Las Epístolas Desde la Prisión
17º Parte
CAPÍTULO DOS
CAPÍTULO DOS
DE LA 2ª
EPÍSTOLA A TIMOTEO
El segundo
capítulo comienza con las palabras “tú, pues”, con lo cual se vincula con lo
anterior:
Tú, pues,
hijo mío, esfuérzate en la gracia que es en Cristo Jesús (2ª Tim.2:1).
Los avisos y
palabras de aliento del primer capítulo deben ser constantemente guardados en
mente por Timoteo, y la única cosa precisa para encararlos adecuadamente sería ser
fuerte. La única fuerza, sin embargo, que sería toda suficiente, se hallaba
tan solo en Cristo Jesús, y para Timoteo, confiar en cualquier otra
cosa, sería procurar el desastre. Esta es una Palabra práctica para todos
nosotros. Se nos trae de vuelta una vez más a la gracia de Dios, y es
una profunda equivocación limitar una tal gracia a la salvación inicial; “A
cada uno de nosotros le es dada la gracia conforme a la medida del don de
Cristo” (Efesios 4:7). La gracia Divina no tan solo salva, sino que además
nos equipa y nos fortalece para el servicio cristiano, por muy exigente
que éste pueda ser. La palabra traducida “esfuérzate” se emplea ocho veces en
conexión con el Apóstol Pablo. Este es el número de la resurrección y no
es, ni más ni menos, que el poder de resurrección que está a nuestra
disposición por la fe sola (Efesios 1:18-21). Este es el más grande de todos
los poderes, el poder que conquista la muerte. ¡Cuán necio sería que no
tuviéramos confianza en que opere en, y a través de nosotros, y nos fiásemos
más en nuestras débiles fuerzas!
El mensaje
de Pablo a Timoteo continúa:
Lo que has
oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos
para enseñar también a otros (2:2).
El Apóstol
había recibido este sagrado depósito de verdad del resucitado Señor
Jesús, y lo había dado a conocer a través de su oral y escrito ministerio
(Gál.1:11, 12; Efesios 3:1-7; 1ª Tim.1:11). Por esta vía lo había recibido
Timoteo, y con el testimonio del Apóstol tan próximamente llegando a su fin, el
propio Timoteo se hallaba a punto de asumir el liderazgo, y con él, la plena
responsabilidad por esta gran revelación de verdad.
Timoteo por
su turno, tendría ahora que mirar al futuro, tal como Pablo siempre estuvo
solícito por la preservación de éste distintivo y precioso testimonio, y una
tal preservación nunca debe dejarse al acaso. Timoteo debía trasmitir o depositar
esta enseñanza (paratithemi una palabra asociada con Paratheke, “depósito”,
que ya hemos considerado). Pero debía hacerlo a (1) hombres fieles, y (2) con
la habilidad de transmitirlo y enseñarlo a terceros. Observemos bien el orden
de los requisitos, pues es de suma importancia; está muy claro que viene
primero la fidelidad o lealtad, y la habilidad posteriormente.
Muchas han sido las veces que se ha tomado el orden al contrario, y con
desastrosas consecuencias. Bien puede un individuo ser puesto en prominencia en
la obra cristiana porque sea un gran orador; o un estudiante brillante; o porque
tenga una personalidad conquistadora y esté muy capacitado. Pero ninguna de
estas cualidades será suficiente si carece del necesario ingrediente de la fidelidad.
“Pero se requiere de los administradores (o mayordomos), que sean hallados
hombres fieles” (1ª Cor.4:2 Vers.Revis.). “Bien hecho, tú, buen y fiel
siervo” (Mat.25:21, 23). Esto resuena una y otra vez en toda la Palabra de Dios, pues, el
Señor, no requiere cantidad primero sino cualidad. Aquellos que
lo ignoren se ponen en peligro propio, puesto que ciertamente hay un trono de
juicio de Cristo que enfrentar por todos nosotros con respecto a nuestro
servicio cristiano. Si se carece realmente de fidelidad, todos los
esfuerzos que se hagan serán considerados como “madera, heno, y hojarasca”,
listos para ser consumidos por el fuego de la santidad de Dios (1ª
Cor.3:11-15).
La fidelidad
por supuesto que puede costarnos muy cara, guiándonos algunas veces hacia un
sendero de soledad e incomprensión; pero qué importa eso si el Señor Mismo ha
prometido que nunca nos deja ni nos desampara, y en el día de resurrección, en
Su sonrisa, Su elogio, Su recompensa, hará sobresalir tanto la alabanza como la
condenación de los hombres. Es importante, además, observar que, en este
contexto, aquí tenemos la única “sucesión apostólica” conocida en el
Nuevo Testamento. Todo lo demás que se haya dicho o enseñado sobre el tema se
basa sobre reclamos tradicionales, que no pueden ser sustentados por la Palabra de Dios.
Ya hemos
visto en nuestro estudio de Efesios la importancia de la enseñanza. El maestro
es tanto un don del Cristo ascendido como el don de evangelista
(Efes.4:11). Pero para la mayor parte hoy en día el “evangelista” tiene la
prominencia, mientras que el “maestro” es relegado a un segundo plano, ¡o sin
plano alguno! ¿Será de admirar que las iglesias estén repletas de niños en
Cristo que nunca progresan ni crecen espiritualmente? Los tales así no pueden
recibir más que la leche del Evangelio (1 Cor.3:1, 2). Pero el “sólido
alimento”, es decir, las excedentes riquezas espirituales del ministerio en
prisión de Pablo, es demasiado y no están al alcance para ellos; y esta
es una de las razones por las que las insondables riquezas de Cristo son tan
poco conocidas y recibidas entre los hijos de Dios en el día actual que
vivimos.
Otra razón
es la dificultad, y a menudo el aislamiento, del sendero que acompaña al fiel
testigo a esta verdad. Esto ha sucedido así desde el principio, pues Pablo le
dice ahora a Timoteo:
Sufre
penalidades conmigo, como un buen soldado de Jesucristo (2:3 Revised Version).
A ninguno de
nosotros le gusta “la penalidad”, y la tentación es desertar el angosto y
estrecho sendero de la fidelidad cuando la vemos llegar. El Apóstol no pinta
este camino de color de rosa. Timoteo es avisado de antemano del coste (compare
además 1:8), y para enfatizarlo Pablo emplea tres ilustraciones: (1) el
soldado, (2) el atleta, y (3) el labrador.
(1) El buen soldado es el que viene primero, ¡pero no son
cualidades luchadoras o de ataque las que en él se resalten! De hecho, al
siervo fiel del Señor se le dijo que él “no debe ser contencioso” (2ª Timoteo
2:24). En vez de eso, lo que se demandaba del soldado romano era su capacidad
para soportar tiempos de sufrimiento, y la completa liberación de todo
tipo de enredos. Un buen soldado debía estar preparado para la “aspereza”,
a soportar la dureza y la ausencia de confort. Para ellos no se hizo ni la
comodidad ni las lujurias del hogar. Ser soldado significa una ocupación a
tiempo entero sin distracción alguna.
Ninguno que
milita se enreda en los negocios de la vida, a fin de agradar a Aquel que lo
tomó por soldado (2:4).
La palabra bios,
vida, tiene un rasgo diferente del significado de zoe, la palabra
más frecuente. Se traduce “sustento” en Marcos 12:44; también “todo cuanto
tenía” en Lucas 8:43; y “la parte de mis bienes” en 15:12; significa “medio de
vida” o sustento de la propia vida por algún negocio propio o labor diaria.
Ahora bien, nada hay de malo con esto hasta que se vuelve un enredo.
Cuando esto sucede comienza a ocupar el lugar del servicio dirigido a Cristo, y
como resultado somos desclasificados de la corrida celestial. El tenaz corredor
debe tener esto siempre presente, pues las cargas pesadas deben ser puestas de
lado (Heb.12:1, 2) si queremos correr como el Apóstol lo hizo, y finalizar
nuestra carrera con gozo.
(2) Pablo a seguir refuerza este punto refiriéndose al atleta
en los Juegos Olímpicos:
Y también el
que lucha como atleta, no es Coronado si no lucha legítimamente (2:5).
