El Rey va desnudo

1a parte

Juan Luis Molina

Ha sido, y sigue siendo, de una manera gradual, conforme podía ir asimilando, que el Espíritu Santo ha ido derritiendo todas las costras duras que impregnaban mis convicciones. Yo juzgaba ser la Iglesia del primer siglo la que estaría vigente en los días actuales. También tenía como norma de vida mi sujeción a los líderes. La renovación de la "mente" era imprescindible y continuamente repetía hasta la saciedad los versículos de la Biblia para que ningún otro pensamiento ocupase su lugar. Sin compartimiento de abundancia no podría recibir nada de Dios, eso sería como estrangular la manguera de Su abundancia hacia mi vida. Si estaba enfermo, eso se debía a mi incredulidad. Y si no acudiese a las reuniones para edificar y ser edificado con mis hermanos se extinguiría el fuego del espíritu.

Aquí podría seguir escribiendo centenares de suposiciones que llenaron mi vida de Cristiano antes de permitirle a Dios que se diera a conocer a Sí Propio. Curiosamente, con todo este arsenal de normas de comportamiento y regulaciones, también me repetía a diario que vivimos en la era de la GRACIA. Que Dios salva de pura gracia. Pero cómo se puede conocer al Dios de gracia que tantos mandamientos impone según enseñan los cristianos? - es que, decían líderes y coordinadores, aunque la salvación sea por mera GRACIA, la "vida en abundancia" depende solo de nuestras obras. Así que treinta años me llevé ACTUANDO para ver en concreción las afamadas y predicadas promesas de Dios y Sus bendiciones.

Esta vida "cristiana" en realidad es un infierno, y ese infierno es lugar habitual de multitud de Cristianos. Nunca llegan a ver a un cojo andar ni a un ciego que vea, nunca deja de comprobar que en algo se hallan en falta. Cuando están enfermos dependen de las mismas medicinas que precisan los incrédulos, y en ellos propios no actúan de manera alguna los "dones de sanidades".

Qué hace entonces el "creyente"? - El cristiano entonces actúa, y repite hasta la saciedad....como si así ciertamente viviese, que Dios reparte Su abundancia entre los que ACTÚAN. Y aunque su vida sea miserable interiormente, el cristiano pasa a ser el más grande farsante que hay en el universo. Predica a un Dios multiplicador de promesas y bendiciones que tiene que perpetuar confesando, suponiendo que eso es precisamente lo que Dios espera de él hasta que se muera.

Cómo desapareció de mí toda esta costra tan dura de roer? A puerta cerrada con Dios.

Cansado de vagar treinta años por el desierto de normas y regulaciones sin ver promesas ni bendiciones, le pedía al Espíritu Santo que me dejase en paz, que yo era un pecador de los pies a la cabeza, y que todos mis intentos por verme libre de aquel ser tan depravado no habían servido para nada. Cuando en la Iglesia se me ocurría presentar esta cruda realidad, se me decía que ahora vemos todas las cosas de manera oscura, pero que cuando Cristo viniese veríamos todo cara a cara. Una vez le confesé a un líder muy afamado y que exigía nuestra sujeción, que aunque me repetía los versículos mil veces en mis pensamientos, eso no hacía efecto alguno en mi carne, y me respondió que los repitiera, no mil, sino veinte mil veces. Así llegué a decirle a Dios que por favor me enviase a dormir, porque yo ya no podía más seguir moviéndome en esta gran confusión de vida, y sabiendo que para mí la muerte sería un abrir y cerrar de ojos hasta el retorno, qué mejor que dejar del todo esta miserable vida?

Así, pues, Dios primero, a puerta cerrada, no hizo de rogar, y rápidamente me enseñó con pelos y señales aquello que yo trataba de maquillar con las dichas normas y vanas repeticiones. Me enseñó en primera mano la imposibilidad de que se diesen en mi vida todas esas bendiciones que yo procuraba manifestar. Yo jamás podría llevar a cabo nada para Dios, sino que solo Dios podría hacer TODAS LAS COSAS por mí, viendo a toda hora mi absoluta inutilidad y condena. Era exactamente el camino opuesto que había recorrido hasta ese momento. Comencé entonces a mirar solo a Dios, plenamente dependiente de Él y de Su Espíritu. Curiosamente, en todo ese tiempo, a mí propio comencé a considerarme muerto en delitos y pecados sintiendo con eso una gran liberación. Ahora comenzaba por Su sola gracia Cristo a resplandecer dentro de mí, pero nunca desapareció de mi aquel otro ser muerto que empapaba mi vida, y eso precisamente fue, sin yo saberlo al principio, lo que me guardaba de intentar contribuir en la buena obra de Dios. Caramba, era tan fácil y sencillo. Toda Su Escritura comenzó entonces a vivificarse dentro de mí.

Sin yo tener que repetirme los versículos, entendí por qué Romanos, la primera Epístola a la Iglesia, enseña esta misma depravación de la carne que yo sentí en mis treinta años de cristiano. Qué gran liberación comencé a manifestar en mi vida!

