Las Epístolas Desde la Prisión
19º Parte
CAPÍTULO CUATRO
CAPÍTULO CUATRO
DE LA
EPÍSTOLA A TIMOTEO
El capítulo cuatro comienza solemnemente con un encargo a Timoteo. Ahora
estamos leyendo las últimas palabras del Apóstol Pablo de su ministerio escrito
para su hijo en la fe, y son palabras enriquecidas con significado e
importancia. Cuando escribía su primera carta a Timoteo el Apóstol había
empleado la palabra “encargo” dos veces (1ª Tim.5:21; 6:11-14) en conexión con
los asuntos de la iglesia. Aquí estaba su último encargo:
Te encargo delante de Dios y del Señor Jesucristo, que
juzgará a los vivos y a los muertos en Su manifestación y en Su reino, que
prediques la palabra… (2ª Tim.4:1 y 2).
La atención de Timoteo se tiene ahora que dirigir una vez más hacia el Señor
Jesús y al hecho de Su futura apreciación de su servicio cristiano. Hay algunos
que les gustaría eliminar esta apreciación del Cuerpo de Cristo, así como hay
otros que removerían la palabra “reino” de esta iglesia y la limitarían al
pueblo de Israel. Ya hemos tratado con este asunto anteriormente, pero nos
gustaría volver a señalar que evadir así las Escrituras es realmente peligroso,
y debe ser evitado por todos aquellos que deseen ser considerados por el Señor
como fieles testigos a Su verdad. A seguir en el capítulo, Pablo describe a
Cristo como el “Juez justo”, Quién le condecorará dándole la “corona de
justicia” (vers.8). Todo sabio siervo cristiano guardará su atención
constantemente sobre esta futura apreciación del servicio hecha por el Señor, y
esto le librará de ser esclavo de los hombres o de la aprobación del hombre.
Tan solamente Su veredicto se tendrá presente y será importante en aquel día.
Es bueno que no ignoremos la verdad: que juzgará a los vivos,
significa los que estén vivos, así que por este versículo podemos deducir que
habrá algunos miembros del Cuerpo que estarán vivos al tiempo de la manifestación
del Señor. Todos nosotros por eso deberíamos “vivir…mirando la bendita
esperanza y la aparición de la gloria de nuestro gran Dios y Salvador
Jesucristo” (Tito 2:12, 13), y guardar esto en la memoria como una diaria
inspiración para el servicio. Esto puede hacer que sea más leve y dulce
cualquier prueba y obstáculo que pueda presentarse, y nos capacitará además
para seguir enfrente en nuestro camino sin desviarnos de la huella de la
verdad.
Pablo no entra en detalles con Timoteo acerca de cómo se cumplirá esta gran
esperanza, pero ya se le había enseñado que la carne y la sangre no pueden
heredar el Reino de Dios, así que la gloriosa transformación de Filipenses
3:20 es una necesidad, y podemos reposar confiadamente sabiendo que sucederá
ciertamente, tanto si estamos vivos como si nos vamos antes a dormir en Cristo,
en la manifestación de la gloria del Señor en los cielos. El Apóstol ya se había
referido al reino de Su amado Hijo en Colosenses 1:13 en donde habían sido de
gracia introducidos por el Padre, y al final de 2ª Timoteo cuatro, él centra
sus ojos aguardando por la fe este “reino celestial” (vers.18) asociado con el
ascendido y sentado Cristo a la diestra de Dios. Esto no debe confundirse con
la fase terrenal del reino de Dios en la cual es el redimido y restaurado
Israel quien se halla tan íntimamente asociado. Filipenses 3:20 deja claro que
nuestro hogar no es terrenal, sino que existe en el cielo, y Colosense
nos urge a guardar nuestras mentes fijas allí como nuestra cierta esperanza, y
no en las cosas de la tierra (Col.3:1).
