SATISFECHO
Cinco Estudios en Valores Espirituales
Por
Charles H. Welch
Traducción: Juan Luis Molina
THE BEREAN PUBLISHING
TRUST 52A Wilson Street, LONDON
EC2A 2ER ENGLAND
PREFACIO
“Toda la Escritura es inspirada por Dios (theopneustos – respirada de Dios), y
útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia: a
fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda
buena obra” (2ª Timoteo 3:16, 17).
La mayor parte de nosotros ha oído hablar de la
leyenda de las Minas del Rey Salomón, sin embargo existe una Mina que no se
asocia con leyenda alguna, a la cual tenemos libre acceso, esto es, la Palabra
de Dios. Estas palabras forman Su verdad ofrecida para nosotros, en la cual,
podemos mantenernos explorando y desenterrando por el Espíritu de Dios, joyas
que, en todo su esplendor, reflejan la gloria de Salomón; que nos revelan Aquel
Quien era, es, y siempre será más grande que Salomón, el Cristo Mismo, Aquel
Quien por un tiempo, por nuestra causa, dejó de lado esa sublime gloria y todo su significado, con el
objetivo de que pudiéramos ser nosotros, antes de venir a ser manifiestos con
Él en gloria, redimidos por Su preciosa sangre.
Con la persistencia y energía del minero tenemos en
cuenta a Charles Welch y a su labor y celo, durante muchos años, desenterrando
Verdades en la Palabra de Dios. En estos días de apostasía, apatía y enemistad
hacia Dios y Su maravillosa Salvación en Cristo, yo, y para ser pertinente,
todos los creyentes que deseen seguir a
perfección (al final o meta), precisamos mucho la verdad de su labor para
edificar en nosotros una más santa fe y para que, como está expuesto en 1ª
Pedro 3:15, podamos santificar al Señor
Dios en nuestros corazones: estando siempre dispuestos para dar satisfacción a
todo hombre que nos indague la razón por la esperanza que en nosotros habita,
con mansedumbre y amor. El autor no solamente “explora y cava” con toda su
energía, sino que, de igual modo, lapida, pule y le da brillo a estas gemas de
Verdad dejándonos percibir un anticipo de la gloria que vendrá a ser nuestra a
su debido tiempo. En este estudio, el autor ha explorado a través de las
Escrituras tratando con temas tales como la “Satisfacción”, “Inmortalidad”,
“Unidad”, “Perdón”, el “Pan de Vida”, la “Redención”, la “Deidad de Cristo”,
etc. Su meta y objetivo, tal como lo ha sido a través de toda su vida, es
glorificar a Dios y a Su Hijo nuestro Señor Jesucristo en todas las Escrituras;
su objetivo fue ser un recipiente o vaso terrenal, exaltando a Cristo siempre
es sus escritos y exposiciones. Aquí tenemos una verdad Dispensacional,
Doctrinal y Práctica que no podemos ignorar aquellos que amemos al Señor
Jesucristo; es un estudio que no debe ser leído de manera liviana y olvidado
después en el polvo de nuestra librería, sino para ser profundado y estudiado
con las Escrituras en mano, pues el deseo del autor y su objetivo es guiarnos
para ser y estar “Enteramente Equipados”. Esto solo podrá ser llevado a cabo
recurriendo a las propias Escrituras, pero además en oración y agradecimiento a
Dios por hombres tales como el Sr. Welch, que nos han dado los principios
necesarios para el entendimiento de la Palabra de Dios.
Es con mucho agradecimiento, estando seguro que será secundado por todos
los que estudien este documento, que oro por el autor y todos los asociados con
él en esta publicación.
W. H. H. 9 de
Septiembre 1962.
ÍNDICE
TODAS LAS BENDICIONES ESPIRITUALES Pag.4
O las migajas de la Mesa de Israel.
ANDRAJOS O VESTIDURAS 16
DE UNO SON
TODOS
24
EL UNGIMIENTO DEL SEÑOR
37
SATISFECHO
54
Estructura de Isaías 52:13 a 53:12
87
¿Todas las Bendiciones Espirituales
O
Las MIGAJAS de la Mesa de Israel?
Algunos permanecemos en la Cruz.
Otros aguardan en la Tumba,
Vivificados, levantados, sentados
juntos con Cristo,
Aunque viviendo todavía en tinieblas.
Algunos celebran la Fiesta de la Pascua
Con la Ascensión totalmente desconocida
–
Los triunfos de la gracia en los
lugares celestiales
Que nuestro Señor para nosotros
conquistó.
Si el Cristo que murió hubiese acabado
en la Cruz
Su obra incompleta habría sido;
Si el Cristo que fue sepultado, en la
Tumba hubiese permanecido,
Tan solo la derrota habría conocido.
Pero el camino de la Cruz no acabó en
la Cruz,
Y la vía de la tumba nos guio
A la victoriosa gracia en los lugares
celestiales
Donde el ascendido Señor subió.
Algunos creyentes, desgraciadamente, ni tan siquiera
“permanecen en la Cruz”, pues la mayor parte de su lectura y privada devoción
se basa sobre los Evangelios, y el único de los cuatro que anuncia
definitivamente la vida eterna como un don de Dios basado en la fe es el de
Juan. El Evangelio de Lucas, escrito por alguien que sirvió fielmente con el
apóstol Pablo, tiene un aspecto o esfera Gentil, pero la Cruz efectiva, la
Muerte, Sepultura, Resurrección y Ascensión de Cristo, no aparecen en él sino
hasta que llegamos al último de sus capítulos. Mismo después de la
Resurrección, la actitud de los apóstoles y de la mayoría de los seguidores, se
expresa en la fatalista declaración de Pedro: “Me voy a pescar”, o en la
merecida reprensión ofrecida por el Cristo levantado hacia los dos discípulos
en el camino de Emaús: ¡Oh insensatos y tardos de corazón para creer! Pedro, cuya actitud en Mateo 16:21-23 deja
ver claramente que no se hacía idea alguna de que el Cristo tendría que
padecer, de todas formas, predicó el evangelio del Reino, y debió hacerlo de
manera aceptable, pues, fue confirmado por “las señales que le siguieron”, las
cuales incluían también el levantamiento de la muerte (Mateo 10:7, 8). ¿Será
ESTE EVANGELIO el de las buenas nuevas para el día presente y actual? Estamos
seguros que, aquellos para quienes escribimos estas líneas, no tolerarían un
evangelio donde “Jesucristo, y a éste Crucificado” fuera desconocido; sin
embargo, y sin, aparentemente, ningún concepto de cuán inconsistentes son,
algunos hermanos toman para sí mismos
el Sermón de la Montaña, las Parábolas de los misterios del reino del cielo, la
Profecía de la Segunda Venida en Mateo 24, junto con pasajes morales y
doctrinales ¡TODOS LOS CUALES fueron verdad para aquellos que ni conocieron ni
creyeron en la Cruz, ni tampoco en la
Resurrección!
Tal vez, el más temprano y dulce resultado de creer el
Evangelio de Cristo, sea aprender el perdón de los pecados, y podemos bien
imaginar que aquellos que tienen por hábito recitar la Oración del Señor (el
Padre nuestro), se persuaden pensando que en dicha oración encuentran
evidencias de la Escritura, diciéndoles que nuestra estimación de los primeros
capítulos de Mateo sea equivocada y peligrosa. Esta oración, por Su vez, se
encuentra en el Sermón de la Montaña, donde no hay ni una sola referencia a la fe, redención, justificación o
expiación, a pesar de la categórica declaración de la Escritura diciendo
que: “Sin derramamiento de sangre no hay remisión (perdón) de pecados”
(Heb.9:22), o como anuncia el apóstol concerniente a Cristo, diciendo:
“En Quien tenemos redención a través de Su sangre, el
perdón de los pecados” (Efesios 1:7).
De acuerdo a la revelación de verdad que hallamos en las
epístolas, el perdón es IRREVERSIBLE e incondicional, estando basado tan
solamente sobre la redención y justificación, y en términos tales como “Ninguna
condenación” y “Ninguna separación” (Rom.8:1, 31-39). Aun mismo un hombre
incrédulo y no salvo, el cual no posea sino la sola habilidad de leer
castellano, tanto si sea en la Biblia como en cualquier otra página impresa, si
se le diera a leer Romanos 8:1, 31-39 y se le preguntase si “¿Podría ESTA
posición ser alterada?”, sería obligado a admitir que la alteración en un tal
contexto sería imposible.
¿DÓNDE ESTÁ ENTONCES LA LÓGICA SANTIDAD DEL LECTOR
REGENERADO DE MATEO 6:12-15?
¿Cómo puede ubicarse AL MISMO TIEMPO en Mateo 6 como en
Romanos 8? La oración que nuestro Señor enseñó a Sus discípulos contiene una
serie de cláusulas, pero tan solo una resalta para ser más plenamente expandida
y explicada, esto es, la cláusula que trata con el perdón. ¿Cómo es posible que
muchos oren diciendo: perdónanos nuestras
deudas, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores, y no se paren
realmente a preguntarse o ponderar la propia interpretación del Señor de estas
portentosas palabras?
Porque si
perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro
Padre celestial; PERO SI NO perdonáis a los hombres sus ofensas, TAMPOCO
vuestro Padre perdonará vuestras ofensas.
Estas tales condiciones aquí expuestas son totalmente
extrañas y ajenas al testimonio de las epístolas. Pues EN ELLAS la posición es:
Habiendo sido YA tú de gracia perdonado,
¿no querrás tú perdonar a los demás?
Sed
benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo (Efesios
4:32).
El asunto era evidentemente tan de vital importancia, y
tan igualmente sujeto a ser malinterpretado, que, luego a seguir, en el mismo
Evangelio, el Salvador relata la parábola del siervo imperdonable, haciendo
claro lo que implica Mateo 5:24-26, donde si alguno no se reconcilia con su
prójimo, se hace culpable de venir a ser encarcelado y ajusticiado,
De cierto
te digo que no saldrás de allí, hasta que pagues el ÚLTIMO CUADRANTE (Mateo
5:26).
Todos hemos escuchado algunos extravagantes comentarios y
declaraciones acerca del Sermón de la Montaña, pero el peligro de las “llamas
del infierno” y del “último cuadrante” han sido pasados por alto sin comentario
alguno.
La Parábola del Siervo Imperdonable
“Por lo cual el reino de los cielos es semejante a un
rey…” (Mateo 18:23).
El siervo imperdonable se halla exactamente en la misma
posición que la oración del Señor
implica o conlleva:
“Entonces su señor, enojado, le entregó a los verdugos,
hasta que le pagase todo lo que le debía. ASÍ TAMBIÉN (y no omita este punto)
Mi Padre celestial hará con vosotros (vosotros creyentes, no los incrédulos),
si no perdonáis de todo corazón a cada uno…sus ofensas” (Mateo 18:34, 35).
Hay una vital y fundamental diferencia, entre el perdón
de un rey como vemos en los Evangelios, y la justificación de un pecador como
vemos en las epístolas. El perdón de un rey puede ser retirado, pero el perdón
que se basa sobre la redención,
expiación, justificación, imputación, aceptación y libre acceso, jamás
puede venir a ser rescindido. El perdón de la oración del Señor dice respecto y
relata al reino a ser erguido en la
tierra, es un eco del cancelar de las deudas en el recurrente día del
Jubileo, y aquí no tendrá cabida posible la tal “Ninguna condenación”, nos
asegura el Espíritu, tal como la
parábola de Mateo 18 revela más claramente. Entonces, ¿por qué siguen orando
una y otra vez los creyentes en términos que son completamente antagónicos a
todo lo que ha sido revelado desde que Jesucristo murió a causa de los pecados
y volvió a levantarse por causa de nuestra justificación? Gracias a Dios,
ningún creyente hoy en día sería puesto en prisión y allí mantenido hasta que haya
pagado el último cuadrante, y
aquellos que emplean la oración del Señor lo saben perfectamente en sus
corazones.
Muchos años atrás, escuchamos a Archibald Brown predicar
sobre el siervo imperdonable en el
Tabernáculo de Spurgeon, pero bendito sea Dios, aunque ANUNCIANDO su texto por
Mateo 18, él conocía demasiado bien la gracia de Dios para predicarlo, y para
nuestro deleite, quebró todas las reglas de la homilía, y exploró a través de
Romanos, Gálatas, Efesios y Colosenses predicando el perdón de los pecados
basado sobre la preciosa sangre de Cristo, a pesar de haber adoptado Mateo 18
como inicio de su texto.
LAS MIGAJAS DE LA MESA DEL AMO
Hace algunas fechas atrás, pasamos un tiempo con un grupo
de amorosos cristianos que se reunían a diario cada tarde para hacer una
lectura de la Palabra. El Evangelio de Marco fue el libro escogido, y tarde
tras tarde fuimos viendo el ministerio terrenal del hijo de Dios, y leyendo
acerca de la posesión de demonios, la sanidad de las enfermedades, las
parábolas de los misterios del reino de los cielos, la alimentación de los
millares en un desierto, y el apaciguamiento de una tempestad; pero nunca
leímos nada de la gracia redentora. Así fuimos leyendo hasta que llegamos a
Marcos 7, donde al presente escritor se le pidió que tomase los versículos
24-37, en los cuales leímos de las “migajas” que caen de la mesa de Israel.
Entonces les pregunté, y pregunto además ahora al lector de estas líneas:
“¿Estáis vosotros viviendo de las “MIGAJAS”, cuando las insondables riquezas de
Cristo aguardan vuestra aceptación, aunque permanecen para todos los efectos
como un libro cerrado?”
Las
migajas de la mesa del Amo, el título de este
capítulo fue sugerido por el registro de Mateo 15 y el de Marcos 7.
EL LUGAR – Las costas de Tiro y Sidón.
LA RAZA DEL PERSONAJE – Una mujer cananea, una griega,
una siro-fenicia, en otras palabras: una Gentil.
A esta mujer, haciéndole su petición, el Salvador le dio la
siguiente respuesta:
“NO SOY ENVIADO, sino a las ovejas perdidas de la casa de
Israel” (Mat.15:24).
Aquí estamos en la misma base dispensacional de Mateo 10,
cuando el Señor dijo:
“Por camino de Gentiles NO VAYÁIS” (Mateo 10:5).
¿No deja de ser sorprendente que, piadosos creyentes,
puedan venir a leer estas dos declaraciones, y viendo que tales prohibiciones no sean válidas al día de hoy,
y que juzguen al mismo tiempo que todo lo
escrito en estos capítulos pertenezca a, y sea aplicable, hoy en día, para la Iglesia? Mientras nuestro Salvador estuvo andando por
la tierra, la hora en la cual podía proclamarse como el Salvador del mundo
todavía no había llegado. El Señor honró aquel principio de interpretación, tan
vilipendiado por muchos, esto es, la “Correcta División” no tan solo de Mateo
10 y 15, sino que además dividió sin desviarse y por derecho también en el
trato de Isaías 61:1, 2 como puede ser observado en Lucas 4:16-21.
El Evangelio según Mateo se divide en dos partes,
cada una de ellas señalada por una nota de tiempo: “Desde entonces” o “desde
ese tiempo”.
“Desde entonces
COMENZÓ Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos
se ha acercado” (Mateo 4:17).
“Desde entonces
COMENZÓ Jesús a declarar a Sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y
padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas;
y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mateo 16:21).
Si realmente creemos la Palabra de Dios, tenemos que
admitir que todas las enseñanzas que preceden a Mateo 16:21 no tienen
referencia alguna a Jesucristo, y a Éste
crucificado, muerto, sepultado o levantado;
pero ¿estamos dispuestos a llevar este hecho hasta su lógica conclusión?
Esta mujer cananea era descendiente, tanto cuanto sabemos, de los Cananeos de
Sidón, a los cuales Aser fracasó a la hora de expulsar de su territorio, tal
como se registra en Jueces 1:31. Aquellos que podemos distinguir nuestro
llamamiento con claridad, en Efesios 1:3-14, también vemos en Efesios 2:12 que
nosotros, en otro tiempo, estábamos también como esta cananea: “alejados” y con
ella éramos igualmente “ajenos”.
“En aquel tiempo estabais SIN CRISTO, ALEJADOS de la
ciudadanía de Israel y AJENOS (o extranjeros) a los pactos de la promesa, sin
esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12).
Pero aquí terminan las similitudes. ¿Mendigaremos por
tanto las MIGAJAS que caían de la mesa de Israel? Leamos la carta de esta
Iglesia (Efesios 1:3-14) de nuevo y veamos si es que podemos responder que
“SÍ”.
Esta mujer cananea le suplicó al Señor:
“¡Ten misericordia de mí, Oh Señor, Hijo de David!”
(Mateo 15:22).
Y aun cuando estaba procurando ayuda para su hija y no
para sí misma, Él “¡NO LE RESPONDIÓ PALABRA!” Y sin embargo, en el mismo
capítulo, llamó a Sus discípulos y les dijo: “tengo compasión de la gente”
(Mateo 15:32); sin embargo, debemos observar, que aquí, ahora, se hallaba de
vuelta en Galilea, y ya por tanto no estaba tratando con un “Gentil” o
“Griego”. Debemos observar, además, que, esta pobre mujer, repitió el título
que había escuchado siendo empleado por otras personas cuando a Él se dirigían:
como “el Hijo de David”. Posteriormente, en Romanos 1:1-4, Cristo, como “la
simiente de David,” fue declarado ser el Hijo de Dios con poder, en el
evangelio predicado a “todas las naciones” (Rom.1:5), y la esperanza de la
iglesia EN AQUEL TIEMPO era:
“Estará la raíz de Isaí, y el que se levantará a regir
los gentiles: Los gentiles esperarán en él” (Rom.15:12).
No obstante, en aquel tiempo, el creyente Gentil se
hallaba como un olivo silvestre injertado,
contrario a natura, en el Olivo de Israel (Rom.11:23-25); pero aun así,
esta era una posición mucho más alta que los Siro-fenicios podían esperar o
imaginarse durante el ministerio terrenal del Hijo de Dios.
En Pentecostés, y posteriormente, el título del “Hijo de
David”, también fue asociado por Pedro con el trono de David:
“Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios
le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne levantaría al
Cristo PARA QUE SE SENTASE SOBRE SU TRONO…” (Hechos 2:30).
¿Qué tiene que ver la Iglesia con el trono de David?
Posteriormente, Pablo, hablando de Cristo como la simiente de David en Rom.1:3,
no se refiere ya al trono de David, sino al Evangelio
que a él le había sido encargado, y en 2ª Timoteo 2:8 dice:
“Acuérdate que Jesucristo, de la simiente de David, fue levantado de la muerte conforme a mi
evangelio”.
Sugiriendo con eso que, aunque la Persona permaneciese
siendo la misma, muchas asociaciones que decían respecto al Hijo de David
conforme al particular Evangelio de Pedro, tenían que ser ahora ajustadas. Y
por fin, posteriormente, cuando llegó el tiempo para que Pedro escribiese su
epístola, él llama la atención sin referencia alguna al trono de David y dice
de Cristo:
“Quien habiendo subido al cielo está a la diestra de
Dios, y a Él le están sujetos ángeles, autoridades y potestades” (1ª Pedro
3:22).
Pudo haber sucedido que, el propósito del Salvador al no
responder el pedido de esta mujer griega de manera inmediata, fuese para
resaltar de manera Escritural la distinción que entonces existía entre el Judío
y el Gentil. Ella, como mujer cananea que era, no tenía el derecho de dirigirse
a Él como el “Hijo de David”. Esto se deduce y demuestra por Su declaración
siguiente:
“Yo no he sido enviado, sino a las ovejas perdidas de
Israel” (Mat.15:24).
La limitación de Mateo 10 todavía se encontraba vigente.
La mujer sin embargo no se desanimó con esta reprensión; aparentemente al
menos, pareció haber aprendido la lección inherente, pues dejó de lado el
título del “Hijo de David” y aproximándose de nuevo le adoró diciendo:
“Ayúdame, Señor”, empleando así el título universal de “Señor”, en vez del más
restricto título de “Hijo de David”. A este segundo apelo se levantó un nuevo
obstáculo:
“No está bien tomar el pan de los hijos, y echarlo a los
perrillos” (Mat.15:26).
En el registro de Marcos, esta frase es precedida por las
palabras:
“Deja que primero se sacien los hijos” (Marcos 7:27).
“Primero” no excluye enteramente, pero reconoce y connota
precedencia y orden. Esta circunstancia todavía se halla vigente en Romanos 1,
donde el evangelio sigue siendo:
“Al Judío primeramente… (Aunque ahora y solo aquí), también al Griego” (Rom.1:16).
Aunque desde el punto de vista del pecado y la salvación, el
apóstol pudiera escribir que “no hay diferencia”, el Judío, no en tanto, seguía siendo primero, y lo seguiría
siendo siempre mientras se mantuviese en su relación de pacto con Dios, y así
sucedió hasta que Israel fue puesto de lado, como sucedió, en Hechos 28. Hoy en
día, el Judío ya no es “primero”. Tal como hemos visto, la misma epístola
(Romanos) que pone el fundamento de la justificación por la fe sin obras para
todos los hombres, sean Judíos o Gentiles, resalta que desde el punto de vista
DISPENSACIONAL, el Judío todavía era
primero, y emplea la ilustración del olivo en Romanos 11 para enseñar eso
mismo: Que los creyentes Gentiles habían venido a ser “injertados contra
natura” en el verdadero Olivo, una unidad muy inferior a la que posteriormente
vendría a ser revelada en Efesios 3:6, después que Israel cayese en el actual
estado de ceguera y sordez en dureza de corazón, y el olivo cortado a la raíz.
Hasta el último capítulo de los Hechos, e influenciando las epístolas escritas
por Pablo durante los Hechos (esto es, Gálatas, Romanos, 1ª y 2ª Corintios, 1ª
y 2ª Tesalonicenses y Hebreos), la esperanza de Israel era entonces la
esperanza de la Iglesia. Esto podemos en verdad deducirlo por Romanos 15:12,
13, y es lo que implica la introducción hecha por el Arcángel en 1ª Tesal.4,
pues el Arcángel es Miguel (Judas 9), y Miguel se mantiene firme en defensa del pueblo de Israel, y
cuando él se levanta, se da una resurrección (Daniel 12:1). La centralización
del Señor incidiendo sobre el pueblo de Israel en Su primer adviento, NO
significa que Dios no se estuviese ocupando además por el mundo perdido
exterior; sino antes bien todo lo contrario. De acuerdo al pacto establecido
con Abraham, Israel estaba reservado para ser el canal o medio de bendición a
través del cual “todas las familias de la tierra” serían benditas. Israel
estaba destinada a ser un “Real sacerdocio, y una nación santa” y es por eso
que, el Salvador, antes que nada, “vino a los Suyos”, pues:
“Los hijos deben saciarse PRIMERO”.
Sobre este punto pueden verse algunos respectos suyos en
los Hechos de los Apóstoles, donde la ocurrencia de la palabra “enviado” se
mantiene a la par con los resultados de los movimientos dispensacionales
llevados a cabo en los Hechos. Pueden ser observados por ejemplo en los
siguientes análisis:
JERUSALÉN “Judíos…. de todas las naciones
bajo el cielo”
“Varones
Israelitas” (Hechos 2:5, 22).
Judíos solamente
“A vosotros PRIMERAMENTE, Dios, habiendo levantado a Su
Hijo,
lo ENVIÓ para que os bendijese, a fin de que cada uno se
Vuelva
de su maldad” (Hechos 3:26).
ANTIOQUÍA
“Varones hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que
Entre
vosotros teméis a Dios: A VOSOTROS es ENVIADA la
Judíos Palabra de esta
salvación” (Hechos 13:26).
Y “A vosotros
(Judíos) a la verdad era necesario que se os hablase
Gentiles PRIMERO la Palabra de
Dios; mas puesto que la desecháis
Y no os
juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos
A los
Gentiles” (Hechos 13:46).
ROMA “Para que… no se
conviertan, y Yo los sane. Sabed, pues, que a
los
Gentiles es ENVIADA esta salvación de Dios,
Gentiles solamente
y ellos la oirán (Hechos 28:27, 28).
El final ministerio del Apóstol Pablo se da a conocer en
Hechos 26:17.
“Librándote de tu pueblo, y de los Gentiles, A LOS QUE
AHORA TE ENVÍO”.
Los perrillos
En el registro de Mateo (vea también el de Marcos 7:27)
el Señor le dijo a la mujer:
“No está bien tomar el pan de los hijos, y echárselo a
los perrillos” (Mat.15:26).
La expresión “echárselo a los perrillos” era bien
conocida para los Judíos, una vez que era una cláusula en su ley, pues, debido
a que fueran un pueblo “santo”, estaban prohibidos de comer la carne de
cualquier animal que hubiese sido despedazado, la cual, la ley decía, “a los
perros la echaréis” (Éxodo 22:31). Esto es lo que impidió que se cerrase del todo la puerta de entrada a esta
mujer cananea. Pero en este punto, se pone en evidencia la compasión del
Salvador. Él no podría, y no pudo, volver atrás en Sus palabras diciendo que no
había sido “enviado” sino a las ovejas perdidas de Israel, y si hubiese
empleado la palabra kuon “perro” o
“sabueso”, esta pobre mujer tendría que haberse marchado sin esperanza alguna
de recibir su petición. Pero la palabra que dijo fue kunarion, “perrillo” o “pequeño cachorro”. Si bien, en el Oriente,
los perros fuesen callejeros, andando sin lugar alguno por habitación, aun así,
de acuerdo al testimonio del Rev. James Neil, a los cachorros si se les permitía su permanencia en los hogares como
compañía de los niños durante sus primeras semanas de vida, y esta mujer fijó
su fe sobre este mismo hecho, diciendo:
“Sí, Señor; pero aun los perrillos comen de las migajas
que caen de la mesa de sus amos”
La palabra “amos” o “maestros” (en otras versiones)
traduce siete palabras griegas en el Nuevo Testamento: despotes, didaskalos, epistates, kathegetes, kubernetes, rabbi, Kurios.
La palabra empleada aquí en Mateo 15:27 es Kurios que se traduce “señor” 56 veces,
y “Señor” con mayúscula 663 veces. Aquí tenemos las dos formas.
“Sí, SEÑOR (Kurios);
pero aun los perrillos comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos (kurios).
Aquí, la preminencia
del Judío, tal como se muestra en pasajes tales como Isaías 49:22, 23 y 60:10-12
se reconoce claramente, una posición que está correcta y apropiada, y en
conexión con el reino terrenal que
todavía está por ser establecido en el futuro, pero que está ahora totalmente
fuera de lugar en la dispensación del Misterio, en la cual dispensación actual,
“la pared intermedia de separación” ha sido derribada, y donde “ambos” han
venido a ser reconciliados en “un solo cuerpo”; donde “ambos” tienen “acceso
por un mismo espíritu al Padre”, y donde ya “no son más ajenos ni están
alejados, sino que son ciudadanos copartícipes con los santos de la casa de
Dios”, donde:
“Los Gentiles son coherederos y miembros del mismo
cuerpo, y copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio (y
no ya del ´evangelio del reino´) sino del evangelio, del cual yo (Pablo) fui
hecho ministro… para anunciar entre los Gentiles el evangelio de las
inescrutables riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál sea la dispensación
del misterio escondido desde (antes de) los siglos (o edades) en Dios.” (Efesios
3:6-9).
