LOS FUNDAMENTOS; CAP 5 LAS EPÍSTOLAS APOSTOLICAS
LOS FUNDAMENTOS
DE LA VERDAD DISPENSACIONAL
E. W. BULLINGER
Transcripción: Juan Luis Molina
NOTA.-TODOS LOS VERSÍCULOS DESTACADOS EN NECRUZCA NO PERTENECES A LA TRADUCCIÓN ORIGINAL Y HAN SIDO PUESTOS PARA FACILITAR EL ESTUDIO, FUERON TOMADOS DE LA BIBLIA ELECTRÓNICA SWORD DE LA BIBLIA VERSIÓN REINA VALERA 1960.
CAPÍTULO 5
5 POR MEDIO DE LOS QUE LE OYERON
LAS EPÍSTOLAS APOSTÓLICAS
LAS EPÍSTOLAS DE JUAN
Juan fue el primero de un escogido grupo de tres que fueron llamados con
el propósito de que confirmasen, por escrito además de hacerlo de palabra, lo
que había oído del Señor. Él, al
igual que los otros dos, fue uno de los que confirmaron
lo que escucharon decir el Señor
(Hebreos 2:3), y no fueron más allá de sus palabras.
Hebreos
2:3 ¿cómo escaparemos nosotros, si
descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada
primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,
No poseemos, literalmente, información alguna en lo que se refiere a la
fecha cierta en que las escribió, aparte de sus propias Epístolas donde las
reflejó. Nadie puede ayudarnos. Ni los escritores antiguos, ni los críticos de
nuestros días han podido decirnos nada más aparte de lo que nosotros mismos
podemos leer en sus escritos. Todo lo demás es pura especulación y conjetura.
Todos los lectores y escritores se ven obligados a volver sobre la evidencia
interna del contenido de las Epístolas, pues no existe otra evidencia fuera de
las mismas.
No es preciso que leamos muchos versículos en sus escritos para que nos encontremos
con las palabras: Hijitos míos, ya es el
último tiempo (1ª Juan 2:18).
1 Juan
2:18 Hijitos, ya es el último tiempo; y
según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos
anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.
Estas palabras no pueden referirse sino al final cercano de aquella propia Dispensación de los Hechos de los
Apóstoles, que acabó poco tiempo antes de la destrucción del templo de
Jerusalén. Juan no habla ni se refiere al fin
de nuestro tiempo, ni del final
de la historia humana, ni del final de
la creación material, sino del final
específico de la etapa durante la cual Dios habló por medio de los que oyeron a Su Hijo. Está claro y
es cierto, por tanto, que el fin de
aquella época se hallaba a la mano,
y tanto es así que dice: El mundo
(Kosmos) pasa, y sus deseos (Juan 2:17). Era la hora onceava.
1 Juan
2:17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero
el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
¿Qué era lo que caracterizaba esa última
hora? La respuesta la encontramos justo a seguir en la afirmación que nos
da: Hijitos míos, YA ES EL ÚLTIMO TIEMPO;
y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así AHORA han surgido muchos
anticristos, POR ESTO CONOCEMOS que es EL ÚLTIMO TIEMPO.
Esta es la primera vez que se menciona al anticristo en el Nuevo
Testamento, y se le menciona como a uno bien conocido por los que oyeron al
Señor, ya que va acompañada de una explicación
al carácter del espíritu del
anticristo (1ª Juan 2:22; 4:3).
1 Juan
2:22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que
niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al
Hijo.
1 Juan
4:3 y todo espíritu que no confiesa que
Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del
anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el
mundo.
Pero ahora muchos se preguntarán: ¿Cómo lo sabía Juan? Y la respuesta de
otros será que, como es lógico, por la inspiración,
y esto es verdad; pero Juan dice nosotros,
nosotros conocemos, lo cual implica que había otros que lo habían oído también, y también lo
sabían o podían comprender las señales que
daban estos anticristos. Nuestro
Señor ya había hablado acerca de
estos falsos cristos, como de la primera
señal del comienzo del último tiempo
aquel, en el discurso profético del monte de los Olivos.
Hubo dos discursos proféticos, y este hecho reseña las diferencias en tiempo, lugar y tema, entre el primero, que aparece en Lucas 21, y el segundo, en
Mateo 24 y Marcos 13.
El que aparece en Lucas y es primero fue pronunciado un día que estaba Jesús enseñando en el templo al pueblo (Lucas 20:1).
