Las Epístolas Desde la Prisión
14º Parte
CAPÍTULO TRES
DE LA EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES
CAPÍTULO TRES
DE LA EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES
El capítulo tres comienza con la frase to /oipon, traducida en la Reina Valera por lo demás y la mayor parte de las Revisiones inglesas finalmente, lo cual da la impresión de que Pablo está concluyendo su carta. Sin embargo, una peculiaridad del estilo del Apóstol, es el hábito de la “digresión”, el resguardar su argumento principal para explicar o expandir un punto particular. (Observe el paréntesis de Efesios 3:2-13, y hay otros muchos ejemplos) Macknight declara que to loipon se pone por kata to loipon, “en cuanto a lo restante”, pues loipos significa “algo que queda”.
Así que no precisamos deducir que Pablo vaya a terminar de inmediato esta epístola. Todavía tenía algo consigo que decirle a los Filipenses, y esto es lo que vemos en el capítulo tres y cuatro, donde los verdaderos remarques conclusivos comienzan (4:8). Su llamamiento a “regocijarse en el Señor” repetido en 4:4 es característico de la epístola como ya hemos visto. Pero previendo ciertos peligros que se estaban dando, su firme cometido se vuelve para dar serios avisos. Para la protección de aquellos que están bajo su cargo, el Apóstol frecuentemente tenía que repetirse a sí mismo, volver a decir lo que ya había dicho. Él les asegura a los Filipenses que no le resultaba “gravoso” hacerlo así, y que sería seguro para ellos. Evidentemente, él tenía en mente un grupo de hostiles Judaizantes que describe de tres maneras: (1) perros, (2) malos obreros, (3) la circuncisión, o mutiladores del cuerpo. El término despectivo “perros” fue dado por los Judíos a los Gentiles, que eran enemigos de Israel y se refiere a los perros necrófagos que vaguean por las calles (Mat.15:26, 27; Apoc.22:15) y que se consideraban impuros. Pablo devuelve el epíteto contra los de su propia nación que tan constantemente se oponían tanto a él como al Evangelio que procuraba dar a conocer. Estos enemigos le seguían por todas partes done fuera, procurando atraer a los Gentiles convertidos y ponerlos bajo la esclavitud de la ley Mosaica, y en la epístola a los Gálatas, los tenía en mente casi constantemente. Eran “malos obreros”; también los denomina “obreros fraudulentos” en 2ª Corintios 11:13, y del mismo modo que el Señor Jesús dijo de los oponentes Fariseos, “recorrerían el mar y la tierra para ganar un prosélito, y cuando lo hicieran… los hacían dos veces más hijos del infierno que ellos propios”.
El tercer término es un juego de palabras: Katatome, es una parodia sobre la palabra similar para la circuncisión, peritome. La introducción de tipos y sombras en el mensaje de salvación del Evangelio, que hallan su realización en Cristo y Su obra acabada sobre la cruz, ahora hacen de la circuncisión una mera auto mutilación y a la par se iguala con las prohibidas prácticas paganas en Levítico 21:5 (compare 1ª Reyes 18:28).
El ritual físico que en un tiempo traía al Israelita en relación de pacto con Dios se acabó, y su equivalente espiritual podía ser aplicado a todos los redimidos de Dios, tanto al Judío como al Gentil. Ellos eran la verdadera circuncisión, los que poseían la realidad interior, no ya el ritual exterior (Filip.3:3; Rom.2:28, 29).
Después de avisar a la iglesia Filipense de las actividades de la “circuncisión según la carne”, esto es, los Judaizantes, el Apóstol Pablo afirma “porque nosotros somos la circuncisión, los que adoramos por el Espíritu de Dios y la gloria en Cristo Jesús, y no tenemos confianza en la carne” (Filip.3:3 R.Y.). La Versión Autorizada dice adoramos “en el espíritu”. El más antiguo testimonio manuscrito, el Chester Beatty papyrus, la palabra para “Dios” se omite, y el sentido entonces es “quienes adoran en espíritu”, la nueva naturaleza, en oposición a la carne, la vieja naturaleza de pecado. Esto está de acuerdo con la importante declaración del Señor Jesús en Juan 4:24: “Dios es espíritu, y aquellos que le adoran, deben adorar en espíritu y verdad”, esto es, verdaderamente en espíritu, aparte de la mente natural o la carne.
Esta efervescente declaración examina profundamente el interior de toda adoración, y eso es algo de gran importancia desde el punto de vista de Dios, esta importancia se ve por las siguientes palabras: “El Padre procura a los que le adoren…”. Si es cierto que el Padre procura continuamente por una tal verdadera adoración ¿Cuánto más la debe estar procurando encontrar en la cristiandad en su totalidad? Este es un solemne pensamiento que debería ejercitar las mentes de todos los creyentes. ¿Cuándo vendrán a aprender los cristianos que no pueden adorar tan solo con los sentidos? Existe tanta adoración sensual en las iglesias hoy en día, que es difícil encontrar alguna que se ocupe con la verdadera adoración en el espíritu. Es bien cierto que, los sentidos, pueden ser en alguna medida empleados en la expresión externa de la adoración. Pero las ceremonias y las formas externas o rituales nunca podrán producir por sí mismas la aceptable adoración. Será bueno que mantengamos siempre esto en mente.
