LOS FUNDAMENTOS PARTE 2
5 - POR MEDIO
DE
LOS QUE LE
OYERON
(Hebreos 2:3)
LAS EPÍSTOLAS
APOSTÓLICAS
LAS EPÍSTOLAS
DE JUAN
Juan fue el
primero de un escogido grupo de tres que fueron llamados con el propósito de
que confirmasen, por escrito además de hacerlo de palabra, lo que había oído del Señor. Él, al igual que
los otros dos, fue uno de los que confirmaron
lo que escucharon decir el Señor
(Hebreos 2:3), y no fueron más allá de sus palabras.
Hebreos 2:3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos
una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el
Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,
No poseemos,
literalmente, información alguna en lo que se refiere a la fecha cierta en que
las escribió, aparte de sus propias Epístolas donde las reflejó. Nadie puede
ayudarnos. Ni los escritores antiguos, ni los críticos de nuestros días han
podido decirnos nada más aparte de lo que nosotros mismos podemos leer en sus
escritos. Todo lo demás es pura especulación y conjetura. Todos los lectores y
escritores se ven obligados a volver sobre la evidencia interna del contenido
de las Epístolas, pues no existe otra evidencia fuera de las mismas.
No es preciso
que leamos muchos versículos en sus escritos para que nos encontremos con las
palabras: Hijitos míos, ya es el último
tiempo (1ª Juan 2:18).
1 Juan 2:18 Hijitos, ya es el último tiempo; y según
vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos
anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.
Estas palabras
no pueden referirse sino al final cercano
de aquella propia Dispensación de los Hechos de los Apóstoles, que acabó
poco tiempo antes de la destrucción del templo de Jerusalén. Juan no habla ni
se refiere al fin de nuestro tiempo, ni
del final de la historia humana, ni
del final de la creación material,
sino del final específico de la etapa
durante la cual Dios habló por medio de los
que oyeron a Su Hijo. Está claro y es cierto, por tanto, que el fin de aquella época se hallaba a la mano, y tanto es así que dice: El mundo (Kosmos) pasa, y sus deseos (Juan
2:17). Era la hora onceava.
1 Juan 2:17 Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que
hace la voluntad de Dios permanece para siempre.
¿Qué era lo
que caracterizaba esa última hora? La
respuesta la encontramos justo a seguir en la afirmación que nos da: Hijitos míos, YA ES EL ÚLTIMO TIEMPO; y
según vosotros oísteis que el anticristo viene, así AHORA han surgido muchos
anticristos, POR ESTO CONOCEMOS que es EL ÚLTIMO TIEMPO.
Esta es la
primera vez que se menciona al anticristo en el Nuevo Testamento, y se le
menciona como a uno bien conocido por los que oyeron al Señor, ya que va
acompañada de una explicación al
carácter del espíritu del anticristo (1ª
Juan 2:22; 4:3).
1 Juan 2:22 ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que
Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.
1 Juan 4:3 y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo
ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el
cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.
Pero ahora
muchos se preguntarán: ¿Cómo lo sabía Juan? Y la respuesta de otros será que,
como es lógico, por la inspiración, y
esto es verdad; pero Juan dice nosotros,
nosotros conocemos, lo cual implica que había otros que lo habían oído también, y también lo
sabían o podían comprender las señales que
daban estos anticristos. Nuestro
Señor ya había hablado acerca de
estos falsos cristos, como de la primera
señal del comienzo del último tiempo
aquel, en el discurso profético del monte de los Olivos.
Hubo dos
discursos proféticos, y este hecho reseña las diferencias en tiempo, lugar y tema, entre el primero, que aparece en Lucas 21, y el segundo, en
Mateo 24 y Marcos 13.
El que aparece
en Lucas y es primero fue pronunciado un
día que estaba Jesús enseñando en el
templo al pueblo (Lucas 20:1).
La siguiente
observación referente al lugar, y que
nos da indicación también del tiempo es
la que aparece en el cap.21:1: Levantando
los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas.
Estaban, por tanto, aun en el templo cuando habló acerca de la profecía en
Lucas, y una vez más vemos que la próxima nota, en cuanto al tiempo se refiere, la tenemos en el
cap.21:37: Y enseñaba de día en el
templo, y DE NOCHE, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos.
Pero respecto
a la segunda profecía, que aparece en Mateo 24 y Marcos 23, leemos: (Mateo
24:1) Jesús salió del templo y se
iba…Y estando él sentado en el monte de
los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte (vers.3). Igual en Marcos
13:1: Saliendo Jesús del templo…y se sentó en el monte de los Olivos, frente
al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte (vers.3).
Aquí tenemos
dos profecías de suma importancia, una (en Lucas) pronunciada en el templo, y la otra (en Mateos y en
Marcos) pronunciada en el monte de los
Olivos. Una vez que algunas partes de la primera se repiten en la segunda
ocasión, ofrecemos los puntos más destacados, en tres columnas paralelas, de
manera que aparezca claramente el objeto que tienen y las diferencias entre
ellas.
Los dos
relatos comienzan con un resumen de los acontecimientos que habían de suceder en vida y experiencia de
los que oían las palabras.
Ellos le
habían hecho comentarios aduladores de los edificios y piedras al Señor, así
como a los adornos del templo, y el Señor les contesta: no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. Estas solemnes
palabras acerca de las cosas que irían a
suceder estando aún vivos y experimentarían provocaron la pregunta de parte
de los que oían: ¿CUÁNDO serán estas cosas? ¿Y QUÉ SEÑAL habrá cuando todas
estas cosas hayan de cumplirse? (en ambas ocasiones); es decir, querían saber
cuándo acontecería.
Y las primeras
palabras de la respuesta del Señor fueron:
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Mateo 24:4-6 Marcos
13:5-7
Lucas 21:8, 9
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Ese es el comienzo. A continuación el Señor se
refiere a los acontecimientos que habrían de suceder después, posteriormente, es decir, los dolores de parto de la tribulación.
Mateo
24:7
Marcos 13:5-7 Lucas 21:10, 11
Observaremos
que, en la ocasión anterior (Lucas 21:8, 9) en lugar de decir esto será principio de dolores (como en
Marcos y Mateo), y en vez de dar a continuación la descripción de los mismos
dolores, se detiene en seco, en lugar de proseguir. Vuelve atrás, y habla
acerca de algo que sucederá antes de
todas estas cosas: antes de los dolores (o dolores de parto) de la gran tribulación; y lo que describe ahora
es
La destrucción
de Jerusalén
Lucas 21:12. Pero antes de todas estas cosas.
Es decir, antes de la gran tribulación, que termina
con la señal del Hijo del Hombre que viene en las nubes del cielo, y los
sucesos, que aparecerán antes de eso, son los que se describen en los
versículos 12 a
24, y las palabras finales son:
Vers.24: Y caerán a filo de espada, y serán llevados
y cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles,
hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.
En el discurso
que aparece en Mateo 24 y en Marcos 13, en lugar de volver sobre el tema, para
hablar de la condición de Jerusalén que aparecería antes y hasta el comienzo de
la gran tribulación (como Lucas), y habiendo dicho: Y todo esto será principio de dolores, pasa adelante describiendo la tribulación (Mateo 24:9-28: Marcos
13:9-23), y continúa la profecía que se refiere a estos particulares dolores posteriores hasta que aparece en
las nubes del cielo el Hijo del Hombre.
Al llegar a
este punto, después de dar la condición de Jerusalén que no dan los otros, en Lucas 21:25, el Señor pasa entonces a
hablar del telos, o el final de los tiempos, y las palabras
finales de cada discurso vuelven a ser iguales, hablando acerca de la venida
del Señor en sí.
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Mateo 24:29, 30 Marcos
13:24-26 Lucas 21:25-27
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Pero aquí y ahora, lo que nos incumbe es lo
estábamos tratando, no era la venida al
final de los tiempos, sino la primera
“señal” que tenía que ver con lo que dice 1ª Juan 2:18: por la cual
CONOCEMOS que YA ES EL ÚLTIMO TIEMPO.
1 Juan 2:18 Hijitos, ya
es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así
ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último
tiempo.
Estos versículos: Mateo 24:29, 30; Marcos
13:24-26; y Lucas 21:25-27 están escritos en tercera persona del plural, y hablan por tanto de lo que deberán
sentir y experimentar aquellos que
vivan en aquel tiempo futuro. Sin embargo, los versículos que vienen a
continuación de estos contrastan con los y
aquellos. El Señor regresa a lo que
entonces era tiempo presente, es decir, a la
primera señal de los falsos cristos. Cuando
estas cosas comiencen a suceder (acerco de lo que dice en los versículos 8
y 9), ERGUÍOS Y LEVANTAD VUESTRA CABEZA,
porque VUESTRA redención se acerca. Entonces les habló por medio de una
parábola: Mirad la higuera y todos los
árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, SABÉIS POR VOSOTROS MISMOS que el verano
está ya cerca. Así también VOSOTROS, cuando
veáis que suceden estas cosas, SABED que está cerca el reino de Dios. De cierto
OS DIGO, que no pasará ESTA GENERACIÓN hasta que todo ACONTEZCA (Lucas
21:28-32)(1)
(1)
Concedido que
estas palabras ahora se refieren a
los que verán los tiempos futuros del fin (telos),
pero no podemos excluir a los que
oyeron las palabras del Señor, y que las habrían entendido de haberse arrepentido la nación siguiendo el llamamiento de Pedro
en Hchos 3:19-26)
Tenemos, por
lo tanto, una interpretación clara y
satisfactoria de las palabras esta
generación sin tener que recurrir a manipulaciones forzadas y argumentos
mañosos en un esfuerzo por hacer que esta
generación quiera decir otra generación que se encuentre aun en el futuro
distante, pues eso serían interpretaciones que no resistirían a la crítica ni
convencerían siquiera, en realidad, a un niño. Pero considerándolas desde el
punto de vista de las Dispensaciones, no solamente se explican por sí mismas,
sino que esa otra expresión - la última
hora que aparece en 1ª Juan 2:18 – también queda explicada. Y en lo que a
nosotros se refiere, esas señales siguen siendo válidas, puesto que, como
es natural, el comienzo de la tribulación se quedó siendo todavía algo futuro.
Debido a que
los hebreos a quienes se dirigió no lo vieron así, el rechazo de la
proclamación del Reino, hecha por boca de Pedro, ha quedado ahora en suspense y
algunos interpretan que el Papa es el anticristo que mencionan las Escrituras;
pero esa señal debía ser el comienzo
de la última hora, no una señal de su
continuación o su final. Era la primerísima señal.
Si fuese
cierto que el Papa o los Papas fuesen anticristos, nos quedaríamos sin señal alguna y de ese modo las palabras
del Señor no servirían para nada. ¡No! Tanto la tribulación como el Reino han
quedado en suspense. Es preciso que el momento de la revelación del anticristo preceda al día del Señor y es,
ciertamente, la señal que nos advierte de su venida (2ª Tes.2).
