LOS FUNDAMENTOS PARTE 2


5 - POR MEDIO DE

LOS QUE LE OYERON

(Hebreos 2:3)

 

 

LAS EPÍSTOLAS APOSTÓLICAS

 

LAS EPÍSTOLAS DE JUAN

 

Juan fue el primero de un escogido grupo de tres que fueron llamados con el propósito de que confirmasen, por escrito además de hacerlo de palabra, lo que había oído del Señor. Él, al igual que los otros dos, fue uno de los que confirmaron lo que  escucharon decir el Señor (Hebreos 2:3), y no fueron más allá de sus palabras.

Hebreos 2:3   ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

 

No poseemos, literalmente, información alguna en lo que se refiere a la fecha cierta en que las escribió, aparte de sus propias Epístolas donde las reflejó. Nadie puede ayudarnos. Ni los escritores antiguos, ni los críticos de nuestros días han podido decirnos nada más aparte de lo que nosotros mismos podemos leer en sus escritos. Todo lo demás es pura especulación y conjetura. Todos los lectores y escritores se ven obligados a volver sobre la evidencia interna del contenido de las Epístolas, pues no existe otra evidencia fuera de las mismas.

No es preciso que leamos muchos versículos en sus escritos para que nos encontremos con las palabras: Hijitos míos, ya es el último tiempo (1ª Juan 2:18).

1 Juan 2:18  Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.

 

Estas palabras no pueden referirse sino al final cercano de aquella propia Dispensación de los Hechos de los Apóstoles, que acabó poco tiempo antes de la destrucción del templo de Jerusalén. Juan no habla ni se refiere al fin de nuestro tiempo, ni del final de la historia humana, ni del final de la creación material, sino del final específico de la etapa durante la cual Dios habló por medio de los que oyeron a Su Hijo. Está claro y es cierto, por tanto, que el fin de aquella época se hallaba a la mano, y tanto es así que dice: El mundo (Kosmos) pasa, y sus deseos (Juan 2:17). Era la hora onceava.

1 Juan 2:17  Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

 

¿Qué era lo que caracterizaba esa última hora? La respuesta la encontramos justo a seguir en la afirmación que nos da: Hijitos míos, YA ES EL ÚLTIMO TIEMPO; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así AHORA han surgido muchos anticristos, POR ESTO CONOCEMOS que es EL ÚLTIMO TIEMPO.

Esta es la primera vez que se menciona al anticristo en el Nuevo Testamento, y se le menciona como a uno bien conocido por los que oyeron al Señor, ya que va acompañada de una explicación al carácter del espíritu del anticristo (1ª Juan 2:22; 4:3).

1 Juan 2:22  ¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es anticristo, el que niega al Padre y al Hijo.

 

1 Juan 4:3  y todo espíritu que no confiesa que Jesucristo ha venido en carne, no es de Dios; y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído que viene, y que ahora ya está en el mundo.

 

Pero ahora muchos se preguntarán: ¿Cómo lo sabía Juan? Y la respuesta de otros será que, como es lógico, por la inspiración, y esto es verdad; pero Juan dice nosotros, nosotros conocemos, lo cual implica que había otros que lo habían oído también, y también lo sabían o podían comprender las señales que daban estos anticristos. Nuestro Señor ya había hablado acerca de estos falsos cristos, como de la primera señal del comienzo del último tiempo aquel, en el discurso profético del monte de los Olivos.

Hubo dos discursos proféticos, y este hecho reseña las diferencias en tiempo, lugar y tema, entre el primero, que aparece en Lucas 21, y el segundo, en Mateo 24 y Marcos 13.

El que aparece en Lucas y es primero fue pronunciado un día que estaba Jesús enseñando en el templo al pueblo (Lucas 20:1).

La siguiente observación referente al lugar, y que nos da indicación también del tiempo es la que aparece en el cap.21:1: Levantando los ojos, vio a los ricos que echaban sus ofrendas en el arca de las ofrendas. Estaban, por tanto, aun en el templo cuando habló acerca de la profecía en Lucas, y una vez más vemos que la próxima nota, en cuanto al tiempo se refiere, la tenemos en el cap.21:37: Y enseñaba de día en el templo, y DE NOCHE, saliendo, se estaba en el monte que se llama de los Olivos.

Pero respecto a la segunda profecía, que aparece en Mateo 24 y Marcos 23, leemos: (Mateo 24:1) Jesús salió del templo y se iba…Y estando él sentado en el monte de los Olivos, los discípulos se le acercaron aparte (vers.3). Igual en Marcos 13:1: Saliendo Jesús del templo…y se sentó en el monte de los Olivos, frente al templo. Y Pedro, Jacobo, Juan y Andrés le preguntaron aparte (vers.3).

Aquí tenemos dos profecías de suma importancia, una (en Lucas) pronunciada en el templo, y la otra (en Mateos y en Marcos) pronunciada en el monte de los Olivos. Una vez que algunas partes de la primera se repiten en la segunda ocasión, ofrecemos los puntos más destacados, en tres columnas paralelas, de manera que aparezca claramente el objeto que tienen y las diferencias entre ellas.

Los dos relatos comienzan con un resumen de los acontecimientos que habían de suceder en vida y experiencia de los que oían las palabras.

Ellos le habían hecho comentarios aduladores de los edificios y piedras al Señor, así como a los adornos del templo, y el Señor les contesta: no quedará piedra sobre piedra que no sea derribada. Estas solemnes palabras acerca de las cosas que irían a suceder estando aún vivos y experimentarían provocaron la pregunta de parte de los que oían: ¿CUÁNDO serán estas cosas? ¿Y QUÉ SEÑAL habrá cuando todas estas cosas hayan de cumplirse? (en ambas ocasiones); es decir, querían saber cuándo acontecería.

 

Y las primeras palabras de la respuesta del Señor fueron:

 


Él entonces dijo: Mirad que no seáis engañados; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo, y: El tiempo está cerca. Mas no vayáis en pos de ellos. Y cuando oigáis de guerras y de sediciones, no os alarméis; porque es necesario que estas cosas acontezcan primero (Ginesthaiu); pero el fin no será inmediatamente.   
 

Jesús, respondiéndoles, comenzó a decir: Mirad que nadie os engañe; porque vendrán muchos en mi nombre, diciendo: Yo soy el Cristo; y engañarán a muchos. Más cuando oigáis de guerras y rumores de guerras, no os turbéis, porque es necesario que suceda así (Ginesthaiu), pero aún no es el fin
 
Mateo 24:4-6                                Marcos 13:5-7                                     Lucas 21:8, 9                                                                



Respondiendo Jesús les dijo: Mirad que nadie os engañe. Porque vendrán muchos en mi nombre diciendo: Yo soy el Cristo; y a muchos engañarán. Y oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis porque es necesario que todo esto suceda (Ginesthaiu, levantar o suceder). Pero aun no es el fin 
 
Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares. Y todo esto será principio de dolores.
 
Porque se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá terremotos en muchos lugares, y habrá hambres y alborotos; principios de dolores serán estos
 
Entonces les dijo: Se levantarán nación contra nación, y reino contra reino; y habrá grandes terremotos, y en diferentes lugares hambres y pestilencias; y habrá terror y grandes señales del cielo
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Ese es el comienzo. A continuación el Señor se refiere a los acontecimientos que habrían de suceder después, posteriormente, es decir, los dolores de parto de la tribulación.

Mateo 24:7                                        Marcos 13:5-7                                          Lucas 21:10, 11

 

 

 

 

 

 

 

Observaremos que, en la ocasión anterior (Lucas 21:8, 9) en lugar de decir esto será principio de dolores (como en Marcos y Mateo), y en vez de dar a continuación la descripción de los mismos dolores, se detiene en seco, en lugar de proseguir. Vuelve atrás, y habla acerca de algo que sucederá antes de todas estas cosas: antes de los dolores (o dolores de parto) de la gran tribulación; y lo que describe ahora es

La destrucción de Jerusalén

Lucas 21:12. Pero antes de todas estas cosas.

Es decir, antes de la gran tribulación, que termina con la señal del Hijo del Hombre que viene en las nubes del cielo, y los sucesos, que aparecerán antes de eso, son los que se describen en los versículos 12 a 24, y las palabras finales son:

Vers.24: Y caerán a filo de espada, y serán llevados y cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.

En el discurso que aparece en Mateo 24 y en Marcos 13, en lugar de volver sobre el tema, para hablar de la condición de Jerusalén que aparecería antes y hasta el comienzo de la gran tribulación (como Lucas), y habiendo dicho: Y todo esto será principio de dolores, pasa adelante describiendo la tribulación (Mateo 24:9-28: Marcos 13:9-23), y continúa la profecía que se refiere a estos particulares dolores posteriores hasta que aparece en las nubes del cielo el Hijo del Hombre.

Al llegar a este punto, después de dar la condición de Jerusalén que no dan los otros,  en Lucas 21:25, el Señor pasa entonces a hablar del telos, o el final de los tiempos, y las palabras finales de cada discurso vuelven a ser iguales, hablando acerca de la venida del Señor en sí.

 


Entonces habrá señales en el sol, en la luna y en las estrellas, y en la tierra angustias de las gentes, confundidas a causa del bramido del mar y de las olas; desfalleciendo los hombres por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la tierra; porque las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en una nube con poder y gran gloria
 
Mateo 24:29, 30                                  Marcos 13:24-26                                        Lucas 21:25-27



Pero en aquellos días, después de aquellas tribulaciones, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias que están en los cielos serán conmovidas. Entonces verán al Hijo del Hombre, que vendrá en las nubes con gran poder y gloria.
 
E INMEDIATAMENTE después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Pero aquí y ahora, lo que nos incumbe es lo estábamos tratando, no era la venida al final de los tiempos, sino la primera “señal” que tenía que ver con lo que dice 1ª Juan 2:18: por la cual CONOCEMOS que YA ES EL ÚLTIMO TIEMPO.

1 Juan 2:18 Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.

 

Estos versículos: Mateo 24:29, 30; Marcos 13:24-26; y Lucas 21:25-27 están escritos en tercera persona del plural, y hablan por tanto de lo que deberán sentir y experimentar aquellos que vivan en aquel tiempo futuro. Sin embargo, los versículos que vienen a continuación de estos contrastan con los y aquellos. El Señor regresa a lo que entonces era tiempo presente, es decir, a la primera señal de los falsos cristos. Cuando estas cosas comiencen a suceder (acerco de lo que dice en los versículos 8 y 9), ERGUÍOS Y LEVANTAD VUESTRA CABEZA, porque VUESTRA redención se acerca. Entonces les habló por medio de una parábola: Mirad la higuera y todos los árboles. Cuando ya brotan, viéndolo, SABÉIS POR VOSOTROS MISMOS que el verano está ya cerca. Así también VOSOTROS, cuando veáis que suceden estas cosas, SABED que está cerca el reino de Dios. De cierto OS DIGO, que no pasará ESTA GENERACIÓN hasta que todo ACONTEZCA (Lucas 21:28-32)(1)

(1)   Concedido que estas palabras ahora se refieren a los que verán los tiempos futuros del fin (telos), pero no podemos excluir a los que oyeron las palabras del Señor, y que las habrían entendido de haberse arrepentido la nación siguiendo el llamamiento de Pedro en Hchos 3:19-26)

 

Tenemos, por lo tanto, una interpretación clara y satisfactoria de las palabras esta generación sin tener que recurrir a manipulaciones forzadas y argumentos mañosos en un esfuerzo por hacer que esta generación quiera decir otra generación que se encuentre aun en el futuro distante, pues eso serían interpretaciones que no resistirían a la crítica ni convencerían siquiera, en realidad, a un niño. Pero considerándolas desde el punto de vista de las Dispensaciones, no solamente se explican por sí mismas, sino que esa otra expresión - la última hora que aparece en 1ª Juan 2:18 – también queda explicada. Y en lo que a nosotros se refiere, esas señales siguen siendo válidas, puesto que, como es natural, el comienzo de la tribulación se quedó siendo todavía algo futuro.

