Aquella Tal Bendita Esperanza
Aquella
Tal
Bendita
Esperanza
Charles H. Welch
Traducción: Juan Luis Molina
THE
BEREAN PUBLISHING TRUST
AQUELLA TAL BENDITA ESPERANZA
LA APLICACIÓN DEL PRINCIPIO DE “LA CORRECTA
APLICACIÓN” A LA CUESTIÓN: ¿Cuál es
la esperanza de Su llamamiento?
A todos cuantos “aguardan por el
Salvador”
Nuestro objetivo en este estudio es responder a la
pregunta: ¿Cuál es la “bendita esperanza” de la Iglesia? ¿Será la que se
encuentra en 1ª Tesalonicenses 4, o en Mateo 24, o en cualquier otra parte de
la Escritura? Es imposible que respondamos estas cuestiones hasta que
preliminarmente no hayamos decidido la cuestión en cuanto a cuál sea la iglesia que tengamos en
vista. La esperanza no puede permanecer por sí sola sin relación alguna.
Debemos esperar ALGO o a ALGUIEN, y,
si tiene que cumplirse, la esperanza tiene
que tener base y fundamento escritural. Cualquiera que sea nuestro llamamiento,
tanto si es el del Cuerpo, la Novia, o el Reino terrenal, bien podemos todos
decir que “aguardamos por el Salvador”, pero cuando pasamos a examinar el
llamamiento de aquellos representados por el pronombre “nosotros”, viene a ser
necesario “experimentar o examinar las cosas que difieran”.
Si Israel pasó a ser Lo-ammi (No es Mi Pueblo,
Oseas 1:9) en Hechos 28, y si en aquel entonces pasó a existir y haber una
nueva iglesia bajo los nuevos términos de la dispensación del Misterio o
Secreto (Efesios 3:1-13), es lógico y razonable esperar una diferencia en
cuanto a la esperanza que deba ser mantenida por esta nueva compañía. Sin
embargo, no puede ser el razonamiento de un argumento nuestro, sino el que
responda a la pregunta: “¿Qué dice la Escritura?”, aquello que demande la
convicción del creyente. Así, pues, lo que ahora le pedimos al lector es una
diligente atención a la siguiente evidencia de la Palabra.
Esperanza, Promesa y Llamamiento
Donde leemos acerca de la “esperanza” en el Nuevo
Testamento generalmente encontramos en el contexto una referencia tanto a una
“promesa” como a un “llamamiento”. Por ejemplo, Pablo ante Agripa dice:
“Y ahora, por LA ESPERANZA DE LA PROMESA que hizo
Dios a nuestros padres soy llamado a juicio: promesa cuyo cumplimiento esperan
alcanzar NUESTRAS DOCE TRIBUS, sirviendo constantemente a Dios de día y de
noche. Por esta esperanza…” (Hechos 26:6, 7).
Aquí no
hay posibilidad alguna de que nos equivoquemos. No tan solamente es la
esperanza que tiene en vista el cumplimiento de una promesa, sino que, además,
es el cumplimiento de una promesa específica
“hecha por Dios a nuestros padres”. Además, no hay ambigüedad alguna en
cuanto a los individuos que mantienen esta esperanza: las palabras “nuestras
doce tribus” son demasiado explícitas y transparentes como para permitir
espiritualizaciones de ningún tipo. Bien pueden ocurrírsele al lector otros
ejemplos, y los podremos ver delante en el seguimiento del actual estudio. Pero
de momento será suficiente que el principio lo tengamos muy claro, que LA
ESPERANZA AGUARDA Y PROCURA EL CUMPLIMIENTO DE UNA PROMESA. Es necesario, por
tanto, descubrir cuál sea la promesa que se haya hecho a cualquiera de las
particulares compañías antes de que podamos hablar comprensiblemente de su
esperanza. Otro requisito preliminar es un conocimiento del “llamamiento”
concernido.
“Para que sepáis cuál es LA ESPERANZA A QUE ÉL OS HA
LLAMADO” (Efesios 1:18).
“Como fuisteis llamados en UNA MISMA ESPERANZA DE VUESTRA
VOCACIÓN (vuestro llamamiento)” (Efesios 4:4).
La realización de nuestra esperanza en el futuro estará
de acuerdo con nuestro llamamiento actual y presente por la fe.
“Es, pues, la fe, la certeza de los que se ESPERA”
(Heb.11:1 Reina Valera).
“Ahora bien, la fe es la sustancia de las cosas por las cuales se ESPERAN” (Heb.11:1 –
Versiones Inglesas).
Recientes descubrimientos entre los papiros de Egipto han
puesto al descubierto el hecho de que la palabra “sustancia” (certeza, en
castellano) se utilizaba en los tiempos del Nuevo Testamento significando el
“Título Legal” (“Certificado” en castellano) o el recibo de una propiedad.
Todos y cada uno de los creyentes mantiene consigo el título de propiedad
actualmente, por la fe, esto es, las arras o primeros frutos de la heredad que
aparezca cuando se realice su esperanza. Una vez que cada creyente no pertenece
necesariamente al mismo llamamiento, y que la mayoría de los creyentes
considera haber una distinción entre el Reino terrenal y la Iglesia, al mismo
tiempo que algunos sean conscientes además de una distinción posterior entre la
Novia y el Cuerpo, de ahí se deduce que, el carácter del llamamiento, debe ser
asiente y definido antes que pueda ser definida y asiente la esperanza
particular.
Tres esferas de bendición
Existen por lo menos tres esferas distintas de bendición
señaladas en el Nuevo Testamento:
(1) La Tierra.- “Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la
tierra por heredad” (Mat.5:5).
(2) La Ciudad
Celestial.- “La ciudad del Dios
viviente, la Jerusalén celestial… la iglesia del primogénito, cuyos nombres
están escritos en el cielo” (Heb.12:22, 23).
(3) Por encima
de todo.- “Él…subió por encima de
todos los cielos” (Efesios 4:10). “Y asimismo nos hizo sentar en los lugares
celestiales con (o en) Cristo Jesús”
(Efesios 2:6).
Estas tres
esferas de bendición corresponden a tres distintos llamamientos:
(1) El Reino Terrenal.- “Venga Tu reino. Sea hecha Tu voluntad en la
tierra” (Mat.6:10).
(2) La Novia.- “La novia (o desposada), la esposa del Cordero…la
santa Jerusalén que descendía del cielo, de Dios” (Apoc.21:9, 10).
(3) El Cuerpo
Reunido Juntamente.- “Su Cuerpo, que es
la iglesia, de la cual yo Pablo fui hecho ministro, según la administración de
Dios que me fue dada para con vosotros…el Misterio que en otras generaciones no
se dio a conocer (que estuvo escondido de edades y generaciones – Versiones
inglesas)” (Colos.1:24-26; Efesios 3:3-6).
Estas tres esferas de bendición, cada una de ellas
con su especial llamamiento, llevan consigo asociadas tres grupos de personas
distinguidas en el Nuevo Testamento. La primera esfera de bendición es
exclusiva y limitada a ISRAEL de acuerdo a la carne; la segunda a los fieles
creyentes de entre los “JUDÍOS Y GENTILES”, mientras que la tercera esfera el
llamamiento se dirige a “VOSOTROS GENTILES”.
