Los Tiempos de las Señales
Retirado de Bibleunderstanding.org
Traducción: Juan Luis Molina
Durante
el periodo de los Hechos, en un aproximado orden cronológico, fueron siendo
escritas las siguientes epístolas por Pablo – Gálatas, Hebreos, 1ª y 2ª
Tesalonicenses, 1ª y 2ª Corintios y Romanos.
Al
final de los Hechos tenemos en 28:25-27 las terribles palabras de Isaías 6
citadas por tercera y última vez en el Nuevo Testamento. Es importante observar
que, a través de los Evangelios y de los Hechos, el mensaje se dirige siempre
para el Judío primeramente – para Israel – Una y otra vez se nos avisa
de este hecho hasta el final de los Hechos. En Hechos 28:20 todavía se mantiene
“ la esperanza de Israel”, pero a seguir a estas palabras de Isaías 6, entonces
leemos en el vers.28:
“Sabed,
pues, que a los Gentiles es enviada esta salvación de Dios, y ellos oirán”
Al
final del libro de Hechos, Israel como una nación es puesta de parte en el
tiempo actual.
Cualquier
estudiante de la Biblia
se da cuenta de que este acontecimiento no es algo trivial y sin importancia
dentro del plan de Dios. Aun mismo las epístolas de Pablo posteriores a este
acontecimiento, todavía cargan consigo este mismo testimonio.
En
un aproximado orden cronológico tenemos entonces posteriores a los Hechos –
Efesios, Filipenses, Colosenses, Filemón, 1ª Timoteo, Tito, y 2ª Timoteo.
En
Efesios y Colosenses tenemos mucha información acerca de:
“…el
Misterio que desde el principio del mundo había estado escondido en Dios…”
(Efesios 3:9)
Estas
dos epístolas deben ser leídas juntas. En Efesios 3 este particular “Misterio”
aparece cuatro veces y Pablo nos dice que le fue dado a conocer por “revelación”
(Efes.3:3).
Siendo
así, entonces los evidentes milagros de Marcos 16:17-18 – “las señales” – al
igual que Israel, también son puestas de parte para el tiempo actual. Compare 1ª
Cor.12 (escrito antes de Hechos 28:28) y Efesios 4 (escrito después de Hechos
28:28). En Corintios se nombran los ministerios y “las señales” que pertenecían
a Israel – en Efesios en cambio la lista de ministerios es mucho más corta – y “las
señales” son omitidas. En estas siete posteriores epístolas no encontramos
mención alguna de “las señales”, sino antes bien vemos que Epafrodito en
Filipenses 2:25-30:
“…por
la obra de Dios estuvo próximo a la muerte…”
Estos
seis versículos nos dan mucha información en cuanto a la obra del colaborador y
“compañero de milicia” de Pablo – si embargo Pablo, cuyo delantal había
sido suficiente enviar para sanar en una ocasión a un desconocido (Hechos
19:11, 12) – ahora era incapaz de sanar a su amigo. En 1ª Timoteo 5:23
encontramos al propio Timoteo con problemas de estómago y sufriendo de “constantes
enfermedades”. En 2ª Timoteo 4:20, Pablo tiene que dejar a Trófimo en Mileto
enfermo. Ahora, pensemos: ¡Cuán diferente es todo esto del periodo de los
Hechos!
Hoy
en día tenemos personas, y mismo cristianos, que están ocupándose en ejercitar
las mismas sanidades que aquellos hicieron en los Hechos. La lectura que ellos
hacen es a menudo superficial – muchas veces se basan en una gran cantidad de
libros, videos y cintas audibles publicadas por sus líderes favoritos en el
movimiento al cual pertenezcan. No se dan cuenta que le están dando un mayor
relevo a estos “líderes” y a las “palabras” que salen de sus labios que a las
Escrituras. En años recientes son muchos de estos “líderes” los que han
aparecido. Recuerde 2ª Timoteo 2:15:
“Procura
con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué
avergonzarse, que usa (divide) bien la palabra de verdad.”
“Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en Él: Si vosotros
permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis
la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31, 32).
