Las Epístolas Desde la Prisión
16º Parte
 


CAPÍTULO UNO

DE LA SEGUNDA EPÍSTOLA  A TIMTEO

 

Ahora llegamos a la última epístola de Pablo, su segunda carta a Timoteo. No cabe duda que este sea el último escrito inspirado de Pablo. En el capítulo cuatro, versículos seis y siete leemos:

 

Porque yo ya estoy para ser sacrificado, y el tiempo de mi partida está cercano. He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.

 

Estas palabras son muy claras. No pueden ser interpretadas de otra manera, y es que, el Apóstol, ha llegado al fin la encomienda de su ministerio cristiano y su martirio está próximo y a la mano. Pero ha sido erradamente enseñado que Colosenses 1:25 debería leerse: “De acuerdo a la dispensación de Dios que a mí me fue ofrecida para con vosotros, para completar la Palabra de Dios”, y de este modo en cambio pareciera que sería Colosenses no solo fuese la última epístola de Pablo, sino también el último escrito del Nuevo Testamento.

 

Sin embargo, esta idea, es completamente ajena y extraña al contexto, donde el Apóstol está disertando sobre su especial ministerio en conexión con el Cuerpo de Cristo que revelaba el Misterio. Cuando Pablo quiso referirse a las Escrituras, utilizó las palabras grammata y graphe. “Toda Escritura me ha sido dada por inspiración de Dios” (2ª Tim.3:16) y si hubiese sido la finalización de la Biblia su tema en Colosenses uno, estas habrían sido las palabras que habría empleado, pero no lo fue. La palabra traducida “cumplidamente” y que se ha dicho debería significar “completar” se emplea en Romanos 15:19:

 

Con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

 

Está claro que no quiso decir que su testimonio del Evangelio por palabra y por escrito hubiera acabado en este punto, como si fuese debido a que, estuviese completo, en el sentido de haberlo concluido. En Colosenses 1:25 la Versión Revisada Estándar traduce: “Dar a conocer totalmente la Palabra de Dios”. El Profesor A.T. Robertson comenta lo siguiente a este respecto:

 

“Una frase apropiada para un predicador llamado por Dios, para rellenar a plenitud o dar el pleno alcance a la Palabra de Dios. El predicador (Pablo) es un experto en la Palabra de Dios por profesión. Observe el ideal de Pablo acerca de la predicación en 2ª Tesal.3:1” (Retratos de la Palabra del N.T. pag.484).

 

Aquellos que niegan que 2ª Timoteo sea la última epístola de Pablo se refugian en el argumento de que, el Apóstol, aunque diga que hubiese acabado la carrera cuando escribió esta epístola, no sabía que habría un ministerio posterior para él cumplir más adelante, viniendo entonces Colosenses. Pero si esto fuese cierto, entonces Pablo debió hacer algunas serias declaraciones sin poder probar si estaban ciertas o equivocadas de su parte. Si él se equivocó aquí, ¿cómo podremos aceptar cualquier declaración en esta epístola con la certeza de que sea verdad? Debe haber cometido errores en otros lugares, en cuyo caso la propia fundación de la Verdad se halla resquebrajada y menospreciada. Esta idea debe rebatirse a toda costa.

 

Además, muchos comentarios se han hecho porque la palabra “misterio” no aparezca en 2ª Timoteo. Pero de ese modo tampoco las palabras “redención”, “esperanza” y otras que son tan vitales al buen depósito de la verdad dado a conocer a través del Apóstol de los Gentiles. ¿Debemos por eso asumir que Pablo haya dejado de lado la idea de la redención, y además, “aquella bendita esperanza”, cuando escribió esta epístola?

 

Debe ser dicho con toda claridad que nadie con un poco de inteligencia basaría  doctrina alguna sobre argumentos negativos únicamente. Esta sería una fundación de arena. Las declaraciones negativas tan solo son de valor cuando estén acompañadas de las que sean positivas más significativas. Si le hubiese sido impuesta la obligación a Pablo de mencionar cada palabra de doctrina que tuviese importancia cuando escribió a las iglesias o cartas individuales, tendría que haber escrito libros en vez de epístolas. Además, esas iglesias tuvieron la gran ventaja de haber recibido también sus enseñanzas oralmente, haciendo con eso prácticamente innecesario tales escritos. Para ver esto, compare 2ª Tesal.2:5 y observe el contexto). No cabe duda alguna de que la segunda epístola a Timoteo fue el último escrito divinamente inspirado de Pablo.