(1) Israel según la carne.- “Mis hermanos, los que son mis parientes; que son
israelitas, de los cuales son la adopción, la gloria, el pacto, la promulgación
de la ley, el culto y las promesas; de quienes son los patriarcas, y de los
cuales, según la carne, vino Cristo, el cual es Dios sobre todas las cosas,
bendito por los siglos, Amén” (Rom.9:3-5).
(2)
La simiente de Abraham (incluyendo creyentes gentiles).- ¿Habiendo comenzado por el Espíritu, ahora vais a
acabar por la carne?...los que son de la fe, estos son hijos de Abraham…son bendecidos con el creyente Abraham…porque
todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya
no hay Judío ni Griego…porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús, y si
vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de Abraham sois, y herederos según
la promesa” (Gál.3:3, 7, 9, 27-29).
Si, al
final del versículo 28, “cerrásemos el libro”, podríamos “probar” que la
bendita unidad señalada por las palabras “ni Judíos ni Griegos” se refiere a la
“Iglesia que es Su Cuerpo”. Pero si, no en tanto, mantenemos el libro abierto,
vemos que esa no es la lógica consecuencia, sino que esta nueva compañía la
forman “la simiente o linaje de Abraham”, y la esperanza que detienen delante
es “la promesa” hecha a Abraham. El
lector bien puede concordar con este hecho, pero además le recordaremos que,
tanto 1ª Tesalonicenses como Gálatas, ambas epístolas fueron escritas antes de
Hechos 28, y por tanto son anteriores a la revelación del Misterio. Así, pues,
la esperanza de 1ª Tesalonicenses 4 pertenece al mismo llamamiento que aquel de
Gálatas, y no puede constituir la esperanza del Misterio.
(3) El Nuevo Hombre Único.- “Donde no hay Griego ni Judío…sino que Cristo es
el todo, y en todos” (Colos.3:11).
“Para
crear en Sí Mismo de los dos un solo y
nuevo hombre, haciendo la paz” (Efesios 2:15).
“Que
los Gentiles son coherederos” (Efesios 3:6).
Las limitaciones de
este panfleto no van a permitir que nos extendamos dando más pruebas de las
sugerencias que hemos hecho en los parágrafos anteriores, ni de hacer una
detallada exposición de los pasajes concernidos; pero estamos persuadidos que
el asunto está suficientemente esclarecido como para poder seguir adelante con
nuestra indagación. Habiendo visto por tanto que existen tres esferas de
bendición, con sus tres asociados llamamientos, deberíamos ahora esperar
encontrar tres fases de la Venida de Señor. Estas tres fases se encuentran
representadas en las siguientes Escrituras:
(1) El Reino sobre la tierra.- ESPERANZA, en Mateo 24 y 25.
(2) La
simiente de Abraham.- ESPERANZA DE
ISRAEL, en 1a Tesalonicenses 4
(3) Por encima
de todo.- ESPERANZA, en Colosenses
3:4.
Veamos ahora cada una de estas fases del Segundo Adviento
tal como se presentan por estos tres pasajes.
LA ESPERANZA DE LA PRIMERA ESFERA
La Señal de la venida del Hijo del Hombre
El ministerio terrenal del Señor Jesucristo se encontraba
limitado al pueblo de Israel, y decía respecto especialmente a la promesa hecha
a David concerniente al Rey de Israel. Tenía además en vista la promesa hecha a
Abraham concerniente a la bendición de todas
las familias de la tierra, sin embargo, al tiempo, estas familias no se
hallaban incluidas, centrándose tan solamente más bien sobre Israel, a través
del cual, como medio o canal instituido, saldría entonces la bendición hacia
todas las familias y naciones. Ahora daremos las pruebas escriturales de estas
declaraciones, y a seguir demostraremos que Mateo 24 y 25 refiere la esperanza
de ISRAEL, y que la fase de la segunda venida no tiene nada que ver con la
esperanza de la Iglesia que es Su Cuerpo.
(1) La prueba
de que el ministerio terrenal se limitaba en primer lugar a Israel
“Pues os
digo que Cristo Jesús vino a ser siervo de la CIRCUNCISIÓN para mostrar la
verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los PADRES” (Rom.15:8).
“Por
camino de Gentiles no vayáis, y en ciudad de samaritanos no entréis; sino id
antes a las ovejas perdidas de la casa de ISRAEL” (Mat.10:5, 6).
“No soy
enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de ISRAEL” (Mateo 15:24).
(2) La prueba
de que estaba en vista la promesa hecha a David concerniente a un Rey.
“¿Dónde
está el REY de los Judíos que ha nacido?...en Belén” (Mateo 2:2-5).
“Decid a
la hija de Sion: He aquí, tu REI viene a ti” (Mateo 21:5).
“¿Qué
pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Le dijeron: De DAVID” (Mateo 22:42).
“David…siendo
profeta y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su
descendencia, en cuanto a la carne, LEVANTARÍA AL CRISTO PARA QUE SE SENTASE EN
SU TRONO; viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo” (Hechos 2:29-31).
(3) La prueba
de que estaba en vista la promesa a Abraham concerniente a Israel como el medio
de bendición a los Gentiles.
“Vosotros
sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres,
diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las naciones de la
tierra. A VOSOTROS PRIMERAMENTE, Dios, habiendo levantado a Su Hijo, lo envió
para que OS BENDIJESE, a fin de que cada uno se convierta de su maldad” (Hechos
3:25, 26).
La consideración de estas Escrituras en sus afirmaciones
provee una prueba suficiente y capaz para la declaración que hicimos
concerniente al carácter del ministerio terrenal del Salvador.
Ahora estamos en una buena posición para considerar Mateo
24 y 25, en donde tenemos una profecía de la segunda venida de Cristo, y
concerniente a la esperanza de Israel, siendo distinta de la esperanza del
Cuerpo de Cristo tal y como se revela en las epístolas escritas durante la
prisión de Pablo.
Las tres partes
proféticas de la venida del Señor tal como se revela en Mateo 24 fueron
dadas en respuesta a la tripla pregunta de los discípulos (vers.3):
“¿Cuándo serán estas cosas?”
“¿Qué señal habrá de Tu venida?”
“¿Y del fin del siglo?”
La evidencia que viene a seguir, demuestra con total
claridad que, en este pasaje, el sujeto sin duda alguna es la esperanza de
Israel, y de ninguna manera puede tratarse de la esperanza de “la Iglesia que
es Su Cuerpo”.
Tres pruebas de que Mateo 24 se refiere a la esperanza de
Israel.
En primer lugar, la palabra traducida “fin” es sunteleia, una palabra en aquel tiempo
muy bien conocida por los Judíos, pues era el nombre de la tercera gran fiesta,
es decir, “la fiesta de la siega o la cosecha, que tenía lugar al fin del año
Judío” (Éxodo 23:16). Esto es una evidencia de que lo que está en vista es la
esperanza de Israel.
