LAS MINAS Por; E.W.BULLINGER
Nota del traductor.
Oh Dios mío, cómo me han bendecido estas "parábolas dispensacionales"!!!!!!!!! ...es algo genial entenderlas y dejarlas abrirse ante nuestro entendimiento. Es pedirle al Padre que te de pan de ellas, que te muestre el pescado que contienen y el huevo con Su Germen que es Cristo, la Cabeza de Su verdadera Iglesia.
Esta parábola y las demás que he traducido estos días son dignas de Mira Solo a Dios, aunque haya muchos que no la comprendan todavía, pero al menos se expondr´´ian para que algunos fuesen a escudriñar si es que estas cosas" sean así, y entonces pueda decidir por sí con el Espíritu Santo que tiene. Es que estas parábolas, una vez descubiertas por el Padre de los Espíritus, deja ver cual sea tu Única Junción en este maravilloso Cuero invisible de Cristo. Este privilegio se nos encomendó en el Gran Secreto, y ahora es el El Espíritu, la unción del santo la que nos recoge en el Padre, y nos enseña TODASSUSCOSAS.
Espero que disfrutéis viendo la posición, el punto central donde hemos sido llevados en brazos por Su sola gracia, y que dejéis "enrollado el velo o pañuelo" de esta parábola dejándolo de lado, para que a cara descubierta os vaya transformando Dios...hasta que el día que está para breve nos llame desde el aire. Hasta entonces, que el Espíritu Santo nos recoja en Su seno y que nos siga explicando estos celestiales asuntos Suyos, y la posición tan elevada que nos otorgó en Su Cabeza a todos y cada uno en particular de Sus miembros.
Un gran abrazo
Juanluis
ALGUNAS PARÁBOLAS DISPENSACIONALES
SEPTIEMBRE, 1897
LAS MINAS
Lucas 19:12-27
E.W.BULLINGER
Trad. Juan Luis Molina
Un cierto hombre noble se fue a un país lejano para recibir un reino, y regresar.
“Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas (moneda que equivalía a cien dracmas), y les dijo: `Negociad entre tanto que vengo´
Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: `No queremos que este reine sobre nosotros`.”
La parábola señala y apunta a la gloria y a la exaltación del Hombre Cristo Jesús, porque dice que es un hombre de noble nacimiento aquel que se fue para `recibir un reino´.
Sus diez siervos representan y refieren a Su gloria entre los Gentiles, porque diez es el número que se utiliza en la Escritura para las naciones Gentiles.
Cada siervo recibía una mina. Un mismo y único testimonio se les encargó a cada uno, que debían utilizar, una vez que los conciudadanos Suyos se recusaron a que reinase Él sobre ellos. Esto sucedió a seguir al martirio de Esteban.
La gloria del Señor acababa de ser manifiesta y se declaró en tres distintos grados, que son-
Su gloria oficial como “Señor de todo”
Su gloria personal como “el Hijo de Dios”
Su gloria divina como “El Hombre Cristo Jesús” en quien habita toda la plenitud del Dios Padre corporalmente.
La primera proclamación de Cristo a los Gentiles que se registra después de la muerte de Esteban, fue proferida por Pedro en la casa de Cornelio (Hechos 10). Pedro predicó a Jesús como “Señor de todo” y el Juez de muertos y vivos. El Hombre ungido de Dios con el Espíritu Santo y con poder, para dar la remisión de pecados.
El segundo registro del ministerio de Cristo a los Gentiles lo da Pablo en Pisidia de Antioquía tanto para los Judíos como para los Gentiles, predicando a ambos a Jesús como “el Hijo de Dios”, por quien todo aquel que crea es justificado, y recibe la vida eterna (Hechos 13:32-48). La palabra de salvación se envía a todo aquel que teme a Dios (5:26). La doctrina predicada por Pablo entre los Gentiles se nos da con más detalle y más ampliamente en la Epístola a los Romanos. Declara respecto a Jesús como “el Hijo de Dios” dando prueba de serlo por la resurrección de entre los muertos; en quien el creyente tiene, a través de la fe en Dios, justificación de los pecados, la liberación del dominio del pecado y de la ley de Moisés: Asociación con Cristo en Su común relación a Dios como hijo de Dios, y garantía de la gloria eterna, estando exaltado Cristo a la diestra de Dios para hacer intercesión, para que nada pueda separar al creyente del amor de Dios en Cristo Jesús nuestro Señor.
