LOS FUNDAMENTOS DE LA VERDAD DISPENSACIONAL PARTE 1


 
E. W. BULLINGER

 


 

Transcripción: Juan Luis Molina

 

 

 

 

E. W. BULLINGER

 

 

 

LOS FUNDAMENTOS DE LA VERDAD DISPENSACIONAL

 

NOTA.-TODOS LOS VERSÍCULOS DESTACADOS EN NECRUZCA NO PERTENECES A LA TRADUCCIÓN ORIGINAL Y HAN SIDO PUESTOS PARA FACILICTAR EL ESTUDIO, FUERON TOMADOS DE LA BIBLIA ELECTRONICA SWORD DE LA BIBLIA VERSIÓN REINA VALERA 1960.

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

1.     – De diferentes maneras y por diversos medios

2.     – Por medio de los profetas (Heb.1:1)

3.     – Por medio de Su Hijo (Heb.1:2)

4.     – Por medio de los que oyeron (al Hijo) (Heb.2:3)

5.     – Por medio de los que le oyeron (Epístolas Apostólicas)

6.     – Por medio de los que le oyeron. Las cosas que habían oído

7.     – Por medio de los que le oyeron. (Evangelio de Juan)

8.     – Por medio de los que le oyeron (Epístolas Paulinas)

9.     – Por medio de los que le oyeron (Las Primeras Epístolas Paulinas)

10.  -  Por medio de los que le oyeron (2ª Tesalonicenses)

11.  – Por medio de los que le oyeron (2ª Tesalonicenses 2)

12.  – Por medio de los que le oyeron (1ª Corintios)

13.  – Por medio de los que le oyeron (2ª Corintios)

14.  – Por medio de los que le oyeron (Gálatas)

15.  – Por medio de los que le oyeron (Romanos)

16.  – Por medio de los que le oyeron (Romanos)

17.  – Por medio de los que le oyeron (Romanos)

 

   APÓSTOLES (LOS HECHOS DE LOS)

 

18.  – Vistos desde el punto de vista histórico y dispensacional

19.   – Vistos desde el punto de vista histórico y dispensacional

20.   – Basados en las promesas de Jehová

21.   – Testimonio de confirmación

22.   – Testimonio Divino

23.   – Señales que siguieron

24.   – Cesan las señales

25.   – Las esferas de la gloria venidera

26.   – Dios habla por medio del Espíritu de la verdad

27.   – Dios habla por medio de Pablo, el prisionero de Jesucristo

 

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LOS FUNDAMENTOS DE LA VERDAD DISPENSACIONAL

Por E.W. Bullinger

INTRODUCCIÓN

 

Hace ya tantísimo tiempo que casi todos los cristianos se encuentran atados a la tradición, que le surgen muchas dificultades a la hora de interpretar debidamente la Palabra de Verdad, tal como aparece y se resalta en Hechos 28. Es posible que las siguientes páginas ayuden a resolver esas dificultades, permitiendo, de ese modo, al creyente, dar la respuesta adecuada a todo aquel que le demande y ponga en duda la esperanza que tiene dentro de él.

 

Existe un importante principio fundamental en la ciencia de la LÓGICA que servirá para hacer frente a todas las dificultades, si lo observamos con atención.

 

La dificultad que experimentan algunos de nuestros lectores tiene su origen en el hecho de que consideran solamente algunas partes de la verdad, pero para encontrar la respuesta a sus dificultades, será inútil continuar a discutirlas como si fuesen puntos difíciles por separado. Para demostrarlo, vamos a referirnos a las dificultades relacionadas con las primeras Epístolas de Pablo, es decir, las que fueron escritas antes de Hechos 28, tales como las ordenanzas, el cuerpo único, que se menciona en 1ª Cor.12, o los dones espirituales, que aparecen en 1ª Cor.13, 14, etc.