Aquí ya no tenemos “migajas”, y estas riquezas nunca se
hallaron en la mesa de Israel. Ninguna de las promesas hechas a Abraham llegan
más allá que a “la ciudad que tiene fundaciones”, la Jerusalén celestial; sin
embargo, estas bendiciones, reveladas a través de Pablo siendo el Prisionero de
Jesucristo por nosotros los Gentiles, se asocian con Cristo, Aquel que está
sentado “Por encima de todos los cielos” y esta iglesia es denominada “La
plenitud de Aquel que todo lo llena en todos” (Efesios 1:21-23).
Querido lector, ¿cómo puedes contentarte con las migajas
que caen de la mesa de Israel, como hacen los cachorros, y pensar de Israel
como siendo tu “señor”, cuando el más alto llamamiento de Dios en Cristo Jesús
se ha puesto a tu disposición en este intervalo o paréntesis del propósito de
las edades, venido en consecuencia del repudio de Israel en Hechos 28? Tan
pronto como esta mujer griega reconoció la superioridad del lugar ocupado por
Israel, recibió la respuesta a su oración. En toda verdadera humidad nosotros
también podríamos decir:
“Menor soy que todas las misericordias y que toda la verdad que has usado con Tu
siervo” (Génesis 32:10).
Pero hay en cambio una falsa humildad, que vuelve la
espalda a las inexplicables bendiciones que Dios ha puesto a disposición del
creyente Gentil hoy en día. Si bien, nosotros, seamos tan indignos de recibir
“lo más bajo”, como lo somos de recibir “lo más alto”.
Desde que Israel pasó a estar en su actual y presente
condición de ceguera y dureza de corazón, predicha y prefigurada de antemano
bajo el nombre de lo-ammi “No es Mi
pueblo” (Oseas 1:9), desde entonces, se introdujo un totalmente nuevo orden de
asuntos por la revelación del “Misterio”, una sección secreta del propósito de
las edades que había estado “oculta en Dios” y “oculta por todas las edades y
generaciones”, pero que ahora ha sido revelada a través de Pablo, el Prisionero
de Jesucristo, para nosotros los Gentiles (Hechos 28:28; Efesios 3:1-9;
Colos.1:24-27). Las migajas que caen de la mesa de Israel no pueden compararse
con:
“Todas las bendiciones espirituales en los lugares
celestiales en Cristo” (Efesios 1:3).
Una elección hecha “antes de” la fundación del mundo
(Efesios 1:4).
La predestinada “adopción” o posición del primogénito
(Efesios 1:5).
Una gloriosa “aceptación en el Amado, y un asegurado
`acceso´ por un mismo Espíritu al Padre” (Efesios 1:6; 2:18).
A la iglesia que es “El Cuerpo” se le da actualmente el
título de:
“La plenitud de Aquel que todo lo llena en todo” (Efesios
1:23).
La unidad así formada es única:
“Los Gentiles…coherederos, miembros del mismo cuerpo, y
copartícipes de la promesa en Cristo Jesús por medio del evangelio del cual yo
(Pablo) fui hecho ministro” (Efesios 3:6, 7).
La mujer cananea tomó el lugar de los perrillos, y nunca
hubiera siquiera soñado estar “sentada juntamente” con los hijos (Israel) a la
mesa, mientras que nosotros, que estábamos:
“Alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los
pactos de la promesa” (Efesios 2:12)
mucho más alejados, por tanto, de la gracia que esta
pobre mujer siro-fenicia estaba, fuimos hechos “cercanos por la sangre de
Cristo”, y somos potencialmente, en este mismo momento, reconocidos como
estando, “Sentados juntamente con Cristo” (Efesios 2:6) donde Él ahora se halla
sentado a la diestra de Dios, “por encima de todo principado y potestad”
(Efesios 1:21). El lector habrá observado que nos hemos limitado a citar tan
solamente una de las epístolas para resaltar las riquezas de gracia y gloria
que el presente intervalo de la ceguera de Israel hizo posibles.
Estas epístolas, desgraciadamente, son un territorio casi desconocido para muchos
que realmente aman al Señor. Mientras que, realmente, hay millares que pueden
citar la Oración del Señor de Mateo 6, muy pocos son los que pueden citar la
oración ofrecida para nuestra guía en Efesios 1:15-23. Mientras que hay
centenares que puedan citar el Sermón de la Montaña diciendo que “los mansos”
heredarán la TIERRA, pocos pueden citar de memoria las referencia a los más
altos LUGARES CELESTIALES que son la herencia para estos verdaderamente
referidos “mansos” de Efesios 4:2.
La obediencia regular al tipo o manera de andar inculcado
por el Sermón de la Montaña, no es sustituto ni se puede comparar con el
“andar” que es “digno de”, o en correspondencia con, el altísimo llamamiento de
Dios revelado en la epístola de Efesios (Efesios 4:1-16). Estas bendiciones de
gracia y gloria que están por encima de nuestros mejores sueños, son nuestras a
través de la preciosa sangre de Cristo. El andar y las bendiciones del Sermón de la Montaña
fueron referidas de, y para, aquellos que no tenían conocimiento o fe en aquel
Sacrificio de amor. Sin embargo, para seguir adelante, precisaríamos una
exposición de las cuatro Epístolas en Prisión: Efesios, Filipenses, Colosenses
y 2ª Timoteo, juntamente con la de los Hechos de los Apóstoles, y el lugar
predominante de Israel abandonado al final de los Hechos, además de un
verdadero asentamiento del lugar pretendido por Pentecostés. Pero una vez que,
a todos estos temas, ya les hemos dado una más ámplia exposición, y los
volúmenes o estudios todavía están disponibles e indicados en nuestra lista de
publicaciones, ahora solo hacemos este breve intento para llamar la atención
hacia las esenciales diferencias que existen entre las “migajas”, con las
cuales son muchos los que parecen contentarse, y las glorias sobrenaturales que
están disponibles en este día de gracia para todos los que quieran extender la
mano de fe, para que puedan ser “llenos con toda la plenitud de Dios” (Efesios
3:19). Hemos hecho un esfuerzo por llamar la atención a lo que las Escrituras
actualmente enseñan y dicen. Y hemos denominado este estudio:
“Un apelo y un desafío”
No procuramos lo tuyo,
lector, sino a ti. No podemos dejar de estar apesadumbrados al sentarnos en la
compañía de evidentes cristianos píos que están tan centrados con el ministerio terrenal de Cristo, donde
nada sino las “migajas” que caen de la mesa de Israel pueden obtener; mientras
que las bendiciones que nunca hicieron parte de la mesa de Israel, y que nunca
podrán ser denominadas de “migajas” son, o bien ignoradas, o desatendidas, o
confundidas con el ministerio terrenal de Cristo, y quienes nunca leyeron ni
quieren leer el testimonio propio del apóstol:
“De manera que nosotros
de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo
conocimos según la carne, ya no lo conocemos así. De modo que
si alguno está en Cristo, nueva criatura (creación) es; las cosas viejas
pasaron: he aquí todas son hechas nuevas” (2ª Cor.5:16, 17).
Estas “cosas viejas”
van juntas con Cristo “según la carne”.
A los miembros del
Cuerpo Único y partícipes en el alto llamamiento de la dispensación del
Misterio revelado, consecuente a la ceguera de Israel, va dirigida la
exhortación del Apóstol:
“Si, pues, habéis
resucitado con Cristo, buscad las cosas de arriba, donde está Cristo sentado a
la diestra de Dios. Poned la mira (los pensamientos) en las cosas de arriba, no
en las de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con
Cristo en Dios. Cuando Cristo, vuestra vida, se manifieste, entonces vosotros
también seréis manifestados con Él en gloria” (Colos.3:1-4).
Uno mayor que Josué
nos ha llamado hoy a escoger a todos nosotros:
“Escoged hoy” (Josué
24:15).
¿Qué vamos a escoger?
¿Las “Migajas” que caen de la mesa de Israel o “las inescrutables riquezas de
Cristo” que Pablo, como el “prisionero de Jesucristo” fue encomendado a
predicar “a los Gentiles”? (Efesios 3:1-9).
Confiamos en que no
seremos considerados contrarios a las Escrituras por haber escogido para
nosotros algo de los deseos de este apóstol, cuya ambición era:
“Aclarar a todos cuál
sea la dispensación del misterio escondido desde los siglos en Dios” (Efesios
3:9).
Capítulo II
Andrajos o Vestiduras
Una continuación de
TODAS LAS BENDICIONES ESPIRITUALES
O
Las Migajas de la Mesa de Israel
Las vestiduras en la Escritura se emplean muy a menudo
como un símbolo, y aun mismo en las cosas cotidianas y diarias de la vida, las
vestiduras, generalmente, representan algo más que una mera cobertura del
cuerpo. Los sacerdotes se vestían, no tan solo con las ropas distintivas
prescritas por la ley, sino además con justicia
y con salvación. Otros se revestían
con vergüenza, con humildad, con maldición, y el propio Señor se revestía con
poder, con majestad, con honor, con vestidos de venganza y con celo como un
manto. Y no pocos de nosotros hemos leído con gratitud y deleite las palabras
de Isaías 61:10.
Si bien nuestra enseñanza se base estrictamente sobre la
Palabra de Dios, no nos dañará recordar que, el “Sabio de Chelsea”, por
ejemplo, escribió una completa filosofía de las vestiduras bajo el título Sartor Resartus, donde dice:
“Bien puedes ver dos individuos, uno vestido en Rojo
fino, el otro en un grueso Azul: El Rojo le dice al Azul “vas a ser ahorcado y
anatomizado”; El Azul escucha estremecido, y (maravilla de las maravillas) se
encamina tristemente hacia el patíbulo…Su Señoría, en Rojo, aquel que le manda
ahorcar, tiene una peluca de crin de caballo, con pieles de ardilla y una bata
de felpa; por las cuales vestes todos los mortales saben que él es el JUEZ – La
sociedad … se halla fundada sobre vestiduras”.
Todos nos acordamos bien de “Jarge (personaje de la literatura inglesa), el labriego que se hizo policía, exultando de alegría
al imaginarse que, cuando tuviese vestido su uniforme, ¡se pasearía triunfante
por la Plaza con su coche hasta la Calle Mayor! Y haciendo una referencia más,
muy conocida de la literatura secular que dice:
“La ropa vestida proclama generalmente al hombre”
(Shakespeare).
Al vestuario también se le denomina un “hábito”. Tan solo
tenemos que empezar la lectura de un libro como el del Apocalipsis para
observar el empleo del vestuario como un símbolo. La descripción al comienzo de
la presencia del Salvador, en Apocalipsis 1:13-18, no solo dice respecto a Su
cabeza, Su pelo y Sus pies, sino además de Sus vestiduras y cinto. Repetidas
veces leemos de vestiduras blancas, mantos blancos, y finos linos; de prendas
de vestir manchadas y lavadas; de un ángel con vestiduras; de testigos vestidos
en tela de sacos; de una mujer vestida con el sol, y una veste empapada en
sangre. La más temprana referencia al vestuario en la Escrituras se asocia con
un sentido de culpa y vergüenza, y de un intento carnal, aunque tan frágil y
fútil, de proveer, con él, algún tipo de cobertura. Tanto de Adán como de Eva está
escrito:
“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron
que estaban desnudos; entonces cosieron hojas de higueras, y se hicieron
delantales” (Génesis 3:7).
Y en contraposición con esto, leemos:
“Y Jehová Dios hizo al hombre y a su mujer túnicas de
pieles, y los vistió” (Génesis 3:21).
La palabra hebrea asah
aparece quince veces en los capítulos de uno a tres, aunque en la forma
conocida para los gramáticos como kal aparece
siete veces:
“Y Dios hizo el firmamento…las dos grandes lumbreras…animales…hombre…ayuda
idónea…Adán y Eva “se hicieron delantales”…Dios hizo “túnicas de pieles”
(Gén.1:7, 16, 25, 26; 2:18, 3:7, 21).
Dios acabó Su obra de la creación y descansó, pero, al
introducirse el pecado en el mundo, lo primero que hizo fue suministrar una
cobertura para el pecado por sacrificio, y así, desde Génesis 3, comienza una
nueva obra que no finalizó hasta la muerte de la cruz (Juan 4:34; 5:36; 17:4;
19:30). La séptima referencia a las cosas hechas por Dios da comienzo al
despliegue por tipo y sombra del amor redentor. El más antiguo comentario sobre
Génesis 3:7 se halla en el libro de Job:
“Si encubrí (kasah)
como hombre (como Adán) mis transgresiones, escondiendo en mi seno mi
iniquidad… (entonces) en lugar de trigo me nazcan abrojos, y espinos en lugar
de cebada” (Job 31:33, 40).
En contraste con Adán, el Salmista proclama después de un
periodo de silencio:
“Mi pecado te declaré, y no te encubrí (kasah) mi iniquidad. Dije: Confesaré mis
transgresiones a Jehová; y Tú perdonaste la maldad de mi pecado” (Salmo 32:5).
Aquí “ocultar” o “encubrir” el pecado, se pone en
contraste con el reconocimiento y la confesión, resultante del perdón. Por otro
lado leemos:
“Perdonaste la iniquidad de Tu pueblo, todos los pecados
de ellos cubriste (kasah)” (Salmo
85:2).
Este doble aspecto de la idea del encubrimiento del
pecado, puede ser confirmado posteriormente por dos o tres pasajes en
Proverbios.
“El odio despierta rencillas, pero el amor cubrirá todas
las faltas (pecados)” (Prov.10:12).
“El que cubre la falta busca amistad, mas el que la
divulga aparta al amigo” (Prov.17:9).
¡Cuán cierto y cuán triste a la vez es esto! Sin embargo,
y también en el libro de Proverbios leemos:
“El que encubre sus pecados no prosperará” (Prov.28:13).
Una cosa es encubrir el pecado justamente; y otra muy
distinta taparlo y maquillarlo. El impulso que inclinó a Adán y a Eva a
cubrirse estaba correcto; el error reside en el tipo de cobertura que
emplearon. Sin derramamiento de sangre no hay remisión, y esta verdad vuelve a
aparecer de nuevo en Génesis 4, donde en las dos ofrendas, una de Caín y la
otra de Abel, se repite la lección del delantal de hojas de higuera en
contraposición de la túnica de pieles, tan trágicamente. Las fajas o delantales
tan solamente cubren la desnudez, y se asocian con los lomos (Ezequiel 23:15).
Las túnicas o mantos eran una cobertura, no para la desnudez, sino para el
pecado, y cubrían desde los hombros hasta los pies, siendo suficientemente
grandes como para usarse como cobertor y abrigo en el lecho (Éxodo 22:27).
Tanto la túnica como el delantal o cinto formaban parte de la simbólica
vestidura del Sumo Sacerdote (Éxodo 28:4). Con ello se representan tanto la
vergüenza de la culpa como la paga del pecado. Las pieles teñidas de rojo hacían
parte de las coberturas del Tabernáculo (Éxodo 25:5). La piel del buey
sacrificado se incluía en la ofrenda de pecado (Lev.4:11). Debemos observar,
además, que, antes de que fuesen investidas las túnicas sobre Adán y Eva, el
delantal de las hojas de higueras les tuvo que ser retirado. Ambas cosas no
pueden mezclarse ni confundirse. Esto se establece con toda claridad en
Zacarías 3:3, 4:
“Y Josué estaba vestido de vestiduras viles, y estaba
delante del ángel. Y habló el ángel, y mandó a los que estaban delante de él,
diciendo: QUITADLE esas vestiduras viles. Y a él le dijo: Mira que he quitado
de ti tu pecado, y te he hecho vestir de ropas de gala”.
No puede haber “cobertura” alguna, la cobertura es otra
de las características que debemos ahora considerar. Veamos el examen que el
Patriarca Job hizo hablando del intento de Adán para encubrir su pecado:
“Si encubrí como hombre (Adán) mis transgresiones,
escondiendo en mi seno mi iniquidad” (Job 31:33).
La totalidad de este capítulo trata con la indignación de
Job, repudiando la conclusión deducida por sus desconcertados amigos de que, de
alguna manera, Job, debía reconocer tener consigo un pecado secreto para estar
sufriendo de aquella manera como estaba en las manos del Todopoderoso
sufriendo. Al menos dieciséis veces repite Job “Si hice esto o aquello”, con la
conclusión final: “entonces”…
“En lugar de trigo me nazcan abrojos” (Job 31:40).
Ahora dejemos de lado el vano intento del hombre en
cubrir su pecado y veamos la provisión hecha por Dios, ejemplificada por
primera vez por la provisión de la túnica de pieles y puesta como ilustración
muy clara del típico sacrificio, y por fin, cumplida por el Hijo de Dios, cuya
muerte sacrificial, es puesta como una propiciación
con un duplo objetivo, esto es, de que (1) Dios sea el Justo, y (2) Quien Justifica al creyente. Ahora debemos
considerar la razón por la cual la A.V traduzca “expiación” en vez de
“redención” en Romanos 5:11. Debemos prestar atención al significado y empleo
de la palabra hebrea kaphar. Tenemos
que procurar la intención Escritural en las referencias que se hacen para
cubrir el pecado por el sacrificio. Debemos considerar todo cuanto lleven
consigo el tipo, la figura, la sombra y
el modelo.
LA PALABRA “EXPIACIÓN” EN ROMANOS 5:11
“Por Quien hemos recibido ahora la
expiación”
Si esta palabra se refiere a la Ofrenda de Cristo en
sacrificio, sabemos bien que NOSOTROS no hemos recibido otra cosa sino sus
benditas consecuencias. El Sacrificio Expiatorio fue ofrecido para Dios.
Observamos que la A.V. al margen (tal como la Reina Valera en el texto) traduce
como alternativa “reconciliación” con referencia de vuelta al vers.10. Es
evidente, por tanto, que los traductores de la Versión Autorizada estaban
perfectamente familiarizados con la “reconciliación”, y sin embargo,
deliberadamente, emplearon la palabra “expiación” en su sustitución. El hecho
se basa sencillamente en que, la palabra “expiación”, había sido el uso común
trescientos años atrás como un equivalente para la reconciliación, y fue
escogida con el deliberado intento de mostrarle al lector que el evangelio de
la Reconciliación y el Sacrificio expiatorio van íntimamente asociados. Tal vez
no todos los lectores estén al corriente con la literatura de los Elizabetanos,
pero la mayor parte, si no todos, sí que conocen y tienen acceso a la de
Shakespeare. Aquí damos algunos ejemplos del obsoleto verbo “expiar” por él
empleados:
“Él bien quiso hacer expiación entre el Duque de Gloster
y tu hermano” (Ricardo III acto 1º
escena 3ª).
“Una vez que no podemos expiarte, veremos que designa la
Justicia de la victoriosa caballería” (Ricardo II acto 1º escena 1ª).
“Me fue grato hacer expiación entre mis conciudadanos y
tu persona” (Cimbeles acto 1º escena 4ª).
“¿Qué clase de expiación puede haber entre la luz y las
tinieblas?” (Philpot).
Bajo el punto de vista de Dios, el pecado tan solo puede
ser justamente encubierto cuando haya sido ofrecida y sido por Él acepte una
expiación. La justificación del creyente carece totalmente de significado si,
al hacerla, queda comprometida y de fuera la sola santidad y justicia de Dios.
El centro y foco de esta más que importante verdad se halla en Rom.3:25, 26:
“A Quien Dios puso como propiciación por medio de la fe
en Su sangre, para manifestar SU JUSTICIA…a fin de que Él sea el JUSTO, y el
que JUSTIFICA (o Justificador) al que es de la fe de (en) Jesús.”
LA JUSTICIA DE DIOS APARTE DE LA LEY
Esto es lo que desarrolla Rom.3 y 4, y también el pasaje
del Salmo 32 que habla del hombre bendito
a quien su pecado le es cubierto. Bajo la ley de la conciencia y la
evidencia de la creación, los Gentiles han sido hallados inexcusables
(Rom.1:20), pero no solo eso, pues, el capítulo 2, muestra que también el
Judío, aun con la ventaja de la ley escrita, de igual manera es hallado
inexcusable (Rom.2:1). Ni el Judío ni el Gentil han sido hallados justos, y
todo el mundo ha venido a ser culpable delante de Dios.
PERO AHORA
En Romanos 3:21, salimos fuera del ámbito de la
condenación y se nos pone debajo de una esfera de aceptación, fuera de la
esclavitud de la ley hacia la libertad del evangelio, y aquel “Pero ahora”
resalta y enfatiza el gran cambio sucedido. La sección de Romanos que comienza
en el capítulo 3 versículo 21, acaba con la misma observación en los versículos
27 y 28
ROMANOS 3:21-28
A 21 Choris
Aparte de la ley…manifestado
B 21, 22
a La Justicia de
Dios…manifestada
b Fe
C 22, 25 a Justificación gratuita
b Fe
B 25, 26 a La
Justicia de Dios…declarada
b Fe
A 27, 28 Choris Aparte de las obras de la
ley…justificado
Esta estructura habla por sí misma. En Romanos 4 el
apóstol cita el Salmo 32, y ahora debemos volver nuestra atención hacia este
pasaje. El testimonio de David es particularmente provechoso debido a la
precisión de su lenguaje. Describe al hombre a quién Dios imputa justicia sin obras, diciendo:
“Bienaventurado el varón a quien el Señor no inculpa de
pecado” (Rom.4:8).
Aquí tenemos términos en balanza. Imputar pecado es
acusar de pecado a la persona y tratarla como a un pecador. Imputar justicia
debe, por la misma vía, ser considerar a la persona como justa y tratarla como
tal. David no emplea los mismos términos que Pablo, pero el apóstol observa en
las palabras “iniquidades perdonadas” y “pecados cubiertos” su equivalencia del
Antiguo Testamento.
ANDRAJOS O VESTIDURAS
Ahora volvemos al título dado a este capítulo Andrajos o Vestiduras y los encontramos
en la profecía de Isaías:
“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas
nuestras justicias como trapo de
inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja” (Isaías 64:6).
El empleo del plural “justicias” suena un poco extraño al
oído castellano, pero es que se trata de la figura conocida como el plural mayestático, la cual acepta la
Editorial “nosotros”, y es muy común en el hebreo del Antiguo Testamento. Así,
en Génesis 4:10, en su original dice “sangres”, indicando la “vida de sangre”,
y “cegueras” en Génesis 11:19 indicando “Gran ceguera”. Sería correcto traducir
los Sacrificios de Dios ES (Salmo
51:17) pues no es el plural lo que se pretenda con ello – la frase significa
“El Supremo Sacrificio”. Y de ahí que en Hebreos 9:23 “Mejores Sacrificios”
signifique “El infinitamente mejor Sacrificio”.
Así que el profeta dice: Por eso nuestras más justas obras son como trapos de inmundicia, y
no solo y meramente nuestros evidentes pecados. La asociación que hace de los
trapos o andrajos y de las hojas caídas, nos lleva de vuelta a Génesis 3. La
“túnica” en oposición a los “andrajos” la encontramos además en Isaías 61:10:
“Jehová…me vistió con vestiduras de salvación,
Jehová…me rodeó
de manto de justicia”
Así que ahora recordamos aquí las páginas del comienzo, y
nos regocijamos sabiendo que, aunque no podemos “encubrir” el pecado, Dios lo
ha cubierto por causa de la provisión hecha por la Ofrenda de Su amado Hijo en
nuestro respaldo.
Veamos de nuevo Romanos 3:25, 26, donde leemos:
“A Quien Dios puso como propiciación por medio de la fe
en Su sangre, para manifestar SU JUSTICIA…a fin de que Él sea el JUSTO, y el
que JUSTIFICA (o Justificador) al que es de la fe de (en) Jesús.”
La palabra aquí traducida “propiciación” también se
traduce “el asiento de misericordia” en otros lugares. Esta palabra
“propiciación” tan solo se halla en Romanos 1:13 y Efesios 1:9 traducida por
“propuesto”. Dios se “propuso” o se “comprometió a Sí Mismo” en Su gran
propósito redentor, la propiciación. Se propuso sentarse en Su típico trono de
misericordia cuando pasó por alto los pecados de los hombres antes de que
Cristo apareciese en la tierra. Es posible que las palabras “a través de la fe
en Su sangre” puedan ser tomadas como una cláusula adverbial añadida al
propiciatorio. “A través de la fe” es el medio de la subjetiva apropiación de
la Expiación; “en Su sangre” es el medio objetivo de su exhibición. Y así:
LA PROPICIACIÓN
Recibida a través de la fe – subjetiva
Exhibida por la sangre derramada – objetiva
Y así podremos dar en forma de tabla esta maravillosa
verdad de la manera siguiente:
La causa
inicial Inmerecida. Un don gratuito (24)
La Causa
merecedora La Redención 824)
A
través de fe, el Propiciatorio (25)
La justa
causa En Su sangre (25)
Todo esto converge en un último objetivo, esto es, la
justicia del propio Dios, siendo que Él sea Quien justifique además al pecador
impío por la fe, y podría ser resumido de la siguiente manera:
El don gratuito
La redención La declaración
En eis de la propia justicia
La fe de Dios
La sangre
A medida que progresamos en el conocimiento de Dios y Sus
caminos, el apóstol puede ir dejando de usar estas figuras y expresar ahora
nuestra completa posición en términos tales como “Aceptes en el Amado”;
“coherederos con los santos en luz”; “habiendo sido investidos (con referencia al vestuario enduo) del nuevo hombre, creado en la justicia y verdadera santidad
según Dios”.
Y ahora, resumiendo este breve intento de exponer uno de
los aspectos del amor redentor, citemos las bien conocidas palabras de Lucas
15. No estamos con muchas palabras diciendo que el hijo Pródigo estuviese
vestido de andrajos o trapos inmundos, sino realzando el hecho de que se
hallaba en una gran necesidad, alimentando el hambre que padecía con las
algarrobas que los cerdos comían, revelándonos con eso su destituida totalmente
condición. En el camino a casa bien ensayó lo que diría…pero Su Padre se lo
impidió, diciendo:
“Sacad el mejor
vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus
pies…porque este Mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es
hallado” (Lucas 15:22, 24).
“Él levanta del polvo al pobre, y del muladar exalta al
menesteroso, para hacerle sentarse con príncipes” (1ª Samuel 2:8).
“Al que había sido atormentado del demonio…sentado, vestido y en su juicio cabal” (Marcos
5:15).
Cap. III
De Uno Son Todos
(Hebreos 2:11)
Desde un cierto punto de vista, el gran Sacrificio por el
pecado fue ofrecido a Dios por nuestra causa y en nuestro respaldo, totalmente
independiente de cualquier acto nuestro propio o asociación. “A su debido
tiempo, Cristo murió por el impío” (Rom.5:6). Sin embargo, tenemos mucho a
perder, y nuestra predicación y enseñanza se verá mermada, si no comprendemos
la doctrina y profunda enseñanza incorporada en el Antiguo Testamento del
Pariente Redentor, que se implica por términos tales como “La Primicia de los
que durmieron” o “Porque por cuanto la muerte entró por un hombre, también por
un Hombre la resurrección de los muertos” (1ª Cor.15:20, 21). Y es a este más
que maravilloso y esencial aspecto del amor redentor que volveremos ahora
nuestra atención.
