SATISFECHO 

Cinco Estudios en Valores Espirituales

 

     

Por 

Charles H. Welch

Traducción: Juan Luis Molina

 

 

 

    

THE  BEREAN  PUBLISHING  TRUST 52A  Wilson Street,  LONDON  EC2A  2ER ENGLAND

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

PREFACIO

“Toda la Escritura es inspirada por Dios (theopneustos – respirada de Dios), y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia: a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” (2ª Timoteo 3:16, 17).

La mayor parte de nosotros ha oído hablar de la leyenda de las Minas del Rey Salomón, sin embargo existe una Mina que no se asocia con leyenda alguna, a la cual tenemos libre acceso, esto es, la Palabra de Dios. Estas palabras forman Su verdad ofrecida para nosotros, en la cual, podemos mantenernos explorando y desenterrando por el Espíritu de Dios, joyas que, en todo su esplendor, reflejan la gloria de Salomón; que nos revelan Aquel Quien era, es, y siempre será más grande que Salomón, el Cristo Mismo, Aquel Quien por un tiempo, por nuestra causa, dejó de lado esa  sublime gloria y todo su significado, con el objetivo de que pudiéramos ser nosotros, antes de venir a ser manifiestos con Él en gloria, redimidos por Su preciosa sangre.

Con la persistencia y energía del minero tenemos en cuenta a Charles Welch y a su labor y celo, durante muchos años, desenterrando Verdades en la Palabra de Dios. En estos días de apostasía, apatía y enemistad hacia Dios y Su maravillosa Salvación en Cristo, yo, y para ser pertinente, todos los creyentes que deseen seguir a perfección (al final o meta), precisamos mucho la verdad de su labor para edificar en nosotros una más santa fe y para que, como está expuesto en 1ª Pedro 3:15, podamos santificar al Señor Dios en nuestros corazones: estando siempre dispuestos para dar satisfacción a todo hombre que nos indague la razón por la esperanza que en nosotros habita, con mansedumbre y amor. El autor no solamente “explora y cava” con toda su energía, sino que, de igual modo, lapida, pule y le da brillo a estas gemas de Verdad dejándonos percibir un anticipo de la gloria que vendrá a ser nuestra a su debido tiempo. En este estudio, el autor ha explorado a través de las Escrituras tratando con temas tales como la “Satisfacción”, “Inmortalidad”, “Unidad”, “Perdón”, el “Pan de Vida”, la “Redención”, la “Deidad de Cristo”, etc. Su meta y objetivo, tal como lo ha sido a través de toda su vida, es glorificar a Dios y a Su Hijo nuestro Señor Jesucristo en todas las Escrituras; su objetivo fue ser un recipiente o vaso terrenal, exaltando a Cristo siempre es sus escritos y exposiciones. Aquí tenemos una verdad Dispensacional, Doctrinal y Práctica que no podemos ignorar aquellos que amemos al Señor Jesucristo; es un estudio que no debe ser leído de manera liviana y olvidado después en el polvo de nuestra librería, sino para ser profundado y estudiado con las Escrituras en mano, pues el deseo del autor y su objetivo es guiarnos para ser y estar “Enteramente Equipados”. Esto solo podrá ser llevado a cabo recurriendo a las propias Escrituras, pero además en oración y agradecimiento a Dios por hombres tales como el Sr. Welch, que nos han dado los principios necesarios para el entendimiento de la Palabra de Dios.

Es con mucho agradecimiento,  estando seguro que será secundado por todos los que estudien este documento, que oro por el autor y todos los asociados con él en esta publicación.     

W. H. H. 9  de Septiembre 1962.

ÍNDICE

TODAS LAS BENDICIONES ESPIRITUALES                          Pag.4

O las migajas de la Mesa de Israel.

 

ANDRAJOS O VESTIDURAS                                                             16

 

 DE UNO SON TODOS                                                                         24           

 

EL UNGIMIENTO DEL SEÑOR                                                          37

 

SATISFECHO                                                                                        54

 

Estructura de Isaías 52:13 a 53:12                                                          87

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Todas las Bendiciones Espirituales

O

Las MIGAJAS de la Mesa de Israel?

Algunos permanecemos en la Cruz.

Otros aguardan en la Tumba,

Vivificados, levantados, sentados juntos con Cristo,

Aunque viviendo todavía en tinieblas.

 

Algunos celebran la Fiesta de la Pascua

Con la Ascensión totalmente desconocida –

Los triunfos de la gracia en los lugares celestiales

Que nuestro Señor para nosotros conquistó.

 

Si el Cristo que murió hubiese acabado en la Cruz

Su obra incompleta habría sido;

Si el Cristo que fue sepultado, en la Tumba hubiese permanecido,

Tan solo la derrota habría conocido.

 

Pero el camino de la Cruz no acabó en la Cruz,

Y la vía de la tumba nos guio

A la victoriosa gracia en los lugares celestiales

Donde el ascendido Señor subió.

 

 

Algunos creyentes, desgraciadamente, ni tan siquiera “permanecen en la Cruz”, pues la mayor parte de su lectura y privada devoción se basa sobre los Evangelios, y el único de los cuatro que anuncia definitivamente la vida eterna como un don de Dios basado en la fe es el de Juan. El Evangelio de Lucas, escrito por alguien que sirvió fielmente con el apóstol Pablo, tiene un aspecto o esfera Gentil, pero la Cruz efectiva, la Muerte, Sepultura, Resurrección y Ascensión de Cristo, no aparecen en él sino hasta que llegamos al último de sus capítulos. Mismo después de la Resurrección, la actitud de los apóstoles y de la mayoría de los seguidores, se expresa en la fatalista declaración de Pedro: “Me voy a pescar”, o en la merecida reprensión ofrecida por el Cristo levantado hacia los dos discípulos en el camino de Emaús: ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer!  Pedro, cuya actitud en Mateo 16:21-23 deja ver claramente que no se hacía idea alguna de que el Cristo tendría que padecer, de todas formas, predicó el evangelio del Reino, y debió hacerlo de manera aceptable, pues, fue confirmado por “las señales que le siguieron”, las cuales incluían también el levantamiento de la muerte (Mateo 10:7, 8). ¿Será ESTE EVANGELIO el de las buenas nuevas para el día presente y actual? Estamos seguros que, aquellos para quienes escribimos estas líneas, no tolerarían un evangelio donde “Jesucristo, y a éste Crucificado” fuera desconocido; sin embargo, y sin, aparentemente, ningún concepto de cuán inconsistentes son, algunos hermanos toman para sí mismos el Sermón de la Montaña, las Parábolas de los misterios del reino del cielo, la Profecía de la Segunda Venida en Mateo 24, junto con pasajes morales y doctrinales ¡TODOS LOS CUALES fueron verdad para aquellos que ni conocieron ni creyeron en la Cruz,  ni tampoco en la Resurrección!

 

Tal vez, el más temprano y dulce resultado de creer el Evangelio de Cristo, sea aprender el perdón de los pecados, y podemos bien imaginar que aquellos que tienen por hábito recitar la Oración del Señor (el Padre nuestro), se persuaden pensando que en dicha oración encuentran evidencias de la Escritura, diciéndoles que nuestra estimación de los primeros capítulos de Mateo sea equivocada y peligrosa. Esta oración, por Su vez, se encuentra en el Sermón de la Montaña, donde no hay ni una sola referencia a la fe, redención, justificación o expiación, a pesar de la categórica declaración de la Escritura diciendo que: “Sin derramamiento de sangre no hay remisión (perdón) de pecados” (Heb.9:22), o como anuncia el apóstol concerniente a Cristo, diciendo:

 

“En Quien tenemos redención a través de Su sangre, el perdón de los pecados” (Efesios 1:7).

 

De acuerdo a la revelación de verdad que hallamos en las epístolas, el perdón es IRREVERSIBLE e incondicional, estando basado tan solamente sobre la redención y justificación, y en términos tales como “Ninguna condenación” y “Ninguna separación” (Rom.8:1, 31-39). Aun mismo un hombre incrédulo y no salvo, el cual no posea sino la sola habilidad de leer castellano, tanto si sea en la Biblia como en cualquier otra página impresa, si se le diera a leer Romanos 8:1, 31-39 y se le preguntase si “¿Podría ESTA posición ser alterada?”, sería obligado a admitir que la alteración en un tal contexto sería imposible.

 

¿DÓNDE ESTÁ ENTONCES LA LÓGICA SANTIDAD DEL LECTOR REGENERADO DE MATEO 6:12-15?

 

¿Cómo puede ubicarse AL MISMO TIEMPO en Mateo 6 como en Romanos 8? La oración que nuestro Señor enseñó a Sus discípulos contiene una serie de cláusulas, pero tan solo una resalta para ser más plenamente expandida y explicada, esto es, la cláusula que trata con el perdón. ¿Cómo es posible que muchos oren diciendo: perdónanos nuestras deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no se paren realmente a preguntarse o ponderar la propia interpretación del Señor de estas portentosas palabras?

 

Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; PERO SI NO perdonáis a los hombres sus ofensas, TAMPOCO vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.

 

Estas tales condiciones aquí expuestas son totalmente extrañas y ajenas al testimonio de las epístolas. Pues EN ELLAS la posición es: Habiendo sido YA tú de gracia perdonado, ¿no querrás tú perdonar a los demás?

 

Sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo (Efesios 4:32).

 

El asunto era evidentemente tan de vital importancia, y tan igualmente sujeto a ser malinterpretado, que, luego a seguir, en el mismo Evangelio, el Salvador relata la parábola del siervo imperdonable, haciendo claro lo que implica Mateo 5:24-26, donde si alguno no se reconcilia con su prójimo, se hace culpable de venir a ser encarcelado y ajusticiado, 

 

De cierto te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el ÚLTIMO CUADRANTE (Mateo 5:26).

 

Todos hemos escuchado algunos extravagantes comentarios y declaraciones acerca del Sermón de la Montaña, pero el peligro de las “llamas del infierno” y del “último cuadrante” han sido pasados por alto sin comentario alguno.

 

La Parábola del Siervo Imperdonable

 

“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un rey…” (Mateo 18:23).

 

El siervo imperdonable se halla exactamente en la misma posición que la oración del Señor implica o conlleva:

 

“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos, hasta que le pagase todo lo que le debía. ASÍ TAMBIÉN (y no omita este punto) Mi Padre celestial hará con vosotros (vosotros creyentes, no los incrédulos), si no perdonáis de todo corazón a cada uno…sus ofensas” (Mateo 18:34, 35).

 

Hay una vital y fundamental diferencia, entre el perdón de un rey como vemos en los Evangelios, y la justificación de un pecador como vemos en las epístolas. El perdón de un rey puede ser retirado, pero el perdón que se basa sobre la redención, expiación, justificación, imputación, aceptación y libre acceso, jamás puede venir a ser rescindido. El perdón de la oración del Señor dice respecto y relata al reino a ser erguido en la tierra, es un eco del cancelar de las deudas en el recurrente día del Jubileo, y aquí no tendrá cabida posible la tal “Ninguna condenación”, nos asegura el Espíritu,  tal como la parábola de Mateo 18 revela más claramente. Entonces, ¿por qué siguen orando una y otra vez los creyentes en términos que son completamente antagónicos a todo lo que ha sido revelado desde que Jesucristo murió a causa de los pecados y volvió a levantarse por causa de nuestra justificación? Gracias a Dios, ningún creyente hoy en día sería puesto en prisión y allí mantenido hasta que haya pagado el último cuadrante, y aquellos que emplean la oración del Señor lo saben perfectamente en sus corazones.

 

Muchos años atrás, escuchamos a Archibald Brown predicar sobre el siervo imperdonable en el Tabernáculo de Spurgeon, pero bendito sea Dios, aunque ANUNCIANDO su texto por Mateo 18, él conocía demasiado bien la gracia de Dios para predicarlo, y para nuestro deleite, quebró todas las reglas de la homilía, y exploró a través de Romanos, Gálatas, Efesios y Colosenses predicando el perdón de los pecados basado sobre la preciosa sangre de Cristo, a pesar de haber adoptado Mateo 18 como inicio de su texto.

 

 

LAS MIGAJAS DE LA MESA DEL AMO

 

Hace algunas fechas atrás, pasamos un tiempo con un grupo de amorosos cristianos que se reunían a diario cada tarde para hacer una lectura de la Palabra. El Evangelio de Marco fue el libro escogido, y tarde tras tarde fuimos viendo el ministerio terrenal del hijo de Dios, y leyendo acerca de la posesión de demonios, la sanidad de las enfermedades, las parábolas de los misterios del reino de los cielos, la alimentación de los millares en un desierto, y el apaciguamiento de una tempestad; pero nunca leímos nada de la gracia redentora. Así fuimos leyendo hasta que llegamos a Marcos 7, donde al presente escritor se le pidió que tomase los versículos 24-37, en los cuales leímos de las “migajas” que caen de la mesa de Israel. Entonces les pregunté, y pregunto además ahora al lector de estas líneas: “¿Estáis vosotros viviendo de las “MIGAJAS”, cuando las insondables riquezas de Cristo aguardan vuestra aceptación, aunque permanecen para todos los efectos como un libro cerrado?”

 

Las migajas de la mesa del Amo, el título de este capítulo fue sugerido por el registro de Mateo 15 y el de Marcos 7.

 

EL LUGAR – Las costas de Tiro y Sidón.

LA RAZA DEL PERSONAJE – Una mujer cananea, una griega, una siro-fenicia, en otras palabras: una Gentil.

 

A esta mujer, haciéndole su petición, el Salvador le dio la siguiente respuesta:

 

“NO SOY ENVIADO, sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mat.15:24).

 

Aquí estamos en la misma base dispensacional de Mateo 10, cuando el Señor dijo:

 

“Por camino de Gentiles NO VAYÁIS” (Mateo 10:5).

 

¿No deja de ser sorprendente que, piadosos creyentes, puedan venir a leer estas dos declaraciones, y viendo que tales  prohibiciones no sean válidas al día de hoy, y que juzguen al mismo tiempo que todo lo escrito en estos capítulos pertenezca a, y sea aplicable,  hoy en día, para la Iglesia?  Mientras nuestro Salvador estuvo andando por la tierra, la hora en la cual podía proclamarse como el Salvador del mundo todavía no había llegado. El Señor honró aquel principio de interpretación, tan vilipendiado por muchos, esto es, la “Correcta División” no tan solo de Mateo 10 y 15, sino que además dividió sin desviarse y por derecho también en el trato de Isaías 61:1, 2 como puede ser observado en Lucas 4:16-21.

 

El Evangelio según Mateo se divide en dos partes, cada una de ellas señalada por una nota de tiempo: “Desde entonces” o “desde ese tiempo”.

 

Desde entonces COMENZÓ Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos se ha acercado” (Mateo 4:17).

 

Desde entonces COMENZÓ Jesús a declarar a Sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21).

 

Si realmente creemos la Palabra de Dios, tenemos que admitir que todas las enseñanzas que preceden a Mateo 16:21 no tienen referencia alguna a Jesucristo, y a Éste crucificado, muerto, sepultado o levantado;  pero ¿estamos dispuestos a llevar este hecho hasta su lógica conclusión? Esta mujer cananea era descendiente, tanto cuanto sabemos, de los Cananeos de Sidón, a los cuales Aser fracasó a la hora de expulsar de su territorio, tal como se registra en Jueces 1:31. Aquellos que podemos distinguir nuestro llamamiento con claridad, en Efesios 1:3-14, también vemos en Efesios 2:12 que nosotros, en otro tiempo, estábamos también como esta cananea: “alejados” y con ella  éramos igualmente “ajenos”.

 

“En aquel tiempo estabais SIN CRISTO, ALEJADOS de la ciudadanía de Israel y AJENOS (o extranjeros) a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12).

 

Pero aquí terminan las similitudes. ¿Mendigaremos por tanto las MIGAJAS que caían de la mesa de Israel? Leamos la carta de esta Iglesia (Efesios 1:3-14) de nuevo y veamos si es que podemos responder que “SÍ”.

 

Esta mujer cananea le suplicó al Señor:

 

“¡Ten misericordia de mí, Oh Señor, Hijo de David!” (Mateo 15:22).

 

Y aun cuando estaba procurando ayuda para su hija y no para sí misma, Él “¡NO LE RESPONDIÓ PALABRA!” Y sin embargo, en el mismo capítulo, llamó a Sus discípulos y les dijo: “tengo compasión de la gente” (Mateo 15:32); sin embargo, debemos observar, que aquí, ahora, se hallaba de vuelta en Galilea, y ya por tanto no estaba tratando con un “Gentil” o “Griego”. Debemos observar, además, que, esta pobre mujer, repitió el título que había escuchado siendo empleado por otras personas cuando a Él se dirigían: como “el Hijo de David”. Posteriormente, en Romanos 1:1-4, Cristo, como “la simiente de David,” fue declarado ser el Hijo de Dios con poder, en el evangelio predicado a “todas las naciones” (Rom.1:5), y la esperanza de la iglesia EN AQUEL TIEMPO era:

 

“Estará la raíz de Isaí, y el que se levantará a regir los gentiles: Los gentiles esperarán en él” (Rom.15:12).

 

No obstante, en aquel tiempo, el creyente Gentil se hallaba como un olivo silvestre injertado,  contrario a natura, en el Olivo de Israel (Rom.11:23-25); pero aun así, esta era una posición mucho más alta que los Siro-fenicios podían esperar o imaginarse durante el ministerio terrenal del Hijo de Dios.

 

En Pentecostés, y posteriormente, el título del “Hijo de David”, también fue asociado por Pedro con el trono de David:

 

“Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne levantaría al Cristo PARA QUE SE SENTASE SOBRE SU TRONO…” (Hechos 2:30).

 

¿Qué tiene que ver la Iglesia con el trono de David? Posteriormente, Pablo, hablando de Cristo como la simiente de David en Rom.1:3, no se refiere ya al trono de David, sino al Evangelio que a él le había sido encargado, y en 2ª Timoteo 2:8 dice:

 

“Acuérdate que Jesucristo, de la simiente de David, fue levantado de la muerte conforme a mi evangelio”.

 

Sugiriendo con eso que, aunque la Persona permaneciese siendo la misma, muchas asociaciones que decían respecto al Hijo de David conforme al particular Evangelio de Pedro, tenían que ser ahora ajustadas. Y por fin, posteriormente, cuando llegó el tiempo para que Pedro escribiese su epístola, él llama la atención sin referencia alguna al trono de David y dice de Cristo:

 

“Quien habiendo subido al cielo está a la diestra de Dios, y a Él le están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1ª Pedro 3:22).

 

Pudo haber sucedido que, el propósito del Salvador al no responder el pedido de esta mujer griega de manera inmediata, fuese para resaltar de manera Escritural la distinción que entonces existía entre el Judío y el Gentil. Ella, como mujer cananea que era, no tenía el derecho de dirigirse a Él como el “Hijo de David”. Esto se deduce y demuestra por Su declaración siguiente: 

 

“Yo no he sido enviado, sino a las ovejas perdidas de Israel” (Mat.15:24).

 

La limitación de Mateo 10 todavía se encontraba vigente. La mujer sin embargo no se desanimó con esta reprensión; aparentemente al menos, pareció haber aprendido la lección inherente, pues dejó de lado el título del “Hijo de David” y aproximándose de nuevo le adoró diciendo: “Ayúdame, Señor”, empleando así el título universal de “Señor”, en vez del más restricto título de “Hijo de David”. A este segundo apelo se levantó un nuevo obstáculo:

 

“No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los perrillos” (Mat.15:26).

 

En el registro de Marcos, esta frase es precedida por las palabras:

 

“Deja que primero se sacien los hijos” (Marcos 7:27).

 

“Primero” no excluye enteramente, pero reconoce y connota precedencia y orden. Esta circunstancia todavía se halla vigente en Romanos 1, donde el evangelio sigue siendo:

 

“Al Judío primeramente… (Aunque ahora y solo aquí),  también al Griego” (Rom.1:16).

 

Aunque desde el punto de vista del pecado y la salvación, el apóstol pudiera escribir que “no hay diferencia”, el Judío, no en tanto, seguía siendo primero, y lo seguiría siendo siempre mientras se mantuviese en su relación de pacto con Dios, y así sucedió hasta que Israel fue puesto de lado, como sucedió, en Hechos 28. Hoy en día, el Judío ya no es “primero”. Tal como hemos visto, la misma epístola (Romanos) que pone el fundamento de la justificación por la fe sin obras para todos los hombres, sean Judíos o Gentiles, resalta que desde el punto de vista DISPENSACIONAL, el Judío todavía era primero, y emplea la ilustración del olivo en Romanos 11 para enseñar eso mismo: Que los creyentes Gentiles habían venido a ser “injertados contra natura” en el verdadero Olivo, una unidad muy inferior a la que posteriormente vendría a ser revelada en Efesios 3:6, después que Israel cayese en el actual estado de ceguera y sordez en dureza de corazón, y el olivo cortado a la raíz. Hasta el último capítulo de los Hechos, e influenciando las epístolas escritas por Pablo durante los Hechos (esto es, Gálatas, Romanos, 1ª y 2ª Corintios, 1ª y 2ª Tesalonicenses y Hebreos), la esperanza de Israel era entonces la esperanza de la Iglesia. Esto podemos en verdad deducirlo por Romanos 15:12, 13, y es lo que implica la introducción hecha por el Arcángel en 1ª Tesal.4, pues el Arcángel es Miguel (Judas 9), y Miguel se mantiene firme en defensa del pueblo de Israel, y cuando él se levanta, se da una resurrección (Daniel 12:1). La centralización del Señor incidiendo sobre el pueblo de Israel en Su primer adviento, NO significa que Dios no se estuviese ocupando además por el mundo perdido exterior; sino antes bien todo lo contrario. De acuerdo al pacto establecido con Abraham, Israel estaba reservado para ser el canal o medio de bendición a través del cual “todas las familias de la tierra” serían benditas. Israel estaba destinada a ser un “Real sacerdocio, y una nación santa” y es por eso que, el Salvador, antes que nada, “vino a los Suyos”, pues:

 

“Los hijos deben saciarse PRIMERO”.

 

Sobre este punto pueden verse algunos respectos suyos en los Hechos de los Apóstoles, donde la ocurrencia de la palabra “enviado” se mantiene a la par con los resultados de los movimientos dispensacionales llevados a cabo en los Hechos. Pueden ser observados por ejemplo en los siguientes análisis:

 

JERUSALÉN                “Judíos…. de todas las naciones bajo el cielo”

                                      “Varones Israelitas” (Hechos 2:5, 22).

Judíos solamente          “A vosotros PRIMERAMENTE, Dios, habiendo levantado a Su 

                                        Hijo, lo ENVIÓ para que os bendijese, a fin de que cada uno se

                                        Vuelva de su maldad” (Hechos 3:26).

 

ANTIOQUÍA                “Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que

                                       Entre vosotros teméis a Dios: A VOSOTROS es ENVIADA la

Judíos                             Palabra de esta salvación” (Hechos 13:26).

Y                                    “A vosotros (Judíos) a la verdad era necesario que se os hablase

Gentiles                         PRIMERO la Palabra de Dios; mas puesto que la desecháis

                                      Y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos

                                      A los Gentiles” (Hechos 13:46).

 

ROMA                          “Para que… no se conviertan, y Yo los sane. Sabed, pues, que a

                                        los Gentiles es ENVIADA esta salvación de Dios,

Gentiles solamente         y ellos la oirán (Hechos 28:27, 28).

 

El final ministerio del Apóstol Pablo se da a conocer en Hechos 26:17.

 

“Librándote de tu pueblo, y de los Gentiles, A LOS QUE AHORA TE ENVÍO”.

 

Los perrillos

 

En el registro de Mateo (vea también el de Marcos 7:27) el Señor le dijo a la mujer:

 

“No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a los perrillos” (Mat.15:26).

 

La expresión “echárselo a los perrillos” era bien conocida para los Judíos, una vez que era una cláusula en su ley, pues, debido a que fueran un pueblo “santo”, estaban prohibidos de comer la carne de cualquier animal que hubiese sido despedazado, la cual, la ley decía, “a los perros la echaréis” (Éxodo 22:31). Esto es lo que impidió que se  cerrase del todo la puerta de entrada a esta mujer cananea. Pero en este punto, se pone en evidencia la compasión del Salvador. Él no podría, y no pudo, volver atrás en Sus palabras diciendo que no había sido “enviado” sino a las ovejas perdidas de Israel, y si hubiese empleado la palabra kuon “perro” o “sabueso”, esta pobre mujer tendría que haberse marchado sin esperanza alguna de recibir su petición. Pero la palabra que dijo fue kunarion, “perrillo” o “pequeño cachorro”. Si bien, en el Oriente, los perros fuesen callejeros, andando sin lugar alguno por habitación, aun así, de acuerdo al testimonio del Rev. James Neil, a los cachorros si se les permitía su permanencia en los hogares como compañía de los niños durante sus primeras semanas de vida, y esta mujer fijó su fe sobre este mismo hecho, diciendo:

 

“Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”

 

La palabra “amos” o “maestros” (en otras versiones) traduce siete palabras griegas en el Nuevo Testamento: despotes, didaskalos, epistates, kathegetes, kubernetes, rabbi, Kurios.

 

La palabra empleada aquí en Mateo 15:27 es Kurios que se traduce “señor” 56 veces, y “Señor” con mayúscula 663 veces. Aquí tenemos las dos formas.

 

“Sí, SEÑOR (Kurios); pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos (kurios). 