 

Con respecto a la autoría humana, la inquebrantable tradición de la iglesia profesante hasta el siglo diecinueve fue considerar las Epístolas Pastorales (1ª y 2ª Timoteo y Tito) como habiendo sido obra de Pablo, y por tanto auténticas. El primer ataque determinado sobre la autoría del Apóstol fue hecho en 1807 por Schleiermacher, secundado por Eichorn, Baur, de Wette y otros. Algunos han negado la autoría Paulina, pero tan solo unos pocos fragmentos genuinos perduraron, tal como el de Harrison en su libro El Problema de las Pastorales (1921), si bien que este argumento no tenga ni un fragmento de documental evidencia sobre la cual fundamentarse, este punto de vista ha sido hábilmente respondido por escolares tales como D. Guthrie y E.K. Simpson   

 

En cuanto al supuesto autor  de una tal elaboración, Simpson escribe:

 

“Si la solemne confesión de estas epístolas que son cartas autoritativas del apóstol no se determina con el más auténtico honor e integridad, sino como una equivocación, o como si fueran un mosaico de verdad y falsedad, no formando parte de los tesoros de la Iglesia, entonces caerían al nivel de meros píos fraudes…

El Dr. Harrison…que es quien confiesa esta supuesta teoría, trata de disfrazar el asunto afirmando su “leal devoción al nombre de Pablo”, ¡pero cómo un fraudulento abuso de este nombre contenga el espíritu de la lealtad es muy difícil de comprender!...

Fue un triste ejemplo como Paulinita, este pseudo Pablo, conjurado desde el innombrable sepulcro por la mágica mano del criticismo de este charlatán, para vender mercancías de contrabando bajo auspicios sagrados con tan fresco descaro” (Las Epístolas Pastorales, pags.6 y 7).

 

Si alguno de los lectores desea continuar sabiendo más sobre este tema, le recomendamos las obras de estos dos escolares. Por nuestro lado, creemos sin sombra de duda que Pablo fue el autor de esta gran epístola, y esta actitud es la que vamos a mantener a través de todo este estudio.

 

Ahora vamos a dar la estructura (C.H. Welch) de la epístola, y aquellos que encuentren de ayuda tales estructuras deben observar las secciones en balance cuidadosamente, las cuales servirán como una guía para la interpretación. Los versículos de apertura dan los saludos y resaltan el ministerio del Apóstol que, tal como frecuentemente declara, es de acuerdo con la voluntad de Dios. Este es un ingrediente esencial para el servicio y testimonio cristiano. El creyente que desee ser considerado fiel por el Señor no debe tratar de correr sin sentido. Tiene que estar seguro de estar en el centro de la voluntad de Dios, pues sin esto, no tiene valor. Pablo fue un divino mensajero, con un mensaje divino para el destituido mundo Gentil, y en este respecto, fue único en su tiempo de vida. Él continúa añadiendo “de acuerdo a la promesa de vida que es en Cristo Jesús”. No estaba muy lejano el final de su carrera terrenal y su muerte. En estas circunstancias, ¿qué podría haber de más precioso que la promesa de eternidad que se hallaba atesorada y solo habida en el Señor Jesucristo? En comparación con esto, la vida presente no es más que una sombra, transitoria y sin cualquier permanencia.   

 

La Estructura de 2ª Timoteo en su totalidad

 

A 1:1-7 Saludos y Recomendaciones. Loida y Eunice.

PARTIDA

   B 1:8-18 Pablo y su mensaje de partida

                  El Señor su Guardador

                  Figelo y Hermógenes “abandonaron”

                  Onesiforo “el Señor le conceda misericordia”

                  Pablo el maestro y heraldo de los Gentiles (vers.11)

CORONA

      C 2:1-13 Enseña las cosas que de mí oíste (exclusivo)

                     Sufrimiento y reinado

                     El buen soldado (kalos vers.3)

                     La corona

                     Sufrir penalidades (kakopatheo, (vers.3 y 9)

APROVADO

         D 2:14-26 Himeneo y Fileto se desviaron de la verdad

                          (Evitar)

                          “conducirán más y más”

                         “Aprobado” (dokimos)

                        Arrepentimiento y reconocimiento de la verdad

DESAPROBACIÓN

         D 3:1-9 James y Jambres resisten a la verdad

                        “Abandonaron”

                       No irán más adelante

                       “Desaprobados” (adokimos)

                       Nunca llegan al conocimiento de la verdad

CORONA

      C 3:10-4:8 Sigue mi enseñanza (exclusivo)

                        Sufrimientos y reinado

                        La buena batalla (Kalos, vers.7)

                        La corona

                        Sufrir penalidades (kakopatheo, vers.5)

PARTIDA

   B 4:9-18 Pablo y su mensaje de partida

                  El Señor su Guardador

                  Demas “me ha desamparado”

                  Alejandro “el Señor le pague conforme”

                  Pablo el heraldo a los Gentiles (kerugma, vers.17)

A 4:19-22 Saludos Eubulo, Pudente, Lino, Claudia

                  Bendiciones.

 

“Dios nos ha dado la vida eterna, y esta vida está en Su Hijo” afirma Juan en su primera epístola (1ª Juan 5:11). – Nosotros ahora tenemos la promesa de Dios relativa a esa vida. Esta promesa se cumple en resurrección, cuando esto corruptible se halla revestido de incorrupción y esto mortal en inmortalidad. Entonces será realmente la muerte absorbida en victoria (1ª Cor.15:51-54), y la “vida que realmente es vida” comenzará sin fin a la vista. Esto es absolutamente fundamental para nuestro “alto llamamiento de Dios en Cristo Jesús”, pues, ¿cómo se podría esto disfrutar sin la vida eterna?