Una vez que hemos empleado una referencia que se halla en
el capítulo 2 de Hebreos como título de este capítulo, vamos a comenzar por él
y, antes que nada, observar cómo la “unidad” se establece y está implicada en
el contexto:
A 2:11 Unidad en santificación “de Uno son todos”
B 2:14 Unidad en
naturaleza “Él también participó de lo mismo”
C 2:14, 15
Unidad en la Muerte
B 2:16,
17 Unidad. No con los ángeles – “en todo semejante a Sus hermanos”
A 2:18 Unidad en Tentación “Él Mismo”
Si volvemos un poco más atrás en el capítulo, veremos que
hay una referencia añadida a esta unidad. Los ángeles no se incluyen, sino que
es el Hombre, hecho un poco menor que los ángeles, de quien se trata. Y así
“Vemos aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús…a causa del
padecimiento de la muerte” (Heb.2:9) y que “Ciertamente no tomó para Sí la
natura de ángeles; sino que tomó sobre Sí la simiente de Abraham” (Heb.2:16).
Como consecuencia de esta unidad leemos:
“Por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos”.
(Heb.2:11).
La unidad en semejanza en naturaleza, esta identificación
del Salvador con el salvo, era esencial.
“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y
sangre, Él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte
al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los
que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a
servidumbre” (Heb.2:14, 15).
Cuando llegamos a Hebreos 10, nos encontramos con otro
contraste instituido. Esta vez no un contraste con “ángeles”, sino con las
ceremonias sacrificiales del Antiguo Testamento, y una vez más nos encontramos
al Redentor siendo un “hombre”.
“Porque la sangre de los toros y de los machos cabríos no
puede quitar los pecados. Por lo cual…entonces dijo…Me preparaste cuerpo…he
aquí vengo…En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de
Jesucristo hecha una vez para siempre” (Hebr.10:4-10).
Y una vez más, en el capítulo 13, en contraste con la ley
Levítica ordenando que el sacrificio fuese quemado “fuera de la puerta”, la
epístola continúa diciendo:
“Y así como Jesús también, para que pudiera santificar al
pueblo con Su propia sangre, padeció fuera de la puerta, salgamos, pues, a Él,
fuera del campamento” (Heb.13:12, 13).
Debemos observar que Heb.2:11; 10:4-10; y 13:12 trata con
la santificación. Dejando ahora de lado ésta más que importante fase de la
redención por un momento, veamos en la vía que esta “unidad” con el Redentor
como “Hombre” se asocia con la Justificación, la cual es la palabra llave de la
epístola a los Romanos.
Romanos 8
Casi al cierre de Romanos 8 leemos:
“Porque a los que antes conoció, también los predestinó
para que fuesen hechos conforme a la imagen de Su Hijo, para que Él sea el
Primogénito entre muchos hermanos” (Romanos 8:29).
“Él no se avergüenza de llamarlos hermanos” Santificación
(Heb.2:11).
“El Primogénito entre muchos hermanos” Justificación
(Rom.8:29, 30).
Bien podemos observar que sea la Justificación lo que
está tratando por el lenguaje del versículo 30. La palabra llave tanto de
Hebreos 2 como de Romanos 8 es “filiación”. Los capítulos divisorios de
nuestras Biblias, aunque sean provechosos para facilitarnos las referencias y
el empleo de Concordancias y Léxicos, algunas veces nos oscurecen la verdad
que, de otra manera, si no los hubiera, podría verse más claramente.
La palabra “Hijo” que en el griego es huios aparece 24 veces en Hebreos y 12
veces en Romanos, a las cuales deben ser añadidas tres ocurrencias más de huiothesia en Romanos 8:
Huios y Huiothesia en Romanos 8
A 1-4 Ninguna condenación - Su Propio Hijo enviado
B 5-15- Ahora
Hijos guiados
C -15-17-
Espíritu en sí mismo de Filiación (adopción)
D -17-21
Sufrimiento y Gloria manifiesta de los Hijos
C 22-28 Espíritu en sí mismo de
Filiación (adopción)
B 29, 30 Conformes entonces al Hijo
A 31-39 Ninguna condenación – Su Propio Hijo
“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era
débil por la carne, Dios (lo ha hecho) enviando a Su Hijo en la…carne”
(Rom.8:3).
Vamos ahora a considerar los puntos más importantes:
(1)
La carne,
en el hombre, por causa de la Caída, es pecadora y se halla debajo del pecado y
de la muerte.
(2)
El
Salvador vino para ser nuestro Redentor
(a)
En
verdadera carne y sangre, pero
(b)
Solamente
en “semejanza” de la carne “pecadora”
Hebreos 2:14 muestra que Él “participó de lo mismo”, pero
2ª Corintios 5:21 nos dice que:
“Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado,
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él”
Él fue realmente “el Segundo Hombre” y el “último Adán”,
pero al contrario que el primer hombre, Él fue “Santo, inocente, sin mancha,
apartado de los pecadores y hecho más sublime que los cielos” (Heb.7:26). Por
eso Romanos 8:29 nos dice que nosotros seremos hechos “uno con Él”.
LA IMAGEN DEL CELESTIAL
1ª Corintios 15
La conformidad nuestra a la imagen de Su Hijo, a la cual
el redentor fue predestinado, aguarda la Resurrección, y esta realidad se
desarrolla en 1ª Corintios 15.
“Y así como hemos traído la imagen del terrenal,
traeremos también la imagen del celestial” (1ª Corintios 15:49).
Este pasaje está haciendo una referencia a Adán (1ª
Cor.15:45-48). Adán ya había sido anteriormente mencionado en este capítulo 15,
y precisamos tener cuidado a la hora de interpretar este más que importante
pasaje:
“Porque así como en Adán todos mueren, también en Cristo
todos serán vivificados” (1ª Cor.15:22).
El lector ya habrá probablemente oído hablar del
argumento basado sobre esta referencia justificando el “Universalismo”, pero
tenemos que recordar que este pasaje no se cita correctamente. Sencillamente,
aquí no se nos pone delante una proposición que esté probando el
“Universalismo”, y esto podemos comprobarlo simplemente haciendo una cita completa del versículo:
“PORQUE así como en Adán todos mueren, también EN Cristo
todos serán vivificados”
Esto no es un mero “palabreado”. “Porque” es una lógica
conectiva, y si omitimos o ignoramos esta conexión, aislaremos el pasaje de su
contexto, y por esta manera de tratar la Biblia haremos de ella meramente que
sea un simple “metal que resuena”. “Porque” nos hace volver atrás, y entonces
encontramos que Pablo se está refiriendo a los que se han ido a dormir “EN
Cristo”. ¿Será posible que alguien afirme que Pablo está abarcando a todos los hombres sin excepción al emplear
este término? Cristo es denominado las PRIMICIAS, sí, pero tan solo de los que
durmieron en Él. Ahora bien, es la natura de una “Primicia” que vendrá a ser la
misma clase para el resto de la cosecha. En el periodo de la Pascua, se
recogían unas cuantas espigas de la cebada más temprana y se ofrecía en el
templo como una “Primicia” (Lev.23:10). Una gavilla de cebada podía ser una
ilustración de la promesa de una futura cosecha de cebada, pero no podía
significar ni ser promesa alguna de que toda la “cizaña” viniera a ser también
ser cosechada y puesta junta con la cebada en el granero. Esta sería una
monstruosa suposición. Al tiempo del fin y en la era, cuando se recoge el trigo
y se guarda en el granero, también se separa antes juntando la cizaña y se quema
fuera. La palabra griega aparche “Primicias”
o “Primeros frutos” aparece en el Nuevo Testamento de la siguiente manera, y en
todas las ocurrencias puede verse su implicación Escritural y necesarias
limitaciones: Discriminación, y no Universalismo, es lo que implica en cada una
de sus referencias: Rom.8:23; 11:16; 16:5; 1ª Cor.15:20, 23; 16:15; Santiago
1:18; Apoc.14:4. Tenemos el argumento de 1ª Cor.15:20 en el versículo 21 que
comienza una vez más con “Porque”. Cristo es las “Primicias” de todos los referidos
y tenidos en cuenta. Y ahora veamos un eslabón posterior en la lógica cadena:
“Porque (es decir, proveniente de la implicación del
término “primicias”) así como por un hombre vino la muerte, por un Hombre
también vino la resurrección de la muerte” lo cual se explica a seguir en el
versículo 22. Pablo no tiene nada que ver ni está tratando con el estado o
posición de los no salvos. Estaba tratando con aquellos que se habían quedado
dormidos “EN Cristo”, y lo que realmente dice es: “Porque, tan cierto como los
que están, “EN Adán”, tienen que morir, igual de seguro todos los que están “EN
Cristo” deben volver a vivir de nuevo, y añade: “pero cada uno (hecasthos) en su debido orden (o en su
debido rango)”:
(1)
Cristo las
Primicias
(2)
Después
los que son de Cristo en Su venida
(3)
Luego el
fin
La esencia de toda esta maravillosa sección es “de Uno
son todos” con Su Pariente Redentor, y son el sujeto principal de este
maravilloso capítulo.
Otro pasaje que conlleva el tema de “Uno son todos” es
Juan 17. Y una vez más, como vimos en la apertura de este estudio, es la
“santificación” lo que tiene en vista:
“Santifícalos en Tu verdad…y por ellos Yo me santifico a
Mí Mismo, para que ellos también sean santificados en la verdad” (Juan
17:17-19).
La santificación que estos tienen, se asocia con Su
voluntaria santificación “por causa de ellos”, y esto guía a la más maravillosa
“unidad” y semejanza que la mente humana pueda concebir: “Para que todos ellos
puedan ser UNO” (vers.21), siendo que aquellos “todos” fuesen los apóstoles, y
los que posteriormente viniesen a “creer”:
“Como Tú, oh Padre, en Mí, y Yo en ti, que también ellos
sean UNO en nosotros; para que el mundo crea que Tú me enviaste.
La gloria que me diste, Yo les he dado, para que sean
UNO, así como Nosotros somos UNO:
Yo en ellos, y Tú en Mí, para que sean perfectos en
UNIDAD, para que el mundo conozca que Tú me enviaste, y que los has amado a
ellos como también a Mí me has amado” (Juan 17:21-23).
A través del Nuevo Testamento se ve la más íntima
comunión en todas sus amorosas facetas existentes entre el Padre y el Hijo, y
aquí el creyente es puesto en esta relación y comunión de “hijos” en el HIJO.
¡Tan amados como Él, y compartiendo la misma gloria que el Hijo, siendo el
Redentor, que nos ha recibido e interviene en nuestro respaldo! Aquí se nos
permite acercarnos y ser testigos de la conversación que nuestro Salvador
mantiene con el Padre, pero somos totalmente incapaces y no tenemos voluntad
alguna de proferir palabra en este escenario; antes bien permanecemos callados
y admirados, y reconocemos que nos hallamos pisando tierra santa. Existen otros
pasajes que resaltan esta “unidad” que estamos tratando: La relación de Cristo
como la Cabeza de la Iglesia del Cuerpo Único con todos Sus miembros. En la
dispensación del Misterio, la unidad se expresa en la Unidad del Espíritu, en
la cual Cristo es el “único Señor” (Efes.4:4-6). Además, es evidente la
necesidad para llegar a alcanzar la Unidad de la Fe, donde todo gira a vuelta
del “Hijo de Dios” (Efesios 4:12, 13), esta unidad se expresa manteniendo firme
la Cabeza, la cual es Cristo, y recordar que “todo el cuerpo, se halla bien
concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente”
(Efesios 4:15, 16).
En otros llamamientos y dispensaciones, esta Unidad se
manifiesta por otras vías y a través de otros símbolos. Por ejemplo:
“También tengo otras ovejas que no son de este redil;
aquellas también debo traer, y oirán Mi voz; y habrá un rebaño y un Pastor”
(Juan 10:16).
O en conexión con la restaurada Israel:
“Hijo de hombre, toma ahora un palo, y escribe en él:
Para Judá y para los hijos de Israel sus compañeros. Toma después otro palo, y
escribe en él: Para José, palo de Efraín, y para toda la casa de Israel sus
compañeros…júntalos luego, el uno con el otro, para que sean uno solo, y serán
uno solo en tu mano…y los haré un solo palo, y serán uno en Mi mano…y los haré
una nación en la tierra…y un Rey será a todos ellos por rey” (Ezequiel
37:16-22).
Un Señor, Un Pastor, Un Rey, tanto para la Iglesia como
las naciones reunidas. “Todos de Uno” es
realmente una verdad que lo abarca y llena todo.
Debajo de toda esta unidad reside una profunda y más
significativa obra de Redención, sin la cual, toda esta “unidad” vendría a ser
un sueño, una nulidad, tan solo un espejismo. Por tanto nosotros inclinaremos
nuestra atención para el más maravilloso y básico aspecto de redención
contenido bajo el título:
EL PARIENTE REDENTOR
No es posible considerar la enseñanza de la Escritura con
respecto a la Redención sin además tener en cuenta la enseñanza de la misma
Palabra en cuanto al Redentor. La Redención no es algo abstracto, sino que es
la obra de un Redentor Personal. Este Redentor se nos muestra con total
claridad, con caracteres inconfundibles, y cuando vamos dándonos cuenta de las
condiciones esenciales que tuvieron que darse y cumplirse antes de que pudiera
llegar a ser un Redentor, bien podremos
ser conscientes al mismo tiempo con más plenitud del alcance y magnitud de la
Redención en sí misma.
En el Antiguo Testamente tan solo hay una palabra
traducida Redentor en la A.V., y esa palabra es goel. El libro que más vivamente retrata el escenario Escritural
del Redentor es el libro de Rut. Un cierto hombre tuvo que salir fuera de Belén
de Judá por causa del hambre, llevándose consigo a su mujer Naomi y a sus dos
hijos: Mahlón y Quelión. En la tierra que fueron murió Elimelec, y los dos
hijos se casaron. Ellos también fallecieron, y Naomi, oyendo decir que el Señor
había visitado a Su pueblo dándoles pan, se levantó y regresó a Belén. Las dos
nueras se fueron con ella, pero una de ellas, Orfa, se volvió atrás, y tan solo
Rut acompañó a Naomi de vuelta a Belén, llegando justo al comienzo de la
cosecha de la cebada, y, por tanto, al tiempo de la Pascua.
Un pariente del marido de Naomi, un hombre rico, llamado
Booz, poseía campos de cereales, y fue en los campos de este hombre que Rut
pasó a respigar. Booz la trató con amor y compasión por causa de su fiel
conducta para con Naomi. Cuando Rut volvió con el fruto de su trabajo y le
contó a Naomi la actitud de parte de Booz, Naomi alabó al Señor, y dijo: “Nuestro pariente es aquel varón, y uno de
los que pueden redimirnos” (Rut 2:20). Rut, actuando bajo las instrucciones
de Naomi, permaneció a los pies de Booz en la era donde dormía, y a la
medianoche, cuando fue descubierta e indagada, Rut respondió: “Yo soy Rut, tu
sierva; extiende el borde de tu capa sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano” (3:9). Y al margen en la A.V. dice: “Uno que tiene el poder
de redimir”. Y entonces Booz revela un
hecho que hace eco con el cumplimiento del propósito de Naomi:
“Aunque es cierto que
yo soy pariente cercano, con todo eso
hay pariente más cercano que yo. Pasa
aquí la noche, y cuando sea de día, si él
te redimiere, bien, redímate; mas si
él no te quisiere redimir, yo te redimiré, vive Jehová” (Rut 3:12, 13).
Es evidente por lo que
ya hemos citado que la compasión, el amor, el poder, o cualquier otro atributo
asociado en nuestros pensamientos con la Redención, no pueden venir a ser
operados hasta que sea establecido el parentesco.
El cuarto capítulo de
Rut nos muestra a Booz obteniendo el derecho de redención, y poniéndolo en operación:
“Booz subió a la
puerta y se sentó allí; y he aquí pasaba aquel pariente de quien Booz había hablado” (Rut 4:1).
Entonces Booz le
expuso el caso de Naomi, diciendo:
“Si tú quieres redimir, redime; y si no quieres redimir, decláramelo para que yo lo sepa; porque no hay
otro que pueda redimir, y yo después
de ti. Y él respondió: Yo redimiré”
(Rut 4:4).
Sin embargo, cuando
Booz le dio a saber que la redención de la herencia de Naomi envolvía consigo
el restauro del nombre del difunto marido de Rut, el pariente recusó. La ley
dice:
“Cuando tu hermano
empobreciere, y vendiere algo de su posesión, entonces su pariente más próximo
vendrá y rescatará lo que su hermano hubiere vendido” (Lev.25:25).
“Cuando hermanos
habitaren juntos, y muriere alguno de ellos, y no tuviere hijo, la mujer del
muerto no se casará fuera con hombre extranjero; su cuñado se llegará a ella, y la tomará por su mujer y hará con
ella parentesco. Y el primogénito que
ella diere a luz sucederá en el nombre de
su hermano muerto, para que el nombre de este no sea borrado de Israel. Y
si el hombre no quisiere tomar a su cuñada, irá entonces su cuñada a la puerta
a los ancianos, y dirá: Mi cuñado no quiere suscitar nombre en Israel a su
hermano; no quiere emparentar conmigo…se acercará entonces su cuñada a él
delante de los ancianos, y le quitará el calzado del pie, y le escupirá en el
rostro, y hablará y dirá: Así será hecho al varón que no quiere edificar la
casa de su hermano, y se le dará este nombre en Israel: La casa del descalzado”
(Deut.25:5-10).
Booz dijo delante de
los ancianos:
“Vosotros sois
testigos hoy de que he adquirido de mano de Noemí todo lo que fue de Elimelec,
y todo lo que fue de Quelión y de Mahlón. Y que también tomo por mi mujer a Rut
la moabita, mujer de Mahlón, para restaurar el nombre del difunto sobre su
heredad, para que el nombre del muerto no se borre entre sus hermanos y de la
puerta de su lugar. Vosotros sois testigos hoy” (Rut 4:9 y 10).
EMANUEL – DIOS CON NOSOTROS
Cada una de las
ocurrencias de la palabra “Redentor” en el Antiguo Testamento en la A.V., es la
traducción de goel, y significa, tal
como en Rut, el Pariente Redentor. Los muchos pasajes en Isaías donde aparece
la palabra revelan más claramente que el Redentor es Jehová. Él es denominado
“El Santo de Israel”, “Creador”, “Rey de Israel”, “Jehová de los Ejércitos”, El
Señor tu Dios”, Aquel Quien el hombre repudia y las naciones aborrecen”, “El
Redentor que aparecerá en Sion”, Tú, oh Señor, eres nuestro Padre, nuestro
Redentor…por los siglos de los siglos”.
Si no citamos más, es
porque con estos títulos será suficiente para que el lector pondere con
cuidado. Si Jehová, el Creador, es al mismo tiempo el Pariente para los hijos
de Adán, entonces el testimonio restante de Isaías es absolutamente necesario
para hacer racional la revelación. Dios tuvo que hacerse carne y sangre. Isaías
nombra a este gran Redentor, Emanuel, Dios con nosotros. Y no solo eso, sino
que, además, en términos muy claros anuncia que Jehová tenía que nacer de una
virgen. “He aquí que una virgen concebirá, y dará a luz un Hijo, y llamará Su
nombre Emanuel”. El cumplimiento de este significativo anuncio se encuentra en
Mateo 1:20-23. Juan, en los versículos de apertura de su Evangelio, también
revela esta gran verdad. “La Palabra era Dios”, “La Palabra se hizo (vino a
hacerse) carne…el unigénito del Padre”. En Gálatas 4:4, 5 el apóstol va
repasando desde la cuestión del heredero y la herencia hasta Cristo como el
Pariente Redentor de la tal herencia:
“Cuando vino el
cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la
ley, para que redimiese…”
Hebreos 2:14, 15 habla
de este pariente en términos muy enfáticos:
“Así que, por cuanto
los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo,
para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto
es, el diablo. Y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban toda
la vida sujetos a servidumbre”
El oficio del Pariente
Redentor es duplo, y este duplo carácter se indica claramente en Hebreos,
cap.2: “Carne y sangre…destruir…librar”.
La propia palabra goel que hemos estado estudiando en la
traducción del Pariente Redentor también se traduce, El Vengador, en el título
“el vengador de la sangre” (Números 35:19 etc.). “El día de la venganza está en
Mi corazón, y el año de Mis redimidos ha llegado” (Isaías 63:4) nos muestra la
íntima asociación que hay de los dos pensamientos. Cristo como el Pariente Redentor
viene para destruir y librar. Esto no solo se declara en Hebreos capítulo 2,
sino también en 1ª Juan 3:5-8:
“Y sabéis que Él
apareció para quitar nuestros pecados,
y no hay pecado en Él…Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer (destruir)
las obras del diablo”.
El Señor Jesucristo
porta consigo el título “Primogénito de toda creación (criatura)” (Col.1:15).
Esto nos dice que Él permanece íntimamente relacionado a toda la creación, y
representa la posible liberación de la creación que gime a una, pues el derecho
de redención es Suyo. El mismo Señor es además “La simiente de la Mujer”, “el
Último Adán”, “El Segundo Hombre” y “El Hijo del Hombre”. Esta representación
posibilita las maravillosas palabras redentoras de 1ª Cor.15:22:
“Porque así como en
Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados”.
Cristo es además la
Simiente de Abraham, y esto dice respecto a las bendiciones de Abraham que
recaen tanto en el Judío como el Gentil (Gál.3). También es el Hijo de David, y
el único que puede redimir el Reino derribado. Posiblemente el lector a estas
alturas ya habrá percibido la mentira que reside en el argumento de aquellos
que hablan de Cristo solo como Redentor o Rey. Mateo capítulo 1 nos trae en
íntima asociación el “Hijo de David”, el “Hijo de Abraham, “Jesús, Quien libra
a Su pueblo de sus pecados” y “Emanuel, Dios con nosotros”.
Nosotros creemos que
el lugar que ocupa la redención en el
propósito de las edades ha sido muy mal comprendido, pero ahora debemos dejar a
un lado su consideración hasta que hayamos visto también otras fases del tema.
Ya hemos reunido las suficientes pruebas
para nuestro propósito. Cristo es el verdadero Pariente Redentor, y el
nacimiento de Cristo en Belén fue absolutamente esencial para Su obra redentora.
EL PARIENTE MÁS PRÓXIMO QUE RENUNCIÓ
Cuando estudiamos el
libro de Rut nos quedamos un tanto sorprendidos viendo que Booz, el gran y
misericordioso libertador de la aflicción, no era el pariente más próximo.
“Es cierto que yo soy
pariente cercano, con todo eso hay pariente más cercano que yo” (Rut 3:12).
Si Booz es tipo y
sombra de Cristo, ¿de quién es tipo el pariente más próximo? En el Salmo 49:7,
8 leemos:
“Ninguno de ellos (de
los hombres) podrá en manera alguna redimir (Hebr. padha) al hermano, ni dar a Dios su rescate (porque la redención de
su vida es de gran precio, y no se logrará jamás).
La palabra
“lograr” se traduce en algunas partes
“comportar”, “abandonar”, siendo que la idea sea que, la redención del hombre,
se halla tan por encima de sus propias posibilidades, que debe dejarse de
comportar y dejar de lado, si ningún otro redentor pudiera ser hallado excepto
el propio hombre, la redención sería imposible de efectuar.
El pariente más
próximo, más próximo que Booz, es la humanidad. El hombre sin embargo no puede
ser su propio salvador. Está expuesto antes que nada como un fracaso. Cada uno
y todos los hijos de Dios comportan el reproche de Deuteronomio 25:10:
“Y se le dará este
nombre en Israel: La casa del descalzado”
En Isaías 59:20
leemos:
“Y vendrá el Redentor
(goel) a Sion”
Este Redentor es el
Señor Jesucristo, y el contexto nos muestra y sugiera quien sea aquel pariente
más próximo que Él, que fracasa a la hora de redimirnos:
“Y vio que no había
hombre, y se maravilló que no hubiera quien se interpusiese (intercesor); y lo salvó Su brazo (Isaías
59:16).
La palabra traducida
“intercesor”, aparece en Isaías 53:6 y 12: “Jehová cargó en Él el pecado de todos nosotros”, “habiendo llevado (hecho intercesión)…por los transgresores”. El
fracaso y la imposibilidad del hombre a este respecto aparece posteriormente en
pasajes tales como Romanos 8:3 junto con el triunfo de Cristo, el verdadero
Redentor.
“Porque lo que era
imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a Su
Hijo EN SEMEJANZA de carne de pecado (lo hizo).”
La total incapacidad
del hombre por naturaleza para cumplir su propia redención se exhibe clara y
plenamente de continuo en la Escritura, y es además demasiado evidente como
para precisar de pruebas posteriores. El completo plan de redención presupone y
afirma en sí mismo el estado sin esperanza alguna del hombre, e indica de la
manera más clara posible el ante-tipo del hombre que fracasa y es incapaz para
redimir la herencia perdida de su hermano.
LA VIDA DE RESURRECCIÓN
El propósito de la redención declarado por el
pariente redentor en la ley, y en el libro de Rut, es el de “levantar el nombre
del difunto sobre su heredad”. El primogénito que la esposa del hombre difunto
dé a luz como resultado del pariente redentor haberla tomado por mujer “debe
llevar el nombre de su hermano fallecido, para que su nombre no sea borrado de
Israel” (Deut.25:6).
Los tipos son
insuficientes, y siempre que se ilustra o tipifica la resurrección, es preciso
hacer un cierto número de acomodaciones. Cuando la muerte y resurrección de
Cristo se exhibía por la muerte de un ave, eran necesarios dos pájaros, pero no
para representar dos Personas; así sucede también con este gran tipo de la
redención exhibida en Rut y en la ley. No era posible para el hombre muerto
volver de nuevo a la vida para poder disfrutar de su herencia. Eso en realidad
sería la redención, pero en el tipo su nombre se perpetúa como un símbolo de sí
propio. La idea de la nueva vida como resultado de la redención se halla en la
oración del Salmo 119:154:
“Defiende mi causa y
redímeme; vivifícame con Tu Palabra”.
Y el Salmo 69, tan
lleno de Mesiánica profecía, sugiere un pensamiento similar:
“Acércate a mi alma,
redímela”.
El capítulo 5 de
Hebreos nos dice que Cristo a Quien era capaz de salvarle de la muerte y que
fue oído. Esto no sería posible significar que el Salvador estuviese queriendo
escapar a la muerte, sino que significa, tal como el Salmos 16 tan claramente
expone, que Su alma no fue dejada en el Seol,
en otras palabras, la redención aquí indica la nueva vida en resurrección. El
Salmo 103:4 incluye entre los “beneficios” dignos de agradecimiento y alabanza:
“Aquel que rescata (redime) del hoyo tu vida”. Sin embargo tal vez sea Oseas
quien más poderosamente exhibe este poderoso objetivo de redención:
“De la mano del Seol los redimiré; los libraré (redimiré)
de la muerte (Oseas 13:14).