Pero JUAN
tiene otras referencias acerca de la que entonces era una promesa condicional
respecto a la inminente parousia o presencia del Señor. En el cap.2:28
dice: Y ahora, hijitos, permaneced en él,
para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida (o
parousia) no nos alejemos de él avergonzados. Repetimos una vez más que no
podemos excluir al propio Juan ni a los
que oyeron al Hijo, ni a los que leyeron lo que escribió.
En el 4:17
dice: En esto se ha perfeccionado el amor
en nosotros, para que TENGAMOS confianza en EL DÍA DEL JUICIO. Porque eso
es lo que hubiese sucedido (y todavía sucederá) para todos aquellos que no obedezcan
la llamada al arrepentimiento, que
fue hecho por los que le oyeron al
Señor, y dieron el mandamiento en su nombre.
En 2ª Juan 7
encontramos otras referencias a las características que tendrán los falsos cristos o anticristos del día de
Juan y de la última hora, sobre los
que hablaremos más adelante.
Nuestros
lectores se darán cuenta de que no solamente estamos dando coherencia a muchos
pasajes que son causa de dificultades a la hora de interpretarlos, sino que
además proveemos un poderoso argumento en contra de las enseñanzas de la gran
mayoría de los que afirman que el Señor ya
vino cuando se produjo la destrucción de Jerusalén. Entre los habituales
comentadores hay muchos que defienden esta opinión.
Hemos enfocado
este punto, al hablar sobre las Epístolas de Juan, porque nos ayuda a
determinar la fecha en que fueron escritas, pero hay otro punto, que se
encuentra al principio mismo de su primera Epístola. En realidad, tenemos un
eco de las palabras con que empieza en Hebreos 2:3, que nos recuerda que Juan
fue uno de los que oyeron al Hijo de
Dios y, por ello, estaba capacitado para cumplir con su misión de confirmar lo que el Señor habló.
Juan comienza
su primera Epístola de la siguiente manera:
Lo que (o el que) era desde el principio, lo que hemos (sobre el cual)
hemos oído, lo que (o al que) hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos
contemplado, y palparon nuestras manos tocante al VERBO DE VIDA (porque la vida
fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida
eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y
OÍDO, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con
nosotros; y nuestra comunión verdadera es con el Padre, y con su Hijo
Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido (1ª Juan
1:1-4).
Juan se dirige
de manera especial a los hebreos como
ya hemos visto, antes de que aquella Dispensación tocase a su fin. Es por eso
que hace uso de expresiones y modismos hebreos. Habla de un abogado (o Consolador) con el Padre, como había oído de labios del propio Señor (Juan
14:16, 17) y añade que la propiciación (o
sacrificio en propiciación) no fue solo por “nuestros” (de los hebreos)
pecados, sino los de todo el mundo (sin distinción). En este caso Juan se distingue
a sí mismo y a su pueblo Israel, para los cuales daba testimonio de un modo
especial acerca de Aquel del cual había visto
y oído.
Juan 14:16 Y yo rogaré al Padre, y os dará otro
Consolador, para que esté con vosotros para siempre:
EL APOCALIPSIS
Antes de dejar
atrás el tema de la confirmación de los
que oyeron al Hijo, es preciso que incluyamos el Apocalipsis entre los escritos Apostólicos, usando solamente
las palabras de aquellos entre los doce que fueron escritores de las epístolas apostólicas.
Aquí, en
Apocalipsis, como ya hemos anticipado, hallamos más evidencias sobre la Dispensación tan
extraordinaria de los Hechos, pero además encontramos muchas cosas más, como
siempre sucede cuando la enseñanza es verdadera y correcta. Cuando así sucede,
los obstáculos aparentes muchas veces desaparecen de manera inesperada, pero,
por otro lado, cuando la enseñanza es equivocada, van surgiendo progresivamente
las dificultades por todas partes hasta que nos vemos obligados a volver atrás
y tenemos que repasar todo lo expuesto.
En cuanto al
Apocalipsis, ¿quién de nosotros no se ha quedado perplejo ante las primeras
palabras que escribe Juan diciendo que son
las cosas que deben suceder PRONTO? En el versículo 3 se dice además: el tiempo (o la estación) ESTÁ CERCA. Sin
duda debió de haber un sentido en el que las palabras eran comprendidas
literalmente y de manera autentica y real.
Apocalipsis 1:3 Bienaventurado el que lee, y los que oyen las
palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el
tiempo está cerca.
Dios no podía
escribir por medio de Su siervo Juan que la oferta de Pedro en Hechos 3:19-26
sería rechazada por Israel. Juan debía escribir algo que el pueblo
comprendiese, y escribió a las asambleas (eclesias)
según había sido instruido.
Sabiendo, con
toda seguridad, que Dios no se estaba burlando de Su pueblo cuando prometió
mandar entonces a Su Hijo si se arrepentía, no debía dar la impresión de que
Dios sabía de antemano, lo que sucedería.
No se debía
anticipar el libre albedrío de las gentes, sino dejar la plena responsabilidad
a la nación durante toda la
Dispensación , hasta aquel memorable día, que fue el último,
durante el cual hubo una conferencia en Roma, de todo un día de duración
(Hechos 28:23-29).
Hechos 28:23-29 23 Y habiéndole señalado un día, vinieron a él
muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de
Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por
la ley de Moisés como por los profetas. 24
Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían. 25 Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al
retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio
del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: 26 Vé a este pueblo, y diles:
De oído oiréis, y no entenderéis;
Y viendo veréis, y no percibiréis; 27 Porque el corazón de este pueblo se ha
engrosado,
Y con los oídos oyeron pesadamente,
Y sus ojos han cerrado,
Para que no vean con los ojos,
Y oigan con los oídos,
Y entiendan de corazón,
Y se conviertan,
Y yo los sane.(B) 28 Sabed, pues, que a los gentiles es enviada
esta salvación de Dios; y ellos oirán. 29
Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión
entre sí.
Podemos estar
seguros de que en aquella solemne ocasión Pablo no se dejó nada en el tintero
ni desaprovechó ningún argumento cuando desde
la mañana hasta la tarde, expuso y testificó plenamente el Reino de Dios,
persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los
profetas.
El apóstol
Juan no podía hacer menos. El envío del Señor Jesucristo desde la diestra del
Padre, tal como prometió en Hechos 3:19-26, requería el cumplimiento de todos los sucesos que habían de acontecer
con la revelación (Apocalupsis) y descubrimiento (parousia) del Señor
Jesucristo, que incluía la
restauración de todas las cosas antedichas por los profetas.
Hechos 3:19-26 19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que
sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor
tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a
Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21
a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de
la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos
profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22
Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará
profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas
que os hable;(B) 23 y toda alma que no
oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C) 24 Y todos los profetas desde Samuel en
adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y
del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente
serán benditas todas las familias de la tierra.(D) 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo
levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se
convierta de su maldad.
Por lo tanto,
bien se podía decir, en un sentido muy
real, algo que no podemos decir hoy actualmente, y es que la revelación o apocalupsis de Jesucristo debía de suceder pronto. Aquella palabra debía,
como es natural, se refiere a la seguridad y certeza de la promesa, no a la
inseguridad de la decisión que habría de tomar el pueblo de Israel. Desde el
punto de vista divino, “debía” era la
única palabra correcta que se podía emplear. No se repite así al final del
libro, pero en tres ocasiones diferentes dice en el último capítulo He aquí yo vengo pronto (vers.7, 12,
20); y en otra ocasión dice: el Señor
está cerca (vers.10) o se aproxima (tal
como en el cap.1:3).
Hay aquí un
sentido real y auténtico por el cual se podía decir que el tiempo estaba cerca, como dice en Apocalipsis, y en
aquellos tiempos debió de pesar más esta afirmación que en nuestros días. Es
decir, que ahora los creyentes no
pueden decir en un sentido tan real como entonces decían que está cerca.
Pero hay
expresiones en los mensajes a las siete iglesias también que tienen la misma
referencia local y cronológica. Y si consideramos la existencia de estas
asambleas, que recibían de manera directa el mensaje de Dios, recibiendo Su Palabra (Hechos 2:41); 1ª
Tesal.2:13), y aprendiendo a esperar y anticipar, esas palabras debieron
producir un poderoso impacto, de un modo que no es posible en nuestros días.
Hechos 2:41 41 Así que, los que recibieron su palabra fueron
bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.
1 Tesalonicenses 2:3 Porque nuestra exhortación no procedió de
error ni de impureza, ni fue por engaño,
He aquí que viene con las nubes, y
todo ojo le verá, Y LOS QUE LE TRASPASARON; y todos los linajes de la tierra
harán lamentación por él (Apoc.1:7). Todo esto se menciona juntamente
con las cosas que deben suceder pronto (vers.1)
y el tiempo que está cerca (vers.3).
Y cuando las leemos en relación con otras palabras en los primeros tres
capítulos, está claro que el día del
Señor se hallaba realmente cerca.
Pedro dijo,
durante el tiempo de Pentecostés, que esto
(lo que había comenzado a suceder), era
aquello acerca de lo cual había
profetizado Joel, y sabemos que profetizó acerca del día del Señor (Joel 2 y 3).
Los mensajes
dirigidos a Éfeso y a Pérgamo (de las asambleas o iglesias del Apocalipsis)
repiten la aseveración: Vendré pronto (Apoc.2:5
y 16, es la misma palabra que vengo en
breve en 22:20).
Apocalipsis 2:5 Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y
arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y
quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.
Apocalipsis 2:16 16 Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a
ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.
Apocalipsis 22:20 El que da testimonio de estas cosas dice:
Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.
El mensaje
dirigido a Tiatira fue: Retenedlo hasta
que yo venga (2:25).
Yo vengo pronto fue el mensaje que recibió Filadelfia
(3:11), que es la misma palabra que vengo
en breve en 22:20.
Apocalipsis 2:25 pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo
venga.
Apocalipsis 3:11 He aquí, yo vengo pronto; retén lo que
tienes, para que ninguno tome tu corona.
Apocalipsis 22:20 20 El que da testimonio de estas cosas dice:
Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.
He aquí yo
estoy a la puerta y llamo fue el mensaje dirigido a Laodicea, y tenía
el mismo significado que en Santiago 5:9: el
juez está a la puerta.
Santiago 5:9 Hermanos, no os quejéis unos contra otros,
para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.
Ninguna de las
distorsiones de este solemne mensaje provocadas por los evangelistas modernos,
que sacan las palabras de su contexto y le añaden la palabra “corazón”, pueden
restarle nada al solemne sentido que debieron tener a la vista los que
primeramente la leyeron, procedentes de la pluma del apóstol Juan.
El mensaje
dirigido a Éfeso: has dejado tu primer
amor debió tener un sentido especial para los que lo recibieron y lo
leyeron a la luz de lo que dice en Hechos 19:10 y 2ª Timoteo 1:15, donde la
deserción se menciona con toda claridad.
Apocalipsis 2:4 Pero tengo contra ti, que has dejado tu
primer amor.
Hechos 19:10 Así continuó por espacio de dos años, de
manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra
del Señor Jesús.
