ENTRE LOS CINCUENTA Y LOS SETENTA


 

Hay algo que sucede inequivócamente cuando el Espíritu Santo nos comienza a enseñar Su verdad a través de la Cabeza, y es que, al ser tan distinto y mucho más alto de todo cuanto aprendemos, ahora ya nos resulta fastidioso y cansativo acudir a reuniones donde no se tenga por tema el Gran Secreto. Y como esas reuniones no existen, por lo menos en mi entorno, entonces invariablemente nos sentimos cada día más aislados. Por ejemplo, las reuniones familiares solían ser para mí muy amenas y agradables. Todos los asistentes se sienten bendecidos y nunca falta la buena comida y bebida. Se habla de todos los temas posibles e imaginarios: de política, de cultura, de viajes y de negocios. Estas fiestas tienen casi todas lugar en una finca preciosa en medio de un campo privilegiado por la naturaleza. En estas reuniones, mi esfuerzo por "ser agrable" se desvanece dos horas después de haber llegado, y no tarda le pido a Teresa me lleve de vuelta para estar a solas en Cristo y en mi casa.

A qué podemos comparar las cosas o asuntos Divinos que se abren en el entendimiento por la sola obra de nuestra Cabeza bendita? Son las joyas más hermosas que jamás se hayan visto! Y sin embargo, si las expusiésemos en estas reuniones "familiares" y "tradicionales", aunque el cien por cien de los asistentes sean cristianos, aun así, nos tomarían por locos de remate, y no sería visto con buenos ojos que hablasemos del Rapto, ni de cosas "celestiales". Estos sujetos o temas del cielo donde nuestra vida está escondida, le suena a chino a la mayoría de los cristianos asistentes; además, les resulta "peligroso" que alguien los crea. Fuera del mundo, estos creyentes cristianos nada saben de un Reino celestial ni nunca han contemplado Su Gloria más alta. Así que sus labores se centran todas en la "construcción de un mundo mejor" a su alrededor, y en sus profesiones de médicos y abogados e ingenieros, participan con esos objetivos filantrópicos en tertulias y debates.

Todos estos cristianos, de una o de otra manera, están convencido de que Dios también debe tener este mismo objetivo, y que premiará sus labores queriendo hacer "un mundo mejor", y aunque las señales tan evidentes de nuestro tiempo testifican lo contrario, todos ellos están persuadidos de que algún gobierno justo se podrá levantar, que los libre de las tremendas injusticias mundiales que ahora abunda a su alrededor.

Todo esto nos confunde en medio de las reuniones cristianas. Pareciera que fuéramos de otro lugar en medio de sus expansivas confesiones. Como si fuéramos "extranjeros" y "peregrinos". Esta es una bellísima aplicación, que podemos hacer, para definir con exactitud el carácter principal del cristiano que crea el Evangelio de Pablo del Gran Secreto. Esa expresión, "extranjeros y peregrinos" se utiliza en la epístola a los Hebreos, y allí se dice de aquellos que aguardaban un país mejor, la "ciudad celestial". En el mundo se sentían extranjeros y pergrinos, y los en Cristo llamados, como ellos, nos sentimos igual, y añoramos con todas nuestras fuerzas que aparezcan Sus Juicios, pues eso significaría que ya estuviéramos en el aire. Cómo es posible que no conozcan nada de esta esperanza Divina en las reuniones cristianas, que no hayan sabido cualquier cosa del Padre de todos los Espíritus esta semana?

El mundo va de mal en peor, y a pasos agigantados se introduce él propio en los Juicios que Dios le preparó. Habrá "comenzón de oir" la verdad, y en su afán por saber, los hombres, en vez de acudir a Dios que no conocen, se amontonarán para oír de la boca de muchos maestros. Estos son los falsos profetas que propagarán a un Dios de bondad y de optimismo para el mundo. Muy similar con lo que se pretende realizar en las reuniones cristianas de la actualidad. Un dios a medida de su imaginación filantrópica. Así, por ejemplo, estos portadores de sabiduría, se dedicarán a reparar y arreglar al mundo con sus ejemplos voluntarios, con sus esmeradas educaciones, y "haciendo su mejor" les ofrecen una paz y una seguridad garantizada. Dios confiesa que la Iglesia en su último periodo vivirá tiempos peligrosos. Precisamente porque la Iglesia se hallará entonces en su colmo de separación en los asuntos Escriturales.

