ministerial de Pablo, quien había recibido este ministerio y todo lo que envolvía directamente proveniente del Cristo resucitado y no de los Doce, ni podía referirse a las palabras pronunciadas por el Señor cuando se hallaba sobre la tierra, pues este Apóstol nunca lo había escuchado, y aunque lo hubiese oído, inconverso como era Saulo de Tarso, que odiaba a Cristo, de poco le hubieran valido.

 

Este encargo tenía que ver con su santificación, o separación para Dios por la redención, y esta separación, era de todo lo que la carne y el mundo envolvían. En medio de la baja moral que había ya en aquel tiempo,  fue necesario resaltar la pureza de vida.

 

¿Qué querría Pablo decir cuando les dijo: “Que cada uno de vosotros sepa tener su propio vaso (como muchas Versiones) o esposa (esposa como la Reina Valera y otras tantas) en santidad y honor…que ninguno agravie (o transgreda) ni engañe en esta materia o tema (no “en nada” como la Reina Valera; sino en la materia bajo discusión)”?

Existen dos puntos de vista mantenidos por los expositores en cuanto a la interpretación de este pasaje:   

 

(1)  El “vaso” se refiere al cuerpo, y de ahí se deduce el dominio propio.

(2)  El “vaso” se refiere a la “esposa”, y la necesidad de fidelidad por causa de los vínculos matrimoniales.

 

La palabra griega skeuos, vaso, aparece 22 veces en el Nuevo Testamento. Se utiliza respecto a un recipiente (Juan 19:29), una posesión de una persona (Mat.12:29; Marcos 3:27), el creyente como un medio que Dios puede emplear (2ª Cor.4:7; 2ª Tim.2:21). Y no solo eso, sino que en 1ª Pedro 3:7, se emplea hablando de una esposa:

 

“Y vosotros maridos…dando honor a la mujer, como a vaso más frágil…”

 

“Que sepa cómo tener”. La palabra traducida “tener” es ktaomai, que significa, no tanto poseer o tener, sino “alcanzar la posesión de” “adquirir” o “comprar”:

 

“Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo” (Hechos 1:18).

 “Porque has pensado que el don de Dios se obtiene con dinero” (Hechos 8:20).

 “Yo con una grande suma adquirí esta ciudadanía” (Hechos 22:28).

 

¿En qué sentido puede el cuerpo ser adquirido o poseído? Además, el sentido del versículo siguiente no se conecta bien así, si la palabra “vaso” tiene este significado del “cuerpo”.

 

Por otro lado, si skeuos significa “esposa”, entonces “adquirir una esposa” puede entenderse, y con este sentido precisamente lo hacen un cierto número de traductores.

 

“…Que cada uno entre vosotros sepa cómo procurar una esposa que sea su objeto en pureza y honor” (Weymouth)

 

Así lo traducen además, Moffat, Cunnington, la Versión Twentieth Century, Goodspeed, Williams, y la Versión Berkeley. Y siguiendo las líneas del primer punto de vista están Bloomfield, J. N. Darby, Rotherham y F. F. Bruce (y la Reina y Valera). Ambos puntos de vista expresan verdad, pero el segundo se apropia de manera más adecuada y naturalmente en el contexto. El Apóstol resalta de nuevo la santificación en el versículo siete:

 

“Porque Dios no nos ha llamado a inmundicia, sino a santificación (santidad, en la Versión Autorizada)”.

 

Sin embargo, el amor continúa siendo el tema dominante de esta sección, y ahora, a los santos en Tesalónica, se les recuerda que un aspecto práctico del amor Cristiano es el “mantenerse sosegado, estando ocupados con sus propios negocios, y a trabajar con sus manos, tal como les había enseñado”. Es evidente que había algunos que estaban equivocados con respecto a la proximidad del retorno del Señor. Estos tales se recusaban a trabajar, con el resultado de que, en vez a estar ocupados por sus propios asuntos y quehaceres, se estaban entrometiendo en los asuntos ajenos y causando disturbios.

 

“Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan” (2ª Tes.3:11, 12).

 

Tanto en esta epístola como en el contexto que estamos considerando, hay un énfasis sobre “estar sosegados”. Hesuchazo significa estar en silencio, estar tranquilo, en oposición a excitación que tiene un mal efecto sobre terceros. El verbo traducido “estudio” es philotimeomai, “ser ambicioso” literalmente, y la frase casi significa “ser ambicioso de no tener ambiciones”: “Haz que tu ambición viva quietamente y ocúpate en tus propios cometidos (haz tus propias cosas, literalmente), y trabaja con tus propias manos”. Una tal manera de andar sería un buen testimonio para los de fuera, y además, así cada creyente tendría sus necesidades suplidas (vers.12).

 

Hasta el mismísimo día de hoy, la doctrina del Segundo Adviento ha tenido un efecto similar sobre algunos. Oímos de vez en cuando hablar de aquellos que han abandonado los hogares y negocios aguardando por el retorno del Señor, olvidándose que la mejor manera de preparase es hacer lo que Él Mismo les mande a cada uno: “ocuparse, hasta que venga” (Lucas 19:13). La inactividad, estar ocioso es abrir la puerta al Adversario, y esto era lo que estaba sucediendo en Tesalónica, por eso hace el aviso el Apóstol. Por vía del ejemplo y por preceptos también, les había enseñado a estar activamente comprometidos, haciendo la voluntad del Señor, tanto fuese en el hogar, como en el comercio, o como en la obra del Señor.

 

Ahora nos adentramos en una nueva sección de la epístola que se centra sobre la cuestión de la esperanza, y, consecuentemente, exhibimos sus detalles estructurales:

 

1ª Tesalonicenses 4:13 – 5:11. La “constancia (paciencia) de la esperanza”

 

A 4:13 No os dejaré ignorantes con respecto a los que duermen

   B 14 Primera razón – Resurrección y dormir

      C 15 Segunda razón – Los vivos no precederán a los que durmieron

         D 16, 17 Para siempre con el Señor

            E 18 Por tanto, consolaos los unos a los otros con estas palabras

A 5:1-3 Vosotros sabéis perfectamente lo concerniente al día del Señor

   B 4-6 Primera razón – No durmamos

      C 7, 8  Segunda razón – Aquellos que duermen de noche

         D 9, 10 Vivir juntamente con Él

            E 11 Por tanto, consolaos vosotros juntamente.

 

Es evidente que algunos Tesalonicenses habían perdido familiares queridos y estaban profundamente preocupados en lo que sucedería con ellos teniendo en cuenta el retorno del Señor tan próximo. ¿Serían dejados para atrás? ¿Serían los que estuviesen vivos tomados y aquellos que fallecieron dejados en el sepulcro hasta un posterior periodo? A estos problemas atiende ahora Pablo, y procura darles consuelo e instrucción a los santos:

 

“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen” (4:13).

 

En cinco diferentes lugares el Apóstol declara que no quiere que los creyentes ignoren, no desea que les falte conocimiento de ciertas y vitales verdades. En Romanos 11:25 trata con el secreto de la ceguera de Israel, para que no fuesen sabios en su propia opinión e imaginasen que Dios había repudiado para siempre la nación incrédula, exaltando a los Gentiles para que ocupasen su lugar. En 1ª Corintios 10:1 les recuerda a la iglesia Corintia que, si bien todo Israel, al tiempo de Éxodo, fue “bautizado en Moisés, en la nube y en el mar”, y fueron típicamente redimidos y asociados con todo lo que Moisés instituyó en la ley y el ceremonial, en tipo y sombra; sin embargo, al mismo tiempo, no todos entraron a la tierra prometida, sino que “de la mayoría de ellos no se agradó Dios” (10:5). Perdieron su premio, es decir, no entraron en la heredad de Canaán. En la misma epístola Pablo emplea otra vez la frase, y afirma que no quiere que sean ignorantes en cuanto a los dones espirituales (12:1). Fue necesario dar instrucciones detalladas para que estos dones fuesen utilizados de manera ordenada y para la edificación de la asamblea local.

 

Cuando escribió su segunda carta a la iglesia Corintia dijo que no quería que fuesen ignorantes en cuanto a las tribulaciones que él propio había sufrido en Asia. Fueron tan grandes que pensó no salir de ellas vivo (2ª Cor.1:8). Estas experiencias le condujeron a la desesperación, y al mismo tiempo le hicieron aborrecer la confianza en sí mismo.

 

 “Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no tengamos confianza en nosotros mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (vers.9).

 

En su carta a los santos Romanos también declaró que había muchas veces planeado visitarles, pero que había sido impedido. Estaba empeñado que no fuesen ignorantes de esto, o malinterpretar su incapacidad (Rom.1:13).

 

En cada uno de los contextos donde esta frase se emplea, hay algo importante que se está señalando, y eso es lo que sucede en 1ª Tesalonicenses capítulo cuatro. A los preocupados santos que estaban de luto con la pérdida de sus familiares queridos, Pablo no intenta inculcarles una Estoica indiferencia. Tales enlutados no podían evitar dejar de lamentarse en estas circunstancias. Al mismo tiempo, podrían recordar para su propio consuelo que el Propio Salvador fue un Hombre de pesares y experimentado en quebranto. Cuando estuvo delante del sepulcro de un muy querido amigo Suyo se puso a llorar amargamente, y estaba profundamente conmovido con la angustia y pérdida que produce la muerte. Algo que olvidamos frecuentemente es que, la redención, no tan solo liberta del pecado, sino además de la paga del pecado que es la muerte.

 

“De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol” (Oseas 13:14).

 

Por tanto, aunque nos entristezcamos, no lo hacemos como otros que no tienen esperanza. Esta es una de las grandes diferencias entre el salvo y el no salvo. Para los creyentes, la muerte se describe en la Palabra como un sueño, un interludio anterior a la vida real que comienza en gloriosa resurrección. Esta figura nunca se emplea para el incrédulo. Para él, no deja de ser, que, el “aguijón de la muerte es el pecado”, y este aguijón todavía no se le ha retirado en lo que concierne a su alma. Una tal persona se halla sin Cristo, sin esperanza, y es el más miserable de todos los hombres (1ª Cor.15:17-19). Con respecto al estado de la muerte, ninguno, de ellos, puede tener algún tipo de certeza o seguro conocimiento acerca de lo que pueda ser, o a qué se parezca siquiera. Ningún común mortal ha vuelto del sepulcro para darnos algún informe en cuanto a su carácter, quitando aquellos quienes en los tiempos Bíblicos fueron levantados de la muerte, como Lázaro, en el caso que hemos descrito llorando amargamente el Amigo. Así que nos confinamos enteramente a la revelación de la Palabra de Dios para cualquier conocimiento que podamos tener.

 

Cuando Dios desea describirnos cuál sea el estado de la muerte, ¿cuál es la ilustración que emplea? Y, al fin y al cabo, tenemos que admitir que, Sus ilustraciones, son siempre las más apropiadas. De manera consistente en el Antiguo Testamento y en el Nuevo emplea Él la figura de un sueño, un irse a dormir; y si tan solo consideramos cuán sano es el reposo y reconstituyente el dormir, sabremos todo lo que Dios nos ha revelado sobre este tema. No somos conscientes de ninguna Escritura que hable acerca de la muerte como el sueño del cuerpo, el alma o el espíritu, por separado; Se trata siempre del sueño de la totalidad de la persona concernida. Del mismo modo, la Palabra nunca habla de la resurrección del cuerpo, que la mayoría de los credos confiesan. Se trata de la resurrección de la muerte (1ª Cor.15:12, 13, 16, 20, 21). Si tan siquiera el cristiano respetase y guardara el lenguaje Escritural, ¡cuánta falsa y dificultosa doctrina podría haberse evitado! Nada hemos oído, por tanto, de insensateces tales como el “alma durmiente”. El problema surge porque muchos cristianos no se contentan con lo que Dios les ha revelado. Prefieren ser indulgentes con sus deseosos sentimientos y le añaden sus propias fantasías y confusas ideas concerniendo un tema del cual saben y nada pueden llegar a saber por sí mismos. La tradición y los credos humanos añaden sus cuotas parte de error, y todo el tema queda “leudado” con falsas nociones que son muy difíciles de abandonar y dejar de lado. Cuán a menudo oímos la frase: “Me encanta creer que mi amado se halla tan feliz, ¡es tan reconfortante!” Lo cual tan solo manifiesta la preferencia personal como base de creencia, en vez de la revelación de la Palabra de Dios.

 

Hay dos palabras en el griego para dormir: katheudo, “irse a dormir”, refiriéndose al sueño normal, y koimao, “quedarse dormido involuntariamente”, que en la voz pasiva se emplea en el Nuevo Testamento del sueño de la muerte. En el versículo catorce tenemos la frase “aquellos que durmieron en Jesús los traerá Dios con Él”. La palabra “en” es la preposición dia, “a través”, “por medio de”, “aquellos que se fueron a dormir por Jesús”. La idea que conlleva estas palabras es extremamente hermosa. Así como un cariñoso padre deposita su hijo en la cama para que descanse por la noche, así el Salvador recuesta también a Sus hijos, y la resurrección es el amanecer de gloria cuando el grite: “Levantaos”.

 

“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros (no en el cielo, o meramente sus cuerpos en el sepulcro) oirán Su voz, saldrán…” (Juan 5:28, 29).

“Yo soy la Resurrección, y la vida” (Juan 11:25).