Debido a que los hebreos a quienes se dirigió no lo vieron así, el rechazo de la proclamación del Reino, hecha por boca de Pedro, ha quedado ahora en suspense y algunos interpretan que el Papa es el anticristo que mencionan las Escrituras; pero esa señal debía ser el comienzo de la última hora, no una señal de su continuación o su final. Era la primerísima señal.

Si fuese cierto que el Papa o los Papas fuesen anticristos, nos quedaríamos sin señal alguna y de ese modo las palabras del Señor no servirían para nada. ¡No! Tanto la tribulación como el Reino han quedado en suspense. Es preciso que el momento de la revelación del anticristo preceda al día del Señor y es, ciertamente, la señal que nos advierte de su venida (2ª Tes.2).

Pero JUAN tiene otras referencias acerca de la que entonces era una promesa condicional respecto a la inminente parousia o presencia del Señor. En el cap.2:28 dice: Y ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida (o parousia) no nos alejemos de él avergonzados. Repetimos una vez más que no podemos excluir al propio Juan ni a los que oyeron al Hijo, ni a los que leyeron lo que escribió.

En el 4:17 dice: En esto se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que TENGAMOS confianza en EL DÍA DEL JUICIO. Porque eso es lo que hubiese sucedido (y todavía sucederá) para todos aquellos que no obedezcan la llamada al arrepentimiento, que fue hecho por los que le oyeron al Señor, y dieron el mandamiento en su nombre.

En 2ª Juan 7 encontramos otras referencias a las características que tendrán los falsos cristos o anticristos del día de Juan y de la última hora, sobre los que hablaremos más adelante.

Nuestros lectores se darán cuenta de que no solamente estamos dando coherencia a muchos pasajes que son causa de dificultades a la hora de interpretarlos, sino que además proveemos un poderoso argumento en contra de las enseñanzas de la gran mayoría de los que afirman que el Señor ya vino cuando se produjo la destrucción de Jerusalén. Entre los habituales comentadores hay muchos que defienden esta opinión.

Hemos enfocado este punto, al hablar sobre las Epístolas de Juan, porque nos ayuda a determinar la fecha en que fueron escritas, pero hay otro punto, que se encuentra al principio mismo de su primera Epístola. En realidad, tenemos un eco de las palabras con que empieza en Hebreos 2:3, que nos recuerda que Juan fue uno de los que oyeron al Hijo de Dios y, por ello, estaba capacitado para cumplir con su misión de confirmar lo que el Señor habló.

Juan comienza su primera Epístola de la siguiente manera:

Lo que (o el que) era desde el principio, lo que hemos (sobre el cual) hemos oído, lo que (o al que) hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al VERBO DE VIDA (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó); lo que hemos visto y OÍDO, eso os anunciamos, para que también vosotros tengáis comunión con nosotros; y nuestra comunión verdadera es con el Padre, y con su Hijo Jesucristo. Estas cosas os escribimos, para que vuestro gozo sea cumplido (1ª Juan 1:1-4).

Juan se dirige de manera especial a los hebreos como ya hemos visto, antes de que aquella Dispensación tocase a su fin. Es por eso que hace uso de expresiones y modismos hebreos. Habla de un abogado (o Consolador) con el Padre, como había oído de labios del propio Señor (Juan 14:16, 17) y añade que la propiciación (o sacrificio en propiciación) no fue solo por “nuestros” (de los hebreos) pecados, sino los de todo el mundo (sin distinción). En este caso Juan se distingue a sí mismo y a su pueblo Israel, para los cuales daba testimonio de un modo especial acerca de Aquel del cual había visto y oído.

Juan 14:16  Y yo rogaré al Padre, y os dará otro Consolador, para que esté con vosotros para siempre:

 

 

EL APOCALIPSIS

 

Antes de dejar atrás el tema de la confirmación de los que oyeron al Hijo, es preciso que incluyamos el Apocalipsis entre los escritos Apostólicos, usando solamente las palabras de aquellos entre los doce que fueron escritores de las epístolas apostólicas.

Aquí, en Apocalipsis, como ya hemos anticipado, hallamos más evidencias sobre la Dispensación tan extraordinaria de los Hechos, pero además encontramos muchas cosas más, como siempre sucede cuando la enseñanza es verdadera y correcta. Cuando así sucede, los obstáculos aparentes muchas veces desaparecen de manera inesperada, pero, por otro lado, cuando la enseñanza es equivocada, van surgiendo progresivamente las dificultades por todas partes hasta que nos vemos obligados a volver atrás y tenemos que repasar todo lo expuesto.

En cuanto al Apocalipsis, ¿quién de nosotros no se ha quedado perplejo ante las primeras palabras que escribe Juan diciendo que son las cosas que deben suceder PRONTO? En el versículo 3 se dice además: el tiempo (o la estación) ESTÁ CERCA. Sin duda debió de haber un sentido en el que las palabras eran comprendidas literalmente y de manera autentica y real.

Apocalipsis 1:3   Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.

 

Dios no podía escribir por medio de Su siervo Juan que la oferta de Pedro en Hechos 3:19-26 sería rechazada por Israel. Juan debía escribir algo que el pueblo comprendiese, y escribió a las asambleas (eclesias) según había sido instruido.

Sabiendo, con toda seguridad, que Dios no se estaba burlando de Su pueblo cuando prometió mandar entonces a Su Hijo si se arrepentía, no debía dar la impresión de que Dios sabía de antemano, lo que sucedería.

No se debía anticipar el libre albedrío de las gentes, sino dejar la plena responsabilidad a la nación durante toda la Dispensación, hasta aquel memorable día, que fue el último, durante el cual hubo una conferencia en Roma, de todo un día de duración (Hechos 28:23-29).

Hechos 28:23-29 23  Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. 24  Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían. 25  Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: 26  Vé a este pueblo, y diles:

 De oído oiréis, y no entenderéis;

 Y viendo veréis, y no percibiréis; 27  Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,

 Y con los oídos oyeron pesadamente,

 Y sus ojos han cerrado,

 Para que no vean con los ojos,

 Y oigan con los oídos,

 Y entiendan de corazón,

 Y se conviertan,

 Y yo los sane.(B) 28  Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán. 29  Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.

Podemos estar seguros de que en aquella solemne ocasión Pablo no se dejó nada en el tintero ni desaprovechó ningún argumento cuando desde la mañana hasta la tarde, expuso y testificó plenamente el Reino de Dios, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas.

El apóstol Juan no podía hacer menos. El envío del Señor Jesucristo desde la diestra del Padre, tal como prometió en Hechos 3:19-26, requería el cumplimiento de todos los sucesos que habían de acontecer con la revelación (Apocalupsis) y descubrimiento (parousia) del Señor Jesucristo, que incluía la restauración de todas las cosas antedichas por los profetas.

Hechos 3:19-26 19  Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21  a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;(B) 23  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C) 24  Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25  Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.(D) 26  A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

Por lo tanto, bien se podía decir, en un sentido muy real, algo que no podemos decir hoy actualmente, y es que la revelación o apocalupsis de Jesucristo debía de suceder pronto. Aquella palabra debía, como es natural, se refiere a la seguridad y certeza de la promesa, no a la inseguridad de la decisión que habría de tomar el pueblo de Israel. Desde el punto de vista divino, “debía” era la única palabra correcta que se podía emplear. No se repite así al final del libro, pero en tres ocasiones diferentes dice en el último capítulo He aquí yo vengo pronto (vers.7, 12, 20); y en otra ocasión dice: el Señor está cerca (vers.10) o se aproxima (tal como en el cap.1:3).

Hay aquí un sentido real y auténtico por el cual se podía decir que el tiempo estaba cerca, como dice en Apocalipsis, y en aquellos tiempos debió de pesar más esta afirmación que en nuestros días. Es decir, que ahora los creyentes no pueden decir en un sentido tan real como entonces decían que está cerca.

Pero hay expresiones en los mensajes a las siete iglesias también que tienen la misma referencia local y cronológica. Y si consideramos la existencia de estas asambleas, que recibían de manera directa el mensaje de Dios, recibiendo Su Palabra (Hechos 2:41); 1ª Tesal.2:13), y aprendiendo a esperar y anticipar, esas palabras debieron producir un poderoso impacto, de un modo que no es posible en nuestros días.

Hechos 2:41 41  Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

1 Tesalonicenses 2:3  Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño,

He aquí que viene con  las nubes, y todo ojo le verá, Y LOS QUE LE TRASPASARON; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por él (Apoc.1:7). Todo esto se menciona juntamente con las cosas que deben suceder pronto (vers.1) y el tiempo que está cerca (vers.3). Y cuando las leemos en relación con otras palabras en los primeros tres capítulos, está claro que el día del Señor se hallaba realmente cerca.

Pedro dijo, durante el tiempo de Pentecostés, que esto (lo que había comenzado a suceder), era aquello acerca de lo cual había profetizado Joel, y sabemos que profetizó acerca del día del Señor (Joel 2 y 3).

Los mensajes dirigidos a Éfeso y a Pérgamo (de las asambleas o iglesias del Apocalipsis) repiten la aseveración: Vendré pronto (Apoc.2:5 y 16, es la misma palabra que vengo en breve en 22:20).

Apocalipsis 2:5  Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete, y haz las primeras obras; pues si no, vendré pronto a ti, y quitaré tu candelero de su lugar, si no te hubieres arrepentido.

Apocalipsis 2:16 16  Por tanto, arrepiéntete; pues si no, vendré a ti pronto, y pelearé contra ellos con la espada de mi boca.

Apocalipsis 22:20  El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

El mensaje dirigido a Tiatira fue: Retenedlo hasta que yo venga (2:25).

Yo vengo pronto fue el mensaje que recibió Filadelfia (3:11), que es la misma palabra que vengo en breve en 22:20.

Apocalipsis 2:25  pero lo que tenéis, retenedlo hasta que yo venga.

Apocalipsis 3:11   He aquí, yo vengo pronto; retén lo que tienes, para que ninguno tome tu corona.

Apocalipsis 22:20 20  El que da testimonio de estas cosas dice: Ciertamente vengo en breve. Amén; sí, ven, Señor Jesús.