En segundo lugar, vemos que esta venida del Señor tiene
que ser precedida por “guerras y rumores de guerras”. Una vez que siempre ha
habido, y siempre habrá, muchas guerras y rumores de guerras desde el repudio
de Israel, estas palabras, así como están puestas, no pueden constituir por sí
solas una evidencia de que sea la esperanza de Israel la que esté en tela de
juicio. Pero si, no en tanto, volvemos a la misma referencia en el original del
Antiguo Testamento: “porque se levantará nación contra nación, y reino contra
reino” (Mateo 24:7), veremos que proviene de la palabra profética de Isaías
sobre “Egipto” (Isaías 19:1, 2), siendo que sus últimas palabras acaben
diciendo: “Bendito el pueblo Mío Egipto, y el asirio obra de Mis manos, e
Israel Mi heredad” (Isaías 19:25). Esta referencia, por tanto, cuando es vista
a la luz de su asentamiento en el Antiguo Testamento, nos da una evidencia más
para el hecho que sea Israel quien esté en vista en Mateo 24.
En tercer lugar, esta venida del Señor tiene lugar
después que la declaración de Daniel 9:27 y 12:11 se haya cumplido.
“Por tanto, cuando veáis en el lugar santo la abominación
desoladora de que habló el profeta Daniel…habrá entonces gran tribulación…INMEDIATAMENTE
DESPUÉS DE LA TRIBULACIÓN de aquellos día…entonces aparecerá la señal del Hijo
del Hombre en el cielo…y verán al Hijo del Hombre VINIENDO SOBRE LAS NUBES DEL
CIELO” (Mateo 24:15-30).
Una vez que no sea nuestra intención dar aquí una
exposición detallada de este capítulo, y una vez que estos tres puntos
providencian por sí una prueba que va más allá de toda discusión en cuanto a
que, la segunda venida de Cristo, tal como aquí se da a conocer, no puede ser
de ninguna manera la esperanza de la Iglesia revelada en las epístolas en
prisión, estamos persuadidos de que ningún lector imparcial tendrá el deseo de
que retardemos o que nos demoremos más en el proseguimiento de nuestra
investigación.
LA SEGUNDA ESFERA
Los Hechos y las Epístolas del periodo
Debemos ahora volver nuestra atención a la evidencia
habida en la Escritura en cuanto al carácter del periodo cubierto por los
Hechos de los Apóstoles. Algunos de los comentadores sobre este libro parecen
olvidarse que se trata del registro de los “Hechos” de los Apóstoles, y que no
apareció escrito sino a seguir, cuando ya estos “Hechos” fueron concluidos y
tuvieron lugar. Si la fundación de la Iglesia en Corinto referida en Hechos 18
es una obra del Apóstol Pablo, siendo mencionados por su nombre tanto Crispo
(vers.8) como Sostenes (vers.17), entonces, la epístola escrita por el mismo
Apóstol y a la misma Iglesia, mencionando de nuevo a Crispo y a Sóstenes por
sus nombres, debe ser incluida como el Divino complemento del registro de Hechos
18. El aspecto y ámbito de la Esperanza en vista en los Hechos y las epístolas
escritas durante aquel periodo a las iglesias fundadas por los apóstoles, debe
necesariamente ser el mismo. Cualquier intento en hacer que el ministerio de
Pablo durante los Hechos sea distinto del de las epístolas del mismo periodo es
falso, y debe ser enteramente repudiado. No puede haber duda alguna de que la
esperanza mantenida por las iglesias durante el periodo cubierto por los Hechos
de los Apóstoles era una fase de la Esperanza de Israel. Esto vendrá a estar
muy claro para el lector, estamos convencidos, por las citas y comentarios que
daremos a seguir:
(1)
“Entonces,
los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el
Reino a Israel en este tiempo? (Hechos 1:6).
Esta pregunta surgió después de los cuarenta días de
instrucción dada por el Cristo resucitado a Sus discípulos, durante el tiempo
en el cual, no tan solo les abrió las Escrituras, sino además “sus
entendimientos” (Lucas 24:45).
(2)
“Arrepentíos…para
que Él envíe a Jesucristo, que os fue
antes anunciado; a Quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los
tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de
Sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo (desde que el mundo
comenzó)…Vosotros sois los hijos de los profetas…A vosotros primeramente…” (Hechos 3:19-26).
Estas palabras de Pedro, pronunciadas a seguir a
Pentecostés, no pueden ser separadas de la esperanza de Israel sin violar las
palabras inspiradas. Puede ser que algún lector piense: “Estas son palabras del
testimonio de Pedro; pero lo que nosotros queremos es oír el testimonio de
Pablo”.
(3)
“Y ahora,
por la esperanza de la promesa que
hizo Dios a nuestros padres, soy llamado a juicio; promesa cuyo cumplimiento
esperan que han de alcanzar nuestras doce
tribus, sirviendo constantemente a Dios de día y de noche, por esta esperanza” (Hechos 26:6, 7).
(4)
“Pablo
convocó a los principales de los Judíos…por la esperanza de Israel estoy sujeto a esta cadena” (Hechos 28:17, 20).
No fue sino hasta que el pueblo Judío fuese repudiado y
puesto de parte en Hechos 28:25-29 que Pablo pasó a ser “el prisionero de
Jesucristo para vosotros los Gentiles”. Hasta que no se dio como un hecho
asumido que Israel no vendría a arrepentirse y que la promesa de Hechos 3:19-26
fuese pospuesta, la esperanza de Israel siempre se mantuvo, y todas las
iglesias que fueron siendo fundadas en ese tiempo tuvieron necesariamente que
estar asociadas con aquella misma esperanza.
El Llamamiento Celestial de la Nueva Jerusalén
Ya hemos dirigido la atención hacia la íntima asociación
que existe y se da entre “esperanza”, “promesa”, y “llamamiento”. Ahora debemos
detenernos por un momento aquí para recordarle al lector que Abraham permanece
a la cabeza de dos compañías: un
pueblo terrenal, la gran nación de Israel; y un pueblo celestial, asociado con
la fase celestial de la promesa de Dios a Abraham, y ésta constituida del
remanente creyente de Israel y creyentes Gentiles, los cuales fueron contados
por fieles de parte de Dios. Esta faz
celestial de la promesa a Abraham se halla referida por el apóstol en Hebreos y
Gálatas:
“”Esperaba la ciudad…buscan una ciudad…Pero anhelaban una
mejor (ciudad) esto es, celestial; por lo cual Dios no se avergüenza de
llamarse Dios de ellos, porque les ha preparado una ciudad” (Heb.11:10, 14,
16).
“Y si vosotros sois de Cristo, ciertamente linaje de
Abraham sois, y herederos según la promesa…la Jerusalén de arriba, la cual es
madre de todos nosotros, es libre” (Gál.3:29; 4:26).
Este celestial llamamiento de la promesa hecha a Abraham
constituye la Novia del Cordero, siendo distinta de la Esposa restaurada, la
cual se refiere a Israel como una nación. Dejaremos que sea el lector quien por
sí propio verifique esta declaración leyendo a Isaías, Jeremías, y Oseas, donde
se habla de la restauración de Israel bajo la figura de la Esposa restaurada; y
al libro del Apocalipsis, donde la ciudad celestial se describe como siendo la
Novia. Durante el tiempo de los Hechos de los Apóstoles, las iglesias fundadas
por Pablo eran “la simiente de Abraham, y herederos según la promesa”
(Gál.3:29). El Apóstol habla de desposarlos “con un solo marido, para poder
presentarlos como una virgen sin mancha a Cristo” (2ª Cor.11:2).