A medida que las tinieblas descritas en 2ª Timoteo vayan descendiendo sobre
nosotros, ojalá que nuestro testimonio del buen depósito de la verdad de Dios
que se nos ha encomendado brille con todo su esplendor, como “luminares en este
mundo” (Filip.2:15). Podemos ser antorchas encendidas constantemente por Aquel
Quien solo sea la verdadera Luz del mundo (Juan 8:12).
Pablo ahora da cinco exhortaciones en su último encargo a Timoteo. Damos
una viva traducción de Moffatt:
Predica (proclama) la Palabra , tanto a tiempo
como fuera de tiempo, refutando, verificando y exhortando a los hombres; nunca
pierdas la paciencia con ellos, y nunca abandones tu enseñanza; pues vendrán
tiempos cuando la gente decline y se niegue a serle enseñada la sana doctrina;
acumularán maestros que se acoplen a ellos propios y sostengan sus fantasías;
taparán sus oídos a la verdad y se volverán a los mitos (2ª Tim.4:2-4).
Ya hemos visto que no se debe confinar la palabra “predicar” al púlpito. Se
aplica sobre todos los hijos de Dios que sientan la responsabilidad que
conlleva el conocimiento de la verdad. Cada uno de nosotros se halla bajo una
obligación hacia el Señor para proclamar la Palabra a otros en sabiduría, como una
oportunidad ofrecida, y esto debe hacerse en todo tiempo. Si no lo llevamos a
cabo, no estaremos “redimiendo el tiempo” (Efesios 5:16). Nuestro privilegio es
pasar en mano a terceros, no nuestras opiniones, sino la verdad de Dios que ha
puesto a nuestra guarda.
Es muy significativo que la griega logos, traducida “palabra”,
aparezca siete veces en esta epístola, lo que señala su importancia (1:13; 2:9,
11, 15, 17; 4:2, 15). Aquí tenemos una expansión del conocimiento espiritual
que nunca podrá ser totalmente conectado a este lado o cara de gloria terrenal,
pero que es más que suficiente tanto para el maestro como para los que vengan a
ser enseñados hasta ese día que descienda la gloria celestial. A Timoteo se le
dice que reprenda, exhorte, y enseñe con toda paciencia, y que no lo deje de
hacer nunca, especialmente sabiendo que vendría un abandono de la verdad y que
las personas entonces solo querrán escuchar las cosas que le agraden,
sosteniendo sus fantasías. ¡Qué gran tentación supone para el siervo de Dios
darle a sus oyentes lo que ellos quieran en vez de lo que precisan,
en otras palabras, eviten el riesgo de contradecirles queriendo agradarles!
Existen muchos ministros hoy en día que están a merced de su congregación. Este
tipo de ministro decide no proclamarles todo lo que sabe de la verdad de Dios
por miedo de perder su trabajo. Mucha de la oposición hacia el testimonio que
dio Pablo hoy en día tiene este temor como su base, y los críticos lo confesarían
si fuesen honestos y declarasen la verdadera razón de sus críticas.
El Apóstol expone claramente cuál viene a ser el resultado: “ellos…
amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y apartarán sus oídos de
la verdad, y se volverán a las fábulas” (vers.3, 4 Versión Revisada). En el capítulo
1:15 Pablo había declarado que todos los que estaban en Asia le habían
abandonado. Si la persona abandona el medio o canal humano por el cual está
hablando el Cristo resucitado, tan solo puede haber una consecuencia, se alejarán
de la verdad. Y eso es precisamente lo que vemos a nuestro alrededor hoy en día.
La moderna Cristiandad ha desertado en gran parte de la revelación de Cristo
dada a través del Apóstol de los Gentiles, y el resultado es la confusión, la
depravación y la recepción del mito en lugar del “buen depósito”. Si se repudia
la verdad, algo tiene que tomar su lugar, y eso solo puede ser la mentira.
Mucha de la oposición actual y presente proviene de lo que se denomina como
“ciencia”, pero tiene de todo menos algo de científico, siendo tan solo
especulación. ¡Y sin embargo, cuan listos están muchos para rebajarse a esta
engañosa ciencia en vez de someterse a la autoridad de la Palabra de Dios, con lo
cual solamente indican dónde reside su verdadera inclinación de corazón!