 

El Apóstol añade “misericordia” en el versículo dos a su frecuente saludo de gracia y paz. Pablo emplea esta palabra doce veces y significa “compasión” y aquí connota un elemento de ternura. Tenemos un Dios que es rico en misericordia y comprensión en cada una de nuestras necesidades, y Timoteo debía ser recordado que así le amaba Dios. El vínculo entre el Apóstol y el joven Timoteo era muy íntimo, ciertamente más cercano que con cualquiera de sus colaboradores. Si bien apreciaba a todos aquellos que fielmente trabajaban con él, su relación con Timoteo, como un padre y un hijo (Filip.2:22), era algo único, caluroso, íntimo y especialmente querido para su corazón, tal como el segundo versículo de esta carta deja ver claramente dirigiéndose a Timoteo como “mi amado hijo”.

 

Esto guiaba al Apóstol constantemente a hacer intercesión, pues él sabía bien la gran importancia y el valor de este ministerio de la oración en respaldo de terceros (Rom.1.9; Filip.1:4; Colos.1:3). Siempre que se acordaba de Timoteo le daba gracias a Dios (vers.1-3) a Quien, nos declara, él había servido “desde sus mayores”. Aunque la guía y la revelación de Dios le habían hecho alejarse en muchos aspectos del Judaísmo, al punto de considerarlo herético, “…que según el Camino que ellos llaman una herejía, así sirvo al Dios de mis padres, creyendo todas las cosas que en la ley y los profetas están escritas” (Hechos 24:14), aun así, nunca había dejado al Dios de ellos. Todavía le servía con una conciencia pura (1ª Timoteo 1:5), lo cual seguramente le ayudaba a mantenerse en su camino, aunque generalmente fuese un camino solitario y menospreciado.

 

La intercesión por Timoteo no era en ninguna manera compulsiva, sino continuada, “sin cesar, de noche y de día” (vers.3) lo cual nos muestra cuán serio sería el propósito del Apóstol en este sentido, reminiscente de Hechos 20:31. Esto no era tan solo verdad en relación a su hijo en la fe, sino además hacia todas las iglesias. Esto nos fornece un  ejemplo maravilloso para todos nosotros. ¡Cuán a menudo manifiestan los creyentes lo pobres que son en su vida de oración!

 

Pablo ahora nos refiere las lágrimas del joven Timoteo, evidentemente de su última separación y partida. Él estaba con toda claridad profundamente afecto al Apóstol y sentía compungido la separación. Pablo no nos esconde su regocijo en poder venir a ver de nuevo a Timoteo: “deseando verte” (1:4), “para llenarme de gozo”. Como ya hemos visto, la palabra “llenar” (pleroo) es una de las grandes palabras de la epístola Colosenses y Pablo la emplea no menos de veintitrés veces. Aquí su gozo era grande imaginando su encuentro una vez más si fuera posible, y recuerda, a medida que tiene en mente la “fe no fingida” de Timoteo, sus antecedentes cristianos, a su abuela y a su madre. Esta poderosa influencia familiar y la atmósfera de santidad en el hogar debieron tener un gran impacto en la vida de Timoteo, y mucho tiene que agradecer a Dios hoy en día el cristiano por la influencia de un hogar cristiano.

 

La fe que habitaba en el interior de Timoteo es paralela en las epístolas de Pablo con el Dios que habita interiormente (2ª Cor.6:16), El Espíritu que habita en el interior (Rom.8:11; 2ª Tim.1:14) y la Palabra de Cristo que mora en vosotros (Colos.3:16). La ilustración de un edificio la emplea el Apóstol muy a menudo para expresar las características internas de la verdad de Dios. No había duda alguna en cuanto a la realidad y la genuinidad de la fe de Timoteo.

 

Hay una tripla referencia al “recuerdo” en el capítulo uno, y bien veremos que el número tres se halla estampado en toda esta epístola como lo estaba en la de los Efesios. Pablo ahora le recuerda a Timoteo que él no precisa de un nuevo don para su servicio cristiano, sino antes bien un reavivar de aquel que ya había recibido. No debería sorprendernos que al joven Timoteo le estuviese pidiendo el Apóstol que avivara un don que le fue a través de él impartido durante el periodo de los Hechos. Algunos de los dones Pentecostales eran básicos para el fiel ministerio y por tanto se mantuvieron por encima de las limitaciones dispensacionales. El Apóstol no describe cuál sea este don, así que es inútil que intentemos averiguar cuál podría ser, pero con toda seguridad es evidente que sería necesario para Timoteo mantenerlo vivo en esta situación, tal como le fue otorgado al principio. La palabra se emplea del avivamiento de las llamas apagadas de un fuego. Algo que precisaba ser reactivado en la experiencia de Timoteo, de ahí la exhortación. Los tiempos habían llegado a ser difíciles y verdaderamente peligrosos. El joven hijo en la fe de Pablo no podía permitirse descuidar cualquier fuente de poder. Así que miramos a nuestro alrededor hoy en día, nos damos cuenta que estamos en una similar posición como aquella. Reposemos por tanto sobre el poder del Señor y la grandeza de Sus promesas, puesto que no pueden fallar nunca.