El tercer ministerio de Cristo a los Gentiles lo contiene las epístolas de Pablo a los Gentiles después de haber acabado su prédica en las sinagogas. Estas epístolas encomiendan a los Gentiles las verdades peculiares para la dispensación de la gracia a los Gentiles, y que nunca antes había sido declarado ni en Jerusalén ni en las sinagogas, por eso la separación de Jerusalén y de Israel, como una nación, es esencial para su aparición. Estas epístolas declaran a Cristo siendo “Cabeza sobre toda la Iglesia que es Su cuerpo” (Efesios 1:22, 23). La Cabeza de cada hombre es Cristo (1ª Cor.11:3). “Ahora, por tanto, sois el cuerpo de Cristo, y miembros en particular” (1ª Cor.12:27). “Pero el que se une al Señor, un espíritu es con Él (1ª Cor.6:17). La junción de los creyente a Cristo como la Cabeza y entre unos y otros a través del Espíritu dado por Cristo, es la base de toda la enseñanza práctica de estas epístolas. “Así como el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo; así también sucede en Cristo. Porque con un solo Espíritu somos todos bautizados en un solo cuerpo, tanto los Judíos como Gentiles, tanto siervo como libre, y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu (1ª Cor.12:12, 13).
El evangelio encomendado a los Gentiles concierne al Dios Padre de Cristo, y a la muerte de Cristo como una ofrenda por el pecado. “A saber, que Dios estaba en Cristo reconciliando al mundo para y con Sigo Mismo… Puesto que había hecho de aquel, que no cometió pecado, pecado por nosotros: para que pudiéramos haber sido vueltos a la justicia de Dios en Él (2ª Cor.5:19-21). (vers. Inglesa)
La exaltación de Cristo “a la diestra de Dios, por encima de todo principado y potestad, y poder, y dominio, y todo nombre que se nombra,” como la Cabeza de la Iglesia que es Su cuerpo, se enseña posteriormente en Efesios 1:21-23 y en el capítulo 2:15, y deja ver el hecho de Él “haber abolido en Su carne las enemistades, la ley de los mandamientos contenida en ordenanzas.”
En la Epístola a los Colosenses el Dios y Padre de Cristo se expone en conexión con Su Cabeza de la Iglesia: “Todas las cosas fueron creadas por Él y para Él: Y Él es antes de todas las cosas, y por él todas las cosas subsisten. Y Él es la cabeza del cuerpo, la Iglesia” (1:16-18). Esto se vuelve a repetir en el capítulo 2:9-12, junto con el hecho de que las ordenanzas de la circuncisión y del bautismo se cumplieron ya en Su crucifixión y sepultura. “En quien habita toda la plenitud de la Deidad corporalmente. Y vosotros estáis completos en Él, que es la Cabeza de todo principado y potestad: en quien vosotros habéis sido ya circuncidados con la circuncisión no hecha de manos, habiéndoos despojado del cuerpo de carne en la circuncisión de Cristo: Sepultados con Él en el bautismo, en quien también fuimos levantados juntamente por la fe operada del Dios que le había levantado a Él antes de los muertos.”