 

Para comenzar, será absolutamente necesario que nos aseguremos de la importancia que tenemos por obligación, en general, de interpretar correctamente la palabra de verdad (2ª Tim.2:15).

2 Timoteo 2:15 RV 1960  Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.

Una vez que se trata de un precepto Divino, debemos darle la misma importancia que a cualquiera de Sus mandamientos y, por tanto, es obligación nuestra concederle la más estricta obediencia, así como lo haríamos con cualquier otro precepto, si deseamos encontrar la verdad.

 

Una vez que afirmemos este gran principio fundamental en nuestros corazones, podemos observar la próxima obligación, la cual es de suma importancia también, esto es: Aplicar este principio dominante y fundamental a Hechos 28 y a las Epístolas paulinas.

 

Haciendo así, nos propondremos, en este volumen, examinar los mismísimos FUNDAMENTOS de la Verdad  Dispensacional, y ponerlos en evidencia de una manera tan auténtica que, una vez asimilados e implantados en nuestro entendimiento, podamos edificar sobre ellos con seguridad y hacer con que desaparezcan todas las dificultades que se nos vayan apareciendo. Es decir, con este principio, nuestros lectores estarán en posición de responder a sus propias interrogantes a medida que les vayan surgiendo.

 

Lo que ahora rogamos, por tanto, es un poco de paciencia. Reservemos nuestras cuestiones y dudas, en cuanto a tal o cual dificultad, hasta el momento en que nos sintamos plenamente seguros andando en el principio general. Nosotros no somos directores de conciencias, sino sencillamente ministros de la Palabray nuestro deseo es presentarla, de tal manera, que sean los propios lectores los que dirijan sus conciencias guiados por el Espíritu Santo y Su santa Palabra.

 

Los temas que trataremos serán:

 

DIOS HABLANDO

 

1.      Por medio de los profetas.

2.      Por medio de Su Hijo.

3.      Por medio los que le escucharon.

4.      Por medio del Espíritu de verdad.

5.      Por medio de Pablo, el prisionero de Jesucristo.

6.      Conclusiones prácticas.  

 

 

 

El Señor ha hablado

 

1. DE DIFERENTES MANERAS Y POR DIVERSOS MEDIOS

 

Nuestra primera labor consiste en hacer un estudio sobre el tema completo, por cuanto el hecho en sí de que Jehová haya hablado a la Humanidad es el hecho más importante del mundo.

 

En Hebreos 1:1, 2 nos ha dicho cómo ha hablado en cuanto a dos de esas ocasiones maneras. Estas partes, modos (puesto que este es el significado de esas palabras) deben ser debidamente interpretadas si deseamos alcanzar la verdad que contienen dentro (2ª Tim.2:15).

Hebreos 1:1-2 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2  en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

 

2 Timoteo 2:15 Procura con diligencia presentarte a Dios aprobado, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, que usa bien la palabra de verdad.

 

No tendremos dificultad alguna en hacerlo si las consideramos dignas de nuestra más absoluta atención, y comenzamos con la firme convicción de que todas las palabras pronunciadas  por Dios, así como todas Sus obras, son perfectas (Salmo 111:2).

Salmos 111:2 Grandes son las obras de Jehová, Buscadas de todos los que las quieren.

 Todo lo que tenemos que hacer para ello es buscar y observar con atención lo que está escrito. Nos encontraremos, entonces, que existen seis partes o modos, y que todos aparecen en un orden perfecto:

 

1.      – Desde la creación del hombre, Jehová ha hablado personalmente, desde el primer momento, con los hombres en particular, sin hacer uso de ningún intermediario humano o de otra clase. A partir de Adán en adelante, pasando por Caín y Abel, por Enoc, Noé, Abraham y, después de ellos, a los patriarcas, hasta el llamamiento de Moisés en la zarza ardiente (Éxodo 3:10). El libro de Génesis pertenece, pues, a esta parte modo.