Los pensamientos del Apóstol se vuelven ahora hacia Timoteo:
Pero tú se sobrio en todo, soporta las aflicciones,
haz obra de evangelista, cumple tu ministerio (vers.5).
La griega su es enfática como correctamente indica la Versión Revisada
Estándar traduciéndola en cuanto a ti. Timoteo debía estar siempre
alerta y estar preparado en todo tiempo para las asperezas por causa de
Cristo. Es sorprendente hallar que, con la constante y frecuente presión puesta
sobre la evangelización o predicación del evangelio, la palabra evangelista
tan solo aparezca tres veces en el Nuevo Testamento (Hechos 21:8; Efesios 4:11
y aquí). Después de los ministerios fundamentales de los apóstoles y profetas,
antes de que fuese completado el Nuevo Testamento, entonces fueron seguidos del
evangelista, el pastor y el maestro (Efesios 4:10, 11). No estábamos a espera
de más apóstoles y profetas, pues su obra acabó a seguir a la fundación. Son
sustituidos por un inferior pero necesario orden de ministerio, esto es, los
tres referidos encima.
Ser evangelista en aquellos día más tempranos significaba realizar una áspera
labor que de manera general es extraña y ajena a la moderna evangelización
actual. Uno tan solo tiene que comparar las condiciones de los días de Pablo
con las nuestras actuales. Por eso a Timoteo le exhorta a finalizar la obra que
le había sido encomendada, sin importar cuán difíciles fuesen las condiciones.
Este fue el mismo mensaje que el Apóstol le dio a Arquipo en Colosenses 4:17.
Nosotros desesperamos muchas veces y los resultados parecen ser muy
escasos, pero no debemos olvidarnos que estamos bajo la protección de Aquel
Quien, habiéndonos introducido en la carrera celestial, puede llevarnos a salvo
hasta la meta a medida que de Él nos asimos continuamente por la fe.
El Apóstol continúa:
Haz obra de evangelista, cumple tu ministerio. Porque
yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano (2ª Tim.4:5, 6).
Pablo ya había empleado las palabras “partida” y “sacrificado” una vez
anteriormente en Filipenses 1:23 y 2:17. La Versión Revisada
al margen del versículo seis señala que la palabra “sacrificado” u “ofrecido”
significa “derramado como ofrenda de libación”, una hermosa figura del sacrificio
ofreciéndose a sí propio en servicio por Su Señor. Rápidamente entendemos esta
figura cuando vemos a las personas dando sus vidas en servicio devocional por
otros. Decimos entonces que están “derramándose a sí mismos” en respaldo y
servicio de otras personas. Así sucedía con el Apóstol Pablo; su concepto de
servicio era desgastarse a sí propio y todo lo que tuviera sin guardar reserva
alguna por su Salvador y Señor. Esta era la “mente de Cristo Jesús”
(Filip.2:5-8) Quien libremente se entregó a Sí Mismo por los pecadores hasta el
extremo, hasta la cruz del Calvario, y esta actitud mental fue la que permaneció
con Pablo hasta el final. Bien podemos preguntarnos, ¿cuánto puede costarnos
nuestro servicio cristiano? ¿Estamos dispuestos a ir “hasta el fin” por Aquel
Quien dio todo lo Suyo por nosotros? ¡El servicio que nos cueste poco, de muy
poco es digno!
Pablo continúa, diciendo:
He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he
guardado la fe. Por lo demás, me está guardada la corona de justicia, la cual
me dará el Señor, juez justo, en aquel día; y no solo a mí, sino también a
todos los que aman Su venida (4:7, 8).
Los tres modos perfectos aquí conllevan un sentido de finalidad.
