El Perfecto Templo de la Verdad
El Perfecto
Templo de la Verdad
Una demostración de la divina construcción del Canon de las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento
Charles H. Welch
Traducción: Juan Luis Molina
¿QUÉ SE ENTIENDE POR “INSPIRACIÓN”?
Toda la Escritura ha sido dada por inspiración de Dios (2ª Tim.3:16). La palabra así traducida es la griega theopneustos, formada de Theos “Dios”, y una parte del verbo pneo “respirar”. Proveniente de esta palabra obtenemos “espíritu”, que aparece en el castellano en términos tales como neumático y neumonía, donde se hace evidente el primitivo significado de raíz “aire, respiración”, y la conexión entre “inspiración” y “aliento” es aparente en palabras tales como “respiro” y “transpiración”. Por estos casos podemos bien concluir que el gráfico de la Escritura, lo que “está escrito”, es inspirado por Dios, Theopneustos o “respirado de Dios”. Las Escrituras abundan con similares afirmaciones.
Dios habiendo hablado… en otro tiempo por los profetas (Heb.1:1)
Era necesario que se cumpliese la Escritura en que el ESPÍRITU SANTO HABLÓ ANTES POR LA BOCA de David acerca de Judas (Hechos 1.16).
El Evangelio de Lucas registra que, en dos ocasiones, después de que el Señor hubiera sido levantado de la muerte, se atribuyó el canon de Escritura del Antiguo Testamento:
Y comenzando desde Moisés y siguiendo por todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras lo que de Él decían
Estas son las palabras que os hablé, estando aun con vosotros: que era necesario que se cumpliese todo lo que está escrito de Mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos (Lucas 24:27, 44).
El Antiguo Testamento se divide en tres partes (1) La Ley (Torah), (2) Los Profetas (Nebiim), (3) Los Salmos (Kethubim).
El tercer título Kethubim significa literalmente “Los escritos”, pero como el libro de los Salmos encabeza la lista, este título es el que ha venido a utilizarse en su lugar. Un pasaje en el Talmud (una obra que preserva las tradiciones de los Ancianos) dice “Este es el orden de los profetas: El libro de Josué, Jueces, Samuel, Reyes, Jeremías Ezequiel, Isaías y los Doce”. Ellos reconocían que Isaías efectivamente venía delante de Jeremías, pero en su pintoresca forma de verlo, dicen que “así acomodan la destrucción con la destrucción, y el consuelo acomodan al consuelo”. En las páginas de este pequeño estudio hemos dejado los libros de la Biblia tal y como fueron juntamente asociados, y sin perder ni un solo libro de las Santas Escrituras, hemos descubierto que hay 49 en perspectiva, y que pueden ser tan bien ensamblados como para presentarlos a la vista como un “Templo de la Verdad”, el cual, aunque se deje por explicar el CÓMO de la inspiración, sí que muestra la evidencia de que UNA SOLA MENTE, tal como el del Arquitecto de un edificio, fue sin duda la que concibió y supervisó la obra desde el principio hasta su fin, de tal manera, que, cuando Moisés escribió “En el principio” (Gén.1:1), Dios ya estaba visualizando las palabras de 1ª Corintios 15:24 “Entonces viene el fin”. Cualesquiera que puedan ser las acusaciones que justamente recaigan sobre los Judíos (y son muchas, culminando con el repudio de su Mesías), ellos sin embargo fueron siempre muy celosos de las Escrituras que se le encomendaron, contando cada palabra y cada frase con tanta meticulosidad y cuidado, que todos los libros pueden juntarse por sus observaciones (El Massorah, o directorio marginal).
EL TESTIMONIO DE JOSEFO
Flavius Josephus, un Judío de la distinta línea sacerdotal, nació en el año 37 D.C. Él fue quien escribió “Las Guerras de los Judíos”. “Las Antigüedades de los Judíos”, una autobiografía, y “Un Tratado contra Apion”. El siguiente comentario conlleva el peso de opinión que hacen el Obispo Porteous y el Obispo Scaliger con respecto al carácter de Josefo:
La fidelidad, la veracidad y la aprobación de Josefo son universalmente admitidas, y Scaliger en particular declara que, no solamente en los asuntos de los Judíos, sino además también de las naciones extranjeras, él detiene más veracidad que todos los escritores griegos y romanos juntos.
Este es el testimonio de Josefo concerniente a las Escrituras del Antiguo Testamento:
Porque no es que tengamos una innumerable multitud de libros entre nosotros, desagregados entre sí y contradiciéndose unos a otros, sino solamente veintidós libros, los cuales contienen los registros de todas las edades o tiempos pasados; los cuales son justamente creídos ser divinos; y de ellos, cinco pertenecen a Moisés…Los profetas que fueron posteriores a Moisés, pusieron por escrito lo sucedido en sus respectivos tiempos en trece libros. Los restantes cuatro libros contienen himnos a Dios, y preceptos para la conducta de la vida humana.