Muchos
puntos podrían haberse señalado en conexión con el atleta, pero el único que se
nos pone delante aquí por el Apóstol es la necesaria “lucha legítima”, en otras
palabras, guardando las reglas. Las reglas que gobernaban los Juegos
Olímpicos eran muy estrictas. Los atletas tenían que hacer un juramento para
completar diez meses de entrenamiento antes de ser escogidos para entrar en el
concurso. Cualquier corredor que no hubiera tenido ese entrenamiento no tendría
posibilidad alguna de vencer y ser coronado, sino que estaría por debajo del
nivel requerido en los Juegos. Había distintas penalidades impuestas sobre
todos los que infringiesen las reglas. La aplicación de todo esto para el
creyente es muy clara. La gracia salvadora calzó nuestros pies al comienzo de
la corrida celestial, pero no hay posibilidad de ser coronados por Él a menos
que guardemos las reglas que tan claramente se hallan expuestas en las
secciones prácticas de las Epístolas en Prisión, las cuales dan a conocer
nuestro “alto llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.
(3) El Labrador:
El Labrador,
para participar de los frutos, debe trabajar primero (2:6).
La
referencia aquí se hace al laborioso labrador, es decir, al labrador o
jardinero que trabaja. Todos conocemos bien la dureza del trabajo que debe
preceder a cualquier resultado final en la jardinería y la agricultura. El
perezoso no obtiene resultados. Su territorio, cubierto con cardos y espinos, es
una clara indicación hacia su inactividad. En esta sección de la epístola, por
tanto, el énfasis recae sobre el servicio cristiano y todo lo que
conlleva. En las Escrituras se hace una distinción muy clara entre el creyente
visto como un pecador salvo y justificado en los ojos del Señor por la fe y la
gracia, y el creyente como un siervo del Señor que tanto puede rendir para Él
buenos como malos servicios. Seamos claros en este asunto. Algunos, no
reconociendo la absoluta suficiencia de la obra de Dios justificando al pecador
que cree en Cristo, trata de combinar y mejorar todo esto con sus propias obras
humanas, y así intenta suplir lo que Dios ha hecho. Esto es algo realmente muy
serio, pues niega la obra acabada de Cristo sobre la cruz. Cuando Él dijo: “Acabado
está”, la obra de redención quedó completa en el pleno sentido de la palabra, y
no precisa añadiduras humanas.
De hecho,
cualquier cosa de ese tipo no deja de ser una clara evidencia de incredulidad.
Per por otro lado, hay otros que resaltan tanto la salvación por gracia, aparte
de las “buenas obras”, que pura y simplemente estas ya no hacen parte de su
concepto de verdad. Se olvidan de que: aunque Efesios 2:8, 9 declare que la
salvación- de gracia – por – la fe, sea, “no de obras”; sin embargo dice además
que es: “para buenas obras” (vers.10). O dicho de otra manera: Las “buenas
obras” o servicio cristiano y testimonio, deberían fluir en respuesta
proveniente de una tan libre e inmerecida salvación. El pecador ha sido salvo
para servir, y no nos equivoquemos, cada uno de los verdaderos creyentes es
llamado por el Señor para servirle, y para descubrir cuál sea Su voluntad en
este cometido. Tan solo será engañó propio recusarse a reconocer esto. Las
palabras siervo y servicio empapan tanto la epístola que se
precisa una ceguera deliberada, la cual elimine tanto el servicio como la
responsabilidad hacia el Señor de la vida Cristiana. A los creyentes en Colosas
Pablo les escribió: “Yo sirvo al Señor Cristo” (Col.3:23, 24) ¡y que privilegio
es éste de permitirnos servir a un tal Salvador y Maestro! Por otro lado,
recordemos que el Señor no tiene un reclutamiento entre Su gente. El servicio
nunca puede ser forzado por Él. Antes bien debería ser la práctica respuesta
de nuestro amor y gratitud hacia Él. Podemos ser buenos siervos o malos
siervos, fieles o infieles, y un Padre celestial justo debe y tiene que tomar
esto en cuenta, en el día del reconocimiento por lo que hayamos hecho durante
nuestro tiempo de vida terrenal.
En la sección de 2ª Timoteo que estamos estudiando,
repetimos que es el laborioso agricultor a quien se resalta. ¿Cuán
dispuestos estamos para realmente trabajar para el Señor? ¿Estamos preparados a
sacrificar y desgastarnos nosotros propios por Él? Podemos desgastarnos en
nuestros placeres, pero ¿qué pasa con nuestro diario servicio para Aquel Quien
ha dado todo de Sí Mismo sin reservas por nosotros? La verdadera respuesta a
esta cuestión nos muestra la extensión de nuestro amor por Él, ni más ni menos.
¡Reaccionemos mientras el día oportuno permanece, y hagamos de Él una
constante memoria!
La voluntad de Dios es no dejarle a deber nada a
nadie, y Él tiene en cuenta toda respuesta práctica y leal hacia Su Persona.
Las coronas y recompensas son por los servicios fieles, aquellos servicios de
los cuales se agrade Dios en la elaboración de Su verdad, y para los que hayan
estado dispuestos a sufrir si fuera necesario. “Sin cruz, no hay corona”
expresa esta verdad. 2ª Timoteo está realmente tocando los mismos cimientos que
Filipenses, pero con una distinta ilustración. En ambas epístolas se resalta la
responsabilidad del creyente, con la posibilidad de un premio o corona al
final. Nunca debemos olvidar que los premios o coronas se pueden perder, pero
de igual forma se pueden ganar. Nosotros decidimos cada día cuál va a ser
nuestra experiencia cuando encontremos al Señor en la resurrección cara a cara.
Resumamos la enseñanza de estas tres ilustraciones:
EL BUEN
SOLDADO – Capacidad de sufrimiento. No se enreda.
EL ATLETA
DISCIPLINADO – La Corona ,
guardando las reglas.
EL LABRADOR
PRÁCTICO – Desgaste. Solo después participa de los frutos.
El versículo
siete continúa:
Considera lo
que digo, y el Señor te dé entendimiento en todo.
Noeo, traducido “considera”, significa
“pensar acerca de”, para “obtener el significado” y si Timoteo hiciese eso, la
promesa es que el Señor supliría todas sus necesidades de entendimiento. Para
nuestro aliento deberíamos recordar que si ponderamos y aplicamos la verdad de
Dios a nuestras propias vidas, el Señor incrementará nuestra capacidad de
comprensión que derribe nuestra ignorancia, y conformará nuestras vidas más
íntimamente hacia Su voluntad.
Pablo no tan
solo le expuso la verdad de Dios a Timoteo, sino, además, lo que eso costaría
cuando se vive fielmente y se proclama. “Las aflicciones del Evangelio” se
hallarían presentes (1:8) y él sería por su vez llamado a sufrir aflicciones
con el Apóstol (2:3), así que, con el objetivo de salir triunfante a través de
esas experiencias, los ojos de Timoteo se tienen que dirigirse al Cristo
resucitado tal como se expresa en Hebreos 12:1-3. Por eso a seguir Pablo dice:
Acuérdate de
Jesucristo, del linaje de David, resucitado de los muertos conforme a mi
evangelio, en el cual sufro persecuciones a modo de malhechor, mas la Palabra de Dios no está
presa (2ª Tim.2:8,
9).
Había un
motivo para su sufrimiento como prisionero en Roma. Se debía y era, “por amor
de los elegidos” (2ª Tim.2:10), esto es, no solamente por los que habían
respondido a la Verdad ,
sino para los que en el futuro vinieran a tomar la misma decisión. El Apóstol
sin duda tenía en mente la totalidad de la compañía de los hijos de Dios
que constituyen el Cuerpo de Cristo: aquellos quienes el Padre había escogido antes
de la fundación del mundo (Efesios 1:3, 4). El anhelo del Apóstol no eran
tan solamente que pudieran ser salvos, sino, además y distintamente, que
pudieran experimentar “la tal salvación con gloria eterna” (2ª Tim.2:10) lo
cual eleva al pensamiento mucho más alto. Se iguala con la salvación que hay
casi al final de la epístola a los Hebreos, la cual, igual que filipenses y 2ª
Timoteo, está resaltando en una enseñanza paralela la madurez del santo:
la travesía en la corrida con respecto a la recompensa del premio
(Heb.11:24-26), tal como hizo Moisés.