He aquí yo estoy a la puerta y llamo fue el mensaje dirigido a Laodicea, y tenía el mismo significado que en Santiago 5:9: el juez está a la puerta.

Santiago 5:9  Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.

 

Ninguna de las distorsiones de este solemne mensaje provocadas por los evangelistas modernos, que sacan las palabras de su contexto y le añaden la palabra “corazón”, pueden restarle nada al solemne sentido que debieron tener a la vista los que primeramente la leyeron, procedentes de la pluma del apóstol Juan.

El mensaje dirigido a Éfeso: has dejado tu primer amor debió tener un sentido especial para los que lo recibieron y lo leyeron a la luz de lo que dice en Hechos 19:10 y 2ª Timoteo 1:15, donde la deserción se menciona con toda claridad.

 

Apocalipsis 2:4  Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor.

 

Hechos 19:10  Así continuó por espacio de dos años, de manera que todos los que habitaban en Asia, judíos y griegos, oyeron la palabra del Señor Jesús.

 

2 Timoteo 1:15  Ya sabes esto, que me abandonaron todos los que están en Asia, de los cuales son Figelo y Hermógenes.

Sí, el día del Señor estaba verdaderamente cerca, y de haberse arrepentido la nación por la predicación de los doce, TODO, y no solo el comienzo, hubiese sucedido. De no ser así, entonces, el Señor, al dar el mensaje por medio de Pedro en Hechos 3:19-26, se habría estado burlando de ellos.

Como es lógico, bien sabemos que el llamamiento fue rechazado y que Jesucristo no fue enviado; por tanto todo queda en suspense y en espera de un cumplimiento en el futuro.

La interpretación histórica, que trata el libro del Apocalipsis como si ese rechazo final del Mesías no hubiese tenido consecuencias, y como si todo hubiese seguido como de costumbre, encontrando su cumplimiento en los sucesos de la historia europea, nos debe parecer carente de toda enseñanza, ni en el pasado, ni en el presente, ni en el futuro, y el trato espiritualizado le priva de toda coherencia, considerado desde el punto de vista cronológico. Éste último es el único trato del libro del Apocalipsis que hace que sea de enseñanza para nosotros en la actualidad y “escrito para nuestro conocimiento”. Es un verdadero libro que habría de cumplir una autentica misión, tanto para los tiempos en que fue escrito, como para nuestros días y para el futuro, en el cual tendrá su cumplimiento literal.

Lo hemos considerado en esta relación, siguiendo las Epístolas del mismo apóstol, pero nos queda aún:

 

LA EPÍSTOLA DE JUDAS

 

Y cuando llegamos a ella, que es la última de las Epístolas apostólicas, encontramos las mismas características de los últimos días de la Dispensación como suceden en 2ª Pedro 2.

Llegamos, por lo tanto, a la conclusión del testimonio unido de los que oyeron al Señor, y que, por eso mismo, pudieron confirmar sus palabras. Los doce apóstoles participaron en la obra como oradores, pero estos tres (Pedro, Santiago y Juan fueron escogidos como escritores y ellos, juntamente con Judas, que era medio hermano del Señor, han escrito para nuestro aprendizaje o enseñanza.

Ahora estamos en posición de considerar lo que estos apóstoles habían oído del Señor, y que fue por ellos confirmado, durante la Dispensación y durante los cuarenta años de su prueba.

2 Pedro 2:1-22 1 Pero hubo también falsos profetas entre el pueblo, como habrá entre vosotros falsos maestros, que introducirán encubiertamente herejías destructoras, y aun negarán al Señor que los rescató, atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina. 2  Y muchos seguirán sus disoluciones, por causa de los cuales el camino de la verdad será blasfemado, 3  y por avaricia harán mercadería de vosotros con palabras fingidas. Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme. 4  Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron, sino que arrojándolos al infierno los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio; 5  y si no perdonó al mundo antiguo, sino que guardó a Noé, pregonero de justicia, con otras siete personas, trayendo el diluvio sobre el mundo de los impíos;(A) 6  y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza(B) y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente, 7  y libró al justo Lot, abrumado por la nefanda conducta de los malvados(C) 8  (porque este justo, que moraba entre ellos, afligía cada día su alma justa, viendo y oyendo los hechos inicuos de ellos), 9  sabe el Señor librar de tentación a los piadosos, y reservar a los injustos para ser castigados en el día del juicio; 10  y mayormente a aquellos que, siguiendo la carne, andan en concupiscencia e inmundicia, y desprecian el señorío.

 Atrevidos y contumaces, no temen decir mal de las potestades superiores, 11  mientras que los ángeles, que son mayores en fuerza y en potencia, no pronuncian juicio de maldición contra ellas delante del Señor. 12  Pero éstos, hablando mal de cosas que no entienden, como animales irracionales, nacidos para presa y destrucción, perecerán en su propia perdición, 13  recibiendo el galardón de su injusticia, ya que tienen por delicia el gozar de deleites cada día. Estos son inmundicias y manchas, quienes aun mientras comen con vosotros, se recrean en sus errores. 14  Tienen los ojos llenos de adulterio, no se sacian de pecar, seducen a las almas inconstantes, tienen el corazón habituado a la codicia, y son hijos de maldición. 15  Han dejado el camino recto, y se han extraviado siguiendo el camino de Balaam hijo de Beor, el cual amó el premio de la maldad, 16  y fue reprendido por su iniquidad; pues una muda bestia de carga, hablando con voz de hombre, refrenó la locura del profeta.(D) 17  Estos son fuentes sin agua, y nubes empujadas por la tormenta; para los cuales la más densa oscuridad está reservada para siempre. 18  Pues hablando palabras infladas y vanas, seducen con concupiscencias de la carne y disoluciones a los que verdaderamente habían huido de los que viven en error. 19  Les prometen libertad, y son ellos mismos esclavos de corrupción. Porque el que es vencido por alguno es hecho esclavo del que lo venció. 20  Ciertamente, si habiéndose ellos escapado de las contaminaciones del mundo, por el conocimiento del Señor y Salvador Jesucristo, enredándose otra vez en ellas son vencidos, su postrer estado viene a ser peor que el primero. 21  Porque mejor les hubiera sido no haber conocido el camino de la justicia, que después de haberlo conocido, volverse atrás del santo mandamiento que les fue dado. 22  Pero les ha acontecido lo del verdadero proverbio: El perro vuelve a su vómito,(E) y la puerca lavada a revolcarse en el cieno.

 

 

 

 

 

 

 

6 – POR MEDIO DE LOS QUE LE OYERON

(Hebreos 2:3)

 

Hebreos 2:3  ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

 

LAS COSAS QUE HABÍAN OÍDO

 

Antes de hacer un estudio de las Epístolas Paulinas valdría la pena hacer una pausa y fijarnos en qué fue lo que los doce apóstoles que hablaron, y de entre ellos los tres que escribieron junto con Judas, escucharon de labios del Hijo, cuyas palabras y enseñanzas confirmaron. Entonces estaremos mejor preparados para poder entender las Epístolas apostólicas paulinas.

En nuestra última sección echamos un vistazo a lo que dice en Mateo 24, a fin de que entendiéramos lo que Juan ha escrito y ha dicho sobre los muchos anticristos por medio de los cuales tanto él como los que oyeron al Hijo podían saber y comprender que era la última horala hora onceava – antes de que la Dispensación acabase, y nos referimos a la de los Hechos de los Apóstoles.

Vemos que se hace luz en uno de los pasajes (Mateo 24:34; 21:32), que ha sido una verdadera piedra de tropiezo para los futuristas que consideran los Hechos de los Apóstoles como el comienzo del periodo de la Iglesia, y no le han otorgado la debida consideración a lo que dice Hechos 3:19-26, que es el pivote alrededor del cual gira la verdad dispensacional. La misma luz se ha hecho con respecto a la expresión

Mateo 24:34  De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

Mateo 21:32  Porque vino a vosotros Juan en camino de justicia, y no le creísteis; pero los publicanos y las rameras le creyeron;(H) y vosotros, viendo esto, no os arrepentisteis después para creerle.

 

Los labradores malvados

(Mr. 12.1-12; Lc. 20.9-19)

 

 

ESTA GENERACIÓN

 

no pasará antes de que sucedan estas cosas.

 

Las dificultades aparecen cuando no se tiene en cuenta que el verbo que ha sido traducido como acontecer en Mateo 24:34 y en Lucas 21:32, no es el mismo que en Lucas 21:24, y que aunque lo fuese, era contingente en Hechos 3:19-26 (véase página siguiente).

 

 Mateo 24:34  De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

Lucas 21:32  De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

 

Lucas 21:24 Y caerán a filo de espada, y serán llevados cautivos a todas las naciones; y Jerusalén será hollada por los gentiles, hasta que los tiempos de los gentiles se cumplan.

 

 

Pero si pensamos en ello desaparecerán los obstáculos. Aquella generación pasó, pero no antes de que la señal dada por el Señor apareciese y aconteciese, porque vinieron muchos (como Juan testifica) en su nombre, asegurando ser Cristo, y Jerusalén y el templo fueron destruidos.

Esto nos lleva a considerar otras cosas que nos obligan a ver esa generación determinada bajo su carácter especial. Las personas de aquella generación fueron testigos del advenimiento del mensajero que había sido anunciado, preparando el camino del mismo Señor y cumpliendo las profecías de Isaías y Malaquías. La voz de Juan había clamado en el desierto (Isaías 40:2; Mateo 1:3; Lucas 3:4; Juan 1:23) y había preparado ciertamente el camino para el Señor. El banquete nupcial también había sido para ellos preparado también y Jehová había enviado a Sus siervos (Juan el Bautista y el Señor) para llamar a los que habían sido invitados (Mateo 22:3, etc.).

Isaías 40:2 RV 1960

2  Hablad al corazón de Jerusalén; decidle a voces que su tiempo es ya cumplido, que su pecado es perdonado; que doble ha recibido de la mano de Jehová por todos sus pecados.

 

Lucas 3:4   como está escrito en el libro de las palabras del profeta Isaías, que dice:

 Voz del que clama en el desierto:

 Preparad el camino del Señor;

 Enderezad sus sendas.

 

Mateo 22:3  y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.

 

Aquella generación disfrutó, por tanto de privilegios y de una posición muy especial, cuando el Señor testificó diciendo que los hombres de Sodoma y la Reina del Sur se levantarían en juicio y la condenarían debido precisamente a que habían disfrutado esos mismos privilegios especiales.

Juan el Bautista dio cumplimiento no solo a la maravillosa promesa hecha por medio de Isaías (40:3), sino a la promesa más solemne de Malaquías (4:5, 6) que estaba relacionada directamente con el día grande y temible de Jehová. El Señor mismo dijo que Juan era (es decir, representaba) aquel Elías que había de venir primero, porque vino con el espíritu y poder de Elías (Lucas 1:17), pero aquella generación no lo recibiría (Mateo 17:10-13).

Isaías 40:3 RV 1960

3  Voz que clama en el desierto: Preparad camino a Jehová; enderezad calzada en la soledad a nuestro Dios.(A)

 

Malaquías 4:5-6 RV 1960

5  He aquí, yo os envío el profeta Elías,(A) antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 6  El hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición.

