Mensajes Desde Berea
Mensajes
Desde
Berea
Charles H. Welch
Traducción: Juan Luis Molina
BEREAN PUBLISHING TRUST
CONTENIDOS
Número
1 - ¿Comenzó realmente “la Iglesia” en Pentecostés?
2 – Las llaves de Pedro y las puertas de Pablo
3 – La piedra angular
4 – Comparando asuntos espirituales
5 – Muchas veces y de diversas maneras
6 – Probando las cosas que difieran
7 – La verdad Dispensacional y el sentido común
8 – La verdad Dispensacional y los Fundamentos
9 – La verdad Dispensacional y las Epístolas del
Misterio
10 – La verdad Dispensacional y la Cristiandad
práctica
Número 1
¿Comenzó realmente “la Iglesia” en
Pentecostés?
Una consideración sobre la actitud
de Pedro en casa de Cornelio y el peso que tuvo esta cuestión
Las páginas siguientes han sido vueltas a imprimir
de una revista mensual titulada El
Expositor de Berea. El presente formato vuelve a exhibirse de nuevo con la
esperanza de que, el lector, considere sin preconceptos la enseñanza de las
Escrituras en cuanto al lugar que ocupa Pentecostés en el propósito de Dios, y
además, que también considere el carácter único de la revelación de gracia a
los Gentiles, tal como se encuentra en la epístola a los Efesios, una
revelación que se le dio a Pablo cuando fueron suspensas y abandonadas
temporalmente las condiciones habidas en Pentecostés, a la hora de ser Israel
puesta de parte en Hechos 28.
La visión que Pedro tuvo del gran lienzo bajando a
la tierra, y su consecuente visita a Cornelio, forman parte del gran movimiento
que estaba teniendo lugar en Hechos 8 y 11, el cual prepara el camino para la
obra de Pablo, el Apóstol para los Gentiles. Podremos observar que no existe
nada en Hechos 10 que garantice la idea de que Pedro tuviese un ministerio para
con los Gentiles, pues la visión del lienzo y la visita a Cornelio fueron
excepcionales. Ambas cosas cumplieron sus propósitos, sin embargo Pedro nunca
se vio posteriormente liberto de su ministerio entre y para con la
circuncisión. El tema que estamos tratando contiene cuatro partes:
(1) LA VISIÓN DE CORNELIO (Hechos 10:1-9).
(2) LA VISIÓN DE PEDRO (Hechos 10:9-24).
(3) EL MINISTERIO DE PEDRO (Hechos 10: 24-48).
(4) EL EFECTO SOBRE LA IGLESIA (Hechos 11:1-18).
Así como
podemos ver en las vivas palabras de Esteban un anticipo del más amplio
ministerio del apóstol Pablo, así es bien probable que el camino hubiese ido
preparándose por Pedro, por la obra hecha entre los Samaritanos, y en el encuentro que tuvo Felipe con el
etíope. Hablando humanamente, lo más seguro es que, si Pedro no hubiese
recibido esta revelación proveniente del cielo, y si no hubiese servido de
instrumento en la conversión del Gentil, Cornelio, entonces la oposición que
Pablo vino a encontrar a la hora de transmitir el mensaje hubiese sido todavía
más amarga e intensa de lo que fue. El
Dios de gracia es suficiente para todo, y Pablo lo habría soportado hasta el
final, sin importar lo ocurrido con Pedro; pero Dios, en Su gracia, emplea
medios e instrumentos, y Esteban, Felipe y Pedro fueron por Él utilizados en la
preparación del camino para este nuevo y más extenso ministerio. Existe un
contraste de lo más significativo entre el carácter de Cornelio y el de los
paganos a quienes Pablo fue enviado. Cornelio es descrito como:
“Un varón
devoto, temiente a Dios con toda su casa, el cual daba muchas limosnas al
pueblo, y oraba a Dios continuamente” (Hechos 10:2).
Los
conversos de Pablo son por el contrario descritos como:
“Sabéis
que cuando erais Gentiles, se os llevaba de la mano para que adoraseis a los
ídolos mudos” (1ª Cor.12:2).
“Cuando no
conocíais a Dios, servíais a los que por naturaleza no son dioses” (Gál.4:8)
“En aquel
tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los
pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12).
Sin
embargo, está muy claro, por Hechos 10, que, de no haber sido por la visión del
lienzo, Pedro habría considerado al devoto y orador Cornelio como “común e
inmundo”. ¿Cómo hubiese sido posible que tuviera esta actitud, si fuese cierto
que la Iglesia tuvo sus comienzos en Pentecostés? Muchos comentadores se
inclinan a pensar que Cornelio sería un prosélito, y será provechoso que
hagamos una pausa aquí, con el fin de asegurarnos que todos nuestros lectores
aprecien la posición de un prosélito.
La palabra
“prosélito” está formada de pros, “próximo
a” y eleutho “llegar” o “venir”, y se
utiliza por la Septuaginta para el extranjero que pasa a vivir entre los Judíos
y abraza su religión (Éxodo 12:48, 49; Lev.17:8). En el Nuevo Testamento, la
palabra refiere a un converso proveniente del paganismo, aunque no
necesariamente implique que el converso viva de manera efectiva entre el pueblo
Judío. Estos prosélitos acudieron a Jerusalén para celebrar la fiesta.
La
iniciación del prosélito envolvía la observancia de tres rituales: Debía ser
circuncidado; debía ser bautizado; y debía ofrecer un sacrificio. El Judío
consideraba al prosélito como si fuera un recién nacido. Maimonides dice al
respecto:
“Un Gentil
que pasase a ser un prosélito, y un siervo puesto en libertad, son ambos
considerados niños recién nacidos, y todas aquellas relaciones que tuvieran
siendo Gentil, o siervo, desaparecían de ahí en adelante”.
Es bien
probable que nuestro Señor, en Su conversación con Nicodemo, se estuviese
refiriendo a esta iniciación. Calmet y sus seguidores distinguen dos clases de
prosélitos, a saber, el Prosélito de la
puerta – los cuales observaban los siete preceptos de Noé, pero no eran
circuncidados; y el Prosélito de justicia
– los cuales se convertían al Judaísmo y se circuncidaban, observando toda la
ley. Cornelio era un “incircunciso” (Hechos 11:3), y por tanto no sería un
prosélito, y sin embargo es denominado “un varón devoto, y temiente a Dios”. La
dispersión del Judío a través del mundo Romano debió necesariamente haber
influenciado el pensamiento Gentil, y tuvo que haber algunos, en resultado de
dicha influencia, que, aunque fuesen incircuncisos y fuesen ajenos al círculo
Hebreo, serían no en tanto adoradores del verdadero Dios. De Lidia, una mujer
de Tiátira, se dice que “adoraba a Dios” y la hallamos en un lugar de oración (Hechos
16:13, 14). En Tesalónica residían “una gran multitud de Griegos devotos”
(Hechos 17:4); en Atenas, Pablo, disputaba con personas devotas (Hechos 17:17);
y en Corinto halló refugio en casa de uno llamado Justo que “adoraba a Dios”
(Hechos 18:7). Sería precisamente a esta clase de Gentiles que Cornelio
pertenecía, pues si hubiese sido un prosélito no podría haber sido considerado
por el Judío como “común e inmundo”. Esta conclusión se refuerza por la
posterior declaración hecha por Pedro al respecto:
“En verdad
comprendo que Dios no hace acepción de personas; sino que en toda nación se agrada del que le teme y hace justicia”
(Hechos 10:34, 35).
Si los
predicadores y maestros hubieran entendido la verdad que la última parte del
versículo 35 expone, en conexión con el estado de Cornelio, no se habrían
levantado tantas dificultades con respecto a la justificación por fe, y al hecho de que, por las obras de justicia,
ningún hombre pueda ser salvo.
Ahora
debemos volver nuestra atención a la visión que se le dio a Pedro, la cual
produjo una tan gran revolución.
¡Jope! ¿Pensaría alguna vez Pedro acerca de Jonás?
¿No era su nombre “Simon bar Jonas”? ¿No había Jonás altercado
con Dios por causa de Su misericordia hacia los Gentiles? ¿No fueron los
problemas de la expansión del evangelio inducidos a la fuerza sobre Pedro? No
se nos dice nada al respecto, pero estamos persuadidos que no habría sido ni
humano ni apóstol, si es que ese no fuera el peso de sus pensamientos e ideas.
Entrando
en trance sobre la azotea de la casa, él vio un lienzo descendiendo del cielo,
y en él había toda clase de bestias cuadrúpedas, reptiles de la tierra, y aves
del cielo, y viniendo una voz le dijo: “Levántate, Pedro, mata y come”. Es muy
difícil que un Gentil cualquiera pueda hacerse una pequeña idea de lo que ocupa
y habita en la mente del Judío, tanto si sea cristiano como si no, cuando el
Judío recibe un tal mandamiento. Nosotros podemos, sin embargo, ser conscientes
de la ley que gobierna este asunto de los animales puros e inmundos, viendo lo
que sobre ellos se escribe:
“Estos son
los animales que comeréis de entre todos los animales que hay sobre la tierra:
De entre los animales, todo el que tiene pezuña hendida y que rumia, éste
comerás” (Lev.11:2, 3).
A seguir viene la larga lista de animales
prohibidos, con la frase recurrente:
“Los
tendréis por impuros” (11:8).
“Os serán,
pues, abominación” (11:11, y vea además 11:20, 23).
No solo
eso, sino que:
“Estos
tendréis por inmundos de entre los animales que se mueven, y cualquiera que los
tocare cuando estuvieren muertos será inmundo hasta la noche” (11:31).
Todas
estas prohibiciones se daban por ser Israel un pueblo aparte,
“Porque Yo
soy Jehová vuestro Dios; vosotros por tanto os santificaréis, y seréis santos,
porque Yo soy santo…esta es la ley acerca de las bestias y las aves, y todo ser
viviente que se mueve en las aguas, y todo animal que se arrastra sobre la
tierra; PARA HACER DIFERENCIA entre lo inmundo y lo limpio, y entre los
animales que se pueden comer y los animales que no se pueden comer” (11:44-47).
Esta
instrucción “PARA HACER DIFERENCIA” vuelve a repetirse en la sección
correspondiente de Levítico, es decir, en el capítulo 20:
“Pero a
vosotros os he dicho: Vosotros poseeréis la tierra de ellos, y Yo os la daré
para que la poseáis por heredad, tierra que fluye leche y miel. Yo Jehová
vuestro Dios, que OS HE APARTADO de los
pueblos. Por tanto, vosotros HARÉIS DIFERENCIA entre animal limpio e inmundo…los
cuales OS HE APARTADO por inmundos. Habéis, pues, de serme santos, porque Yo
Jehová soy santo, y OS HE APARTADO de los pueblos para que seáis Míos”
(Lev.20:24-26).
Era en
esta atmósfera que el Judío nacía, vivía, se movía y empapaba su existencia.
Prácticamente desde la cuna hasta al sepulcro, desde que el sol nacía hasta el
anochecer, andando o durmiendo, casándose o dando en casamiento, comprando o
vendiendo, a él se le recordaba constantemente que todo los Gentiles eran
impuros, y que tan solamente su propia nación era santa para el Señor. Esta
separación para el Señor se reforzaba gravemente por la observancia escrupulosa
de la ley Levítica.
Si observamos las palabras empleadas en el citado
pasaje como se traducen por la Septuaginta al griego, percibiremos una conexión
con la enseñanza del Nuevo Testamento que muchos han pasado por alto. “Hacer una diferencia” en Levítico 11:47 es diasteilai, y se encuentra en Rom.3:22 y
10:2, donde aparece en la forma nominal diástole.
Al mismo tiempo que sea por todos reconocido como obvia verdad, la
declaración de Pablo: “No hay diferencia”, con respecto tanto al pecado como a
la salvación, no en tanto, fue, cuando la pronunció por primera vez,
absolutamente revolucionario en su efecto. En Levítico 20:24 y 25 la
Septuaginta emplea dos palabras relacionadas para traducir “Yo os he separado”.
En el primero de los versículos la palabra es diorizo, y en el segundo es aphorizo.
Esta palabra aphorizo también se
emplea para traducir las palabras “hacer una diferencia” en Levítico 20:25. Diorizo no aparece en el Nuevo
Testamento, pero sí que hallamos aphorizo.
Un examen de las diez ocurrencias de aphorizo
nos capacitará para entender mejor la actitud de Pedro hacia Cornelio:
“Saldrán
los ángeles, y apartarán a los malos de
entre los buenos (o los perversos de entre los justos R.V.)” (Mat.13:49).
“Y serán
reunidas delante de Él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos” (Mat.25:32).
“Bienaventurados
seréis cuando los hombres os aborrezcan, y cuando os aparten de sí” (Lucas 6:22).
“Apartadme
a Bernabé y a Saulo” (Hechos 13:2).
“… Pablo
se apartó de ellos, y separó a los discípulos” (Hechos 19:9).
“Pablo… apartado para el evangelio de Dios”
(Rom.1:1).
“Por lo
cual: Salid de en medio de ellos, y apartaos,
dice el Señor, y no toquéis lo inmundo, y Yo os recibiré” (2ª Cor.6:17).
“Pero
cuando agradó a Dios, que me apartó
desde el vientre de mi madre” (Gál.1:15).
“Pues
antes que viniesen algunos de parte de Jacobo, comía con los Gentiles; pero
después que vinieron, se retraía y se apartaba,
porque tenía miedo de los de la circuncisión” (Gál.2:12).
La última
referencia revela que Pedro se sintió atraído por la libertad que gozaban los
conversos del evangelio de Pablo, y que hasta se dispuso a comer con ellos,
pero los viejos hábitos fueron demasiados fuertes para él, y la venida de los
de la circuncisión hizo con que se apartase una vez más, y en su simulación e
hipocresía, hizo además con que Bernabé también se apartase.