 

Al darse cuenta de esto, el Obispo Ken (1692) escribió en uno de sus himnos:

 

Enséñame a vivir, que pueda reducir al sepulcro haciéndolo tan pequeño como mi lecho

 

Los creyentes, enseñados por la Palabra de Dios, saben perfectamente que la muerte no es más temible que un irse a dormir por la noche. Es un dormir en Cristo (1ª Cor.15:16-18). A seguir a la muerte de Lázaro, el Señor les dijo a Sus discípulos: “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle” (Juan 11:11). Esto es exactamente lo que la muerte y la resurrección sea para el creyente, y cualquiera tiene que pensar que, como tales, estas palabras del Salvador deben ser suficientes; y sin embargo, he aquí, ¿cuántos cristianos piensan así? Para muchos que nombran el Nombre de Cristo, no es así. Están determinados a mantener sus ideas tradicionales sobre el tema. Ojalá que nos hallemos entre el número de los que creen lo que Dios dice y revela, antes que las opiniones humanas.

 

El Apóstol continúa dando las bases Escriturales del consuelo para los que están de luto:

 

“Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras” (1ª Tesal.4:15-18).

 

El Apóstol resalta el hecho de que esté escribiendo “por la palabra del Señor”. Esto se enfatiza doblemente en la verdad del pasaje que estamos tratando. Podemos no hallar referencia a esta enseñanza en el ministerio terrenal del Señor, pero si nos acordamos de que Pablo recibió el evangelio y todas las verdades subsecuentes por revelación (Gálatas 1:11, 12; Efesios 3:3), no habrá obstáculo alguno en comprender el origen de la verdad que aquí se expresa. Ahora está explicando el efecto de la Venida del Señor, tanto en los creyentes vivos como los que se hallen muertos, y se incluye a sí mismo entre aquellos que puedan “estar vivos y que hayan permanecido” hasta este acontecimiento inminente y momentáneo. Esto no ocasiona dificultad u obstáculo alguno, cuando recordamos la posibilidad que existía de la Venida del Señor durante el periodo cubierto por los Hechos (Hechos 3:19-26), y que esta epístola fue uno de los primeros escritos del Apóstol, y por tanto resalta la cercanía de Su venida de vuelta a la tierra.

 

La palabra “venida” traduce la palabra griega parousia, que significa “presencia” o “llegada”, en vez de la moción de la venida, tal como ya hemos indicado. Esta parousia ya había sido plenamente explicada por el Señor en Mateo capítulo 24 en respuesta a la pregunta de los discípulos en cuanto a cuál sería su señal cuando tuviese lugar. Entonces el Señor Jesús les había dicho:

 

“Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días…entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo…y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria” (24:29, 30).

 

Aquí estamos pisando suelo firme. Por esta declaración sabemos que la parousia debe tener lugar a seguir, después de la Gran Tribulación y no antes de ella. Sabemos que algunos, queriendo remover la dificultad del creyente que pase a través de este terrible periodo de tribulación, se inventan otra parousia, una que sea secreta. Sin embargo, ¿dónde está el pasaje de Escritura que lo enseñe con claridad? A los tales no les ayuda el uso de la palabra apokalupsis, revelación. ¿Dónde podemos ver en el Nuevo Testamento que sea un secreto el apokalupsis del Señor para los creyentes? Apokalupsis y parousia se emplean de manera intercambiada durante el periodo cubierto por los Hechos de los Apóstoles, y deben referir el mismo acontecimiento. Estas palabras en cambio no se emplean en las Epístolas en Prisión para la esperanza del Cuerpo de Cristo, la cual es distinta de la Venida del Señor a la tierra para destruir al hombre de pecado y el reino anticristiano de final del tiempo, y además para acabar la Gran Tribulación, a la cual se denomina un tiempo de la tribulación (o angustia) de Jacob (Israel), si bien también envuelva toda la tierra en una cierta medida.

 

Servirá aquí de ayuda que observemos el testimonio reunido de las más tempranas epístolas sobre la inminente Venida del Señor:

 

“…así que nada os falta en ningún don, aguardando por la Venida de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Cor.1:7).

“…el tiempo es corto, resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviera” (1a Cor.7:29).

“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1ª Cor.10:11).

“Maran-atha: el Señor viene” (1ª Cor.16:22).

“El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies” (Rom.16:20).

“La noche está avanzada, y se acerca el día” (Rom.13:12).

“Porque aún un poquito de tiempo, y el que ha de venir vendrá, y no se retardará” (Heb.10:37).

“Para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a Su Hijo” (1ª Tes.1:9, 10).

“Que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor” (1ª Tesal.4:15).

“Y todo vuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesal.5:23).

“Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste el Señor desde el cielo con los ángeles de Su poder en llama de fuego” (2ª Tesal.1:7).

“…nuestra reunión con Él, Os rogamos hermanos…” (2ª Tesal.2:1).

El fin de todas las cosas se acerca” (1ª Pedro 4:7).

La venida del Señor se acerca” (Sant.5:8).

“El Juez está a la puerta” (Sant.5:9).

Vino el Señor con Sus santas decenas de millares” (Judas 14).

Ya es el último tiempo (hora)…así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo (u hora) (1ª Juan 2:18).

 

Esta es una lista impresa. No solo está claro que los creyentes en este periodo esperaban estar vivos al tiempo de la venida del Señor, sino que esa venida además se veía inminente, y sin embargo han transcurrido más de 2000 años y todavía no ha tenido lugar tan gran acontecimiento. Este es uno de los mayores enigmas del Nuevo Testamento, y no se resuelve asumiendo que los tempranos Cristianos estuviesen equivocados al respecto en sus credos. Esto levantaría el problema de la inspiración, la iluminación del Espíritu Santo, y las mismas bases de la fe Cristiana. Si es que ellos estaban equivocados en este punto, bien podrían y podrán estar equivocados en cualquier parte de su doctrina, y así, toda certeza se desmoronaría. Tampoco podemos aceptar la explicación diciendo que “mil años sea un día con el Señor”.  Dios ha escrito Su palabra para instruirnos a nosotros que somos criaturas del tiempo, y cuando Él trata con tiempo, es el tiempo que nosotros conocemos, tal como los días comunes, meses y años. Cuando Él dice “rápidamente” quiere decir rápidamente. Sería una burla pedirle al creyente que se mantuviese firme sufriendo bajo persecución con un punto de vista hacia la Venida de Cristo, si es que esa Venida no fuese posible suceder en los próximos dos milenios.

 

Hablando de una manera general, la Cristiandad evangélica ha venido siempre ignorando o pasando por alto este gran problema, y se ha perdido su gran importancia Escritural. La promesa Divina a Israel, ofrecida a través de los labios de Pedro en Hechos 3:19-26, era que, si la nación de Israel se arrepintiese y se volviera para Dios, sus pecados serían perdonados y echados fuera, y el Señor Jesucristo les habría sido enviado de vuelta, y los tiempos de refrigerio y asentamiento del reino terrenal tal como está revelado a través de los profetas del Antiguo Testamento habrían sucedido: ésta es la llave para esta gran dificultad y obstáculo. Teniendo esto en cuenta, no hay que maravillarse que los creyentes estuviesen aguardando la Segunda Venida del Señor como siendo una posibilidad en sus vidas, y todos los pasajes que hemos citado refuerzan  este hecho. La así denominada posición ortodoxa, imaginándose que Israel hubiera sido puesta de parte al tiempo de la crucifixión, desecha la llave para la comprensión de los Hechos de los Apóstoles, y por eso se sorprenden de por qué no se halle respuesta Escritural a las declaraciones tales como aquella de Pedro: “el fin de todas las cosas se acerca”, o Juan: “…sabemos que es la última hora…” (1ª Juan 218), o Pablo: “los que han alcanzado el fin del siglo” (1ª Cor.10:11).

 

Todas estas declaraciones eran completamente ciertas al tiempo en que fueron escritas (es decir, durante el periodo de los Hechos), y claramente indican que el fin del siglo o era estaba próximo y que el retorno del Señor Jesús era inminente; todo, humanamente hablando, dependía sobre el arrepentimiento de Israel. El hecho de que no iría a “convertirse” o “volverse” para Dios a ese tiempo, tan solo Él lo sabría, y ningún creyente podía hacerse idea alguna en cuanto a qué haría Dios a seguir en tales circunstancias. La tentación es grande, en leer, en estas porciones de Escritura, futuros acontecimientos, así como intentar ver en ellos la condición de los asuntos posteriores a los Hechos. Pero si así lo hacemos, anularemos la verdad, cegando nuestro propio entendimiento, y perderemos el correcto significado del propósito de Dios. Debemos procurar siempre ponernos a nosotros propios aparte del lugar de aquellos a quienes la porción de Escritura que estamos estudiando se dirige, y no ir más lejos en cuanto a la verdad que les fue explícitamente revelada, y no pasar de ahí.

 

Si los creyentes tan solamente pudiesen darse cuenta de que la inminencia tan próxima de la Venida del Señor era una posibilidad durante el periodo de los Hechos, y que será verdad de nuevo cuando el reloj profético se vuelva a poner en marcha, retomando ahí Sus tratos Dios con Israel y  transcurriendo las setenta semanas de años de Daniel, entonces estarían en una buena  posición  para considerar y comprender las Escrituras que tratan con el intervalo entre estos acontecimientos y revelan lo que Dios ha estado haciendo durante este tiempo actual. En otras palabras, la verdad que cubre esta era presente podrían destacarse en toda su transparencia, y hablar al corazón y a la mente, dando la iluminación Divina y la guía necesaria en cuanto a la posición actual de los creyentes en el propósito de las edades, Su llamamiento y la práctica respuesta en testimonio y servicio que el Señor requiera para cada uno.

 

Volviendo a 1ª Tesal.4:15-18, repetimos que el Apóstol resalta que, lo que está enseñando, es la “Palabra del Señor”. No hay lugar por tanto aquí para sus propias opiniones. Esta es la revelación de Cristo sobre la esperanza del creyente entonces vigente. Asegura a los creyentes Tesalonicenses que aquellos que estén vivos cuando el Señor retorne, no precederán en (o vendrán a realizar) su esperanza antes que los fallecidos. No tenían que preocuparse acerca de sus seres queridos que se hubieran quedado dormidos. No se les dejaría para atrás, sino que se levantarían de sus sepulcros primero, y luego los que hubiesen quedado vivos sería arrebatados para juntarse con ellos en las nubes y ASÍ – POR ESTA VÍA, y tan solo por esta vía, estarían con el Señor Jesús para siempre.

 

Juntos recibirían al Señor que desciende por el aire. La palabra “reunirse” es la griega apantesis. Conlleva la idea de reunión con el punto de mira ya enfocado del retorno. Un tal significado tiene en Mateo 25:6, donde el grito de medianoche les exhorta a las diez vírgenes a que salgan fuera y se junten con el Novio en su venida; y además en Hechos 28:15, donde los hermanos salen hasta la Apii Forum para recibir y juntarse a Pablo y volver con él a Roma.

 

“Cuando un dignatario rendía una visita oficial a una ciudad en los tiempos Helenísticos, el acto de encabezar ciudadanos yendo a recibirle y escoltándole en el final de su viaje se denominaba apantesis” F. F. Bruce, DD.

 

Todo esto está en armonía con la esperanza del periodo de los Hechos. La única esperanza que domina este periodo es la esperanza de Israel (Hechos 26:6, 7; 28:20). Romanos 15:12, 13 asocia esta esperanza con el capítulo milenial de Isaías once, dejando claramente ver que tiene que realizarse en la tierra. ¿Qué habría de más natural, pues para aquellos que participasen en el retorno a la tierra con el retornado Señor y los santos ángeles, en la parousia,  ya lo hubo revelado Él claramente en Mateo 24:27-31?

 

1ª Tesalonicenses 4:15-17 no enseña en absoluto que estos santos estén de camino al cielo. No hay ni tan siquiera el menor indicio aquí, de que, a seguir al descenso en el aire, el Señor los tome y lleve de vuelta al cielo o a la Jerusalén celestial, y sin embargo esta es la idea que usualmente ocupa la mente de los creyentes que no tienen cuidado para verificar sus conceptos con lo que Dios haya escrito y revelado.

 

El Señor desciende con una “gran voz” keleusma. Esto significa “la voz de mando” y observe su única ocurrencia en la Septuaginta (Prov.30:27). “Con la voz del arcángel”. La Escritura nos da su nombre – Miguel (Judas 9), y en Daniel 12 se le asocia con Israel (los hijos del pueblo de Daniel) y la Gran Tribulación, y eso definitivamente se apropia y ajusta al tiempo descrito por el Señor en Mateo 24 y la esperanza de Israel como ya hemos visto. Esto se confirma de nuevo por la siguiente declaración: “y con la trompeta de Dios”. 1ª Corintios 15:51-53 asocia la esperanza del creyente en el periodo de los Hechos con la resurrección al tiempo de la última trompeta. Ahora bien, “la última trompeta” presupone una serie, y la única serie de trompetas en el Nuevo Testamento se halla en el Libro del Apocalipsis. La “última trompeta”, la séptima, nos lleva al mismo punto que 1ª Tesalonicenses 4, la realización del reino del Señor sobre la tierra (Apoc.11:15), que con toda la certeza tiene lugar en Su parousia o Segunda Venida.

 

Es patético observar el esfuerzo que hacen muchos expositores que procuran desunir y desasociar, “la última trompeta” de 1ª Corintios 15, de la séptima trompeta del Apocalipsis. Esto demuestra que están confusos en cuanto a las “cosas que difieren”, y así procuran hacer de la esperanza del periodo cubierto por los Hechos, la esperanza de la iglesia posterior a los Hechos que fue revelada en las epístolas en prisión de Pablo, la cual, definitivamente, nada tiene que ver con la parousia de Mateo 24 o de 1ª Tesalonicenses 4 (con su objetivo o meta terrenal); sino que ésta ahora es una esperanza que nos transporta hasta la gloria del más santo de todos los cielos.  