La siguiente observación referente al lugar,
y que nos da indicación también del tiempo
es la que aparece en el cap.21:1: Levantando
los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas.
Estaban, por tanto, aun en el templo cuando habló acerca de la profecía en
Lucas, y una vez más vemos que la próxima nota, en cuanto al tiempo se refiere, la tenemos en el
cap.21:37: Y enseñaba de día en el
templo, y DE NOCHE, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos.
Pero respecto a la segunda profecía, que aparece en Mateo 24 y Marcos 23,
leemos: (Mateo 24:1) Jesús salió del
templo y se iba…Y estando él sentado
en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte (vers.3).
Igual en Marcos 13:1: Saliendo Jesús
del templo…y se sentó en el monte de los
Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron
aparte (vers.3).
Aquí tenemos dos profecías de suma importancia, una (en Lucas)
pronunciada en el templo, y la otra
(en Mateos y en Marcos) pronunciada en el
monte de los Olivos. Una vez que algunas partes de la primera se repiten en
la segunda ocasión, ofrecemos los puntos más destacados, en tres columnas
paralelas, de manera que aparezca claramente el objeto que tienen y las
diferencias entre ellas.
Los dos relatos comienzan con un resumen de los acontecimientos que habían de suceder en vida y experiencia de
los que oían las palabras.
Ellos le habían hecho comentarios aduladores de los edificios y piedras
al Señor, así como a los adornos del templo, y el Señor les contesta: no quedará piedra sobre piedra que no sea
derribada. Estas solemnes palabras acerca de las cosas que irían a suceder estando aún vivos y experimentarían
provocaron la pregunta de parte de los que oían: ¿CUÁNDO serán estas cosas? ¿Y
QUÉ SEÑAL habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse? (en ambas
ocasiones); es decir, querían saber cuándo acontecería.
Y las primeras palabras de la respuesta del Señor fueron:
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Ese es el comienzo. A continuación el Señor se
refiere a los acontecimientos que habrían de suceder después, posteriormente, es decir, los dolores de parto de la tribulación.
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Observaremos que, en la ocasión anterior (Lucas
21:8, 9) en lugar de decir esto será
principio de dolores (como en Marcos y Mateo), y en vez de dar a
continuación la descripción de los mismos dolores, se detiene en seco, en lugar
de proseguir. Vuelve atrás, y habla acerca de algo que sucederá antes de todas estas cosas: antes de los dolores (o dolores de parto) de la gran
tribulación; y lo que describe ahora es
La destrucción de Jerusalén
Lucas 21:12. Pero
antes de todas estas cosas.
Es decir, antes
de la gran tribulación, que termina con la señal del Hijo del Hombre que viene
en las nubes del cielo, y los sucesos, que aparecerán antes de eso, son los
que se describen en los versículos 12
a 24, y las palabras finales son:
Vers.24: Y
caerán a filo de espada, y serán llevados y cautivos a todas las naciones; y
Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles
se cumplan.
En el discurso que aparece en Mateo 24 y en Marcos
13, en lugar de volver sobre el tema, para hablar de la condición de Jerusalén
que aparecería antes y hasta el comienzo de la gran tribulación (como Lucas), y
habiendo dicho: Y todo esto será
principio de dolores, pasa adelante describiendo la tribulación (Mateo 24:9-28: Marcos 13:9-23), y continúa la
profecía que se refiere a estos particulares dolores posteriores hasta que aparece en las nubes del cielo el
Hijo del Hombre.
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Al llegar a este punto,
después de dar la condición de Jerusalén que no dan los otros, en Lucas 21:25, el Señor pasa entonces a hablar
del telos, o el final de los tiempos, y las palabras finales de cada discurso
vuelven a ser iguales, hablando acerca de la venida del Señor en sí.
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Mateo 24:29, 30
Pero aquí y ahora,
lo que nos incumbe es lo estábamos tratando, no era la venida al final de los tiempos, sino la primera “señal” que tenía que ver con lo
que dice 1ª Juan 2:18: por la cual CONOCEMOS que YA ES EL ÚLTIMO TIEMPO.
1 Juan 2:18 Hijitos, ya es el último tiempo; y
según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos
anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.