Ya hemos tenido ocasión de citar el Salmo 49 cuando
explicamos el pariente más próximo que Booz. Este Salmo también señala que la
resurrección es el único gran efecto del concepto Hebreo de la redención:
“Ninguno de ellos podrá en manera alguna redimir al
hermano…para que viva en adelante para siempre” (Salmo 49:7, 9).
El testimonio de Job 19:25-27 contiene el mismo efecto:
“Yo sé que mi Redentor vive,
Y al fin se levantará sobre el polvo;
Y después de desecha estar mi piel
En mi carne he de ver a Dios;
Al cual veré por mí mismo,
Y mis ojos lo verán, y no otro
Aunque (por esto) mi corazón desfallece dentro de mí”.
La Redención nos capacite para enfrentar la muerte y
llamarla por su fiero nombre. Nos capacita para hablar de corrupción y el
sepulcro, y para reconocer que la muerte es un “enemigo”. La Filosofía y la
Religión en cambio ensalzan y glorifican la muerte. Hablan de la muerte como de
un ángel de luz, como la gran aventura, como una transición, como las puertas
de la vida – cualquier cosa menos su verdadero carácter. El creyente que sea
consciente de la redención se ve librado de la esclavitud del temor de la
muerte. Ahora citaremos de nuevo el pasaje de Hebreos 2:
“Así que, por cuanto
los hijos participaron de carne y sangre, Él también participó de lo mismo,
para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto
es, el diablo. Y librar a todos los
que por el temor de la muerte estaban
toda la vida sujetos a servidumbre” (Heb.2:14, 15).
El gran objetivo de la
redención cuando se aplica al vasto círculo de la creación se expresa en
términos que corren en paralelo con la esperanza de Job:
“Porque también la
creación misma será libertada de la esclavitud de CORRUPCIÓN, a la libertad
gloriosa de los hijos de Dios…la redención
de nuestro cuerpo” (Rom.8:21-23).
El propio Cristo
también expresa esta misma gloriosa verdad en Apocalipsis 1:17, 18:
“No temas…Yo soy el
que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos,
amén. Y tengo las llaves de la muerte y
del Hades.”
LA REDENCIÓN Y SUS IMPLICACIONES
Aquí, en esta típica
historia y significativo aspecto de la redención, tenemos la base sobre la cual
el apóstol pudo reposar y declarar:
“Aquel que santifica,
y los que son santificados,
DE UNO SON TODOS”
Señor Jesús, ¿somos
uno contigo?
¡Oh altísimo, Oh amor
profundo!
Morimos sobre la cruz
en Tu castigo
Y en Ti vivimos por
encima del mundo.
Tan grande fue Tu
gracia, por nuestra causa
Descendiste desde los
cielos
De carne y sangre
participaste
En todo igual a
nuestras miserias
Ascendido ahora, en
brillante gloria
Todavía en unidad con
nosotros estás;
Ni en la muerte ni la
vida, ni en lo profundo ni la altura
Dejarán Tus santos de
contigo estar
En breve, en breve
aquel glorioso día llegará
Cuando, sentado en Tu
trono
A un mundo admirado
desplegarás
Mostrando con nosotros
la unidad.
Capítulo IV
El Ungimiento del Señor
“Jesús es el Cristo”, Juan, al cierre del Evangelio que
lleva su nombre, nos dice que el objetivo que tenía en mente, escogiendo las
señales que tuvo que incorporar en su registro, era:
“Para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios,
y para que los que creen tengan vida a través de Su nombre” (Juan 20:31).
Su nombre “Jesús”, nos dice Mateo, significa: Él es el
Salvador:
“Porque Él librará a Su pueblo de sus pecados” (Mateo
1:21).
Cuando Juan habla de Él como siendo “Jesus el Cristo”,
emplea la palabra “Cristo”, siendo un título que ya había sido explicado en
capítulos anteriores. “Jesús” es Su nombre, “El Cristo” es Su título. No
podremos seguir adelante con la esperanza de llegar a entender el intento de la
Escritura si ignoramos estas divinamente inspiradas definiciones.
En el primer capítulo de Juan se traduce el término
“Rabí”, se traduce “Mesías”, y se traduce además “Cefas” (Juan 1:38, 41, 42), y
con esto lo que Juan tenía en mente era elucidar a todos aquellos que no
estuviesen familiarizados con la lengua hebrea. Él escribió para “el mundo”,
después que Israel hubiese sido puesto de parte en los propósitos de Dios en
Hechos 28:
“Hemos hallado al Mesías, que traducido es el Cristo”
“Hemos hallado Aquel de Quien escribió Moisés en la ley,
y los profetas, a Jesús de Nazaret, el hijo de José” (Juan 1:41, 45).
Es característico de la lengua griega que los nombres de
los profetas acaben generalmente en as,
os y us, y en este mismo contexto
tenemos Elías, Andrés que es Andreas, Simón es Simonas, Pedro es Petros, Felipe
es Filipos, y así además sucede con
el Mesías. Juan 1:41 nos informa que
Jesús es el Mesías, siendo que su equivalente en el griego sea “El Cristo”.
Juan además nos ofrece muy claras evidencias de que la cuestión concerniente al
adviento o venida del Mesías era algo esperado y creído por muchos, y Marcos
nos dice que el Salvador inició Su ministerio con las palabras “El tiempo se ha
cumplido” o “ha llegado el tiempo” (Marcos 1:15). Así que no nos sorprende que,
cuando los enviados de parte de los Levitas y sacerdotes a Juan el Bautista, le
preguntasen “¿Quién eres tú?”, y que él
respondiera diciendo:
“Yo no soy el Cristo”, o tal como ahora lo traducimos “Yo
no soy el Mesías” (Juan 1:20).
El reconocimiento del título Mesiánico no se limitaba tan
solo a Israel, pues, como vemos en el capítulo 4 de Juan, es una mujer de
Samaria quien dice. “Yo sé que ha de venir el Mesías, llamado el Cristo”, y a
ella le fue revelado:
“Yo soy, el que habla contigo”.
Entonces la mujer de Samaria regresó a la ciudad y dijo:
“Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo cuanto he
hecho: ¿No será éste EL CRISTO?”.
Y posteriormente los hombres de Samaria dijeron:
“Nosotros mismos hemos oído, y sabemos que verdaderamente
este es el Salvador del mundo, EL CRISTO”. (Juan 4:25, 26, 29, 42).
No podemos pasar por alto y dejar de observar cuán
personal es todo este testimonio. Andrés dijo “Hemos hallado al Mesías”; Felipe
dijo “Hemos encontrado Aquel…”, la mujer de Samaria dijo “Venid, ved un
hombre…el Cristo”. Después de haberse ausentado de Jerusalén en Galilea, el
Salvador regresó a la fiesta de los tabernáculos, y algunos entre el pueblo
dijeron:
“¿No es este a quien buscan para matarle? Pues mirad,
habla públicamente, y no le dicen nada: ¿Habrán reconocido los gobernantes que
este es EL CRISTO?” (Juan 7:25, 26).
“El Cristo, cuando venga, ¿hará más señales que las que
este hace?” (Juan 7:31).
Es evidente cuando leemos el siguiente altercado que
había muchas disputas:
“Otros decían: Este es el Cristo. Pero algunos decían:
¿De Galilea ha de venir el Cristo?” (Juan 7:41).
Y además se hace evidente que las disputas permanecieron,
pues, en la fiesta posterior de la dedicación los Judíos dijeron:
“¿Hasta cuando nos turbarás el alma? Si tú eres el
Cristo, dínoslo abiertamente. Jesús les respondió: Os lo he dicho, y no creéis;
las obras que Yo hago en nombre de Mi Padre, ellas dan testimonio de Mí”.
Y anteriormente ya había dicho:
“Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece
que en ellas tenéis la vida eterna, y ellas son las que dan testimonio de Mí; y
no queréis venir a Mí para que tengáis vida.” (Juan 5:39, 40).
Cuando Marta fue cuestionada con respecto a la
resurrección con la pregunta: “¿Crees esto?”, ella no respondió meramente
diciendo “sí” o dando una respuesta que abarcase cualquier fase o aspecto de la
resurrección, sino que dijo:
“Sí, Señor, yo creo que Tú eres EL CRISTO (es decir, el
Mesías), el Hijo de Dios, que debía venir al mundo” (Juan 11:23 - 27).
Con el cierre de Juan 12, el Evangelio de Juan nos
refiere el ministerio público de Cristo llegando a su fin. Con la apertura del
capítulo 13, Él centra Su atención sobre los doce apóstoles y la mudanza que
tendría lugar próximamente. Así, pues, la última referencia al “Cristo” antes
del cierre, se halla en Juan 12:34:
“Nosotros hemos oído de la ley, que el Cristo permanece
para siempre. ¿Cómo, pues, dices Tú que el Hijo del Hombre será levantado?
¿Quién es el Hijo del Hombre?”
Por tanto, algunos se dieron cuenta que Él era Aquel de
Quien Moisés y los profetas escribieron, y otros no lo vieron así, pues, el
Señor dijo, “Si creyeseis a Moisés, habríais creído en Mí”. Los Judíos se
ofendieron oyendo hablar de un Mesías sufridor, o de Aquel Quien vino
proveniente de Galilea o Nazaret (Juan 7:41). Ellos “confiaban en Moisés”, pero
no creían el testimonio de Moisés (Juan 3:14-16; 5:39-47).
Volvamos ahora a leer de nuevo a Juan 20:31, dándole así
la traducción con la idea de lo que ya hemos dicho en cuanto a este título de
“El Cristo”:
“Pero estas cosas están escritas para que creáis que
Jesús es EL UNGIDO, EL MESÍAS…”
El Cristo es el Ungido o el Mesías, pero la “explanación”
todavía precisa ser expandida, pues el Mesías es una palabra hebrea. En el
inglés de la A.V. la palabra tan solo aparece dos veces, esto es, en Daniel
9:25, 26:
“Mesías
Príncipe”.
“Y después de las sesenta y dos semanas se quitará la
vida al Mesías, mas no por Sí.”
El prejuicio y ceguera que llevó al repudio de Israel de
su Mesías se mantiene y persiste hasta el día de hoy, tal como vemos cuando
escuchamos a los Judíos, pues están prohibidos por imposición de los Rabinos a
no intentar contar o considerar los días del Mesías, así que capítulos tales
como Daniel 9 o Isaías 53 se encuentran para ellos velados. Israel recibiría
con agrado a un Rey que los libertase del yugo de Roma, pero el Mesías era un
Rey Sacerdote del orden de Melquisedec, empeñado antes en librarlos del yugo
del pecado, lo cual no sería para ellos tan aceptable. Decir que “el Mesías
sería cortado, y que no tiene nada”, o confesar que “Vendría a ser despreciado
y repudiado de los hombres”, era algo repulsivo para la manera de pensar Judía:
“Porque los habitantes de Jerusalén y sus gobernantes, no
conociendo a Jesús, ni las palabras de los profetas que se leen todos los días
de reposo, las cumplieron al condenarle” (Juan 13:27).
En cuanto a la palabra Mesías, se deriva de la hebrea Mashach, que significa ungüento. El “aceite de la santa unción”
se hacía por una receta divinamente ordenada (Éxodo 30:23, 24), compuesta según
el arte del perfumista y que se empleaba para la unción del Profeta, Sacerdote
y Rey, el arca, el candelabro, el lavatorio y otros recipientes del
tabernáculos, y además, el propio tabernáculo.
“Cualquiera que compusiere ungüento semejante, y que
pusiere de él sobre extraño, será cortado de entre su pueblo.” (Éxodo 30:33).
Este ungüento se emplea como una figura en el Salmo 133,
donde las diferencias entre Israel (Monte Hermón) y Judá (Monte Sion)
desaparecen bajo el ungimiento del Sumo Sacerdote.
“¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los
hermanos juntos en armonía! Es como el buen óleo.”
Esta “unidad” también es referida en Hebreos 2, donde
está hablando de santificación, el apóstol dice:
“Porque el que santifica y los que son santificados, de
uno son todos, por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos” (Heb.2:11).
De David siempre nos viene a la memoria como siendo el rey ungido (1ª Samuel 16:13; 2ª Samuel
5:3), y de Aarón como el ungido sacerdote (Éxodo 30:30). Como ejemplo del
ungimiento de un profeta podemos ir a 1ª Reyes 19:16 y 2ª Reyes 2:9. Es
interesante observar que Eliseo desease obtener una “doble porción” del
espíritu de Elías, y que, mientras que Elías hubiese producido ocho milagros,
Eliseo produjese a seguir dieciséis. Es muy probable que aquí haya una alusión
a las palabras del Salvador:
“Mayores obras que estas hará, pues Yo voy al Padre”
(Juan 14:12).
Leemos que el Señor, antes de Su bautismo de sufrimiento
y muerte, fue “angustiado” (Lucas 12:50), pero a seguir a Pentecostés, 3000
fueron convertidos en un solo día de acuerdo a Hechos 2:41, y otros 5000 unos
pocos días más tarde (Hechos 4:4). Tal como Marcos 16:20 nos dice: “El
(ascendido) Señor les ayudaba (literalmente, operaba con ellos)”.
Ahora debemos volvernos al Nuevo Testamento y aprender
qué términos se emplean trasmitiendo el concepto del ungimiento y sus
consecuencias. La palabra griega chrio (Lucas
4:18) “ungido” nos da la palabra Christos, El Ungido, El Cristo o el Mesías.
Dos variantes de chrio
se emplean: enchrio “untar en”
(Apoc.3:18); y epichrio “untar sobre”
(Juan 9:11). También se emplean otras tres palabras: murizo “untar con ungüento aromático” (Marcos 14:8); aleipho “untar con óleo” (Marcos 6:13),
y chrisma, el ungimiento por el
Espíritu Santo en la forma de dones espirituales. Damos un ejemplo del empleo
de estas palabras en la Septuaginta para completar nuestra encuesta:
Aleipho (Rut 3:3), enchrio
(Jer.4:30), chrio (Éxodo 30:26).
Si bien podríamos seguir dando otros detalles de menor
importancia, ahora debemos dejar de lado estos empleos y concentrar nuestra
atención sobre el relacionamiento del Espíritu Santo con el Salvador, pues el
Ungimiento es un tipo o símbolo del investimento del Espíritu. Veamos esto
primeramente en Isaías 11:1, 2:
“Saldrá una vara del tronco de Isaí, y un vástago retoñará
de sus raíces. Y reposará sobre Él el Espíritu de Jehová.
Espíritu de sabiduría y de inteligencia
Espíritu de consejo y de poder
Espíritu de conocimiento y de temor de Jehová”
Cristo tiene una dupla relación con David:
(1)
Él es el
Hijo y la Simiente de David por nacimiento (Rom.1:3).
(2)
Él es
tanto la Raíz como el Linaje de David, por causa de Su doble naturaleza
(Apoc.22:16).
Es como la “vara” salida del “tronco” de Isaí, como un
“vástago” que retoña de sus “raíces”, que le vemos siendo investido con el
Espíritu del Señor. La “vara” es un ramo o reviento, y el “vástago” es el
“tronco” de Job 14:8. La palabra “renuevo” no debe confundirse con el título
Mesiánico “El Renuevo” que encontramos en Isaías 4:2 o Zacarías 3:8, pues en el
original se emplea una totalmente distinta palabra. La falsificación
anticristiana puede observarse en Daniel 11:7 donde leemos: “Pero un renuevo de
sus raíces se levantará”. La palabra “reposar” en Isaías 2 es interesante, pues
se emplea del “reposar” en el suelo firme de los pies de “la paloma” que fue
enviada por Noé en Génesis 8:9, y anticipa el bautismo por el Espíritu en forma
de una paloma en Juan 1:32 y Mat.3:16 que “reposó” o “descendió” sobre Él. El
lector bien puede observar (en las versiones inglesas) que al margen de “le
hará entender diligentemente” se dice provenir de la hebrea “aroma”, “olor
grato”, posiblemente referida del rápido percibir por las narinas del ciervo
sorprendido de un olor intenso. Este investimento del Espíritu sobre el
Salvador afecta o tiene que ver con Su lógico juicio. (1) No juzgará por la apariencia de Sus ojos, ni tampoco (2) juzgará por lo que escuchen Sus oídos. Él,
no tenía necesidad de que nadie diese
testimonio del hombre, pues sabía lo que había en el hombre (Juan 2:25). Él
no hacía nada por Sí Mismo…según oía (del
Padre), así juzgaba (Juan 5:19, 30), y es en este capítulo de Juan, que,
después de referirse a Juan el Bautista, dijo:
“También el Padre que me envió ha dado testimonio de Mí.
Nunca habéis oído Su voz, ni habéis
visto Su aspecto.” (Juan 5:37).
Con lo cual se refería a “la voz” del cielo y a la
“forma” o “aspecto” como de paloma en Su bautismo con el Espíritu.
Haremos posteriormente una consideración de Isaías 61:1
cuando lleguemos a ver la referencia que hizo nuestro Señor en Lucas capítulo
4. La única observación que hacemos ahora antes de volver al Nuevo Testamento
es mostrar cuán próximo se halla “el ungimiento” que estamos tratando en
conexión con el investimento del Espíritu que, nosotros asumimos, se implica
por el título “Mesías” o “Cristo”. El ministerio del Espíritu se asocia con el
Nacimiento del Salvador, Su Crecimiento, Atestado, Prueba, Bautismo, Comisión,
Señales y Maravillas, Muerte y Resurrección, y la seguridad sobre todo de que
el Espíritu no le fue dado por medida.
El ángel Gabriel ya había anteriormente anunciado el inminente nacimiento del
Precursor, al igual que el mismo ángel le había revelado a Daniel del tiempo
cuando el Mesías debía nacer y cuando debía ser cortado, y así ahora en Lucas
2, cuando hubo llegado la plenitud del tiempo, Gabriel es enviado a una ciudad
de Galilea llamada Nazaret.
“A una virgen desposada con un varón que se llamaba
José…de la casa (y linaje) de David” (Lucas 1:27; 2:4).
Después de sosegar a María en cuanto a sus temores, el
ángel le anunció el nacimiento de su hijo. María naturalmente se sintió
sorprendida y algo perturbada, pues tal como el versículo 27 nos informa, ella
era “virgen” (Gr. Parthenos).
“Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? Pues no
conozco varón”
Y el ángel respondiendo le dijo:
“El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del
Altísimo te cubrirá con Su sombra;
por lo cual también el Santo Ser que nacerá, será llamado Hijo de Dios.” (Lucas
1:34, 35).
Y para confirmarle todo esto, el ángel le refiere la
condición en que se encuentra también su prima Elisabet “la que llamaban
estéril”, pues a ella también se le había anunciado unos seis meses antes.
“Porque nada hay imposible para Dios” (Lucas 1:37).
Mateo dice:
“El nacimiento de Jesucristo fue así: Estando desposada
María su madre con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido
del Espíritu Santo” (Mat.1:18).
Y a José se le aseguró que no tuviese temor de recibir a
María por su mujer:
“Porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo
es”.
En la primera página del Antiguo Testamento, un hombre
llamado Adán vino a existir sin que fuese de madre humana, y en la primera
página del Nuevo Testamento, nace, el segundo Hombre, y el último Adán, sin un
padre humano. Volviendo ahora al registro de Lucas dado en el capítulo 1:35,
observemos cuidadosamente la palabra “sombra” Gr. Episkiazo. La palabra se emplea en tres ocasiones en el Nuevo
Testamento:
(1)
La sombra
que cubre a María (Lucas 1:35).
(2)
La sombra
traducida nube de luz de la Transfiguración (Mateo 17:5).
(3)
La sombra
milagrosa de sanidad (Hechos 5:15).
Episkiazo aparece en la Septuaginta en Éxodo 40:35 “Porque la nube
estaba sobre él”, y también en el Salmo 140:7, donde leemos:
“Tú pusiste a
cubierto (o me cubriste con sombra)
mi cabeza en el día de la batalla”
Y la misma palabra hebrea se traduce además en el Salmo
139:13:
“Tú me hiciste (me
cubriste) en el vientre de mi madre”,
Y el contexto nos refiere la maravilla del nacimiento.
“Mi embrión vieron Tus ojos, y en Tu libro estaban
escritas todas aquellas cosas que fueron luego formadas, sin faltar ni una de
ellas” (Salmo 139:16).
Bien podemos comprobar por estas referencias que la
prometida sombra del Espíritu Santo
se debió a la protección del Hijo de María que estaba por nacer del ataque,
como “en el día de la batalla” a David. No hay duda alguna de dónde provendría
este ataque, pero aquel “santo ser” sería preservado con el objetivo de que
pudiera un día “destruir (deshacer) las obras del Diablo” (1ª Juan 3:8).
Mientras que la tradición se ocupa en difundir milagros apócrifos y
precocidades, el registro Escritural de los primeros años del niño Salvador es
muy sencillo y sano. Los paralelos que existen entre el registro del crecimiento
de Juan el Bautista y el Salvador, tal como se registra en Lucas capítulo 1 y
2, son intencionales.
JUAN EL BAUTISTA
“Y el niño crecía, y se fortalecía en espíritu; y estuvo
en lugares desiertos hasta el día de su manifestación a Israel” (Lucas 1:80).
EL HIJO DE DIOS
“Y el niño crecía y se fortalecía, y se llenaba de
sabiduría; y la gracia de Dios era sobre Él” (Lucas 2:40).
A la edad de doce años un niño Judío pasaba a ser “un
hijo de la ley”, y cuando el Salvador cumplió esa edad, fue hallado en el
templo “sentado en medio de los doctores de la ley, tanto oyéndoles como
preguntándoles” (Lucas 2:42-49). José fue el padre legal de Cristo, pero cuando
María le dijo: “Tu padre y yo Te hemos buscado con angustia”, Él respondió:
“¿No sabíais que en los negocios de Mi Padre me es necesario estar?”,
demostrándonos así, que, a esa edad, ya se había dado cuenta de Su Divina
Filiación; no obstante, tal como Filipenses nos dice: “Se humilló a Sí Mismo”,
y por eso Lucas añade que:
(1)
Descendió
con ellos y volvió a Nazaret, y
(2)
Estaba
sujeto a ellos (Lucas 2:51).
Y aunque se nos dice que María y José “no entendían”
estas cosas tan maravillosas, al mismo tiempo leemos que, “su madre guardaba
todas estas cosas en su corazón” (Lucas 2:50, 51). Y nada más se nos revela de
estos tempranos años, a no ser que: “Jesús crecía en sabiduría y estatura, y en
gracia para con Dios y los hombres” (Lucas 2:52).
Bien podemos comprender Su gracia “para con Dios”, pero
qué impecable santidad, al mismo tiempo, que tuviera gracia “para con los
hombres”; este hecho debería hacernos cuestionar a la hora de prescribir lo que
comprenda la verdadera santidad y lo que se deba con ella evitar. Ciertamente
no debía haber una falsa piedad demostrada por el Hijo de Dios en Nazaret. Y
ahora se pasan en silencio dieciocho años, y la historia vuelve a reasumirse en
el quinceavo año de Tiberio Cesar, cuando el Salvador se inicia en Su público
ministerio. El Espíritu Santo se asocia con tres importantes momentos en la
fase inicial de este servicio:
(1)
Su
atestado o confirmación. (2) Su prueba o tentación. Y (3) Su ordenación.
SU CONFIRMACIÓN
Esto tuvo lugar en Su bautismo en el Jordán, cuando fue
abierto el cielo y el Espíritu Santo descendió reposando sobre Él en la forma
corporal de una paloma, y una Voz del cielo atestó:
“Tú eres Mi Hijo amado, en Ti tengo complacencia” (Lucas
3:22).
Este hecho, además, fue también una confirmación y un
testimonio para el propio Juan el Bautista:
“También dio Juan testimonio, diciendo: Vi al Espíritu
que descendía del cielo como paloma, y permaneció sobre Él. Y yo no le
conocía…Sobre Quien veas descender el Espíritu y que permanece sobre Él, ese es
el que bautiza con el Espíritu Santo. Y yo le vi, y he dado testimonio de que
éste es el Hijo de Dios.” (Juan 1:32-34).
Posteriormente, el Salvador apeló a este atestado,
diciendo:
“Vosotros enviasteis mensajeros a Juan, y él dio
testimonio de la verdad…Nunca habéis oído Su VOZ, ni habéis visto Su ASPECTO
(forma)” (Juan 5:32-38).
¡La “voz” y el “aspecto o forma”! A seguir a este
atestado del cielo, llegamos a la prueba en el desierto:
“Entonces Jesus fue llevado por el Espíritu al desierto,
para ser tentado (o probado) por el diablo” (Mateo 4:1).
La tentación o prueba fue tripla, y las tres tentaciones
fueron cada una acompañada con las palabras “escrito está”, la Espada del
Espíritu, la Palabra de Dios. Retengamos bien este hecho para nuestra guía.
Aunque el Salvador tuvo Su bautismo del Espíritu en su plena medida, Él no
argumentó, tal como podría haberlo hecho, con el Diablo, por Su propia
provisión de celestial sabiduría; Él hizo precisamente aquello que Sus humildes
seguidores pueden y deben hacer: Él se sujetó completamente a la eficacia de la
Palabra de Dios. El Diablo fue vencido por la tripla afirmación “Escrito está”.
Su ungimiento por el Espíritu Santo no modificó Su naturaleza física, Él estaba
“hambriento”, y, cuando la batalla finalizó, no se marchó para alimentarse de
manera independiente, pues leemos que, “vinieron ángeles y le servían” (Mateo
4:11). El hombre al principio fue tentado en un jardín, y una parte de cada
tentación tenía algo “bueno para comer”, y la insinuación de la serpiente, fue
“¿Conque Dios os ha dicho que no podéis comer de TODO árbol del jardín?” (Gén.3:1-6).
Israel lloró en el desierto y
dijo:
“¿Quién nos diera carne a comer?” (Números 11:4).
Las tres tentaciones de nuestro Señor afectan en aquello
donde somos más vulnerables,
(1)
Las
básicas necesidades de sobrevivencia. Pan.
“No solo
de pan vivirá el hombre”
(2)
El orgullo
espiritual, ostentación de “fe”.
“No
tentarás al Señor Tu Dios” (sino que en Él confiarás).
(3)
Alcanzar
el objetivo en la vida a través de actos ilícitos. Alcanzar “grandes fines”,
cometiendo “pequeñas irregularidades”. A esto lo denomina el hombre:
“La sola y
última debilidad de una mente noble”.
El atajo, la Corona sin la Cruz, por un acto desleal,
ataca la soberanía de Dios.
A seguir a la tentación, Mateo escribe:
“Desde entonces comenzó Jesús a predicar” (Juan 4:17).