Hay muchos
pasajes en los Evangelios, los Hechos y las Epístolas que muestran cuán grande
sería la influencia de estas leyes Levíticas sobre la conciencia de los Judíos.
Tomemos la palabra koinoo, que
significa “hacer común u ordinario”.
A veces se traduce “corromper” tal como en los siguientes pasajes:
“No lo que
entra en la boca contamina al hombre”
(Mat.15:11).
“El comer
con las manos sin lavar no contamina
al hombre” (Mat.15:20).
“Los
cuales, viendo a algunos de los discípulos de Jesús comer pan con manos inmundas, esto es, no lavadas, los
condenaban. Porque los fariseos y todos los judíos, aferrándose a la tradición
de los ancianos, si muchas veces no se lavan las manos, no comen” (Marcos 7:2,
3).
La cita
siguiente nos dará una idea de la intensidad de sentimientos que surgían en
conexión con este asunto de comer con los
Gentiles:
“Aquel que
coma con una persona incircuncisa, es como si lo hiciera, con un perro; aquel
que venga a tocarle, sería, como si tocase a un muerto; y aquel que se bañe en
el mismo lugar con él, como si se bañase con un leproso” (Pirke Rabbi Eliezer, 29).
El peso
que todo esto conlleva sobre las palabras y la actitud de Pedro en Hechos 10 es
más que evidente por las siguientes referencias:
“Señor, no, porque ninguna cosa común o inmunda he comido jamás” (Hechos 10:14).
“…lo que Dios limpió, no lo llames tú común” (Hechos 10:15).
“…Vosotros sabéis cuán abominable es para un varón
judío juntarse o acercarse a un extranjero; pero a mí me ha mostrado Dios que a
ningún hombre llame común o inmundo”
(Hechos 10:28).
Estas son
las palabras del propio Pedro. Si aceptamos la cronología de la Versión
Autorizada, este incidente sucedió ocho
años después de Pentecostés, y Pedro, por este entonces, todavía se
mantiene siendo según su propia confesión “un hombre Judío”. Al menos, él
propio, no creía ni se hacía idea alguna de que “la Iglesia hubiese tenido su
inicio en Pentecostés”. No tan solo seguía siendo un Judío, aunque fuera
creyente, sino que todavía se hallaba bajo la Ley. “Es algo abominable” dijo
él. ¿Cómo entonces podríamos mantener y tolerar la tradicional convicción de
que la Iglesia comenzó en Pentecostés? Le dijo a Cornelio a la cara que le
hubiese considerado “común e inmundo”, aun con todas sus limosnas y oraciones,
si no hubiese recibido la extraordinaria visión del gran lienzo. Sin embargo en Pentecostés:
“Todos los que habían creído estaban juntos, y
tenían TODAS LAS COSAS EN COMÚN” (Hechos 2:44).
Cuando se compara con Hechos 10, esto es una prueba
absoluta de que ningún Gentil se
halló ni pudo haber hecho parte en Pentecostés, ¡Y sin embargo la tradición enseñando que la Iglesia comenzó en Pentecostés persiste!
Pedro, además, manifiesta su estado mental
añadiendo:
“Por lo cual, al ser llamado, vine sin replicar” (Hechos 10:29). ¿Podemos imaginarnos al apóstol
Pablo hablando de esta manera, dirigiéndose a los más abyectos del Paganismo? ¡Claro que no! Estos dos ministerios, de estos dos
distintos apóstoles, son de polos aparte y separados. A seguir, Pedro continúa diciendo:
“Así que pregunto: ¿Por qué causa me habéis hecho
venir?” (Hechos 10:29).
¿Podemos
creer lo que vemos? ¿Estaremos leyendo bien? ¿Se halla este hombre, que abrió
la Iglesia al Gentil, en igualdad de estado con el creyente Judío? Él con toda
sencillez pregunta: “¿Cuál es el objetivo de haberme mandado venir?” Aquí, una
vez más, somos conscientes de que tales palabras en los labios de Pablo no tan
solo hubiesen sido imposibles de pronunciar, sino que además serían ridículas.
Pablo se considera “un deudor”, tanto al sabio como al no sabio, tanto al Judío
como al Gentil, al Bárbaro y al Griego ¡Pedro en cambio, no! Pedro era el Apóstol de la
circuncisión (Gál.2:8), y es por eso que la llamada de Cornelio le resultaba
inexplicable.
¿Por qué causa me habéis hecho venir? -
¿Podemos imaginarnos a un misionero en China, India, o cualquier otro lugar
alrededor del mundo, haciendo una pregunta de este tipo, o poniendo esta
cuestión en circunstancias similares? ¡Cualquier Sociedad Misionera le pediría
que retirase su candidatura, y con todo el derecho! ¡No es posible! Cada uno de
los puntos en este capítulo décimo es elocuente del hecho de que, Pedro, no tenía
comisión alguna dirigida a los Gentiles.
Al fin,
Pedro dijo “Y cuando comencé a hablar” (Hechos 11:15). Escuchemos el mensaje
que le dio a esta audiencia Gentil:
“…En
verdad comprendo que Dios no hace acepción de personas (primera admisión); sino
que en toda nación se agrada (segunda admisión) del que le teme y hace
justicia. Dios envió mensaje a los hijos
de Israel (observe, no a Pablo en Hechos 13:26), anunciando el evangelio de
la paz por medio de Jesucristo: (Éste es Señor de todos) (tercera admisión)…se
divulgó por toda Judea…en la tierra de
Judea (de los Judíos), y en Jerusalén
…y nos mandó que predicásemos al pueblo
(es decir, al pueblo de Israel) … que todos los que en Él creyeren, recibirán
perdón de pecados” (Hechos 10:34-43).
A nadie le
puede pasar desapercibida la actitud de Pedro. Él nunca había predicado
directamente a la audiencia Gentil, vuelve a recordar que aquello que oyó de
parte de Dios se dirigía a Israel, no
diciendo nada de un evangelio purificador hasta el final. Pero de no haber sido
por la intervención de Dios, no sabemos hasta cuando Pedro se hubiese mantenido
por esta vía. Es bastante dudoso que hubiese convidado a Cornelio y sus amigos
a que se bautizasen, tal como sus propias palabras indican:
“¿Puede
acaso alguno impedir el agua, para que no sean bautizados estos que han
recibido el Espíritu Santo como nosotros?” (Hechos 10:47).
El
resultado de esta obra en Cesárea fue que hasta el mismo Pedro fue llamado a prestar
cuentas de lo que había sucedido:
“Oyeron
los apóstoles y los hermanos que estaban en Judea, que también los Gentiles
habían recibido la palabra de Dios. Y cuando Pedro subió a Jerusalén,
disputaban con él los que eran de la circuncisión, diciendo: ¿Por qué has
entrado en casa de hombres incircuncisos, y has comido con ellos?” (Hechos
11:1-3).
No encontramos prueba alguna de parte de Padre para
el efecto de que la Iglesia comenzase en Pentecostés, si así hubiese sido, la
conversión de Cornelio habría sido previsible y causa de regocijo. ¡No sucedió
así! Sino que Pedro, paciente y humildemente, y en su defensa, vuelve a
recordar todo lo sucedido, y concluye con esta patética declaración: “¿Quién
era yo, que pudiese estorbar a Dios”?
(Hechos 11:17). ¿Por qué iría Pedro a pensar siquiera en estorbar a Dios, si es que él supiese
que la Iglesia había comenzado en Pentecostés? Está clarísimo que ni Pedro, ni
los demás apóstoles, ni ninguno de los hermanos en Jerusalén, se hacían la más
remota idea de algo así:
“ENTONCES, oídas estas cosas, callaron, y
glorificaron a Dios, diciendo: ¡De manera que TAMBIÉN a los Gentiles ha dado
Dios arrepentimiento para vida!” (Hechos 11:18).
Por Hechos 15 aprendemos que la respuesta de Pedro a
la llamada de Cornelio jugó un papel considerable, parando a los extremistas en
Jerusalén en su intento por inquietar a la Iglesia de los Gentiles, y eso
prueba ser una preparación para el gran ministerio de Pablo, el Apóstol para
los Gentiles. En esto nos regocijamos, y vemos cómo el propósito de gracia va
ocupando gradualmente las narrativas siguientes.
Recomendamos y encomendamos este estudio al lector,
y le pedimos particularmente que examine las palabras de Pentecostés: “Todas
las cosas en común” y las compare con las palabras de Pedro: “Común e inmundo”,
y el peso tan evidente que tienen sobre la cuestión: ¿Comenzó realmente “la
Iglesia” en Pentecostés?
No 2
Las llaves de Pedro y las puertas
de Pablo
Si las llaves de una hilera de casas se mezclasen,
sería muy probable que ninguno de los residentes fuese capaz de separar del
resto las suyas propias. La ley de las permutas y combinaciones, que nos
dificultaba tanto nuestros años escolares, le permite al cerrajero efectuar
tantas variaciones en las caras de la llave, que, por prácticos propósitos,
pueden garantizar que un duplicado suyo, de dicha llave, sea imposible de
efectuar. Cuando imaginamos una llave, por tanto, tenemos siempre presente y
recordamos que “A cada puerta corresponde
su llave apropiada”. Es cierto, en muchas casas o dependencias
empresariales, el presidente de la firma, porta consigo una “llave maestra”, la
cual abre todos los compartimientos en la empresa, sin embargo, no está
disponible para los siervos. Una llave, por otro lado, es un objeto pequeño. Su
importancia apenas si se tiene en cuenta, hasta que la puerta se niega a dar
acceso al dinero necesario que contiene dentro, o cuando a la casa (donde el
calor y el confort pueden disfrutarse) no se consiga entrar, por causa de haberse
perdido la llave.
Volviendo
a las Escrituras, encontramos que el Señor Jesucristo posee la llave maestra. Hallándose ahora en
todo el triunfo y gloria de la resurrección, Él declara:
“Yo soy el que vivo, y estuve muerto; mas he
aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la
muerte y del Hades” (Apoc.1:18).
Aquel que
posea las llaves de la muerte, posee la
llave maestra. Esta llave no ha delegado jamás el Señor a hombre alguno,
aunque tuviera, eso sí, dos siervos prominentes, Pedro y Pablo. A Pedro le dio
las llaves del reino del cielo, mientras que a Pablo le abrió muchas puertas de
servicio, y la cuestión que ahora nos hacemos y procuramos responder en este
pequeño estudio es, “¿Se adapta y apropia
la llave de Pedro a las cerraduras de Pablo”? Sin contar con lo que las
figuras literarias signifiquen, muchos aseguran que: ¡Es la Iglesia de los Hechos ministrada por Pedro, una y la misma, que
la iglesia ministrada por Pablo! La importancia de la procura reside en el
hecho de que Pablo, se enfatiza continuamente, poseía una dispensación y
apostolado para con los Gentiles, y
la confusión que existe en la iglesia y en su totalidad, así como en la mente
de los individuos, se parece mucho al resultado que se da, entrando en la casa
equivocada, y procurando reunir cosas, que, por naturaleza, se mantienen por
separadas. Cristo es la Cabeza de cada departamento en los propósitos de
gracia. El posee la llave maestra; lo cual nosotros gratamente reconocemos y no cuestionamos en absoluto. Observemos, por
tanto, en cuanto el espacio nos permita, las llaves de Pedro y las puertas de
Pablo, para ver si las llaves de uno se apropian a las cerraduras del otro.
Las llaves del Reino de los Cielos
Es de
común conocimiento, que, el evangelio de Mateo, trata de manera muy especial
con el reino del cielo. En las primeras bienaventuranzas del Sermón de la
Montaña tenemos dos declaraciones que se relacionan con la esfera de este
reino:
“Bienaventurados los pobres en espíritu; porque de ellos
es EL REINO DEL CIELO” (Mateo 5:3).
“Bienaventurados son los mansos; porque ellos heredarán
LA TIERRA” (Mat.5:5).
Si el Reino del cielo significara que sus sujetos “irán
al cielo” un día, ¿bajo qué principio de justicia y equidad actuó Dios
decidiendo, entonces, que los pobres en espíritu irán al cielo, mientras que los mansos permanezcan en la tierra? ¿No estaremos más próximos de la
verdad, si decimos, que, el reino del cielo, sea un reino sobre la tierra, el
cual vendrá a ser gobernado por el mismo Señor y las leyes que ahora rigen en
el cielo? Y ¿no confirma esto mismo la oración registrada en Mateo 6:10?:
“Venga Tu reino; hágase Tu voluntad así en la tierra,
como (ahora es, y se hace) en el cielo”
Juan el Bautista, en
el espíritu y poder de Elías (Lucas 1:17), y Abraham, Isaac y Jacob sentados en
este reino (Mateo 8:11), refuerzan este punto de vista. Es en Mateo 16, al
cierre de la primera sección del Evangelio de Mateo (indicado por las palabras
paralelas de 4:17 y 16:21), y a seguir a Su repudio en Sus tres oficios
Mesiánicos, mostrando en Mateo 12:6, 41, 42, que el Señor habla de Su iglesia
(una compañía llamada por separado) como siendo totalmente distinta de la
nación, y le da las llaves del reino del cielo a Pedro (Mateo 16:18, 19). El
punto que procuramos resaltar es que Pedro utilizó estas llaves en los Hechos
de los Apóstoles, las cuales estuvieron estrictamente confinadas a la iglesia
del reino de los cielos, es decir, aquel remanente de fe que en los tiempos
apostólicos anticiparon la gloria plena del reino que estaba todavía por venir.
Todo esto puede probarse leyendo los Hechos, las notas siguientes llaman
nuestra atención señalando las características que sobresalen.
La esfera del ministerio de Pedro
En Hechos 1:8 el Señor
indica la esfera del ministerio de aquellos que se asocian con Pentecostés, y
en la Versión Autorizada (y en la Reina Valera) aparecen propagándose, desde
Jerusalén, hasta lo último de la tierra. La Versión de Rotherham dice así: “Los confines de la tierra”, con lo cual se
remueve todo lo necesario para acusar a Pedro y a los doce de infidelidad, y
revela la verdadera extensión de la comisión que detentaban. El mundo se
traduce en la Versión Autorizada “tierra” 14 veces.