Debemos notar, además, que latreuo, la palabra traducida adoración, se traduce “servir”, dieciséis veces, y “hacer servicio” una. Así que no debemos limitar el contexto a la adoración solamente, sino además incluir la idea del servicio acepte. Un tal servicio nunca puede provenir de “la carne”. Tan solo puede proceder del “espíritu” o la nueva naturaleza derramada sobre el creyente por Dios Mismo (2ª Pedro 1:4). El servicio cristiano realizado en la carne, en el esfuerzo de la carne, vendrá a ser considerado como “madera, heno y hojarasca”, destinado a ser consumido como indigno en el día que Cristo examine la obra de los creyentes (1ª Cor.3:12-15).
Otra marca de la verdadera iglesia es que cada miembro se regocija o gloría en Cristo Jesús solamente y no tiene confianza alguna en la carne (3:3). Kauchaomai “exultar o gloriarse” es una palabra casi exclusivamente Paulina, siendo por él empleada unas treinta veces. La declaración en Filipenses denuncia la tendencia innata del corazón humano para confiar o asegurarse por sus propios esfuerzos y méritos a la hora de ser acepte y aprobado con Dios. Depositar confianza o asegurarse en cualquier cosa que no sea Cristo es tener “confianza en la carne”. Esta es una lección que muy pocos parecen haber aprendido, pero es básica y fundamental para todo crecimiento en gracia y conocimiento del Señor.
Hubo un tiempo en el cual el propio Pablo no había aprendido esta lección, tal como ahora va a contarnos. Si dejó de lado sus privilegios o ganancias personales por nacimiento, no es porque no los tuviera. Los poseía, y en larga medida, pero iría a cortar de raíz con la educación que tuvo debajo del Judaísmo, mostrando con eso cuán vacío y fútil era a los ojos de Dios, teniendo en vista el crecimiento espiritual. Ahora vuelve a recordar su vida pre-cristiana y declara a los Judaizantes y a todos cuantos se glorían en ellos propios en su propia religión que, si compitiese con ellos, él se llevaría el primer lugar en la lista de los más dotados. Pablo en verdad era un Judío de gema y pura sangre, y detalla siete puntos para ilustrarlo.
(1) “Circuncidado al octavo día”, de acuerdo a los requisitos de la ley (Lev.12:3. Esto probaba que él no sería un común prosélito, circuncidado a seguir a su conversión al Judaísmo. Él lo era por nacimiento, y así, por tanto, había estado en la relación de pacto con Dios desde el principio de su vida.
(2) “Del linaje de Israel”, esto es, la nación elegida que Dios había llamado de entre todas las naciones y a la cual otorgó tan enormes privilegios como los expuestos en Rom.9:3-5 claramente. Cuando se compara a sí mismo con algunos de estos oponentes en la iglesia Corintia, bien pudo decir: ¿son ellos Hebreos? También yo. ¿Son ellos Israelitas? También yo. ¿Son de la simiente de Abraham? También yo (2a Cor.11:22).
(3) “De la tribu de Benjamín”. A pesar de su minoría (Salmos 68:27), la tribu de Benjamín fue considerada de mucho valor y estima. Situada al sur, probablemente resistió a las influencias paganas del norte y tuvo el privilegio de contener la santa Ciudad y el Templo dentro de sus fronteras. Se mantuvo fiel a David después de la división monárquica y posteriormente. El primer rey, es decir, Saúl, fue seleccionado entre sus filas. Saulo era el nombre original Hebreo en el cual tenía orgullo.
(4) “Hebreo de Hebreos”. Esto tanto quiere decir “un eminente Hebreo”, uno que tiene especial orgullo de pertenecer al linaje o raza de Israel, como podría significar lo que Moffat traduce: “un hijo Hebreo de padres Hebreos”, informándonos que el lenguaje en el cual se educó fue la lengua madre ancestral. La habilidad de hablar Hebreo y Arameo era una marca de fidelidad a la cultura antigua, mostrando así que sus padres no habían sucumbido a su entorno pagano olvidándose del antiguo lenguaje. Los tres privilegios siguientes fueron adquiridos por el propio Pablo.
(5) “En cuanto a la ley, Fariseo”. Esto significa que fue miembro de una secta que sería la más estricta en su adhesión a la ley Mosaica. Tal como Josefo los expresa: “un cuerpo de Judíos que profesan ser más religiosos que todos los demás, y que explican la ley más precisamente”. El único objetivo que tenían era el de provocar el mismo celo suyo en otros y traerlos a una similar conformidad.