Es triste ver la gran evidencia de los cristianos, que solo oyeron hablar de Su Padre como los huérfanos, solo de oídas! En un principio, todos apelan a Dios y en todos reside el deseo de "hacer su mejor" para Él. Sin embargo Él nos dice a todos que lo mejor que podemos hacer es creerle. Que el mundo va a perdición, que no tiene remedio. Pero todos tienen una fe distinta, una esperanza diferente, unos sueños opuestos, unas metas separadas, y unos objetivos diametralmente opuestos, y contradicen a Dios, queriendo por fuerza arreglar lo que se estropeó en el principio con su caída. Así que cada uno se llena su vida, de Dios, como le place. Y así llegan a viejos sosteniendo firme la fe....de su propia imaginación.

Pero ahora, yo diría entre los cincuenta y los setenta años, todos los cristianos habidos llegan a viejos y tienen que hacer un recuento de sus "credenciales", y lo más sorprendente en este punto es que la mayoría - el grueso de "los cristianos", se retuercen en sus carnes y procuran por todos los medios prolongar sus días de vida... para no ser comida por el gusano.

Es decir, de poco o de nada les ha servido, la esperanza que aprendieron, y recibieron, y a la cual se quisieron aferrar...los cristianos mundanos. Si en sus vidas de carne no murieron primero, tendrán que enfrentar la "segunda muerte".

Y por qué no se conoce la fe sana de la Escritura que libera del temor de la muerte?

Eso sucede porque a Dios le ha placido hacer a "esta esperanza separada" invisible para los sentidos humanos. Diferente y apartada de todas las demás "esperanzas" visibles en Su Escritura. Esta esperanza separada se anuncia en la Biblia, pero no se muestra ni se enseña. Solo se anuncia y desaparece en una minúscula porción de Escritura. Y tiene que ser impartida por la Cabeza

Cuando procuremos nuestra verdadera vida escondida, no se nos debe ocurrir "interpretarla" e "identificarla" con cualquier "compañía" de llamados aparte que veamos en la Escritura, ni tan siquiera con aquella formada entre Judíos y Gentiles del periodo de los Hechos. Sin duda alguna que podremos aplicarnos muchas de Sus bendiciones, pero si la interpretamos diciendo que sea aquella, a la tal "iglesia" que pertenecemos, solo bajo nuestra responsabilidad lo confesaremos. Pues, la verdadera Iglesia del Misterio está escondida en el cielo más alto. Así que en vano procuraremos encontrar en la Palabra Escrita sino solo meros rasgos y sombras de los asuntos celestiales que revisten nuestro entorno, en la Palabra Viva de este cielo más alto donde nos hallamos escondidos .

Y esto, una vez más, sucede por voluntad expresa del Espíritu Santo, puesto que al anunciar en una mínima porción de Su Escritura esta especial y suprema y más alta Iglesia, deja revelado para todo aquel que tenga "oído de oír", que solo hay una Cabeza para ella, de la cual Cabeza no se hacían ni la más remota idea todas las anteriores iglesias en la Biblia. Ni tan siquiera la Iglesia de los Hechos lo sabía. Y de la cual Cabeza, además, es de la que se dice únicamente que irá saliendo para Sus miembros en Su Cuerpo ahora "toda la verdad" en cuanto a la esperanza bendito que nos espera.

Mira hermano mío, todas las compañías o iglesias de llamados aparte por el Espíritu Santo han ido sirviendo como instrumentos en las manos de Dios para llevar a cabo Sus propósitos en la Biblia, y con estos utensilios ha ido dejando testimonio de Su voluntad a todos cuantos han vivido. Hasta llegar a la Iglesia del Gran Secreto, todas las demás anteriores, han servido como testigos oculares EN EL MUNDO. Pero no sucede así con la Iglesia del Misterio, pues de estos se dice que están siendo "hechos un espectáculo": para que la multiforme sabiduría de Dios sea ahora dada a conocer por medio dela Iglesia a los principados y potestades en los lugares celestiales. (Efesios 3:10).

Ahora bien, nosotros mal nos hacemos idea de cómo es que vengamos a ser este espectáculo para esos seres celestiales, sin embargo, eso es lo que nos garantiza la Escritura explicándonos lo que estamos haciendo en este preciso momento. El Espíritu Santo no dice que lo "entendamos", sino que nos pide que lo "creamos" sencillamamente.

