Las Epístolas Desde la Prisión
18º  Parte 
CAPÍTULO TRES

DE LA SEGUNDA EPÍSTOLA A TIMOTEO

El capítulo tres comienza con una previsión de los últimos días de esta presente era actual, y no hace una lectura agradable:

…habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos, impíos, sin afecto (amor) natural, implacables, calumniadores, intemperantes, crueles, aborrecedores de lo bueno, traidores, impetuosos, infatuados, amadores de los deleites más que de Dios; que tendrán apariencia de piedad, pero negarán la eficacia de ella (2ª Tim.3:1-5).

Si bien sea cierto que Timoteo vivió para ver el comienzo de este terrible estado de circunstancias, el Apóstol aquí se concentra más hacia el final de esta era Gentil, con toda su impiedad y corrupción.

Siempre que se trata con este asunto en las Escrituras, tanto en profecía, en símbolo o en doctrina; y tanto si es en el Evangelio (y especialmente observe el discurso del Señor concerniente al fin de la era en Mateo veinticuatro) o en las epístolas, el escenario no podía ser más negro. Cristo realmente describe un tiempo de conflictos mundiales cuyo clímax ni jamás ha sido anteriormente igualado, ni lo será después que haya tenido lugar en el futuro (Mat.24:20, 21). Es un tiempo en el cual la humanidad puede aniquilarse a sí propia, y es justo lo que haría si Dios no se hubiese entrometido (vers.22). Esto será lo que haga, y acortará estos terribles días por la venida personal a la tierra del Señor Jesucristo en poder y gran gloria (vers.29 y 30). Tan solamente por la intervención personal de Dios por esta vía se podrá completar la liberación del mundo y destruirse el dominio y reinado de Satanás. ¡Ciertamente no hay lugar alguno en las Escrituras para la engañosa idea de que, el mundo, vaya siendo cada vez mejor, ni para que el hombre sea capaz de producir un milenio de paz y abundancia terrenal! Y hoy en día ya es un hecho asumido que la aniquilación de la raza humana es una verdadera posibilidad, lo cual es una clara señal de los tiempos, en los días que vivimos.

Los últimos días de la era en la cual vivimos, descrita por Pablo en los versículos de apertura de 2ª Timoteo tres, son de hecho terribles. Por supuesto que siempre han existido en alguna medida, pero aquí son de magnitud mundial y global, y describe un tiempo de paganismo y posterior apostasía en el mundo de la religión donde los hombres alejarán sus oídos de la verdad de Dios y se volverán a los mitos (4:4). Son realmente “tiempos peligrosos” (3:1). Chalepos “peligrosos” podría haberse traducido “amenazantes”. El único lugar donde también aparece en el Nuevo Testamento es en Mateo 8:28 describiendo la condición de los hombres poseídos.

Romanos 1:28-32 nos da una similar descripción del mundo pagano en los días del Apóstol. En la terrible lista de los vicios en 2ª Timoteo tres observamos la recurrencia de la palabra “amor”. (1) “amadores de sí mismos”; (2) “avaros”, literalmente, “amadores del dinero”; (3) “sin afecto (desprovisto de amor) natural” (4) “amantes de los deleites más que de Dios” o mejor tal vez: “amantes de los placeres en vez de amantes de Dios”. Aquí tenemos la dura tragedia del amor sustituto y engañoso. Cuando amamos, afectamos el mismo centro de nuestro ser, tanto para lo bueno como para lo malo. En lo que a la verdad respecta, todo puede resumirse en la palabra “amor” que se expresa perfectamente en la ley de Dios (Rom.13:10). Cumple todo el servicio cristiano (Gál.5:13; 1ª Tes.1:3), y sin él, la labor Cristiana se vuelve nula y vacía (1ª Cor.13:1-3). El creyente está “arraigado y cimentado en amor” (Efes.3:17) y su mayor deseo debería ser llegar a conocer más del amor de Cristo que sobrepasa todo conocimiento (Efes.3:19).