Los
siguientes versículos de 2ª Timoteo dejan ver muy claramente esta tal
distinción. Para resaltarla, Pablo cita el cuarto de los cinco “dichos fieles”
de las Epístolas Pastorales (1ª Tim.1:15; 3:1; 4:9; 2ª Tim.2:11; Tito 3:8).
Estos son probablemente fragmentos de himnos en los cuales la doctrina se
hallaba envuelta. Este en particular se lee:
Palabra fiel
es esta: Si somos muertos con Él, también viviremos con Él; si sufrimos,
también reinaremos con Él; si le negáremos, Él también nos negará; si fuéramos
infieles, Él permanece fiel; Él no puede negarse a Sí Mismo (vers.11-13).
Tendremos
problemas con este contexto a menos que reconozcamos que hay en él dos
distintas líneas de verdad, las cuales ya hemos visto cuando tratamos con
la epístola Filipense. Debemos distinguir bien entre (1) la salvación por
gracia y todos sus cometidos, la cual salvación no es de obras, sino que es la
gratuita ofrenda de Dios y se recibe personalmente por la fe en Cristo, en lo
que cumplió sobre la cruz, y (2) el servicio Cristiano que debería seguir o
“acompañar” la salvación, resultante en un premio o corona que le será
preservada por el Señor si el tal servicio lo considera Él como fiel. Si
no es así, la corona le será denegada, tal como los versos anteriores enseñan,
aunque la salvación inicial no pueda perderse, pues “Él permanece fiel, no
pudiendo negarse a Sí Propio”; jamás vuelve a quitar lo que ofreció de libre
gracia, pues los “dones y el llamamiento de Dios son irrevocables (sin
arrepentimiento de Su parte – muchas Vers. Inglesas)” (Rom11:29). El
lector deberá ponderar cuidadosamente 1ª Corintios 3:10-15, donde también se
hace una aguda distinción entre la recompensa por el servicio, y la salvación
por gracia.
Una vez que
todos los creyentes en el reconocimiento de Dios murieron con Cristo, todos
ellos vivirán con Él, en resurrección, en algún lugar entre ese cielo y tierra
que todavía tiene Él que crear, cuando pase su caducidad el presente universo.
Su muerte con Cristo no depende sobre su fidelidad o infidelidad en el
servicio; es un hecho total y solamente de Dios. Al igual que su vivir con Él
siendo resucitado de la muerte y transformado es Su semejanza tampoco depende
de esas cosas. Es la consumación de la obra gloriosa de salvación
producida por el Señor Jesús, y vendrá por Él Mismo a producirse “la tal
vivificación de la muerte”. Él dijo: “Porque Yo vivo, vosotros viviréis
también” (Juan 14:19).
Por otro lado, en 2a Timoteo 2:12 nos salimos
del medio de la libre gracia, y nos dirige nuestra atención hacia el interior
del medio de la responsabilidad y el servicio. Somos salvos “para
operar nuestra salvación” (no a obrar por ella), la cual ha operado Dios en
nosotros (Filip.2:12, 13). Si llevamos a cabo con fidelidad el correcto
“operar”, entonces este contexto nos asegura, no solo que viviremos con Él,
sino además que reinaremos con Él. La palabra “también…reinaremos” muestra que
esto es algo adicional a la salvación. Tenemos millones de personas viviendo en
Gran Bretaña, pero tan solo una, nuestra Reina, reina sobre el trono. Hay una
abismal diferencia entre vivir y reinar, aun en los asuntos
humanos. Lo que el Señor denegará a Su hijo si son contados por Él como siendo
desleales o infieles, es el reinado, simbolizado por la corona.
El pasaje puede ser exhibido de la siguiente manera:
A “Fiel es el dicho, pues si hemos muerto con Él, para
que también vivamos con Él.
B Si soportamos pacientemente, también
reinaremos con Él
B Si le negáramos a Él, también Él nos
negará a nosotros (el reino con Él, compartiendo Su trono)
A Si somos infieles, Él permanece fiel, Él no puede
negarse a Sí Propio (es decir, Él no puede privarles de sus vidas de
resurrección con Él)
El vivir con
Cristo no depende sobre la fidelidad del creyente, pues la resurrección a vida
eterna es la culminación de la salvación por gracia. El creyente está
eternamente vinculado con Aquel Quien dijo: “Yo soy la resurrección y la vida;
aquel que cree en Mí, aunque esté muerto, vivirá” (Juan 11:25). Los
subsecuentes fracasos del creyente a seguir a la salvación no pueden alterar el
hecho inicial de esta futura vida con Él. Pero cuando venimos a la cuestión de
la participación o compartir del trono de Cristo y Su reinado sobre toda la
creación en el cielo y en la tierra, estamos tratando con algo adicional a la
salvación. Que vengamos a ser considerados por Dios dignos como buenos siervos
por una “corona”, obteniendo un “premio”, recibiendo una recompensa o, en otras
palabras, reinando con Cristo, depende sobre nuestra respuesta hacia los
reclamos de Su Verdad actual y presente.
Cuando
estudiamos la palabra traducida “negarle”, encontramos que es paralela con “ser
avergonzado”:
Porque el
que se avergonzare de Mí y de Mis Palabras… se avergonzará
también de él el Hijo del Hombre cuando venga en la gloria de Su Padre con sus
santos ángeles (Marcos
8:38).
Y a
cualquiera que me niegue delante de los hombres, Yo también le negaré
delante de Mi Padre que está en el cielo (Mat.10:33).
Ahora
podemos comprender mejor la declaración: si nosotros le negamos a Él, Él nos
negará a nosotros” y la asociación con no seáis avergonzados en 2ª
Tim.1:8, 12, 16, y además el versículo más importante: el quince del capítulo
dos, “un obrero que no tiene de qué ser avergonzado”. No hay ni tan siquiera
uno de nosotros que no precise un claro entendimiento de estas distintas y sin
embargo relacionadas verdades, y un constante recuerdo de sus prácticas
implicaciones. Ser negado por el Salvador es algo sin duda grave y solemne, y
del mismo modo perder el incomparable privilegio de compartir Su trono será
realmente una pérdida terrible.
Estas son
verdades tan importantes para los creyentes aprender, que a Timoteo ahora se le
encarga que las recuerde a todos aquellos que están bajo su cargo:
Recuérdales
esto, exhortándoles delante del Señor a que no contiendan sobre palabras, lo cual
para nada aprovecha, sino que es para perdición de los oyentes (vers.14).
Esta no es
la primera vez que Pablo avisaba a Timoteo concerniente a esta contienda sin
sentido y peligrosa (1ª Tim.1:4, 6, 7; 6:3-5, 20; además en Tito 1:10, 14;
3:9), la cual tan peligrosamente podría guiar a la perdición o ruina de la
fe. La palabra katastrophe, “perdición” significa literalmente
“derribar lo erguido”, justo lo opuesto de edificación o construcción.
Tal vez sea imposible averiguar y decir exactamente qué sea el “fin de las
genealogías”, pero parece estar claro que Satán había fabricado un esquema
envolviendo edades genealógicas y falsos mediadores (príncipes angelicales),
los cuales serían un fraude vestido de la Verdad revelada en las Escrituras que se centra
en Cristo. La herejía Colosense, como ya hemos visto, estaba probablemente
asociada con un concepto similar. Esto estaba dando lugar a grandes debates y
argumentos, batallas de palabras que tan solo resultarían en lo que el enemigo
estaba procurando, es decir, la división de la gente de Dios y el alejamiento
de Cristo como la plenitud de Dios.
La siguiente
sección de 2ª Timoteo se mueve alrededor del gran tema de la Verdad de Dios. La
palabra “verdad” aparece tres veces: “dividir correctamente la palabra de
Verdad” (vers.15); “que se desviaron de la Verdad ” (vers.17, 18) y “se arrepientan para
conocer la Verdad ”
(vers.25). ¿Qué puede haber más importante para la práctica del creyente que un
conocimiento de la Verdad
de Dios? ¿Cómo se puede vivir la
Verdad y trasmitirla a otros, si no la aprende él
primero? Si lo que la persona cree se considera que esté equivocado, entonces
es una persona engañosa y pasa a ser un instrumento de Satán, el archienemigo,
y está siendo el engaño de otras personas. “Ceñirse con la Verdad ” (vea Efesios 6:14)
es una parte esencial de la armadura protectora de Dios contra las artimañas
del diablo. Con toda seguridad aquí llegamos al corazón del servicio y
testimonio cristiano. Si en este punto estamos equivocados, estaremos equivocados
en todo lo demás.