2 Timoteo 1:15 Ya sabes esto, que me abandonaron todos los
que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes.
Sí, el día del Señor estaba verdaderamente
cerca, y de haberse arrepentido la nación
por la predicación de los doce, TODO, y no solo el comienzo, hubiese sucedido. De
no ser así, entonces, el Señor, al dar el mensaje por medio de Pedro en Hechos
3:19-26, se habría estado burlando de ellos.
Como es
lógico, bien sabemos que el llamamiento fue rechazado y que Jesucristo no fue
enviado; por tanto todo queda en suspense y en espera de un cumplimiento en el
futuro.
La
interpretación histórica, que trata el libro del Apocalipsis como si ese
rechazo final del Mesías no hubiese tenido consecuencias, y como si todo
hubiese seguido como de costumbre, encontrando su cumplimiento en los sucesos
de la historia europea, nos debe parecer carente
de toda enseñanza, ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro, y
el trato espiritualizado le priva de
toda coherencia, considerado desde el punto de vista cronológico. Éste último
es el único trato del libro del Apocalipsis que hace que sea de enseñanza para
nosotros en la actualidad y “escrito para nuestro conocimiento”. Es un
verdadero libro que habría de cumplir una autentica misión, tanto para los
tiempos en que fue escrito, como para nuestros días y para el futuro, en el
cual tendrá su cumplimiento literal.
Lo hemos
considerado en esta relación, siguiendo las Epístolas del mismo apóstol, pero
nos queda aún:
Y cuando
llegamos a ella, que es la última de las Epístolas apostólicas, encontramos las
mismas características de los últimos
días de la
Dispensación como suceden en 2ª Pedro 2.
Llegamos, por
lo tanto, a la conclusión del testimonio unido de los que oyeron al Señor, y que, por eso mismo, pudieron confirmar sus palabras. Los doce
apóstoles participaron en la obra como oradores, pero estos tres (Pedro,
Santiago y Juan fueron escogidos como escritores y ellos, juntamente con Judas,
que era medio hermano del Señor, han escrito para nuestro aprendizaje o enseñanza.
Ahora estamos
en posición de considerar lo que estos apóstoles habían oído del Señor, y que fue por ellos confirmado, durante la Dispensación y
durante los cuarenta años de su prueba.
2 Pedro 2:1-22 1 Pero
hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos
maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán
al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina.
2 Y muchos seguirán sus disoluciones,
por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, 3 y por avaricia harán mercadería de vosotros
con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se
tarda, y su perdición no se duerme. 4
Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que
arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser
reservados al juicio; 5 y si no perdonó
al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete
personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos;(A) 6 y si condenó por destrucción a las ciudades
de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza(B) y poniéndolas de ejemplo a
los que habían de vivir impíamente, 7 y
libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados(C) 8 (porque este justo, que moraba entre ellos,
afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos),
9 sabe el Señor librar de tentación a
los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del
juicio; 10 y mayormente a aquellos que,
siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el
señorío.
Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de
las potestades superiores, 11 mientras
que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio
de maldición contra ellas delante del Señor. 12
Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales
irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición,
13 recibiendo el galardón de su injusticia,
ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias
y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores.
14 Tienen los ojos llenos de adulterio,
no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón
habituado a la codicia, y son hijos de maldición. 15 Han dejado el camino recto, y se han
extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de
la maldad, 16 y fue reprendido por su
iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó
la locura del profeta.(D) 17 Estos son
fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más
densa oscuridad está reservada para siempre. 18
Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de
la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven
en error. 19 Les prometen libertad, y
son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es
hecho esclavo del que lo venció. 20
Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del
mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra
vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero.
21 Porque mejor les hubiera sido no
haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido,
volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. 22 Pero les ha acontecido lo del verdadero
proverbio: El perro vuelve a su vómito,(E) y la puerca lavada a revolcarse en
el cieno.
6 – POR MEDIO
DE LOS QUE LE OYERON
(Hebreos 2:3)
Hebreos 2:3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos
una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el
Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,
LAS COSAS QUE
HABÍAN OÍDO
Antes de hacer
un estudio de las Epístolas Paulinas valdría la pena hacer una pausa y fijarnos
en qué fue lo que los doce apóstoles que hablaron, y de entre ellos los tres
que escribieron junto con Judas, escucharon
de labios del Hijo, cuyas palabras y enseñanzas confirmaron. Entonces estaremos mejor preparados para poder
entender las Epístolas apostólicas paulinas.
En nuestra
última sección echamos un vistazo a lo que dice en Mateo 24, a fin de que
entendiéramos lo que Juan ha escrito y ha dicho sobre los muchos anticristos por medio de los cuales tanto él como los que oyeron al Hijo podían saber y
comprender que era la última hora – la hora onceava – antes de que la Dispensación acabase,
y nos referimos a la de los Hechos de los Apóstoles.
Vemos que se
hace luz en uno de los pasajes (Mateo 24:34; 21:32), que ha sido una verdadera
piedra de tropiezo para los futuristas que consideran los Hechos de los
Apóstoles como el comienzo del periodo de la Iglesia , y no le han otorgado la debida
consideración a lo que dice Hechos 3:19-26, que es el pivote alrededor del cual
gira la verdad dispensacional. La misma luz se ha hecho con respecto a la
expresión
Mateo 24:34 De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto
acontezca.
Mateo 21:32 Porque vino a vosotros Juan en camino de
justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron;(H)
y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.
Los labradores malvados
(Mr. 12.1-12; Lc. 20.9-19)
ESTA
GENERACIÓN
no pasará antes de que sucedan estas cosas.
Las dificultades aparecen
cuando no se tiene en cuenta que el verbo que ha sido traducido como acontecer en Mateo 24:34 y en Lucas
21:32, no es el mismo que en Lucas 21:24, y que aunque lo fuese, era
contingente en Hechos 3:19-26 (véase página siguiente).
Mateo 24:34
De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.
Lucas 21:32 De cierto os digo, que no pasará esta
generación hasta que todo esto acontezca.
Lucas 21:24 Y caerán a
filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén
será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se
cumplan.
Pero si
pensamos en ello desaparecerán los obstáculos. Aquella generación pasó, pero no antes de que la señal dada
por el Señor apareciese y aconteciese, porque vinieron muchos (como Juan
testifica) en su nombre, asegurando ser Cristo, y Jerusalén y el templo fueron
destruidos.
Esto nos lleva
a considerar otras cosas que nos obligan a ver esa generación determinada bajo su carácter especial. Las personas
de aquella generación fueron testigos del advenimiento del mensajero que había sido anunciado, preparando el camino del mismo Señor y cumpliendo las profecías de
Isaías y Malaquías. La voz de Juan había clamado en el desierto (Isaías 40:2;
Mateo 1:3; Lucas 3:4; Juan 1:23) y había preparado ciertamente el camino para
el Señor. El banquete nupcial también había sido para ellos preparado también y
Jehová había enviado a Sus siervos (Juan
el Bautista y el Señor) para llamar a los que habían sido invitados (Mateo
22:3, etc.).
Isaías 40:2 RV 1960
2 Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a
voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha
recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados.
Lucas 3:4 como está escrito en el libro de las palabras
del profeta Isaías, que dice:
Voz del que clama en el desierto:
Preparad el camino del Señor;
Enderezad sus sendas.
Mateo 22:3 y envió a sus siervos a llamar a los
convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.
Aquella
generación disfrutó, por tanto de privilegios y de una posición muy especial,
cuando el Señor testificó diciendo que los hombres de Sodoma y la Reina del Sur se levantarían
en juicio y la condenarían debido precisamente a que habían disfrutado esos
mismos privilegios especiales.
Juan el
Bautista dio cumplimiento no solo a la maravillosa promesa hecha por medio de
Isaías (40:3), sino a la promesa más solemne de Malaquías (4:5, 6) que estaba
relacionada directamente con el día
grande y temible de Jehová. El Señor mismo dijo que Juan era (es decir,
representaba) aquel Elías que había de venir primero, porque vino con el espíritu y poder de Elías (Lucas
1:17), pero aquella generación no lo recibiría (Mateo 17:10-13).
Isaías 40:3 RV 1960
3 Voz que clama en el desierto: Preparad camino
a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.(A)
Malaquías 4:5-6 RV 1960
5 He aquí, yo os envío el profeta Elías,(A)
antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 6 El hará volver el corazón de los padres hacia
los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y
hiera la tierra con maldición.
Lucas 1:17 E irá delante de él con el espíritu y el poder
de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos,(C) y de
los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo
bien dispuesto.
Mateo 17:10-13 Entonces sus discípulos le preguntaron,
diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga
primero?(C) 11 Respondiendo Jesús, les
dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. 12 Mas os digo que Elías ya vino,(D) y no le
conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo
del Hombre padecerá de ellos. 13
Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el
Bautista.
Tan cierto era
esto, que aquellos que pasan por alto la repetición y renovación de la promesa
de los otros siervos (Mateo 22:4), los que le oyeron y dieron por segunda
vez la invitación al arrepentimiento de
Hechos 3:19-26, etc., creen y enseñan que las profecías de Malaquías e Isaías
han sido ya cumplidas, y que los futuristas están equivocados al esperar un
futuro cumplimiento de las mismas.
Mateo 22:4 4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo:
Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales
engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.
Hechos 3:19-26 19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que
sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor
tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a
Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21
a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de
la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos
profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22
Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará
profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas
que os hable;(B) 23 y toda alma que no
oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C) 24 Y todos los profetas desde Samuel en adelante,
cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y
del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente
serán benditas todas las familias de la tierra.(D) 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo
levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se
convierta de su maldad.
No se dan
cuenta de que el segundo repudio de los otros
siervos, en los Hechos de los Apóstoles, hecho por aquella generación que tomando a los siervos, los afrentaron y los
mataron (Mateo 22:6), solamente servía para postergar la promesa de Hechos 3:19-26, y que, en este caso, los
futuristas tienen razón al creer en la futura venida del Señor.
Mateo 22:6 y otros, tomando a los siervos, los
afrentaron y los mataron.
Solamente
aquellos que conceden el debido lugar a lo que dice Hechos 3 tienen una
respuesta para aquellos que afirman y enseñan que el Señor vino cuando Jerusalén fue destruida. El resto se queda sin
respuesta, porque son ¡insensatos y
tardos de corazón para creer TODO lo que los profetas han dicho! - ¿No era necesario que el Cristo padeciera
estas cosas y que entrara en su gloria? (Lucas 24:25, 26).
Lucas 24:25-26 25 Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y
tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26 ¿No era necesario que el Cristo padeciera
estas cosas, y que entrara en su gloria?
Las profecías
en cuanto los sufrimientos debieron
de cumplirse por fuerza mayor, pero si el Señor vino cuando Jerusalén fue
destruida, entonces las profecías sobre su gloria ¡aún no se han cumplido! A pesar de ser tan claras y detalladas
como las profecías sobre los sufrimientos y deben tener, en el futuro, un
cumplimiento que habrá de ser igualmente literal.