Muchos
hay que se han dado cuenta de que “la mano de Dios”, de alguna manera, se haya “acortado”
actualmente, pero juzgan que eso se deba a la falta de fe de parte de
los recipientes. Pero con esto no piensan que, cuando Pedro levantó de la
muerte a Dorcas en Hechos 9:40, y que de igual manera haciendo Pablo con Eutico
en Hechos 20:10, difícilmente podrían haberse apoyado en la fe de los
recipientes realizando el milagro. Si fuese así, entonces algunos “endemoniados”
poseían más fe que los creyentes. Muchos para su pesar se culpan por su falta
de fe, inculcados por sus líderes. Es interesante notar la mala salud personal
y la mala salud de los familiares próximos que a menudo acompañan a estos líderes
“sanadores”. Una Escritura que generalmente se cita en estos “libros básicos”
tratando este tema es 1ª de Pedro 2:24 con la expresión “por cuyas heridas
habéis sido sanados”.
Un
cuidadoso estudio del contexto nos demostrará que es el “pecado” el sujeto, y
no las enfermedades físicas – Sus “heridas” sucedieron por nuestros “pecados” –
y así nos dio la “sanidad” de la “enfermedad del pecado” – si hemos creído
en Él.
Pedro
aquí está citando Isaías 53. Un ejercicio eficaz sería leer toda este profético
capítulo y observar: La manera en que lo tratamos a Él, vers.2, 3 y 4; el
motivo por el cual fue “herido” y “molido” vers.5; qué fue lo que “en Él fue
cargado”, vers.6; y de nuevo, la manera cómo lo tratamos, vers.7; el motivo por
el cual fue “quitado”, vers.8; La razón de haber sido “quebrantado por Dios” “sujeto
a padecimiento” y cómo fue “puesta su vida en expiación”, vers.10; cuál sería
el fruto de “su aflicción”, vers.11; y qué fue lo que Él “llevó” y por lo qué “derramó
Su vida” haciendo intercesión, vers.12. Hemos omitido de propósito las palabras
claves – las cuales se resumen por “pecado”, “pecados” o “pecadores”
y no por enfermedades.
Y
ahora, para aquellos que no se hayan dado cuenta de que esta analogía de “sanados”
signifique “sanados de la enfermedad del pecado”, veamos las palabras
del Salvador mismo en Lucas 5:30-32 donde obtendremos una clara afirmación de
lo que venimos diciendo:
“Y
los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué
coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Respondiendo Jesús, les dijo: Los
que están sanos no tienen necesidad de médicos, sino los enfermos. No he
venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento.”
Si
es que haya alguno que no pueda ver que la palabra “enfermo” empleada aquí, se
refiere una vez más a la “enfermedad del pecado”, entonces, las palabras no
tienen sentido alguno – bien podríamos dejar de lado la lectura de las
Escrituras y que cada uno las escriba por sí mismo – tal y como ciertamente
muchos están haciendo.
En
los Hechos, las necesidades de las personas eran suplidas espontáneamente. A medida
que los apóstoles se iban expandiendo, iban encontrando aquellos que precisaban
ser sanados o gente que les era presentada por donde los apóstoles pasaban. Las
sanidades se efectuaban siempre de manera instantánea y completamente, e incluían
las más extremas de las enfermedades tales como la muerte. La noticia entonces
se difundía por todas partes y muchos se volvían para el Señor (Hechos 9:42).
Hoy en día en cambio, en las iglesias visibles, no se hace nada con esa
espontaneidad, sino que tenemos el agendado y organizado “servicio de sanidades”
al final del culto. Estos actos tienen que ser constantemente repetidos en cada
ciudad, y sin embargo nadie sabe si ciertamente la tal “sanidad” ha sucedido, o
no. Se multiplica por norma la imposición de manos en asuntos tan triviales
como dolores de cabeza, resfriados, contusiones, cortes y abrasiones – cosas de
las cuales nuestros cuerpos sanan de manera de natural a su debido tiempo.
Para
obtener una “palabra de conocimiento” las personas siguen en estos grupos,
algunas veces acompañados de vergüenza donde solo algunos miembros que dicen
impartir la sanidad lucen como si tuvieran un “conocimiento infinito”.
Confiando en la gente los problemas de la vida, a sus pesares, han sufrido
recibiendo este dudoso “conocimiento” – particularmente cuando otros dicen
haberlo recibido y ellos nunca lo hayan visto. En estos días actuales, estos “Isaías”
generalmente no satisfacen la más grande necesidad de las personas, dándoles
realmente una “palabra de conocimiento” en cuanto a la salvación que está
disponible a través de la fe en Cristo. El tal “conocimiento” que ellos tenían
era insuficiente para revelarle a la persona si Cristo está en su vida o no, y
no tuvieron el coraje suficiente de profundizar con la persona que se halle en
esa situación sobre este asunto. Toman el camino más fácil y asumen que la
persona sea cristiana – cuando pueden en verdad, ¡Oh Dios mío, estar tan
equivocados!