El hecho trágico, sin embargo, es que el pecado ha destruido la capacidad humana de amar en el verdadero sentido del término, con el resultado expuesto en el pasaje que estamos viendo. En vez del amor a Dios con todo nuestro corazón, el hombre se ama a sí mismo, a sus placeres, a su dinero…a cualquier cosa que suministre sus propios deseos; y así su amor se derrocha sobre cosas vacías y transitorias que nunca pueden dar satisfacción. Es realmente triste leer en 2ª Timoteo 4:10 “Demas me ha desamparado, habiendo amado este presente mundo”. El aviso se da con respecto a esto en 1ª Juan 2:15-17 “no ames al mundo, ni las cosas que están en el mundo…el mundo pasa, y sus deseos: pero aquel que hace la voluntad de Dios permanecen para siempre”.

Parece imposible que después de más de dos mil años de Cristiandad, el hombre caiga en una tal condición como la que describe Pablo, pero la Palabra de Dios nunca exagera. Este es un cuadro verdadero del fin de la era, y el creyente actual tiene que confrontarlo. En estos últimos días no hay lugar para el Cristo crucificado, resucitado y ascendido, ni para el glorioso Evangelio centrado en Él. Vendrá a ser desconocido o negado, y a seguir, la vuelta atrás, alejándose de la verdad de la Palabra de Dios hacia los mitos y fábulas mentirosas del diablo, las cuales dominaran los pensamientos y los actos de la humanidad que haya repudiado Su apelo y Sus reclamos.

A medida que miramos a nuestro alrededor, ¿quién podría dudar que estos tiempos peligros los tengamos encima de nosotros? La rápida depravación moral y nacional que vemos por todas partes hoy en día es evidencia muy clara de esto. Algunos cristianos están esperando y creyendo que todo esto puede ser alterado y suprimido por un reavivamiento. Pero no hay lugar para un tal reavivamiento en 2ª Timoteo tres. Aquellos que esperan un reavivamiento deberían recordar que la obra del Espíritu Santo se encuentra obligada con la Palabra que Él ha escrito. No puede haber posibilidad alguna de reavivamiento, ni individual ni a gran escala, hasta que la Palabra de Dios le dé su debido lugar en el corazón y la vida. Tan solo entonces tiene el Espíritu Santo que operar algo con el objetivo de exaltar la Palabra viviente, el Señor Jesucristo. Esta es Su obra suprema para testificar al Señor Jesús y glorificarle (Juan 15:26; 16:14).

El hecho cierto es que estos últimos son tiempos de alejamiento de la Palabra de Dios, y del repudio de Su luz y verdad. Aquellos entre nosotros que verdaderamente crean en Cristo, pueden mejor servirle manteniéndose solícitos y asiendo fielmente la palabra de vida (Filip.2:15, 16), sin ceder ni un solo centímetro ni salirnos del gran depósito de verdad que el Señor nos ha puesto en nuestras manos. Los resultados se los tenemos que entregar a Él, no son de nuestra cuenta, pero lo que Dios requiere de todos Sus hijos es el fiel testimonio de labios y vida, sin importar para nada cuán negros los días puedan ser.

La referencia a James y Jambres, los magos que se opusieron a Moisés, nos iluminan más detalles sobre el carácter Satánico de oposición a la Verdad. Estos opositores fueron capaces, hasta un cierto punto, de copiar los milagros que Moisés producía, y lo hicieron por el poder Satánico. Satán es siempre el mono de imitación de Dios, y las Escrituras nos avisan de maravillas engañosas, señales y milagros que producirá este pseudo mono de imitación al fin de esta era para engañar al mundo entero (2ª Tes.2:8-10; Apoc.13:11-15).

Aquellos que se oponen y obstaculizan la verdad de Dios en este tiempo, lo llevan a cabo por el mismo medio; son corruptos y reprobados concerniente a la fe (vers.8). La palabra “reprobado” es el negativo de la palabra traducida “aprobado” en 2:15. Esto es, lo opuesto del obrero sin nada de qué avergonzarse. Estos reprobados dirigen sus pasos al interior de las casas, procurando mujeres de débil carácter. “Mujeres tontas” como traduce la Versión Autorizada, literalmente, “mujercillas”, un término despectivo indicando debilidad mental. Las tales se hallan “cargadas de pecados” sus conciencias están abrumadas y ciegas sin cualquier salida delante de ellas. Son “arrastradas por diversas concupiscencias” (vers.6) y aunque oigan a otras personas, sus mentes han llegado a cerrarse de tal manera que son incapaces de alcanzar “un conocimiento de la verdad”. Y así vienen a ser presa fácil para los falsos maestros, y para Satán por detrás de ellos.