 

Aquí, la preminencia del Judío, tal como se muestra en pasajes tales como Isaías 49:22, 23 y 60:10-12 se reconoce claramente, una posición que está correcta y apropiada, y en conexión con el reino terrenal que todavía está por ser establecido en el futuro, pero que está ahora totalmente fuera de lugar en la dispensación del Misterio, en la cual dispensación actual, “la pared intermedia de separación” ha sido derribada, y donde “ambos” han venido a ser reconciliados en “un solo cuerpo”; donde “ambos” tienen “acceso por un mismo espíritu al Padre”, y donde ya “no son más ajenos ni están alejados, sino que son ciudadanos copartícipes con los santos de la casa de Dios”, donde:

 

“Los Gentiles son coherederos y miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (y no ya del ´evangelio del reino´) sino del evangelio, del cual yo (Pablo) fui hecho ministro… para anunciar entre los Gentiles el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde (antes de) los siglos (o edades) en Dios.” (Efesios 3:6-9).

 

Aquí ya no tenemos “migajas”, y estas riquezas nunca se hallaron en la mesa de Israel. Ninguna de las promesas hechas a Abraham llegan más allá que a “la ciudad que tiene fundaciones”, la Jerusalén celestial; sin embargo, estas bendiciones, reveladas a través de Pablo siendo el Prisionero de Jesucristo por nosotros los Gentiles, se asocian con Cristo, Aquel que está sentado “Por encima de todos los cielos” y esta iglesia es denominada “La plenitud de Aquel que todo lo llena en todos” (Efesios 1:21-23).

 

Querido lector, ¿cómo puedes contentarte con las migajas que caen de la mesa de Israel, como hacen los cachorros, y pensar de Israel como siendo tu “señor”, cuando el más alto llamamiento de Dios en Cristo Jesús se ha puesto a tu disposición en este intervalo o paréntesis del propósito de las edades, venido en consecuencia del repudio de Israel en Hechos 28? Tan pronto como esta mujer griega reconoció la superioridad del lugar ocupado por Israel, recibió la respuesta a su oración. En toda verdadera humidad nosotros también podríamos decir:

 

“Menor soy que todas las misericordias  y que toda la verdad que has usado con Tu siervo” (Génesis 32:10).

 

Pero hay en cambio una falsa humildad, que vuelve la espalda a las inexplicables bendiciones que Dios ha puesto a disposición del creyente Gentil hoy en día. Si bien, nosotros, seamos tan indignos de recibir “lo más bajo”, como lo somos de recibir “lo más alto”.

 

Desde que Israel pasó a estar en su actual y presente condición de ceguera y dureza de corazón, predicha y prefigurada de antemano bajo el nombre de lo-ammi “No es Mi pueblo” (Oseas 1:9), desde entonces, se introdujo un totalmente nuevo orden de asuntos por la revelación del “Misterio”, una sección secreta del propósito de las edades que había estado “oculta en Dios” y “oculta por todas las edades y generaciones”, pero que ahora ha sido revelada a través de Pablo, el Prisionero de Jesucristo, para nosotros los Gentiles (Hechos 28:28; Efesios 3:1-9; Colos.1:24-27). Las migajas que caen de la mesa de Israel no pueden compararse con:

 

“Todas las bendiciones espirituales en los lugares celestiales en Cristo” (Efesios 1:3).

Una elección hecha “antes de” la fundación del mundo (Efesios 1:4).

La predestinada “adopción” o posición del primogénito (Efesios 1:5).

Una gloriosa “aceptación en el Amado, y un asegurado `acceso´ por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 1:6; 2:18).

 

A la iglesia que es “El Cuerpo” se le da actualmente el título de:

 

“La plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios 1:23).

 

La unidad así formada es única:

 

“Los Gentiles…coherederos, miembros del mismo cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio del cual yo (Pablo) fui hecho ministro” (Efesios 3:6, 7).

 

La mujer cananea tomó el lugar de los perrillos, y nunca hubiera siquiera soñado estar “sentada juntamente” con los hijos (Israel) a la mesa, mientras que nosotros, que estábamos:

 

“Alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa” (Efesios 2:12)

 

mucho más alejados, por tanto, de la gracia que esta pobre mujer siro-fenicia estaba, fuimos hechos “cercanos por la sangre de Cristo”, y somos potencialmente, en este mismo momento, reconocidos como estando, “Sentados juntamente con Cristo” (Efesios 2:6) donde Él ahora se halla sentado a la diestra de Dios, “por encima de todo principado y potestad” (Efesios 1:21). El lector habrá observado que nos hemos limitado a citar tan solamente una de las epístolas para resaltar las riquezas de gracia y gloria que el presente intervalo de la ceguera de Israel hizo posibles.

 

Estas epístolas, desgraciadamente, son un territorio casi desconocido para muchos que realmente aman al Señor. Mientras que, realmente, hay millares que pueden citar la Oración del Señor de Mateo 6, muy pocos son los que pueden citar la oración ofrecida para nuestra guía en Efesios 1:15-23. Mientras que hay centenares que puedan citar el Sermón de la Montaña diciendo que “los mansos” heredarán la TIERRA, pocos pueden citar de memoria las referencia a los más altos LUGARES CELESTIALES que son la herencia para estos verdaderamente referidos “mansos” de Efesios 4:2.

 

La obediencia regular al tipo o manera de andar inculcado por el Sermón de la Montaña, no es sustituto ni se puede comparar con el “andar” que es “digno de”, o en correspondencia con, el altísimo llamamiento de Dios revelado en la epístola de Efesios (Efesios 4:1-16). Estas bendiciones de gracia y gloria que están por encima de nuestros mejores sueños, son nuestras a través de la preciosa sangre de Cristo. El andar y las bendiciones del Sermón de la Montaña fueron referidas de, y para, aquellos que no tenían conocimiento o fe en aquel Sacrificio de amor. Sin embargo, para seguir adelante, precisaríamos una exposición de las cuatro Epístolas en Prisión: Efesios, Filipenses, Colosenses y 2ª Timoteo, juntamente con la de los Hechos de los Apóstoles, y el lugar predominante de Israel abandonado al final de los Hechos, además de un verdadero asentamiento del lugar pretendido por Pentecostés. Pero una vez que, a todos estos temas, ya les hemos dado una más ámplia exposición, y los volúmenes o estudios todavía están disponibles e indicados en nuestra lista de publicaciones, ahora solo hacemos este breve intento para llamar la atención hacia las esenciales diferencias que existen entre las “migajas”, con las cuales son muchos los que parecen contentarse, y las glorias sobrenaturales que están disponibles en este día de gracia para todos los que quieran extender la mano de fe, para que puedan ser “llenos con toda la plenitud de Dios” (Efesios 3:19). Hemos hecho un esfuerzo por llamar la atención a lo que las Escrituras actualmente enseñan y dicen. Y hemos denominado este estudio:

 

 

Un apelo y un desafío”

 

No procuramos lo tuyo, lector, sino a ti. No podemos dejar de estar apesadumbrados al sentarnos en la compañía de evidentes cristianos píos que están tan centrados con el ministerio terrenal de Cristo, donde nada sino las “migajas” que caen de la mesa de Israel pueden obtener; mientras que las bendiciones que nunca hicieron parte de la mesa de Israel, y que nunca podrán ser denominadas de “migajas” son, o bien ignoradas, o desatendidas, o confundidas con el ministerio terrenal de Cristo, y quienes nunca leyeron ni quieren leer el testimonio propio del apóstol:

 

“De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura (creación) es; las cosas viejas pasaron: he aquí todas son hechas nuevas” (2ª Cor.5:16, 17).

 

Estas “cosas viejas” van juntas con Cristo “según la carne”.

 

A los miembros del Cuerpo Único y partícipes en el alto llamamiento de la dispensación del Misterio revelado, consecuente a la ceguera de Israel, va dirigida la exhortación del Apóstol:

 

“Si, pues, habéis resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a la diestra de Dios. Poned la mira (los pensamientos) en las cosas de arriba, no en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros también seréis manifestados con Él en gloria” (Colos.3:1-4).

 

Uno mayor que Josué nos ha llamado hoy a escoger a todos nosotros:

 

“Escoged hoy” (Josué 24:15).

 

¿Qué vamos a escoger? ¿Las “Migajas” que caen de la mesa de Israel o “las inescrutables riquezas de Cristo” que Pablo, como el “prisionero de Jesucristo” fue encomendado a predicar “a los Gentiles”? (Efesios 3:1-9).

 

Confiamos en que no seremos considerados contrarios a las Escrituras por haber escogido para nosotros algo de los deseos de este apóstol, cuya ambición era:

 

“Aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios” (Efesios 3:9). 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo II

 

Andrajos o Vestiduras

 

Una continuación de

 

TODAS LAS BENDICIONES ESPIRITUALES

O

Las Migajas de la Mesa de Israel

 

Las vestiduras en la Escritura se emplean muy a menudo como un símbolo, y aun mismo en las cosas cotidianas y diarias de la vida, las vestiduras, generalmente, representan algo más que una mera cobertura del cuerpo. Los sacerdotes se vestían, no tan solo con las ropas distintivas prescritas por la ley, sino además con justicia y con salvación. Otros se revestían con vergüenza, con humildad, con maldición, y el propio Señor se revestía con poder, con majestad, con honor, con vestidos de venganza y con celo como un manto. Y no pocos de nosotros hemos leído con gratitud y deleite las palabras de Isaías 61:10.

 

Si bien nuestra enseñanza se base estrictamente sobre la Palabra de Dios, no nos dañará recordar que, el “Sabio de Chelsea”, por ejemplo, escribió una completa filosofía de las vestiduras bajo el título Sartor Resartus, donde dice:

 

“Bien puedes ver dos individuos, uno vestido en Rojo fino, el otro en un grueso Azul: El Rojo le dice al Azul “vas a ser ahorcado y anatomizado”; El Azul escucha estremecido, y (maravilla de las maravillas) se encamina tristemente hacia el patíbulo…Su Señoría, en Rojo, aquel que le manda ahorcar, tiene una peluca de crin de caballo, con pieles de ardilla y una bata de felpa; por las cuales vestes todos los mortales saben que él es el JUEZ – La sociedad … se halla fundada sobre vestiduras”.

 

Todos nos acordamos bien de “Jarge (personaje de la literatura inglesa), el labriego que se hizo policía, exultando de alegría al imaginarse que, cuando tuviese vestido su uniforme, ¡se pasearía triunfante por la Plaza con su coche hasta la Calle Mayor! Y haciendo una referencia más, muy conocida de la literatura secular que dice:

 

“La ropa vestida proclama generalmente al hombre” (Shakespeare).

 

Al vestuario también se le denomina un “hábito”. Tan solo tenemos que empezar la lectura de un libro como el del Apocalipsis para observar el empleo del vestuario como un símbolo. La descripción al comienzo de la presencia del Salvador, en Apocalipsis 1:13-18, no solo dice respecto a Su cabeza, Su pelo y Sus pies, sino además de Sus vestiduras y cinto. Repetidas veces leemos de vestiduras blancas, mantos blancos, y finos linos; de prendas de vestir manchadas y lavadas; de un ángel con vestiduras; de testigos vestidos en tela de sacos; de una mujer vestida con el sol, y una veste empapada en sangre. La más temprana referencia al vestuario en la Escrituras se asocia con un sentido de culpa y vergüenza, y de un intento carnal, aunque tan frágil y fútil, de proveer, con él, algún tipo de cobertura. Tanto de Adán como de Eva está escrito:

 

“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higueras, y se hicieron delantales” (Génesis 3:7).

 

Y en contraposición con esto, leemos:

 

“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de pieles, y los vistió” (Génesis 3:21).

 

La palabra hebrea asah aparece quince veces en los capítulos de uno a tres, aunque en la forma conocida para los gramáticos como kal aparece siete veces:

 

“Y Dios hizo el firmamento…las dos grandes lumbreras…animales…hombre…ayuda idónea…Adán y Eva “se hicieron delantales”…Dios hizo “túnicas de pieles” (Gén.1:7, 16, 25, 26; 2:18, 3:7, 21).

 

Dios acabó Su obra de la creación y descansó, pero, al introducirse el pecado en el mundo, lo primero que hizo fue suministrar una cobertura para el pecado por sacrificio, y así, desde Génesis 3, comienza una nueva obra que no finalizó hasta la muerte de la cruz (Juan 4:34; 5:36; 17:4; 19:30). La séptima referencia a las cosas hechas por Dios da comienzo al despliegue por tipo y sombra del amor redentor. El más antiguo comentario sobre Génesis 3:7 se halla en el libro de Job:

 

“Si encubrí (kasah) como hombre (como Adán) mis transgresiones, escondiendo en mi seno mi iniquidad… (entonces) en lugar de trigo me nazcan abrojos, y espinos en lugar de cebada” (Job 31:33, 40).

 

En contraste con Adán, el Salmista proclama después de un periodo de silencio:

 

“Mi pecado te declaré, y no te encubrí (kasah) mi iniquidad. Dije: Confesaré mis transgresiones a Jehová; y Tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).

 

Aquí “ocultar” o “encubrir” el pecado, se pone en contraste con el reconocimiento y la confesión, resultante del perdón. Por otro lado leemos:

 

“Perdonaste la iniquidad de Tu pueblo, todos los pecados de ellos cubriste (kasah)” (Salmo 85:2).

 

Este doble aspecto de la idea del encubrimiento del pecado, puede ser confirmado posteriormente por dos o tres pasajes en Proverbios.

 

“El odio despierta rencillas, pero el amor cubrirá todas las faltas (pecados)” (Prov.10:12).

 

“El que cubre la falta busca amistad, mas el que la divulga aparta al amigo” (Prov.17:9).

 

¡Cuán cierto y cuán triste a la vez es esto! Sin embargo, y también en el libro de Proverbios leemos:

 

“El que encubre sus pecados no prosperará” (Prov.28:13).

 

Una cosa es encubrir el pecado justamente; y otra muy distinta taparlo y maquillarlo. El impulso que inclinó a Adán y a Eva a cubrirse estaba correcto; el error reside en el tipo de cobertura que emplearon. Sin derramamiento de sangre no hay remisión, y esta verdad vuelve a aparecer de nuevo en Génesis 4, donde en las dos ofrendas, una de Caín y la otra de Abel, se repite la lección del delantal de hojas de higuera en contraposición de la túnica de pieles, tan trágicamente. Las fajas o delantales tan solamente cubren la desnudez, y se asocian con los lomos (Ezequiel 23:15). Las túnicas o mantos eran una cobertura, no para la desnudez, sino para el pecado, y cubrían desde los hombros hasta los pies, siendo suficientemente grandes como para usarse como cobertor y abrigo en el lecho (Éxodo 22:27). Tanto la túnica como el delantal o cinto formaban parte de la simbólica vestidura del Sumo Sacerdote (Éxodo 28:4). Con ello se representan tanto la vergüenza de la culpa como la paga del pecado. Las pieles teñidas de rojo hacían parte de las coberturas del Tabernáculo (Éxodo 25:5). La piel del buey sacrificado se incluía en la ofrenda de pecado (Lev.4:11). Debemos observar, además, que, antes de que fuesen investidas las túnicas sobre Adán y Eva, el delantal de las hojas de higueras les tuvo que ser retirado. Ambas cosas no pueden mezclarse ni confundirse. Esto se establece con toda claridad en Zacarías 3:3, 4:

 

“Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él, diciendo: QUITADLE esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala”.

 

No puede haber “cobertura” alguna, la cobertura es otra de las características que debemos ahora considerar. Veamos el examen que el Patriarca Job hizo hablando del intento de Adán para encubrir su pecado:

 

“Si encubrí como hombre (Adán) mis transgresiones, escondiendo en mi seno mi iniquidad” (Job 31:33).

 

La totalidad de este capítulo trata con la indignación de Job, repudiando la conclusión deducida por sus desconcertados amigos de que, de alguna manera, Job, debía reconocer tener consigo un pecado secreto para estar sufriendo de aquella manera como estaba en las manos del Todopoderoso sufriendo. Al menos dieciséis veces repite Job “Si hice esto o aquello”, con la conclusión final: “entonces”…

 

“En lugar de trigo me nazcan abrojos” (Job 31:40).

 

Ahora dejemos de lado el vano intento del hombre en cubrir su pecado y veamos la provisión hecha por Dios, ejemplificada por primera vez por la provisión de la túnica de pieles y puesta como ilustración muy clara del típico sacrificio, y por fin, cumplida por el Hijo de Dios, cuya muerte sacrificial, es puesta como una propiciación con un duplo objetivo, esto es, de que (1) Dios sea el Justo, y (2)  Quien Justifica al creyente. Ahora debemos considerar la razón por la cual la A.V traduzca “expiación” en vez de “redención” en Romanos 5:11. Debemos prestar atención al significado y empleo de la palabra hebrea kaphar. Tenemos que procurar la intención Escritural en las referencias que se hacen para cubrir el pecado por el sacrificio. Debemos considerar todo cuanto lleven consigo el tipo, la figura, la sombra y el modelo.

 

LA PALABRA “EXPIACIÓN” EN ROMANOS 5:11

“Por Quien hemos recibido ahora la expiación”

 

Si esta palabra se refiere a la Ofrenda de Cristo en sacrificio, sabemos bien que NOSOTROS no hemos recibido otra cosa sino sus benditas consecuencias. El Sacrificio Expiatorio fue ofrecido para Dios. Observamos que la A.V. al margen (tal como la Reina Valera en el texto) traduce como alternativa “reconciliación” con referencia de vuelta al vers.10. Es evidente, por tanto, que los traductores de la Versión Autorizada estaban perfectamente familiarizados con la “reconciliación”, y sin embargo, deliberadamente, emplearon la palabra “expiación” en su sustitución. El hecho se basa sencillamente en que, la palabra “expiación”, había sido el uso común trescientos años atrás como un equivalente para la reconciliación, y fue escogida con el deliberado intento de mostrarle al lector que el evangelio de la Reconciliación y el Sacrificio expiatorio van íntimamente asociados. Tal vez no todos los lectores estén al corriente con la literatura de los Elizabetanos, pero la mayor parte, si no todos, sí que conocen y tienen acceso a la de Shakespeare. Aquí damos algunos ejemplos del obsoleto verbo “expiar” por él empleados:

 

“Él bien quiso hacer expiación entre el Duque de Gloster y tu hermano” (Ricardo III acto 1º  escena 3ª).

 

“Una vez que no podemos expiarte, veremos que designa la Justicia de la victoriosa caballería” (Ricardo II acto 1º escena 1ª).

 

“Me fue grato hacer expiación entre mis conciudadanos y tu persona” (Cimbeles acto 1º escena 4ª).

 

“¿Qué clase de expiación puede haber entre la luz y las tinieblas?” (Philpot).

 

Bajo el punto de vista de Dios, el pecado tan solo puede ser justamente encubierto cuando haya sido ofrecida y sido por Él acepte una expiación. La justificación del creyente carece totalmente de significado si, al hacerla, queda comprometida y de fuera la sola santidad y justicia de Dios. El centro y foco de esta más que importante verdad se halla en Rom.3:25, 26:

 

“A Quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en Su sangre, para manifestar SU JUSTICIA…a fin de que Él sea el JUSTO, y el que JUSTIFICA (o Justificador) al que es de la fe de (en) Jesús.”

 

LA JUSTICIA DE DIOS APARTE DE LA LEY

 

Esto es lo que desarrolla Rom.3 y 4, y también el pasaje del Salmo 32 que habla del hombre bendito a quien su pecado le es cubierto. Bajo la ley de la conciencia y la evidencia de la creación, los Gentiles han sido hallados inexcusables (Rom.1:20), pero no solo eso, pues, el capítulo 2, muestra que también el Judío, aun con la ventaja de la ley escrita, de igual manera es hallado inexcusable (Rom.2:1). Ni el Judío ni el Gentil han sido hallados justos, y todo el mundo ha venido a ser culpable delante de Dios.

 

PERO AHORA

 

En Romanos 3:21, salimos fuera del ámbito de la condenación y se nos pone debajo de una esfera de aceptación, fuera de la esclavitud de la ley hacia la libertad del evangelio, y aquel “Pero ahora” resalta y enfatiza el gran cambio sucedido. La sección de Romanos que comienza en el capítulo 3 versículo 21, acaba con la misma observación en los versículos 27 y 28

 

ROMANOS 3:21-28

 

A  21      Choris Aparte de la ley…manifestado

   B  21, 22   a La Justicia de Dios…manifestada

                        b Fe

      C 22, 25 a Justificación gratuita

                        b Fe

   B 25, 26    a La Justicia de Dios…declarada

                        b Fe

A 27, 28   Choris Aparte de las obras de la ley…justificado

 

Esta estructura habla por sí misma. En Romanos 4 el apóstol cita el Salmo 32, y ahora debemos volver nuestra atención hacia este pasaje. El testimonio de David es particularmente provechoso debido a la precisión de su lenguaje. Describe al hombre a quién Dios imputa justicia sin obras, diciendo:

 

“Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de pecado” (Rom.4:8).

 

Aquí tenemos términos en balanza. Imputar pecado es acusar de pecado a la persona y tratarla como a un pecador. Imputar justicia debe, por la misma vía, ser considerar a la persona como justa y tratarla como tal. David no emplea los mismos términos que Pablo, pero el apóstol observa en las palabras “iniquidades perdonadas” y “pecados cubiertos” su equivalencia del Antiguo Testamento.

 

ANDRAJOS O VESTIDURAS

 

Ahora volvemos al título dado a este capítulo Andrajos o Vestiduras y los encontramos en la profecía de Isaías:

 

“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja” (Isaías 64:6).

 

El empleo del plural “justicias” suena un poco extraño al oído castellano, pero es que se trata de la figura conocida como el plural mayestático, la cual acepta la Editorial “nosotros”, y es muy común en el hebreo del Antiguo Testamento. Así, en Génesis 4:10, en su original dice “sangres”, indicando la “vida de sangre”, y “cegueras” en Génesis 11:19 indicando “Gran ceguera”. Sería correcto traducir los Sacrificios de Dios ES (Salmo 51:17) pues no es el plural lo que se pretenda con ello – la frase significa “El Supremo Sacrificio”. Y de ahí que en Hebreos 9:23 “Mejores Sacrificios” signifique “El infinitamente mejor Sacrificio”.

 

Así que el profeta dice: Por eso nuestras más justas obras son como trapos de inmundicia, y no solo y meramente nuestros evidentes pecados. La asociación que hace de los trapos o andrajos y de las hojas caídas, nos lleva de vuelta a Génesis 3. La “túnica” en oposición a los “andrajos” la encontramos además en Isaías 61:10:

 

“Jehová…me vistió con vestiduras de salvación,

  Jehová…me rodeó de manto de justicia”

 

Así que ahora recordamos aquí las páginas del comienzo, y nos regocijamos sabiendo que, aunque no podemos “encubrir” el pecado, Dios lo ha cubierto por causa de la provisión hecha por la Ofrenda de Su amado Hijo en nuestro respaldo.

 

Veamos de nuevo Romanos 3:25, 26, donde leemos:

 

“A Quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en Su sangre, para manifestar SU JUSTICIA…a fin de que Él sea el JUSTO, y el que JUSTIFICA (o Justificador) al que es de la fe de (en) Jesús.”

 

La palabra aquí traducida “propiciación” también se traduce “el asiento de misericordia” en otros lugares. Esta palabra “propiciación” tan solo se halla en Romanos 1:13 y Efesios 1:9 traducida por “propuesto”. Dios se “propuso” o se “comprometió a Sí Mismo” en Su gran propósito redentor, la propiciación. Se propuso sentarse en Su típico trono de misericordia cuando pasó por alto los pecados de los hombres antes de que Cristo apareciese en la tierra. Es posible que las palabras “a través de la fe en Su sangre” puedan ser tomadas como una cláusula adverbial añadida al propiciatorio. “A través de la fe” es el medio de la subjetiva apropiación de la Expiación; “en Su sangre” es el medio objetivo de su exhibición. Y así:

 

LA PROPICIACIÓN        Recibida a través de la fe – subjetiva

                                         Exhibida por la sangre derramada – objetiva

Y así podremos dar en forma de tabla esta maravillosa verdad de la manera siguiente:

La causa inicial                Inmerecida. Un don gratuito (24)

La Causa merecedora       La Redención 824)

                                         A través de fe, el Propiciatorio (25)

La justa causa                   En Su sangre (25)

 

Todo esto converge en un último objetivo, esto es, la justicia del propio Dios, siendo que Él sea Quien justifique además al pecador impío por la fe, y podría ser resumido de la siguiente manera:

 

El don gratuito

La redención                 La declaración

                       En eis     de la propia justicia

La fe                              de Dios

La sangre

 

A medida que progresamos en el conocimiento de Dios y Sus caminos, el apóstol puede ir dejando de usar estas figuras y expresar ahora nuestra completa posición en términos tales como “Aceptes en el Amado”; “coherederos con los santos en luz”; “habiendo sido investidos (con referencia al vestuario enduo) del nuevo hombre, creado en la justicia y verdadera santidad según Dios”.

 

Y ahora, resumiendo este breve intento de exponer uno de los aspectos del amor redentor, citemos las bien conocidas palabras de Lucas 15. No estamos con muchas palabras diciendo que el hijo Pródigo estuviese vestido de andrajos o trapos inmundos, sino realzando el hecho de que se hallaba en una gran necesidad, alimentando el hambre que padecía con las algarrobas que los cerdos comían, revelándonos con eso su destituida totalmente condición. En el camino a casa bien ensayó lo que diría…pero Su Padre se lo impidió, diciendo:

 

“Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies…porque este Mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado” (Lucas 15:22, 24).

 

“Él levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes” (1ª Samuel 2:8).

 

“Al que había sido atormentado del demonio…sentado, vestido y en su juicio cabal” (Marcos 5:15).

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cap. III

 

De Uno Son Todos

(Hebreos 2:11)

 

Desde un cierto punto de vista, el gran Sacrificio por el pecado fue ofrecido a Dios por nuestra causa y en nuestro respaldo, totalmente independiente de cualquier acto nuestro propio o asociación. “A su debido tiempo, Cristo murió por el impío” (Rom.5:6). Sin embargo, tenemos mucho a perder, y nuestra predicación y enseñanza se verá mermada, si no comprendemos la doctrina y profunda enseñanza incorporada en el Antiguo Testamento del Pariente Redentor, que se implica por términos tales como “La Primicia de los que durmieron” o “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por un Hombre la resurrección de los muertos” (1ª Cor.15:20, 21). Y es a este más que maravilloso y esencial aspecto del amor redentor que volveremos ahora nuestra atención.