Todavía estaba lleno de convicciones que fue el Espíritu haciendo desaparecer, hasta llegar a Su Llamamiento Supremo. Pero esta gran separación de las dos naturas mías fue sin duda el principio que activó a Cristo en mí sustitución. Mi entusiasmo comprobando lo distinto y mucho más sencillo que es el propósito de Dios, poniéndonos a nosotros de lado, me hizo visitar entonces a las Iglesias, y durante tres años seguidos expuse en mis visitas y por escrito lo que Dios en Cristo hacía de mí, y haría en la vida de todos los que viesen su propia depravación carnal, animal y diabólica.

En aquel tiempo, yo seguía creyendo que sería la Iglesia del primer siglo la que estaba vigente, que las manifestaciones y dones y señales y maravillas del Libro de Hechos estaban disponibles, pero el Espíritu insistía en que yo enseñase "la muerte absoluta y completa" que envolvía a los creyentes. En las iglesias que visitaba, muchos de los oyentes comenzaron a darse cuenta de esta sencillísima realidad, y comprobé lo fácil que era permitirle al Espíritu Santo ir ocupando su lugar, sin dejar de comprobar nuestra inutilidad en la carne. Muchos hermanos y hermanas creyentes, hartos como yo de no ver la tal vida abundante predicada en la Iglesia, comenzaron a tener una comunión personal e individual con Dios, y en ese tiempo, viendo que solo la Cabeza da el verdadero crecimiento, el Espíritu resaltó en mí aquello de "quién es Pablo o apolos"? y comencé a enseñar con gran denuedo que solo Dios, a través de la Cabeza que es Cristo, le da el crecimiento a cada uno.

Hasta aquí, antes de eso, para testificar el cambio de vida que solo Dios en mí había producido, los líderes y coordinadores me convidaban para enseñar en las iglesias. Y fui hasta Francia e Irlanda y a la India declarando Mira Solo a Dios. Sin embargo, cuando yo juzgaba que Dios iría entonces a ser que guiase a cada uno, he aquí los líderes y coordinadores de todas las partes del mundo se me opusieron frontalmente. Difundieron que yo poseía un "espíritu de encantamiento", y desde entonces ya no soy bien recibido en las Iglesias que visitaba. Sin embargo, la visión del viejo juan Luis Molina no desaparecía dentro de mí. Y si al principio fue para mí un infierno que mis líderes y coordinadores me maldijesen y repudiasen, esto también le sirvió al Espíritu para librarme de la tal "sujeción a los líderes", y el Espíritu me enseñó que esta maldita "sujeción" sea tal vez el obstáculo más grande de los cristianos, por eso unos dicen que son de Pablo y otros de apolos, y hasta mismo a Cristo meten en el mismo saco.

A seguir, el Espíritu entonces, estando yo ya solo encerrado con Él, me hizo poner mis ojos en las iglesias mundiales, y con los medios actuales tipo FACE Bok comprendí hasta que punto ha llegado ya la depravación en las Iglesias. Entendí entonces que, todo aquel que quiera seguir dejando a Cristo vivir su vida por él propio, será siempre invisible para el mundo, se verá aislado del mundo y hasta de sus propios familiares más cercanos puede muy bien sentir el repudio por haber muerto para el mundo que tanto aman y en el cual quieren ellos manifestar la "abundancia de Dios". Pero, al mismo tiempo, un Padre de amor Todopoderoso no dejaba ni ha dejado jamás de engrandecerse, y toda la gloria mundana la doy ya por vieja basura en Su comparación. Las sagradas instituciones mundiales, tales como el matrimonio y la comunión entre hermanos, se deshacen también, porque Dios en Cristo no solo deja claro a tus ojos tu total depravación, sino la depravación general y completa que gobierna la vida de tus hermanos y familiares.

Entendéis bien por qué vive aislado quien quiera a Cristo dejar vivir su vida por él? Nadie, muy pocos, solo unos cuantos viejos y unas pocas mujeres, a pesar de que sea tan sencillo este inverso proceso de Dios, quiere siquiera pensarlo. El creyente por norma general, quiere desgastarse a sí propio, pero solo hasta un cierto punto, y juzgan además que si no contribuyen con algo suyo para Dios, jamás Dios llevará a cabo Sus buenos propósitos. Así que pocos o ninguno quiere desgastarse DEL TODO.

Pero depravado, ruin, perverso y engañoso es el corazón de todo hombre, se llame musulmán o cristiano, y jamás por las vanas repeticiones ni por actuar ya como si las bendiciones y promesas de Dios se hubieran en él cumplido se verá libre de su condena. Y la gran mayoría de los cristianos se va al sepulcro sin haber comprobado nunca la buena y agradable voluntad de Dios, sencillamente, porque jamás le permitieron que Cristo viva Su vida por él, en su sustitución.