Esta fase celestial se presentaba en la naturaleza de un
premio o recompensa para aquellos que estuvieron dispuestos a sufrir, soportar
tribulaciones, e ir creciendo a madurez (perfección). Este tema se expande en
la epístola a los Hebreos.
El Testimonio de Romanos
Las epístolas escritas por Pablo antes de su
encarcelamiento fueron Gálatas, Hebreos, Romanos, 1ª y 2ª Tesalonicenses, y 1ª
y 2ª Corintios. Estamos convencidos que cualquier lector bien instruido a quien
se le pidiera que escogiese de entre este grupo de epístolas la que fuese más
reciente, así como la más fundamental en cuanto a la enseñanza del Apóstol para
este periodo, escogería sin dudarlo la epístola a los Romanos. En esta epístola
tenemos la sólida roca fundamental de la justificación por fe, donde no se
tolera diferencia alguna entre el Judío y el Gentil. Cuando, sin embargo, dejamos
la esfera de la doctrina (Rom.1-8), y nos introducimos en la esfera de los
privilegios dispensacionales, descubrimos que la distinción entre el creyente
Judío y el Gentil todavía se mantiene. Al Gentil, que ha sido justificado por
la fe, se le recuerda que en aquel entonces se hallaba en la posición de un
olivo salvaje, injertado en el verdadero olivo, del cual algunas ramas habían
sido cortadas por causa de su incredulidad. El injerto del Gentil en el olivo de Israel tenía
por objetivo (hablando humanamente) provocar a celos a Israel. Cuando, en los
días venideros, estas ramas cortadas vuelvan a ser restauradas, “toda Israel
será salva” (Rom.11:11, 25-27).
Estas declaraciones de
Romanos 11 son suficientes para prevenirnos de asumir que, debido a que haya
evidencias DOCTRINALES o BÁSICAS de igualdad en el periodo de los Hechos,
también existan igualdades DISPENSACIONALES. Esto no es así, pues Romanos
declara que el Judío todavía sigue siendo “primero”, y la pared intermedia
todavía se halla en pie, haciendo con que la incorporación de los miembros del
Cuerpo Único tal como se revela en Efesios sea imposible.
En Romanos 15 tenemos
una declaración definitiva concerniente a la esperanza mantenida por la iglesia
en Roma. Antes de citar el pasaje, Rom.15:12 y 13, debemos avisar al lector que
la palabra “esperar” en el versículo 12 es elpizo,
y la palabra “esperanza” en el versículo 13 elpis.
Tenemos además el enfático artículo determinado (en los textos más fidedignos)
“la” antes de la palabra “esperanza” en el versículo 13. Teniendo en cuenta
estos detalles ahora podemos examinar la
esperanza vigente y mantenida por la iglesia en Roma, tal como era ministrada
por Pablo antes de su encarcelamiento:
“Estará la Raíz de
Isaí, y Aquel que se levantará a regir los Gentiles; los Gentiles esperarán en
Él. Y el Dios de la (aquella) esperanza
os llene de todo gozo y paz en el creer, para que abundéis en esperanza por
el poder del Espíritu Santo” (Rom.15:12, 13).
Aquí nos hallamos en suelo firme. El propio Pablo enseña
a la iglesia en los Hechos a aguardar por el reino milenial y por el Salvador
como la “Raíz de Isaí” Quien “reinaría sobre los Gentiles”. ¿Cómo podría ser
distinta y separada esta esperanza de la “la esperanza de Israel? ¿Cómo podría
venir a ser asociada con el “Misterio” que nada tiene que ver con Abraham, o
con Israel, sino que es anterior mismo a “la fundación del mundo”, y abarca
alcanzando los “más altos lugares celestiales”? En caso de que el lector se
quede en la duda en cuanto a la referencia de Pablo al reino milenial,
citaremos Isaías 11:
“Saldrá una vara del tronco de Isaí…y herirá la tierra
con la vara de Su boca, y con el espíritu de Sus labios matará al impío…Morará
el lobo con el cordero…acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual
estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes (por los
Gentiles); y Su habitación será gloriosa” (Isaías 11:4, 6, 10).
El lector debería consultar la observación sobre Isaías
11:4 dada en la Companion Bible,
donde se da la lectura alternativa: “Él azotará al inicuo” (ariz) antes y preferible a la lectura de
la Reina Valera “Él azotará a la tierra” (erez).
Esta lectura establece un vínculo con 2ª Tesalon.2:8:
“Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor
matará con el espíritu de Su boca, y destruirá con el resplandor de Su venida”.
Antes de referirnos a 1ª Tesalonicenses 4, que presenta
la esperanza de la Iglesia Pentecostal en este tiempo de manera muy clara,
debemos decir algo acerca de la extraña omisión de la segunda epístola que
muchos comentadores manifiestan cuando tratan con este tema.
La importancia de una Segunda Epístola
Si un hombre de negocios tratase su correspondencia en la
manera como algunos creyentes tratan las epístolas de Pablo, el resultado sería
desastroso. Una segunda carta, con el propósito de subsanar el malentendido
surgido por una carta previa, sería, si cabe, aún más importante y más decisiva
que la primera; sin embargo, hay muchos cuyo sistema de interpretación demanda
que reclamen 1ª Tesalonicenses 4 como siendo la revelación de su propia
esperanza, los cuales, sin embargo, ponen de parte y omiten descuidando (por
conveniencia) el testimonio de 2ª Tesalonicenses, o lo explican como si fuera
dirigida a una desconocida compañía para el apóstol. Antes que nada
verifiquemos que estas dos epístolas forman una pareja definitiva, escritas por
el mismo autor, en el mismo periodo, a las mismas personas, y acerca del mismo
tema.
Identidad de los Visados o Receptores
PRIMERA EPÍSTOLA – “Pablo, Silvano y Timoteo, a la
iglesia de los Tesalonicenses en Dios Padre y en el Señor Jesucristo” (1ª
Tesal.1:1).
SEGUNDA EPÍSTOLA -
“Pablo, Silvano y Timoteo, a la iglesia de los Tesalonicenses en Dios
nuestro Padre y en el Señor Jesucristo2 (2ª Tesal.1:1).
Identidad del Tema
PRIMERA EPÍSTOLA – “Acordándonos sin cesar delante del
Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de
vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo” (1ª Tesal.1:3).
SEGUNDA EPÍSTOLA – “Debemos siempre dar gracias a Dios
por vosotros, hermanos, como es digno, por cuanto vuestra fe va creciendo, y el
amor de todos y cada uno de vosotros abunda para con los demás; tanto, que
nosotros…gloriamos…en vuestra paciencia” (2ª Tesal.1:3, 4).
PRIMERA EPÍSTOLA -
“La venida de nuestro Señor Jesucristo con todos Sus santos” (1ª
Tesal3:13) (Una referencia a Deut.33:2;
Salmo 68:17, y Zacarías 14:5 demostrará que los “santos” aquí son los “santos
ángeles” y no la iglesia).
SEGUNDA EPÍSTOLA – “Se manifieste el Señor Jesús desde el
aire con los ángeles de Su poder en llama de fuego” (2ª Tesal.1:7, 8).
