Las Epístolas Desde la Prisión
13º Parte 
 
CAPÍTULO DOS
 
DE LA EPÍSTOLA A LOS FILIPENSES
 
El Apóstol ahora añade a su ruego por la unidad práctica una posterior cuádruple reseña. La cuatro veces repetida palabra “si, del 2:1 no es condicional ni conlleva duda. No había nada más seguro que las realidades a las cuales apelaba Pablo. “Si” podría haber sido traducida “una vez que”, añadiendo la idea de “como realmente es el caso”. No hay verbo en el griego, y la mayoría de las traducciones suple el verbo “ser”, pero posiblemente “aprovechar” sería mejor. Moffat traduce así el pasaje:
 
Así, pues, por todos los estímulos de Cristo, por todo el incentivo del amor, por toda vuestra participación en el Espíritu, por todo vuestro afecto tierno y entrañable, os ruego que me deis el completo gozo de saber que estáis viviendo en armonía, con el mismo sentimiento de amor, con un mismo corazón y alma, nunca haciendo nada por fines privados, sino humildemente considerando cada uno en los demás el mejor hombre, y cada uno procurando el interés de los demás como el suyo propio (2:1-4).   
 
Esta traducción exhibe bien el sentido del pasaje. Paraklesis en el versículo puede ser traducida “exhortación” así como también “consolación” (Reina y Valera), y así reforzaría la autorización del Señor, “la exhortación en Cristo”, a lo que Pablo se estaba refiriendo, mostrando algo más que un ruego personal. “Consuelo de amor”  es el siguiente vínculo que debería mantenerlos juntos. En Colosense 3:14 se describe como el “vínculo del amor”. Este amor desprovisto de egoísmo es una dádiva de Dios y debería solidificarlos juntos en su testimonio. La tercera es la “participación en el Espíritu”, la práctica participación en todas las riquezas que Él les había dado a través de Su verdad. “Afecto y misericordias” sería mejor juntarlas como una endíadis, “afecto tierno y entrañable” (Moffat) siendo que así el afecto se vea como el asiento del estado emocional, “el habitáculo de los tiernos sentimientos” (Lightfoot).
 
Todo esto debía constituir un vivo apelo a la iglesia Filipense. Estos sublimes motivos que tenían su origen en el Señor, si fuesen respondidos, completarían el gozo del Apóstol y llevarían a un cuádruple resultado, siendo “de un mismo sentir” (2:2), “teniendo el mismo amor” (el amor del vers.1), “unánimes” (de una misma alma, literalmente) “sintiendo una misma cosa” (repitiendo el verbo Phroneim). Pablo recopila estas expresiones resaltando deliberadamente la unidad práctica y efectiva. Los Filipenses no podían tener duda alguna de que esta manifiesta unidad sería absolutamente esencial en la senda del premio celestial. Si ignorasen esto sería a riesgo de venir a participar en la carrera en vano y ser desclasificados por el Señor. Una tal actitud mental guiaría a la contienda y a la vana ambición, y el único antídoto sería las opuestas cualidades de la humildad y la carencia de egoísmo. Esta humildad se señala como siendo la apariencia del “andar condigno” de Efesios 4:2. El propio Apóstol la había estado exhibiendo continuamente en su testimonio y sus tratos con las iglesias. Bien pudo decir que había servido al Señor “con toda humildad” (Hechos 20:19). Esto le resguardaba del pecado original del orgullo y la propia exaltación. Posteriormente, en el capítulo, nos recordará el ejemplo del Señor humillándose a Sí mismo (vers.8) hasta las más bajas profundidades.      
 
La verdadera carencia de egoísmo, por tanto, muchas veces comentada y pocas veces puesta en práctica, libra de la esclavitud de uno mismo y de los reclamos egoístas, “no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (vers.4). El espíritu que obtiene el premio no se ocupa consigo mismo, sino antes que nada por las necesidades de los demás. La renuncia de uno mismo es una lección muy dura de aprender, pues para todos nosotros el “YO” tiene un gran poder, y debemos vigilar constantemente para que el interés propio no se introduzca en nuestros motivos para el servicio cristiano.
 
Para reforzar esta más que necesaria lección, que realmente es la misma esencia de esta carta a los Filipenses, Pablo pone delante ejemplos en la vida de otros, siendo que el primero de todos sea el supremo ejemplo del propio Señor:
 
Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús… (2:5).
 
No hay verbo alguno en la segunda parte de la frase. La Versión Autorizada y la Versión Revisada suplen el verbo “ser”, pero los más modernos expositores toman la frase “en Cristo Jesús” en el usual sentido Paulino de estando posicionalmente en Cristo. La paráfrasis de F.F. Bruce es esta: Que vuestro propósito y actitud de corazón sea aquella que está presente en los que son uno en Cristo Jesús. Y esta paráfrasis es aceptable si no se quita la introducción del Señor como el Ejemplo por encima de todos los demás. Si todavía retenemos la traducción de la Versión Autorizada y la Versión Revisada debemos darnos cuenta de que no es la mente de Cristo lo que Pablo exhorte a los Filipenses a poseer. Sería imposible para cualquiera de los limitados seres humanos contener toda la mente de Dios. Aquí es más bien el particular aspecto de la total carencia de egoísmo que el Señor tan maravillosamente exhibió cuando dejó de lado toda la gloria que era Suya antes de la creación, y quiso voluntariamente rebajarse de tal manera, tan baja, que acabó en la muerte de cruz por nuestra causa y en nuestra sustitución.
 
El gran pasaje que ahora sigue, es uno de los más profundos en la Biblia, y ha sido reconocido como tal por los escolares Bíblicos desde los primeros siglos en adelante. Abundan en él las dificultades en la interpretación. Las Escrituras relatan muy poco acerca de la pre-existencia de Cristo antes de la creación, y esto ciertamente complica la enseñanza todavía más. De algo podemos estar seguros: Pablo no estaba escribiendo este pasaje para confundir impresionando a los creyentes Filipenses, ni a los cristianos de las sucesivas generaciones. El propósito primario no sería dar una completa revelación de la posición que Cristo había tenido en el eterno pasado, sino enfatizar el sobreexcedente amor que tuvo entregándose a Sí Mismo hasta el límite, y que nosotros debemos tener, si es que vamos a “correr bien” en la corrida celestial.
 
Al examinar este contexto, encontraremos que hay siete pasos en el descenso del Señor desde la gloria hasta la cruz, y siete pasos en el ascenso hasta la misma gloria que poseía siendo Suya, originalmente; y este es el balance de equilibrio en la estructura de la epístola por las sietes ganancias de Pablo en la carne y sus siete ganancias en el Espíritu en el capítulo 3:7-11.      
 
       Séptupla Humillación de Cristo                                     Su Séptupla Exaltación
 
Se despojó a Sí Mismo (de toda reputación)        Su Nombre por encima de todo nombre
 Llegó a ser un esclavo encadenado                                      Toda rodilla se doblará
Hecho semejante de los hombres                                             Las cosas en el cielo
Visto como un hombre                                                             Las cosas en la tierra
Se humilló a Sí Mismo                                                           Las cosas debajo de la tierra
Obediente hasta la muerte                                                      Toda lengua confesará
Hasta la muerte de cruz                                                          Jesucristo es el SEÑOR
 
Muchas son las interpretaciones que se han hecho de este pasaje, y cualquiera puede venir a desconcertarse tratando de averiguar cuál sea la correcta, pero debemos recordar que, las palabras empleadas, tuvieron que tener un significado definitivo y comprensible para los Filipenses, si así no fuese, su importante enseñanza carecería de valor. Antes de que procuremos tratar con esta sección, desearíamos señalar que probablemente fuese un himno, y si así fuese, es uno de los más tempranos ejemplos de los himnos cristianos que poseemos. Ernest Lohmeyer en su obra Kirios Jesus (Heidelberg 1928) señala esto mismo, observando la forma en la que están construidas las frases y la cadencia rítmica de las líneas. Si es así, entonces sería previsible hacer un arreglo suyo en estrofas, y Lohmeyer así lo hizo. con seis estrofas de tres líneas cada una, de la siguiente forma:
 
(1)  Siendo en forma de Dios
No lo estimó como a cosa a qué aferrarse
El ser igual con Dios.
(2)  Sino que se despojó a Sí Mismo
Tomando forma de siervo
Hecho semejante a los hombres
(3)  Y estando en la condición de hombre
Se humilló a Si Mismo
Llegando a ser obediente hasta la muerte (de hecho, muerte sobre una cruz)
(4)  Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo
Y le dio un Nombre
Que es sobre todo nombre
(5)  Para que en el Nombre de Jesús
Se doble toda rodilla
De los que están en el cielo, sobre la tierra, y debajo de la tierra.
(6)  Y toda lengua confiese
Jesucristo es el SEÑOR
Para la gloria del Dios Padre.  
 
Otros escolares han modificado este arreglo, pero es posible que sea verdad y que se halle en línea con otros himnos contenidos en el Nuevo Testamento, tal como el Cántico de la Natividad en Lucas y el himno de adoración en el Apocalipsis y en otras partes de la Escritura. Teniendo en cuenta Efesios 5:19 y Colosenses 3:16, ¿No sería lo más natural que la temprana iglesia debió cantar las alabanzas de Aquel que era tan rico, aunque por nuestra causa se volvió pobre, y que por Su pobreza llegásemos nosotros a ser eternamente ricos y agraciados con un tan sublime y santo llamamiento? Tanto si Pablo compuso esta sección como un himno, como si emplea otra composición bajo la guía del Espíritu, a lo cierto no lo sabemos. Pero que el Apóstol fuese capaz de poetizar en el grado más elevado, “el himno al amor”, como ha sido denominado, de 1ª Corintios trece, está muy claramente testificado.
 
¿Pero, por qué ha habido tanta dificultad de interpretar los himnos más tempranos? Un escritor, Karl Bornhauser, ha observado que, ¡cuando se hace una recopilación de todo lo que ha sido escrito y comentado sobre estos versículos, la persona obtiene una librería! Sin embargo, como ya hemos afirmado, el pasaje tiene que haber sido comprensible para los creyentes Filipenses, por lo menos en cierta medida, de otra forma hubiese sido de poco valor para ellos. Y así, recobramos el ánimo, creyendo que, si observamos cuidadosamente lo que se haya escrito, y evitamos tanto añadirle algo nuestro como sustraerle al registro Divino, podremos recibir la comprensión bajo la guía del Espíritu Santo por nosotros propios.
 