El Apóstol ahora se vuelve en su pensamiento y le recuerda a Timoteo:

Pero (enfático) has seguido mi doctrina, conducta, propósito, fe, longanimidad, amor, paciencia, persecuciones, padecimientos, como los que me sobrevinieron en Antioquía, en Iconio, en Listra, persecuciones que he sufrido, y de todas me ha librado el Señor (3:10, 11).

Timoteo había creado un vínculo muy íntimo con el Apóstol desde los primeros días de su ministerio, y hasta este punto había ido siguiendo a Pablo en su doctrina y hábitos de vida. ¡Qué bueno poder haber juntado la enseñanza y la conducta! Siempre se podrá decir con verdad que el Apóstol practicó aquello que predicaba. No tan solo llama la atención a su enseñanza, sino que podía exhibirla totalmente por su manera de vivir, dándole así poder a su doctrina. Pablo pudo decir sin egoísmo “Sed seguidores de mí, así como yo lo soy de Cristo” (1ª Cor.11:1). Su vida fue dominada por un gran propósito, esto es, dar a conocer plena y completamente la verdad (“el buen depósito”) que a él le encomendó el resucitado Salvador.

Timoteo conocía muy bien la fe de Pablo, su persuasión, su longanimidad y paciencia, todo lo cual le capacitaba para soportar las más extremas pruebas cuando otros se alejaban; su amor, que siempre manifestó derramándose por otros, era un ejemplo práctico de la maravillosa exposición del divino amor que dio en 1a Corintios trece.

Los pensamientos de Pablo revuelan hacia el comienzo de su ministerio, en Antioquia y su primer viaje misionero, en el cual primeramente predicaba la “justificación por fe” (Hechos 13:38, 39); después hacia Iconio y el asalto que allí le tendieron (Hechos 14:1-5) y por último Listra, donde fue apedreado y dejado como muerto (Hechos 14:6-20).

Sin embargo, no podemos dejar de pensar que, en la mente del Apóstol, la terrible experiencia en Listra fuese aliviada por el hecho de que este sería el lugar que le dio también a su amado hijo en la fe. Timoteo era nativo de Listra (Hechos 16:1, 2). Todos concordaremos en que estas graves pruebas debieron haber apesadumbrado en exceso a Timoteo, Pero Pablo añade, “pero de todas ellas me libró el Señor”, demostrando con claridad que Timoteo estaría tratando con un Dios Todopoderoso, Quien sería bien capaz de rescatarle en todas las circunstancias sin importar la intensidad del obstáculo. Y continúa diciendo: “Y también todos los que quieren vivir piadosamente en Cristo Jesús padecerán persecución” (vers.12). Weymouth traduce este versículo: “todo aquel que determine vivir una vida piadosa”, porque aquí tenemos algo más que el plano modo futuro. El Apóstol nunca pintó la senda cristiana en tonos rosados. En Hecho 14:22 avisa a los discípulos que “es necesario que a través de muchas tribulaciones entremos en el reino de Dios”. El Propio Cristo había dicho “Recordad las palabras que os digo, el siervo no es mayor que su Señor. Si ellos me han perseguido a Mí, también os perseguirán a vosotros…” (Juan 15:20), así que la fidelidad hacia Su Persona conllevará ciertamente incomprensiones, persecución y tal vez la soledad, puesto que seguimos Aquel Quien todavía sigue siendo “despreciado y repudiado de los hombres”.

Timoteo ahora es avisado de un rápido crecimiento del mal (vers.13) y habiendo sido abandonada la verdad, el engaño necesariamente toma de inmediato su lugar. La mentira, que abarca toda el mundo de manera global, es la marca más evidente del inicio del fin de esta era (Mat.24:4, 5, 24; 2ª Tes.2:9, 10; Apoc.13:11-15), y su remedio o antídoto único es la Palabra de verdad, la cual protege completamente de la mentira de Satán. Timoteo tiene que aprender a estar firme a toda costa, y darse cuenta de la tremenda importancia de las santas Escrituras como el fundamento y la armadura del hombre de Dios para todas las demandas que se le aparezcan:

Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús. Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra (3:14-17).