Para el Apóstol, éste es su fin. En 1ª Timoteo 6:12 había apelado a Timoteo a “pelear
la buena pelea de la fe” y ahora declara que su propia corrida ya se ha
acabado. “He acabado mi carrera” declara Pablo. Cuando se dirige a los ancianos
Efesios en Hechos veinte, considerando las aflicciones que le aguardan
enfrente, él dijo:
Pero ninguna de estas cosas me cuido, ni tan siquiera
mi vida considero buena para mí, con tal que acabe mi carrera con gozo,
y el ministerio que he recibido del Señor Jesús (Hechos 20:24).
Este fue su íntimo deseo todo el tiempo, “una cosa hago…me extiendo
adelante, hacia el premio del alto llamamiento de Dios en Cristo Jesús”
(Filip.3:13, 14). Pablo ahora se hallaba obteniendo su objetivo o llegando a su
meta propuesta, y en verdad pudo escribir: “He acabado (completado) la carrera”.
Mientras que, cuando estaba corriendo, él solo podía decir: “yo mismo no
pretendo aún haberlo alcanzado” (Filip.3:12). Pero ahora tenía consigo la
certeza de haber llegado al fin, y ganado la corona victoriosa. Ya hemos visto
que la “corona” dice respecto a la recompensa añadida y el reinado de
los siervos vencedores y fieles. “Si pacientemente soportamos, para que también
reinemos con Él” (2ª Tim.2:129), y ya hemos señalado la vital distinción entre
la salvación de los miembros del Cuerpo de Cristo por gracia y viviendo con Él,
contrastada con el premio añadido, la recompensa o corona. Aquí se nos
ofrece el inexplicable privilegio, no tan solamente de vivir con Cristo, sino
además, de compartir Su trono y la administración del universo en la gloria
venidera; aunque este privilegio se halla sujeto sobre el leal y altruista
servicio por el Seños hasta el final.
El Señor es el Juez justo, o el Imparcial, Quien recompensará justamente a
cada miembro del Cuerpo lo que le sea debido. Bien podemos depender del todo de
Su imparcial aprobación. Las opiniones de los demás concernientes a nuestra
vida no tienen lugar aquí, y podemos tranquilamente dejarlas de lado. Uno es
nuestro Maestro, el propio Cristo, y todo servicio debe serle rendido a Él, y
no a los hombres.
La sección final de esta epístola (vers.9-22) viene a seguir, empezando con
un requisito personal. Pablo le encarga a Timoteo una vez más que haga lo
posible por visitarle lo más pronto posible cuando las condiciones atmosféricas
se lo permitiesen, y precisaba de urgencia debido al abandono de Demas. Su
alejamiento lo atribuye el Apóstol a su amor de este mundo o edad presente, en
vez del amor por el aparecimiento del Señor. ¡Cuánto precisamos estar al tanto
contra este insidioso reclamo de las cosas presentes que nos rodean, en vez de “las
cosas de arriba, donde Cristo está sentado” (Col.3:12, 12). En contraste a la
deslealtad de Demas, se nos presenta Lucas, el médico amado, fiel a Pablo hasta
el final. El Señor no tan solo fue misericordioso garantizándole el precioso
regalo de un fiel amigo, en medio de los muchos abandonos que sufría cuando más
necesitado estaba, sino además uno fiel que cuidaba por su salud.
Marco, en contraste a Demas, aunque en un tiempo hubo sido infiel, causando
la disensión entre Bernabé y Pablo, ahora es “provechoso” (o útil) para el
ministerio (esto es, el servicio cristiano de cualquier clase). Timoteo ha de
tenerlo en su senda y llevarlo consigo como compañero. De Crescente no sabemos
nada, pero la tradición lo asocial con las Iglesias de Viena y Mayenne en Gael.
La ida de Tito a Dalmacia parece indicar que la obra en Creta había finalizado.
Su nueva área se hallaba en la costa este del Mar Adriático que ahora es
Yugoslavia (N.T.- al tiempo de Stuart Allen).