Estos versículos:
Mateo 24:29, 30; Marcos 13:24-26; y Lucas 21:25-27 están escritos en tercera persona del plural, y hablan por
tanto de lo que deberán sentir y experimentar aquellos que vivan en aquel tiempo futuro. Sin embargo, los
versículos que vienen a continuación de estos contrastan con los y aquellos. El Señor regresa a lo que entonces era tiempo presente,
es decir, a la primera señal de los
falsos cristos. Cuando estas cosas
comiencen a suceder (acerco de lo que dice en los versículos 8 y 9), ERGUÍOS Y LEVANTAD VUESTRA CABEZA, porque
VUESTRA redención se acerca. Entonces les habló por medio de una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando
ya brotan, viéndolo, SABÉIS POR VOSOTROS MISMOS que el verano está ya cerca.
Así también VOSOTROS, cuando veáis
que suceden estas cosas, SABED que está cerca el reino de Dios. De cierto OS
DIGO, que no pasará ESTA GENERACIÓN hasta que todo ACONTEZCA (Lucas
21:28-32)(1)
(1) Concedido que estas palabras ahora se refieren a los que verán los tiempos futuros del fin (telos), pero no podemos excluir a los que oyeron las palabras del
Señor, y que las habrían entendido de
haberse arrepentido la nación siguiendo el llamamiento de Pedro en Hchos
3:19-26)
Tenemos, por lo tanto, una interpretación
clara y satisfactoria de las palabras esta
generación sin tener que recurrir a manipulaciones forzadas y argumentos
mañosos en un esfuerzo por hacer que esta
generación quiera decir otra generación que se encuentre aun en el futuro
distante, pues eso serían interpretaciones que no resistirían a la crítica ni
convencerían siquiera, en realidad, a un niño. Pero considerándolas desde el
punto de vista de las Dispensaciones, no solamente se explican por sí mismas,
sino que esa otra expresión - la última
hora que aparece en 1ª Juan 2:18 – también queda explicada. Y en lo que a
nosotros se refiere, esas señales siguen siendo válidas, puesto que, como
es natural, el comienzo de la tribulación se quedó siendo todavía algo futuro.
Debido a que los hebreos a quienes se dirigió no lo vieron así, el
rechazo de la proclamación del Reino, hecha por boca de Pedro, ha quedado ahora
en suspense y algunos interpretan que el Papa es el anticristo que mencionan
las Escrituras; pero esa señal debía ser el comienzo
de la última hora, no una señal de su
continuación o su final. Era la primerísima señal.
Si fuese cierto que el Papa o los Papas fuesen anticristos, nos
quedaríamos sin señal alguna y de ese
modo las palabras del Señor no servirían para nada. ¡No! Tanto la tribulación
como el Reino han quedado en suspense. Es preciso que el momento de la
revelación del anticristo preceda al
día del Señor y es, ciertamente, la señal que nos advierte de su venida (2ª
Tes.2).
Pero JUAN tiene otras referencias acerca de la que entonces era una
promesa condicional respecto a la inminente parousia
o presencia del Señor. En el
cap.2:28 dice: Y ahora, hijitos,
permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que
en su venida (o parousia) no nos alejemos de él avergonzados. Repetimos una
vez más que no podemos excluir al propio Juan ni a los que oyeron al Hijo, ni a los que leyeron lo que escribió.
En el 4:17 dice: En esto se ha
perfeccionado el amor en nosotros, para que TENGAMOS confianza en EL DÍA DEL
JUICIO. Porque eso es lo que hubiese sucedido (y todavía sucederá) para
todos aquellos que no obedezcan la llamada al arrepentimiento, que fue hecho por los que le oyeron al Señor, y dieron el mandamiento en su nombre.
En 2ª Juan 7 encontramos otras referencias a las características que
tendrán los falsos cristos o
anticristos del día de Juan y de la última
hora, sobre los que hablaremos más adelante.
Nuestros lectores se darán cuenta de que no solamente estamos dando
coherencia a muchos pasajes que son causa de dificultades a la hora de
interpretarlos, sino que además proveemos un poderoso argumento en contra de las
enseñanzas de la gran mayoría de los que afirman que el Señor ya vino cuando se produjo la destrucción de
Jerusalén. Entre los habituales comentadores hay muchos que defienden esta
opinión.
Hemos enfocado este punto, al hablar sobre las Epístolas de Juan, porque
nos ayuda a determinar la fecha en que fueron escritas, pero hay otro punto,
que se encuentra al principio mismo de su primera Epístola. En realidad,
tenemos un eco de las palabras con que empieza en Hebreos 2:3, que nos recuerda
que Juan fue uno de los que oyeron al
Hijo de Dios y, por ello, estaba capacitado para cumplir con su misión de confirmar lo que el Señor habló.