No podemos dejar de pensar en los resonantes reproches del Señor Jesús concerniente a algunos de los Fariseos de Su tiempo: “Ay de vosotros, Escribas y Fariseos, hipócritas…” (Mateo 23:13, 14, 27). Al mismo tiempo, debemos además señalar que no todos los Fariseos merecieron esta condenación. Algunos eran hombres sinceros, aun siendo mal conducidos. Pablo no emplea el nombre de Fariseo como un reproche, sino como un título honorífico, y los Fariseos estaban altamente considerados por las masas populares. Su único objetivo era salvaguardar la Torah sagrada, y en su empeño llevando a cabo esta labor concebía ser su deber erradicar cualquier movimiento que apareciese en su oposición. De ahí que Pablo fuese tan riguroso en la persecución de los tempranos creyentes en el periodo de los Hechos.
(6) “En cuanto a celo, perseguidor de la iglesia” Pareciera irónico que aquel a quien le fuera encomendada la doctrina concerniente a la iglesia de Dios pudiera escribir: “en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia” (3:6), sin embargo esta era la marca de su fiel adherencia al Judaísmo siendo un Fariseo, ¡imaginándose que estaba prestando un servicio para Dios! En Gálatas 1:13, 14 nos habla más de ello: “Ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres”. Años después, escribiendo a Timoteo, reflexiona acerca de la misericordia de Dios hacia su persona, describiéndose como un perseguidor, un blasfemo e injurioso (1ª Tim.1:13). Nunca dejó de maravillarse en la gracia de Dios que se le había aparecido en el camino a Damasco mudándole del Saulo el Fariseo, a Pablo el Apóstol para los Gentiles con una dispensación de gracia y gloria por encima de toda consideración (Efesios 3). Era inconcebible que el Apóstol, recordando el tiempo pasado sobre la esclavitud del judaísmo en el cual había sido tan proficiente, pudiese permitir que este grave yugo fuese impuesto sobre los Gentiles convertidos. Es cierto, él había sido el más celoso, ¡pero cuán peligroso celo puede ser aquel que esté desprovisto del conocimiento! ¡Es demasiado fácil ser celoso en las cosas equivocadas debido a la ceguera o la perversidad! Saulo de Tarso, al igual que su nación, tenía un “celo carente de conocimiento” (Rom.10:2), y existen hoy en día millares iguales a él, aun dentro de los profesantes cristianos.
El testimonio cristiano se juzga generalmente por la mera actividad y el entusiasmo, pero por sí mismas estas cosas no pueden producir el servicio acepte a los ojos del Señor. Su verdad debe ser el fundamento y sustancia de todo servicio en primer lugar y lo principal, y errar en este punto es errar en todo lo demás. Por otra parte, también debemos evitar un conocimiento de la verdad carente de celo. Un tal conocimiento es frío y desprovisto de vida, y no produce fruto para el Señor. La verdad, correctamente mantenida, tiene ciertamente que conducir a una calurosa responsabilidad. El Señor desea el mayor de los entusiasmos de parte de Sus hijos, pero antes que nada dirigida hacia Su verdad para la era actual y un conocimiento de Su voluntad.
(7) “En cuanto a la justicia que es en la ley, irreprensible” (3:6). El Apóstol no dice que fuera sin mancha a los ojos de Dios, sino que, en cuanto a la observancia de la ley concernía, él era irreprensible. Ahora por tanto podemos comprender bien el aviso del Señor cuando dijo: “Os digo que si vuestra justicia no fuera mayor que la de los Escribas y Fariseos, no entraréis en el Reino del cielo” (Mat.5:20). No es que los hombres sean llamados a producir un más alto grado de la misma justicia de los Escribas y Fariseos, sino antes bien se les pone en contacto con un diferente tipo de justicia, tal como Pablo ahora va a explicarnos, la justicia que procede de Dios y que está de acuerdo a la fe.
Esto le lleva ahora al otro lado de la balanza, pues lo que aquí tenemos es una declaración de responsabilidades, provechos, las ventajas por nacimiento y privilegios asociados con el pueblo terrenal de Dios que él primeramente escribió en la lista de utilidades, él ahora se muda y deja la columna de las responsabilidades, pues en Cristo, él tiene algo que es, tan infinitamente mejor, que ahora tiene que procurar establecerlo en siete declaraciones posteriores. Antes de hacerlo, él da siete razones por esta tan dramática revaluación.
Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor (3:7, 8).
“Todas las cosas como pérdida”, esto es, cualquiera de las cosas que previamente había considerado como ganancia para él. Esto abarca mucho más que los privilegios religiosos que había disfrutado siendo un individuo del pueblo de Israel escogido por Dios. Incluye además todas las cosas que puedan ser consideradas como buenas por el hombre natural. El Apóstol las puso todas en una parcela y las consignó a la basura, tan indignas eran que no se podían comparar si quiera con la excelencia del conocimiento del Señor Jesucristo.