Para aquellos que sean capaces de hacer un estudio más profundado, y que tengan acceso al Nuevo Testamento griego, los escritos de J. Lightfoot y E.H. Gifford pueden ser consultados, junto con otros escolares Bíblicos de la era Victoriana. Los escritores del siglo veinte tales como Barth, Lohmeyer, F.W. Beare, Debelius, Jeremías, M.R. Vincent, entre muchos otros, dan un distinto punto de vista y deben ser sopesados a la luz de la Escritura. Una reciente obra monumental es el Carmen Christi de R.P. Martin, pero este es un volumen principalmente para estudiantes avanzados. El Premio del Supremo Llamamiento de C.H. Welch es una buena selección para los que valorizan una exposición correctamente dividida, si bien que Welch nunca reclame que tenga la última palabra sobre este pasaje de Filipenses. Sin embargo, su profundo conocimiento en la verdad dada a conocer a través de las epístolas de Pablo, nos hacen siempre considerarle con respeto y nunca debería ser ignorado.
 
Hay un cierto número de puntos que debemos cuidadosamente considerar en la exposición de Filipenses 2:5-11: (1) Siendo en forma de Dios. (2) El significado de morphe, forma. (3) Despojarse, harpagmos. (4) Ser igual a Dios, to einai isa Thea. (5) Se hizo a Sí Mismo desprovisto de reputación (literalmente), se humilló a Sí Mismo. (6) Tomando forma de siervo. (7) Hecho semejante a los hombres. (8) Estando en la condición de hombre se humilló a Sí Mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
Si logramos obtener un concepto Escritural de estos ocho puntos, estaremos en el buen camino para comprender lo que reside por detrás de este profundo pasaje.
 
Huparchon, siendo en forma de Dios
 
La palabra “siendo” no es el verbo “ser” sino huparchon “existiendo”, aunque tenemos que concordar con que, esta palabra, tiene un débil sentido, casi equivalente a einai, “ser”, en los tiempos del Nuevo Testamento, tal como aseguran gramáticos tales como Moulton – Milligan, Bauer-Arndt-Gingrich, y A.T. Robertson. Cognitivo con huparchon tenemos huparxis (Hechos 2:45 “bienes”) y huparchonta, el participio empleado como un sustantivo, también traducido un cierto número de veces “bienes”, siendo así prácticamente idéntico con “poseo” o “tengo”. Observe el uso hecho por Pedro de huparcho en Hechos 3:6: “no tengo plata ni oro”.
 
Huparcho puede denotar una original o fundamental posesión tal como 1ª Corintios 11:7 nos muestra. El hombre es la imagen y gloria de Dios, no por adquisición, sino en virtud de su creación original por Dios (Gén.1:27). De lo que sea que morphe consista, sería la posesión original de Cristo. Muy poco se nos revela en la Escritura acerca del estado pre-encarnado del Señor, y precisamos tener mucho cuidado a la hora de tratar con, o aceptando, todas las declaraciones de los credos. Ya hemos notado que todo cuidadoso estudiante de la Biblia debe concordar en que, si es que exista un lugar donde el actual palabreado de las Escrituras deba ser cuidadosamente tratado y adherido sin adiciones o sustracciones, es en este punto. Y sin embargo, ¿Qué es lo que usualmente hallamos? Demasiado a menudo tan solo meras deducciones o conjeturas formando la base de ideas teológicas que por tanto no pueden igualarse con la verdad revelada. Algunos dogmáticamente fuerzan la filiación de Cristo antes de Belén, ignorando totalmente el hecho de que no exista ninguna declaración directa de la Palabra de Dios o revelación hacia este punto. Donde el Divino Libro guarde silencio, nosotros también debemos estar callados Estamos seguros de que la Divina filiación es verdadera del Santo Niño que estaba para nacer, pues el ángel declara definitivamente que este sería el caso en Lucas 1:35. Observe que él no dijo que el santo que iría a nacer fuese llamado el Hijo de Dios, sino “Será llamado” así.
 
Los dos importantes pasajes que tratan con la existencia pre encarnada de Cristo son Juan 1:1 y Colosenses 1:15-19. ¡Qué magnífica oportunidad tuvo el Apóstol Juan, cuando escribió el prólogo a su Evangelio, de establecer la eterna Filiación de Cristo, si es que eso fuese verdad! Entonces, él podría haber escrito:
 
En el principio era el Hijo, y el Hijo estaba con Dios y el Hijo era Dios.
 
¡Pero no lo hizo así! Antes de Belén el Señor Jesús era el Logos, la Palabra. Aquí estamos sobre firme fundamento. Siendo originalmente la “Palabra” debe por tanto ser paralela o idéntica con “siendo en forma de Dios”, y si esto hubiese sido cuidadosamente considerado, mucha especulación inútil que ha sido escrita sobre este pasaje habría sido evitada. De la eterna existencia de Cristo no tenemos dudas, pues si él era Dios, esto debe ser cierto, pero el punto en cuestión es: ¿en qué capacidad hubo así siempre existido?
 
Aquello que niegan la Deidad de Cristo son incapaces expositores del pasaje que estamos considerando. Se basan en falsas premisas. Perpetúan la falacia de argumentar desde el punto de vista de la experiencia humana, diciendo que un hijo implica la pre-existencia de un padre, no dándose cuenta de que la palabra “hijo” se emplea tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento separada de la idea de generación o prioridad. En Hebreos, edad se expresa por la frase “el hijo de… años”, y el Nuevo Testamento se usan expresiones tales como los “hijos de desobediencia”. Era por tanto una de las más comunes maneras de expresar identidad.
 
Habiendo malentendido o ignorado esto, los Arianos usualmente proyectan la filiación padre-hijo antes de Belén, y por tanto, con un doble error, nos ofrecen más tinieblas que luz. Juan 1:1 “En el principio era la Palabra… y la Palabra era Dios”, debe mantenerse delante de nuestros pensamientos todo el tiempo cuando tratamos con Filipenses 2:6-11 o estaremos perdidos con toda seguridad. Hemos leído un cierto número de exposiciones de escolares bien conocidos donde Juan 1:1 ni tan siquiera es mencionado.
 
Ahora vamos a ver el otro gran pasaje que trata con Cristo en Su pre-encarnada existencia, esto es, Colosenses 1:15-19, donde se le designa como “La Imagen del Dios invisible”. La palabra griega para “imagen” es eikon que la Septuaginta emplea para traducir la Hebrea tselem, imagen, en Génesis 1:26, “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. En Daniel 3:19 tenemos la frase “se demudó el aspecto de su (del rey) rostro”, donde la Aramea equivalente tselem se traduce en la Septuaginta por morphe. De hecho, eikon y morphe se utilizan como términos intercambiables en la Biblia Griega, lo cual nos ayuda en nuestro entendimiento de morphe en Filipenses dos. Lo mismo puede decirse de eikon y doxa, gloria, en la Septuaginta, y recordemos que Génesis 1:27 se cita directamente en 1ª Corintios 11:7; el hombre es la “imagen y gloria” de Dios, y el Señor Jesús Mismo es descrito como la “Imagen y gloria de Dios” (2ª Cor.4:4). La magnitud de la gloria de Dios es tal que, al natural y desvelado, ninguna criatura puede verlo o sufrirlo. Tan solo puede ser parcialmente visto por medio de la creación en una Imagen – el Señor Jesucristo.
 
En alguna medida, la descubierta gloria de Dios en su pleno fulgor de luz y majestad debe mantenerse velada. Esto lo tuvo que aprender Moisés cuando deseó ver la gloria de Dios (vea Éxodo 33:18-23). Esta tremenda gloria por tanto es la que está vinculada con Cristo, el eikon, la Imagen de Dios. Dios es espíritu (Juan 4:24) y como tal no tiene dimensiones o forma por la cual una semejanza pueda ser hecha, tal como en la creación de Adán. Dios no puede ser visto en Su esencia; tan solamente en Su Imagen, el Señor Jesucristo, y Él desea que todos los redimidos sean hechos finalmente conforme a esta Imagen (Rom.8:29). Aun mismo en el mundo pagano, se nos muestra que una imagen, eikon, no se levanta para ser una mera representación de un objeto, sino que, de alguna manera, se cree que participa en la natura del objeto que simboliza. De alguna manera, es el propio objeto que representa, y tal como ha sido dicho, sería así “la expresión venida de la propia realidad”. ¿Cuánto más, entonces, es esto cierto con el Dios Padre? Tan solamente en Cristo vemos la expresión de la gloria Divina, “la luz del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Jesucristo” (2ª Cor.4:6). Santiago 2:11 dice literalmente: “Nuestro Señor Jesucristo, la gloria”.
 
Resumiendo, por tanto, morphe (forma), eikon (imagen), y doxa (gloria) están definitivamente conectadas en la Escrituras y se iluminan unas a las otras. Esto debe servirnos de ayuda cuando estemos considerando morphe por sí sola.  No será demasiado decir que un claro entendimiento aquí con respecto a morphe nos ofrece una buena fundación para la correcta apreciación del resto del himno. Intentaremos proceder cuidadosa y respetuosamente, evitando estudiadas ideas que no sean respaldadas por el claro testimonio de la Escritura. Somos conscientes de que este estudio es muy difícil, pero es que no tenemos medios o habilidad para digerir la “sólida vianda o alimento” de la Palabra, las cosas profundas de Dios, y volverlas “leche o papillas” que podamos recibir sin esfuerzo.
 
En nuestra consideración del profundo pasaje en Filipenses 2:5-11 ahora nos dirigimos al significado de morphe, forma – “Quien, siendo en forma de Dios…”. Lo que le añade dificultad a la interpretación es el hecho de que, muchas de las palabras clave y términos que aquí tenemos, no aparecen en ningún otro sitio del Nuevo Testamento, por eso no tenemos usos que nos guíen. Morphe tan solo aparece una vez más, esto es, en Marcos 16:12. Harpagmos (“Despojar” o “Quitar”) no aparece en la Septuaginta, y es una palabra rara en el griego clásico y secular. Huperupsso, “altamente exaltado” (“exaltado hasta lo sumo” en la Reina y Valera), es una palabra única en el Nuevo Testamento al igual que katachonios, “debajo de la tierra”. Algunas palabras y expresiones si se emplean de una manera usual y común. El verbo kenoo (“se humilló a Sí Mismo”, o “se hizo a Si Propio sin reputación”) que tan solo aparece en otros cuatro contextos en los escritos de Pablo, lo hace además con un mal sentido (Ro.4:14; 1ª Cor.1:17; 9:15; 2ª Cor.9:3). Schema, “apariencia”, “hecho semejante…” tan solo la utiliza una vez más el Apóstol en 1:Cor.7:31).   
 