Juan comienza su primera Epístola de la siguiente manera:
Lo que (o el que) era desde el principio, lo
que hemos (sobre el cual) hemos oído, lo que (o al que) hemos visto con
nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al
VERBO DE VIDA (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y
testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se
nos manifestó); lo que hemos visto y OÍDO, eso os anunciamos, para que también
vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdadera es con el
Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo
sea cumplido (1ª Juan 1:1-4).
Juan se dirige de manera especial a los hebreos como ya hemos visto, antes de que aquella Dispensación
tocase a su fin. Es por eso que hace uso de expresiones y modismos hebreos.
Habla de un abogado (o Consolador)
con el Padre, como había oído de
labios del propio Señor (Juan 14:16, 17) y añade que la propiciación (o sacrificio en propiciación) no fue solo por
“nuestros” (de los hebreos) pecados, sino los de todo el mundo (sin
distinción). En este caso Juan se distingue a sí mismo y a su pueblo Israel,
para los cuales daba testimonio de un modo especial acerca de Aquel del cual
había visto y oído.
Juan
14:16 Y yo rogaré al Padre, y os dará
otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
EL APOCALIPSIS
Antes de dejar atrás el tema de la confirmación de los que oyeron al Hijo, es preciso que incluyamos el Apocalipsis
entre los escritos Apostólicos,
usando solamente las palabras de aquellos entre los doce que fueron escritores
de las epístolas apostólicas.
Aquí, en Apocalipsis, como ya hemos anticipado, hallamos más evidencias
sobre la Dispensación
tan extraordinaria de los Hechos, pero además encontramos muchas cosas más,
como siempre sucede cuando la enseñanza es verdadera y correcta. Cuando así
sucede, los obstáculos aparentes muchas veces desaparecen de manera inesperada,
pero, por otro lado, cuando la enseñanza es equivocada, van surgiendo
progresivamente las dificultades por todas partes hasta que nos vemos obligados
a volver atrás y tenemos que repasar todo lo expuesto.
En cuanto al Apocalipsis, ¿quién de nosotros no se ha quedado perplejo
ante las primeras palabras que escribe Juan diciendo que son las cosas que deben suceder PRONTO? En el versículo 3 se dice
además: el tiempo (o la estación) ESTÁ
CERCA. Sin duda debió de haber un sentido en el que las palabras eran
comprendidas literalmente y de manera autentica y real.
Apocalipsis
1:3 Bienaventurado el que lee, y los
que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas;
porque el tiempo está cerca.
Dios no podía escribir por medio de Su siervo Juan que la oferta de Pedro
en Hechos 3:19-26 sería rechazada por Israel. Juan debía escribir algo que el
pueblo comprendiese, y escribió a las asambleas (eclesias) según había sido instruido.
Sabiendo, con toda seguridad, que Dios no se estaba burlando de Su pueblo
cuando prometió mandar entonces a Su Hijo si se arrepentía, no debía dar la
impresión de que Dios sabía de antemano, lo que sucedería.
No se debía anticipar el libre albedrío de las gentes, sino dejar la
plena responsabilidad a la nación durante toda la Dispensación , hasta
aquel memorable día, que fue el último, durante el cual hubo una conferencia en
Roma, de todo un día de duración (Hechos 28:23-29).
Hechos
28:23-29 23 Y habiéndole señalado un
día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les
testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles
acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. 24 Y algunos asentían a lo que se decía, pero
otros no creían. 25 Y como no estuviesen
de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el
Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: 26 Vé a este pueblo, y diles:
De oído oiréis, y no entenderéis;
Y viendo veréis, y no percibiréis; 27 Porque el corazón de este pueblo se ha
engrosado,
Y con los oídos oyeron pesadamente,
Y sus ojos han cerrado,
Para que no vean con los ojos,
Y oigan con los oídos,
Y entiendan de corazón,
Y se conviertan,
Y yo los sane.(B) 28 Sabed, pues, que a los gentiles es enviada
esta salvación de Dios; y ellos oirán. 29
Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión
entre sí.
Podemos estar seguros de que en aquella solemne ocasión Pablo no se dejó
nada en el tintero ni desaprovechó ningún argumento cuando desde la mañana hasta la tarde, expuso y testificó plenamente el Reino
de Dios, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por
los profetas.