Lucas ocupa un mayor espacio hablando de la ordenación
del Hijo de Dios. Una vez más observamos la maravillosa adoración, Aquel Quién
era en Sí Mismo “La PALABRA”, no obstante “abrió el libro” y “halló el lugar
donde estaba escrito”, y el sitio estaba en Isaías 61. Esta citación es una
evidencia práctica de que la profecía de Isaías que tenemos hoy en día, y que era
leída en la sinagoga de Nazaret hace ahora unos dos mil años atrás, es
prácticamente idéntica con el original. La única cosa en la que el
procedimiento de nuestro Señor se sale de lo normal fue que Él solo leyera un
versículo, y una frase a seguir, y entonces
“cerrase el libro” y se “sentara”. La regla que seguía la selección de
porciones a ser leídas en la sinagoga era que una lectura debía comprender
alrededor de veinticinco versículos. La actitud del Señor fue por tanto
sorprendente. Las palabras con las cuales concluyó Su lectura, fueron: “A
predicar el año aceptable del Señor”, pero la profecía que tenía delante
continuaba, diciendo, “Y el día de la VENGANZA de nuestro Dios” (Isaías 61:2).
Si Él hubiese seguido leyendo, no podría haber dicho, tal como dijo:
“En este día se
ha cumplido esta Escritura en
vuestros oídos” (Lucas 4:21).
Muchos en su ignorancia han enseñado que aquellos que
practican la “Correcta División” cortan en pedazos la Biblia, e incluyen u
omiten porciones conforme les dicte sus prejuicios. Si vamos a Lucas 21:22
leeremos:
“Porque estos son días de retribución (venganza), para
que se cumplan TODAS LAS COSAS que están escritas”.
Nuestro Salvador muestra que la “correcta división” no le
niega a la Escritura su lugar, tan solo observa que el tiempo por el
“cumplimiento” de una parte del versículo se halla separado de la frase
siguiente por cerca de 2000 años, aunque está claro que ambas partes vendrán a
cumplirse sin reservas o alteración. Aquí (Lucas 4:18), el Salvador reclama que
Su ungimiento provino del Espíritu del Señor, y que este ungimiento le dio
autoridad y la comisión para “predicar”.
La Confirmación, la Prueba, y la Ordenación, se hallan
cada una en su orden debido, y cada una
se acompaña por el derramamiento del Espíritu. Inmediatamente después al
bautismo en el Jordán, y antes del comienzo de Su ministerio público, tenemos
la genealogía del Salvador exhibida en detalle en Lucas 3:23-38. Así como el
propósito de Mateo se da al trabajo de trazar el árbol genealógico del Señor
yendo de vuelta hasta Abraham; Lucas, el fiel colaborador de Pablo, lo traza de
vuelta hasta Adán. Mateo nos da la línea de José y va de vuelta a través de
Salomón y David. Lucas sin embargo nos da la línea de María y lo hace yendo a
través de Natán y David. La presencia de Salatiel en ambas genealogías sugiere
que un matrimonio tuvo lugar al tiempo de la cautividad en Babilonia, cuando se
dijo de Jeconías que ninguno de sus hijos se sentaría en el trono. Tanto José
como María eran del linaje de David. El ataque del Diablo a través de la maldad
de Jeconías fue llevado a cabo bajo la supervisión de Dios. Cristo se mantuvo
siendo de la simiente de David, pero a través de un desvío hacia los
descendientes de Natán, Él pasó a ser, también, la simiente de la mujer, que
aplastaría la cabeza de la serpiente. Leemos también que “Jesús comenzó Su
ministerio al cumplir los treinta años de edad”, y el cuarto capítulo de
Números establece por encima de siete veces, que, aquellos que se inicien en el
ministerio del tabernáculo lo hicieran así: “De treinta años en adelante”. Bien
podemos creer que el niño de doce años que tanto agradó a los doctores en el
templo pudiese haber comenzado Su ministerio en aquel entonces, sin embargo
aguardó pacientemente y tan solo quebró el silencio o comenzó a predicar cuando
Su hora hubo llegado, y esta hora Él la refiere coincidente con Su ungimiento
por el Espíritu del Señor.
Observemos ahora la conexión verbal establecida en las
Escrituras originales entre el Ungimiento, los dones Espirituales, y el título
“El Cristo”.
Chrio, ungir, tal como ya hemos visto nos da Christos El Ungido, y el cual por su
lado es el equivalente del término hebreo Mesías, e incluye el triple oficio de
profeta, sacerdote y rey.
Chrisma:
“Vosotros tenéis la unción (chrisma) del Santo, y conocéis todas las cosas.”
“La unción (chrisma)…no
tenéis necesidad de que nadie os enseñe…la unción misma os enseña todas las
cosas” (1ª Juan 2:20, 27).
Este don sobrenatural del conocimiento se incluye en los
“dones espirituales” de 1ª Corintios 12:
“Hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo…a
este es dada por el Espíritu palabra de sabiduría; a otro, palabra de ciencia
según el mismo Espíritu…Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos
miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo
cuerpo, ASÍ TAMBIÉN CRISTO” (1ª Cor.12:4-12).
Si aquí como muchos afirman se está refiriendo a nuestro
Señor, Quien sea la Cabeza del Cuerpo que es la Iglesia, no nos parece que
continúe en línea y armonía con el argumento del apóstol; porque él aquí se
está refiriendo claramente a los dones
del Espíritu, y la diversidad y la unidad se ilustran de forma adecuada por
el cuerpo humano. “El Cristo” aquí se refiere, no a nuestro Señor, sino al
cuerpo “ungido” de creyentes, el cual, por su ungimiento, tenía muchos otros
dones por detrás dándole el “conocimiento de todas las cosas”, de las cuales
habla Juan en su primera epístola. Desde la concepción y nacimiento del niño
“Jesús” hasta el momento en que a través del Espíritu eterno se ofreció a Sí
Mismo sin mancha para Dios, cada paso en Su camino, cada decisión que Él tomó,
las palabras que habló, los milagros que realizó, Su estima de las Escrituras
del Antiguo Testamento, todo estuvo siempre bajo la guía y sanción del Espíritu
Santo.
Tanto el final “ofrecimiento o derramamiento” como la
carencia de cualquier “mancha” durante toda la vida son la garantía dada por el
Espíritu de que éste le fue otorgado sin medida. Cabe recordar que, aunque Su
gente redimida ha sido lenta a la hora de reconocer la completa entrega y
vaciamiento voluntario del Hijo de Dios, el diablo en cambio sí que fue
consciente de su significado e importancia, pues Su primera tentación tuvo que
ver con la realización de algo en el poder de Su propia e inherente Deidad, un
ataque sobre el propósito mismo de la Encarnación. Por mucho que quisiéramos
conocer los íntimos secretos de este “misterio de la Piedad”, bien vemos que se
hallan Divinamente escondidos de nuestro entendimiento. Cuando Él se entregó y
vació a Sí Mismo, la sabiduría, el conocimiento y el poder que era Suyo por
derecho se puso a Su disposición por el Espíritu Santo, y le fue ofrecido en aquellas
crisis en Su ministerio cuando más se demandaba. Aun mismo después de haber
sido levantado de la muerte, “hasta el día en que fue tomado al cielo”, le
fueron dados a través del Espíritu Santo los mandamientos pertinentes para los
apóstoles que había escogido (Hechos 1:2). Su milagroso nacimiento, junto con
su libre mantenimiento apartado sin mancha de las transgresiones de Adán, se
atribuye al poder y al encubrimiento del Espíritu Santo. Su apertura
ministerial, la comisión y la proclamación, se asociaron directamente con la
venida sobre Él del Espíritu Santo. Sus subsecuentes milagros se atribuyen
definitivamente al poder del Espíritu Santo, y mismo Su acto final de completa
libre sujeción sobre la cruz del Calvario, fue ofrecido “a través del Espíritu
eterno”. “Nadie conoce al Hijo, sino el Padre” (Mat.11:27), y toda especulación
aquí es injustificada y acarrea llevando consigo la blasfemia.
De lo que se nos asegura es que, desde el Nacimiento a la
Muerte, en Resurrección y Ascensión, cada paso del camino del Salvador por la
senda de Su voluntaria entrega vaciándose, fue salvaguardado por el Espíritu,
que ciertamente no le fue dado por medida. A la mayoría de nosotros se nos han
ofrecido “dilemas” tales por los objetores, quienes, o bien por su ignorancia o
bien por su arrogancia, demandan saber cosas como, si es que el niño, estando a
los pechos de Su madre, ya era consciente de que “por Él todas las cosas fueron
creadas”. Se cuestionan cómo sería posible que Aquel que hizo todas las cosas
se pudiese haber sentado al borde de un pozo y le pidiera a una mujer que le
diera de beber. Nosotros nos sentimos gratos y felices admitiendo que no
precisamos prueba alguna sobre estas cosas sagradas. La persistencia con la
cual el Espíritu introduce el ministerio del Espíritu Santo en cada canto y
crisis se ha escrito así para dar de una vez por todas la satisfacción al
creyente sobre todas estas materias, y para que nos regocijemos en un tal
Salvador, Quien actuó a través de todo el curso de Su ministerio como Aquel que
“siendo rico, se hizo pobre POR NUESTRA CAUSA”, y en vez de usar esta más que
bendita “pobreza” como una arma contra su esencial Deidad o Su más que
maravilloso Amor, somos conscientes de que “a través de Su empobrecimiento”
nosotros hemos venido a ser enriquecidos.
Debemos dar lugar y ver un aspecto más de este gran e
importante “ungimiento”, pero como nos lleva de vuelta atrás, “antes que la
tierra fuese”, y trata con asuntos que están muy por encima de nuestras
capacidades, debemos tratarlo con muchísimo cuidado. Antes que nada, debemos
recurrir al Salmo 2, donde la mayoría sabe ya bien que está hablando del
“Ungido” Señor (Salmo 2:2). Sabemos que este Ungido es además “Rey” (Salmo 2:6)
e “Hijo” (Salmo 2:7) pero no todos saben que, al margen de la Versión
Autorizada, se nos recuerda que la palabra traducida “puesto” también se
transcribe por la palabra “Ungido”. Vamos a verlo por esta vía. Desde un punto
de vista, el ungimiento de un rey se llevaba a cabo por el derramamiento de una
pequeña cantidad de óleo puesta sobre su cabeza. A menos que este ungimiento se
revista de un más pleno y rico significado, este detalle carecería de
importancia. Sin embargo, podemos apreciar que “ungimiento” significa
“ordenación”; el óleo ungido, o el ungimiento por el Espíritu Santo, siempre
significa la ordenación para algún oficio, tal como el de Profeta, Sacerdote o
Rey.
Y ahora leemos en 1ª Pedro 1:19, 20 que el Salvador fue
ordenado previamente antes de la
fundación del mundo, como “Un Cordero sin mancha y sin contaminación”, y
con esta asociación con el principio de la creación, vamos a dos pasajes en el
libro de Proverbios. La mayoría de los Proverbios, o bien están escritos por
Salomón, o bajo la guía de Salomón, sin embargo hay algunas palabras de sabiduría
registradas, de las cuales “las palabras
de Agur” demandan atención. Damos la traducción de Moffatt, que por su
diferencia con la Versión Autorizada puede estimularnos el interés:
“El clamor de un hombre desesperado con la búsqueda de
Dios:
Yo estoy desesperado,
Oh Dios,
En vano desesperado y
desgastado;
Soy sordo como un
terrón,
Sin vivo
entendimiento.
Tampoco soy maestro
del pensamiento,
De la Deidad nada sé.
¿Quién subió al cielo
y después descendió?
¿Quién sujeto al
viento entre sus dedos,
O mudó las aguas en un
manto de nubes,
O afirmó los límites
de la tierra?
¿Cuál es su nombre, o
el nombre de su hijo?
¿No lo sabes tú?
(Prov.30:1-4).
Hay aquí una extraña y
resonante anticipación de la futura revelación: De la asociación de un “Hijo”
con el Creador nada se dice positivamente. Ningún hombre por mucho que procure
podrá hallar a Dios hasta la perfección, pero hay un indicio aquí, en cuanto al
tiempo del cumplimiento en que vendría, y resultaría ser el amanecer del Día sobreponiéndose a la noche de la ignorancia y
locura humana. Ahora volvamos al capítulo octavo, donde la Sabiduría es
personificada, y debemos tener en cuenta el hecho de una posterior revelación:
que “Cristo es la Sabiduría” de Dios.
“Jehová me poseía en
el principio” (Prov.8:22).
No hay la palabra “en”
ni en la versión griega (la Septuaginta) ni en el hebreo original. Sin embargo
tenemos que aguardar, hasta que llegamos al último libro del Canon antes que
podamos leer que Cristo en Sí Mismo es “El Principio de la creación de Dios”
(Apoc.3:14). La palabra reshith empleada
en Génesis 1:1 (principio) se encuentra en Génesis 49:3, donde se está hablando
de Rubén el primogénito, el principio
del vigor, quien, al igual que Caín, también fue un fracaso. La palabra
“poseía” nos lleva al principio, pues es la misma palabra traducida “adquirido”
y es la misma palabra que nos da el nombre “Caín” en Génesis 4:1. Si no se
hubiese entrometido en el asiento de la vida la serpiente, Eva estaría en lo cierto
al esperar que su primogénito fuese el cumplimiento de la promesa de Génesis
3:15 – pues ella dijo:
“He adquirido un varón
– Jehová”
La Versión Revisada
pone las palabras “por voluntad de” en itálicas. El hebreo se lee ish eth Jehová “Un hombre, Jehová
mismo”. Por eso llamó su nombre Caín o Qain, del verbo qanah “obtener, o adquirir”. Pareciera que Satán, sabiendo la
verdad del Proverbio 8, procurase anticiparse al adviento de Cristo
sustituyéndolo por Caín, el cual “era del maligno”. Continuando con Proverbios
capítulo 8, leemos:
“Jehová me poseía en el principio. Ya de antiguo, antes
de Sus obras. Eternamente tuve el principado…desde el principio, antes de la
tierra (antes que la tierra fuese)” (Prov.8:22, 23).
“Tuve” aquí es la hebrea nasach, que ya hemos visto en Salmos 2 “Yo he puesto Mi rey…” donde al margen se lee “Ungido”. La palabra
significa literalmente “derramar” como en Isaías 29:10 y se emplea de la
“ofrenda de libación” (Gén.35:14), y del acto de David cuando tuvo el deseo de
beber de las aguas del pozo de Belén que casi le costó la vida a algunos de sus
seguidores, y por eso se nos dice “mas no quiso beber, sino que la derramó para
Jehová” (2ª Sam.23:16). En Filipenses 2 tenemos primero la maravillosa
revelación del “derramamiento voluntario (o vaciamiento)” del Hijo de Dios, las
palabras se traducen literalmente “Se hizo a Sí Mismo de nula reputación”
utilizando el verbo kenoo “vaciar”,
“derramar”, y a seguir, el apóstol, siguiendo los pasos a Su Señor más
adelante, dijo:
“Y aunque sea (yo) derramado en libación (como sacrificio
de libación)” (Filip.2:7, 17).
“Ni (había) el principio del polvo” (Prov.8:26). Aquí
tenemos contenidas las palabras empleadas en Génesis 1:2 “las tinieblas estaban
sobre la faz del abismo” que en la Septuaginta (y en la Reina y Valera) es la
misma traducción “abismo” en Apoc.20, y de ahí que Proverbios nos lleva de
vuelta y nos pone delante de Satán y su caída. Moffatt traduce así el versículo
27:
“Cuando afirmaba los cielos, allí estaba Yo, cuando cercó
la Bóveda del abismo”. (Vea también aquí la Companion Bible) con lo cual se nos
lleva de vuelta a la hechura del “firmamento”, que de acuerdo a Isaías 40:22
“extiende los cielos…como una cortina”.
“Con Él estaba Yo, ordenándolo todo” (Prov.8:30).
“En el principio era la Palabra, y la Palabra estaba con
Dios” (Juan 1:1).
“Me regocijo en la parte habitable de Su tierra; Y mis
delicias son con los hijos de los hombres” (Prov.8:31).
La palabra “habitable” es la hebrea tebel, que en otras partes se traduce mundo y significa tal como su equivalente griega oikoumene, la tierra habitable. Las palabras
en Job 18:18 del maligno son:
“De la luz serás lanzado a las tinieblas, y echado fuera
del mundo”
Teniendo en cuenta cuando leemos en el Nuevo Testamento
de aquellos que serán expulsados al interior de las “tinieblas” o a “los cuatro
cantos de la tierra”, el Tebel sería
entonces especialmente aquella parte de la tierra habitada por el hombre, y
adyacente a lo que posteriormente se denomina “La Tierra Santa”. No pretendemos
haber explicado este maravilloso pasaje, sintiendo gran simpatía con Agur, quien,
recordaremos, se sintió tan “sordo como un terrón” cuando intentó comprender al
Creador y Su Hijo; así que solo estamos gratamente complacidos en la presencia
de lo inexplicable y admitiendo que:
“Indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:
Dios fue manifestado en la carne” (1ª Timoteo 3:16).
Así como el “ungimiento” de Jesús como el Mesías tuvo
lugar a su debido tiempo, hubo este más temprano “ungimiento” cuando estaba
ciertamente siendo ordenado de antemano, tal como Pedro dijo: “Santo y sin
mancha”. Por muy absoluto que fuese el derramamiento voluntario del Hijo de
Dios, no tenemos causa alguna para dudar de Su Palabra, pues cada paso que Él
tomó desde el pesebre en Belén hasta la Cruz del Calvario, fue siendo
salvaguardado, garantizado y controlado por el Ungimiento del Espíritu Santo,
el cual era de Su posesión en tal plenitud, que leemos:
“Porque Aquel a Quien Dios envió, las palabras de Dios
habla, pues Dios no da (no le da a Él) el Espíritu por medida” (Juan 3:34).
Esto significa el investimento sin medida, para el
inexplicable Don de Dios, en Aquel que vino por causa del amor que sobrepasa el
conocimiento, para revelar Sus insondables riquezas. Cualquiera que fuese la
demanda, este ungimiento era más que adecuado y suficiente. ¿Alguien se
sorprendería de que el escritor de estas líneas, estando solo en su escritorio,
pronunciase para sí mismo un gran “Aleluya”?
Los nombres y títulos de nuestro Salvador son de suma
importancia, y para que nos sirva de estímulo en el posterior estudio y un
mayor reconocimiento del Señor de vida y gloria, aquí damos una lista de
algunos de estos nombres y títulos que se encuentran en el Nuevo Testamento:
Jesús. Jesús de
Nazaret. Dios con nosotros. Amado Unigénito. Hijo de Dios, del Hombre, de
David. Jesucristo. Cristo. Mesías. Rey. Cristo Jesús. Señor. Señor Jesús. El, o
Nuestro, Señor Jesucristo. Jesucristo nuestro Señor. Dios y Salvador. Señor y
Salvador Jesucristo. Rabí. Maestro. Cordero. Pastor. Pastor Principal. La
Palabra. La Luz. El Lucero y Estrella de la Mañana. El Alba. El Santo. El
Justo. El Juez. Profeta. Siervo. Ministro. Obispo. Apóstol. Príncipe. Sumo
Sacerdote. Capitán o Autor. Mediador. Alfa y Omega. Primero y Último. Principio
y Final. El que acaba. Amén. Raíz. Primogénito. Vida. Pan. Fiel y Verdadero.
Testigo. Cabeza. Piedra Angular. Roca. Abogado. Libertador. Puerta. Precursor.
Fundación. Gobernador. Heredero. León. Pascua. Vid Verdadera. Camino. Yo Soy.
Último Adán.
(Selección retirada del libro Nombres y Títulos del Señor de Gloria, por
Ada R. Habershon).
Frases doctrinales
tales como “en Cristo”, “en el Señor”, “en Cristo Jesús”, “en Aquel en Quien”,
son de suprema importancia, y es digno de ser observado que, ninguna de estas
frases, aparece en la epístola a los Hebreos. Otro detalle que debe ser
observado es la distinción entre el título “Cristo” y el de “Señor”, que puede
ser ejemplificado estudiándolo en la epístola a los Efesios. En la sección
doctrinal, esto es, en Efesios de 1 a 3, el apóstol habla de sí mismo como “el
prisionero de Jesucristo” (Efesios 3:1), pero cuando comienza la
correspondiente sección práctica con su insistencia sobre “el andar”, se
denomina a sí propio “el prisionero del Señor” (Efes.4:1).
“Hemos hallado al Mesías (que traducido es el Cristo)”
(Juan 1:41).
“Para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios,
y para que creyendo, tengáis vida en Su nombre” (Juan 20:31).
“Bendito el Dios y Padre
de nuestro Señor
Jesucristo,
que nos bendijo con toda bendición espiritual
en los lugares
celestiales……………………….EN CRISTO.
Según nos escogió ………………………………EN ÉL;
Según el puro afecto de Su voluntad,
para alabanza de
la gloria de Su gracia,
que hizo
sobreabundar para con nosotros,
con la cual nos
hizo aceptos……………………..EN EL AMADO
(Efesios 1:3-6)
Satisfecho
En cuanto a mí, veré Tu rostro en justicia
ESTARÉ SATISFECHO
Cuando despierte a Tu semejanza (Salmo 17:15)
“Nunca se sacia el ojo
de ver, ni el oído de oír” (Ecles.1:8).
“Hablamos la sabiduría
de Dios en misterio…Lo que ojo no vio, ni oído oyó, ni ha subido al corazón del
hombre, son las cosas que Dios ha preparado para los que le aman. Pero Dios nos
las ha revelado a nosotros por el Espíritu” (1ª Cor.2:7-10).
¿Qué conexión puede
haber entre estos dos pasajes? Tenemos el antecedente de la sabiduría
mencionada en 1ª Corintios capítulo 1 un cierto número de veces, y la bien
conocida sabiduría de Salomón; Tenemos además el fracaso de nuestras
limitaciones a la hora de “ver” y “oír” las cosas profundas de Dios. Pero en
contraposición con este antecedente tenemos la palabra “satisfecho”, y ahora
deseamos explorar con algún cuidado este término, pues dice respecto a la
antigua cuestión: “¿Si un hombre muere, volverá a vivir de nuevo?” Eclesiastés
provee una respuesta para este desconcertante problema con la afirmación:
“Nunca se sacia el ojo
de ver, ni el oído de oír”
El Predicador, el hijo
de David, Rey en Jerusalén, coloca al inicio de sus indagaciones la conclusión
a la cual llega también en el capítulo final:
“Vanidad de vanidades,
dijo el Predicador, vanidad de vanidades; todo es vanidad” (Ecles.1:2, y vea
además 12:8).
Teniendo en cuenta que
una generación pasa, y otra generación viene, el Predicador pregunta: “¿Qué
provecho hay en todo el trabajo que se hace debajo del sol?” Y cuando vuelve a
retomar este mismo tema en el versículo 8, dice:
“Todas las cosas son
fatigosas en extremo, más de lo que el hombre pueda expresar. Nunca se sacia el
ojo de ver, ni el oído de oír”
Las palabras finales
de la indagación que lleva a cabo son:
“Y el polvo vuelve a
la tierra, como era; y el espíritu vuelve a Dios, Quien lo dio. Vanidad de
vanidades, dijo el Predicador, vanidad de vanidades; todo es vanidad”
(Eclesiastés 12:7, 8).
Entre el capítulo de
apertura y el del final, Eclesiastés pondera el problema que levanta la muerte.
Nos dice que la sabiduría excede y supera a la necedad así como la luz a las
tinieblas, y hace las siguientes observaciones:
“Un mismo suceso
acontecerá tanto a uno como a otro…como sucederá al necio, me sucederá también
a mí. ¿Para qué, pues, he trabajado hasta ahora para hacerme más sabio? Y dije
en mi corazón, que también esto es vanidad…y también morirá el sabio como el
necio” (Ecles.2:13-16).
“Un mismo suceso”
(Ecles.2:14; 9:2, 3).
“Un mismo lugar”
(Ecles.3:20; 6:6).
“Nunca se sacia”
(Ecles.1:8; 4:8; 5:10).
“No se sació (la misma
palabra que “satisfecho”) (Ecles.6:3).
Estas referencias
resumen el desespero y la insatisfacción, el sentido de la vanidad, el nunca
acabar del círculo vicioso (Ecles.1:4-11) que desconcierta la sabiduría del
sabio.
“¿Dónde está el
sabio?”… “El Señor conoce los pensamientos del sabio, que son vanos (o necios)”
(1ª Cor.1:20; 3:20).
“Pero por Él estáis
vosotros en Cristo, Quien de Dios ha sido hecho para nosotros sabiduría… (1ª
Cor1:30).
“Hablamos sabiduría de
Dios en misterio” (1ª Cor.2:7).
“Lo cual también
hablamos, no en palabras que la sabiduría del hombre enseña, sino con lo que
enseña el Espíritu Santo; acomodando las cosas espirituales con lo espiritual”
(1ª Cor.2:13).
Los pasajes citados
encima son una selección entre muchos iguales, pues realmente la totalidad de
la revelación de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis puede ser resumida bajo
1ª Corintios 2:13. Siendo así, dejemos ahora Eclesiastés en sus indagaciones y
pruebas, y vamos a ver el testimonio de otros que fueron inspirados en sus
declaraciones y cuyos hallazgos no fueron tanto el resultado de indagaciones,
sino de recibir la iluminación de lo alto. Con todo esto no queremos impugnar
el libro de Eclesiastés; los registros de los errores cometidos por Abraham, de
Moisés, de Aarón, de Israel y de David son todos “dados por inspiración de Dios
y provechosos”. Vamos por tanto a examinar la positiva enseñanza del Salmo
17:
“En cuanto a mí, veré
Tu rostro en justicia: Estaré satisfecho
cuando despierte a Tu semejanza” (Salmo 17:5).
“El ojo no se
satisface por ver” La condición negativa.
“Veré… Estaré
satisfecho” La condición positiva.
Antes de examinar los
términos que se emplean en el Salmo 17:15 debemos prestar atención a las
palabras de introducción “En cuanto a mí”, pues indican un contraste
intencional, y no podremos apreciar la plenitud de la esperanza del Salmista si
no sabemos con qué se esté comparando. En el versículo 14 tenemos una
descripción de aquellos cuya esperanza se basa en distintos fundamentos que los
del Salmista.
Son hombres mundanos
Tienen su porción en esta vida
Sus vientres están llenos
Tienen saciados a sus hijos
Dejan en heredad lo que les sobra para los más pequeños.
Es en contraste con estos que el Salmista dice “En cuanto
a mí”. La palabra traducida “hombres” es un tanto extraña, pues mientras que adan es así traducida unas 400 veces, ish cerca de 900 y enosh alrededor de 450 veces, la palabra traducida “hombres” en el
Salmo 17:14 es la hebrea methim, y
aparece tan solo catorce veces. Es un término cognitivo de la palabra que
significa “lomos” y sugiere siempre un “esfuerzo físico”. Los tales “están
envueltos con su grosura: con su boca hablan arrogantemente” (Salmo 17:10). El
Salmista había orado:
“Sustenta mis pasos en Tus caminos, para que mis pies no
resbalen” (Salmo 17:5).