 

Una vez que hemos empleado una referencia que se halla en el capítulo 2 de Hebreos como título de este capítulo, vamos a comenzar por él y, antes que nada, observar cómo la “unidad” se establece y está implicada en el contexto:

 

A 2:11 Unidad en santificación “de Uno son todos”

   B 2:14 Unidad en naturaleza “Él también participó de lo mismo”

      C 2:14, 15 Unidad en la Muerte

   B 2:16, 17 Unidad. No con los ángeles – “en todo semejante a Sus hermanos”

A 2:18 Unidad en Tentación “Él Mismo”

 

Si volvemos un poco más atrás en el capítulo, veremos que hay una referencia añadida a esta unidad. Los ángeles no se incluyen, sino que es el Hombre, hecho un poco menor que los ángeles, de quien se trata. Y así “Vemos aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús…a causa del padecimiento de la muerte” (Heb.2:9) y que “Ciertamente no tomó para Sí la natura de ángeles; sino que tomó sobre Sí la simiente de Abraham” (Heb.2:16).

 

Como consecuencia de esta unidad leemos:

 

“Por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos”. (Heb.2:11).

 

La unidad en semejanza en naturaleza, esta identificación del Salvador con el salvo, era esencial.

 

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Heb.2:14, 15).

 

Cuando llegamos a Hebreos 10, nos encontramos con otro contraste instituido. Esta vez no un contraste con “ángeles”, sino con las ceremonias sacrificiales del Antiguo Testamento, y una vez más nos encontramos al Redentor siendo un “hombre”.

 

“Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no puede quitar los pecados. Por lo cual…entonces dijo…Me preparaste cuerpo…he aquí vengo…En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebr.10:4-10).

 

Y una vez más, en el capítulo 13, en contraste con la ley Levítica ordenando que el sacrificio fuese quemado “fuera de la puerta”, la epístola continúa diciendo:

 

“Y así como Jesús también, para que pudiera santificar al pueblo con Su propia sangre, padeció fuera de la puerta, salgamos, pues, a Él, fuera del campamento” (Heb.13:12, 13).

 

Debemos observar que Heb.2:11; 10:4-10; y 13:12 trata con la santificación. Dejando ahora de lado ésta más que importante fase de la redención por un momento, veamos en la vía que esta “unidad” con el Redentor como “Hombre” se asocia con la Justificación, la cual es la palabra llave de la epístola a los Romanos.

 

Romanos 8

 

Casi al cierre de Romanos 8 leemos:

 

“Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el Primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29).

 

“Él no se avergüenza de llamarlos hermanos” Santificación (Heb.2:11).

 

“El Primogénito entre muchos hermanos” Justificación (Rom.8:29, 30).

 

Bien podemos observar que sea la Justificación lo que está tratando por el lenguaje del versículo 30. La palabra llave tanto de Hebreos 2 como de Romanos 8 es “filiación”. Los capítulos divisorios de nuestras Biblias, aunque sean provechosos para facilitarnos las referencias y el empleo de Concordancias y Léxicos, algunas veces nos oscurecen la verdad que, de otra manera, si no los hubiera, podría verse más claramente.

 

La palabra “Hijo” que en el griego es huios aparece 24 veces en Hebreos y 12 veces en Romanos, a las cuales deben ser añadidas tres ocurrencias más de huiothesia en Romanos 8:

 

Huios y Huiothesia en Romanos 8

 

A 1-4 Ninguna condenación -  Su Propio Hijo enviado

   B 5-15- Ahora Hijos guiados

      C -15-17- Espíritu en sí mismo de Filiación (adopción)

         D -17-21 Sufrimiento y Gloria manifiesta de los Hijos

      C 22-28 Espíritu en sí mismo de Filiación (adopción)

   B 29, 30 Conformes entonces al Hijo

A 31-39 Ninguna condenación – Su Propio Hijo

 

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios (lo ha hecho) enviando a Su Hijo en la…carne” (Rom.8:3).

 

Vamos ahora a considerar los puntos más importantes:

 

(1)  La carne, en el hombre, por causa de la Caída, es pecadora y se halla debajo del pecado y de la muerte.

(2)  El Salvador vino para ser nuestro Redentor

(a)   En verdadera carne y sangre, pero

(b)  Solamente en  “semejanza” de la carne “pecadora”

 

Hebreos 2:14 muestra que Él “participó de lo mismo”, pero 2ª Corintios 5:21 nos dice que:

 

“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”

 

Él fue realmente “el Segundo Hombre” y el “último Adán”, pero al contrario que el primer hombre, Él fue “Santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos” (Heb.7:26). Por eso Romanos 8:29 nos dice que nosotros seremos hechos “uno con Él”.

 

LA IMAGEN DEL CELESTIAL

1ª Corintios 15

 

La conformidad nuestra a la imagen de Su Hijo, a la cual el redentor fue predestinado, aguarda la Resurrección, y esta realidad se desarrolla en 1ª Corintios 15.

 

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1ª Corintios 15:49).

 

Este pasaje está haciendo una referencia a Adán (1ª Cor.15:45-48). Adán ya había sido anteriormente mencionado en este capítulo 15, y precisamos tener cuidado a la hora de interpretar este más que importante pasaje:

 

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados” (1ª Cor.15:22).

 

El lector ya habrá probablemente oído hablar del argumento basado sobre esta referencia justificando el “Universalismo”, pero tenemos que recordar que este pasaje no se cita correctamente. Sencillamente, aquí no se nos pone delante una proposición que esté probando el “Universalismo”, y esto podemos comprobarlo simplemente haciendo una cita completa del versículo:

 

“PORQUE así como en Adán todos mueren, también EN Cristo todos serán vivificados”

 

Esto no es un mero “palabreado”. “Porque” es una lógica conectiva, y si omitimos o ignoramos esta conexión, aislaremos el pasaje de su contexto, y por esta manera de tratar la Biblia haremos de ella meramente que sea un simple “metal que resuena”. “Porque” nos hace volver atrás, y entonces encontramos que Pablo se está refiriendo a los que se han ido a dormir “EN Cristo”. ¿Será posible que alguien afirme que Pablo está abarcando a todos los hombres sin excepción al emplear este término? Cristo es denominado las PRIMICIAS, sí, pero tan solo de los que durmieron en Él. Ahora bien, es la natura de una “Primicia” que vendrá a ser la misma clase para el resto de la cosecha. En el periodo de la Pascua, se recogían unas cuantas espigas de la cebada más temprana y se ofrecía en el templo como una “Primicia” (Lev.23:10). Una gavilla de cebada podía ser una ilustración de la promesa de una futura cosecha de cebada, pero no podía significar ni ser promesa alguna de que toda la “cizaña” viniera a ser también ser cosechada y puesta junta con la cebada en el granero. Esta sería una monstruosa suposición. Al tiempo del fin y en la era, cuando se recoge el trigo y se guarda en el granero, también se separa antes juntando la cizaña y se quema fuera. La palabra griega aparche “Primicias” o “Primeros frutos” aparece en el Nuevo Testamento de la siguiente manera, y en todas las ocurrencias puede verse su implicación Escritural y necesarias limitaciones: Discriminación, y no Universalismo, es lo que implica en cada una de sus referencias: Rom.8:23; 11:16; 16:5; 1ª Cor.15:20, 23; 16:15; Santiago 1:18; Apoc.14:4. Tenemos el argumento de 1ª Cor.15:20 en el versículo 21 que comienza una vez más con “Porque”. Cristo es las “Primicias” de todos los referidos y tenidos en cuenta. Y ahora veamos un eslabón posterior en la lógica cadena:

 

“Porque (es decir, proveniente de la implicación del término “primicias”) así como por un hombre vino la muerte, por un Hombre también vino la resurrección de la muerte” lo cual se explica a seguir en el versículo 22. Pablo no tiene nada que ver ni está tratando con el estado o posición de los no salvos. Estaba tratando con aquellos que se habían quedado dormidos “EN Cristo”, y lo que realmente dice es: “Porque, tan cierto como los que están, “EN Adán”, tienen que morir, igual de seguro todos los que están “EN Cristo” deben volver a vivir de nuevo, y añade: “pero cada uno (hecasthos) en su debido orden (o en su debido rango)”:

 

(1)  Cristo las Primicias

(2)  Después los que son de Cristo en Su venida

(3)  Luego el fin

 

La esencia de toda esta maravillosa sección es “de Uno son todos” con Su Pariente Redentor, y son el sujeto principal de este maravilloso capítulo.

 

Otro pasaje que conlleva el tema de “Uno son todos” es Juan 17. Y una vez más, como vimos en la apertura de este estudio, es la “santificación” lo que tiene en vista:

 

“Santifícalos en Tu verdad…y por ellos Yo me santifico a Mí Mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad” (Juan 17:17-19).

 

La santificación que estos tienen, se asocia con Su voluntaria santificación “por causa de ellos”, y esto guía a la más maravillosa “unidad” y semejanza que la mente humana pueda concebir: “Para que todos ellos puedan ser UNO” (vers.21), siendo que aquellos “todos” fuesen los apóstoles, y los que posteriormente viniesen a “creer”:

 

“Como Tú, oh Padre, en Mí, y Yo en ti, que también ellos sean UNO en nosotros; para que el mundo crea que Tú me enviaste.

La gloria que me diste, Yo les he dado, para que sean UNO, así como Nosotros somos UNO:

Yo en ellos, y Tú en Mí, para que sean perfectos en UNIDAD, para que el mundo conozca que Tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a Mí me has amado” (Juan 17:21-23).

 

A través del Nuevo Testamento se ve la más íntima comunión en todas sus amorosas facetas existentes entre el Padre y el Hijo, y aquí el creyente es puesto en esta relación y comunión de “hijos” en el HIJO. ¡Tan amados como Él, y compartiendo la misma gloria que el Hijo, siendo el Redentor, que nos ha recibido e interviene en nuestro respaldo! Aquí se nos permite acercarnos y ser testigos de la conversación que nuestro Salvador mantiene con el Padre, pero somos totalmente incapaces y no tenemos voluntad alguna de proferir palabra en este escenario; antes bien permanecemos callados y admirados, y reconocemos que nos hallamos pisando tierra santa. Existen otros pasajes que resaltan esta “unidad” que estamos tratando: La relación de Cristo como la Cabeza de la Iglesia del Cuerpo Único con todos Sus miembros. En la dispensación del Misterio, la unidad se expresa en la Unidad del Espíritu, en la cual Cristo es el “único Señor” (Efes.4:4-6). Además, es evidente la necesidad para llegar a alcanzar la Unidad de la Fe, donde todo gira a vuelta del “Hijo de Dios” (Efesios 4:12, 13), esta unidad se expresa manteniendo firme la Cabeza, la cual es Cristo, y recordar que “todo el cuerpo, se halla bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente” (Efesios 4:15, 16).

 

En otros llamamientos y dispensaciones, esta Unidad se manifiesta por otras vías y a través de otros símbolos. Por ejemplo:

 

“También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquellas también debo traer, y oirán Mi voz; y habrá un rebaño y un Pastor” (Juan 10:16).

 

O en conexión con la restaurada Israel:

 

“Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él: Para Judá y para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus compañeros…júntalos luego, el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán uno solo en tu mano…y los haré un solo palo, y serán uno en Mi mano…y los haré una nación en la tierra…y un Rey será a todos ellos por rey” (Ezequiel 37:16-22).

 

Un Señor, Un Pastor, Un Rey, tanto para la Iglesia como las naciones reunidas.  “Todos de Uno” es realmente una verdad que lo abarca y llena todo.

 

Debajo de toda esta unidad reside una profunda y más significativa obra de Redención, sin la cual, toda esta “unidad” vendría a ser un sueño, una nulidad, tan solo un espejismo. Por tanto nosotros inclinaremos nuestra atención para el más maravilloso y básico aspecto de redención contenido bajo el título:

 

EL PARIENTE REDENTOR

 

No es posible considerar la enseñanza de la Escritura con respecto a la Redención sin además tener en cuenta la enseñanza de la misma Palabra en cuanto al Redentor. La Redención no es algo abstracto, sino que es la obra de un Redentor Personal. Este Redentor se nos muestra con total claridad, con caracteres inconfundibles, y cuando vamos dándonos cuenta de las condiciones esenciales que tuvieron que darse y cumplirse antes de que pudiera llegar a ser un Redentor,  bien podremos ser conscientes al mismo tiempo con más plenitud del alcance y magnitud de la Redención en sí misma.

 

En el Antiguo Testamente tan solo hay una palabra traducida Redentor en la A.V., y esa palabra es goel. El libro que más vivamente retrata el escenario Escritural del Redentor es el libro de Rut. Un cierto hombre tuvo que salir fuera de Belén de Judá por causa del hambre, llevándose consigo a su mujer Naomi y a sus dos hijos: Mahlón y Quelión. En la tierra que fueron murió Elimelec, y los dos hijos se casaron. Ellos también fallecieron, y Naomi, oyendo decir que el Señor había visitado a Su pueblo dándoles pan, se levantó y regresó a Belén. Las dos nueras se fueron con ella, pero una de ellas, Orfa, se volvió atrás, y tan solo Rut acompañó a Naomi de vuelta a Belén, llegando justo al comienzo de la cosecha de la cebada, y, por tanto, al tiempo de la Pascua.

 

Un pariente del marido de Naomi, un hombre rico, llamado Booz, poseía campos de cereales, y fue en los campos de este hombre que Rut pasó a respigar. Booz la trató con amor y compasión por causa de su fiel conducta para con Naomi. Cuando Rut volvió con el fruto de su trabajo y le contó a Naomi la actitud de parte de Booz, Naomi alabó al Señor, y dijo: “Nuestro pariente es aquel varón, y uno de los que pueden redimirnos” (Rut 2:20). Rut, actuando bajo las instrucciones de Naomi, permaneció a los pies de Booz en la era donde dormía, y a la medianoche, cuando fue descubierta e indagada, Rut respondió: “Yo soy Rut, tu sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano” (3:9). Y al margen en la A.V. dice: “Uno que tiene el poder de redimir”.  Y entonces Booz revela un hecho que hace eco con el cumplimiento del propósito de Naomi:

 

“Aunque es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo. Pasa aquí la noche, y cuando sea de día, si él te redimiere, bien, redímate; mas si él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová” (Rut 3:12, 13).

 

Es evidente por lo que ya hemos citado que la compasión, el amor, el poder, o cualquier otro atributo asociado en nuestros pensamientos con la Redención, no pueden venir a ser operados hasta que sea establecido el parentesco.

 

El cuarto capítulo de Rut nos muestra a Booz obteniendo el derecho de redención, y poniéndolo en operación:

 

“Booz subió a la puerta y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado” (Rut 4:1).

 

Entonces Booz le expuso el caso de Naomi, diciendo:

 

Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay otro que pueda redimir, y yo después de ti. Y él respondió: Yo redimiré” (Rut 4:4).

 

Sin embargo, cuando Booz le dio a saber que la redención de la herencia de Naomi envolvía consigo el restauro del nombre del difunto marido de Rut, el pariente recusó. La ley dice:

 

“Cuando tu hermano empobreciere, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido” (Lev.25:25).

 

“Cuando hermanos habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extranjero; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer y hará con ella parentesco. Y el primogénito que ella diere a luz sucederá en el nombre de su hermano muerto, para que el nombre de este no sea borrado de Israel. Y si el hombre no quisiere tomar a su cuñada, irá entonces su cuñada a la puerta a los ancianos, y dirá: Mi cuñado no quiere suscitar nombre en Israel a su hermano; no quiere emparentar conmigo…se acercará entonces su cuñada a él delante de los ancianos, y le quitará el calzado del pie, y le escupirá en el rostro, y hablará y dirá: Así será hecho al varón que no quiere edificar la casa de su hermano, y se le dará este nombre en Israel: La casa del descalzado” (Deut.25:5-10).

 

Booz dijo delante de los ancianos:

 

“Vosotros sois testigos hoy de que he adquirido de mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec, y todo lo que fue de Quelión y de Mahlón. Y que también tomo por mi mujer a Rut la moabita, mujer de Mahlón, para restaurar el nombre del difunto sobre su heredad, para que el nombre del muerto no se borre entre sus hermanos y de la puerta de su lugar. Vosotros sois testigos hoy” (Rut 4:9 y 10).

 

EMANUEL – DIOS CON NOSOTROS

 

Cada una de las ocurrencias de la palabra “Redentor” en el Antiguo Testamento en la A.V., es la traducción de goel, y significa, tal como en Rut, el Pariente Redentor. Los muchos pasajes en Isaías donde aparece la palabra revelan más claramente que el Redentor es Jehová. Él es denominado “El Santo de Israel”, “Creador”, “Rey de Israel”, “Jehová de los Ejércitos”, El Señor tu Dios”, Aquel Quien el hombre repudia y las naciones aborrecen”, “El Redentor que aparecerá en Sion”, Tú, oh Señor, eres nuestro Padre, nuestro Redentor…por los siglos de los siglos”.

 

Si no citamos más, es porque con estos títulos será suficiente para que el lector pondere con cuidado. Si Jehová, el Creador, es al mismo tiempo el Pariente para los hijos de Adán, entonces el testimonio restante de Isaías es absolutamente necesario para hacer racional la revelación. Dios tuvo que hacerse carne y sangre. Isaías nombra a este gran Redentor, Emanuel, Dios con nosotros. Y no solo eso, sino que, además, en términos muy claros anuncia que Jehová tenía que nacer de una virgen. “He aquí que una virgen concebirá, y dará a luz un Hijo, y llamará Su nombre Emanuel”. El cumplimiento de este significativo anuncio se encuentra en Mateo 1:20-23. Juan, en los versículos de apertura de su Evangelio, también revela esta gran verdad. “La Palabra era Dios”, “La Palabra se hizo (vino a hacerse) carne…el unigénito del Padre”. En Gálatas 4:4, 5 el apóstol va repasando desde la cuestión del heredero y la herencia hasta Cristo como el Pariente Redentor de la tal herencia:

 

“Cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese…

 

Hebreos 2:14, 15 habla de este pariente en términos muy enfáticos:

 

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, el diablo. Y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban toda la vida sujetos a servidumbre”

 

El oficio del Pariente Redentor es duplo, y este duplo carácter se indica claramente en Hebreos, cap.2: “Carne y sangre…destruir…librar”.

 

La propia palabra goel que hemos estado estudiando en la traducción del Pariente Redentor también se traduce, El Vengador, en el título “el vengador de la sangre” (Números 35:19 etc.). “El día de la venganza está en Mi corazón, y el año de Mis redimidos ha llegado” (Isaías 63:4) nos muestra la íntima asociación que hay de los dos pensamientos. Cristo como el Pariente Redentor viene para destruir y librar. Esto no solo se declara en Hebreos capítulo 2, sino también en 1ª Juan 3:5-8:

 

“Y sabéis que Él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en Él…Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer (destruir) las obras del diablo”.

 

El Señor Jesucristo porta consigo el título “Primogénito de toda creación (criatura)” (Col.1:15). Esto nos dice que Él permanece íntimamente relacionado a toda la creación, y representa la posible liberación de la creación que gime a una, pues el derecho de redención es Suyo. El mismo Señor es además “La simiente de la Mujer”, “el Último Adán”, “El Segundo Hombre” y “El Hijo del Hombre”. Esta representación posibilita las maravillosas palabras redentoras de 1ª Cor.15:22:

 

“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”.

 

Cristo es además la Simiente de Abraham, y esto dice respecto a las bendiciones de Abraham que recaen tanto en el Judío como el Gentil (Gál.3). También es el Hijo de David, y el único que puede redimir el Reino derribado. Posiblemente el lector a estas alturas ya habrá percibido la mentira que reside en el argumento de aquellos que hablan de Cristo solo como Redentor o Rey. Mateo capítulo 1 nos trae en íntima asociación el “Hijo de David”, el “Hijo de Abraham, “Jesús, Quien libra a Su pueblo de sus pecados” y “Emanuel, Dios con nosotros”. 

 

Nosotros creemos que el lugar que ocupa la redención en el propósito de las edades ha sido muy mal comprendido, pero ahora debemos dejar a un lado su consideración hasta que hayamos visto también otras fases del tema. Ya hemos reunido  las suficientes pruebas para nuestro propósito. Cristo es el verdadero Pariente Redentor, y el nacimiento de Cristo en Belén fue absolutamente esencial para Su obra redentora.

 

EL PARIENTE MÁS PRÓXIMO QUE RENUNCIÓ

 

Cuando estudiamos el libro de Rut nos quedamos un tanto sorprendidos viendo que Booz, el gran y misericordioso libertador de la aflicción, no era el pariente más próximo.

 

“Es cierto que yo soy pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo” (Rut 3:12).

Si Booz es tipo y sombra de Cristo, ¿de quién es tipo el pariente más próximo? En el Salmo 49:7, 8 leemos:

 

“Ninguno de ellos (de los hombres) podrá en manera alguna redimir (Hebr. padha) al hermano, ni dar a Dios su rescate (porque la redención de su vida es de gran precio, y no se logrará jamás).

 

La palabra “lograr”  se traduce en algunas partes “comportar”, “abandonar”, siendo que la idea sea que, la redención del hombre, se halla tan por encima de sus propias posibilidades, que debe dejarse de comportar y dejar de lado, si ningún otro redentor pudiera ser hallado excepto el propio hombre, la redención sería imposible de efectuar.

 

El pariente más próximo, más próximo que Booz, es la humanidad. El hombre sin embargo no puede ser su propio salvador. Está expuesto antes que nada como un fracaso. Cada uno y todos los hijos de Dios comportan el reproche de Deuteronomio 25:10:

 

“Y se le dará este nombre en Israel: La casa del descalzado”

 

En Isaías 59:20 leemos:

 

“Y vendrá el Redentor (goel) a Sion”

 

Este Redentor es el Señor Jesucristo, y el contexto nos muestra y sugiera quien sea aquel pariente más próximo que Él, que fracasa a la hora de redimirnos:

 

“Y vio que no había hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese (intercesor); y lo salvó Su brazo (Isaías 59:16).

 

La palabra traducida “intercesor”, aparece en Isaías 53:6 y 12: “Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros”, “habiendo llevado (hecho intercesión)…por los transgresores”. El fracaso y la imposibilidad del hombre a este respecto aparece posteriormente en pasajes tales como Romanos 8:3 junto con el triunfo de Cristo, el verdadero Redentor.

 

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a Su Hijo EN SEMEJANZA de carne de pecado (lo hizo).”

 

La total incapacidad del hombre por naturaleza para cumplir su propia redención se exhibe clara y plenamente de continuo en la Escritura, y es además demasiado evidente como para precisar de pruebas posteriores. El completo plan de redención presupone y afirma en sí mismo el estado sin esperanza alguna del hombre, e indica de la manera más clara posible el ante-tipo del hombre que fracasa y es incapaz para redimir la herencia perdida de su hermano.

 

LA VIDA DE RESURRECCIÓN

 

 El propósito de la redención declarado por el pariente redentor en la ley, y en el libro de Rut, es el de “levantar el nombre del difunto sobre su heredad”. El primogénito que la esposa del hombre difunto dé a luz como resultado del pariente redentor haberla tomado por mujer “debe llevar el nombre de su hermano fallecido, para que su nombre no sea borrado de Israel” (Deut.25:6).

 

Los tipos son insuficientes, y siempre que se ilustra o tipifica la resurrección, es preciso hacer un cierto número de acomodaciones. Cuando la muerte y resurrección de Cristo se exhibía por la muerte de un ave, eran necesarios dos pájaros, pero no para representar dos Personas; así sucede también con este gran tipo de la redención exhibida en Rut y en la ley. No era posible para el hombre muerto volver de nuevo a la vida para poder disfrutar de su herencia. Eso en realidad sería la redención, pero en el tipo su nombre se perpetúa como un símbolo de sí propio. La idea de la nueva vida como resultado de la redención se halla en la oración del Salmo 119:154:

 

“Defiende mi causa y redímeme; vivifícame con Tu Palabra”.

 

Y el Salmo 69, tan lleno de Mesiánica profecía, sugiere un pensamiento similar:

 

“Acércate a mi alma, redímela”.

 

El capítulo 5 de Hebreos nos dice que Cristo a Quien era capaz de salvarle de la muerte y que fue oído. Esto no sería posible significar que el Salvador estuviese queriendo escapar a la muerte, sino que significa, tal como el Salmos 16 tan claramente expone, que Su alma no fue dejada en el Seol, en otras palabras, la redención aquí indica la nueva vida en resurrección. El Salmo 103:4 incluye entre los “beneficios” dignos de agradecimiento y alabanza: “Aquel que rescata (redime) del hoyo tu vida”. Sin embargo tal vez sea Oseas quien más poderosamente exhibe este poderoso objetivo de redención:

 

“De la mano del Seol los redimiré; los libraré (redimiré) de la muerte (Oseas 13:14).

 

Ya hemos tenido ocasión de citar el Salmo 49 cuando explicamos el pariente más próximo que Booz. Este Salmo también señala que la resurrección es el único gran efecto del concepto Hebreo de la redención:

 

“Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al hermano…para que viva en adelante para siempre” (Salmo 49:7, 9).

 

El testimonio de Job 19:25-27 contiene el mismo efecto:

 

“Yo sé que mi Redentor vive,

Y al fin se levantará sobre el polvo;

Y después de desecha estar mi piel

En mi carne he de ver a Dios;

Al cual veré por mí mismo,

Y mis ojos lo verán, y no otro

Aunque (por esto) mi corazón desfallece dentro de mí”.