Pues igual sucede con nuestra esperanza bendita. Esta es la razón por la cual ya no ponemos esperanzas en el mundo, sino que nos regocijamos viendo cómo va llegando a su punto más bajo de perversión. Te das cuenta? Observa que, aunque todas las demás "compañías" exhibidas en la Escritura tuvieran este cometido divino, de testificar en el mundo con señales y maravillas los propósitos del Espíritu Santo, mismo así, nunca sirvieron para "convertir al mundo" ni volverlo mejor. Es cierto que las iglesias visibles actuales predican y enseñan lo contrario, y recaudan cada día a más fieles con este cometido: Palabra sobre el Mundo. Pero no pasa de ser sino solo una quimera, un sueño de castillos en el aire. Basta ver el resultado que siempre produjo "en el mundo" el testimonio de Sus santos apóstoles y profetas, para que no estemos iludidos de vanas pretensiones. El testimonio de Dios con todas las santas compañías escogidas por Él desde el principio, a seguir a la caída, ha servido solo para dejar convicto al Mundo de su pecado y sin excusa posible en cuanto a su perdición.

Y la labor que ahora ha puesto a ejecutar con la nueva Iglesia "en Cristo" a seguir al Misterio, se destina a cumplir dos objetivos, a saber: (1) para dejar convicto de su destrucción al diablo, y (2) a dar a conocer las riquezas que arrecadó Dios solo en Cristo con Su obra redentora entre los principados y potestades celestiales.

Todas las iglesias que procuren llevar a cabo la Reconciliación del Mundo, por tanto, nada tienen que ver con la Iglesia del Gran Secreto, y en sus intentos sus miembros solo podrán cosechar como resultado inevitable un rotundo fracaso. El Mundo no tiene remedio, pero antes de que se sumerja en la perdición, nuestro Dios y Padre se ha empeñado arduamente en demostrarles Su Santidad primero, pretendiendo salvarles cuando los llamó individualmente. Y esa labor jamás será concretizada por iglesia alguna, sino solo con Su poder y ejecución, en medio de Sus Juicios.

Stuart Allen, en su libro El Reino de Dios En el Cielo y Sobre la Tierra, a este respecto del fracaso de las iglesias visibles que se empeñan en "convertir al mundo" nos dice:

El Reino de Dios no se basa ni apoya en algo tan frágil como sea el poder limitado y la sabiduría de cualquiera de Sus seres creados; antes bien se basa con solidez en el poder y en la sabiduría de nuestro gran Dios y del Salvador, Cristo Jesús.

Así que la tan procurada "conversión del mundo" no dejará de tener lugar, pero de manera muy distinta de cómo se lo han imaginado las iglesias mundanas y sin su intervención. La "conversión" a la cual el Espíritu Santo se destina y finalizará en Su obra se destina a que todos los hombres "doblen sus rodillas," y todos sin excepción alguna reconozcan la Santidad de nuestro Dios. Es decir, todos los hombres convertirán sus pensamientos actuales hacia Dios, y en vez de hacer con ellos, de Él, algo distinto de lo que en realidad es y conforme a su limitadísima imaginación, a todos los hombres se les "convencerá" de su pecado, y no podrán tener excusa revirtiendo Su condena cuando se les encieda toda Su Gloria. Este punto de conversión por supuesto que todavía no ha sucedido, pues bien vemos que, hasta el presente, no todo haya sido sometido ni tampoco todos hayan doblido sus rodillas, ni sera esta una labor que podrá venir a suceder por "obra eclesiástica" alguna, repetimos, sino por el poder de todos Sus Juicios venideros, los cuales fueron de antemano previstos por todos Sus profetas. A este aspecto o punto del Reino venidero, en el relato anterior, Stuart Allen sigue diciendo:

Este aspecto del reino de Dios es claramente futuro, y Dios revela en Su Palabra cómo lleva este glorioso cometido y objetivo a cabo y lo cumplirá. Todos los planes restantes que se efectúen humanamente para alcanzar esta voluntad y objetivo Divino fracasarán. Los hombres, sean religiosos o de otro tipo, bien pueden esquematizar una utopía sobre la cual sueñen, pero no serán más que “castillos en el aire” condenados al fracaso, pues es algo que está por encima del poder y sabiduría humano concretizarlo.