Estos “hombres”, que así se esfuerzan, ya tienen su
porción en esta vida actual y presente. Una referencia al Salmo 73 nos ofrece
un más pleno y detallado comentario sobre esta palabra que puede darnos más
información. Vamos a examinar este Salmo de Asaf y ver cómo llega a su
conclusión. Las palabras “ciertamente” y “verdaderamente” son, siempre, una
misma palabra en el original, y podrían ser representadas (no traducidas) por
nuestro coloquial “a pesar de todo”, de la siguiente manera:
A pesar de todo, es bueno Dios para con Israel (Salmo
73:1).
En cuanto a mí – un registro de sus malentendidos (Salmo 73:2-12).
A pesar de todo, en vano he limpiado mi corazón (Salmo
73:13).
Hasta que entrando en el Santuario (Salmo 73:17).
A pesar de todo, los has puesto en deslizaderos (Salmo
73:18).
Era (yo) como una bestia
¿A Quién tengo yo en los cielos?
Mi porción es Dios para
siempre (Salmo 73:22-26).
Aquí también, en este Salmo, el escritor dice:
“Casi se deslizaron mis pies” (Salmo 73:2)
Y también se repite de los hombres mundanos diciendo:
“Los ojos se les saltan de gordura: Logran con creces los
antojos del corazón” (Salmo 73:7)
Y a seguir a la experiencia del Santuario sin embargo
leemos que Asaf reconoce:
“Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi
corazón y mi porción es Dios para siempre” (Salmo 73:26).
Estos hombres del Salmo 17 tienen su porción “en esta
vida”. Aquí es probable que tengamos un contraste de las palabras finales del
Salmo 16, que también hablan de resurrección:
“Me mostrarás la senda de la vida; en Tu presencia hay plenitud
de gozo; Delicias a Tu diestra para siempre.” (Salmo 16:11).
La palabra “plenitud” es la misma palabra hebrea que se
traduce “satisfacción” en el Salmo 17, y “la senda de la vida” se pone en
contraste con “esta vida”. Eclesiastés nos da un relance de esto mismo cuando
dice:
“…esta es tu parte en la vida…no hay…sabiduría, en el
Seol, adonde vas (Ecles.9:9, 10).
Tanto los traductores como los intérpretes por igual han
hallado en algunos de los términos del Salmo 17:14 alguna dificultad para
transcribirlos en un castellano inteligible, en particular la frase:
“…cuyo vientre está lleno de Tu tesoro”.
En primer lugar, observamos que “tesoro” se halla en
itálico (en las versiones inglesas) y puede ser dispensado. No deja de ser sino
una de las muchas conjeturas que se han hecho. En segundo lugar, la frase
“llenar el vientre” se emplea en otros lugares para indicar una baja condición
moral. Elifaz el Temanita lo asocia el “vano conocimiento” a “llenar el vientre
con viento solano” (Job 15:2). Zofar el Naamatita dice del opresor:
“Cuando se pusiere a llenar su vientre, Dios enviará
sobre él el ardor de Su ira” (Job 20:23).
El lector probablemente habrá observado que, en el
versículo precedente a este, leemos “plenitud” y “suficiencia”. Nos recuerda la
circunstancia del hijo Pródigo cuando deseaba “llenar su vientre con las
algarrobas que los cerdos comían” (Lucas 15:16), y de la acusación hecha por el
apóstol porque algunos “no servían a nuestro Señor, sino a sus propios
vientres” (Rom.16:18), y el aviso de Filipenses 3:19 concerniente a aquellos
“cuyo Dios es su vientre”. Aquellos cuyos vientres están llenos con estos
tesoros, por tanto, no están en la misma categoría como el Salmista, que dijo
en contraste: “En cuanto a mí”. Así, pues, todavía estamos sin comprender bien
la intención en las palabras “Tu tesoro”, pero creemos que una referencia a
Eclesiastés puede ayudarnos:
“Todo lo hizo hermoso en Su tiempo; y ha puesto eternidad
en el corazón de ellos, sin que alcance el hombre a entender la obra que ha
hecho Dios desde el principio hasta el fin” (Ecles.3:11).
Ahora bien, la palabra que se traduce “mundo” es olam. Citamos de Gesenius con respecto
al término:
“Lo que se halla
oculto: especialmente el tiempo ocultado, desde hace mucho; el comienzo o fin
es tanto incierto, como también no definido”
Y refiriendo a Eclesiastés 3:11 Gesenius dice:
Por el uso Caldeo y Rabínico, al igual que la griega aion, aquí el anhelo o procura de las
cosas mundanas, se denomina más plenamente “el amor del mundo”.
Lo que el Salmista parece decir, cuando se pone en
castellano y se percibe el lenguaje figurativo empleado, podría ser
parafraseado de la siguiente manera:
“Los hombres mundanos que tienen su porción en esta vida
y cuyos vientres se llenaron con el mundo, el siglo de los límites indefinidos,
para que así no vean más allá que lo presente, y no sientan vínculo alguno con
el gran propósito de las edades”
“Sacian a sus hijos” (Salmo 17:14). Aquí la palabra
traducida “sacian” es la misma que en el original traduce “satisfecho” y es un
contraste intencional. ¿Qué significa que estén repletos de “hijos” y que “aún
dejan el resto para sus pequeñuelos”?
SIGNIFICA UN PROCURADA Y VANA RESURRECCIÓN en contraste
con la bendita esperanza personal del creyente.
Una referencia al Salmo 49 arrojará más luz sobre esta
actitud del mundano contraria con la de Job:
“Al Cual (al Redentor) veré por mí mismo, y mis ojos lo verán, y no otro (Job 19:27).
El mensaje de Salmos 49 se dirige a:
“Así los plebeyos como los nobles, el rico y el pobre
juntamente”
Su mensaje está en gran medida de acuerdo con la misma
desconcertante conciencia que encontramos en Eclesiastés 3:18-22, es decir, sin
esperanza alguna, el hombre muere de igual manera que una bestia (Salmo
49:10-12). Ningún hombre puede redimir a su hermano para que éste viva para
siempre sin ver corrupción, y en vez de confiar en Dios que vivifica a los
muertos.
“Su íntimo pensamiento es que sus Casas serán eternas, y sus Habitaciones
para generación y generación; dan sus nombres a sus Tierras” (Salmo 49:11).
No tiene esperanza alguna por una resurrección personal;
así que los tales se consuelan en una inmortalidad POR PROCURACIÓN:
“Le da sus nombres a sus Tierras”
Tan solo se ocupan con perpetuar sus “casas”. Instituyen
incluso el divorcio con el intuito y la esperanza de que, volviendo a casarse,
tendrán un “heredero”. Todo porque no pueden decir:
“Yo sé bien que MI Redentor vive…a Quien yo veré…y no
otro” (Job 19:25-27).
Volviendo ahora al Salmo 17, la denigrante substitución
que procuran para una resurrección personal se resume por las palabras:
“Se sacian (SATISFACEN con, la misma palabra que en el
vers.15) sus hijos, y aun sobra para sus pequeñuelos” (Salmo 17:14).
Y “aun sobra para sus pequeñuelos” – Pero, ¿qué es lo que sobra? Leamos de nuevo el
Salmo 49:
“Porque cuando muera NO LLEVARÁ NADA”
“Este su camino es locura; con todo, sus descendientes se
complacen (satisfacen) en los dichos de ellos” (Salmo 47:17, 13).
¡Qué descanso! Qué bendito reposo hay en oposición a todo
esto en la alternativa del Salmista expresada por las palabras: ¡En cuanto a
mí!
La Positiva Esperanza de Resurrección
En contraste y oposición a esta “inmortalidad procurada”
el Salmista señala la bendita esperanza del creyente:
“En cuanto a mí, veré Tu rostro en justicia; estaré
satisfecho cuando despierte a Tu semejanza.” (Salmo 17:15).
En el versículo 2 el Salmista había orado:
“De Tu presencia proceda mi vindicación”.
Lo cual hace eco en el versículo 15: “Veré Tu rostro en
justicia”. La palabra traducida “vindicación” y además “proceda” hacen balance
con la palabra “justicia”. Allí, en la resurrección en gloria, lo torcido se
enderezará y los lugares escabrosos serán allanados; todas las injusticias que
angustian y dejan perplejos a los hombres de este mundo, y que tan a menudo
desvían los pasos de los santos, serán erradicados, y tanto el creyente como su
Señor contemplarán “las cosas que sean justas y equitativas y en su perfecta
equidad y balanza”. La contemplación del rostro del Señor en justicia es un
paso hacia el objetivo de las edades:
1.
Estaré
satisfecho.
2.
Cuando
despierte.
3.
A Tu
semejanza.
En primer lugar, el creyente debe ser despertado del
sueño de la muerte. A través de toda la Palabra de Dios, tanto en el Antiguo
como en el Nuevo Testamento, “dormir” y “despertar” son las figuras empleadas
constante y consistentemente para la muerte y resurrección, pero como hay
algunos Evangélicos Fundamentalistas que lo niegan, y sustituyen así la palabra
de Dios y las palabras de Dios por sus propias credenciales, debemos tomarnos
el tiempo y el espacio necesarios para exhibir la consistente enseñanza de toda
la Escritura a este respecto.
La muerte comparada al dormir
La resurrección comparada al despertar
“Así el hombre yace y no vuelve a levantarse; hasta que
no haya cielo, no se despertarán, ni se levantarán de su sueño” (Job 14:12).
“Y dormirán sueño eterno y no despertarán” (Jerem.51:57).
“Alumbra mis ojos, para que no duerma de muerte” (Salmo
13:3).
“Y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra
serán despertados” (Daniel 12:2).
“Y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos
que habían dormido se levantaron” (Mateo 27:52).
“Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para
despertarle…Entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto” (Juan 11:11,
14).
“Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia
generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y
vio corrupción” (Hechos 13:36).
“Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre
vosotros, y muchos duermen” (1ª Cor.11:30).
“Entonces también los que durmieron en Cristo
perecieron…Cristo…primicias de los que durmieron” (1ª Cor.15:18, 20).
“No todos dormiremos; pero todos seremos transformados”
(1ª Cor.15:51).
“Así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en
Él” (1ª Tesal.4:14).
“Quien murió por nosotros, para que ya sea que velemos o
que durmamos, vivamos juntamente con Él” (1ª Tesal.5:10).
El Salmista, al menos aparentemente, no se hacía idea
alguna del estado intermedio de bendición anterior a la resurrección; él dice
“Cuando despierte”, (no durante el intervalo) “Estaré satisfecho”, y satisfecho
porque despertaría en la semejanza de su Señor.
¿En qué consiste esta “semejanza”? Aquí en esta vida se
nos exhorta a que tengamos “la MENTE” que había en Cristo Jesús (Jesús 2:5),
pero a mirar hacia delante, hacia una gloriosa transfiguración, cuando este
cuerpo de nuestra humillación sea transformado a semejanza de Su glorioso
CUERPO (Filip.3:21). Romanos 8 sigue este mismo orden. Primeramente el Espíritu
de Cristo habita ahora en el creyente y “vivifica” su cuerpo mortal, pero
mirando hacia delante a “la redención del cuerpo”; puesto que Dios ha predestinado
a cada creyente redimido a ser “semejante a la imagen de Su Hijo” (Rom.8:9-11,
23, 29).
“Y así como hemos traído la imagen del terrenal,
traeremos también la imagen del celestial” (1ª Cor.15:49).
Si la inmortalidad del alma fuese Escritural, la Palabra
de Dios debería al menos declararlo. Pero vemos que la “inmortalidad” tanto sea
aphthartos, aphtharsis incorruptible,
incorrupción (1ª Tim.1:17; Rom.2:7 y 2ª Tim.1:10) como athanasia, inmortalidad, (1ª Cor.15:53, 54; 1ª Tim.6:16) tan solo
se emplea hablando de Dios o de Cristo, o del creyente en resurrección, y no de
otra manera. Es algo que los hombres procuran desesperadamente, que
evidentemente no poseen, y la única respuesta a sus indagaciones es la vida
eterna:
“Vida eternal a los que, perseverando en bien hacer, buscan
gloria y honra e inmortalidad” (Rom.2:7).
La inmortalidad tan solo será “revestida” en la
resurrección y nunca antes (1ª Cor.15:53, 54). Solamente Cristo, el Rey de
reyes y Señor de señores, Tan solo Él posee la inmortalidad (1ª Timoteo
6:14-16). 2ª Corintios 5 describe el cuerpo presente como siendo un
“tabernáculo” que irá a ser “deshecho”. El apóstol no deseaba ser “desnudado”,
sino que viniese a ser “revestido…para que lo mortal fuese absorbido por la
vida” (2ª Cor.5:1-4). Lo que significa esta escritura lo aprendemos por su uso
anterior en 1ª Cor.15:54:
“Cuando esto
corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya revestido de
inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la
muerte en victoria”
La satisfacción del creyente aguarda la realización de
“aquella bendita esperanza” cuando:
“Seamos semejantes a Él, porque le veremos tal como Él
es” (1ª Juan 3:2).
Hay, sin embargo, un pensamiento aún más maravilloso: el
Salvador Quien sufrió la muerte de la Cruz con toda la vergüenza asociada, ¡Él
también se quedará “satisfecho”! Siendo así, bien podemos decir que “Esa será
mi gloria”.
Ahora volvemos al maravilloso capítulo de Isaías que
contiene esta verdad, es decir, Isaías 53. Al mismo tiempo que vemos la
división del capítulo y versículo de más utilidad cuando usamos el léxico
concordancia, debemos de todas formas recordar que las divisiones de los
capítulos son artificiales, y bastantes mal divididos algunas veces. Tan importante
es esto de Isaías, que juzgamos no será penoso exponer para el lector su
estructura y enseñanza, y antes de centrar nuestra atención de manera aislada
en las palabras de Isaías 53:11: “Verá
el fruto de la aflicción de Su alma, y quedará satisfecho” consideramos además
la sección entera que contiene estas palabras.
El Cordero de Dios (Isaías 52:13 a 56:8)
La Estructura de
Isaías 52:13 a 53:12 Descubierta
Isaías 40 comienza con las palabras “Consolaos” y la
sección que estamos ahora viendo provee la única base sólida para el verdadero
consuelo. Tanto para Israel como realmente también para nosotros, se dirigen
las palabras:
“Pobrecita, fatigada con tempestad, sin consuelo…”
(Isaías 54:11).
¿Y dónde procurará el
“afligido” su consuelo, a menos que sea en Aquel Quien fue “afligido” en su
sustitución? (Isaías 53:7). Esta porción de Escritura incluye Isaías 53, el
“lugar santísimo” de todos los profetas. Siempre que abrimos las páginas
sagradas, nos hallamos pisando suelo santo; siempre que leamos la Ley y los
Profetas, estamos leyendo las Escrituras que hablan de Cristo, pero existen
algunos pasajes que sobresalen de manera prominente en un tema particular y bendito,
y el pasaje que ahora tenemos delante fue escrito en la previsión del Calvario,
de su sufrimiento y de su gran triunfo.
La sección que estamos
estudiando va desde el 52:13 hasta el 56:8, y está dividido en cuatro partes.
A 52:13 a 53:12 Él se
llevó o cargó consigo el pecado de muchos. Su alma y ofrenda.
B 54 Restauración. Tu
descendencia heredará Naciones
Ninguna arma forjada prosperará contra ti.
A 55:1-7 Él será amplio en perdonar. Tu
alma – se deleitará con grosura.
B 55:8 a 56:8 La Reunión de “otros” “todas las gentes”
La Palabra
prosperará.
El tema es tan amplio
y nuestras mentes tan limitadas que tendremos que concentrar toda nuestra
atención por ahora tan solo sobre la primera sección: de 52:13 a 53:12.
Antes de estudiar
cualquiera pasaje en detalle procuraremos la estructura literaria, pues con eso
descubriremos el cuadro completo y el argumento del pasaje, y sin obtener
primero tanto la estructura, como el cuadro completo o argumento, nuestros
comentarios degenerarían en una mera lista de observaciones desconectadas sobre
las palabras individuales. El deseo de presentar al lector la estructura de
este gran pasaje, y nuestra habilidad para satisfacer ese deseo son, sin
embargo, dos totalmente distintas proposiciones. No nos proponemos pedirle al
lector que comparta o participe con nosotros en esta ardua labor, ni tampoco
podemos esperar que cualquiera que no siga este paso venga a ser capaz de
regocijarse de su descubrimiento. Damos unas pocas indicaciones de cómo se
amplía la estructura, y dejamos que el lector las examine honestamente, para
emplear y para disfrutar la gracia que puedan ofrecer. En primer lugar hemos observado
que el pasaje comienza con las palabras “He aquí que Mi Siervo” (Isaías 52:13)
y recordamos que a seguir al registro que se da de Sus sustitutivos sufrimiento, vuelve a
aparecernos este bendito Siervo.
“Por Su conocimiento justificará Mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos”
(Isaías 53:11). Una pausa para meditar también nos dará más luz acerca de un
detalle. La palabra hebrea traducida “llevará” es nasa, y significa primariamente “levantar”. La palabra “exaltado”
(vers.13) también es una traducción de nasa.
Concerniente a estas y otras palabras hebreas no ofrecemos ninguna
explicación, sino observar el comienzo del arreglo estructural del material, y
registrar nuestra primera observación.
Mi Siervo – “Exaltado” nasa
Mi Siervo Justo – “Llevará” nasa
Ahora observamos aquellas naciones y los reyes que son
referidos en 52:15, y leemos que se quedaron perplejos y asombrados en algo
completamente inesperado. Hallamos también algo igualmente inesperado después
del pesar, la humillación y la mansedumbre en Isaías 53:4-10: la repartición
del despojo con los grandes y los fuertes, Isaías 53:12. Estos escenarios los
mantendremos sin embargo reservados por ahora, mientras examinamos los
restantes versículos. Sabemos que las palabras “Jehová cargó en Él el pecado de
todos nosotros” (53:6), y “oró (o hizo intercesión) por los transgresores”
(Isaías 53:12) emplean la misma palabra hebrea paga, y esto ya lo hemos observado en el primer volumen de Los
Expositores de Berea en un artículo titulado “Maravillosos lugares de reunión”,
donde estos pasajes son traducidos:
“Jehová ha reunido
junto sobre Sí la iniquidad de todos nosotros” y
“Él cargó el pecado de muchos, e hizo un lugar de reunión para los transgresores”
Ahora tenemos dos
pares enfocados de correspondencias:
A - Siervos – exaltados nasa.
B –
Lugar de reunión paga.
A - Siervos – carga nasa.
B –
Lugar de reunión paga.
Observamos que tanto
los pecadores como el Salvador son comparados a “ovejas” que, junto con el
énfasis más evidente puesto sobre Sus sufrimientos por el pueblo, rellena el
resto del espacio con la maravilla de Sus “sufrimientos sustitutivos”.
Volviendo a 52:14, 15 y 53:1-3 descubrimos que la palabra “parecer” y la
palabra “hermosura” fueron traducciones de la misma palabra hebrea, tal como
también las dos palabras “oído” (52:15) y “anuncio” (53:1). Por tanto, nosotros
ahora exhibimos al lector y ponemos a disposición de su estudio y a su servicio
la siguiente estructura de este glorioso pasaje.
Como muchos ya deben
haber anticipado, haremos un cierto número de citas en el Nuevo Testamento de
Isaías 52 y 53, y resumiremos este estudio de apertura del material que tenemos
delante indicando los pasajes citados.
Isaías 52:15. “Porque verán lo que nunca les fue contado,
y entenderán lo que jamás habían oído”
Este versículo se cita en Romanos 15:21, en conexión con
el deseo del apóstol de “predicar el evangelio, no donde Cristo ya hubiese sido
predicado, para no edificar sobre fundamento ajeno” (Rom.15:20).
Isaías 53:1. “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? Y
¿sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?”.
Este pasaje lo cita Juan en su Evangelio, 12:38; y la
primera frase la cita Pablo en Romanos 10:16. Juan 12 es el capítulo que
encierra el testimonio de Cristo en el mundo como hombre, y revela Su repudio.
Isaías 53:4. “Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades,
y sufrió nuestros dolores”.
Este pasaje lo cita Mateo en 8:17, donde leemos: “Él
Mismo tomó nuestras enfermedades y tomó nuestras dolencias”.
Isaías 53:5. “Por Su llaga fuimos nosotros curados”
Esto se cita en 1ª Pedro 2:24. “Por cuya herida
(fuisteis) sanados”. Es provechoso observar que Pedro, por motivo del hecho que
estuviera escribiendo una epístola, mudase el “nosotros” de Isaías 53 por
“vosotros” con el objetivo de aplicar el pasaje a sus inmediatos oidores.
Isaías 53:-7, 8. Este pasaje algo extenso se cita en
Hechos 8:32, 33. Un cierto número de las cuestiones más importantes se levantan
al comparar el Antiguo Testamento original con las citas del Nuevo Testamento,
lo cual consideraremos en su debido lugar. La única y más importante contribución
que deseamos señalar aquí es la secuencia:
“Entonces Felipe, abriendo su boca, y comenzando desde
esta Escritura, le anunció el evangelio
de Jesús.” (Hechos 8:35).
Isaías 53:9. “Aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en
Su boca”.
La palabra hebrea “maldad” se traduce hamartian por la Septuaginta; y la
adopta Pedro en 1ª Pedro 2:22.
Isaías 53:12. “Y fue contado con los pecadores”.
Esto se cita en Marcos 15:28 y Lucas 22:37. Estos siete
pasajes son citados por diferentes escritores del Nuevo Testamento, y eso
revela la importancia que contiene este capítulo en sus estimativas, pues
aunque a primera vista no parezca que “siete” citas no sean demasiadas – no
obstante, ningún otro capítulo en Isaías ni en todo el Antiguo Testamento se
cita tantas veces.
Ahora estamos preparados para darle a este magnífico
capítulo al menos parte de la atención que le es debida. Nunca debemos
olvidarnos que su más grande gloria es guiar nuestros corazones y elevarlos
hacia la contemplación de la letra viva, es decir, hacia Aquel que es “La
Palabra hecha carne”, “El Hijo de Dios Quien me amó y se entregó por mí”.
“He aquí, Dios le pondrá muy en alto”
(Isaías 52:13)
“He aquí que Mi siervo será prosperado, será engrandecido
y exaltado, y será puesto muy en alto”.
Con estas palabras comienza el gran capítulo sacrificial
de Isaías. No empieza con pesares o angustias, ni con humillación, ni con
referencias a la muerte y la sepultura, sino con exaltación, con ser
enaltecido, y siendo puesto muy en alto. En los capítulos anteriores hemos
leído de este Siervo del Señor (Isaías 42:1, 19; 43:10; 49:3, 5, 6), y las
profecías fueron reuniendo la fuerza y claridad gradualmente a medida que este
clímax se fue aproximando. Nuestra atención se dirige en primer lugar a lo que
este Siervo del Señor hizo o realizó (las versiones inglesas traducen “actuará
prudentemente” donde dice en la castellana Reina y Valera “será prosperado” en
Isaías 52:13), y a seguir, a lo que a Él
se le hará: “Él será exaltado”. La palabra traducida “prosperado” no debe ser
entendida en el mismo sentido que la palabra “prosperada” en Isaías 53:10,
donde se emplea una muy distinta palabra hebrea. Sakal, que se traduce en la mayor parte de sus ocurrencias por la
palabra “sabio” o “entendido”, pero en el hiphel
o modo causativo, se traduce ocho veces “próspero”. Jeremías utiliza esta
palabra en el lenguaje profético, que enfoca: el mismo día glorioso del Mesías,
tal como lo hace Isaías 52:13:
“He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a
David renuevo justo, y reinará como rey, el cual será dichoso (el cual
prosperará), y hará juicio y justicia en la tierra. En Sus días será salvo
Judá, e Israel habitará confiado; y este será Su nombre con el cual le
llamarán: JEHOVÁ JUSTICIA NUESTRA”. (Jer.23:5, 6).
Además está escrito, tanto de Josué como de Oseas
(nombres que prefiguraban al “Salvador” “Jesús), que “prosperarían” (Josué 1:7;
2ª Reyes 18:7). Aquel Quien es la Sabiduría de Dios es también el Poder de Dios
(1ª Cor.1:24); Su Sabiduría es dinámica, “prospera” y prevaleciente.
Por eso Isaías 52:13 comienza: “Mi siervo será
prosperado”, y el sello se pone sobre Su glorioso “éxito” alcanzado ya (tal
como esta palabra se traduce en Josué 1:8 -
“todo te saldrá bien”) por Su resurrección y ascensión.
“Será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en
alto.”
Aquí el Profeta no tiene intención de hacer tres
diferentes fases en esta exaltación, sino que se trata del desbordante regocijo
de la visión profética, empleando una bien conocida figura literaria denominada
Anábasis o “ascensión gradual”, por
la cual, se lleva a cabo un aumento gradual del énfasis, y eso a través de una ascendente serie de sucesivas
palabras, frases o sentencias. Pero aun así, debemos darnos cuenta de todas las
tres palabras, para que la intención Divina pueda ser percibida.
“Exaltado”, hebrea rum.-
Debemos recordar que Abraham, antes que su nombre fuese alterado (Gén.17:5),
era Abram, formado de ab “padre” y rum o ram “alto”, y “exaltado”. De ahí los nombres de los lugares como, ramah y ramoth “Un agradable lugar” (1ª Samuel 19:18; Deut.4:43). Algunas
ocurrencias en Isaías por sí señalarán suficientemente su distintivo
significado: Exaltado como una
“calzada levantada” (Isaías 49:11); Exaltado
como un “cedro del Líbano” (Isaías 2:13; Exaltado como el Señor sentado en Su trono “alto” y excelso (Isaías
6:1), o Exaltado “El Más Alto” y
Sublime que habita la Eternidad (Isaías 57:15). Parte de lo que lleva envuelto
la exaltación del Siervo de Jehová debe ser deducido por la expansión del
término en las palabras blasfemas de Lucifer, el Hijo de la Mañana.
“Subiré al cielo, exaltaré mi trono por encima de las
estrellas de Dios…ascenderá por encima de la más alta de las nubes; seré como
el Altísimo” (Isaías 14:13, 14 Vers. Inglesas).
La Septuaginta lo traduce por el verbo griego hupsso, y catorce veces pone “exaltado”,
y seis veces “ascendido” en el Nuevo Testamento.
“Así que, exaltado por la diestra de Dios” (Hechos 2:33).
“El Dios de nuestros Padres levantó (o ascendió) a Jesús,
a Quien vosotros matasteis colgando en un madero. A este, Dios ha exaltado con
Su diestra por Príncipe y Salvador, para dar a Israel arrepentimiento y perdón
de pecados” (Hechos 5:30-31).
“Exaltado”, la hebrea nasa
– Esta es la más extensa raíz que tiene, y significa “transportar, tomar o
levantar”. Se encuentra en Isaías en combinación con la palabra previa rum, nueve veces:
Los Cedros del Líbano, “sobre los más altos y erguidos” rum y nasa (Isaías 2:13).
Vi yo al Señor sentado…”Alto” y “sublime” (Isaías 6:1).
Porque así dijo el “Alto” y “Sublime” (Isaías 57:15).