 
Morphe, la forma de Dios
 
El comentario expuesto de J.B. Lightfoot publicado en 1868  nos da un buen lugar de comienzo en la moderna interpretación, junto con la obra de E.H. Gifford La Encarnación, un Estudio de Filipenses 2:5-11. Lightfoot compara en detalle una palabra similar, Schema “estando en la condición” o “a manera de” (como traducen algunas Versiones inglesas en Filipenses 2:8) y concluye que morphe  se pone en contraste a Schema, como el contraste que hay, entre, lo intrínseco y esencial, y lo que sea accidental y aparente. El autor cita algunos paralelos con Platón y Aristóteles, y llega a la conclusión de que, esta palabra, se utiliza en la Escritura en un sentido sustancialmente igual al que conlleva en la filosofía griega; esto no significa que Pablo estuviese deliberadamente derivando su sentido por ella, del mismo hizo que el Apóstol Juan tampoco utilizó del mismo modo la palabra logos, “palabra”, un término que  también se emplea y del mismo modo por los filósofos griegos.
 
La conclusión de Lightfoot está muy clara: “Aunque morphe no es lo mismo que phusis, “natura”, o que ousia, “siendo”, sin embargo la posesión de morphe envuelve la participación en el ousia también. La mismo entiende E.H. Gifford, quien declara que, morphe theou, “es la Divina natura actualmente, y que subsiste inseparablemente en la Persona de Cristo” (La Encarnación, pag.16). “El término incluye toda la naturaleza y esencia de la Deidad” (pag.19). El mismo punto de vista comparten también H.R. Mackintosh, y H.C.G. Moule.
 
Una cosa tenemos que mantener en el pensamiento. Es que, los últimos descubrimientos arqueológicos, que a nosotros nos han traído mucha iluminación sobre los días del Nuevo Testamento, les fue negado y no se hicieron disponibles para estos escolares, les estaban velados. Ahora, podemos ver claramente que morphe conlleva algo relativo al aspecto externo y aparente, pero al mismo tiempo, no podemos confundirlo con el Schema, o tratar las palabras como si fueran sinónimas. Schema refiere una externa apariencia que no expresa la realidad interna. Abbott-Smith describe la diferencia como “lo superficial y accidental” en contraste con “lo íntimo y esencial”. Podría significar una “falsa apariencia”. En el verbo correspondiente, el Señor Jesús se “transforma” o “transfigura” sobre el monte en glorioso esplendor (el verbo proveniente de la raíz morph). Los creyentes están a ser transformados en la imagen de Cristo (2ª Cor.3:18), siendo que, esta dos instancias, sean bien algo más que una mera externa apariencia. Sin embargo, cuando Satán se transforma en “un ángel de luz”, y sus ministros en “ministros de justicia”, el verbo que se emplea es un compuesto también de Schema, pues esta transformación, es algo externo, tan solo una farsa.
 
Una vez que tenemos morphe repetido de nuevo en el versículo siete: Tomando forma de siervo, servirá de ayuda si averiguamos lo que morphe pueda significar en esta conexión aquí, pues nos hallamos en el íntimo interior de la experiencia humana; podremos alcanzar un verdadero entendimiento, el cual, nos servirá de mucha ayuda en nuestra consideración de la “forma de Dios”. Nos quedamos sorprendidos comprobando cuán pocos son los expositores que hayan tenido esto en cuenta. ¿Podría ser solo que un siervo en el Nuevo Testamento luciese simplemente distinto de su maestro, o será que todo este asunto va mucho más allá y es más profundo? Obviamente lo es, pues un siervo no tiene derechos o posesiones de su dueño; pertenece de cuerpo y alma a su amo, y sería virtualmente su propiedad, para ser vendido o comprado, o mismo ser entregue a la muerte si a su dueño le place. El morphe del esclavo así se ve muy claro. Denota el estatus de un esclavo, que, sin duda alguna, se refleja así mismo en su apariencia externa, y no podemos imaginar que, una tal apariencia esclava, fuese la misma que la de su maestro y amo. Por eso había ambas cosas, un aspecto interior  y uno externo del morphe, forma, de un esclavo. Es muy difícil que la palabra morphe pueda ser empleada en un sentido distinto en los versículos anteriores. No hay necesidad, por tanto, de tomar la palabra con el significado esencial solamente (tal como Lightfoot y otros lo toman), no tan solo el aspecto externo como la gloria de Dios (como muchos modernos comentadores). No tiene que ver con esta o aquella posición, sino con una combinación de ambas.
 
Moulton Milligan dice que morphe “siempre significa una forma que verdadera y plenamente expresa el ser que conlleva dentro” (Vocabulario del N.T. Griego). Así lo expresa Greville Ewing (Un Léxico Griego e Inglés): “esta palabra se usa algunas veces para denotar la natura en sí misma o substancia de alguna cosa”. Marvin R. Vincent en Estudios en la Palabra en el estado del Nuevo Testamento declara que, Morphe, forma, “se identifica con la esencia de una persona o cosa”. “Decir que Cristo estaba en la forma de Dios, es decir que Él existió como ser esencial único con Dios”. La expresión de Deidad a través de la natura humana, así, tiene su antecedente en la expresión de la Deidad como Deidad,  en las edades eternas del ser de Dios. Cualquiera que sea el modo de la expresión, lo que señala es al Ser de Cristo en la eternidad anterior a la creación: “Así como en la forma de Dios fue identificado con el Ser de Dios, así también Cristo, siendo en la forma de Dios, fue identificado con el Ser, la natura, y la personalidad de Dios.”
 
J.J. Muller, en una nota al margen (Las Epístolas de Pablo a los Filipenses y Filemón) dice: “morphe denota el ser interior, a medida que actual y concretamente se va realizando a sí propio en el individuo”. Así que nosotros, por lo tanto, llegamos a la conclusión de que, esta difícil palabra, se refiere a una exterior manifestación de una esencia interna o realidad, y no solo, o la una o la otra. El Señor Jesús, en Su estado pre-encarnado, como la Imagen del Dios invisible, aparece entre los seres celestiales como Dios, puesto que en realidad Él es Dios (Juan 1:1). Su externa visible apariencia expresaba Su esencia natural y carácter, y esta natura y carácter es el de Dios. Tal como un escolar lo expone (T.A. Thomas): “Si Él no fuera verdadera y plenamente Dios, Él no podría haber estado en la morphe de Dios”.
 
Como observamos anteriormente, la imagen de morphe y eikon  están íntimamente ligadas, y ha sido demostrado por los comentadores que aun mismo en la idea y pensamiento antiguo, una imagen nunca se erguía para ser una mera representación de un objeto, sino que al mismo tiempo, para participar en el ser del objeto que simboliza. En un cierto sentido, era el objeto que representaba, “la realidad misma hecha expresión”. Todo esto es conforme, y va en línea con el significado de morphe en Filipenses dos.
 
 
No Estimó ser igual a Dios y Se Despojó (o robó)
 
Nuestro próximo obstáculo es el significado de harpagmos (Despojo, robo). No tenemos ayuda por su uso, pues, como dijimos antes, no aparece en ninguna otra parte en el Nuevo Testamento, ni tan siquiera una sola vez en la Septuaginta. Y por añadidura, además, de manera general, muy raras veces se usa en la literatura Griega. La palabra, tanto puede ponerse en la voz activa (tal como en la Versión Autorizada) como pasiva (como en la Versión Revisada): “No contando como premio que estuviera en igualdad con Dios”. Uno de los puntos de vista, dice significar que la igualdad con Dios era la normal posesión de Cristo y por derecho heredado. No era algo que tuviera que venir a aferrarse, pues, en la “forma de Dios”,  Él no precisaba procurar aquello que ya detentaba. El otro punto de vista es que, el Señor, no considera ser igual a Dios como una cosa a qué aferrarse a todo coste: “un premio al cual no debía desviarse procurando” (Lightfoot), sino despojarse a Sí mismo y volverse carne. La cuestión no es solamente cuál de los puntos de vista se apropia al presente contexto, sino además, cuál se apropia al contexto remoto de Juan 1:1 y Colosenses 1:15-18. Nosotros creemos que este remoto contexto es ignorado por muchos expositores. Además: ¿Son las expresiones,  “la forma de Dios”, y “en igualdad con Dios”, expresiones paralelas? Aquellos que digan que “sí”, que son paralelas, sostienen el punto de vista de que, la Palabra pre-encarnada, poseía la igualdad con Dios y, por lo tanto, no había necesidad para Él aferrase a algo ya Suyo, sino todo lo contrario: voluntariamente se humilló a Sí Mismo. El otro punto de vista, postula afirmando que, antes de Belén, Cristo no poseía esta igualdad. Podía llegar a poseerlo, pero, antes que hacer eso, lo que escogió fue el camino más bajo de obediencia y humillación, esperando que el Padre le exaltase como Señor y le diese esta igualdad que no había tenido previamente. Este último punto de vista ha sido ampliamente seguido por expositores desde los días de Lightfoot. Así que nosotros, por tanto, preguntamos: ¿cuál punto de vista se acopla al contexto de toda Escritura en el trato con la Palabra, Quien era Dios, y que en su debido tiempo, Dios manifiesto en la carne? En apelo al ejemplo de Cristo, ¿debemos esperar una lectura de un derecho que Él no poseyó, y que deba ser adquirido; o una gloria que Él tuvo y renunció por nosotros y para nuestra salvación, y que un día vendrá a ser recibido de vuelta por toda la creación de manera manifiesta?
 
Para nosotros, aunque no esté de moda al presente, creemos que este posterior punto de vista es el verdadero. De todas formas, todavía hay también escolares modernos que así lo aceptan, tales como S.H. Hooke (Alfa y Omega) y W. Barclay (Grandes Temas del Nuevo Testamento). El Dr. Barclay escribe: “Jesucristo no consideró Su propia igualdad con Dios un acto de tener porqué aferrarse o que alcanzar. No había necesidad de que así lo hiciera, pues aquellas igualdades eran la Suyas… por derecho”.
 
Se nos ha dicho por algunos expositores que este punto de vista no se apropia al contexto, pero todavía estamos sin comprender por qué lo digan. En nuestra estimación, no solo se apropia al contexto que estamos tratando, sino, como afirmamos antes, también al contexto remoto de Juan 1:1 y Colosenses uno, que obviamente han sido ignorados por estos críticos,  y  sin embargo deben ser tenidos en cuenta y considerarse, si se desea obtener un correcto entendimiento de Filipenses 2:5-11. Esto puede parecer  que levanta un problema en la exaltación mencionada en los versículos siguientes, pero no debemos intentar torcer la primera declaración de este himno, para apropiar (conforme pensemos) sus líneas finales.
 