 

Pablo ahora le recuerda a Timoteo que “Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder y de amor y de dominio propio” (2ª Tim.1:7). Deilia, (“cobardía”) significa encogerse cobardemente, y aquí el Apóstol le está recordando delicadamente a su sensible hijo en la fe la necesidad del coraje para no dar lugar a la cobardía, sin importar cuán difíciles o peligrosos puedan ser los tiempos. Para eso estaba a disposición el gran poder de la resurrección de Cristo, para hacerle más que vencedor junto con la paz de Dios que “sobrepasa todo entendimiento”, y ambas cosas guiarían al dominio propio y a la práctica prudencia y gentileza que son preciosas en la  realización del “buen depósito” de la verdad. 

 

Ahora llegamos a una tripla referencia a “ser avergonzado”

 

Por tanto no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso Suyo (vers.8)… del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los Gentiles, por lo cual asimismo padezco esto, pero no me avergüenzo (vers.11, 12)… Onesíforo… no se avergonzó de mis prisiones (vers.16).

 

No debemos asumir que Timoteo hubiese ya demostrado síntomas de vergüenza en este punto de tiempo, sino que Pablo procuraba fortalecer su mente en las tentaciones que pudieran venir a presentarse. El Apóstol estaba viviendo ahora la mayor parte del tiempo en soledad y repudio. Su encarcelamiento por causa de la verdad evidentemente cargaba consigo un estigma social, y el peligro de que alguien diese un testimonio público de asociación a una religión prohibida, hacían muy real la posibilidad  de la vergüenza.

 

A primera vista, además, parecería extraordinario que el Apóstol se igualase a sí propio con el Señor al decir , “ni de mí”. Bien podemos comprender la necesidad pidiéndole a Timoteo que no se avergonzase de su Salvador, pero, al mismo tiempo, dice, “ni te avergüences de mí”, lo cual parece un tanto egoísta a simple vista. Pero ésta no es ni la primera ni la única vez que así se pronuncia, hablando de sí propio. Observe las siguientes referencias:

 

…el evangelio, del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los Gentiles (vers.10 y 11).

Me abandonaron todos los que están en Asia (vers.15).

Lo que has oído de mí… encarga a hombres fieles (2:2).

Acuérdate de Jesucristo… resucitado de los muertos de acuerdo a mi evangelio (2:8).

Tú has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, paciencia… (3:10).

Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí, fuese cumplida la predicación, y que todos los Gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león (4:17).

 

Este resaltar de si propio podría considerarse egoísmo si no fuera la posición que a Pablo le dio el ascendido Cristo como siendo el Apóstol Su portavoz para nosotros, que somos Gentiles. Cuando Pablo se refiere a sí mismo, él se dice estar “por debajo del más pequeño de todos los santos” (Efesios 3:8), y “el primero de los pecadores” (1ª Tim.1:15), y en verdad pudo decir: “no yo, sino Cristo” (Gál.2:20). Pero cuando habla como el Apóstol de Cristo para los Gentiles, siendo el canal a través de quien el propio Señor está hablando, entonces escribe y enseña con toda Su autoridad. Cuando así se comprende, se ven en su verdadera luz las constantes referencias a sí propio y su ministerio, y por tanto, no debemos hablar de la “doctrina Paulina”, como si las epístolas fuesen una exhibición de sus propias ideas sino del Señor.

 

El avergonzarse de Pablo y de su ministerio significaría avergonzarse del Señor, y así  nos recuerda Sus solemnes palabras en Lucas 9:26: “Porque el que se avergonzare de Mí y de Mis palabras, de este se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en Su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles”. He aquí, es demasiado fácil negar, por palabra o de hecho, el especial testimonio dado a través de Pablo, el prisionero de Cristo Jesús, o guardar silencio cuando deberíamos hablar, pues el temor de otros creyentes y su actitud tienen su influencia sobre nosotros. Pero ojalá seamos librados del “temor del hombre que pone lazos”, y de cualquier actitud o modo de vida que pueda edificar la vergüenza  hacia el glorioso depósito de verdad dado a través del ministerio en prisión de Pablo.

 

A Timoteo se le recuerda ahora que debe estar preparado para aceptar cualquier tribulación que un fiel testigo a este “buen depósito” pueda tener que soportar:

 

…participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios (vers.8).

 

Sunkakopatheo (“sufrir aflicciones”) parece ser una palabra acuñada por el Apóstol: “participar del sufrimiento con alguien más” (compare también 2:3). Timoteo es invitado a compartir las aflicciones de Pablo, y este maltrato sufrido por todos aquellos que determinen ser fieles es un tema recurrente en esta epístola (2:9; 4:5). Posteriormente, el Apóstol afirmará: “Todos los que quieran vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (3:12) y esto nos recuerda a todos nosotros que hay un precio a pagar si queremos ser contados entre quienes el Señor denomina de “fieles”. Así que no nos sorprendamos cuando las pruebas y dificultades aparezcan.