  

 

 

1ª TESALONICENSES

 

CAPÍTULO CINCO

 

El capítulo cinco comienza con las palabras, “Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones (estaciones), no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba” ¿Por qué? ¿Sería porque su llamamiento y su esperanza no tenían conexión alguna con tiempos o estaciones? ¡Claro que no! Cada llamamiento tiene su tiempo y estación pertinente.  Pero eso enseñan algunos que no ven diferencia entre la posición y esperanza de las iglesias que se formaron durante los Hechos, y la iglesia del Cuerpo reunido y revelado posteriormente. Sin embargo, la razón que da el Apóstol es muy diferente y perfectamente sencilla – ellos ya los conocían. “Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche”. Esto sería muy probable que lo hubiesen aprendido por su ministerio oral. Les tuvo que haber dado instrucciones detalladas concernientes al periodo profético conocido como el Día del Señor, así como acontecimientos tales como la aparición del hombre de pecado que 2ª Tesalonicenses 2:15 muestra tan claramente.

 

Ellos sabían que el Día del Señor llegaría repentinamente y sin aviso, tal como un ladrón en la noche. Este tiempo de suma importancia aparece por primera vez en las Escrituras en Isaías 2:12, y hay otras diecinueve ocurrencias suyas en el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento tiene tres directas referencias (1ª Tesal.5:2; 2ª Tesal.2:2; 2ª Pedro 3:10) y si incluimos Apocalipsis 1:10 “el Día del Señor” con el significado del Día del Señor y no como un día de semana, tenemos cuatro. El tema principal es la exaltación del Señor sobre toda la tierra y el abatimiento del hombre (Isaías 2). Ahora Dios permanece en silencio, y el hombre es quien tiene la última palabra, pues es “el día del hombre”. Cuando Dios comience a tomar el mando en el gobierno de este mundo, reatando Sus tratos con Israel e interviniendo en la historia por el Segundo Adviento de Cristo, entonces  “Tan solo el Señor será exaltado en aquel día” (Isaías 2:11, 17) y toda oposición de los hombres será silenciada. Este es el gran tiempo profético que viene a seguir a esta era de gracia.

 

“Cuando digan, paz, paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores de la mujer que está en cinta; y no escaparán”.

 

Es evidente que el Apóstol tiene en vista el mundo incrédulo cuando utiliza la palabra “ellos”. El clamor necesario del mundo es paz y seguridad, y nunca en tanta medida como en la generación en la cual vivimos. La amenaza de guerra y el gran conjunto de armas de destrucción masiva ideadas por el hombre hacen que estos temas sean de suprema importancia. Las Escrituras proféticas dejan ver claramente que, al final de esta era, Satán vendrá a producir una paz mundial ficticia:

 

“Y el dragón (Satán) le dio (a la bestia) su poder y su trono, y grande autoridad…y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y quién podrá luchar contra ella?  (Apoc.13:2-4).

 

Satán ahora tiene autoridad sobre el aire (Efesios 2:2) y cualquiera que controle el espacio o regiones aéreas, domina la tierra. La bestia recibe este poder Satánico al final del tiempo, y así será como pueda venir a garantizar la paz a cambio de la adoración mundial. ¡Esto hace todo parte del gigantesco engaño que caracteriza el cierre de esta era de paz mundial sin Cristo! Pablo, no en tanto, les recuerda a los Tesalonicenses que la iluminación de la Verdad les había librado de una tan grande decepción y tinieblas.

 

“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón” (1ª Tesal.5:4).

 

No quiere decir que este periodo no les alcanzaría, sino que, llegado el momento, no les hallaría desprevenidos como un ladrón, lo cual es algo muy distinto. La Segunda Venida a la tierra del Señor Jesús no sería tan solo la esperanza del creyente en este tiempo, sino que, además, caería como un repentino y catastrófico golpe sobre un mundo incrédulo, tal como Daniel retrata la piedra cortada sin manos (el Señor Jesús) desmenuzando al golpear toda la imagen de Nabucodonosor (el dominio Gentil) y la destruye completamente. El Apóstol continúa recordándoles que son “hijos de luz” (vers.5), y como tales, debían ser vigilantes y sobrios. Aquí, por tanto, una vez más, vuelve a adentrarse en las tres gracias, alrededor de las cuales ha estado girando esta epístola.

 

“Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo” (vers.8).

 

Esto es simplemente otra manera de decir “vestiros del Señor Jesucristo” y  no  proveáis para la carne. No había excusa posible para que el instruido creyente estuviera en ese momento adormecido y descuidando la vigilancia. Había sido exhortado a estar en alerta continuamente y listos para la venida del Señor. La palabra “velemos” aparece el versículo diez y es la misma que  “velemos” del versículo seis, y así se traduce en ambas partes en la Reina Valera. El objetivo que tiene esta redundancia es la concreta obtención de la salvación a través de nuestro Señor Jesucristo, para que el creyente “viviera juntamente con Él”, y este vivir y esta unidad con Él se asocian una vez más y por implicación con Su Retorno, y no con la muerte.

 

“Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a otros, así como lo hacéis” (vers.11).

 

El Apóstol pone mucho énfasis sobre la positiva edificación en la Verdad a través de sus epístolas (vea Rom.14:19; 1ª Cor.14:26; 2ª Cor.12:19; Efesios 4:11, 12, 15, 16, 29; Col.2:7). No puede haber nada que sustituya esto, tanto si estamos tratando con el periodo de los Hechos, como si lo hacemos con la era presente y actual. Siempre y cuando esto se ignore, la inmadurez, la debilidad espiritual y la inefectividad aparecen sin más remedio.

 

Los creyentes Tesalonicenses ahora son exhortados a que tengan en alta estima a sus supervisores.

 

“Os rogamos hermanos que reconozcáis a los que trabajan entre vosotros, y os presiden en el Señor y os amonestan; y que los tengáis en mucha estima y amor por causa de su obra” (vers.12, 13).

 

Este es realmente un elogio muy alto, y sucede que el testimonio firme y fructífero de esta iglesia se debiera en gran parte a sus fieles y entusiastas supervisores. Los versículos catorce y quince se tuvieron que escribir para instrucción y guía:

 

“También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que seáis pacientes para con todos” (vers.14). 

 

La palabra “ociosos” también traducida “desordenados” en otras Versiones y “desgobernados” en la A. V., es ataktous, que literalmente significa “aquellos que no permanecen en el rango”. El Dr. F. F. Bruce dice a este respecto: “o aquellos que sean trúhanes de comportamiento”, refiriéndose a los perezosos (Moffatt) que descuidan sus deberes diarios y viven licenciosamente y ociosos. Los tales son continuamente un foco de conflictos y deben ser examinados. Tenemos una similar referencia en 2ª Tesal.3:11, 12.

 

El Apóstol ahora les recuerda la necesidad del regocijo permanente, la oración incesante y el dar las gracias, pues esa era la voluntad de Dios para ellos, tal como siempre lo fue para los creyentes de todas las dispensaciones. Esta es la atmósfera en la cual la vida Cristiana debería ser vivida, y es además la única en que pueda florecer. La siguiente instrucción es relativa especialmente a los dones Pentecostales:

 

“No apaguéis al Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo Bueno” (vers.19-20).

 

Los especiales dones que fueron tan peculiares en el periodo de los Hechos se muestran claramente en 1ª Corintios 12. Fueron ofrecidos por el Espíritu Santo y distribuidos a los creyentes conforme Dios quiso. El don de profecía era uno de ellos, pues no era tanto el Espíritu Santo quien pudiera ser apagado, sino el don especial que les había sido ofrecido. “Los espíritus de los profetas están sujetos a los profetas” (1ª Corintios 14:32). Ninguno de ellos fue impulsado por irresistible poder alguno a usar cualquiera de los dones ofrecidos de manera compulsiva. Podía ser, eso sí, ignorado, y por tanto “apagado”. El aviso a “no apagar el Espíritu” decía respecto especialmente al creyente vivo en el periodo cubierto por los Hechos de los Apóstoles. Estos dones no tan solo podían apagarse, sino que además podían y pueden ser falsificados, y es por eso que a los creyentes Tesalonicenses se les avisa a que, “examinen todas las cosas”.

 

Estos significativos dones no llegaron a ser una bendición sin complicaciones, puesto que le dieron al Enemigo la oportunidad de realizar su astuta obra copiando e imitando la obra de Dios para burla. Aquellos que hoy en día anhelan tenerlos de vuelta deberían recordar este punto y los peligros que conllevan. Por nuestra parte, estamos agradecidos de ser conscientes que pertenecemos a un llamamiento donde no hay ninguno, sino que toda bendición es espiritual y se conecta con las riquezas más altas que los sueños pudieran imaginar, y están asociadas con el Señor Jesús a la diestra de Dios (Efesios 1:3, 18; 3:16-19).

 

“Examinadlo todo; retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal” (vers.21, 22).

 

Estos dos mandamientos son evidentemente complementarios. Eidos, mal, tiene por lo menos dos significados: (1) la apariencia externa; y  (2) la clase. La Versión Autorizada se atiene a (1); la Versión Revisada a (2). Ambos significados son apropiados al contexto. Retener lo bueno excluye necesariamente todo mal, ya sea en apariencia o de hecho.

 

La epístola continúa, diciendo:

 

“Y el Mismo Dios de paz os santifique por complete; y todo vuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la Venida de nuestro Señor Jesucristo” (vers.23).

 

Tenemos al Dios de paz en Romanos 15:33, Filipenses 4:9 y en este contexto. La paz con Dios, y la paz de Dios es algo maravilloso, ¡pero el Dador debe ser más grande aún que Su don! Aquí se halla el Santificador, separando a los creyentes para Su voluntad y protegiéndoles; la Segunda Venida del Señor se tiene en vista todo el tiempo, puesto que, como ya hemos visto, esta esperanza ocupa y domina la epístola. Es dudoso si es que el vers.23 pueda ser interpretado como enseñando una tripla natura para el hombre. Marcos 12:30 podría entonces ser utilizado para enseñar una cuádruple natura para el hombre, pero sería muy extraño para el contexto si se toma así. El Apóstol no está queriendo resaltar una tripla natura. Su objetivo está muy claro: está queriendo que cada creyente sea preservado vivo y sin mancha al tiempo del retorno y Venida del Señor a la tierra.

 

“Fiel es Él que os llama, el Cual también lo hará (o realizará)” (vers.24).

 

Pablo está plenamente persuadido de que el poder de Dios cumplirá todo esto. La epístola se cierra con un pedido de oración de parte del Apóstol y para él propio. Deja su necesidad para el final, tal como lo hace también en Efesios (Efesios 6:19). Es bueno darse cuenta que este gran siervo de Cristo no era tan fuerte e independiente que pudiese descuidar la intercesión ministerial de otros en su respaldo. La oración que sigue las líneas de la voluntad del Señor, harán toda la diferencia tal como enseñan Filipenses 1:9 y Filemón 22 de manera tan evidente. Aquí tenemos el servicio para el Salvador que tan a menudo se descuida e ignora, tal vez debido a que no se muestre nada exteriormente en cuanto al intercesor concierne.

 

Aquellos que estimen la obra Cristiana por lo que  denominan “resultados”, no deben sentirse muy atraídos por un ministerio tan escondido. Pero es un ministerio único y de vasta importancia en cualquiera de las eras o edades con las que se trate. La gente de Dios no es algo como un juguete mecánico, controlado, por así decirlo, por Él y forzado en todo lo que emprende día a día. La vida privada de oración de cada uno refleja con precisión nuestra condición espiritual y práctica respuesta hacia la Verdad de Dios.

 

Pablo concluye encargándoles a los Tesalonicenses que esta epístola sea leída a todos los creyentes en la asamblea.

 

“Os conjuro por el Señor, que esta carta se lea a todos los santos hermanos. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros. Amén” (vers.27, 28).

 

La palabra “conjuro” es horkizo, “obligar a alguien a jurar o hacer un pacto”. La Reina y Valera, siguiendo los pasos de los textos críticos Griegos ha puesta la forma de más fuerza: enorkizo, traducida “conjurar”. Había evidentemente una importante razón por la cual Pablo emplea esta solemne palabra urgiéndoles que esta carta fuese leída a cada uno de los pertenecientes a la iglesia Tesalonicense, aunque nos sea difícil para nosotros determinar cuál sería. Probablemente, el motivo sería por los que andaban “desgobernados”, para que pudiesen oír sus avisos.

 

Y así llegamos al final de la epístola de la “fe, la esperanza y el amor”, en la cual se registra una fe que estaba siempre en crecimiento, una esperanza que lucía del todo brillante debido a la posibilidad cercana del retorno del Señor, y un amor que se mostraba a sí mismo respondiendo y haciendo la mayor parte del tiempo aquello que fue depositado en la expansión del Evangelio y la maravillosa gracia redentora de Dios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

2ª TESALONICENSES

 

CAPÍTULO UNO

 

La segunda carta a los Tesalonicenses, al igual que la primera, se dirige a la iglesia de los Tesalonicenses por Pablo, Silvano y Timoteo. Fue enviada con toda seguridad poco después de la primera misiva. Probablemente desde Corinto. Cuando el Apóstol enviaba una segunda carta a una iglesia, se debía normalmente para corregir algún malentendido que surgiera por la primera, o para expandir algunos aspectos de verdad que no habrían sido plenamente comprendidos. Ya hemos visto que la primera carta se mueve alrededor de las gracias de “la fe, la esperanza y el amor”. Tanto la fe como el amor son mencionados en la introducción a esta segunda carta.

 

“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás” (1:3).

 

Pero a medida que vamos leyendo observamos que la esperanza se pierde, y se debe en gran medida a que algunos han malentendido su enseñanza concerniente a la Segunda Venida del Señor, posiblemente, habiendo sido engañados por una supuesta epístola enviada como si fuera suya, de Pablo (2:2), y es por eso que el Apóstol escribe esta segunda epístola como una corrección.