El apóstol Juan no podía hacer menos. El envío del Señor Jesucristo desde
la diestra del Padre, tal como prometió en Hechos 3:19-26, requería el
cumplimiento de todos los sucesos que
habían de acontecer con la revelación (Apocalupsis) y descubrimiento (parousia)
del Señor Jesucristo, que incluía la
restauración de todas las cosas antedichas por los profetas.
Hechos
3:19-26 19 Así que, arrepentíos y
convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la
presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20
y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21 a quien de cierto es necesario que el cielo
reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló
Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22 Porque Moisés dijo a los padres: El Señor
vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él
oiréis en todas las cosas que os hable;(B) 23
y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del
pueblo.(C) 24 Y todos los profetas desde
Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.
25 Vosotros sois los hijos de los
profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En
tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.(D) 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo
levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se
convierta de su maldad.
Por lo tanto, bien se podía decir, en un sentido muy real, algo que no podemos decir hoy actualmente, y es
que la revelación o apocalupsis de Jesucristo debía de suceder pronto. Aquella palabra debía, como es natural, se refiere a la
seguridad y certeza de la promesa, no a la inseguridad de la decisión que
habría de tomar el pueblo de Israel. Desde el punto de vista divino, “debía” era la única palabra correcta que
se podía emplear. No se repite así al final del libro, pero en tres ocasiones
diferentes dice en el último capítulo He
aquí yo vengo pronto (vers.7, 12, 20); y en otra ocasión dice: el Señor está cerca (vers.10) o se aproxima (tal como en el cap.1:3).
Hay aquí un sentido real y auténtico por el cual se podía decir que el
tiempo estaba cerca, como dice en
Apocalipsis, y en aquellos tiempos debió de pesar más esta afirmación que en
nuestros días. Es decir, que ahora los
creyentes no pueden decir en un sentido tan real como entonces decían que está cerca.
Pero hay expresiones en los mensajes a las siete iglesias también que
tienen la misma referencia local y cronológica. Y si consideramos la existencia
de estas asambleas, que recibían de manera directa el mensaje de Dios, recibiendo Su Palabra (Hechos 2:41); 1ª
Tesal.2:13), y aprendiendo a esperar y anticipar, esas palabras debieron
producir un poderoso impacto, de un modo que no es posible en nuestros días.
Hechos
2:41 41 Así que, los que recibieron su
palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.
1
Tesalonicenses 2:3 Porque nuestra
exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño,
He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, Y LOS QUE LE
TRASPASARON; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él (Apoc.1:7). Todo esto se menciona juntamente con las cosas que deben suceder pronto (vers.1)
y el tiempo que está cerca (vers.3).
Y cuando las leemos en relación con otras palabras en los primeros tres
capítulos, está claro que el día del
Señor se hallaba realmente cerca.
Pedro dijo, durante el tiempo de Pentecostés, que esto (lo que había comenzado a suceder), era aquello acerca de
lo cual había profetizado Joel, y sabemos que profetizó acerca del día del Señor (Joel 2 y 3).
Los mensajes dirigidos a Éfeso y a Pérgamo (de las asambleas o iglesias
del Apocalipsis) repiten la aseveración: Vendré
pronto (Apoc.2:5 y 16, es la misma palabra que vengo en breve en 22:20).
Apocalipsis
2:5 Recuerda, por tanto, de dónde has
caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a
ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.
Apocalipsis
2:16 16 Por tanto, arrepiéntete; pues si
no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
Apocalipsis
22:20 El que da testimonio de estas
cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.
El mensaje dirigido a Tiatira fue: Retenedlo
hasta que yo venga (2:25).
Yo vengo pronto fue el mensaje que recibió Filadelfia (3:11), que es
la misma palabra que vengo en breve
en 22:20.
Apocalipsis
2:25 pero lo que tenéis, retenedlo hasta
que yo venga.
Apocalipsis
3:11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo
que tienes, para que ninguno tome tu corona.
Apocalipsis
22:20 20 El que da testimonio de estas
cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.
He aquí yo estoy a la puerta y llamo fue el mensaje dirigido a Laodicea, y tenía el mismo
significado que en Santiago 5:9: el juez
está a la puerta.
Santiago
5:9 Hermanos, no os quejéis unos contra
otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la
puerta.