La eficacia de Timoteo como maestro estaba obligada con la fidelidad a la Palabra de Dios, la cual le había sido enseñada desde los tempranos días de su infancia por una sabia cristiana madre y abuela (1:5) y a seguir, alcanzando la madurez, había venido a conocer las distintas verdades encomendadas para Pablo e incorporadas en sus epístolas, las cuales ya habían sido reconocidas como haciendo parte de las Escrituras, tal como el Apóstol Pedro hubo expuesto tan claramente (2ª Pedro 3:15, 16).

Esta sección de 2ª Timoteo es de suma importancia, pues trata con la división original de la Palabra de Dios que es la base de la fe cristiana. No es de admirar que haya sido el objetivo sujeto de persistentes ataques por el maligno y sus seguidores. Si la Biblia puede ser totalmente desacreditada, entonces la cristiandad se desmorona, pues dejamos de tener la base histórica para nuestra fe, ya que “la fe viene por el oír y el oír la Palabra de Dios” (Rom.10:17), y podemos venir a conocer poco, o nada mismo acerca del Señor Jesucristo, Quien es del todo su centro y circunferencia, si la Biblia no tiene autoridad.

Satanás siempre procura minorar lo que Dios ha dicho y sembrar la duda en las mentes de los que la leen. Todo esto comienza en el Edén, con la insidiosa cuestión: “¡¿de verdad que Dios os ha dicho?!”, y continuando ha ido pasando a través de los siglos hasta nuestros días. La duda en la Biblia guía a la duda con respecto a Cristo. La duda realmente es incredulidad, y la incredulidad es el pecado que corta a una persona separándola de Dios (Heb.11:6; 1ª Juan 5:10-12). Es por tanto en el interés de Satán mantener al hombre en un perpetuo estado de incredulidad. En contraste, las santas Escrituras, la Palabra de Dios escrita, revela la Palabra viviente, al Señor Jesucristo, Quien puede suplir cada problema y necesidad del hombre. Él se dio a Sí Mismo y, por tanto, ofreciéndose del todo, y por causa de eso, es prácticamente digno de la fe y confianza del hombre.

Una vez que Timoteo había conocido las sagradas Escrituras desde su infancia y evidentemente creído en ellas, no le fue preciso pasar por la súbita “vuelta del derecho” que le fue necesaria emplear a Cristo oponiéndose a Saulo de Tarso. En las Escrituras del Antiguo Testamento, Cristo es retratado por tipo y sombra, siendo todo profético de Aquel Quien tenía que ser el Salvador de la humanidad. Los creyentes del Antiguo Testamento por tanto miraban hacia delante, hacia Él, por la fe, que vendría, del mismo modo que hoy nosotros miramos atrás con la misma fe, de Quien ya vino. El Apóstol Pablo, para combatir el mal efecto de los falsos maestros y degenerados, ahora le refiere a Timoteo la Palabra de Dios escrita como el remedio o antídoto.

Pablo le asegura que toda ella es inspirada por Dios y plenamente suficiente para equipar al hombre de Dios para todas sus necesidades. Este sumamente importante pasaje precisa cuidadosa atención, pues trata con uno de los fundamentos de la fe cristiana. Antes que nada, debemos ser cuidadosos con la palabra “inspirada” y no añadirle dentro ideas que estén de moda. Los hombres pueden admirar una obra de arte o escuchar una sinfonía escrita por uno de los grandes compositores, y denominar estas cosas “inspiradas”, queriendo decir, de soberbia cualidad. Pero Pablo no emplea la palabra “inspiración” en esa vía. La palabra theopneustos, es muy rara, siendo hallada tan solo tres veces en la literatura secular posterior a ese periodo. Significa “respirada de Dios”, literalmente, y pone las Escrituras en una clase por sí mismas equivalente al adjetivo “santo” en el previo versículo. Las “santas letras”, hiera grammata, y la respirada de Dios “escritura” (graphe) son una y la misma cosa, y de todos los millones de libros escritos por los hombres, de ninguno puede decirse con verdad que tengan impresa a la Deidad sobre él, ni por tanto tampoco podrá ser descrito como “santo”, lo cual es prerrogativa tan solamente de Dios.