 

Antes de seguir adelante, vamos a exponer la estructura de la epístola en su totalidad:

 

2ª Tesalonicenses

 

A   1:1 y 2     Gracia y Paz

           |a   1:3-10   Obligado a agradecer      Contados por dignos

   B      |   b 1:11, 12    Oración por vosotros      Obra de fe

           |      c 2:1-12         Os rogamos                   el Hombre de iniquidad

                                                Su venida y engaño

           | a   2:13-15   Obligado a agradecer          Obtención de la gloria

   B      |     b   2:16 – 3:5   Orad por nosotros           Buena obra

           |         c  3:6-15        Os mandamos                 Desordenadamente

A   3:16-18     Paz y Gracia.

 

La sección del medio y que más se destaca es 2:1-12, que trata con la venida del hombre inicuo, el hijo de perdición y el hacedor de milagros mentirosos por los cuales lleva a cabo un masivo engaño mundial. La totalidad del tema se comprime debido a que Pablo ya lo había tratado en detalle cuando se hallaba entre los santos Tesalonicenses. Ahora se lo está recordando (2:15), y es la comprensión de un complicado tema profético que hace con que éste pasaje sea uno de los más difíciles de interpretar en el Nuevo Testamento.

 

Volviendo al capítulo uno, el Apóstol los elogia por su corajosa paciencia soportando la persecución, lo cual era una prueba de la genuinidad de su fe:

 

“…nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las iglesias de Dios, porque vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones y tribulaciones que soportáis” (1:4).

 

Anechesthe, soportáis, está en el modo presente, vosotros estáis soportando, mostrando así que la persecución todavía se estaba dando cuando Pablo escribió. Él se sintió muy conmovido cuando vio esta práctica demostración de la realidad genuina de su fe, la fe que se mantiene firme bajo sufrimiento. En la primera carta les había recordado que eso hacía parte de la voluntad de Dios expresa para ellos.

 

“Que ninguno se altere por estas aflicciones, pues vosotros mismos sabéis que para eso fuimos puestos”

 

“Para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por el cual asimismo padecéis” (2ª Tesal.1:5). Aflicciones es la traducción de la palabra thlipsis, que se emplea cuatro veces tanto como un nombre o como verbo en este contexto (vers.4, 6 y 7). En Ingles es difícil ponerlo, pues no tienen un verbo que se asocie con la palabra tribulación. Si traducen thlipsis “opresión”, entonces de alguna manera ponen:

 

“Viendo que es algo justo para con Dios recompensar opresión a los que os causan opresión. Y a vosotros que sois oprimidos, daros descanso con nosotros en el apocalipsis (revelación) del Señor Jesús desde el cielo con Sus poderosos ángeles…”

 

La Versión Revisada preserva la insistencia de estas palabras traduciendo thlipsis “aflicción”, “siendo que es algo justo de parte de Dios recompensar con aflicción a los que os afligen, y a vosotros que estáis afligidos daros reposo con nosotros…” Hay una justicia imparcial operando aquí. El sufrimiento soportado por los creyentes Tesalonicenses sería impuesto por el Señor sobre sus perseguidores, y esto, dijo el Apóstol, era algo justo. El apocalipsis o revelación del Señor se les recordaba como la final solución de sus sufrimientos. Después, a seguir a la tribulación y las aflicciones, habría paz y descanso.

 

“Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste (apokalupsis) el Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de Su poder, en llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (vers.7, 8).

 

Anesis, descanso, es una palabra muy viva que significa relajación de la tensión, un final súbito y repentino para todas las pruebas y persecuciones. Este apocalipsis es el mismo acontecimiento descrito en Apoc.19, Mateo 24:25, 31, (Vea además 1ª Cor.1:7; 1ª Pedro 1:7, 13). No es posible introducir un secreto venidero en ninguno de estos pasajes. Aquellos que así lo hagan introducirán tan solo la confusión en el contexto. Ni tampoco es una sana exposición intentar y hacer la venida, parousia, la llegada personal o presencia del Señor detallada en 1ª Tesal.4, como si fuera distinta y separada  de Su revelación aquí en este punto. En 1ª Tesalonicenses los creyentes están aguardando por el Hijo desde el cielo, y esto se asocia con la theparousia. A los mismos creyentes se les avisa en 2ª Tesalonicenses que alcanzarían el reposo de los sufrimientos al tiempo de la revelación del Señor viniendo del cielo con los ángeles de Su poder, por tanto, estos dos términos deben referirse al mismo acontecimiento, el cual Mateo 25:31 asocia con Su llegada sobre la tierra con poder y gran majestad, el Rey de reyes y Señor de señores de Apocalipsis 19. Los santos Tesalonicenses no podían tener consigo dos distintas fases del descenso del Señor proveniente de Su presente gloria como esperanza única y al mismo tiempo.

 

La revelación del Señor Jesús no resultaría solamente en liberación y vindicación para los santos del periodo de los Hechos, sino además, en juicio sobre sus enemigos, aquellos que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio. “Retribución” en el versículo significa literalmente “impartir venganza”, es una palabra que ya no se emplea en el griego, y es proveniente de exdikeo, vengar, o impartir justicia. Este no es el acto de un Dios vengador, sino de un Dios de justicia que trae retribución sobre aquellos que estén atrapados en las redes de la mentira del Babilonismo al final de la era, y que tan gráficamente se describe en el libro de Apocalipsis. Estos son los que “sufrirán el castigo”, diken tisousin. Tisousin es el futuro de un verbo arcaico tino, y aparece solamente aquí en todo el Nuevo Testamento. Significa literalmente pagar compensación a un mal acto, imponer el veredicto o pena. Dike es derecho o justicia, y era el nombre dado al dios pagano de la Justicia o Némesis. La frase dice por tanto, “una pena pagarán” y esta paga se describe como olethron aionion, literalmente “un duradero tiempo de ruina”.

 

Olethros aparece tres veces más en el Nuevo Testamento, y sabios seremos si permitimos que estas referencias maticen nuestra teología y no al contrario.

 

“El tal sea entregado a Satanás, para destrucción de la carne” (no la totalidad de la persona) (1ª Cor.5:5).

“Cuando digan paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina” (1ª Tesal.5:3).

“…muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición” (1ª Tim.6:9).

 

En ninguno de estos casos puede ser puesto el eterno sufrimiento consciente. En el primer caso, la “destrucción” tan solo se aplica a la carne, pero el espíritu es salvo en el día del Señor Jesús (1ª Cor.5:5). El versículo en 1ª Tesalonicenses no enseña que el fuego del infierno caiga de repente sobre aquellos que en la tierra digan “paz y seguridad”. El futuro eterno de eso se asienta posteriormente, en el día del juicio. En la tercera referencia Pablo está avisando a los creyentes contra la avaricia procurando riquezas y las trampas que provienen de ese curso de conducta. Observe el lenguaje figurativo empleado – hunden y no quemando a los hombres en destrucción. Debemos tener cuidado entendiendo Olethros como un resultado, y no un proceso, y considerarlo en la luz de declaraciones tales como “juicio eterno” (Heb.6:2 y no siendo eternamente juzgado); “eterna salvación” (Hebr.5:9) y no siendo eternamente salvados). Es lo eterno, o mejor dicho, es el tiempo de largo efecto y duración de un hecho o estado lo que se enfatiza. Olethros aionios no aparece en ningún otro sitio en el Nuevo Testamento, pero lo hallamos en el 4 Macabeos 10:15: “la eterna destrucción del tirano” es decir, Antiochus Epiphanes, que de igual manera no comporta el popular concepto del infierno.

 

Concerniente a aionios, el Dr. A. T. Robertson dice: “aionios, en sí mismo, tan solo significa tiempo duradero y los papiros e inscripciones lo dan en el pervertido sentido de la vida del Cesar (vea Milligan)” Word Pictures in the New Testament. Nosotros creemos que el Dr. Weymouth hizo lo correcto en su traducción del Nuevo Testamento poniendo aion y aionios como era y tiempo duradero, y esto está de acuerdo con el griego contemporáneo de los tiempos del Nuevo Testamento. Se puede obtener mucha iluminación y claridad viendo la revelación del  gran lapso de tiempo subdividido en edades en la Biblia, y todo esto se pierde si es que lo eterno y eternamente se sustituye. De ninguna manera se haya comprometido nuestro futuro como creyentes, pues un tal futuro no depende sobre una palabra como aion, sino que reposa sobre el hecho glorioso de que el redimido se encuentre permanentemente junto y reunido al Salvador resucitado que ya no puede volver a morir. “Porque Yo vivo, vosotros también viviréis” dijo Él. “Cristo, habiendo sido resucitado de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de Él” (Rom6:9). Ni tampoco se invalida este limitado significado de aion y aionios porque se emplee hablando de Dios y la salvación. Aunque la frase “el Dios eterno” suene muy sublime, y “el eonian Dios” o el “Dios de las edades” parezca un pobre sustituto, sin embargo esto está más cerca de la verdad Escritural, pues este adjetivo no afecta o describe el ser o los atributos de Dios; antes bien resalta que Él sea el origen o creador del gran lapso de tiempo, durante el cual Él se halle operando Su gran propósito redentor. Hebreos 1:2 nos dice que, a través de Cristo, fueron hechas las edades (no el “universo” como tiene la Reina Valera), e Isaías 9:6 concuerda con esto, describiendo literalmente al Niño que es nacido como el “Padre (es decir, el Origen) de las edades”, y no “Padre eterno” (Reina Valera). Cristo es el Dios de los siglos o edades, el eonian Dios, y son las edades o siglos que producen el lapso en la Biblia. Debido a que sean tan vastos y largos que no podamos verles su fin, no tenemos el derecho de asumir que sean lo mismo que eternamente. 

 

Eternamente puede de manera definitiva ser predicho tanto de Dios como del creyente, pero esto se explica en la revelación Bíblica, y nada importa en cuánto las palabras “eterno” y “eternamente” sean tenidas en el lenguaje, la realidad es que no sabemos absolutamente nada del estado eterno, por el simple motivo de que a Dios no le ha parecido apropiado revelarlo. Evidentemente, es demasiado enorme para nuestros actuales finitos y limitados entendimientos, y seremos más sabios que guardemos la exacta declaración de la Santa Escritura y no permitirle a nuestra imaginación que nos lleve a hacer conjeturas y especulaciones ociosas.

 

Existe un falso argumento basado sobre la palabra aionios que se usa algunas veces por los evangelistas concerniente a Mateo 25:46, “E irán estos (las naciones reunidas que estén vivas al tiempo del Retorno del Señor) al castigo eterno, y los justos a la vida eterna”. “Eterno” y “eterna” aquí son traducciones de aionios y deberían haberse consistentemente traducido por una sola palabra tal como la Versión Revisada intenta hacerlo. La falsa razón antes mencionada se halla sobre estos alineamientos: La vida del creyente es eterna; la misma palabra se emplea del incrédulo, y por tanto el castigo suyo debe ser también eterno, y esto se mantiene usualmente como significando una eterna conciencia de tormento y sufrimiento demasiado terrible para la mente humana poderlo comprender.

 

A primera vista esto pareciera que suena razonable, pero existen por lo menos tres falacias por debajo de un tal concepto: (1) Antes que nada se debe probar por el uso Escritural que kolasis, castigo, signifique una eterna conciencia de sufrimiento. Vea su única otra ocurrencia en el Nuevo Testamento en Juan 4:18 (“tormento”), y observe cuidadosamente si se aplica al salvo o al incrédulo. (2) Esta idea asume y presupone que lo que un limitado número de humanidad reciba en la Segunda Venida, es decir, ciertas naciones vivas en ese tiempo, sea cierto además de todos los incrédulos desde Adán en adelante, y así toma este juicio penal  de Dios para todos los no salvos, asumiendo la resurrección del perverso, mientras que lo cierto es, que, ninguna resurrección se menciona en el contexto. Esto no deja de ser sino confundir este juicio (al tiempo de la Segunda Venida) con aquel distinto juicio posterior y último del Gran Trono Blanco (Apoc.20). (3) Una falsa deducción se hace por traducir aionios como eterno, mientras que en ambos casos aionios debería haberse traducido más exactamente tiempo duradero, dejando lo que vaya más allá en manos de Aquel Quien, no solamente hizo las edades, sino Quien está produciendo Su “plan de las edades” (así traducido literalmente de Efesios 3:11) con su duradero tiempo de salvación, para darle Él un glorioso final, y entonces vendrá a seguir la actualmente incomprensible maravilla de la eternidad.

 

Después de describir el apocalipsis del Señor proveniente del cielo con Sus poderosos ángeles (un extraordinario acontecimiento referido en Lucas 9:26, “…cuando Él venga en Su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles”, y además en Mateo 24:29-31)  el Apóstol se refiere a eso como un “descanso” para el creyente, el cual pertenece a la compañía de salvos del periodo de los Hechos, y a una duradera destrucción o privación de la faz o presencia del Señor, para aquellos que no conocen a Dios ni obedecen al evangelio (2ª Tesal.1:9).  El Profesor F. F. Bruce hace aquí la siguiente observación: “La destrucción eternal, es decir, la destrucción de la era venidera, con su decisiva implicación de finalidad, consiste de la exclusión de la presencia del Señor, con Quien solamente se halla la fuente de vida”.    

    

Los dos siguientes versículos se ofrecen más exactamente en la Versión Revisada:

 

“…cuando Él venga para ser glorificado en Sus santos, y venga a ser admirado en todos cuantos creyeron (pues nuestro testimonio a vosotros habéis creído) en aquel día. Al cual final también oramos siempre por vosotros, para que Dios os tenga por dignos de vuestro llamamiento, y cumpla todo deseo de bondad y toda obra de fe, con poder; para que el Nombre de nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros, y vosotros en Él, de acuerdo a la gracia de nuestro Dios y el Señor Jesucristo”.