Debemos distinguir bien entre conocer algo de una persona y conocerla actualmente. Pablo aquí no está pensando en los hechos pertenecientes a Cristo, como llegando a conocerle personalmente por la fe. En el camino a Damasco se había formado un estrecho vínculo entre el Salvador y el Apóstol, y esta relación fue haciéndose más íntima y profunda y totalmente absorbente a medida que el tiempo fue transcurriendo. No hay duda de que Pablo concibió a Dios en los términos de Cristo. Para él, llegar a conocer a Cristo, suponía llegar a conocer a Dios, y con esto no había nada terrenal que se pudiera comparar, ni mismo sus creencias religiosas que en otro tiempo significaron tanto para él siendo un Fariseo. De hecho, él nos dice que, por causa de Cristo, había sufrido gratamente la pérdida de todas las cosas, o se había deshecho todas las cosas. Esto probablemente incluía las propiedades personales que debieron serle confiscadas en su renuncia del Judaísmo, y ciertamente incluye la alta posición que el mantenía en su interior. Todo había sido dejado de lado, lo cual incluye la generalidad de cuanto se estima deseable en esta vida. Pero con su nueva valuación, considerada a través de la iluminación dada por el Espíritu de Dios, poco o nada mismo significaban ahora. Y ahora va a decirnos el por qué en una séptuple declaración:
(1) “…para ganar a Cristo, (2) y ser hallado en Él, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe; (3) a fin de conocerle (a Cristo), (4) y el poder de Su resurrección, (5) y la participación de Sus padecimientos, (6) llegando a ser semejante a Él en Su muerte, (7) si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos” (vers.9-11).
La palabra “ganar” es cognitiva con la “ganancia” del versículo siete. ¿Qué quiere decir Pablo cuando dice para ganar a Cristo? No debemos perder de vista el objetivo de la epístola en su totalidad, es decir, no solo presentar a Cristo como Salvador o dar un indicio del Evangelio de salvación. Él asume que el lector ya ha experimentado todo eso, y que ahora está preparado para operar esa salvación en testimonio y práctica con un premio o recompensa en vista. Por eso mismo la figura de un linaje o raza dada en el capítulo tres, la cual el Apóstol emplea en un contexto de servicio con recompensa o pérdida en vista (1ª Corin.9:24-27) “Ganar a Cristo” sería llegar a conocerle a Él como el Dador de la Recompensa, como el Moisés de la antigüedad, que estimó el ser maltratado por Cristo de mayor riqueza que todos los tesoros de Egipto: “Porque tenía la mirada puesta en el galardón…porque resistió, como viendo Aquel Quien es invisible” (Heb.11:24-27 Versión Revisada).
Conocer a Cristo como Dador de Recompensa conlleva antes que nada que la persona sea “hallada en Él” y el Apóstol lo explica igualándolo con el don de la justicia de Dios a través de la fe en Cristo. La posesión de esta justicia es la única esencial para ser declarado inocente en el tribunal de Dios. Es totalmente contraria a cualquier justicia humana basada sobre la observancia de la ley. Este estándar de justicia por la ley se halla muy por debajo de la completa perfección, la cual vendrá a ser la condición final de toda la creación, cuando el propósito redentor Divino haya sido alcanzado. Entonces no habrá ni una sola mancha o arruga en el universo de Dios. Isaías ya había escrito de la justicia cubriéndolo todo de Dios simbólicamente: “…Aquel que me cubrió con el manto de justicia…” (Isaías 61:10). Dios es el único Autor de esta completa y protectora justicia que está dispuesto a impartir a los hombres pecadores, en base de la sola completa confianza en Cristo. Esta es ciertamente una posición perfecta. Hay millones de individuos operando para obtenerla por sus propios esfuerzos que acabarán en el fracaso. ¡Lo más trágico de todo es que, lo mismo por lo cual están trabajando tan duramente para obtener, lo da Dios como un regalo gratuito para los que aceptan a Su Hijo! Para el Apóstol, que vino a ser consciente de este maravilloso hecho unos pocos años antes, esto significa que con toda gratitud dejó de lado todos sus previos intentos laborando su propia justicia. Esta justificación por fe es el tema fundamental de su epístola a los Romanos.
“A fin de conocerle” ha sido interpretado de varias maneras por los expositores, pero esto con toda seguridad lo que representa es el gran deseo y meta de Pablo ahora que sabe por experiencia lo que esta gloriosa posición comporta. El paso siguiente y que nunca debe parar durante esta vida, es llegar a conocer a Cristo más profunda e íntimamente día tras día. Las frases siguientes son los expresivos sentimientos de este personal conocimiento.
Podemos confiadamente decir que un verdadero conocimiento de Dios es el más alto objetivo que la mente humana salva puede alcanzar en esta vida, aunque mismo así, sea solo “parcialmente” (1ª Cristo 13:9-12) conocida esta faz de gloria. La tragedia del Israel antiguo, con todos sus constantes fracasos, fue debida al hecho que, tal como Dios lamenta:
El buey conoce a su dueño, y el asno el pesebre de su señor; Israel no entiende, Mi pueblo no tiene conocimiento (Isaías 1:3).