 

Sin embargo, es realmente bueno ser conscientes de que, el gran poder de Dios, es la fuente de toda fuerza, sabiduría y longanimidad; y una y otra vez el Apóstol no solo depende y descansa sobre este gran poder, sino que recomienda a sus colaboradores a que hagan lo mismo. Confiar en cualquier otra cosa vendrá a ser desastroso; depender sobre el sobreexcedente poder que conquistó la muerte es hallarlo y considerarlo siempre más que suficiente para cada una de las necesidades. Por eso a Timoteo se le pide que no tenga miedo de las consecuencias de permanecer leal por la sagrada verdad que al Apóstol se le había encomendado, pues este glorioso poder podría ser suyo en todo momento, capacitándole para triunfar sobre todas las pruebas y persecuciones por las cuales pudiera venir a atravesar.

 

Pablo continúa ahora diciendo:

 

Dios, Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito Suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos (vers.9).

 

Cuando pensamos que la Biblia sea la revelación de un grandioso plan concebido por Dios en la pasada eternidad envolviendo el cielo y la tierra, ¡cuán maravilloso resulta saber que, el hijo individual de Dios, no esté perdido en toda esa magnitud y grandeza! Cada miembro del Cuerpo de Cristo viene a disfrutar de esta comunión, no por casualidad o decisión humana. Ha sido todo parte del diseño del Señor y de Su sobreexcedente gracia y amor. El mérito humano no tiene aquí cabida, pues no tuvo nada que ver en el diseño (“no de acuerdo a nuestras obras”). Tal como Efesios 1:4 asegura, cada miembro fue “escogido en Cristo “antes de la fundación del mundo”, así que, aquí, la parte gloriosa de cada miembro en Cristo Jesús se dio antes de las edades del tiempo (literalmente), un periodo único de tiempo, tal como vimos cuando estudiamos Efesios. Otras fases del propósito de Dios por lo contrario se asocian con el periodo “desde la fundación del mundo” y si las palabras significan alguna cosa, estos dos periodos deben ser bien distinguidos, porque antes de un acontecimiento y después de un acontecimiento expresan dos distintos aspectos de tiempo. Tenemos la misma expresión en Tito 1:2, que la Versión Autorizada traduce “antes del comienzo del mundo”. J.N Darby traduce en ambos lugares “antes del comienzo de las edades”, que son ambas más fieles traducciones al griego inspirado por Dios que la Versión Autorizada.

 

En contraste a esta vasta retrospectiva entre el pasado anterior y el comienzo del grandioso plan de Dios para Su creación, se halla el ahora manifestado:

 

Pero ahora se ha sido manifestado por la aparición de nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio, del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro de los Gentiles (vers.10, 11).

 

Esto es paralelo, por su vez, a la apertura de la epístola a Tito: el “ahora” de 2ª Timoteo corresponde al “debido tiempo” de Tito 1:3, o como la Versión Revisada lo traduce:

 

Dios, Quien no puede mentir, prometió antes del tiempo de las edades, pero en Su apropiado periodo manifestó Su palabra en el mensaje, el cual, me  fue a mí encomendado de acuerdo al mandamiento de Dios nuestro Salvador.

 

Dios escoge Su propio tiempo en Su perfecta sabiduría para revelar las varias fases de Su propósito redentor, y estos periodos de tiempo son siempre exactos y apropiados. El estudiante minucioso de la Palabra reconocerá siempre estos tiempos y procurará evitar el error que proviene por leer una verdad pasada en el presente y viceversa. Mucha de la confusión en la cristiandad podría haberse evitado si esto se hubiera llevado a cabo siempre. ¡Cuán a menudo leemos explicaciones del Misterio de Efesios tres que nos llevan al Antiguo Testamento, cuando está claramente establecido que, en ese tiempo, había estado escondido en Dios! (Efes.3:9; Colos.1:26). La revelación de este gran Secreto a los hijos de Dios y su celestial llamamiento y destino es, ahora, de acuerdo al propio periodo de Dios, y se da a conocer a través de Pablo “el prisionero de Cristo Jesús” y de acuerdo a Su mandamiento.

 

La epístola continúa:

 

…Nuestro Salvador Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a luz la vida y la inmortalidad por el evangelio del cual yo fui constituido predicador, apóstol y maestro (Vers.10, 11).

 

“Abolir” es una traducción demasiado imprecisa, pues sabemos muy bien que la muerte todavía se halla con nosotros. Katargeo (“abolir”) es una de las palabras favoritas de Pablo, pues la emplea veinticinco veces. Es un término raro y que apenas se utiliza fuera de los papiros. Significa frustrar, anular, quitarle su poder o, más literalmente, poner fuera de circulación, o volver inoperativo. Podemos observar su uso en Romanos 6:6 donde se traduce “destruir”, que también es una traducción demasiado fuerte, pues bien sabemos, con pesar nuestro, por la práctica experiencia de vez en cuando, que nuestra vieja natura pecadora no ha sido destruida totalmente.