 

La glorificación y exaltación del Señor Jesús es el sujeto o tema principal de esta sección. Pablo desea que el Nombre del Salvador sea glorificado en la presente experiencia de estos creyentes Tesalonicenses, y no solo eso, sino que dirige sus mentes hacia adelante, a Su Segunda Venida, cuando Él venga a ser más plenamente glorificado en ellos y se maraville cada uno viéndole por fin en toda Su grandeza y majestad volviendo como Rey de reyes y Señor de señores para tomar el gobierno y control de toda la tierra, y ser además vindicado y exaltado en un mundo que, en su día, le repudió completamente. Estas palabras describen una sorprendente experiencia, en cuanto a la realización de la esperanza que cada llamamiento de la gente de Dios debe ciertamente tener, y fueron palabras suficientes para capacitar a estos santos sufridores a que se mantuviesen firmes y soportasen hasta el final, y así exhibir de una manera práctica el hecho de que fuesen contados por dignos de su llamamiento y del reino de Dios, por el cual estaban sufriendo persecuciones (versículos cinco y once).

 

 

 

 

2ª TESALONICENSES

 

CAPÍTULO DOS

 

En el capítulo dos el Apóstol analiza las dificultades que estaban atribulando algunos de los santos, causándoles un concepto equivocado tanto de su esperanza como de los acontecimientos que antecedían y guiarían a la Segunda Venida del Señor:

 

“Pero con respecto a la venida del Señor Jesucristo, y nuestra reunión con Él, os rogamos hermanos que no os dejéis mover fácilmente de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis ni por espíritu, ni por palabra, ni por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está cerca ( o ya está presente R.Y.) (2ª Tesal.2:12).

 

El tema o sujeto de Pablo sigue siendo la Venida del Señor: “en cuanto a la Venida”. Aquí se emplea la palabra parousia en vez de apokalupsis de 1:7, mostrando que ambas palabras describen el mismo glorioso acontecimiento. Por la forma como recurre al Espíritu de Dios, estas dos palabras se asocian a los Evangelios y a los Hechos, y además, a las epístolas escritas por los apóstoles de la circuncisión, Pedro y Juan. Pero no describen la esperanza del Cuerpo de Cristo, tal como se revela en las epístolas en prisión de Pablo. Esta peculiar y posteriormente revelada iglesia, como compañía celestial que es, tiene una esperanza celestial: una esperanza que tiene lugar y se realiza en el cielo de los cielos, donde Cristo se halla ahora entronado; y así, por tanto, el aspecto del retorno del Señor a la tierra que está descrito en las tempranas epístolas Tesalonicenses, no es su esperanza; y no debemos interponer o introducir, en estas epístolas, algo que tan solamente iría a ser revelado a través del prisionero Pablo posteriormente.

 

“Nuestra reunión con Él” es episunagoge. Esta palabra contiene la palabra “sinagoge” en su construcción, y aparece solamente una vez más en el Nuevo Testamento, esto es, en Hebreos 10:25. En su forma verbal se emplea siete veces (Mat.23:37; 24:31; Marcos 1:33; y en este segmento de 1ª Tesal.4:17 donde se pone, “seremos arrebatados para recibir” al Señor en el aire. El Apóstol ahora señala las causas que estaban siendo malentendidas y conturbando algunos de los santos. Está preocupado con ellos porque están “ansiosos” en sus mentes y “atribulados”. Saleuo, “conturbados”, también significa estar ansiosos o agitados, provocándoles que fuesen zarandeados o sacudidos como una caña (Mat.11:7); también se emplea de que, la tierra sea sacudida (Heb.12:26). Throeomai (de throos, clamor, tumulto) significa “estar en un estado de excitación nerviosa” (A. T. Robertson). En ambos casos, este estado mental se lleva a cabo por manos del enemigo, quien siempre está tratando de perturbar la paz y la confianza del creyente: “Tanto por espíritu, o por palabra, o por epístola como si fuese nuestra”. Aquí se hallaban los medios que Satán usaba: falsas revelaciones provenientes de espíritus inmundos, maquillando los dones espirituales de la profecía, y haciéndolas pasar como si hubiesen sido proferidas directamente por el Espíritu Santo (1ª Cor.12); otro medio sería una supuesta “palabra” o reseña proveniente del Apóstol tergiversada; o una carta falsificada pretendiendo ser de su proveniencia. A través de estos medios se estaba propagando que, “el día del Señor,  ya se había presentado” (vers.2 Versión Revisada según los mejores textos griegos). No se trata ni dice “el día de Cristo”, como pone la Versión Autorizada, sino que refiere del gran Día profético del Señor, del Antiguo Testamento; un Día cuando Dios intervenga en todos los asuntos de este mundo en juicio. La primera ocurrencia de este profético periodo está en Isaías 2:12, 17, 19 (vea además Isaías 13:6-13; Jeremías 46:10; Joel 1:15; 2:1, 2; 3:14; Amos 5:18-20). Algunos comentadores cometen el error de usar el Día del Señor y la Segunda Venida de Cristo como si fuesen términos intercambiables. Y consecuentemente, una vez que Pablo aquí enseña de manera definitiva que el Día del Señor no estaba presente todavía, y que ciertos acontecimientos debían suceder primero, ellos aseguran que la Segunda Venida de Cristo no estaba inminente o que fuera posible entonces, y que el Apóstol no enseña eso. Sin embargo, sí que lo enseñó, e igualmente enseñaron Pedro, Santiago y Juan en sus epístolas escritas durante este periodo:

 

“El fin de todas las cosas se acerca (o está a la mano)” (1ª Pedro 4:7).

“La Venida del Señor está cerca…el Juez está a la puerta” (Santiago 5:8-9).

“Es el último tiempo (literalmente la última hora)…y ahora han surgido muchos anticristos, por eso sabemos que es el último tiempo (hora)” (1ª Juan 2:18).

 

A estos pasajes deben añadirse los siguientes en 1ª Corintios, Romanos, y Hebreos:

 

“…de tal manera que nada os falta en ningún don, esperando la manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Cor.1:7).

“…el tiempo es corto: Resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuvieran” (1ª Cor.7:29, y sin embargo a seguir al periodo de los Hechos el Apóstol urge a las viudas a casarse – 1ª Tim.5:14)”.

Maran-atha; el Señor Viene (al margen de 1ª Cor.16:22).

“Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Heb.10:37).

“El Dios de paz aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies” (literal. Rápidamente Romanos 16:20).

“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos” (literalmente, a quienes los fines de las eras ha llegado, 1ª Cor.10:11).

 

El testimonio combinado de estos pasajes es muy claro y definitivo. Los creyentes en este tiempo estaban siendo exhortados a dejar para atrás cualquier cosa que estrangulase o viniera a ser un peso en vista de la proximidad de la Venida del Señor, y se extiende además al matrimonio. Se les exhortaba a mantenerse firmes soportando persecuciones, pues no supondrían más que “leves y momentáneas tribulaciones pasajeras y de muy corto plazo”, hasta que el Señor retornase en breve dándoles liberación. A nadie podría consolarle soportando la disciplina de sufrimientos en aquel tiempo si se le señalase un acontecimiento que podría ser tan futuro, aun para nuestros días actuales. Podrían haber sido exhortados a fortalecerse en el Señor - en su respaldo siendo asistidos; pero difícilmente les daría consuelo señalarles a Su Segundo Adviento, si es que este evento pudiera no venir a suceder ¡hasta pasados unos 2000 años! El Apóstol no afirma que la Segunda Venida del Señor fuese segura en los consejos de Dios, ni daba la certeza que tendría lugar en el tiempo de vida de los creyentes entonces vivos, sino que eso era algo bien posible, siendo que la única condicional “si”, recaía sobre el arrepentimiento o no de Israel y su conversión (Hechos 3:19-26),  el mismo acto que ya había sido públicamente requisado por el Apóstol Pedro. Precisamos vernos libre de dos puntos de vista extremos , pues los dos están equivocados: (1) que ni Pablo ni los demás escritores del Nuevo Testamento enseñaron que la venida del Señor era y estaba inminente; (2) que la Segunda Venida iría a tener lugar en aquel tiempo definitivamente y sin condiciones. Tenemos que recordar, que, aquello que esté “cercano”, puede alejarse y ser puesto de parte, si es que Señor considere apropiado y Sus condiciones no se llevan a cabo. Tal como sucede con los propósitos del Reino terrenal, así ocurre con el Retorno visible del Señor, el cual se conecta tan íntimamente con su asentamiento, esto también pudo proclamarse como estando “cercano”, si es que Israel obedeciese el Divino mandamiento a arrepentirse y volverse para Dios, o a quedar pospuesto si se recusasen a realizarlo.

 

Pablo ahora declara que, el profético Día del Señor, no tendría lugar hasta que ciertos acontecimientos sucedieran primero. Estos eventos son: (1) la apostasía; (2) la revelación del hombre de pecado, el hijo de perdición. No debemos confundirnos pensando que debe transcurrir un largo periodo antes que todo esto sea posible, ni tampoco pensando que estos acontecimientos demoren mucho tiempo a correr todo su curso cuando comiencen a ponerse en marcha. El escenario de inicio ya se puso en operación en el periodo de los Hechos para que tales condiciones se desarrollasen desde entonces. Una era o edad que pudo producir un monstruo tipo Nerón, podía también haber producido una Bestia salvaje del tipo de Apocalipsis 13,  y el episodio de Herodes en vestiduras reales, ganándose honores Divinos (Hechos 12), no deja de ser sino tan solo un cuadro de los acontecimientos que este capítulo en el Apocalipsis describe. El Apóstol escribió:

 

“Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá (el Día del Señor) sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios como Dios, haciéndose pasar por Dios. ¿No os acordáis que cuando yo estaba con vosotros, os decía esto?” (2ª Tesal.2:3-5).

 

Aquí comienza ahora un pasaje de Escritura que es extremamente difícil de interpretar. Ha sido denominado por los expositores “el pequeño Apocalipsis”, puesto que da en forma abreviada mucha de la enseñanza del Libro del Apocalipsis, siendo que, la razón para eso, se deba a que Pablo ya les había expuesto el tema en su ministerio oral, y, por tanto, no había necesidad para minuciosos detalles ahora cuando les escribía. Nosotros, claro está, no tenemos los dichos del ministerio del Apóstol tratando este sujeto en su plenitud, y así se nos levanta un obstáculo. La única segura ayuda que podemos obtener será ciertamente comparando Escritura con Escritura, y procurando entender el objetivo del Espíritu Santo, y si obtenemos eso, ya tenemos todo lo necesario, aunque no seamos capaces de comprender plenamente todo lo que esté latente en este pasaje.

 

Tal como el Señor Jesús, cuando se refirió a los eventos que darían lugar a Su Segunda Venida, registrado en Mateo 24, avisó a sus seguidores para que nadie les engañase (vers.4, 6 y 24), así aquí, el Apóstol, avisa a los Tesalonicenses para no ser “engañados” (2:3).  La Profecía ha sido siempre el feliz coto de caza del charlatán espiritual, y el más grande de los cuidados es necesario cuando procuremos exponerla o comprenderla. Si tenemos cuidado y retenemos exactamente lo que la Escritura nos diga, no podemos equivocarnos. Las teorías de los varios proféticos escolares no deberán afectarnos para nada, siempre que pisemos el suelo firme de la verdad revelada, con el debido respeto al contexto que tengamos bajo nuestros pies.

 

Pablo ahora declara explícitamente que el Día del Señor no tendrá lugar hasta que la apostasía se asiente. La palabra griega apostasia es una forma arcaica de apostasis. La Septuaginta la emplea para “rebelión” en Josué 22:22. También se emplea en los Apócrifos concerniente a Antiochus Epiphanes que fue obligado a apostatar del Judaísmo en favor del Helenismo. La única ocurrencia además de esta, se halla en Hechos 21:21:

 

“…que enseñas a todos los Judíos que están entre los Gentiles a apostatar de Moisés…”

 

La idea por detrás de la palabra es “rebelión” o “revuelta”, una deliberada separación o alejamiento de la verdad, y esto está obviamente en directo contraste y antagonismo al concepto común cristiano de que el mundo vaya yendo mejor y mejor gradualmente antes del retorno de Cristo. Prácticamente, cada contexto en el Nuevo Testamento que trata con las condiciones previas al Segundo Adviento, retratan estos eventos como siendo rotundamente tenebrosos, y ponen de relieve la oscuridad y el alejamiento de los parámetros Cristianos. Esto está de acuerdo además con la enseñanza concerniente al Día del Señor en el Antiguo Testamento. Esta tal condición, declara el Apóstol, estará vigente y arraigada antes del Día del Señor.  El siguiente acontecimiento sería la revelación del hombre de pecado, el hijo de perdición. Apokalupto, revelar, nos da la palabra “apocalipsis”, y aparece en los versículos tres, seis y ocho. Es la misma palabra que se emplea de la revelación de Jesucristo, el Segundo Adviento del Señor, tanto como un nombre como verbo, y tanto puesto así por Pedro como por Pablo (1ª Cor.1:7; 1ª Pedro 1:7, 13; 4:13), significa literalmente “quitar un velo” o “desvelar”, y observamos que todos los grandes acontecimientos conectados con el Retorno del Señor son falsificados por Satán: la Cruz y la Resurrección (Apoc.13:3, 12; 17:8) y aquí la Segunda Venida.

 

La frase, “el hijo de perdición”, ya la había empleado el Señor refiriéndose a Judas Iscariote (Juan 17:12), y por eso algunos se imaginan que el hombre de pecado será Judas Iscariote resucitado. Nosotros pensamos que no hay evidencias suficientes Escriturales para tal cosa, sino que el hombre de pecado sea probablemente uno de los dos Satánicos personajes de Apocalipsis 13, allí retratado como la bestia salvaje.