Y así, en este respecto, cayó Israel más bajo que los animales, a pesar de todo el trato amoroso que Dios tuviera con ellos. La persona no salva no “conoce a Dios”. Si el mundo en su totalidad lo hubiera conocido, no podríamos estar en la terrible condición que vemos todo a nuestro alrededor. Uno de los grandes objetivos de la redención es traer al redimido al verdadero conocimiento del Redentor, y eso es lo que debe colorear toda la vida del creyente en Cristo. Pablo ha empleado la íntima y calurosa frase: “Cristo Jesús mi Señor” expresando su gratitud y devoción. Su gran deseo es llegar a conocerle mejor y “ganarle a Él”, aunque eso no se haría sin sufrir alguna pérdida de su parte, “por Quien lo he perdido todo” declara él, pero sin ningún sentido de conmiseración consigo propio, pues su actual gran ganancia hace con que todas estas cosas no sean más de valor sino solo “basura” (vers.8).
Los versículos de diez a doce son una expansión de lo que llegar a conocer a Cristo significa, y esto se desarrolla en términos de poder y comunión.
…a fin de conocerle, y el poder de Su resurrección, y la participación (comunión) de Sus padecimientos, llegando a semejante a Él en Su muerte (vers.10).
El Apóstol no se contentaba en conocer al Señor en Su vida terrenal. Miles de creyentes hoy en día si lo están, y no se adelantan para conocer el resucitado y ascendido Cristo – el Único Quien dijo a seguir a Su resurrección: “Todo el poder me ha sido dado a Mí en el cielo y en la tierra” (Mat.27:18). Pablo desvaloriza un conocimiento de Cristo según la carne (2ª Cor.5:16). Su personal ocupación se centraba en el Cristo resucitado, y conocerle significaba llegar a comprender algo del más grande de todos los poderes, esto es, aquel que conquista venciendo la muerte, el poder de Su resurrección.
Vivimos en una era de poder, y a través de los descubrimientos científicos hemos venido a ser conscientes del poder que el Creador ha depositado en la materia. Pero podemos estar seguro de una cosa, ¡el poder atómico jamás podrá traer a nadie del sepulcro y darle vida eterna! A seguir, Pablo ora por los creyentes Efesios para que pudieran conocer “la excedente grandeza de Su poder sobre nosotros los que creemos, de acuerdo a la operación de Su gran poder, el cual actuó en Cristo, cuando Él le levantó de la muerte, y le sentó a Su diestra en los lugares celestiales…” (Efesios 1:19-23). Por esta sección podemos ver que un tal tan gran poder se halla a disposición del creyente para el servicio. ¡Cuánto mejor que el penoso esfuerzo de uno propio! No es de admirar que Pablo declare que él podía hacer todas las cosas a través de Cristo que le fortalecía (o empoderaba) (Filip.4:13). Al ser conscientes de esto, cualquiera puede apreciar mejor el gran deseo del Apóstol en conocer y dar a saber el “poder de Su resurrección”.
Todos podemos juntarnos en un tal deseo, pero ¿qué vamos a hacer con el punto siguiente – la comunión o participación de Sus sufrimientos? Koinonia, comunión o participación, describe la íntima asociación entre los sufrimientos del Señor y los del Apóstol (2ª Cor.11:23-28). Bien pudo decir que llevaba diariamente en su cuerpo “la muerte del Señor Jesús” (2ª Cor.4:10). Estos sufrimientos “por causa de Cristo”, los sobrellevaba con gratitud, pues desde el mismísimo comienzo el Señor le había dicho: “Pues yo le mostraré cuán grandes sufrimientos deba sufrir por causa de Mi Nombre” (Hechos 9:16). Era esta medida de sufrimiento que él estaba deseoso de “rellenar” (Colos.1:24) en fidelidad.
Estemos seguros de esto: que el camino cristiano designado por el Señor incluye el sufrimiento. Algunas veces podemos evitarlo, apartándonos de la voluntad del Señor, pero, “sin cruz, tampoco hay corona”, y esto es verdad para cada creyente. Precisamos no olvidarlo, porque la maravillosa promesa de 1ª Cor.10:13 es verdad para siempre.
La comunión en los sufrimientos del Señor conduce a “la semejanza en Su muerte” (Filip.3:10) y esto se explica mejor por la enseñanza y la experiencia de Romanos seis con su énfasis sobre la identificación con Cristo en Su muerte, sepultura y resurrección. En Él morimos para el dominio de la vieja natura pecadora, y en Él resucitamos para novedad de vida, pero la experiencia de esto, demanda obediencia a Romanos 6:11 a reconocer que esto sea verdad, de otra forma solo permanecerá como doctrina y nada más. Es importante observar que Pablo pone el poder de la resurrección antes de la comunión en los sufrimientos del Señor. Experimentar esto último sin lo primero sería como cometer suicidio espiritual, pues no podríamos soportar una tal experiencia por nuestro propio esfuerzo.