La manera como tan firmemente le hemos dado credibilidad a estos libros de nuestra propia nación se evidencia por lo que hacemos; porque durante tantas edades por las cuales hemos ido pasando, ninguno de nosotros ha sido tan osado como para añadirle o sustraerle cosa alguna a sus contenidos; sino que viene a ser natural para todos los Judíos, inmediatamente, y desde su nacimiento, estimar estos libros que contienen la divina doctrina, y persistir en ellos, y si necesario fuera, morir voluntariamente por ellos (Apion, Bk. I . Par.8).
Este es el testimonio de un hombre que expresa de la manera más evidente su profunda convicción, y no la suya solamente, sino el mismo pensamiento de la nación entera. Llamamos la atención, sobre todo, al hecho de que este hombre, que prefería morir antes que añadir o quitar algo de las sagradas Escrituras, declare que el Canon Hebreo consista de VEINTIDÓS LIBROS solamente. La mayor parte de los lectores son conscientes de que el Antiguo Testamento castellano contiene TREINTA Y NUEVE LIBROS, pero eso se debe a que los “profetas menores” sean contados por separado, y que dobles libros tales como 1ª y 2ª Crónicas se cuenten como dos. En el Canon Hebreo, Rut se cuenta con Jueces, Nehemías con Esdras, Lamentaciones con Jeremías, esto, junto con que los doce profetas menores sean tratados como uno solo, reduce el número de “rollos”, sin alterar para nada el número de libros separados.
UN TESTIMONIO 232 AÑOS ANTES DE CRISTO
El Libro de Eclesiastés fue escrito en Sirio-Caldeo cerca del año 3772 después de Moisés, que son doscientos y treinta años antes de Cristo, y fue traducido por el nieto de su autor al Griego. En el prólogo se refiere a su abuelo y la manera cómo le daba a leer “la ley, y los profetas, y los demás libros de sus padres”, lo cual es suficiente para probar que una tal reconocida colección de libros sagrados ya se hallaban entonces en existencia.
EL TESTIMONIO DE LA TRADUCCIÓN
Una vez que Pablo utiliza el término “Antiguo Pacto” en 2ª Cor.3:14, está claro naturalmente que los escritos del apóstol debían ser conocidos como el “Nuevo Pacto” (Eusebio H.E., vi. 25) o “Los Evangelios y los Profetas” (Clemente de Alejandría, Ignacio, Justino Mártir y otros). Antes de acabar el segundo siglo comenzaron a realizarse las traducciones del Nuevo Testamento, y en estas efectivamente se prevenía de cualquier alteración, puesto que un tal fraude vendría inmediatamente a ser conocido y expuesto – a menos que, de hecho, somos lo suficiente crédulos como para creer, que, tanto amigos como enemigos, de diferentes naciones, lenguas y opiniones, hubiesen todos sin excepción haber acordado aceptar dicho fraude.
En la tercera edición de la Enciclopedia Británica leemos:
Este argumento es tan poderoso, que, si negamos la autenticidad del Nuevo Testamento, entonces bien podemos con mil veces más autoridad repudiar todos los demás escritos en el mundo entero.
Los hechos siguientes deben ser tenidos en cuenta por cualquiera que levante objeciones en cuanto a la veracidad del canon de los libros del Nuevo Testamento:
(1) No puede ser demostrada ninguna duda en cuanto a la autenticidad de cualquier libro del Nuevo Testamento en el periodo cuando tales libros aparecieron.
(2) No hay ningún reconocimiento corriente que nos lleve a repudiar ninguno de tales libros como falsos o sospechosos.
(3) No hay un prolongado espacio de tiempo ocurrido después de la muerte de los escritores antes de que el Nuevo Testamento fuese ampliamente conocido.
(4) Los libros del Nuevo Testamento son efectivamente mencionados por escritores que vivieron al mismo tiempo de los apóstoles.
(5) Ningún hecho se ha registrado de lo que sucedió después de la muerte de los escritores, exceptuando, claro está, los provenientes de la profecía.
EL PERFECTO TEMPLO DE LA VERDAD
La importancia en el hecho de que el Canon Hebreo contenga veintidós libros puede ahora comprobarse. El número de libros en el Nuevo Testamento es 27, en el Antiguo Testamento 22. Sumándolos juntos, tenemos 49 (7x7), el número perfecto para el Canon completo. Además, entre los 27 libros del Nuevo Testamento, hay siete epístolas universales, siete epístolas Paulinas escritas antes de Hechos 28, y siete epístolas Paulinas escritas después de Hechos 28. El Libro de Apocalipsis también contiene siete epístolas enviadas a las siete iglesias en Asia. Tenemos, por tanto, el gran fundamento de la Ley, Profetas, Salmos, Evangelios y Hechos, soportando las siete columnas de Epístolas, coronadas con la séptupla cornisa del Apocalipsis – un templo de la verdad completo, perfecto y divinamente diseñado.
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