El Propósito Especial de Segunda Tesalonicenses
La Iglesia Tesalonicense había venido a ser perturbada
por la circulación de una carta supuestamente proveniente del Apóstol, y por
ciertos mensajes dados por algunos que reclamaban tener consigo “el espíritu”.
Estos mensajes deturpaban y tergiversaban la enseñanza del Apóstol concerniente
a la venida del Señor, tal como había enseñado en la iglesia cuando se
encontraba entre ellos y se menciona en el cuarto capítulo de su carta:
“Os rogamos hermanos…que no os dejéis mover fácilmente de
vuestro modo de pensar, ni os conturbéis ni con espíritu, ni por palabra, ni
por carta como si fuese nuestra, en el sentido de que el día del Señor está
cerca. Nadie os engañe en ninguna manera, porque no vendrá sin que antes se
manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición” (2ª Tesal.2:1-3).
Antes que la esperanza de la iglesia en Tesalónica
pudiera realizarse, había ciertas profecías que aguardaban su cumplimiento. Tal
como hemos visto, la esperanza durante el periodo de los Hechos (y por tanto,
de 1ª Tesal.4) era esencialmente la esperanza de Israel. Cuando 1ª
Tesalonicenses fue escrita, Israel todavía seguía siendo el pueblo de Dios. El
Templo todavía estaba en pie, y la posibilidad (humanamente hablando) de que
Israel se arrepintiese todavía se encontraba vigente. Si la esperanza de Israel
tenía entonces que cumplirse, entonces Daniel 9 y 12 también debería cumplirse,
junto además con otras muchas profecías relativas al tiempo del fin. Esto ya
vimos anteriormente que había sido el testimonio del propio Señor en Mateo 24,
y al tiempo, Israel no había venido a ser todavía repudiada ni puesta de parte
(es decir, cuando la epístola de los Tesalonicenses fue escrita).
Los siguientes predichos acontecimientos debían preceder
a la venida del Señor tal como se revela en 1ª y 2ª Tesalonicenses:
(1)
La
apostasía debía suceder primero (“el abandono”, Gr. Apostasia).
(2)
El Hombre
de Pecado debía ser revelado en el Templo (la palabra “Templo” es la misma que
en Mateo 23:16).
(3)
La venida
del Inicuo sería precedida por una
Satánica tergiversación de los dones Pentecostales. (Se utilizan las mismas palabras que en Pentecostés, con la adición de
la palabra “mentira” o “engaño” pseudo).
(4)
Este
Inicuo y Perverso sería “consumido” y “destruido” con el resplandor de la
venida del Señor (vea Isaías 11:4).
Todo esto les había estado enseñando el Apóstol a la
Iglesia Tesalonicense estando con ellos, antes que escribiese 1ª Tesal.4 (vea
2ª Tesal.2:5).
Los Tesalonicenses ya habían sido instruidos por el
propio Apóstol concerniente a los acontecimientos proféticos, y sin duda alguna
si hubiesen leído creyendo 1ª Tesal.4 en consonancia y armonía con su
enseñanza, no se dejarían engañar por las falsas interpretaciones. La
referencia hecha al Arcángel les hubiese recordado Daniel 10 y 12. La epístola
de Judas utiliza exactamente la misma palabra que aquí se emplea, y nos dice
que el nombre del Arcángel es Miguel (Judas 9). A seguir, inmediatamente
después a la gran profecía de las setenta semanas, llegando a su colmo en la
“abominación desoladora”, tenemos la revelación de Daniel 10. Allí vemos que el
velo se halla parcialmente descubierto, y se nos da un relance de las fuerzas
Satánicas que están por detrás de los “poderes latentes”. De Miguel se dice ser
“vuestro Príncipe”, y en Daniel 12 leemos:
“En aquel tiempo se levantará Miguel, el gran príncipe que está de parte de los
hijos de Tu pueblo; y será tiempo de angustia, cual nunca fue desde que
hubo gente (o una nación)…y muchos de los que duermen en el polvo de la tierra
serán despertados” (Daniel 12:1, 2).
Aquí tenemos a Miguel identificado con el pueblo de
Israel, y en el momento que se levanta en la gran tribulación y la resurrección
tiene lugar. Esto VIENE A SEGUIR A LOS ACONTECIMIENTOS DE DANIEL 11, que se
resumen en 2ª Tesalonicenses 2. Compare, por ejemplo, los siguientes pasajes:
“Y se engrandecerá
(hablando del Hombre de Pecado) sobre todo dios, y contra el Dios de los dioses
hablará maravillas” (Dan.11:36).
“El cual se opone y se
levanta contra todo lo que se llama Dios, o es objeto de culto (o adoración)”
(2ª Tesal.2:4).
1ª y 2ª Tesalonicenses y Apocalipsis 13
Si el lector leyese
consecutivamente Daniel 9, 10, 11 y 12, 1ª Tesalonicenses 4 y 5, junto con 2ª
Tesalonicenses 1 y 2, y Apocalipsis 13; el testimonio de la verdad se haría tan
fuerte y real que no precisaría de más defensores humanos. Nuestro espacio se
encuentra demasiado limitado, y por tanto, le rogamos a todo aquel que valore
la enseñanza de las Escrituras respectivas a “la tal bendita esperanza” que lea
y compare estas porciones de manera cuidadosa y acompañada de oración. Cuando
esto se lleve a cabo, permita que surja naturalmente la respuesta a la
pregunta: “¿Qué tienen todas estas Escrituras que ver con la Iglesia de la
dispensación del Misterio, una Iglesia llamada a existir en consecuencia y
sobre el repudio de Israel, y la suspensión de la esperanza de Israel?” La
respuesta solo puede ser que, una vez que sea tan próxima la asociación de la
esperanza de los Tesalonicenses con la esperanza de Dios, y era tan consistente
con el carácter de la dispensación que entonces se hallaba vigente, siendo así,
el intento de vincular forzosamente la
“esperanza única de nuestro llamamiento” con los tiempos proféticos no deja de
ser sino un anacronismo y un engaño fraudulento a la hora de distinguir asuntos
tan distintos y diferenciados.
“Hasta que Él Venga”
La venida del Señor
referida en 1ª Corintios 11:26 tiene que ser la misma esperanza que estaba
vigente y era mantenida por los Tesalonicenses, y por la iglesia en Roma
(Rom.15:12, 13). El propio Apóstol resume esta esperanza en Hechos 28:20 como
siendo “la esperanza de Israel”. La epístola Corintia trata con una variedad de
asuntos, y se dirige a diferentes sectores de la iglesia. Algunos se
denominaban ellos propios por el nombre de Pablo, otros por el nombre de Cefas.
Algunos estaban confundidos con respecto a la cuestión del matrimonio, y otros
con respecto a cuestiones morales. La sección en la cual las palabras “Hasta
que el venga” aparece, se dirige a quienes cuyos “padres” fueron “bautizados en
Moisés” (1ª Cor.10:1, 2), mientras que la sección siguiente se dirige a los
Gentiles (1ª Cor.12:2).
Concerniente a la
cuestión del matrimonio, el Apóstol escribe:
“Tengo, pues, esto por
bueno a causa de la necesidad que apremia…el tiempo es corto; resta, pues, que
los que tienen esposa sean como si no la tuvieran; y los que lloran, como si no
llorasen…y los que compran, como si no poseyesen” (1ª Cor.7:26-30).