 

Lucas 1:17  E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos,(C) y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

 

Mateo 17:10-13  Entonces sus discípulos le preguntaron, diciendo: ¿Por qué, pues, dicen los escribas que es necesario que Elías venga primero?(C) 11  Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene primero, y restaurará todas las cosas. 12  Mas os digo que Elías ya vino,(D) y no le conocieron, sino que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el Hijo del Hombre padecerá de ellos. 13  Entonces los discípulos comprendieron que les había hablado de Juan el Bautista.

 

Tan cierto era esto, que aquellos que pasan por alto la repetición y renovación de la promesa de los otros siervos (Mateo 22:4), los que le oyeron y dieron por segunda vez la invitación al arrepentimiento de Hechos 3:19-26, etc., creen y enseñan que las profecías de Malaquías e Isaías han sido ya cumplidas, y que los futuristas están equivocados al esperar un futuro cumplimiento de las mismas.

Mateo 22:4 4  Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.

 

Hechos 3:19-26 19  Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21  a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;(B) 23  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C) 24  Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25  Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.(D) 26  A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

No se dan cuenta de que el segundo repudio de los otros siervos, en los Hechos de los Apóstoles, hecho por aquella generación que tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron (Mateo 22:6), solamente servía para postergar la promesa de Hechos 3:19-26, y que, en este caso, los futuristas tienen razón al creer en la futura venida del Señor.

Mateo 22:6   y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.

Solamente aquellos que conceden el debido lugar a lo que dice Hechos 3 tienen una respuesta para aquellos que afirman y enseñan que el Señor vino cuando Jerusalén fue destruida. El resto se queda sin respuesta, porque son ¡insensatos y tardos de corazón para creer TODO lo que los profetas han dicho! - ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas y que entrara en su gloria? (Lucas 24:25, 26).

Lucas 24:25-26 25  Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho! 26  ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria?

Las profecías en cuanto los sufrimientos debieron de cumplirse por fuerza mayor, pero si el Señor vino cuando Jerusalén fue destruida, entonces las profecías sobre su gloria ¡aún no se han cumplido! A pesar de ser tan claras y detalladas como las profecías sobre los sufrimientos y deben tener, en el futuro, un cumplimiento que habrá de ser igualmente literal.

Así, pues, solamente cuando se le da la debida importancia a la segunda invitación hecha por los “otros siervos” a los que habían sido invitados, sobre aquella que el Señor mismo había ya extendido en vida y antes de ser recibido en gloria aguardando (Mateo 22:4), y que se le hizo al pueblo después, otra vez, en Hechos 3 (y a lo largo de todo el libro), podemos comprender lo que aquellos que habían oído al Señor tenían que confirmar; y observamos cómo concedían el debido lugar y prominencia a lo que habían escuchado de sus labios.

Mateo 22:4  Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.

Muchos son los creyentes que, al no tener en cuenta esta segunda invitación, encuentran grandes dificultades en varios pasajes en los cuales el Señor habló acerca de que volvería, en aquel entonces, de nuevo, y no aciertan a encajarlos con esa bendita esperanza revelada en las Epístolas posteriores de Pablo. Hablamos basándonos en la experiencia, y nos gozamos al haber descubierto en Hechos 3 la clave para la solución a dichas dificultades, y, al hacerlo así, la solución también de todos los relatos que son ignorados por la mayoría, al no encontrarles de otra forma explicación, o tratan de explicarlos ingeniosamente de una manera como si lamentasen que estuviesen expuestos así, en lugar de darse cuenta de que, a la luz de la condición expuesta en Hechos 3 del arrepentimiento de la nación, no podemos pasar sin ellos.

A la luz de lo anteriormente expuesto no nos queda más remedio que confesar que Juan el Bautista y el propio Señor hablaron del día del Señor como de algo inminente que estaba muy cercano. El Bautista habló de la ira venidera, más lo hizo como algo que estaba en un futuro distante, pero irremediable. Sus palabras fueron (literalmente) huid de la ira venidera (Mateo 3:7). Esa ira estaba relacionada con el día del Señor, de la cual aquellos que habían recibido la palabra (Hechos 2:41; 1ª Tesal.2:13) habían sido librados (1ª Tesal.1:10).

 

Mateo 3:7  Al ver él que muchos de los fariseos y de los saduceos venían a su bautismo, les decía: ¡Generación de víboras!(E) ¿Quién os enseñó a huir de la ira venidera?

 

Hechos 2:41  Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas.

 

1 Tesalonicenses 2:13  Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.

 

1 Tesalonicenses 1:10  y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

Si, por supuesto, aquella generación era realmente mala y perversa, más que las demás (Mateo 12:38, 39-45; Lucas 11:16, 24-36). Era una generación malvada y merecía la solemne reprensión del Señor (véase Mateo 12:38-45). Y los que escucharon sus palabras no pueden quedar excluidos de su interpretación e intención directa: Si no os arrepentís, todos pereceréis IGUALMENTE (Lucas 13:1-5).

Mateo 12:38-39 38  Entonces respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro, deseamos ver de ti señal.(O) 39  El respondió y les dijo: La generación mala y adúltera demanda señal;(P) pero señal no le será dada, sino la señal del profeta Jonás.

 

Mateo 12:45  Entonces va, y toma consigo otros siete espíritus peores que él, y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero. Así también acontecerá a esta mala generación.

 

Lucas 11:16-17 16  Otros, para tentarle, le pedían señal del cielo.(B) 17  Mas él, conociendo los pensamientos de ellos, les dijo: Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado; y una casa dividida contra sí misma, cae.

 

Lucas 11:24 RV 1960

24  Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí.

Lucas 11:36 Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.

 

Lucas 13:1-5  1 En este mismo tiempo estaban allí algunos que le contaban acerca de los galileos cuya sangre Pilato había mezclado con los sacrificios de ellos. 2  Respondiendo Jesús, les dijo: ¿Pensáis que estos galileos, porque padecieron tales cosas, eran más pecadores que todos los galileos? 3  Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente. 4  O aquellos dieciocho sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que eran más culpables que todos los hombres que habitan en Jerusalén? 5  Os digo: No; antes si no os arrepentís, todos pereceréis igualmente.

 

 

En otros lugares el Señor resaltó y puso de relevo la importancia dispensacional de esta generación.

¿A qué compararé (pregunta) esta generación? (Mateo 11:16).

Todo esto (dijo) vendrá sobre esta generación (Mateo 23:36).

Para que se demande de esta generación la sangre de todos los profetas (Lucas 11:50, 51).

Y ¿a qué era debido todo ello? A que el Hijo del Hombre había sido rechazado por esta generación (Mateo 8:38).

 

Otra importante expresión

 

EL FIN DE LA EDAD

(mal traducida también como el fin del mundo), lleva en sí la misma instrucción. Significa el fin de la era, de aquella particular Dispensación, que terminó con la destrucción de Jerusalén, que tuvo lugar poco después (año 70 D.C) de Hechos 28 y no podía referirse al final de la creación material.

Ahora tenemos

CUATRO PASAJES EXTRAORDINARIOS

En el Evangelio que, debido a traducción inadecuada, han dado pie a una serie de malos entendidos y malas interpretaciones acerca de la verdad dispensacional. Son Mateo 10:23; 16:28; 23:39 y 24:34.

 

1.     Mateo 10:23: porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre..

2.     Mateo 16:28: De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte,(a seguir, segunda cláusula) hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino

3.     Mateo 23:39: Porque os digo que desde ahora no me veréis, (a seguir, segunda cláusula) hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

4.     Mateo 24:34: DE cierto os digo que no pasará esta generación, (a seguir, segunda cláusula) hasta que todo esto acontezca.

 

En primer lugar, debemos fijarnos en que se nos llama la atención de una manera muy concreta sobre estas cuatro afirmaciones por medio de un enfático de cierto os digo, y tres de ellas van precedidas en el griego (y en la versión Inglesa) por la palabra, también enfática, verdaderamente. Vemos por tanto, la suprema importancia de estos cuatro versículos, y se nos advierte solemnemente que no debemos ignorarlos o restarles importancia, y mucho menos intentar interpretarlos de manera negligente, cambiándoles el sentido.

Para comenzar, informamos que en las primeras dos cláusulas, el negativo “no” no es un negativo corriente, sino que es el más fuerte que se puede utilizar, y que con frecuencia se traduce por de ninguna manera o en ningún modo. La inconsistencia al traducirlo por un “no” simple, en estos cuatro pasajes, ha hecho que la oscuridad que les rodea sea aún más profunda.

Además, en la segunda cláusula en ambos casos, hay una partícula griega (“un” o “una” hasta que) que siempre que se introduce produce y causa una impresión de incerteza, implica una condición y hace que toda la cláusula resulte hipotética.

Una vez que hemos expuesto el fenómeno relacionado con estos cuatro pasajes (los cuatro hasta que), podemos estudiarlos en su debido orden.

 

1.     Mateo 10:23

Cuando OS persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto OS digo, que NO ACABARÉIS de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre.

Mateo 10:23 RV 1960

23  Cuando os persigan en esta ciudad, huid a la otra; porque de cierto os digo, que no acabaréis de recorrer todas las ciudades de Israel, antes que venga el Hijo del Hombre.

Los futuristas que tratan el libro de los Hechos como si fuese el principio y fundación de la Iglesia se encuentran con una dificultad al leer este versículo, y la interpretación equivocada de estas dos cláusulas que tiene ha hecho que la dificultad sea mayor y aumente. Algunos pretenden resolverla osadamente asegurando que Mateo 10:1-5 se refería al pasado, cuando los doce discípulos recibieron su llamamiento y fueron enviados a predicar el Evangelio, y dicen al mismo tiempo que los versículos 16 a 23 se refieren al futuro, mientras que a partir del 24 vuelve a referirse al pasado; pero ésa es una manera puramente arbitraria de interpretarlo, ya que no hay garantía de que así fuese, ni mucho menos. Están interpretando las Escrituras a la ligera simplemente por el hecho de que no encajan con su propia opinión respecto a la interpretación profética.

Aquellos que opinan que los Hechos están relacionados con la fundación de la Iglesia no aceptan lo que dice Mateo 10:23, pero debería ser esencial para todos si la interpretación de los Hechos ha de ser correcta. De no ser así, demuestra que la interpretación está equivocada. Tomando este pasaje en relación con lo que dice en Hechos 3 y creyendo que “Israel” significa eso mismo: “Israel”, Mateo 10:23 está lleno de enseñanza, especialmente cuando nos fijamos en el significado del griego.

Para empezar, la palabra no, como ya hemos dicho es peculiar y es el negativo más enfático que se puede usar. Fijémonos en su relación en este caso. Lo que es absolutamente seguro aquí es que los doce, a los que el Señor pasó su encargo, no deberían de ningún modo completar su misión hasta que algún acontecimiento contingente tuviese lugar.