Muchas disputas han surgido concernientes a la traducción apropiada de las palabras de apertura del versículo dieciséis. La Versión Revisada pone “Cada Escritura inspirada de Dios es además provechosa” etc., y pone al margen como una alternativa, “Cada Escritura es inspirada y además provechosa”. Los modernistas, y todos los que repudian la plena inspiración de la Escritura, han hallado que sacando el versículo dieciséis de su contexto, tienen una base para la enseñanza de que tan solo las partes inspiradas de la Biblia son provechosas; si se asume este contexto de fuera, se permite que algunas partes no sean inspiradas. Pero para ser justos con los Reformadores, igual que ya hemos visto que las “sagradas escrituras” del versículo previo describen la totalidad de la Palabra escrita, así también su traducción del siguiente versículo asegura que cada uno de estos sagrados escritos es inspirado. Sería imposible enseñar en un versículo que los sagrados escritos en su totalidad sean “santos”, y al mismo tiempo (en el versículo siguiente), que tan solo algunos de ellos sean inspirados.

Aunque las traducciones de la Versión Autorizada y la Versión Revisada sean ambas gramaticalmente posibles, nosotros creemos que la Versión Autorizada sea una más clara traducción de lo que Pablo le escribió a Timoteo, y estamos gratos de ver que, esta traducción, se ha sumado en las versiones modernas tales como la Versión Revisada Estándar, la Versión Berkeley, la Nueva Versión Internacional y otras. Algunos traductores toman theopneustos como un adjetivo (Pablo omite el verbo “ser”) traduciendo la frase “cada respiro de Dios de Escritura es provechoso etc.”, pero hace el resto de la frase tautológica, pues pone la razón de que, cada Escritura, en respiro de Dios, debe como consecuencia ser útil en el pleno sentido. Además, el lugar natural del adjetivo sería antes del nombre, no a seguir como se da aquí el caso. Aunque la griega pas pueda significar tanto “toda” como “cada”, la construcción similar a 2ª Timoteo 3:16 demanda la traducción “Toda”, de otra forma deberíamos tener la siguiente traducción de Romanos 7:12, 1ª Cor.11:30; Hebreos 4:13 y 1ª Tim.4:4, “el mandamiento (siendo) santo es también justo” (Rom.7:12); “muchos (siendo) débiles también son enfermos” (1ª Cor.11:30); “Todas las cosas (estando) desnudas también están abierta a los ojos de Aquel con Quien tenemos que tratar” (Heb.4:13); “Cada criatura de Dios es además no uno de ellos a ser repudiado” (1ª Tim.4:4).

Estas traducciones son imposibles, y, tomando “toda” en consideración, la traducción de la Versión Autorizada de 2ª Timoteo 3:16 “Toda Escritura es dada por inspiración de Dios”, se justifica plenamente. E.K. Simpson comenta acertadamente lo siguiente:

“Esta exaltación al trono de las Sagradas Escrituras (primariamente, pero no exclusivamente, el Antiguo Testamento) en el asiento de autoridad es tan insistente y prolífico de consecuencias, que no podemos admirarnos de que, el moderno espíritu licencioso se levante en revuelta contra él o se esfuerce para diluir su significado. Antes que nada tenemos la declaración de que la sagrada graphe, el invariable significado de la palabra, tanto en el singular como en el plural, en el Nuevo Testamento, haga eco en la hiera grammata del versículo previo, el respiro de Dios en cualidad, tiene el sello de la verdad divina estampado sobre toda su extensión. La impresión de la Deidad designa estos escritos, instrumentalmente, la obra de la mente humana… impulsado sin embargo por un poder invisible. Este hecho la eleva distintamente aparte de todos los demás escritos” (Las Epístolas Pastorales, pag.151).

