Colosenses 1:18 Y él es la cabeza del cuerpo que es la iglesia, él que es el principio, el primogénito de entre los muertos, para que en todo tenga la preeminencia;
El Racimo de uvas de Escol Una porción del panfleto “La Frontera Dispensacional” Charles H. Welch Trad. Juan Luis Molina Un conjunto de peculiares bendiciones puestas a la luz del alto llamamiento del Misterio, y exhibidas para la gente del Señor, con un mismo espíritu que aquel demostrado por el testimonio de Caleb y Josué. El libro de Deuteronomios comienza con las palabras de Moisés “ a este lado del Jordán ” en el desierto frente al Mar Rojo, sin embargo y de manera súbita, el registro se interrumpe en el segundo versículo por una parentética observación: “Once jornadas hay desde Horeb, camino del monte de Seir, hasta Cades-barnea ” (Deut.1:2). Algo similar y comparable, y a primera vista igual de difícil de entender se da en la extraña interrupción de la narrativa de Hechos 1:15: En aquellos días Pedro se levantó en medio de los hermanos y los reunidos eran com...
Introducción Cuando el Apóstol Pablo predicó las buenas nuevas concernientes a Cristo y a Su Iglesia, en Éfeso, su ministerio continuó en Asia por el espacio de dos años (Hechos 19:10). Leemos que la Palabra de Dios en ese tiempo creció mucho en número y prevaleció, y que "todos los que habitaban en Asia habían oído la palabra del Señor Jesús". Y sin embargo, al cierre de su ministerio, y de su vida, escribiendo su última Epístola a Timoteo, le dice "Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano" (2ª Timoteo 1:15): "Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia". ¡Por todas partes, escuchamos, hoy en día, que debemos volver a los tres primeros siglos para encontrar la pureza de fe y la adoración de la iglesia primitiva! Pero está claro por esta comparación de Hechos 19:10 y 2ª Timoteo 1:15, que no podemos regresar ni al primer siglo. ¡No señor! ¡Ni tan siquiera al tiempo que duró la vida del Apóstol!...
1893 “Él cuenta el número de las estrellas; Él les da todos sus nombres”. (Salmo 147:4) PREFACIO Hace algunos años tuve el privilegio de disfrutar de la amistad de la señorita Frances Rolleston, de Keswick, y de mantener una correspondencia con ella con respecto a su trabajo “Masora o las Constelaciones”. Ella fue la primera en fomentar un interés en este tema tan importante. Desde entonces el Dr. Joseph A. Seiss, de Filadelfia, ha tratado de popularizar su trabajo en el otro lado del Atlántico y se han hecho breves referencias al respecto en libros como “Moisés y la Geología”, del Dr. Kinns, y en “El Hombre Primitivo”, pero se consideró, por muchas razones, que era conveniente hacer otro esfuerzo para exponer, en una forma más completa, el testimonio de las estrellas sobre la verdad profética, tan necesaria en estos últimos días. Pero al final, pertenece a la señorita Rolleston el mérito de reunir la masa de información apoyando este tema, pero publicado como estaba, princip...
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