HAY UNA MALA DIVISIÓN EN LAS IGLESIAS

Juan Luis Molina
Hay una mala división en las Iglesias en general que les impide a los creyentes, asumiéndola, de salir fuera del "campamento base" y encaminarse a la Cima o llamamiento supremo del Gran Secreto. 

Esa perversión es de lugar en los asuntos Escriturales, y al no permanecer solo en el Llamamiento Supremo del Gran Secreto Suyo revelado,  al cristiano común y general de la actualidad se le cambia Su lugar, se le declara y afirma que proviene de la Iglesia de Hechos, de la Iglesia del primer siglo de nuestra era.  
Abandonando la reciente revelación del Gran Secreto, el creyente común y habitual está entonces apto y preparado convenientemente para que vaya siendo guiado por su iglesia como el buey se dirige al matadero: Sin abrir su boca siquiera.  Su iglesia le nutre y alimenta, y le instruye diciendo que, el derramamiento de pneuma hagion en Pentecostés, es el vigente y actual de la iglesia a la cual pertenece, y de donde tiene que sacar todas sus pertenencias espirituales. 


DE LA GRACIA HABÉIS CAÍDO
 
Con esta mentalidad, el creyente entonces procura hablar en lenguas y manifestar las mismas señales y producir los idénticos milagros que encuentre  en los Evangelios y en el Libro de Hechos, sobre todo en las "epístolas paulinas escritas a la Iglesia. Pero es que todo esto junto no pasa de ser una GRAN ENSALADA MENTAL llena de contradicciones para el creyente. En toda su vida ha visto un cojo andar o a un ciego ver y siguen diciendo que "los ven". No entienden por qué sufren en la carne. La vida abundante y los milagros no le suceden ni les rocía sus vidas angustiadas.  Después, cegados con la pretensión de que algo les falta por hacer, se proponen llevar fielmente a cabo los mandamientos y principios que les enseñen sus Apóstoles pentecostales; pues, al fin y al cabo, todos ellos están mucho más preparados y han estudiado y tienen más experiencia en las cosas Escriturales. Entonces se establece un número de cargos y de puestos en la Iglesia que refleje aquella "jerarquía" del Libro de Hechos. Se instaura al Hombre de Dios en el mundo (aunque cada Iglesia establece "uno distinto"), y se reparten cargos en la mesa directiva de profetas y evangelistas que cuiden del rebaño. Este es el tronco del árbol, dicen ahora sus ministros, cuya raiz es Cristo. A seguir, con la savia de sus raíces, alimentando a todas sus hojas,  se lleva a cabo la buena obra de aquella Iglesia,  y la pretensión objetiva es llevar la Palabra sobre el Mundo, basándonos en esta estructura visible de fiel Iglesia. Asumimos entonces que estamos llevando a efecto "el ministerio de la reconciliación". 

Y así nos llevamos años y años persuadidos;  sin que hayamos expandido nada, y manifestemos menos abundancia de la que predicamos. Las luchas internas en la Iglesia son iguales que las que carcomen al mundo. Y la perversión de cada uno en su seno no se ha modificado ni un ápice siquiera. Cristo, en el Supremo Llamamiento, no es raiz sino Cabeza. No esta debajo del árbol, sino por encima de Su Cuerpo, y a quien llama sienta primero en cilicio y con soga al cuello. De ahí no se mueve ni con nada más se identifica, sino que permite que Cristo sea todo en todos, 

Si fuese cierto que hagamos parte de la Iglesia del primer siglo, como yo me persuadí treinta años sin conocer al Dios que se dio a conocer en el Gran Secreto, seriamos miembros de un Cuerpo más bajo y distinto, que no se halla a la Diestra del Padre. Si fuese cierto que alguno hiciese parte de aquella Iglesia dispersa, veríamos con frecuencia la cárcel y el azote, el exilio y el martirio, la persecución y el repudio de todos, justo como aquellos ministros de aquella Iglesia padecieron...y en estos ministros actuales, sin embargo, por qué no se divisan ni por sombras sus azotes?

Hay azotes y cárceles y prisiones y persecuciones en la Iglesia del Primer Siglo que no vemos ni por sombras, ni experimentado ni enseñado, en los "ministros cristianos actuales." Estos enseñan , al contrario, una vida abundante en todos sus pormenores. Un cúmulo de bendiciones y promesas garantizadas para todos sus feligreses, y que si sufres alguna de esas plagas, eso se deba solamente a tu falta de fe. En algo has estado en falta con Dios y concordando con el Enemigo. Debes entoncer reprender al pecado y corregir tu error. Los frutos del Espíritu te tienen que dar la vida abundante, eso es lo que garantiza nuestro Dios, y además, el placer de una próspera familia bendita repleta de salud y la sabiduría para dirigir tus negocios no te puede faltar, so pena de que te falte algo por hacer. Si fracasas en algunos de estos puntos, es porque Dios se alejó de ti, y entonces lo mejor será que "hagas tu mejor" para que de ti tenga Dios misericordia. 
Entre tanto, si has caído en la pobreza, es mejor que no pases en los próximos tiempo por la Iglesia, porque aparte de normas y de consejos, y de abrazos tibios y templados, no hallarás más nada de parte de aquellos ministros. Sino que servirás de ejemplo y testimonio de lo que ocurre cuando Dios se aparta de nosotros.