Así, por tanto, esta Escritura nos muestra tres sucesivos ministerios a los Gentiles concernientes a la gloria de Cristo, correspondiendo a los tres siervos nombrados en la parábola; cada ministerio se adjunta sobre el anterior en la declaración de la gloria del Señor Jesucristo; el juez de vivos y muertos – el Hijo de Dios, la justificación del creyente y el Dador de la vida eterna; y por último, el Hombre en quien habita la plenitud de Dios, la Cabeza de Su cuerpo la Iglesia, en quien todos Sus miembros están completos. Toda la gloria de Dios ha sido revelada en la faz del levantado y ascendido Cristo, en quien los creyentes son levantados juntamente con Él. El primero y el segundo de estos ministerios ya cumplieron el propósito para el cual fueron dados; puesto que, a través de todo el mundo donde se conozca el Nombre de Jesucristo, se conoce y sabe que “Él está ordenado Juez de vivos y muertos”.
Así también es como la Iglesia Protestante ha adquirido su conocimiento, al menos en doctrina, su conocimiento de que Jesús es el Hijo de Dios, la justificación del creyente y el Dador de la vida eterna.
¿Pero dónde se da o se ha dado alguna vez algún “corporal testimonio,” tanto eclesiástico como emocional, a la verdad encomendada a los Gentiles a través de las Epístolas de Pablo? Porque aquí Confiesa a Cristo solamente como la Cabeza de la Iglesia que es Su Cuerpo – confiesa la Deidad de Su persona, y Su ofrenda Única como el Único sacrificio por el pecado, y el Espíritu Santo por Él otorgado como el Bautismo Único, a través del cual únicamente cada creyente llega a juntarse con Él en resurrección y en la perfección de Su persona. La verdadera Iglesia es invisible, por tanto, en esta Única conexión en Cristo solo..
Pero volviendo a la parábola: -
“Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.”
La lección importante de la parábola se halla en la conducta del tercer siervo y en los tratos del Señor con él.
El pañuelo o venda solo se nombra dos veces en la Escritura, se puso alrededor del rostro de Lázaro (Juan 11:44), se puso además como venda en la cabeza del Señor Jesús cuando reposaba en la sepultura (Juan 20:7). Cuando Él fue levantado de entre los muertos “lo enrolló y lo dejó de lado” en un lugar concertado; fue dejado de lado para siempre, puesto que era el símbolo de la muerte y de la sepultura, y “Cristo habiendo sido levantado de la muerte ya no muere más” (Rom.6:9). “La Cabeza de Cristo es Dios” (1ª Cor.11:3). Cuando el Señor Jesús reposaba en el sepulcro la gloria de Dios estaba vendada, porque el Viviente Único había sido muerto (Apoc.1:18); pero cuando fue resucitado de la muerte, toda la gloria de Dios se desveló, y apareció revelada en la faz del Levantado Hijo de Dios, nunca más vendado de nuevo; ¡el pañuelo o venda lo enrolló para siempre!
Pero Ee siervo tomó consigo lo que el Señor Jesús había dejado de lado y dado como inútil para uso posterior, y lo usó ¡al mismo tiempo que guardó escondida la única cosa que el Señor le había encomendado usar en Su servicio!
La Cristiandad procedió de la misma manera; entre tanto que como Iglesia se conectaba con Jerusalén, Cristo era predicado en las sinagogas como la esperanza de Israel “al Judío primeramente y también al Griego (Gentil)”, el punto principal del creyente era la asociación con Cristo en Su muerte, como habiendo sido en resultado de eso liberto del dominio del pecado y de la ley (Rom.6:11 y 7:4). El Bautismo con agua, una figurativa sepultura con Cristo, era una apropiada ilustración de este punto señalado, era además la ordenanza indicada por el Señor para la externa y visible asociación de los incircuncisos con los circuncisos en una única compañía que había confesado a Jesús como siendo el Señor de todo; tanto los Judíos como los Gentiles que creyeron “fueron plantados juntamente en la semejanza de Su muerte” (Rom.6:15).
Pero cuando la Iglesia de Dios fue puesta en orden entre los Gentiles, en separación de Jerusalén y de la esperanza de Israel como una nación, se dio a conocer una verdad posterior a los santos que le daba un nuevo punto central enteramente distinto en su relación a Dios a través de la fe.