La Palabra pre-encarnada era Dios, y por tanto la igualdad con Dios no era algo que Dios tuviese necesidad de confiscar o usurpar. Pero esta misma expresión “confiscar o usurpar” parece implicar un contraste, y así ha sido considerado por muchos expositores, algunos de los cuales, contrastan al Señor con Adán, que alcanzó el conocimiento del bien y del mal; y otros con Satanás, quien como Lucifer, atentó para confiscar los honores divinos.
 
Con el primer punto de vista se cita 1ª Corintios 15:47, con su enseñanza de Cristo  como el segundo Hombre y el último Adán. Aun mismo aquí, debemos tener cuidado y no excedernos a lo que está escrito, porque algunos es justo lo que hacen, retratando al Cristo pre-encarnado como un poquito más que un hombre celestial que descendió a la tierra. No pocos han sido los expositores que han tomado el punto de vista de que Adán, cayó por la tentación registrada en Génesis 3:5: Y seréis como Dios, queriendo así usurpar una Deidad que ciertamente no poseía.
 
Sin embargo, esta interpretación, es un malentendido de Génesis tres. Para comenzar, estos intérpretes tan solo citan el versículo cinco parcialmente, y por eso malentienden ignorando el pleno significado. El versículo en su totalidad se lee así:
 
Puesto que Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos, seréis como dioses (o como Dios), sabiendo el bien y el mal.
 
Lo que Adán estaba procurando era el conocimiento del bien y del mal, no la posición de Dios Mismo. Creer solo lo posterior, es leer en el versículo lo que no pone. El pecado de Adán fue ya de sobra malo, sin que tengamos nosotros que añadirle nada más. Siempre hay un tiempo propicio para conocer, y en el caso de Adán, Dios vio que ese tiempo aún no había llegado para él. Sin duda alguna, cuando se hubiese desarrollado, y en algún tiempo futuro, este conocimiento vendría a serle impartido; pero el conocimiento sin el adecuado desarrollo moral y espiritual es fatal, y observando los escenarios del mundo que tenemos delante hoy en día, esto se hace obvio. ¿Cuándo vendrán a aprenderlo algunos de nuestros modernos educadores? El hombre se está apropiando ahora de conocimiento que no le corresponde poseer, y en casi todos los casos, cuando eso sucedió, se dio el desvío y resultó en fines equivocados.  
 
Hebreos 5:14 testifica que el “conocimiento del bien y del mal” es algo bueno: Pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, aquellos que por motivo del uso tienen sus sentidos ejercitados para discernir tanto el bien como el mal. Un tal conocimiento pertenece solo al mental y espiritualmente maduro; no es para el desarrollo de bebés, y eso es lo que Adán era al principio.
 
¡Nadie por cierto podrá argumentar que el “maduro”,  alcanzando el conocimiento del bien y del mal, alcance por eso la Deidad y venga a ser Dios!
 
Además, no hay indicio alguno en ninguna parte en la Escritura de que Adán estuviese queriendo usurpar deliberadamente la posición de Dios. Romanos cinco trata claramente con Adán y su caída, pero no hay indicio alguno aquí de una tal ambición. Toda esta extraordinaria idea proviene por citar parcialmente la Escritura, y por eso se malentiende, y debería servir de aviso para todos nosotros.
 
Si se entiende así del contraste con Cristo en el pasaje Filipense, entonces es mucho más parecido con Satán, quien ciertamente pretendió usurpar la posición de Dios, y todavía sigue procurándolo. Isaías catorce y Ezequiel veintiocho nos muestran que Satán, en su estado anterior a la caída, sería probablemente el primero y el más glorioso de las huestes angelicales, el principal de la creación de Dios, pero no se contentó con eso. Él dijo: Subiré al cielo; en lo alto, levantaré mi trono por encima de las estrellas de Dios…seré igual al Altísimo (Isaías 14:13-14 Vers. Inglesa). En otras palabras, intentó ostentar la posición del propio Dios. Esto se halla en total contraste con el Señor Jesús, la Palabra pre-encarnada, Quien prefirió antes humillarse a Sí Mismo y hacerse tan bajo.
 
Tenemos además que tener en consideración la teoría del hombre Celestial que asocia Daniel 7:13, 14 y 1ª Cor.15:45-47. Algunos, tales como Lohmeyer, afirman que Pablo utilizó el mito gnóstico de un hombre primate, quien como un Redentor celestial, desciende del cielo para cumplir una misión de salvación, y volver a ascender de vuelta al cielo, llevando con él los trofeos de la victoria. Esto lo repudiamos totalmente nosotros. La revelación de Dios en Su Palabra no reposa sobre las tinieblas de las filosofías paganas; antes bien todo lo contrario. El gnosticismo es usualmente una corrupción de la verdad Divina.
 
Pero hay algunos que sostienen una teoría similar, y mantienen que pueda estar sustentado por Daniel siete y 1ª Corintios quince. Sin embargo, un cuidadoso escrutinio de estos pasajes nos demostrará la falsedad de un tal punto de vista. Si tomamos la que sea probablemente la más grande descripción de la theophania del Antiguo Testamento, es decir Ezequiel 1:4-28, encontraremos al profeta intentando describir lo que realmente sea imposible de describir o indescriptible. Todo lo que balbucea son términos humanos para exhibir en algún grado lo que vio, por eso frecuenta el uso de “igual que” y “con parecer de”. Por encima del firmamento vio “la forma de un trono, como la apariencia de un zafiro, y sobra la apariencia del trono, había como la apariencia de un hombre por encima de él” (1:26). Habla de la apariencia del fuego de Sus lomos, y el arco que hay en la nube.
 
Todos estos fueron lo más aproximados términos humanos para describir la visión, pero la realidad práctica transciende en mucho a estas palabras. Sus ojos se fijan en algo de la gloria del Señor, tal como lo hizo Isaías, cuando él también vio “al Señor sentado sobre un trono, alto y ascendido, y Su rastro llenó el Templo”, y sus oídos escucharon la solemne adoración del seraphim clamando: ¡Santo, santo, santo es el Señor de los ejércitos; toda la tierra está llena de Su gloria!  Y los postes de la puerta se movieron a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo” (Isaías 6:1-4).
 
En ninguno de los casos vieron estos profetas que fuera exactamente un hombre exaltado. Lo que ellos vieron en cierta medida fue al pre-encarnado Cristo y Su majestuosa y radiante gloria. Con esto concuerdan Daniel 7:11-14. Daniel vio de igual manera Aquel Uno como un hijo de hombre (Versión Revisada), pero el profeta es muy cauteloso y no dice que viese un hombre, sino a Uno que, de Cuyo, poseía una humana apariencia; lo cual es algo muy distinto.
 
Cuando consideramos 1ª Corintios 15:45-47 debemos tener cuidado de no leer lo que allí no esté escrito. La Escritura es muy clara, y dice que Cristo tomó sobre Sí Propio la humanidad en Belén y no anteriormente. Aquel Quien, como la Palabra, era Dios (Juan 1:1) a su debido tiempo pasó a ser carne (1:14) y así viene a ser el Segundo Hombre y el Último Adán (1ª Cor.15:45, 47). Él no era “carne” antes de Su Natividad, y aquellos que le describen como el Hombre Primate en gloria antes de Su encarnación se están excediendo a la revelación de la Escritura, e introduciendo alguna de estas inadecuadas ideas en el contexto de Filipenses que estamos estudiando, y eso es desastroso para su comprensión.
 
Procediendo con nuestra consideración de este pasaje, en la Versión Revisada leemos: “… Cristo Jesús, Quien, siendo en la forma de Dios, no lo consideraba un premio a estar sobre una igualdad con Dios, sino que se vació a Sí Mismo, tomando la forma de un siervo, siendo vuelto en la imagen de los hombres” (vers.5-7).
 
Hay que observar que, en la Versión Autorizada, “Se hizo a Si Propio desprovisto de reputación” se traduce literalmente “se vació a Sí Mismo”. El Griego es knoo, de ahí el término kenosis y la prácticamente erradicada doctrina de la Escritura kenotic de que aquí se despoje de Su Deidad y pase a ser simplemente un ser humano. Si esto fuera cierto, entonces la Divina redención colapsa del todo, pues un hombre no puede redimir a los hombres (Salmo 49:7, 8). Tan solo Dios puede ser el Salvador del hombre, Yo, Yo soy Jehová (el Señor); y fuera de (o detrás de) Mí no hay Salvador (Isaías 43:11) y nunca leemos en la Escritura que Dios haya delegado esta suprema obra a nadie más.
 
¿Qué significa kenoo? Se han escrito volúmenes enteros sobre esta materia. El verbo generalmente se usa en un mal sentido. El adjetivo significa “de manos vacías”, “vano, hueco”, “inútil”. C.H. Welch señala que la Septuaginta emplea kenoo dos veces como equivalente de la Hebrea amal, “venir a debilitarse”. Esto nos ayuda considerablemente, pues el testimonio de la Escritura es que el Señor Jesús viene a ser “pobre” y “débil” en nuestro respaldo como parte de Su gran condescendía hacia nuestra desesperada necesidad (2ª Cor.8:9). F.W. Beare dice que el equivalente inglés sería, “se empobreció a Si Mismo”, “vino a hacerse pobre como el más pobre”, y esto es realmente verdad, puesto que él no tenía un hogar (Mat.8:20), o suficiente dinero ni para pagar Sus impuestos (Mat.17:27); ¡Aquel Quien, antes de Su nacimiento, poseía toda la riqueza que conlleva Su Deidad!
 
Otro punto importante que nos ayuda a entender el significado real de “se vació a Sí Mismo” es observar que, en vez de una conjuntiva “y” entre las dos clausulas como la Versión Autorizada (y tomó sobre Sí…y fue hecho…) que no está en el Griego, la Versión Revisado traduce correctamente el participio aoristo Griego como, tomando la forma de un siervo, siendo hecho a la igualdad de los hombres. El aoristo aquí es de “acto coincidente” (J.H. Moulton) y las cláusulas son por tanto de aclaración o explanadoras. En otras palabras, estas frases están explicando lo que “vació” significa. Esto nos guía una vez más y nos avisa importantes ideas en el contexto que no estén realmente en él. Cristo se vació a Sí Mismo por tomar la forma (morphe) de un esclavo, y por venir a ser hecho en la igualdad de los hombres.
 
Ya hemos visto que morphe signifique más que la “esencia” por un lado o la “externa apariencia” por el otro, sino que es una combinación de ambas cosas. Así pues, si la cuestión que se pregunta es: ¿se vació Cristo de la morphe que Él poseía originalmente? – la respuesta debe ser que se desvistió a Si Propio la gloria externa de la tal morphe, pues esta no podría ser parte del estatus de un esclavo. Una cosa es cierta: Todo esto es voluntario. No es que el Padre se destituyese de Sus dignidades, se destituyó a Si Mismo de todos los externos atributos de aquella gloria que, entonces, se quedó oculta o velada. Calvin dice que: “Dejó de lado Su gloria a la vista del hombre, no por rebajarla, sino por ocultarla”. Lightfoot lo expone así: “Se desvistió a Sí Mismo… de las glorias, las prerrogativas de deidad”.
 
