Las
Primeras Epístolas
De Pablo
&
Las Pastorales
Stuart Allen
Traducción: Juan Luis Molina
Una Exposición de
1 Tesalonicenses
2 Tesalonicenses
1 Corintios
2 Corintios
1 Timoteo
Tito
THE BEREAN PUBLISHING TRUST
52AWILSON STREET, LONDON, EC2A 2ER
ÍNDICE
COMENTARIO
1 TESALONICENSES
Introducción
y Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
Capítulo Cuatro
Capítulo Cinco
2 TESALONICENSES
Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
1 CORINTIOS
Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
Capítulo Cuatro
Capítulo Cinco
Capítulo Seis
Capítulo Siete
Capítulo Ocho
Capítulo Nueve
Capítulo Diez
Capítulo Once
Capítulo Doce
Capítulo Trece
Capítulo Catorce
Capítulo Quince
Capítulo Dieciséis
2 CORINTIOS
Introducción y Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
Capítulo Cuatro
Capítulo Cinco
Capítulo Seis
Capítulo Siete
Capítulo Ocho
Capítulo Nueve
Capítulo Diez
Capítulo Once
Capítulo Doce
Capítulo Trece
1 TIMOTEO
Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
Capítulo Cuatro
Capítulo Cinco
Capítulo Seis
TITO
Introducción y Capítulo Uno
Capítulo Dos
Capítulo Tres
Comentario
Hace poco tiempo hemos publicado una edición reunida
de artículos de Stuart Allen sobre las cartas que el Apóstol Pablo escribió
desde la prisión. Este libro, producido en un estilo práctico y de sencilla
comprensión, ha tenido una buena acogida y generosa demanda de parte de los
amantes de la Verdad.
A eso se debe, por tanto, que nos hayamos sentido en
la obligación ahora de publicar este conjunto de artículos de Stuart Allen
sobre las más Tempranas cartas del Apóstol Pablo junto con las Pastorales. El
texto se halla en The Berean Expositor y ha sido reeditado aquí en las partes
que fue necesario hacerlo. Aunque este libro incluya Primera de Timoteo, el
comentario sobre la Segunda Epístola podrá ser consultado en las “Epístolas
desde la Prisión” también publicado por The Berean Publishing Trust.
El contenido de estos dos libros abarca una gran
parte de la vital doctrina que el Cristo resucitado le encomendó al Apóstol
Pablo para nosotros los Gentiles. Hoy en día, cualquier persona se desespera
con la actitud que manifiestan las iglesias y sus portavoces hacia la plena
inspiración de las Escrituras, y para la mayor parte, se hace evidente la
escasez del conocimiento expuesto de la doctrina consagrada en las cartas de
Pablo. Cuán necesario es, por tanto, para los fieles siervos de Cristo,
escudriñar constante y diariamente este depósito de verdad para que podamos
exhortarnos los unos a los otros “entre tanto que se dice: Hoy” (Heb.3:13).
Ojalá que estos dos libros sirvan para glorificar a Dios, guiando a muchos a
las palabras y al conocimiento del Hijo de Dios, nuestro bendito Redentor y
Cabeza.
1ª TESALONICENSES
INTRODUCCIÓN Y CAPÍTULO UNO
Las epístolas a la iglesia Tesalonicense se hallan
entre los más tempranos escritos de Pablo. Los antiguos escolares Bíblicos
ubican en primer lugar estas epístolas, pero teniendo en cuenta las
investigaciones posteriores llevadas a cabo por William Ramsay y otros a
seguir, nosotros creemos que la primera epístola escrita por el Apóstol sea la
de Gálatas, y que estas cartas a los Tesalonicenses hayan sido las siguientes
en el orden.
La primera visita de Pablo a Tesalónica,
probablemente en el verano del año 50 d.C, se relata en Hechos 17:1-9. Esta
visita hizo parte de su segundo viaje misionero, el ministerio que tuvo su
comienzo en Filipo (16:12-40). El Apóstol refiere su venida a Tesalónica a
seguir a la persecución y el vergonzoso tratamiento que había sufrido en Filipo
con Silas, en Tesalonicenses 2:2.
Allí, de acuerdo a su costumbre, visitó la sinagoga
durante tres Sabbaths sucesivos, y les expuso discutiendo con los judíos y
prosélitos las Escrituras (es decir, el Antiguo Testamento) concerniente a la
muerte y resurrección del Señor Jesús, probando que Él era, y es, el Cristo.
Como resultado, algunos de los judíos creyeron, junto con un buen número de
Gentiles temientes de Dios; pero debido a una posterior oposición judía
motivada por celos, se levantó una sedición y revuelta que se expandió
rápidamente por toda la ciudad y acabaron encerrando en prisión al Apóstol y a
Silas. Jasón, quien hospedaba entonces a Pablo, y otros amigos del Apóstol,
pagaron sus fianzas, y finalmente los enviaron de noche hasta Berea (Hechos
17:1-10).
La joven iglesia que se vieron forzados a dejar para
atrás en Tesalónica a la fuerza, quedó expuesta a una activa persecución y
muchas tribulaciones, con lo cual Pablo se empeñó en entablar una dura batalla
en su respaldo espiritual, especialmente, debido a la súbita partida que le
impidió darles las instrucciones necesarias que hubiese deseado impartirles (1
Tes.3:10). De Tesalónica se dirigió a Berea, donde una nueva sedición y
oposición judía le obligó a seguir viaje hasta Atenas (Hechos 17:14, 15).
Entre tanto, Pablo, envió de regreso a Timoteo para
averiguar el estado espiritual de las iglesias que había dejado para atrás,
para afirmarlas y consolarlas (1ª Tesal.3:1-3). Cuando
Timoteo se volvió a juntar con él, tuvo el privilegio de comunicarle que las
Iglesias se mantenían firmes a pesar de la persecución, y además, que estaban
activamente propagando el evangelio por sí mismos (1ª Tesal.3:6, 7; 1:8).
Sin
embargo, había diversos asuntos concerniente a los cuales deseaban ser mejor
informados. Entre estos temas Escriturales se hallaba el retorno del Señor
Jesús, y, especialmente, cuál sería la posición de aquellos creyentes que
habían fallecido, en relación a este gran acontecimiento. El Apóstol se
regocijó y consoló con las noticias que Timoteo le trajo sobre el conflicto
espiritual, y rápidamente se puso a escribirles para animarles y fortalecerles.
Esta es la epístola que ahora estamos estudiando. Será bueno tener en mente,
que, todas las epístolas, tienen por detrás un antecedente y una razón para
haber sido escritas, y aunque todas hayan sido inspiradas por Dios, conocer la
razón y el origen subyacente por detrás, tan solo contribuirá a que entendamos
mejor sus contenidos.
Tesalónica
(la moderna Saloniki) se denominaba originalmente Therme, pero fue vuelta de
nuevo a fundar por Casandro alrededor del año 315 antes de Cristo y nominada
así en honor a su esposa con su mismo nombre - Tesalónica, quien era, por su
vez, una media hermana de Alejandro el Grande. Fue considerada una ciudad
importante en los tiempos romanos y macedonios, y los romanos la hicieron
capital de Macedonia en el año 164 antes de Cristo. La ciudad tuvo siempre una
vasta porción de judíos entre sus habitantes.
La primera
epístola que Pablo escribió a la iglesia Tesalonicense diserta sobre las tres
gracias: la fe, la esperanza y el amor (1ª Cor.13:13). Es significativo que el
Apóstol las agrupase juntas también en otras epístolas.
Así, tenemos la fe seguida por los siete dones en
Romanos 12:6; el amor en siete distintos aspectos en 12:9, y la esperanza con
siete consecuencias en 12:12. En Colosenses 1:4, 5 las encontramos reunidas de
nuevo, tal como, además, en Hebreos 10:22-24.
Sin la fe
es imposible agradar a Dios (Heb.11:6). Hemos sido salvos por la esperanza
(Rom.8:24), una esperanza que no avergüenza (5:5); y el amor de Dios que se
derrama en nuestros corazones es el mayor de todos los dones, además de incluir
a todos los demás.
Por eso,
en 1ª Tesalonicenses tenemos “la obra de la fe, la labor del amor, y la
paciencia o constancia de la esperanza”. Y estas vuelven a reunirse de nuevo en
el último capítulo:
“Pero
nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza
de la fe y de amor, y con la esperanza
de salvación como yelmo” (1ª Tesa.5:8).
Los
capítulos uno y dos son una introducción en su mayor parte, el tema
verdaderamente solo comienza a desarrollarse a partir del capítulo tres en
adelante. Tenemos las tres gracias en la elaboración de esta sección – y están
así dispuestas:
La Fe 3:1-10.
El Amor 3:11 - 4:12.
La Esperanza 4:13 – 5:11.
Ahora vamos a dar la estructura de los dos primeros
capítulos
1ª Tesalonicenses 1 y 2
A 1:2 – 10 a
Acordándonos sin cesar
b El evangelio no vino en palabras solamente
c El resultado.
Para que seáis imitadores (seguidores)
d El fin. Liberación de la ira
B 2:1 – 12 Cómo llegó el
evangelio a Tesalónica
A 2:13 -16 a
Dando gracias sin cesar
b La Palabra recibida – No como palabra de
hombres
c El resultado – Para que seáis imitadores
(seguidores)
d El fin. Los que se oponen. La ira hasta el
colmo.
El capítulo uno tiene su propia estructura, la cual es la
siguiente:
1ª Tesalonicenses 1:2-10
A 2, 3 a
Una obra de fe
b Una labor de amor
c Paciencia o constancia de
esperanza
B 5
“Porque” – La venida del evangelio – No solamente|
Sino
también| Cómo
De qué manera|
C 6 Imitadores (seguidores)
D 6 La
Palabra y muchas aflicciones
C 7 Ejemplos
B 8 “Porque” – La divulgación de la Palabra –
No solamente|
Sino también| Dónde
De qué manera|
A 9, 10 a De
vuelta a Dios
b Para servir al Dios vivo
c Esperar por Su Hijo desde el
cielo.
Observando el miembro marcado A veremos que la fe, la
esperanza y el amor se manifiestan por los fieles creyentes Tesalonicenses en
sus actos. La obra de fe se exhibe
por el hecho de que se habían vuelto de los ídolos a Dios y pusieron su fe en
Él. La labor del amor se demostró en
su servicio hacia el Dios vivo y verdadero en contraste a su inicial servicio a
los ídolos muertos, la obra de manos de hombres. Y su paciente o constante esperanza se manifestaba en la manera
cómo aguardaban a toda hora por el Hijo desde el cielo. Cristo era su esperanza
de la misma manera que Él es la Esperanza de todos los creyentes, pero esta
esperanza no se limitaba tan solo a poner sus ojos en las nubes; sino que los
motivaba a que fuesen intensamente prácticos devotando el servicio a Quien tan
gloriosamente los había hecho salvos. Así vinieron a ser ejemplo para todos los
creyentes en Grecia, pues por su fiel testimonio y a través de ellos, el
evangelio se había expandido por toda Grecia y más allá de sus fronteras (1:7,
8).
No admira que Pablo, entre sus primeras declaraciones, le
dé gracias a Dios siempre por ellos, y que de manera constante los tenga en su
recuerdo en el Trono de la Gracia (vers.2). No podemos dejar de observar, que,
siempre que fuera posible, el Apóstol realzaba los buenos actos en los
creyentes, los alababa y les daba ánimo. Aún mismo cuando tenía que corregir
los desvíos de la Verdad, el Apóstol, generalmente, encontraba antes algo que
alabar primero. Él no se centraba en los fallos, antes bien procuraba y hallaba
los frutos del Espíritu siempre que podía. “Todo lo verdadero, honesto, justo,
puro, amoroso…” reconocía en los demás (Filip.4:9). ¡Qué gran ejemplo para
todos nosotros! Cuán más sencilla sería la obra del Señor si el creyente
manifestase este espíritu en vez de la crítica usual, la actitud irascible que
muchas veces se halla en los círculos cristianos.
El Apóstol entonces continúa diciendo: “Conocemos,
hermanos amados de Dios, vuestra elección”.
¿Cómo conocía Pablo su elección? ¿Tendría algún tipo de
especial acceso al consejo Divino que le diese este conocimiento? Aunque fuese
verdad que este gran siervo del Señor recibiese muchas revelaciones de parte de
Dios, algunas de ellas peculiares a su ministerio, no hay motivo alguno para
creer que fuese este el caso en este punto. El versículo cinco nos da la
respuesta. Comienza con la griega hoti traducida
“pues”, que podría haber sido mejor traducida “porque” o “debido a que”. Él
sabía de su elección debido a la manera en la cual el evangelio les había
llegado: “en poder, y en el Espíritu Santo, y en plena certidumbre”, y además,
por el efecto práctico que tuvo sobre los creyentes Tesalonicenses. "Y
vosotros vinisteis a ser imitadores (seguidores) de nosotros y del Señor,
recibiendo la Palabra en medio de gran tribulación, con gozo del Espíritu
Santo” (vers.6).
Para cada efecto
debe haber antes una causa, y tales
resultados, como los que el Apóstol contempló, tan solo podrían provenir del
hecho de haber una obra verdadera del Espíritu entre ellos, la cual confirmaba
su elección. La raíz de un árbol es
invisible, pero su fruto puede ser
visto por todos. La elección es como la raíz, y el efecto práctico en la vida
del creyente, el fruto.
El evangelio proclamado por Pablo había llegado a ser
algo más que meras palabras. Había una abundante confirmación de parte del
Espíritu Santo, y durante el periodo de los Hechos, esta confirmación se
manifestaba por los dones sobrenaturales (1ª Cor.12).
Si bien sea cierto que
no hay mención alguna de tales dones en este contexto, no precisamos dudar de
su evidencia. Esta confirmación no tan solo era externa sino también interna.
El evangelio les llegó con “plena certidumbre” (vers.5). La griega plerophoria aparece cuatro veces, y tan
solo en las epístolas de Pablo. En Colosenses 2:2 se refiere al “pleno entendimiento”. En Hebreos 6:11 a
la “plena certeza de la esperanza” y
en 10:22 a la “plena certidumbre de
fe”.
Esta es una palabra
magnífica, y un correctivo para aquellos que están siempre dudando y temiendo,
y para quienes, su consideración o aprecio de “la certeza”, tiene más que ver
con algo paralelo y parecido con el orgullo. “Estas
cosas os he escrito a vosotros que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para
que sepáis que tenéis vida eterna” escribió el Apóstol Juan (1ª Juan 5:13). La certeza es la voluntad de Dios para
todos Sus hijos, y esta garantía viene cuando se acepta y se cree Su Palabra
sin tener en cuenta otras vías de sentimientos o actitudes mentales. Un
creyente con dudas a este respecto es una contradicción y un hombre paralítico.
Es incapaz de prestar un verdadero testimonio para el Señor. No fue por esta
vía que los creyentes Tesalonicenses recibieron la Palabra del Señor predicada
por Su siervo Pablo. La consideraron como siendo la Palabra de Dios, la cual operaba eficazmente en aquellos que
creían. Esta es la única fuente de poder espiritual para el testimonio
cristiano. Siempre fue así, y lo seguirá siendo, y, prácticamente, la última
declaración que Pablo hizo fue: “predica la Palabra” (2ª Tim.4:2). Donde no sea
honrada la Palabra de Dios como siendo la Palabra de Verdad y plenamente
proclamada como tal, lo que hay es impotencia, adormecimiento espiritual, y
falta de repuesta. Y esto es precisamente lo que vemos más ampliamente
difundido alrededor nuestro en la cristiandad. Es inútil quejarse de la falta
de resultados en el testimonio cristiano cuando a la Palabra de Dios no se le
da su debido lugar.
Los creyentes en Tesalónica habían recibido el evangelio,
no como siendo palabra de hombres, ni tampoco como si fuese la doctrina de
Pablo, aunque fuera Pablo quien lo hubo predicado, sino según era en Verdad: la
Palabra de Dios. Cuando así la recibieron, aparecieron los resultados. Y estos
resultados no afectaron tan solo a lo superficial, pues inmediatamente sucedió
una gran tribulación que fracasó en su objetivo de quitarles su “plena certeza”
(1:6). Debemos recordar que hemos recibido la Palabra de Dios como siendo
mayordomos; que Dios ha prometido honrar y operar a través de Su Palabra por el
Espíritu Santo, y si queremos ver un efecto duradero en el testimonio cristiano
debemos ministrar esa misma Palabra en toda su pureza inherente, y esperar
mirando solo y siempre para Aquel Quien “da el crecimiento” (1ª Cor.3:6).
Después de realzar la obra de fe, la labor del amor y
la constante paciencia de la esperanza
de los creyentes Tesalonicenses, el Apóstol declara que han venido a ser
imitadores de él y del Señor. Es cierto que eso los había llevado además a
sufrir muchas tribulaciones y persecuciones por su fiel testimonio, pero por
eso mismo había un gran regocijo del Espíritu Santo que sobrepasaba todo lo
demás.
El resultado fue que llegaron a ser “ejemplo para todos
los que habían creído en Macedonia y Acaya” (1:7). Esta palabra “ejemplo” es la
griega tupos, de donde proviene
nuestra palabra castellana “tipo”. Pablo había afirmado que él propio había
también llegado a ser un ejemplo o modelo para ellos en su comportamiento,
trabajando de noche y de día para que no les fuese gravoso (2ª Tesal.3:8, 9).
También se recomienda a sí propio como ejemplo para los santos Filipenses
(Filip.3:17). Tanto Pablo como Tito son exhortados a ser “ejemplos” o “tipos”
(1ª Tim.4:12; Tito 2:7). La iglesia en Tesalónica había llegado a ser un modelo para toda Grecia y más allá de
sus fronteras (1:7). El Apóstol difícilmente podía haber tenido para con ellos
una consideración más grande que esta. El testimonio cristiano que estaban
dando había llegado a expandirse a lo largo y ancho del territorio, y por medio
de eso se expandía también la Verdad.
La necesidad de denuedo y valentía no es menor en los
días actuales. Todos nosotros deberíamos manifestar Quiénes somos y a Quién
servimos. Existen demasiados discípulos escondidos, demasiado temerosos de
permitir que la luz brille a través de sus vidas. Especialmente, esto se
manifiesta en lo concerniente a las verdades reveladas en las epístolas de
Pablo escritas desde la prisión. Muchos permanecen callados debido al temor de
que el hombre les cause problemas, aun cuando estos hombres puedan ser
creyentes. Tienen miedo del precio que tendrán que pagar por eso. Ojalá seamos
fortalecidos e iluminados a “brillar como antorchas en el mundo”, estando
firmes por la palabra viva (Filip.2:15, 16) y así evitando que vengamos a estar
“avergonzados del Señor y de Su prisionero” el Apóstol Pablo (2ª Tim.1:8).
Teniendo en cuenta los efectos prácticos resultantes del
firme testimonio de los santos Tesalonicenses, el Apóstol les declara que él
propio no tiene ya necesidad alguna de hablar nada; antes bien, las personas de
Macedonia y Acaya contaban ellas propias la manera en que habían sido recibidos
y con lo cual se glorificaba en gran manera al Señor.
Los versículos finales del capítulo resaltan una
observación dispensacional. Los creyentes en Tesalónica estaban aguardando al
Señor Jesús proveniente del cielo. Esto tan solo puede querer decir que, ellos,
tenían consigo, como su esperanza, el retorno del Salvador estando vivos
todavía. El propio Apóstol también se identifica con esta particular esperanza
en la frase del capítulo cuatro, versículo diecisiete: “Nosotros los que
vivimos, los que hayamos quedado”. La temprana y muy próxima venida de Cristo
no es un escenario peculiar tan solamente de esta epístola en particular, sino
que es común a todas las epístolas escritas durante el periodo cubierto por los
Hechos.