Otro sugestivo pasaje en Isaías es “todo valle será
exaltado”. Estos son pasajes en los cuales el verbo nasa se emplea en la forma reflexiva. En la forma activa simple,
esta palabra se usa en Isaías 53:4 y 12 “llevó Él nuestras enfermedades”,
“habiendo Él llevado el pecado de muchos”, donde en vez de ser visto levantado
o “exaltado”, se ve “llevando” el peso de nuestros pecados. La Septuaginta aquí
utiliza la palabra doxazo “glorificar”.
Los lectores que estén familiarizados con el Evangelio de Juan, y especialmente
con Juan 13-17 se darán cuenta de cuán plenamente se introdujo el Salvador en
estas sentencias proféticas concernientes a Él Propio:
“Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios
glorificado en Él” (Juan 13:31).
“Glorifica a Tu Hijo, para que también Tu Hijo te
glorifique a Ti” (Juan 17:1).
Veremos cómo Pedro se introdujo plenamente en estas
palabras proféticas. En Hechos 2:33 y 5:31, él emplea, tal como ya hemos visto,
la palabra “exaltado”, pero en Hechos 3:13 en un contexto similar él emplea
esta palabra “glorifica”:
El Dios de nuestros padres, ha glorificado a Su Hijo
Jesús; a quien vosotros entregasteis, y negasteis en la presencia de Pilato,
cuando éste había resuelto librarle”.
“Y estando muy alto”. Aquí las palabras empleadas en el
original son, el verbo gabah y el
adverbio meod. Tal como encontramos a
Lucifer empleando la palabra “exaltado”, así encontramos igualmente escrito del
Príncipe de Tiro:
“Se ha enaltecido tu corazón…pusiste tu corazón como
corazón de Dios” (Ezeq.28:5, 6),
Y posteriormente revela el paralelo entendido entre el
Usurpador y el Señor de Justicia, encontramos la palabra “se asombraron” o “se
maravillaron” utilizado de cada uno (Isaías 52:14; Ezeq.28:19). Gabah se emplea hablando del “corazón”
(2ª Cor.26:16); “los cielos” (Isaías 55:9); “el JEHOVÁ de los ejércitos”
(Isaías 5:169 y de Saúl, que sobrepasaba en estatura a todo y cualquiera de los
del pueblo (1ª Sam.10:23).
“He aquí que Mi Siervo… será prosperado, será
engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto” (Isaías 52:13).
La Septuaginta reconoce que estos adjetivos adverbiales
no se consideran como tres declaraciones separadas, posiciones o niveles, sino
que es una intensiva manera de hablar de Su sobreexcedente exaltación, dice
así:
“Será exaltado y glorificado sobreexcedentemente”.
No debemos ver la exaltación del Siervo del Señor aquí,
con la idea de que fuese el efecto de la prosperidad de la primera parte del
versículo. Antes bien es la segunda cláusula a ser leída como una expansión, o
un paralelo, con lo primero. En este versículo, el sufrimiento y la humillación
ya está en pasado, la gloria es lo que rellena toda la visión. Aquí, en Isaías
52:13 a 53:12 tenemos exaltación,
seguida por un relance de la pasada humillación, y seguida una vez más por la exaltación, esta vez manifiesta repartiendo el botín.
Ahora veamos el Nuevo Testamento, y descubrimos otro
pasaje que nos muestra la bendita secuela o resultado de Su bendita
condescendencia. Eso nos capacitará para apreciar la blasfemia anticristiana de
Lucifer, o el Querubín caído; nos capacitará para que comprendamos que las
palabras “El Alto y Sublime Quien habita la Eternidad”, se adecuan y apropian a
Quien en la tierra se conocía como el Hombre de Quebrantos, pues ciertamente
era algo bien más que un mero hombre, Él era el Dios-Hombre. “He aquí Mi
Siervo” dijo el Señor, y no tan solo en Isaías 52, sino además en Filipenses 2:
“Quien, estando en la forma de Dios, no le pareció
apropiado igualarse con Dios; sino que se hizo a Sí Propio sin reputación… la
forma de un siervo…Se humilló a Sí Mismo (vea Isaías 53:8 en la Septuaginta:
“En Su humillación le fue quitado Su juicio”)…hasta la muerte, y mismo la
muerte de la cruz. Por eso Dios también le exaltó hasta lo sumo (Huperupsso) y le dio (el) nombre que
está por encima de todo nombre: para que en el nombre de Jesús se doble toda
rodilla” (Filip2:6-10).
En el Nuevo Testamento el Énfasis recae sobre la
sobrexcedente exaltada posición que ahora ocupa el Señor Ascendido.
“Ascendió por
encima de todos los cielos” (Efesios 4:10) tan sumamente alto y por encima que
es capaz de “llenar todas las cosas”. Ha “traspasado introduciéndose (a
través)” (dierchomai) los cielos
(Heb.4:14); Está “hecho más alto que los cielos” (hupsiloteros) “más exaltado” (Heb.7:26).
Así se deleitan
los profetas y apóstoles honrándole, dando honra a Quien por nuestra causa cayó
tan bajo. Es bueno que al principio de este capítulo de sufrimientos sin
precedentes seamos tomados como lo fueron Pedro, Jacobo y Juan, al Monte de la
Transfiguración, y que allí con Moisés y Elías lleguemos a ser “testigos
oculares” de Su majestad, antes de descender con Él en el valle de lágrimas que
guía a la Cruz del Calvario.
El asombro y ceguera de Israel
Para que podamos comprender claramente el argumento de
Isaías 52:14, 15, debemos reconocer en el “Cómo”…“Así, pues” de estos dos
versículos, la figura literaria denominada Símil, y no permite la intervención
de sentencias para prevenir la mente de deducir su importancia.
“Cómo se
asombraron de Ti muchos; (Su aspecto se quedó más deteriorado que el de
cualquier hombre, y su forma, más deteriorada quedó que la de cualquiera de los
hijos de los hombres): Así asombrará
Él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante Él la boca: (porque verán lo que
nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído).
La alteración de la palabra “rociar” para “asombrar”
podemos encontrarla en la lectura marginal de la Versión Revisada. Si
consideramos esta revisión, no tan solo seremos capaces de comprender la
enseñanza de Isaías 52, sino que además ilustramos así el peligro que corre
cualquiera que intenta traducir las Escrituras originales, dependiendo
solamente, o principalmente, sobre la evidencia de la Concordancia. Nunca
debemos olvidar que, la Concordancia, si bien da la traducción castellana, es
meramente registrando un hecho, pero, que el hecho sea al mismo tiempo una translación verdadera, la Concordancia no
puede afirmarlo. Si el lector está acostumbrado a usar un Léxico Concordancia
Hebreo Castellano, sabrá que la palabra traducida “rociar” se usa veinticuatro
veces en el Antiguo Testamento y en todos los casos se traduce “rociar”; No hay
otro pasaje donde una tal traducción
tipo “asombrar” pudiera ser posible, pues en cada caso, exceptuando el de
Isaías 52:15, es tanto sangre, como aceite o agua lo que se dice que se está
rociando. En esta misma excepción, sin embargo, reside la respuesta al
problema. Supongamos que decimos que la sangre, el aceite, el agua o las
naciones son rociados, deberíamos al instante darnos cuenta que, de la sangre,
el aceite o el agua se dice que se rocían sobre las personas o cosas, y que
algo no declarado se dice sea rociado
sobre las naciones.
La palabra hebrea nazah
significa primariamente “sobresaltar” y se asocia con la similar palabra
arábica empleada en proverbios tales como “un más grande saltador que una
langosta”, o “más elástico que la gacela”. Y solo cuando está en mente un
líquido, entonces el “rociar” o “aspersión” es lo apropiado.
El fluido en aspersión se pone en el caso acusativo, y se
rocía sobre la persona. En el presente pasaje, las personas “muchas naciones”,
está en el acusativo, y así, simplemente, se hace una traición contra la lengua
hebrea al rendir: “rocía”. El intérprete que así traduzca “hará cualquier cosa”
(A. B. Davidson).
Además la Septuaginta
traduce así este pasaje: “Así muchas naciones se asombrarán en Ti”, demostrando
claramente que ellos entendían la palabra como la Versión Revisada la da. Esta
traducción está recomendada por La
Companion Bible.
Ahora no podemos ver
más al detalle la enseñanza de Isaías 52:14, 15 que veremos después, con la
ventaja añadida de saber lo que ya hemos conseguido comprender.
Cómo: Los muchos
“asombrados”
La razón: El semblante desfigurado.
Así: Muchas naciones
“hechas maravillarse”
La razón: Las cosas jamás oídas.
Habiendo corregido
nuestra traducción y ensamblado nuestro pasaje bajo su respectivo encabezado
ahora podemos seguir adelante.
“Asombrado”, la hebrea
shamem.- Esta palabra se traduce
“atónito” cuando se aplica a la mente, o “desolado” cuando se aplica al territorio
o a la ciudad, y entonces, por una figura muy común entre nosotros, la palabra
“desolado” se aplica al estado mental también. Tenemos un ejemplo de este uso
duplo en Levíticos:
“Asolaré
también la tierra, y se pasmarán por
ello vuestros enemigos que en ella moren” (Levíticos 26:32).
El lector recordará la palabra paralela “sobresaltar”, o
“maravillarse” del versículo 15. El libro de Job nos confirma esto mismo:
“Miradme, y espantaos,
y poned la mano sobre la boca” (Job 21:5).
Así debe ser leída Isaías 52:15, y la secuencia, “a Reyes
hará callar sus bocas en viéndole a Él”, continúa la idea.
Tres pasajes en Ezequiel aumentarán nuestra comprensión
de la natura y carácter del “asombro” de Isaías 52:14. Dos de estos pasajes
relatan a la caída de Tiro, y el tercero al místico rey de Tiro, probablemente
el propio Satanás:
“Entonces todos los príncipes del mar descenderán de sus
tronos, y se quitarán sus mantos, y desnudarán sus ropas bordadas, de espanto se vestirán, se sentarán sobre
la tierra, y temblarán a cada momento, y estarán
atónitos sobre Ti” (Ezeq.26:16).
Aquí tenemos un retrato de la desolación mental. Los tronos se quedan vacantes; las insignias
reales han desaparecido; temor y temblor a cada instante: este es el “asombro”
en el sentido Bíblico. Ezeq.27:35 y 28:19 debería leerse en conjunción con el
versículo expuesto arriba. El grado de desolación que conlleva puede ser
deducido por el hecho de que esta misma palabra se emplea para describir “la
abominación desoladora” (Dan.9:26, 27; 11:31; 12:11), y el efecto sobre Daniel,
“Yo estaba atónito en la visión” (Daniel 8:27). Así, pues, cuando leamos: “Como
muchos se asombraron al verte”, no leamos tan solo de paso las palabras como si
no tuvieran importancia alguna. En Isaías 52:14 y en uno o dos distintos
lugares de la Versión Autorizada se emplea el más antiguo deletrear de la
palabra “asombrado” que deriva de la antigua palabra Francesa “quedarse de
piedra” y se alía con la palabra “aturdimiento”; por eso, algunas veces, hoy en
día, de alguien “aturdido” decimos que está; actualmente “petrificado”. Para
nuestro propósito actual este moderno deletreo es preferible. El asombro aquí
referido, en Isaías 52:14, se produjo por la humillación y sufrimiento a que
Este augusto Siervo de Jehová se ofreció.
“Su parecer estaba más desfigurado que el de cualquier
hombre” (Vers. Inglesas).
La estructura ya nos
ha informado que, en el original, “parecer” y “belleza” son la misma palabra.
Ya hemos referido a Daniel 8:27 en conexión con la palabra “asombrado”: ahora
volvemos a referirlo, una vez que emplea la palabra hebrea mareh, “parecer” o “belleza”. “Me quedé asombrado en la visión”
(Daniel 8:27). Roah, “ver”, de la
cual se deriva esta palabra, se halla en Isaías 52:15:
“Las cosas que nunca les han contado son las que verán”. Aquello
en lo cual Israel fracasó y no vio, el propio Isaías vio: “Mis ojos han visto
al Rey” (Isaías 6:5), y se nos garantiza por Juan que Isaías vio la gloria de
Cristo, y habló de Aquel (Juan 12:41), y es en esta misma conexión que Isaías
6:10 se cita:
“Él les ha cegado sus ojos, y les ha endurecido sus
corazones; para que no puedan ver con sus ojos, ni entiendan con sus corazones,
y sean convertidos, y Yo los sane” (Juan 12:40).
Este “parecer” que Israel repudió “ver” estaba “más
desfigurado que cualquier hombre”. En el capítulo de apertura, a Israel acusa
Isaías de ser “corrupta” (Isaías 1:4) y el contexto nos hace sospechar que aquí
la “corrupción” se asocia con la condición conocida como la lepra. Esta palabra, traducida “corrupta”, es la palabra que nos
da “desfigurado” en Isaías 52:14. Así que, lo más seguro es que sea la Lepra lo
que se tiene en vista en Isaías 6. Allí es donde encontramos al rey Uzias que
había fallecido con lepra y a Isaías confesando que él habita entre un pueblo
impuro de labios. Entre otras prácticas que llevó a cabo Israel imitando a sus
idólatras vecinos, impropios como eran
para el servicio del Señor, es la prohibición que se halla en Levítico
19:27: “No haréis tonsura en vuestras cabezas”; pues de todos los paganos en
aquel tiempo se escribió: “porque sus corrupciones (la misma palabra que
´desfigurado`) está en ellos; hay en ellos defecto, no serán por ti aceptes”
(Lev.22:25). El lector observará que el contexto trata con la necesidad de una
ofrenda sin mancha en el sacrificio de Israel. Aquí, en Isaías 53, es “el
Cordero de Dios”, Quien ha dejado de lado Su gloria, y se hizo una ofrenda de
pecado en nuestro respaldo, humillándose hasta la semejanza de esta
“corrupción” y siendo acusado con la mismísima cosa que Él vino a quitar.
Israel se queda “asombrada” en las profundidades a las cuales Él había
descendido, pero desconocían que era por su causa y en su respaldo. En Isaías
53, esa luz se quiebra – pero todavía no hemos llegado a esa sección. Le
trataron como a un leproso moral, “escondimos desviando nuestros rostros de
Él”; No podían “ver” nada en Él que fuese Deseable. Debemos volver a citar aquí Ezequiel 28. El parecer del Salvador estaba “desfigurado”,
no debido al orgullo, sino al amor que sobrepasa todo conocimiento; sin embargo
del querubín caído se escribe: “Tu corazón se enalteció (gabah, “alto”, (Isaías 52:13 por causa de tu belleza, has
corrompido (la misma palabra “desfigurado”) tu sabiduría por causa de tu
brillo” (Ezeq.28:17).
“Forma”, la hebrea toar, se traduce una vez “aspecto” o
“parecer” en Lamentaciones 4:8, y se emplea, en la vía común de la poesía
hebrea, como una repetición para dar énfasis. Tal vez haya un relance en la
descripción dada de David:
“He aquí yo he visto
un hijo de Isaí de Belén, que sabe tocar, y es valiente y vigoroso y hombre de
guerra; prudente en sus palabras, y hermoso”
(1ª Samuel 16:18).
Debemos recordar que
David se describe como siendo “rubio y de agradable semblante” (donde la
palabra “semblante” es mareh,
“parecer” de Isaías 52:14), aunque Samuel tuvo que ser advertido acerca de la
apariencia de Eliab, por juzgarle meramente por las apariencias externas y no
por el corazón (1ª Samuel 16:7). La palabra traducida “parecer” tan solo ocurre
en otro sitio en Isaías, esto es, en el capítulo 11.3: “Él no juzgará con la
vista de Sus ojos”. Aplicando, por tanto, todo lo que hemos visto, tanto de la
estructura de estos versículos como del significado y uso de las palabras que
contiene, creemos que podemos percibir que el asombro y la sorpresa de estos
muchos pueblos y reyes viendo la profunda humillación del Salvador, surge
proveniente de los siguientes factores:
(1) Aquellos que juzgaron según sus
propios ojos no veían nada sino la apariencia externa, y del mismo modo que
Israel fue unánime en la selección de Saúl por su rey, por causa de su
“apariencia”, aunque estuviesen engañándose a si propios, así también fueron
unánimes en su repudio hacia el verdadero Dios debido a este mismo juicio
superficial.
(2) La razón por la cual Israel cometió
un error tan trágico se debió a su condición moral. Ellos propios, tal como
Isaías 1 y 6 indica, eran moralmente leprosos, y cuando miraron al Señor, no
vieron nada a no ser sus propios reflejos, el pecado y las heridas que portaba,
pero no vieron al paciente, humilladamente portador de pecados que había en Él.
(3) Las muchas referencias que hemos
hecho a personas anticristianas, (el rey de Babilonia, el rey de Tiro, y
Lucifer, el hijo de la mañana), ubican al Cristo de Dios, en contraste directo
con el falso cristo, el hombre de pecado, el querubín caído y toda la satánica
mentira disfrazada de verdad. Estos se ensalzan a sí mismos; estos se corrompen
a sí propios. Aquel, pensado originalmente en la forma de Dios, tomó sobre Si
la “forma” de un siervo, y en esa forma, en la cual no hay hermosura alguna,
fue despreciado y repudiado, y sin embargo todavía “este mismo Jesús”, vendrá a
ser “admirado” (thaumazo, “causando
maravilla”, la Septuaginta equivalente de “asombro” en Isaías 52:15) en aquel
día.
¿Quién ha creído a nuestro anuncio?
Ahora vamos a
aproximarnos de los versículos de apertura de Isaías 53, pero la estructura del
pasaje en su totalidad nos ha demostrado que están tan intercalados con las
palabras finales del previo capítulo, que no pueden ser considerados por
separado. Tenemos por tanto que retener lo que aprendimos concerniente al
“asombro” de aquellos que no fueron capaces de ver más allá sino la aparente
desfiguración del sufrido Salvador, y tener presente que nuestro estudio es una
continuación del mismo tema.
Para refrescar
nuestras memorias, repetimos los siguientes puntos de los previos estudios:
Isaías 52:14, 15 a
53:3
B – Naciones y reyes c Parecer (mareh)
d Forma (toar)
e Escuche (Shamea)
e Informe o anuncio (Shemua)
d Forma (toar)
c Belleza (mareh)
Isaías 52:14, 15
¡Cómo se asombraron muchos de Ti!
(Su parecer más desfigurado que el de cualquier hombre)
¡ASÍ asombrará Él a muchos!
(Porque verán lo que no les fue anunciado)
¿Quién ha creído a
nuestro anuncio? (Isaías 53:1)
¿Quién pronuncia estas
palabras? Jenour, en su análisis ubica el primer versículo bajo el encabezado
del “Atalaya”, por lo cual entiende “los apóstoles y primeros predicadores del
evangelio”.
La Companion Bible dice: “La pregunta es formulada por el profeta”. G.
Adam Smith traduce así 53:1, “Aquel que
creyó lo que había oído” y observa:
“Y no nuestro informe, o cualquier cosa que hallamos causado ser oída, tal como en
la Versión Inglesa. Shemuah es el
participio pasivo de shema, escuchar,
y no de hashemia, causar ser oído o
hacerse oír. Los oradores son ahora el pueblo penitente de Dios que han sido
predicados, y no los profetas que han predicado”.
En Isaías 53 tenemos
una sombra o tipo del arrepentimiento de Israel y pesar cuando miren Aquel
Quien ellos traspasaron y, por fin, reconozcan que “Él fue molido por sus transgresiones.”
La Versión Autorizada
al margen muestra que los traductores no estaban plenamente satisfechos con las
palabras “nuestro informe” y dicen “O doctrina,
tal vez – de la hebrea “escuchando”.
Esta palabra traducida “doctrina” está en el mismo texto en Isaías 28:9, y
aparece una vez más como una alternativa en el margen de Isaías 28:19.
“Aquel
que ha creído”.- Tal como se cita encima, G. Adán Smith ofrece la extraña
traducción: “Aquel que da fe”, pero tiene su razón de ser. En su Versión
Literal, Robert Young dice: “Quien da credencial a lo que ha escuchado” La
razón para esta circunlocución es que el traductor sabía que la palabra hebrea
para “creer” es el origen de nuestra palabra “amén”, en cuanto la fe dice
“Amén” a todo lo que Dios revela. Esta palabra aman es de gran importancia, no solo por razón de su uso aquí en
Isaías 53, sino además debido a su influencia cuando nos aproximamos a la
pregunta: “¿Qué es fe, o creencia?”
En primer lugar, aman significa: “Apoyo, sostener,
soportar”; en la forma intransitiva la palabra significa: “Estar mantenido” de
ahí “Estar firme, inamovible; tal como cuando podemos apoyarnos confiadamente”,
y, además, metafóricamente: “Ser fiel” (véase Gesenius). “Aquel que acepte las
palabras que escucha como siendo la verdad, sobre la veracidad de la cual puede
reposar en plena confianza, seguro de la fidelidad de Aquel Quien las
pronuncia” Si bien esto sea una traducción imposible, nos aviva en la mente
castellana aquello que conlleva la mentalidad del Hebreo. Las apropiaciones del
título “Amén” dadas a Cristo en Apocalipsis 3:14, y la expansión en el Nuevo
Testamento del siguiente título: “el fiel y verdadero Testigo” bien pueden
ahora apreciarse mejor, así como además la introducción del “Sí” y del “Amén”
en 2ª Corintios 1:20, con respecto a todas las promesas de Dios.
Lo que Israel escuchó
de su Mesías fue sencillamente increíble, debido a la tradición, ceguera,
ignorancia y pecado fueron destituidos de sus derechos para tener la simple
confianza en la fidelidad del Dios Aquel que hablaba con ellos. En vez de creer
lo que se les decía, rebajaron la doctrina de Dios al sabor de sus propios
razonamientos, y, juzgando por la vista de sus ojos, el Señor y Su Palabra
fueron menospreciados y repudiados. Pero a lo que no dieron oídos, todavía
tendrán que “reconocer”. De este pueblo, Isaías había dicho: “Mi pueblo no
tiene conocimiento” (Isaías 1:3), o, tal como la palabra se traduce en Isaías
6:10: Para que no “entiendan con sus corazones” y de esa forma no sean sanados.
Y no tan solamente
dejó Israel de creer lo que había oído, sino que la profecía continúa,
diciendo:
“¿Y sobre quién se ha manifestado (o revelado) el brazo
de Jehová? (Isaías 53:1).
Evidentemente, el mensaje que este pueblo había oído, y
al cual no creyeron, decía respecto “al brazo del Señor”. Ningún israelita
podría olvidarse de las palabras de Éxodo 6:6: “Y os redimiré con Mi brazo
extendido”, ni tampoco se podrían olvidar los oidores de esta profecía que en
el décimo versículo de Isaías 52, el profeta había dicho:
“Jehová desnudó Su santo brazo ante los ojos de las
naciones, y todos los confines de la tierra verán la salvación del Dios
nuestro” (Isaías 52:10).
Todavía tienen “las naciones que quedarse asombradas”,
cuando, por fin, vengan a darse cuenta de la importancia de las palabras.
La palabra “revelado” o “manifestado” se asocia
comúnmente con una doctrina o una verdad, y no tan frecuentemente con una
persona. Está claro, “revelar” el “brazo” del Señor, debe significar revelar la
verdad, la promesa de la liberación cumplida por “el brazo del Señor”, pero tal
como la palabra se traducía “revela” primariamente, significa “ser desnudado” y
“desnudarse”, el significado de la frase “El brazo del Señor revelado” debe
significar “El brazo del Señor descubierto” tal como la palabra se traduce en
Isaías 47:2, 3. Así se pone en línea el pasaje con aquel ya citado, el cual
habla de “desnudar” el brazo, y así dispuesto para la batalla, servicio o
redención. El hecho de que los traductores griego empleen el verbo apokalupto, puede inclinar a los que tan solo estén
familiarizados con el Nuevo Testamento, a repudiar esta sugestión, pero la
primera aparición de apokalupto en la
Septuaginta está en Génesis 8:13, donde sería imposible traducir: “Y Noé reveló
la cubierta del Arca”, siendo que el obvio significado sea, que Noé, “quitó la
cubierta del” o “destapó” el Arca. Pues igual sucede con la segunda referencia,
Éxodo 20:26, pero tal vez el pasaje más decisivo de todos sea Isaías 52:10,
donde se utiliza para traducir las palabras: “Jehová desnudó Su santo brazo”.
El significado de Isaías 53:1, por tanto, es este:
“¿Quién le ha dado crédito a las palabras que hemos oído
como verdad? ¿Y cuáles de las naciones, delante de cuyos ojos Jehová el Señor
ha desnudado Su santo brazo, han mantenido realmente descubierto Su brazo?
En otras palabras, cuando el Salvador se introdujo en Su
gran ministerio, ¿cuántos fueron los que reconocieron que en Él estaba
cumpliendo la palabra del Señor, o que la gran obra de redención se estaba
llevando a cabo y cumpliendo en Su Persona?
“Él subirá cual renuevo delante de Él, y como raíz de
tierra seca; no hay parecer en Él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo
para que le deseemos” (Isaías 53:2).
Vamos a mantener la unidad de la profecía si seguimos la
Versión Revisada y empleamos el tiempo pasado desde el versículo 2 al 10, donde
se hace un cambio al futuro, cuando dice: “Verá linaje”, etc. “Renuevo”
significa un “reviento” y la palabra se utiliza de los niños en el Salmo 8:2 y
en Isaías 11:8, “y el niño de pecho (el reviento o renuevo) jugará sobre la
cueva del áspid”, aun mismo en la forma verbal significa, un niño amamantado.
Hay algo de muy tierno y apelativo en la idea de un bebé de pecho, y así se
ilustra la manera como el Salvador “creció delante de la faz” del Padre, pues
las palabras “delante de Él” son literalmente: “Delante de Su rostro”. El Padre
conocía aquellos más tempranos años en Nazaret, y toda la pureza sin pecado de
aquella obscura vida, de ahí que se abriese el propio cielo en Su bautismo y la
agradable voluntad para con el Padre en Aquel que se daba a conocer – pero a
los ojos de algunos, en vez de un “Renuevo”, Él les parecía “una raíz en tierra
seca”.
Dejar en una tierra seca, y matar de sed, significa
“sufrir juicios” (Oseas 2:3), pero venir a ser visitado con rocío del cielo
significa ser restaurado y poseer hermosura como la del olivo (Oseas 14:5, 6).
Cuando el Salmista fue cortado de la adoración de Dios dijo que el añoraba
aguardando por Dios “como el ciervo brama por las corrientes de aguas” (Salmo
42:1), y que estaba sediento por Dios “en tierra seca y árida donde no hay
aguas” (Salmo 63:1).
Puesto que comparar una nación a “un desierto”, “una
tierra seca”, y “una tierra árida” (Jerem.50:12) sería declarar que la nación
ha sido cortada de Dios y encomendada al juicio. Así, también, el pueblo de
Israel, habiendo comparado al Siervo de Jehová a una “raíz en tierra seca” nos
revela la magnitud de su ceguera y plenitud de su repudio hacia Su Persona.