En el día de
Pentecostés, después del bautismo del Espíritu, y en las palabras de apertura
de este nuevo ministerio, debemos con toda certeza esperar la verdad sin
prejuicios. Veamos de cerca a Pedro empleando la llave del reino del cielo, y
observe algunas de las especiales peculiaridades de la cerradura a las cuales
su llave debe adaptarse. La primera cosa que nos sorprende es que el objetivo
de su discurso se dirige tan solo y siempre a los de Israel:
“Varones JUDÍOS, y
todos los que habitáis en JERUSALÉN” (Hechos 2:14).
“Varones ISRAELITAS” y
“toda la casa de ISRAEL” (Hechos 2:22, 36).
“Varones
ISRAELITAS…vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diera
un homicida” (Hechos 3:12-14).
“Vosotros sois los
hijos de los PROFETAS, y del pacto que
Dios hizo con NUESTROS PADRES” (Hechos 3:25).
El Dios de Pentecostés
es:
“El Dios de ABRAHAM, y
de ISAAC, y de JACOB, el Dios de NUESTROS PADRES” Hechos 3:13).
La resurrección de
Cristo y el derramamiento del Espíritu se centran sobre el “trono de David”
(Hechos 2:30, 33). Tal fue la “iglesia” de Hechos 2:47, un cumplimiento de la
profecía de Joel (Hechos 2:17-21).
Todavía encontramos las mismas específicas
hendiduras de la cerradura en otros capítulos. En Hechos 5:30, 31, se dice de
Cristo haber sido resucitado por “el Dios de nuestros padres, para dar arrepentimiento a Israel”, y para que el lector no se vea tentado a decir que esto
no sea otra cosa, sino el resultado del prejuicio Judío, el pasaje continúa,
diciendo:
“Y nosotros somos
testigos Suyos de estas cosas, y asimismo EL ESPÍRITU SANTO” (Hechos 5:32), con
lo cual los críticos se quedan en apuros, y en cuanto a la acusación de estar
actuando bajo el prejuicio Judío concernido, Pedro, a seguir dice que este
espíritu santo había sido otorgado por Dios para “todos cuantos le OBEDECEN (a
Él)” (Hechos 5:32).
La primera vuelta de llave en la cerradura de
la puerta Gentil había sido hecha por Esteban, quien rápidamente fue destruido
por el maligno, y Saulo, que escuchó sus incendiarias palabras y vio su
brillante faz, estaba destinado, tal cual otro Set, a continuar llevando este
mensaje hasta su gloriosa consumación. En el capítulo 11 encontramos misioneros
en lugares como Fenicia, Chipre y Antioquía, quienes sin embargo estaban:
“No hablando a NADIE
la Palabra, sino SOLO A LOS JUDÍOS” (11:19).
Ahora debemos, no en
tanto, volver nuestros pasos atrás, pues Hechos 9 y 10 son cruciales. En Hechos
9 el mismo Señor que escogió a Pedro para darle las llaves del reino del cielo,
ahora escoge a Saulo de Tarso para llevar Su nombre delante de los Gentiles.
Aquí tenemos por primera vez, en los Hechos, a los Gentiles siendo objetos de
la misericordia. En el capítulo 10 de Hechos Pedro recibe un aviso, el cual fue
empleado posteriormente para prevenir a la Iglesia de Jerusalén de oponerse, o
dificultar, el nuevo ministerio de Pablo. Pedro deja ver muy claramente su
propia actitud. A Cornelio, un varón piadoso, que oraba continuamente y daba
muchas limosnas, le dijo:
“Vosotros sabéis CUÁN
ABOMINABLE es para un varón JUDÍO juntarse o acercarse a un EXTRANJERO; pero a
mí me ha mostrado Dios que a ningún hombre llame COMÚN o inmundo” (Hechos
10:28).
Pedro aquí está
haciendo una serie de importantes admisiones:
(1) Todavía se consideraba a sí propio
un hombre Judío.
(2) Todavía se hallaba bajo la ley que
hacía de Israel un pueblo aparte.
(3) Todavía seguía considerando a
todos los hombres, de cualquier otra nación, como común e inmundo.
Cada uno de estos
puntos es diametralmente opuesto a la enseñanza de Pablo, quien enseña que en
la iglesia a la cual ministra:
(1) Ya no hay Judío ni Gentil.
(2) Que toda la maquinaria de la ley
ha dado lugar ahora a la nueva creación en Cristo.
Aquellos que
continuaron en la doctrina de los apóstoles “tenían todas las cosas en común”
(Hechos 2:44), sin embargo, nunca podrían ser visto ni “juntarse” en la
compañía con un Gentil, y le denominaban
en cambio “común” e “inmundo”. La palabra “juntarse” indica comunión con discípulos,
tal como se muestra en Hechos 9:26, donde se traduce “juntarse con”. Si Pedro
actuó como lo hizo cuando fue obligado a dirigirse hasta Cornelio, cualquiera
se imagina lo que habría ocurrido si hubiera sido Dionisio, el areopagita,
quien “se juntase (la misma palabra) con él” (Hechos 17:34). Por todo lo
examinado, parece evidente que las llaves de Pedro que se apropian a las
puertas del reino del cielo (el reino de Dios sobre la tierra) no entraría ni
podrían girar dando vuelta en las cerraduras de las puertas abiertas por el
Señor de Pablo.
En resultado de un especial llamamiento por el Espíritu
Santo, y en entera y total independencia de Jerusalén, los apóstoles Pablo y
Bernabé llevan el evangelio a los Gentiles hasta su regreso de Antioquía:
“Refirieron cuán grandes cosas había hecho Dios con
ellos, y cómo había ABIERTO la PUERTA de la fe a los GENTILES” (Hechos 14:27).
La experiencia de Pedro con Cornelio le capacitó para
sofocar la oposición manifiesta por los apóstoles y hermanos en Jerusalén,
recordándoles cómo:
“Hacía ya algún tiempo que Dios escogió que los Gentiles
oyesen por mi boca la palabra del evangelio, y creyesen” (Hechos 15:7),
lo cual, explicó
Jacobo (Santiago), cómo estaba en armonía con la profecía de Amós, y relativa a
la restauración del tabernáculo de David. Pero Pedro no efectuó milagro alguno
cuando estaba delante de Cornelio, pues los milagros eran las señales del
apostolado (Gál.2:7, 8, y 2ª Cor.12:12), y él no era el Apóstol para con los
Gentiles.
Pablo y Bernabé, en cambio, declararon:
“Cuan grandes señales y maravillas había hecho Dios por
medio de ellos entre los Gentiles” (Hechos 15:12).
Una gran puerta fue abierta para Pablo en Efesios (1ª
Cor.16:9), y otra en Troas, cuando se dirigía atravesando con el evangelio
hacia la propia Europa (2ª Cor.2:12), sin embargo las llaves de Pedro no
servían aquí para nada. Y a seguir, cuando Israel fue puesto de lado, y Pablo
fue hecho prisionero del Señor por los Gentiles, oró por una nueva puerta
abierta, en conexión con sus “cadenas”, y el “misterio” (Colos.4:3), lo cual es
el objetivo y meta que estos estudios pretenden explicar.
No 3
La Piedra Angular
Existen muchos cristianos evangélicos que adoptan su
posición basándose en la tripartita presentación del evangelio, esto es:
“Cristo crucificado, Cristo resucitado, y Cristo volviendo de nuevo”, y se quedan
horrorizados si se les dice, que, así ellos, omiten una fase que completa la
totalidad. La parte omitida es nada más y nada menos que “Cristo ascendido”. Ahora estamos listos para
escuchar al lector diciendo: “Pero es que la ascensión con toda certeza no se
puede comparar en rango ni con la muerte ni con la resurrección de Cristo” Sin
embargo, nosotros, creemos que, aunque cortos como estamos de espacio, seremos,
aun así, capaces de producir suficientes pruebas evidentes por la Escritura,
para justificar más que de sobra nuestra declaración.
El único Evangelio de los cuatro que omite la ascensión es Mateo, pero es que este
hecho se encuentra en armonía con su enseñanza concerniente al reino del cielo.
Si alguien pensase que la ascensión se omita además por Juan, por el hecho de
que no aparezca en el último capítulo, nosotros recomendamos una lectura del
capítulo 20. No tan solamente a Su próxima muerte y resurrección hace
referencia el Señor, sino que además también habló en más de una ocasión de Su
ascensión:
“Nadie subió al cielo,
sino el que (Aquel que) descendió del cielo: El Hijo del Hombre que está en el
cielo” (Juan 3:13).
“…Yo soy el pan que
descendió del cielo. Y decían (los Judíos): ¿No es éste Jesús, el hijo de José,
cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo, pues, dice éste: Del cielo he descendido?
(Juan 6:41, 42).
“… ¿Esto os ofende?
¿Pues qué, si viereis al Hijo del Hombre subir adonde estaba primero?” (Juan
6:61, 62).
Aquí estamos viendo y
palpando el tema más vital de las Escrituras, nada menos que el propio misterio de la piedad. Para ver que esto
no sea simplemente la expresión figurativa de un entusiasta, vayamos a 1ª
Timoteo 3:16, y observemos allí los puntos de apertura y de cierre:
“Indiscutiblemente grande es el misterio de la piedad: Dios fue manifestado en
carne…recibido arriba en gloria”. Observaremos que, comparando Juan 6:42 con la
propia respuesta del Señor, y esta revelación en 1ª Timoteo 3:16, la deidad de
Cristo, haciéndose de carne, la finalización de Su obra, y Su reasumir de
gloria: todas esas cosas están en ambas Escrituras profundamente envueltas.
Omitir esta consumación del misterio de la piedad es dar lugar al satánico
misterio de iniquidad, el cual, con blasfemas pretensiones, del mismo modo,
coloca a un “hombre” sobre el trono de la deidad (2ª Tesal.2:3-12).
La ascensión de Cristo
fue el gran testimonio de la Escritura para con el hecho de que Su obra había
finalizado:
“HE ACABADO LA OBRA QUE ME DISTE QUE HICIESE…y YO VOY A
TI” (Juan 17:11; y vea además 13:3).
La ascensión de Cristo
es la base donde asienta la victoria del creyente durante el presente conflicto
del día actual: “¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió; más aún,
el que (Quien) también resucitó, el que ADEMÁS ESTÁ A LA DIESTRA DEL DIOS, el
que (Quien) también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará del amor de
Cristo? ¿Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o
desnudez, o peligro, o espada?...Antes, en todas estas cosas somos más que
vencedores por medio de Aquel que nos amó” (Rom.8:34-37).
El hecho de que Cristo haya ascendido capacita al
creyente no solamente a triunfar sobre tales cosas mundanas como el hambre o la
desnudez, sino además sobre “la muerte, la vida, ángeles, principados y
potestades” también, pues Pedro declara hablando de Cristo que Él “habiendo ido
al cielo, y estando en la diestra de Dios, tanto ángeles como autoridades y
poderes le están sujetos a Él” (1ª Pedro 3:22). La obra acabada de la cual se
habla en Juan 17 en conexión con la ascensión se magnifica en gran manera en la
epístola a los Hebreos. En dos de las referencias se haya presente el misterio
de la piedad:
“En estos postreros tiempos nos ha hablado por el Hijo (en el Hijo)…habiendo efectuado la
purificación de nuestros pecados por medio de Sí Mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas” (Heb.1:2, 3).
“…Me preparaste un
cuerpo…Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio
por los pecados, se ha sentado a la
diestra de Dios” (Heb.10:5, 12).
En estos dos pasajes se observa la misma secuencia que en
1ª Timoteo 3:16, “manifiesto en la carne…recibido arriba en gloria”. Hebreos
8:1 nos dice:
“Ahora bien, el PUNTO PRINCIPAL de lo que venimos
diciendo es que: tenemos tal sumo sacerdote, el cual se sentó a la diestra del trono de la Majestad en las alturas”.
En conexión con esta ascendida posición se halla la
bendita esperanza de una “perpetua salvación”:
“Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que
por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos”
(Heb.7:25).
La palabra clave de Hebreos es “perfecto”, y la gran
exhortación (Heb.13:20, 21) se encuentra en las palabras de Hebreos 6:1: “Vamos
adelante a la perfección”. La palabra “perfecto” se asocia a la palabra
“finalidad”, y el concepto escritural de la perfección no es aquel que se
conoce por el nombre de “perfección sin pecado”, sino de alcanzar la finalidad
para la cual el individuo ha venido a ser salvo, tal como Pablo expone en
Filipenses 3:12: “No que lo haya
alcanzado ya, ni que ya sea perfecto,
sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús”. Decimos todo esto porque la “perpetua
salvación” es aquella que prosigue hasta el pleno “acabamiento” o que recorre
“todo el camino”, y sin el Cristo ascendido esta plena salvación se hallaría en
peligro. Si bien sea suficiente decir en Hechos 1:9 que: “Fue alzado, y le
recibió una nube que le ocultó de sus ojos”, eso no es suficiente para la
epístola a los Hebreos. Esta epístola dice
“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que TRASPASÓ
LOS CIELOS” (Heb.4:14).
“Porque tal sumo sacerdote nos convenía, (Quien fuese)
santo, inocente, sin mancha, apartado de los pecadores, y hecho MÁS SUBLIME que
los cielos” (Heb.7:26).
“Porque no entró Cristo en el santuario hecho de manos,
figura del verdadero, sino en EL CIELO MISMO, para presentarse ahora por
nosotros ante Dios” (Heb.9:24).