 

Otros han interpretado este pasaje como siendo relativo al emperador Gayo, quien en el año 40 después de Cristo se esforzó intentando adjudicarse el estatuto para erguirse en el Templo de Jerusalén. Sin embargo, este no fue sino un evento más, característico del periodo de los Hechos de los muchos que muestra. Ciertamente no cumple 2ª Tesalonicenses 2:4. En Su gran discurso pronunciado en el Monte de los Olivos y tal como registra Mateo veinticuatro, uno de los acontecimientos descritos por el Señor Jesús como precursor a Su Segunda Venida, es la “abominación desoladora” (Mat.24:15). Esto marca el comienzo del gran tiempo de persecución, conocido como la Gran Tribulación, y el remanente de fieles Judíos es avisado a escapar a las montañas tan rápidamente cuanto sea posible.

 

Lo cierto y seguro es que el dictador mundial de Satán del fin de esta era procurará los honores Divinos, y vendrá a recibirlos de manos de la gran mayoría de habitantes mundiales (Apoc.13:3, 4, 8), el libro del Apocalipsis deja ver claramente que es Satán, quien recibe finalmente esta adoración, la cual ha estado anhelando desde su caída.

 

Ahora continuamos con los versículos de seis a nueve que se revisten con dificultades de interpretación:

 

“Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; solo que hay al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de Su boca, y destruirá con el resplandor de Su venida; inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos”. (2ª Tesalon.2:6-9).

 

Está claro por este pasaje que algo, y alguien, obstaculizan o mantienen en jaque la revelación del hombre de pecado. Han existido variadas explicaciones de este segmento, tales como:

 

(1)  El Imperio Romano.

(2)  El Espíritu Santo.

(3)  El Estado Judío.

 

Con respecto a la explicación (1), contiene un elemento de verdad. Desde el comienzo, en la experiencia Cristiana del Apóstol, el poder imperial le había más bien protegido su vida en vez de perseguir su mensaje. Como ya hemos visto, era su propia nación, Israel, quien continuamente se oponía y le perseguía sin treguas. En más de una ocasión, Pablo tuvo motivos para estar agradecido por las autoridades romanas, pues restringieron la violencia con que se oponían estos Judíos a la verdad por él proclamada. Pero en poco tiempo, Roma, no tardó en producir aquel monstruo: Nerón, a quien muchos de la temprana Cristiandad identificaron con la Bestia. Nerón apareció en escena antes de que el Apóstol Pablo acabase su testimonio, exhibiendo los mismos tratos del impío dictador del fin de la era, y de ahí que Roma difícilmente pudiese ser el cumplimiento de este pasaje que trata con la restricción del hombre de iniquidad y sus terribles actos. En cualquier caso, el Imperio Romano ha pasado a la historia hace muchos siglos y el inicuo todavía no se ha revelado.

 

(2)  El Espíritu Santo. Algunos expositores evangélicos adoptan este punto de vista, pero cuando uno se pregunta cuál sea la base Escritural que hay para eso, se quedan en blanco, pues no hay ninguna. Se asume que cuando la Iglesia sea raptada, el Espíritu Santo abandonará la tierra; pero si esto fuese cierto, significa que los creyentes tipo el fiel remanente Judío, que estarán vivos y pasando a través de este terrible periodo, serán aquí abandonados sin la protección del Espíritu Santo. El Señor Jesús lo describió diciendo que era un tiempo de “gran tribulación, como nunca había habido antes desde el comienzo del mundo hasta ahora, ni lo habrá después” Y nos dice, además, que, de no haber sido acortado, ninguna carne se habría salvado (Mat.24:21, 22). En otras palabras, es el tiempo más terrible y desesperado de tribulación en toda la historia del mundo. Si es que hubiera un tiempo para los que determinen ser fieles a toda costa, aun pagando con su vida, en el cual precisasen más al Espíritu Santo, es justo en este tiempo. Así que repudiamos este tipo de interpretación, pues carece de toda base Escritural y además impensables.

 

(3)  El Estado Judío. B. B. Warfield adopta este punto de vista. Escribe lo siguiente:

 

“Tan pronto como se completó la apostasía Judía y Jerusalén fue hollada y ofrecida a los Gentiles…la separación del Cristianismo del Judaísmo, la cual ya había comenzado antes, pasa a ser evidente a cada uno; el conflicto entre la nueva fe y el paganismo, y culminando en la adoración casi exclusiva del Emperador entonces vivo, llega a ser intensa; y al poder persecutorio del imperio se le dio inevitablemente rienda suelta” (Estudios Bíblicos y Teológicos).

 

Pero, como hemos visto, la gran mayoría de la nación Judía no refrenaba el mal, sino todo lo contrario, “Todo el día extendí Mis manos a un pueblo rebelde y contradictor” (Rom.10:21) es el comentario de la perversa actitud de Israel hacia Él, y Su paciente actitud hacia ellos durante el periodo de los Hechos.

 

Hay, además, otra interpretación de este difícil pasaje que tiene el mérito de procurar la explicación en las palabras de la Escritura, lo cual, después de todo, es el único camino seguro a emprender. Antes que nada, observemos que el verbo traducido “detiene” en el versículo seis y siete es katecho. La Versión Revisada traduce en ambos casos “refrenar”. Katecho significa “sujetar con firmeza, retener con fuerza”, y aparece diecinueve veces en el Nuevo Testamento. No disponemos del espacio necesario para citar todas las referencias, pero daremos una representativa selección, dejando a los que quieran procurar la verdad que investiguen todos los demás casos por medio de una concordancia:

 

Que detienen con injusticia la verdad (Rom.1:18).

Por haber muerto para aquella que estábamos sujetos (Rom.7:6).

Mas poseyéndolo todo (2ª Cor.6:10).

Retened lo bueno (1ª Tesal.5:21).

Yo quisiera retenerle conmigo (Filemón 13).

Si retenemos firme hasta el final la confianza (Heb.3:6).

Con tal que retengamos firme hasta el fin (Heb.3.14).

Mantengamos firme, sin fluctuar la profesión de nuestra esperanza (Heb.10:23).

 

Así, pues, “sujetar firmemente” sería una buena traducción de esta palabra griega. Pero debemos preguntarnos: “¿Qué es lo que sujeta firmemente al hombre de pecado, y quien es aquel que sujeta firmemente ese objeto?” (Versículo siete), porque katecho es un verbo transitivo y tiene que tener un objeto. Se omite por la figura Elipsis, pero debería ser suplido para completar el sentido. La respuesta a nuestra primera pregunta se halla en Apoc.9:1, 2 y 11:17. El hombre de pecado, que Satán inspira personalmente, es retenido firmemente en el “abismo” hasta su “debido tiempo” o el tiempo de su manifestación para el mundo.

 

La segunda cuestión encuentra su respuesta en Satán, quien retiene con seguridad su posesión en las regiones aéreas (vea Efesios 2:2) hasta que él propio sea de allí quitado o removido. Apocalipsis 12:7-17 nos describe la manera cómo esto se lleva a cabo: Hay una batalla en el cielo: Miguel y sus ángeles luchan contra Satán y los ángeles caídos bajo su control, y el Engañador es lanzado a la tierra con los terribles resultados que culminan en la Gran Tribulación. Cuando esto suceda, y como un último y desesperado asalto final, Satán llama y levanta a este hombre proveniente del abismo, el cual, durante un corto espacio de tiempo, pasa a ejercer su dominio sobre todo el mundo, recibiendo con eso Satán, tal como ya hemos visto, la adoración mundial a través de la Bestia.

 

Todo esto es lo que Pablo les había explicado en detalle a los creyentes Tesalonicenses, pues él dice: “¿No os acordáis que cuando estaba con vosotros, os enseñé todas estas cosas?”  Teniendo en cuenta lo que hemos visto del empleo de katecho, los siguientes versículos podrían haberse traducido como lo explicamos en paréntesis:

 

“Y ahora vosotros sabéis lo que (objeto) lo detiene (al hombre de pecado), a fin de que a su debido tiempo se manifieste (esto es, el abismo). Porque ya está en acción el misterio de iniquidad; sólo que hay quien (Satán) al presente lo detiene (las regiones aéreas), hasta que él sea quitado del medio (siendo lanzado a la tierra, Apoc.12:9-12) y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu (o aliento) de Su boca, y destruirá con el resplandor (epiphaneia) de Su venida”.

 

El Apóstol, describiendo la destrucción del inicuo, tiene evidentemente a Isaías 11:4 en mente:

 

“Y herirá a la tierra (o al opresor) con la vara de su boca, y con el espíritu de Sus labios matará al impío, (o al perverso).”

 

Será necesaria la gloriosa Venida del Señor y todo Su gran poder para destruir este ser sobrenatural. Nosotros estamos persuadidos que está por encima de toda capacidad del hombre realizar algo así. Además, eso explica que Escrituras del Antiguo Testamento, tales como la profecía de Daniel, traten de cierta manera misteriosa con el final de este perverso. En Daniel 11:44, 45, la Versión Revisada dice así:

 

“Pero noticias provenientes de oriente y del norte lo atemorizan; y saldrá con gran ira para destruir y matar a muchos. Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares y el monte glorioso santo; más llegará a su fin, y no tendrá quien le ayude

 

Pero el profeta no nos cuenta ni describe cómo llega a su fin. Eso se deja para que sea 2ª Tesalonicenses a revelarlo.

 

Pablo emplea aquí la palabra epiphaneia, la cual nos da nuestra palabra castellana Epifanía. La emplea en una vía adjetiva con la palabra parousia, la cual, como ya hemos visto, es la palabra que caracteriza la esperanza del periodo de los Hechos, la venida de vuelta sobre esta tierra en poder y gran gloria. Parousia no vuelve a utilizarla el Apóstol después de Hechos 28, sino que a partir de ahí emplea epiphaneia, manteniéndola desde entonces en adelante, y generalmente traducida “aparición”, para enfatizar la nueva esperanza del Cuerpo de Cristo que se conecta, no con el aire, sino con la gloria del más alto de los cielos, donde ahora se halla el Señor entronado; y esta iglesia se ve posicionalmente en Él (Efesios 2:6). 2ª Tesalonicenses es, por tanto, la única ocurrencia de epiphaneia anterior a Hechos 28, y aquí no se emplea en una vía paralela, sino en una descripción de la majestuosidad del Segundo Adviento del Señor a medida que va descendiendo a la tierra. La maravilla de la revelación de Su gloria en el más santo de los cielos que es la esperanza del Cuerpo se asocia, está por encima, y va más allá del poder de las palabras para describirla adecuadamente. Se precisa la iluminación del Espíritu Santo (Efesios 1.17, 18), pues sobrepasa a todo cuanto sea terrenal.

 

Observamos que Pablo, bajo la guía del propio Espíritu Santo, no duda al emplear parousia para la venida del perverso impío.

 

“Aquel inicuo, cuya venida (parousia) es por obra de Satanás, con todo poder, y señales y maravillas mentirosas (literalmente)”.

 

Satán no es el creador, pero sí es un maravilloso imitador. Tiene poder para copiar y maquillar las básicas verdades de la Cristiandad para atrapar y engañar al mundo entero al tiempo del fin. La muerte de Cristo, la resurrección y la venida de nuevo son copiadas por Satanás, actuando a través de la Bestia:

 

“Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia” (Apoc.13:3).

“La bestia que has visto, era, y no es, y está para subir del abismo…y los moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no estén escritos desde la fundación del mundo, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será” (Apoc.17:8).

 

Aun mismo las palabras de 2ª Tesalonicenses 2:9, describiendo el adviento del inicuo, son las mismas empleadas del Espíritu Santo y Sus dones milagrosos:

 

“Testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagrosos y repartimientos del Espíritu Santo según Su voluntad” (Heb.2:4).

 

Todos estos Satánicos acontecimientos son el clímax del perverso sistema descrito en la Palabra de Dios como la mentira, proveniente del Engañador al tiempo de su caída, y en enemistad directa con Dios y la verdad personificada en Cristo. La gran batalla de las edades ahora deja de lado su forma “misteriosa” o secreta obra y  se vuelve visible. Hay dos misterios o secretos aliados a estos ejércitos enemigos, y ambos son resueltos en una persona: La Bestia, cuando se manifieste sobre la tierra en su tiempo apropiado, es el propio Satán personificado (Apoc.13), o el Mesías Satán, o el misterio del inicuo revelado. En oposición a esto tenemos al Señor Jesucristo, Quien es el Misterio o Secreto de Dios (Colos.2:2). Aquellos que juzgan que los milagros son necesariamente una prueba de que la obra es de origen Divino, van a escapar muy malamente en este periodo de la historia. Satanás, hasta un cierto punto, puede operar milagros, aunque sean milagros engañosos con el objetivo único de: pervertir. ¡Cuán grande es esta decepción!  Ahora puede ser apreciada en toda su magnitud, y entendemos como muy necesario el aviso del Señor cuando estaba hablando de este mismo tiempo:

 

“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y demostrarán grandes señales y maravillas, y así arrastrar con ellas, si les fuera posible, aun mismo a los electos (literalmente)” (Mat.24:24 R.V.).

 

El Apóstol confirma esto con las palabras:

 

“Y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira: a fin de que sean condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en la injusticia” (2ª Tesal.2:10-12).

 

Habiendo sido engañados por los milagros satánicos, estos ignorantes aceptarán voluntariamente la mentira, que es su sistema de maldad dirigida contra Cristo, y repudiarán la verdad, poniéndose así a ellos propios bajo el Juicio de Dios. Se comportan del mismo modo que las naciones más antiguas, que “cambiaron la verdad de Dios por la mentira” (Rom.1:25). Al final, Satán consigue alcanzar lo que había estado anhelando desde su caída, la adoración mundial, aspirando a la posición de Dios, Quien tan solamente detiene el derecho a recibirla.