Hay dos clases de personas que discrepan de esta verdad.
Una son los modernistas, declarando que, en su opinión, Pablo y los recién
convertidos fueron muy sinceros en sus convicciones de que Cristo volvería al
tiempo de sus vidas, pero que estaban equivocados. La otra clase la forman
creyentes más conservadores, quienes, al no darse cuenta del asentamiento
dispensacional de la epístola, se confrontan por eso con el hecho del énfasis
que tiene sobre la inminente Vuelta del Señor, y que esto no haya sucedido
durante los cerca de 2000 años que han transcurrido desde que fuese escrita
hasta ahora; procurando resolver el problema, se acogen diciendo que: “mil años
sea tan solamente un día” (2ª Pedro 3:8) y que por tanto ¡tan solo dos días
hayan pasado en la consideración del Señor!
Pero esto es muy forzado y nada natural, y en cualquier
caso, Pedro revierte esa afirmación, diciendo lo contrario, que ¡“un día, es
para el Señor, como mil años”!
Las epístolas a la iglesia Tesalonicense fueron dos de
los más tempranos escritos de Pablo, y tuvieron ambas su origen durante el
periodo de los Hechos, cuando la posibilidad de la Segunda Venida dependía
sobre el arrepentimiento de Israel y su vuelta para Dios (Hechos
3:19-26). Los creyentes en esta iglesia, y todas las demás durante ese
particular periodo, eran instruidas enseñándoseles que, la fe práctica, suponía
el abandono de los ídolos y la vuelta hacia Dios; la respuesta práctica suponía
servir al Dios vivo y verdadero; y para una esperanza práctica, ellos tenían
que “aguardar por Su Hijo proveniente del cielo” (1:9), Quien los rescataría de
la ira venidera tan gráfica y solemnemente descrita posteriormente en el libro
del Apocalipsis.
1ª TESALONICENSES
CAPÍTULO DOS
El Apóstol comienza ahora una larga sección en la cual
defiende su conducta hacia los santos. Pareciera que Pablo se estuviese dando
prominencia a sí propio si no fuera porque deliberadamente hubiese sido
malinterpretado y no estuviese en peligro la verdad que a través de él fue dada
a conocer. Está claro que eso mismo fue lo que sucedió, y si así no hubiese
sido, él no habría negado las acusaciones que se le hacían de error, impureza y
engaño (2:3), o de palabras lisonjeras y avaricia (vers.5), o de procurar su
propia gloria (vers.6), si es que estas
insinuaciones no hubiesen sido proferidas.
La táctica del enemigo siempre es la misma: denigrar al
mensajero y arruinarle el mensaje. Es algo espléndido darse cuenta que Pablo no
reaccionase devolviendo mal por mal. En vez de eso les recuerda a los santos su
gentileza de comportamiento estando entre ellos, tal como una nodriza que cuida
con ternura a sus propios hijos. No tan solo se había comportado de manera
solícita dándoles a conocer el evangelio, sino que él propio se había entregado
sin límites por causa del amor que profesaba hacia los santos (vers.8). Había
estado trabajando de noche y de día para no serles gravosos y un fardo para
ellos (vers.9). Se había comportado como un buen padre exhortándoles y
consolándoles (vers.11), y por este contexto bien podemos deducir cuál sea el
carácter ideal de los que ostenten cargos en la iglesia, el cual debe combinar
la ternura de una madre con la fuerza de un padre. Una cualidad sin la otra
puede fácilmente conducir tanto a una excesiva dureza como una inapropiada
suavidad de carácter. Ojalá que podamos imitar al Apóstol en su equilibrado
testimonio en este respecto.
La epístola continúa con el elogio de Pablo debido a la
manera cómo los Tesalonicenses habían recibido su mensaje. Hace una tremenda declaración
diciendo que no la habían recibido como algo humano, simplemente como palabra
de hombre, sino, según era en verdad, la Palabra de Dios. Debieron persuadirse
que Pablo no les estaba compartiendo meramente sus opiniones. No podía entre
los miembros de esta asamblea haber, tal como sí que hay hoy en los días
actuales, que considerase el mensaje tan solo como siendo “la teología
Paulina”. Todo lo contrario. Fue como si el propio Dios les hubiese hablado, y
por tanto, lo que oyeron a través de la boca de Pablo, lo consideraron como
Palabra de Dios. Si esta fuese tan solo la actitud de las Iglesias hoy en día:
¡Qué gran diferencia veríamos en la fe y en la práctica cristiana! Se
comenzaría a actuar de la misma manera que lo hicieron los creyentes
Tesalonicenses: “Lo habéis recibido (el mensaje dado a través de Pablo)…según
es en verdad, la Palabra de Dios, la cual actúa (poderosamente) en vosotros los
creyentes” (2:13). “Actúa” es la traducción de la griega energeo, de donde proviene nuestra palabra “energía”. El resultado
práctico surgió a seguir a una tal recepción de la Verdad, y así sucedería hoy
en día si fuese fielmente proclamada y dada a conocer. El mensaje no volvería
vacío para Dios ni carente o estéril de resultados. La responsabilidad de
sembrar la simiente de la Palabra de verdad es nuestra. La promesa de Dios es
“dar el crecimiento” (1ª Cor.3:7).
En el caso de la iglesia Tesalonicense, la recepción de
la Verdad les costó un gran precio:
“Porque vosotros, hermanos, vinisteis a ser imitadores de
las iglesias de Dios en Cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido
de los vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los
judíos…” (2:14).
Las Iglesias de Judea habían venido a formarse por la
dispersión de la iglesia madre en Jerusalén por causa de la persecución (Hechos
8:1). Habían estado sufriendo de las amargos tratos y vejaciones de los judíos
incrédulos, y ese era el medio que Satán usaba más frecuentemente en aquel
tiempo para contraponerse al propósito de Dios y frustrar Su voluntad. Una y
otra vez vino a sufrir el Apóstol a manos de los de su propia nación, tal como
se registra tan claramente en los Hechos. Cercaban sus pasos a donde quiera que
fuese Pablo, procurando por todos los medios causarle daño y perjurio. No tan
solo a él se lo hicieron, sino que extendían sus modales hacia todos cuantos
creyesen el evangelio y se mantuviesen firmes por el Señor. No es de admirar que, refiriéndose a ellos,
escribiese a seguir:
“Los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios
profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos
los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que estos se salven; así
colman ellos la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el
extremo” (2:15, 16).
Terribles palabras, pero un verdadero comentario sobre la
actitud de Israel durante el periodo cubierto por los Hechos de los Apóstoles.
No admira que se escribiera hablando de ellos posteriormente Romanos 10:21,
describiendo la actitud del Señor:
“…todo el día extendí Mis manos a un pueblo rebelde y
contradictor”
Dejando de lado la amarga oposición de los judíos, Pablo
declara a seguir su gran anhelo por volver a visitar Tesalónica y reunirse allí
con los santos de nuevo. Dice así:
“Pero nosotros hermanos, separados de vosotros por un
poco de tiempo, de vista pero no de corazón, tanto más procuramos con mucho
deseo de ver vuestro rostro” (2:17).
“Separados de vosotros” es una traducción de la palabra
griega aporphanisthentes que
literalmente significa “estar desconsolados”, lo cual nos muestra cuán
profundamente sentía el Apóstol la ausencia de los cristianos Tesalonicenses.
Deseaba ardientemente visitarles, pero el enemigo le frustró todos sus planes.
Es imposible enumerar las veces que Satán ha podido
frustrar los planes de Dios y obstaculizar a Sus siervos. Sabemos bien que su
poder y el de las huestes tenebrosas que tiene bajo su control es muy grande.
Fue capaz de obstaculizar un angélico mensajero enviado a Daniel durante tres
semanas enteras (Dan.10:12, 13), y no hay razón para creer que este poder sea
de ninguna manera más débil en los días actuales. El conflicto de las edades
todavía se mantiene, y si no hubiese sido debido a la obra redentora de nuestro
Salvador, nosotros ciertamente no habríamos estado del lado de los vencedores.
El propósito de gracia salvadora es que seamos “más que vencedores por medio de
Aquel que nos amó” (Rom.8:37). Entre tanto que estemos procurando vestirnos de
toda la armadura de Dios (Efes.6:11) y andar en este camino, estaremos a salvo
de la malignidad y enemistad del perverso.
La siguiente sección de esta epístola comienza con las
palabras:
“Porque ¿cuál es
nuestra esperanza, o gozo, o corona de que me gloríe? ¿No lo sois vosotros,
delante de nuestro Señor Jesucristo, en Su venida? Vosotros sois nuestra gloria
y gozo”
Cuando el Apóstol se
refiere a una “corona”, él no está tratando con verdades fundamentales, sino
con la fidelidad resultante y consecuente, que acaba en recompensa, la cual se
da cuando todo el servicio sea examinado por el Señor en Su Bema o Asiento Arbitral. En su resumen final de su
testimonio vivo, el Apóstol dijo lo siguiente:
“He acabado mi carrera…por lo demás, me está guardada la
corona de justicia, la cual me dará el Señor, juez justo, en aquel día” (2ª
Tim.4:7, 8).
Esto no deja de ser sino una manera de hablar figurativa,
no tan solo que viva con Cristo en gloria, sino que además está asociado con Su
Trono, o reinando con Él (2ª Tim.2:12).
El servicio fiel alcanza esta corona, y en aquel día
habrá evidencias prácticas de este servicio en la presencia de todos aquellos
creyentes que hayan sido salvos a través de sus devotas obras para el Señor.
Los santos Tesalonicenses vendrían a ser “su corona de gloria y gozo”, tal como
los creyentes Filipenses serían (Filip.4:1).
Hay dos palabras que
se traducen “gozo” en el Nuevo Testamento: kauchesis,
el motivo por el regocijo, denotando el acto; y Kauchema, un sujeto de regocijo.
Pablo emplea la última palabra exclusivamente, y además
la palabra inicial exceptuando una ocurrencia en Santiago 4:16.
La forma verbal kauchomai
aparece treinta y tres veces en el Nuevo Testamento, treinta y una de ellas
se encuentran entre los escritos de Pablo.
Su exultación o regocijo residía tanto en su Señor como
en lo que el Señor había hecho a través de él. Tuvo que aprender a dejar de
lado el vacío regocijo en sí mismo, o en sus éxitos conseguidos. Aun mismo en
aquel famoso pasaje en el cual se gloría en sí propio, se vio forzado a hacerlo
así por causa de sus detractores, y de ahí que dejase ver claro que, su labor y
sufrimientos, se debían a su devoción hacia Cristo (2ª Cor.11:16-31).
El regocijo en los santos Tesalonicenses sucedería en la Venida del Señor. La palabra es la
famosa parousia, y junto con la
palabra apokalupsis nos da la esperanza de la iglesia formada
durante el periodo de los Hechos. Parousia
no denota el acto de la venida, sino antes bien la llegada o presentación en
un destino. Se utilizaba en la literatura secular refiriendo la llegada de los
reyes y personas importantes. Una clara exposición de Su parousia es la que hace el Señor Jesús en Mateo 24:27-30. No es
necesario inventarnos una “secreta venida” como algunos han hecho. Eso solo
denota una falta de capacidad para ver la diferencia entre la esperanza del
creyente durante los Hechos de los Apóstoles, comparada con la revelación del
Misterio en las epístolas de Pablo en la prisión posteriores.
1ª TESALONICENSES
CAPÍTULO TRES
El capítulo tres comienza con la partícula de enlace
conectivo “por lo cual” (dio). Debido
al vínculo tan fuerte que había entre el Apóstol y sus
convertidos Tesalonicenses, cuando él propio “no pudo soportarlo más”, envió a
que los visitase Timoteo, siéndole a él, prácticamente, imposible ir a verlos
personalmente. “Soportar” es la palabra griega stego, y se utiliza cuatro veces, y las cuatro ocurrencias en los
escritos de Pablo.
La palabra significa “conciliar” o “encubrir”; y sin duda
alguna se refiere a que ya no podría “conciliar” o “encubrir” su ansiedad por
ellos, puesto que conocía demasiado bien la persecución que estaban sufriendo,
y se cuestionaba, temiendo, si es que todavía estarían firmes los santos
Tesalonicenses a pesar de todo.
Tan solo aquellos que hayan sido utilizados por el Señor
en la salvación y edificación de otros sabrán aquí identificarse con el Apóstol
plenamente. Cada golpe que sea dirigido al convertido afecta al supervisor, y
todos estos mayordomos pueden
entender bien el profundo interés de Pablo hacia todos los creyentes, y aquí se
vio forzado a dejarlos para atrás en Tesalónica inmediatamente. Cuando ya no
pudo resistir más su ansiedad, envió a Timoteo, a quien describe como su “su
hermano y ministro de Dios en el evangelio de Cristo”.
Ahora llegamos al corazón de la epístola, todo lo
anterior hasta ahora ha sido introductorio. Al principio, señalamos cómo, la
totalidad de esta carta, gira alrededor de las tres gracias: de la fe, la
esperanza y el amor. Ahora comenzamos una sección que trata con la fe, y marca
totalmente la sección intermedia de la epístola:
FE Confirmaros y exhortaros respecto a
vuestra fe (vers.2)
3:1-10 Envié para informarme de vuestra fe
(vers.5)
Timoteo trajo buenas noticias de vuestra fe (vers.6)
Completamos lo que falte a vuestra fe
(vers.10)
AMOR Abundar en amor (vers.12)
3:11 – 4:12
Acerca del amor fraternal no precisáis que os escriba (4:9).
ESPERANZA
Entristeceros, como los otros que no tienen esperanza (vers.13)
4:13 – 5:11
La Esperanza expandida en la doctrina de la Venida del Señor.
Hay cuatro referencia a la fe en la primera sección, 3:1-10. El Apóstol había enviado a
Timoteo para exhortarles y animarles en cuanto a su fe, para que debajo de toda la aflicción que estaban soportando se
mantuviesen firmes por medio de la Verdad. Pablo ya les había avisado de
antemano la inevitabilidad de que su fe viniera a ser probada por sufrimientos
(vers.4). Lo que suponía un problema en los días del Antiguo Testamento
concerniente a los sufrimientos y pruebas del justo, ahora pasa a ser la
experiencia normal y común de la gente de Dios, y habían recibido instrucciones
para aceptarlas con gozo y conforme con la voluntad de Dios para ellos. Era
realmente algo precioso, tal como Pedro afirma en su primera epístola (1ª Pedro
1:7), pues tenía un efecto final llevando su fe más allá de la esfera de la
teoría, y los trasplantaba al medio de la certeza y el hecho, para que no
tuvieran dudas de su realidad.
Pablo había estado temiendo que el Tentador usase estas
dificultosas experiencias para apartarles de la fe (vers.5) y que deshiciera su
obra; pero la vuelta de Timoteo con las preciosas nuevas de su fidelidad y
firmeza le alegró profundamente, así como el saber que los santos en Tesalónica
también estaban deseando verle a él de nuevo. Se había quedado preocupado desde
que se vio obligado a partir de Tesalónica, pues Satán intentaba por todos los
medios quebrar el vínculo que tenían juntos, pero ahora se regocijaba en gran manera
sabiendo que su temor había sido infundado:
“Por lo cual, ¿Qué acción de gracias podremos dar a Dios
por vosotros, por todo el gozo con que nos gozamos a causa de vosotros delante
de nuestro Dios, orando de noche y de día con gran insistencia, para que veamos
vuestro rostro, y completemos lo que falte a vuestra fe” (1ª Tesal.3:9, 10).
Continúa orando para que se abran las puertas necesarias
para que pueda visitarlos de nuevo; entre tanto, les pide que su amor vaya siempre en aumento de unos
hacia los otros, y desde el versículo 11 hasta el 4:12, expande el tema que
afecta a la práctica Cristiana. El amor sobreabundante afectaría sus corazones
y vidas guiándoles a su fortalecimiento y firmeza, resultando en una manera de
andar sin mácula e irreprensible
delante de nuestro Dios y Padre (vers.11-13). La palabra griega Amemptos traducida “irreprensibles”
aparece cuatro veces en las epístolas de Pablo:
Filipenses 2:15
Para que seáis irreprensibles.
3:6 En cuanto a la justicia que es en la
ley, irreprensible.
1ª Tesalon.3:13 Para que sean afirmados vuestros
corazones, irreprensibles.
Hebreos
8:7 Si aquel primero (pacto)
hubiera sido sin defecto.
Como adverbio aparece
dos veces en la epístola que estamos estudiando. El Apóstol había vivido según
la Verdad delante de ellos, pues bien pudo escribir diciendo:
“Vosotros sois testigo
de cuan… irreprensiblemente nos
comportamos con vosotros los creyentes” (2:10).
En el capítulo cinco,
versículo veintitrés tenemos:
“(Oro a Dios para
que)… todo vuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro
Señor Jesucristo”
La oración de Pablo
por estos creyentes no se limitaba tan solamente a que se preservasen vivos
hasta el retorno cercano del Señor Jesús, sino que, además, para que fuesen
hallados en Su aprobación cuando este gran acontecimiento sucediese.
1ª TESALONICENSES
CAPÍTULO CUATRO
El capítulo cuatro
comienza con la palabra griega loipon,
literalmente “por lo demás”, y difícilmente podría ser transliterada con
“finalmente”, como la Versión Revisada la pone (la Reina Valera está correcta,
N. T.). La traducción “además de esto” de la Versión Autorizada nos parece más
aproximada de su significado original, el Apóstol continúa el tema del amor
fraternal en cuanto sus resultados prácticos:
“Por lo demás,
hermanos míos, os rogamos y exhortamos en el Señor Jesús que de la manera que
aprendisteis de nosotros cómo os conviene conduciros y agradar a Dios, así
abundéis más y más” (4:1).
Observe la frase “como
os conviene conduciros”. Aun cuando su manera de andar fuese tan ejemplar,
Pablo no quería que se durmiesen en sus laureles, sino que “abundasen” más y
más. Perisseuo, traducida “abundéis”,
es una típica palabra Paulina que él emplea unas veintiséis veces. En esta
presente epístola sus ocurrencias son:
“Y el Señor os haga
crecer y abundar en amor” (3:12).
“Así abundéis más y más” (4:1).
“Os rogamos…que abundéis en ello más y más” (4:10).
Nunca llegamos a
alcanzar los límites del amor práctico en la vida Cristiana. Este más grande de
todos los dones se manifiesta en el desgaste, y en desgastarse por otros,
derramándonos para fuera, por así decirlo, en servicio amoroso y continuo hacia
los miembros del Cuerpo de Cristo. Eso no sería tan solo amor, sino un
manantial de amor característico del inexplicable amor que Dios nos tiene a
nosotros. Este y no otro era el amor que Pablo les urgía a manifestar a los
creyentes Tesalonicenses más y más. ¿Qué oportunidad tendría el mundo, la carne
o el diablo, de introducirse en la comunión de la gente de Dios que así se
manifestase con un tal espíritu?
El Apóstol refiere que
los mandamientos que les había dado verbalmente, fueron “por el Señor Jesús”.
Posteriormente, en el capítulo, habla detalladamente acerca del conocimiento de
la parousia o Venida que tenía
consigo “por la palabra del Señor” (vers.15). Esto no significa necesariamente,
tal como algunos asumen, que la materia o tema fuera completamente nueva; sino
que Pablo recibió su comisión y todo lo envuelto en revelación “no de hombres,
o por hombre alguno, sino por Jesucristo, y Dios el Padre” (Gál.1:1).
No era necesario
referirles nada que Dios no les hubiese revelado a través del Apóstol de la
Circuncisión, o por Cristo Mismo, cuando estaba sobre la tierra. La revelación
de Pablo proveniente del Señor ya estaba asumida en todos los puntos, y si bien
sea cierto que algunas características verdades suyas puedan darse en otros
llamamientos, o no, eso no importa nada; fue “por el Señor Jesús”, ahora
resucitado y ascendido, y dado a conocer a través de él, a un vaso de
barro.