¿Hemos caído en el
error de enseñar, como algunos han enseñado, que el matrimonio esté errado
debido a lo que Pablo dice en este capítulo? Si así ha sucedido, ¿qué diremos
de sus maravillosas palabras concernientes al esposo y la esposa en Efesios 5;
o de su consejo en cuanto a que las jóvenes mujeres no tan solo deben casarse,
sino volver a casarse si se quedan viudas en 1ª Tim.5:9-14? La correcta interpretación está muy clara, y
es que el aviso de Pablo en 1ª Corintios era cierto y verdadero AL TIEMPO,
puesto que la Segunda Venida de Cristo se hallaba a la mano y se aguardaba que
tuviese lugar durante el tiempo de vida de algunos de sus oyentes. Él hablaba
de esa manera, “debido a la necesidad que apremiaba” en aquel presente actual,
y porque “el tiempo era corto”. Cuando les escribía a los Tesalonicenses, él se
identifica a sí mismo con la inminente esperanza de la venida del Señor,
diciendo: “Nosotros que vivimos” (1ª
Tesal.4).
La “necesidad que
apremia” de 1ª Cor.7 ya no se aplica actualmente, por causa del fracaso de
Israel y la suspensión de su esperanza. Por eso, en 1ª Corintios 11, la
enseñanza del capítulo tan solo era cierta mientras la esperanza del
llamamiento se mantuviese todavía inminente. Cuando el pueblo de Israel pasó a
estar en la actual y presente condición de total ceguera en incredulidad, lo
cual sucedió en Hechos 28, su esperanza pasó a estar en igualdad de suspensión
que ellos propios, y no vendrán a recibirla hasta el final de los días cuando
se cumpla el Apocalipsis. Entre tanto se ha introducido una nueva dispensación,
una dispensación asociada con un “Misterio” (o Secreto) y sin conexión alguna
con Israel. En la naturaleza misma del caso, un cambio de dispensación
significa un cambio de llamamiento. Se introduce una nueva esfera, un nuevo conjunto
de promesas, y eso demanda un reajuste de su propia y peculiar esperanza. Al
lector se le encarga que vuelva a la primera página, donde la inter relación de
las epístolas, los Hechos, y la esperanza, se exhiben en forma de diagrama. Las
referencias deben verificarse y no tomar nada por garantizado, para que podamos
abordar la tercera sección de nuestro tema con la mente lista y preparada.
LA ESPERANZA EN LA TERCERA ESFERA
La manifestación en Gloria
Antes de considerar
las características especiales de la esperanza de la Iglesia del Cuerpo Único,
podrá servir de ayuda que asentemos algunos de los distintivos aspectos de la
dispensación del Misterio, para que, percibiéndonos del carácter único de su
llamamiento, seamos llevados a creer el carácter único de su esperanza.
Aspectos específicos de la presente dispensación
Antes que nada
observemos dos aspectos que marcan la previa dispensación, que sin embargo
ahora en esta se hallan ausentes:
(1) La presencia y prominencia de Israel.
El testimonio
de los Evangelios (Mat.10:6; 15:24), el testimonio de Pedro (Hechos 3:25, 26),
y el testimonio de Pablo (Rom.1:16; 3:29; 9:1-5; 11:24, 25, y 15:8), combinan
en conjunto para mostrar que la nación de Israel fue un factor de gran
importancia en la realización del propósito de las edades, y que, durante el
periodo cubierto por los Evangelios y los Hechos, los Gentiles no podrían venir
a disfrutar de ninguna bendición en independencia de Israel. Hoy en día, Israel
se encuentra esparcido por toda la faz de la tierra, su territorio y ciudad
todavía se encuentra asediada por extranjeros*, y las profecías y promesas
relativas a Israel no han sido todavía cumplidas o disfrutadas. Es evidente que
con la puesta de parte de este pueblo tan favorecido, fue necesario que se
diese un cambio de dispensación.
*Si bien al día de hoy el Estado de Israel ya sea
reconocido mundialmente – un paso más hacia el reinicio de todas las profecías
relativas a Su Segunda Venida. Este presente artículo fue publicado en 1935.
Nota del Traductor.
(2)
La presencia y prominencia de dones milagrosos
A través
del ministerio público del Señor Jesús, y desde Pentecostés en Hechos 2 hasta
el naufragio en las costas de Malta en Hechos 28, las señales sobrenaturales, y
las maravillas y los públicos milagros, acompañaron y confirmaron la
predicación de la Palabra. No tan solamente el propio Señor y además Sus
apóstoles operaron milagros, sino que durante el tiempo de los Hechos miembros
comunes y recientes también estuvieron en posesión de dones espirituales en una
tal abundancia, que tuvieron que procurar los consejos del Apóstol en cuanto a
su uso y regulación dentro de la asamblea (1ª Cor.14:26-40). Los milagros de
Marcos 16, Hechos 2, y 1ª Corintios 12 y 14 no son la común y normal
experiencia de la iglesia actualmente vigente. Su ausencia, junto con la puesta de parte del pueblo de
Israel, constituyen dos piezas de negativa evidencia en favor de una nueva
dispensación.
No
estamos, no en tanto, limitados a la negativa evidencia. La Escritura además
provee evidencia definitiva de un tipo positivo, la cual ahora debemos
considerar.
(3)
El ministerio en prisión del Apóstol Pablo
Cuando
Pablo se dirigió hablando a los ancianos de la Iglesia en Éfeso, dejó bastante
claro que un ministerio había llegado a su fin, y otro, próximamente asociado
con la prisión, estaba a punto de comenzar. Hizo un recuento de sus pasados
servicios entre ellos y les dijo, entre otras cosas, que ya no volverían a ver
su rostro (Hechos 20:17-38). Posteriormente, delante del Rey Agripa, reveló el
hecho importante de que, cuando se convirtió y fue comisionado por el Señor, en
Hechos 9, se le había predicho que, en un tiempo subsecuente, el Señor se le
aparecería de nuevo, y que entonces le daría una segunda comisión (Hechos
26:15-18).
(4) La
dispensación en cadenas de Hechos 28.
Justo
mismo hasta el último capítulo de los Hechos, Israel y los dones milagrosos
siguieron ocupando su lugar prominente (Hechos 28:1-10, 17, 20). A su llegada a
Roma, Pablo, aunque estuviese deseoso de visitar la Iglesia (Rom.1:11-13),
envió antes que nada a llamar por los “principales de los Judíos”, diciéndoles
que “por la esperanza de Israel” se encontraba preso y encadenado. Después de
pasarse un día entero con estos hombres de Israel, procurando sin éxito
persuadirles “concerniente a Jesús” por
la ley y los profetas, finalmente pronunció la actual y presente maldición
de ceguera y sordez completa de Israel, diciendo a seguir:
“Sabed,
pues, que a los Gentiles es enviada esta salvación de Dios, y ellos oirán”
(Hechos 28:28).
Durante
los dos años en prisión que siguieron, el Apóstol ministró a todos cuantos se
le acercaban, enseñándoles aquellas cosas que “concernían al Señor Jesucristo”,
pero esta vez sin referencia alguna ni a la ley ni a los profetas (Hechos
28:30, 31).