Si bien no sea posible fijar la fecha de la epístola a
los Hebreos, su propio título, “a los
Hebreos”, así como sus referencias al pueblo de Israel, nos asegura que,
dispensacionalmente, no pertenece a un periodo que sea peculiarmente Gentil en
carácter. A través de todo el relato de los Hechos de los Apóstoles vemos una
disputa y controversia que precisa de la clara y cortante enseñanza de Hebreos
para prevenir evitando que una forma Judaizante de Cristiandad empape la
verdad. En Romanos y Gálatas la oposición y enemistad proviene del Judío, con
sus obras de la ley. En el último capítulo de los Hechos se alcanza y llegamos
a una crisis. El Israel disperso se comporta y actúa precisamente de la misma
forma que lo había hecho el Israel en el territorio, y justo allí, en Hechos
28, somos testigos de la puesta de parte y repudio del tal pueblo, “hasta que
haya entrado la plenitud de los Gentiles”. No se requiere un profundo
conocimiento de la Escritura para darse cuenta que, el repudio y puesta de
parte del escenario de un tal pueblo como Israel, debió necesariamente haber
precipitado una crisis, y que esa crisis envuelve mudanzas muy drásticas en los
tratos de Dios con los hombres. Es justamente aquí, donde, la ascensión de
Cristo, viene a ser de tan fundamental importancia. Repudiado por Israel,
Cristo ahora es Quien repudia a Israel, y Sus reclamos sobre la esfera terrenal
de los propósitos de Dios se quedan temporalmente en suspenso, siendo reatado a
la fuerza cuando el “misterio de Dios” haya sido concluido (Apoc.10:7) en un
día venidero.
Ahora sabemos, a través de la revelación dada en
epístolas tales como la de Efesios y Colosenses, que Dios, en Su sabiduría,
había previsto de antemano el repudio de Israel, y en directa asociación con el
Cristo ascendido ha revelado, a seguir a Hechos 28, en aquellas epístolas
denominadas por conveniencia “Las Epístolas en Prisión” (Efesios, Filipenses,
Colosenses, y 2ª Timoteo), un misterio o secreto que estaba planeado y
propuesto “antes de la fundación del mundo” (Efesios 1:4), y “antes de los
siglos (o edades)” (2ª Tim.1:9), el cual misterio concierne a una compañía de
creyentes apartados principalmente de entre los Gentiles, que fueron “escogidos
en Cristo antes de la fundación del mundo”, y hechos un “cuerpo conjunto”
(Efesios 3:6), benditos con todas las bendiciones espirituales “en los lugares
celestiales” (Efesios 1:3), creados como “un nuevo hombre” (Efesios 2:15), y
sin pared intermedia de separación que perpetuaba la distinción entre el Judío
y el Gentil (Efesios 2:14). Todas estas bendiciones están íntima e
inseparablemente conectadas con el Cristo ascendido. “Los lugares celestiales”,
la esfera de estas nuevas bendiciones, se define como el lugar donde Cristo
ascendió a seguir a Su resurrección: “Por encima de todo principado y
potestad”, etc., (Efesios 1:20, 21), y de esta compañía única de creyentes no
solo se dice que están “resucitados juntamente”, sino además “sentados
juntamente en los lugares celestiales en Cristo Jesús” (Efesios 2:6). Un nuevo
ministerio, con una obra definitiva en conexión con esta nueva compañía, fue
dada por el Cristo ascendido:
“Subiendo a lo alto…dio dones a los hombres…y Él Mismo
constituyó a unos apóstoles…para la edificación del cuerpo de Cristo” (Efesios
4:8-12).
No pretendemos que le hayamos hecho justicia a este gran
tema del misterio; todo lo que un panfleto de estas características puede hacer
es despertar el interés para inquirir…si es que “estas cosas sean así”
No 4
Comparando asuntos espirituales
La ciencia divide todo el campo de la investigación en
tres grandes reinos, y cada cosa debe pertenecer, o bien al reino animal, vegetal o mineral. La
subdivisión continúa hasta por fin alcanzar el individuo de las especies, y
esta clasificación depende sobre la observación de semejanzas y diferencias. En
este pequeño estudio desearíamos llamar la atención al valor del principio de
“examinar las cosas que difieran”, tal como al margen de la lectura de
Filipenses 1:10 sugiere (en la R.V.). Antes de que vayamos a las Escrituras,
desearíamos que cada lector apreciase el valor de este principio, y le pedimos
que observe la diferencia en las dos definiciones del hombre que damos a
seguir:
(1)
El hombre
es un animal que come, bebe y duerme.
(2)
El hombre
es un animal que razona, habla y se viste con ropas.
En la primera descripción el hombre no se diferencia en
nada de la familia del gato; en la segunda, con tres detalles diferenciados, se
mantiene en una significativa separación y diferencia del resto de la creación.
Muchos de los hijos de Dios no tienen un punto de vista más claro de la enseñanza
de la Escritura que el hombre número 1 encima enunciado. Si leen la palabra
“evangelio” o “apóstol” en Mateo y Efesios, para ellos viene a dar lo mismo.
Por eso mismo nos proponemos considerar un bien conocido pasaje a la luz de
este principio, y estamos convencidos de que examinando las cosas que sean diferentes en el propósito de Dios por
nosotros mismos, lo veremos con más claridad:
“Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio
autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para
sanar toda enfermedad y toda dolencia. Los nombres de los doce apóstoles son
estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su hermano; Jacobo, hijo de
Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás, Mateo el publicano,
Jacobo, hijo de Alfeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo; Simón el cananista, y
Judas Iscariote, el que también le entregó. A estos doce envió Jesús, y les dio
instrucciones, diciendo: Por caminos de Gentiles no vayáis, y en ciudad de
Samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la casa de
Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha acercado.
Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera demonios”
(Mateo 10:1-8).
Aquí tenemos los siguientes puntos que demandan atención:
(1)
UN
EVANGELIO.- que los apóstoles son enviados a predicar.
(2)
UN ORDEN
DEFINIDO DE APÓSTOLES.- en el cual son los doce ordenados
(3)
UNA
RESTRICCIÓN.- Por camino de Gentiles no vayáis.
(4)
UN
ACOMPAÑAMIENTO.- Poderes milagrosos sobre la muerte y enfermedad.
(1)
EL
EVANGELIO.- El evangelio que los doce fueron enviados a predicar era “el
evangelio del reino”. Este evangelio, acompañado por sus apropiadas señales,
fue predicado por el Señor Mismo antes de esta comisión, tal como una lectura
en Mateo 4:23 y 9:35 podrá demostrar. Citaremos tan solo el último pasaje:
“Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en
las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio
del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo”
(Mat.9:35).
Antes de seguir adelante, nos gustaría hacerle al lector
una pregunta. Y es la siguiente: “¿Consideraría usted un evangelio, el cual
nada conociese de Jesús crucificado y resucitado, como siendo el evangelio que
se predica hoy en día?” ¡Claro que no! Un evangelio sin Cristo crucificado y
Cristo resucitado no contiene el mensaje de salvación de los hombres pecadores,
y no podría ser considerado siendo el de Dios. Ahora bien, sin limitarnos a
cualquier cronología existente de los evangelios, todos concordaremos que Mateo
16 debe venir después de Mateo 10, y que un tema revelado en Mateo 16 por primera vez no podría haber tenido
lugar ni habría hecho parte del evangelio predicado anteriormente. Aquí en
Mateo 16 leemos:
“Desde entonces
comenzó Jesús a declarar a Sus discípulos que le era necesario ir a
Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de
los escribas, y ser muerto, y resucitado al tercer día” (Mat.16:21).
Cuando Pedro escuchó estas palabras, con su actitud
ofreció una prueba añadida de que fueron oídas por primera vez. Tan solo
tenemos una conclusión, y es que aquel evangelio del reino debe ser considerado
distinto del evangelio de la gracia de Dios, tal como fue predicado por Pablo a
los Gentiles.
(2)
LOS
APÓSTOLES.- En Gálatas 2 leemos que después de que el apóstol Pablo hubiese
estado predicando el evangelio sin referencia a Jerusalén durante catorce años,
subió siguiendo una revelación y les comunicó a quienes en Jerusalén estaban
aquel evangelio que predicaba a los Gentiles:
“Cuando vieron que me había sido encomendado el evangelio
de la incircuncisión, así como a Pedro le había sido encargado el de la
circuncisión (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión,
actuó también en mí para con los Gentiles)” (Gál.2:7, 8).
Aquí tenemos una reconocida diferencia, no tan solo en
evangelio, sino además en apostolado. No es tan solo una visible distinción
entre el apostolado de Pedro y el de Pablo, sino que esta distinción además se
mantiene de manera definitiva entre el ministerio terrenal de Cristo, y Su ministerio celestial a través de Su siervo Pablo:
“Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la
circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas
a los padres, y para que los Gentiles glorifiquen a Dios por Su
misericordia…para ser ministro de Jesucristo a los Gentiles, ministrando el
evangelio de Dios” (rom.15:8, 9, 16).
Es evidente, por sus propias palabras en 1ª Corint.15:5 y
8: “de los doce”, y “de mí también”, que el apóstol Pablo debe distinguirse por
separado de los doce. No en tanto, la prueba más conclusiva de un orden
diferente de apóstoles que aquellos de Mateo 10 se encuentra en Efesios 4:8-11:
“Subiendo (cuando ascendió) a lo
alto…dio dones a los hombres…y Él Mismo constituyó a unos apóstoles”. Aquí tenemos un orden de apóstoles, que es don de
Cristo, “cuando ascendió a lo alto”, con lo cual no puede referirse a los que
fueron constituidos antes de haber siquiera revelado su muerte y resurrección.
(3)
LOS
GENTILES.- Tanto en Gálatas 2:7, 8 como en Romanos 15:16, así como en Efesios
4, se ve claramente que el evangelio y el apostolado de Pablo se dirige de
manera definitiva sobre todo a los Gentiles. En Mateo 10 el camino a los
Gentiles estaba prohibido, y, además, el propio Señor declaró que había sido
enviado tan solamente a las ovejas
perdidas de la casa de Israel. Esta limitación a Israel no se confina solamente
a Mateo 10. La encontramos repetida en Mateo 15:21-28, y también tanto en
Pentecostés como posteriormente.
Algunos lectores pueden estar bajo la impresión de que
Pentecostés alteró toda esta exclusividad, así que debemos ir al pasaje para
ver si es así, o no. Pentecostés era
una fiesta de los Judíos. Ningún Gentil, a menos que fuese prosélito, tenía ni
el derecho ni la necesidad de viajar grandes distancias desde su casa para
guardar y celebrar la fiesta. Si bien la multitud reunida se quedase atónita
cuando oyeron a los hombres hablar sus propios lenguajes, no eran Gentiles,
sino Judíos que habían nacido o emigrado a estas otras tierras que se
especifican: “Judíos, varones piadosos, de todas las naciones” (Hechos 2:5) es
el título que tienen, y Pedro se dirige a ellos como “Varones Judíos” e
“Israel” (Hechos 2:14, 22, 36). Vea
además Hechos 3:13 y 25 en esta conexión. La actitud de Pedro delante de
Cornelio en Hechos 10:28 y la actitud paralela de “los apóstoles” y la iglesia
en Jerusalén (Hechos 11:1, 2), disipa por tanto del todo la idea de que, bajo
el ministerio de Pedro y en el día de Pentecostés, fueron “añadidos a la
iglesia” los Gentiles en igualdad con los Judíos.
Dios, por manos de Pablo, abrió la puerta de la fe a los
Gentiles (14:27), y fue Pablo quien sería comisionado a mostrar que, el
creyente Gentil, estando “en Cristo”, era “simiente de Abraham”, del mismo modo
que lo era el creyente Judío (Gál.3:29). A seguir, posteriormente, Pablo
recibió la dispensación de la gracia de Dios para con los Gentiles (Efesios
3:1, 2), y entonces, tanto el Judío como el Gentil, dejan de serlo, en la
creación de un nuevo hombre (Efesios 2:11-22).
(4)
DONES
MILAGROSOS.- Si Dios nunca intercede y se envuelve en los asuntos de Sus hijos
actualmente, entonces la oración en sí misma no serviría de nada. Nosotros no
afirmamos que los milagros hayan
cesado, sin embargo, lo que aseguramos es que los dones milagrosos como
“señales” no pertenecen a la iglesia del cuerpo único, ni tampoco a la
dispensación del misterio. Cuando vemos leyendo acerca de los milagros que
fueron producidos por Pedro y Pablo, y los habidos durante el periodo de los
Hechos, ni tan siquiera un enemigo podría poner un solo milagro en cuestión.
Allí tenemos milagros tales como levantar los muertos, dar vista a los ciegos,
limpiar leprosos, inmunidad contra el efecto de venenos, etc.
La gran mayoría de lo que hoy en día se considera por
milagro, sin embargo, no deja de estar bajo la influencia y campo de la
psicología y la histeria. No estamos, no en tanto, escribiendo para criticar a
otros, sino mera y sencillamente comparando Escritura con Escritura. La Iglesia
en Corinto tuvo una plenitud y abundancia de estos dones (1ª Cor.12), y Pablo
los ejercitaba hasta el último de los capítulos de los Hechos (28:1-9). Un
simple paño o delantal de Pablo enviado era capaz de efectuar una sanidad. Sin
embargo Trófimo es dejado enfermo en Mileto (2ª Tim.4:20), Epafrodito se haya
moribundo en enfermedad en Filipenses 2:25-27. Un consejo o prescripción, no un
paño o delantal, es lo que Pablo recomienda y envía por carta a Timoteo en 1ª
Tim.5:23, debido a sus frecuentes enfermedades. La razón o motivo no es difícil
de deducir: Mientras Israel permaneció siendo una nación delante de Dios, “las
señales seguían” a la predicación; cuando fueron repudiados y puestos de parte
en Hechos 28:23-28, cesaron las señales.