Antes de seguir adelante, vamos a examinar la estructura
del pasaje que tenemos delante:
1ª Tesalonicenses 3:12 – 4:12 La labor del Amor
A 3:12,
13 a
Abundar en amor
b Unos para con otros
B 4:1 c
Andar siendo agradables a Dios
d Abundéis (perisseuein) más y más
C 4:2-8 e Mandamientos del Señor Jesús
f Santificación, no en pasión de
concupiscencia
g El
hermano defraudado
g El Señor, el Vengador
f No a la inmundicia, sino santificación
e Desecha
a Dios
A 4:9 a Un amor fraternal
b Amaros los unos a los otros
B 4:10-12 d
Abundar (perisseuein) más y
más
c Andar honestamente para con los de afuera
El énfasis, no tan solo sobre el amor recae, sino que se
pone muy claramente sobre el amor que mana
o abunda, y ese tipo de amor es
el que tendría un sólido efecto sobre el andar práctico del creyente, tal como
el contexto nos muestra. El Apóstol recuerda a los creyentes Tesalonicenses del
encargo que les hizo “a través del Señor Jesús”. Tal como hemos visto, esto
confirma una vez más la independencia ministerial de Pablo, quien había
recibido este ministerio y todo lo que envolvía directamente proveniente del
Cristo resucitado y no de los Doce, ni podía referirse a las palabras
pronunciadas por el Señor cuando se hallaba sobre la tierra, pues este Apóstol
nunca lo había escuchado, y aunque lo hubiese oído, inconverso como era Saulo
de Tarso, que odiaba a Cristo, de poco le hubieran valido.
Este encargo tenía que ver con su santificación, o
separación para Dios por la redención, y esta separación, era de todo lo que la
carne y el mundo envolvían. En medio de la baja moral que había ya en aquel
tiempo, fue necesario resaltar la pureza
de vida.
¿Qué querría Pablo decir cuando les dijo: “Que cada uno
de vosotros sepa tener su propio vaso (como
muchas Versiones) o esposa (esposa como la Reina Valera y otras tantas) en santidad y honor…que
ninguno agravie (o transgreda) ni engañe en esta
materia o tema (no “en nada” como la Reina Valera; sino en la materia bajo discusión)”?
Existen dos puntos de vista mantenidos por los
expositores en cuanto a la interpretación de este pasaje:
(1)
El “vaso”
se refiere al cuerpo, y de ahí se deduce el dominio propio.
(2)
El “vaso”
se refiere a la “esposa”, y la necesidad de fidelidad por causa de los vínculos
matrimoniales.
La palabra griega skeuos,
vaso, aparece 22 veces en el Nuevo Testamento. Se utiliza respecto a un
recipiente (Juan 19:29), una posesión
de una persona (Mat.12:29; Marcos 3:27), el creyente como un medio que Dios
puede emplear (2ª Cor.4:7; 2ª Tim.2:21). Y no solo eso, sino que en 1ª Pedro
3:7, se emplea hablando de una esposa:
“Y vosotros maridos…dando honor a la mujer, como a vaso más frágil…”
“Que sepa cómo tener”. La palabra traducida “tener” es ktaomai, que significa, no tanto poseer
o tener, sino “alcanzar la posesión de” “adquirir” o “comprar”:
“Este, pues, con el salario de su iniquidad adquirió un campo” (Hechos 1:18).
“Porque has
pensado que el don de Dios se obtiene con
dinero” (Hechos 8:20).
“Yo con una grande
suma adquirí esta ciudadanía” (Hechos
22:28).
¿En qué sentido puede el cuerpo ser adquirido o poseído?
Además, el sentido del versículo siguiente no se conecta bien así, si la
palabra “vaso” tiene este significado del “cuerpo”.
Por otro lado, si skeuos
significa “esposa”, entonces “adquirir una esposa” puede entenderse, y con
este sentido precisamente lo hacen un cierto número de traductores.
“…Que cada uno entre vosotros sepa cómo procurar una
esposa que sea su objeto en pureza y honor” (Weymouth)
Así lo traducen además, Moffat, Cunnington, la Versión
Twentieth Century, Goodspeed, Williams, y la Versión Berkeley. Y siguiendo las
líneas del primer punto de vista están Bloomfield, J. N. Darby, Rotherham y F.
F. Bruce (y la Reina y Valera). Ambos puntos de vista expresan verdad, pero el
segundo se apropia de manera más adecuada y naturalmente en el contexto. El
Apóstol resalta de nuevo la santificación en el versículo siete:
“Porque Dios no nos ha llamado a inmundicia, sino a
santificación (santidad, en la Versión Autorizada)”.
Sin embargo, el amor continúa siendo el tema dominante de
esta sección, y ahora, a los santos en Tesalónica, se les recuerda que un
aspecto práctico del amor Cristiano es el “mantenerse sosegado, estando
ocupados con sus propios negocios, y a trabajar con sus manos, tal como les
había enseñado”. Es evidente que había algunos que estaban equivocados con
respecto a la proximidad del retorno del Señor. Estos tales se recusaban a
trabajar, con el resultado de que, en vez a estar ocupados por sus propios
asuntos y quehaceres, se estaban entrometiendo en los asuntos ajenos y causando
disturbios.
“Porque oímos que algunos de entre vosotros andan
desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno. A
los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor Jesucristo, que trabajando
sosegadamente, coman su propio pan” (2ª Tes.3:11, 12).
Tanto en esta epístola como en el contexto que estamos
considerando, hay un énfasis sobre “estar sosegados”. Hesuchazo significa estar en silencio, estar tranquilo, en
oposición a excitación que tiene un mal efecto sobre terceros. El verbo
traducido “estudio” es philotimeomai, “ser
ambicioso” literalmente, y la frase casi significa “ser ambicioso de no tener
ambiciones”: “Haz que tu ambición viva quietamente y ocúpate en tus propios
cometidos (haz tus propias cosas, literalmente), y trabaja con tus propias
manos”. Una tal manera de andar sería un buen testimonio para los de fuera, y
además, así cada creyente tendría sus necesidades suplidas (vers.12).
Hasta el mismísimo día de hoy, la doctrina del Segundo
Adviento ha tenido un efecto similar sobre algunos. Oímos de vez en cuando
hablar de aquellos que han abandonado los hogares y negocios aguardando por el
retorno del Señor, olvidándose que la mejor manera de preparase es hacer lo que
Él Mismo les mande a cada uno: “ocuparse, hasta que venga” (Lucas 19:13). La
inactividad, estar ocioso es abrir la puerta al Adversario, y esto era lo que
estaba sucediendo en Tesalónica, por eso hace el aviso el Apóstol. Por vía del
ejemplo y por preceptos también, les había enseñado a estar activamente
comprometidos, haciendo la voluntad del Señor, tanto fuese en el hogar, como en
el comercio, o como en la obra del Señor.
Ahora nos adentramos en una nueva sección de la epístola
que se centra sobre la cuestión de la esperanza, y, consecuentemente, exhibimos
sus detalles estructurales:
1ª Tesalonicenses 4:13 – 5:11. La “constancia (paciencia)
de la esperanza”
A 4:13 No os dejaré ignorantes con respecto a los que
duermen
B 14 Primera
razón – Resurrección y dormir
C 15 Segunda
razón – Los vivos no precederán a los que durmieron
D 16, 17
Para siempre con el Señor
E 18
Por tanto, consolaos los unos a los otros con estas palabras
A 5:1-3 Vosotros sabéis perfectamente lo concerniente al
día del Señor
B 4-6 Primera
razón – No durmamos
C 7, 8 Segunda razón – Aquellos que duermen de noche
D 9, 10
Vivir juntamente con Él
E 11
Por tanto, consolaos vosotros juntamente.
Es evidente que algunos Tesalonicenses habían perdido
familiares queridos y estaban profundamente preocupados en lo que sucedería con
ellos teniendo en cuenta el retorno del Señor tan próximo. ¿Serían dejados para
atrás? ¿Serían los que estuviesen vivos tomados y aquellos que fallecieron
dejados en el sepulcro hasta un posterior periodo? A estos problemas atiende
ahora Pablo, y procura darles consuelo e instrucción a los santos:
“Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los
que duermen” (4:13).
En cinco diferentes lugares el Apóstol declara que no
quiere que los creyentes ignoren, no desea que les falte conocimiento de
ciertas y vitales verdades. En Romanos 11:25 trata con el secreto de la ceguera
de Israel, para que no fuesen sabios en su propia opinión e imaginasen que Dios
había repudiado para siempre la nación incrédula, exaltando a los Gentiles para
que ocupasen su lugar. En 1ª Corintios 10:1 les recuerda a la iglesia Corintia
que, si bien todo Israel, al tiempo de Éxodo, fue “bautizado en Moisés, en la
nube y en el mar”, y fueron típicamente redimidos y asociados con todo lo que
Moisés instituyó en la ley y el ceremonial, en tipo y sombra; sin embargo, al
mismo tiempo, no todos entraron a la
tierra prometida, sino que “de la mayoría de ellos no se agradó Dios”
(10:5). Perdieron su premio, es decir, no entraron en la heredad de Canaán. En
la misma epístola Pablo emplea otra vez la frase, y afirma que no quiere que
sean ignorantes en cuanto a los dones espirituales (12:1). Fue necesario dar
instrucciones detalladas para que estos dones fuesen utilizados de manera
ordenada y para la edificación de la asamblea local.
Cuando escribió su segunda carta a la iglesia Corintia
dijo que no quería que fuesen ignorantes en cuanto a las tribulaciones que él
propio había sufrido en Asia. Fueron tan grandes que pensó no salir de ellas
vivo (2ª Cor.1:8). Estas experiencias le condujeron a la desesperación, y al
mismo tiempo le hicieron aborrecer la
confianza en sí mismo.
“Pero tuvimos en
nosotros mismos sentencia de muerte, para que no tengamos confianza en nosotros
mismos, sino en Dios que resucita a los muertos” (vers.9).
En su carta a los santos Romanos también declaró que
había muchas veces planeado visitarles, pero que había sido impedido. Estaba
empeñado que no fuesen ignorantes de esto, o malinterpretar su incapacidad
(Rom.1:13).
En cada uno de los contextos donde esta frase se emplea,
hay algo importante que se está señalando, y eso es lo que sucede en 1ª
Tesalonicenses capítulo cuatro. A los preocupados santos que estaban de luto
con la pérdida de sus familiares queridos, Pablo no intenta inculcarles una
Estoica indiferencia. Tales enlutados no podían evitar dejar de lamentarse en
estas circunstancias. Al mismo tiempo, podrían recordar para su propio consuelo
que el Propio Salvador fue un Hombre de pesares y experimentado en quebranto.
Cuando estuvo delante del sepulcro de un muy querido amigo Suyo se puso a
llorar amargamente, y estaba profundamente conmovido con la angustia y pérdida
que produce la muerte. Algo que olvidamos frecuentemente es que, la redención,
no tan solo liberta del pecado, sino además de la paga del pecado que es la muerte.
“De la mano del Seol los redimiré, los libraré de la
muerte. Oh muerte, yo seré tu muerte; y seré tu destrucción, oh Seol” (Oseas
13:14).
Por tanto, aunque nos entristezcamos, no lo hacemos como
otros que no tienen esperanza. Esta es una de las grandes diferencias entre el
salvo y el no salvo. Para los creyentes, la muerte se describe en la Palabra
como un sueño, un interludio anterior a la vida real que comienza en gloriosa
resurrección. Esta figura nunca
se emplea para el incrédulo. Para él, no deja de ser, que, el “aguijón de la
muerte es el pecado”, y este aguijón todavía no se le ha retirado en lo que
concierne a su alma. Una tal persona se halla sin Cristo, sin esperanza, y es
el más miserable de todos los hombres (1ª Cor.15:17-19). Con respecto al estado
de la muerte, ninguno, de ellos, puede tener algún tipo de certeza o seguro
conocimiento acerca de lo que pueda ser, o a qué se parezca siquiera. Ningún
común mortal ha vuelto del sepulcro para darnos algún informe en cuanto a su
carácter, quitando aquellos quienes en los tiempos Bíblicos fueron levantados
de la muerte, como Lázaro, en el caso que hemos descrito llorando amargamente
el Amigo. Así que nos confinamos enteramente a la revelación de la Palabra de
Dios para cualquier conocimiento que podamos tener.
Cuando Dios desea describirnos cuál sea el estado de la
muerte, ¿cuál es la ilustración que emplea? Y, al fin y al cabo, tenemos que
admitir que, Sus ilustraciones, son siempre las más apropiadas. De manera
consistente en el Antiguo Testamento y en el Nuevo emplea Él la figura de un sueño, un irse a dormir; y si tan
solo consideramos cuán sano es el reposo y reconstituyente el dormir, sabremos
todo lo que Dios nos ha revelado sobre este tema. No somos conscientes de
ninguna Escritura que hable acerca de la muerte como el sueño del cuerpo, el alma o el espíritu, por
separado; Se trata siempre del sueño de la totalidad de la persona concernida.
Del mismo modo, la Palabra nunca habla de la resurrección del cuerpo, que la mayoría de los credos
confiesan. Se trata de la resurrección de la muerte (1ª Cor.15:12, 13, 16, 20,
21). Si tan siquiera el cristiano respetase y guardara el lenguaje Escritural,
¡cuánta falsa y dificultosa doctrina podría haberse evitado! Nada hemos oído,
por tanto, de insensateces tales como el “alma durmiente”. El problema surge
porque muchos cristianos no se contentan con lo que Dios les ha revelado.
Prefieren ser indulgentes con sus deseosos sentimientos y le añaden sus propias
fantasías y confusas ideas concerniendo un tema del cual saben y nada pueden
llegar a saber por sí mismos. La tradición y los credos humanos añaden sus
cuotas parte de error, y todo el tema queda “leudado” con falsas nociones que
son muy difíciles de abandonar y dejar de lado. Cuán a menudo oímos la frase:
“Me encanta creer que mi amado se halla tan feliz, ¡es tan reconfortante!” Lo
cual tan solo manifiesta la preferencia personal como base de creencia, en vez
de la revelación de la Palabra de Dios.
Hay dos palabras en el griego para dormir: katheudo, “irse a dormir”, refiriéndose
al sueño normal, y koimao, “quedarse
dormido involuntariamente”, que en la voz pasiva se emplea en el Nuevo
Testamento del sueño de la muerte. En el versículo catorce tenemos la frase
“aquellos que durmieron en Jesús los
traerá Dios con Él”. La palabra “en” es la preposición dia, “a través”, “por medio de”, “aquellos que se fueron a dormir por
Jesús”. La idea que conlleva estas palabras es extremamente hermosa. Así como
un cariñoso padre deposita su hijo en la cama para que descanse por la noche,
así el Salvador recuesta también a Sus hijos, y la resurrección es el amanecer
de gloria cuando el grite: “Levantaos”.
“No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros (no
en el cielo, o meramente sus cuerpos en el sepulcro) oirán Su voz, saldrán…” (Juan 5:28, 29).
“Yo soy la Resurrección, y la vida” (Juan 11:25).
Al darse cuenta de esto, el Obispo Ken (1692) escribió en
uno de sus himnos:
Enséñame a vivir, que pueda reducir al sepulcro
haciéndolo tan pequeño como mi lecho
Los creyentes, enseñados por la Palabra de Dios, saben
perfectamente que la muerte no es más temible que un irse a dormir por la
noche. Es un dormir en Cristo (1ª Cor.15:16-18). A seguir a la muerte de
Lázaro, el Señor les dijo a Sus discípulos: “Nuestro amigo Lázaro duerme; mas
voy para despertarle” (Juan 11:11). Esto es exactamente lo que la muerte y la
resurrección sea para el creyente, y cualquiera tiene que pensar que, como
tales, estas palabras del Salvador deben ser suficientes; y sin embargo, he aquí,
¿cuántos cristianos piensan así? Para muchos que nombran el Nombre de Cristo,
no es así. Están determinados a mantener sus ideas tradicionales sobre el tema.
Ojalá que nos hallemos entre el número de los que creen lo que Dios dice y
revela, antes que las opiniones humanas.
El Apóstol continúa dando las bases Escriturales del
consuelo para los que están de luto:
“Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que
nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no
precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con
voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo, y los muertos en
Cristo resucitarán primero. Luego nosotros, los que vivimos, los que hayamos
quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al
Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los
unos a los otros con estas palabras” (1ª Tesal.4:15-18).
El Apóstol resalta el hecho de que esté escribiendo “por
la palabra del Señor”. Esto se enfatiza doblemente en la verdad del pasaje que
estamos tratando. Podemos no hallar referencia a esta enseñanza en el
ministerio terrenal del Señor, pero si nos acordamos de que Pablo recibió el
evangelio y todas las verdades subsecuentes por revelación (Gálatas 1:11, 12;
Efesios 3:3), no habrá obstáculo alguno en comprender el origen de la verdad
que aquí se expresa. Ahora está explicando el efecto de la Venida del Señor,
tanto en los creyentes vivos como los que se hallen muertos, y se incluye a sí
mismo entre aquellos que puedan “estar vivos y que hayan permanecido” hasta
este acontecimiento inminente y momentáneo. Esto no ocasiona dificultad u
obstáculo alguno, cuando recordamos la posibilidad que existía de la Venida del
Señor durante el periodo cubierto por los Hechos (Hechos 3:19-26), y que esta
epístola fue uno de los primeros escritos del Apóstol, y por tanto resalta la
cercanía de Su venida de vuelta a la tierra.
La palabra “venida”
traduce la palabra griega parousia,
que significa “presencia” o “llegada”, en vez de la moción de la venida, tal
como ya hemos indicado. Esta parousia ya
había sido plenamente explicada por el Señor en Mateo capítulo 24 en respuesta
a la pregunta de los discípulos en cuanto a cuál sería su señal cuando tuviese
lugar. Entonces el Señor Jesús les había dicho:
“Inmediatamente después de la tribulación de aquellos
días…entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo…y verán al
Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria”
(24:29, 30).
Aquí estamos pisando suelo firme. Por esta declaración
sabemos que la parousia debe tener
lugar a seguir, después de la Gran Tribulación y no antes de ella. Sabemos que
algunos, queriendo remover la dificultad del creyente que pase a través de este
terrible periodo de tribulación, se inventan otra parousia, una que sea secreta. Sin embargo, ¿dónde está el pasaje
de Escritura que lo enseñe con claridad? A los tales no les ayuda el uso de la
palabra apokalupsis, revelación.
¿Dónde podemos ver en el Nuevo Testamento que sea un secreto el apokalupsis del Señor para los
creyentes? Apokalupsis y parousia se
emplean de manera intercambiada durante el periodo cubierto por los Hechos de
los Apóstoles, y deben referir el mismo acontecimiento. Estas palabras en
cambio no se emplean en las Epístolas en Prisión para la esperanza del Cuerpo
de Cristo, la cual es distinta de la Venida del Señor a la tierra para destruir
al hombre de pecado y el reino anticristiano de final del tiempo, y además para
acabar la Gran Tribulación, a la cual se denomina un tiempo de la tribulación (o angustia) de Jacob (Israel), si bien
también envuelva toda la tierra en una cierta medida.
Servirá aquí de ayuda que observemos el testimonio
reunido de las más tempranas epístolas sobre la inminente Venida del Señor:
“…así que nada os falta en ningún don, aguardando por la Venida de nuestro Señor
Jesucristo” (1ª Cor.1:7).
“…el tiempo es
corto, resta, pues, que los que tienen esposa sean como si no la tuviera”
(1a Cor.7:29).
“Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están
escritas para amonestarnos a nosotros, a
quienes han alcanzado los fines de los siglos” (1ª Cor.10:11).
“Maran-atha: el
Señor viene” (1ª Cor.16:22).
“El Dios de paz aplastará
en breve a Satanás bajo vuestros pies” (Rom.16:20).
“La noche está avanzada, y se acerca el día” (Rom.13:12).
“Porque aún un
poquito de tiempo, y el que ha de venir vendrá, y no se retardará”
(Heb.10:37).
“Para servir al Dios vivo y verdadero, y esperar de los cielos a Su Hijo” (1ª
Tes.1:9, 10).
“Que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor” (1ª Tesal.4:15).
“Y todo vuestro ser: espíritu, alma y cuerpo, sea
guardado irreprensible para la venida de
nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesal.5:23).
“Y a vosotros que sois atribulados, daros reposo con
nosotros, cuando se manifieste el Señor
desde el cielo con los ángeles de Su poder en llama de fuego” (2ª
Tesal.1:7).
“…nuestra reunión con Él, Os rogamos hermanos…” (2ª
Tesal.2:1).
“El fin de todas
las cosas se acerca” (1ª Pedro 4:7).
“La venida del
Señor se acerca” (Sant.5:8).
“El Juez está a la
puerta” (Sant.5:9).
“Vino el Señor
con Sus santas decenas de millares” (Judas 14).
“Ya es el último
tiempo (hora)…así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo
(u hora) (1ª Juan 2:18).
Esta es una lista impresa. No solo está claro que los
creyentes en este periodo esperaban estar vivos al tiempo de la venida del
Señor, sino que esa venida además se veía
inminente, y sin embargo han transcurrido más de 2000 años y todavía no ha
tenido lugar tan gran acontecimiento. Este es uno de los mayores enigmas del
Nuevo Testamento, y no se resuelve asumiendo que los tempranos Cristianos
estuviesen equivocados al respecto en sus credos. Esto levantaría el problema
de la inspiración, la iluminación del Espíritu Santo, y las mismas bases de la
fe Cristiana. Si es que ellos estaban equivocados en este punto, bien podrían y
podrán estar equivocados en cualquier parte de su doctrina, y así, toda certeza
se desmoronaría. Tampoco podemos aceptar la explicación diciendo que “mil años
sea un día con el Señor”. Dios ha
escrito Su palabra para instruirnos a nosotros que somos criaturas del tiempo,
y cuando Él trata con tiempo, es el
tiempo que nosotros conocemos, tal como los días comunes, meses y años.
Cuando Él dice “rápidamente” quiere decir rápidamente. Sería una burla pedirle
al creyente que se mantuviese firme sufriendo bajo persecución con un punto de
vista hacia la Venida de Cristo, si es que esa Venida no fuese posible suceder
en los próximos dos milenios.
Hablando de una manera general, la Cristiandad evangélica
ha venido siempre ignorando o pasando por alto este gran problema, y se ha
perdido su gran importancia Escritural. La promesa Divina a Israel, ofrecida a
través de los labios de Pedro en Hechos 3:19-26, era que, si la nación de
Israel se arrepintiese y se volviera para Dios, sus pecados serían perdonados y
echados fuera, y el Señor Jesucristo les
habría sido enviado de vuelta, y los tiempos de refrigerio y asentamiento
del reino terrenal tal como está revelado a través de los profetas del Antiguo
Testamento habrían sucedido: ésta es la llave para esta gran dificultad y
obstáculo. Teniendo esto en cuenta, no hay que maravillarse que los creyentes
estuviesen aguardando la Segunda Venida del Señor como siendo una posibilidad
en sus vidas, y todos los pasajes que hemos citado refuerzan este hecho. La así denominada posición ortodoxa, imaginándose que
Israel hubiera sido puesta de parte al tiempo de la crucifixión, desecha la
llave para la comprensión de los Hechos de los Apóstoles, y por eso se
sorprenden de por qué no se halle respuesta Escritural a las declaraciones
tales como aquella de Pedro: “el fin de todas las cosas se acerca”, o Juan: “…sabemos
que es la última hora…” (1ª Juan 218), o Pablo: “los que han alcanzado el fin
del siglo” (1ª Cor.10:11).
Todas estas declaraciones eran completamente ciertas al
tiempo en que fueron escritas (es decir, durante el periodo de los Hechos), y
claramente indican que el fin del siglo o era estaba próximo y que el retorno
del Señor Jesús era inminente; todo, humanamente hablando, dependía sobre el arrepentimiento de Israel. El hecho de
que no iría a “convertirse” o “volverse” para Dios a ese tiempo, tan solo Él lo
sabría, y ningún creyente podía hacerse idea alguna en cuanto a qué haría Dios
a seguir en tales circunstancias. La tentación es grande, en leer, en estas
porciones de Escritura, futuros acontecimientos, así como intentar ver en ellos
la condición de los asuntos posteriores a
los Hechos. Pero si así lo hacemos, anularemos la verdad, cegando nuestro
propio entendimiento, y perderemos el correcto significado del propósito de
Dios. Debemos procurar siempre ponernos a nosotros propios aparte del lugar de
aquellos a quienes la porción de Escritura que estamos estudiando se dirige, y
no ir más lejos en cuanto a la verdad que les fue explícitamente revelada, y no
pasar de ahí.
Si los creyentes tan solamente pudiesen darse cuenta de
que la inminencia tan próxima de la Venida del Señor era una posibilidad
durante el periodo de los Hechos, y que será verdad de nuevo cuando el reloj
profético se vuelva a poner en marcha, retomando ahí Sus tratos Dios con Israel
y transcurriendo las setenta semanas de
años de Daniel, entonces estarían en una buena
posición para considerar y
comprender las Escrituras que tratan con el
intervalo entre estos acontecimientos y revelan lo que Dios ha estado
haciendo durante este tiempo actual. En otras palabras, la verdad que cubre
esta era presente podrían destacarse en toda su transparencia, y hablar al
corazón y a la mente, dando la iluminación Divina y la guía necesaria en cuanto
a la posición actual de los creyentes en el propósito de las edades, Su
llamamiento y la práctica respuesta en testimonio y servicio que el Señor
requiera para cada uno.
Volviendo a 1ª Tesal.4:15-18, repetimos que el Apóstol
resalta que, lo que está enseñando, es la “Palabra del Señor”. No hay lugar por
tanto aquí para sus propias opiniones. Esta es la revelación de Cristo sobre la
esperanza del creyente entonces vigente. Asegura a los creyentes Tesalonicenses
que aquellos que estén vivos cuando el Señor retorne, no precederán en (o
vendrán a realizar) su esperanza antes que los fallecidos. No tenían que
preocuparse acerca de sus seres queridos que se hubieran quedado dormidos. No
se les dejaría para atrás, sino que se levantarían de sus sepulcros primero, y
luego los que hubiesen quedado vivos sería arrebatados para juntarse con ellos
en las nubes y ASÍ – POR ESTA VÍA, y tan solo por esta vía, estarían con el Señor Jesús para siempre.
Juntos recibirían al Señor que desciende por el aire. La
palabra “reunirse” es la griega apantesis.
Conlleva la idea de reunión con el punto de mira ya enfocado del retorno.
Un tal significado tiene en Mateo 25:6, donde el grito de medianoche les
exhorta a las diez vírgenes a que salgan fuera y se junten con el Novio en su
venida; y además en Hechos 28:15, donde los hermanos salen hasta la Apii Forum para recibir y juntarse a
Pablo y volver con él a Roma.
“Cuando un dignatario rendía una visita oficial a una
ciudad en los tiempos Helenísticos, el acto de encabezar ciudadanos yendo a
recibirle y escoltándole en el final de su viaje se denominaba apantesis” F. F. Bruce, DD.
Todo esto está en armonía con la esperanza del periodo de
los Hechos. La única esperanza que domina este periodo es la esperanza de
Israel (Hechos 26:6, 7; 28:20). Romanos 15:12, 13 asocia esta esperanza con el
capítulo milenial de Isaías once, dejando claramente ver que tiene que
realizarse en la tierra. ¿Qué habría de más natural, pues para aquellos que
participasen en el retorno a la tierra con el retornado Señor y los santos
ángeles, en la parousia, ya lo hubo revelado Él claramente en Mateo
24:27-31?
1ª Tesalonicenses 4:15-17 no enseña en absoluto que estos
santos estén de camino al cielo. No hay ni tan siquiera el menor indicio aquí,
de que, a seguir al descenso en el aire, el Señor los tome y lleve de vuelta al
cielo o a la Jerusalén celestial, y sin embargo esta es la idea que usualmente
ocupa la mente de los creyentes que no tienen cuidado para verificar sus
conceptos con lo que Dios haya escrito y revelado.
El Señor desciende con una “gran voz” keleusma. Esto significa “la voz de
mando” y observe su única ocurrencia en la Septuaginta (Prov.30:27). “Con la
voz del arcángel”. La Escritura nos da su nombre – Miguel (Judas 9), y en
Daniel 12 se le asocia con Israel (los hijos del pueblo de Daniel) y la Gran
Tribulación, y eso definitivamente se apropia y ajusta al tiempo descrito por
el Señor en Mateo 24 y la esperanza de Israel como ya hemos visto. Esto se
confirma de nuevo por la siguiente declaración: “y con la trompeta de Dios”. 1ª
Corintios 15:51-53 asocia la esperanza del creyente en el periodo de los Hechos
con la resurrección al tiempo de la última trompeta. Ahora bien, “la última
trompeta” presupone una serie, y la única serie de trompetas en el Nuevo
Testamento se halla en el Libro del Apocalipsis. La “última trompeta”, la
séptima, nos lleva al mismo punto que 1ª Tesalonicenses 4, la realización del
reino del Señor sobre la tierra (Apoc.11:15), que con toda la certeza tiene
lugar en Su parousia o Segunda
Venida.
Es patético observar el esfuerzo que hacen muchos
expositores que procuran desunir y desasociar, “la última trompeta” de 1ª
Corintios 15, de la séptima trompeta del Apocalipsis. Esto demuestra que están
confusos en cuanto a las “cosas que difieren”, y así procuran hacer de la
esperanza del periodo cubierto por los Hechos, la esperanza de la iglesia
posterior a los Hechos que fue revelada en las epístolas en prisión de Pablo,
la cual, definitivamente, nada tiene que ver con la parousia de Mateo 24 o de 1ª Tesalonicenses 4 (con su objetivo o
meta terrenal); sino que ésta ahora es una esperanza que nos transporta hasta
la gloria del más santo de todos los cielos.
1ª TESALONICENSES
CAPÍTULO CINCO
El capítulo cinco comienza con las palabras, “Pero acerca
de los tiempos y de las ocasiones (estaciones), no tenéis necesidad, hermanos,
de que yo os escriba” ¿Por qué? ¿Sería porque su llamamiento y su esperanza no
tenían conexión alguna con tiempos o estaciones? ¡Claro que no! Cada
llamamiento tiene su tiempo y estación pertinente. Pero eso enseñan algunos que no ven
diferencia entre la posición y esperanza de las iglesias que se formaron
durante los Hechos, y la iglesia del Cuerpo reunido y revelado posteriormente.
Sin embargo, la razón que da el Apóstol es muy diferente y perfectamente
sencilla – ellos ya los conocían. “Porque vosotros sabéis perfectamente que el
día del Señor vendrá así como ladrón en la noche”. Esto sería muy probable que
lo hubiesen aprendido por su ministerio oral. Les tuvo que haber dado
instrucciones detalladas concernientes al periodo profético conocido como el
Día del Señor, así como acontecimientos tales como la aparición del hombre de
pecado que 2ª Tesalonicenses 2:15 muestra tan claramente.
Ellos sabían que el Día del Señor llegaría repentinamente
y sin aviso, tal como un ladrón en la noche. Este tiempo de suma importancia
aparece por primera vez en las Escrituras en Isaías 2:12, y hay otras
diecinueve ocurrencias suyas en el Antiguo Testamento. El Nuevo Testamento
tiene tres directas referencias (1ª Tesal.5:2; 2ª Tesal.2:2; 2ª Pedro 3:10) y
si incluimos Apocalipsis 1:10 “el Día del Señor” con el significado del Día del
Señor y no como un día de semana, tenemos cuatro. El tema principal es la
exaltación del Señor sobre toda la tierra y el abatimiento del hombre (Isaías
2). Ahora Dios permanece en silencio, y el hombre es quien tiene la última
palabra, pues es “el día del hombre”. Cuando Dios comience a tomar el mando en
el gobierno de este mundo, reatando Sus tratos con Israel e interviniendo en la
historia por el Segundo Adviento de Cristo, entonces “Tan solo el Señor será exaltado en aquel
día” (Isaías 2:11, 17) y toda oposición de los hombres será silenciada. Este es
el gran tiempo profético que viene a seguir a esta era de gracia.
“Cuando digan, paz, paz y seguridad, entonces vendrá
sobre ellos destrucción repentina, como los dolores de la mujer que está en
cinta; y no escaparán”.
Es evidente que el Apóstol tiene en vista el mundo
incrédulo cuando utiliza la palabra “ellos”. El clamor necesario del mundo es
paz y seguridad, y nunca en tanta medida como en la generación en la cual
vivimos. La amenaza de guerra y el gran conjunto de armas de destrucción masiva
ideadas por el hombre hacen que estos temas sean de suprema importancia. Las
Escrituras proféticas dejan ver claramente que, al final de esta era, Satán
vendrá a producir una paz mundial ficticia:
“Y el dragón (Satán) le dio (a la bestia) su poder y su
trono, y grande autoridad…y se maravilló toda la tierra en pos de la bestia, y
adoraron al dragón que había dado autoridad a la bestia, y adoraron a la
bestia, diciendo: ¿Quién como la bestia, y
quién podrá luchar contra ella? (Apoc.13:2-4).
Satán ahora tiene autoridad sobre el aire (Efesios 2:2) y
cualquiera que controle el espacio o regiones aéreas, domina la tierra. La
bestia recibe este poder Satánico al final del tiempo, y así será como pueda
venir a garantizar la paz a cambio de la adoración mundial. ¡Esto hace todo
parte del gigantesco engaño que caracteriza el cierre de esta era de paz
mundial sin Cristo! Pablo, no en tanto, les recuerda a los Tesalonicenses que
la iluminación de la Verdad les había librado de una tan grande decepción y
tinieblas.
“Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que
aquel día os sorprenda como ladrón” (1ª Tesal.5:4).
No quiere decir que este periodo no les alcanzaría, sino
que, llegado el momento, no les hallaría desprevenidos como un ladrón, lo cual
es algo muy distinto. La Segunda Venida a la tierra del Señor Jesús no sería
tan solo la esperanza del creyente en este tiempo, sino que, además, caería
como un repentino y catastrófico golpe sobre un mundo incrédulo, tal como
Daniel retrata la piedra cortada sin manos (el Señor Jesús) desmenuzando al
golpear toda la imagen de Nabucodonosor (el dominio Gentil) y la destruye
completamente. El Apóstol continúa recordándoles que son “hijos de luz”
(vers.5), y como tales, debían ser vigilantes y sobrios. Aquí, por tanto, una
vez más, vuelve a adentrarse en las tres gracias, alrededor de las cuales ha
estado girando esta epístola.
“Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios,
habiéndonos vestido con la coraza de fe
y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo”
(vers.8).
Esto es simplemente otra manera de decir “vestiros del
Señor Jesucristo” y no proveáis para la carne. No había excusa
posible para que el instruido creyente estuviera en ese momento adormecido y
descuidando la vigilancia. Había sido exhortado a estar en alerta continuamente
y listos para la venida del Señor. La palabra “velemos” aparece el versículo
diez y es la misma que “velemos” del
versículo seis, y así se traduce en ambas partes en la Reina Valera. El
objetivo que tiene esta redundancia es la concreta obtención de la salvación a
través de nuestro Señor Jesucristo, para que el creyente “viviera juntamente
con Él”, y este vivir y esta unidad con Él se asocian una vez más y por
implicación con Su Retorno, y no con la muerte.
“Por lo cual, animaos unos a otros, y edificaos unos a
otros, así como lo hacéis” (vers.11).
El Apóstol pone mucho énfasis sobre la positiva
edificación en la Verdad a través de sus epístolas (vea Rom.14:19; 1ª
Cor.14:26; 2ª Cor.12:19; Efesios 4:11, 12, 15, 16, 29; Col.2:7). No puede haber
nada que sustituya esto, tanto si estamos tratando con el periodo de los
Hechos, como si lo hacemos con la era presente y actual. Siempre y cuando esto
se ignore, la inmadurez, la debilidad espiritual y la inefectividad aparecen sin
más remedio.
Los creyentes Tesalonicenses ahora son exhortados a que
tengan en alta estima a sus supervisores.
“Os rogamos hermanos que reconozcáis a los que trabajan
entre vosotros, y os presiden en el Señor y os amonestan; y que los tengáis en
mucha estima y amor por causa de su obra” (vers.12, 13).
Este es realmente un elogio muy alto, y sucede que el
testimonio firme y fructífero de esta iglesia se debiera en gran parte a sus
fieles y entusiastas supervisores. Los versículos catorce y quince se tuvieron
que escribir para instrucción y guía:
“También os rogamos, hermanos, que amonestéis a los
ociosos, que alentéis a los de poco ánimo, que sostengáis a los débiles, que
seáis pacientes para con todos” (vers.14).
La palabra “ociosos”
también traducida “desordenados” en otras Versiones y “desgobernados” en la A.
V., es ataktous, que literalmente
significa “aquellos que no permanecen en el rango”. El Dr. F. F. Bruce dice a
este respecto: “o aquellos que sean trúhanes de comportamiento”, refiriéndose a
los perezosos (Moffatt) que descuidan sus deberes diarios y viven
licenciosamente y ociosos. Los tales son continuamente un foco de conflictos y
deben ser examinados. Tenemos una similar referencia en 2ª Tesal.3:11, 12.
El Apóstol ahora les
recuerda la necesidad del regocijo permanente, la oración incesante y el dar
las gracias, pues esa era la voluntad de Dios para ellos, tal como siempre lo
fue para los creyentes de todas las dispensaciones. Esta es la atmósfera en la
cual la vida Cristiana debería ser vivida, y es además la única en que pueda
florecer. La siguiente instrucción es relativa especialmente a los dones
Pentecostales:
“No apaguéis al
Espíritu. No menospreciéis las profecías. Examinadlo todo; retened lo Bueno”
(vers.19-20).
Los especiales dones
que fueron tan peculiares en el periodo de los Hechos se muestran claramente en
1ª Corintios 12. Fueron ofrecidos por el Espíritu Santo y distribuidos a los
creyentes conforme Dios quiso. El don de profecía era uno de ellos, pues no era
tanto el Espíritu Santo quien pudiera ser apagado, sino el don especial que les
había sido ofrecido. “Los espíritus de los profetas están sujetos a los
profetas” (1ª Corintios 14:32). Ninguno de ellos fue impulsado por irresistible
poder alguno a usar cualquiera de los dones ofrecidos de manera compulsiva.
Podía ser, eso sí, ignorado, y por tanto “apagado”. El aviso a “no apagar el
Espíritu” decía respecto especialmente al creyente vivo en el periodo cubierto
por los Hechos de los Apóstoles. Estos dones no tan solo podían apagarse, sino
que además podían y pueden ser falsificados, y es por eso que a los creyentes
Tesalonicenses se les avisa a que, “examinen todas las cosas”.