 

Tenía que haberse traducido “vuelto inoperativa”, “inefectiva”, pues ha sido crucificada con Cristo, y esto viene a ser cierto en nuestra experiencia cuando nos “reconocemos” así, como está escrito. La muerte no fue abolida en la primera venida de nuestro Señor, pero Él la derrotó por Su obra redentora sobre la cruz, y por Su gloriosa resurrección le quitó su aguijón para el creyente, el cual aguijón es el pecado (1ª Cor.15:56), y así el “rey de los terrores”, al que más se temía, fue desprovisto de su dominio y temor, pues el Señor Jesús probó toda la amargura de la muerta en nuestra sustitución y por nosotros, los que le conocemos como Salvador y Señor; nosotros sencillamente tan solo nos “vamos a dormir”. La muerte no puede sujetar al creyente, pues ha venido a juntarse al Conquistador de la muerte, y porque Él vive, también nosotros viviremos eternamente.

 

El Señor Jesús no solo desactivó la muerte para el creyente, sino que además por Su obra sacrificial sobre la cruz sacó por ella, a la luz, la vida y la inmortalidad. Ya hemos visto que esta vida incorruptible e inmortalidad tan solo se halla en Cristo, y nunca en la caída humanidad. Cualquier enseñanza que le dé al hombre la posesión de esta vida aparte del Señor y Su salvación es de origen pagano, contradice totalmente las Escrituras y proviene del padre de mentira. El Apóstol se refiere a su triple oficio de heraldo: predicador o proclamador, apóstol, y maestro; y esto lo repite una vez más en 1ª Tim.2:7. Él era un proclamador de la verdad que a él le fue encomendada por el Señor Jesús, además, un enviado (apóstol) por Él,  y también un maestro de los Gentiles; y para resaltar la importancia de su ministerio declara: “no miento” (1ª Tim.2:7), mostrando que él no estaba inventando o exagerando la posición única que le fue dada por Dios, como Su portavoz al mundo Gentil.

 

El Apóstol Pablo, habiendo referido el Evangelio que a él le fue encomendado por el Cristo ascendido (2ª Tim.1:10, 11), ahora le recuerda a Timoteo del precio que tuvo que pagar: “Por lo cual asimismo padezco esto”. Su prisión y trato como un criminal fue el directo resultado de su fidelidad por Cristo y su ministerio durante los peligrosos tiempos en los cuales estaba viviendo. No en tanto, para animar a Timoteo, declara:

 

Pero no me avergüenzo, porque yo sé a Quién he creído, y estoy seguro que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día (2ª Tim.1:12).

 

Pablo no dice: “Yo sé qué es lo que he creído”, sino “Yo sé a Quién he creído”, y esto es algo inconmensurablemente más grande y mejor. El conocimiento de Cristo Jesús es la suma de toda verdad, y la meta para el creyente es “que pueda llegar a conocerle a Él” (Filip.3:10). Esto incluye, por supuesto, el precioso depósito de verdad que Él nos encomienda guardar y proclamar para Su gloria.  El propio guardará consigo sin duda alguna esta verdad para “aquel día”, y que Pablo se afianzaba continuamente en eso mismo se ve perfectamente por el empleo que hace del modo perfecto en el griego.

 

Paratheke (depósito) es la forma abreviada del término para un depósito legal, parakatatheke; y en los papiros pueden encontrarse muchos ejemplos de su uso. Esta palabra aparece en el versículo catorce y en 1ª Tim.6:20 describiendo la verdad depositada con Timoteo, y tiene el mismo significado en el versículo doce. Pablo no tiene en mente algo que haya depositado con el Señor, sino antes bien refiere la maravillosa revelación de la verdad que, el Señor, le había depositado a él, para dar a conocer, primeramente a los Gentiles. Esto se explica más detalladamente en el versículo trece:

 

Retén la forma de las sanas palabras que de mí oíste, en la fe y amor que es en Cristo Jesús.

 

Hupotuposis (forma o modelo) tan solo se emplea en otro lugar en el Nuevo Testamento, donde la salvación y el ministerio de Pablo se declara siendo un “modelo” para todos aquellos que creyesen (1ª Tim.1:12-16). La palabra significa delineación o contorno de un diseño. Arndt y Gingrich en su Léxico Griego Inglés da un significado estándar que se apropia al contexto en 2ª Timoteo perfectamente. Toda la verdad depositada por el Señor con el Apóstol Pablo, era el divino estándar de verdad para Timoteo, y todavía sigue siendo el estándar por el cual todos los predicadores cristianos, deberían medirse a la hora de enseñar y servir. Una vez que es el Apóstol de los Gentiles, su ministerio tiene en vista especialmente este tiempo actual de los Gentiles. ¡Cuán agradecidos debemos estar de poder tener este divino estándar  por el cual podemos probar todo lo que oigamos y leamos, y eso en medio de tantas confusas y conflictivas ideas a nuestro alrededor! Esta es la única vía segura por la cual podemos separar por nosotros mismos la verdad del error y saber exactamente dónde nos hallamos.