Esta oculta gloria, en una ocasión solamente, brilló a través de Su cuerpo humano, en la Transfiguración (Mat.17:1-8), y su efecto fue que se quedaron atontados los tres discípulos que estaban con Él. Está claro, por tanto, que Él no podía andar entre los hombres así, pues se habrían quedado abismados y Su ministerio habría sido imposible de realizar.
 
Que aquí vamos trillando el buen sendero, eso se confirma ampliamente por la oración del Señor registrada en Juan diecisiete: Y ahora, Oh Padre, glorifícate en Mí con Tu propio ser con la gloria que tenía conTigo antes que el mundo fuese (17:5).
 
Fue de esta tremenda gloriosa apariencia que Él se desvistió o vació a Si Propio, y así quedó intocable Su Deidad.
 
Pero ¡qué amor, qué condescendencia hay aquí! ¿Podemos si quiera comenzar a sondarla?
 
Ya hemos visto que si guardamos el significado de morphe a la apariencia externa solamente, la vamos a hacer prácticamente sinónima de Schema, y las palabras no son idénticas. Decir, tal como algunos expositores dicen, que Cristo como la Imagen y Gloria de Dios cumple todo lo que morphe signifique, no llega lo suficientemente lejos, y, como ya hemos señalado, si ubicamos una tal limitación sobre el significado de esta palabra en el versículo seis, debemos consistentemente hacer lo mismo en el versículo siete, que, entonces, significaría que el Señor, al tomar la morphe de un esclavo, era visto meramente como uno igual externamente. Esto es tan trivial que no merece ni ser considerado. En “vaciarse a Sí Propio”, Él se desvistió a Sí Mismo, de tal modo, que no solo pasó a ser hombre (mismo llegando a ser el más grande de los hombres habría sido una tremenda condescendencia para Alguien Quien sea Dios), sino que llegó a ser un hombre que poseía el más bajo de los estatus, el de un esclavo. ¿Podemos saborear esto plenamente? ¡Con toda seguridad esto es parte del “amor que sobrepasa al conocimiento”! (Efesios 3:19). La Biblia declara aquí, ahora y plenamente cómo Él se volvió  hombre. Lucas 1:34, 35 y Hebreos 10:5 llegan al punto para que obtengamos una explicación.
 
Pablo, escribiendo su primera carta a Timoteo, declara que, el hecho de que Cristo tomase sobre Sí Mismo un cuerpo humano, es un gran secreto (1ª Tim.3:36), y ¿cómo iríamos nosotros, limitadas criaturas, esperar comprender plenamente un gran secreto de Dios, si Él no lo explica plenamente?
 
El lenguaje de la Escritura es muy cuidadoso y resguardado cuando se refiere a la humanidad del Señor. “Siendo hecho en la igualdad de los hombres”. Esto es paralelo a Romanos 8:3, “Dios, enviando a Su propio Hijo en semejanza de carne de pecado”. Dios, eso es más que cierto, no envió a Su Hijo en carne pecadora, pues si Cristo hubiera participado del pecado de Adán, Él propio habría necesitado para Sí Mismo un Salvador: nunca podría haber sido un Salvador para otros. La natura sin pecado del Hijo de Dios es sumamente importante en el plan de Salvación Divino. Todo el esquema de Dios colapsa si esto no fuese verdad. ¡Nos quedamos sorprendidos de la manera tan liviana que algunos evangelistas reducen el Nacimiento Virginal como si fuera de poca consecuencia!
 
El ángel, hablando de Su nacimiento a Su madre, María, declaró: Por tanto, también el santo ser que nacerá de ti será llamado el Hijo de Dios. Nunca hubo otro santo niño desde la caída de Adán. El germen del pecado se halla en cada uno de los nacidos en este mundo, y a su debido tiempo con toda seguridad se manifiesta por sí mismo. El Señor Jesús pudo decir con verdad: el príncipe de este mundo (Satán) viene, y nada tiene en Mí (Juan 14:30), y ésta es una declaración que sería mentira si la hiciese cualquier otro ser humano. Y Hebreos 7:26 afirma que Él es santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores.   
 
Que Su cuerpo era real, no puede haber duda alguna. Me preparaste un cuerpo (Heb.10:5), y en ninguna parte en la Escritura vemos ni tan siquiera un pequeño indicio de que esto no fuese un hecho actual. Era un cuerpo que podía comer y dormir y manifestar sentimientos, un cuerpo que se podía ver, tocar y escuchar. Pero era también un cuerpo que no debía nada a un padre humano, y debía todo al acto y realización del Espíritu Santo (Lucas 1:35). La temprana doctrina Docética fue un error de primera magnitud, pues si Cristo no poseía un cuerpo real, no podría haber muerto en la cruz, y una vez más todo el plan redentor de Dios hubiese sido anulado completamente. Y siendo hallado en la imagen (Schema) como un hombre, se humilló a Sí Mismo (vers.8). En este versículo ahora tenemos Schema, significando, tan solo, una externa apariencia, y no el más profundo significado de morphe.  
 
El Léxico Arndt-Gingrich ofrece una buena ilustración de Josefo de un rey que mudó sus vestiduras reales por vestidos raídos y que lució un Schema tapeinon: “una baja apariencia”. Está claro que no perdió su posición como rey haciendo eso. Fue su externa apariencia lo que mudó. Pues es lo mismo con el Señor Jesús.
 
Si alguno considera la frase “hecho semejante a los hombres (en la igualdad de los hombres) como significando meramente que pasó a ser como un hombre pero que no lo era realmente, esta siguiente frase le corrige esa idea. La Escritura habla sobre los “días de Su carne” (Heb.5:7), y a los ojos de todos cuantos le vieron Él era un hombre real; Su humanidad no era meramente pretenciosa.
 
El Apóstol continúa diciendo. Llegó a ser obediente, hasta muerte de cruz (vers.8). Aquí llegó al punto más profundamente bajo de Su humillación. Tanto el verbo principal como el participio aquí son aoristos, y el participio explicativo. Él se humilló a Sí Mismo llegando a ser obediente hasta la muerte, pero además era la muerte en suma degradación que estaba reservada para los esclavos y criminales.
 
Al registrar que Él deliberadamente se entregó a Sí Propio en obediencia a una tal muerte, la Escritura enseña claramente, tal como ya lo hizo en todas partes, que el Señor Jesucristo es más que un hombre, pues la muerte es el fin último de todos los hombres, tanto si quieren como si no. No tienen decisión en esta materia, pero nuestro Señor afirmó: Ningún hombre la quita (Su vida) de Mí, sino que Yo la pongo de Mí Mismo. Yo tengo poder para ponerla, y tengo poder para tomarla de nuevo (Juan 10:17, 18).
 
Esta muerte expiatoria es el mismísimo centro del propósito redentor de Dios, y donde todo el plan Divino de las edades se basa. Este es el objetivo principal de los siete pasos del Señor descendiendo de la gloria que era Suya antes de Belén. “La paga del pecado es la muerte”, y esa deuda tiene que pagarse si es que alguna vez estas monstruosas cosas, pecado y muerte, que directamente se oponen a todos los propósitos de Dios, vengan alguna vez a ser erradicados. No había otra manera de alcanzar esa meta, y bien podemos estar seguros de que, de haber habido otra forma, Dios la hubiera preferido y no habría sido tan costoso para Él.
 
Ahora vamos a trazar los siete pasos ascendentes del Hijo de Dios, desde las más bajas profundidades hasta la más alta cima que le corona como Señor del universo.
 
Por lo cual Dios también le exalto hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre; para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre (9-11).
 
¡Por lo cual” (dio kai) podría haber sido traducido “esto es por lo qué”, siendo que el resto que sigue sea la consecuencia de una tal sublime renuncia. Esto es una vindicación de toda la obediencia envuelta y es la complexión de la historia gloriosa. “Le exaltó hasta lo sumo” (huperupsosen) se reserva únicamente para esta exaltación del Salvador, literalmente “hiperexaltado”. Un cierto número de comentadores piensa que hay un contraste aquí con Su estado pre-encarnado. En cuyo caso afirman que, al fin y al cabo, resucitó para ocupar una posición superior a la que poseía antes de Belén. Este es el lógico final de la interpretación, y así es como muchos lo hacen hoy en día, “con la idea de que no estimó ser igual a Dios”, como un premio que Cristo pudo haberse atribuido para Sí, pero no lo hizo.
 
Este punto de vista acarrea muchas dificultades que contradicen otros pasajes de la Escritura; el principal es que el Cristo pre-encarnado no podría haber sido Dios en el más pleno sentido. En un cierto sentido, así, Él debía haber sido inferior. Pero esta idea va en contra del tenor general de la Verdad revelada, pues el monoteísmo es uno de los fundamentalismos Bíblicos. Nunca pudo haber habido dos Dioses, el uno inferior al otro. Esto se halla en la frontera de las tinieblas paganas politeístas y es realmente una especie de temprana herejía Ariana. Recurrir en la doctrina de la Trinidad en este punto no resuelve el problema Es cierto que estos expositores no afirman las ideas con gran denuedo y convicción, pero es lo que lógicamente significa un tal punto de vista. Además, una tal enseñanza contradice las obvias declaraciones de Juan 1:1 y Colosenses 1:15-18 con respecto a la Deidad pre-encarnada del Señor. Nos perturba observar cómo algunos conservadores Evangelistas toman esta posición, y estamos obligados a repudiar completamente un tal punto de vista, y también la exposición que le dan al pasaje que estamos tratando, tomándolo como un premio para Cristo, dándole al fin una posición que nunca había tenido anteriormente. El error aquí se da al contrastar la exaltación del Señor con Su estado pre-encarnado, mientras que el contraste sea con Su humillación terrenal. Los comentarios del Profesor F.W. Beare son tan oportunos en este punto que los vamos a citar todos: “ La idea no es que Dios le exaltase a un más alto rango que aquel que poseía antes, como siendo en la forma de Dios. Ni tampoco tal comparación entre la pre-existencia de Cristo y Su estado exaltado es lo que se tiene en vista. Debemos repudiar del todo la noción, aunque sea tan ampliamente difundida entre los comentadores, de que Cristo recibió como una recompensa de Su humillación la alta posición de igualarse con Dios, lo cual se recusó a beneficiar para Sí como lucro,  haciendo un asalto a las alturas como un Titán. El contraste no se da entre la pre-existente condición y la presente exaltación sino entre la condición terrenal del esclavo (auto-humillación, obediencia) y la consecuente exaltación. Aquí se ofrece, como siempre, el modelo arquetipo de la ley divinamente establecida: “Cualquiera que se humilla a si mismo será exaltado” (Mat.23:11). Es en Su humanidad que Cristo es ahora exaltado y dotado con toda autoridad. Aun mismo el verbo “conferido” (ostentado como un acto de gracia), sugiere que Dios está aquí tratando con Cristo como hombre. Dios “le da gracia al humilde” (1ª Pedro 5:5, 6” (La Epístola a los Filipenses, pag.85, 86).
 