 Éxodo 3:10  Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

2.      – A partir del llamamiento de Moisés, que data del origen de la nación de Israel (Éxodo: 1), Jehová comenzó entonces a hablar valiéndose de agentes o medios humanos; y habló a los padres del pueblo hebreo. Moisés fue el primero, en la línea de los profetas, por medio del cual les habló, y el último de ellos fue Juan el Bautista, considerado por el Espíritu Santo como el más grande entre ellos (Mateo 11:11).

Mateo 11:11  De cierto os digo: Entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista; pero el más pequeño en el reino de los cielos, mayor es que él.

Malaquías, el último de los profetas del Antiguo Testamento, anticipa la proximidad en la llegada del Ángel del pacto, es decir, el Mesías (por medio del cual Jehová establecería el Nuevo Pacto), y del mensajero que habría de preparar el camino ante Él. Ese mensajero actuaría con el espíritu de Elías. Vale la pena observar que Moisés y Elías, el primero y el último de los profetas del Antiguo Pacto, se hallan reunidos en Malaquías 4:5.

Malaquías 4:5  He aquí, yo os envío el profeta Elías,(A) antes que venga el día de Jehová, grande y terrible. 

 Juan el Bautista fue enviado con el espíritu y el poder de Elías (Lucas 1:17).

Lucas 1:17 E irá delante de él con el espíritu y el poder de Elías, para hacer volver los corazones de los padres a los hijos,(C) y de los rebeldes a la prudencia de los justos, para preparar al Señor un pueblo bien dispuesto.

 

 De haber sido recibido su testimonio, habría sido considerado por el pueblo como el propio Elías (Mateo 11:14).

Mateo 11:14  Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir.(E)

 

 Pero al producirse el asesinato de Juan, se cerró el periodo durante el cual Dios había hablado por medio de los profetas. A ese tiempo parte pertenecen los libros que van de Éxodo hasta Malaquías, junto con Mateo 1:1 hasta 3:12.

 

3.       A partir de ese momento Dios vuelve a hablar, una vez más, de una manera Divina. Porque Dios habló entonces por el Hijo (Hebreos 1:2).

Hebreos 1:2   en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

Seguía siendo Dios el que hablaba, por supuesto, porque el Hijo no habló por su propia cuenta ni haciendo uso de sus propias palabras, sino por las palabras de Aquel que le envió (véanse Deut.18:18, 19, y Juan 7:16; 8:28; 8:46, 47; 12:49; 14:10; 14:24; 17:8).

Deuteronomio 18:18-19   18  Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare. 19  Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.(G)

Juan 7:16   Jesús les respondió y dijo: Mi doctrina no es mía, sino de aquel que me envió.

 Juan 8:28   Les dijo, pues, Jesús: Cuando hayáis levantado al Hijo del Hombre, entonces conoceréis que yo soy, y que nada hago por mí mismo, sino que según me enseñó el Padre, así hablo.

Juan 8:46-47   ¿Quién de vosotros me redarguye de pecado? Pues si digo la verdad, ¿por qué vosotros no me creéis? 47  El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios.

Su ministerio comenzó con la triple declaración Escrito está (Mateo 4:4, 7, 10), y terminó también con una triple referencia al origen y verdad de la Palabra de Dios (Juan 17:8, 14 y 17). A este tiempo que así habló, pertenecen los Cuatro Evangelios.

 Mateo 4:4  El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.(B)

Mateo 4:7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.(E)

 

Mateo 4:10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.(F)

Juan 17:8 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.

Juan 17:14 Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Juan 17:17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

4.      Desde el momento en que nuestro Señor ascendió a los cielos hasta el rechazo y repudio del repetido llamamiento hecho por Pedro a la nación Israelita, rogando que se arrepintiesen (Hechos 2:38; 3:19-26)

Hechos 2:38  Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

 Hechos 3:19-26 Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21  a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;(B) 23  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C) 24  Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.  25  Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.(D)  26  A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad. 

 y hasta Hechos 28:25-28, Dios habló por medio de los que le oyeron (Hebreos 2:3) y se limitaron a confirmar lo que el Hijo había hablado desde (este) principio, sin ir más allá de lo que había dicho el Hijo.