“Él no tenía ni parecer ni tampoco hermosura”.- “Parecer”
o “Forma” ya había aparecido en Isaías 52:14; allí se leía: “más desfigurado”
que los hijos de los hombres, aquí se describe como siendo desprovisto de
“hermosura”. Esta traducción se queda corta; “excelencia” (Isaías 2:10), o
“belleza” (Salmos 110:3) añadirían más apropiaciones a la traducción. El verbo
se emplea hablando de Su segunda venida de Su apariencia:
“¿Quién es éste…con vestidos rojos…que marcha en la
grandeza de Su poder (Isaías 63:1)
Sin embargo, en Su primera venida, Su pueblo ni le vio
honor, ni gloria, ni majestad, ni belleza alguna.
“Ninguna hermosura para que le deseemos”.- Ya hemos
considerado bajo “parecer” (Isaías 52:14), el significado y uso de la palabra
aquí traducida “belleza”.
Al Mesías se le da el título “El
deseado de todas las naciones” (Hageo 2:7),
pero aquí vuelve a referir a Su segunda venida (vea el contexto).
De manera contraria, sobre Saúl – el
escogido del pueblo, el perseguidor de David y que repudió al Señor – fue
depositado este título: “En quien todo Israel se deleita” (1ª Samuel 9:20).
“Él es despreciado (vea además el Salmo
22:6) y repudiado de los hombres; un hombre de pesares y lamento, y reconocido
(el “conocimiento” de Isaías 53:11) con quebranto; y del que apartamos nuestra
mirada y rostro (A.V.). “Escondió Su faz de nosotros” (A.V. y R.V. al margen).
“Como un ocultar la cara de Él” o “de nosotros” (A.V. al margen). “Como uno de
quien los hombres esconden su rostro” (R.V.).
Bien podemos observar que, debido a la
ambigüedad de la frase, los traductores han sentido alguna dificultad en
interpretar la última cláusula. G. A. Smith dice:
“Y como de uno de
quien escondimos el rostro”
Mientras que la
Septuaginta pone:
“Puesto que Su faz
está oculta de nosotros”.
El lector recordará la alusión a la lepra en
comentarios anteriores. Nosotros creemos que las mismas cosas terribles están
aquí en vista. El Salvador fue considerado como “impuro”. Aquel Quien era el brillo de la gloria del
Padre, tan identificado Él Mismo con el pecado y la vergüenza de Su pueblo, que
ocasionó un ¡apartar de rostro! y Aquel Quien siempre fue “santo, manso, sin
mancha y separado de los pecadores” fue cortado y separado por ellos de su
compañía, y lo trataron como a un leproso.
Seguidamente damos una confirmación de esta
interpretación en una nota retirada del Talmud donde se pregunta: “¿Cuál es el
nombre del Mesías?” Una respuesta es que “Algunos dicen hatsara, “El Leproso”, de acuerdo a lo que está escrito:
“Ciertamente llevó Él nuestras enfermedades”.
“Cristo…sufrió…el justo por el
injusto”
Ahora nos acercamos al resultado revelado de este
tremendo fardo de sufrimiento y transgresión, y leemos:
“El castigo de nuestra paz fue sobre Él, y por Su
llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5).
Antes de nada, consideremos la enseñanza contenida
en las palabras: “El castigo de nuestra paz fue sobre Él”. Esto no
puede querer decir que “nuestra paz” fuse “castigada”, sino que el castigo
estaba “sobre Él”. El lector sin duda estará al corriente de que, la palabra
“de”, que es el signo del caso genitivo, no está necesariamente limitado al
“posesivo”, aunque este sea el primario y más frecuente significado. La frase
“azotado de Dios” tan solo y únicamente puede significar “azotado por Dios”,
que es un ejemplo del genitivo de causa efectiva. Así sucede también con la
frase “el castigo de nuestra paz”, que tan solo puede significar el azote que procuró nuestra paz, pero,
tal como el contexto revela, un azote sufrido por el Señor en respaldo de Su
gente.
Así, pues,
en el pasaje que tenemos delante, hay dos líneas paralelas del sufrimiento.
Experimentado con y
llevando quebranto. Herido por rebeliones.
Cargando pesares.
Molido por las iniquidades.
Castigado a procura de paz. En
llagas procurando curarnos.
Hay una diferencia entre estar “experimentado con”
quebranto y ser “herido por” rebeliones, así como existe una diferencia entre
cargar con nuestros pesares y ser molido por nuestras iniquidades. Todo eso se
resalta, por la presencia o ausencia de la palabra “por”, que se emplea en la
frase “herido por”, o “molido por”, pero no en estos pasajes que hablan de ser
“contado o reconocido con” o cargando pesar y lamentos. El castigo de nuestra
paz pertenece a esta clase de sufrimientos que resaltan el aspecto mental; aquel “en llagas” que procuraba curarnos
pertenece a los sufrimientos corporales
que el mismo Salvador sufrió “por” Su gente. No debemos perder de vista el
hecho de que, Isaías 53, es la gran confesión del arrepentido Israel, y por eso
mismo al final, ellos reconocen sus transgresiones, diciendo: “Todos nosotros
nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová
cargó, en Él, el pecado de todos nosotros” (Isaías 53:6).
Un Duplo Lugar de Reunión
A El Siervo Sufridor. Él será exaltado. Hebrea
nasa “Ser erguido”.
B Un lugar de reunión para los pecados. Hebrea paga.
A El Siervo Triunfante. Él llevará. Hebrea nasa (Ser erguido).
B Un lugar de reunión para los pecadores.
Hebrea paga.
En ambos pasajes paga es causativa: “Él causó la reunión”
En uno de los casos refiere la reunión, en ira, del pecado quitado; en el otro
la reunión, en gracia, de los pecadores redimidos.
Cuán diferente es el
uso de Isaías de la palabra en el capítulo 47, donde Dios visita la iniquidad
de Babilonia sobre la gran ciudad y el sistema.
“Desciende, y siéntate
en el polvo…será tu vergüenza descubierta, y tu deshonra será vista; haré retribución
(o venganza), y no se librará hombre alguno” (Isaías 47:1-3).
La traducción
difícilmente expresa la verdadera intención que aquí tiene el profeta. Rotherham traduce el pasaje:
“Una venganza llevaré
a cabo, y no aceptaré a ningún hijo de la tierra.”
George Adam Smith
traduce así el pasaje:
“Tomo venganza, y no
libro en trato con ninguno”.
La Versión Revisada
dice:
“No acepto ninguno”.
Verdaderamente, de hecho, sería terrible la porción de todo hombre si Dios les
hubiese tratado conforme sus iniquidades. La intercesión misericordiosa por nosotros, significa la carga del
pegado por Él.
“Por cárcel y por
juicio fue quitado; y Su generación ¿quién la contará? (Isaías 53:8).
La Companion Bible dice:
“En cuanto a los
hombres de Su edad /es decir, Sus contemporáneos), que ponderan, o consideran
esta simiente, viendo que Él está a ser cortado”
Lightfoot refiere la
regla del Sanedrín que dice:
“En los juicios
respecto a la vida de cualquier hombre, comienzan ellos primeramente a tramitar
sobre la parte que está siendo juzgada; y empiezan, no con los asuntos que
juegan a favor de su condenación”
Es evidente por el
registro del juicio de Cristo, que esta misericordiosa regla fue puesta de
parte. Hubo alguna pretensión de llamar a deponer algunos que pudieran
“testificar en Su respaldo”, pero como los discípulos huyeron, y se había
decretado la excomunión de cualquier israelita que confesase Su nombre, no se
halló presente ninguno. Por todo lo visto, nos inclinamos más bien hacia la
traducción propuesta por Jenour que por las demás, que dice lo siguiente:
“De ayuda y de
justicia, Él fue desprovisto”.
La Septuaginta cita
Hechos 8:33, donde se lee: “En Su humillación no se le hizo justicia”. A Él le
fue negado un juicio regular, y aquellas ayudas que se garantizaban a la
persona acusada comúnmente no se tuvieron en cuenta.
“¿Quién testifica a favor de Su manera de vivir?” – El Mishna (una colección de las
tradiciones Rabínicas) declara que, delante de cualquiera que estuviese siendo
juzgado por un crimen capital, la proclamación delante del prisionero se
llevaba a cabo con estas palabras: “Quien algo sepa de la inocencia del
prisionero, que dé un paso en frente y lo declare”. Cuando nuestro Salvador
respondió que a Sus discípulos debería pedírseles que fuesen testigos en cuanto
a Su doctrina, la única respuesta que obtuvo fue una bofetada de parte de uno
de los oficiales que estaba a Su lado (Juan 18:21, 22).
“Y se dispuso con los impíos Su sepultura, mas con los
ricos fue en Su muerte” (Isaías 53:9).
Calvin entiende que la
palabra “rico” sea un sinónimo para “perverso”. Govet, sosteniendo la
traducción del Dr. Kennicott dice así:
“Él fue contado con
los hombres perversos en Su muerte y con el hombre rico fue Su sepulcro”.
Lo cual pareciera ser
una profética anticipación de los “ladrones” (plural) y de José de Arimatea, el
hombre rico (singular). La Companion Bible fornece un comentario sobre la
palabra traducida “dispuso” en Isaías 53:9 mostrando que pudiera significar “encargado”
o “designado”, pues, nathan, la
palabra hebrea en cuestión, se halla en el registro de la muerte de Absalón,
donde leemos: “quedó suspendido entre
el cielo y la tierra” (2ª Sam.18:9), y, para el estudiante Hebreo, observamos
que De Rossi halló la palabra en uno de sus Massoras Castellanos para ser leída
en el pasivo. En más de una ocasión refirió del Salvador al modo como
murió, como siendo “levantado” (Juan
3:14; 8:28; 12:32, 34). Está, por tanto, en plena armonía con la verdad así
entendida en Isaías 53:9.
La palabra “perverso”
es plural, (habría dos ladrones crucificados con Cristo), pero la palabra
“rico” es singular. El Nuevo Testamento registra particularmente el hecho de
que José de Arimatea que rogó a Pilato el cuerpo de Jesús, era un “hombre
rico”. De ahí el injusto carácter de Su juicio, y el carácter y circunstancias
de aquellos más íntimamente asociados con Su muerte están claramente predichos
en esta maravillosa profecía.
“Aunque nunca hizo
maldad” (Isaías 53:9) – La primera palabra en esta frase, hace con que el
sentido sea: “aunque ninguna maldad había hecho, mismo así le plació al Señor
Jehová quebrantarle”, lo cual está de acuerdo con la doctrina de la expiación.
La Companion Bible, no en tanto, aquí, no hace ningún comentario, y la ausencia
de comentario aquí es elocuente, puesto que el Dr. Bullinger fue un estudiante
del Hebreo y le pareció satisfactoria y suficiente, dándole todo su valor a una
tal traducción. El comentario de Birks nos parece el más sólido: él dice que
estas palabras: ¡ni son la causa ni
tampoco el impedimento “a través del cual” o “debido al cual”! Nos parece que
observan sencillamente al hecho del extraño contraste entre Su inocencia
inmaculada, y Su deshonrosa muerte; y consecuentemente él traduce el pasaje:
“Cuando Él ninguna
maldad había hecho”.
A medida que vayamos
leyendo estos presagios del gran Sacrificio por el pecado, debemos siempre
recordarnos que Él fue molido por nuestras transgresiones, y por eso hacen
eco las agradecidas palabras del apóstol: “El Hijo de Dios Quien me amó, y se entregó a Sí Mismo por mí.”
Y la Voluntad de Jehová será en Su Mano Prosperada
(Isaías 53:10)
Ahora nos aproximamos
a la conclusión de este gran capítulo del amor redentor. La gran Figura
solitaria, tan claramente vista siglos atrás antes de Su adviento, recibe un
título: “Mi Siervo” (Isaías 52:13), “Mi justo Siervo” (Isaías 53:11). Su
humillación y Su exaltación son los dos sujetos que dividen este profético
pasaje entre sí. Su humillación ha sido ya
examinada. Hemos visto “una raíz plantada en tierra seca” tratado por Israel
como un leproso, y al mismo tiempo cargando nuestros pesares y cargando consigo
nuestros dolores; molido por nuestras transgresiones y dándonos sanidad por sus
llagas.
Ahora nos acercamos de la gloriosa conclusión: Aunque la
palabra “resurrección” no aparezca de manera actual empleada por el profeta
aquí, el factor de la resurrección se halla más que presente en Isaías 53. El
Siervo de Jehová no tan solo es molido y herido, sino que además Él fue:
“cortado de la tierra de los vivientes” (Isaías 53:8), y hallamos Su sepulcro
con los perversos (Isaías 53:9). Se le ve tanto muerto como sepultado. Sin
embargo el versículo 10 dice: “puesta Su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y
la voluntad de Jehová será prosperada en Su mano”. Aquí, por tanto, está la
vida abundante, la vida de la muerte, vida de resurrección y gloria.
Así como Isaías 53 describe proféticamente el
sufrimiento, muerte y sepultura del Salvador, siguiendo aquel sepulcro con
palabras que no pueden significar sino solo una cosa: novedad de vida, así
también otro presagio profético de la cruz (Salmo 22), no acaba antes de
introducir la palabra de vida, diciendo de Aquel Quien por nuestra casa había
sido “desamparado” (Salmo 22:1):
“La posteridad le
servirá a Él. Esto será contado de Jehová hasta la postrera generación” (Salmo
22:30).
Este pasaje hubiese
sido mejor traducido, tal como Perowne lo hace:
“Una simiente le
servirá a Él; esta será contada a la generación (venidera) concerniente al
Señor” y debería leerse como siendo similar en la idea al Salmo 71:18: “No me
desampares, hasta que anuncie Tu poder a la posteridad.”
No solo tendrá el
Mesías una simiente o posteridad, sino que además Él, en Sí Mismo, prolongará
Sus días. Bajo la ley, la prolongación de días era una promesa especial para
aquellos que guardasen el mandamiento del Señor, tal como el apóstol Pablo
observa donde a él alude como el “primer mandamiento con promesa” (Efesios 6:2;
Éxodo 20:12). De acuerdo a Deuteronomio 4:26, la alternativa contraria a la
prolongación de días es “pronto pereceréis”, “destruidos”. A través del libro
de Deuteronomio la asociación de prologar los días con obediencia se mantiene
(hay nueve diseminadas referencias). Un pasaje particularmente digno de
observarse es 25:15, donde el guardar una justa y perfecta medida y peso se
conecta con esta promesa de vida. Hemos aprendido, tanto por las malas
experiencias como por la enseñanza de las Escrituras, sin embargo, que “si la
ley dada pudiera vivificar, la justicia fuera verdaderamente por la ley”
(Gál.3:21). Pero la ley fue declarada “débil por (causa de) la carne”
(Rom.8:3), y por eso Isaías 53 fue la respuesta bendita de gracia. El hecho no
debería perderse de vista, pues al haber elegido la expresión: “Él prolongará
Sus días”, Isaías intencionalmente introduce la idea de que aquí, al fin y al
cabo es el Siervo justo del Señor; Aquel Quien ha magnificado la ley; Aquel en
Cuyo corazón y vida fue honrada aquella ley y obedecida, aunque la Justicia
providenciada por el Evangelio vaya infinitamente más allá de cualquier cosa
que “la ley” pueda cumplir.
“Le plació a Jehová
quebrantarle” – sin embargo Él era el Único Justo, un enigma que solo se
resuelve por la enseñanza del Nuevo Testamento concerniente Aquel Quien, aunque
nunca hubiese conocido pecado, fue hecho pecado por nosotros, para que pudiese
cumplirse la justicia de Dios en Él. No tan solo verá Él Su simiente, y no tan
solo prolongará Sus días, sino además algo aún más maravilloso que la duración
de la vida sea “el placer y deleite del Señor prosperando en Su mano”. No permitamos ser manipulados por el término “deleite”.
Existen otras palabras Hebreas que correctamente se traducen “voluntad”, “propósito”
y “consejo”, pero el profeta ha sido inspirado a emplear una palabra que el
Versión Autorizada de Isaías tan solo se traduce nueve veces “delicia”, cuatro
veces “agrado”, y siete veces “plácido”. Al comienzo de la segunda parte de
Isaías, Ciro prefigura la venida de Cristo:
“Que dice de Ciro: Es Mi pastor, y cumplirá todo lo que
Yo quiero” (Isaías 44:28).
La restauración de Israel, incluida la Nueva Jerusalén,
cuyas “puertas” serán de rubíes, y cuyos “muros” “piedras preciosas”, y en
Isaías 62:4 la palabra alcanza su máximo cumplimiento en esta profecía cuando
se celebra el casamiento del pueblo redimido bajo el nombre Hephzi-bah, “Mi delicia está en ella”,
pues esta palabra chephets, es la
misma palabra “complacido” que estamos considerando. Este “complacido”,
relatando bendiciones tales como el mundo todavía no ha llegado a disfrutar, es
el directo resultado de los sufrimientos del Salvador. Estas bendiciones manan
de la gracia de la expiación, pues es mismo “deleite” del Señor cayendo en
juicio sobre Babilonia, y deberá y podrá, caer sobre todos cuyos pecados no
hayan sido removidos.
Consecuentemente,
estamos listos y preparados para la lección de Isaías 53, y observe que esta
misma palabra, “complacido”, del versículo 10, ha sido previamente empleada
refiriendo los sufrimientos del Señor en el mismo versículo, donde leemos:
“Con todo eso, Jehová
quiso quebrantarlo…y la (agradable)
voluntad de Jehová será en Su mano prosperada”
Será próspera. Gesenius da el significado primario de la
palabra traducida “prosperar”: “ir sobre, o a través (como de un rio)”, y así
encontramos la palabra empleada en un sentido literal en un tal pasaje como es
2ª Samuel 19:17: “los cuales pasaron el Jordán”, y en Josué 1:8, leemos: “harás
prosperar tu camino”. El Rey
conquistador del Salmo 45 en “Su gloria es prosperado”. Cuando Nehemías
contempló la restauración de Jerusalén, oró diciendo: “El Dios del cielo nos
prosperará” (Neh.2:20). La palabra “prosperidad” se halla en asociación con la
palabra “complacido” que hemos considerado en Isaías 55:11, donde, hablando de
Su palabra, el Señor declara: “Hará lo que Yo quiero, y será prosperada para
aquello que la envié” – palabras que tienen un especial peso sobre la
restauración del pueblo de Israel. Esta profecía no se cumplirá hasta que
Israel llegue a confesar:
“Oh Jehová, sálvanos ahora (Hosanna), te ruego, oh
Jehová, que nos hagas prosperar ahora. Bendito el que viene en el nombre de
Jehová (Salmo 118:25, 26).
A pesar de todos estos positivos testimonios
concernientes a la prosperidad de Israel, cuando de repente le miren y se den
cuenta de que le traspasaron, viene la certeza negativa:
“Ninguna arma
forjada contra ti prosperará” (Isaías 54:17).
Cristo no tan solo se ha levantado de Su crucifixión y
sepultura para no morir nunca más sepultado: no tan solo los propósitos de la
gracia del Señor serán cumplidos, sino que además:
“Verá el fruto de la aflicción de Su alma, y quedará
satisfecho” (Isaías 53:11).
La palabra que aquí se
traduce “aflicción” significa, “laborar con fatiga y cansancio”. Se encuentra
más frecuentemente en Eclesiastés que en cualquier otro de los libros del
Antiguo Testamento, donde la labor con la cual se fatiga el hombre debajo del
sol le parece a Salomón acabar en “vanidad y tristeza de espíritu”. Aquí se da
el bendito contraste: “Verá el glorioso fruto de Su agotadora labor y sufrimiento, y se sentirá satisfecho”. Aquí se nos vuelve a llamar la atención
hacia Eclesiastés, donde aprendemos:
“Nunca se sacia el ojo
de ver, ni el oído de oír” (1:8)
“Ni sus ojos se sacian
de sus riquezas” (4:8).
Es el Salmista, quien,
viendo que la verdadera satisfacción aguarda todavía el día de
resurrección, clama diciendo:
“Estaré satisfecho
cuando despierte a Tu semejanza” (Salmo 17:15).
Aquí, además,
encontramos esta palabra más preciosa – tan íntimamente ligada con el
ministerio de Pablo, que ha quedado asociada para siempre con su evangelio a
los Romanos y Gálatas – la palabra “justificación” y, en perfecto acuerdo con
la doctrina de estas grandes epístolas, esta justificación se basa sobre la
expiación:
“Por Su conocimiento
justificará Mi Siervo a muchos, y llevará la iniquidad de ellos” (Isaías
53:11).
“Por Su
conocimiento”.- Birks hace el siguiente comentario sobre esta frase: “Su
conocimiento” se toma comúnmente en el sentido pasivo, por cuyo conocimiento
sea Él Mismo el objetivo…un pronombre con “conocimiento” siempre denota el
sujeto, no el objeto, del conocimiento. Existe un número considerable de
divergencias entre los expositores en cuanto a si “por Su conocimiento”
significa (1) el conocimiento del creyente de Él o (2) Su propio conocimiento.
Y entre los que entienden que sea Su propio conocimiento se dividen en cuanto:
(a), si sea Su conocimiento de la voluntad del Padre, o del quebranto (Isaías
53:3), o (b) si las palabras no deberían leerse con la frase anterior, así: “y
por Su conocimiento está satisfecho”. En su comentario, George Adam Smith dice que nunca había hallado esta lectura en
ningún otro escrito hasta que la encontró en la traducción del Profesor Brigg.
El lector de La Companion Bible comprobará
que ha sido adoptada en las notas sobre este capítulo. Hay mucho que decir de
esta lectura, sobre todo y particularmente porque como G. A. Smith señala: “Se
admite y tiene base por el paralelo frecuente que encontramos al observar viendo y conociendo en el Hebreo”. Debemos observar que el Siervo justo de
Dios no justifica a los muchos simplemente porque Él Propio fuese justo. Él justifica a los muchos porque El Propio
es Quien “lleva sus iniquidades”, o como Pablo lo expresa, “justificados por Su
sangre” (Rom.5:9); “Quien nos ha librado por (por causa de) nuestras ofensas, y fue resucitado de nuevo por (por causa de) nuestra justificación”
(Rom.4:25).
Ahora viene el triunfo; la coronación viene a seguir a la
cruz; los sufrimientos de Cristo y las glorias que le seguirían. Aquellos a
quienes Él justifica, Él Propio también los glorifica.
“Por tanto, Yo le daré parte con los grandes, y con los
fuertes repartirá despojos” (Isaías 53:12).
En el original de Isaías 53:12 no hay la palabra “parte”,
pero alguna palabra debe suplirse. Surgen dos distintas líneas de enseñanza
saliendo de las dos divisiones de este versículo.
(1)
“Yo le dividiré a Él una parte con los
grandes”; esto es, la heredad señalada para Él vendrá a ser conmensurada con la
victoria que alcanzó, y
(2)
“Él
dividirá el botín con los fuertes”; es decir, algunos de los redimidos. no tan
solamente son salvos, no solamente reciben el perdón y la vida, sino que,
además, alcanzarán una corona y un premio, como una recompensa. En estudios
anteriores de The Berean Expositor hemos
comentado la gran diferencia que debe tenerse en cuenta entre “la esperanza” y
“el premio”; entre “la herencia” de Colosenses 1:12, la cual es toda de gracia,
y la “recompensa” de la herencia de Colosenses 3:24; entre la “presentación” de
Colosenses 1:22, que depende tan sola y enteramente sobre el poder de Su
expiación, y el “presentarse perfectos” de Colosenses 1:28, que se asocia con
el “aviso” del apóstol.
No vamos a disertar ahora sobre el tema aquí, pero es
algo muy triste, más de lo que se pueda contar, ver a hombres de Dios, hombres
que admiten la verdad del misterio, hombres que enseñan a otros, fracasando en
esta vital materia: “dividir correctamente la Palabra de Verdad”. Como obreros,
tal conducta vendrá a ser “avergonzada” en aquel día, y por fracasar a la hora
de “dividir” la verdad, fracasarán a la hora en la cual sea “dividido” el botín
o despojo, pues un tal honor tan solo se reserva para aquellos quienes se
asemejen a los tres valientes príncipes de David o de sus treinta primeros. Esto
no tiene nada de discriminación injusta – esta recompense no se reserve
meramente para los vencedores nombrados; la ley de David tiene dicho al final:
“Porque conforme a la parte del que desciende a la
batalla, así ha de ser la parte del que quede con el bagaje; les tocará parte
igual” (1ª Samuel 30:24). Sea cual fuere el rango en que se halle el creyente
en aquel día, tanto si sea “salvo como por fuego” u obteniendo la salvación
“con gloria eterna”, todos compartirán el triunfo de la cruz del Salvador;
todos podrán confesar de corazón “Gracias sean dadas a Dios que nos dio la
victoria, a través de nuestro Señor Jesucristo”.
Si bien no podemos esperar descender a las profundidades
o escalar las cimas sobre cualquier pasaje de la Santa Escritura, nosotros
creemos que el examen precedente de Isaías 53 será una guía muy útil y un
estudio provechoso, no tan solamente de estos pasajes como un conjunto, sino
como un clímax y corona para la cuestión de la satisfacción, la cual comenzó
con un tan gran desengaño y frustración bajo la guía del Eclesiastés, que se
levantó por encima del pobre sustituto de una “próxima inmortalidad” tan
maravillosamente expuesta por el Salmista, y produjo su victoriosa y alentadora
declaración de Isaías 53.
POR TANTO SI HABÉIS MUERTO con Cristo para los rudimentos
del mundo, ¿por qué, como si vivieseis en el mundo, os sometéis a preceptos,
(No toques, no pruebes; no manosees; cosas que perecen del todo por el uso)
según los mandamientos y doctrinas de hombres? Tales cosas tienen una cierta
apariencia de sabiduría en culto voluntario, y de humildad, y en duro trato del
cuerpo; pero no tienen valor alguno contra los apetitos de la carne.
SI HABÉIS RESUCITADO con Cristo, procurad…sentado…Cuando
Cristo, Quien es nuestra vida, aparezca, entonces vosotros también apareceréis
con Él en gloria” Colosenses 2:20 a 3:4).
SATISFECHO
ISAÍAS 52:13 A 53:12
A 52:13 a 53:11-
B 52:14 a 53:3 c “Parecer” (Mareh)
Mi Siervo Naciones d “Forma” (Toar)
Exaltado (Nasa) Y Reyes e Escuchado (Shamea)
Muchos asombrados e Anuncio (Shemuah)
d “Forma” (Toar)
c “Belleza” (Mareh)
C
53:4-11- D e Sufrimiento (Choli, nombre)
Substitutivo f Azotado (Naga, verbo)
Sufrimiento
g Molido (Daka)
h Como oveja El
i
Extraviado Pecador
j Reunido (Paga)
k Iniquidad
D h Como oveja El
i Mudo Salvador
f Azotado (nega,
nombre)
g Molido (Daka)
e Sufrido
(chalah, verbo)
A 53:12.
B 53:12 c
Porción Dividida
Mi Siervo Grande y d Con los grandes
Derramó Fuerte c Repartiendo despojos
Muchos
justificados
d Con los fuertes
C 53:12 e Derramó
Su alma
Sufrimientos f hasta la
muerte
Sustitutivos e Él fue contado
f con los transgresores
j habiendo llevado
lugar
(paga)
k Transgresores
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