Tiquico era uno de los asociados fieles de Pablo. Había sido el portador de
las epístolas a los Colosenses y a los Efesios, y es posible que fuese a
relevar a Timoteo en Éfeso durante la ausencia de éste mientras visitaba a
Pablo en Roma.
Ahora se le encarga a Timoteo que traiga consigo el capote que el Apóstol
había dejado a cargo de su huésped, Carpo, en Troas. Este consistía de una
vestimenta en material pesado que le ayudaría a pasar más levemente los rigores
del clima en una catacumba romana. Pablo nunca pretendió posar como mártir. No
veía ni hay virtud alguna en pasar frío innecesariamente, aunque bien sabemos
por su lista de sufrimientos por Cristo, detallada en 2ª Corintios once, que
muchas veces debió experimentarlo.
No sabemos nada de los libros y los pergaminos. Son
evidentemente documentos que el Apóstol valoraba, y posiblemente algunos contenían
partes de Escritura. Estas encomiendas personales conllevan una marca muy
acentuada de autenticidad. Un fabricante muy difícilmente podría escribir de
esta manera. Pablo entonces avisa a Timoteo contra Alejandro el calderero que
tan amargamente se le opuso en su ministerio. A lo cierto no podemos
identificarlo ni con el Alejandro de Hechos 19:33, 34, ni con el que se
menciona en 1ª Timoteo 1:20, pues Alejandro era un nombre muy común, pero es
posible que sea la misma persona que se menciona en 1ª Timoteo, si así no
fuera, Pablo los hubiese distinguido claramente. En el versículo catorce el
verbo “pague” se halla en el modo futuro: “el Señor le pagará (como a
todos) por sus actos”. No hay deseo de venganza de parte de Pablo tal como
sugiere la Versión
Autorizada.
El Apóstol ahora nos expone los incidentes en cuanto a su defensa en
tribunal delante de Nerón:
En mi primera defensa ninguno estuvo a mi lado, sino
que todos me desampararon, no les sea tomado en cuenta. Pero el Señor estuvo a
mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que
todos los Gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león (4:16, 17).
Parece ser que esta sea una referencia a la investigación preliminar y
anterior al juicio formal. Estar públicamente asociado con tan prominente
cristiano llegó a ser tan peligroso, que ninguno fue lo suficientemente
valiente para llegarse al medio y defender su causa. Todos en Asia le habían
dado la espalda (1:15) y Pablo se mantuvo desertado y solitario. Al igual que
Su salvador (pues todos se olvidaron de Él y huyeron) Quien oró por aquellos
que le crucificaban diciendo: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen”,
así el gran hombre de Dios, abandonado por todos, tal como Cristo estuvo en Su
hora de necesidad, pudo orar y decir: “que no se les tome en cuenta”.
Pero Pablo, severamente probado como estaba, antes bien, registra que el Señor
estuvo a su lado y le fortaleció hasta el final victoriosamente, para que el
sagrado depósito de verdad a él encomendado “pudiese darse a conocer y que lo
escuchasen todos los Gentiles” (vers.17). Esta era evidentemente la última
oportunidad que Pablo tenía para dar un testimonio público a la verdad a él
encomendada primariamente para los Gentiles, puesto que él era el Apóstol de
los Gentiles, el medio o canal a través del cual el Señor dio a conocer el
Evangelio de Su gracia a todas las naciones (Rom.1:5) y a través de quien todos
los constituidos del Cuerpo de Cristo pudiesen ser iluminados en cuanto al Gran
Misterio (Efesios 3:1, 9).