Así, pues,
solamente cuando se le da la debida importancia a la segunda invitación hecha por los “otros siervos” a los que habían sido
invitados, sobre aquella que el Señor mismo había ya extendido en vida y
antes de ser recibido en gloria aguardando (Mateo 22:4), y que se le hizo al
pueblo después, otra vez, en Hechos 3 (y a lo largo de todo el libro), podemos
comprender lo que aquellos que habían
oído al Señor tenían que confirmar; y observamos cómo concedían el debido
lugar y prominencia a lo que habían
escuchado de sus labios.
Mateo 22:4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid
a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales
engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.
Muchos son los
creyentes que, al no tener en cuenta esta segunda invitación, encuentran
grandes dificultades en varios pasajes en los cuales el Señor habló acerca de
que volvería, en aquel entonces, de nuevo, y no aciertan a encajarlos con esa bendita esperanza revelada en las
Epístolas posteriores de Pablo. Hablamos basándonos en la experiencia, y nos
gozamos al haber descubierto en Hechos 3 la clave para la solución a dichas
dificultades, y, al hacerlo así, la solución también de todos los relatos que
son ignorados por la mayoría, al no encontrarles de otra forma explicación, o
tratan de explicarlos ingeniosamente de una manera como si lamentasen que
estuviesen expuestos así, en lugar de darse cuenta de que, a la luz de la condición expuesta en Hechos 3 del arrepentimiento de la nación, no podemos
pasar sin ellos.
A la luz de lo
anteriormente expuesto no nos queda más remedio que confesar que Juan el
Bautista y el propio Señor hablaron del día
del Señor como de algo inminente que estaba muy cercano. El Bautista habló
de la ira venidera, más lo hizo como
algo que estaba en un futuro distante, pero irremediable. Sus palabras fueron
(literalmente) huid de la ira venidera (Mateo
3:7). Esa ira estaba relacionada con el
día del Señor, de la cual aquellos que habían
recibido la palabra (Hechos 2:41; 1ª Tesal.2:13) habían sido librados (1ª Tesal.1:10).
Mateo 3:7 Al ver él que muchos de los fariseos y de los
saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras!(E) ¿Quién os
enseñó a huir de la ira venidera?
Hechos 2:41 Así que, los que recibieron su palabra fueron
bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.
1 Tesalonicenses 2:13 Por lo cual también nosotros sin cesar damos
gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de
nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad,
la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.
1 Tesalonicenses 1:10 y esperar de los cielos a su Hijo, al cual
resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.
Si, por
supuesto, aquella generación era
realmente mala y perversa, más que
las demás (Mateo 12:38, 39-45; Lucas 11:16, 24-36). Era una generación malvada y merecía la solemne reprensión
del Señor (véase Mateo 12:38-45). Y los que escucharon sus palabras no pueden
quedar excluidos de su interpretación e intención directa: Si no os arrepentís, todos pereceréis IGUALMENTE (Lucas 13:1-5).
Mateo 12:38-39 38 Entonces respondieron algunos de los escribas
y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.(O) 39 El respondió y les dijo: La generación mala y
adúltera demanda señal;(P) pero señal no le será dada, sino la señal del
profeta Jonás.
Mateo 12:45 Entonces va, y toma consigo otros siete
espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel
hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala
generación.
Lucas 11:16-17 16 Otros, para tentarle, le pedían señal del
cielo.(B) 17 Mas él, conociendo los
pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es
asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.
Lucas 11:24 RV 1960
24 Cuando el espíritu inmundo sale del hombre,
anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi
casa de donde salí.
Lucas 11:36 Así que, si
todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será
todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.
Lucas 13:1-5 1 En este mismo tiempo estaban allí algunos
que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con
los sacrificios de ellos. 2 Respondiendo
Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas,
eran más pecadores que todos los galileos? 3
Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. 4 O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la
torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los
hombres que habitan en Jerusalén? 5 Os
digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.
En otros
lugares el Señor resaltó y puso de relevo la importancia dispensacional de esta generación.
¿A qué compararé (pregunta) esta generación? (Mateo 11:16).
Todo esto (dijo)
vendrá sobre esta generación (Mateo 23:36).
Para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas (Lucas 11:50,
51).
Y ¿a qué era
debido todo ello? A que el Hijo del Hombre había sido rechazado por esta generación (Mateo 8:38).
Otra
importante expresión
EL FIN DE LA EDAD
(mal traducida
también como el fin del mundo), lleva
en sí la misma instrucción. Significa el
fin de la era, de aquella particular Dispensación, que terminó con la
destrucción de Jerusalén, que tuvo lugar poco después (año 70 D.C) de Hechos 28
y no podía referirse al final de la creación material.
Ahora tenemos
CUATRO PASAJES
EXTRAORDINARIOS
En el
Evangelio que, debido a traducción inadecuada, han dado pie a una serie de
malos entendidos y malas interpretaciones acerca de la verdad dispensacional.
Son Mateo 10:23; 16:28; 23:39 y 24:34.
1.
Mateo 10:23: porque de cierto os digo, que no acabaréis de
recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre..
2.
Mateo 16:28: De cierto os digo que hay algunos de los que
están aquí, que no gustarán la muerte,(a seguir, segunda cláusula) hasta que hayan visto al Hijo del Hombre
viniendo en su reino
3.
Mateo 23:39: Porque os digo que desde ahora no me
veréis, (a seguir, segunda cláusula)
hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
4.
Mateo 24:34: DE cierto os digo que no pasará esta generación, (a seguir,
segunda cláusula) hasta que todo esto
acontezca.
En primer
lugar, debemos fijarnos en que se nos llama la atención de una manera muy
concreta sobre estas cuatro afirmaciones por medio de un enfático de cierto os digo, y tres de ellas van
precedidas en el griego (y en la versión Inglesa) por la palabra, también
enfática, verdaderamente. Vemos por
tanto, la suprema importancia de estos cuatro versículos, y se nos advierte
solemnemente que no debemos ignorarlos o restarles importancia, y mucho menos
intentar interpretarlos de manera negligente, cambiándoles el sentido.
Para comenzar,
informamos que en las primeras dos cláusulas, el negativo “no” no es un negativo corriente, sino que es el más fuerte que se
puede utilizar, y que con frecuencia se traduce por de ninguna manera o en ningún
modo. La inconsistencia al traducirlo por un “no” simple, en estos cuatro pasajes, ha hecho que la oscuridad que
les rodea sea aún más profunda.
Además, en la
segunda cláusula en ambos casos, hay una partícula griega (“un” o “una” hasta que) que siempre que se introduce produce y
causa una impresión de incerteza, implica una condición y hace que toda la cláusula resulte hipotética.
Una vez que
hemos expuesto el fenómeno relacionado con estos cuatro pasajes (los cuatro hasta que), podemos estudiarlos en su
debido orden.
1.
Mateo 10:23
Cuando OS persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto OS
digo, que NO ACABARÉIS de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que
venga el Hijo del Hombre.
Mateo 10:23 RV 1960
23 Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la
otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades
de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre.
Los futuristas
que tratan el libro de los Hechos como si fuese el principio y fundación de la Iglesia se encuentran con
una dificultad al leer este versículo, y la interpretación equivocada de estas
dos cláusulas que tiene ha hecho que la dificultad sea mayor y aumente. Algunos
pretenden resolverla osadamente asegurando que Mateo 10:1-5 se refería al
pasado, cuando los doce discípulos recibieron su llamamiento y fueron enviados
a predicar el Evangelio, y dicen al mismo tiempo que los versículos 16 a 23 se refieren al futuro,
mientras que a partir del 24 vuelve a referirse al pasado; pero ésa es una
manera puramente arbitraria de interpretarlo, ya que no hay garantía de que así
fuese, ni mucho menos. Están interpretando las Escrituras a la ligera
simplemente por el hecho de que no encajan con su propia opinión respecto a la
interpretación profética.
Aquellos que
opinan que los Hechos están relacionados con la fundación de la Iglesia no aceptan lo que
dice Mateo 10:23, pero debería ser esencial
para todos si la interpretación de los Hechos ha de ser correcta. De no ser
así, demuestra que la interpretación está equivocada. Tomando este pasaje en
relación con lo que dice en Hechos 3 y creyendo que “Israel” significa eso
mismo: “Israel”, Mateo 10:23 está lleno de enseñanza, especialmente cuando nos
fijamos en el significado del griego.
Para empezar,
la palabra no, como ya hemos dicho es
peculiar y es el negativo más enfático que se puede usar. Fijémonos en su
relación en este caso. Lo que es absolutamente seguro aquí es que los doce, a los que el Señor pasó su encargo, no
deberían de ningún modo completar su
misión hasta que algún acontecimiento contingente tuviese lugar.
En segundo
lugar, lo que es cierto en cuanto a
la primera cláusula, es inseguro o
condicional en la segunda. En este caso hay una palabra corta, una
partícula (un), que no tiene
significado por sí sola a la hora de traducirla, pero que, siempre que se
utiliza, hace que toda la frase o cláusula sea condicional. Es la que aparece en la segunda cláusula: Hasta que (un) = tal vez) haya venido el Hijo
del Hombre. O su efecto pueda transferirse al verbo, que podría entonces
interpretarse como haya podido venir.
En cualquier caso, el significado es que en la primera cláusula es seguro, pero la segunda no, sino
condicional o hipotético.
Los doce
quedan avisados y seguros de que de
ningún modo acabarían de recorrer todas las ciudades de Israel. Eso era un
hecho seguro. Pero la venida del Hijo del Hombre era dudosa, porque se efectuaría solo bajo la condición del arrepentimiento de la nación, en respuesta a la
proclamación de Pedro en Hechos 3. Si lo leemos de este modo, no estamos,
simplemente, deshaciéndonos de una dificultad (como si lamentásemos que
estuviese ahí, pero como lo está, debemos hacer todo lo posible por
evidenciarla), sino que además recibimos una verdadera enseñanza.
Sin embargo,
todo esto resulta en vano siempre que estemos obsesionados por la tradición de
los antiguos y actuales “predicadores”, según los cuales La
Iglesia comenzó
durante los tiempos de Pentecostés. Esto resulta fatal a la hora de
comprender como es debido la verdad dispensacional; y se puede decir que es tan
grotesco el error como el velo sobre los ojos de los creyentes gentiles, y
queda tan ajustado sobre sus ojos como el velo que tenían puesto sobre sus ojos
los judíos incrédulos, que no ven a Cristo en el Antiguo Testamento.
Otros intentan
resolver la dificultad diciendo que el Señor vendría siguiéndoles en aquellas ciudades; pero la venida del Hijo del Hombre era un
suceso futuro y no podía referirse a Él porque Él estaba presente. El Señor ya
había venido. ¡Ya estaba allí! No
había ninguna eventualidad en ello. Pero la venida a que refería si estaba en
el futuro, hasta ahora, a unos dos mil años de distancia, y dependía del
arrepentimiento de Israel.
