COMPARANDO ASUNTOS ESPIRITUALES
CHARLES WELCH
Trad. Juan Luis Molina
(NO TODOS LOS ASUNTOS ESPIRITUALES SON IGUALES)
La
ciencia divide todo el campo de la investigación en tres grandes reinos, y
todas las cosas deben pertenecer o bien al animal, al vegetal o al reino
mineral. Las subdivisiones van sucediendo hasta que por fin se alcance el
individuo de la especie, y esta clasificación depende sobre la observación
comprobada de las igualdades y las diferencias. En este folleto desearíamos
llamar la atención al valor del principio del “trato y comprobación de las
cosas que difieran”, tal como en el comentario marginal de Filipenses 1:10
sugiere: “Para que aprobéis lo mejor” viendo las diferencias.
Antes
de proceder a las Escrituras, desearíamos que cada lector apreciase el valor de
este principio, y pedirle que observe la diferencia en las dos definiciones que
damos del hombre a seguir: (1) El Hombre es un animal que come, bebe y duerme.
(2) El Hombre es un animal que razona, habla y se viste con ropas. En la
primera descripción, el hombre no se distingue en nada de la familia del gato;
en la segunda, con tres puntos de diferencias, se destaca significativamente de
toda la creación. Muchos hijos de Dios no tienen un más alto concepto de la
enseñanza de la Escritura
que el Hombre número1, definido encima. Si leen la palabra “evangelio” o
“apóstol” en Mateo y en Efesios, para ellos viene a dar todo lo mismo y es una
misma cosa. Así, pues, nosotros proponemos considerar un muy bien conocido
pasaje a la luz de este principio, y creemos que tratando de procurar las cosas
que “difieran” del propósito de Dios por nosotros mismos según los tiempos, se
verá mucho más claro para nuestra mejor aprobación:
“Entonces
llamando a Sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos,
para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia. Los
nombres de los apóstoles son estos: primero Simón, llamado Pedro, y Andrés su
hermano; Jacobo hijo de Zebedeo, y Juan su hermano; Felipe, Bartolomé, Tomás,
Mateo el publicano, Jacobo hijo de Afeo, Lebeo, por sobrenombre Tadeo, Simón el
cananista, y Judas Iscariote, el que también le entregó. A estos doce envió
Jesús, y les dio instrucciones, diciendo: Por camino de gentiles no vayáis, y
en ciudad de samaritanos no entréis, sino id antes a las ovejas perdidas de la
casa de Israel. Y yendo, predicad, diciendo: El reino de los cielos se ha
acercado. Sanad enfermos, limpiad leprosos, resucitad muertos, echad fuera
demonios” (Mat.10:1-8).
Aquí
tenemos los siguientes puntos que tendremos en atención:
(1)
UN EVANGELIO.- Los apóstoles son enviados a predicar.
(2)
UN DEFINITIVO ORDEN DE APÓSTOLES. Los doce son encomendados.
(3)
UNA RESTRICCIÓN.- No vayáis por camino de Gentiles.
(4)
UN ACOMPAÑAMIENTO.- Poderes milagrosos sobre la enfermedad y la muerte.
1 –
EL EVANGELIO El evangelio que los doce fueron enviados a predicar era “el
evangelio del reino”. Este evangelio, acompañado por sus propias señales, fue
predicado por el Señor antes de esta encomienda, tal como se demuestra si leemos
Mateo 4:23 y 9:35. Aquí citamos el último de los pasajes:
“Recorría
Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y
predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en
el pueblo” (Mat.9:35).
Antes
de continuar nos gustaría preguntarle al lector lo siguiente: “¿Consideraría
usted un evangelio, que no supiese nada de Jesucristo crucificado y ascendido,
como siendo el evangelio a ser predicado hoy en día?” Confiamos que el lector
dirá que “¡No!, Un evangelio sin Cristo crucificado y sin Cristo ascendido no
contiene el mensaje de la salvación de los hombres pecadores, y no podría ser
propio de Dios.” Ahora bien, sin estar atados a cualquier cronología existente
de los evangelios, todos concordaremos que Mateo 16 debe venir después de Mateo
10, y que el sujeto o tema revelado en Mateo 16, por primera vez, no podría
haber formado parte del evangelio predicado más tempranamente. En Mateo 16
leemos:
“Desde
entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a
Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de
los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día” (Mat.16:21).
Cuando
Pedro oyó estas palabras, con su reacción, nos ofrece una prueba añadida de que
habían sido oídas “por primera vez.” Solo hay una conclusión, y es que el
evangelio del reino debe ser distinto del evangelio de la gracia de Dios
tal y como lo predicó Pablo a los Gentiles.
2 -
LOS APÓSTOLES. – En Gálatas 2 leemos que después de que el apóstol Pablo
hubiese estado predicando el evangelio sin referencias a Jerusalén durante
catorce años, él entonces subió allí por revelación y les comunicó el tal
evangelio que predicaba a los Gentiles:
“Como
vieron que me había sido encomendado el evangelio de la incircuncisión, como a
Pedro el de la circuncisión (pues el que actuó en Pedro para el apostolado de
la circuncisión, actuó también en mí para con los Gentiles)” (Gál.2:7, 8).
Aquí
tenemos una reconocida diferencia no solo en el evangelio, sino también en el
apostolado. No solo es una distinción que se señala entre el apostolado de
Pedro y el de Pablo, sino que esta distinción se establece definitivamente
además entre el ministerio terrenal de Cristo, y Su ministerio celestial a
través de Su siervo Pablo:
“Pues
os digo que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para
mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, y
para que los Gentiles glorifiquen a Dios por Su misericordia…para ser ministro
de Jesucristo a los Gentiles, ministrando el evangelio de Dios” (Rom.15:8, 9,
16).