Han surgido muchas especulaciones en cuanto a lo que quiso decir el Apóstol
habiendo sido “rescatado de la boca del león” (vers.17). Algunos han enseñado
que se refiere a Nerón, o posiblemente a Satanás, el “león rugiente” (1 Pedro
5:8). No nos parece apropiado referirse a los leones en el foso del anfiteatro,
pues eso no era aplicable para el ciudadano romano. Es evidente que fue librado
de algún peligro inmediato y extremo, con lo cual pudo Pablo ser capaz de
realizar plenamente el ministerio que Cristo le encomendó. Toda la oposición de
Satán y los poderes de las tinieblas serían incapaces de prevenirlo. Significa
que el Apóstol era inmortal hasta que su obra fuese concluida, y entonces podía
con el mayor regocijo mirar adelante hacia las glorias del “reino celestial”
del Señor (vers.18). Por eso es que casi su último pensamiento se dirige al
reino del Señor que abarca todas las esferas, tanto las celestiales como en la
tierra, y hemos aprendido, estamos seguros, a no confundir estas dos
relacionadas pero al mismo tiempo distintas porciones de Su gran propósito
redentor.
Antes de posar su pluma por última vez, Pablo menciona creyentes que habían
estado íntimamente asociados con él y con Timoteo. Priscila y Aquila, la devota
pareja que siempre le acompañaron y a quienes todas las iglesias Gentiles se
hallaban en deuda (Rom.16:3, 4); la casa de Onesíforo, el consolador (1:16,
17). Erasto permanecía en Corinto. Hay un Erasto mencionado en Romanos 16:23,
descrito como el tesorero de la ciudad, y otra persona del mismo nombre en
Hechos 19:22. Tanto si pueden ser identificados o no con el Erasto de 2ª
Timoteo no podemos decir con certeza. Trófimo se deja en Mileto enfermo, y aquí
volvemos a recordar que, tal como en el caso de Epafrodito (Filip.2:25-27), del
cambio de dispensación y la ausencia de los dones de milagrosas sanidades como
un evidente milagro. Es impensable que Pablo, si todavía tuviese consigo el don
de sanidad, no lo hubiese empleado en respaldo de estos fieles creyentes que se
hallaban tan desesperadamente necesitados físicamente, y que tanto significaban
para él. Hechos veinte y veintiuno pueden consultarse para ver en detalle la
asociación de Pablo y Trófimo.
Una vez más se le encarga a Timoteo que haga todo lo posible por estar con
el Apóstol antes que llegase el invierno (vers.21). Se envían saludos de
Eubulo, Pudente, Lino y Claudia. Poco o nada sabemos de estos creyentes que serían
bien conocidos para Timoteo. De acuerdo con Ireneo, Lino fue el primer obispo o
supervisor de la iglesia en Roma. Algunos han tratado de identificar a Pudente
y Claudia con dos personas del mismo nombre mencionados en sendos poemas de
Marcial, siendo que la esposa sería inglesa. Pero es sabido que Marcial no vino
a Roma hasta el año 66 y la mayor parte de sus epigramas pertenecen a la
generación siguiente, así, pues, esta identificación está muy lejos de ser
probada y establecida, por muy interesante que parezca.
Las últimas palabras del Apóstol, de su propio puño, fueron sus más
características refiriendo a la gracia que garantizaba la autenticidad de su epístola
(2ª Tesal.3:17, 18), y fueron su mensaje final para su querido y amado hijo en
la fe:
El Señor esté con tu Espíritu. Que la gracia sea con
vosotros (Vers.22
Versión Revisada).
El último pronombre es plural, mostrando que Pablo también tenía en mente
al remanente de los fieles de aquel tiempo.
¿Llegaría Timoteo a visitar al Apóstol antes de su ejecución? ¿Se mantendría
fiel a seguir a la partida de Pablo? No lo sabemos, pues la historia de la
iglesia no le menciona, pero ya lo sabremos cuando seamos todos reunidos juntos
en la resurrección semejante a la de nuestro Salvador y Cabeza delante de Su
presencia. Tampoco podremos decir si enfrentó su triunfal muerte en solitario o
con los pocos fieles asociados a él. La tradición nos dice que fue llevado a
unos cinco quilómetros hacia las afueras de la ciudad de Roma y que allí fue
ejecutado por la espada romana, y que tres de los guardas se convirtieron en el
camino, los cuales también vendrían sufrir el martirio posteriormente por causa
del Señor Jesús.