La palabra “Escritura” significa “aquello que está escrito” y si todo lo que fue escrito fue respirado de Dios, no hay lugar disponible para las falibles opiniones humanas en los manuscritos originales. Otras evidencias por la plena inspiración de la Biblia se dan en la obra La Palabra de Dios Escrita, disponible en The Berean Publishing Trust. El lector notará que no estamos proponiendo ninguna teoría de inspiración, por la simple razón que eso es imposible. Repudiamos cualquier teoría mecánica que conlleve el dictado automático. La Palabra de Dios es una mezcla de lo Divino y lo humano, tal como la Palabra viviente, Cristo Mismo, Quien combina la Deidad con la humanidad. Las Escrituras respiradas de Dios son un milagro, y los milagros en su natura no pueden explicarse. Aquellos que creen que el Señor Jesús alimento milagrosamente a los 5.000, y levantó a Lázaro de la muerte, no deberían tener dificultad alguna en aceptar la plena inspiración de la Palabra de Dios tal como se afirma en 2ª Timoteo 3:16. O bien el Dios Todopoderoso es capaz de esto o no lo es. Los modernistas, y desgraciadamente la mayoría son líderes cristianos, niegan la infalibilidad de las sagradas Escrituras, y por tanto no tienen una base segura para su fe, pues si la Biblia tan solo es inspirada en parte, ¿quién puede sin duda decidir cuáles sean esas partes y cuáles no? Están obligados a estribarse sobre la falible opinión humana en los casos cuando no concuerden. El Apóstol Pablo enseñó que la Palabra de Dios es la “espada del Espíritu” (Efes.6:17), la única arma de ataque permitida el creyente, suficiente para sobreponerse a todos los ataques de Satán, y tenemos el divino ejemplo del empleo del Salvador tres veces en el desierto, de manera tan efectiva, que el diablo se retiró derrotado (Mat.4:1-11).

Los modernistas tienen una espada quebrada en su parcialmente inspirada Biblia, una que es prácticamente inútil para reducir al gran mentiroso de la humanidad. El hecho más impresionante para todos los que sinceramente confían en el Salvador y que procuran seguirle fielmente, es su actitud hacia las Escrituras. Esta fue siempre una actitud de completa reverencia y aceptación. Ni tan solo una vez sugiere Él que cualquier parte del Antiguo Testamento fuese incierto. Todo lo contrario, Él declaró: “Tu Palabra es Verdad” (Juan 17:17) y declara que no puede ser quebrada, y que cada “jota” y “tilde” debe cumplirse (Juan 10:35; Mat.5:17, 18). Él señala la verdad del Pentateuco como un necesario preludio para creerle a Él Mismo (Juan 5:46, 47), y acusó a Sus enemigos de estar errados debido a su ignorancia de las Escrituras (Marcos 12:24).

Con toda certeza nadie tiene el derecho de confesar el nombre de Cristo y denominarse a sí propio cristiano, si es que no acepta todo lo que el Salvador enseñó. E.K. Simpson estaba muy acertado cuando declaró que el moderno espíritu licencioso se revuelve contra una plena inspiración de la Biblia, pues una vez que esto se acepta, entonces los pensamientos de la tal persona y sus ideas tienen que estar sujetas a su divina enseñanza, y esta obediencia es algo que el orgullo del hombre no puede permitir. Tiene que ser capaz de entrometer sus propias opiniones e ideas y tener la última palabra en sus convicciones o credenciales, o tal vez sería mejor describirlas como sus incredulidades.

Nos gustaría señalar, para evitar malentendidos, que la palabra “respirada de Dios” tal como Pablo emplea el término, se refiere a cualquier cosa ya en existencia, esto es, las Escrituras del Antiguo Testamento y del Nuevo Testamento en cuanto estaban siendo escritos. Esta fue la parte de la Palabra escrita que a Pablo le concernía escribir, y fue la que a Timoteo le fue encomendada. Para nosotros debía ser también lo mismo, para todo aquel que profese seguirle del modo que él siguió a Cristo. No puede referirse a las futuras translaciones, algunas de las cuales no serían efectuadas sino en unos 1000 años después, ni tampoco significa que todo lo que está contenido en la Biblia sea inspirado. Tenemos por ejemplo las palabras de Satán en el prólogo del libro de Job. Leemos muy a menudo de los dichos y actos de aquellos que eran enemigos de Dios. Ninguno de estos pudo ser “inspirado”, pero la consideración de todo eso y su registro si lo es, y por tanto es verdadero.

Con respecto a la traducciones, deberíamos estar agradecidos por los escolares fieles, hombres de Dios como E.W. Bullinger, Charles H. Welch, F.F. Bruce y otros que trabajaron para darnos traducciones precisas en nuestro propio lenguaje. Los escolares que nos ofrecieron nuestra Versión Autorizada reconocieron ser la Palabra de Dios los originales, y tal como los escolares Hebreos y Griegos, hicieron su traducción de los manuscritos Griegos y Hebreos, teniendo en cuenta además a las demás versiones que ya se habían hecho, especialmente la de Tyndale, que tan grandemente les influenció. El Profesor J. Isaacs declara “nueve décimos del Nuevo Testamento de la Autorizada todavía es Tyndale, y lo mejor continúa siendo suyo”.