En segundo lugar, lo que es cierto en cuanto a la primera cláusula, es inseguro o condicional en la segunda. En este caso hay una palabra corta, una partícula (un), que no tiene significado por sí sola a la hora de traducirla, pero que, siempre que se utiliza, hace que toda la frase o cláusula sea condicional. Es la que aparece en la segunda cláusula: Hasta que (un) = tal vez) haya venido el Hijo del Hombre. O su efecto pueda transferirse al verbo, que podría entonces interpretarse como haya podido venir. En cualquier caso, el significado es que en la primera cláusula es seguro, pero la segunda no, sino condicional o hipotético.

Los doce quedan avisados y seguros de que de ningún modo acabarían de recorrer todas las ciudades de Israel. Eso era un hecho seguro. Pero la venida del Hijo del Hombre era dudosa, porque se efectuaría solo bajo la condición del arrepentimiento de la nación, en respuesta a la proclamación de Pedro en Hechos 3. Si lo leemos de este modo, no estamos, simplemente, deshaciéndonos de una dificultad (como si lamentásemos que estuviese ahí, pero como lo está, debemos hacer todo lo posible por evidenciarla), sino que además recibimos una verdadera enseñanza.

Sin embargo, todo esto resulta en vano siempre que estemos obsesionados por la tradición de los antiguos y actuales “predicadores”, según los cuales La Iglesia comenzó durante los tiempos de Pentecostés. Esto resulta fatal a la hora de comprender como es debido la verdad dispensacional; y se puede decir que es tan grotesco el error como el velo sobre los ojos de los creyentes gentiles, y queda tan ajustado sobre sus ojos como el velo que tenían puesto sobre sus ojos los judíos incrédulos, que no ven a Cristo en el Antiguo Testamento.

Otros intentan resolver la dificultad diciendo que el Señor vendría siguiéndoles en aquellas ciudades; pero la venida del Hijo del Hombre era un suceso futuro y no podía referirse a Él porque Él estaba presente. El Señor ya había venido. ¡Ya estaba allí! No había ninguna eventualidad en ello. Pero la venida a que refería si estaba en el futuro, hasta ahora, a unos dos mil años de distancia, y dependía del arrepentimiento de Israel.

Lo que aprendemos en Mateo 10:23 es que fueron los doce los que recibieron la comisión y no otros. Eran ellos los que no podían de manera ninguna haber completado su misión. Habían sido enviados a las ciudades de Israel, no a todo el mundo (en aquellos momentos). Está relacionado con lo que hubiese sido su propia segunda venida que habría tan en breve de suceder.

Volvemos a insistir en que, si lo leemos a la luz de lo que dice Hechos 3, Mateo 10:23 deja de ser una dificultad con la que tenemos que enfrentarnos y se convierte en una Escritura que precisamos a fin de aclarar lo que dice en otros lugares de la Biblia. Ya no se trata de un argumento para aquellos que se oponen a nuestra bendita esperanza usándolo para demostrar que el Señor ha venido ya.

 

2.     MATEO 16:27, 28

Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras. De cierto OS digo que hay algunos de los que están aquí, que NO gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

Aquí tenemos una vez más (1) la proximidad de la venida a la que se refiere. No es el tiempo futuro del verbo “venir”, sino el tiempo presente del verbo mellô, a punto de suceder, y la modalidad infinitiva del verbo erchomai, venir, y los dos juntos significan como lo hemos traducido anteriormente a punto de venir.

A continuación tenemos (2) la seguridad del negativo por partida doble: En modo alguno o de ninguna manera (que no es simplemente decir “no”), y se utiliza como una afirmación rotunda sobre el hecho de que algunos de los que estaban allí presentes no morirían de ningún modo sin haber sido testigos del cumplimiento de la venida que había sido prometida.

El anuncio o muestra de lo que había de venir, seis días después, no necesitó de una aseveración tan enfática como el caso anterior, y mucho menos se podía usar por la venida, que distaba entonces, hasta ahora, más de dos mil años. A pesar de lo cual la afirmación es tan positiva que los infieles no dudan en asegurar que el Señor engañó a sus discípulos, porque (dicen ellos) todavía no ha venido.

Por tanto, los teólogos y los paganos siguen el mismo camino. Los unos negando la interpretación de los futuristas, asegurando que el Señor VINO YA cuando Jerusalén fue destruida, y los otros defendiendo la verdad de las palabras del Señor, al propio tiempo que mantienen la otra verdad diciendo que aún no ha venido, usando, una verdad para desbaratar otra verdad.

Tales son los estragos que hacen con las Escrituras por no querer admitir la parábola sobre la invitación al banquete nupcial y su cumplimiento en los Hechos de los Apóstoles. Ambas clases de interpretaciones son insensatas, por no creer en TODO lo que hablaron los profetas.

Ambas ignoran por igual (3) esa partícula que resulta imposible traducir un, que hace que la venida sea algo inseguro y condicional, en contraste con lo cierto del hecho de que, algunos, no habrían de gustar la muerte hasta que lo inseguro de la condición hubiese quedado definido y aclarado.

Vemos, por tanto, cuán cierta es esta Escritura (Mateo 16:28). Algunos de los que estaban allí presentes no hubieran muerto hasta haber visto al Señor venir en la gloria de su reino, de haberse arrepentido Israel después de la proclamación hecha por Pedro en Hechos 3.

Es cierto (como hemos mencionado ya en otro lugar) que la Transfiguración fue una muestra de lo que habría de ser aquella gloria venidera. Pedro da testimonio de ello (2ª Pedro 1:16), pero la Transfiguración no agotó lo dicho en Mateo 16:27, 28, porque el Señor no vino con sus ángeles ni hubo juicio alguno de cada uno conforme a sus obras.

 

3.     MATEO 23:39

Porque os digo que desde ahora no me veréis más, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

Una vez más aquí estamos seguros de la primera cláusula, pero no así en lo que respecta  a la segunda. Fue, sin duda, esta seguridad lo que hizo que sus discípulos llamasen la atención de Jesús sobre los edificios del templo, al salir de él (24:1), y fue entonces cuando el Señor explicó con más claridad lo que implicaba la palabra derribar.

La segunda cláusula daba pie a las dudas porque la partícula una se refiere a la condición de la que dependía, que era el arrepentimiento de la nación cuando esté dispuesta a decir: Bendito el que viene en el nombre del Señor.

 

4.     MATEO 24:34

De cierto OS digo que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

Una vez más nos encontramos la misma aseveración divina en cuanto al peso que tiene la verdad de este versículo y a las mismas dos palabras en las cláusulas respectivas. En la primera tenemos certeza enfática en lo que se refiere a la continuación de esa generación hasta que cumplieran una condición insegura.

Quizá no hubiese sido necesario resaltar o enfatizar tanto, en nuestro escrito anterior, el significado exacto del verbo que se refiere a la aparición de la primera  señal de la tribulación. Porque en ella se halla la misma partícula una que hace que la segunda cláusula sea contingente (debido a que dependía del arrepentimiento de la nación). De haberse arrepentido la nación, TODO lo que habían dicho los profetas se hubiese cumplido entonces y no habría pasado aquella generación sin haber presenciado el cumplimiento.

En una sección anterior tratamos largamente esta importante y última profecía del Señor en el monte de los Olivos y vimos que, debido a que no se cumplió la condición del arrepentimiento del pueblo de Israel, todo quedó postergado después de la primera señal preliminar del comienzo que había hecho ya su participación.

No podemos ignorar el hecho de que Jesús les habló directamente a los israelitas, ni imaginarnos que el Señor no les habló a ellos, o que simplemente se refería o hablaba de nosotros, en la actualidad, o a alguna generación venidera. Resulta todo mucho más sencillo y fiel a la verdad que aceptemos todas las palabras pronunciadas por el Señor de manera literal, cosa que podemos hacer cuando las consideramos en su orden cronológico y nos fijamos en las ventajas que disfrutamos tomando en cuenta Hechos 3:19-28 y el capítulo 28 de ese libro.

Si lo hacemos así, tendremos al mismo tiempo la respuesta que dar a los que afirman que los versículos (Mateo 24:29-31; Marcos 13:24-27; Lucas 21:25-28) que hablan acerca de la venida del Hijo del Hombre en poder y gran gloria, hacen referencia a la destrucción de Jerusalén, porque vemos que nada de lo que sucedió en aquel acontecimiento solemne podría, ni por un momento, satisfacer las palabras del Señor, que fueron tan claras, enfáticas y solemnes. En aquel entonces todo aquello era inminente. No es posible que el mandamiento de estar a la espera, repetido en varias ocasiones, ¡fuese dirigido a nosotros! Aquellos que lo escucharon con tanta frecuencia no pueden ser excluidos como si no les afectase para nada; ¿cómo sería posible, a menos que fuese de la manera y bajo las condiciones que estamos intentando enfatizar?

Sin duda alguna, la interpretación dada al mandamiento de estar a la expectativa y las demás expresiones que hemos estudiado les pertenecían a la particular generación de manera exclusiva, aunque también nosotros podamos aplicarnos esas palabras.

Algunas de las otras palabras dichas por el Señor (en los tres primeros Evangelios) las podemos tener en cuenta en relación a esos cuatro hasta que.

 

LUCAS 18:7, 8

¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia.

Una vez más el Señor estaba hablando al pueblo de Israel, y si bien esa venganza era, por lo que podemos deducir el pasaje, algo que en aquellos tiempos estaba cercano, debido al aplazamiento por causa de la falta de arrepentimiento de Israel, después del llamamiento hecho por Pedro en Hechos 3 la venganza a favor de Sus elegidos es “todavía” un hecho certero, pero futuro (véase 2ª Tesal.1:4-10).

1 Tesalonicenses 1:4-10 4  Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; 5  pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu Santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros. 6  Y vosotros vinisteis a ser imitadores de nosotros y del Señor, recibiendo la palabra en medio de gran tribulación,(B) con gozo del Espíritu Santo, 7  de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído. 8  Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada; 9  porque ellos mismos cuentan de nosotros la manera en que nos recibisteis, y cómo os convertisteis de los ídolos a Dios, para servir al Dios vivo y verdadero, 10  y esperar de los cielos a su Hijo, al cual resucitó de los muertos, a Jesús, quien nos libra de la ira venidera.

Y la pregunta que encontramos al final de la parábola tendrá una respuesta tan solemne en el futuro como la hubiese tenido en el pasado, de haberse cumplido la condición. Pero, cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?

 

Mateo 19; 28  Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria,(K) vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.(L)

La regeneración a la que aquí se refiere el Señor pertenece a los mismos tiempos de refrigerio y de restauración, como vemos en Hechos 3:19, 21. En Marcos 10:30 y Lucas 18:30 se llama a la misma clase de regeneración el siglo venidero, o más bien la edad que está por venir.

Hechos 3:19-21 19  Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21  a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.

 

Marcos 10:30   que no reciba cien veces más ahora en este tiempo; casas, hermanos, hermanas, madres, hijos, y tierras, con persecuciones; y en el siglo venidero la vida eterna.

 

Lucas 18:30   que no haya de recibir mucho más en este tiempo, y en el siglo venidero la vida eterna.

 

 

 

Las parábolas acerca de las minas (en Lucas 19:13-27), los labradores malvados (Mateo 21:33-46; Marcos 12:1-12 y Lucas 20:9-19); la fiesta de las bodas del hijo del rey (Mateo 22:1-14), tienen todas el mismo primer plano y esperan el día del juicio como algo que tendrá lugar en un futuro no muy lejano.