El “hablar
en lenguas” tampoco aparece en estas epístolas escritas después de los Hechos.
Hay muchos que van detrás hoy en día procurando esta experiencia, o bien por su
propia decisión o presionados por terceros. El primer registro Bíblico de esta
manifestación se encuentra en Hechos 2:1-4 en Pentecostés. Ocho años después,
Pedro fue enviado a los Gentiles, a Cornelio con toda su casa, y la misma
manifestación les fue dada a los Gentiles en Hechos 10:44-48. Es interesante
observar las palabras de Pedro cuando en Jerusalén les relataba a la iglesia
estos acontecimientos en Hechos 11:1-18, particularmente el vers.15:
“Y
cuando comencé a hablar, cayó el Espíritu Santo sobre ellos también, como
sobre nosotros al principio.”
DIOS
CON SU PLAN DESPLEGADO ha ido a través de las edades escogiendo mudar la vía
por la cual opera de tiempos a tiempos. Durante estos intervenidos ocho años,
está claro que las conversiones no fueron las mismas en cuanto a Pentecostés y
Cornelio – si fuera así, no hubieran sido necesarias las palabras de Pedro que
señalamos encima. Sin embargo, hoy tenemos a muchos que sostienen los Hechos
como si fuesen actuales con Escrituras tales como:
“Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos” (Heb.13:8).
Pero
ya hemos demostrado que aun mismo durante el periodo de los Hechos hubo mudanzas.
Muchos de los “libros básicos” que la gente lee en vez de la Biblia citan esta
Escritura, pero no deja de ser sino un abuso muy grave. Esta Escritura se
refiere a la natura inmutable del Señor. Solamente tenemos que recordar Hebreos
1:10-12 para dar un buen ejemplo de esto:
“Y,
Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus
manos:
Ellos perecerán, mas tú permaneces;
Y todos ellos se envejecerán como una vestidura
Y como un vestido los envolverás, y serán mudados;
Pero Tú eres el mismo, y Tus años no acabarán.
El
Señor ha ido continuamente mudando la vía en la cual iba haciendo suceder todas
las cosas, si no fuese así, Israel todavía estaría comiendo el Maná atrapados
en el desierto, siguiendo durante el día la columna de nube y la columna de
fuego por la noche.
Será
provechoso, además, que observemos aquel otro juicio milagroso instantáneo
sucedido durante los Hechos – realizado por Pedro con la muerte de Ananías y
Safira en Hechos 5:1, 11, y por Pablo con la ceguera de Elimas en Hechos
13:8-11. Y entre estos dos acontecimientos, “el ángel del Señor hirió” a
Herodes, Hechos 12:20-23. ¿Por qué no se predican también estas “señales”?
Existe
además otra práctica hoy en día a nuestro alrededor que no se encuentra en los
Hechos por parte alguna, y es el desmayo cayendo hacia atrás que sucede,
generalmente, después de la “imposición de manos” – algunos lo denominan “ser
heridos o azotados en el espíritu”. Hay muchos que procuran casi con
demencia que algo así les suceda para hacer parte de esta experiencia. Es
interesante observar que el único precedente por tal comportamiento en el Nuevo
Testamento se dé cuando una compañía de incrédulos se acercó para
arrestar a Jesús:
“Cuando
les dijo: Yo soy, retrocedieron y cayeron a tierra” (Juan 18:6)
Si
vamos al Antiguo Testamento procurando algo parecido con esta experiencia de
caer desmayados para atrás, otra vez vemos malas noticias para estos que así
procuran asociarse en dicha práctica. El Sacerdote Elí: “…porque sus hijos
han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado” (1ª Samuel 3:13) oyendo
parcialmente el cumplimiento de la profecía sobre su casa, cuando sus dos hijos
fueron muertos el mismo día, al oír esta noticia y lo sucedido con el arca se
nos dice en 1ª Samuel 4:18 que:
“Elí
cayó hacia atrás de la silla al lado de la puerta, y se desnucó y murió.”
Dios
tiene un plan expuesto y en Hechos 28:28, Israel como nación, es puesta de
parte para el tiempo actual. Las epístolas posteriores al libro de Hechos ya
las hemos listado anteriormente. Cuando las leemos con este conocimiento del
tiempo aplazado, la revelación del “Misterio” se comprende mejor – toda la Escritura encaja en su
lugar apropiado y nos damos cuenta de que los TIEMPOS DE LAS SEÑALES no son los
actuales. Dios contempla nuestra posición como estando sentados:
“…junto
con Cristo Jesús en los lugares celestiales” (Efesios 2:6) y siendo “…Cristo
es todo, y en todos” (Colos.3:11).