Lo que
aprendemos en Mateo 10:23 es que fueron los doce los que recibieron la comisión
y no otros. Eran ellos los que no podían de
manera ninguna haber completado su misión. Habían sido enviados a las ciudades de Israel, no a todo el mundo (en aquellos momentos).
Está relacionado con lo que hubiese sido su propia segunda venida que habría tan en
breve de suceder.
Volvemos a
insistir en que, si lo leemos a la luz de lo que dice Hechos 3, Mateo 10:23
deja de ser una dificultad con la que tenemos que enfrentarnos y se convierte
en una Escritura que precisamos a fin de aclarar lo que dice en otros lugares
de la Biblia. Ya
no se trata de un argumento para aquellos que se oponen a nuestra bendita esperanza usándolo para
demostrar que el Señor ha venido ya.
2.
MATEO 16:27,
28
Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus
ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto OS digo
que hay algunos de los que están aquí, que NO gustarán la muerte, hasta que
hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.
Aquí tenemos
una vez más (1) la proximidad de la venida a la que se refiere. No es el tiempo
futuro del verbo “venir”, sino el tiempo presente del verbo mellô, a punto de suceder, y la
modalidad infinitiva del verbo erchomai,
venir, y los dos juntos significan como lo hemos traducido anteriormente a punto de venir.
A continuación
tenemos (2) la seguridad del negativo
por partida doble: En modo alguno o de
ninguna manera (que no es simplemente decir “no”), y se utiliza como una
afirmación rotunda sobre el hecho de que algunos de los que estaban allí
presentes no morirían de ningún modo
sin haber sido testigos del cumplimiento de la venida que había sido prometida.
El anuncio o
muestra de lo que había de venir, seis días después, no necesitó de una
aseveración tan enfática como el caso anterior, y mucho menos se podía usar por
la venida, que distaba entonces, hasta ahora, más de dos mil años. A pesar de
lo cual la afirmación es tan positiva que los infieles no dudan en asegurar que
el Señor engañó a sus discípulos,
porque (dicen ellos) todavía no ha
venido.
Por tanto, los
teólogos y los paganos siguen el mismo camino. Los unos negando la
interpretación de los futuristas, asegurando que el Señor VINO YA cuando
Jerusalén fue destruida, y los otros defendiendo la verdad de las palabras del
Señor, al propio tiempo que mantienen la otra verdad diciendo que aún no ha
venido, usando, una verdad para desbaratar otra verdad.
Tales son los
estragos que hacen con las Escrituras por no querer admitir la parábola sobre
la invitación al banquete nupcial y su cumplimiento en los Hechos de los
Apóstoles. Ambas clases de interpretaciones son insensatas, por no creer en TODO lo que hablaron los profetas.
Ambas ignoran
por igual (3) esa partícula que resulta imposible traducir un, que hace que la venida sea algo inseguro y condicional, en contraste con lo cierto del hecho de que, algunos, no habrían de gustar la muerte
hasta que lo inseguro de la condición
hubiese quedado definido y aclarado.
Vemos, por
tanto, cuán cierta es esta Escritura (Mateo 16:28). Algunos de los que estaban
allí presentes no hubieran muerto hasta haber visto al Señor venir en la gloria
de su reino, de haberse arrepentido Israel después de la proclamación hecha por
Pedro en Hechos 3.
Es cierto
(como hemos mencionado ya en otro lugar) que la Transfiguración
fue una muestra de lo que habría de ser aquella gloria venidera. Pedro da
testimonio de ello (2ª Pedro 1:16), pero la Transfiguración no agotó lo dicho en Mateo 16:27, 28,
porque el Señor no vino con sus ángeles ni hubo juicio alguno de cada uno conforme a sus obras.
3.
MATEO 23:39
Porque os digo que desde ahora no me veréis más, hasta que digáis:
Bendito el que viene en el nombre del Señor.
Una vez más
aquí estamos seguros de la primera cláusula, pero no así en lo que
respecta a la segunda. Fue, sin duda,
esta seguridad lo que hizo que sus
discípulos llamasen la atención de Jesús sobre los edificios del templo, al
salir de él (24:1), y fue entonces cuando el Señor explicó con más claridad lo
que implicaba la palabra derribar.
La segunda
cláusula daba pie a las dudas porque la partícula una se refiere a la condición de la que dependía, que era el
arrepentimiento de la nación cuando esté dispuesta a decir: Bendito el que viene en el nombre del Señor.
4.
MATEO 24:34
De cierto OS digo que no pasará esta generación hasta que todo esto
acontezca.
Una vez más
nos encontramos la misma aseveración divina en cuanto al peso que tiene la
verdad de este versículo y a las mismas dos palabras en las cláusulas
respectivas. En la primera tenemos
certeza enfática en lo que se refiere a la continuación de esa generación hasta que cumplieran una condición insegura.
Quizá no
hubiese sido necesario resaltar o enfatizar tanto, en nuestro escrito anterior,
el significado exacto del verbo que se refiere a la aparición de la primera
señal de la tribulación. Porque en ella se halla la misma partícula una que hace que la segunda cláusula sea
contingente (debido a que dependía del arrepentimiento de la nación). De
haberse arrepentido la nación, TODO lo
que habían dicho los profetas se hubiese cumplido entonces y no habría
pasado aquella generación sin haber presenciado el cumplimiento.
En una sección
anterior tratamos largamente esta importante y última profecía del Señor en el
monte de los Olivos y vimos que, debido a que no se cumplió la condición del
arrepentimiento del pueblo de Israel, todo quedó postergado después de la primera señal preliminar del comienzo
que había hecho ya su participación.
No podemos
ignorar el hecho de que Jesús les habló directamente a los israelitas, ni
imaginarnos que el Señor no les habló a ellos, o que simplemente se refería o
hablaba de nosotros, en la actualidad, o a alguna generación venidera. Resulta
todo mucho más sencillo y fiel a la verdad que aceptemos todas las palabras
pronunciadas por el Señor de manera literal, cosa que podemos hacer cuando las
consideramos en su orden cronológico y nos fijamos en las ventajas que
disfrutamos tomando en cuenta Hechos 3:19-28 y el capítulo 28 de ese libro.
Si lo hacemos
así, tendremos al mismo tiempo la respuesta que dar a los que afirman que los
versículos (Mateo 24:29-31; Marcos 13:24-27; Lucas 21:25-28) que hablan acerca
de la venida del Hijo del Hombre en poder y gran gloria, hacen referencia a la
destrucción de Jerusalén, porque vemos que nada de lo que sucedió en aquel
acontecimiento solemne podría, ni por un momento, satisfacer las palabras del
Señor, que fueron tan claras, enfáticas y solemnes. En aquel entonces todo
aquello era inminente. No es posible
que el mandamiento de estar a la espera,
repetido en varias ocasiones, ¡fuese dirigido a nosotros! Aquellos que lo
escucharon con tanta frecuencia no pueden ser excluidos como si no les afectase para nada; ¿cómo sería posible, a
menos que fuese de la manera y bajo las condiciones que estamos intentando
enfatizar?
Sin duda
alguna, la interpretación dada al
mandamiento de estar a la expectativa y
las demás expresiones que hemos estudiado les pertenecían a la particular
generación de manera exclusiva, aunque también nosotros podamos aplicarnos esas palabras.
Algunas de las
otras palabras dichas por el Señor (en los tres primeros Evangelios) las
podemos tener en cuenta en relación a esos cuatro hasta que.
LUCAS 18:7, 8
¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y
noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia.
Una vez más el
Señor estaba hablando al pueblo de Israel, y si bien esa venganza era, por lo
que podemos deducir el pasaje, algo que en aquellos tiempos estaba cercano,
debido al aplazamiento por causa de la falta de arrepentimiento de Israel,
después del llamamiento hecho por Pedro en Hechos 3 la venganza a favor de Sus
elegidos es “todavía” un hecho certero,
pero futuro (véase 2ª Tesal.1:4-10).
1 Tesalonicenses 1:4-10 4 Porque conocemos, hermanos amados de Dios,
vuestra elección; 5 pues nuestro evangelio
no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el
Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre
vosotros por amor de vosotros. 6 Y
vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la
palabra en medio de gran tribulación,(B) con gozo del Espíritu Santo, 7 de tal manera que habéis sido ejemplo a todos
los de Macedonia y de Acaya que han creído. 8
Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no
sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se
ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada; 9 porque ellos mismos cuentan de nosotros la
manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios,
para servir al Dios vivo y verdadero, 10
y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a
Jesús, quien nos libra de la ira venidera.
Y la pregunta
que encontramos al final de la parábola tendrá una respuesta tan solemne en el
futuro como la hubiese tenido en el pasado, de haberse cumplido la condición. Pero, cuando venga el Hijo del Hombre,
¿hallará fe en la tierra?
Mateo 19; 28 Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la
regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria,(K)
vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para
juzgar a las doce tribus de Israel.(L)
La
regeneración a la que aquí se refiere el Señor pertenece a los
mismos tiempos de refrigerio y de restauración, como vemos en Hechos 3:19,
21. En Marcos 10:30 y Lucas 18:30 se llama a la misma clase de regeneración el siglo venidero, o más bien la edad que está por venir.
Hechos 3:19-21 19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que
sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor
tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a
Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21
a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de
la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos
profetas que han sido desde tiempo antiguo.
Marcos 10:30 que no reciba cien veces más ahora en este
tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones;
y en el siglo venidero la vida eterna.
Lucas 18:30 que no haya de recibir mucho más en este
tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.
Las parábolas
acerca de las minas (en Lucas 19:13-27), los labradores malvados (Mateo
21:33-46; Marcos 12:1-12 y Lucas 20:9-19); la fiesta de las bodas del hijo del
rey (Mateo 22:1-14), tienen todas el mismo primer plano y esperan el día del
juicio como algo que tendrá lugar en un futuro no muy lejano.
Lucas 19:13-27 13 Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez
minas,[a] y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14 Pero sus conciudadanos le aborrecían, y
enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre
nosotros. 15 Aconteció que vuelto él,
después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los
cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno.
16 Vino el primero, diciendo: Señor, tu
mina ha ganado diez minas. 17 El le
dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás
autoridad sobre diez ciudades. 18 Vino
otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. 19 Y también a éste dijo: Tú también sé sobre
cinco ciudades. 20 Vino otro, diciendo:
Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; 21 porque tuve miedo de ti, por cuanto eres
hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste.
22 Entonces él le dijo: Mal siervo, por
tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no
puse, y que siego lo que no sembré; 23
¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo,
lo hubiera recibido con los intereses? 24
Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que
tiene las diez minas. 25 Ellos le
dijeron: Señor, tiene diez minas. 26
Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no
tiene, aun lo que tiene se le quitará.(B) 27
Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre
ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí.(C)
Mateo 21:33-44 33 Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de
familia, el cual plantó una viña,(I) la cercó de vallado, cavó en ella un
lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.
34 Y cuando se acercó el tiempo de los
frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.