¿Pero qué es
la Verdad ? La
pregunta de Pilato viene resonando a través de los siglos y muchos millares se
han preguntado lo mismo desde entonces, aparentemente ajenos al hecho de que,
el Salvador, ya ha respondido esa cuestión en Juan 14:6: “Yo soy la Verdad ”, y “Tu Palabra es
Verdad” (17:17). Y el Apóstol, demostrando la gran importancia de este tema,
vincula nuestra actitud hacia Su Verdad con la aprobación de Dios:
Procura con
diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de que
avergonzarse, que usa bien la
Palabra de Verdad (vers.15).
Y esta es la Version Inglesa
Estudia para
presentarte tú propio aprobado ante Dios, un obrero que no precisa ser
avergonzado, dividiendo la
Palabra de Verdad.
La palabra spoudazo,
“estudia”, o “procura con diligencia” no se refiere a los libros de
lectura. Aparece también en 4:21, donde se traduce “sé diligente”. Conlleva la
noción de celo persistente y podría ser traducido en nuestro lenguaje
vigente y actual como “haz tu mejor”, siendo que el objetivo sea presentarse
uno mismo aprobado ante Dios, un obrero sin reproche ni vergüenza alguna que
apuntarle. ¿Qué objetivo puede haber más alto que éste para el siervo de Dios?
La aprobación de los hombres debe ser puesta de lado aquí. La única aprobación
o recomendación que interesa es la que proviene de Dios cuando permanecemos
delante de Él y le damos cuenta de nuestra mayordomía.
Es esto lo
que debe mantenerse en mente y de forma constante en nuestro vivir día tras
día. Todo lo demás es de secundaria importancia, pues las cosas excelentes
reposan en la manera que tratamos y empleamos las sagradas Escrituras: la Palabra de Dios, en este día
propicio, y oportuno. Si tratamos infielmente la Palabra o con liviandad,
entonces, tal como la sección previa de esta epístola demostró, habremos negado
la Verdad de
Dios, y Él nos negará el supremo privilegio de reinar con Él sobre el universo
restaurado. Seremos avergonzados delante de Él, y Él se sentirá avergonzado de
nosotros como siervos infieles. La perfección de nuestra posición en Cristo no
debe ser aquí metida intentando deshacer las serias declaraciones del contexto
que estamos estudiando. Nos sorprende mucho cómo algunos que claman ver el
Misterio hacen esto y así resaltan la gracia, ¡y el servicio y la
responsabilidad delante del Señor lo repudian! ¡Y sin embargo siempre están
citando 2ª Tim.2:15 y hablando de la “correcta división”! pero estos versículos
son muy claros dejando ver que tan solo aquellos que son obreros leales tienen
correctamente dividida la
Palabra de Dios. En otras palabras, estas son personas
prácticas, trabajadores, que le están rindiendo un servicio aceptable al Señor
en la manera que tratan y proclaman la Verdad de las Escrituras.
¿Qué significa la “correcta división”?
El fiel
obrero es aquel que ha “dividido correctamente la Palabra de Verdad”. Orthotomeo
no es fácil de definir puesto que no se emplea en ninguna otra parte en el
Nuevo Testamento, y solo aparece dos veces en la Septuaginta (la
traducción griega del Antiguo Testamento utilizada por el Señor y los
apóstoles). Los pasajes son Proverbios 3:6 y 11:5, donde, en el lugar de “Él
dirigirá tus pasos (por el texto hebreo)” tenemos “Él (o ella, refiriéndose a
la sabiduría en el vers.5) dividirá correctamente tus pasos”. La ilustración
que aquí tenemos es la de una señal de carretera, y señala el camino correcto
de entre varios delante de la persona en cuestión. Esto ciertamente
influenciaría el entendimiento de Timoteo, pues él conocía las santas
Escrituras (el Antiguo Testamento) que le habían hecho “sabio para la salvación
a través de la fe en Cristo Jesús” (2ª Tim.3:15).
La palabra Orthotomeo tiene un significado
primario de “cortar derecho”. Tiene además un significado secundario de
“tratamiento cierto” y los traductores la emplean tanto en uno como en el otro
sentido. Aquí ofrecemos una selección:
“Manejar diestramente la Palabra de verdad”
Rotherham
“Tratar correctamente el mensaje de la
verdad” Cunnington
“La manera derecha como tratas la palabra de
verdad”
Moffat
“El trato por derecho de la palabra de
verdad”
Versión Revisada Estándar
“Tratando correctamente la palabra de
verdad” Versión
Nueva Internacional
“Cortando en una línea diestra la palabra de
verdad” J.N. Darby
“Analizando correctamente el mensaje de la verdad”
Berkeley Version
Ahora bien,
¿cuál es la implicación práctica del versículo quince? Antes que nada vamos a
dejar claro lo que no es. “La Correcta División ” no significa trucidar la Biblia en secciones de
nuestra autoría que puedan estar de acuerdo con las infantiles ideas que
sostengamos. Cuando se entiende apropiadamente, no es divisivo en el sentido
errado de la palabra. Lo que implica su aplicación es reconocer la distinción
que el Autor, Dios el Espíritu Santo, ha hecho por Sí Mismo. Al margen de
Filipenses 1:10 se nos dice “probemos las cosas que difieran”, y esto se hace
con el objetivo de “aprobar las que sean excelentes”, en otras palabras,
alcanzando a conocer lo mejor de Dios. La palabra “mejor” es una palabra clave
de la epístola a los Hebreos y las “cosas mejores” tan solo pueden ser
apreciadas por creyentes que están poniendo esto en práctica. Nosotros estamos
convencidos de que esta es la vía que Dios quiere en la cual nos aproximemos y
tratemos Su preciosa Palabra. La División Correcta es por tanto un gran principio
de interpretación de las Escrituras, e intentaremos indicar su aplicación hacia
este gran Libro de Verdad.
Ejemplos de División Correcta
(1) Si obedecemos el mandato de 2ª Timoteo 2:15 observaremos
los diversos periodos de tiempo de la Escritura y no los confundiremos. El elemento
Tiempo es de lo más importante en la revelación del plan redentor de Dios para
la tierra y el cielo. El reloj de Dios está siempre cierto, y hay un tiempo
especial para la revelación de Su Verdad. Él jamás se atrasa ni se adelanta.
La gran
importancia del Tiempo de Dios se ve bien en Tito 1:1, 2:
Pablo, siervo
de Dios y apóstol de Jesucristo, conforme a la fe de los escogidos de Dios y el
conocimiento de la Verdad
que es según la piedad, en la esperanza de la vida eterna, la cual Dios que no
miente, prometió antes del propósito de los siglos.
La verdad ofrecida
a través del ministerio de Pablo por tanto fue divinamente regulada
anticipadamente en cuanto al tiempo y en cuanto a sus contenidos. Habría estado
fuera de lugar antes de eso, y demasiado atrasada si hubiese sido pospuesta al
futuro. Aquello que fue Verdad y de acuerdo a la voluntad de Dios en los
tiempos del Antiguo Testamento no tiene por qué ser cierto en Verdad hoy en
día. Si un creyente ahora peca, no tiene por eso que traer en ofrenda un animal
sacrificado a Dios para ser perdonado. Sino que este fue un mandamiento de Dios
a Israel en el Antiguo Testamento, y recusarse a obedecerlo resultaría en
juicio de Su Parte. Era en aquel entonces Verdad, no es Verdad ahora. Esto es
obvio, pero es un sencillo ejemplo de un principio que hay que obtener a lo
largo de la Escritura.