No hay necesidad alguna por tanto para cualquiera que no tenga acceso a las lenguas originales albergar alguna duda en cuanto a lo que Dios ha escrito. Algunos están perturbados porque Dios no viera apropiado la preservación de los documentos originales. Pero ha sido precisamente Su sabiduría la que ha ido supervisando esto mismo. ¡Imagínese lo que la Iglesia Romana hubiera hecho de ellas como ídolos para adoración, junto con las muchas así denominadas reliquias y otras supersticiones que esta iglesia sostiene! Nos recuerda los hechos reformistas del Rey Ezequías que incluyeron la destrucción de la serpiente de bronce que Moisés había hecho. Esta, en los días de Ezequías, había pasado a ser un objeto de adoración (2ª Reyes 18:4) produciendo así la idolatría entre el pueblo de Dios.

Si el Señor no ha visto apropiado preservar los manuscritos originales, ciertamente sí que ha ido vigilando los textos por los cuales son hechas nuestras traducciones. Y con esto deberíamos estar agradecidos, y además por los descubrimientos arqueológicos que, bajo guía de la mano del Señor, han confirmado tan maravillosamente la verdad de la Palabra de Dios. Sir Frederick Kenyon, reconocido generalmente como siendo la más grande autoridad textual de este siglo declara al respecto:

“Debemos estar satisfechos sabiendo que, la autenticidad general del texto del Nuevo Testamento, ha sido remarcablemente sustentada por las descubiertas arqueológicas modernas, las cuales han reducido grandemente el intervalo entre los autógrafos originales y nuestros más tempranos manuscritos extensos, y que la diferencia de lecturas, siendo como son interesantes, no afectan en nada las doctrinas fundamentales de la fe cristiana.”

¿Cuál es la alternativa a la plenaria interpretación de la Biblia? Pues, tanto puede ser la falible opinión humana como una igualmente falible iglesia. La Católica Romana reposa sobre una iglesia que reclama ser infalible, y por tanto se ve como el infalible intérprete de las santas Escrituras. Este clamor lo repudian los Protestantes; puesto que Roma jamás fue capaz de sustanciar un tal reclamo, y cada día está más insegura de sí propia en este respecto.

Algunas iglesias profesan honrar la Palabra viviente, el Propio Cristo, pero repudian la plena inspiración de la sola Palabra escrita que le revela. Esto es ilógico, pues si la Palabra de Dios no fuese verdad en cada particular, ¿cuál sería el cierto conocimiento que podríamos tener nosotros de Cristo hoy en día? Cada uno bien podía meramente mantener lo que la historia registra, a saber, que un hombre llamado Jesucristo anduvo por esta tierra hace aproximadamente unos 2000 años atrás, y que, de alguna manera, ocupa estampado su nombre sobre nuestros calendarios. Aquello que realmente fuese, o lo que hiciese o dijera, son cuestiones de las cuales prácticamente nada con exactitud se conoce, sin el registro del Nuevo Testamento, pues, Él, por Sí Mismo, no dejó nada escrito.

No hay duda de que la Biblia permanece firme o se derrumba en su totalidad en su pretensión de ser la Palabra de Dios, ni tampoco de que estemos confinados y limitados a ella en cuanto a todo lo que se pueda aprender de nuestro Salvador, Su amor redentor, y el gran propósito de Dios revelado en y a través de Él. Si 2ª Timoteo 3:16 no es verdad, nunca podremos decir con certeza: “Así dice el Señor”, tal como los profetas de la antigüedad hicieron, sino que tendremos que estribarnos sobre la falible opinión humana, y seremos obligados a reemplazar la confianza y la paz, con la duda y la inseguridad. Además, tanto Pablo como Pedro, si así fuese, tienen que haber sido hombres mentirosos; Puesto que Pedro, junto con Pablo, ambos insisten sobre el divino origen de las Escrituras (2ª Pedro 1:21). Este punto de vista se considera como anticuado e ininteligible hoy en día, pero no importa nada, pues lo que fue suficiente para Cristo debería ser suficientemente bueno para nosotros. Podemos sin la menor sombra de duda fundir nuestra fe a la “Palabra de Dios que vive y permanece para siempre” (1ª Pedro 1:23).