35 Mas los labradores, tomando a los
siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. 36 Envió de nuevo otros siervos, más que los
primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 37 Finalmente les envió su hijo, diciendo:
Tendrán respeto a mi hijo. 38 Mas los
labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero;
venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. 39 Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y
le mataron. 40 Cuando venga, pues, el
señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? 41 Le dijeron: A los malos destruirá sin
misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a
su tiempo. 42 Jesús les dijo: ¿Nunca
leísteis en las Escrituras:
La piedra que desecharon los edificadores,
Ha venido a ser cabeza del ángulo.
El Señor ha hecho esto,
Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?(J)
43 Por tanto os digo, que el reino de
Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él.
44 Y el que cayere sobre esta piedra
será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.
Mateo 22:1-14 1 Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en
parábolas, diciendo: 2 El reino de los
cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; 3 y envió a sus siervos a llamar a los
convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. 4 Volvió a enviar otros siervos, diciendo:
Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales
engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. 5 Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a
su labranza, y otro a sus negocios; 6 y
otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. 7 Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus
ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. 8 Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la
verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. 9 Id, pues, a las salidas de los caminos, y
llamad a las bodas a cuantos halléis. 10
Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que
hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados.
11 Y entró el rey para ver a los
convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. 12 Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin
estar vestido de boda? Mas él enmudeció. 13
Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y
echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.(A)
14 Porque muchos son llamados, y pocos
escogidos.
SIERVO FIEL
Enfatiza de un
modo muy especial la inminencia de la venida del Señor como motivo para estar alerta a aquella generación (Mateo 24:43-51; Marcos 13:34-37; Lucas
12:39-46). De otro modo, ¿en qué consistía el pecado de ellos al decir: Mi Señor tarda en venir?
Mateo 24:43-51 43 Pero sabed esto, que si el padre de familia
supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su
casa. 44 Por tanto, también vosotros
estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.(L)
45 ¿Quién es, pues, el siervo fiel y
prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a
tiempo? 46 Bienaventurado aquel siervo
al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 47 De cierto os digo que sobre todos sus bienes
le pondrá. 48 Pero si aquel siervo malo
dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; 49 y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun
a comer y a beber con los borrachos, 50
vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora
que no sabe, 51 y lo castigará
duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir
de dientes.
Mateo 15:1-13 1 Entonces
se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: 2 ¿Por qué tus discípulos quebrantan la
tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan.
3 Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué
también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición?
4 Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu
padre y a tu madre;(A) y: El que maldiga al padre o a la madre, muera
irremisiblemente.(B) 5 Pero vosotros
decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo
aquello con que pudiera ayudarte, 6 ya
no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento
de Dios por vuestra tradición. 7
Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo: 8 Este
pueblo de labios me honra;
Mas su corazón está lejos de mí. 9 Pues en vano me honran,
Enseñando como doctrinas, mandamientos de
hombres.(C) 10 Y llamando a sí a la
multitud, les dijo: Oíd, y entended: 11
No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la
boca, esto contamina al hombre. 12
Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos
se ofendieron cuando oyeron esta palabra? 13
Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre
celestial, será desarraigada.
LA ÚLTIMA
COMISIÓN APOSTÓLICA
Mateo
28:19-20; Marcos 16:15-20; Lucas 24:47
Mateo 28:19-20 19 Por tanto, id, y haced discípulos a todas las
naciones,(B) bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu
Santo; 20 enseñándoles que guarden todas
las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días,
hasta el fin del mundo. Amén.
Marcos 16:15-20 15 Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad
el evangelio a toda criatura.(B) 16 El
que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será
condenado. 17 Y estas señales seguirán a
los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas;
18 tomarán en las manos serpientes, y si
bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus
manos, y sanarán.
Lucas 24:47 y que se predicase en su nombre el
arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde
Jerusalén.
En relación
con la entonces inminente venida del
Hijo del Hombre, estas palabras poseen un significado comprensible,
especialmente apropiadas para los que le
oyeron y a los cuales se dirigieron (sea cual sea la aplicación que puedan tener para nosotros). Debemos de interpretar
las palabras en el sentido que fueron comprendidas los que las oyeron y que es,
además, un sentido que no tendrían para otras personas. La promesa acerca de la
presencia física del Señor entre
ellos se refería a todos los días, hasta
el fin de los tiempos; es decir, de aquella Dispensación.
Al leer estas
palabras debemos acompañarlas con la lectura de Romanos 10:18 y Colosenses 1:6,
pero será mejor estudiarlas en relación con una división subsecuente a nuestro
tema el testimonio dado por Dios al
del testimonio que fue confirmado por los que habían escuchado las palabras que
Su Hijo había pronunciado.
Romanos 10:18 Pero digo: ¿No han oído? Antes bien,
Por toda la tierra ha salido la voz de ellos,
Y hasta los fines de la tierra sus
palabras.(G)
Colosenses 1:6 6 que ha llegado hasta vosotros, así como a
todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que
oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,
Y el resto de
los que oyeron es algo que debemos dejar para la consideración o estudio de las
palabras del Señor en el Evangelio de Juan, que veremos en la próxima sección.
7- POR MEDIO
DE LOS QUE LE
OYERON
Hebreos (2:3)
Hebreos 2:3 ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos
una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el
Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,
LO QUE OYERON
EL EVANGELIO
DE JUAN
Es un hecho
comúnmente admitido que el Evangelio de Juan fue escrito en una fecha bastante
posterior a la de los otros tres; y lo que ya hemos dicho sobre 1ª Juan 2:18 es
una poderosa evidencia de que sus Epístolas, así como el Evangelio, fueron
escritas al final de aquella Dispensación, que tocó a su fin con la destrucción
de Jerusalén (año 70 D.C). En cualquier caso, el testimonio de Juan en cuanto a
lo que oyó del Señor debe ocupar un lugar importante en el tema que estamos
estudiando.
1 Juan 2:18 Hijitos, ya es el último tiempo; y según
vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos
anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.
En el primer
capítulo aparece el anuncio de un cielo
abierto, en las palabras que nuestro Señor dirigió a Natanael (1:51), que
es la primera de las veinticinco declaraciones solemnes que comienzan con el
doble De cierto (diez de ellas a sus
discípulos y las quince restantes a otras personas). DE cierto, de cierto os digo: De aquí en adelante veréis el cielo
abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del
Hombre (Juan 1:51).
Juan 1:51 Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De
aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y
descienden(E) sobre el Hijo del Hombre.
Durante
muchísimos años los cielos habían estado cerrados y no se había visto a ningún
visitante celestial desde que se le dijo a Daniel que sellase la visión. No se había oído la voz de ningún profeta desde
que Malaquías cerró los libros proféticos, pero había llegado el momento cuando
todas las cosas que habían escrito los profetas habían de cumplirse. Los
siervos habían sido enviados a llamar a
los convidados a las bodas (Mateo 22:3).
Mateo 22:3 y envió a sus siervos a llamar a los
convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.
El cambio de
Dispensación debía caracterizarse por un
cielo abierto. De cierto, de cierto es un anuncio solemne, que no se
refiere a un suceso en un futuro distante, para el que faltasen aun dos mil
años, sino presente (griego, ap´arti),
de ahora en adelante. Tanto si ha de
retenerse en la próxima Dispensación o no, el significado sigue siendo el mismo
y no sufre por eso alteración; era algo que Natanael y otros, que oyeron las
palabras del Señor, habrían de presenciar. Jesús habría de ser atendido por los
visitantes celestiales proclamando la apertura y comienzo de las actividades
celestiales.
Esto era algo
que ya había sido anunciado previamente, pues los profetas habían testificado
que su venida habría de ir acompañada por sus santos ángeles (Zacarías 14:5;
Marcos 8:38; Lucas 9:26).
Zacarías 14:5 Y huiréis al valle de los montes, porque el
valle de los montes llegará hasta Azal; huiréis de la manera que huisteis por
causa del terremoto en los días de Uzías rey de Judá; y vendrá Jehová mi Dios,
y con él todos los santos.
Marcos 8:38 Porque el que se avergonzare de mí y de mis
palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se
avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos
ángeles.
Lucas 9:26 Porque el que se avergonzare de mí y de mis
palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria,
y en la del Padre, y de los santos ángeles.
Los ángeles se
habían aparecido ya a José (Mateo 1:20, 24; 2:13, 19), a Zacarías (Lucas 1:11),
a María (Lucas 1:26), a los pastores (Lucas 2:10). Además los ángeles vinieron
y sirvieron al Señor mismo (Mateo 4:11; Lucas 22:43).
Mateo 1:20 RV 1960
20 Y pensando él en esto, he aquí un ángel del
Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a
María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.
Mateo 1:24 RV 1960
24 Y despertando José del sueño, hizo como el
ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.
Mateo 2:13 Después que partieron ellos, he aquí un ángel
del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su
madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque
acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.
Mateo 2:19 Pero después de muerto Herodes, he aquí un
ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto,
Lucas 1:11 Y se le apareció un ángel del Señor puesto en
pie a la derecha del altar del incienso.
Lucas 1:26 Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por
Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,
Mateo 4:11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron
ángeles y le servían.
Lucas 22:43 Y se le apareció un ángel del cielo para
fortalecerle.
Era
verdaderamente la venida del Señor, pero era menester que primero sufriese,
antes de que entrase en su gloria. Estas dos cosas, los sufrimientos y la
gloria, han ido siempre íntimamente ligadas entre sí, pues cuando mencionó por
primera vez sus sufrimientos (Mateo
16:21) mencionó de inmediato la gloria
(vers.27). Preguntó a sus discípulos que iban de camino a Emaús: ¿No era necesario que el Cristo padeciera
estas cosas, y que entrara en su gloria? (Lucas 24:26).
Mateo 16:21 Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus
discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos,
de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al
tercer día.
Mateo 16:21 Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus
discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos,
de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al
tercer día.
Mateo 16:27 Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria
de su Padre con sus ángeles,(L) y entonces pagará a cada uno conforme a sus
obras.(M)
El Espíritu
Santo se refiere a esto como a la base de la promesa de la promesa de la gloria venidera en Hechos 3:18: Pero Dios ha cumplido así lo que había antes
anunciado por boca de todos sus profetas, que Su Cristo había de padecer. Así
que arrepentíos, etc.
No había nada
ya que demorase la gloria venidera, a
excepción del arrepentimiento de Israel. El nuevo
pacto se había realizado para la remisión
de los pecados (Mateo 26:28). Arrepentíos
y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados (Hechos 3:19).
Los otros siervos (de Mateo 22:4) eran
enviados con una renovada invitación: todo
está dispuesto y preparado; venid a las bodas. Lo único que faltaba era que
Israel se arrepintiese, era la única condición para que recibiesen la bendición
nacional. Las glorias que vendrían (1ª
Pedro 1:11) y la salvación tan grande estaban
listas para su revelación (1ª Pedro
1:5). Por eso es por lo que en el Evangelio de Juan se da a entender que el fin está próximo y la primera
referencia que a él se hace comienza diciendo de cierto, de cierto (Juan 5:25): De cierto, de cierto os digo: Viene la hora y ahora es, cuando los
muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán (es
decir, vivirán de nuevo en la vida de resurrección).