¿Qué
tipo de “señales” serán precisos en los lugares celestiales? En 1ª Cor.1:22 se
nos dice:
“Porque
los Judíos piden señales, y los Griegos (Gentiles) buscan sabiduría
(mundana)”
A
través de todos los Evangelios vemos a los Judíos pidiendo siempre una “señal” –
En Mateo 12:38-39 leemos:
“Entonces
respondieron algunos de los escribas y de los fariseos, diciendo: Maestro,
deseamos ver de ti señal. Él respondió y les dijo: La generación mala y adúltera
demanda señal…”
Procuraban
los milagros por un motivo equivocado (Juan 6:14, 15, 26). Y además no se
saciaban viendo los milagros que hacía. Eran tan incrédulos que después de
haber visto el milagro de la multiplicación de los panes y los peces todavía
los vemos preguntándole a Jesús en el vers.30:
“¿Qué
señal, pues, haces tú, para que veamos, y te creamos?”
Esta
actitud debe haberle entristecido mucho al Señor. Deberíamos considerar de
nuevo las palabras de Jesús a Tomás en este contexto también – pues también se
pueden aplicar a cada uno de nosotros:
“Bienaventurados los que no vieron, y creyeron” (Juan 20:29).
Esta
es la fe que el Señor espera ver en Sus hijos.
“Es,
pues, la fe, la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”
(Heb.11:1).
“Pero sin fe es imposible agradar a Dios…” (Hebreos 11:6).
Y
hay solamente un lugar en la
Biblia donde se nos dice cómo obtener la fe, en Romanos
10:17:
“Así
que la fe es por el oír, y el oír por la palabra de Dios.”
Así
que si alguna vez has pensado que no estás realizando las cosas que se hicieron
en los Hechos – si es que hace demasiado tiempo que no has visto a nadie levantándose
de los muertos como en Hechos 9:36-41, ni sanado a nadie con cuarenta años, o a
un “ciego desde el vientre de su madre” como en Hechos 3:1-8 y Hechos 4:22 - si
has hecho parte múltiples veces de la imposición de manos sin ver los
resultados que sucedieron en su tiempo apropiado, y no tuviste la suficiente fe
como para enviar un “delantal” tuyo en tu lugar para realizar la sanidad como
en Hechos 19:11-12 – si es que eres consciente de los traumas mentales que ha
supuesto para muchos el no hablar en lenguas, a pesar de todas las sesiones de “entrenamiento”
que se hacen para eso – si eres de los que no hablan en lenguas, y por
vergüenza les dices a los demás que lo llevas a cabo en privado – si has
pensado que “el don del conocimiento” de hoy en día puede algunas veces ser
embarazoso porque nos lleva a hacer cosas vergonzosas y que sencillamente el
leer la Palabra
de Dios sea bien mejor y más sencillo – si has estado preocupado por no tomar
serpientes con tus manos, ni tomado veneno alguno sin que te hiciese mal
(Marcos 16:18) y por no estar junto con todos los que han creído, teniendo
en común todas las cosas, ni has vendido tus propiedades y tus bienes repartiendo
a todos conforme la necesidad de cada uno (Hechos 2:44-45) (pensando que
esta es la verdadera a fe) – entonces mira a tu alrededor y comprueba cuántos
de tus líderes espirituales y amigos lo hayan hecho.
Piensa
a cuantas reuniones has acudido tú, donde el lugar en el cual os hayáis reunido
juntos haya temblado como en Hechos 4:31. ¿Has sido tú alguna vez transportado
como lo fue Felipe después de haber hablado con el eunuco? (Hechos 8:39).
Así
que si tú honestamente crees que nos hayas realizado las señales y milagros que
hicieron los apóstoles en el periodo de los Hechos – entonces haz el favor de
meditar en este escrito – porque es para ti.
En
el plan expuesto de Dios, tú estás viviendo en “el tiempo de los Gentiles” – Y
Dios tiene para ti algo que sobrepasa esa vida miserable tuya intentando vivir
con las patéticas realizaciones de “las señales” que no fueron diseñadas para
tu vida – Fueron para “los tiempos” anteriores a Hechos 28:28, cuando la
salvación le fue enviada primeramente a la nación de Israel, y a sus miembros
los Judíos.
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