 Esta es la Idea que prevalece en la Iglesia, habiéndose adjudicado para sí los derechos filiales de la del primer siglo, aunque solo "parcialmente". Robaron de ella la mejor parte y desecharon el resto. Pero el pan que han digerido en las despensas de la Palabra se ha vuelto podrido en sus estómagos, pues nadie puede masticar a Cristo sin que le amargue su vientre. Entonces aprenderá la Iglesia que su propia carne se halla siempre en pecado mortal, y que con ella jamás podrá producir lo que tan solo en Cristo es natural. 

Esta verdad primera se oculta de la Iglesia, y si te humillas y sujetas a sus enseñanzas ya has caído en su manipulación. Pero no os olvidéis, dice Dios, no perdáis de vista lo que érais en otro tiempo. Así comprenderás tu cansancio y tu muerte, la cual desgraciada existencia tu ya  vivías también en la Iglesia, pero siempre maquillándola y tratándola de ocultar con las mil normas y principios y moralidades que te cargaba la Iglesia en tu conciencia.

El cristiano reconfortado por esta gracia, viendo a toda hora su ineficacia e inutilidad, es el único que puede descansar de sus obras. Y sin embargo nada sabe ya ni de normas ni de principios o moralidades. Sabe que no puede modificarse un ápice con todas esas cargas impuestas, sino que se queda postrado en un estado mucho más miserable cuando lo intenta. Sin embargo, aceptando mansamente su caída condición, aguardará con paciencia que solo Dios acabe Su obra (bajo Su punto de vista "acabada") dentro de él, y más agradecido quedará viendo de cuán grande muerte haya sido librado.

Por eso, en consecuencia de esta primera y más básica revelación del Espíritu, ahora se nos abren las Escrituras desde la posición más excelsa, a la diestra del Padre, como Él nos ve, y no podemos ver nosotros, sino por la fe sola.

 Y en esta sublime y suprema posición ya no podemos otorgarnos pertenencias algunas de otras Iglesias o compañías que declare la Biblia. Nosotros estamos de la parte de fuera, EK, de las resurrecciones. Ni somos la Iglesia del Primer Siglo ni pertenecemos a Cuerpo alguno revelado antes del Gran Secreto. Así, si ahora le permitimos al Espíritu que nos lea Su Escritura, aunque no sepamos griego o hebreo van cayendo las Palabras de Dios en Su justo lugar. Son como las piezas del puzzle que encajan perfectamente sin que pudieran ubicarse en cualquier otro sitio. No te hagas tú pertenencia de nada en la Biblia mientras así la leas, sino mantén por la fe sola Su Llamamiento Supremo. Tu Abba Padre es Todopoderoso para abrirte de par en par Su Gran Secreto: desde Su diestra lo verás todo desde ahora. Cristo la Cabeza se sobrepone solo entre nosotros y el Padre. No permite que te apoderes de ministerios ni de evangelios Escriturales, pues tu traslado en Cristo es mucho más alto y te ha transportado a Su tercera gloria. Así que todas las jerarquías, todos los evangelios y todos los ministerios, y además, todas las tribus y naciones que aparezcan en la Biblia se han puesto a tus pies. 

Este proceder es sencillísimo, y desde que se entiende no deja de engrandecerse Dios y Su Palabra delante de nuestros ojos. No nos atrevemos a decir entonces que seamos la Iglesia de Jesucristo, ni se nos ocurre pensar que hagamos parte del Cuerpo de creyentes del Libro de Hechos, pues, en esa Iglesia o Compañía, se introdujeron en su seno muchos lobos rapaces, que esparcieron las ovejas al principio de sus dolores. No nos adjudicamos nada de lo que hallemos expuesto, ni en Sus palabras ni en las estrellas.  

Aunque no hayamos comprendido nunca la Biblia,  todo se nos enseña  sin dejar de ver nuestra propia caída condición. De lo contrario, si Dios no nos enseñase con pelos y señales nuestra caidísima condición a Su lado, vamos a confundirnos. Vamos a "imaginarnos" que somos cooperadores de Dios. Y que nuestra "operación" por tanto, se equipara en todo con la "operación" de Dios. No cesaremos como el toro de volver al "picador" para ser experimentados en quebranto y dolor. Para morir en nuestras embestidas intentándo. No cesaremos de "obrar" para producir lo que solo Cristo puede producir. Llegaremos a morirnos sin saber si hemos hecho, o no, "nuestro mejor". Porque toda conciencia humana viene sabiendo que siempre se halla en falta! - Todo esto se gana cuando se deja el Lugar Alto en Cristo. Cada vez que nos bajamos a recoger migajas Escriturales, nos duelen más los riñones. Así nos castiga el Espíritu y nos obliga amorosamente a sentarnos a Su diestra más alta.

No se os ocurra identificaros siquiera con nada Escritural que se vea y palpe solo por los cinco sentidos carnales. No tratéis de hacer con Sus palabras figura alguna terrenal a la cual llaméis SU IGLESIA. La verdadera Iglesia del Gran Secreto es invisible del todo, ni se conocen en el mundo ni se podrán reconocer y la lleva guardada Dios solo en Su seno, por entera, y a cada uno de Sus miembros. Sus Palabras las revela Dios ahora desde la Cabeza, y aquí en esta Iglesia jamás ha podido introducirse lobo alguno de las demás Iglesias diseminadas y esparcidas por el mundo.  

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