Estos significativos
dones no llegaron a ser una bendición sin complicaciones, puesto que le dieron
al Enemigo la oportunidad de realizar su astuta obra copiando e imitando la
obra de Dios para burla. Aquellos que hoy en día anhelan tenerlos de vuelta deberían
recordar este punto y los peligros que conllevan. Por nuestra parte, estamos
agradecidos de ser conscientes que pertenecemos a un llamamiento donde no hay
ninguno, sino que toda bendición es espiritual y se conecta con las riquezas
más altas que los sueños pudieran imaginar, y están asociadas con el Señor
Jesús a la diestra de Dios (Efesios 1:3, 18; 3:16-19).
“Examinadlo todo;
retened lo bueno. Absteneos de toda especie de mal” (vers.21, 22).
Estos dos mandamientos
son evidentemente complementarios. Eidos,
mal, tiene por lo menos dos significados: (1) la apariencia externa; y (2) la clase. La Versión Autorizada se atiene
a (1); la Versión Revisada a (2). Ambos significados son apropiados al
contexto. Retener lo bueno excluye necesariamente todo mal, ya sea en
apariencia o de hecho.
La epístola continúa,
diciendo:
“Y el Mismo Dios de
paz os santifique por complete; y todo vuestro ser: espíritu, alma y cuerpo,
sea guardado irreprensible para la Venida de nuestro Señor Jesucristo”
(vers.23).
Tenemos al Dios de paz
en Romanos 15:33, Filipenses 4:9 y en este contexto. La paz con Dios, y la paz
de Dios es algo maravilloso, ¡pero el Dador debe ser más grande aún que Su don!
Aquí se halla el Santificador, separando a los creyentes para Su voluntad y
protegiéndoles; la Segunda Venida del Señor se tiene en vista todo el tiempo,
puesto que, como ya hemos visto, esta esperanza ocupa y domina la epístola. Es
dudoso si es que el vers.23 pueda ser interpretado como enseñando una tripla
natura para el hombre. Marcos 12:30 podría entonces ser utilizado para enseñar
una cuádruple natura para el hombre, pero sería muy extraño para el contexto si
se toma así. El Apóstol no está queriendo resaltar
una tripla natura. Su objetivo está muy claro: está queriendo que cada creyente
sea preservado vivo y sin mancha al tiempo del retorno y Venida del Señor a la
tierra.
“Fiel es Él que os llama, el Cual también lo hará (o
realizará)” (vers.24).
Pablo está plenamente persuadido de que el poder de Dios
cumplirá todo esto. La epístola se cierra con un pedido de oración de parte del
Apóstol y para él propio. Deja su necesidad para el final, tal como lo hace
también en Efesios (Efesios 6:19). Es bueno darse cuenta que este gran siervo
de Cristo no era tan fuerte e independiente que pudiese descuidar la
intercesión ministerial de otros en su respaldo. La oración que sigue las
líneas de la voluntad del Señor, harán toda la diferencia tal como enseñan
Filipenses 1:9 y Filemón 22 de manera tan evidente. Aquí tenemos el servicio
para el Salvador que tan a menudo se descuida e ignora, tal vez debido a que no
se muestre nada exteriormente en cuanto al intercesor concierne.
Aquellos que estimen la obra Cristiana por lo que denominan “resultados”, no deben sentirse muy
atraídos por un ministerio tan escondido. Pero es un ministerio único y de
vasta importancia en cualquiera de las eras o edades con las que se trate. La
gente de Dios no es algo como un juguete mecánico, controlado, por así decirlo,
por Él y forzado en todo lo que emprende día a día. La vida privada de oración
de cada uno refleja con precisión nuestra condición espiritual y práctica
respuesta hacia la Verdad de Dios.
Pablo concluye encargándoles a los Tesalonicenses que
esta epístola sea leída a todos los creyentes en la asamblea.
“Os conjuro por el Señor, que esta carta se lea a todos
los santos hermanos. La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con vosotros.
Amén” (vers.27, 28).
La palabra “conjuro” es horkizo, “obligar a alguien a jurar o hacer un pacto”. La Reina y
Valera, siguiendo los pasos de los textos críticos Griegos ha puesta la forma
de más fuerza: enorkizo, traducida
“conjurar”. Había evidentemente una importante razón por la cual Pablo emplea
esta solemne palabra urgiéndoles que esta carta fuese leída a cada uno de los
pertenecientes a la iglesia Tesalonicense, aunque nos sea difícil para nosotros
determinar cuál sería. Probablemente, el motivo sería por los que andaban
“desgobernados”, para que pudiesen oír sus avisos.
Y así llegamos al final de la epístola de la “fe, la
esperanza y el amor”, en la cual se registra una fe que estaba siempre en
crecimiento, una esperanza que lucía del todo brillante debido a la posibilidad
cercana del retorno del Señor, y un amor que se mostraba a sí mismo
respondiendo y haciendo la mayor parte del tiempo aquello que fue depositado en
la expansión del Evangelio y la maravillosa gracia redentora de Dios.
2ª TESALONICENSES
CAPÍTULO UNO
La segunda carta a los Tesalonicenses, al igual que la
primera, se dirige a la iglesia de los Tesalonicenses por Pablo, Silvano y
Timoteo. Fue enviada con toda seguridad poco después de la primera misiva.
Probablemente desde Corinto. Cuando el Apóstol enviaba una segunda carta a una
iglesia, se debía normalmente para corregir algún malentendido que surgiera por
la primera, o para expandir algunos aspectos de verdad que no habrían sido
plenamente comprendidos. Ya hemos visto que la primera carta se mueve alrededor
de las gracias de “la fe, la esperanza y el amor”. Tanto la fe como el amor son
mencionados en la introducción a esta segunda carta.
“Debemos siempre dar gracias a Dios por vosotros,
hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe
va creciendo, y el amor de todos y
cada uno de vosotros abunda para con los demás” (1:3).
Pero a medida que vamos leyendo observamos que la
esperanza se pierde, y se debe en gran medida a que algunos han malentendido su
enseñanza concerniente a la Segunda Venida del Señor, posiblemente, habiendo
sido engañados por una supuesta epístola enviada como si fuera suya, de Pablo
(2:2), y es por eso que el Apóstol escribe esta segunda epístola como una
corrección.
Antes de seguir adelante, vamos a exponer la estructura
de la epístola en su totalidad:
2ª Tesalonicenses
A 1:1 y 2 Gracia y Paz
|a 1:3-10
Obligado a agradecer Contados
por dignos
B |
b 1:11, 12 Oración por
vosotros Obra de fe
| c 2:1-12 Os rogamos el Hombre de iniquidad
Su venida y engaño
| a 2:13-15
Obligado a agradecer
Obtención de la gloria
B |
b 2:16 – 3:5 Orad por nosotros Buena obra
| c
3:6-15 Os mandamos Desordenadamente
A 3:16-18 Paz y Gracia.
La sección del medio y que más se destaca es 2:1-12, que
trata con la venida del hombre inicuo, el hijo de perdición y el hacedor de
milagros mentirosos por los cuales lleva a cabo un masivo engaño mundial. La
totalidad del tema se comprime debido a que Pablo ya lo había tratado en
detalle cuando se hallaba entre los santos Tesalonicenses. Ahora se lo está
recordando (2:15), y es la comprensión de un complicado tema profético que hace
con que éste pasaje sea uno de los más difíciles de interpretar en el Nuevo
Testamento.
Volviendo al capítulo uno, el Apóstol los elogia por su
corajosa paciencia soportando la persecución, lo cual era una prueba de la
genuinidad de su fe:
“…nosotros mismos nos gloriamos de vosotros en las
iglesias de Dios, porque vuestra paciencia y fe en todas vuestras persecuciones
y tribulaciones que soportáis” (1:4).
Anechesthe,
soportáis, está en el modo presente, vosotros estáis soportando, mostrando así que la persecución
todavía se estaba dando cuando Pablo escribió. Él se sintió muy conmovido
cuando vio esta práctica demostración de la realidad genuina de su fe, la fe
que se mantiene firme bajo sufrimiento. En la primera carta les había recordado
que eso hacía parte de la voluntad de Dios expresa para ellos.
“Que ninguno se altere por estas aflicciones, pues
vosotros mismos sabéis que para eso fuimos puestos”
“Para que seáis tenidos por dignos del reino de Dios, por
el cual asimismo padecéis” (2ª Tesal.1:5). Aflicciones es la traducción de la
palabra thlipsis, que se emplea
cuatro veces tanto como un nombre o como verbo en este contexto (vers.4, 6 y
7). En Ingles es difícil ponerlo, pues no tienen un verbo que se asocie con la
palabra tribulación. Si traducen thlipsis
“opresión”, entonces de alguna manera ponen:
“Viendo que es algo justo para con Dios recompensar opresión a los que os causan opresión. Y a vosotros que sois oprimidos, daros descanso con nosotros
en el apocalipsis (revelación) del Señor Jesús desde el cielo con Sus poderosos
ángeles…”
La Versión Revisada
preserva la insistencia de estas palabras traduciendo thlipsis “aflicción”, “siendo que es algo justo de parte de Dios
recompensar con aflicción a los que os afligen, y a vosotros que estáis
afligidos daros reposo con nosotros…” Hay una justicia imparcial operando aquí.
El sufrimiento soportado por los creyentes Tesalonicenses sería impuesto por el
Señor sobre sus perseguidores, y esto, dijo el Apóstol, era algo justo. El
apocalipsis o revelación del Señor se les recordaba como la final solución de
sus sufrimientos. Después, a seguir a la tribulación y las aflicciones, habría
paz y descanso.
“Y a vosotros que sois
atribulados, daros reposo con nosotros, cuando se manifieste (apokalupsis) el
Señor Jesús desde el cielo con los ángeles de Su poder, en llama de fuego, para
dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de
nuestro Señor Jesucristo” (vers.7, 8).
Anesis, descanso, es una palabra muy viva que significa
relajación de la tensión, un final súbito y repentino para todas las pruebas y
persecuciones. Este apocalipsis es el mismo acontecimiento descrito en Apoc.19,
Mateo 24:25, 31, (Vea además 1ª Cor.1:7; 1ª Pedro 1:7, 13). No es posible
introducir un secreto venidero en ninguno de estos pasajes. Aquellos que así lo
hagan introducirán tan solo la confusión en el contexto. Ni tampoco es una sana
exposición intentar y hacer la venida, parousia,
la llegada personal o presencia del Señor detallada en 1ª Tesal.4, como si
fuera distinta y separada de Su
revelación aquí en este punto. En 1ª Tesalonicenses los creyentes están
aguardando por el Hijo desde el cielo, y esto se asocia con la theparousia. A los mismos creyentes se
les avisa en 2ª Tesalonicenses que alcanzarían el reposo de los sufrimientos al
tiempo de la revelación del Señor
viniendo del cielo con los ángeles de Su poder, por tanto, estos dos términos
deben referirse al mismo acontecimiento, el cual Mateo 25:31 asocia con Su
llegada sobre la tierra con poder y gran majestad, el Rey de reyes y Señor de
señores de Apocalipsis 19. Los santos Tesalonicenses no podían tener consigo
dos distintas fases del descenso del Señor proveniente de Su presente gloria
como esperanza única y al mismo tiempo.
La revelación del
Señor Jesús no resultaría solamente en liberación y vindicación para los santos
del periodo de los Hechos, sino además, en juicio sobre sus enemigos, aquellos
que no conocen a Dios ni obedecen el evangelio. “Retribución” en el versículo
significa literalmente “impartir venganza”, es una palabra que ya no se emplea
en el griego, y es proveniente de exdikeo,
vengar, o impartir justicia. Este no es el acto de un Dios vengador, sino
de un Dios de justicia que trae
retribución sobre aquellos que estén atrapados en las redes de la mentira del
Babilonismo al final de la era, y que tan gráficamente se describe en el libro
de Apocalipsis. Estos son los que “sufrirán el castigo”, diken tisousin. Tisousin es el futuro de un verbo arcaico tino, y aparece solamente aquí en todo
el Nuevo Testamento. Significa literalmente pagar compensación a un mal acto,
imponer el veredicto o pena. Dike es
derecho o justicia, y era el nombre dado al dios pagano de la Justicia o
Némesis. La frase dice por tanto, “una pena pagarán” y esta paga se describe
como olethron aionion, literalmente
“un duradero tiempo de ruina”.
Olethros aparece tres veces más en el Nuevo Testamento, y
sabios seremos si permitimos que estas referencias maticen nuestra teología y
no al contrario.
“El tal sea entregado
a Satanás, para destrucción de la carne”
(no la totalidad de la persona) (1ª Cor.5:5).
“Cuando digan paz y
seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción
repentina” (1ª Tesal.5:3).
“…muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los
hombres en destrucción y perdición”
(1ª Tim.6:9).
En ninguno de estos casos puede ser puesto el eterno
sufrimiento consciente. En el primer caso, la “destrucción” tan solo se aplica
a la carne, pero el espíritu es salvo en el día del Señor
Jesús (1ª Cor.5:5). El versículo en 1ª Tesalonicenses no enseña que el fuego
del infierno caiga de repente sobre aquellos que en la tierra digan “paz y
seguridad”. El futuro eterno de eso se asienta posteriormente, en el día del
juicio. En la tercera referencia Pablo está avisando a los creyentes contra la
avaricia procurando riquezas y las trampas que provienen de ese curso de
conducta. Observe el lenguaje figurativo empleado – hunden y no quemando a los hombres en destrucción. Debemos tener
cuidado entendiendo Olethros como un resultado, y no un proceso, y considerarlo
en la luz de declaraciones tales como “juicio eterno” (Heb.6:2 y no siendo eternamente juzgado); “eterna
salvación” (Hebr.5:9) y no siendo
eternamente salvados). Es lo eterno, o mejor dicho, es el tiempo de largo efecto y duración de un
hecho o estado lo que se enfatiza. Olethros
aionios no aparece en ningún otro sitio en el Nuevo Testamento, pero lo
hallamos en el 4 Macabeos 10:15: “la eterna destrucción del tirano” es decir,
Antiochus Epiphanes, que de igual manera no comporta el popular concepto del
infierno.
Concerniente a aionios,
el Dr. A. T. Robertson dice: “aionios,
en sí mismo, tan solo significa tiempo
duradero y los papiros e inscripciones lo dan en el pervertido sentido de
la vida del Cesar (vea Milligan)” Word
Pictures in the New Testament. Nosotros creemos que el Dr. Weymouth hizo lo
correcto en su traducción del Nuevo Testamento poniendo aion y aionios como era y tiempo duradero, y esto está de acuerdo con el griego contemporáneo
de los tiempos del Nuevo Testamento. Se puede obtener mucha iluminación y
claridad viendo la revelación del gran
lapso de tiempo subdividido en edades en la Biblia, y todo esto se pierde si es
que lo eterno y eternamente se sustituye. De ninguna manera se haya comprometido
nuestro futuro como creyentes, pues un tal futuro no depende sobre una palabra
como aion, sino que reposa sobre el
hecho glorioso de que el redimido se encuentre permanentemente junto y reunido al Salvador resucitado que
ya no puede volver a morir. “Porque
Yo vivo, vosotros también viviréis” dijo Él. “Cristo, habiendo sido resucitado
de los muertos, ya no muere; la muerte no se enseñorea más de Él” (Rom6:9). Ni
tampoco se invalida este limitado significado de aion y aionios porque se
emplee hablando de Dios y la salvación. Aunque la frase “el Dios eterno” suene
muy sublime, y “el eonian Dios” o el
“Dios de las edades” parezca un pobre sustituto, sin embargo esto está más
cerca de la verdad Escritural, pues este adjetivo no afecta o describe el ser o
los atributos de Dios; antes bien resalta que Él sea el origen o creador del
gran lapso de tiempo, durante el cual Él se halle operando Su gran propósito
redentor. Hebreos 1:2 nos dice que, a través de Cristo, fueron hechas las edades (no el “universo” como tiene la
Reina Valera), e Isaías 9:6 concuerda con esto, describiendo literalmente al
Niño que es nacido como el “Padre (es decir, el Origen) de las edades”, y no
“Padre eterno” (Reina Valera). Cristo es el Dios de los siglos o edades, el eonian Dios, y son las edades o siglos
que producen el lapso en la Biblia. Debido a que sean tan vastos y largos que
no podamos verles su fin, no tenemos el derecho de asumir que sean lo mismo que
eternamente.
Eternamente puede de manera definitiva ser predicho tanto
de Dios como del creyente, pero esto se explica en la revelación Bíblica, y
nada importa en cuánto las palabras “eterno” y “eternamente” sean tenidas en el
lenguaje, la realidad es que no sabemos absolutamente nada del estado eterno,
por el simple motivo de que a Dios no le ha parecido apropiado revelarlo.
Evidentemente, es demasiado enorme para nuestros actuales finitos y limitados
entendimientos, y seremos más sabios que guardemos la exacta declaración de la
Santa Escritura y no permitirle a nuestra imaginación que nos lleve a hacer
conjeturas y especulaciones ociosas.
Existe un falso argumento basado sobre la palabra aionios que se usa algunas veces por los
evangelistas concerniente a Mateo 25:46, “E irán estos (las naciones reunidas
que estén vivas al tiempo del Retorno del Señor) al castigo eterno, y los
justos a la vida eterna”. “Eterno” y “eterna” aquí son traducciones de aionios y deberían haberse
consistentemente traducido por una sola palabra tal como la Versión Revisada
intenta hacerlo. La falsa razón antes mencionada se halla sobre estos
alineamientos: La vida del creyente es eterna; la misma palabra se emplea del
incrédulo, y por tanto el castigo suyo debe ser también eterno, y esto se
mantiene usualmente como significando una eterna
conciencia de tormento y sufrimiento demasiado terrible para la mente
humana poderlo comprender.
A primera vista esto pareciera que suena razonable, pero
existen por lo menos tres falacias por debajo de un tal concepto: (1) Antes que
nada se debe probar por el uso Escritural que kolasis, castigo, signifique una
eterna conciencia de sufrimiento. Vea su única otra ocurrencia en el Nuevo
Testamento en Juan 4:18 (“tormento”), y observe cuidadosamente si se aplica al
salvo o al incrédulo. (2) Esta idea asume y presupone que lo que un limitado
número de humanidad reciba en la Segunda Venida, es decir, ciertas naciones
vivas en ese tiempo, sea cierto además de todos los incrédulos desde Adán en
adelante, y así toma este juicio penal
de Dios para todos los no salvos, asumiendo la resurrección del
perverso, mientras que lo cierto es, que, ninguna resurrección se menciona en
el contexto. Esto no deja de ser sino confundir este juicio (al tiempo de la
Segunda Venida) con aquel distinto juicio posterior y último del Gran Trono
Blanco (Apoc.20). (3) Una falsa deducción se hace por traducir aionios como eterno, mientras que en
ambos casos aionios debería haberse
traducido más exactamente tiempo
duradero, dejando lo que vaya más allá en manos de Aquel Quien, no
solamente hizo las edades, sino Quien está produciendo Su “plan de las edades”
(así traducido literalmente de Efesios 3:11) con su duradero tiempo de salvación, para darle Él un glorioso final, y
entonces vendrá a seguir la actualmente incomprensible maravilla de la
eternidad.
Después de describir el apocalipsis del Señor proveniente
del cielo con Sus poderosos ángeles (un extraordinario acontecimiento referido
en Lucas 9:26, “…cuando Él venga en Su gloria, y en la del Padre, y de los
santos ángeles”, y además en Mateo 24:29-31)
el Apóstol se refiere a eso como un “descanso” para el creyente, el cual
pertenece a la compañía de salvos del periodo de los Hechos, y a una duradera destrucción o privación de la
faz o presencia del Señor, para aquellos que no conocen a Dios ni obedecen al
evangelio (2ª Tesal.1:9). El Profesor F.
F. Bruce hace aquí la siguiente observación: “La destrucción eternal, es decir,
la destrucción de la era venidera, con su decisiva implicación de finalidad, consiste de la exclusión de la presencia del Señor,
con Quien solamente se halla la fuente de
vida”.