“Siendo semejante” o “asemejándome a mí propio”, es el participio presente y sugiere una diaria y continua experiencia de esta conformidad o semejanza. Cada día trae sus propias pruebas y tentaciones, las cuales tan solo pueden ser superadas con éxito por el poder que conquista la muerte, y diariamente morimos para todo lo que esté fuera de la voluntad del Señor.
La meta y objetivo de todo esto se expresa en el versículo once “si en alguna manera llegase (a alcanzar) la resurrección de entre los muertos” A primera vista esto pareciera que ser el anti-clímax. ¿Será que Pablo dudaba de ser salvo, o duda que pueda ser resucitado de la muerte después de muerto? La respuesta es un definitivo “NO”, y la dificultad surge debido a que la traducción no haya sido la adecuada. Literalmente, lo que el escribe es “la de fuera-resurrección, fuera de la muerte”, siendo que la preposición ek se emplee dos veces, enfatizando todo esto. La doctrina de la resurrección hacía parte del Judaísmo ortodoxo. Cuando el Señor le dijo a Marta concerniente a Lázaro: “tu hermano resucitará de nuevo” (Juan 11:23), Marta replicó: “Yo sé que resucitará de nuevo en el día postrero” (vers.24) pues esta era la esperanza de todo Judío. Podremos comprender la fuerza de ek en Filipenses 3:11, si volvemos a Marcos 9:9, 10. El Señor encargó a Sus discípulos a no contarle a nadie las cosas que habían visto hasta que Él fuese resucitado de (ek) los muertos. Esto los dejó fuera de sí, pues se cuestionaban cuál sería el significado de la resurrección de entre o de fuera de los muertos (vers.10). Una resurrección general era comprensible, pero una selectiva, dejando a otros para atrás, era algo nuevo para ellos.
Bien sabemos que esto es nuevo también para muchos creyentes hoy en día, pues los credos en su totalidad, enseñan una sola general resurrección al final del tiempo, mientras que las Escrituras enseñan que será “cada uno en su debido orden” o rango (1ª Cor.15:23), conforme a la voluntad de Dios. No todos serán resucitados de una vez, sino de acuerdo a la realización del propósito del Señor para los varios grupos de Sus hijos. Su coordinación temporal es perfecta, y nadie puede alterarla. Hay una resurrección que es la realización de la esperanza y la consumación de la salvación para la gente de Dios. Rom.8:23 enseña de manera definitiva que esta es la realización final de la redención, la “redención del cuerpo”, y la redención no está completa si ella. La redención del pecado es el principio de la salvación, y la redención de la muerte que abarca o incorpora la resurrección es el clímax o la meta.
Sin embargo, en adición a esto, hay una resurrección que conduce a un premio o recompensa, y esta no debe ser puesta por, o confundida con, la “esperanza”. En Lucas 20:34, 35, el Señor, respondiendo a los Saduceos, declaró que el matrimonio pertenecía a la era actual, pero aquellos que sean tenidos por dignos de alcanzar la edad y la resurrección de fuera (ek) de entre los muertos, ahí no se casan. Aquí hay una selectiva resurrección dependiendo sobre la dignidad personal o fidelidad, y cuando llegamos a la doble ek en Filipenses tres, tenemos una enseñanza similar. El Apóstol no tiene la menor duda de que, si el muriese, sería devuelto a la vida. Esta era una parte esencial de su esperanza. Pero en Filipenses estaba enfatizando su gran deseo de obtener, no ya la esperanza, sino el premio en conexión con el altísimo llamamiento de Dios en Cristo Jesús, y este sería prefijado por esta especial de fuera resurrección que, “en alguna manera” se esforzaba por obtener. Así que no confundamos estos dos distintos aspectos de la enseñanza.
Algunos hallan la doctrina concerniente a la resurrección en sus varios aspectos difícil de comprender. Pensamos que esto se deba en gran medida a que la mente común cristiana esté dominada por la idea Platónica de la inmortalidad del alma, lo cual se desconoce totalmente en las Escrituras de la verdad. La moderna Cristiandad está leudada con ideas que tienen su base en el paganismo trazado desde muy atrás en el pasado, y esta es una de ellas.
El Profesor F.W. Beare está absolutamente en lo cierto cuando dice:
“Pablo, igual que nosotros, estaba influenciado por las nociones griegas en una vía secundaria. Su herencia cultural era Hebrea, y el pensamiento Hebreo instintivo de la persona en su totalidad; para él, el cuerpo era la válida expresión de la totalidad de la persona, no una mera o menos indiferente moldura del alma. Pablo era constitucionalmente incapaz de pensar de la vida eterna en términos de un “alma” existiendo en un estado por separado en alguna medida del cuerpo…una “espiritual” resurrección para él no sería de ninguna manera resurrección; una existencia desincorporada no sería mejor que la asombrada e insustancial existencia de una sombra” (Epístola a los Filipenses pag.125, 126).