Nosotros creemos que esto expone el caso con total claridad y que está de acuerdo a la verdad. El otro punto de vista debía ser tratado sin duda alguna como herejía en los siglos más tempranos, y además, aunque mucho fracasasen a la hora de comprender la distintiva enseñanza del Apóstol Pablo, por otro lado tenían clara la Deidad de Cristo y se aferraban a eso tenazmente.
 
El Nombre que está por encima de todo nombre tan solamente puede ser Uno, el del SEÑOR, lo cual designa a Jehová, el único gran Dios. Jesús fue Su nombre terrenal, el nombre de Su humillación, y éste título no es mencionado por el Apóstol como la señal para la genuflexión, tal como piensan muchos. El supereminente Nombre es aquel que ahora pertenece a Jesús en su súper-exaltación, la del SEÑOR, y el Antiguo Testamento deja ver con total transparencia que “no hay ninguno más” por detrás de Él. No se trata de que Él de un paso más alto que cualquier otro ser creado, sino antes bien, que Él sea Único, en una clase aparte, pues Él es Aquel incomparable.
 
¿A qué, pues, haréis semejante a Dios? ¿O qué imagen le compondréis? (Isaías 40:18).
¿A qué, pues, Me haréis semejante o Me compararéis? Dice el Santo (40:25).
¿A quién Me asemejáis, y Me igualáis, y Me comparáis, para que seamos semejantes? (46:5).
 
Romanos 14:9 afirma que “… Cristo murió y vivió de nuevo, para ser Señor tanto de muertos como de vivos”. Filipenses 2:9-11 mira enfrente al día cuando esto sea manifiesto, cuando tenga el universal homenaje y adoración de toda la creación. Es la voluntad del Padre que “todos (los hombres) honren al Hijo, del mismo modo que honran al Padre” (Juan 5:23. El Apóstol Juan, en una visión celestial, ve de antemano esta tal gloriosa meta:
 
Y a todo ser creado que está en el cielo, y sobre la tierra, y debajo de la tierra, y sobre el mar, y todas las cosas que hay en ellos, oí diciendo: Para Aquel que está sentado sobre el trono, y el Cordero, sea la bendición, y el honor, y la gloria, y el dominio, por los siglos de los siglos. Y los cuatro seres creados (o querubines) dijeron: Amén (Apoc.5:13-14 Versión Revisada).
 
Lo que el Apóstol Pablo escribe en nuestro presente contexto refuerza todo esto, pues él no duda ni un segundo, bajo la guía del Espíritu Santo, en aplicar uno de los más magníficos contextos del Antiguo Testamento, enfatizando la grandeza de Aquel Único Dios, al Señor Jesucristo:
 
Mirad a Mí, y sed salvos, todos los confines de la tierra: porque Yo soy Dios, y no hay ninguno más. Por Mí Mismo hice juramento, de Mi boca salió Palabra en justicia, y no será revocada: Que a Mí se doblará toda rodilla, y jurará toda lengua (Isaías 45:22, 23 Vers.Revis.).
 
Es inconcebible que Pablo tuviera la menor duda concerniente a la plena Deidad de Cristo. Él le proclama no solo como Señor de la Iglesia, sino finalmente como el Señor de todo el universo de manera manifiesta, y es justo eso mismo lo que forma el magnífico clímax de esta sección en Filipenses. Lo que ahora es Él como Señor y Cabeza de la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, lo será entonces abiertamente para toda la creación.
 
No podemos estar absolutamente seguros sobre lo que comprenda las “cosas” o seres “bajo la tierra”. Pareciera referirse a los espíritus malignos bajo el control de Satán. Sabemos que el abismo se asocia con el mar (Gén.1:2 Septuaginta), y que el libro del Apocalipsis revela que el abismo es la habitación de demonios (Apoc.9:1-3; 13:1; 17:8), y esto puede ser además verdad de la tierra, en cuyo caso este gran escenario de exaltación es de completa victoria, pues aun mismo los demonios tienen que reconocer el Señorío de Cristo junto con el resto de la creación. Exomologeisthai, no significa tan solamente hacer una confesión de fe, sino, tal como los recientes escolares han visto,  “admitir”,  “reconocer,”  “tomar conciencia”. Todo esto es para “la gloria del Dios Padre” (Filip.2:11).
 
Somos conscientes de que la consideración de este más profundo pasaje en Filipenses está siendo “dificultosa”. Pero, como ya hemos afirmado antes, no tenemos medios de simplificar “el alimento sólido” para hacerlo “papillas”. Debió ser dificultoso para el escritor, igual que debe serlo para cualquiera que procure exponer este pasaje honesta y cuidadosamente. Y también debe ser difícil resumirlo.
 
Estos versículos no los introdujo Pablo para dar un profundo recuento del Dios Padre antes de Belén o después. Fueron escritos, incorporando probablemente un himno primitivo, para reforzar el vínculo concerniente a la falta de egoísmo, siendo cada creyente exhortado a no mirar en sus propias cosas, sino antes bien sobre las cosas de los demás, y aquí se presentaba el Único Quien hizo todas las cosas y se dio a Sí Mismo hasta el límite por nosotros los hombres y para nuestra salvación.
 
Cristo Jesús estaba en la forma (morphe) de Dios. Esto significa que Él era Dios manifiesto de esa manera, en una gloriosa forma – La Imagen del Dios invisible. (Ya hemos visto que morphe es más profundo que schema, una externa apariencia.) Como tal, no tenía necesidad de pretender y alzarse a esta posición para Sus propios fines, sino que viendo la tremenda necesidad de toda Su gente envuelta en pecado y muerte, y, además, de unos arruinados cielos, se vació a Si Mismo de la gloria atada a esta morphe, y se revistió a Sí Propio un cuerpo humano, para poder así cargar la sentencia del pecado, esto es, la muerte, en lugar de Sus hijos.
 
Esa gloria estaba velada por detrás de Su humanidad, pero en una ocasión (la Transfiguración) brilló en todo Su fulgor y sobrecogió a los tres discípulos que estaban con Él.
 
Él no solamente condescendió para dar el primer paso en el descenso desde el trono de gloria hasta la fragilidad de un cuerpo humano, sino que deliberadamente escogió una posición de un esclavo, y, finalmente, se entregó a Sí Propio a la crucifixión, la vergonzosa manera de morir de un criminal, y en esa muerte fue “hecho pecado (o una ofrenda de pecado) por nosotros, Aquel Quien no conoció pecado” (2ª Cor.5:21). “El Señor cargó sobre Sí la iniquidad de todos nosotros” (Isaías 53:6). Él era el Único “Quien Su propio ser cargó nuestros pecados en Su propio cuerpo sobre el madero… (1ª Pedro 2:24).
 
Esto, alabado sea Dios, no fue el fin de la Historia. Fue resucitado de los muertos y “exaltado hasta lo sumo” (una palabra única). Antes de la crucifixión Él le había orado al Padre: “Glorifícame contigo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese” (Juan 17:5). Esta oración fue abundantemente respondida, pues Él ahora está en esa gloria que tenía Suya antes de Belén, el Único Quien era el Logos y era Dios (Juan 1:1); Aquel Quien era y es la Imagen del Dios invisible. Su objetivo es venir a ser reconocido manifiestamente como SEÑOR, el Único Supremo, por todo el universo, incluyendo Sus enemigos y todos cuantos se oponen a Su gobierno. Esto no es tan solo para Su gloria sino además la del Padre.
 
Concluimos con algunas recientes palabras del Profesor T.A. Thomas sobre el “vaciamiento” o “despojo” del Señor Jesucristo:  
 
 “Cualquiera que fuesen los efectos que Su encarnación pudo tener sobre nuestro Señor, de ninguna manera pueden haberle producido una diminución de Su absoluta Deidad. Él era Dios encarnado, Dios manifiesto en la carne, en plena posesión de todos los atributos de Deidad. Algo menos que eso está completamente fuera de acuerdo con el retrato que tenemos de Él en la inspirada Palabra inscrita.”
 
Es de hecho refrescante leer esto en un tiempo como el actual y presente, donde existe tanta falsa enseñanza concerniente a la Persona y obra del Señor Jesucristo. Él es verdaderamente “nuestro gran Dios y Salvador” (Tito 2:13) ahora supremamente ensalzado.
 
El punto central en el gran himno a Cristo que hemos estado considerando era Su obediencia hasta la muerte (Filip.2:8; Heb.5:8). El Apóstol Pablo pone delante ahora la idea de la obediencia sobre la situación en Filipos:
 
Por tanto amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos de vuestra salvación con temor y temblor; porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por Su buena voluntad   (Filipenses 2:12, y 13).
 
Él dice, en efecto, tal como el Señor obedeció, ¡así hacedlo vosotros! Pablo no procura forzar esta obediencia de una manera irascible. Se dirigió a ellos como “amados míos”, pero al mismo tiempo sus ordenanzas son definitivas y deben llevarse a cabo. Exactamente igual de obedientes que cuando les predicó el evangelio al comienzo (Hechos 16), así deben continuar haciéndolo como creyentes, tanto en su presencia como en su ausencia.
 
La siguiente frase ha sido tomada algunas veces fuera de su sentido para enseñar que el hombre puede operar la salvación por sí propio si se esfuerza lo suficiente. La constante negación de las obras humanas y los méritos en conexión con la salvación del pecador a través de todos los escritos de Pablo, hace con que eso sea imposible. “Operar salvación” no es lo mismo que “operar para salvación”. Salvación se recibe como un don de gracia o gratuito por la fe en Cristo (Efesios 2:8, 9) pero, una vez recibido, debe ser “operada” en la vida diaria y en la práctica por el creyente.
 