Por otro
lado, el presente no debe leerse en el pasado. Por ejemplo, el gran Secreto
(misterio) concerniente al Cuerpo de Cristo, que se trata en Efesios y
Colosenses (Efesios 3:1-9; Colos.1:24-27), y que estaba escondido en Dios
Mismo, Griega irotii, antes de los siglos (tiempo) y generaciones
(gente) - esto, no debe ser leído en el pasado, ni de hecho en ningún
otro tiempo antes que le fuera revelado a Pablo como medio humano (observe
cuidadosamente esto en las dos últimas referencias de Escritura). El tiempo de
su proclamación procedió de su encarcelamiento romano a seguir al periodo de
Hechos. Tan solo él reclama ser el encomendado ministro por Cristo en
conexión con esta favorecida compañía de creyentes. Si no distinguimos los
periodos de tiempo de la Biblia
ocasionaremos que la Palabra
de Dios se contradiga a sí propia, lo que es bastante grave a los ojos de Dios,
y nos habremos vuelto de la verdad hacia la falsedad, privándonos a nosotros
mismos de la gloriosa revelación que contiene.
Debemos
también observar que el futuro no sea leído en el presente. El futuro periodo
profético de ira y juicio de Dios conocido como el Día del Señor no debe ser
leído en la presente era de gracia (Isa.2:12; 13:6-9; Sofonías 1:14, 15; Joel
1:15; 2:11).
El ejemplo del Señor Jesús en la Correcta División
Tenemos un supremo ejemplo del Señor Jesús aplicando
este principio a los periodos de tiempo de la Escritura en Lucas
4:14-21. Ofrece la pública lectura del Antiguo Testamento en la Sinagoga que fue tomada
de Isaías sesenta y uno. El lector debe volver a leer esta referencia
cuidadosamente, y a seguir compararla con lo que hizo el Señor. Su lectura fue
realmente breve. Se detuvo en medio del versículo dos, cerró el libro y se sentó.
No admira que sus oyentes estuvieran sorprendidos y a espera, no solamente por
su brevedad, sino además por el hecho de haber parado de leer a seguir a la
frase “a proclamar el año aceptable del Señor”. Si hubiese seguido y leído “y
el día de la venganza de nuestro Dios”, no podría haber dicho con verdad: “en
este día se ha cumplido esta Escritura en vuestros oídos” (Lucas 4:21, pues Él
vino, tal como lo enseñó Él, no a juzgar y condenar, sino a salvar (Juan
12:47).
Ahora es el
siglo o edad de gracia. La gracia reina al presente (Rom.5:21) y Dios no se
sienta en un trono de gracia y de juicio al mismo tiempo. El juicio y la ira se
han quedado atrás, y en la infinita paciencia Dios aguarda por el
arrepentimiento y la respuesta de una raza pecadora. Pero no esperará para
siempre. La era de gracia tiene su fin, y entonces la ira y el juicio deben
introducirse de inmediato.
El contexto
de Lucas 21:22 nos deja ver perfectamente que esto fue lo que Cristo creyó y
enseñó, y Apocalipsis 6:16, 17 revela solemnemente que la futura ira de Cristo
será terrible realmente. Esto nos tememos que no sea la popular teología del
día presente, sino su reveladora verdad.
Aquí tenemos
un ejemplo dado por el Señor de “dividir correctamente la Palabra ”, y separa el presente
“aceptable año del Señor”, del futuro “Día del Señor de ira y juicio”, y todos
los que traten bien la Palabra
de Dios se quedarán ciertamente sin excusas con este divino ejemplo
delante de ellos.
(2) Debemos distinguir bien entre la Ley y la Gracia ,
especialmente con relación al Evangelio y el camino de salvación. La salvación
por fe en Cristo, el perdón de los pecados y la vida eterna, son por la libre
ofrenda de Dios, y nunca podrán ser alcanzados por el intento en guardar la
ley. La imperfecta natura pecadora humana hacen con que eso sea imposible, pues
Dios requiere la perfecta obediencia de Su ley (Santiago 2:10, 11), si
es que el hombre escogiera esta vía para presentarse delante de Él. La
salvación y la justicia “no es por obras” pos salvación. Y hemos reseñado esto,
que la “correcta división” observará cuidadosamente la diferencia entre recibir
los dones por fe (el favor de Dios a quien no lo merecía), y los
esforzados intentos humanos para obtener salvación por propias fuerzas.
(3) Esto nos lleva a la diferencia entre la salvación por
gracia, aparte de las obras, y el premio o recompensa resultante del
fiel servicio a seguir a la salvación, sobre lo cual ya hemos tratado. La
salvación inicial es segura y cierta, pues depende exclusivamente sobre lo que
Cristo ha hecho en la cruz, y lo que ahora está haciendo por nosotros en
resurrección, y de ninguna manera depende sobre el creyente. El Señor con toda
certeza acabará Él Propio la salvación que comenzó:
“…Aquel
Quien comenzó una Buena obra en vosotros, la llevará a cabo consigo hasta
su complexión, hasta el día de Cristo de Jesús (Filip.1:6 Versión Nueva
Internacional).
El premio o corona sin
embargo no es algo que se dé por cierto. Tan solo aquellos creyentes que hayan
sido fieles a la verdad encomendada y que se hayan mantenido firmes, aun mismo
a través de sufrimiento y pérdida por causa de la verdad. (Vea las pags.245,
246, 282, 283.).
(4) “La correcta división”
distinguirá también entre la posición y el estado del creyente,
siendo que la distinción esté en que la posición el creyente sea hecho, por
Dios, en Cristo, santo y vestido con Su justicia; y su estado, lo que sea en sí
mismo en pensamiento, palabra y obra. Todos los creyentes en Corinto fueron
nominados como santos (separado, 1ª Cor.1:2), pero muchos de ellos eran
cualquier cosa menos “santos” en su conducta y testimonio, según se nos muestra
en la epístola. Nuestro constante deseo debe balancear nuestro estado con
nuestra posición, y procurar hacerlo en el fortalecimiento del Señor.
(5) Debemos aprender a
distinguir entre los varios juicios de la Escritura. La evaluación
hecha por el Señor de un servicio cristiano (2ª Cor.5:9, 10; 1ª Cor.3:10-15) no
debe ser confundida con el juicio de las naciones vivas en la Segunda Venida de
Cristo (Mat.25:31, 32), y el distinto juicio del Gran Trono Blanco
(Apoc.20:11).
(6) Hay más de una resurrección en la Palabra de Dios y no deben
ser confundidas. La Escritura es ajena a una “resurrección general”.
Pues vendrá a ser “cada uno en su debido orden” (1ª Cor.15:23). La primera o
inicial resurrección antes del Milenio (Apoc.20:5), no puede ser la misma que
el Gran Trono Blanco de juicio con su resurrección a seguir al Milenio
(Apoc.20:11-15). La palabra “primero” indica claramente que debe haber más de
una.
(7) Las futuras esferas de bendición indicadas en la Escritura para el
redimido también deben ser cuidadosamente observadas. Si “el manso que heredará
la tierra” (Mat.5:5) es el mismo que quien está “sentado juntamente en
los lugares celestiales, por encima de todo” (Efesios 2:6), donde Cristo se
halla ahora entronado, entonces es que las palabras han perdido su significado
y el estudio de la Biblia
es una pérdida de tiempo. Sin embargo, a pesar de esto, muchos cristianos creen
que todos los salvos irán al cielo, mientras que otros insisten
confesando que todos los santos serán benditos en la tierra. Los dos no
pueden estar ciertos. La
Palabra de Dios revela que hay tres destinos para las compañías
de redimidos: la “tierra” (Mat.5:5), la “Jerusalén celestial” que finalmente
desciende a la nueva tierra (Apoc.3:12; 21:2, 10) y los lugares celestiales
“por encima de todo” (Efes.2:6; Filip.3:20; Col.3:1-4).
Si todo esto
se confunde o no se aprende, ¿cómo puede tenerse por cierta y clara una
esperanza por futura gloria?
Los
anteriores han sido algunos ejemplos del gran imperativo principio de 2ª
Tim.2:15 en la práctica. Tan solo hemos tocado la orla de lo que contiene, pues
se precisaría un volumen para hacerle justicia al tema. Este principio
que gobierna la interpretación tiene que ramificarse a través de la Biblia , yendo mucho más
allá que la mera distinción de las dispensaciones, las cuales a menudo se
confunden con edades o periodos de tiempo. Una dispensación es la
administración de algunos importantes aspectos de la verdad de Dios. Está en el
medio o área del tiempo, pero es mucho más que un periodo de tiempo.