Lucas 19:13-27 13  Y llamando a diez siervos suyos, les dio diez minas,[a] y les dijo: Negociad entre tanto que vengo. 14  Pero sus conciudadanos le aborrecían, y enviaron tras él una embajada, diciendo: No queremos que éste reine sobre nosotros. 15  Aconteció que vuelto él, después de recibir el reino, mandó llamar ante él a aquellos siervos a los cuales había dado el dinero, para saber lo que había negociado cada uno. 16  Vino el primero, diciendo: Señor, tu mina ha ganado diez minas. 17  El le dijo: Está bien, buen siervo; por cuanto en lo poco has sido fiel, tendrás autoridad sobre diez ciudades. 18  Vino otro, diciendo: Señor, tu mina ha producido cinco minas. 19  Y también a éste dijo: Tú también sé sobre cinco ciudades. 20  Vino otro, diciendo: Señor, aquí está tu mina, la cual he tenido guardada en un pañuelo; 21  porque tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste. 22  Entonces él le dijo: Mal siervo, por tu propia boca te juzgo. Sabías que yo era hombre severo, que tomo lo que no puse, y que siego lo que no sembré; 23  ¿por qué, pues, no pusiste mi dinero en el banco, para que al volver yo, lo hubiera recibido con los intereses? 24  Y dijo a los que estaban presentes: Quitadle la mina, y dadla al que tiene las diez minas. 25  Ellos le dijeron: Señor, tiene diez minas. 26  Pues yo os digo que a todo el que tiene, se le dará; mas al que no tiene, aun lo que tiene se le quitará.(B) 27  Y también a aquellos mis enemigos que no querían que yo reinase sobre ellos, traedlos acá, y decapitadlos delante de mí.(C)

 

Mateo 21:33-44 33  Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña,(I) la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos. 34  Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos. 35  Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon. 36  Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera. 37  Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo. 38  Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad. 39  Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron. 40  Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores? 41  Le dijeron: A los malos destruirá sin misericordia, y arrendará su viña a otros labradores, que le paguen el fruto a su tiempo. 42  Jesús les dijo: ¿Nunca leísteis en las Escrituras:

 La piedra que desecharon los edificadores,

 Ha venido a ser cabeza del ángulo.

 El Señor ha hecho esto,

 Y es cosa maravillosa a nuestros ojos?(J) 43  Por tanto os digo, que el reino de Dios será quitado de vosotros, y será dado a gente que produzca los frutos de él. 44  Y el que cayere sobre esta piedra será quebrantado; y sobre quien ella cayere, le desmenuzará.

 

Mateo 22:1-14 1  Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo: 2  El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo; 3  y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir. 4  Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas. 5  Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; 6  y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. 7  Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad. 8  Entonces dijo a sus siervos: Las bodas a la verdad están preparadas; mas los que fueron convidados no eran dignos. 9  Id, pues, a las salidas de los caminos, y llamad a las bodas a cuantos halléis. 10  Y saliendo los siervos por los caminos, juntaron a todos los que hallaron, juntamente malos y buenos; y las bodas fueron llenas de convidados. 11  Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. 12  Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció. 13  Entonces el rey dijo a los que servían: Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes.(A) 14  Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

 

 

 

SIERVO FIEL

Enfatiza de un modo muy especial la inminencia de la venida del Señor como motivo para estar alerta a aquella generación (Mateo 24:43-51; Marcos 13:34-37; Lucas 12:39-46). De otro modo, ¿en qué consistía el pecado de ellos al decir: Mi Señor tarda en venir?

Mateo 24:43-51 43  Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. 44  Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis.(L) 45  ¿Quién es, pues, el siervo fiel y prudente, al cual puso su señor sobre su casa para que les dé el alimento a tiempo? 46  Bienaventurado aquel siervo al cual, cuando su señor venga, le halle haciendo así. 47  De cierto os digo que sobre todos sus bienes le pondrá. 48  Pero si aquel siervo malo dijere en su corazón: Mi señor tarda en venir; 49  y comenzare a golpear a sus consiervos, y aun a comer y a beber con los borrachos, 50  vendrá el señor de aquel siervo en día que éste no espera, y a la hora que no sabe, 51  y lo castigará duramente, y pondrá su parte con los hipócritas; allí será el lloro y el crujir de dientes.

 

 

LA PARÁBOLA DE LAS DIEZ VÍRGENES (Mateo 15:1-13) nos enseña toda una lección en la palabra velad, y su referencia especial a aquellos que oyeron las palabras del Señor: porque no sabéis el día ni la hora (ni el año ni el siglo) en que el Hijo del Hombre ha de venir (vers.13).

Mateo 15:1-13 1 Entonces se acercaron a Jesús ciertos escribas y fariseos de Jerusalén, diciendo: 2  ¿Por qué tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque no se lavan las manos cuando comen pan. 3  Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? 4  Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre;(A) y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.(B) 5  Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, 6  ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. 7   Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:  8  Este pueblo de labios me honra;

 Mas su corazón está lejos de mí. 9  Pues en vano me honran,

 Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.(C) 10  Y llamando a sí a la multitud, les dijo: Oíd, y entended: 11  No lo que entra en la boca contamina al hombre; mas lo que sale de la boca, esto contamina al hombre. 12  Entonces acercándose sus discípulos, le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se ofendieron cuando oyeron esta palabra? 13  Pero respondiendo él, dijo: Toda planta que no plantó mi Padre celestial, será desarraigada.

 

LA ÚLTIMA COMISIÓN APOSTÓLICA

Mateo 28:19-20; Marcos 16:15-20; Lucas 24:47

Mateo 28:19-20 19  Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones,(B) bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20  enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.

 

Marcos 16:15-20 15  Y les dijo: Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura.(B) 16  El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado. 17  Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; 18  tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán. 

 

Lucas 24:47   y que se predicase en su nombre el arrepentimiento y el perdón de pecados en todas las naciones, comenzando desde Jerusalén.

En relación con la entonces inminente venida del Hijo del Hombre, estas palabras poseen un significado comprensible, especialmente apropiadas para los que le oyeron y a los cuales se dirigieron (sea cual sea la aplicación que puedan tener para nosotros). Debemos de interpretar las palabras en el sentido que fueron comprendidas los que las oyeron y que es, además, un sentido que no tendrían para otras personas. La promesa acerca de la presencia física del Señor entre ellos se refería a todos los días, hasta el fin de los tiempos; es decir, de aquella Dispensación.

Al leer estas palabras debemos acompañarlas con la lectura de Romanos 10:18 y Colosenses 1:6, pero será mejor estudiarlas en relación con una división subsecuente a nuestro tema el testimonio dado por Dios al del testimonio que fue confirmado por los que habían escuchado las palabras que Su Hijo había pronunciado.

Romanos 10:18  Pero digo: ¿No han oído? Antes bien,

 Por toda la tierra ha salido la voz de ellos,

 Y hasta los fines de la tierra sus palabras.(G)

 

Colosenses 1:6 6  que ha llegado hasta vosotros, así como a todo el mundo, y lleva fruto y crece también en vosotros, desde el día que oísteis y conocisteis la gracia de Dios en verdad,

Y el resto de los que oyeron es algo que debemos dejar para la consideración o estudio de las palabras del Señor en el Evangelio de Juan, que veremos en la próxima sección.

 

 

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7- POR MEDIO

DE LOS QUE LE OYERON

Hebreos (2:3)

 

Hebreos 2:3   ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

 

LO QUE OYERON

 

 

EL EVANGELIO DE JUAN

 

Es un hecho comúnmente admitido que el Evangelio de Juan fue escrito en una fecha bastante posterior a la de los otros tres; y lo que ya hemos dicho sobre 1ª Juan 2:18 es una poderosa evidencia de que sus Epístolas, así como el Evangelio, fueron escritas al final de aquella Dispensación, que tocó a su fin con la destrucción de Jerusalén (año 70 D.C). En cualquier caso, el testimonio de Juan en cuanto a lo que oyó del Señor debe ocupar un lugar importante en el tema que estamos estudiando.

1 Juan 2:18  Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo.

En el primer capítulo aparece el anuncio de un cielo abierto, en las palabras que nuestro Señor dirigió a Natanael (1:51), que es la primera de las veinticinco declaraciones solemnes que comienzan con el doble De cierto (diez de ellas a sus discípulos y las quince restantes a otras personas). DE cierto, de cierto os digo: De aquí en adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden sobre el Hijo del Hombre (Juan 1:51).

Juan 1:51   Y le dijo: De cierto, de cierto os digo: De aquí adelante veréis el cielo abierto, y a los ángeles de Dios que suben y descienden(E) sobre el Hijo del Hombre.

Durante muchísimos años los cielos habían estado cerrados y no se había visto a ningún visitante celestial desde que se le dijo a Daniel que sellase la visión. No se había oído la voz de ningún profeta desde que Malaquías cerró los libros proféticos, pero había llegado el momento cuando todas las cosas que habían escrito los profetas habían de cumplirse. Los siervos habían sido enviados a llamar a los convidados a las bodas (Mateo 22:3).

Mateo 22:3  y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.

El cambio de Dispensación debía caracterizarse por un cielo abierto. De cierto, de cierto es un anuncio solemne, que no se refiere a un suceso en un futuro distante, para el que faltasen aun dos mil años, sino presente (griego, ap´arti), de ahora en adelante. Tanto si ha de retenerse en la próxima Dispensación o no, el significado sigue siendo el mismo y no sufre por eso alteración; era algo que Natanael y otros, que oyeron las palabras del Señor, habrían de presenciar. Jesús habría de ser atendido por los visitantes celestiales proclamando la apertura y comienzo de las actividades celestiales.

Esto era algo que ya había sido anunciado previamente, pues los profetas habían testificado que su venida habría de ir acompañada por sus santos ángeles (Zacarías 14:5; Marcos 8:38; Lucas 9:26).

Zacarías 14:5  Y huiréis al valle de los montes, porque el valle de los montes llegará hasta Azal; huiréis de la manera que huisteis por causa del terremoto en los días de Uzías rey de Judá; y vendrá Jehová mi Dios, y con él todos los santos.

 

Marcos 8:38  Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras en esta generación adúltera y pecadora, el Hijo del Hombre se avergonzará también de él, cuando venga en la gloria de su Padre con los santos ángeles.

 

Lucas 9:26  Porque el que se avergonzare de mí y de mis palabras, de éste se avergonzará el Hijo del Hombre cuando venga en su gloria, y en la del Padre, y de los santos ángeles.

 

Los ángeles se habían aparecido ya a José (Mateo 1:20, 24; 2:13, 19), a Zacarías (Lucas 1:11), a María (Lucas 1:26), a los pastores (Lucas 2:10). Además los ángeles vinieron y sirvieron al Señor mismo (Mateo 4:11; Lucas 22:43).

 

Mateo 1:20 RV 1960

20  Y pensando él en esto, he aquí un ángel del Señor le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque lo que en ella es engendrado, del Espíritu Santo es.