No debe ser deducido, sin embargo, que a la tal persona se le permita hacer eso en su propio esfuerzo, pues es tan solo “la obra interna de Dios” y el ofrecimiento Suyo de la gracia que lo realiza. Aquí tenemos a la vista la paradoja del poder Divino y la humana responsabilidad ilustradas. El hecho de que el Apóstol tenga en vista la iglesia en Filipos en su totalidad, y no al individuo cristiano, como afirman algunos expositores, es discutible. Decir que el individuo no puede ser aquí considerado porque la exhortación inicial no considera el suyo propio sino el interés de los demás, es malentender la situación. El interés propio a evitar es el concerniente a la adquisición de ventajas en los asuntos de la vida, no las cosas espirituales concernientes a la vida venidera, y en cualquier caso, el crecimiento espiritual de una iglesia está sujeto al crecimiento de cada miembro individual.
 
Este “operar” debe ser hecho, no con vanagloria y una falsa seguridad, sino con “temor y temblor”. La misma frase se emplea en 2ª Corintios 7:15 para la actitud de los Corintios considerando la visita de Tito, o la actitud del siervo hacia el maestro, con Cristo siempre en vista (Efesios 6:5). Este “temor y temblor” reconoce la fragilidad de la carne, tiene conciencia de cuán fácil es tropezar y ofender al Señor. Aquí y en esto, de hecho, “no tenemos confianza en la carne” (Filip.3:3), sino toda la confianza empoderada del Señor, Dios opera en nosotros, para que podamos cumplir todo para Su gloria. El verbo energeo, “operar en”, tiene la misma raíz que nuestra palabra “energía”, se utiliza usualmente hablando de la acción Divina en el sentido de causar acción en algún otro, o en alguien más (compare el gran poder de resurrección que “operó en Cristo” Efesios 1:19, 20).
 
Este dinámico poder es nuestro por la apropiación de fe, así que ninguno de nosotros puede decir que nuestra “operación” diaria sea imposible. Esta respuesta práctica le agrada sobremanera al Señor; guía a Su “buena y agradable voluntad”, y procurar agradarle tiene que ser prioritario en la vida de todo creyente y deseo. Esta es la llave para fructificar continuamente y la satisfacción.          
 
Pablo ahora añade una palabra de aviso:
 
Haced todo sin murmuraciones y contiendas, para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo, asidos de la Palabra de vida (Filip.2:14, 15, y -16).
 
El Apóstol regresa a los fracasos del pueblo de Israel cuando viajaban en el desierto. Tal como muestran los registros del Antiguo Testamento, su andar fue desfigurado por constantes querellas contra el Señor y Su siervo Moisés. No podían resistir la prueba de fe que un tal viaje imponía. El comentario de la epístola a los Hebreos es muy claro: “…no pudieron introducirse debido a la incredulidad (o desobediencia)” (Heb.3:19). Este capítulo y 1ª Corintios diez deberían ser cuidadosamente sopesados en este contexto. “Ni murmuréis, como algunos de ellos murmuraron, y fueron destruidos (o perecieron) por el destruidor” (1ª Cor.10:10).
 
De hecho, la longanimidad de Dios se mantuvo latente hasta la décima vez que ellos se querellaron y rebelaron (14:22, 23), y entonces, Él pronunció solemnemente que una tal generación no entraría en la tierra prometida, y así por tanto, todos ellos perecieron en el desierto, con la excepción de Caleb y Josué, que habían respondido en la fe al Señor.
 
Los creyentes Filipenses fueron avisados a recordar este hecho, y nosotros deberíamos hacer lo mismo. Demasiadas veces las querellas se vislumbran como algo que podamos ser indulgentes sin pecar demasiado, pero deberíamos mantener en pensamiento que una tal conducta contiene lo mismo que su raíz, incredulidad, la cual nunca puede tolerar Dios, ni hará parte con una vida que esté manifiestamente centrada en Cristo. Los Filipenses no debían contentarse con tan solo ser creyentes; debían manifestarlo así en sus vidas. La palabra “seáis” en el versículo quince no es el verbo “ser”, sino genesthe “llegar a ser”, “mostrando vosotros que sois”. La sana gracia interior debe ser manifiesta por la conducta externa, especialmente hacia un mundo de tinieblas e ignorancia del Señor. Esto se refuerza por las palabras amemptoi (sin mancha) y akeraioi (irreprensibles) y sinceros o sencillos.
 
Amemptos significa “irreprochable”, una vida en la cual ni un dedo de crítica puede ser señalada. Una vida tal es el resultado de la “operación” del Divino poder que resalta el contexto. Akeraios es la palabra que el Señor empleó en Mateo 10:16, “sencillos como palomas”  o en Romanos 16:19 “niños para el mal”. En el griego contemporáneo se emplea hablando del vino no diluido, o de los metales que no contienen aleaciones frágiles, de ahí que sean sin mancha y puros. Estas palabras exhiben de una manera muy viva la voluntad de Dios para Sus hijos. Sus vidas deben ser de tal orden que su “público comportamiento esté por encima de toda crítica” (Romanos 12:17, J.B. Phillips) y ningún elemento extraño debe introducirse para minorar su testimonio.
 
No podemos entender que el versículo quince enseñe que, una tal conducta, sea el medio de la salvación: “Para que seáis… los hijos de Dios”, esto tiene un significado muy parecido de manera manifiesta al Sermón de la Montaña, “… amad a vuestros enemigos, bendecir a los que os maldicen, haced bien a los que os odian…para que seáis los hijos de vuestro Padre que está en el cielo” (Mat.5:44, 45). De igual forma debían los Filipenses “resplandecer como luminares en el mundo”.
 
El imperativo (como en la Reina y Valera) es el caso que aquí parezca sea requerido en vez del modo indicativo, y el Griego puede ser leído de ambas maneras. Pablo resalta sobre  la iglesia Filipense que no  se oscurezca la luz del testimonio con malos actos, sino antes bien reluciendo brillantemente en medio de las tinieblas circundantes de un mundo que no conoce a Dios y se halla en enemistad con Él. Es bien probable que el Apóstol tuviese en mente el cántico de Moisés en conexión con la apostasía de Israel (Deut.32:5), y estar empeñado para que sus convertidos en Filipos no se volvieran atrás en este camino.
 
Haremos bien en recordar que estamos rodeados por un mundo que es hostil y crítico; todo él envuelto en densa tiniebla espiritual. La única luz verdadera que puede horadar y traspasar tales tinieblas es la de Aquel Único que dijo: “Yo soy la luz del mundo”, y hablando estrictamente, el creyente en Cristo es una luz reflectora o un portador de luz. La verdadera luz no tiene su origen en nosotros; proviene solamente de Aquel Quien sea la Vida y la Luz. Lo que se nos pide es que seamos portadores de Su luz, dando un transparente testimonio a diario; así Su luz brilla a través de nosotros. Deberíamos ser conscientes de las cosas que pueden oscurecer esta luz. En su ministerio terrenal el Señor dijo:
 
¿Acaso se trae la luz para ponerla debajo del almud, o debajo de la cama? ¿No es para ponerla en el candelero? (Marcos 4:21).
 
El “almud”, una medida de comercio, se puede poner por los negocios y todos sus cometidos, y la “cama”, el amor de lo fácil, dos cosas que pueden fácilmente oscurecer la luz del fiel testimonio. Estas dos cosas y todo cuanto sea oculto, debe ser abolido a toda costa. Pablo por tanto urge a los creyentes Filipenses a recordar el deber y el privilegio de ser portadores de luz, tal co ya les había escrito a los Tesalonicenses y recordarles que deberían todos ser “hijos de la luz, y los hijos del día; nosotros no somos de la noche, ni de las tinieblas” (1ª Tes.5:5). Epechein puede significar “asidos con fuerza” o “asidos confiadamente” y los dos aspectos significados son verdad en Filipenses 2:16.
 
Si sus amigos en Filipos adhieren fielmente a la Palabra de vida y la sostienen con fuerza, el Apóstol les asegura en sus mentes que en el gran día del examen Divino del testimonio y servicio cristiano, el Día de Cristo,  no habrán trabajado en vano, pues serán la completa evidencia del fruto de sus trabajos. El Apóstol, al mismo tiempo que se deleita denominándose a sí mismo el “siervo de Cristo”, trabajando arduamente para Él, tiene consigo además un temor de trabajar en vano, de venir a desperdiciar la fuerza sin alcanzar propósito alguno. A los Gálatas les escribió diciendo:
 
Me temo de vosotros, que haya trabajado en vano (Gál.4:11).
 
Para ser de algún provecho, el servicio cristiano debe cumplir alguna cosa para el Señor, y aunque puede ser que no siempre veamos el fruto de nuestra labor en esta vida, sin embargo hay diversas ocasiones cuando es obvio que la energía dirigida en una cierta dirección es un desperdicio, y el Señor no nos pide que gastemos nuestro esfuerzo sin necesidad y sin propósito. Precisamos sabiduría celestial como esta de vez en cuando para tomar el curso de actuación correcto. 
 
El Apóstol ahora viene a la más solemne referencia personal en la epístola. En Su testimonio por el Salvador, Pablo se había desgastado a sí propio sin reservas. Aquí resalta el hecho de que eso le podría costar su vida. Aunque espera ser libertado y visitar de nuevo Filipos, no puede estar completamente seguro de eso ahora.
 
Y aunque sea derramada en libación sobre el sacrificio y servicio de vuestra fe, me gozo y regocijo con todos vosotros (Filip.2:17).
 
Por aquí podemos ver bien que la posibilidad de ser ejecutado está muy viva en su mente, pero en vez de estar temeroso o depresivo, se regocija. ¡Qué gran espíritu! Spendomai, “Si es que sea derramado en libación” es una palabra de sacrificio, aludiendo a la ofrenda de bebida que acompañaba algunos de los rituales del Antiguo Testamento. En ningún sentido se imagina Pablo que esto tenga cualquier valor redentor, ni para sí propio ni para nadie más, sino que representa el hecho de que estaba listo y preparado para ir hasta el límite por Cristo, aun dando su vida, si es que al Señor le place, como libación purificada para Él, un tributo de su amor y gratitud. Sin embargo, él no guarda el pensamiento del sacrificio para sí propio y su propio testimonio y sufrimiento. Él estaba hablando del “sacrificio y servicio” de la fe de los Filipenses. Posteriormente, aquí en la epístola, se queda constreñido por la ofrenda que los Filipenses le enviaron y la denomina: “un olor grato, sacrificio acepte, agradable a Dios” (4:18). Cuando escribió a la iglesia en Roma, Pablo les manda “presentar sus cuerpos en un sacrificio vivo, santo, agradable a Dios”, lo cual era su servicio razonable” (Rom.12:1).
 