 

La Redención nos capacite para enfrentar la muerte y llamarla por su fiero nombre. Nos capacita para hablar de corrupción y el sepulcro, y para reconocer que la muerte es un “enemigo”. La Filosofía y la Religión en cambio ensalzan y glorifican la muerte. Hablan de la muerte como de un ángel de luz, como la gran aventura, como una transición, como las puertas de la vida – cualquier cosa menos su verdadero carácter. El creyente que sea consciente de la redención se ve librado de la esclavitud del temor de la muerte. Ahora citaremos de nuevo el pasaje de Hebreos 2:

 

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, el diablo. Y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban toda la vida sujetos a servidumbre” (Heb.2:14, 15).

 

El gran objetivo de la redención cuando se aplica al vasto círculo de la creación se expresa en términos que corren en paralelo con la esperanza de Job:

 

“Porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de CORRUPCIÓN, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios…la redención de nuestro cuerpo” (Rom.8:21-23).

 

El propio Cristo también expresa esta misma gloriosa verdad en Apocalipsis 1:17, 18:

 

“No temas…Yo soy el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.”

 

LA REDENCIÓN Y SUS IMPLICACIONES

 

Aquí, en esta típica historia y significativo aspecto de la redención, tenemos la base sobre la cual el apóstol pudo reposar y declarar:

 

“Aquel que santifica, y los que son santificados,

 

DE UNO SON TODOS”

 

Señor Jesús, ¿somos uno contigo?

¡Oh altísimo, Oh amor profundo!

Morimos sobre la cruz en Tu castigo

Y en Ti vivimos por encima del mundo.

 

Tan grande fue Tu gracia, por nuestra causa

Descendiste desde los cielos

De carne y sangre participaste

En todo igual a nuestras miserias

 

Ascendido ahora, en brillante gloria

Todavía en unidad con nosotros estás;

Ni en la muerte ni la vida, ni en lo profundo ni la altura

Dejarán Tus santos de contigo estar

 

En breve, en breve aquel glorioso día llegará

Cuando, sentado en Tu trono

A un mundo admirado desplegarás

Mostrando con nosotros la unidad.

 

 

 

 

 

 

  

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Capítulo IV

 

El Ungimiento del Señor

 

“Jesús es el Cristo”, Juan, al cierre del Evangelio que lleva su nombre, nos dice que el objetivo que tenía en mente, escogiendo las señales que tuvo que incorporar en su registro, era:

 

“Para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que los que creen tengan vida a través de Su nombre” (Juan 20:31).

 

Su nombre “Jesús”, nos dice Mateo, significa: Él es el Salvador:

 

“Porque Él librará a Su pueblo de sus pecados” (Mateo 1:21).

 

Cuando Juan habla de Él como siendo “Jesus el Cristo”, emplea la palabra “Cristo”, siendo un título que ya había sido explicado en capítulos anteriores. “Jesús” es Su nombre, “El Cristo” es Su título. No podremos seguir adelante con la esperanza de llegar a entender el intento de la Escritura si ignoramos estas divinamente inspiradas definiciones.

 

En el primer capítulo de Juan se traduce el término “Rabí”, se traduce “Mesías”, y se traduce además “Cefas” (Juan 1:38, 41, 42), y con esto lo que Juan tenía en mente era elucidar a todos aquellos que no estuviesen familiarizados con la lengua hebrea. Él escribió para “el mundo”, después que Israel hubiese sido puesto de parte en los propósitos de Dios en Hechos 28:

 

“Hemos hallado al Mesías, que traducido es el Cristo”

 

“Hemos hallado Aquel de Quien escribió Moisés en la ley, y los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José” (Juan 1:41, 45).

 

Es característico de la lengua griega que los nombres de los profetas acaben generalmente en as, os y us, y en este mismo contexto tenemos Elías, Andrés que es Andreas, Simón es Simonas, Pedro es Petros, Felipe es Filipos, y así además sucede con el Mesías. Juan 1:41 nos informa que Jesús es el Mesías, siendo que su equivalente en el griego sea “El Cristo”. Juan además nos ofrece muy claras evidencias de que la cuestión concerniente al adviento o venida del Mesías era algo esperado y creído por muchos, y Marcos nos dice que el Salvador inició Su ministerio con las palabras “El tiempo se ha cumplido” o “ha llegado el tiempo” (Marcos 1:15). Así que no nos sorprende que, cuando los enviados de parte de los Levitas y sacerdotes a Juan el Bautista, le preguntasen “¿Quién eres tú?”,  y que él respondiera diciendo:

 

“Yo no soy el Cristo”, o tal como ahora lo traducimos “Yo no soy el Mesías” (Juan 1:20).

 

El reconocimiento del título Mesiánico no se limitaba tan solo a Israel, pues, como vemos en el capítulo 4 de Juan, es una mujer de Samaria quien dice. “Yo sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo”, y a ella le fue revelado:

 

“Yo soy, el que habla contigo”.

 

Entonces la mujer de Samaria regresó a la ciudad y dijo:

 

“Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he hecho: ¿No será éste EL CRISTO?”.

 

Y posteriormente los hombres de Samaria dijeron:

 

“Nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente este es el Salvador del mundo, EL CRISTO”. (Juan 4:25, 26, 29, 42).

 

No podemos pasar por alto y dejar de observar cuán personal es todo este testimonio. Andrés dijo “Hemos hallado al Mesías”; Felipe dijo “Hemos encontrado Aquel…”, la mujer de Samaria dijo “Venid, ved un hombre…el Cristo”. Después de haberse ausentado de Jerusalén en Galilea, el Salvador regresó a la fiesta de los tabernáculos, y algunos entre el pueblo dijeron:

 

“¿No es este a quien buscan para matarle? Pues mirad, habla públicamente, y no le dicen nada: ¿Habrán reconocido los gobernantes que este es EL CRISTO?” (Juan 7:25, 26).

 

“El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que este hace?” (Juan 7:31).

 

Es evidente cuando leemos el siguiente altercado que había muchas disputas:

 

“Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían: ¿De Galilea ha de venir el Cristo?” (Juan 7:41).

 

Y además se hace evidente que las disputas permanecieron, pues, en la fiesta posterior de la dedicación los Judíos dijeron:

 

“¿Hasta cuando nos turbarás el alma? Si tú eres el Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis; las obras que Yo hago en nombre de Mi Padre, ellas dan testimonio de Mí”.

 

Y anteriormente ya había dicho:

 

“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de Mí; y no queréis venir a Mí para que tengáis vida.” (Juan 5:39, 40).

 

Cuando Marta fue cuestionada con respecto a la resurrección con la pregunta: “¿Crees esto?”, ella no respondió meramente diciendo “sí” o dando una respuesta que abarcase cualquier fase o aspecto de la resurrección, sino que dijo:

 

“Sí, Señor, yo creo que Tú eres EL CRISTO (es decir, el Mesías), el Hijo de Dios, que debía venir al mundo” (Juan 11:23 - 27).

 

Con el cierre de Juan 12, el Evangelio de Juan nos refiere el ministerio público de Cristo llegando a su fin. Con la apertura del capítulo 13, Él centra Su atención sobre los doce apóstoles y la mudanza que tendría lugar próximamente. Así, pues, la última referencia al “Cristo” antes del cierre, se halla en Juan 12:34:

 

“Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece para siempre. ¿Cómo, pues, dices Tú que el Hijo del Hombre será levantado? ¿Quién es el Hijo del Hombre?”

 

Por tanto, algunos se dieron cuenta que Él era Aquel de Quien Moisés y los profetas escribieron, y otros no lo vieron así, pues, el Señor dijo, “Si creyeseis a Moisés, habríais creído en Mí”. Los Judíos se ofendieron oyendo hablar de un Mesías sufridor, o de Aquel Quien vino proveniente de Galilea o Nazaret (Juan 7:41). Ellos “confiaban en Moisés”, pero no creían el testimonio de Moisés (Juan 3:14-16; 5:39-47).

 

Volvamos ahora a leer de nuevo a Juan 20:31, dándole así la traducción con la idea de lo que ya hemos dicho en cuanto a este título de “El Cristo”:

 

“Pero estas cosas están escritas para que creáis que Jesús es EL UNGIDO, EL MESÍAS…”

 

El Cristo es el Ungido o el Mesías, pero la “explanación” todavía precisa ser expandida, pues el Mesías es una palabra hebrea. En el inglés de la A.V. la palabra tan solo aparece dos veces, esto es, en Daniel 9:25, 26:

 

Mesías Príncipe”.

 

“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la vida al Mesías, mas no por Sí.”

 

El prejuicio y ceguera que llevó al repudio de Israel de su Mesías se mantiene y persiste hasta el día de hoy, tal como vemos cuando escuchamos a los Judíos, pues están prohibidos por imposición de los Rabinos a no intentar contar o considerar los días del Mesías, así que capítulos tales como Daniel 9 o Isaías 53 se encuentran para ellos velados. Israel recibiría con agrado a un Rey que los libertase del yugo de Roma, pero el Mesías era un Rey Sacerdote del orden de Melquisedec, empeñado antes en librarlos del yugo del pecado, lo cual no sería para ellos tan aceptable. Decir que “el Mesías sería cortado, y que no tiene nada”, o confesar que “Vendría a ser despreciado y repudiado de los hombres”, era algo repulsivo para la manera de pensar Judía:

 

“Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días de reposo, las cumplieron al condenarle” (Juan 13:27).

 

En cuanto a la palabra Mesías, se deriva de la hebrea Mashach, que significa ungüento. El “aceite de la santa unción” se hacía por una receta divinamente ordenada (Éxodo 30:23, 24), compuesta según el arte del perfumista y que se empleaba para la unción del Profeta, Sacerdote y Rey, el arca, el candelabro, el lavatorio y otros recipientes del tabernáculos, y además, el propio tabernáculo.

 

“Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que pusiere de él sobre extraño, será cortado de entre su pueblo.” (Éxodo 30:33).

 

Este ungüento se emplea como una figura en el Salmo 133, donde las diferencias entre Israel (Monte Hermón) y Judá (Monte Sion) desaparecen bajo el ungimiento del Sumo Sacerdote.

 

“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo.”

 

Esta “unidad” también es referida en Hebreos 2, donde está hablando de santificación, el apóstol dice:

 

“Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos, por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Heb.2:11).

 

De David siempre nos viene a la memoria como siendo el rey ungido (1ª Samuel 16:13; 2ª Samuel 5:3), y de Aarón como el ungido sacerdote (Éxodo 30:30). Como ejemplo del ungimiento de un profeta podemos ir a 1ª Reyes 19:16 y 2ª Reyes 2:9. Es interesante observar que Eliseo desease obtener una “doble porción” del espíritu de Elías, y que, mientras que Elías hubiese producido ocho milagros, Eliseo produjese a seguir dieciséis. Es muy probable que aquí haya una alusión a las palabras del Salvador:

 

“Mayores obras que estas hará, pues Yo voy al Padre” (Juan 14:12).

 

Leemos que el Señor, antes de Su bautismo de sufrimiento y muerte, fue “angustiado” (Lucas 12:50), pero a seguir a Pentecostés, 3000 fueron convertidos en un solo día de acuerdo a Hechos 2:41, y otros 5000 unos pocos días más tarde (Hechos 4:4). Tal como Marcos 16:20 nos dice: “El (ascendido) Señor les ayudaba (literalmente, operaba con ellos)”.

 

Ahora debemos volvernos al Nuevo Testamento y aprender qué términos se emplean trasmitiendo el concepto del ungimiento y sus consecuencias. La palabra griega chrio (Lucas 4:18) “ungido” nos da la palabra Christos, El Ungido, El Cristo o el Mesías.

 

Dos variantes de chrio se emplean: enchrio “untar en” (Apoc.3:18); y epichrio “untar sobre” (Juan 9:11). También se emplean otras tres palabras: murizo “untar con ungüento aromático” (Marcos 14:8); aleipho “untar con óleo” (Marcos 6:13), y chrisma, el ungimiento por el Espíritu Santo en la forma de dones espirituales. Damos un ejemplo del empleo de estas palabras en la Septuaginta para completar nuestra encuesta:

 

Aleipho (Rut 3:3), enchrio (Jer.4:30), chrio (Éxodo 30:26).

 

Si bien podríamos seguir dando otros detalles de menor importancia, ahora debemos dejar de lado estos empleos y concentrar nuestra atención sobre el relacionamiento del Espíritu Santo con el Salvador, pues el Ungimiento es un tipo o símbolo del investimento del Espíritu. Veamos esto primeramente en Isaías 11:1, 2:

 

“Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará de sus raíces. Y reposará sobre Él el Espíritu de Jehová.

Espíritu de sabiduría y de inteligencia

Espíritu de consejo y de poder

Espíritu de conocimiento y de temor de Jehová”

 

Cristo tiene una dupla relación con David:

(1)  Él es el Hijo y la Simiente de David por nacimiento (Rom.1:3).

(2)  Él es tanto la Raíz como el Linaje de David, por causa de Su doble naturaleza (Apoc.22:16).

 

Es como la “vara” salida del “tronco” de Isaí, como un “vástago” que retoña de sus “raíces”, que le vemos siendo investido con el Espíritu del Señor. La “vara” es un ramo o reviento, y el “vástago” es el “tronco” de Job 14:8. La palabra “renuevo” no debe confundirse con el título Mesiánico “El Renuevo” que encontramos en Isaías 4:2 o Zacarías 3:8, pues en el original se emplea una totalmente distinta palabra. La falsificación anticristiana puede observarse en Daniel 11:7 donde leemos: “Pero un renuevo de sus raíces se levantará”. La palabra “reposar” en Isaías 2 es interesante, pues se emplea del “reposar” en el suelo firme de los pies de “la paloma” que fue enviada por Noé en Génesis 8:9, y anticipa el bautismo por el Espíritu en forma de una paloma en Juan 1:32 y Mat.3:16 que “reposó” o “descendió” sobre Él. El lector bien puede observar (en las versiones inglesas) que al margen de “le hará entender diligentemente” se dice provenir de la hebrea “aroma”, “olor grato”, posiblemente referida del rápido percibir por las narinas del ciervo sorprendido de un olor intenso. Este investimento del Espíritu sobre el Salvador afecta o tiene que ver con Su lógico juicio. (1) No juzgará por la apariencia de Sus ojos, ni tampoco (2) juzgará por lo que escuchen Sus oídos. Él, no tenía necesidad de que nadie diese testimonio del hombre, pues sabía lo que había en el hombre (Juan 2:25). Él no hacía nada por Sí Mismo…según oía (del Padre), así juzgaba (Juan 5:19, 30), y es en este capítulo de Juan, que, después de referirse a Juan el Bautista, dijo:

 

“También el Padre que me envió ha dado testimonio de Mí. Nunca habéis oído Su voz, ni habéis visto Su aspecto.” (Juan 5:37).

 

Con lo cual se refería a “la voz” del cielo y a la “forma” o “aspecto” como de paloma en Su bautismo con el Espíritu.

 

Haremos posteriormente una consideración de Isaías 61:1 cuando lleguemos a ver la referencia que hizo nuestro Señor en Lucas capítulo 4. La única observación que hacemos ahora antes de volver al Nuevo Testamento es mostrar cuán próximo se halla “el ungimiento” que estamos tratando en conexión con el investimento del Espíritu que, nosotros asumimos, se implica por el título “Mesías” o “Cristo”. El ministerio del Espíritu se asocia con el Nacimiento del Salvador, Su Crecimiento, Atestado, Prueba, Bautismo, Comisión, Señales y Maravillas, Muerte y Resurrección, y la seguridad sobre todo de que el Espíritu no le fue dado por medida. El ángel Gabriel ya había anteriormente anunciado el inminente nacimiento del Precursor, al igual que el mismo ángel le había revelado a Daniel del tiempo cuando el Mesías debía nacer y cuando debía ser cortado, y así ahora en Lucas 2, cuando hubo llegado la plenitud del tiempo, Gabriel es enviado a una ciudad de Galilea llamada Nazaret.

 

“A una virgen desposada con un varón que se llamaba José…de la casa (y linaje) de David” (Lucas 1:27; 2:4).

 

Después de sosegar a María en cuanto a sus temores, el ángel le anunció el nacimiento de su hijo. María naturalmente se sintió sorprendida y algo perturbada, pues tal como el versículo 27 nos informa, ella era “virgen” (Gr. Parthenos).

 

“Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Pues no conozco varón”

 

Y el ángel respondiendo le dijo:

 

“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con Su sombra; por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” (Lucas 1:34, 35).

 

Y para confirmarle todo esto, el ángel le refiere la condición en que se encuentra también su prima Elisabet “la que llamaban estéril”, pues a ella también se le había anunciado unos seis meses antes.

 

“Porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37).

 

Mateo dice:

 

“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo” (Mat.1:18).

 

Y a José se le aseguró que no tuviese temor de recibir a María por su mujer:

 

“Porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es”.

 

En la primera página del Antiguo Testamento, un hombre llamado Adán vino a existir sin que fuese de madre humana, y en la primera página del Nuevo Testamento, nace, el segundo Hombre, y el último Adán, sin un padre humano. Volviendo ahora al registro de Lucas dado en el capítulo 1:35, observemos cuidadosamente la palabra “sombra” Gr. Episkiazo. La palabra se emplea en tres ocasiones en el Nuevo Testamento:

 

(1)  La sombra que cubre a María (Lucas 1:35).

(2)  La sombra traducida nube de luz de la Transfiguración (Mateo 17:5).

(3)  La sombra milagrosa de sanidad (Hechos 5:15).

 

Episkiazo aparece en la Septuaginta en Éxodo 40:35 “Porque la nube estaba sobre él”, y también en el Salmo 140:7, donde leemos:

 

“Tú pusiste a cubierto  (o me cubriste con sombra) mi cabeza en el día de la batalla”

 

Y la misma palabra hebrea se traduce además en el Salmo 139:13:

 

“Tú me hiciste (me cubriste) en el vientre de mi madre”,

 

Y el contexto nos refiere la maravilla del nacimiento.

 

“Mi embrión vieron Tus ojos, y en Tu libro estaban escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar ni una de ellas” (Salmo 139:16).

 

Bien podemos comprobar por estas referencias que la prometida sombra del Espíritu Santo se debió a la protección del Hijo de María que estaba por nacer del ataque, como “en el día de la batalla” a David. No hay duda alguna de dónde provendría este ataque, pero aquel “santo ser” sería preservado con el objetivo de que pudiera un día “destruir (deshacer) las obras del Diablo” (1ª Juan 3:8). Mientras que la tradición se ocupa en difundir milagros apócrifos y precocidades, el registro Escritural de los primeros años del niño Salvador es muy sencillo y sano. Los paralelos que existen entre el registro del crecimiento de Juan el Bautista y el Salvador, tal como se registra en Lucas capítulo 1 y 2, son intencionales.

 

JUAN EL BAUTISTA

“Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel” (Lucas 1:80).

 

EL HIJO DE DIOS

“Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él” (Lucas 2:40).

 

A la edad de doce años un niño Judío pasaba a ser “un hijo de la ley”, y cuando el Salvador cumplió esa edad, fue hallado en el templo “sentado en medio de los doctores de la ley, tanto oyéndoles como preguntándoles” (Lucas 2:42-49). José fue el padre legal de Cristo, pero cuando María le dijo: “Tu padre y yo Te hemos buscado con angustia”, Él respondió: “¿No sabíais que en los negocios de Mi Padre me es necesario estar?”, demostrándonos así, que, a esa edad, ya se había dado cuenta de Su Divina Filiación; no obstante, tal como Filipenses nos dice: “Se humilló a Sí Mismo”, y por eso Lucas añade que:

 

(1)  Descendió con ellos y volvió a Nazaret, y

(2)  Estaba sujeto a ellos (Lucas 2:51).

 

Y aunque se nos dice que María y José “no entendían” estas cosas tan maravillosas, al mismo tiempo leemos que, “su madre guardaba todas estas cosas en su corazón” (Lucas 2:50, 51). Y nada más se nos revela de estos tempranos años, a no ser que: “Jesús crecía en sabiduría y estatura, y en gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52).

 

Bien podemos comprender Su gracia “para con Dios”, pero qué impecable santidad, al mismo tiempo, que tuviera gracia “para con los hombres”; este hecho debería hacernos cuestionar a la hora de prescribir lo que comprenda la verdadera santidad y lo que se deba con ella evitar. Ciertamente no debía haber una falsa piedad demostrada por el Hijo de Dios en Nazaret. Y ahora se pasan en silencio dieciocho años, y la historia vuelve a reasumirse en el quinceavo año de Tiberio Cesar, cuando el Salvador se inicia en Su público ministerio. El Espíritu Santo se asocia con tres importantes momentos en la fase inicial de este servicio: 

 

(1)  Su atestado o confirmación. (2) Su prueba o tentación. Y (3) Su ordenación.

 

 

 

 

SU CONFIRMACIÓN

 

Esto tuvo lugar en Su bautismo en el Jordán, cuando fue abierto el cielo y el Espíritu Santo descendió reposando sobre Él en la forma corporal de una paloma, y una Voz del cielo atestó:

“Tú eres Mi Hijo amado, en Ti tengo complacencia” (Lucas 3:22).

 

Este hecho, además, fue también una confirmación y un testimonio para el propio Juan el Bautista:

 

“También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre Él. Y yo no le conocía…Sobre Quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre Él, ese es el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que éste es el Hijo de Dios.” (Juan 1:32-34).

 

Posteriormente, el Salvador apeló a este atestado, diciendo:

 

“Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio testimonio de la verdad…Nunca habéis oído Su VOZ, ni habéis visto Su ASPECTO (forma)” (Juan 5:32-38).

 

¡La “voz” y el “aspecto o forma”! A seguir a este atestado del cielo, llegamos a la prueba en el desierto:

 

“Entonces Jesus fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado (o probado) por el diablo” (Mateo 4:1).

 

La tentación o prueba fue tripla, y las tres tentaciones fueron cada una acompañada con las palabras “escrito está”, la Espada del Espíritu, la Palabra de Dios. Retengamos bien este hecho para nuestra guía. Aunque el Salvador tuvo Su bautismo del Espíritu en su plena medida, Él no argumentó, tal como podría haberlo hecho, con el Diablo, por Su propia provisión de celestial sabiduría; Él hizo precisamente aquello que Sus humildes seguidores pueden y deben hacer: Él se sujetó completamente a la eficacia de la Palabra de Dios. El Diablo fue vencido por la tripla afirmación “Escrito está”. Su ungimiento por el Espíritu Santo no modificó Su naturaleza física, Él estaba “hambriento”, y, cuando la batalla finalizó, no se marchó para alimentarse de manera independiente, pues leemos que, “vinieron ángeles y le servían” (Mateo 4:11). El hombre al principio fue tentado en un jardín, y una parte de cada tentación tenía algo “bueno para comer”, y la insinuación de la serpiente, fue “¿Conque Dios os ha dicho que no podéis comer de TODO árbol del jardín?” (Gén.3:1-6). Israel lloró en el desierto y dijo:

 

“¿Quién nos diera carne a comer?” (Números 11:4).

 

Las tres tentaciones de nuestro Señor afectan en aquello donde somos más vulnerables,

 

(1)  Las básicas necesidades de sobrevivencia. Pan.

“No solo de pan vivirá el hombre”

(2)  El orgullo espiritual, ostentación de “fe”.

“No tentarás al Señor Tu Dios” (sino que en Él confiarás).

(3)  Alcanzar el objetivo en la vida a través de actos ilícitos. Alcanzar “grandes fines”, cometiendo “pequeñas irregularidades”. A esto lo denomina el hombre:

“La sola y última debilidad de una mente noble”.

 

El atajo, la Corona sin la Cruz, por un acto desleal, ataca la soberanía de Dios.

 

A seguir a la tentación, Mateo escribe:

 

“Desde entonces comenzó Jesús a predicar” (Juan 4:17).

 

Lucas ocupa un mayor espacio hablando de la ordenación del Hijo de Dios. Una vez más observamos la maravillosa adoración, Aquel Quién era en Sí Mismo “La PALABRA”, no obstante “abrió el libro” y “halló el lugar donde estaba escrito”, y el sitio estaba en Isaías 61. Esta citación es una evidencia práctica de que la profecía de Isaías que tenemos hoy en día, y que era leída en la sinagoga de Nazaret hace ahora unos dos mil años atrás, es prácticamente idéntica con el original. La única cosa en la que el procedimiento de nuestro Señor se sale de lo normal fue que Él solo leyera un versículo, y una frase a seguir,  y entonces “cerrase el libro” y se “sentara”. La regla que seguía la selección de porciones a ser leídas en la sinagoga era que una lectura debía comprender alrededor de veinticinco versículos. La actitud del Señor fue por tanto sorprendente. Las palabras con las cuales concluyó Su lectura, fueron: “A predicar el año aceptable del Señor”, pero la profecía que tenía delante continuaba, diciendo, “Y el día de la VENGANZA de nuestro Dios” (Isaías 61:2). Si Él hubiese seguido leyendo, no podría haber dicho, tal como dijo:

 

“En este día se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos” (Lucas 4:21).

 

Muchos en su ignorancia han enseñado que aquellos que practican la “Correcta División” cortan en pedazos la Biblia, e incluyen u omiten porciones conforme les dicte sus prejuicios. Si vamos a Lucas 21:22 leeremos:

 

“Porque estos son días de retribución (venganza), para que se cumplan TODAS LAS COSAS que están escritas”.

 

Nuestro Salvador muestra que la “correcta división” no le niega a la Escritura su lugar, tan solo observa que el tiempo por el “cumplimiento” de una parte del versículo se halla separado de la frase siguiente por cerca de 2000 años, aunque está claro que ambas partes vendrán a cumplirse sin reservas o alteración. Aquí (Lucas 4:18), el Salvador reclama que Su ungimiento provino del Espíritu del Señor, y que este ungimiento le dio autoridad y la comisión para “predicar”.