Algunos
traductores, tal como hemos visto, insisten diciendo que Orthotomeo debe
traducirse con su secundario significado de “tratar correctamente”, en vez de
“dividir correctamente”. Pero es que, aún mismo si esto se permite, aun así
también prueba que siempre seguimos fielmente nuestra exposición de las
sagradas Escrituras, y el resultado viene a ser el mismo. ¿Cómo podría la Palabra de Dios ser
“tratada correctamente” si las líneas previas de enseñanza se confunden o son
ignoradas? Algunas verdades en la
Biblia son verdad para siempre. Son básicas o fundamentales,
no dispensacionales, por ejemplo, el pecado y su remedio: la salvación de Dios,
la santificación y la consagración. Otras, tal como hemos visto, son verdad
solamente para un tiempo limitado, por ejemplo, la ley Mosaica de tipo y
sombra; y en otras además hay separadas líneas de verdad que no deben ser
confundidas.
Nosotros
creemos que esta es la sana y respetuosa manera de manejar o tratar la Palabra de Dios, y además
es un principio que todos llevamos a efecto en alguna escala medida en nuestra
vida diaria. ¿Quién iría a revolver los muebles del cuarto de dormir, la sala y
la cocina en sus hogares, o los varios departamentos de sus negocios? La misma
sanidad se precisa en la aproximación e interpretación de la Palabra de Dios.
Si el
principio de 2ª Timoteo 2:15 no se obedece, reina la confusión, y vemos los
resultados de esto en el estado dividido de la Cristiandad que nos
rodea. Todas las denominaciones apelan a la Biblia , y al mismo tiempo están todos en
desacuerdo sobre la mayor parte de los puntos de doctrina. Si de alguna manera
puede este sagrado Libro ser interpretado conforme al gusto de cada uno sin
ningún tipo de guía divina, entonces sería como un instrumento musical que toca
cualquier melodía conforme el intérprete desee. ¡Hasta el propio Satán puede
hacerlo y de hecho es lo que hace citando las Escrituras sin nunca dividirlas
correctamente! La más seria consecuencia es que la Verdad no se aprende por
mucho que se cite la
Biblia. Cada texto tiene su contexto, y cada contexto es
relativo a una verdad que se asocia con la compañía del redimido a quien Dios
la haya enviado.
Sacada del
lugar que Dios la ubicó, la
Biblia pasa a ser incierta y estamos convencidos que esto
acarrea las solemnes consecuencias que sigue a la recusa por obedecer 2ª
Tim.2:15. Nada puede haber más grave que tergiversar la Palabra de verdad en
error, y si hacemos eso no deberá sorprendernos si no recibimos la aprobación
de Dios en aquel día futuro de gloria.
Esto
se toma a menudo de manera muy liviana por los cristianos, pero afirmamos
categóricamente que ningún creyente puede desobedecer consistentemente el
divino mandamiento de 2ª Tim.2:15 y ser “aprobado por Dios”. La divina “corona” no
será suya, vendrá a sufrir pérdida de este premio celestial.
Por otro lado, si la “correcta división” o “el
correcto trato” se lleva fielmente a cabo y su resultado se manifiesta en
nuestras vidas, podemos confiadamente mirar en frente a las más ricas
bendiciones, aquí y ahora, y Su exaltación de nuestras vidas a Su trono en la
vid siguiente.
Otro hecho
importante debemos traer a consideración del lector, esto es, que, cuando 2ª
Tim.2:15 se aplica de manera consistente, cada declaración de las Escrituras
puede ser tomada sin alteración. Eso le permite a Dios significar lo que Él
dice, y tiene un significado para cada cosa que dice. No hay contradicciones, y
cada cosa cae en su debido lugar en la elaboración del gran propósito de los
siglos centrado en Cristo Jesús, y se ve finalmente ser llevado a cabo a una
gloriosa conclusión por Aquel Quien opera todas las cosas según el consejo de
Su voluntad.
Le Apóstol
ahora continúa recordándole a Timoteo dos profesantes cristianos que fracasaron
a la hora de “dividir correctamente la Palabra de verdad”, y estos son Himeneo y Fileto:
Mas evita
profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. Y su
palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, que se
desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y
trastornan la fe de algunos (2ª Tim.2:16-18).
Himeneo es
referido en 1 Tim.1:20 donde el Apóstol le entrega a Satán para que aprendiera
a no blasfemar. Es evidente que ya había abandonado el trillo de la verdad. De
Fileto no sabemos nada, pero ambos eran de sobra conocidos por Timoteo.
Pablo
consideró muy grave su falsa enseñanza, comparándola a una gangrena expansiva
que estaba peligrosamente afectando a otros creyentes. ¿De qué manera pudieron
haber enseñado que la resurrección (no hay artículo definido) fuese ya algo
pasado? No se podían estar refiriendo a la resurrección del Señor Jesús (1ª
Cor.15:20), pues esta resurrección ya había sido un hecho histórico bendito, y
ciertamente pasado al tiempo que Pablo escribe. O bien negaron la necesidad por
una corporal resurrección del creyente, espiritualizando e interpretándola como
una pura experiencia espiritual; o entonces enseñaban que el creyente que
hubiese muerto ya había recibido una resurrección corporal. Cualquiera de las
dos cosas niega la verdad de una resurrección corporal en el futuro, en la
manifestación del Señor.
El Apóstol
ya había resaltado esto con toda claridad.
Mas nuestra
abundancia está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor
Jesucristo; el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que
sea semejante al cuerpo de la gloria Suya (Filip.3:20, 21).
Hay una
enseñanza que se viene peligrosamente acercando a estas dos falsas ideas
mencionadas encima. Debemos vigilar cuidadosamente para no caer en el mismo
error de Himeneo y Fileto. Observemos que ellos no negaron el hecho de la
resurrección como algunos lo hicieron en Corinto (1ª Cor.15:12), Estos ahora
tan solo la dislocan con respecto al tiempo, poniendo una verdad futura en el
pasado. Aquí tenemos un definitivo ejemplo de división incorrecta en la Palabra de verdad, y
está reprobada de la manera más viva en un contexto que sobre enfatiza la
importancia de la correcta división.
Ha sido
siempre escasa la atención prestada por los expositores al elemento tiempo
en la Escritura.
Tal como ya hemos señalado anteriormente, cada verdad tiene
su tiempo marcado y se da a conocer por un todo sabio Dios al justo tiempo, ni
con adelanto ni con atraso. Observemos 1ª Tim2:5-7 y Tito 1:1-3 “…Cristo Jesús,
Quien se dio a Sí Mismo en regate por todos; de lo cual se dio testimonio a
su debido tiempo; “…el conocimiento (o reconocimiento) de la verdad que es
según la piedad…pero a su debido tiempo manifestó Su palabra en el mensaje, que
a mí (Pablo) me fue encomendado”.
El Apóstol ahora
se vuelve del error hacia el firme fundamento de Dios que permanece inmutable y
lo asocia a un sello o moneda cuyas dos caras representan (1) el infalible
Señor y Su conocimiento, “el Señor conoce a los Suyos”; la cizaña y el trigo
son bien de Él conocidos, y (2) “apártese de iniquidad todo aquel que confiese
el nombre del Señor” (vers.19). la primera cara es interna e invisible por los
hombres y puede ser comparada a una raíz. La segunda es externa y se puede ver
por todos y puede ser comparada con el fruto. “Por sus frutos los conoceréis”.
Deberíamos estar agradecidos de que la clasificación final entre lo verdadero y
lo falso será llevada a cabo por el Señor que no comete errores.
Se hace una
cita a Números 16:5 y 26 en la cual se les recuerda a los Israelitas este
hecho. Dios inequívocamente conoce a Sus propios hijos, y si bien tenemos aquí
tanto la Divina
soberanía como la responsabilidad humana, es el hecho de la responsabilidad la
que el Apóstol desea enfatizarle a Timoteo. Consecuentemente, ahora emplea la
ilustración de una gran casa y sus utensilios:
Pero en una
casa grande, no solamente hay utensilios de oro y plata, sino también de
madera, y de barro; y unos son para usos honrosos, y otros para usos viles. Así
que, si alguno se limpia de estas cosas, será instrumento para honra,
santificado, útil al Señor, y dispuesto para toda buena obra (2:20, 21).
