La Verdad Dispensacional y la Cristiandad Práctica
La Verdad Dispensacional y la Cristiandad Práctica
Entre las muchas acusaciones que han sido maquinadas y dirigidas contra la “verdad Dispensacional” se halla una diciendo que es ineficaz en la práctica; que, estos individuos, los cuales tienen sus ojos puestos en las estrellas, que hablan de “principados y potestades” y “misterios”, no tienen con ellos un mensaje práctico de valor, y que sus enseñanzas hacen a los hombres hipócritas, místicos y exclusivos. Ahora bien, si estas acusaciones pudiesen ser mantenidas, serían ciertamente bastante graves y serias. Sin embargo, estamos gratos pudiendo afirmar que, dichas acusaciones, tan solo se hallan en la imaginación de aquellos quienes, a la hora de criticar la enseñanza del misterio, son como los pretensos maestros de los días del apóstol, que carecen de toda lógica:
“Sin entender ni lo que hablan ni lo que afirman” (1ª Tim1:7).
Nuestro objetivo en este panfleto será mostrar cuán intensamente prácticas son estas epístolas del misterio, y estamos plenamente persuadidos, que, todos cuantos deseen conocer la verdad, estarán agradecidos si tan solamente abren el Libro, con el fin de que éste pueda, por sí mismo, pronunciarse y hablar.
Antes que nada veamos el testimonio de la Epístola a los Efesios para con el valor de la verdad práctica. En el capítulo 4 encontramos al apóstol rogándoles a sus oyentes para que “anden dignos de su llamamiento”, y observamos que esta exhortación se halla prácticamente a la mitad de la epístola. Si la examinamos detalladamente, descubrimos que esta epístola ha sido, de tal forma escrita, que, tiene siete secciones en los capítulos de 1 a 3 que tratan con la doctrina, y que estas secciones se contrabalancean por siete secciones en los capítulos de 4 a 6 que tratan con la práctica. Además, vemos que cada sección, en la porción doctrinal de la epístola, tiene consigo un miembro correspondiente en la porción práctica. Por ejemplo, en Efesios 2:19-22, donde leemos acerca de “un templo santo en el Señor en el cual nosotros somos juntamente edificados”, en Efesios 4:7-19, leemos de “un cuerpo bien concertado y unido”. La palabra “digno” en Efesios 4:1 sugiere un balance, tal como en Romanos 8:18.
Un detallado examen de la enseñanza práctica de Efesios no está al alcance de un panfleto de este tipo; debemos por tanto contentarnos tan solo con unos pocos ejemplos. Observe cómo, en el capítulo 4, el apóstol no tan solo ofrece la exhortación a “despojarse” del viejo hombre y a “vestirse” del nuevo, sino que además resalta la exhortación con una más minuciosa palabra concerniente al ladrón que no debe robar más, sino que trabaje con sus manos; a evitar cualquier forma de hablar corrupta, a dejar de lado toda ira, a perdonar del mismo modo que Dios en Cristo ha perdonado. ¿Quién puede haber entre los que a voces gritan reclamándonos por “algo práctico”, que pueda decir que su estilo de vida se compare favorablemente con este estándar?
Una vez más, en Efesios 5, el “andar” que es digno se expande nuevamente. Este andar debe ser hecho “en amor” (5:2); “en luz” (5:8), y “con sabiduría” (5:15), y además, cada una de estas subdivisiones del andar son seguidas por una más compresiva declaración concerniente a la vida diaria y hábitos en conducta. Estas tres divisiones son posteriormente expandidas en Efesios 5:22 a 6:9, y al lector no se le permite generalizar, sino que se ve forzado a confrontar todos los aspectos particulares de la verdad práctica en exhibición. Las esposas y maridos, los hijos y padres, los siervos y amos: cada uno tiene su lugar apropiado, y nos admiramos hasta qué punto estos que afirman diciendo que la verdad dispensacional no es práctica, pudiesen pasar el examen de esta tan práctica sección, si fuese aplicada a sus hogares y conductas.
Volviendo ahora nuestra atención a la epístola a los Filipenses, ¿dónde más en todo el Nuevo Testamento podremos encontrar una epístola como esta para hallar la enseñanza práctica tan claramente expuesta? La maravillosa revelación de Filipenses 2 concerniente al Señor, Quien, siendo igual a Dios, se humilló hasta la muerte de cruz, no fue dada primariamente para enseñar nada acerca de la Persona del Señor, sino que fue ofrecida como un ejemplo, para que pudiésemos conocer y saber prácticamente el significado y lo que sea realmente la falta de egoísmo en nuestras vidas:
“No mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filip.2:4).
¿Dónde podríamos hallar un tal sosiego, una tal práctica de fe, como la que aquí se exhibe en Filipenses 4:6, 7?:
“Por nada estéis afanosos, sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”
Mire el ejemplo manifiesto por el apóstol:
“He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación: Sé vivir humildemente, y se tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filip.4:11-13).
O vuelva a leer la última epístola que Pablo escribió antes de su martirio (2ª Timoteo) y ponga atención al énfasis que pone sobre no ser avergonzado:
“No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso Suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de dios” (2ª Tim.1:8).
“Por lo cual asimismo padezco esto (estas cosas); pero no me avergüenzo, porque yo sé a Quien he creído” (2ª Tim1:12).
“Muchas veces me confortó, y no se avergonzó de mis cadenas” (2ª Tim.1:16).
¿Podría alguna cosa ser más práctica que las siguientes palabras dirigidas a Timoteo?:
“Dios no nos ha dado espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2ª Tim.1:7).
¡Cuán claramente cortantes son sus palabras en 2ª Timoteo 2:4!:
“Ninguno que milita se enreda en los negocios de la vida (en su sustento de vida), a fin de agradar a aquel que lo tomó por soldado” (2ª Tim.2:4).
La doctrina y la práctica se contrabalancean y equilibran de manera muy hermosa en 2ª Tim.2:19:
“Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son Suyos (doctrina), y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre del Señor (práctica)”.
El apóstol además pudo señalar su propia conducta al tiempo que predicaba la verdad a los demás:
“Pero tú has seguido mi doctrina, conducta (o manera de vivir)” (2ª Tim.3:10).
¡Así quiera Dios que, todos aquellos que conozcan alguna cosa de la doctrina, sean cada día más y más conscientes de lo necesaria que es… su práctica correspondiente!
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