 

La Confirmación, la Prueba, y la Ordenación, se hallan cada una en su orden debido,  y cada una se acompaña por el derramamiento del Espíritu. Inmediatamente después al bautismo en el Jordán, y antes del comienzo de Su ministerio público, tenemos la genealogía del Salvador exhibida en detalle en Lucas 3:23-38. Así como el propósito de Mateo se da al trabajo de trazar el árbol genealógico del Señor yendo de vuelta hasta Abraham; Lucas, el fiel colaborador de Pablo, lo traza de vuelta hasta Adán. Mateo nos da la línea de José y va de vuelta a través de Salomón y David. Lucas sin embargo nos da la línea de María y lo hace yendo a través de Natán y David. La presencia de Salatiel en ambas genealogías sugiere que un matrimonio tuvo lugar al tiempo de la cautividad en Babilonia, cuando se dijo de Jeconías que ninguno de sus hijos se sentaría en el trono. Tanto José como María eran del linaje de David. El ataque del Diablo a través de la maldad de Jeconías fue llevado a cabo bajo la supervisión de Dios. Cristo se mantuvo siendo de la simiente de David, pero a través de un desvío hacia los descendientes de Natán, Él pasó a ser, también, la simiente de la mujer, que aplastaría la cabeza de la serpiente. Leemos también que “Jesús comenzó Su ministerio al cumplir los treinta años de edad”, y el cuarto capítulo de Números establece por encima de siete veces, que, aquellos que se inicien en el ministerio del tabernáculo lo hicieran así: “De treinta años en adelante”. Bien podemos creer que el niño de doce años que tanto agradó a los doctores en el templo pudiese haber comenzado Su ministerio en aquel entonces, sin embargo aguardó pacientemente y tan solo quebró el silencio o comenzó a predicar cuando Su hora hubo llegado, y esta hora Él la refiere coincidente con Su ungimiento por el Espíritu del Señor.

 

Observemos ahora la conexión verbal establecida en las Escrituras originales entre el Ungimiento, los dones Espirituales, y el título “El Cristo”.

 

Chrio, ungir, tal como ya hemos visto nos da Christos El Ungido, y el cual por su lado es el equivalente del término hebreo Mesías, e incluye el triple oficio de profeta, sacerdote y rey. 

 

Chrisma:

 

“Vosotros tenéis la unción (chrisma) del Santo, y conocéis todas las cosas.”

“La unción (chrisma)…no tenéis necesidad de que nadie os enseñe…la unción misma os enseña todas las cosas” (1ª Juan 2:20, 27).

 

Este don sobrenatural del conocimiento se incluye en los “dones espirituales” de 1ª Corintios 12:

 

“Hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo…a este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia según el mismo Espíritu…Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, ASÍ TAMBIÉN CRISTO” (1ª Cor.12:4-12).

 

Si aquí como muchos afirman se está refiriendo a nuestro Señor, Quien sea la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia, no nos parece que continúe en línea y armonía con el argumento del apóstol; porque él aquí se está refiriendo claramente a los dones del Espíritu, y la diversidad y la unidad se ilustran de forma adecuada por el cuerpo humano. “El Cristo” aquí se refiere, no a nuestro Señor, sino al cuerpo “ungido” de creyentes, el cual, por su ungimiento, tenía muchos otros dones por detrás dándole el “conocimiento de todas las cosas”, de las cuales habla Juan en su primera epístola. Desde la concepción y nacimiento del niño “Jesús” hasta el momento en que a través del Espíritu eterno se ofreció a Sí Mismo sin mancha para Dios, cada paso en Su camino, cada decisión que Él tomó, las palabras que habló, los milagros que realizó, Su estima de las Escrituras del Antiguo Testamento, todo estuvo siempre bajo la guía y sanción del Espíritu Santo.

 

Tanto el final “ofrecimiento o derramamiento” como la carencia de cualquier “mancha” durante toda la vida son la garantía dada por el Espíritu de que éste le fue otorgado sin medida. Cabe recordar que, aunque Su gente redimida ha sido lenta a la hora de reconocer la completa entrega y vaciamiento voluntario del Hijo de Dios, el diablo en cambio sí que fue consciente de su significado e importancia, pues Su primera tentación tuvo que ver con la realización de algo en el poder de Su propia e inherente Deidad, un ataque sobre el propósito mismo de la Encarnación. Por mucho que quisiéramos conocer los íntimos secretos de este “misterio de la Piedad”, bien vemos que se hallan Divinamente escondidos de nuestro entendimiento. Cuando Él se entregó y vació a Sí Mismo, la sabiduría, el conocimiento y el poder que era Suyo por derecho se puso a Su disposición por el Espíritu Santo, y le fue ofrecido en aquellas crisis en Su ministerio cuando más se demandaba. Aun mismo después de haber sido levantado de la muerte, “hasta el día en que fue tomado al cielo”, le fueron dados a través del Espíritu Santo los mandamientos pertinentes para los apóstoles que había escogido (Hechos 1:2). Su milagroso nacimiento, junto con su libre mantenimiento apartado sin mancha de las transgresiones de Adán, se atribuye al poder y al encubrimiento del Espíritu Santo. Su apertura ministerial, la comisión y la proclamación, se asociaron directamente con la venida sobre Él del Espíritu Santo. Sus subsecuentes milagros se atribuyen definitivamente al poder del Espíritu Santo, y mismo Su acto final de completa libre sujeción sobre la cruz del Calvario, fue ofrecido “a través del Espíritu eterno”. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre” (Mat.11:27), y toda especulación aquí es injustificada y acarrea llevando consigo la blasfemia.

 

De lo que se nos asegura es que, desde el Nacimiento a la Muerte, en Resurrección y Ascensión, cada paso del camino del Salvador por la senda de Su voluntaria entrega vaciándose, fue salvaguardado por el Espíritu, que ciertamente no le fue dado por medida. A la mayoría de nosotros se nos han ofrecido “dilemas” tales por los objetores, quienes, o bien por su ignorancia o bien por su arrogancia, demandan saber cosas como, si es que el niño, estando a los pechos de Su madre, ya era consciente de que “por Él todas las cosas fueron creadas”. Se cuestionan cómo sería posible que Aquel que hizo todas las cosas se pudiese haber sentado al borde de un pozo y le pidiera a una mujer que le diera de beber. Nosotros nos sentimos gratos y felices admitiendo que no precisamos prueba alguna sobre estas cosas sagradas. La persistencia con la cual el Espíritu introduce el ministerio del Espíritu Santo en cada canto y crisis se ha escrito así para dar de una vez por todas la satisfacción al creyente sobre todas estas materias, y para que nos regocijemos en un tal Salvador, Quien actuó a través de todo el curso de Su ministerio como Aquel que “siendo rico, se hizo pobre POR NUESTRA CAUSA”, y en vez de usar esta más que bendita “pobreza” como una arma contra su esencial Deidad o Su más que maravilloso Amor, somos conscientes de que “a través de Su empobrecimiento” nosotros hemos venido a ser enriquecidos.

 

Debemos dar lugar y ver un aspecto más de este gran e importante “ungimiento”, pero como nos lleva de vuelta atrás, “antes que la tierra fuese”, y trata con asuntos que están muy por encima de nuestras capacidades, debemos tratarlo con muchísimo cuidado. Antes que nada, debemos recurrir al Salmo 2, donde la mayoría sabe ya bien que está hablando del “Ungido” Señor (Salmo 2:2). Sabemos que este Ungido es además “Rey” (Salmo 2:6) e “Hijo” (Salmo 2:7) pero no todos saben que, al margen de la Versión Autorizada, se nos recuerda que la palabra traducida “puesto” también se transcribe por la palabra “Ungido”. Vamos a verlo por esta vía. Desde un punto de vista, el ungimiento de un rey se llevaba a cabo por el derramamiento de una pequeña cantidad de óleo puesta sobre su cabeza. A menos que este ungimiento se revista de un más pleno y rico significado, este detalle carecería de importancia. Sin embargo, podemos apreciar que “ungimiento” significa “ordenación”; el óleo ungido, o el ungimiento por el Espíritu Santo, siempre significa la ordenación para algún oficio, tal como el de Profeta, Sacerdote o Rey.

 

Y ahora leemos en 1ª Pedro 1:19, 20 que el Salvador fue ordenado previamente antes de la fundación del mundo, como “Un Cordero sin mancha y sin contaminación”, y con esta asociación con el principio de la creación, vamos a dos pasajes en el libro de Proverbios. La mayoría de los Proverbios, o bien están escritos por Salomón, o bajo la guía de Salomón, sin embargo hay algunas palabras de sabiduría registradas, de las cuales “las palabras de Agur” demandan atención. Damos la traducción de Moffatt, que por su diferencia con la Versión Autorizada puede estimularnos el interés:

 

“El clamor de un hombre desesperado con la búsqueda de Dios:

 

Yo estoy desesperado, Oh Dios,

En vano desesperado y desgastado;

Soy sordo como un terrón,

Sin vivo entendimiento.

Tampoco soy maestro del pensamiento,

De la Deidad nada sé.

¿Quién subió al cielo y después descendió?

¿Quién sujeto al viento entre sus dedos,

O mudó las aguas en un manto de nubes,

O afirmó los límites de la tierra?

¿Cuál es su nombre, o el nombre de su hijo?

¿No lo sabes tú? (Prov.30:1-4).

 

Hay aquí una extraña y resonante anticipación de la futura revelación: De la asociación de un “Hijo” con el Creador nada se dice positivamente. Ningún hombre por mucho que procure podrá hallar a Dios hasta la perfección, pero hay un indicio aquí, en cuanto al tiempo del cumplimiento en que vendría, y resultaría ser el amanecer del Día sobreponiéndose a la noche de la ignorancia y locura humana. Ahora volvamos al capítulo octavo, donde la Sabiduría es personificada, y debemos tener en cuenta el hecho de una posterior revelación: que “Cristo es la Sabiduría” de Dios.

 

“Jehová me poseía en el principio” (Prov.8:22).

 

No hay la palabra “en” ni en la versión griega (la Septuaginta) ni en el hebreo original. Sin embargo tenemos que aguardar, hasta que llegamos al último libro del Canon antes que podamos leer que Cristo en Sí Mismo es “El Principio de la creación de Dios” (Apoc.3:14). La palabra reshith empleada en Génesis 1:1 (principio) se encuentra en Génesis 49:3, donde se está hablando de Rubén el primogénito, el principio del vigor, quien, al igual que Caín, también fue un fracaso. La palabra “poseía” nos lleva al principio, pues es la misma palabra traducida “adquirido” y es la misma palabra que nos da el nombre “Caín” en Génesis 4:1. Si no se hubiese entrometido en el asiento de la vida la serpiente, Eva estaría en lo cierto al esperar que su primogénito fuese el cumplimiento de la promesa de Génesis 3:15 – pues ella dijo:

 

“He adquirido un varón – Jehová”

 

La Versión Revisada pone las palabras “por voluntad de” en itálicas. El hebreo se lee ish eth Jehová “Un hombre, Jehová mismo”.  Por eso llamó su nombre Caín o Qain, del verbo qanah “obtener, o adquirir”. Pareciera que Satán, sabiendo la verdad del Proverbio 8, procurase anticiparse al adviento de Cristo sustituyéndolo por Caín, el cual “era del maligno”. Continuando con Proverbios capítulo 8, leemos:

 

“Jehová me poseía en el principio. Ya de antiguo, antes de Sus obras. Eternamente tuve el principado…desde el principio, antes de la tierra (antes que la tierra fuese)” (Prov.8:22, 23).

 

“Tuve” aquí es la hebrea nasach, que ya hemos visto en Salmos 2 “Yo he puesto Mi rey…” donde al margen se lee “Ungido”. La palabra significa literalmente “derramar” como en Isaías 29:10 y se emplea de la “ofrenda de libación” (Gén.35:14), y del acto de David cuando tuvo el deseo de beber de las aguas del pozo de Belén que casi le costó la vida a algunos de sus seguidores, y por eso se nos dice “mas no quiso beber, sino que la derramó para Jehová” (2ª Sam.23:16). En Filipenses 2 tenemos primero la maravillosa revelación del “derramamiento voluntario (o vaciamiento)” del Hijo de Dios, las palabras se traducen literalmente “Se hizo a Sí Mismo de nula reputación” utilizando el verbo kenoo “vaciar”, “derramar”, y a seguir, el apóstol, siguiendo los pasos a Su Señor más adelante, dijo: 

 

“Y aunque sea (yo) derramado en libación (como sacrificio de libación)”  (Filip.2:7, 17).

 

“Ni (había) el principio del polvo” (Prov.8:26). Aquí tenemos contenidas las palabras empleadas en Génesis 1:2 “las tinieblas estaban sobre la faz del abismo” que en la Septuaginta (y en la Reina y Valera) es la misma traducción “abismo” en Apoc.20, y de ahí que Proverbios nos lleva de vuelta y nos pone delante de Satán y su caída. Moffatt traduce así el versículo 27:

 

“Cuando afirmaba los cielos, allí estaba Yo, cuando cercó la Bóveda del abismo”. (Vea también aquí la Companion Bible) con lo cual se nos lleva de vuelta a la hechura del “firmamento”, que de acuerdo a Isaías 40:22 “extiende los cielos…como una cortina”.

 

“Con Él estaba Yo, ordenándolo todo” (Prov.8:30).

 

“En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con Dios” (Juan 1:1).

 

“Me regocijo en la parte habitable de Su tierra; Y mis delicias son con los hijos de los hombres” (Prov.8:31).

 

La palabra “habitable” es la hebrea tebel, que en otras partes se traduce mundo y significa tal como su equivalente griega oikoumene, la tierra habitable. Las palabras en Job 18:18 del maligno son:

 

“De la luz serás lanzado a las tinieblas, y echado fuera del mundo”

 

Teniendo en cuenta cuando leemos en el Nuevo Testamento de aquellos que serán expulsados al interior de las “tinieblas” o a “los cuatro cantos de la tierra”, el Tebel sería entonces especialmente aquella parte de la tierra habitada por el hombre, y adyacente a lo que posteriormente se denomina “La Tierra Santa”. No pretendemos haber explicado este maravilloso pasaje, sintiendo gran simpatía con Agur, quien, recordaremos, se sintió tan “sordo como un terrón” cuando intentó comprender al Creador y Su Hijo; así que solo estamos gratamente complacidos en la presencia de lo inexplicable y admitiendo que:

 

“Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en la carne” (1ª Timoteo 3:16).

 

Así como el “ungimiento” de Jesús como el Mesías tuvo lugar a su debido tiempo, hubo este más temprano “ungimiento” cuando estaba ciertamente siendo ordenado de antemano, tal como Pedro dijo: “Santo y sin mancha”. Por muy absoluto que fuese el derramamiento voluntario del Hijo de Dios, no tenemos causa alguna para dudar de Su Palabra, pues cada paso que Él tomó desde el pesebre en Belén hasta la Cruz del Calvario, fue siendo salvaguardado, garantizado y controlado por el Ungimiento del Espíritu Santo, el cual era de Su posesión en tal plenitud, que leemos:

 

“Porque Aquel a Quien Dios envió, las palabras de Dios habla, pues Dios no da (no le da a Él) el Espíritu por medida” (Juan 3:34).

 

Esto significa el investimento sin medida, para el inexplicable Don de Dios, en Aquel que vino por causa del amor que sobrepasa el conocimiento, para revelar Sus insondables riquezas. Cualquiera que fuese la demanda, este ungimiento era más que adecuado y suficiente. ¿Alguien se sorprendería de que el escritor de estas líneas, estando solo en su escritorio, pronunciase para sí mismo un gran “Aleluya”?

 

Los nombres y títulos de nuestro Salvador son de suma importancia, y para que nos sirva de estímulo en el posterior estudio y un mayor reconocimiento del Señor de vida y gloria, aquí damos una lista de algunos de estos nombres y títulos que se encuentran en el Nuevo Testamento:

 

Jesús. Jesús de Nazaret. Dios con nosotros. Amado Unigénito. Hijo de Dios, del Hombre, de David. Jesucristo. Cristo. Mesías. Rey. Cristo Jesús. Señor. Señor Jesús. El, o Nuestro, Señor Jesucristo. Jesucristo nuestro Señor. Dios y Salvador. Señor y Salvador Jesucristo. Rabí. Maestro. Cordero. Pastor. Pastor Principal. La Palabra. La Luz. El Lucero y Estrella de la Mañana. El Alba. El Santo. El Justo. El Juez. Profeta. Siervo. Ministro. Obispo. Apóstol. Príncipe. Sumo Sacerdote. Capitán o Autor. Mediador. Alfa y Omega. Primero y Último. Principio y Final. El que acaba. Amén. Raíz. Primogénito. Vida. Pan. Fiel y Verdadero. Testigo. Cabeza. Piedra Angular. Roca. Abogado. Libertador. Puerta. Precursor. Fundación. Gobernador. Heredero. León. Pascua. Vid Verdadera. Camino. Yo Soy. Último Adán.

 (Selección retirada del libro Nombres y Títulos del Señor de Gloria, por Ada R. Habershon).

 

Frases doctrinales tales como “en Cristo”, “en el Señor”, “en Cristo Jesús”, “en Aquel en Quien”, son de suprema importancia, y es digno de ser observado que, ninguna de estas frases, aparece en la epístola a los Hebreos. Otro detalle que debe ser observado es la distinción entre el título “Cristo” y el de “Señor”, que puede ser ejemplificado estudiándolo en la epístola a los Efesios. En la sección doctrinal, esto es, en Efesios de 1 a 3, el apóstol habla de sí mismo como “el prisionero de Jesucristo” (Efesios 3:1), pero cuando comienza la correspondiente sección práctica con su insistencia sobre “el andar”, se denomina a sí propio “el prisionero del Señor” (Efes.4:1).

 

“Hemos hallado al Mesías (que traducido es el Cristo)” (Juan 1:41).

 

“Para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en Su nombre” (Juan 20:31).

 

“Bendito el Dios y Padre

 de nuestro Señor Jesucristo,

que nos bendijo con toda bendición espiritual

 en los lugares celestiales……………………….EN CRISTO.

Según nos escogió ………………………………EN ÉL;

Según el puro afecto de Su voluntad,

 para alabanza de la gloria de Su gracia,

 que hizo sobreabundar para con nosotros,

 con la cual nos hizo aceptos……………………..EN EL AMADO

(Efesios 1:3-6)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Satisfecho

 

En cuanto a mí, veré Tu rostro en justicia

ESTARÉ SATISFECHO

Cuando despierte a Tu semejanza (Salmo 17:15)

 

“Nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír” (Ecles.1:8).

 

“Hablamos la sabiduría de Dios en misterio…Lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni ha subido al corazón del hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos las ha revelado a nosotros por el Espíritu” (1ª Cor.2:7-10).

 

¿Qué conexión puede haber entre estos dos pasajes? Tenemos el antecedente de la sabiduría mencionada en 1ª Corintios capítulo 1 un cierto número de veces, y la bien conocida sabiduría de Salomón; Tenemos además el fracaso de nuestras limitaciones a la hora de “ver” y “oír” las cosas profundas de Dios. Pero en contraposición con este antecedente tenemos la palabra “satisfecho”, y ahora deseamos explorar con algún cuidado este término, pues dice respecto a la antigua cuestión: “¿Si un hombre muere, volverá a vivir de nuevo?” Eclesiastés provee una respuesta para este desconcertante problema con la afirmación:

 

“Nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír”

 

El Predicador, el hijo de David, Rey en Jerusalén, coloca al inicio de sus indagaciones la conclusión a la cual llega también en el capítulo final:

 

“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, vanidad de vanidades; todo es vanidad” (Ecles.1:2, y vea además 12:8).

 

Teniendo en cuenta que una generación pasa, y otra generación viene, el Predicador pregunta: “¿Qué provecho hay en todo el trabajo que se hace debajo del sol?” Y cuando vuelve a retomar este mismo tema en el versículo 8, dice:

 

“Todas las cosas son fatigosas en extremo, más de lo que el hombre pueda expresar. Nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír”

 

Las palabras finales de la indagación que lleva a cabo son:

 

“Y el polvo vuelve a la tierra, como era; y el espíritu vuelve a Dios, Quien lo dio. Vanidad de vanidades, dijo el Predicador, vanidad de vanidades; todo es vanidad” (Eclesiastés 12:7, 8).

 

Entre el capítulo de apertura y el del final, Eclesiastés pondera el problema que levanta la muerte. Nos dice que la sabiduría excede y supera a la necedad así como la luz a las tinieblas, y hace las siguientes observaciones:

 

“Un mismo suceso acontecerá tanto a uno como a otro…como sucederá al necio, me sucederá también a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora para hacerme más sabio? Y dije en mi corazón, que también esto es vanidad…y también morirá el sabio como el necio” (Ecles.2:13-16).

 

“Un mismo suceso” (Ecles.2:14; 9:2, 3).

“Un mismo lugar” (Ecles.3:20; 6:6).

“Nunca se sacia” (Ecles.1:8; 4:8; 5:10).

“No se sació (la misma palabra que “satisfecho”) (Ecles.6:3).

 

Estas referencias resumen el desespero y la insatisfacción, el sentido de la vanidad, el nunca acabar del círculo vicioso (Ecles.1:4-11) que desconcierta la sabiduría del sabio.

 

“¿Dónde está el sabio?”… “El Señor conoce los pensamientos del sabio, que son vanos (o necios)” (1ª Cor.1:20; 3:20).

 

“Pero por Él estáis vosotros en Cristo, Quien de Dios ha sido hecho para nosotros sabiduría… (1ª Cor1:30).

 

“Hablamos sabiduría de Dios en misterio” (1ª Cor.2:7).

 

“Lo cual también hablamos, no en palabras que la sabiduría del hombre enseña, sino con lo que enseña el Espíritu Santo; acomodando las cosas espirituales con lo espiritual” (1ª Cor.2:13).

 

Los pasajes citados encima son una selección entre muchos iguales, pues realmente la totalidad de la revelación de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis puede ser resumida bajo 1ª Corintios 2:13. Siendo así, dejemos ahora Eclesiastés en sus indagaciones y pruebas, y vamos a ver el testimonio de otros que fueron inspirados en sus declaraciones y cuyos hallazgos no fueron tanto el resultado de indagaciones, sino de recibir la iluminación de lo alto. Con todo esto no queremos impugnar el libro de Eclesiastés; los registros de los errores cometidos por Abraham, de Moisés, de Aarón, de Israel y de David son todos “dados por inspiración de Dios y provechosos”. Vamos por tanto a examinar la positiva enseñanza del Salmo 17: 

 

“En cuanto a mí, veré Tu rostro en justicia: Estaré satisfecho cuando despierte a Tu semejanza” (Salmo 17:5).

 

“El ojo no se satisface por ver” La condición negativa.

“Veré… Estaré satisfecho” La condición positiva.

 

Antes de examinar los términos que se emplean en el Salmo 17:15 debemos prestar atención a las palabras de introducción “En cuanto a mí”, pues indican un contraste intencional, y no podremos apreciar la plenitud de la esperanza del Salmista si no sabemos con qué se esté comparando. En el versículo 14 tenemos una descripción de aquellos cuya esperanza se basa en distintos fundamentos que los del Salmista.

 

Son hombres mundanos

Tienen su porción en esta vida

Sus vientres están llenos

Tienen saciados a sus hijos

Dejan en heredad lo que les sobra para los más pequeños.

 

Es en contraste con estos que el Salmista dice “En cuanto a mí”. La palabra traducida “hombres” es un tanto extraña, pues mientras que adan es así traducida unas 400 veces, ish cerca de 900 y enosh alrededor de 450 veces, la palabra traducida “hombres” en el Salmo 17:14 es la hebrea methim, y aparece tan solo catorce veces. Es un término cognitivo de la palabra que significa “lomos” y sugiere siempre un “esfuerzo físico”. Los tales “están envueltos con su grosura: con su boca hablan arrogantemente” (Salmo 17:10). El Salmista había orado:

 

“Sustenta mis pasos en Tus caminos, para que mis pies no resbalen” (Salmo 17:5).

 

Estos “hombres”, que así se esfuerzan, ya tienen su porción en esta vida actual y presente. Una referencia al Salmo 73 nos ofrece un más pleno y detallado comentario sobre esta palabra que puede darnos más información. Vamos a examinar este Salmo de Asaf y ver cómo llega a su conclusión. Las palabras “ciertamente” y “verdaderamente” son, siempre, una misma palabra en el original, y podrían ser representadas (no traducidas) por nuestro coloquial “a pesar de todo”, de la siguiente manera:

 

A pesar de todo, es bueno Dios para con Israel (Salmo 73:1).

                           En cuanto a mí – un registro de sus malentendidos (Salmo 73:2-12).

A pesar de todo, en vano he limpiado mi corazón (Salmo 73:13).

                           Hasta que entrando en el Santuario (Salmo 73:17).

A pesar de todo, los has puesto en deslizaderos (Salmo 73:18).

                           Era (yo) como una bestia

                           ¿A Quién tengo yo en los cielos?

                           Mi porción es Dios para siempre (Salmo 73:22-26).

 

Aquí también, en este Salmo, el escritor dice:

 

“Casi se deslizaron mis pies” (Salmo 73:2)

 

Y también se repite de los hombres mundanos diciendo:

 

“Los ojos se les saltan de gordura: Logran con creces los antojos del corazón” (Salmo 73:7)

 

Y a seguir a la experiencia del Santuario sin embargo leemos que Asaf reconoce:

 

“Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre” (Salmo 73:26).

 

Estos hombres del Salmo 17 tienen su porción “en esta vida”. Aquí es probable que tengamos un contraste de las palabras finales del Salmo 16, que también hablan de resurrección:

 

“Me mostrarás la senda de la vida; en Tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a Tu diestra para siempre.” (Salmo 16:11).