No había nada
que lo impidiese, excepto el rechazo del Rey y del Reino; y durante aquella
primera parte del ministerio del Señor no había aún nada que mostrase cuáles
habrían de ser los resultados de la proclamación. De haber sido obedecido el
llamamiento por la nación hecho por Juan el Bautista y el Señor al
arrepentimiento, la resurrección hubiese sido una de las cosas que habrían
acontecido, puesto que formaba parte de todas
las cosas acerca de las cuales habían hablado ya los profetas, como Pedro
testificó. También Pablo la estaba esperando (Hechos 24:15; 1ª Tesal.4:16).
Hechos 24:15 teniendo esperanza en Dios, la cual ellos
también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos
como de injustos.
1 Tesalonicenses 4:16 Porque el Señor mismo con voz de mando, con
voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en
Cristo resucitarán primero.
Mientras que
en otros Evangelios las declaraciones están relacionadas con el juicio que habría de tener lugar, en
Juan ese juicio va asociado a la resurrección, y de inmediato lo asocia,
además, con su carácter judicial.
Fijémonos, en
este sentido, en dos de los títulos del Señor, que muestran la relación que
tiene con ambas cosas, el juicio y la resurrección.
Siendo aquel
que tenía que resucitar a los muertos, es el
Hijo de Dios. Como juez de los
hombres, es el Hijo del Hombre, tal y
como testifica Pablo en Hechos 17:31. Dios dice: por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con
justicia, por AQUEL VARÓN a quién designó, dando fe a todos con haberle
levantado de (entre) los muertos.
En Juan 5:25
el Señor dijo que la hora para que así sucediese ahora es. El momento o Dispensación había llegado y Él, que es el
juez de los hombres, estaba allí presente, con el poder del Hijo de Dios para levantar a los muertos
y con la autoridad del Hijo del Hombre para
juzgar a los muertos y a los vivos.
En el
versículo 26 nos explica la razón: Porque
como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida
en sí mismo (27) y también le dio
autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. (28) No os maravilléis de esto; porque vendrá
hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que
hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo
malo, a resurrección de condenación.
Juan 5:25-28 25 De cierto, de cierto os digo: Viene la hora,
y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la
oyeren vivirán. 26 Porque como el Padre
tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;
27 y también le dio autoridad de hacer
juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. 28
No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están
en los sepulcros oirán su voz;
Ninguno de
nuestros lectores tiene dudas acerca de la naturaleza de la resurrección sobre
la que se habla en este caso. Es una resurrección real y literal de los que han
muerto y han sido enterrados, no es una resurrección espiritual, como algunos
han afirmado. Visto bajo este prisma, el vers.24 se destaca claramente en lo
que en aquel entonces era su
interpretación literal, mientras que su aplicación
a los creyentes actuales no queda
perjudicada.
De cierto, de cierto os digo que el que oyere mi palabra, y cree en el
que me envió, tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte
a vida.
El único paso
que conoce la Escritura
es el pasar a la vida, por medio de la resurrección,
no por medio de la muerte. ¡Esta
última afirmación es una nueva nomenclatura, derivada del Espiritismo! Para
aquellos que habían oído la palabra del Señor Jesús, y la recibieron, y
creyeron al Padre que le envió, no había
ninguna necesidad de pasar por la muerte. Ese es un hecho de profunda
importancia, y este hecho tan maravilloso queda clara y definitivamente
explicado más adelante en Juan 11:24, 25.
Juan 11:24-25 24 Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la
resurrección, en el día postrero. 25 Le
dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté
muerto, vivirá.
Allí el Señor (como hemos visto en una sección
anterior) declaró que Él propio era la
resurrección y por eso, aunque los creyentes mueran, vivirán de nuevo una
vida de resurrección; y además también dice que es la vida y, gracias a eso, los que estuviesen con vida no tendrían
que pasar para nada por la muerte.
Si la nación
se hubiese arrepentido, todas las profecías de las Escrituras se habrían
cumplido, incluyendo la resurrección y el juicio, pero los que habían creído se encontraban en una
nueva posición. Eran ya hijos de
resurrección, habían sido iluminados, habían probado el don celestial, se
habían convertido en partícipes de poder espiritual, habían probado la buena
palabra de Dios y la obra milagrosa de la edad venidera (Hebreos 6:4, 5).
Hebreos 6:4-5 4 Porque es imposible que los que una vez
fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del
Espíritu Santo, 5 y asimismo gustaron de
la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,
Pablo expuso
esta buena palabra en la primera
Epístola que escribió (1ª Tesalonicenses), y aseguró también a aquellos que recibían la palabra que para ellos había
una nueva esperanza. Si morían, podían estar seguros de una resurrección,
mientras que, los que estuviesen todavía en vida no pasarían antes de los
primeros y, luego, tanto los unos como los otros serían tomados en las nubes
para encontrarse con el Señor.
El aguijón de
la muerte ya no podía dañarles (al menos en lo que se refiere a la certeza de
la esperanza) y estaba esperándoles una gloriosa victoria sobre el sepulcro. El mundo venidero, que iba a ser
revelado en breve (Hebreos 2:5), estaba lleno de una gloriosa y bendita
esperanza. No iría a estar sujeto a los ángeles, sino a los hijos de la
resurrección (1ª Cor.6:2, 3).
Hebreos 2:5 Porque no sujetó a los ángeles el mundo
venidero, acerca del cual estamos hablando;
1 Corintios 2:2-3 2 Pues me propuse no saber entre vosotros cosa
alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. 3 Y estuve entre vosotros con debilidad, y
mucho temor y temblor;(A)
Era
ciertamente posible que muchos de los que habían escuchado las palabras del
Señor estuviesen aún con vida y permaneciesen hasta el inminente final de
aquella era o edad, y por eso pudiesen entrar en las glorias de la era
venidera, si la nación se hubiese arrepentido después de la proclamación de los otros siervos (Mateo 22:1, 2 y los
Hechos).
Cuando el
Señor informó a Pedro en cuanto a la clase de muerte por la que debía pasar,
Pedro le preguntó acerca de la muerte por la que tendría que pasar Juan. Señor, ¿qué hay de éste? Refiriéndose a
Juan. El Señor le contestó: Si quiero que
permanezca hasta que yo venga ¿qué a ti? Por tanto, se corrió la voz entre
los hermanos de que el discípulo aquel no moriría; aunque no fuese eso lo que
quiso decir el Señor, sino Si quiero
(condicional) que el permanezca hasta que yo venga…lo que implica es que
todos estaban consciente de la inminencia de la venida.
En el momento
en que nos damos cuenta de que la venida a
la que se refiere era un suceso, que podía tener lugar dentro del límite de
aquella generación existente, no solamente desaparecen las diferentes
interpretaciones de esta Escritura, sino que todo lo que había sido dicho se
destaca con toda claridad y sencillez.
Viendo que el
Señor no podía de ninguna manera querer decir que era posible que Juan
permaneciera con vida durante unos dos mil años o más, los teólogos no han
podido comprender, o aceptar, las palabras en su sentido evidente, natural y
sencillo. Pero una vez que nos damos cuenta de que la venida del Señor podía de
hecho haber sucedido durante la vida de algunos de los presentes, al menos, de
sus discípulos (de entre los cuales Juan era uno de ellos) (Mateo 16:27, 28),
todas las dificultades y misterios desaparecen.
En cuanto a
Pedro, le fue dicho claramente y, por lo tanto, él sabía que moriría y da
testimonio de ello (2ª Pedro 1:14, 15).
1 Pedro 1:14-15 14 como hijos obedientes, no os conforméis a los
deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15 sino, como aquel que os llamó es santo, sed
también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;
De ahí su
impulsiva curiosidad por saber lo que habría de acontecerle a Juan. La
respuesta, un tanto velada, del Señor fue como un freno a su interrogante
entrometida, pero los discípulos evidentemente entendieron que lo que quería
decir el Señor era que Juan no gustaría la muerte hasta que no hubiese
presenciado el regreso del Señor, como dice anteriormente en Mateo 16:27, 28.
Mateo 16:27-28 27 Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria
de su Padre con sus ángeles,(L) y entonces pagará a cada uno conforme a sus
obras.(M) 28 De cierto os digo que hay
algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto
al Hijo del Hombre viniendo en su reino.
El lenguaje está aquí igualmente claro Si yo deseo que permanezca hasta que yo
venga. No es de sorprender que los discípulos que habían oído las palabras
de Mateo 16:27, 28 comprendiesen las palabras de Juan 21:22, 23 en el mismo
sentido.
Juan 21:22-23 22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta
que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. 23
Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo
no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede
hasta que yo venga, ¿qué a ti?
Juan 11:24-25 24 Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la
resurrección, en el día postrero. 25 Le
dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté
muerto, vivirá.
El que Juan
estuviese vivo y permaneciese, como lo dijo el Señor después en Juan 11:24, 25,
y como el Espíritu Santo, por boca de Pablo, lo dijo en 1ª Tesal.4:16, lo
sugiere como algo probable (no lo asume, sencillamente lo da como probable) que
Juan fuese uno de los que no habrían de gustar
la muerte. El Señor no lo niega, pero eso tampoco implica que Juan pudiese
vivir durante cerca de dos mil años.
Si Pablo pudo
escribirles a aquellos que habían perseverado
en la doctrina (la misma frase que en Hechos 2:41, y 1ª Tesal.2:13) en
Tesalónica, diciendo: NOSOTROS los que
estemos vivos y permanecemos hasta la venida del Señor, sin duda alguna no
sería nada extraño que los discípulos entendiesen de ese modo las palabras del
Señor respecto a Juan.
En este
Evangelio (porque fue el propio Juan quien escribió las palabras) el mismo
Señor asociaba constantemente esos tres conceptos: LA RESURRECCIÓN , el
JUICIO, y el DÍA FINAL. Esta frase el día
final es típica del cuarto Evangelio, ya que en los otros Evangelios dice nada más el día, el día del juicio, el final de los tiempos, todo lo cual se
refería al final de aquella Dispensación que estaba rápidamente tocando a su
fin. Estas expresiones, tomadas con relación a lo que se dice acerca de ellas,
no podían en ningún modo, referirse al final futuro de la creación material,
para la cual quedaban aún más de dos
mil años.
Todo lo que
fue dicho no fue sencillamente profecía, sino una enseñanza práctica,
específicamente en lo que se refiere a aquellos
tiempos, que aún estaban presentes, y de especial valor e importancia para
los que lo oyeron. Todos estos diferentes términos, juntamente con la parousia, son sinónimos y
contemporáneos, y están relacionados con el final de aquella era y con lo que
el Señor continuamente llama esta
generación.
En Juan fue el
pensamiento del juicio y la resurrección lo que estaba entonces
especialmente relacionado con el inevitable y cercano fin de la oikonomia, dispensación judía. Fíjense
con cuanta frecuencia el Señor se refiere a su final.
Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: que de todo lo que me
diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (Juan 6:39).
Y esta es la voluntad de aquel que me ha enviado: Que todo aquel que ve
al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero
(Juan 6:40)
Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo lo
resucitaré en el día postrero (Juan 6:44).
Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día
postrero (Juan 11:24).
El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la
palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero (Juan 12:48)
Un niño podría
entender con toda naturalidad que el Señor estaba dando una enseñanza de vital importancia práctica a los que le oyeron
y que se refería a lo que debía suceder en muy poco tiempo y no acerca de algo
que demoraría siglos en pasar.
Tomadas por
separado, aparte de lo que fue revelado después, no es fácil comprender el que
muchos argumenten, y hasta lleguen a creer, que el Señor vino, de hecho, al
final de aquella era (o Dispensación) que terminó con la destrucción de
Jerusalén. Pero los que lo afirman y lo enseñan ignoran por completo la solemne
eventualidad categóricamente mencionada por el Señor mismo y más adelante
proclamada abierta y públicamente por Pedro en Hechos 3:19-26.
Hechos 3:19-26 19 Así que, arrepentíos y convertíos, para que
sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor
tiempos de refrigerio, 20 y él envíe a
Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21
a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de
la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos
profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22
Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará
profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas
que os hable;(B) 23 y toda alma que no
oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C) 24 Y todos los profetas desde Samuel en
adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25 Vosotros sois los hijos de los profetas, y
del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente
serán benditas todas las familias de la tierra.(D) 26 A vosotros primeramente, Dios, habiendo
levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se
convierta de su maldad.
Si Dios no
hubiese hecho del arrepentimiento nacional una condición indispensable para
borrar sus pecados, para enviar a Jesucristo y para cumplir todo los que los
profetas habían anunciado ya, habría razón para creer, equivocadamente, que
Cristo fue de hecho enviado, cuando Jerusalén fue destruida.
Pero es
imposible que cortemos como con un cuchillo ese importante pasaje de las
Escrituras y que tratemos la
Biblia como si esas palabras nunca hubiesen sido escritas.
Nunca hemos visto mencionado por escrito lo que dice Hechos 3 en los libros de
los que se atreven a exponer esas falsas enseñanzas, pero Hechos 3 también es
igualmente ignorado por aquellos que esperan que hoy esperan la venida del
Señor para que se cumpla para ellos esa bendita
esperanza. Estos pasan por alto no solamente lo que dice Hechos 3, sino
todas estas palabras del Señor que estamos estudiando y que aparecen en los
Evangelios.
Aquellos que
todos los días esperan la llegada del Señor (a la tierra, y sin tener en cuenta
el Rapto), esperando que venga a buscarles de un momento a otro, deben de
sentirse muy perplejos ante muchas de las cosas que dijo el Señor acerca de su
venida. No cabe duda que deben desear que él nunca hubiera hablado de ese modo.
Estas personas procuran sus creencias en las últimas Epístolas paulinas pero,
entonces, ignoran totalmente las palabras del Señor o las malinterpretan de tal
modo que tienen falsas opiniones en cuanto a su propia esperanza; algunos de
ellos esperando en la tierra la venida del Señor en cualquier momento, otros
postergándola hasta que muchas cosas sucedan sobre las cuales se habían
profetizado.
Todas las
divisiones que hay entre los cristianos sobre este tema, que es de suma
importancia, y las diferentes maneras de enfocar la segunda venida tienen su origen en el hecho de no haber tenido en
cuenta lo que se dice en los capítulos 3 y 28 del libro de Hechos, y de ahí que
hayan equivocado el propósito de todo el libro de los Hechos de los Apóstoles,
leyendo en él verdades benditas que no fueron reveladas hasta el final de
aquellos tiempos, los últimos días acerca de los cuales habló con tanta
frecuencia el Señor.
No se dan
cuenta de que, la salvación tan grande estaba
entonces lista para ser revelada y
que la gloria que habría de seguirle dependía de una sola cosa: el
arrepentimiento de Israel. Pero como eso no sucedió, todo quedó postergado,
todo ha quedado en suspense y, entretanto, tenemos la revelación siguiente en
cuanto a las cosas relacionadas con la
gloria de su gracia. No es de sorprender, por tanto, que las glorias de la
gracia no sean ni apreciadas ni comprendidas y que todo se vea envuelto en una
gran confusión en las mentes de tantos que pasan por alto estos pasajes tan
importantes en la
Escritura.
¿Qué es, por
ejemplo, los que estas personas interpretan de las palabras del Señor en Juan
12:31: Ahora es el juicio de este mundo;
ahora el príncipe de este mundo será echado fuera?
Durante el
tiempo de Pentecostés, el espíritu santo fue enviado con el fin de convencer al
mundo respecto al juicio, porque el que gobernaba (el diablo) al mundo (kosmos) había sido juzgado (Juan
16:11). Esto no se refiere simplemente a un cambio espiritual en la historia
del mundo, ya que no podría satisfacer la afirmación tan solemne y tajante del
Señor en cuanto a que lo que habló era efectivamente algo que habría de
acontecer en breve, de hecho ya había comenzado a suceder y habría de tocar a
su fin con el juicio, y el demonio sería echado fuera; pero, como es natural,
también esto queda postergado y una revelación posterior nos dice de qué modo acontecerá
(Apocalipsis capítulos 12 y 13).
Lo que nuestro
Señor dice se refiere a una transacción
judicial definitiva y final que habría de tener lugar poco tiempo después.
Satanás estaba llevando su gran conflicto de las edades a su fin. Había
intentado quitarle la vida al Señor en Belén, había contendido con él en el
desierto, había agonizado su vida en el huerto, se había apoderado de Judas
para traicionarle y le había colgado en la cruz y metido en la tumba.
Pero su
victoria habría de ser de corta duración, puesto que por medio de su muerte el
Señor habría de destruir al que tenía el poder sobre la muerte (Hebreos 2:14).
Hechos 2:14 Entonces Pedro, poniéndose en pie con los
once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que
habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.
Este maravilloso fin a la gran pugna habría de
seguir de inmediato al último intento hecho por Satanás para frustrar las
dictadas sentencias de Dios.
Nada impedía
la gran consumación, a excepción de la incredulidad y la falta de
arrepentimiento de Israel, pero sabemos de qué modo quedó en suspense y
postergado. No cabe duda de que el mismo esfuerzo satánico fue el que cegó los
ojos del pueblo de Israel durante la Dispensación de los Hechos de los Apóstoles.
Pablo dio testimonio de que Satanás nos
estorbó y por medio de sus influencias activas, que vemos en operación a lo
largo de todo el contenido del libro de los Hechos, consiguió dejar en suspense
y postergar el fin que le había sido
destinado. Pero Satanás fue completamente juzgado en la cruz, donde se
obtuvo la citación judicial, aunque aún había de pedirse la ejecución y el
usurpador había de ser echado de la tierra, y de allí al lago de fuego.
Las palabras
del Señor, que encontramos en Juan 16, se refieren también a la inminente
ejecución del juicio; pero en este caso no hay insinuación alguna en cuanto a
un posible aplazamiento, ni podría haber sido así en vista de las
circunstancias. No, el Señor no vino cuando Jerusalén fue destruida, porque Satanás no ha sido aún echado fuera. Lo
que dice en Apoc.12 y 13 aún espera su cumplimiento determinado y tendrá lugar
en el postergado día del Señor. El
Señor lo vio en una visión y, de ese modo, unió en Lucas 10:17 con lo que dice
Juan 12:31 y 16:11; y no vemos que sea posible otra interpretación que
satisfaga todos los requisitos de estos pasajes.
Lucas 10:17 Volvieron los setenta con gozo, diciendo:
Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.
Juan 12:31 Ahora es el juicio de este mundo; ahora el
príncipe de este mundo será echado fuera.
Juan 16:11 y de juicio,
por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.
Cuando el
Señor hablaba acerca de su venida lo hacía siempre como de algo que había de
tener lugar en breve, y no dio nunca
por asentado que Israel no fuese a arrepentirse, sino que guardo un natural
silencio en cuanto al resultado, y dijo:
Y si me fuere y OS preparare lugar, vendré otra vez, y OS tomaré a mí
mismo (Juan 14:3). Al decir estas palabras no estaba hablando acerca de algo
que no podía suceder hasta que pasasen más de dos mil años. Estaba hablando
para consolarles, y hubiese sido un consuelo poco efectivo y frío de haberse
estado refiriendo a un futuro que estuviese tan lejano.
No os dejaré huérfanos; vendré a VOSOTROS (Juan 14:18).
Habéis oído que yo OS he dicho: Voy, y vengo a VOSOTROS (Juan 14:28)
Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque
yo voy al Padre (Juan 16:16).
También VOSOTROS ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará
vuestro corazón (Juan 16:22).
Todas estas
ocasiones en que menciona su venida se refieren a una misma vez y habla acerca
de ella como algo que está muy cercano.
Estas palabras, tan sencillas (léase aparte la condición que se dice en Hechos
3), han dejado, precisamente por ser tan simples, perplejos a muchos. Sin
embargo, los Hechos de los Apóstoles nos permiten entenderlas como queriendo
decir exactamente lo que dicen. Pero si hacemos caso omiso de lo que dice en
Hechos 3, resulta imposible para nosotros acertar a comprenderlas en el sentido
que las debieron entender los discípulos. Para ellos debieron significar una
ausencia corta y temporal, entre que fuese al Padre y fuese enviado de nuevo
por Él, conforme a Su promesa…En cualquier caso, se habla de la venida del
Señor como de algo que era tan seguro como lo fue su partida, y una vez que él
no regresó cuando fue destruida Jerusalén, no queda más remedio que ser
aplazada hasta que la condición del arrepentimiento de Israel se cumpla
futuramente.
Entretanto,
tenemos la revelación especial en lo que se refiere a nuestra propia salida-resurrección de entre los muertos
y de nuestro propio llamamiento a lo
alto. De aquí que nuestro de gobierno exista
ya y se halle verdaderamente en los cielos, y lo único que esperamos que
nuestro salvador nos llame desde allí para transformar los cuerpos de nuestra
humillación y los haga igual a su propio cuerpo glorioso. Esa es nuestra
presente, actual, efectiva y bendita
esperanza. (Filipenses 3:11-21).
Filipenses 3:11-21 11 si en alguna manera llegase a la resurrección
de entre los muertos. 12 No que lo haya
alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir
aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya
alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y
extendiéndome a lo que está delante, 14
prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo
Jesús. 15 Así que, todos los que somos
perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo
revelará Dios. 16 Pero en aquello a que
hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. 17 Hermanos, sed imitadores de mí,(D) y mirad a
los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. 18 Porque por ahí andan muchos, de los cuales os
dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de
Cristo; 19 el fin de los cuales será
perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo
piensan en lo terrenal. 20 Mas nuestra
ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor
Jesucristo; 21 el cual transformará el cuerpo
de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya,
por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.
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