Teniendo en cuenta todo esto, el seguro sacrificio debería marcar todo nuestro servicio para el Señor. ¿Puede tener algún valor la obra o el servicio para Él que se haga con poco o nulo coste? Y debería además ser un gozoso sacrificio. El Apóstol, aunque contemple la posibilidad del martirio, no obstante se regocija y convida a los santos en Filipos a regocijarse con él en un tal regocijo (Filip.2:17, 18). ¡Cuán fácilmente venimos a deprimirnos si la vida y testimonio cristiano resulta algunas veces en la pérdida personal!  Sin embargo este efecto del sacrificio no debería ser ocasión de sorpresa. Deberíamos esperarla y estar listos para aceptarla como la experiencia normal de aquellos cuyo hogar no se halla aquí, en un mundo de incredulidad, sino, antes bien, en el cielo, tal como Filipenses 3:20 tan claramente indica. Recordemos que esta epístola nos enseña que, no es tan solo un gratuito privilegio creer en Cristo, sino también sufrir por Su causa (1:29).
 
Después de comparar su servicio para el Señor y la iglesia Filipense a un “sacrificio”, agradable y de gozo, puesto que convida a estos creyentes a regocijarse con él, aunque le pudiera costar su vida, Pablo ahora mira al futuro. Expresa su esperanza concerniente a su encarcelamiento y su intención de enviar a Timoteo en una misión de buena voluntad.
 
Espero en el Señor Jesús enviaros pronto a Timoteo, para que yo también esté de buen ánimo al saber de vuestro estado; pues a ninguno tengo del mismo ánimo, y que tan sinceramente se interese por vosotros. Porque todos buscan lo suyo propio, no lo que es de Cristo Jesús (Filip.2:19-21 Rev.Vers.).
 
El Apóstol entendió enviar a Epafrodito con la carta sin aguardar a que su caso viniera a ser resuelto. Sabe que los creyentes en Filipos deben estar ansiosos de conocer los pormenores de su prueba, por eso informa en esa carta que les enviará a Timoteo con más nuevas, y probablemente, a seguir, tal vez los viniera a visitar él propio. Pero si no fuese libertado en breve tiempo, entonces Timoteo, al mismo tiempo que les llevaría valiosos avisos y ayuda, sería capaz y podría traerle de vuelta noticias de ellos, por las cuales sentía Pablo que recibiría consuelo. Siempre que el Apóstol planea algo para el futuro, siempre reconoce que la voluntad de Dios debe ser suprema (vea Romanos 15:32; 1ª Cor.16:7; Filemón 22) y esto es verdad también en el contexto que estamos tratando.
 
Observe que no dice “espero en Cristo” o “Cristo Jesús”, sino que emplea el título práctico del “Señor”, lo cual siempre expresa la relación del creyente hacia Dios cuando se tienen en vista el servicio. Una práctica dependencia del Señorío de Cristo significa que Él está controlando todos nuestros planes y actividades. No tenemos el derecho de trazar y programar nuestro futuro sin consultarle a Él en primer lugar, de otra forma el resultado puede ser trágico.
 
Pablo está diciendo que, si es la voluntad del Señor, Timoteo los visitará con un duplo objetivo: darles en primera mano un informe suyo y consolarles, y también que él (Pablo) sería reconfortado cuando Timoteo volviese con buenas noticias de parte de ellos. El Apóstol ahora ofrece una alta recomendación de su hijo en la fe. “Del mismo ánimo”, isopuchos, literalmente “de igual alma” es una palabra rara, tal como iseupsuchein “de buen ánimo del versículo previo. Isopsuchos se emplea en la Septuaginta solo una vez más en el Salmo 55:13. Al parecer íntimo mío (de un hombre) mostrando que se usa de la próxima amistad, pero ¡con qué gran diferencia! El amigo próximo del Salmista le traicionó sin motivo alguno, mientras que aquí, Timoteo permanece con el Apóstol hasta el fin.
 
A la hora de considerar los hermanos que están con él y a la casa de los santos en Cesárea: no hay ni uno solo que exhiba el profundo interés de Timoteo por los Filipenses.
 
Cuando el Apóstol dice todos buscan lo suyo propio, no puede estar diciendo que cada creyente en la iglesia Filipense fuese egoísta, pues ya había mencionado algunos por su comunión práctica en el Evangelio (1:5). Debe estar haciendo una declaración concerniente a los que le rodean. La misión a los Filipenses demandaba por sabiduría, tacto y paciencia, y un genuino interés por el estado de los creyentes allí, y no tenía ninguno a mano tan apropiado para la obra como su hijo Timoteo. Los Filipenses conocían bien sus provechosos antecedentes (22), pues Timoteo había estado con Pablo cuando por primera vez les había llevado el Evangelio (Hechos 16). Había sido probado y hallado fiel. “Prueba”, dokime es relativa al verbo “aprobar” en 1:10.
 
La relación de Pablo y Timoteo no era la fría del amo y del siervo, sino la íntima propia del padre y el hijo. En 1ª Corintios 4:17, Pablo le describe como un “amado y fiel hijo en el Señor”, y de esta estrecha manera habían trabajado juntos como siervos de Jesucristo. “Ha Servido” es edouleusen, literalmente “servir como un esclavo”, no que Timoteo fuese esclavo de Pablo, sino que tenían servido juntos, sirviendo los dos como los siervos del Señor para la expansión del Evangelio y la verdad cometida al Apóstol, y esto debería recordarnos que la única posición de honor en la iglesia es una que se base sobre el fiel servicio al Altísimo, Quien tomó la forma de un esclavo (2:7) y se hallaba entre los Suyos como “Aquel que sirve” (Lucas 22:27).
 
El versículo veintitrés nos muestra cómo la mente de Pablo balanza sobre los prospectos por un lado del martirio, o ser liberado de la prisión. Su esperanza es que haya un veredicto favorable a su prueba, y que sería capaz de visitar a los Filipenses personalmente. Pero por encima de todo, hay una seguridad y confianza en el Señor, pues Su paz reinaba en su corazón librándole de toda ansiedad. Dependía del todo de la voluntad del Señor, pues la frase “en el Señor” es la equivalente de “si el Señor quiere”. Lo que está seguro es que enviará a Timoteo como su representante, y si posible, él propio le seguiría poco tiempo después.
 
Pablo ahora vuelve al presente inmediato y encomienda a Epafrodito a la iglesia en Filipos. El nombre Epafrodito contiene un origen pagano, proveniente de la diosa pagana, Aphrodite. Epafras era una forma diminutiva, lo cual nos hace acordarnos inmediatamente del Epafras de Colosenses 1:7; 4:12, aunque no podemos con toda seguridad identificar si son la misma persona, pues Epafras era un nombre muy común en la época. El Apóstol habla de él con términos calurosos, como un hermano, un colaborador y compañero de milicia, aquel que había trabajado duro y en cercanía consigo mismo. Había venido a ser como un “mensajero” (literalmente “apóstol”) proveniente de la iglesia Filipense trayendo su ofrenda a Pablo en su prisión. El Apóstol ahora pretende enviarle de vuelta, presumiblemente como el portavoz de la carta que ahora estaba escribiendo. Mientras Epafrodito aguardaba por la finalización de la carta, ministraba las necesidades de Pablo (vers.25).
 
Infelizmente había caído enfermo. Las noticias de su enfermedad habían llegado a Filipos, y los amigos que allí tenía se quedaron preocupados con él. A Epafrodito le llegaron obviamente estos informes de sus ansiedades, lo cual le inquietó bastante. Deseó para ellos todo epipothon, la palabra empleada para los tiernos y calurosos deseos de verlos a todos (1:8). Y no solo eso, sino que Epafrodito se quedó angustiado (2:26). Esta palabra ademones se usa hablando de la agonía del Señor en Getsemaní (Mat.26:37), una palabra realmente resonante, expresiva del disturbio que provoca una gran conmoción. Observe que no está ansioso debido a encontrarse enfermo, sino antes bien porque los Filipenses habían llegado a saberlo, y eso fue lo que le produjo preocupación por ellos. Aquí una vez más se halla el espíritu de la epístola Filipense, es decir, lo concerniente a los otros, antes que la ocupación con uno propio.
 
No sabemos cuál sería su enfermedad, solo sabemos que se asociaba con su servicio cristiano (vers.30). Debió ser extremamente grave, porque Pablo nos dice que Epafrodito estuvo “a punto de morir” (vers.27). ¡Qué gran oportunidad hubiera tenido el Apóstol de ejercer sus dones milagrosos de sanidad, tan evidentes durante los Hechos! (19:11, 12; 28:8, 9).
 
Si Pablo poseyese  todavía este evidente don después de Hechos veintiocho, es prácticamente incomprensible que no lo emplease en conexión con un tan próximo amigo y valeroso colaborador hallándose como estaba en una tal física necesidad. Lo mismo puede decirse de las frecuentes enfermedades físicas de Timoteo (1ª Tim.5:23) y la enfermedad de Trófimo (2ª Tim.4:20). Tan solo la verdad dispensacional tiene consigo la respuesta Escritural. La instantánea sanidad divina era una de las señales milagrosas del reino del periodo de los Hechos, y dejaron de evidenciarse cuando el pueblo del reino terrenal, Israel, pasó adentrándose a su ceguera espiritual, sordez, y dureza de corazón, haciéndose inútiles por el Señor durante esta parentética era de gracia actual.
 
La sanidad de Epafrodito fue el resultado directo de la misericordia de Dios, no solamente sobre él, sino además sobre el Apóstol (vers.27). Si el Señor no hubiera intervenido, Pablo habría tenido el pesar del duelo además de su sufrimiento como prisionero. Resumiendo la declaración de sus planes inmediatos, Pablo escribe que él está dispuesto, o muy dispuesto, a enviárselos de vuelta. En ningún caso debía ser criticado Epafrodito en la asamblea Filipense por abandonar a Pablo en su encarcelamiento y necesidades. Debía ser recibido cono todo el gozo y honor (vers.29), en gran estima.  El versículo treinta nos muestra lo lejos que este fiel siervo del Señor estaba dispuesto a ir por Él. Observe la expresión en la Versión Revisada (y la Reina Valera) “exponiendo su vida” contrastándola con la Versión Autorizada “no tomando en consideración su vida”. La omisión de una letra en el griego le da este más profundo significado ulterior, y es ahora soportada por los modernos editores de manera general. Paraboleusamenos es un juego de palabras ambiguo, y así Epafrodito estuvo a punto de dar al traste con su vida por causa de Cristo. Esto significa bien más que estar enfermo; sugiere algún peligro especial al cual se expuso a sí propio por Su Señor, por el Apóstol Pablo y por la asamblea Filipense, los cuales eran incapaces de ayudar al Apóstol debido a la distancia que les separaba (vers.30). Este es el verdadero servicio cristiano, donde uno propio 
 
 

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