Ninguna de las distorsiones de este solemne mensaje provocadas por los
evangelistas modernos, que sacan las palabras de su contexto y le añaden la
palabra “corazón”, pueden restarle nada al solemne sentido que debieron tener a
la vista los que primeramente la leyeron, procedentes de la pluma del apóstol
Juan.
El mensaje dirigido a Éfeso: has
dejado tu primer amor debió tener un sentido especial para los que lo
recibieron y lo leyeron a la luz de lo que dice en Hechos 19:10 y 2ª Timoteo
1:15, donde la deserción se menciona con toda claridad.
Apocalipsis
2:4 Pero tengo contra ti, que has dejado
tu primer amor.
Hechos
19:10 Así continuó por espacio de dos
años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron
la palabra del Señor Jesús.
2
Timoteo 1:15 Ya sabes esto, que me
abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes.
Sí, el día del Señor estaba
verdaderamente cerca, y de haberse
arrepentido la nación por la predicación de los doce, TODO, y no solo el
comienzo, hubiese sucedido. De no ser así, entonces, el Señor, al dar el
mensaje por medio de Pedro en Hechos 3:19-26, se habría estado burlando de
ellos.
Como es lógico, bien sabemos que el llamamiento fue rechazado y que
Jesucristo no fue enviado; por tanto todo queda en suspense y en espera de un
cumplimiento en el futuro.
La interpretación histórica, que trata el libro del Apocalipsis como si
ese rechazo final del Mesías no hubiese tenido consecuencias, y como si todo
hubiese seguido como de costumbre, encontrando su cumplimiento en los sucesos
de la historia europea, nos debe parecer carente
de toda enseñanza, ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro, y
el trato espiritualizado le priva de
toda coherencia, considerado desde el punto de vista cronológico. Éste último
es el único trato del libro del Apocalipsis que hace que sea de enseñanza para
nosotros en la actualidad y “escrito para nuestro conocimiento”. Es un
verdadero libro que habría de cumplir una autentica misión, tanto para los
tiempos en que fue escrito, como para nuestros días y para el futuro, en el
cual tendrá su cumplimiento literal.
Lo hemos considerado en esta relación, siguiendo las Epístolas del mismo
apóstol, pero nos queda aún:
Y cuando llegamos a ella, que es la última de las Epístolas apostólicas,
encontramos las mismas características de los últimos días de la
Dispensación como suceden en 2ª Pedro 2.
Llegamos, por lo tanto, a la conclusión del testimonio unido de los que oyeron al Señor, y que, por eso
mismo, pudieron confirmar sus
palabras. Los doce apóstoles participaron en la obra como oradores, pero estos
tres (Pedro, Santiago y Juan fueron escogidos como escritores y ellos,
juntamente con Judas, que era medio hermano del Señor, han escrito para nuestro aprendizaje o enseñanza.
Ahora estamos en posición de considerar lo que estos apóstoles habían oído del Señor, y que fue por
ellos confirmado, durante la
Dispensación y durante los cuarenta años de su prueba.
2
Pedro 2:1-22 1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá
entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías
destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos
destrucción repentina. 2 Y muchos
seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será
blasfemado, 3 y por avaricia harán
mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo
tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. 4 Porque si Dios no perdonó a los ángeles que
pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de
oscuridad, para ser reservados al juicio; 5
y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de
justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos;(A)
6 y si condenó por destrucción a las
ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza(B) y poniéndolas de
ejemplo a los que habían de vivir impíamente, 7
y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los
malvados(C) 8 (porque este justo, que
moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos
inicuos de ellos), 9 sabe el Señor
librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser
castigados en el día del juicio; 10 y
mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e
inmundicia, y desprecian el señorío. Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de
las potestades superiores, 11 mientras
que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio
de maldición contra ellas delante del Señor. 12
Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales
irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia
perdición, 13 recibiendo el galardón de
su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos
son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean
en sus errores. 14 Tienen los ojos
llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes,
tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. 15 Han dejado el camino recto, y se han
extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de
la maldad, 16 y fue reprendido por su
iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó
la locura del profeta.(D) 17 Estos son
fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más
densa oscuridad está reservada para siempre. 18
Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de
la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven
en error. 19 Les prometen libertad, y
son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es
hecho esclavo del que lo venció. 20
Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del
mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra
vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.
21 Porque mejor les hubiera sido no
haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido,
volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. 22 Pero les ha acontecido lo del verdadero
proverbio: El perro vuelve a su vómito,(E) y la puerca lavada a revolcarse en
el cieno.
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