 

Mateo 1:24 RV 1960

24  Y despertando José del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y recibió a su mujer.

 

Mateo 2:13  Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo.

 

Mateo 2:19  Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto,

 

Lucas 1:11  Y se le apareció un ángel del Señor puesto en pie a la derecha del altar del incienso.

 

Lucas 1:26   Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret,

 

Mateo 4:11  El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.

 

Lucas 22:43   Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle.

 

Era verdaderamente la venida del Señor, pero era menester que primero sufriese, antes de que entrase en su gloria. Estas dos cosas, los sufrimientos y la gloria, han ido siempre íntimamente ligadas entre sí, pues cuando mencionó por primera vez sus sufrimientos (Mateo 16:21) mencionó de inmediato la gloria (vers.27). Preguntó a sus discípulos que iban de camino a Emaús: ¿No era necesario que el Cristo padeciera estas cosas, y que entrara en su gloria? (Lucas 24:26).

Mateo 16:21   Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.

 

Mateo 16:21  Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.

 

Mateo 16:27   Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles,(L) y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.(M)

 

El Espíritu Santo se refiere a esto como a la base de la promesa de la promesa de la gloria venidera en Hechos 3:18: Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que Su Cristo había de padecer. Así que arrepentíos, etc.

No había nada ya que demorase la gloria venidera, a excepción del arrepentimiento de Israel. El nuevo pacto se había realizado para la remisión de los pecados (Mateo 26:28). Arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados (Hechos 3:19).

Los otros siervos (de Mateo 22:4) eran enviados con una renovada invitación: todo está dispuesto y preparado; venid a las bodas. Lo único que faltaba era que Israel se arrepintiese, era la única condición para que recibiesen la bendición nacional. Las glorias que vendrían (1ª Pedro 1:11) y la salvación tan grande estaban listas para su revelación (1ª Pedro 1:5). Por eso es por lo que en el Evangelio de Juan se da a entender que el fin está próximo y la primera referencia que a él se hace comienza diciendo de cierto, de cierto (Juan 5:25): De cierto, de cierto os digo: Viene la hora y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán (es decir, vivirán de nuevo en la vida de resurrección).

No había nada que lo impidiese, excepto el rechazo del Rey y del Reino; y durante aquella primera parte del ministerio del Señor no había aún nada que mostrase cuáles habrían de ser los resultados de la proclamación. De haber sido obedecido el llamamiento por la nación hecho por Juan el Bautista y el Señor al arrepentimiento, la resurrección hubiese sido una de las cosas que habrían acontecido, puesto que formaba parte de todas las cosas acerca de las cuales habían hablado ya los profetas, como Pedro testificó. También Pablo la estaba esperando (Hechos 24:15; 1ª Tesal.4:16).

Hechos 24:15   teniendo esperanza en Dios, la cual ellos también abrigan, de que ha de haber resurrección de los muertos, así de justos como de injustos.

 

1 Tesalonicenses 4:16  Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Mientras que en otros Evangelios las declaraciones están relacionadas con el juicio que habría de tener lugar, en Juan ese juicio va asociado a la resurrección, y de inmediato lo asocia, además, con su carácter judicial.

Fijémonos, en este sentido, en dos de los títulos del Señor, que muestran la relación que tiene con ambas cosas, el juicio y la resurrección.

Siendo aquel que tenía que resucitar a los muertos, es el Hijo de Dios. Como juez de los hombres, es el Hijo del Hombre, tal y como testifica Pablo en Hechos 17:31. Dios dice: por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por AQUEL VARÓN a quién designó, dando fe a todos con haberle levantado de (entre) los muertos.

En Juan 5:25 el Señor dijo que la hora para que así sucediese ahora es. El momento o Dispensación había llegado y Él, que es el juez de los hombres, estaba allí presente, con el poder del Hijo de Dios para levantar a los muertos y con la autoridad del Hijo del Hombre para juzgar a los muertos y a los vivos.

En el versículo 26 nos explica la razón: Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo (27) y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. (28) No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; más los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.

Juan 5:25-28 25  De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán. 26  Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo; 27  y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre. 28  No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz;

Ninguno de nuestros lectores tiene dudas acerca de la naturaleza de la resurrección sobre la que se habla en este caso. Es una resurrección real y literal de los que han muerto y han sido enterrados, no es una resurrección espiritual, como algunos han afirmado. Visto bajo este prisma, el vers.24 se destaca claramente en lo que en aquel entonces era su interpretación literal, mientras que su aplicación a los creyentes actuales no queda perjudicada.

De cierto, de cierto os digo que el que oyere mi palabra, y cree en el que me envió, tiene vida eterna, y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida.

 El único paso que conoce la Escritura es el pasar a la vida, por medio de la resurrección, no por medio de la muerte. ¡Esta última afirmación es una nueva nomenclatura, derivada del Espiritismo! Para aquellos que habían oído la palabra del Señor Jesús, y la recibieron, y creyeron al Padre que le envió, no había ninguna necesidad de pasar por la muerte. Ese es un hecho de profunda importancia, y este hecho tan maravilloso queda clara y definitivamente explicado más adelante en Juan 11:24, 25.

Juan 11:24-25 24  Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. 25  Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

 

 Allí el Señor (como hemos visto en una sección anterior) declaró que Él propio era la resurrección y por eso, aunque los creyentes mueran, vivirán de nuevo una vida de resurrección; y además también dice que es la vida y, gracias a eso, los que estuviesen con vida no tendrían que pasar para nada por la muerte.

Si la nación se hubiese arrepentido, todas las profecías de las Escrituras se habrían cumplido, incluyendo la resurrección y el juicio, pero los que habían creído se encontraban en una nueva posición. Eran ya hijos de resurrección, habían sido iluminados, habían probado el don celestial, se habían convertido en partícipes de poder espiritual, habían probado la buena palabra de Dios y la obra milagrosa de la edad venidera (Hebreos 6:4, 5).

Hebreos 6:4-5 4  Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo, 5  y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,

Pablo expuso esta buena palabra en la primera Epístola que escribió (1ª Tesalonicenses), y aseguró también a aquellos que recibían la palabra que para ellos había una nueva esperanza. Si morían, podían estar seguros de una resurrección, mientras que, los que estuviesen todavía en vida no pasarían antes de los primeros y, luego, tanto los unos como los otros serían tomados en las nubes para encontrarse con el Señor.

El aguijón de la muerte ya no podía dañarles (al menos en lo que se refiere a la certeza de la esperanza) y estaba esperándoles una gloriosa victoria sobre el sepulcro. El mundo venidero, que iba a ser revelado en breve (Hebreos 2:5), estaba lleno de una gloriosa y bendita esperanza. No iría a estar sujeto a los ángeles, sino a los hijos de la resurrección (1ª Cor.6:2, 3).

Hebreos 2:5  Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando;

 

1 Corintios 2:2-3 2  Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. 3  Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor;(A)

Era ciertamente posible que muchos de los que habían escuchado las palabras del Señor estuviesen aún con vida y permaneciesen hasta el inminente final de aquella era o edad, y por eso pudiesen entrar en las glorias de la era venidera, si la nación se hubiese arrepentido después de la proclamación de los otros siervos (Mateo 22:1, 2 y los Hechos).

Cuando el Señor informó a Pedro en cuanto a la clase de muerte por la que debía pasar, Pedro le preguntó acerca de la muerte por la que tendría que pasar Juan. Señor, ¿qué hay de éste? Refiriéndose a Juan. El Señor le contestó: Si quiero que permanezca hasta que yo venga ¿qué a ti? Por tanto, se corrió la voz entre los hermanos de que el discípulo aquel no moriría; aunque no fuese eso lo que quiso decir el Señor, sino Si quiero (condicional) que el permanezca hasta que yo venga…lo que implica es que todos estaban consciente de la inminencia de la venida.

En el momento en que nos damos cuenta de que la venida a la que se refiere era un suceso, que podía tener lugar dentro del límite de aquella generación existente, no solamente desaparecen las diferentes interpretaciones de esta Escritura, sino que todo lo que había sido dicho se destaca con toda claridad y sencillez.

Viendo que el Señor no podía de ninguna manera querer decir que era posible que Juan permaneciera con vida durante unos dos mil años o más, los teólogos no han podido comprender, o aceptar, las palabras en su sentido evidente, natural y sencillo. Pero una vez que nos damos cuenta de que la venida del Señor podía de hecho haber sucedido durante la vida de algunos de los presentes, al menos, de sus discípulos (de entre los cuales Juan era uno de ellos) (Mateo 16:27, 28), todas las dificultades y misterios desaparecen.

En cuanto a Pedro, le fue dicho claramente y, por lo tanto, él sabía que moriría y da testimonio de ello (2ª Pedro 1:14, 15).

1 Pedro 1:14-15 14  como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes teníais estando en vuestra ignorancia; 15  sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir;

De ahí su impulsiva curiosidad por saber lo que habría de acontecerle a Juan. La respuesta, un tanto velada, del Señor fue como un freno a su interrogante entrometida, pero los discípulos evidentemente entendieron que lo que quería decir el Señor era que Juan no gustaría la muerte hasta que no hubiese presenciado el regreso del Señor, como dice anteriormente en Mateo 16:27, 28.

Mateo 16:27-28 27  Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles,(L) y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.(M) 28  De cierto os digo que hay algunos de los que están aquí, que no gustarán la muerte, hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo en su reino.

 El lenguaje está aquí igualmente claro Si yo deseo que permanezca hasta que yo venga. No es de sorprender que los discípulos que habían oído las palabras de Mateo 16:27, 28 comprendiesen las palabras de Juan 21:22, 23 en el mismo sentido.

Juan 21:22-23 22  Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú. 23  Este dicho se extendió entonces entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús no le dijo que no moriría, sino: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti?

 

Juan 11:24-25 24  Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero. 25  Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.

El que Juan estuviese vivo y permaneciese, como lo dijo el Señor después en Juan 11:24, 25, y como el Espíritu Santo, por boca de Pablo, lo dijo en 1ª Tesal.4:16, lo sugiere como algo probable (no lo asume, sencillamente lo da como probable) que Juan fuese uno de los que no habrían de gustar la muerte. El Señor no lo niega, pero eso tampoco implica que Juan pudiese vivir durante cerca de dos mil años.

Si Pablo pudo escribirles a aquellos que habían perseverado en la doctrina (la misma frase que en Hechos 2:41, y 1ª Tesal.2:13) en Tesalónica, diciendo: NOSOTROS los que estemos vivos y permanecemos hasta la venida del Señor, sin duda alguna no sería nada extraño que los discípulos entendiesen de ese modo las palabras del Señor respecto a Juan.

En este Evangelio (porque fue el propio Juan quien escribió las palabras) el mismo Señor asociaba constantemente esos tres conceptos: LA RESURRECCIÓN, el JUICIO, y el DÍA FINAL. Esta frase el día final es típica del cuarto Evangelio, ya que en los otros  Evangelios dice nada más el día, el día del juicio, el final de los tiempos, todo lo cual se refería al final de aquella Dispensación que estaba rápidamente tocando a su fin. Estas expresiones, tomadas con relación a lo que se dice acerca de ellas, no podían en ningún modo, referirse al final futuro de la creación material, para la cual quedaban aún más de dos mil años.