Los dos siguientes versículos se ofrecen más exactamente
en la Versión Revisada:
“…cuando Él venga para ser glorificado en Sus santos, y
venga a ser admirado en todos cuantos creyeron (pues nuestro testimonio a
vosotros habéis creído) en aquel día. Al cual final también oramos siempre por
vosotros, para que Dios os tenga por dignos de vuestro llamamiento, y cumpla
todo deseo de bondad y toda obra de fe, con poder; para que el Nombre de
nuestro Señor Jesús sea glorificado en vosotros, y vosotros en Él, de acuerdo a
la gracia de nuestro Dios y el Señor Jesucristo”.
La glorificación y exaltación del Señor Jesús es el
sujeto o tema principal de esta sección. Pablo desea que el Nombre del Salvador
sea glorificado en la presente experiencia de estos creyentes Tesalonicenses, y
no solo eso, sino que dirige sus mentes hacia adelante, a Su Segunda Venida,
cuando Él venga a ser más plenamente glorificado en ellos y se maraville cada
uno viéndole por fin en toda Su grandeza y majestad volviendo como Rey de reyes
y Señor de señores para tomar el gobierno y control de toda la tierra, y ser
además vindicado y exaltado en un mundo que, en su día, le repudió
completamente. Estas palabras describen una sorprendente experiencia, en cuanto
a la realización de la esperanza que cada llamamiento de la gente de Dios debe
ciertamente tener, y fueron palabras suficientes para capacitar a estos santos
sufridores a que se mantuviesen firmes y soportasen hasta el final, y así
exhibir de una manera práctica el hecho de que fuesen contados por dignos de su
llamamiento y del reino de Dios, por el cual estaban sufriendo persecuciones
(versículos cinco y once).
2ª TESALONICENSES
CAPÍTULO DOS
En el capítulo dos el Apóstol analiza las dificultades
que estaban atribulando algunos de los santos, causándoles un concepto
equivocado tanto de su esperanza como de los acontecimientos que antecedían y
guiarían a la Segunda Venida del Señor:
“Pero con respecto a la venida del Señor Jesucristo, y
nuestra reunión con Él, os rogamos hermanos que no os dejéis mover fácilmente
de vuestro modo de pensar, ni os conturbéis ni por espíritu, ni por palabra, ni
por carta como si fuera nuestra, en el sentido de que el día del Señor está
cerca ( o ya está presente R.Y.) (2ª Tesal.2:12).
El tema o sujeto de Pablo sigue siendo la Venida del
Señor: “en cuanto a la Venida”. Aquí se emplea la palabra parousia en vez de apokalupsis
de 1:7, mostrando que ambas palabras describen el mismo glorioso
acontecimiento. Por la forma como recurre al Espíritu de Dios, estas dos
palabras se asocian a los Evangelios y a los Hechos, y además, a las epístolas
escritas por los apóstoles de la circuncisión, Pedro y Juan. Pero no describen
la esperanza del Cuerpo de Cristo, tal como se revela en las epístolas en
prisión de Pablo. Esta peculiar y posteriormente revelada iglesia, como
compañía celestial que es, tiene una esperanza
celestial: una esperanza que tiene lugar y se realiza en el cielo de los
cielos, donde Cristo se halla ahora entronado; y así, por tanto, el aspecto del
retorno del Señor a la tierra que está descrito en las tempranas epístolas
Tesalonicenses, no es su esperanza; y no debemos interponer o introducir, en
estas epístolas, algo que tan solamente iría a ser revelado a través del
prisionero Pablo posteriormente.
“Nuestra reunión con
Él” es episunagoge. Esta palabra
contiene la palabra “sinagoge” en su construcción, y aparece solamente una vez
más en el Nuevo Testamento, esto es, en Hebreos 10:25. En su forma verbal se
emplea siete veces (Mat.23:37; 24:31; Marcos 1:33; y en este segmento de 1ª
Tesal.4:17 donde se pone, “seremos arrebatados para recibir” al Señor en el
aire. El Apóstol ahora señala las causas que estaban siendo malentendidas y
conturbando algunos de los santos. Está preocupado con ellos porque están
“ansiosos” en sus mentes y “atribulados”. Saleuo,
“conturbados”, también significa estar ansiosos o agitados, provocándoles
que fuesen zarandeados o sacudidos como
una caña (Mat.11:7); también se emplea de que, la tierra sea sacudida (Heb.12:26). Throeomai (de throos, clamor,
tumulto) significa “estar en un estado de excitación nerviosa” (A. T.
Robertson). En ambos casos, este estado mental se lleva a cabo por manos del
enemigo, quien siempre está tratando de perturbar la paz y la confianza del
creyente: “Tanto por espíritu, o por palabra, o por epístola como si fuese
nuestra”. Aquí se hallaban los medios que Satán usaba: falsas revelaciones
provenientes de espíritus inmundos, maquillando los dones espirituales de la
profecía, y haciéndolas pasar como si hubiesen sido proferidas directamente por
el Espíritu Santo (1ª Cor.12); otro medio sería una supuesta “palabra” o reseña
proveniente del Apóstol tergiversada; o una carta falsificada pretendiendo ser
de su proveniencia. A través de estos medios se estaba propagando que, “el día
del Señor, ya se había presentado”
(vers.2 Versión Revisada según los mejores textos griegos). No se trata ni dice
“el día de Cristo”, como pone la Versión Autorizada, sino que refiere del gran Día profético del Señor, del
Antiguo Testamento; un Día cuando Dios intervenga en todos los asuntos de este
mundo en juicio. La primera
ocurrencia de este profético periodo está en Isaías 2:12, 17, 19 (vea además
Isaías 13:6-13; Jeremías 46:10; Joel 1:15; 2:1, 2; 3:14; Amos 5:18-20). Algunos
comentadores cometen el error de usar el Día del Señor y la Segunda Venida de
Cristo como si fuesen términos intercambiables. Y consecuentemente, una vez que
Pablo aquí enseña de manera definitiva que el Día del Señor no estaba presente
todavía, y que ciertos acontecimientos debían suceder primero, ellos aseguran
que la Segunda Venida de Cristo no estaba inminente o que fuera posible
entonces, y que el Apóstol no enseña eso. Sin embargo, sí que lo enseñó, e
igualmente enseñaron Pedro, Santiago y Juan en sus epístolas escritas durante
este periodo:
“El fin de todas las
cosas se acerca (o está a la mano)” (1ª Pedro 4:7).
“La Venida del Señor está cerca…el Juez está a la puerta” (Santiago 5:8-9).
“Es el último tiempo (literalmente la última hora)…y ahora han surgido
muchos anticristos, por eso sabemos que es el
último tiempo (hora)” (1ª Juan
2:18).
A estos pasajes deben
añadirse los siguientes en 1ª Corintios, Romanos, y Hebreos:
“…de tal manera que
nada os falta en ningún don, esperando la
manifestación de nuestro Señor Jesucristo” (1ª Cor.1:7).
“…el tiempo es corto: Resta, pues, que los que tienen esposa sean
como si no la tuvieran” (1ª Cor.7:29, y sin embargo a seguir al periodo de los
Hechos el Apóstol urge a las viudas a casarse – 1ª Tim.5:14)”.
“Maran-atha; el Señor Viene (al margen de 1ª Cor.16:22).
“Porque aún un
poquito, y el que ha de venir vendrá, y
no tardará” (Heb.10:37).
“El Dios de paz
aplastará en breve a Satanás bajo vuestros pies” (literal. Rápidamente Romanos 16:20).
“Y estas cosas les
acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a
quienes han alcanzado los fines de los siglos” (literalmente, a quienes los fines de las eras ha llegado, 1ª
Cor.10:11).
El testimonio
combinado de estos pasajes es muy claro y definitivo. Los creyentes en este
tiempo estaban siendo exhortados a dejar para atrás cualquier cosa que
estrangulase o viniera a ser un peso en vista de la proximidad de la Venida del
Señor, y se extiende además al matrimonio. Se les exhortaba a mantenerse firmes
soportando persecuciones, pues no supondrían más que “leves y momentáneas
tribulaciones pasajeras y de muy corto plazo”, hasta que el Señor retornase en
breve dándoles liberación. A nadie podría consolarle soportando la disciplina
de sufrimientos en aquel tiempo si se le señalase un acontecimiento que podría
ser tan futuro, aun para nuestros días actuales. Podrían haber sido exhortados
a fortalecerse en el Señor - en su respaldo siendo asistidos; pero difícilmente
les daría consuelo señalarles a Su Segundo Adviento, si es que este evento
pudiera no venir a suceder ¡hasta pasados unos 2000 años! El Apóstol no afirma
que la Segunda Venida del Señor fuese segura en los consejos de Dios, ni daba
la certeza que tendría lugar en el tiempo de vida de los creyentes entonces
vivos, sino que eso era algo bien posible, siendo que la única condicional
“si”, recaía sobre el arrepentimiento o no de Israel y su conversión (Hechos
3:19-26), el mismo acto que ya había
sido públicamente requisado por el Apóstol Pedro. Precisamos vernos libre de
dos puntos de vista extremos , pues los dos están equivocados: (1) que ni Pablo
ni los demás escritores del Nuevo Testamento enseñaron que la venida del Señor
era y estaba inminente; (2) que la Segunda Venida iría a tener lugar en aquel
tiempo definitivamente y sin condiciones. Tenemos que recordar, que, aquello
que esté “cercano”, puede alejarse y ser puesto de parte, si es que Señor
considere apropiado y Sus condiciones no se llevan a cabo. Tal como sucede con los propósitos del Reino terrenal,
así ocurre con el Retorno visible del Señor, el cual se conecta tan íntimamente
con su asentamiento, esto también pudo proclamarse como estando “cercano”, si
es que Israel obedeciese el Divino mandamiento a arrepentirse y volverse para
Dios, o a quedar pospuesto si se recusasen a realizarlo.
Pablo ahora declara que, el profético Día del Señor, no
tendría lugar hasta que ciertos acontecimientos sucedieran primero. Estos
eventos son: (1) la apostasía; (2) la revelación del hombre de pecado, el hijo
de perdición. No debemos confundirnos pensando que debe transcurrir un largo periodo antes
que todo esto sea posible, ni tampoco pensando que estos acontecimientos
demoren mucho tiempo a correr todo su curso cuando comiencen a ponerse en
marcha. El escenario de inicio ya se puso en operación en el periodo de los
Hechos para que tales condiciones se desarrollasen desde entonces. Una era o
edad que pudo producir un monstruo tipo Nerón, podía también haber producido
una Bestia salvaje del tipo de Apocalipsis 13,
y el episodio de Herodes en vestiduras reales, ganándose honores Divinos
(Hechos 12), no deja de ser sino tan solo un cuadro de los acontecimientos que
este capítulo en el Apocalipsis describe. El Apóstol escribió:
“Nadie os engañe en
ninguna manera; porque no vendrá (el Día del Señor) sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de
pecado, el hijo de perdición, el cual se opone y se levanta contra todo lo que
se llama Dios o es objeto de culto; tanto que se sienta en el templo de Dios
como Dios, haciéndose pasar por Dios. ¿No os acordáis que cuando yo estaba con
vosotros, os decía esto?” (2ª Tesal.2:3-5).
Aquí comienza ahora un
pasaje de Escritura que es extremamente difícil de interpretar. Ha sido
denominado por los expositores “el pequeño Apocalipsis”, puesto que da en forma
abreviada mucha de la enseñanza del Libro del Apocalipsis, siendo que, la razón
para eso, se deba a que Pablo ya les había expuesto el tema en su ministerio
oral, y, por tanto, no había necesidad para minuciosos detalles ahora cuando
les escribía. Nosotros, claro está, no tenemos los dichos del ministerio del
Apóstol tratando este sujeto en su plenitud, y así se nos levanta un obstáculo.
La única segura ayuda que podemos obtener será ciertamente comparando Escritura
con Escritura, y procurando entender el objetivo del Espíritu Santo, y si
obtenemos eso, ya tenemos todo lo necesario, aunque no seamos capaces de
comprender plenamente todo lo que esté latente en este pasaje.
Tal como el Señor
Jesús, cuando se refirió a los eventos que darían lugar a Su Segunda Venida,
registrado en Mateo 24, avisó a sus seguidores para que nadie les engañase
(vers.4, 6 y 24), así aquí, el Apóstol, avisa a los Tesalonicenses para no ser
“engañados” (2:3). La Profecía ha sido
siempre el feliz coto de caza del charlatán espiritual, y el más grande de los
cuidados es necesario cuando procuremos exponerla o comprenderla. Si tenemos
cuidado y retenemos exactamente lo que la Escritura nos diga, no podemos
equivocarnos. Las teorías de los varios proféticos escolares no deberán
afectarnos para nada, siempre que pisemos el suelo firme de la verdad revelada,
con el debido respeto al contexto que tengamos bajo nuestros pies.
Pablo ahora declara
explícitamente que el Día del Señor no tendrá lugar hasta que la apostasía se
asiente. La palabra griega apostasia es
una forma arcaica de apostasis. La
Septuaginta la emplea para “rebelión” en Josué 22:22. También se emplea en los
Apócrifos concerniente a Antiochus Epiphanes que fue obligado a apostatar del
Judaísmo en favor del Helenismo. La única ocurrencia además de esta, se halla
en Hechos 21:21:
“…que enseñas a todos los Judíos que están entre los
Gentiles a apostatar de Moisés…”
La idea por detrás de la palabra es “rebelión” o
“revuelta”, una deliberada separación o alejamiento de la verdad, y esto está
obviamente en directo contraste y antagonismo al concepto común cristiano de
que el mundo vaya yendo mejor y mejor gradualmente antes del retorno de Cristo.
Prácticamente, cada contexto en el Nuevo Testamento que trata con las
condiciones previas al Segundo Adviento, retratan estos eventos como siendo
rotundamente tenebrosos, y ponen de relieve la oscuridad y el alejamiento de
los parámetros Cristianos. Esto está de acuerdo además con la enseñanza
concerniente al Día del Señor en el Antiguo Testamento. Esta tal condición,
declara el Apóstol, estará vigente y arraigada antes del Día del Señor. El siguiente acontecimiento sería la
revelación del hombre de pecado, el hijo de perdición. Apokalupto, revelar, nos da la palabra “apocalipsis”, y aparece en
los versículos tres, seis y ocho. Es la misma palabra que se emplea de la revelación de Jesucristo, el Segundo
Adviento del Señor, tanto como un nombre como verbo, y tanto puesto así por
Pedro como por Pablo (1ª Cor.1:7; 1ª Pedro 1:7, 13; 4:13), significa
literalmente “quitar un velo” o “desvelar”, y observamos que todos los grandes
acontecimientos conectados con el Retorno del Señor son falsificados por Satán:
la Cruz y la Resurrección (Apoc.13:3, 12; 17:8) y aquí la Segunda Venida.
La frase, “el hijo de perdición”, ya la había empleado el
Señor refiriéndose a Judas Iscariote (Juan 17:12), y por eso algunos se
imaginan que el hombre de pecado será Judas Iscariote resucitado. Nosotros
pensamos que no hay evidencias suficientes Escriturales para tal cosa, sino que
el hombre de pecado sea probablemente uno de los dos Satánicos personajes de
Apocalipsis 13, allí retratado como la bestia salvaje.
Otros han interpretado este pasaje como siendo relativo
al emperador Gayo, quien en el año 40 después de Cristo se esforzó intentando
adjudicarse el estatuto para erguirse en el Templo de Jerusalén. Sin embargo,
este no fue sino un evento más, característico del periodo de los Hechos de los
muchos que muestra. Ciertamente no cumple 2ª Tesalonicenses 2:4. En Su gran
discurso pronunciado en el Monte de los Olivos y tal como registra Mateo
veinticuatro, uno de los acontecimientos descritos por el Señor Jesús como
precursor a Su Segunda Venida, es la “abominación desoladora” (Mat.24:15). Esto
marca el comienzo del gran tiempo de persecución, conocido como la Gran
Tribulación, y el remanente de fieles Judíos es avisado a escapar a las
montañas tan rápidamente cuanto sea posible.
Lo cierto y seguro es que el dictador mundial de Satán
del fin de esta era procurará los honores Divinos, y vendrá a recibirlos de
manos de la gran mayoría de habitantes mundiales (Apoc.13:3, 4, 8), el libro
del Apocalipsis deja ver claramente que es Satán, quien recibe finalmente esta
adoración, la cual ha estado anhelando desde su caída.
Ahora continuamos con los versículos de seis a nueve que
se revisten con dificultades de interpretación:
“Y ahora vosotros sabéis lo que lo detiene, a fin de que
a su debido tiempo se manifieste. Porque ya está en acción el misterio de la
iniquidad; solo que hay al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea
quitado de en medio. Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor
matará con el espíritu de Su boca, y destruirá con el resplandor de Su venida;
inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y
prodigios mentirosos”. (2ª Tesalon.2:6-9).
Está claro por este pasaje que algo, y alguien,
obstaculizan o mantienen en jaque la revelación del hombre de pecado. Han
existido variadas explicaciones de este segmento, tales como:
(1)
El Imperio
Romano.
(2)
El
Espíritu Santo.
(3)
El Estado
Judío.
Con respecto a la explicación (1), contiene un elemento
de verdad. Desde el comienzo, en la experiencia Cristiana del Apóstol, el poder
imperial le había más bien protegido su vida en vez de perseguir su mensaje.
Como ya hemos visto, era su propia nación, Israel, quien continuamente se
oponía y le perseguía sin treguas. En más de una ocasión, Pablo tuvo motivos
para estar agradecido por las autoridades romanas, pues restringieron la
violencia con que se oponían estos Judíos a la verdad por él proclamada. Pero
en poco tiempo, Roma, no tardó en producir aquel monstruo: Nerón, a quien
muchos de la temprana Cristiandad identificaron con la Bestia. Nerón apareció
en escena antes de que el Apóstol Pablo acabase su testimonio, exhibiendo los
mismos tratos del impío dictador del fin de la era, y de ahí que Roma
difícilmente pudiese ser el cumplimiento de este pasaje que trata con la
restricción del hombre de iniquidad y sus terribles actos. En cualquier caso,
el Imperio Romano ha pasado a la historia hace muchos siglos y el inicuo
todavía no se ha revelado.
(2)
El
Espíritu Santo. Algunos expositores evangélicos adoptan este punto de vista,
pero cuando uno se pregunta cuál sea la base Escritural que hay para eso, se
quedan en blanco, pues no hay ninguna. Se asume que cuando la Iglesia sea
raptada, el Espíritu Santo abandonará la tierra; pero si esto fuese cierto,
significa que los creyentes tipo el fiel remanente Judío, que estarán vivos y
pasando a través de este terrible periodo, serán aquí abandonados sin la
protección del Espíritu Santo. El Señor Jesús lo describió diciendo que era un
tiempo de “gran tribulación, como nunca
había habido antes desde el comienzo del mundo hasta ahora, ni lo habrá después”
Y nos dice, además, que, de no haber sido acortado, ninguna carne se habría
salvado (Mat.24:21, 22). En otras palabras, es el tiempo más terrible y
desesperado de tribulación en toda la historia del mundo. Si es que hubiera un
tiempo para los que determinen ser fieles a toda costa, aun pagando con su
vida, en el cual precisasen más al Espíritu Santo, es justo en este tiempo. Así
que repudiamos este tipo de interpretación, pues carece de toda base Escritural
y además impensables.
(3)
El Estado Judío. B. B.