El "Enemigo" de Dios, también ha sido otra de las convicciones que en mí quemó el Espíritu Santo, haciéndome ver toda mi depravación y muerte. El Enemigo de Dios no se enseña correctamente tampoco en la Iglesia, sino que siempre que se halle en falta el creyente o pase por tribulación, en la Iglesia se dice y enseña que eso se debe a las acciones del Adversario, y así todos los creyentes, en vez de ver su miserable vida como fruto de la muerte inherente que reside en él, se imagina que un espíritu diabólico le persigue. No es su propia muerte la que ejerce aquella depresión, falta de salud, tribulaciones y angustias, sino Satanás. Esta doctrina es muy perniciosa. El Espíritu Santo, desde que Cristo ocupa Su lugar en mi vida, desarraigó de mí todo pensamiento hacia el gusano mor, y ahora, cuando ciertamente osa molestarme con alguna tribulación momentánea, sencillamente yo le recuerdo lo que le aguarda para breve, siendo encarcelado y después lanzado al lago de fuego, y las pocas veces que eso sucede los veo a todos temblar como varas. Antes, en cada tribulación que yo sentía, me ponía a hablar en lenguas como un loco, y a toda hora lo hacía, pues lo que yo juzgaba que serían sus embestidas no me dejaban un solo instante. Ahora es raro el día que de él me acuerde, y a él tampoco le hace gracia ya ni perturbarme siquiera. La Iglesia pone en el Adversario todas las debilidades del creyente, y le dice que resista siempre, pero eso es inútil e ineficaz, y solo causa grandes problemas mentales. La debilidad no la causa el Adversario, sino nuestra propia carne.

A seguir, cuando yo creía que las manifestaciones y los milagros del Libro de Hechos estaban aun vigentes, el Espíritu comenzó a interrogarme, y me preguntaba cuántas veces había visto yo a un ciego viendo, o a un cojo que ándase? y a seguir me confrontaba diciendo, Cómo es posible que sea igual de fácil, hablar en lenguas que resucitar a los muertos? Y entonces vi. lo fácil que es "manipular" a los creyentes que se juntan en las iglesias, y sin nunca haber visto algunas de estas "señales", todos se comportan como si fueran corrientes y normales. Se parecen al cuento del rey que va desnudo. Nadie ve el traje del rey porque se expandió la idea de que, solo los inteligentes podrían verlo. Así que cuando el rey pasaba, todos exclamaban con júbilo y alababan la belleza y perfección del vestido del rey. Fue la voz de un niño cuando el rey pasaba, que gritó que el rey andaba desnudo. Ahí se dieron cuenta de cuán estúpidos habían sido, queriendo ser contados por inteligentes.

No, no es posible. Dios hizo disponible todos aquellos dones, señales y maravillas del Libro de Hechos, porque el Rey estaba a la mano, pero cuando aun viendo las señales que comprobaban eso mismo, que el Rey vendría a darles el conocimiento de Dios en la tierra, lo despreciaron y desecharon, todas esas manifestaciones jamás volvieron a repetirse.

Yo había estado durante treinta años convencido de que "hablaba en lenguas", y esto era algo que hice con una insistencia de locos. Desde que me levantaba hasta que me acostaba hablaba en lenguas. También fue otra costra dura de roer para el Espíritu quitarme esta convicción, pero lo hizo radicalmente. A medida que todo esto sucedía, delante mía aparecían sin yo traerlos a mi memoria cantidad de relatos y versículos de la Biblia que se vivificaban como nunca antes en mi interior, y vi entonces que todos eran "los atributos y cualidades de mi Cristo", absolutamente distintos y diferentes de los que inundaban mi carne muerta. Así que el Espíritu, cuando me enseñaba todas estas cosas en Cristo, y no mezclando yo nada de esto en mi carne, me dijo así: Mira, tú fuiste inducido a hablar en lenguas, y se te dijo además que esa era la manera de saber que dentro de ti tenías Espíritu Santo. Se te instruyó además, que esta manifestación de hablar en lenguas te daría tu "crecimiento espiritual". Tú has hablado en lenguas como un loco desde el día que así lo escuchaste. En tus treinta años practicando eso a diario: Cuál ha sido la edificación espiritual que en ti ha producido? No has aprendido en este corto espacio de tiempo, desde que permitiste a Cristo vivir por ti Su vida, mucho más de Mí, que en todos tus treinta años de cristiano?

De un día para otro dejé de hablar como los locos. A veces, por el maldito hábito adquirido, doy conmigo casi inconscientemente repitiendo incongruencias en mi interior, pero ahora tanto yo como el Espíritu nos reímos, y así es como todas las suposiciones, todas las plantas que en mí no va plantando Dios, se desarraigan naturalmente y tan siquiera dar por eso.

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

El Racimo de uvas de Escol

LAS EPÍSTOLAS A LA IGLESIA Por; E.W.Bullinger

Yeshua cumple con las Fiestas de Primavera