Por eso encontramos que, al examinar o comprobar las
cosas que difieran, términos tales como “evangelio” y “apóstol”, bien pueden
implicar mensajes y comisiones muy dispares y distintos, y la ausencia de los
dones como señales son así explicados…escrituralmente.
No. 5
Muchas veces y de muchas maneras
La epístola a los Hebreos comienza con las siguientes
palabras:
“Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras
en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha
hablado (a nosotros) por el Hijo” (Heb.1:1, 2)
Estas palabras contienen uno o dos principios que son de
gran importancia para todos cuantos procuren conocer por sí mismos la voluntad
de Dios a través de las Escrituras:
“Dios…habiendo…hablado”.
A menos que estemos
seguros de dos cosas, ambas mencionadas en esta epístola, no podremos seguir
adelante. La primera es: “El que se acerca a Dios, crea que le hay” (Heb.11:6),
y la otra es: “Dios, habiendo hablado” (heb.1:1, 2).
Dios no ha ido
tratando con cada uno de los hombres individualmente, hablándole a cada persona
audible y personalmente, pues una tal y tan íntima comunión se perdió en el Edén
debido al pecado. Dios ha ido hablando a través de las edades por medio de
hombres instrumentales por Él escogidos:
“Dios…habiendo
hablado…por los profetas” (Heb.1:1, 2).
“Si la palabra dicha
por medio de ángeles fue firme” (Heb.2:2).
“Por lo cual (como
dice el Espíritu Santo), si oyereis hoy…etc.” (Heb.3:7).
Los ángeles fueron los
instrumentos que dieron la ley en el Sinaí (Gal.3:19 y Hechos 7:53). “Los
profetas” cubrieron todo el testimonio por Dios a través de todos los tiempos
“desde el comienzo del mundo” (Hechos 3:21). La referencia al “Espíritu Santo
hablando” en Hebreos 3 nos está dando una cita de los Salmos. Así, por tanto,
tenemos:
“La Ley, los Profetas, y los Salmos”
Este es el triple
título del Antiguo Testamento al completo, acepte por el Hijo de Dios
resucitado (Lucas 24:44). Y el Nuevo Testamente está incumbido por la siguiente
declaración:
“Dios…nos ha hablado…por el (Su) Hijo”.
El Señor Jesucristo
dijo:
“Porque Yo no he hablado por Mi propia cuenta: el Padre
que me envió, Él, me dio mandamiento de lo que he de hablar” (Juan 12:49).
Esto abarca o
comprende los cuatro Evangelios. Marcos 16:20 y Hechos 1:1, 2 indican el
continuado ministerio del Cristo luego a
seguir resucitado, de acuerdo además a Juan 17:14-18:
“Yo les he dado Tu
Palabra…como Tú me enviaste al mundo, así Yo los he enviado al mundo”.
Pedro entonces asocia
ambos testimonios, el de los profetas
del Antiguo Testamento, con el de los apóstoles del Nuevo, diciendo:
“Para que tengáis
memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y
del mandamiento del Señor y Salvador dado por vuestros apóstoles” /2ª Pedro
3:2).
Dios ha hablado. Es Su
Palabra lo que leemos, tanto si es en la Ley, o en los Profetas, o en Salmo, o
en el Evangelio, o en Epístola o en el Apocalipsis. Aquí tenemos una orgánica
totalidad, inspirada y autoritaria.
Ahora vamos a
considerar otro aspecto de casi igual importancia. Este principio también está
contenido en el pasaje citado de Heb.1:1, 2:
En otros tiempos, y en diversas maneras, en tiempos
pasados, y en estos últimos días, a los padres, y a nosotros.
Dios no revela la totalidad de Sus pensamientos y
voluntad en un solo tiempo, sino en “diversos tiempos”; ni tampoco adopta un
solo y mismo método, sino “de muchas maneras”. Estos diferenciados “tiempos” y
“maneras” deben ser recordados y reconocidos en todos nuestros esfuerzos por
llegar a comprender la verdad. Pablo les recordó a los Atenienses esta
diferencia, contrastando “los tiempos siendo ignorantes”, cuando Dios les
“permitía pasando por alto” andar por sus propios senderos, con el periodo en
el cual les envía el evangelio, diciendo: “Ahora…manda a todos los hombres en todo
lugar que se arrepientan” (Hechos 17:30). Y de nuevo, hablando de los
Gentiles, el mismo apóstol dijo:
“En aquel tiempo
estabais sin Cristo, alejados… (Efesios 2:12),
y continúa esta referencia a un periodo pasado de
separación, con el glorioso contraste:
“Pero ahora en
Cristo Jesús, vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos
cercanos por la sangre de Cristo” (Efesios 2:13).
El reconocimiento de los “diversos tiempos”, por tanto,
es de importancia suma y vital. Si leemos o entendemos el pasado en el presente,
vamos necesariamente a caer en el error de confundir la “ley” con el
“evangelio”, o el “reino” con la “iglesia”. Si leemos el presente en el pasado,
vamos necesariamente a mellar el filo del testimonio de Efesios 3, el cual nos
habla de una nueva revelación dada a través de Pablo para los Gentiles, y
denominado “el misterio”, que había estado oculto y “escondido en Dios” hasta
que el apóstol vino a recibir la comisión de “darlo a conocer” y “aclararlo a
todos”.
Lo que es así cierto y
verdadero concerniente a los “tiempos” se aplica de igual modo concerniente a
las “maneras”. El mandamiento de la ley, la súplica de Pablo, la ocultación de
la verdad por la parábola, la manifestación de la verdad por epístola, todo es
diferente, y debe ser tratado apropiadamente y por separado. Y no solamente los
tiempos y las maneras deben ser reconocidos, sino que además la Palabra de Dios
se dirige a diferentes grupos de personas.
Una muy clara
subdivisión se halla sugerida en 1ª Corintios 10:32:
“JUDIOS…GENTILES, y…LA
IGLESIA DE DIOS”,
Y por eso leemos en
Hebr.1:1, 2:
“Dios, habiendo
hablado…a los PADRES…y a NOSOTROS”
Si bien es imposible
para cualquier hijo de Dios que no tenga interés en las esperanzas y temores,
las victorias y los fracasos de los hombres de la antigüedad, no obstante, la
primera obligación que pende sobre cada uno de nosotros es procurar, que,
cualquier palabra hablada por Dios “para nosotros”, no sea descuidada o
ignorada, ni tampoco diluida o adulterada por mezclas equivocadas con cualquier
otra palabra dicha, en otros tiempos a otras personas.
Nosotros, Gentiles por
naturaleza, poseemos un mensaje dirigido especialmente “para nosotros” por
alguien equipado y enviado a llevar el nombre del Señor “delante de los
Gentiles”.
“A nosotros, Gentiles”
Pablo dijo:
“Yo soy el apóstol de
los GENTILES” (Rom.11:13).
“Pues el (Aquel) que
actuó en Pedro para el apostolado de la circuncisión, actuó en mí para con los
GENTILES” (Gál.2:8).
“Yo Pablo, el
prisionero de Jesucristo para vosotros GENTILES, si es que habéis oído de la
dispensación de la gracia que me fue dada para con vosotros” (Efesios 3:1, 2).
“Yo fui constituido
predicador, apóstol y maestro de los GENTILES” (2ª Tim.1:11).
“A mí, que soy menos
que el más pequeño de todos los santos, me fue dada esta gracia de anunciar
entre los GENTILES el evangelio de las inescrutables riquezas de Cristo; y de
aclarar a todos cuál sea la dispensación del misterio escondido en Dios, que
creó todas las cosas” (Efesios 3:8, 9).
Aquí tenemos un
mensajero y un mensaje, un especial “tiempo” y “manera”, y un especial “grupo
de personas” – “vosotros, Gentiles”. ¡Esto es algo que con toda certeza te
concierne! Este panfleto ha sido escrito en la esperanza de que Dios dirija su
distribución y con el fin de que muchos puedan ser guiados a ver el glorioso
llamamiento revelado “para nosotros” actualmente, en este día presente.
En una muy próxima
asociación con el ministerio del apóstol Pablo, se halla el testimonio de un
pasaje más en Hebreos, el cual trata también con el hecho de que Dios haya
hablado. Ya hemos visto que Dios ha hablado tanto por profetas como por ángeles
en tiempos pasados, y que en estos últimos días ha hablado por Su Hijo. Cuando
el apóstol compara la palabra “hablada por ángeles” con las que fueron
“habladas por el Señor”, dice: “¿Cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una
salvación tan grande? (Heb.2:3). Casi al final de la epístola vuelve a llevar
esta misma idea un paso más adelante, volviendo de nuevo a instituir una
comparación, y otra vez avisando de la imposibilidad del “escape”.
“Mirad que no
menospreciéis a Quien habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al
que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que
amonesta desde los cielos” (Heb.12:25).
En los Evangelios tenemos las palabras de Aquel
Quien hablaba “en la tierra”. En las Epístolas
tenemos las palabras de Aquel Quien habla “desde el cielo”. A través de todo el
ministerio de Pablo, él expuso con toda claridad que era el portavoz del Cristo
resucitado y ascendido. A él se le denomina “un vaso escogido”, “un vaso
terrenal”, alguien “enviado a predicar”, cuyas palabras fueron, “no las
palabras de hombres, sino de Dios” (1ª Tesal.2:13). Posteriormente, se extiende adelante, y llega a decir:
“Y aun si a Cristo
conocimos según la carne, ya no lo conocemos así” (2ª Cor.5:16).
El Cristo ascendido ha
hablado “desde el cielo” (Efesios 4:8-12); Pablo, siendo “Su prisionero”, ha
transmitido el mensaje (2ª Timoteo 1:8). ¿Cuál es tu actitud hacia el mensaje
teniendo en cuenta Hebreos 12:25?
No. 6
Comprobando las cosas que difieran
¿Qué pensaría, querido lector, del siguiente argumento?
“El hombre ingles come, bebe y duerme. El hombre francés come, bebe
y duerme, por tanto, los ingleses son franceses”.
Ciertamente no consideraría de un cariz muy elevado la inteligencia de
quien expusiese una tan débil afirmación como si fuese un serio argumento. No
precisaría de ningún tipo de entrenamiento en lógica formal para descartarla,
dándola por ridícula. Podría ir más lejos y decir, ¿para qué desperdiciar el
tiempo discutiendo tonterías? El motivo por el cual expongo todo esto es porque
la verdad de Dios, de una manera única y particular, está siendo muchas veces
atacada con argumentos tan estúpidos como este que acabamos de señalar.
Es posible que hayas examinado y tenido en cuenta en tu lectura de las
Escrituras las evidentes diferencias que se encuentran en los Evangelios, los
Hechos, las Epístolas y el libro del Apocalipsis; por ejemplo, diferencias en
cuanto a las esferas de bendición, tales como: “Los mansos heredarán la tierra”
y “toda bendición espiritual en los lugares celestiales”. Puedes haber
discernido una real diferencia entre “el Reino” y “La Iglesia”, o entre “La
Esposa” y “El Cuerpo”, y después se desbarate totalmente el concepto que tenías
de la verdad por alguien que te diga cosas tales como:
“Todos
los redimidos son salvos por la misma preciosa sangre, reciben el mismo don de
vida, leen el mismo libro inspirado, adoran al mismo Dios, pertenecen al mismo
Padre, por tanto, todas estas denominadas diferencias
son fantasías y altamente peligrosas.”
Ahora
bien, al mismo tiempo que rápidamente te percibes de la estupidez en el
argumento del hombre ingles siendo francés porque ambos coman, beban y duerman,
tal vez aquí en este caso no te percibas tan rápidamente de la misma estupidez
en el argumento que niega todas las diferencias concernientes a las distintas
compañías de los redimidos enseñados por las Escrituras, simplemente porque
esas compañías puedan tener algo en común.
Veamos
si es que esta figura de las dos nacionalidades puede ayudarnos a apreciar lo
que se conoce como “verdad dispensacional”.
Las
cosas que son iguales
Las cosas diferentes
Ingleses
Inglaterra es una Monarquía
Comen INGLATERRA La moneda es la Libra
Beben
Se conduce dando prioridad a
Duermen
la izquierda
El
Canal de la Mancha
Franceses
Francia es una República
Comen FRANCIA La
moneda de es el Euro
Beben
Se conduce dando prioridad a
Duermen
la derecha
Está
muy claro que las similitudes observadas a la izquierda no pueden neutralizar
las más que evidentes diferencias registradas a la derecha. Expongamos ahora el
caso para la verdad dispensacional de la misma manera, utilizando los dos
países para representar dos dispensaciones, y empleando el Canal de la Mancha
para el límite o frontera dispensacional, observando a la izquierda algunos
aspectos que son similares en ambas dispensaciones, y a la derecha algunas que
son diferentes.
Algunas
cosas iguales
Cosas diferentes
La
Palabra de Dios ------------------------- El pueblo de Israel
Redención
por la sangre de Cristo. La dispensación
La presencia de dones milagrosos
Dios
el Padre cubierta por
los HECHOS La esperanza de
Israel
-----------------------------------
Hechos 28
--------------------------------------
La Palabra de
Dios La
dispensación del El pueblo de
Israel ausente
Redención por la
sangre de Cristo Misterio de EFESIOS La ausencia de dones
Dios el Padre
--------------------------------
La esperanza de gloria
El
lector no precisará de grandes explicaciones para probar la verdad exhibida a
la izquierda del diagrama. Así que nuestra atención recaerá en el lado opuesto.
¿Hasta qué punto se hallan estos apartes sustentados por la Palabra de Dios? El
diagrama asume que al final de los Hechos se produce un definitivo cambio
dispensacional, tan definitivo como el cambio entre una Monarquía hacia una
República. El diagrama sugiere que la presencia de Israel durante los Hechos, y
que la ausencia de Israel al final de los Hechos sea el evento más relevante. Procuremos y veamos:
Israel como factor predominante hasta Hechos 28
“No soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel”
(Mat.15:24).