Warfield adopta este punto de vista. Escribe lo siguiente:
“Tan pronto como se completó la apostasía Judía y
Jerusalén fue hollada y ofrecida a los Gentiles…la separación del Cristianismo
del Judaísmo, la cual ya había comenzado antes, pasa a ser evidente a cada uno;
el conflicto entre la nueva fe y el paganismo, y culminando en la adoración
casi exclusiva del Emperador entonces vivo, llega a ser intensa; y al poder
persecutorio del imperio se le dio inevitablemente rienda suelta” (Estudios
Bíblicos y Teológicos).
Pero, como hemos visto, la gran mayoría de la nación
Judía no refrenaba el mal, sino todo
lo contrario, “Todo el día extendí Mis manos a un pueblo rebelde y
contradictor” (Rom.10:21) es el comentario de la perversa actitud de Israel
hacia Él, y Su paciente actitud hacia ellos durante el periodo de los Hechos.
Hay, además, otra interpretación de este difícil pasaje
que tiene el mérito de procurar la explicación en las palabras de la Escritura,
lo cual, después de todo, es el único camino seguro a emprender. Antes que
nada, observemos que el verbo traducido “detiene” en el versículo seis y siete
es katecho. La Versión Revisada
traduce en ambos casos “refrenar”. Katecho
significa “sujetar con firmeza, retener con fuerza”, y aparece diecinueve
veces en el Nuevo Testamento. No disponemos del espacio necesario para citar
todas las referencias, pero daremos una representativa selección, dejando a los
que quieran procurar la verdad que investiguen todos los demás casos por medio
de una concordancia:
Que detienen con
injusticia la verdad (Rom.1:18).
Por haber muerto para aquella que estábamos sujetos (Rom.7:6).
Mas poseyéndolo
todo (2ª Cor.6:10).
Retened lo bueno (1ª Tesal.5:21).
Yo quisiera retenerle
conmigo (Filemón 13).
Si retenemos firme hasta
el final la confianza (Heb.3:6).
Con tal que retengamos
firme hasta el fin (Heb.3.14).
Mantengamos firme, sin
fluctuar la profesión de nuestra esperanza (Heb.10:23).
Así, pues, “sujetar firmemente” sería una buena
traducción de esta palabra griega. Pero debemos preguntarnos: “¿Qué es lo que sujeta firmemente al
hombre de pecado, y quien es aquel
que sujeta firmemente ese objeto?” (Versículo siete), porque katecho es un verbo transitivo y tiene
que tener un objeto. Se omite por la figura Elipsis, pero debería ser suplido
para completar el sentido. La respuesta a nuestra primera pregunta se halla en
Apoc.9:1, 2 y 11:17. El hombre de pecado, que Satán inspira personalmente, es retenido firmemente en el “abismo” hasta
su “debido tiempo” o el tiempo de su manifestación para el mundo.
La segunda cuestión encuentra su respuesta en Satán,
quien retiene con seguridad su posesión en las regiones aéreas (vea Efesios
2:2) hasta que él propio sea de allí quitado o removido. Apocalipsis 12:7-17
nos describe la manera cómo esto se lleva a cabo: Hay una batalla en el cielo:
Miguel y sus ángeles luchan contra Satán y los ángeles caídos bajo su control,
y el Engañador es lanzado a la tierra con los terribles resultados que culminan
en la Gran Tribulación. Cuando esto suceda, y como un último y desesperado
asalto final, Satán llama y levanta a este hombre proveniente del abismo, el
cual, durante un corto espacio de tiempo, pasa a ejercer su dominio sobre todo
el mundo, recibiendo con eso Satán, tal como ya hemos visto, la adoración
mundial a través de la Bestia.
Todo esto es lo que Pablo les había explicado en detalle
a los creyentes Tesalonicenses, pues él dice: “¿No os acordáis que cuando
estaba con vosotros, os enseñé todas estas cosas?” Teniendo en cuenta lo que hemos visto del
empleo de katecho, los siguientes
versículos podrían haberse traducido como lo explicamos en paréntesis:
“Y ahora vosotros sabéis lo que (objeto) lo detiene (al hombre de pecado), a fin de que a su
debido tiempo se manifieste (esto es, el abismo). Porque ya está en acción el
misterio de iniquidad; sólo que hay quien
(Satán) al presente lo detiene (las regiones aéreas), hasta que él sea quitado
del medio (siendo lanzado a la tierra, Apoc.12:9-12) y entonces se manifestará
aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu (o aliento) de Su boca, y
destruirá con el resplandor (epiphaneia)
de Su venida”.
El Apóstol, describiendo la destrucción del inicuo, tiene
evidentemente a Isaías 11:4 en mente:
“Y herirá a la tierra (o al opresor) con la vara de su boca, y con el espíritu de Sus labios matará al
impío, (o al perverso).”
Será necesaria la
gloriosa Venida del Señor y todo Su gran poder para destruir este ser
sobrenatural. Nosotros estamos persuadidos que está por encima de toda
capacidad del hombre realizar algo así. Además, eso explica que Escrituras del
Antiguo Testamento, tales como la profecía de Daniel, traten de cierta manera
misteriosa con el final de este perverso. En Daniel 11:44, 45, la Versión
Revisada dice así:
“Pero noticias
provenientes de oriente y del norte lo atemorizan; y saldrá con gran ira para
destruir y matar a muchos. Y plantará las tiendas de su palacio entre los mares
y el monte glorioso santo; más llegará a
su fin, y no tendrá quien le ayude”
Pero el profeta no nos
cuenta ni describe cómo llega a su
fin. Eso se deja para que sea 2ª Tesalonicenses a revelarlo.
Pablo emplea aquí la
palabra epiphaneia, la cual nos da
nuestra palabra castellana Epifanía. La
emplea en una vía adjetiva con la palabra parousia,
la cual, como ya hemos visto, es la palabra que caracteriza la esperanza del
periodo de los Hechos, la venida de vuelta sobre esta tierra en poder y gran
gloria. Parousia no vuelve a
utilizarla el Apóstol después de Hechos 28, sino que a partir de ahí emplea epiphaneia, manteniéndola desde entonces
en adelante, y generalmente traducida “aparición”, para enfatizar la nueva esperanza del Cuerpo de Cristo que
se conecta, no con el aire, sino con la gloria del más alto de los cielos,
donde ahora se halla el Señor entronado; y esta iglesia se ve posicionalmente
en Él (Efesios 2:6). 2ª Tesalonicenses es, por tanto, la única ocurrencia de epiphaneia anterior a Hechos 28, y aquí
no se emplea en una vía paralela, sino en una descripción de la majestuosidad
del Segundo Adviento del Señor a medida que va descendiendo a la tierra. La
maravilla de la revelación de Su gloria en el más santo de los cielos que es la
esperanza del Cuerpo se asocia, está por encima, y va más allá del poder de las
palabras para describirla adecuadamente. Se precisa la iluminación del Espíritu
Santo (Efesios 1.17, 18), pues sobrepasa a todo cuanto sea terrenal.
Observamos que Pablo,
bajo la guía del propio Espíritu Santo, no duda al emplear parousia para la venida del perverso impío.
“Aquel inicuo, cuya
venida (parousia) es por obra de
Satanás, con todo poder, y señales y maravillas mentirosas (literalmente)”.
Satán no es el creador, pero sí es un maravilloso
imitador. Tiene poder para copiar y maquillar las básicas verdades de la
Cristiandad para atrapar y engañar al mundo entero al tiempo del fin. La muerte
de Cristo, la resurrección y la venida de nuevo son copiadas por Satanás,
actuando a través de la Bestia:
“Vi una de sus cabezas como herida de muerte, pero su
herida mortal fue sanada; y se maravilló toda la tierra en pos de la
bestia” (Apoc.13:3).
“La bestia que has visto, era, y no es, y está para subir del abismo…y los
moradores de la tierra, aquellos cuyos nombres no estén escritos desde la
fundación del mundo, se asombrarán viendo la bestia que era y no es, y será” (Apoc.17:8).
Aun mismo las palabras de 2ª Tesalonicenses 2:9,
describiendo el adviento del inicuo, son las mismas empleadas del Espíritu
Santo y Sus dones milagrosos:
“Testificando Dios juntamente con ellos, con señales y
prodigios y diversos milagrosos y repartimientos del Espíritu Santo según Su
voluntad” (Heb.2:4).
Todos estos Satánicos acontecimientos son el clímax del
perverso sistema descrito en la Palabra de Dios como la mentira, proveniente del Engañador al tiempo de su caída, y en
enemistad directa con Dios y la verdad personificada en Cristo. La gran batalla
de las edades ahora deja de lado su forma “misteriosa” o secreta obra y se vuelve visible. Hay dos misterios o
secretos aliados a estos ejércitos enemigos, y ambos son resueltos en una
persona: La Bestia, cuando se manifieste sobre la tierra en su tiempo apropiado,
es el propio Satán personificado (Apoc.13), o el Mesías Satán, o el misterio
del inicuo revelado. En oposición a esto tenemos al Señor Jesucristo, Quien es
el Misterio o Secreto de Dios (Colos.2:2). Aquellos que juzgan que los milagros
son necesariamente una prueba de que la obra es de origen Divino, van a escapar
muy malamente en este periodo de la historia. Satanás, hasta un cierto punto,
puede operar milagros, aunque sean milagros engañosos con el objetivo único de:
pervertir. ¡Cuán grande es esta decepción!
Ahora puede ser apreciada en toda su magnitud, y entendemos como muy
necesario el aviso del Señor cuando estaba hablando de este mismo tiempo:
“Porque se levantarán falsos Cristos, y falsos profetas, y demostrarán grandes señales y maravillas,
y así arrastrar con ellas, si les fuera posible, aun mismo a los electos
(literalmente)” (Mat.24:24 R.V.).
El Apóstol confirma esto con las palabras:
“Y con todo engaño de
iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la
verdad para ser salvos. Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que
crean la mentira: a fin de que sean
condenados todos los que no creyeron a la verdad, sino que se complacieron en
la injusticia” (2ª Tesal.2:10-12).
Habiendo sido engañados por los milagros satánicos, estos
ignorantes aceptarán voluntariamente la
mentira, que es su sistema de maldad dirigida contra Cristo, y repudiarán
la verdad, poniéndose así a ellos propios bajo el Juicio de Dios. Se comportan
del mismo modo que las naciones más antiguas, que “cambiaron la verdad de Dios
por la mentira” (Rom.1:25). Al final,
Satán consigue alcanzar lo que había estado anhelando desde su caída, la
adoración mundial, aspirando a la posición de Dios, Quien tan solamente detiene
el derecho a recibirla.
¡He aquí, cuán breve periodo de triunfo tiene! A lo
máximo podrá ser de 3años y 1\2 - la última semana de las setenta de Daniel, y
entonces el retorno de Señor Jesús Cristo como Rey de reyes y Señor de señores
quiebra esta terrible pesadilla, destruye al hombre de pecado, y el Engañador
es llevado cautivo y aprisionado durante cerca de mil años (Apoc.20:3) en el
abismo. Estos son los acontecimientos que debieron haber sido explicados por el
Apóstol Pablo en su ministerio oral a los creyentes Tesalonicenses. Hoy en día
podemos juntar sus piezas comparando Escritura con Escritura y procurando la
guía del Espíritu.
Ahora comenzamos una
nueva sección de la epístola que tiene su balance con 1:3-10 en la estructura
de la siguiente manera:
A 1:3-10 Obligado a agradecer. Contados por dignos.
A 2:13-15 Obligados a agradecer. Obteniendo la Gloria.
El Apóstol, recordando
a los creyentes Tesalonicenses con su lealtad y celo dando a conocer la verdad,
dice:
“Pero nosotros debemos
dar siempre gracias a Dios respecto a vosotros, hermanos amados por el Señor,
de que Dios os haya escogido desde el
principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe
en la verdad; a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la
gloria de nuestro Señor Jesucristo” (2ª Tesal.2:13, 14).
Pablo de manera
evidente se siente en deuda y agradece al Señor por esta iglesia que, de todo
corazón, responde a la verdad. A seguir, pensando que sea el propósito de Dios,
regresa al “principio” y de aquí se extiende hasta el final, cuando su
esperanza venga a realizarse: “la obtención de la gloria de nuestro Señor
Jesucristo”, en Su Segunda Venida a la tierra. J. Denney escribe lo siguiente: “Los
versículos catorce y quince de este capítulo son un sistema teológico en
miniatura. La oración agradecida del Apóstol cubre toda la obra de salvación,
desde la eterna elección de Dios hasta la obtención de la gloria de nuestro
Señor Jesucristo en el mundo venidero”.
¿Qué querría decir el Apóstol por “desde el principio”? Si
se estuviera refiriendo a los más tempranos días de su predicación en
Tesalónica, deberíamos esperar que hubiese dicho algo como “el principio del
evangelio” (Filip.4:15). Pero así como está, sin duda significa la selección de Dios al principio de Su gran propósito redentor.
Sin embargo, hay una traducción alternativa muy interesante. “desde el
principio” es ap´arches. La Versión
Revisada al margen dice, “muchos autores antiguos lo leen `como primeros
frutos´”. Esto sería aparchen, que es
muy similar a ap´arches. Aparchen es
la palabra que adopta también el texto Griego Nestlé, y el significado estaría
así en línea con Santiago 1:18:
“Él, de Su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de
verdad, para que seamos primicias de
Sus criaturas”
Esto describe de manera efectiva lo mismo que las
iglesias Pentecostales tenían, es decir, una primicia o primeros frutos del reino terrenal. La larga paciencia
de Dios todavía aguardaba por la obediencia del pueblo de Israel para
“arrepentirse y volverse a Él”, tal como había ordenado por labios de Pedro
(Hechos 3:19-26). Aquellos que respondieron estaban deseando la venida del
reino sobre la tierra. De haber sido obediente toda la nación, aquel reino
podría haber venido, y con él la bendición mundial a través de Israel como el
reino de sacerdotes, el medio Divino de bendición.
La palabra “salvación” en este contexto no puede
restringirse a la salvación del pecado. El Apóstol asocia con ella la
santificación producida por el Espíritu, una separación de la esfera satánica
del dominio y del engaño que han descrito los previos versículos, y él añade “y
creencia de la verdad”. Esto está en tajante oposición a “la mentira” y a sus
manifestaciones milagrosas y maravillas producidas a través del poder de
Satanás por el hombre de pecado, y aquellos que sean engañados y no “amen la
verdad”, sino que viva y voluntariamente la repudian. Los fieles creyentes
Tesalonicenses serían preservados para salvación en la Venida del Señor.
El Apóstol continúa:
“Así que, hermanos,
estad firmes, y retened la doctrina que habéis aprendido, sea por palabra, o
por carta nuestra” (vers.15).
Así que, ara oun, es la conclusión práctica para
los versículos precedentes. “De acuerdo entonces a lo visto, estad firmes”. Steko, que se deriva del modo perfecto activo de histemi, “permanecer”, en su uso del
Nuevo Testamento generalmente tiene el significado de estar firmes en pie y no vacilar:
“Estad pues firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres”
(Gál.5:1).
“…oiga de vosotros que estáis firmes en un mismo
espíritu…” (Fil.1:27).
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes en el Señor” (Fil.4:1).
Krateo se traduce generalmente “prender” (Marcos 3:21; 6:17;
12:12). Significa tener las riendas sobre algo, y, en este contexto sería,
“prender con firmeza o retener” las
tradiciones que los creyentes Tesalonicenses habían aprendido. Paradosis (tradición) es un término que
suena bastante mal a oídos de muchos estudiantes Bíblicos. El Señor Jesús
reprendió solemnemente a los Fariseos que repudiaban y anulaban la Palabra de
Dios por sus tradiciones (Marcos 7:9,
13). Tanto Pablo como Pedro conocían bien su poder cegador:
“…perseguí la iglesia de Dios…siendo mucho más celoso de
la tradición de mis padres”
(Gál1:13-14).
“…vuestra vana manera de vivir, la cual recibisteis (por tradición) de vuestros
padres” (1ª Pedro 1:18).
Esta “Paradosis” es una de las más poderosas armas en
manos de Satán para cegar los ojos y velar la verdad tanto a los creyentes como
a los incrédulos. Cuántas veces hemos aceptado y dado como verdad ciertas
cosas, no porque hayan sido personalmente comprobadas por la Palabra de Dios y
halladas que sean verdad, sino porque “los Cristianos generalmente creen tales
cosas”, o así son “enseñados por esta denominación o por aquella”, o porque sus
padres las creyeron etc., etc. Así es la tradición, y muy a menudo, los
creyentes no solo están listos para recibir tales ideas como verdad, sino que
además se oponen frontalmente contra los que se dan al trabajo de procurar las
Escrituras y examinarlas, y hayan visto que muchas de ellas eran falsas y
estaban totalmente equivocadas. Esta tradición mantiene prendidos a muchos
creyentes en un círculo vicioso, y tal como dijo el Salvador, anula la Palabra
de Dios y la vacía de su real importancia. ¡Cuán urgente es que seamos librados
de la tradición! No se puede dar ningún progreso en el conocimiento de la
Verdad mientras permanezcamos en una tal esclavitud.
Sin embargo, en el contexto que estamos considerando, la
tradición se emplea en un buen sentido. Paradosis
y pararidomi refiere lo que se deposita en manos a alguien. Muy
aproximado con esto se halla el verbo griego paralambano, “recibir de vuelta”, y ambas palabras se emplean por
el Apóstol en 1ª Cor.11:23:
…pues he recibido (parelabon)
del Señor lo que os declaré (paredoka)…
Antes que el Nuevo Testamento se concluyese, las primeras
iglesias se basaban sobre el ministerio oral de los apóstoles, los cuales, por
su vez, habían recibido del Señor Jesús, o bien en los días de Su carne, como
los ministros de la circuncisión, o proveniente de Él en resurrección, como el
Apóstol Pablo. Hubo, por tanto, una fiel continuidad en la transmisión de la
Verdad oral. Con la totalidad del Nuevo Testamento concluido, la Palabra de
Dios pasó a ser en su totalidad la base única para la fe cristiana, y cualquier
adición o sustracción no deja de ser sino meramente palabra de hombre o
tradición, algo a ser abolido a toda costa.
Antes que la epístola termine, Pablo emplea la palabra
“tradición” una vez más en un buen sentido:
“Ahora os mando, hermanos en el nombre de nuestro Señor
Jesucristo, que os apartéis de cualquier hermano que ande desordenadamente y no
según la tradición que habéis recibido de
nosotros (literalmente)” (3:6).
Es obvio, por tanto, que debemos tener cuidado en nuestra
consideración y trato de la “tradición”, aprendiendo a dividir correctamente la
verdadera de lo falsa.
El Apóstol ahora intercede con una oración para que los
santos Tesalonicenses sean consolados y afirmados, recordándoles el eterno amor
y consolación del Señor Jesucristo y Dios nuestro Padre, y la buena esperanza
que tenían a través de la gracia (vers.16), el hecho de la gracia resalta que
esta salvación fue algo completamente inmerecido de su parte.
2ª TESALONICENSES
CAPÍTULO TRES
Habiendo orado por ellos, ahora es él propio quien
requiere oraciones para sí y para su testimonio:
“Por lo demás. Hermanos, orad por nosotros, para que la
Palabra del Señor corra y sea glorificada, así como lo fue entre vosotros”
(3:1).
El modo del verbo “orar” es presente, y significa
“mantenerse en oración”. Las intercesiones compulsivas por otras personas son
inútiles. La oración efectiva es una obra, una labor, como Epafras bien sabía
(Col.4:12), y debe ser persistente para ser de valor duradero. Es costosa tanto
en tiempo como en esfuerzo. El Apóstol conoció muy bien la oposición del
maligno, operando en gran medida a través de sus enemigos Judíos, y por eso
pide, para que la Palabra de la verdad pueda “correr” sin obstáculos y ser
glorificada llevando a cabo el propósito de Su Divino Autor. Este “correr” nos
recuerda el Salmo 147:15:
“Velozmente corre Su
Palabra”.