 

La palabra “plenitud” es la misma palabra hebrea que se traduce “satisfacción” en el Salmo 17, y “la senda de la vida” se pone en contraste con “esta vida”. Eclesiastés nos da un relance de esto mismo cuando dice:

 

“…esta es tu parte en la vida…no hay…sabiduría, en el Seol, adonde vas (Ecles.9:9, 10).

 

Tanto los traductores como los intérpretes por igual han hallado en algunos de los términos del Salmo 17:14 alguna dificultad para transcribirlos en un castellano inteligible, en particular la frase:

“…cuyo vientre está lleno de Tu tesoro”.

 

En primer lugar, observamos que “tesoro” se halla en itálico (en las versiones inglesas) y puede ser dispensado. No deja de ser sino una de las muchas conjeturas que se han hecho. En segundo lugar, la frase “llenar el vientre” se emplea en otros lugares para indicar una baja condición moral. Elifaz el Temanita lo asocia el “vano conocimiento” a “llenar el vientre con viento solano” (Job 15:2). Zofar el Naamatita dice del opresor:

 

“Cuando se pusiere a llenar su vientre, Dios enviará sobre él el ardor de Su ira” (Job 20:23).

 

El lector probablemente habrá observado que, en el versículo precedente a este, leemos “plenitud” y “suficiencia”. Nos recuerda la circunstancia del hijo Pródigo cuando deseaba “llenar su vientre con las algarrobas que los cerdos comían” (Lucas 15:16), y de la acusación hecha por el apóstol porque algunos “no servían a nuestro Señor, sino a sus propios vientres” (Rom.16:18), y el aviso de Filipenses 3:19 concerniente a aquellos “cuyo Dios es su vientre”. Aquellos cuyos vientres están llenos con estos tesoros, por tanto, no están en la misma categoría como el Salmista, que dijo en contraste: “En cuanto a mí”. Así, pues, todavía estamos sin comprender bien la intención en las palabras “Tu tesoro”, pero creemos que una referencia a Eclesiastés puede ayudarnos:

 

“Todo lo hizo hermoso en Su tiempo; y ha puesto eternidad en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Ecles.3:11).

 

Ahora bien, la palabra que se traduce “mundo” es olam. Citamos de Gesenius con respecto al término:

 

Lo que se halla oculto: especialmente el tiempo ocultado, desde hace mucho; el comienzo o fin es tanto incierto, como también no definido”

 

Y refiriendo a Eclesiastés 3:11 Gesenius dice:

 

Por el uso Caldeo y Rabínico, al igual que la griega aion, aquí el anhelo o procura de las cosas mundanas, se denomina más plenamente “el amor del mundo”.

 

Lo que el Salmista parece decir, cuando se pone en castellano y se percibe el lenguaje figurativo empleado, podría ser parafraseado de la siguiente manera:

 

“Los hombres mundanos que tienen su porción en esta vida y cuyos vientres se llenaron con el mundo, el siglo de los límites indefinidos, para que así no vean más allá que lo presente, y no sientan vínculo alguno con el gran propósito de las edades”

 

“Sacian a sus hijos” (Salmo 17:14). Aquí la palabra traducida “sacian” es la misma que en el original traduce “satisfecho” y es un contraste intencional. ¿Qué significa que estén repletos de “hijos” y que “aún dejan el resto para sus pequeñuelos”?

 

SIGNIFICA UN PROCURADA Y VANA RESURRECCIÓN en contraste con la bendita esperanza personal del creyente.

 

Una referencia al Salmo 49 arrojará más luz sobre esta actitud del mundano contraria con la de Job:

 

“Al Cual (al Redentor) veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro (Job 19:27).

 

El mensaje de Salmos 49 se dirige a:

 

“Así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre juntamente”

 

Su mensaje está en gran medida de acuerdo con la misma desconcertante conciencia que encontramos en Eclesiastés 3:18-22, es decir, sin esperanza alguna, el hombre muere de igual manera que una bestia (Salmo 49:10-12). Ningún hombre puede redimir a su hermano para que éste viva para siempre sin ver corrupción, y en vez de confiar en Dios que vivifica a los muertos.

 

“Su íntimo pensamiento es que sus Casas serán eternas, y sus Habitaciones para generación y generación; dan sus nombres a sus Tierras” (Salmo 49:11).

 

No tiene esperanza alguna por una resurrección personal; así que los tales se consuelan en una inmortalidad POR PROCURACIÓN:

 

“Le da sus nombres a sus Tierras

 

Tan solo se ocupan con perpetuar sus “casas”. Instituyen incluso el divorcio con el intuito y la esperanza de que, volviendo a casarse, tendrán un “heredero”. Todo porque no pueden decir:

 

“Yo sé bien que MI Redentor vive…a Quien yo veré…y no otro” (Job 19:25-27).

 

Volviendo ahora al Salmo 17, la denigrante substitución que procuran para una resurrección personal se resume por las palabras:

 

“Se sacian (SATISFACEN con, la misma palabra que en el vers.15) sus hijos, y aun sobra para sus pequeñuelos” (Salmo 17:14).

 

Y “aun sobra para sus pequeñuelos” – Pero, ¿qué es lo que sobra? Leamos de nuevo el Salmo 49:

 

“Porque cuando muera NO LLEVARÁ NADA”

“Este su camino es locura; con todo, sus descendientes se complacen (satisfacen) en los dichos de ellos” (Salmo 47:17, 13).

 

¡Qué descanso! Qué bendito reposo hay en oposición a todo esto en la alternativa del Salmista expresada por las palabras: ¡En cuanto a mí!

 

La Positiva Esperanza de Resurrección

 

En contraste y oposición a esta “inmortalidad procurada” el Salmista señala la bendita esperanza del creyente:

 

“En cuanto a mí, veré Tu rostro en justicia; estaré satisfecho cuando despierte a Tu semejanza.” (Salmo 17:15).

 

En el versículo 2 el Salmista había orado:

 

“De Tu presencia proceda mi vindicación”.

 

Lo cual hace eco en el versículo 15: “Veré Tu rostro en justicia”. La palabra traducida “vindicación” y además “proceda” hacen balance con la palabra “justicia”. Allí, en la resurrección en gloria, lo torcido se enderezará y los lugares escabrosos serán allanados; todas las injusticias que angustian y dejan perplejos a los hombres de este mundo, y que tan a menudo desvían los pasos de los santos, serán erradicados, y tanto el creyente como su Señor contemplarán “las cosas que sean justas y equitativas y en su perfecta equidad y balanza”. La contemplación del rostro del Señor en justicia es un paso hacia el objetivo de las edades:

 

1.     Estaré satisfecho.

2.     Cuando despierte.

3.     A Tu semejanza.

 

En primer lugar, el creyente debe ser despertado del sueño de la muerte. A través de toda la Palabra de Dios, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento, “dormir” y “despertar” son las figuras empleadas constante y consistentemente para la muerte y resurrección, pero como hay algunos Evangélicos Fundamentalistas que lo niegan, y sustituyen así la palabra de Dios y las palabras de Dios por sus propias credenciales, debemos tomarnos el tiempo y el espacio necesarios para exhibir la consistente enseñanza de toda la Escritura a este respecto.

 

 

La muerte comparada al dormir

La resurrección comparada al despertar

 

“Así el hombre yace y no vuelve a levantarse; hasta que no haya cielo, no se despertarán, ni se levantarán de su sueño” (Job 14:12).

 

“Y dormirán sueño eterno y no despertarán” (Jerem.51:57).

 

“Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte” (Salmo 13:3).

 

“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra serán despertados” (Daniel 12:2).

 

“Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido se levantaron” (Mateo 27:52).

 

“Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle…Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto” (Juan 11:11, 14).

 

“Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción” (Hechos 13:36).

 

“Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen” (1ª Cor.11:30).

 

“Entonces también los que durmieron en Cristo perecieron…Cristo…primicias de los que durmieron” (1ª Cor.15:18, 20).

 

“No todos dormiremos; pero todos seremos transformados” (1ª Cor.15:51).

 

“Así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él” (1ª Tesal.4:14).

 

“Quien murió por nosotros, para que ya sea que velemos o que durmamos, vivamos juntamente con Él” (1ª Tesal.5:10).

 

El Salmista, al menos aparentemente, no se hacía idea alguna del estado intermedio de bendición anterior a la resurrección; él dice “Cuando despierte”, (no durante el intervalo) “Estaré satisfecho”, y satisfecho porque despertaría en la semejanza de su Señor.

 

¿En qué consiste esta “semejanza”? Aquí en esta vida se nos exhorta a que tengamos “la MENTE” que había en Cristo Jesús (Jesús 2:5), pero a mirar hacia delante, hacia una gloriosa transfiguración, cuando este cuerpo de nuestra humillación sea transformado a semejanza de Su glorioso CUERPO (Filip.3:21). Romanos 8 sigue este mismo orden. Primeramente el Espíritu de Cristo habita ahora en el creyente y “vivifica” su cuerpo mortal, pero mirando hacia delante a “la redención del cuerpo”; puesto que Dios ha predestinado a cada creyente redimido a ser “semejante a la imagen de Su Hijo” (Rom.8:9-11, 23, 29).

 

“Y así como hemos traído la imagen del terrenal, traeremos también la imagen del celestial” (1ª Cor.15:49).

 

Si la inmortalidad del alma fuese Escritural, la Palabra de Dios debería al menos declararlo. Pero vemos que la “inmortalidad” tanto sea aphthartos, aphtharsis incorruptible, incorrupción (1ª Tim.1:17; Rom.2:7 y 2ª Tim.1:10) como athanasia, inmortalidad, (1ª Cor.15:53, 54; 1ª Tim.6:16) tan solo se emplea hablando de Dios o de Cristo, o del creyente en resurrección, y no de otra manera. Es algo que los hombres procuran desesperadamente, que evidentemente no poseen, y la única respuesta a sus indagaciones es la vida eterna:

 

“Vida eternal a los que, perseverando en bien hacer, buscan gloria y honra e inmortalidad” (Rom.2:7).

 

La inmortalidad tan solo será “revestida” en la resurrección y nunca antes (1ª Cor.15:53, 54). Solamente Cristo, el Rey de reyes y Señor de señores, Tan solo Él posee la inmortalidad (1ª Timoteo 6:14-16). 2ª Corintios 5 describe el cuerpo presente como siendo un “tabernáculo” que irá a ser “deshecho”. El apóstol no deseaba ser “desnudado”, sino que viniese a ser “revestido…para que lo mortal fuese absorbido por la vida” (2ª Cor.5:1-4). Lo que significa esta escritura lo aprendemos por su uso anterior en 1ª Cor.15:54:

 

Cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya revestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria”

 

La satisfacción del creyente aguarda la realización de “aquella bendita esperanza” cuando:

 

“Seamos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él es” (1ª Juan 3:2).

 

Hay, sin embargo, un pensamiento aún más maravilloso: el Salvador Quien sufrió la muerte de la Cruz con toda la vergüenza asociada, ¡Él también se quedará “satisfecho”! Siendo así, bien podemos decir que “Esa será mi gloria”.

 

Ahora volvemos al maravilloso capítulo de Isaías que contiene esta verdad, es decir, Isaías 53. Al mismo tiempo que vemos la división del capítulo y versículo de más utilidad cuando usamos el léxico concordancia, debemos de todas formas recordar que las divisiones de los capítulos son artificiales, y bastantes mal divididos algunas veces. Tan importante es esto de Isaías, que juzgamos no será penoso exponer para el lector su estructura y enseñanza, y antes de centrar nuestra atención de manera aislada en  las palabras de Isaías 53:11: “Verá el fruto de la aflicción de Su alma, y quedará satisfecho” consideramos además la sección entera que contiene estas palabras.

 

 

El Cordero de Dios (Isaías 52:13 a 56:8)

La Estructura  de Isaías 52:13 a 53:12 Descubierta

 

Isaías 40 comienza con las palabras “Consolaos” y la sección que estamos ahora viendo provee la única base sólida para el verdadero consuelo. Tanto para Israel como realmente también para nosotros, se dirigen las palabras:

 

“Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo…” (Isaías 54:11).

 

¿Y dónde procurará el “afligido” su consuelo, a menos que sea en Aquel Quien fue “afligido” en su sustitución? (Isaías 53:7). Esta porción de Escritura incluye Isaías 53, el “lugar santísimo” de todos los profetas. Siempre que abrimos las páginas sagradas, nos hallamos pisando suelo santo; siempre que leamos la Ley y los Profetas, estamos leyendo las Escrituras que hablan de Cristo, pero existen algunos pasajes que sobresalen de manera prominente en un tema particular y bendito, y el pasaje que ahora tenemos delante fue escrito en la previsión del Calvario, de su sufrimiento y de su gran triunfo.

 

La sección que estamos estudiando va desde el 52:13 hasta el 56:8, y está dividido en cuatro partes.

 

A 52:13 a 53:12 Él se llevó o cargó consigo el pecado de muchos. Su alma y ofrenda.

   B 54                    Restauración. Tu descendencia heredará Naciones

                                                     Ninguna arma forjada prosperará contra ti.

A 55:1-7             Él será amplio en perdonar. Tu alma – se deleitará con grosura.

   B 55:8 a 56:8   La Reunión de “otros” “todas las gentes”

                                 La Palabra prosperará.

 

El tema es tan amplio y nuestras mentes tan limitadas que tendremos que concentrar toda nuestra atención por ahora tan solo sobre la primera sección: de 52:13 a 53:12.

 

Antes de estudiar cualquiera pasaje en detalle procuraremos la estructura literaria, pues con eso descubriremos el cuadro completo y el argumento del pasaje, y sin obtener primero tanto la estructura, como el cuadro completo o argumento, nuestros comentarios degenerarían en una mera lista de observaciones desconectadas sobre las palabras individuales. El deseo de presentar al lector la estructura de este gran pasaje, y nuestra habilidad para satisfacer ese deseo son, sin embargo, dos totalmente distintas proposiciones. No nos proponemos pedirle al lector que comparta o participe con nosotros en esta ardua labor, ni tampoco podemos esperar que cualquiera que no siga este paso venga a ser capaz de regocijarse de su descubrimiento. Damos unas pocas indicaciones de cómo se amplía la estructura, y dejamos que el lector las examine honestamente, para emplear y para disfrutar la gracia que puedan ofrecer. En primer lugar hemos observado que el pasaje comienza con las palabras “He aquí que Mi Siervo” (Isaías 52:13) y recordamos que a seguir al registro que se da de Sus  sustitutivos sufrimiento, vuelve a aparecernos este bendito Siervo.  

 

“Por Su conocimiento justificará Mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” (Isaías 53:11). Una pausa para meditar también nos dará más luz acerca de un detalle. La palabra hebrea traducida “llevará” es nasa, y significa primariamente “levantar”. La palabra “exaltado” (vers.13) también es una traducción de nasa. Concerniente a estas y otras palabras hebreas no ofrecemos ninguna explicación, sino observar el comienzo del arreglo estructural del material, y registrar nuestra primera observación.

 

Mi Siervo – “Exaltado” nasa

Mi Siervo Justo – “Llevará” nasa

 

Ahora observamos aquellas naciones y los reyes que son referidos en 52:15, y leemos que se quedaron perplejos y asombrados en algo completamente inesperado. Hallamos también algo igualmente inesperado después del pesar, la humillación y la mansedumbre en Isaías 53:4-10: la repartición del despojo con los grandes y los fuertes, Isaías 53:12. Estos escenarios los mantendremos sin embargo reservados por ahora, mientras examinamos los restantes versículos. Sabemos que las palabras “Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros” (53:6), y “oró (o hizo intercesión) por los transgresores” (Isaías 53:12) emplean la misma palabra hebrea paga, y esto ya lo hemos observado en el primer volumen de Los Expositores de Berea en un artículo titulado “Maravillosos lugares de reunión”, donde estos pasajes son traducidos:

 

“Jehová ha reunido junto sobre Sí la iniquidad de todos nosotros” y

 

“Él cargó el pecado de muchos, e hizo un lugar de reunión para los transgresores”

 

Ahora tenemos dos pares enfocados de correspondencias:

 

A -    Siervos – exaltados nasa.

   B –      Lugar de reunión paga.

A -    Siervos – carga       nasa.

   B –      Lugar de reunión paga.

 

Observamos que tanto los pecadores como el Salvador son comparados a “ovejas” que, junto con el énfasis más evidente puesto sobre Sus sufrimientos por el pueblo, rellena el resto del espacio con la maravilla de Sus “sufrimientos sustitutivos”. Volviendo a 52:14, 15 y 53:1-3 descubrimos que la palabra “parecer” y la palabra “hermosura” fueron traducciones de la misma palabra hebrea, tal como también las dos palabras “oído” (52:15) y “anuncio” (53:1). Por tanto, nosotros ahora exhibimos al lector y ponemos a disposición de su estudio y a su servicio la siguiente estructura de este glorioso pasaje.

 

Como muchos ya deben haber anticipado, haremos un cierto número de citas en el Nuevo Testamento de Isaías 52 y 53, y resumiremos este estudio de apertura del material que tenemos delante indicando los pasajes citados.  

 

Isaías 52:15. “Porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído”

 

Este versículo se cita en Romanos 15:21, en conexión con el deseo del apóstol de “predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido predicado, para no edificar sobre fundamento ajeno” (Rom.15:20).

 

Isaías 53:1. “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? Y ¿sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?”.

 

Este pasaje lo cita Juan en su Evangelio, 12:38; y la primera frase la cita Pablo en Romanos 10:16. Juan 12 es el capítulo que encierra el testimonio de Cristo en el mundo como hombre, y revela Su repudio.

 

Isaías 53:4. “Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores”.

 

Este pasaje lo cita Mateo en 8:17, donde leemos: “Él Mismo tomó nuestras enfermedades y tomó nuestras dolencias”.

 

Isaías 53:5. “Por Su llaga fuimos nosotros curados”

 

Esto se cita en 1ª Pedro 2:24. “Por cuya herida (fuisteis) sanados”. Es provechoso observar que Pedro, por motivo del hecho que estuviera escribiendo una epístola, mudase el “nosotros” de Isaías 53 por “vosotros” con el objetivo de aplicar el pasaje a sus inmediatos oidores.

 

Isaías 53:-7, 8. Este pasaje algo extenso se cita en Hechos 8:32, 33. Un cierto número de las cuestiones más importantes se levantan al comparar el Antiguo Testamento original con las citas del Nuevo Testamento, lo cual consideraremos en su debido lugar. La única y más importante contribución que deseamos señalar aquí es la secuencia:

 

“Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde esta Escritura, le anunció el evangelio de Jesús.” (Hechos 8:35).

 

Isaías 53:9. “Aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en Su boca”.

 

La palabra hebrea “maldad” se traduce hamartian por la Septuaginta; y la adopta Pedro en 1ª Pedro 2:22.

 

Isaías 53:12. “Y fue contado con los pecadores”.

 

Esto se cita en Marcos 15:28 y Lucas 22:37. Estos siete pasajes son citados por diferentes escritores del Nuevo Testamento, y eso revela la importancia que contiene este capítulo en sus estimativas, pues aunque a primera vista no parezca que “siete” citas no sean demasiadas – no obstante, ningún otro capítulo en Isaías ni en todo el Antiguo Testamento se cita tantas veces.

 

Ahora estamos preparados para darle a este magnífico capítulo al menos parte de la atención que le es debida. Nunca debemos olvidarnos que su más grande gloria es guiar nuestros corazones y elevarlos hacia la contemplación de la letra viva, es decir, hacia Aquel que es “La Palabra hecha carne”, “El Hijo de Dios Quien me amó y se entregó por mí”.

 

“He aquí, Dios le pondrá muy en alto”

(Isaías 52:13)

 

“He aquí que Mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto”.

 

Con estas palabras comienza el gran capítulo sacrificial de Isaías. No empieza con pesares o angustias, ni con humillación, ni con referencias a la muerte y la sepultura, sino con exaltación, con ser enaltecido, y siendo puesto muy en alto. En los capítulos anteriores hemos leído de este Siervo del Señor (Isaías 42:1, 19; 43:10; 49:3, 5, 6), y las profecías fueron reuniendo la fuerza y claridad gradualmente a medida que este clímax se fue aproximando. Nuestra atención se dirige en primer lugar a lo que este Siervo del Señor hizo o realizó (las versiones inglesas traducen “actuará prudentemente” donde dice en la castellana Reina y Valera “será prosperado” en Isaías 52:13), y a seguir,  a lo que a Él se le hará: “Él será exaltado”. La palabra traducida “prosperado” no debe ser entendida en el mismo sentido que la palabra “prosperada” en Isaías 53:10, donde se emplea una muy distinta palabra hebrea. Sakal, que se traduce en la mayor parte de sus ocurrencias por la palabra “sabio” o “entendido”, pero en el hiphel o modo causativo, se traduce ocho veces “próspero”. Jeremías utiliza esta palabra en el lenguaje profético, que enfoca: el mismo día glorioso del Mesías, tal como lo hace Isaías 52:13:  

 

“He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso (el cual prosperará), y hará juicio y justicia en la tierra. En Sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será Su nombre con el cual le llamarán: JEHOVÁ JUSTICIA NUESTRA”. (Jer.23:5, 6).

 

Además está escrito, tanto de Josué como de Oseas (nombres que prefiguraban al “Salvador” “Jesús), que “prosperarían” (Josué 1:7; 2ª Reyes 18:7). Aquel Quien es la Sabiduría de Dios es también el Poder de Dios (1ª Cor.1:24); Su Sabiduría es dinámica, “prospera” y prevaleciente.

 

Por eso Isaías 52:13 comienza: “Mi siervo será prosperado”, y el sello se pone sobre Su glorioso “éxito” alcanzado ya (tal como esta palabra se traduce en Josué 1:8 -  “todo te saldrá bien”) por Su resurrección y ascensión.

 

“Será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto.”

 

Aquí el Profeta no tiene intención de hacer tres diferentes fases en esta exaltación, sino que se trata del desbordante regocijo de la visión profética, empleando una bien conocida figura literaria denominada Anábasis o “ascensión gradual”, por la cual, se lleva a cabo un aumento gradual del énfasis, y eso  a través de una ascendente serie de sucesivas palabras, frases o sentencias. Pero aun así, debemos darnos cuenta de todas las tres palabras, para que la intención Divina pueda ser percibida.

 

“Exaltado”, hebrea rum.- Debemos recordar que Abraham, antes que su nombre fuese alterado (Gén.17:5), era Abram, formado de ab “padre” y rum o ram “alto”, y “exaltado”. De ahí los nombres de los lugares como, ramah y ramoth “Un agradable lugar” (1ª Samuel 19:18; Deut.4:43). Algunas ocurrencias en Isaías por sí señalarán suficientemente su distintivo significado: Exaltado como una “calzada levantada” (Isaías 49:11); Exaltado como un “cedro del Líbano” (Isaías 2:13; Exaltado como el Señor sentado en Su trono “alto” y excelso (Isaías 6:1), o Exaltado “El Más Alto” y Sublime que habita la Eternidad (Isaías 57:15). Parte de lo que lleva envuelto la exaltación del Siervo de Jehová debe ser deducido por la expansión del término en las palabras blasfemas de Lucifer, el Hijo de la Mañana.

 

“Subiré al cielo, exaltaré mi trono por encima de las estrellas de Dios…ascenderá por encima de la más alta de las nubes; seré como el Altísimo” (Isaías 14:13, 14 Vers. Inglesas).

 

La Septuaginta lo traduce por el verbo griego hupsso, y catorce veces pone “exaltado”, y seis veces “ascendido” en el Nuevo Testamento.

 

“Así que, exaltado por la diestra de Dios” (Hechos 2:33).

 

“El Dios de nuestros Padres levantó (o ascendió) a Jesús, a Quien vosotros matasteis colgando en un madero. A este, Dios ha exaltado con Su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón de pecados” (Hechos 5:30-31).

 

“Exaltado”, la hebrea nasa – Esta es la más extensa raíz que tiene, y significa “transportar, tomar o levantar”. Se encuentra en Isaías en combinación con la palabra previa rum, nueve veces:

 

Los Cedros del Líbano, “sobre los más altos y erguidos” rum y nasa (Isaías 2:13).

Vi yo al Señor sentado…”Alto” y “sublime” (Isaías 6:1).

Porque así dijo el “Alto” y “Sublime” (Isaías 57:15).

 

Otro sugestivo pasaje en Isaías es “todo valle será exaltado”. Estos son pasajes en los cuales el verbo nasa se emplea en la forma reflexiva. En la forma activa simple, esta palabra se usa en Isaías 53:4 y 12 “llevó Él nuestras enfermedades”, “habiendo Él llevado el pecado de muchos”, donde en vez de ser visto levantado o “exaltado”, se ve “llevando” el peso de nuestros pecados. La Septuaginta aquí utiliza la palabra doxazo “glorificar”. Los lectores que estén familiarizados con el Evangelio de Juan, y especialmente con Juan 13-17 se darán cuenta de cuán plenamente se introdujo el Salvador en estas sentencias proféticas concernientes a Él Propio:

 

“Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios glorificado en Él” (Juan 13:31).

“Glorifica a Tu Hijo, para que también Tu Hijo te glorifique a Ti” (Juan 17:1).

 

Veremos cómo Pedro se introdujo plenamente en estas palabras proféticas. En Hechos 2:33 y 5:31, él emplea, tal como ya hemos visto, la palabra “exaltado”, pero en Hechos 3:13 en un contexto similar él emplea esta palabra “glorifica”:

 

El Dios de nuestros padres, ha glorificado a Su Hijo Jesús; a quien vosotros entregasteis, y negasteis en la presencia de Pilato, cuando éste había resuelto librarle”.