Es incomparablemente mucho más sublime el Llamamiento envuelto en el Gran Secreto, pues aquellos que lo escuchen ya no se dejarán engañar jamás, y han visto que el mundo va a perdición. Así que ya no pierden estos su tiempo extendiéndose por el mundo, ni "amando a los hombres y las mujeres"; puesto que ni tan siquiera distinguen ya estos aquí en este Cuerpo "hembra o varón" o entre "siervos y libres". Sino que aquí han sido todas las cosas hechas nuevas, y ellos propios también "creados de nuevo" en un solo Hombre para ser testigos y un espectaculo en las regiones celestiales.

Toda iglesia visible mundana, sin embargo, confiesa que el "espíritu santo" con minúscula les capacita para "transformarse" en más que "vencedores". Predica que con la disciplina y el entrenamiento pueden hacer productivas sus vidas actuales. Y haciendo estas confesiones anulan a Dios y desmienten Su Palabra. Con ellas pisotean el sacrificio único del Señor Jesucristo. Si fuese cierto que el tal espíritu los capacitase para llevar a cabo la "buena obra", para qué entonces enviaría Dios a la muerte a Su Hijo? bastaría entonces que el tal espíritu modificase a cada uno, al punto de poner venir a ser recibido en Su Reino sin mancha. Algunos dicen que Jesucristo murió para que el tal espíritu estuviese disponible, pero al mismo tiempo repiten diciendo que aquel espíritu de los Hechos de los Apóstoles con sus dones y manifestaciones sirve para convertirnos y para la conversión del mundo.

Todas estas payasadas deben inventarse para poder reforzar la doctrina de la capacitación de la carne produciendo vencedores. Sin embargo, aun aquellos que habían sido investidos con el "poder de lo alto", ninguno confiesa que "ellos propios" o "en ellos propios" se hubiese dado modificación alguna. La carne no sirve para nada, sino que el apóstol Pablo nos dice que, Dios, había depositado un tan gran poder, "en sus vasos de barro" para que la excelencia del poder sea de Dios. Si esto es así, también entonces es Su obra en cada uno de nosotros, los barros quebradizos, lo que resalta, y no aquello que el vaso débil pueda hacer con el poder. El vaso está muerto, y jamás vendrá a ser "el poder" que le haya Dios puesto dentro. Cuando el barro se pudra o se transforme en el Llamamiento, solo quedará en nosotros la nueva creación: El nuevo hombre que participa plenamente del glorioso Cristo resucitado. De tal manera, que si a Jesucristo lo conocimos según la carne, YA NO LO CONOCEMOS MÁS ASÍ. Cuánto más nosotros, no deberíamos ser conscientes también de nuestra vida de carne. A nosotros nos libró Dios de una tan gran muerte, y sustituyó del todo a nuestro viejo hombre. Oh, cómo daría yo mis ojos para que esta sencillíma verdad tan fundamental la atendieran todos los cristianos! Y para explicarlo mejor emplea la totalidad del cap.7 de Romanos. Los apóstoles y profetas del Libro de Hechos no se modificaron ni un ápice en su hombre viejo, así como tampoco Sus profetas y santos escogidos de todo el Antiguo Testamento. Sino que hay algo común a todos los que reciben algo de Dios, y eso es una absoluta y total conciencia de su muerte y depravación. Y por esa revelación comprenden el Gran Amor que por ellos ha tenido el Padre, librándoles de una tan gran muerte: es decir, librándoles de ellos mismos y haciendo Dios de ellos "una nueva creación".

Es "esclavitud" y una vida "miserable" la que hallamos cuando procuramos "modificarnos". Es negar la Palabra Divina cuando afirma que, la carne, para nada aprovecha, y que por tanto se destina a la basura, es decir, a la muerte y a la sepultura. Y de allí no saldrá la misma vida si es que hace parte de los llamados en Cristo. Hasta que eso no venga a suceder, ahora solo nos resta gemir con gemidos indecibles. Y unos gimen por las cosas mundanas, y otros (pocos) para ver en concreción la "obra de Dios" terminada.

El "cristiano" en general dice estar capacitado para llevar a cabo una "gran obra" para Dios, y unos pocos solo declaran que es solo Dios, Quien en ellos está llevando a cabo Su Buena Obra. Unos pelean y se pelean con la Palabra, y los otros, que reconocen su muerte, han descansado plenamente de sus obras y aguardan, que Dios acabe en ellos, la Buena obra que comenzó.

Todo esto se hace patente y claro cuando interpretamos bien las iglesias de la Biblia, y cuando aplicamos correctamente en nuestra vida todos los beneficios inherentes a nuestra bendita esperanza...en la nueva creación.

 

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