Todo lo que fue dicho no fue sencillamente profecía, sino una enseñanza práctica, específicamente en lo que se refiere a aquellos tiempos, que aún estaban presentes, y de especial valor e importancia para los que lo oyeron. Todos estos diferentes términos, juntamente con la parousia, son sinónimos y contemporáneos, y están relacionados con el final de aquella era y con lo que el Señor continuamente llama esta generación.

En Juan fue el pensamiento del juicio y la resurrección lo que estaba entonces especialmente relacionado con el inevitable y cercano fin de la oikonomia, dispensación judía. Fíjense con cuanta frecuencia el Señor se refiere a su final.

Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero (Juan 6:39).

Y esta es la voluntad de aquel que me ha enviado: Que todo aquel que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le resucitaré en el día postrero (Juan 6:40)

Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo lo resucitaré en el día postrero (Juan 6:44).

Marta le dijo: Yo sé que resucitará en la resurrección, en el día postrero (Juan 11:24).

El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero (Juan 12:48)

Un niño podría entender con toda naturalidad que el Señor estaba dando una enseñanza de vital importancia práctica a los que le oyeron y que se refería a lo que debía suceder en muy poco tiempo y no acerca de algo que demoraría siglos en pasar.

Tomadas por separado, aparte de lo que fue revelado después, no es fácil comprender el que muchos argumenten, y hasta lleguen a creer, que el Señor vino, de hecho, al final de aquella era (o Dispensación) que terminó con la destrucción de Jerusalén. Pero los que lo afirman y lo enseñan ignoran por completo la solemne eventualidad categóricamente mencionada por el Señor mismo y más adelante proclamada abierta y públicamente por Pedro en Hechos 3:19-26.

 

Hechos 3:19-26 19  Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21  a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;(B) 23  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C) 24  Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25  Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.(D) 26  A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

Si Dios no hubiese hecho del arrepentimiento nacional una condición indispensable para borrar sus pecados, para enviar a Jesucristo y para cumplir todo los que los profetas habían anunciado ya, habría razón para creer, equivocadamente, que Cristo fue de hecho enviado, cuando Jerusalén fue destruida.

Pero es imposible que cortemos como con un cuchillo ese importante pasaje de las Escrituras y que tratemos la Biblia como si esas palabras nunca hubiesen sido escritas. Nunca hemos visto mencionado por escrito lo que dice Hechos 3 en los libros de los que se atreven a exponer esas falsas enseñanzas, pero Hechos 3 también es igualmente ignorado por aquellos que esperan que hoy esperan la venida del Señor para que se cumpla para ellos esa bendita esperanza. Estos pasan por alto no solamente lo que dice Hechos 3, sino todas estas palabras del Señor que estamos estudiando y que aparecen en los Evangelios.

Aquellos que todos los días esperan la llegada del Señor (a la tierra, y sin tener en cuenta el Rapto), esperando que venga a buscarles de un momento a otro, deben de sentirse muy perplejos ante muchas de las cosas que dijo el Señor acerca de su venida. No cabe duda que deben desear que él nunca hubiera hablado de ese modo. Estas personas procuran sus creencias en las últimas Epístolas paulinas pero, entonces, ignoran totalmente las palabras del Señor o las malinterpretan de tal modo que tienen falsas opiniones en cuanto a su propia esperanza; algunos de ellos esperando en la tierra la venida del Señor en cualquier momento, otros postergándola hasta que muchas cosas sucedan sobre las cuales se habían profetizado.

Todas las divisiones que hay entre los cristianos sobre este tema, que es de suma importancia, y las diferentes maneras de enfocar la segunda venida tienen su origen en el hecho de no haber tenido en cuenta lo que se dice en los capítulos 3 y 28 del libro de Hechos, y de ahí que hayan equivocado el propósito de todo el libro de los Hechos de los Apóstoles, leyendo en él verdades benditas que no fueron reveladas hasta el final de aquellos tiempos, los últimos días acerca de los cuales habló con tanta frecuencia el Señor.

No se dan cuenta de que, la salvación tan grande estaba entonces lista para ser revelada y que la gloria que habría de seguirle dependía de una sola cosa: el arrepentimiento de Israel. Pero como eso no sucedió, todo quedó postergado, todo ha quedado en suspense y, entretanto, tenemos la revelación siguiente en cuanto a las cosas relacionadas con la gloria de su gracia. No es de sorprender, por tanto, que las glorias de la gracia no sean ni apreciadas ni comprendidas y que todo se vea envuelto en una gran confusión en las mentes de tantos que pasan por alto estos pasajes tan importantes en la Escritura.

¿Qué es, por ejemplo, los que estas personas interpretan de las palabras del Señor en Juan 12:31: Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera?

Durante el tiempo de Pentecostés, el espíritu santo fue enviado con el fin de convencer al mundo respecto al juicio, porque el que gobernaba (el diablo) al mundo (kosmos) había sido juzgado (Juan 16:11). Esto no se refiere simplemente a un cambio espiritual en la historia del mundo, ya que no podría satisfacer la afirmación tan solemne y tajante del Señor en cuanto a que lo que habló era efectivamente algo que habría de acontecer en breve, de hecho ya había comenzado a suceder y habría de tocar a su fin con el juicio, y el demonio sería echado fuera; pero, como es natural, también esto queda postergado y una revelación posterior nos dice de qué modo acontecerá (Apocalipsis capítulos 12 y 13).

Lo que nuestro Señor dice se refiere a una transacción judicial definitiva y final que habría de tener lugar poco tiempo después. Satanás estaba llevando su gran conflicto de las edades a su fin. Había intentado quitarle la vida al Señor en Belén, había contendido con él en el desierto, había agonizado su vida en el huerto, se había apoderado de Judas para traicionarle y le había colgado en la cruz y metido en la tumba.

Pero su victoria habría de ser de corta duración, puesto que por medio de su muerte el Señor habría de destruir al que tenía el poder sobre la muerte (Hebreos 2:14).

Hechos 2:14   Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

 Este maravilloso fin a la gran pugna habría de seguir de inmediato al último intento hecho por Satanás para frustrar las dictadas sentencias de Dios.

Nada impedía la gran consumación, a excepción de la incredulidad y la falta de arrepentimiento de Israel, pero sabemos de qué modo quedó en suspense y postergado. No cabe duda de que el mismo esfuerzo satánico fue el que cegó los ojos del pueblo de Israel durante la Dispensación de los Hechos de los Apóstoles. Pablo dio testimonio de que Satanás nos estorbó y por medio de sus influencias activas, que vemos en operación a lo largo de todo el contenido del libro de los Hechos, consiguió dejar en suspense y postergar el fin que le había sido destinado. Pero Satanás fue completamente juzgado en la cruz, donde se obtuvo la citación judicial, aunque aún había de pedirse la ejecución y el usurpador había de ser echado de la tierra, y de allí al lago de fuego.

Las palabras del Señor, que encontramos en Juan 16, se refieren también a la inminente ejecución del juicio; pero en este caso no hay insinuación alguna en cuanto a un posible aplazamiento, ni podría haber sido así en vista de las circunstancias. No, el Señor no vino cuando Jerusalén fue destruida, porque Satanás no ha sido aún echado fuera. Lo que dice en Apoc.12 y 13 aún espera su cumplimiento determinado y tendrá lugar en el postergado día del Señor. El Señor lo vio en una visión y, de ese modo, unió en Lucas 10:17 con lo que dice Juan 12:31 y 16:11; y no vemos que sea posible otra interpretación que satisfaga todos los requisitos de estos pasajes.

Lucas 10:17   Volvieron los setenta con gozo, diciendo: Señor, aun los demonios se nos sujetan en tu nombre.

 

 

Juan 12:31  Ahora es el juicio de este mundo; ahora el príncipe de este mundo será echado fuera.

 

Juan 16:11 y de juicio, por cuanto el príncipe de este mundo ha sido ya juzgado.

Cuando el Señor hablaba acerca de su venida lo hacía siempre como de algo que había de tener lugar en breve, y no dio nunca por asentado que Israel no fuese a arrepentirse, sino que guardo un natural silencio en cuanto al resultado, y dijo:

Y si me fuere y OS preparare lugar, vendré otra vez, y OS tomaré a mí mismo (Juan 14:3). Al decir estas palabras no estaba hablando acerca de algo que no podía suceder hasta que pasasen más de dos mil años. Estaba hablando para consolarles, y hubiese sido un consuelo poco efectivo y frío de haberse estado refiriendo a un futuro que estuviese tan lejano.

No os dejaré huérfanos; vendré a VOSOTROS (Juan 14:18).

Habéis oído que yo OS he dicho: Voy, y vengo a VOSOTROS (Juan 14:28)

Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre (Juan 16:16).

También VOSOTROS ahora tenéis tristeza; pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón (Juan 16:22).

Todas estas ocasiones en que menciona su venida se refieren a una misma vez y habla acerca de ella como algo que está muy cercano. Estas palabras, tan sencillas (léase aparte la condición que se dice en Hechos 3), han dejado, precisamente por ser tan simples, perplejos a muchos. Sin embargo, los Hechos de los Apóstoles nos permiten entenderlas como queriendo decir exactamente lo que dicen. Pero si hacemos caso omiso de lo que dice en Hechos 3, resulta imposible para nosotros acertar a comprenderlas en el sentido que las debieron entender los discípulos. Para ellos debieron significar una ausencia corta y temporal, entre que fuese al Padre y fuese enviado de nuevo por Él, conforme a Su promesa…En cualquier caso, se habla de la venida del Señor como de algo que era tan seguro como lo fue su partida, y una vez que él no regresó cuando fue destruida Jerusalén, no queda más remedio que ser aplazada hasta que la condición del arrepentimiento de Israel se cumpla futuramente.

Entretanto, tenemos la revelación especial en lo que se refiere a nuestra propia salida-resurrección de entre los muertos y de nuestro propio llamamiento a lo alto. De aquí que nuestro de gobierno exista ya y se halle verdaderamente en los cielos, y lo único que esperamos que nuestro salvador nos llame desde allí para transformar los cuerpos de nuestra humillación y los haga igual a su propio cuerpo glorioso. Esa es nuestra presente, actual, efectiva y bendita esperanza. (Filipenses 3:11-21).  

 

Filipenses 3:11-21 11  si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos. 12  No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. 13  Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14  prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. 15  Así que, todos los que somos perfectos, esto mismo sintamos; y si otra cosa sentís, esto también os lo revelará Dios. 16  Pero en aquello a que hemos llegado, sigamos una misma regla, sintamos una misma cosa. 17  Hermanos, sed imitadores de mí,(D) y mirad a los que así se conducen según el ejemplo que tenéis en nosotros. 18  Porque por ahí andan muchos, de los cuales os dije muchas veces, y aun ahora lo digo llorando, que son enemigos de la cruz de Cristo; 19  el fin de los cuales será perdición, cuyo dios es el vientre, y cuya gloria es su vergüenza; que sólo piensan en lo terrenal. 20  Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo; 21  el cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.

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