 

“Y estando muy alto”. Aquí las palabras empleadas en el original son, el verbo gabah y el adverbio meod. Tal como encontramos a Lucifer empleando la palabra “exaltado”, así encontramos igualmente escrito del Príncipe de Tiro:

 

“Se ha enaltecido tu corazón…pusiste tu corazón como corazón de Dios” (Ezeq.28:5, 6),

 

Y posteriormente revela el paralelo entendido entre el Usurpador y el Señor de Justicia, encontramos la palabra “se asombraron” o “se maravillaron” utilizado de cada uno (Isaías 52:14; Ezeq.28:19). Gabah se emplea hablando del “corazón” (2ª Cor.26:16); “los cielos” (Isaías 55:9); “el JEHOVÁ de los ejércitos” (Isaías 5:169 y de Saúl, que sobrepasaba en estatura a todo y cualquiera de los del pueblo (1ª Sam.10:23).

 

“He aquí que Mi Siervo… será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto” (Isaías 52:13).

 

La Septuaginta reconoce que estos adjetivos adverbiales no se consideran como tres declaraciones separadas, posiciones o niveles, sino que es una intensiva manera de hablar de Su sobreexcedente exaltación, dice así:

 

“Será exaltado y glorificado sobreexcedentemente”.

 

No debemos ver la exaltación del Siervo del Señor aquí, con la idea de que fuese el efecto de la prosperidad de la primera parte del versículo. Antes bien es la segunda cláusula a ser leída como una expansión, o un paralelo, con lo primero. En este versículo, el sufrimiento y la humillación ya está en pasado, la gloria es lo que rellena toda la visión. Aquí, en Isaías 52:13 a 53:12 tenemos exaltación, seguida por un relance de la pasada humillación, y seguida una vez más por la exaltación, esta vez manifiesta repartiendo el botín.

 

Ahora veamos el Nuevo Testamento, y descubrimos otro pasaje que nos muestra la bendita secuela o resultado de Su bendita condescendencia. Eso nos capacitará para apreciar la blasfemia anticristiana de Lucifer, o el Querubín caído; nos capacitará para que comprendamos que las palabras “El Alto y Sublime Quien habita la Eternidad”, se adecuan y apropian a Quien en la tierra se conocía como el Hombre de Quebrantos, pues ciertamente era algo bien más que un mero hombre, Él era el Dios-Hombre. “He aquí Mi Siervo” dijo el Señor, y no tan solo en Isaías 52, sino además en Filipenses 2:

 

“Quien, estando en la forma de Dios, no le pareció apropiado igualarse con Dios; sino que se hizo a Sí Propio sin reputación… la forma de un siervo…Se humilló a Sí Mismo (vea Isaías 53:8 en la Septuaginta: “En Su humillación le fue quitado Su juicio”)…hasta la muerte, y mismo la muerte de la cruz. Por eso Dios también le exaltó hasta lo sumo (Huperupsso) y le dio (el) nombre que está por encima de todo nombre: para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla” (Filip2:6-10).

 

En el Nuevo Testamento el Énfasis recae sobre la sobrexcedente exaltada posición que ahora ocupa el Señor Ascendido.

 

 “Ascendió por encima de todos los cielos” (Efesios 4:10) tan sumamente alto y por encima que es capaz de “llenar todas las cosas”. Ha “traspasado introduciéndose (a través)” (dierchomai) los cielos (Heb.4:14); Está “hecho más alto que los cielos” (hupsiloteros) “más exaltado” (Heb.7:26).

 

 Así se deleitan los profetas y apóstoles honrándole, dando honra a Quien por nuestra causa cayó tan bajo. Es bueno que al principio de este capítulo de sufrimientos sin precedentes seamos tomados como lo fueron Pedro, Jacobo y Juan, al Monte de la Transfiguración, y que allí con Moisés y Elías lleguemos a ser “testigos oculares” de Su majestad, antes de descender con Él en el valle de lágrimas que guía a la Cruz del Calvario.

 

 

El asombro y ceguera de Israel

 

Para que podamos comprender claramente el argumento de Isaías 52:14, 15, debemos reconocer en el “Cómo”…“Así, pues” de estos dos versículos, la figura literaria denominada Símil, y no permite la intervención de sentencias para prevenir la mente de deducir su importancia.

 

 “Cómo se asombraron de Ti muchos; (Su aspecto se quedó más deteriorado que el de cualquier hombre, y su forma, más deteriorada quedó que la de cualquiera de los hijos de los hombres): Así asombrará Él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante Él la boca: (porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído).

 

La alteración de la palabra “rociar” para “asombrar” podemos encontrarla en la lectura marginal de la Versión Revisada. Si consideramos esta revisión, no tan solo seremos capaces de comprender la enseñanza de Isaías 52, sino que además ilustramos así el peligro que corre cualquiera que intenta traducir las Escrituras originales, dependiendo solamente, o principalmente, sobre la evidencia de la Concordancia. Nunca debemos olvidar que, la Concordancia, si bien da la traducción castellana, es meramente registrando un hecho, pero, que el hecho sea al mismo tiempo  una translación verdadera, la Concordancia no puede afirmarlo. Si el lector está acostumbrado a usar un Léxico Concordancia Hebreo Castellano, sabrá que la palabra traducida “rociar” se usa veinticuatro veces en el Antiguo Testamento y en todos los casos se traduce “rociar”; No hay otro pasaje  donde una tal traducción tipo “asombrar” pudiera ser posible, pues en cada caso, exceptuando el de Isaías 52:15, es tanto sangre, como aceite o agua lo que se dice que se está rociando. En esta misma excepción, sin embargo, reside la respuesta al problema. Supongamos que decimos que la sangre, el aceite, el agua o las naciones son rociados, deberíamos al instante darnos cuenta que, de la sangre, el aceite o el agua se dice que se rocían sobre las personas o cosas, y que algo no declarado se dice sea rociado sobre las naciones.

 

La palabra hebrea nazah significa primariamente “sobresaltar” y se asocia con la similar palabra arábica empleada en proverbios tales como “un más grande saltador que una langosta”, o “más elástico que la gacela”. Y solo cuando está en mente un líquido, entonces el “rociar” o “aspersión” es lo apropiado.

 

El fluido en aspersión se pone en el caso acusativo, y se rocía sobre la persona. En el presente pasaje, las personas “muchas naciones”, está en el acusativo, y así, simplemente, se hace una traición contra la lengua hebrea al rendir: “rocía”. El intérprete que así traduzca “hará cualquier cosa” (A. B. Davidson).

 

Además la Septuaginta traduce así este pasaje: “Así muchas naciones se asombrarán en Ti”, demostrando claramente que ellos entendían la palabra como la Versión Revisada la da. Esta traducción está recomendada por La Companion Bible.

 

Ahora no podemos ver más al detalle la enseñanza de Isaías 52:14, 15 que veremos después, con la ventaja añadida de saber lo que ya hemos conseguido comprender.

 

Cómo: Los muchos “asombrados”

     La razón: El semblante desfigurado.

Así: Muchas naciones “hechas maravillarse”

     La razón: Las cosas jamás oídas.

 

Habiendo corregido nuestra traducción y ensamblado nuestro pasaje bajo su respectivo encabezado ahora podemos seguir adelante.

 

“Asombrado”, la hebrea shamem.- Esta palabra se traduce “atónito” cuando se aplica a la mente, o “desolado” cuando se aplica al territorio o a la ciudad, y entonces, por una figura muy común entre nosotros, la palabra “desolado” se aplica al estado mental también. Tenemos un ejemplo de este uso duplo en Levíticos:

 

Asolaré también la tierra, y se pasmarán por ello vuestros enemigos que en ella moren” (Levíticos 26:32).

 

El lector recordará la palabra paralela “sobresaltar”, o “maravillarse” del versículo 15. El libro de Job nos confirma esto mismo:

 

“Miradme, y espantaos, y poned la mano sobre la boca” (Job 21:5).

 

Así debe ser leída Isaías 52:15, y la secuencia, “a Reyes hará callar sus bocas en viéndole a Él”, continúa la idea.

 

Tres pasajes en Ezequiel aumentarán nuestra comprensión de la natura y carácter del “asombro” de Isaías 52:14. Dos de estos pasajes relatan a la caída de Tiro, y el tercero al místico rey de Tiro, probablemente el propio Satanás:

 

“Entonces todos los príncipes del mar descenderán de sus tronos, y se quitarán sus mantos, y desnudarán sus ropas bordadas, de espanto se vestirán, se sentarán sobre la tierra, y temblarán a cada momento, y estarán atónitos sobre Ti” (Ezeq.26:16).

 

Aquí tenemos un retrato de la desolación mental. Los tronos se quedan vacantes; las insignias reales han desaparecido; temor y temblor a cada instante: este es el “asombro” en el sentido Bíblico. Ezeq.27:35 y 28:19 debería leerse en conjunción con el versículo expuesto arriba. El grado de desolación que conlleva puede ser deducido por el hecho de que esta misma palabra se emplea para describir “la abominación desoladora” (Dan.9:26, 27; 11:31; 12:11), y el efecto sobre Daniel, “Yo estaba atónito en la visión” (Daniel 8:27). Así, pues, cuando leamos: “Como muchos se asombraron al verte”, no leamos tan solo de paso las palabras como si no tuvieran importancia alguna. En Isaías 52:14 y en uno o dos distintos lugares de la Versión Autorizada se emplea el más antiguo deletrear de la palabra “asombrado” que deriva de la antigua palabra Francesa “quedarse de piedra” y se alía con la palabra “aturdimiento”; por eso, algunas veces, hoy en día, de alguien “aturdido” decimos que está; actualmente “petrificado”. Para nuestro propósito actual este moderno deletreo es preferible. El asombro aquí referido, en Isaías 52:14, se produjo por la humillación y sufrimiento a que Este augusto Siervo de Jehová se ofreció.

 

“Su parecer estaba más desfigurado que el de cualquier hombre” (Vers. Inglesas).

 

La estructura ya nos ha informado que, en el original, “parecer” y “belleza” son la misma palabra. Ya hemos referido a Daniel 8:27 en conexión con la palabra “asombrado”: ahora volvemos a referirlo, una vez que emplea la palabra hebrea mareh, “parecer” o “belleza”. “Me quedé asombrado en la visión” (Daniel 8:27). Roah, “ver”, de la cual se deriva esta palabra, se halla en Isaías 52:15:

 

“Las cosas que nunca les han contado son las que verán”. Aquello en lo cual Israel fracasó y no vio, el propio Isaías vio: “Mis ojos han visto al Rey” (Isaías 6:5), y se nos garantiza por Juan que Isaías vio la gloria de Cristo, y habló de Aquel (Juan 12:41), y es en esta misma conexión que Isaías 6:10 se cita:

 

“Él les ha cegado sus ojos, y les ha endurecido sus corazones; para que no puedan ver con sus ojos, ni entiendan con sus corazones, y sean convertidos, y Yo los sane” (Juan 12:40).

 

Este “parecer” que Israel repudió “ver” estaba “más desfigurado que cualquier hombre”. En el capítulo de apertura, a Israel acusa Isaías de ser “corrupta” (Isaías 1:4) y el contexto nos hace sospechar que aquí la “corrupción” se asocia con la condición conocida como la lepra. Esta palabra, traducida “corrupta”, es la palabra que nos da “desfigurado” en Isaías 52:14. Así que, lo más seguro es que sea la Lepra lo que se tiene en vista en Isaías 6. Allí es donde encontramos al rey Uzias que había fallecido con lepra y a Isaías confesando que él habita entre un pueblo impuro de labios. Entre otras prácticas que llevó a cabo Israel imitando a sus idólatras vecinos, impropios como eran  para el servicio del Señor, es la prohibición que se halla en Levítico 19:27: “No haréis tonsura en vuestras cabezas”; pues de todos los paganos en aquel tiempo se escribió: “porque sus corrupciones (la misma palabra que ´desfigurado`) está en ellos; hay en ellos defecto, no serán por ti aceptes” (Lev.22:25). El lector observará que el contexto trata con la necesidad de una ofrenda sin mancha en el sacrificio de Israel. Aquí, en Isaías 53, es “el Cordero de Dios”, Quien ha dejado de lado Su gloria, y se hizo una ofrenda de pecado en nuestro respaldo, humillándose hasta la semejanza de esta “corrupción” y siendo acusado con la mismísima cosa que Él vino a quitar. Israel se queda “asombrada” en las profundidades a las cuales Él había descendido, pero desconocían que era por su causa y en su respaldo. En Isaías 53, esa luz se quiebra – pero todavía no hemos llegado a esa sección. Le trataron como a un leproso moral, “escondimos desviando nuestros rostros de Él”; No podían “ver” nada en Él que fuese Deseable. Debemos volver a citar aquí Ezequiel 28.  El parecer del Salvador estaba “desfigurado”, no debido al orgullo, sino al amor que sobrepasa todo conocimiento; sin embargo del querubín caído se escribe: “Tu corazón se enalteció (gabah, “alto”, (Isaías 52:13 por causa de tu belleza, has corrompido (la misma palabra “desfigurado”) tu sabiduría por causa de tu brillo” (Ezeq.28:17).

 

“Forma”, la hebrea toar, se traduce una vez “aspecto” o “parecer” en Lamentaciones 4:8, y se emplea, en la vía común de la poesía hebrea, como una repetición para dar énfasis. Tal vez haya un relance en la descripción dada de David:

 

“He aquí yo he visto un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de guerra; prudente en sus palabras, y hermoso” (1ª Samuel 16:18).

 

Debemos recordar que David se describe como siendo “rubio y de agradable semblante” (donde la palabra “semblante” es mareh, “parecer” de Isaías 52:14), aunque Samuel tuvo que ser advertido acerca de la apariencia de Eliab, por juzgarle meramente por las apariencias externas y no por el corazón (1ª Samuel 16:7). La palabra traducida “parecer” tan solo ocurre en otro sitio en Isaías, esto es, en el capítulo 11.3: “Él no juzgará con la vista de Sus ojos”. Aplicando, por tanto, todo lo que hemos visto, tanto de la estructura de estos versículos como del significado y uso de las palabras que contiene, creemos que podemos percibir que el asombro y la sorpresa de estos muchos pueblos y reyes viendo la profunda humillación del Salvador, surge proveniente de los siguientes factores:

 

(1)  Aquellos que juzgaron según sus propios ojos no veían nada sino la apariencia externa, y del mismo modo que Israel fue unánime en la selección de Saúl por su rey, por causa de su “apariencia”, aunque estuviesen engañándose a si propios, así también fueron unánimes en su repudio hacia el verdadero Dios debido a este mismo juicio superficial.

(2)  La razón por la cual Israel cometió un error tan trágico se debió a su condición moral. Ellos propios, tal como Isaías 1 y 6 indica, eran moralmente leprosos, y cuando miraron al Señor, no vieron nada a no ser sus propios reflejos, el pecado y las heridas que portaba, pero no vieron al paciente, humilladamente portador de pecados que había en Él.

(3)  Las muchas referencias que hemos hecho a personas anticristianas, (el rey de Babilonia, el rey de Tiro, y Lucifer, el hijo de la mañana), ubican al Cristo de Dios, en contraste directo con el falso cristo, el hombre de pecado, el querubín caído y toda la satánica mentira disfrazada de verdad. Estos se ensalzan a sí mismos; estos se corrompen a sí propios. Aquel, pensado originalmente en la forma de Dios, tomó sobre Si la “forma” de un siervo, y en esa forma, en la cual no hay hermosura alguna, fue despreciado y repudiado, y sin embargo todavía “este mismo Jesús”, vendrá a ser “admirado” (thaumazo, “causando maravilla”, la Septuaginta equivalente de “asombro” en Isaías 52:15) en aquel día.      

 

 

¿Quién ha creído a nuestro anuncio?

 

Ahora vamos a aproximarnos de los versículos de apertura de Isaías 53, pero la estructura del pasaje en su totalidad nos ha demostrado que están tan intercalados con las palabras finales del previo capítulo, que no pueden ser considerados por separado. Tenemos por tanto que retener lo que aprendimos concerniente al “asombro” de aquellos que no fueron capaces de ver más allá sino la aparente desfiguración del sufrido Salvador, y tener presente que nuestro estudio es una continuación del mismo tema.

 

Para refrescar nuestras memorias, repetimos los siguientes puntos de los previos estudios:

 

Isaías 52:14, 15 a 53:3

 

B – Naciones y reyes                                c Parecer (mareh)

                                                         d Forma (toar)

                                                             e Escuche (Shamea)

                                                              e Informe o anuncio (Shemua)      

                                                         d Forma (toar)

                                                      c Belleza (mareh)

 

 

Isaías 52:14, 15

 

¡Cómo se asombraron muchos de Ti!

(Su parecer más desfigurado que el de cualquier hombre)

 

¡ASÍ asombrará Él a muchos!

(Porque verán lo que no les fue anunciado)

 

¿Quién ha creído a nuestro anuncio? (Isaías 53:1)

 

¿Quién pronuncia estas palabras? Jenour, en su análisis ubica el primer versículo bajo el encabezado del “Atalaya”, por lo cual entiende “los apóstoles y primeros predicadores del evangelio”.

 

La Companion Bible dice: “La pregunta es formulada por el profeta”. G. Adam Smith traduce así  53:1, “Aquel que creyó lo que había oído” y observa:

 

“Y no nuestro informe, o cualquier cosa que hallamos causado ser oída, tal como en la Versión Inglesa. Shemuah es el participio pasivo de shema, escuchar, y no de hashemia, causar ser oído o hacerse oír. Los oradores son ahora el pueblo penitente de Dios que han sido predicados, y no los profetas que han predicado”.

 

En Isaías 53 tenemos una sombra o tipo del arrepentimiento de Israel y pesar cuando miren Aquel Quien ellos traspasaron y, por fin, reconozcan que “Él fue molido por sus transgresiones.”

 

La Versión Autorizada al margen muestra que los traductores no estaban plenamente satisfechos con las palabras “nuestro informe” y dicen “O doctrina, tal vez – de la hebrea “escuchando”. Esta palabra traducida “doctrina” está en el mismo texto en Isaías 28:9, y aparece una vez más como una alternativa en el margen de Isaías 28:19.

 

Aquel que ha creído”.- Tal como se cita encima, G. Adán Smith ofrece la extraña traducción: “Aquel que da fe”, pero tiene su razón de ser. En su Versión Literal, Robert Young dice: “Quien da credencial a lo que ha escuchado” La razón para esta circunlocución es que el traductor sabía que la palabra hebrea para “creer” es el origen de nuestra palabra “amén”, en cuanto la fe dice “Amén” a todo lo que Dios revela. Esta palabra aman es de gran importancia, no solo por razón de su uso aquí en Isaías 53, sino además debido a su influencia cuando nos aproximamos a la pregunta: “¿Qué es fe, o creencia?”

 

En primer lugar, aman significa: “Apoyo, sostener, soportar”; en la forma intransitiva la palabra significa: “Estar mantenido” de ahí “Estar firme, inamovible; tal como cuando podemos apoyarnos confiadamente”, y, además, metafóricamente: “Ser fiel” (véase Gesenius). “Aquel que acepte las palabras que escucha como siendo la verdad, sobre la veracidad de la cual puede reposar en plena confianza, seguro de la fidelidad de Aquel Quien las pronuncia” Si bien esto sea una traducción imposible, nos aviva en la mente castellana aquello que conlleva la mentalidad del Hebreo. Las apropiaciones del título “Amén” dadas a Cristo en Apocalipsis 3:14, y la expansión en el Nuevo Testamento del siguiente título: “el fiel y verdadero Testigo” bien pueden ahora apreciarse mejor, así como además la introducción del “Sí” y del “Amén” en 2ª Corintios 1:20, con respecto a todas las promesas de Dios.

 

Lo que Israel escuchó de su Mesías fue sencillamente increíble, debido a la tradición, ceguera, ignorancia y pecado fueron destituidos de sus derechos para tener la simple confianza en la fidelidad del Dios Aquel que hablaba con ellos. En vez de creer lo que se les decía, rebajaron la doctrina de Dios al sabor de sus propios razonamientos, y, juzgando por la vista de sus ojos, el Señor y Su Palabra fueron menospreciados y repudiados. Pero a lo que no dieron oídos, todavía tendrán que “reconocer”. De este pueblo, Isaías había dicho: “Mi pueblo no tiene conocimiento” (Isaías 1:3), o, tal como la palabra se traduce en Isaías 6:10: Para que no “entiendan con sus corazones” y de esa forma no sean sanados.

 

Y no tan solamente dejó Israel de creer lo que había oído, sino que la profecía continúa, diciendo:

 

“¿Y sobre quién se ha manifestado (o revelado) el brazo de Jehová? (Isaías 53:1).

 

Evidentemente, el mensaje que este pueblo había oído, y al cual no creyeron, decía respecto “al brazo del Señor”. Ningún israelita podría olvidarse de las palabras de Éxodo 6:6: “Y os redimiré con Mi brazo extendido”, ni tampoco se podrían olvidar los oidores de esta profecía que en el décimo versículo de Isaías 52, el profeta había dicho:

 

“Jehová desnudó Su santo brazo ante los ojos de las naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios nuestro” (Isaías 52:10).

 

Todavía tienen “las naciones que quedarse asombradas”, cuando, por fin, vengan a darse cuenta de la importancia de las palabras.

 

La palabra “revelado” o “manifestado” se asocia comúnmente con una doctrina o una verdad, y no tan frecuentemente con una persona. Está claro, “revelar” el “brazo” del Señor, debe significar revelar la verdad, la promesa de la liberación cumplida por “el brazo del Señor”, pero tal como la palabra se traducía “revela” primariamente, significa “ser desnudado” y “desnudarse”, el significado de la frase “El brazo del Señor revelado” debe significar “El brazo del Señor descubierto” tal como la palabra se traduce en Isaías 47:2, 3. Así se pone en línea el pasaje con aquel ya citado, el cual habla de “desnudar” el brazo, y así dispuesto para la batalla, servicio o redención. El hecho de que los traductores griego empleen el verbo apokalupto,  puede inclinar a los que tan solo estén familiarizados con el Nuevo Testamento, a repudiar esta sugestión, pero la primera aparición de apokalupto en la Septuaginta está en Génesis 8:13, donde sería imposible traducir: “Y Noé reveló la cubierta del Arca”, siendo que el obvio significado sea, que Noé, “quitó la cubierta del” o “destapó” el Arca. Pues igual sucede con la segunda referencia, Éxodo 20:26, pero tal vez el pasaje más decisivo de todos sea Isaías 52:10, donde se utiliza para traducir las palabras: “Jehová desnudó Su santo brazo”.

 

El significado de Isaías 53:1, por tanto, es este:

 

“¿Quién le ha dado crédito a las palabras que hemos oído como verdad? ¿Y cuáles de las naciones, delante de cuyos ojos Jehová el Señor ha desnudado Su santo brazo, han mantenido realmente descubierto Su brazo?

 

En otras palabras, cuando el Salvador se introdujo en Su gran ministerio, ¿cuántos fueron los que reconocieron que en Él estaba cumpliendo la palabra del Señor, o que la gran obra de redención se estaba llevando a cabo y cumpliendo en Su Persona?

 

“Él subirá cual renuevo delante de Él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en Él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos” (Isaías 53:2).

 

Vamos a mantener la unidad de la profecía si seguimos la Versión Revisada y empleamos el tiempo pasado desde el versículo 2 al 10, donde se hace un cambio al futuro, cuando dice: “Verá linaje”, etc. “Renuevo” significa un “reviento” y la palabra se utiliza de los niños en el Salmo 8:2 y en Isaías 11:8, “y el niño de pecho (el reviento o renuevo) jugará sobre la cueva del áspid”, aun mismo en la forma verbal significa, un niño amamantado. Hay algo de muy tierno y apelativo en la idea de un bebé de pecho, y así se ilustra la manera como el Salvador “creció delante de la faz” del Padre, pues las palabras “delante de Él” son literalmente: “Delante de Su rostro”. El Padre conocía aquellos más tempranos años en Nazaret, y toda la pureza sin pecado de aquella obscura vida, de ahí que se abriese el propio cielo en Su bautismo y la agradable voluntad para con el Padre en Aquel que se daba a conocer – pero a los ojos de algunos, en vez de un “Renuevo”, Él les parecía “una raíz en tierra seca”.

 

Dejar en una tierra seca, y matar de sed, significa “sufrir juicios” (Oseas 2:3), pero venir a ser visitado con rocío del cielo significa ser restaurado y poseer hermosura como la del olivo (Oseas 14:5, 6). Cuando el Salmista fue cortado de la adoración de Dios dijo que el añoraba aguardando por Dios “como el ciervo brama por las corrientes de aguas” (Salmo 42:1), y que estaba sediento por Dios “en tierra seca y árida donde no hay aguas” (Salmo 63:1).

 

Puesto que comparar una nación a “un desierto”, “una tierra seca”, y “una tierra árida” (Jerem.50:12) sería declarar que la nación ha sido cortada de Dios y encomendada al juicio. Así, también, el pueblo de Israel, habiendo comparado al Siervo de Jehová a una “raíz en tierra seca” nos revela la magnitud de su ceguera y plenitud de su repudio hacia Su Persona.

 

“Él no tenía ni parecer ni tampoco hermosura”.- “Parecer” o “Forma” ya había aparecido en Isaías 52:14; allí se leía: “más desfigurado” que los hijos de los hombres, aquí se describe como siendo desprovisto de “hermosura”. Esta traducción se queda corta; “excelencia” (Isaías 2:10), o “belleza” (Salmos 110:3) añadirían más apropiaciones a la traducción. El verbo se emplea hablando de Su segunda venida de Su apariencia:

 

“¿Quién es éste…con vestidos rojos…que marcha en la grandeza de Su poder (Isaías 63:1)

 

Sin embargo, en Su primera venida, Su pueblo ni le vio honor, ni gloria, ni majestad, ni belleza alguna.

 

“Ninguna hermosura para que le deseemos”.- Ya hemos considerado bajo “parecer” (Isaías 52:14), el significado y uso de la palabra aquí traducida “belleza”.

 

Al Mesías se le da el título “El deseado de todas las naciones” (Hageo 2:7),  pero aquí vuelve a referir a Su segunda venida (vea el contexto).