Habiendo dejado asiente que toda Palabra de Dios escrita es por su propia natura “santa” y “respirada de Dios”, y por tanto única, el Apóstol Pablo ahora resalta a Timoteo su gran propósito, esto es, equipar al creyente plenamente para toda la voluntad del Señor en vida y testimonio. Esto es:

Provechosa para enseñar, para reprobar, para corregir, para la instrucción (disciplina) que es en justicia, para que el hombre de Dios pueda estar completo, guarnecido, completamente listo para toda buena obra (2ª Tim.3:16, 17 Versión Revisada).

La enseñanza (doctrina) ocupa un lugar importante en las Epístolas Pastorales, donde aparece 15 veces, 8 de ellas en 1ª Timoteo, 3 en 2ª Timoteo y 4 en la epístola a Tito. La habilidad para enseñar y depositar a otros la Verdad ya ha sido enfatizada en 2ª Tim.2:2. En el capítulo tres tenemos el gran tema principal por maestro, es decir, la inspirada Palabra de Dios. Una de las últimas encomiendas de Pablo a Timoteo es para “predicar la Palabra” (4:2), y esto no es solo una palabra de aviso para los predicadores o ministros de la religión, sino un mandamiento para todos cuantos deseen ser leales al testimonio para el Salvador.

La gran carencia hoy en día, especialmente en nuestros púlpitos, es la habilidad para exponer las Escrituras. Demasiado a menudo la Biblia se usa meramente como una percha para colgar las opiniones del orador. Lo que más precisamos hoy en día nada tiene que ver con oradores fluyentes ni de atractivas oratorias, sino una clara y fiel deliberación del mensaje de la Palabra de Dios. Esto le da al Espíritu Santo la buena base de verdad para operar encima, puesto que Dios ha prometido: “Mi Palabra…no volverá a Mí vacía, sino que haré cumplir el propósito para el cual la envié” (Isaías 55:11). Timoteo, para ser un líder provechoso para Cristo, debía constantemente dividir bien, tratar correctamente y sustentar la Palabra de Dios. Esta es la única enseñanza que Dios reconoce y bendice, y es la profunda ignorancia de las santas Escrituras alrededor nuestro la causa del abandono en los parámetros morales y espirituales, acarreando tantísimos problemas, además de fornecer la oportunidad para el florecimiento de muchos falsos cultos.

La Palabra inspirada es además provechosa para reprender. La palabra significa “la refutación del error” y la convicción que de él proviene. Y a seguir el Apóstol menciona la corrección. Esto significa “enderezar” o poner derecho lo que está tuerto; y ambas ideas están incluidas en el punto siguiente: “la instrucción en justicia”. La Versión Autorizada ha traducido esta palabra “castigo” o “entrenamiento” en Hebreos 12:5, 7, 8, 11. “Disciplina” sería una buena traducción. Todos nosotros precisamos de la constante disciplina y guía de las Escrituras, de otra manera, seguro que nos saldremos de la senda de la verdad.

Pablo asocia la Palabra de Dios con la infancia (vers.15) y justo a través de su espiritual madurez, viene el infante a ser un “hombre de Dios”. Este ostentoso título fue portado primeramente por Moisés, y después por Elías, Eliseo, David, Shemaiah e Igdaliah. Timoteo, que estaba bien al corriente con el Antiguo Testamento, no podía equivocarse apreciando la importancia de este título cuando habían sido fornecidos por tantos caracteres ilustres suyos conocidos.

El Apóstol continúa: “para que el hombre de Dios pueda ser perfecto (completo)”. La palabra Griega se emplea hablando del equipamiento completo de un soldado para el servicio, o de un barco para un viaje. Todo lo necesario para el viaje de la vida se halla en el interior cubierto del Libro. No hay necesidad de poner los ojos en nada más. Un divino equipamiento de este tipo haría con que Timoteo estuviese “completamente guarnecido para toda buena obra” (vers.17 Versión Revisada) y así podría ser el leal y fructífero siervo que Dios deseaba, y esto es verdad de todos nosotros hoy en día, de todo aquel que procure andar dignamente del “alto llamamiento de Dios en Cristo Jesús”.

 

 

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