“Jesucristo fue un ministro de la circuncisión para la verdad de Dios,
para confirmar las promesas hechas a los padres” (Rom15:8).
“Porque si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo
silvestre, y contra naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más
estos, que son las ramas naturales, serán injertado en el propio olivo?”
(Rom.11:24).
A través de los Hechos de los Apóstoles y las epístolas escritas en
este periodo, el Judío es “primero” (vea Rom.1:16). El Reino de Israel está
siempre presente (vea Hechos 1:6); cuando el apóstol Pablo llegó a Roma, no fue
a visitar la Iglesia según se nos
dice, sino que se dirigió a los ancianos de los Judíos y a la sinagoga.
Después de un día entero en conferencia, el pueblo de Israel fue solemnemente
repudiado por la citación de Isaías 6:9, 10, y, por primera vez desde el
llamamiento de Abraham, la salvación de Dios fue enviada a los Gentiles sin
referencia al pueblo de Israel.
Al examinar las epístolas escritas por Pablo durante su prisión (es
decir, después del cambio de dispensación que había sucedido) descubrimos que
el pueblo de Israel, los padres, Abraham, Isaac y Jacob, brillan todos por su
ausencia. Hemos atravesado el Canal de la Mancha, y hemos dejado a parte un
“Reino” por una “República”.
El segundo punto que hemos indicado en el diagrama es la presencia de
dones milagrosos. El apóstol que operaba milagros mientras transcurría el
periodo de los Apóstoles – envía ahora una prescripción a Timoteo debido a sus
“constantes enfermedades” en la dispensación que vino a seguir, y muchos son los descalabros resultantes de
intentar vivir como si los dones milagrosos del periodo de los Hechos
estuviesen hoy en día vigentes sin excepción.
Cuando atravesamos el Canal y pusimos los pies en terreno francés, nos
hallamos rodeados con un conjunto de circunstancias que son diferentes de
aquellas que poseíamos en Inglaterra. Si fuésemos tan necios que persistiéramos
en ignorarlas, por ejemplo, el cambio de moneda, vamos a meternos y a meter a
otros en serios apuros, y en breve descubriremos que la vida se hace imposible;
Al mismo tiempo que si fuésemos tan necios intentando ignorar el cambio en las
carreteras “dando prioridad a la derecha”, probablemente pagaríamos con nuestra
vida la necedad persistente, y lo más cierto es que pongamos también en peligro
la vida a terceros.
Por último, aquello por lo cual “se espera” es un buen punto sobre el
cual tenemos que llamar la atención. El lector debe recordar la frase “la
esperanza de vuestro llamamiento”. La epístola a los Romanos fue la última a
ser escrita antes de que los Hechos llegarán a su fin, y cualquiera que fuese
la esperanza de la Iglesia entonces, representará cual sea su correcta
esperanza a través de todo ese periodo:
“Estará la raíz de Isaí, y el que se levantará a regir los Gentiles;
en Él esperarán los Gentiles. Y el Dios de (esta) esperanza os llene de
todo gozo y paz en el creer” (Rom.15:12, 13).
El apóstol se refiere a Isaías 11, el cual habla del reinado del
milenio de Cristo, cuando el lobo venga a morar con el cordero, y cuando el
Señor extienda sus manos por segunda vez para recobrar el remanente de Su
pueblo Israel. Esto coincide con la declaración del apóstol en Hechos 26 y 28:
“La
esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres…promesa cuyo
cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo
constantemente a Dios de día y de noche (esperando que suceda).” (Hechos 26:6,
7).
“Por
la esperanza de Israel estoy sujeto con estas cadenas”. (Hechos 28:20).
En
las epístolas desde la prisión de Pablo, en cambio, Israel ha desaparecido, y
con Israel también la esperanza conectada con aquella nación. En su lugar se
pone “la esperanza que está guardada en los cielos”, “la cual se predica en
toda la creación que está debajo del cielo” (vea Colos.1:5, 23, 27; 3:4).
Aquellos
que posean el verdadero espíritu de los de Berea (Hechos 17:11) no serán
engañados ni se dejarán intimidar por los que emplean argumentos similares como
aquel mencionado al comienzo de este folleto, sino que desearán, a cualquier
precio, conocer cuál sea su llamamiento, para que pueda tomar posesión de su
herencia, y así andar como es digno de su
vocación.
No 7
La verdad dispensacional y el sentido común
Un buen número de cristianos bien intencionados se oponen
firme y frontalmente a cualquier intento para dividir correctamente la Palabra
de verdad, debido a una idea equivocada diciendo que, una tal “división”, no
deja de ser sino un ataque hacia la unidad de la fe que le roba al hijo de Dios
su parte en el Señor, y generalmente
juega en favor y a manos del enemigo. Sin embargo, si alguien llega a darse
cuenta de los hábitos diarios de estos mismos individuos, bien podremos
encontrar hasta qué punto el tal principio de la “correcta división” es puesto
en práctica por ellos mismos cada día y a todas las horas. Tales son los que se
oponen al principio de la “división correcta”, que NO tolerarían ser servidos
con su almuerzo en el orden siguiente:
Sopa de lentejas con piña
colada y crema.
Filete de vaca con pudding
y mermelada.
Café con mayonesa.
O entonces,
si se trata de negocios ¿se vestirían presentándose
con calzoncillos o en bañador para asistir a sus reuniones empresariales?
¿Arruinarían sus negocios mezclando todos los Departamentos, negándose a
distinguir entre el de compras y ventas, o entre la manufacturación y el
departamento financiero? ¿Aceptarían que, aparte de las necesidades físicas, tu
colega en los negocios (que tan osadamente condena la “división correcta” de la
Palabra) se durmiese en el cuarto de baño, o que se pusiese a arreglar su coche
en las horas de trabajo? Ciertamente que no lo permitirían, y no vamos ahora a
seguir dando otros ejemplos porque si no este panfleto sería de locos.
Así, pues, ¿por qué proceso de fe o razón podemos decir
que, mientras que la “división correcta”, sea un principio común observado por
todos los hombres a toda hora y en todos los campos o esferas, sin embargo, en
materia del entendimiento de la Palabra de Dios, este básico principio debe ser
visto como sospechoso, y aquellos que lo empleen deban ser tenidos como
“peligrosos”? Pongamos de parte cualquier prejuicio que podamos tener, y veamos
de cerca este asunto de la “correcta división” de nuevo. Estudiaremos esta
materia bajo los siguientes puntos de vista:
(1)
Este
principio de la correcta división es un mandamiento escrito en la Palabra, y
por tanto ligado a cualquiera que confiese el nombre de Cristo.
(2)
La
expresión “división correcta” era perfectamente comprendida en los días de
Pablo, siendo fundamentada en la Versión común del Antiguo Testamento de su
tiempo: la Septuaginta.
(3)
Todos los
predicadores Protestantes del Evangelio deben, y procuran siempre, hacer una
clara aplicación de la “correcta división”, sin tener en cuenta que pueda ser
acusado por otros posteriormente.
(4)
El propio
Cristo nos ha dejado un ejemplo que debemos seguir en común honestidad y
respeto.
La consideración
de estos cuatro puntos debemos ahora resumirla, y por tanto hacerla de una
manera muy sencilla.
1 – El mandamiento
“Procura presentarte ante Dios como un obrero que no
tiene por qué avergonzarse, que divide
correctamente la Palabra de verdad” (2ª Tim.2:15).
Ser (a) aprobado por Dios, y (b) no sentirnos
avergonzados de nuestra labor, son asuntos, tan importantes, que nadie de
manera liviana los dejaría de lado ni honestamente intentaría discutir con este
mandamiento, no importando para nada lo que tengamos que hacer para reajustar
nuestras credenciales.
2 – El significado
El lector debe estar agradecido de que, en este particular,
sea independiente de diccionarios y doctores, gramaticales o griegos. Porque
todo lo que precisa saber es:
A – Que Timoteo era hijo de una Judía y de un griego
(Hechos 16:1). B – Que vivió en Asia Menor, y que por tanto leería la Versión
Septuaginta de las Escrituras del Antiguo Testamento. C- Que por Proverbios 3:6
sin duda alguna conocía el simple significado de la correcta división:
“Reconócelo (al Señor) en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas” (así leemos en nuestra Versión. Sin embargo
en la Versión que estudiaba Timoteo se dice: “dividirá correctamente tus pasos”).
La correcta división, por tanto, es tan sencilla como
saludable, y será tan ventajoso como seguir las direcciones de manera
inteligente de las señales de tránsito que hallamos en nuestros viajes por
carretera. Todos los redimidos están andando por la carretera de la vida, pero
no todos obligatoriamente tienen que seguir hacia un mismo destino. Algunos
heredarán la tierra (Mateo 5:5); otros andarán por las calles de la Nueva
Jerusalén (Heb.11:10; Gál.4:26; Apoc.21:2, 24-27); otros encontrarán herencia
por encima de los principados y potestades en los “lugares celestiales”
(Efesios 1:3, 20, 21). Ciertamente será una recomendación para todos los que
practiquen el principio de la “correcta división” el aceptar estas tres
Escrituras tal y como simplemente están escritas, y no tendrán deseos de
cambiar la palabra “tierra” en Mateo 5:5 por “cielo”. Sin embargo, aquellos que
se oponen a esta división y reclamen “para todos” el Sermón de la Montaña, así
como Hebreos 11 y Efesios 1 como si de una misma compañía se tratase, deben
intentar explicarnos satisfactoriamente estas evidentes diferencias, sin
conseguirlo.
A medida que el creyente vaya conduciendo y mire las
señales donde diga: Reino e Iglesia, y actúe convenientemente; o que lea: Pedro
y Pablo (como en Gálatas 2:7, 8); o Cuerpo y Esposa, al creer lo que lea y
actúe sobre aquella convicción, suprimirá la confusión y alcanzará un claro
concepto de su propio y particular llamamiento.
3 – El principio protestante
Cada uno de los verdaderos creyentes en el evangelio de
nuestro Señor Jesucristo no dudará en “dividir correctamente” las Escrituras
bajo los tópicos de la “Ley” y de la “Gracia”, “Obras” y “Fe”, “Moisés” y
“Cristo”. Pero hay capítulos enteros, y de hecho la totalidad de los libros del
Antiguo Testamento, que son muchas veces
puestos de parte y tenidos como no dispensacionales por aquellos que sí creen,
no obstante, en las anteriores divisiones. El principio es concedido, pero
después son los que más fuertemente se oponen a él. Nosotros lo llevamos a su
legítima conclusión, mientras que ellos lo abandonan después de haber comenzado
bien.
4– El ejemplo de Cristo
Si el creyente puede ver por sí mismo el principio de la
“correcta división” aplicado por el propio Cristo en el transcurso de Su
ministerio, ya no serán precisos más argumentos de nuestra parte. Puesto que
por nuestra actitud hacia Sus enseñanzas debemos todos al fin y al cabo ser
juzgados.
En Lucas 4:16-21 tenemos el registro de apertura del
ministerio del Señor. Entonces Él se levantó en la sinagoga de Su ciudad y
comenzó a leer Isaías 61. Sin embargo Él no concluyó el versículo que estaba
leyendo, sino que se paró a la mitad, después se sentó, y dijo:
“HOY SE HA CUMPLIDO ESTA ESCRITURA delante de vosotros”
(Lucas 4:21).
Aquí tenemos algo excepcional en la forma cómo procedió
nuestro Señor. ¿Por qué paró de leer tan de repente? ¿Por qué no siguió leyendo
hasta el final del versículo? La explicación se encuentra en que Él estaba
“dividiendo correctamente la Palabra de verdad”. Si él hubiese leído la frase
siguiente en Isaías 61 no podría haberles dicho en Nazaret: “HOY SE HA CUMPLIDO
ESTA ESCRITURA delante de vosotros, porque la frase siguiente dice; “y el día
de la venganza de nuestro Dios” (Isaías 61:2). Tan solo una coma en nuestra
Versión castellana separa y divide las dos frases – “el año aceptable” y “el
día de la venganza”. Sin embargo esta coma representa hasta ahora más de 2000
años. La primera frase se refiere a la primera venida de Cristo, la segunda se
refiere a Su segunda venida. Cuán fácilmente podría haber seguido leyendo, pero
es que la segunda frase no estaba dentro del contexto de la verdad que entonces
deseaba resaltar.
Pero hay algunos que creen que esta “correcta división”
de la Palabra de Dios les roba de mucha verdad. Eso se debe a un malentendido
de los hechos, y el ejemplo ahora referido de nuestro Señor y Salvador nos
revela que ninguna porción de Escritura se deja de lado por una “correcta división”
– todas sus partes son precisas, y todas son tenidas en cuenta – porque en
Lucas 21:22 hallamos al Señor ubicando el día de la venganza de nuestro Dios al
tiempo de Su segunda venida:
“Porque estos son días de retribución (venganza), para
que se cumplan todas las cosas que están escritas”.
El siguiente diagrama capacitará al lector para ver cómo
esta correcta división de la verdad ubica las dos frases de Isaías 61 en su
lugar dispensacional:
Evangelio de Lucas
Capítulo 4 Capítulos 5-20 Capítulo
21
El año aceptable Cumplido----------Cumplido El día de la venganza
Del Señor
de nuestro Dios
--------------
------------------
1er ADVIENTO Más de 2000 años separados por una
coma 2º ADVIENTO
Aquí debemos acabar el
asunto. En el espacio de este folleto no podemos hacer más que procurar avivar
el interés del creyente. Como resultado, puede que algunos vengan a ser
“aprobados” delante de Dios, y que no sean “avergonzados” en su labor, se den
cuenta de cual sea su particular llamamiento, vengan a apreciar la maravillosa
variedad de las dispensaciones, y crean, sin reservas, todo lo que Dios ha
dicho en cuanto a:
DIVIDIR CORRECTAMENTE la Palabra de verdad.