Es muy significativo que en las Escrituras nunca se utilice la frase “la resurrección del cuerpo” que encontramos en los credos, sino siempre la resurrección de la muerte, pues es siempre la persona que está en vista.
El Apóstol ahora emplea una metáfora suya favorita de una raza o linaje, extraída de los Juegos Olímpicos. Tenemos referencias a esta metáfora en 1ª Corintios y en Gálatas, y es significativo que en la epístola a los Hebreos la emplee de igual modo (12:1, 2). Cuando se emplea esta figura, no estamos tratando con el don gratuito de Dios por gracia aparte de los méritos y obras, lo cual es salvación y sus aspectos familiares, sino con el servicio y la posibilidad de recompensa o pérdida. Esto está claro en 1ª Cor.9:24, 25, y es igual de cierto en el contexto Filipense que ahora estamos considerando. Pablo estaba deseando alcanzar el pleno final por el cual le había salvado Cristo. Tal como J.B. Phillips lo expresa: “Alcanzando a comprender más firmemente aquel propósito por el cual Cristo me alcanzó a mí”. Esto nos deja ver que él no se contentaba habiendo sido salvo, tal como muchos lo están, sino que con todo su deseo se extendía adelante para alcanzar la madurez, o pleno crecimiento (perfección), porque sujeto a esto se halla un premio o recompensa Divina. ¡Dios no tiene coronas para cristianos inmaduros!
Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (3:13, 14).
Aquí tenemos la concentración de un atleta corredor disciplinado. No puede ni va a distraerse. “Una cosa hago”, y no es volverse atrás para de reojo mirar las “cosas que ha dejado para atrás”, sino que mantiene fijos sus ojos sobre la meta, al Señor en la gloria celestial, y así se extiende adelante con la mayor velocidad posible.
Algunas veces la Palabra de Dios nos exhorta a que recordemos. Y algunas veces es igualmente importante olvidar. Fue de hecho un día triste para Israel cuando dijeron “nos acordamos del pescado que comíamos en Egipto de balde, de los pepinos, los melones, los puerros, las cebollas y los ajos…Designemos un capitán, y volvámonos a Egipto” (Núm.11:5; 14:4). La insidiosa “recordación” y volverse mirando aquello de lo cual habían sido libertados y redimidos, rápidamente los guiaría en el deseo de volverse atrás, al lugar de la esclavitud, si bien que sus débiles memorias se hubieran olvidado de los sufrimientos y miserias que con ello se asociaba.
Precisamos aprender una lección de todo esto y pedirle al Señor que nos liberte de memorias tan engañosas. “Mirar atrás” no tiene espacio en la urgente corrida de aquel que esté deseoso de obtener el premio. El único anhelo de Pablo era poder “acabar su carrera con gozo” (Hechos 20:24) y por eso debía “no correr a la aventura” (1ª Cor.9:26) o “no golpear ala ire” para obtener el premio del altísimo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.
Es increíble la manera como casi siempre esta frase se malentiende y las tres palabras finales se omiten. Algunos la traducen “el llamamiento de lo alto súbito para comparecer ante el tribunal” y aunque suene aparentemente atractivo, difícilmente se acopla con el “llamamiento que es EN Cristo Jesús”, no es una comparecencia deudora ANTE Cristo Jesús. “En Cristo” es siempre de posición que se emplea por Pablo, y este maravilloso llamamiento o vocación es EN Cristo, y no puede tener realidad alguna aparte de Su mismísima gloriosa posición.
No debemos traducir el genitivo, en el premio del alto llamamiento, como uno de aposición, significando el premio, es decir, el alto llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Esto haría con que el maravilloso llamamiento de Efesios y Colosenses fuese un llamamiento a precisar de ser alcanzado personalmente, en vez de ser de pura gracia tal como las epístolas tan claramente enseñan. Es sin embargo el genitivo de relación, significando que el premio se halla en relación a este alto llamamiento. Así que, por tanto, debemos distinguir bien entre la “esperanza única” de este llamamiento con sus riquezas de gracia, y el premio, el cual es algo que tiene que ser ardientemente procurado, tal como el Apóstol lo hacía en el contexto que estamos estudiando. Aquellos que sean perfectos (maduros) deben ser “de una misma mente” dijo el Apóstol. Es difícil deducir si es que el Apóstol se estuviera refiriendo a algunos que en la iglesia Filipense clamasen ya haber alcanzado esta misma posición. Difícilmente podemos creer que cualquiera en la iglesia de Filipos hubiese progresado más que el propio Pablo.
Sin embargo, en el versículo quince tenemos la gratuita promesa de que Dios iluminará la mente de cualquiera que tenga dificultad en entender, y en cualquier caso, cada uno debe andar y poner en práctica la luz que haya ya recibido (vers.16).