 

Aunque Timoteo conociera acerca del ministerio de Pedro y de Juan, nos es a ellos a quienes está refiriendo el Apóstol. Los tales ministerios constituyen el estándar de verdad relativo, en primer lugar, al fiel remanente de Israel; y volverá a entrar en vigor una vez más en un tiempo futuro, cuando, el Señor, vuelva a dar prioridad a Israel, justo antes de Su Segunda Venida. Timoteo ahora debía retener lo que había oído y recibido de parte de Pablo en la fe, y ministrarlo en amor (13). El Apóstol le recuerda la fuente del poder que es suficiente para todo, esto es: “El Espíritu Santo que habita en nosotros”. La importante palabra “depósito” es otro término que aparece tres veces en 2ª Timoteo. Lo tenemos en 1:12, 14; y en 2:2 aparece en una forma verbal, y se traduce “cometer”.

 

Es bueno que tengamos claro lo que este “buen depósito” abarca. Con toda certeza consiste de toda la verdad dada a conocer a través de las Epístolas en Prisión de Pablo, de esto hacen parte: las gloriosas buenas nuevas de la salvación por fe en Cristo Jesús a través de la gracia, y aparte de las obras o méritos humanos. Esto es lo que se recibe directamente proveniente del Señor Jesús (Gál.1:8-12). Pero esto no es todo. Es un enorme error parar aquí. Este Evangelio es ciertamente la fundación, pero sobre él reposan las verdades de la santificación, consagración en servicio, y además, para coronarlo todo, la revelación del Misterio (secreto) concerniente al Cuerpo reunido junto: la iglesia que es la plenitud de Cristo (Efesios 1 y 3 y Colosenses 1). Su especial constitución, testimonio, conducta y esperanza, son el corazón de este “buen depósito” que Pablo declara haberle sido dado a él, para darlo a conocer, por revelación del Señor Jesús (Efes.3:1-3). En la misericordia y el propósito de Dios, todo esto ha sido preservado por el Señor y descendido hasta nosotros hoy en día.  Así que habiendo sido introducidos en él por la fe y, regocijado en él, preguntamos, ¿le consideramos como una encomienda sagrada?

 

De esta forma es alentado Timoteo por el Apóstol, para que esté firme y guarde la especial enseñanza que le fue encomendada por Dios. Y ahora avisa a Timoteo sobre algunos que no están actuando así:   

 

Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes (vers.15).

 

Del abandono de los que están en Asia parece hablar el Apóstol,  como de un hecho bien conocido por parte de Timoteo. Ha sido sugerido, por algunos comentadores, que algunos testigos por parte el Apóstol debieron haber vuelto de los varios centros en Asia Menor, donde se quedaron petrificados al tomar conciencia de la actitud que Roma había tomado hacia la cristiandad y, llenos de temor, se olvidaron de Pablo, para no verse envueltos con él en la revuelta. Esto puede ciertamente haber ocurrido así, pero en tal caso, no sería fácil justificar la frase “todos los que están en Asia”. No puede haber dudas que, los tiempos peligrosos, debieron haber contribuido en gran escala para el abandono. Cualquiera que confesase públicamente su asociación con el Apóstol ponía en sus manos su vida y, si dejase de estar firme con él, ¿quién somos nosotros para juzgarlos? ¿Estamos nosotros listos para entregar nuestras vidas por el Salvador si fuera necesario?

Se nombran dos cristianos que tienen que ser bien conocidos de Timoteo, estos son, Figelo y Hermógenes. Evidentemente eran líderes en este abandono que sufrió Pablo en su hora de suprema necesidad, y sirve por tanto de aviso a su amado hijo en la fe. Viendo el caso por los peligrosos tiempos que corrían, podemos darnos cuenta y ver bien las condiciones espirituales de la esfera en la cual Pablo se movía:  no podían haber sido  muy sanas. Pablo aquí, en toda esta epístola, no menciona ni una sola vez las iglesias locales, ni la actitud que emprendieron hacia su persona, en este tiempo que atravesaba su más severa prueba. El Apóstol estaba sintiéndose aislado. En 4:6 él dice así: “En mi primera defensa nadie se puso a mi favor, sino que todos me olvidaron; que no se les tome en cuenta”. Y ahora citamos las palabras de H.D.M. Spence sobre este peculiar pasaje en el capítulo uno:

 

“El sencillo y más obvio significado aquí es el preferible, y asumimos como cierto que el abandono, el dejar a S. Pablo, tiene lugar en la propia Asia, Un largo número de cristianos, si no, la totalidad de las iglesias, repudió su conexión con el gran padre de la cristiandad Gentil, y, posiblemente, desobedecieron algunas de sus enseñanzas. Aquello que, de hecho y realmente, tuvo lugar tan obviamente en Asia, mientras Pablo permanecía encarcelado aguardando su muerte en Roma, ha debido llegar a oídos de Corinto y de otras asambleas. Muchos abandonos se debieron dar en aquellos tiempos, bien sabemos, y una de las pruebas más terribles que el gran heraldo S. Pablo tuvo que soportar en la agonía de su último testimonio por su Señor, fue llegar a saber que su nombre y enseñanza no serían tenidas ya más por dignas ni honorables en algunas de estas iglesias en Asia, tan queridas para él. El término geográfico de Asía es un tanto confuso. Puede incluir, y además estrictamente hablando incluye, Misia, Frigia, Lidia, Caria; pero un tal abandono, tan amplio, de las enseñanzas Paulinas, parece improbable, y no hay tradición alguna de que algo de ese tipo hubiera tenido lugar. S. Pablo, probablemente, escribió el término más de acuerdo al sentido antiguo Homérico, y siendo así, aquel Asia, significa todo el distrito en la comunidad del rio Caister”.