 

¡He aquí, cuán breve periodo de triunfo tiene! A lo máximo podrá ser de 3años y 1\2 - la última semana de las setenta de Daniel, y entonces el retorno de Señor Jesús Cristo como Rey de reyes y Señor de señores quiebra esta terrible pesadilla, destruye al hombre de pecado, y el Engañador es llevado cautivo y aprisionado durante cerca de mil años (Apoc.20:3) en el abismo. Estos son los acontecimientos que debieron haber sido explicados por el Apóstol Pablo en su ministerio oral a los creyentes Tesalonicenses. Hoy en día podemos juntar sus piezas comparando Escritura con Escritura y procurando la guía del Espíritu.

 

Ahora comenzamos una nueva sección de la epístola que tiene su balance con 1:3-10 en la estructura de la siguiente manera:

 

A 1:3-10        Obligado a agradecer.   Contados por dignos.

A 2:13-15      Obligados a agradecer.  Obteniendo la Gloria. 

 

El Apóstol, recordando a los creyentes Tesalonicenses con su lealtad y celo dando a conocer la verdad, dice:

 

“Pero nosotros debemos dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad; a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2ª Tesal.2:13, 14).

 

Pablo de manera evidente se siente en deuda y agradece al Señor por esta iglesia que, de todo corazón, responde a la verdad. A seguir, pensando que sea el propósito de Dios, regresa al “principio” y de aquí se extiende hasta el final, cuando su esperanza venga a realizarse: “la obtención de la gloria de nuestro Señor Jesucristo”, en Su Segunda Venida a la tierra. J. Denney escribe lo siguiente: “Los versículos catorce y quince de este capítulo son un sistema teológico en miniatura. La oración agradecida del Apóstol cubre toda la obra de salvación, desde la eterna elección de Dios hasta la obtención de la gloria de nuestro Señor Jesucristo en el mundo venidero”.

 

¿Qué querría decir el Apóstol por “desde el principio”? Si se estuviera refiriendo a los más tempranos días de su predicación en Tesalónica, deberíamos esperar que hubiese dicho algo como “el principio del evangelio” (Filip.4:15). Pero así como está, sin duda  significa la selección de Dios al principio de Su gran propósito redentor. Sin embargo, hay una traducción alternativa muy interesante. “desde el principio” es ap´arches. La Versión Revisada al margen dice, “muchos autores antiguos lo leen `como primeros frutos´”. Esto sería aparchen, que es muy similar a ap´arches. Aparchen es la palabra que adopta también el texto Griego Nestlé, y el significado estaría así en línea con Santiago 1:18:

 

“Él, de Su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de Sus criaturas”

 

Esto describe de manera efectiva lo mismo que las iglesias Pentecostales tenían, es decir, una primicia o primeros frutos del reino terrenal. La larga paciencia de Dios todavía aguardaba por la obediencia del pueblo de Israel para “arrepentirse y volverse a Él”, tal como había ordenado por labios de Pedro (Hechos 3:19-26). Aquellos que respondieron estaban deseando la venida del reino sobre la tierra. De haber sido obediente toda la nación, aquel reino podría haber venido, y con él la bendición mundial a través de Israel como el reino de sacerdotes, el medio Divino de bendición.

 

La palabra “salvación” en este contexto no puede restringirse a la salvación del pecado. El Apóstol asocia con ella la santificación producida por el Espíritu, una separación de la esfera satánica del dominio y del engaño que han descrito los previos versículos, y él añade “y creencia de la verdad”. Esto está en tajante oposición a “la mentira” y a sus manifestaciones milagrosas y maravillas producidas a través del poder de Satanás por el hombre de pecado, y aquellos que sean engañados y no “amen la verdad”, sino que viva y voluntariamente la repudian. Los fieles creyentes Tesalonicenses serían preservados para salvación en la Venida del Señor.

 

El Apóstol continúa:

 

“Así que, hermanos, estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o por carta nuestra” (vers.15).

 

Así que, ara oun, es la conclusión práctica para los versículos precedentes. “De acuerdo entonces a lo visto, estad firmes”. Steko, que se deriva del modo perfecto activo de histemi, “permanecer”, en su uso del Nuevo Testamento generalmente tiene el significado de estar firmes en pie y no vacilar:

 

Estad pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres” (Gál.5:1).

“…oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo espíritu…” (Fil.1:27).

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes en el Señor” (Fil.4:1).

 

Krateo se traduce generalmente “prender” (Marcos 3:21; 6:17; 12:12). Significa tener las riendas sobre algo, y, en este contexto sería, “prender con firmeza o retener”  las tradiciones que los creyentes Tesalonicenses habían aprendido. Paradosis (tradición) es un término que suena bastante mal a oídos de muchos estudiantes Bíblicos. El Señor Jesús reprendió solemnemente a los Fariseos que repudiaban y anulaban la Palabra de Dios por sus tradiciones (Marcos 7:9, 13). Tanto Pablo como Pedro conocían bien su poder cegador:

 

“…perseguí la iglesia de Dios…siendo mucho más celoso de la tradición de mis padres” (Gál1:13-14).

“…vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis (por tradición) de vuestros padres” (1ª Pedro 1:18).

 

Esta “Paradosis” es una de las más poderosas armas en manos de Satán para cegar los ojos y velar la verdad tanto a los creyentes como a los incrédulos. Cuántas veces hemos aceptado y dado como verdad ciertas cosas, no porque hayan sido personalmente comprobadas por la Palabra de Dios y halladas que sean verdad, sino porque “los Cristianos generalmente creen tales cosas”, o así son “enseñados por esta denominación o por aquella”, o porque sus padres las creyeron etc., etc. Así es la tradición, y muy a menudo, los creyentes no solo están listos para recibir tales ideas como verdad, sino que además se oponen frontalmente contra los que se dan al trabajo de procurar las Escrituras y examinarlas, y hayan visto que muchas de ellas eran falsas y estaban totalmente equivocadas. Esta tradición mantiene prendidos a muchos creyentes en un círculo vicioso, y tal como dijo el Salvador, anula la Palabra de Dios y la vacía de su real importancia. ¡Cuán urgente es que seamos librados de la tradición! No se puede dar ningún progreso en el conocimiento de la Verdad mientras permanezcamos en una tal esclavitud.

 

Sin embargo, en el contexto que estamos considerando, la tradición se emplea en un buen sentido. Paradosis y pararidomi refiere  lo que se deposita en manos a alguien. Muy aproximado con esto se halla el verbo griego paralambano, “recibir de vuelta”, y ambas palabras se emplean por el Apóstol en 1ª Cor.11:23:

 

…pues he recibido (parelabon) del Señor lo que os declaré (paredoka)

 

Antes que el Nuevo Testamento se concluyese, las primeras iglesias se basaban sobre el ministerio oral de los apóstoles, los cuales, por su vez, habían recibido del Señor Jesús, o bien en los días de Su carne, como los ministros de la circuncisión, o proveniente de Él en resurrección, como el Apóstol Pablo. Hubo, por tanto, una fiel continuidad en la transmisión de la Verdad oral. Con la totalidad del Nuevo Testamento concluido, la Palabra de Dios pasó a ser en su totalidad la base única para la fe cristiana, y cualquier adición o sustracción no deja de ser sino meramente palabra de hombre o tradición, algo a ser abolido a toda costa.

 

Antes que la epístola termine, Pablo emplea la palabra “tradición” una vez más en un buen sentido:

 

“Ahora os mando, hermanos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de cualquier hermano que ande desordenadamente y no según la tradición que habéis recibido de nosotros (literalmente)” (3:6).

 

Es obvio, por tanto, que debemos tener cuidado en nuestra consideración y trato de la “tradición”, aprendiendo a dividir correctamente la verdadera de lo falsa.

 

El Apóstol ahora intercede con una oración para que los santos Tesalonicenses sean consolados y afirmados, recordándoles el eterno amor y consolación del Señor Jesucristo y Dios nuestro Padre, y la buena esperanza que tenían a través de la gracia (vers.16), el hecho de la gracia resalta que esta salvación fue algo completamente inmerecido de su parte.

 

 

 

 

 

2ª TESALONICENSES

 

CAPÍTULO TRES

 

Habiendo orado por ellos, ahora es él propio quien requiere oraciones para sí y para su testimonio:

 

“Por lo demás. Hermanos, orad por nosotros, para que la Palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros” (3:1).

 

El modo del verbo “orar” es presente, y significa “mantenerse en oración”. Las intercesiones compulsivas por otras personas son inútiles. La oración efectiva es una obra, una labor, como Epafras bien sabía (Col.4:12), y debe ser persistente para ser de valor duradero. Es costosa tanto en tiempo como en esfuerzo. El Apóstol conoció muy bien la oposición del maligno, operando en gran medida a través de sus enemigos Judíos, y por eso pide, para que la Palabra de la verdad pueda “correr” sin obstáculos y ser glorificada llevando a cabo el propósito de Su Divino Autor. Este “correr” nos recuerda el Salmo 147:15:

 

“Velozmente corre Su Palabra”.

 

En este contexto obtenemos un ejemplo más de la mezcla entre la oración con el resultado del plan de Dios. Desde un cierto punto de vista, podemos decir que ciertamente fue la voluntad de Dios que Su Palabra corriera y prosperase, y que todo obstáculo se quitase de en medio. Sin embargo, Pablo no duda en acudir a la oración para que eso fuese llevado a la práctica. Este tipo de oración es muy necesaria hoy en día, pues los obstáculos que Satán procura poner en la senda de la Palabra de Verdad no son menores al tiempo presente que lo fueron al principio. Lghtfoot traduce la frase: “pueda correr y ser glorificada”, o “pueda tener una triunfante carrera”. Esto ya había sucedido así en Tesalónica, y por eso Pablo añade: “así como lo fue entre vosotros”; observamos, además, que ambos verbos en el versículo que estamos considerando están en el modo presente de subjuntivo, “pueda mantenerse corriendo y siendo glorificada”, eso supone una experiencia continua, y nosotros hoy en día también podemos emplear esta oración de manera efectiva.   

 

Pablo ahora hace un segundo pedido más personal:

 

“Y para que seamos librados de hombres perversos y malos; porque no es de todos la fe” (3:2).

 

“Librados” es ruomai, rescatar, que aparece de manera muy gráfica en Colosenses 1:13, donde se nos dice que fuimos rescatados (liberados A.V.) del poder de las tinieblas. Perversos es atopos, literalmente “dislocados”, y de ahí proviene “perversos”. El Apóstol se está refiriendo a sus oponentes Judíos que vigilaban sus pasos donde quiera que fuese y se oponían violentamente a la verdad por él proclamada, “pues no es de todos la fe”. Esto tanto significa  fe en Cristo, o no estar sujeto a la fe – siendo que la fe sea equivalente a la verdad; cualquiera de ellas son aquí posibles. La última palabra en la frase es pistis, “fe”. La siguiente palabra es pistos, fidelidad, habiendo así un juego de palabras para poner en contraste la fidelidad del Señor. Que pueda ser librado de hombres perversos. “Fiel es el Señor, que os afirmará (o establecerá) y guardará del mal (o del maligno). La Versión Autorizada dice impersonalmente del “mal”, pero la Versión Revisada del “maligno”, es decir, Satán, y esta promesa es para consuelo de los creyentes Tesalonicenses.

 

Pablo está seguro de que llevarían a cabo sus mandamientos y  que seguirían haciendo Su voluntad (vers.4). Aquí tenemos una observación de autoridad Apostólica, sin embargo conlleva mucho amor dentro.

 

“Y el Señor encamine vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo” (3:5).

 

El amor de Dios puede ser aquí considerado tanto objetiva como subjetivamente. De manera subjetiva referiría al amor de Dios por Sus hijos, y si objetivamente, el amor de ellos por Él. La Versión Revisada refiere la frase la “paciencia de Cristo” como relativa a la paciencia mostrada por Cristo, y no por los creyentes “pacientemente aguardando por Cristo”, como pone la Versión Autorizada. No hay una palabra para “aguardando” en el griego, El ejemplo de Su inagotable paciencia tenía que ser la fuente primera de inspiración para cualquiera que estuviera atribulado.   

 

Con el versículo seis se da comienzo a una nueva sección que continúa hasta el versículo quince. En la estructura de la epístola, esto hace balance con la sección 2:1-12 de la siguiente manera:

 

2:1-12   Os rogamos – Iniquidad.

3:6-15   Os ordenamos – Desordenadamente

 

“Pero os ordenamos, hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros” (3:6).

 

El Apóstol aquí trata con algunos en la iglesia que eran perezosos y estaban dando una pésima imagen para el mundo incrédulo. Ataktos, desordenadamente, es una palabra militar: “quebrar el rango” o “comportarse truhanamente”. Aparece como un adjetivo, tal como ya hemos visto en 1ª Tesal.5:14, donde se traduce “desgobernados”. La doctrina de la Segunda Venida estaba siendo malentendida por algunos, y usada como una excusa para abandonar el trabajo. El refrán que dice “Satanás le da empleo a quien nada tiene que hacer” sirve de buena ilustración aquí. Pablo declara que los tales no solamente se recusaban a trabajar, sino que además eran unos entrometidos, e interferían en los negocios de otras personas, y de ahí que causasen muchos disturbios:

 

“Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno” (3:11).