De manera contraria, sobre Saúl – el escogido del pueblo, el perseguidor de David y que repudió al Señor – fue depositado este título: “En quien todo Israel se deleita” (1ª Samuel 9:20).

“Él es despreciado (vea además el Salmo 22:6) y repudiado de los hombres; un hombre de pesares y lamento, y reconocido (el “conocimiento” de Isaías 53:11) con quebranto; y del que apartamos nuestra mirada y rostro (A.V.). “Escondió Su faz de nosotros” (A.V. y R.V. al margen). “Como un ocultar la cara de Él” o “de nosotros” (A.V. al margen). “Como uno de quien los hombres esconden su rostro” (R.V.).

 

Bien podemos observar que, debido a la ambigüedad de la frase, los traductores han sentido alguna dificultad en interpretar la última cláusula. G. A. Smith dice:

“Y como de uno de quien escondimos el rostro”

Mientras que la Septuaginta pone:

“Puesto que Su faz está oculta de nosotros”. 

El lector recordará la alusión a la lepra en comentarios anteriores. Nosotros creemos que las mismas cosas terribles están aquí en vista. El Salvador fue considerado como “impuro”.  Aquel Quien era el brillo de la gloria del Padre, tan identificado Él Mismo con el pecado y la vergüenza de Su pueblo, que ocasionó un ¡apartar de rostro! y Aquel Quien siempre fue “santo, manso, sin mancha y separado de los pecadores” fue cortado y separado por ellos de su compañía, y lo trataron como a un leproso.

Seguidamente damos una confirmación de esta interpretación en una nota retirada del Talmud donde se pregunta: “¿Cuál es el nombre del Mesías?” Una respuesta es que “Algunos dicen hatsara, “El Leproso”, de acuerdo a lo que está escrito: “Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades”.

 

“Cristo…sufrió…el justo por el injusto”

Ahora nos acercamos al resultado revelado de este tremendo fardo de sufrimiento y transgresión, y leemos:

“El castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por Su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).

Antes de nada, consideremos la enseñanza contenida en las palabras: “El castigo de nuestra paz fue sobre Él”.  Esto no puede querer decir que “nuestra paz” fuse “castigada”, sino que el castigo estaba “sobre Él”. El lector sin duda estará al corriente de que, la palabra “de”, que es el signo del caso genitivo, no está necesariamente limitado al “posesivo”, aunque este sea el primario y más frecuente significado. La frase “azotado de Dios” tan solo y únicamente puede significar “azotado por Dios”, que es un ejemplo del genitivo de causa efectiva. Así sucede también con la frase “el castigo de nuestra paz”, que tan solo puede significar el azote que procuró nuestra paz, pero, tal como el contexto revela, un azote sufrido por el Señor en respaldo de Su gente.

Así, pues, en el pasaje que tenemos delante, hay dos líneas paralelas del sufrimiento.

Experimentado con y llevando quebranto.                   Herido por rebeliones.

Cargando pesares.                                                         Molido por las iniquidades.

Castigado a procura de paz.                                          En llagas procurando curarnos.

Hay una diferencia entre estar “experimentado con” quebranto y ser “herido por” rebeliones, así como existe una diferencia entre cargar con nuestros pesares y ser molido por nuestras iniquidades. Todo eso se resalta, por la presencia o ausencia de la palabra “por”, que se emplea en la frase “herido por”, o “molido por”, pero no en estos pasajes que hablan de ser “contado o reconocido con” o cargando pesar y lamentos. El castigo de nuestra paz pertenece a esta clase de sufrimientos que resaltan el aspecto mental; aquel “en llagas” que procuraba curarnos pertenece a los sufrimientos corporales que el mismo Salvador sufrió “por” Su gente. No debemos perder de vista el hecho de que, Isaías 53, es la gran confesión del arrepentido Israel, y por eso mismo al final, ellos reconocen sus transgresiones, diciendo: “Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó, en Él, el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6).

 

Un Duplo Lugar de Reunión

A   El Siervo Sufridor. Él será exaltado. Hebrea nasa “Ser erguido”.

   B Un lugar de reunión para los pecados.    Hebrea paga.

A   El Siervo Triunfante.        Él llevará. Hebrea nasa (Ser erguido).

   B Un lugar de reunión para los pecadores. Hebrea paga.

 

En ambos pasajes paga es causativa: “Él causó la reunión” En uno de los casos refiere la reunión, en ira, del pecado quitado; en el otro la reunión, en gracia, de los pecadores redimidos.

 

Cuán diferente es el uso de Isaías de la palabra en el capítulo 47, donde Dios visita la iniquidad de Babilonia sobre la gran ciudad y el sistema.

 

“Desciende, y siéntate en el polvo…será tu vergüenza descubierta, y tu deshonra será vista; haré retribución (o venganza), y no se librará hombre alguno” (Isaías 47:1-3).

 

La traducción difícilmente expresa la verdadera intención que aquí tiene el profeta.  Rotherham traduce el pasaje:

 

“Una venganza llevaré a cabo, y no aceptaré a ningún hijo de la tierra.”

 

George Adam Smith traduce así el pasaje:

 

“Tomo venganza, y no libro en trato con ninguno”.

 

La Versión Revisada dice:

 

“No acepto ninguno”. Verdaderamente, de hecho, sería terrible la porción de todo hombre si Dios les hubiese tratado conforme sus iniquidades. La intercesión misericordiosa por nosotros, significa la carga del pegado por Él.

 

“Por cárcel y por juicio fue quitado; y Su generación ¿quién la contará? (Isaías 53:8).

 

La Companion Bible dice:

 

“En cuanto a los hombres de Su edad /es decir, Sus contemporáneos), que ponderan, o consideran esta simiente, viendo que Él está a ser cortado”

 

Lightfoot refiere la regla del Sanedrín que dice:

 

“En los juicios respecto a la vida de cualquier hombre, comienzan ellos primeramente a tramitar sobre la parte que está siendo juzgada; y empiezan, no con los asuntos que juegan a favor de su condenación”

 

Es evidente por el registro del juicio de Cristo, que esta misericordiosa regla fue puesta de parte. Hubo alguna pretensión de llamar a deponer algunos que pudieran “testificar en Su respaldo”, pero como los discípulos huyeron, y se había decretado la excomunión de cualquier israelita que confesase Su nombre, no se halló presente ninguno. Por todo lo visto, nos inclinamos más bien hacia la traducción propuesta por Jenour que por las demás, que dice lo siguiente:

 

“De ayuda y de justicia, Él fue desprovisto”.

 

La Septuaginta cita Hechos 8:33, donde se lee: “En Su humillación no se le hizo justicia”. A Él le fue negado un juicio regular, y aquellas ayudas que se garantizaban a la persona acusada comúnmente no se tuvieron en cuenta.

 

“¿Quién testifica a favor de Su manera de vivir?” – El Mishna (una colección de las tradiciones Rabínicas) declara que, delante de cualquiera que estuviese siendo juzgado por un crimen capital, la proclamación delante del prisionero se llevaba a cabo con estas palabras: “Quien algo sepa de la inocencia del prisionero, que dé un paso en frente y lo declare”. Cuando nuestro Salvador respondió que a Sus discípulos debería pedírseles que fuesen testigos en cuanto a Su doctrina, la única respuesta que obtuvo fue una bofetada de parte de uno de los oficiales que estaba a Su lado (Juan 18:21, 22).

 

“Y se dispuso con los impíos Su sepultura, mas con los ricos fue en Su muerte” (Isaías 53:9).

 

Calvin entiende que la palabra “rico” sea un sinónimo para “perverso”. Govet, sosteniendo la traducción del Dr. Kennicott dice así:

 

“Él fue contado con los hombres perversos en Su muerte y con el hombre rico fue Su sepulcro”.

 

Lo cual pareciera ser una profética anticipación de los “ladrones” (plural) y de José de Arimatea, el hombre rico (singular). La Companion Bible fornece un comentario sobre la palabra traducida “dispuso” en Isaías 53:9 mostrando que pudiera significar “encargado” o “designado”, pues, nathan, la palabra hebrea en cuestión, se halla en el registro de la muerte de Absalón, donde leemos: “quedó suspendido entre el cielo y la tierra” (2ª Sam.18:9), y, para el estudiante Hebreo, observamos que De Rossi halló la palabra en uno de sus Massoras Castellanos para ser leída en el pasivo. En más de una ocasión refirió del Salvador al modo como murió,  como siendo “levantado” (Juan 3:14; 8:28; 12:32, 34). Está, por tanto, en plena armonía con la verdad así entendida en Isaías 53:9.

 

La palabra “perverso” es plural, (habría dos ladrones crucificados con Cristo), pero la palabra “rico” es singular. El Nuevo Testamento registra particularmente el hecho de que José de Arimatea que rogó a Pilato el cuerpo de Jesús, era un “hombre rico”. De ahí el injusto carácter de Su juicio, y el carácter y circunstancias de aquellos más íntimamente asociados con Su muerte están claramente predichos en esta maravillosa profecía.

 

“Aunque nunca hizo maldad” (Isaías 53:9) – La primera palabra en esta frase, hace con que el sentido sea: “aunque ninguna maldad había hecho, mismo así le plació al Señor Jehová quebrantarle”, lo cual está de acuerdo con la doctrina de la expiación. La Companion Bible, no en tanto, aquí, no hace ningún comentario, y la ausencia de comentario aquí es elocuente, puesto que el Dr. Bullinger fue un estudiante del Hebreo y le pareció satisfactoria y suficiente, dándole todo su valor a una tal traducción. El comentario de Birks nos parece el más sólido: él dice que estas palabras: ¡ni son la causa ni tampoco el impedimento “a través del cual” o “debido al cual”! Nos parece que observan sencillamente al hecho del extraño contraste entre Su inocencia inmaculada, y Su deshonrosa muerte;  y consecuentemente él traduce el pasaje:

 

“Cuando Él ninguna maldad había hecho”.

 

A medida que vayamos leyendo estos presagios del gran Sacrificio por el pecado, debemos siempre recordarnos que Él fue molido por nuestras transgresiones, y por eso hacen eco las agradecidas palabras del apóstol: “El Hijo de Dios Quien me amó, y se entregó a Sí Mismo por mí.

 

 

Y la Voluntad de Jehová será en Su Mano Prosperada (Isaías 53:10)

 

Ahora nos aproximamos a la conclusión de este gran capítulo del amor redentor. La gran Figura solitaria, tan claramente vista siglos atrás antes de Su adviento, recibe un título: “Mi Siervo” (Isaías 52:13), “Mi justo Siervo” (Isaías 53:11). Su humillación y Su exaltación son los dos sujetos que dividen este profético pasaje entre sí. Su humillación ha sido ya examinada. Hemos visto “una raíz plantada en tierra seca” tratado por Israel como un leproso, y al mismo tiempo cargando nuestros pesares y cargando consigo nuestros dolores; molido por nuestras transgresiones y dándonos sanidad por sus llagas.

 

Ahora nos acercamos de la gloriosa conclusión: Aunque la palabra “resurrección” no aparezca de manera actual empleada por el profeta aquí, el factor de la resurrección se halla más que presente en Isaías 53. El Siervo de Jehová no tan solo es molido y herido, sino que además Él fue: “cortado de la tierra de los vivientes” (Isaías 53:8), y hallamos Su sepulcro con los perversos (Isaías 53:9). Se le ve tanto muerto como sepultado. Sin embargo el versículo 10 dice: “puesta Su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será prosperada en Su mano”. Aquí, por tanto, está la vida abundante, la vida de la muerte, vida de resurrección y gloria.

 

Así como Isaías 53 describe proféticamente el sufrimiento, muerte y sepultura del Salvador, siguiendo aquel sepulcro con palabras que no pueden significar sino solo una cosa: novedad de vida, así también otro presagio profético de la cruz (Salmo 22), no acaba antes de introducir la palabra de vida, diciendo de Aquel Quien por nuestra casa había sido “desamparado” (Salmo 22:1):

 

“La posteridad le servirá a Él. Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación” (Salmo 22:30).

 

Este pasaje hubiese sido mejor traducido, tal como Perowne lo hace:

 

“Una simiente le servirá a Él; esta será contada a la generación (venidera) concerniente al Señor” y debería leerse como siendo similar en la idea al Salmo 71:18: “No me desampares, hasta que anuncie Tu poder a la posteridad.”

 

No solo tendrá el Mesías una simiente o posteridad, sino que además Él, en Sí Mismo, prolongará Sus días. Bajo la ley, la prolongación de días era una promesa especial para aquellos que guardasen el mandamiento del Señor, tal como el apóstol Pablo observa donde a él alude como el “primer mandamiento con promesa” (Efesios 6:2; Éxodo 20:12). De acuerdo a Deuteronomio 4:26, la alternativa contraria a la prolongación de días es “pronto pereceréis”, “destruidos”. A través del libro de Deuteronomio la asociación de prologar los días con obediencia se mantiene (hay nueve diseminadas referencias). Un pasaje particularmente digno de observarse es 25:15, donde el guardar una justa y perfecta medida y peso se conecta con esta promesa de vida. Hemos aprendido, tanto por las malas experiencias como por la enseñanza de las Escrituras, sin embargo, que “si la ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley” (Gál.3:21). Pero la ley fue declarada “débil por (causa de) la carne” (Rom.8:3), y por eso Isaías 53 fue la respuesta bendita de gracia. El hecho no debería perderse de vista, pues al haber elegido la expresión: “Él prolongará Sus días”, Isaías intencionalmente introduce la idea de que aquí, al fin y al cabo es el Siervo justo del Señor; Aquel Quien ha magnificado la ley; Aquel en Cuyo corazón y vida fue honrada aquella ley y obedecida, aunque la Justicia providenciada por el Evangelio vaya infinitamente más allá de cualquier cosa que “la ley” pueda cumplir.

 

“Le plació a Jehová quebrantarle” – sin embargo Él era el Único Justo, un enigma que solo se resuelve por la enseñanza del Nuevo Testamento concerniente Aquel Quien, aunque nunca hubiese conocido pecado, fue hecho pecado por nosotros, para que pudiese cumplirse la justicia de Dios en Él. No tan solo verá Él Su simiente, y no tan solo prolongará Sus días, sino además algo aún más maravilloso que la duración de la vida sea “el placer y deleite del Señor prosperando en Su mano”. No permitamos ser manipulados por el término “deleite”. Existen otras palabras Hebreas que correctamente se traducen “voluntad”, “propósito” y “consejo”, pero el profeta ha sido inspirado a emplear una palabra que el Versión Autorizada de Isaías tan solo se traduce nueve veces “delicia”, cuatro veces “agrado”, y siete veces “plácido”. Al comienzo de la segunda parte de Isaías, Ciro prefigura la venida de Cristo:

 

“Que dice de Ciro: Es Mi pastor, y cumplirá todo lo que Yo quiero” (Isaías 44:28).

 

La restauración de Israel, incluida la Nueva Jerusalén, cuyas “puertas” serán de rubíes, y cuyos “muros” “piedras preciosas”, y en Isaías 62:4 la palabra alcanza su máximo cumplimiento en esta profecía cuando se celebra el casamiento del pueblo redimido bajo el nombre Hephzi-bah, “Mi delicia está en ella”, pues esta palabra chephets, es la misma palabra “complacido” que estamos considerando. Este “complacido”, relatando bendiciones tales como el mundo todavía no ha llegado a disfrutar, es el directo resultado de los sufrimientos del Salvador. Estas bendiciones manan de la gracia de la expiación, pues es mismo “deleite” del Señor cayendo en juicio sobre Babilonia, y deberá y podrá, caer sobre todos cuyos pecados no hayan sido removidos.

 

 Consecuentemente, estamos listos y preparados para la lección de Isaías 53, y observe que esta misma palabra, “complacido”, del versículo 10, ha sido previamente empleada refiriendo los sufrimientos del Señor en el mismo versículo, donde leemos:

 

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo…y la (agradable) voluntad de Jehová será en Su mano prosperada”

 

Será próspera. Gesenius da el significado primario de la palabra traducida “prosperar”: “ir sobre, o a través (como de un rio)”, y así encontramos la palabra empleada en un sentido literal en un tal pasaje como es 2ª Samuel 19:17: “los cuales pasaron el Jordán”, y en Josué 1:8, leemos: “harás prosperar tu camino”.  El Rey conquistador del Salmo 45 en “Su gloria es prosperado”. Cuando Nehemías contempló la restauración de Jerusalén, oró diciendo: “El Dios del cielo nos prosperará” (Neh.2:20). La palabra “prosperidad” se halla en asociación con la palabra “complacido” que hemos considerado en Isaías 55:11, donde, hablando de Su palabra, el Señor declara: “Hará lo que Yo quiero, y será prosperada para aquello que la envié” – palabras que tienen un especial peso sobre la restauración del pueblo de Israel. Esta profecía no se cumplirá hasta que Israel llegue a confesar:

 

“Oh Jehová, sálvanos ahora (Hosanna), te ruego, oh Jehová, que nos hagas prosperar ahora. Bendito el que viene en el nombre de Jehová (Salmo 118:25, 26).

 

A pesar de todos estos positivos testimonios concernientes a la prosperidad de Israel, cuando de repente le miren y se den cuenta de que le traspasaron, viene la certeza negativa:

 

 “Ninguna arma forjada contra ti prosperará” (Isaías 54:17).

 

Cristo no tan solo se ha levantado de Su crucifixión y sepultura para no morir nunca más sepultado: no tan solo los propósitos de la gracia del Señor serán cumplidos, sino que además:

 

“Verá el fruto de la aflicción de Su alma, y quedará satisfecho” (Isaías 53:11).          

 

La palabra que aquí se traduce “aflicción” significa, “laborar con fatiga y cansancio”. Se encuentra más frecuentemente en Eclesiastés que en cualquier otro de los libros del Antiguo Testamento, donde la labor con la cual se fatiga el hombre debajo del sol le parece a Salomón acabar en “vanidad y tristeza de espíritu”. Aquí se da el bendito contraste: “Verá el glorioso fruto de Su agotadora labor y sufrimiento, y se sentirá satisfecho”. Aquí se nos vuelve a llamar la atención hacia Eclesiastés, donde aprendemos:

 

“Nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír” (1:8)

“Ni sus ojos se sacian de sus riquezas” (4:8).

 

Es el Salmista, quien, viendo que la verdadera satisfacción aguarda todavía el día de resurrección,  clama diciendo:

 

“Estaré satisfecho cuando despierte a Tu semejanza” (Salmo 17:15).

 

Aquí, además, encontramos esta palabra más preciosa – tan íntimamente ligada con el ministerio de Pablo, que ha quedado asociada para siempre con su evangelio a los Romanos y Gálatas – la palabra “justificación” y, en perfecto acuerdo con la doctrina de estas grandes epístolas, esta justificación se basa sobre la expiación:

 

“Por Su conocimiento justificará Mi Siervo a muchos, y llevará la iniquidad de ellos” (Isaías 53:11).

 

 “Por Su conocimiento”.- Birks hace el siguiente comentario sobre esta frase: “Su conocimiento” se toma comúnmente en el sentido pasivo, por cuyo conocimiento sea Él Mismo el objetivo…un pronombre con “conocimiento” siempre denota el sujeto, no el objeto, del conocimiento. Existe un número considerable de divergencias entre los expositores en cuanto a si “por Su conocimiento” significa (1) el conocimiento del creyente de Él o (2) Su propio conocimiento. Y entre los que entienden que sea Su propio conocimiento se dividen en cuanto: (a), si sea Su conocimiento de la voluntad del Padre, o del quebranto (Isaías 53:3), o (b) si las palabras no deberían leerse con la frase anterior, así: “y por Su conocimiento está satisfecho”. En su comentario, George Adam Smith  dice que nunca había hallado esta lectura en ningún otro escrito hasta que la encontró en la traducción del Profesor Brigg. El lector de La Companion Bible comprobará que ha sido adoptada en las notas sobre este capítulo. Hay mucho que decir de esta lectura, sobre todo y particularmente porque como G. A. Smith señala: “Se admite y tiene base por el paralelo frecuente que encontramos al observar viendo y conociendo en el Hebreo”. Debemos observar que el Siervo justo de Dios no justifica a los muchos simplemente porque Él Propio fuese justo. Él justifica a los muchos porque El Propio es Quien “lleva sus iniquidades”, o como Pablo lo expresa, “justificados por Su sangre” (Rom.5:9); “Quien nos ha librado por (por causa de) nuestras ofensas, y fue resucitado de nuevo por (por causa de) nuestra justificación” (Rom.4:25).

 

Ahora viene el triunfo; la coronación viene a seguir a la cruz; los sufrimientos de Cristo y las glorias que le seguirían. Aquellos a quienes Él justifica, Él Propio también los glorifica.

 

“Por tanto, Yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos” (Isaías 53:12).

 

En el original de Isaías 53:12 no hay la palabra “parte”, pero alguna palabra debe suplirse. Surgen dos distintas líneas de enseñanza saliendo de las dos divisiones de este versículo.

 

(1)  Yo le dividiré a Él una parte con los grandes”; esto es, la heredad señalada para Él vendrá a ser conmensurada con la victoria que alcanzó, y

 

(2)  “Él dividirá el botín con los fuertes”; es decir, algunos de los redimidos. no tan solamente son salvos, no solamente reciben el perdón y la vida, sino que, además, alcanzarán una corona y un premio, como una recompensa. En estudios anteriores de The Berean Expositor hemos comentado la gran diferencia que debe tenerse en cuenta entre “la esperanza” y “el premio”; entre “la herencia” de Colosenses 1:12, la cual es toda de gracia, y la “recompensa” de la herencia de Colosenses 3:24; entre la “presentación” de Colosenses 1:22, que depende tan sola y enteramente sobre el poder de Su expiación, y el “presentarse perfectos” de Colosenses 1:28, que se asocia con el “aviso” del apóstol.

 

No vamos a disertar ahora sobre el tema aquí, pero es algo muy triste, más de lo que se pueda contar, ver a hombres de Dios, hombres que admiten la verdad del misterio, hombres que enseñan a otros, fracasando en esta vital materia: “dividir correctamente la Palabra de Verdad”. Como obreros, tal conducta vendrá a ser “avergonzada” en aquel día, y por fracasar a la hora de “dividir” la verdad, fracasarán a la hora en la cual sea “dividido” el botín o despojo, pues un tal honor tan solo se reserva para aquellos quienes se asemejen a los tres valientes príncipes de David o de sus treinta primeros. Esto no tiene nada de discriminación injusta – esta recompense no se reserve meramente para los vencedores nombrados; la ley de David tiene dicho al final:

 

“Porque conforme a la parte del que desciende a la batalla, así ha de ser la parte del que quede con el bagaje; les tocará parte igual” (1ª Samuel 30:24). Sea cual fuere el rango en que se halle el creyente en aquel día, tanto si sea “salvo como por fuego” u obteniendo la salvación “con gloria eterna”, todos compartirán el triunfo de la cruz del Salvador; todos podrán confesar de corazón “Gracias sean dadas a Dios que nos dio la victoria, a través de nuestro Señor Jesucristo”.

 

Si bien no podemos esperar descender a las profundidades o escalar las cimas sobre cualquier pasaje de la Santa Escritura, nosotros creemos que el examen precedente de Isaías 53 será una guía muy útil y un estudio provechoso, no tan solamente de estos pasajes como un conjunto, sino como un clímax y corona para la cuestión de la satisfacción, la cual comenzó con un tan gran desengaño y frustración bajo la guía del Eclesiastés, que se levantó por encima del pobre sustituto de una “próxima inmortalidad” tan maravillosamente expuesta por el Salmista, y produjo su victoriosa y alentadora declaración de Isaías 53.

 

POR TANTO SI HABÉIS MUERTO con Cristo para los rudimentos del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos, (No toques, no pruebes; no manosees; cosas que perecen del todo por el uso) según los mandamientos y doctrinas de hombres? Tales cosas tienen una cierta apariencia de sabiduría en culto voluntario, y de humildad, y en duro trato del cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.

 

SI HABÉIS RESUCITADO con Cristo, procurad…sentado…Cuando Cristo, Quien es nuestra vida, aparezca, entonces vosotros también apareceréis con Él en gloria” Colosenses 2:20 a 3:4).     

    

 

 

 

SATISFECHO

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ISAÍAS 52:13 A 53:12

 

A 52:13 a 53:11-   B   52:14 a 53:3      c   “Parecer” (Mareh)

    Mi Siervo                   Naciones            d    “Forma” (Toar)

  Exaltado (Nasa)           Y Reyes                     e      Escuchado (Shamea)

  Muchos asombrados                                       e      Anuncio (Shemuah)

                                                                  d    “Forma” (Toar)

                                                              c    “Belleza” (Mareh)

 

                                  C 53:4-11-              D     e Sufrimiento (Choli, nombre)

                                   Substitutivo                       f Azotado (Naga, verbo)

                                   Sufrimiento                          g Molido (Daka)

                                                                                   h Como oveja     El

                                                                                      i Extraviado     Pecador

                                                                                        j Reunido (Paga)

                                                                                          k Iniquidad

                                                    

                                                                  D               h Como oveja       El

                                                                                      i Mudo               Salvador

                                                                               f  Azotado (nega, nombre)

                                                                                  g Molido (Daka)

                                                                             e Sufrido (chalah, verbo)

 

A  53:12.       B 53:12                          c Porción Dividida

Mi Siervo       Grande y                           d  Con los grandes

Derramó         Fuerte                           c  Repartiendo despojos

Muchos justificados                                 d Con los fuertes

 

                          C 53:12                                     e Derramó Su alma

                           Sufrimientos                               f hasta la muerte

                           Sustitutivos                              e Él fue contado

                                                                               f con los transgresores

                                                                                        j habiendo llevado

                                                                                                lugar (paga)

                                                                                                 k Transgresores               

 

 

 

 

 

 

 

 

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