Los vasos o
utensilios para honra pueden ser comparados a los ornamentos de belleza en el
salón o la sala de estar, los utensilios básicos, aquellos que carecen de honor
o belleza, en la cocina. El énfasis aquí no está en el uso de estos utensilios,
sino en su cualidad o valor. Pablo le está pidiendo a Timoteo a que aspire a
ser un vaso de verdadero valor para el Señor, uno que pueda traerle gloria a Su
Nombre.
Himeneo y
Fileto y aquellos que les siguieron podrían ser comparados con los utensilios
de deshonra, y tan solo había una vía abierta para Timoteo, esto es, purgarse a
sí mismo y separarse de los tales. Solamente entonces podría ser digno del
nombre de Timoteo, que significa “quien honra a Dios” o es “honrado por Dios”.
El modo verbal aquí debería traducirse, “habiendo sido santificado” y “habiendo
estado dispuesto”, esto es, por Dios, “para toda buena obra”. El significado raíz
de santificación es separación, y aquí tenemos la separación para el servicio
(el empleo del Dueño). Al separarse a sí propio de todos los que enseñaban
falsas doctrinas, Timoteo iría llevando a una práctica conclusión la
santificación que poseía en Cristo. Solamente haciendo eso sería leal para el
Señor y la verdad que se le encomendó, y así ser un vaso de belleza y honor, un
instrumento que el Señor podría emplear para Su gloria. Ciertamente, actuando
así, también se acarrearía acusaciones de ser de mente estrecha y no cristiano,
pero no debía haber compromiso alguno con el error, cualquiera que fuese el
precio a pagar por eso.
Todos
aquellos que deseen venir a ser siervos honorables del Señor deben seguir las
mismas huellas. Los tales tienen que escoger si quieren agradar a los hombres o
al Señor, recordando las palabras del Apóstol Pablo en otro contexto: “Pues si
yo agradara a los hombres, no podría ser el siervo de Cristo” (Gál.1:10). Pablo
continúa:
Huye también
de las pasiones juveniles, y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz con los
que de corazón limpio invocan al Señor (2:22).
Hemos visto
que la palabra traducida “pasiones” algunas veces se emplea con un buen
significado en las Escrituras (vea Lucas 22:15; Filip.1:23; 1ª Tim.3:1). Denota
un fuerte sentimiento o deseo, tanto bueno como malo. Una vez que una fuerte
inclinación puede estar acompañada del peligro, especialmente durante el ímpetu
de la juventud, a Timoteo se le exhorta a evitarlas y a exhibir en cambio el
fruto del Espíritu que pueden por sí solos darle las agradables características
como un líder para el Señor.
Una vez más
se le avisa que evite aquellos que discuten y causan contiendas, quebrando así
la unidad del Espíritu:
Porque el
siervo no debe ser contencioso, sino amable para con todos, apto para enseñar,
sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen (2:24, 25).
¡Cuán
difícil es ser gentil y manso, sin embargo es inflexible en lo que a la verdad
de Dios concierne! ¡Cuán a menudo aparece lo peor nuestro y nos vemos de vuelta
al esfuerzo de la vieja naturaleza que saquea nuestro testimonio! ¿Cómo si no
fuera siendo conscientes continuamente de la inagotable gracia del Señor
podemos mantenernos? no, ¡ni por una hora! (Gál.2:5), por eso debemos
evitar discusiones y contiendas que tan a menudo han ido desfigurando en
disputas doctrinales. Aquellos que se oponen pueden hallarse temporalmente en
el lazo del diablo, y precisan aquella mudanza de mente hacia el
reconocimiento de la verdad, y así puedan ellos propios verse libres de
ellas (vers.26). El siervo del Señor debería recordar que está siguiendo a
Aquel Quien ni contiende ni grita, sino que ilumina e instruye (Mat.12:19).
En los
versículos finales se han empleado palabras gráficas. La palabra ananepho,
“y escapen”, significa literalmente “que puedan volver a ser sobrios”
(Vers.Revis. al margen) con la idea de que han sido engañados, intoxicados y
paralizados por el diablo. Nunca nos olvidemos de que a nuestro alrededor se
entabla una batalla por el dominio de la mente del hombre de manera incesante,
pues cualquier que controle esto, controla toda la personalidad. Los no salvos
están andando de acuerdo al príncipe de la potestad del aire (Efes.2:2) y tan
solo el poder salvador de Dios puede quebrar esta terrible esclavitud y traer
liberación. El creyente que ha llegado a ser librado puede llegar a volverse un
esclavo de nuevo si le da lugar al diablo, y era eso mismo, estas cosas, las
que Pablo tenía en mente cuando avisó a Timoteo de esta posibilidad.
Debemos ser
cuidadosos aquí con los pronombres de él y suyo. ¿A quién se
refieren? La
Versión Autorizada sugiere que en ambos casos en que está
“cautivo (él) a voluntad de él (suya)” es el diablo quien tiene el antecedente.
La Versión Revisada
al margen dice: “por el diablo para la voluntad de Dios”, lo cual sentimos ser
lo que Pablo está enseñando. Es difícil creer que Satán pueda capturar a
cualquier creyente que esté andando dignamente, así, cuando le plazca y quiera.
Esto anularía la seguridad y haría con que el servicio cristiano fuese algo
incierto y temible. El diablo tan solo puede tocar al hijo de Dios con Su
permiso (tal como en el caso de Job), o entonces el creyente puede andar en la
carne, y exponerse a sí propio a las actividades de Satán (tal como Himeneo y
Fileto). Aun en este caso, se da y sucede bajo el control del Señor, y el
dominio del enemigo puede ser sacudido por una mudanza mental (arrepentimiento)
que el Señor puede dar a todos aquellos que sean conscientes y reconozcan su
necedad y su natura pecadora.
Es una
sensación espiritual muy confortable recibir palabras embebidas con Espíritu
Santo. Cuando miembros del Cuerpo se reconocen sin haberse visto nunca, sino
que es un "reconocimiento íntimo" en el Hombre interior, se produce
una sanidad instantanea. Detrás de las palabras que lees se halla un poder y
una fuerza que reconocemos ahora a la legua. Es la Voz de Aquel Quien procuramos,
y en verdad es imposible describir lo que se siente en el espíritu. En vuestras
palabras que recibí veo que, unos, ven las cosas que veo yo aunque con un ángulo
distinto al mío; y hay otras, sin embargo, con las cuales me dice el Espíritu
que van más adelante. Ven más de cerca la Verdad de Dios que procura mi espíritu, y el
resultado es que me produce hambre de ver, lo mismo que ve este "bendito
miembro tan cercano".
Si
pensamos en lo que hemos hecho esta mañana, vemos lo inmundos y sin merecer
nada que somos, sino la muerte . Esto es claro como el agua para todos los
hombres y hasta aquí hemos llegado y sentimos una misma cosa. La
conciencia de pecado no desaparece del redimido, sino que se halla más despierta
que antes y precisamos siempre la Justicia. Habiéndosenos
mostrado nuestra insignificancia, el concepto que ahora tenemos de nosotros
propios no puede ser ya más bajo, crucificados y sepultados . Y esta es
una durísima lección de aprender por la gran mayoría de los Cristianos. Sin
embargo, cuando mansamente se recibe, tal y como muestra el Padre en Cristo y
en la Escritura ,
con la mansedumbre y humildad de un niño, eso supone una paz y una quietud muy
grande para nuestro consuelo. Pues "reconocemos bien" la necesidad
tan absoluta el Nuevo Hombre - la Nueva Creación - Cristo en nosotros. Es gracia
sobre gracia de lo que ahora estamos envueltos, y es cierto que no nos
atrevemos ni a abrir la boca siquiera cuando descubrimos un poquito de Su
Gloria Divina sobre cada uno de nosotros. Es aquel "yo no pretendo ya
haberlo alcanzado" de Pablo; y cuando uno ve aunque sea solo "la
orla" de aquello que Pablo aguardaba sin saber si lo recibiría, se vé
irremediablemente muy pequeño y descualificado. En Filipenses, el Apóstol dice
que no sabe o no pretende haberlo ya alcanzado, el tal premio supremo. Pero en
2a Timoteo, su último escrito inspirado, dice que, por lo demás, le aguarda la
corona. Ya había recibido de Dios la garantía de que su ministerio llegó a su
fin apropiado. Alcanzó lo que con él Dios quiso. Y ahora se va a caer dormido
aguardando compartir el trono con Su Señor Jesucristo. Qué bendita esperanza!