 

Hay algunos expositores que niegan haber tenido lugar una tan larga escala de apostasía en ese tiempo, pero se llega a una conclusión muy diferente cuando alguno procura por las distintivas verdades de su ministerio en prisión en los más tempranos siglos que vienen a seguir a este periodo. Cuando debió haber habido la fidelidad y el divino coraje necesario para mantener firme el buen depósito de verdad, en su mayor parte el testimonio de Pablo ya tiene poca expresión en la historia a lo largo de los tempranos siglos de nuestra era. Los creyentes más tempranos y los líderes, no se mantuvieron totalmente firmes a esta doctrina, y las densas tinieblas espirituales tomaron su lugar inmediatamente, empeorando todo en los siglos siguiente hasta su clímax en la Edad Media, y culminando en la Reforma. Aún mismo la verdad básica de la justificación por la fe se hallaba perdida (Vea del mismo autor, Los Siglos Más Tempranos y la Verdad. La primera verdad a ser perdida es el Misterio, después vino la Segunda Venida, y a seguir la justificación por la fe), así, pues, no admira nada que la gran verdad del Misterio fuese totalmente desconocida hasta nuestros días. A partir de la Reforma, la verdad entró en un proceso de recuperación, en el orden inverso, al cual se perdió. Si hoy en día nos gloriamos en las riquezas espirituales reveladas en el ministerio de Pablo en prisión, regocijémonos y seamos gratos, pero además, seremos conscientes también de la gran responsabilidad que esto nos trae y comporta, y la necesidad que se nos demanda por la absoluta fidelidad, para testificar esta verdad sagrada.

 

El Apóstol ahora se refiere al testimonio de un individuo que se ha mantenido leal con él, y por tanto era un ejemplo para Timoteo:

 

Tenga el Señor Misericordia de la casa de Onesíforo, porque muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas, sino que cuando estuvo en Roma, me buscó solícitamente y me halló. Concédale el Señor que halle misericordia cerca del Señor en aquel día. Y cuanto nos ayudó en Éfeso, tú lo sabes mejor (1:16-18).

 

Onesíforo fue un hombre valiente y de valor, pues ya hemos señalado cuáles eran los peligros si alguno viniese a asociarse públicamente con Pablo. ¡Cuán fácilmente podría haberse excusado diciendo que, el lugar donde estaría Pablo, sería muy difícil o imposibles de encontrar! Pero en vez de esto, procuró, e investigó diligentemente hasta descubrir dónde se hallaba preso el Apóstol Pablo. Y no solo eso, sino que declara, además, “muchas veces me confortó”. La palabra traducida “confortó” es única en el Nuevo Testamento. Como un nombre aparece en Hechos 3:19, “los tiempos de refrigerio”, refiriendo así los benditos efectos de la Segunda Venida del Señor. Moffat lo traduce “me abrazó en el aire”.

 

El simple ministerio de este creyente fue como una refrescante brisa para el Apóstol, puesto bajo el rigor de su encarcelamiento romano, y no sería olvidado por el Señor “en aquel día”, esto es, el día de Su evaluación de los testimonios y servicios cristianos. Onesíforo no se avergonzó del testimonio por el cual Pablo estaba preso, y aquí se nos da la tercera ocurrencia de la palabra “ser avergonzado” en esta epístola.

 

Algunos han argumentado que, porque Pablo refiera a la casa de Onesíforo, éste ya debía haber muerto cuando Pablo escribía eso. Pero de ese modo sería igual de fácil decir que pudiera estar ausente del hogar; en cualquier caso debemos siempre tener en cuenta que la cabeza y su casa sean inseparables. La iglesia católica ha intentado forzar esta oración aquí ofrecida, asegurando que aquí tenemos un ejemplo de oración por los muertos.

 

Una cosa es cierta, y es que una práctica de este tipo no tiene fundamento o base en parte alguna de las Escrituras, y cualquier persona tiene que hacer un esfuerzo muy grande intentando deducir este significado de estos versículos. El hijo del Apóstol en la fe sabía muy bien el servicio tan leal prestado por su amigo en Éfeso, pues Timoteo era el supervisor en aquella ciudad, y esto también serviría para darle ánimos imitando el fiel coraje de Onesíforo. Vivimos en días similares de prueba y dificultad. La necesidad es apremiante para valernos de la fuerza del Señor, y así poder decir en las palabras de Pablo:

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece

 

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