Hechos 28:25-28   Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: 26  Ve a este pueblo, y diles:  De oído oiréis, y no entenderéis;  Y viendo veréis, y no percibiréis; 27  Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado, Y con los oídos oyeron pesadamente, Y sus ojos han cerrado,  Para que no vean con los ojos,  Y oigan con los oídos,  Y entiendan de corazón,  Y se conviertan,  Y yo los sane.(B) m  28  Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.

 Hebreos 2:3   ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

 No hubo, ni dieron los que le oyeron, una nueva revelación de la verdad, sino que se fortaleció la revelación que ya entonces se conocía, dando testimonio el Espíritu Santo por medio de ellos Sus milagros, dones y manifestaciones (Hebreos 2:4),

Hebreos 2:4  testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.

 del mismo modo que también el Hijo había testificado respecto a sí mismo por medio de aquellos milagros, acerca de los cuales habían los profetas hablado anticipadamente. A este tiempo pertenecen los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas generales (que van después a los Evangelios en los mejores y más antiguos de los manuscritos griegos, donde, por lo general, Santiago sigue a los Hechos), y las Epístolas paulinas, aquellas que fueron escritas durante esos mismos tiempos, es decir, antes de Hechos 28:23-28.

 

5.      Cuando esos tiempos tocaron su fin, Dios entonces volvió a hablar, una vez más, por Él mismo, y haciendo uso del espíritu de verdad, tal y como había sido anteriormente prometido por Cristo en Juan 16:12-15.

Juan 16:12-15  Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.  13  Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.  14  El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.  15  Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

 No habló de (o acerca de) sí mismo, sino solamente lo que había de oír del Padre (porque el Padre guardaba los tiempos y las sazones bajo Su propia potestad) (Hechos 1:7).

El Espíritu entonces habló, como lo había hecho anteriormente, dejando las palabras por escrito en la Biblia (o escrituras) de verdad, por mano de Pablo, prisionero de Jesucristo. A continuación dejó constancia de las preciosas doctrinas que, hasta entonces, habían sido guardadas en secreto y que no habían sido posibles dar a conocer hasta que los hechos respecto a los sufrimientos, la muerte, la resurrección y la ascensión de Cristo hubiesen tenido lugar, ya que esas secretas doctrinas se basaban en estos mismos hechos concluidos, y ese Gran Secreto y sus doctrinas se encuentra solamente en las Epístolas que fueron escritas en la cárcel (Efesios, Filipenses y Colosenses); y también a esos tiempos pertenecen Timoteo, Tito y Filemón (dirigidas a esas personas en particular).

 

6.      Finalmente, vemos la participación o el medio humano en la persona de Juan Evangelista, su siervo, que dejó por escrito la Palabra de Dios al respecto del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que él mismo, Juan, fue testigo presencial (Apocalipsis. 1:1, 2).

Apocalipsis 1:1-2 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan,  2  que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

 A este tiempo pertenecen, además de sus Epístolas, también el Apocalipsis.

Ahora estamos, por tanto, en una posición que nos permite enumerar las seis diferentes maneras y diversos medios de los cuales se valió Dios para hablar a la Humanidad (Hechos 1:1).

Hechos 1:1  En el primer tratado, oh Teófilo,(A) hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar,

Aparecen y están puestos, en su estructura, en un orden alternativo y de la siguiente manera:

A1 DIVINA. Por el propio Jehová, sin intervención humana, así habló a Adán (Gén. 1:28) hasta el llamamiento hecho a Moisés (Éxodo 3:10). A estos tiempos pertenece el libro de Génesis.