He
hallado, además, tanto en la traducción de esta obra como en algunas palabras
vuestras enviadas, el motivo por el cuál este gran poder solo revelado en las
Epístolas en Prisión de Pablo, sea el útil y eficaz ahora, en los celestiales.
No es más grande ni más pequeño que el pneuma hagion de Pentecostés. Los dos
poderes son procedentes y según la natura Divina, y son Verdad para quienes
fueron enviados. Los dos tienen, además, Su Propia y Adecuada Recompensa
Divina. Aquellos que anunciaron el Reino con fidelidad serán encargados de
llevar el conocimiento de Dios POR LA TIERRA. De ahí que a ese poder se denomine DE LA ERA VENIDERA : es el
poder con el cual se verá lo efectivo que es sanando y restaurando el mundo y
el universo visible el Dios Creador del cielo y la tierra. Recordemos que no
habrá influencia en el Milenio del maligno. Se hallará encadenado, y todo lo
que suceda en la tierra y en los visibles cielos sera sanador y restaurador.
Ese es el poder que se llevará a cabo en el Milenio, el mismo que vemos en los
Evangelios y el periodo de los Hechos. Si señor!, Este es un gran poder en
manifestación Divino, sin embargo, tenemos otro "poder" declarado por
Pablo, y es de efecto y se manifiesta en el MÁS ALTO DE LOS CIELOS. Que
encontramos aquí? No ya manifestaciones espirituales extendidas sobre la
tierra; sino que Aqui se halla el Trono y el Entronado, y a Su vuelta los
"cuatro ZOA" y los "Veinticuatro ancianos. Él cuatro es el
numero de gobierno, y tenemos aquí la "Jerarquía Divina" que se mueve
a Su alrededor y gobierna una esfera invisible para el hombre. En medio de todo
reina Cristo, y Su parte ahora es darnos a conocer lo que significa
"sentados a Su diestra". Algunos ven y con razón las bendiciones
terrenales y ya no quiere mirar más cosas. Otros vieron la "Jerusalén
celestial", y ya dieron todo lo demás como cosas inferiores. Y algunos
ahora a seguir a Hechos 28 los está juntando Dios, para que vean Sus cosas más
excelentes.
Así,
pues, hay un poder divino terrenal y un poder Divino Celestial, y por supuesto
que si confundimos estos dos poderes Divinos sacándolos de Su lugar apropiado
tendremos muchos obstáculos a la hora de leer todas las epístolas de Pablo,
mezclaremos las dos distintas lineas de verdad que tienen, las escritas antes
de Hechos 28 con las posteriores. En su gran mayoría, la Iglesia cristiana pone sus
ojos por la tierra, y quiere ardientemente poner en manifestación un poder
Divino con el cual expanda el conocimiento de Dios por el mundo. Nada sabe de
un Trono ni de cuatro ZOA o de los veinticuatro ancianos. ni del Milenio ni del
Trono Blanco.
Pero
ahora, en el Divino Intervalo hasta que Dios acabe de seleccionar a Su Iglesia
que es Su Cuerpo, no vemos ciegos a ver ni cojos a andar, ni a Dorcas o Lázaros
levantándose de los muertos; porque ese poder quedó completamente pospuesto en
Su lugar y tiempo, y volverá a surgir cuando Dios ponga a andar Su reloj en la
era venidera. Primero tiene que acabar la "era de los Gentiles".
Si esto
es así, entonces tenemos que concordar en una cosa, y es que es muy peligroso
una doctrina proveniente de cualquier denominación que nos anuncie, en esta era
de gracia del Intervalo, ser portadora del poder de Pentecostés, para extender
el conocimiento de Dios por la tierra. No podemos negar que los milagros han
sucedio en todas las edades, y no solo en la edad del ministerio de nuestro Señor
Jesucristo, o el posterior de aquellos que le oyeron. Sí, siempre hubo
milagros, antes y después de esas dos eras, pero esas otras "señales
milagrosas" nada tienen que ver con la "operación del
recipiente" para producirlas como sucedía en esos dos periodos.
Ahora, si
es que se dieran señales milagrosas, se debería a lo que siempre se debió:
"a la misericordia de Dios", tal como la que sanó a Epafrodito y se
nos deja ver en Filipenses. Pero observemos bien: A la misericordia de Dios, y
no a la operación del recipiente! - Ahora bien, siendo así, hay muchas
denominaciones cristianas asegurando que tienen con ellos un poder que no está
disponible. Y entonces son hallados mentirosos. Y no solo eso, sino que, además
y lo que es peor, ciegan sus ojos y los de sus seguidores para que no vean
"el verdadero poder que está disponible" actualmente para los que
quieran servir cristianamente. EL PODER DE LA RESURRECCIÓN. Es
el poder que te descubre las riquezas celestiales en Cristo: Su Trono, Sus
Ministros celestiales, Sus huestes de todos los cielos. Su Palabra Profética más
segura. Este poder se desconoce casi del todo en la Iglesia. Aquí se da
una Sunesis terrible y real en nuestro entendimiento, y ciertamente viene como
una consecuencia a nuestro entendimiento que no todos los que hayan confesado
Señor, Señor entrarán en el Reino de los cielos. Hay creyentes contados por
fieles por Dios en estas Iglesias? Por supuesto que sí, pero solo Dios conoce a
Sus hijos! Lo que hoy tengo claro es que ya no debo yo juzgar a nadie. Y ahora
siempre recuerdo que yo estuve en una compañía denominada
"pentecostal" m´´as de treinta años. Treinta años sin ver una sola de
estas riquezas en Cristo celestiales, queriendo extender un conocimiento de
Dios por la tierra con mis maravillas y señales producidas, y mi constante
falta de fe impidiéndome de ver cojos que anduviesen y ciegos que viesen. Hasta
la India fui
procurando "señales milagrosas" . Este ha sido el Gran Robo del
adversario de Dios en la
Iglesia del Gran Secreto, y siempre han sido desde los más tempransos
siglos de nuestra era hasta ahora los indignos e incualificables y los necios,
los pocos individuos que han ido fijando sus ojos en estas benditas riquezas en
Cristo de los celestiales.
Y ahora
por añadidura, para los que ya no vivan más ellos, sino la nueva creción por
ellos, se ha establecido un premio y corona, para los que fielmente respondas a
este Llamado para servir Su Gloria.
Queridísimas
hermanas, ver las cosas de lo alto supone ver el propósito de las edades como
solo nuestro Dios y Padre se imaginó. Aunque se vio frustrado temporalmente de
Su Obra, todo sirvió para venir a crear después ALGO MEJOR. Todos verán esa
perfecta creación, pero EN CRISTO algunos ya lo ven y palpan ahora, y perfectos
serán en la vida eterna. Los demás seguirán poniendo sus ojos por la tierra,
Pero se olvidan que ese pode, que tan ardientemente desean manifestar
terrenalment, solo entrará en acción en una era todavía futura, que no en la
actual del Intervalo en que estamos ahora. Ahora se está acabando de hacer un
Llamamiento distinto, y cuando el último miembro de esta bendita compañía que
Dios conoce antes de la fundación del tiempo y del mundo haya sido incorporado
en este Cuerpo de Cristo, entonces comenzará el periodo de Hechos, exactamente
donde hubo entonces acabado, pero sin la influencia del maligno sobre la
tierra. La profecía de Joel se paró a la mitad, y debe tener Su apropiado
reanudar del tiempo, y por las señales de los tiempos está para breve Su
recomienzo.
Sigo
maravillado con este capítulo tres de 2a Timoteo que ahora traduzco. Son las
instrucciones del Espíritu Santo a Timoteo acerca de los últimos días de
nuestra era. El cuadro no puede ser más negro. Ciertamente hay que revestirse
de Cristo y del poder de Su resurrección para atravesar por estos tiempos
"amenazantes". Pero es un poder "todosuficiente" y nos
regocijamos enormemente, viendo que los escenarios circundantes son tan
similares con los descritos en este tercer capítulo de 2a Timoteo.
Espero
que siga abriéndonos nuestro entendimiento el Espíritu Santo y hasta el Día de
Cristo dándonos esta bellísima comunión para Su gloria
con el
amor de Cristo
juanluis
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