(5)
La presente dispensación, una nueva revelación.
La omisión
de “la ley y de los profetas” desde Hechos 28:31, cuando se compara con el
versículo 23, es un aspecto puntual muy importante. A través del ministerio terrenal
del Apóstol, él fue haciendo continuas y repetidas alusiones a las Escrituras
del Antiguo Testamento. Sin embargo,
cuando examinamos las “Epístolas en Prisión” nos vemos confrontados por la
ausencia de estas citaciones. La razón para esta mudanza es que Pablo, como el
prisionero de Jesucristo para los Gentiles, recibió el Misterio “por
revelación” (Efesios 3:1-3). Este Misterio había estado ocultado desde las
edades y generaciones, hasta que llegó el tiempo para que Pablo fuese su
ministro (Col.1:24-27). No podía, por
tanto, encontrarse en las Escrituras del Antiguo Testamento.
(6) Algunos especiales aspectos de este nuevo
llamamiento.
(a) Esta iglesia fue escogida “antes
de la fundación del mundo” (Efesios 1:4) y “antes que el mundo comenzase”
(antes del tiempo de las edades).
(b) Esta iglesia tiene su esfera de
bendición por encima de todo principado y potestad…sentada juntamente en los
lugares celestiales en Cristo Jesús” (Efesios 1:3, 20, 21; 2:6).
(c) Esta iglesia no es una
“evolución”, sino una nueva “creación”, habiendo desaparecido la peculiar
ventaja de ser un Judío o la condición de Gentil, cuando se pasa a formar parte
y ser miembro de la Iglesia, con la destitución y derrocada de la pared
intermedia (Efesios 2:14-19).
(d) Esta iglesia es el Cuerpo Reunido
juntamente, del cual Cristo es la Cabeza, y en el cual todos los miembros son
iguales (Efesios 1:22, 23; 3:6), una relación nunca antes conocida.
(7) Las Epístolas en Prisión.
Aunque sea cierto que la propia naturaleza del caso
demande una nueva dispensación, debido y en consecuencia a la puesta de parte
de Israel, no se nos deja a la mera imaginación. Hay una nueva sección del
Nuevo Testamento con la enseñanza específica relativa a la iglesia de la
presente dispensación. Esta sección se encuentra en las epístolas escritas por
Pablo siendo el “prisionero del Señor por nosotros los Gentiles”. Estas
epístolas son cinco en número, pero nosotros generalmente nos referimos a las
“cuatro Epístolas en Prisión”, una vez que Filemón se limita a la práctica y es
personal, y aunque sea una preciosa epístola, no añade ni contribuye en nada
para la nueva enseñanza del Misterio.
Las cuatro Epístolas en Prisión son:
A EFESIOS – La Dispensación del Misterio. La Verdad Básica.
B FILIPENSES
– El Premio. Realización en
servicio.
A COLOSENSES – La Dispensación del Misterio. La Verdad Básica.
El lector encontrará
en cada una de estas epístolas la evidencia clara de que fueron escritas desde
la prisión, y que forman parte del ministerio referido en Hechos 28:31.
Las notas anteriores
sobre las características o aspectos expuestos de (1) a (7) son necesariamente
breves y muy cortas, y no son exhibidas sino como el mero intento de
providenciar los meros aspectos externos del tema. Cualquier lector que no esté
convencido en cuanto al peculiar y único carácter de estas epístolas en prisión
y la dispensación que en ellas se revela, debería ocuparse haciendo un
detallado y personal estudio sobre ellas, observando todos sus reclamos y sus
distintivos aspectos. Este estudio no ha sido escrito para probar hasta la
plena satisfacción de todos que una nueva dispensación comenzó en Hechos 28,
sino que ha sido preparado antes bien como una ayuda para aquellos quienes,
habiéndose dado cuenta que tuvo lugar una mudanza con certeza y sin duda alguna
en el trato dispensacional de Dios para con los hombres en ese tiempo, desean
comprender, por tanto, cuál sea el efecto que este cambio haya producido sobre
la esperanza de la iglesia.
La nueva fase de Esperanza precisa de Oración
Si bien la oración
debe acompañar la Palabra en todos los tiempos, no hay por otro lado necesidad
alguna de orar por la “revelación” concerniente a la esperanza de una persona
si es que ésta ya haya sido revelada. Las palabras difícilmente podrían ser más
claras que las empleadas en 1ª Tesalonicenses 4, y si este capítulo todavía
representase la esperanza de la Iglesia del Cuerpo Único, no hubiese habido
necesidad de que el Apóstol hablase como lo hizo en Efesios 1. En el versículo
17 oró para que los santos pudieran recibir “el espíritu de sabiduría y
revelación en el conocimiento de Él…para que pudiesen conocer cuál es la
esperanza de Su (más alto) llamamiento” (Efesios 1:17, 18).
Sería bueno que el
lector ponderase la nota al margen (en las versiones inglesas) de Efesios 1:17,
donde, en vez de “en el conocimiento de Él”, leemos, “para el reconocimiento
actual de Él”. Con esta observación nos surge un punto más importante. Muchos
fracasan a la hora de seguir adelante con la verdad, no debido a la inhabilidad
para entender el significado de los claros términos empleados, sino debido al
fracaso en “reconocerle a Él actualmente”. El Apóstol hace una pausa en su
enseñanza para decirles a sus oyentes que, antes de poder seguir dando un paso
en frente, el reconocimiento actual de lo que ha revelado debe ser hecho y
tenido en mente. Reconocer actualmente la verdad del Misterio significa ponerse
uno propio y salirse fuera del favoritismo para con las denominaciones; y mucho
de lo que hace el hijo de Dios que confiesa: “Yo no lo veo”, lo que está
realmente haciendo es una confesión del fracaso en reconocer actualmente la
revelación de la verdad conectada al Señor ascendido.
Esta nueva fase de Esperanza se asocia con una
Promesa
Ya hemos visto que la
esperanza y la promesa están necesariamente vinculadas y van juntas.
Descubrimos que la promesa formando la base de expectación o espera durante los
Hechos eran “las promesas hechas a los padres”. Ahora bien, los padres no
poseían con ellos promesas dadas ni hechas concernientes a los lugares
celestiales “donde Cristo está sentado a la diestra de Dios”. Nada sabían de
una iglesia en la cual los creyentes Gentiles viniesen a estar en una perfecta
igualdad con los creyentes Judíos.
En Efesios 1:12, donde la A.V dice “confiábamos”, al
margen se lee “esperábamos” (la Reina Valera está correcta), y no podemos
hablar diciendo “la bendita esperanza confiada” o “la confianza de la segunda
venida”, es mejor mantener la traducción “esperar”. La palabra empleada
actualmente es Proelpizo, “aguardar
prioritariamente”. De esta prioritaria esperanza el sello es el Espíritu Santo,
y como tal es “el Espíritu Santo de la promesa”.
¿Cuál es la promesa que se tiene en cuenta? No existe
sino una sola promesa en las Epístolas en Prisión. Los Gentiles que forman la
Iglesia del Cuerpo Único eran por naturaleza
“ajenos a la
ciudadanía de Israel, y estaban alejados de los pactos de la promesa” (Efesios
2:12),
Sin embargo, a
través de la gracia, pasaron a ser: “coherederos, y miembros juntamente del
cuerpo, y partícipes juntamente de la promesa en Cristo Jesús a través del
evangelio, del cual yo (Pablo) fui constituido un ministro” (efesios 3:6, 7).