Génesis 1:28   Y los bendijo Dios,(E) y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.

Éxodo 3:10   Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

 

 

B1 POR MEDIO HUMANO. Por medio de los profetas (Hebreos 1:1), desde el llamamiento de Moisés (Éxodo 3:10) hasta el final de Juan el Bautista (Mateo 3:12; 14:10-12). El Éxodo y el resto del Antiguo Testamento, hasta Mateo 3:12, pertenecen y se encuadran a esos tiempos.

Hebreos 1:1  Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas,

Éxodo 3:10 Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón, para que saques de Egipto a mi pueblo, los hijos de Israel.

Mateo 3:12 Su aventador está en su mano, y limpiará su era; y recogerá su trigo en el granero, y quemará la paja en fuego que nunca se apagará.

 Mateo 14:10-12  y ordenó decapitar a Juan en la cárcel.  11  Y fue traída su cabeza en un plato, y dada a la muchacha; y ella la presentó a su madre.  12  Entonces llegaron sus discípulos, y tomaron el cuerpo y lo enterraron; y fueron y dieron las nuevas a Jesús.

A2 DIVINA. Por medio de Su Hijo (Hebreos 1:2; Dt. 18:18, 19), desde el principio (Mateo 3:13) hasta el final de su ministerio (Mateo 27:66 y los pasajes paralelos). A estos tiempos pertenecen los Cuatro Evangelios.

Hebreos 1:2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;

 Deuteronomio 18:18-19 18  Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.  19  Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.(G)

Mateo 3:13  Entonces Jesús vino de Galilea a Juan al Jordán, para ser bautizado por él.

Mateo 27:66  Entonces ellos fueron y aseguraron el sepulcro, sellando la piedra y poniendo la guardia. 

B2 POR MEDIO HUMANOPor medio de los que oyeron (al Hijo) (Hebreos 2:3, 4), desde Hechos 1:1 hasta 28: 31. A estos tiempos por tanto pertenecen los Hechos de los Apóstoles, las Epístolas generales y las primeras Epístolas paulinas que fueron escritas durante aquellos tiempos.

Hebreos 2:3-4  ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,  4  testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.

A3 DIVINA. Por medio del Espíritu de verdad (Juan 16:12-15), a través de Pablo, prisionero de Jesucristo (Efesios 3:1-12; 2ª Tim. 1:8). A esos tiempos pertenecen las Epístolas que fueron escritas posteriormente en prisión (Efesios, Filipenses, y Colosenses), y 1ª o al menos, 2ª de Timoteo, y Tito.

Juan 16:12-15   Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.  13  Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14  El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. 15  Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

 Efesios 3:1  Por esta causa yo Pablo, prisionero de Cristo Jesús por vosotros los gentiles;

 2 Timoteo 1:8  Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,

 

 

B3 POR MEDIO HUMANO. Por medio de Su siervo Juan (Ap. 1:1, 2). A ese tiempo pertenece el libro del Apocalipsis.

Apocalipsis 1:1-2 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, 2  que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto.

Aquí tenemos, como podemos ver, seis diversas maneras y diferentes medios. Dios empleó cada una de ellas para hablarle al hombre. Seis es el número del hombre, y de todo lo que tiene relación con él. Desde el final de aquellos tiempos, Dios no le ha vuelto a hablar al hombre, ni de manera directa, por Sí mismo, ni indirecta, por intervención humana alguna. Sin embargo, el hombre ahora dispone de la Palabra de Dios, escrita y completa, sin que haya que sustraerle ni añadirle nada. Todo hombre se encuentra a la misma altura ante ella, y todo aquel que hoy en día afirme haber recibido cualquier tipo de revelación diferente procedente de Dios, debe ser considerado anatema (Gálatas 1:6-9)*

*       Hay personas que así lo afirman y en nuestros días existen muchos que lo confiesan, pero aquellos que les dan oídos, o no conocen las escrituras o se dejan dominar por espíritus malignos.