 

De nuevo tenemos un juego de palabras en el griego. Moffatt lo transcribe muy bien al inglés traduciendo: “Entremetiéndose en vez de metiéndose a trabajar”. Y como contraste a esto, el Apóstol pone delante su propio ejemplo, cómo trabajaba de noche y de día para no serle gravoso a nadie. ¡Cuán absolutamente práctico y eficaz era este gran hombre de Dios! Posteriormente, bien pudo escribirles a los de la iglesia Filipense:

 

“Todas las cosas, que habéis aprendido, y recibido, y oído, y visto en mí, eso haced: y el Dios de paz estará con vosotros” (4:9).

 

Tan solamente alguien que viviera muy próximo al Señor podría haber escrito todo esto sin vanagloriarse locamente. Ojalá sea el deseo puesto entre ambos, del escritor para el lector, combinando así la doctrina con la práctica, para que pueda con verdad decirse de nosotros que somos epístolas vivientes, conocidas y leídas de todos los hombres.

 

Y no solo en Filipenses, sino que además aquí en 2ª Tesalonicenses pudo escribir:

 

“Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; no porque no tuviéramos derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis” (3:7-9).

 

La palabra “imitar” en los versículos siete y nueve es mimeomai proveniente de mimos, un actor, un mímico. Tan solo aparece una vez más en Hebreos 13:7 y 3ª Juan 11, donde la Versión Revisada (y la Reina Valera) traduce correctamente “imitar”. El Apóstol pudo siempre llamar la atención a la manera como él combinaba la doctrina con la práctica. Había demostrado en ejemplo y delante de los Tesalonicenses lo que era ser uno igual a Cristo, trabajando de día y de noche en su negocio como operario del cuero, y así no suponerles una carga financiera para ellos. Previamente, ya había llamado la atención a esto mismo en su primera epístola (1ª Tesal.2:9, 10). Al mismo tiempo que les recuerda la autoridad apostólica (poder, 2ª Tesal.3:9) que detenía para con ellos, les declara no haberla usado para poder servirles de ejemplo en todas las cosas. En el griego se lee literalmente: “para que podamos ofreceros en nosotros propios un tipo para vosotros”

 

“Porque también cuando estábamos con vosotros, os ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno” (vers.10, 11).

 

El Apóstol cita algo que, aparentemente, sea un proverbio Judío basado en Génesis 3:19. Aquellos que se recusan a trabajar, no tienen derecho a recibir comida. Deissman (Luz del Oriente Antiguo) ve aquí a Pablo ofreciendo un pedazo de moralidad o ética del trabajo, y era algo sumamente necesario. Siempre ha existido la tendencia a considerar el trabajo como una maldición, algo que debería ser abolido en cuanto posible, y muchos de los actuales problemas laborales del mundo tienen sus raíces en esta idea tan equivocada. Pero cuando Adán pecó, Dios maldijo la tierra por su causa (Gén.3:17), pues la peor cosa posible para un pecador, es no tener nada que hacer para ocupar su tiempo. Una tal situación siempre acaba en el fastidio y una mayor degradación, y el Apóstol se esfuerza a toda costa para que ese pensamiento no se difundiera en la iglesia en Tesalónica. El modo imperfecto del verbo “os ordenamos” demuestra que más de una vez les había urgido esa tal diligencia. Una vez más está jugando con las palabras, ergazomenous alla periergazomenous. Tal como ya hemos señalado antes, Moffatt lo traduce bien,  “Entrometidos, en vez de metidos en trabajo” o “Entrometidos, en vez de ocupados”; es decir, ocupándose en los negocios o asuntos de los demás en vez de los suyos propios, y esto resultaba por su pereza en el parasitismo para con otros.

 

“A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan. Y vosotros, hermanos, no os canséis de hacer el bien. Si alguno no obedece a lo que decimos por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano” (3:12-15).

 

Observe como Pablo va combinando notas de autoridad con una cierta dosis de ternura, “os mandamos y exhortamos”. El Apóstol no estaba siendo un duro autócrata. Sabía cómo combinar firmeza con amor, y así trataba sabiamente las tales situaciones difíciles que algunas veces se levantaba entre los creyentes. Las palabras “por nuestro Señor Jesucristo” indican claramente que él era portavoz de Cristo. Era como si a través del Propio Señor estuviese hablando y ordenando, y así es como deberíamos considerar la enseñanza ofrecida por Pablo. El hombre Pablo tan solo es un canal, “menor que el más bajo de todos los santos” (Efesios 3:8), pero como el Apóstol (el enviado) de Cristo Jesús, habla con toda la autoridad del Señor. Ojalá pudiera toda la profesante Cristiandad absorber esta verdad. Entonces cesarían de hablar de “la doctrina Paulina” o de pretender establecer la enseñanza dada a través de Cristo en los días de Su carne como si fuesen superiores a las que Él da a través del Apóstol. En ambas enseñanzas, el Autor de la enseñanza es el Señor, pero, en cada caso, se recibe a través de un canal humano: de cuando Su ministerio en la tierra siendo mediado para nosotros por Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y de cuando Su ministerio celestial, a través del testimonio de Pablo para nosotros los Gentiles, y de los doce apóstoles para la circuncisión (Judíos).

 

En el caso del ministerio terrenal del Señor, lo tomamos sobre Su autoridad que estaba limitado al pueblo de Israel (Mat.15:24), y con esto concuerda Romanos 9:3-5; 15:8, también que la plenitud de la revelación era todavía futura, aguardando la venida del Espíritu Santo (Juan 16:12-14), y entonces el tiempo cuando en Resurrección y Ascensión, Aquel Propio, ya no tendría las tales limitaciones en cuanto al pueblo único. La falsa idea de que las “palabras de Jesús” (los Evangelios) dan una más alta revelación y que son más autoritarios que las epístolas, son la causa de gran parte en la ceguera y creciente parálisis espiritual que nos rodea hoy en día en el mundo de la Cristiandad. Este concepto es una potente arma en manos de Satán para evitar que la plenitud de la presente exaltación del Señor en gloria y la íntima asociación de la iglesia entonces, sea entendida y disfrutada por el creyente. Aquellos que tengamos ojos abiertos en este respecto, precisamos combatir tales falsas ideas con toda la energía y sabiduría posibles, pues, hasta que esto no sea quitado del pensamiento, cualquier testimonio concerniente a las insondables riquezas de Cristo reveladas en las epístolas en prisión de Pablo, serán prácticamente despreciadas.

 

Así, vemos que, en el contexto que estamos tratando con el Apóstol, pudo ordenarles como proveniente del Seño y esperar que fuese obedecido por los fieles. Al indolente le encarga que trabaje sosegadamente y que comiera los frutos de su propia labor, y a seguir le escribe a toda la asamblea. Pablo les exhorta a que no “se cansen haciendo el bien”. Esta es la única ocurrencia de kalopoieo en el Nuevo Testamento, pero se emplea en la Septuaginta, y el Apóstol utiliza una expresión igual en 2ª Corintios 13:7, to kalon poiete, “hacer lo que sea honesto”, Rom.7:21 “hacer el bien”  y muy similarmente a 2ª Tesal.3:13 en Gálatas 6:9 “no nos cansemos de hacer el bien”. Una palabra similar, agathoerges, “hacer bien” se encuentra en 1ª Tim.6:18.

 

Las últimas palabras para los perezosos y entrometidos se dan entonces. Todos los tales deben ser “hombres señalados” (“señalad al tal”). Semeioo proviene de semeion, una señal, tatuaje o marca. El fiel no se debe mezclar con (tener compañía con) el tal, para causarle un sentido de vergüenza al ofensor. Tal disciplina sería medicinal en su objetivo, y nada tenía que ver con excomunión tal como el versículo quince nos muestra. Los tales no debían ser considerados enemigos, sino hermanos que estaban equivocados, con la esperanza de que se arrepintiesen y abandonasen sus caminos. La iglesia profesante pasando los siglos ha ido usando demasiado liberalmente la disciplina extrema de la excomunión. Muy raramente vemos que sean consideradas las bases para tales actos en el Nuevo Testamento. Demasiado a menudo, lo que se viene manifestando es el malo y estrecho espíritu de Lucas 9:49, 54, y muchos hijos de Dios han sido expulsos de la comunión debido al “no siguen con nosotros”, y no siguen la línea de todo viento de doctrina en moda. Mucho corazón partido y pesares podrían haberse evitado si 2ª Tesal.3:15 y Gálatas 6:1 se llevasen a práctica. La iglesia de Roma no ha sido la única entre los grupos Cristianos a exhibir esta dureza. Los Cristianos profesantes en el extremo opuesto han sido igualmente culpables, y esta vía continúa en nuestros propios días con efectos directos sobre el testimonio Cristiano.

 

El Apóstol ahora concluye con una oración para bendecirlos:

 

“Y el Mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda manera. El Señor sea con todos vosotros. La salutación es de mi propia mano, de Pablo, que es el signo en toda carta mía; así escribo. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.”

 

En la primera epístola deseaba que el Dios de paz los santificase plenamente (5:23). Aquí requiere que el mismo Dios, el Señor de paz, les de paz “en toda manera” o como la R. Y. lo pone “en todo tiempo y en todas las vías”. Esto es bien comprensible realmente, y el don precioso de la paz es cada vez más necesario hoy en día con sus presiones, desvíos y ajetreos y distracciones. El Salvador la prometió a Sus seguidores (Juan 14:27; 16:33) y nos llega cuando cada cosa la cometemos para Él (Filip.4:6, 7), eso es lo que capacita al creyente a permanecer sosegado y confiado, sin importar cuantos tumultos haya a su alrededor.

 

El Apóstol acaba con un saludo de su puño y letra. Ya hemos visto que el enemigo de la verdad había difundido cartas entre las iglesias supuestamente enviadas por Pablo. Él ahora les ofrece la garantía por la cual puedan tener la certeza que la epístola era suya. Habiendo dictado todo hasta aquí, ahora toma la pluma, y de su propio puño, el cuál bien ellos conocían, les da la bendición asociada con la gracia del Señor Jesucristo.

 

Es un hecho relevante que cada una de las cartas de Pablo concluya con una referencia a la gracia de Cristo, y esta no es una característica que distinga las otras epístolas hechas por Pedro, Santiago, Juan y Judas. Si alguno está pensando en el Libro del Apocalipsis, hay que resaltar que este no sea una epístola, y si la última fecha que se le asigna está correcta, fue escrito después del día de Pablo. Es importante observar que la epístola a los Hebreos también concluye con una bendición similar: “la Gracia sea con todos vosotros”, a lo cual se le debe dar su debido peso cuando se discute la autoría de esta carta.

 

Parece estar claro que el Espíritu Santo que inspiró a los escritores del Nuevo Testamento, dejó esta particular conclusión al Apóstol Pablo, y eso se debió a la protección de los tempranos grupos de creyentes de la Satánica mentira. Anularía otros empleos, y aunque nos parezca sin importancia hoy en día, fue de vital importancia para los creyentes al comienzo, cuando el maligno estaba llevando a cabo su mejor copia de la verdad y de los propósitos en gracia de Dios.

 

El Apóstol por tanto concluye, en la bendición manuscrita por él usualmente:

 

“La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros”.

 

Esto se asimila a la primera epístola y a Romanos 16:20. Así concluyen dos de las más tempranas cartas de Pablo. Será desnecesario decir que ninguna doctrina importante puede ser ubicada sobre el orden de las epístolas ofrecidas en la Versión Autorizada. Aunque las cartas Tesalonicenses vengan al final en este agrupamiento, ninguna enseñanza puede extraerse de eso. Enseñar que estas cartas dan el clímax de la revelación ofrecida en las epístolas de Pablo por causa de esta posición es falso. El Apóstol se hallaba en los primeros pasos de su ministerio en este punto, y el clímax todavía estaba por llegar en sus epístolas en prisión posteriormente, después de haber sido puesta de parte la nación de Israel en incredulidad, al final del periodo de los Hechos.

 

Aquellos que sostengan el punto de vista mencionado encima fracasan a la hora de entender la posición del pueblo de Israel durante este tiempo y la relación de 1ª Tesalonicenses cuatro, con su énfasis sobre el retorno terrenal de Cristo y su propósito de venir a realizarse. Se suelen añadir tantas especulaciones a lo que realmente se enseña en este capítulo, que resulta en un perverso cuadro distorsionado. ¿Cuántos hay, leyendo estas palabras: “El Señor Mismo descenderá del cielo con voz de mando…entonces los que estamos vivos y permanezcamos seremos arrebatados juntamente con ellos en el aire…” añaden en sus mentes la idea de que estos creyentes serán entonces tomados (arrebatados) al cielo? La selección de la palabra “arrebatados” en nuestras versiones comunes sugiere esta idea, pero no hay garantía alguna suya en el original griego. No existe la idea de dirección en el verbo harpago; podría sencillamente significar tanto, “tomados o arrebatados abajo” como arriba. El contexto inmediato no trata con lo que suceda después de este “ser tomados”. Tan solo el contexto remoto y lo que ya se ha revelado nos puede servir de ayuda y guía aquí. Es el descenso del Señor los que estos santos  encuentran, y una vez que estas dos epístolas tratan con la llegada del Señor (parousia), no se precisa añadirle nada nuestro para poder comprender lo que 4:16, 17 está enseñando. Aquellos que algo le añadan tienen evidentemente un hueso duro que roer, y esa no es manera de obtener la verdad.

 

Estamos inmensamente agradecidos por estas tempranas epístolas de Pablo, demostrándonos, como lo hacen, su fiel cometido para el bienestar de los santos Tesalonicenses, su celo, así como algunos de sus problemas que tan solo podrían ser resueltos entendiendo el propósito de Dios en lo que hasta ese tiempo les había revelado. Ojalá tengamos la gracia de imitar su práctica bondad y manifestación de la Verdad, para que pueda de nosotros decirse, como lo fue de ellos dicho:

 

 “Habéis sido ejemplos para todos los que creen” (1ª Tesal.1:7). 

 

                       

 

 

 

 

 

     

 

 

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