No 8
La verdad dispensacional y los fundamentos
“Los defensores de lo que se denomina la Verdad Dispensacional se
limitan ellos mismos a las cuatro epístolas en prisión de Pablo, ellos propios
se distancian del resto de la Escritura, y tienen muy poca o nula consideración
por los Fundamentos”.
Aquellos que así critican
de manera adversa lo que se conoce como la Verdad Dispensacional, hablan igual
o de manera muy similar a esta, sin embargo, en la revista mensual titulada El
Expositor de Berea (que ha sido recientemente considerada por una crítica
hostil como “el órgano oficial de esta enseñanza” en las Islas Británicas) han
ido apareciendo los siguientes estudios:
Estudios
Periodo de duración
LA
EPÍSTOLA A LOS HEBREOS………………… DOCE AÑOS
EL LIBRO DE APOCALIPSIS……………………..
DOCE AÑOS
LA EPÍSTOLA A LOS
ROMANOS………………. CINCO AÑOS
ESTUD. SISTEM. DEL ANT.
TESTAMENTO… CATORCE AÑOS
LAS PARÁBOLAS DEL NUEVO
TESTAM……... CUATRO AÑOS
¿Cómo es posible, por
tanto, que tales críticas puedan ser mantenidas, cuando el Índice de los
primeros veinte volúmenes de esta Revista contiene una tal evidencia de
concentrados, pacientes y diligentes estudios de tantos y tantos libros de la
Biblia además de “las cuatro epístolas en prisión”? Y además, en cuanto a los Fundamentos, el mismo Índice revela
diversas y variadísimas series que tratan con doctrinas tales como:
(1) LA DEIDAD DE CRISTO
(2) EL PECADO
(3) LA REDENCIÓN
(4) LA RESURRECCIÓN
(5) LA SANTIFICACIÓN
(6) LA INSPIRACIÓN DE LA ESCRITURA
(7) EL TIPO Y SOMBRA DE LA ENSEÑANZA DEL TABERNÁCULO
(8) LAS OFRENDAS DE LEVÍTICO, y
(9) LA SEGUNDA VENIDA DE CRISTO.
Nosotros
sugerimos que, los tales críticos de la verdad dispensacional, son culpables,
tal vez de manera inconsciente, de tergiversar y pervertir los hechos, y creemos
que todos los lectores que posean un sentido de justicia no permitirán que
tales afirmaciones deformen o anulen su propio juicio. La limitación de espacio
en un panfleto de estas dimensiones no permitirá un tratamiento profundo y
detallado del tema, sin embargo, haremos un esfuerzo por exhibir la evidencia
Escritural, con el fin de poder probar que, aquellos que se sujeten a la
enseñanza de “las cuatro epístolas en prisión”, estarán sujetos,
necesariamente, a los fundamentos de la fe.
La
mayor parte de los creyentes evangélicos concordarán en que, aunque algunos se
omitan, al menos, los siguientes
fundamentos deben estar incluidos, si es que vamos a ser considerados sanos en la fe:
(1) LA INSPIRACIÓN DE LA ESCRITURA
(2) LA COMPLETA Y SUFICIENTE OBRA DEL
SACRIFICIO DE CRISTO
(3) LA SALVACIÓN POR GRACIA A TRAVÉS
DE LA FE, Y NO POR LAS OBRAS.
(4) LA JUSTIFICACIÓN POR LA FE
(5) LA DEIDAD DE CRISTO.
Nosotros sometemos que,
cualquier diferencia que pueda haber entre creyentes que sostengan los
fundamentos enunciados, no puede surgir proveniente del amor Cristiano ni de la
fidelidad, sino que debe atribuirse al sectarismo o a otro cualquier motivo de
la misma índole.
(1)
LA
INSPIRACIÓN DE LA ESCRITURA.- Hay un versículo en el Nuevo Testamento que es
supremo en la plenitud de su testimonio para con este fundamento, y se halla en
la epístola en prisión 2ª Timoteo:
“Toda la Escritura es
inspirada por Dios, y útil” (2ª Tim.3:16).
Teniendo siempre en mente
este pasaje, ¿Qué temor podría haber de que, el lector que haya descubierto los
secretos de las epístolas en prisión, venga a menospreciar su concepto de la
verdad de toda la Escritura, o que sea negligente a este respecto, cuando esta
propia epístola declara que todas las Escrituras son provechosas? Si lee el
contexto de 2ª Timoteo 3:16 aprenderá que la misma Escritura hace sabio para la
salvación, y equipa al hombre de Dios. ¿Debemos, por tanto, ser avisados que
aquel que siga la enseñanza de El
Expositor de Berea será, con la excepción de las cuatro epístolas, cortado de las Escrituras, debiendo recordar
además que el prejuicio es cegador, y actuar en consecuencia? ¡Todo lo
contrario!
(2)
LA
COMPLETA Y SUFICIENTE OBRA DEL SACRIFICIO DE CRISTO.- Tomemos el testimonio de
Efesios y Colosenses:
“En Quien tenemos la
redención a través de Su sangre, el perdón de los pecados, de acuerdo a las
riquezas de Su gracia, que hizo abundar sobre nosotros” (Efesios 1:7, 8).
“Pero ahora en Cristo Jesús
vosotros que en otro tiempo estabais lejos, habéis sido hechos cercanos por la
sangre de Cristo” (Efesios 2:13).
“Andad en amor, así como
también Cristo nos amó, y se entregó a Sí Mismo por nosotros, en ofrenda y
sacrificio a Dios, en olor fragante” (Efesios 5:2).
“Haciendo la paz mediante
la sangre de Su cruz…Vosotros también, que erais en otro tiempo extraños y
enemigos en vuestra mente, haciendo malas obras, ahora os ha reconciliado en Su
cuerpo de carne, para presentaros santos y sin mancha e irreprensibles delante
de Él” (Colos.1:20-22).
Estos pasajes contienen un
tremendo fundamento. La redención se declara ser por sangre, y esencial para el perdón. La paz y el acceso es por la cruz, y la presentación del creyente
“santo y sin mancha” es, tan maravillosa, que sobrepasa todo entendimiento.
¿Quién, por tanto, teniendo delante estos testimonios, dejaría de escudriñar la
totalidad del Antiguo Testimonio y las Escrituras del Nuevo para llegar a
comprender todo lo que se haya revelado concerniente a este fundamento de
nuestra fe?
(3)
LA
SALVACIÓN POR GRACIA.- Insistimos diciendo que, por mucho que podamos progresar
en el conocimiento de la Palabra, siempre debe mantenerse un claro testimonio
concerniente al camino de la salvación. Y así, ningún otro pasaje de Escritura
nos presenta los términos de la salvación tan claramente y en tan corto espacio
como se expone en Efesios 2:8-10:
“Porque por gracia sois
salvos, por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por
obras, para que nadie se gloríe. Porque somos hechura Suya, creados en Cristo
Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que
anduviésemos en ellas” (Efesios 2:8-10).
Aquí tenemos no solamente
el énfasis puesto sobre la gracia sin obras, sino que además el equilibrio o
balance se preserva por la declaración final diciendo que, la salvación, si
bien no provenga de las obras, resulta no obstante en y para las buenas obras,
una característica de la epístola de Efesios es que hace un perfecto balance
entre la doctrina y la práctica a través de sus seis capítulos.
(4)
LA
JUSTIFICACIÓN POR LA FE.- ¡Qué gran
importancia posee la epístola a los Romanos! Todo creyente que tenga algún
conocimiento de la verdad es consciente de la naturaleza fundamental de su
testimonio en cuanto a la justificación. ¿Cuántos de nosotros serían capaces de
hacer una sinopsis de su enseñanza con tanta certeza y brevedad como lo hace el
apóstol en un solo versículo de la epístola a los Filipenses?:
“Y ser hallado en Él, no
teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por la fe de
Cristo, la justicia que es de Dios por la fe” (Filip.3:9).
Aquí tenemos cinco puntos
diferenciados, los cuales cubren prácticamente la enseñanza de Romanos sobre el
tema de la justificación:
(I)
SE HALLA
“EN ÉL” Pues, tal y como dice Romanos 8:1: “Ninguna condenación hay para los
que están EN Cristo Jesús”, y Romanos 8 está en directo contraste con Romanos
5, donde la condenación se encuentra en Adán.
(II) NO ES PROVENIENTE DE LA LEY (vea Rom.3:20, 21, 28; 8:3;
10:4).
(III)
ES A
TRAVÉS DE LA FE de CRISTO “Que es por la fe DE Cristo” (Rom.3:22).
(IV)
ES UNA
JUSTICIA DE DIOS (vea Rom.1:16, 17; 3:21, 26).
(V) ES POR LA FE
“Concluimos, pues, que el hombre es justificado por fe, sin las obras de la
ley” (Rom.3:28).
Aquel que crea Filipenses
3:9 se regocijará en la más plena exposición de la epístola a los Romanos.
(5)
LA DEIDAD
DE CRISTO.- La persona del Cristo ascendido es la gloria del ministerio en
prisión de Pablo. ¿Cómo puede ser que alguien que crea Filipenses o Colosenses
tolere alguna vez el lenguaje de aquellos que hablan tan frecuentemente del
Señor como siendo “El Hijo del carpintero”, o “El hombre de Galilea? Estos
deberían abstenerse aún mismo de pronunciar el santo nombre “Jesús”, pues en
estas epístolas se les enseña a considerarle como “Señor”. Él se mantiene
siendo “La forma de Dios, aunque no estimase ser igual a Dios como algo a lo
que aferrarse”, y vendrá un día a ser reconocido como Jehová, portando consigo
“el nombre que está por encima de todo nombre” (Filip.2:6-11). Reconocerán que
Él es la Imagen del Dios Invisible, que toda la creación visible e invisible es
la obra de Sus manos, que Él es antes de todas las cosas, y que por Él todas
las cosas subsisten, y que en Él habita toda la plenitud de la Deidad
(Colos.1:15-19; 2:9).
Si estos fundamentos
encuentran su exposición en las cuatro epístolas en prisión, entonces, mientras
más se estudien y valoren, mayor y más fuerte será el testimonio para con los
fundamentos de nuestra fe. Ya no nos queda espacio alguno para explicar la
razón por la cual estas cuatro epístolas sean para nosotros tan preciosas, pero
al lector que esté interesado le recomendamos que lea el Mensaje desde Berea
número 9, en el cual esperamos exponer nuestros motivos con toda claridad.
No 9
La Verdad Dispensacional y las Epístolas del Misterio
El lector que haya visto el
número 8 de esta serie recordará que la importancia de las cuatro epístolas en
prisión pasa a estar en preminencia, y expresamos nuestra intención de venir a
tratar con la razón por la cual estas epístolas son tan valiosas para nosotros
en este día actual y presente. En la mente del lector, suponemos nosotros,
deben surgirle las siguientes cuestiones:
(1)
¿POR QUÉ
DENOMINARLAS “EPÍSTOLAS EN PRISIÓN”?
(2) ¿POR QUÉ CUATRO EPÍSTOLAS?
(3)
¿QUÉ SON ESTAS CUATRO EPÍSTOLAS?
(4)
¿CUÁL ES
SU DISTINTIVA ENSEÑANZA?
Para respondes a la primera
cuestión, ¿Por qué denominarlas las “Epístolas en prisión”?, debemos volver nuestra atención al libro de los Hechos
de los Apóstoles, con el fin de observar unos cuantos e importantes puntos que
allí se nos dan a conocer, concerniente al ministerio del apóstol Pablo.
Después de muchos años de servicio, el apóstol, en Hechos 20, expone con toda
claridad que había llegado al fin de un ministerio, y que daba comienzo a uno
nuevo. Les dice a sus oyentes (en los versículos 17-38) que ya no volverían a
ver su rostro, y que su futuro ministerio tenía que ver con cadenas y aflicciones.
Posteriormente, estando
delante del rey Agripa, el apóstol reveló que cuando el Señor se le apareció en
el camino a Damasco, no tan solamente le dio una comisión al tiempo, sino que
le prometió que se le aparecería una segunda vez, y entonces le daría una
comisión posterior (Hechos 26:16-18). A su llegada como prisionero en Roma, el
apóstol envió a llamar a los líderes de los Judíos, y después de un día entero
conferenciando con ellos, los despidió, citando por última vez Isaías 6:9, 10,
y diciendo:
“A
los Gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán” (Hechos 28:28).
No se
nos deja que hagamos conjeturas en cuanto a lo que el apóstol enseña a
consecuencia de esta crisis dispensacional; tenemos con toda claridad el
testimonio escrito. Este ministerio en prisión llega a ser para nosotros
demasiado elocuente en las epístolas que Pablo escribió siendo el prisionero del Señor. Ahora debemos
ponerlas al descubierto:
EFESIOS ES CLARAMENTE UNA
EPÍSTOLA EN PRISIÓN.-
“Pablo, el prisionero de
Jesucristo por vosotros los Gentiles” (Efesios 1:13).
FILIPENSES ES UNA EPÍSTOLA
EN PRISIÓN.-
“Mis prisiones se han hecho
patentes en Cristo en todo el pretorio” (Filip.1:13).
COLOSENSES ES UNA EPÍSTOLA
EN PRISIÓN.-
“El misterio de Cristo, por
el cual también estoy preso” (Colos.4:3).
2ª TIMOTEO ES UNA EPÍSTOLA
EN PRISIÓN.-
“No te avergüences de dar
testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso Suyo” (2ª Tim.1:8).
FILEMÓN ES UNA EPÍSTOLA EN
PRISIÓN.-
“Pablo, ya anciano, y
ahora, además, prisionero de Jesucristo” (Filemón 9).
Si bien Filemón sea una
pequeña y preciosa epístola, no está escrita con la intención de manifestar la
distintiva verdad del misterio, y, consecuentemente, de manera usual hablamos
tan solo de “las cuatro epístolas”, con el objetivo de no causarle
malentendidos a ningún creyente.