Es
un hecho que el apóstol Pablo debe ser distinguido de los doce, y sus propias
palabras, “a los doce” y “al último de todos…me apareció a mí”, así lo
evidencian en 1ª Cor.15:5 y 8. La prueba más conclusiva sin embargo de un orden
diferente de apóstoles de aquellos de Mateo 10, se encuentra en Efesios 4:8-11:
“Subiendo
a lo alto…dio dones a los hombres…y Él mismo constituyó a unos apóstoles”.
Aquí
tenemos un orden distinto de apóstoles, el don de Cristo, “cuando ascendió a lo
alto”, que no podría de manera ninguna referirse a los encomendados
anteriormente, cuando aún no había ni tan siquiera revelado su muerte y
resurrección.
3 –
LOS GENTILES. – Tanto en Gálatas 2:7, 8, como en Romanos 15:16, además de en
Efesios 4, el evangelio y el apostolado de Pablo definitivamente se dirige en
su mayor parte a los Gentiles. En Mateo 10 el camino de los Gentiles estaba
prohibido, y, además, el Señor declaró que Él había sido enviado solamente a
las ovejas perdidas de la casa de Israel. Esta limitación a Israel no se
confina a Mateo 10. La encontramos repetida en Mateo 15:21-28, y también en
Pentecostés y posteriormente. Algunos lectores pueden haber tenido la impresión
de que Pentecostés alteró toda esta exclusividad, así que debemos volver al
pasaje para verlo. Pentecostés era una fiesta de los Judíos. Ningún Gentil, a
menos que fuera un prosélito, tenía el derecho o la necesidad de viajar grandes
distancias desde su casa para guardar la fiesta. Aunque la multitud reunida
estaba atónita escuchando a hombres hablar en sus propios idiomas, no había
entre ellos Gentiles, sino que eran todos Judíos nacidos o emigrados entre
estas otras tierras.
“Judíos,
hombres devotos, de todas las naciones” (Hechos 2:5) es el título que
comparten, y Pedro se dirigió a ellos como “Hombres de Judea” e “Israel”
(Hechos 2:14, 22, 36). Vea también Hechos 3:13 y 25 en esta conexión. La
actitud de Pedro con respecto a Cornelio en Hechos 10:28, y la paralela actitud
de “los apóstoles” y la iglesia en Jerusalén (Hechos 11:1, 2), disipa
completamente la idea de que bajo el ministerio de Pedro y en el día de
Pentecostés los Gentiles “adhirieran a la iglesia” en igualdad con los Judíos.
Dios, por la mano de Pablo, abrió la puerta de la fe a los Gentiles (14:27), y
es Pablo quien fue comisionado para mostrar que los creyentes Gentiles (14:27),
estando “en Cristo”, eran “de la simiente de Abraham” en la misma medida que
los creyentes Judíos lo eran (Gál3:29). Posteriormente, Pablo recibió la
dispensación de la gracia de Dios a los Gentiles (Efes.3:1, 2), y entonces
tanto los Judíos como los Gentiles desaparecen como tales en la creación de un
nuevo hombre (Efesios 2:11- 22).
4-
DONES MILAGROSOS. - Si Dios nunca se interpone entre los asuntos de Sus hijos,
ahora entonces la oración en sí misma nos pareciera ser inútil. No estamos
diciendo que los milagros hayan cesado, pero afirmamos comprobando las
diferencias que los dones milagrosos, como “señales”, no pertenecen a la
iglesia del cuerpo único, ni tampoco a la dispensación del misterio. Cuando se
lee acerca de los milagros que Pedro y Pablo produjeron, y los que se sumaron
durante el periodo de los Hechos, ni tan siquiera los enemigos podían poner en
tela de cuestión cualquiera de ellos. Tenemos milagros tales como levantar a
los muertos, dar la vista a los ciegos, limpiar leprosos, inmunidad de los
efectos del veneno, etc. Sin embargo una gran parte de lo que hoy en día se
toma por milagro se halla en el campo de la psicología y de la histeria. No
estamos, sin embargo, escribiendo para criticar a nadie, sino meramente
comparando Escritura con Escritura. La iglesia en Corinto poseía una plenitud
de estos dones (1ª Cor.12), y Pablo los ejercitó hasta el último capítulo de
los Hechos (28:1-9-9. Hasta mismo los pañales se le enviaron para que Pablo
efectuase una sanación. Pero a seguir a Hechos 28, sin embargo, Trófimo es
dejado enfermo en Mileto (2ª Tim.4:20), Epafrodito roza la muerte en su
enfermedad (2:25-27). Una prescripción, no un pañal, es enviada por Pablo a
Timoteo en 1ª Timoteo 5:23. La razón no hay que ir muy lejos para descubrirla.
Entre tanto que Israel permaneciese como una nación delante de Dios, “las
señales secundaron” la predicación; pero cuando fueron puestos de parte en su
rebelión en Hechos 28:23-28, las señales cesaron.
Hemos
hallado, por tanto, que por la prueba de las cosas que difieren, términos tales
como “evangelio” y “apóstol”, pueden implicar una diferencia muy amplia de
mensajes y comisiones según del orden donde provengan, y la ausencia de los
dones y señales en el cuerpo único y en el Misterio se quedan por tanto
escrituralmente explicadas.
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