En este contexto
obtenemos un ejemplo más de la mezcla entre la oración con el resultado del
plan de Dios. Desde un cierto punto de vista, podemos decir que ciertamente fue
la voluntad de Dios que Su Palabra corriera y prosperase, y que todo obstáculo
se quitase de en medio. Sin embargo, Pablo no duda en acudir a la oración para
que eso fuese llevado a la práctica. Este tipo de oración es muy necesaria hoy
en día, pues los obstáculos que Satán procura poner en la senda de la Palabra
de Verdad no son menores al tiempo presente que lo fueron al principio.
Lghtfoot traduce la frase: “pueda correr y ser glorificada”, o “pueda tener una
triunfante carrera”. Esto ya había sucedido así en Tesalónica, y por eso Pablo
añade: “así como lo fue entre vosotros”; observamos, además, que ambos verbos
en el versículo que estamos considerando están en el modo presente de
subjuntivo, “pueda mantenerse corriendo y siendo glorificada”, eso supone una
experiencia continua, y nosotros hoy en día también podemos emplear esta
oración de manera efectiva.
Pablo ahora hace un segundo pedido más personal:
“Y para que seamos librados de hombres perversos y malos;
porque no es de todos la fe” (3:2).
“Librados” es ruomai,
rescatar, que aparece de manera muy gráfica en Colosenses 1:13, donde se nos
dice que fuimos rescatados (liberados
A.V.) del poder de las tinieblas. Perversos es atopos, literalmente “dislocados”, y de ahí proviene “perversos”.
El Apóstol se está refiriendo a sus oponentes Judíos que vigilaban sus pasos
donde quiera que fuese y se oponían violentamente a la verdad por él
proclamada, “pues no es de todos la fe”. Esto tanto significa fe en Cristo, o no estar sujeto a la fe –
siendo que la fe sea equivalente a la verdad; cualquiera de ellas son aquí
posibles. La última palabra en la frase es pistis,
“fe”. La siguiente palabra es pistos,
fidelidad, habiendo así un juego de palabras para poner en contraste la
fidelidad del Señor. Que pueda ser librado de hombres perversos. “Fiel es el
Señor, que os afirmará (o establecerá) y guardará del mal (o del maligno). La
Versión Autorizada dice impersonalmente del “mal”, pero la Versión Revisada del
“maligno”, es decir, Satán, y esta promesa es para consuelo de los creyentes
Tesalonicenses.
Pablo está seguro de que llevarían a cabo sus
mandamientos y que seguirían haciendo Su
voluntad (vers.4). Aquí tenemos una observación de autoridad Apostólica, sin
embargo conlleva mucho amor dentro.
“Y el Señor encamine
vuestros corazones al amor de Dios, y a la paciencia de Cristo” (3:5).
El amor de Dios puede
ser aquí considerado tanto objetiva como subjetivamente. De manera subjetiva
referiría al amor de Dios por Sus hijos, y si objetivamente, el amor de ellos
por Él. La Versión Revisada refiere la frase la “paciencia de Cristo” como
relativa a la paciencia mostrada por Cristo, y no por los creyentes
“pacientemente aguardando por Cristo”, como pone la Versión Autorizada. No hay
una palabra para “aguardando” en el griego, El ejemplo de Su inagotable
paciencia tenía que ser la fuente primera de inspiración para cualquiera que
estuviera atribulado.
Con el versículo seis
se da comienzo a una nueva sección que continúa hasta el versículo quince. En
la estructura de la epístola, esto hace balance con la sección 2:1-12 de la
siguiente manera:
2:1-12 Os rogamos –
Iniquidad.
3:6-15 Os ordenamos
– Desordenadamente
“Pero os ordenamos,
hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo
hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de
nosotros” (3:6).
El Apóstol aquí trata
con algunos en la iglesia que eran perezosos y estaban dando una pésima imagen
para el mundo incrédulo. Ataktos, desordenadamente,
es una palabra militar: “quebrar el rango” o “comportarse truhanamente”.
Aparece como un adjetivo, tal como ya hemos visto en 1ª Tesal.5:14, donde se
traduce “desgobernados”. La doctrina de la Segunda Venida estaba siendo
malentendida por algunos, y usada como una excusa para abandonar el trabajo. El refrán que dice “Satanás le da empleo a quien nada
tiene que hacer” sirve de buena ilustración aquí. Pablo declara que los tales
no solamente se recusaban a trabajar, sino que además eran unos entrometidos, e
interferían en los negocios de otras personas, y de ahí que causasen muchos
disturbios:
“Porque oímos que algunos de entre vosotros andan
desordenadamente, no trabajando en nada, sino entremetiéndose en lo ajeno”
(3:11).
De nuevo tenemos un juego de palabras en el griego.
Moffatt lo transcribe muy bien al inglés traduciendo: “Entremetiéndose en vez
de metiéndose a trabajar”. Y como contraste a esto, el Apóstol pone delante su
propio ejemplo, cómo trabajaba de noche y de día para no serle gravoso a nadie.
¡Cuán absolutamente práctico y eficaz era este gran hombre de Dios!
Posteriormente, bien pudo escribirles a los de la iglesia Filipense:
“Todas las cosas, que habéis aprendido, y recibido, y
oído, y visto en mí, eso haced: y el Dios de paz estará con vosotros” (4:9).
Tan solamente alguien que viviera muy próximo al Señor
podría haber escrito todo esto sin vanagloriarse locamente. Ojalá sea el deseo
puesto entre ambos, del escritor para el lector, combinando así la doctrina con
la práctica, para que pueda con verdad decirse de nosotros que somos epístolas
vivientes, conocidas y leídas de todos los hombres.
Y no solo en Filipenses, sino que además aquí en 2ª
Tesalonicenses pudo escribir:
“Porque vosotros mismos sabéis de qué manera debéis
imitarnos; pues nosotros no anduvimos desordenadamente entre vosotros, ni
comimos de balde el pan de nadie, sino que trabajamos con afán y fatiga día y
noche, para no ser gravosos a ninguno de vosotros; no porque no tuviéramos
derecho, sino por daros nosotros mismos un ejemplo para que nos imitaseis”
(3:7-9).
La palabra “imitar” en los versículos siete y nueve es mimeomai proveniente de mimos, un actor, un mímico. Tan solo
aparece una vez más en Hebreos 13:7 y 3ª Juan 11, donde la Versión Revisada (y
la Reina Valera) traduce correctamente “imitar”. El Apóstol pudo siempre llamar
la atención a la manera como él combinaba la doctrina con la práctica. Había
demostrado en ejemplo y delante de los Tesalonicenses lo que era ser uno igual a Cristo, trabajando de día y de
noche en su negocio como operario del cuero, y así no suponerles una carga
financiera para ellos. Previamente, ya había llamado la atención a esto mismo
en su primera epístola (1ª Tesal.2:9, 10). Al mismo tiempo que les recuerda la
autoridad apostólica (poder, 2ª Tesal.3:9) que detenía para con ellos, les
declara no haberla usado para poder servirles de ejemplo en todas las cosas. En
el griego se lee literalmente: “para que podamos ofreceros en nosotros propios
un tipo para vosotros”
“Porque también cuando estábamos con vosotros, os
ordenábamos esto: Si alguno no quiere trabajar, tampoco coma. Porque oímos que
algunos de entre vosotros andan desordenadamente, no trabajando en nada, sino
entremetiéndose en lo ajeno” (vers.10, 11).
El Apóstol cita algo que, aparentemente, sea un proverbio
Judío basado en Génesis 3:19. Aquellos que se recusan a trabajar, no tienen
derecho a recibir comida. Deissman (Luz
del Oriente Antiguo) ve aquí a Pablo ofreciendo un pedazo de moralidad o
ética del trabajo, y era algo sumamente necesario. Siempre ha existido la
tendencia a considerar el trabajo como una maldición, algo que debería ser
abolido en cuanto posible, y muchos de los actuales problemas laborales del
mundo tienen sus raíces en esta idea tan equivocada. Pero cuando Adán pecó,
Dios maldijo la tierra por su causa (Gén.3:17), pues la peor cosa posible para
un pecador, es no tener nada que hacer para ocupar su tiempo. Una tal situación
siempre acaba en el fastidio y una mayor degradación, y el Apóstol se esfuerza
a toda costa para que ese pensamiento no se difundiera en la iglesia en
Tesalónica. El modo imperfecto del verbo “os ordenamos” demuestra que más de
una vez les había urgido esa tal diligencia. Una vez más está jugando con las
palabras, ergazomenous alla
periergazomenous. Tal como ya hemos señalado antes, Moffatt lo traduce
bien, “Entrometidos, en vez de metidos
en trabajo” o “Entrometidos, en vez de ocupados”; es decir, ocupándose en los
negocios o asuntos de los demás en vez de los suyos propios, y esto resultaba
por su pereza en el parasitismo para con otros.
“A los tales mandamos y exhortamos por nuestro Señor
Jesucristo, que trabajando sosegadamente, coman su propio pan. Y vosotros,
hermanos, no os canséis de hacer el bien. Si alguno no obedece a lo que decimos
por medio de esta carta, a ése señaladlo, y no os juntéis con él, para que se
avergüence. Mas no lo tengáis por enemigo, sino amonestadle como a hermano”
(3:12-15).
Observe como Pablo va combinando notas de autoridad con
una cierta dosis de ternura, “os mandamos y exhortamos”.
El Apóstol no estaba siendo un duro autócrata. Sabía cómo combinar firmeza con
amor, y así trataba sabiamente las tales situaciones difíciles que algunas
veces se levantaba entre los creyentes. Las palabras “por nuestro Señor
Jesucristo” indican claramente que él era portavoz de Cristo. Era como si a
través del Propio Señor estuviese hablando y ordenando, y así es como
deberíamos considerar la enseñanza ofrecida por Pablo. El hombre Pablo tan solo
es un canal, “menor que el más bajo de todos los santos” (Efesios 3:8), pero
como el Apóstol (el enviado) de Cristo Jesús, habla con toda la autoridad del
Señor. Ojalá pudiera toda la profesante Cristiandad absorber esta verdad.
Entonces cesarían de hablar de “la doctrina Paulina” o de pretender establecer
la enseñanza dada a través de Cristo en los
días de Su carne como si fuesen superiores a las que Él da a través del
Apóstol. En ambas enseñanzas, el Autor de la enseñanza es el Señor, pero, en
cada caso, se recibe a través de un canal humano: de cuando Su ministerio en la
tierra siendo mediado para nosotros por Mateo, Marcos, Lucas y Juan, y de
cuando Su ministerio celestial, a través del testimonio de Pablo para nosotros
los Gentiles, y de los doce apóstoles para la circuncisión (Judíos).
En el caso del ministerio terrenal del Señor, lo tomamos
sobre Su autoridad que estaba limitado al pueblo de Israel (Mat.15:24), y con
esto concuerda Romanos 9:3-5; 15:8, también que la plenitud de la revelación
era todavía futura, aguardando la venida del Espíritu Santo (Juan 16:12-14), y
entonces el tiempo cuando en Resurrección y Ascensión, Aquel Propio, ya no
tendría las tales limitaciones en cuanto al pueblo único. La falsa idea de que
las “palabras de Jesús” (los Evangelios) dan una más alta revelación y que son
más autoritarios que las epístolas, son la causa de gran parte en la ceguera y
creciente parálisis espiritual que nos rodea hoy en día en el mundo de la
Cristiandad. Este concepto es una potente arma en manos de Satán para evitar
que la plenitud de la presente exaltación del Señor en gloria y la íntima
asociación de la iglesia entonces, sea entendida y disfrutada por el creyente.
Aquellos que tengamos ojos abiertos en este respecto, precisamos combatir tales
falsas ideas con toda la energía y sabiduría posibles, pues, hasta que esto no
sea quitado del pensamiento, cualquier testimonio concerniente a las
insondables riquezas de Cristo reveladas en las epístolas en prisión de Pablo,
serán prácticamente despreciadas.
Así, vemos que, en el contexto que estamos tratando con
el Apóstol, pudo ordenarles como proveniente del Seño y esperar que fuese
obedecido por los fieles. Al indolente le encarga que trabaje sosegadamente y
que comiera los frutos de su propia labor, y a seguir le escribe a toda la
asamblea. Pablo les exhorta a que no “se cansen haciendo el bien”. Esta es la
única ocurrencia de kalopoieo en el
Nuevo Testamento, pero se emplea en la Septuaginta, y el Apóstol utiliza una
expresión igual en 2ª Corintios 13:7, to
kalon poiete, “hacer lo que sea honesto”, Rom.7:21 “hacer el bien” y muy similarmente a 2ª Tesal.3:13 en Gálatas
6:9 “no nos cansemos de hacer el bien”. Una palabra similar, agathoerges, “hacer bien” se encuentra
en 1ª Tim.6:18.
Las últimas palabras para los perezosos y entrometidos se
dan entonces. Todos los tales deben ser “hombres señalados” (“señalad al tal”).
Semeioo proviene de semeion, una señal, tatuaje o marca. El
fiel no se debe mezclar con (tener compañía con) el tal, para causarle un
sentido de vergüenza al ofensor. Tal disciplina sería medicinal en su objetivo,
y nada tenía que ver con excomunión tal como el versículo quince nos muestra.
Los tales no debían ser considerados enemigos, sino hermanos que estaban
equivocados, con la esperanza de que se arrepintiesen y abandonasen sus
caminos. La iglesia profesante pasando los siglos ha ido usando demasiado
liberalmente la disciplina extrema de la excomunión. Muy raramente vemos que
sean consideradas las bases para tales actos en el Nuevo Testamento. Demasiado
a menudo, lo que se viene manifestando es el malo y estrecho espíritu de Lucas
9:49, 54, y muchos hijos de Dios han sido expulsos de la comunión debido al “no
siguen con nosotros”, y no siguen la línea de todo viento de doctrina en moda.
Mucho corazón partido y pesares podrían haberse evitado si 2ª Tesal.3:15 y
Gálatas 6:1 se llevasen a práctica. La iglesia de Roma no ha sido la única
entre los grupos Cristianos a exhibir esta dureza. Los Cristianos profesantes
en el extremo opuesto han sido igualmente culpables, y esta vía continúa en
nuestros propios días con efectos directos sobre el testimonio Cristiano.
El Apóstol ahora concluye con una oración para
bendecirlos:
“Y el Mismo Señor de paz os dé siempre paz en toda
manera. El Señor sea con todos vosotros. La salutación es de mi propia mano, de
Pablo, que es el signo en toda carta mía; así escribo. La gracia de nuestro
Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén.”
En la primera epístola
deseaba que el Dios de paz los santificase plenamente (5:23). Aquí requiere que el mismo Dios, el Señor de paz, les de
paz “en toda manera” o como la R. Y. lo pone “en todo tiempo y en todas las
vías”. Esto es bien comprensible realmente, y el don precioso de la paz es cada
vez más necesario hoy en día con sus presiones, desvíos y ajetreos y
distracciones. El Salvador la prometió a Sus seguidores (Juan 14:27; 16:33) y
nos llega cuando cada cosa la cometemos para Él (Filip.4:6, 7), eso es lo que
capacita al creyente a permanecer sosegado y confiado, sin importar cuantos
tumultos haya a su alrededor.
El Apóstol acaba con un saludo de su puño y letra. Ya
hemos visto que el enemigo de la verdad había difundido cartas entre las
iglesias supuestamente enviadas por Pablo. Él ahora les ofrece la garantía por
la cual puedan tener la certeza que la epístola era suya. Habiendo dictado todo
hasta aquí, ahora toma la pluma, y de su propio puño, el cuál bien ellos
conocían, les da la bendición asociada con la gracia del Señor Jesucristo.
Es un hecho relevante que cada una de las cartas de Pablo
concluya con una referencia a la gracia de Cristo, y esta no es una
característica que distinga las otras epístolas hechas por Pedro, Santiago,
Juan y Judas. Si alguno está pensando en el Libro del Apocalipsis, hay que
resaltar que este no sea una epístola, y si la última fecha que se le asigna
está correcta, fue escrito después del día de Pablo. Es importante observar que
la epístola a los Hebreos también concluye con una bendición similar: “la
Gracia sea con todos vosotros”, a lo cual se le debe dar su debido peso cuando
se discute la autoría de esta carta.
Parece estar claro que el Espíritu Santo que inspiró a
los escritores del Nuevo Testamento, dejó esta particular conclusión al Apóstol
Pablo, y eso se debió a la protección de los tempranos grupos de creyentes de
la Satánica mentira. Anularía otros empleos, y aunque nos parezca sin
importancia hoy en día, fue de vital importancia para los creyentes al
comienzo, cuando el maligno estaba llevando a cabo su mejor copia de la verdad
y de los propósitos en gracia de Dios.
El Apóstol por tanto concluye, en la bendición manuscrita
por él usualmente:
“La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos
vosotros”.
Esto se asimila a la primera epístola y a Romanos 16:20.
Así concluyen dos de las más tempranas cartas de Pablo. Será desnecesario decir
que ninguna doctrina importante puede ser ubicada sobre el orden de las
epístolas ofrecidas en la Versión Autorizada. Aunque las cartas Tesalonicenses
vengan al final en este agrupamiento, ninguna enseñanza puede extraerse de eso.
Enseñar que estas cartas dan el clímax de la revelación ofrecida en las
epístolas de Pablo por causa de esta posición es falso. El Apóstol se hallaba
en los primeros pasos de su ministerio en este punto, y el clímax todavía
estaba por llegar en sus epístolas en prisión posteriormente, después de haber
sido puesta de parte la nación de Israel en incredulidad, al final del periodo
de los Hechos.
Aquellos que sostengan el punto de vista mencionado
encima fracasan a la hora de entender la posición del pueblo de Israel durante
este tiempo y la relación de 1ª Tesalonicenses cuatro, con su énfasis sobre el
retorno terrenal de Cristo y su propósito de venir a realizarse. Se suelen
añadir tantas especulaciones a lo que realmente se enseña en este capítulo, que
resulta en un perverso cuadro distorsionado. ¿Cuántos hay, leyendo estas
palabras: “El Señor Mismo descenderá del cielo con voz de mando…entonces los
que estamos vivos y permanezcamos seremos arrebatados juntamente con ellos en
el aire…” añaden en sus mentes la idea de que estos creyentes serán entonces
tomados (arrebatados) al cielo? La selección de la palabra “arrebatados” en
nuestras versiones comunes sugiere esta idea, pero no hay garantía alguna suya
en el original griego. No existe la idea de dirección
en el verbo harpago; podría
sencillamente significar tanto, “tomados o arrebatados abajo” como arriba. El
contexto inmediato no trata con lo que suceda después de este “ser tomados”.
Tan solo el contexto remoto y lo que ya se ha revelado nos puede servir de
ayuda y guía aquí. Es el descenso del
Señor los que estos santos encuentran, y
una vez que estas dos epístolas tratan con la llegada del Señor (parousia), no
se precisa añadirle nada nuestro para poder comprender lo que 4:16, 17 está
enseñando. Aquellos que algo le añadan tienen evidentemente un hueso duro que
roer, y esa no es manera de obtener la verdad.
Estamos inmensamente agradecidos por estas tempranas
epístolas de Pablo, demostrándonos, como lo hacen, su fiel cometido para el
bienestar de los santos Tesalonicenses, su celo, así como algunos de sus
problemas que tan solo podrían ser resueltos entendiendo el propósito de Dios
en lo que hasta ese tiempo les había revelado. Ojalá tengamos la gracia de
imitar su práctica bondad y manifestación de la Verdad, para que pueda de
nosotros decirse, como lo fue de ellos dicho:
“Habéis sido
ejemplos para todos los que creen” (1ª Tesal.1:7).
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