Cristo fue declarado ser la santificación así como la justificación del creyente (1ª Cor.1:30); los cuerpos individuales de los santos fueron declarados ser los miembros de Cristo (6:15); siendo Cristo la Cabeza de la Iglesia que es Su cuerpo. “El que se une al Señor, un espíritu es con Él”. Por tanto la confesión de Jesús como Señor no permanece en conexión con la carne, sino por la manifestación del Espíritu Santo, puesto que “ningún hombre puede llamar a Jesús Señor, sino por el Espíritu Santo” (12:3). El Espíritu Santo ha sido otorgado por el Señor Jesús siendo el “Bautismo Único” administrado por el propio Señor Mismo, por el cual todos los miembros se han juntado solo a Él que es la Cabeza (1ª Cor.12:12, 13).
Por eso el punto central o posición del creyente delante de Dios es la unión con el Hombre a quien Dios ha levantado de entre los muertos y exaltado a Su diestra, y hecho de Él cabeza sobre todas las cosas. El Hombre en quien habita toda la plenitud de la Deidad corporalmente; que ha “abolido en Su carne la enemistad, la ley de los mandamientos escritos en ordenanzas que nos era contraria, haciendo en Sí Mismo de los dos un solo y nuevo hombre” La circuncisión y el bautismo ya se han cumplido en la muerte y sepultura del Señor Jesús, en quien el creyente habiendo sido levantado a través de la fe (Colos.2:11, 12), está “COMPLETO EN ÉL,” habiendo sido juntado con Él en resurrección, en toda la perfección de Su persona delante de Dios: “Acepte en el amado”.
Sin embargo la Cristiandad, absolutamente, oscurece esta preciosa revelación de la gloria de Cristo. Al igual que el siervo escondió la mina en la venda que el Señor “había dejado de lado por completo”, la Cristiandad ha seguido oscureciendo la verdad de que el creyente es levantado junto con Él a través de la fe sola, y usa el símbolo de la muerte para realzar un Cristo muerto, ocultando así la verdad del ascendido Cristo, como cuando estaba en la venda. El siervo estimaba a Su Señor como un hombre austero. Así, por tanto, por la sujeción de ordenanzas, el “Bautismo Único” con el Espíritu administrado por el propio Señor Mismo en infinita gracia se oscurece, si es que no lo niega efectivamente del todo.
El Señor no repudia la acusación de que recoge lo que no puso y cosecha donde no sembró, puesto que el Señor puso de lado todo lo que le pertenecía a Él como Hombre y como un Judío. Él fue sepultado como un Judío debía ser sepultado, y El resucitó siendo la Cabeza de una nueva creación, el primogénito de los muertos. Él expuso la palabra del reino, y Él reúne y recoge el fruto de la palabra de Su gracia (Colos.1:6).
“Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas”.
Cuando el Señor Jesús retorne, “habiendo ya recibido el reino” el testimonio a Su exaltación será retirada de manos de los Gentiles y será otorgada entonces a un ministerio Judío como sucedió y retomando al comienzo del Evangelio; este vivificado apostolado cumplirá entre las naciones Gentiles la comisión dada en Mateo 28:19, 20, proclamando al Señor Jesús como el Hijo de Dios, el rey de Israel, que de acuerdo al Salmo 2:9-12 tenía que asentar sobre el santo monte de Sion y juzgar al mundo en justicia.
“Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí”
Cuando el ministerio Judío entre los Gentiles haya sido resumido, proclamando el Señor al tiempo de Su retorno la tomada del reino que Él había recibido, entonces comienza a darse sucesivamente los juicios y a ser ejecutados sobre Jerusalén, y da comienzo la Gran Tribulación (Mateo 24:15-22). El Señor se presentará con Sus discípulos en el transcurso de estos días de acuerdo a Su promesa: “He aquí, Yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin de las edades” El día del Hijo del Hombre (Lucas 17:26).
El punto que señala Mateo 28:19, 20 es justo antes de los días que constituyen el fin de las edades. La presencia del Señor va a permanecer a través y hasta el final de la continuación de esos días.
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