El Apóstol ahora da comienzo a una sección de aviso. Él era realmente el Apóstol de la libertad, pero libertad no significa licencia o auto indulgencia. “Pues hermanos, a libertad fuisteis llamados, solamente no uséis la libertad como ocasión a la carne,…” (Gál.5:13). Es evidente que había algunos en Filipos o en cualquier otra pare que estarían haciendo eso mismo. Algunos han tratado de mantener que son los incrédulos los que aquí están referidos, pero una cuidadosa lectura y consideración de la declaración hace con que eso sea imposible.
Hermanos, sed imitadores de mí, y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; el fin de los cuales será perdición, y cuya gloria es su vergüenza, que solo piensan en lo terrenal (17-19).
Consideremos primero la última frase, “que solo piensan en lo terrenal”. Sería fútil acusar a un incrédulo de hacer esto, una vez que por sí mismo no puede pensar de otra manera. ¿Cómo sería posible que un incrédulo tuviese pensamientos celestiales?
Una vez más, de estas muchas personas contra las cuales el Apóstol está avisando a la iglesia, se dice que por ahí “andan” – un término empleado de manera consistente de los creyentes. Ahora podemos comprender su profundo pesar y duelo, hasta las lágrimas, porque los tales puedan así degenerase en su vida diaria. Además de esto, de ellos se dice que, no son enemigos de Cristo, sino de Su cruz. Ahora bien, la cruz se establece por doctrina específica en las epístolas de Pablo, mantenida entre el creyente y la carne (Gálatas 5:24) y el mundo (Gálatas 6:14). Carecería de significado en la vida de aquellos “muertos en traspasos y pecados”.
La mente es muy importante aquí, especialmente en relación al atleta en la corrida por el premio, el cual es celestial. Alcanzar esto con una mente cuya ocupación este sobre las cosas terrenales es acabar en desastre. Escribiendo a la iglesia Colosense, Pablo insistió diciendo:
Fijad vuestra mente en las cosas de arriba, donde Cristo está sentado en la diestra de Dios. (Colos.3:2).
Esto es lo que debe hacer el corredor continuamente. Si su vista se distrae se sale del trayecto y es eliminado de la corrida. Es posible que algunos hubiesen sucumbido a la antinomia en Filipos, es decir, el abandono de toda moderación bajo un equivocado concepto de gracia y libertad. Algunos expositores piensan que el Apóstol no está necesariamente queriendo decir que todo esto estuviera sucediendo en Filipos, sino que Pablo sabía que tales cosas estaban teniendo lugar en otras partes y por eso avisa a los Filipenses con anterioridad. Esto no muda mucho el asunto, una vez que el aviso fue dado y entendido por aquellos a quienes se escribió, y por nosotros hoy en día.
En directo contraste a todo esto Pablo continúa, diciendo:
Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria Suya, por el poder con el cual puede también sujetar a Sí Mismo todas las cosas (Vers.20, 21).
Politeuma, puede ser traducido como “ciudadanía”, “comunidad”, o “colonia del cielo” (Moffatt). Tal como Filipos era una colonia militar romana directamente relacionada a la ciudad capital de Roma aunque estuviesen geográficamente separadas, así somos también nosotros ciudadanos de una comunidad celestial separada de esta tierra, y somos peregrinos de paso a través de este territorio terrenal hacia nuestro verdadero hogar en los celestiales “por encima de todo”.
“Desde donde”, ex hou, solo puede referirse al cielo politeuma y no al ouranois. “Esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo”. Pablo emplea a menudo la palabra Salvador en conexión con Cristo. Tal vez se debiera a que, el término, se emplease frecuentemente en el mundo pagano para sus dioses, y los emperadores romanos eran designados como “salvadores”, así que el término puede ser mal atribuido de su verdadero sentido, como cuando aplicado a Cristo. Ciertamente la salvación no está totalmente acabada hasta que le veamos cara a cara y seamos hechos iguales que Él. Ahora tenemos este cuerpo de nuestra humillación (la palabra es cognitiva con “se humilló a Sí Mismo” del capítulo 2:8). El cuerpo es ciertamente frágil y mortal, y no puede mantenerse ni erguirse a las condiciones de la esfera celestial de nuestro llamamiento. La carne y la sangre no pueden heredar el reino de Dios.
“Para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya” del Cristo en gloria (1ª Cor.15:49). El cuerpo de gloria del Señor es el prototipo del cuerpo espiritual del creyente, moldado por el gran poder transformador del Señor. Este poder es tan grande que al fin sujetará todas las cosas bajo el liderazgo del Señor Jesús. Su omnipotencia pondrá todas las cosas bajo Su control, y nada menos que este es el glorioso objetivo en el cual los miembros del Cuerpo de Cristo y el redimido de todos los llamamientos vendrán finalmente a participar.
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