Lo mucho que Timoteo iría a precisar de la presencia del Señor, de su
aliento y gracia en los tenebrosos y peligros tiempos que le aguardaban
adelante, tan solo el propio Pablo sabía. Pero podía estar segurísimo de que
Aquel Quien le había hecho triunfar a él sobre todas las dificultades,
cansancios, persecuciones y amargas oposiciones, sería más que capaz y
suficiente para este hombre joven, tan próximo de tomar la tremenda
responsabilidad por las verdades que caracterizan esta era de abundante gracia.
¿Qué podemos decir concerniente a un tan devoto, fiel y útil servidor del Señor?
Tan solo podemos procurar por la misma gracia y seguir lealmente en sus pasos
tal como él siguió a Cristo (1ª Cor.11:1) y agradecer al Señor con todo nuestro
corazón por un tan maravilloso ejemplo para nosotros los Gentiles (Efesios 3:1,
13; Col.1:24). Las palabras de Farrar son muy apropiadas en este punto:
“Ningún santo de Dios alcanzó las mismas alturas en tantas capacidades, ni
recibió los dones del Espíritu en un tan rico derramamiento, ni que portase en
su cuerpo mortal tales evidentes marcas del Señor. En su tiempo de vida nunca
se quedó atrás del principal de los Apóstoles, y se eleva por encima del más
grande de los santos que se haya esforzado por seguir el ejemplo de su devoción
al Señor”.
Y así llegamos al final de estas cartas de Pablo. Una cuidadosa y oratoria
consideración de las riquezas contenidas en estas epístolas, dará una cierta
indicación acerca de su abundante riqueza espiritual, las cuales aguardan
nuestra exploración por la fe:
(Cristo, el Amado) en Quien tenemos redención por Su
sangre, el perdón de los pecados, de acuerdo a las riquezas de Su gracia… (Efesios 1:6, 7).
Alumbrando los ojos de vuestro entendimiento; para que
podáis conocer cuál sea la esperanza de Su llamamiento, y cuáles sean las
riquezas de la gloria de Su herencia en los santos… (Efesios 1:18).
Para que en los siglos venideros pueda Él mostrar las sobreexcedentes
riquezas de Su gracia en Su bondad para con nosotros por Cristo Jesús (Efesios 3:8).
Para que Él pueda, de acuerdo a las riquezas de
Su gloria, fortaleceros con poder por Su Espíritu… (Efesios 3:16).
Mi Dios por tanto suplirá todo lo que os falte de
acuerdo a Sus riquezas en Gloria por Cristo Jesús (Filip.4:19).
…el misterio (secreto) que había estado escondido por
todos los siglos y edades (generaciones), pero que ahora ha sido dado a conocer
a Sus santos: a quienes Dios quiso manifestar cuáles sean las riquezas
de la gloria de este misterio (secreto), el cual es Cristo en (o entre)
vosotros (Gentiles), la esperanza de gloria (Col.1:26, 27).
…sus corazones unidos en amor, hasta alcanzar todas
las riquezas del pleno entendimiento, a fin de que podamos conocer el
misterio (secreto) de Dios el Padre, y de Cristo (Col.2:2).
Ojalá que tanto el lector como el escritor aprendan a “poseer nuestra
posesión” por la fe en lo que Dios ha revelado en estas epístolas en prisión de
Pablo, y además por la gracia permanecer absolutamente fiel a un tan alto
llamamiento e heredad sin importar lo que cueste en estos tenebrosos y
desafiantes días, acordándonos que nuestra “bendita esperanza” no puede estar
muy distante. Ojalá que esto nos fortalezca constantemente, nos de ánimo y nos
inspire mientras estamos:
Aguardando nuestra bendita esperanza, la manifestación
de la Gloria
de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo, Quien se dio a Sí Mismo por
nosotros para redimirnos de toda iniquidad, y purificar para Sí Propio un
pueblo Suyo celosos por buenas obras (Tito 2:13 Versión Revisada Estándar).
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