Ahora vamos a ocupar el
espacio restante para exhibir la distintiva enseñanza de estas cuatro
epístolas. Antes que nada será interesante que veamos cómo se dividen en dos
parejas. Un par enseña las básicas verdades, la otra pareja exhorta al creyente
a permanecer en la fe. Esto podemos visualizarlo de la siguiente manera:
A| EFESIOS.- La revelación
del Misterio.
B| FILIPENSES.- La corrida por el Premio.
A| COLOSENSES.- La
revelación del Misterio.
B| 2ª TIMOTEO.- La lucha y la Corona.
Antes de abordar la
cuestión “¿Qué es el Misterio?” veamos uno o dos puntos distintivos y en común de estas epístolas.
“LOS LUGARES CELESTIALES”
(Efesios 1:3).- La esfera de bendición de esta iglesia no se halla en la
tierra, ni en la Jerusalén celestial, sino que se encuentra en los “lugares
celestiales”. Estos lugares se hallan a la diestra de Dios, por encima de todo
principado y potestad, por encima de todos los cielos (Efesios 1:3, 20, 21;
4:10). De esta iglesia se dice que está sentada juntamente en estos mismos
cielos (Efesios 2:6). Ninguna más alta esfera podrá ya ser concebida o revelada
en la Escritura. Nada hay que se le iguale en cualquiera de las epístolas
escritas por Pablo anterior a su prisión durante los Hechos, o por cualquier
otro apóstol en tiempo alguno.
“ANTES DE LA FUNDACIÓN DEL
MUNDO” (Efesios 1:4).- Estrictamente hablando, la palabra que aquí se traduce
“fundación” debería haberse traducido “caída”, pues se refiere a Génesis 1:2,
pero ahora no podemos ni vamos a ocuparnos aquí del tema. Será suficiente para
el propósito que tenemos en mano darnos cuenta que este es el único lugar en la
Palabra de Dios donde una compañía de creyentes se asocia con un periodo anterior a la fundación del mundo, todas
las demás compañías se conectan con un periodo a seguir o desde la
fundación del mundo (vea Mateo 25:34). Aquí por tanto tenemos dos peculiares
características que no se encuentran en ninguna parte más en las Escrituras:
(1) “UNA ESFERA DE BENDICIÓN “EN LOS LUGARES CELESTIALES” POR
ENCIMA DE TODO.
(2) UN PERIODO DE
ELECCIÓN “ANTES DE LA FUNDACIÓN DEL MUNDO”.
Ahora Pablo, como el
prisionero de Jesucristo, clama que, a él, le ha sido dada “una dispensación”,
y que a él le ha sido revelado “El Misterio”. Debemos aclarar el significado de
las palabras antes de seguir adelante.
La palabra “dispensación”
se traduce “mayordomía” en Lucas 16:2, y no tiene conexión alguna con la
palabra “siglo” o “edad”, ni con un periodo de tiempo particular. Un mayordomo
era el nombre dado antiguamente en castellano para el administrador de un campo
agrícola. Este campo estaría bajo guarda de su mayordomía. Así, Pablo, clama haber sido encomendado por Dios para
guardar o administrar una parte o sección particular de Su gran Viña.
La palabra “misterio”
significa “un secreto”, y especialmente un secreto propósito que no se divulga
por causa de un enemigo. Dios ha planeado las edades o siglos, pero por causa
del gran enemigo de la verdad, de propósito, Él no ha revelado todas las partes
del plan de una sola vez o al mismo tiempo. La mayoría de las Escrituras tratan
con la fase del propósito de Dios que se conecta con Israel. Cuando Israel
fracasó a la hora de arrepentirse, ese hecho ciertamente parecería como si el
maligno hubiese producido el colapso en el propósito de las edades. Pero fue
exactamente en este punto de tiempo que se manifestó la sabiduría de Dios.
Cuando todo parecía perdido, entonces tuvo por bien revelar Su secreto, es
decir, que: durante todo el periodo que dure el repudio de Israel, Él ha
determinado llamar, de entre los Gentiles, una compañía que serían los miembros
del Cuerpo de Cristo, los cuales, aunque habían sido extraños a la ciudadanía
de Israel, serían bendecidos por encima de la heredad de Israel, y más allá de
lo que todas las promesas de Abraham pudiera ofrecer.
Este secreto se lo reveló
Dios al prisionero Pablo, y a través de él, todos los demás han aprendido su
maravilloso mensaje. Esto deja los demás llamamientos y dispensaciones
exactamente donde la Escritura los ubica, y no confunde el reino con la iglesia,
ni la novia con el cuerpo, o la tierra
con el cielo.
Si bien habría mucho más
que escribir, debemos reducirlo limitándonos tan solo a Efesios 3, con el fin
de que obtengamos, en el mismo lenguaje de la Escritura, la declaración del
propio Pablo acerca de esta nueva dispensación:
“Por esta causa yo Pablo,
prisionero de Cristo POR VOSOTROS LOS GENTILES, si es que habéis oído de la
ADMINISTRACIÓN de la gracia de Dios que me fue dada para con vosotros: que por
REVELACIÓN me fue declarado EL MISTERIO…A mí, que soy menos que el más pequeño
de los santos, me fue dada esta gracia de anunciar entre los Gentiles el
evangelio de las INESCRUTABLES riquezas de Cristo, y de aclarar a todos cuál
sea la DISPENSACIÓN DEL MISTERIO escondido desde los siglos en Dios” (Efesios
3:1-3, 8, 9).
Con el objetivo de
confirmar este reclamo y una posterior explanación de su significado, vamos a
dar una cita de Colosenses:
“Por Su CUERPO, que es la
iglesia; de la cual fui hecho ministro, según la ADMINISTRACIÓN (o
dispensación) de Dios que me fue dada PARA CON VOSOTROS, para que anuncie
cumplidamente la Palabra de Dios; EL MISTERIO que había estado OCULTO desde los
siglos y edades, pero que ahora ha sido MANIFESTADO a Sus santos: a quienes
Dios quiso dar a conocer…” (Colos.1:24-27).
Quien quiera que el lector
pueda ser, y cualquiera que sea el punto de vista que pueda mantener en cuanto
a la verdad dispensacional, aquí tenemos dos inspiradas declaraciones en la
Palabra de Dios que no pueden ser ignoradas. Demandan atención, fe y adherencia.
Si son secundadas y seguidas, nos guían a una seguridad y a una comunión que
trasciende toda y cualquier otra cosa habida en la Escritura. ¿Sería ahora de
admirar que, habiendo visto tan siquiera un simple relance de la gloria que hay
aquí, a la diestra de Dios, mantengamos un tan alto valor y apreciación de
estas cuatro epístolas en prisión?
El hecho de que, en estas
cuatro epístolas, encontremos la revelación del misterio, no debe, ni tampoco
puede, significar que las demás Escrituras se ignoren, o que se nieguen los
fundamentos. Este aspecto del tema se trata en el Número 8 de esta serie.
Nosotros desearíamos
escribir mucho más sobre estos preciosos asuntos, pero nuestro objetivo debe
haber sido alcanzado si hemos conseguido remover el prejuicio, y los reclamos
habidos en estas epístolas que se han traído a la íntima apreciación del
creyente, han sido vindicados.
No 10
La Verdad Dispensacional y la Cristiandad Práctica
Entre las muchas
acusaciones que han sido maquinadas y dirigidas contra la “verdad
Dispensacional” se halla una diciendo que es ineficaz en la práctica; que, estos individuos, los cuales tienen
sus ojos puestos en las estrellas, que hablan de “principados y potestades” y
“misterios”, no tienen con ellos un mensaje práctico
de valor, y que sus enseñanzas hacen a los hombres hipócritas, místicos y
exclusivos. Ahora bien, si estas acusaciones pudiesen ser mantenidas, serían
ciertamente bastante graves y serias. Sin embargo, estamos gratos pudiendo
afirmar que, dichas acusaciones, tan solo se hallan en la imaginación de
aquellos quienes, a la hora de criticar la enseñanza del misterio, son como los
pretensos maestros de los días del apóstol, que carecen de toda lógica:
“Sin entender ni lo que
hablan ni lo que afirman” (1ª Tim1:7).
Nuestro objetivo en este
panfleto será mostrar cuán intensamente
prácticas son estas epístolas del misterio, y estamos plenamente
persuadidos, que, todos cuantos deseen conocer la verdad, estarán agradecidos
si tan solamente abren el Libro, con el fin de que éste pueda, por sí mismo,
pronunciarse y hablar.
Antes que nada veamos el
testimonio de la Epístola a los Efesios para con el valor de la verdad práctica. En el capítulo 4
encontramos al apóstol rogándoles a sus oyentes para que “anden dignos de su llamamiento”, y observamos
que esta exhortación se halla prácticamente a la mitad de la epístola. Si la
examinamos detalladamente, descubrimos que esta epístola ha sido, de tal forma escrita, que, tiene
siete secciones en los capítulos de 1 a 3 que tratan con la doctrina, y que estas secciones se contrabalancean por siete
secciones en los capítulos de 4 a 6 que tratan con la práctica. Además, vemos que cada sección, en la porción doctrinal de la epístola, tiene consigo
un miembro correspondiente en la porción práctica.
Por ejemplo, en Efesios 2:19-22, donde leemos acerca de “un templo santo en el
Señor en el cual nosotros somos juntamente edificados”, en Efesios 4:7-19,
leemos de “un cuerpo bien concertado y unido”. La palabra “digno” en Efesios
4:1 sugiere un balance, tal como en Romanos 8:18.
Un
detallado examen de la enseñanza práctica de Efesios no está al alcance de un
panfleto de este tipo; debemos por tanto contentarnos tan solo con unos pocos
ejemplos. Observe cómo, en el capítulo 4, el apóstol no tan solo ofrece la
exhortación a “despojarse” del viejo hombre y a “vestirse” del nuevo, sino que
además resalta la exhortación con una más minuciosa palabra concerniente al
ladrón que no debe robar más, sino que trabaje con sus manos; a evitar
cualquier forma de hablar corrupta, a dejar de lado toda ira, a perdonar del
mismo modo que Dios en Cristo ha perdonado. ¿Quién puede haber entre los que a
voces gritan reclamándonos por “algo práctico”, que pueda decir que su estilo
de vida se compare favorablemente con este estándar?
Una vez más, en Efesios 5,
el “andar” que es digno se expande nuevamente. Este andar debe ser hecho “en
amor” (5:2); “en luz” (5:8), y “con sabiduría” (5:15), y además, cada una de
estas subdivisiones del andar son seguidas por una más compresiva declaración
concerniente a la vida diaria y hábitos en conducta. Estas tres divisiones son
posteriormente expandidas en Efesios 5:22 a 6:9, y al lector no se le permite
generalizar, sino que se ve forzado a confrontar todos los aspectos
particulares de la verdad práctica en exhibición. Las esposas y maridos, los
hijos y padres, los siervos y amos: cada uno tiene su lugar apropiado, y nos
admiramos hasta qué punto estos que afirman diciendo que la verdad
dispensacional no es práctica, pudiesen pasar el examen de esta tan práctica
sección, si fuese aplicada a sus hogares y conductas.
Volviendo ahora nuestra
atención a la epístola a los Filipenses, ¿dónde más en todo el Nuevo Testamento
podremos encontrar una epístola como esta para hallar la enseñanza práctica tan
claramente expuesta? La maravillosa revelación de Filipenses 2 concerniente al
Señor, Quien, siendo igual a Dios, se humilló hasta la muerte de cruz, no fue
dada primariamente para enseñar nada acerca de la Persona del Señor, sino que
fue ofrecida como un ejemplo, para que pudiésemos conocer y saber prácticamente el significado y lo que
sea realmente la falta de egoísmo en nuestras vidas:
“No mirando cada uno por lo
suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros” (Filip.2:4).
¿Dónde podríamos hallar un
tal sosiego, una tal práctica de fe, como la que aquí se exhibe en Filipenses
4:6, 7?:
“Por nada estéis afanosos,
sino sean conocidas vuestras peticiones delante de Dios en toda oración y
ruego, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que sobrepasa todo
entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo
Jesús”
Mire el ejemplo manifiesto
por el apóstol:
“He
aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación: Sé vivir
humildemente, y se tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así
para estar saciado como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece” (Filip.4:11-13).
O
vuelva a leer la última epístola que Pablo escribió antes de su martirio (2ª
Timoteo) y ponga atención al énfasis que pone sobre no ser avergonzado:
“No te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso
Suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de
dios” (2ª Tim.1:8).
“Por lo cual asimismo
padezco esto (estas cosas); pero no me avergüenzo, porque yo sé a Quien he
creído” (2ª Tim1:12).
“Muchas veces me confortó,
y no se avergonzó de mis cadenas” (2ª
Tim.1:16).
¿Podría alguna cosa ser más
práctica que las siguientes palabras dirigidas a Timoteo?:
“Dios no nos ha dado
espíritu de cobardía, sino de poder, de amor y de dominio propio” (2ª Tim.1:7).
¡Cuán claramente cortantes
son sus palabras en 2ª Timoteo 2:4!:
“Ninguno que milita se
enreda en los negocios de la vida (en su sustento de vida), a fin de agradar a
aquel que lo tomó por soldado” (2ª Tim.2:4).
La doctrina y la práctica
se contrabalancean y equilibran de manera muy hermosa en 2ª Tim.2:19:
“Pero el fundamento de Dios
está firme, teniendo este sello: Conoce el Señor a los que son Suyos
(doctrina), y apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre del Señor
(práctica)”.
El apóstol además pudo
señalar su propia conducta al tiempo que predicaba la verdad a los demás:
“Pero tú has seguido mi
doctrina, conducta (o manera de vivir)” (2ª Tim.3:10).
¡Así quiera Dios que, todos
aquellos que conozcan alguna cosa de la doctrina,
sean cada día más y más conscientes de lo necesaria que es… su práctica correspondiente!
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