Esta promesa nos lleva de vuelta al periodo de Efesios
1:4, “antes de la fundación del mundo”: De acuerdo a la promesa de vida que es
en Cristo Jesús…según Su propio propósito y gracia, que nos fue dada en Cristo
Jesús antes que el mundo comenzase (antes
de los tiempos y edades) (2ª Tim.1:1, 9).
Es esta la única promesa de vida, que es en Cristo, que
vendrá a realizarse cuando la bendita esperanza puesta delante de la iglesia
del Cuerpo Único se cumpla. Su realización se describe por el Apóstol en
Colosenses 3:
“Cuando Cristo, vuestra vida se manifieste, entonces
vosotros también seréis manifestados con Él en
gloria” (Col.3:4).
Es imposible diferir o prorrogar esta “aparición” o
“manifestación” hasta después del Milenio, pues la Iglesia está aguardando por
“Cristo, la vida de ellos”, y siendo
así, está aguardando “la promesa de vida”, la cual se conecta íntimamente con
la esperanza que tienen.
La palabra “manifestados” les sonará muy familiar a la
mayoría de los lectores en el término “epiphaneia”.
Parousia y Epiphaneia
Creyendo como creemos
que toda la Escritura es dada por inspiración de Dios, debemos tener cuidado a
la hora de distinguir entre las diferentes palabras por Él empleadas por cuando
habla de la esperanza de Su gente. Observamos que la palabra parousia, generalmente traducida
“venida”, se encuentra en pasajes tales como los siguientes:
“¿Cuál será la señal de Tu VENIDA, y del fin
del tiempo (del final de la era)?” (Mateo24:3)
“La VENIDA del Señor”
(1ª Tesal.4:15).
“La VENIDA de nuestro Señor Jesucristo” (2ª Tesal.2:1).
“Los que son de
Cristo, en Su VENIDA” (1ª Cor.15:23).
“La VENIDA del Señor
está cerca” (Sant.5:8).
“La promesa de Su
VENIDA” (2ª Pedro 3:4).
“No ser avergonzados
delante de Él en Su VENIDA” (1ª Juan 2:28).
Esta palabra se emplea
para describir la esperanza de la Iglesia durante el periodo de los Hechos,
cuando “la esperanza de Israel” estaba vigente todavía, y la encontramos
empleada en el Evangelio de Mateo, por Pedro, Santiago (Jacobo), y Juan,
ministros de la circuncisión, y por Pablo en aquellas epístolas escritas antes
que la dispensación mudase en Hechos 28. Se refiere a Su personal llegada sobre
la tierra para erguir su reino terrenal.
En las Epístolas en
Prisión en cambio se emplea una palabra distinta. En ellas nunca aparece la
palabra parousia hablando de la
venida del Señor, ni tampoco de la esperanza de la Iglesia, sino que antes bien
se emplea la palabra epiphaneia. En
1ª Tesalonicenses 4 el Señor desciende del cielo; en 2ª Tesalonicenses 1, está
para ser revelado desde el cielo.
Pero esto es muy diferente de ser manifestados “en gloria”, es decir, donde Cristo ahora se halla sentado, “a la
diestra de Dios”. Si bien, por tanto, la esperanza puesta delante de todas las demás compañías de los
redimidos sea “la venida del Señor”; en cambio,
la “prioritaria esperanza” de la Iglesia del Misterio es, por su lado: “su ida saliendo” para ser “manifestado
con Él en gloria”, lo cual significa
“por encima de todos los cielos” (Efesios 4:10). Si bien la epístola de Tito no
sea una “Epístola en Prisión”, no en tanto pertenece al mismo grupo que 1ª y 2ª
Timoteo. Allí, también, leemos que deberíamos vivir “aguardando por la bendita
esperanza, y la manifestación gloriosa del gran Dios y nuestro Salvador
Jesucristo (O BIEN…y la manifestación de la gloria de nuestro gran Dios y
Salvador Jesucristo)” (Tito 2:13).
El casamiento del Hijo del Rey
Tal vez podamos
ilustrar estos distintos aspectos del Segundo Adviento empleando la ocasión del
casamiento del hijo del Rey en la Abadía de Westminster. El casamiento es uno solo, si bien que pueda ser
testificado dentro en la propia Abadía, o visto desde un estrado a la salida, o
en pie desde una pública acera a su entrada. Del mismo modo, cualquiera que sea
nuestro llamamiento, la esperanza es una
sola en este respecto, la cual es el propio Cristo Mismo. Sin embargo, no
podemos concebir que alguien niegue el hecho de que, estar presente en la
Abadía propiamente, sea algo bien distinto de estar situado en un estrado o en
la acera, hasta que el hijo del Rey, acompañado de “liras” y “trompetas”,
descienda desde la Abadía para saludar y encontrarse con el pueblo que le
aguarda. Esta gente que aguarda a la salida de la Abadía forma una gran
compañía, aunque bien diferenciada en cuanto al punto de vista. Del mismo modo,
la Iglesia terrenal, junto con los santos del Reino, forman una gran compañía,
aunque algunos entre ellos, yendo a perfección tal como el fiel Abraham,
pertenezcan al “llamamiento celestial” conectado con la Jerusalén que es de arriba, mientras que otros
pertenezcan al Reino que está para ser erguido “sobre la tierra”. Difícilmente
podríamos creer que haya algún súbdito del Rey que prefiera “el estrado” o la
acera, a la cercana aproximación de la propia Abadía; y difícilmente podemos
creer que cualquiera de los redimidos hijos de Dios “prefiriese” aguardar sobre
la tierra por el descenso del Señor venido del cielo, si es que la
“manifestación con Él en gloria” prioritaria le fuese posible como esperanza
para él. No podemos, sin embargo, obligar o forzar estas cosas en el corazón y
la conciencia. Tan solo podemos responder a la exhortación que se nos da a
estar:
“Siempre listos y preparados para responder a
todo aquel que nos demande una razón de la esperanza que hay en nosotros, con
mansedumbre y reverencia” (1ª Pedro 3:15).
No discutiremos con
nuestros hermanos; no proferiremos hacia ellos insulto alguno. Procuraremos,
eso sí, la gracia necesaria para ser pacientes e instruir con mansedumbre: “Por
si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad” (2ª Tim.2:24,
25).
Convidamos
sinceramente a cualquiera de los lectores que nos hayan ido siguiendo en esta
“razón por la esperanza que hay en nosotros” hasta aquí, y que quiera examinar
más cuidadosamente tanto la fundación sobre la cual reposa como la gloriosa súper
estructura del propio Misterio, a considerar los diversos libros y panfletos
que están publicados por The Berean
Publishing Trust, así como en la revista bimensual The Berean Expositor.
Para concluir, debemos
referir a todos nuestros lectores, especialmente aquellos que creen la
distintiva enseñanza del Misterio, las palabras del Apóstol en 2ª Timoteo 4:8
donde habla con aprobación de todos aquellos que “aman Su aparición”.
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