 

Gálatas 1:6-9  Estoy maravillado de que tan pronto os hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo, para seguir un evangelio diferente.  7  No que haya otro, sino que hay algunos que os perturban y quieren pervertir el evangelio de Cristo.  8  Mas si aun nosotros, o un ángel del cielo, os anunciare otro evangelio diferente del que os hemos anunciado, sea anatema.  9  Como antes hemos dicho, también ahora lo repito: Si alguno os predica diferente evangelio del que habéis recibido, sea anatema.

En esas seis diferentes ocasiones y de esas diversas maneras habló Dios en la antigüedad, y, desde entonces, podemos decir que Dios ha guardado silencio.

            Sin embargo, Dios volverá a hablar en un tiempo futuro por séptima vez, y esa vez lo hará independiente de toda intervención humana. Hablará desde los cielos (Salmo 1:1, etc.). Esa será la séptima vez que lo haga, y de ese modo quedará todo sellado con el número de la perfección espiritual.  Todo será entonces perfecto. No, por supuesto, el hecho de que hable en general, sino el hecho de que, con todas las ocasiones que ya lo ha hecho de diversas maneras, completará en perfección espiritual entonces lo que Dios le haya dicho al hombre.

En Hebreos 1 y 2 tenemos la clave de todo esto, y para mostrar que esa clave es perfecta, es preciso que echemos un vistazo nuevamente a esos capítulos, puesto que manifiestan y dan testimonio de las mismas perfecciones que aparecen en todas las obras de Dios. Al telescopio, por muy potente que sea, no le es posible aproximarnos las obras distantes de los cielos y ponerlas a la vista descubierta del hombre, y el microscopio no es capaz de describirnos en toda su extensión las diminutas perfecciones de Sus obras aquí en la tierra. Utilicemos, para empezar, el primero, el telescopio, y veamos estos dos capítulos como una sola unidad, y entonces estaremos preparados para hacer uso después del microscopio y así poder examinar algunas de sus infinitas perfecciones.

Los dos capítulos están divididos en cuatro partes, en un orden alternativo: el primero y el tercero tienen como sujeto principal a Dios Mismo, que es Quien habla; el segundo y el cuarto al Hijo, por medio del cual habló.

 

A/ 1:1, 2-. Dios habló, en el pasado, por medio de los profetas.

   B/ 1:2-14. El Hijo, por medio del cual habló: superior a los ángeles (4); Dios (8)

A/ 2:1-4. Dios habla, por medio de Su Hijo, durante los últimos días.

   B/ 2:5-18. El Hijo, por medio del cual habló (1:2); poco menos que Elohim (7) el Hombre (6).

 

Esta estructura se explica por sí sola y es el mejor comentario sobre estos dos capítulos, ya que cubre toda la gama del tema; permitiéndonos llegar, por medio de ellos, al significado de sus palabras y llamando nuestra atención, de manera especial, sobre aquellos puntos que se han enfatizado para este propósito.

En primer lugar, nos damos cuenta de que las cuatro partes, apareciendo de forma alternativa, están colocadas por parejas, señaladas por la misma letra (A y A; B y B, con caracteres romanos e itálicos, respectivamente) del siguiente modo A (desde 1:2 hasta 2:1): Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo…Por lo tanto, deberíamos prestar suma atención a las cosas que hemos oído, etc.

 

De la misma manera debemos leer en delante de la B a la (desde 1:14 hasta 2:5) de la siguiente manera:

Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? … Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando… etc.

 

Por tanto, hay ocho sujetos que se han enfatizado, de manera solemne, a fin de que nos fijemos en ellos. Así, pues, ahora podemos hacer uso del microscopio para poder verlos de una manera mucho más detallada, fijándonos en el orden de las palabras (en el griego) en el grupo A (1:1, 2-).

 

A/C   a/ Habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo

             b/ Dios habló

                 c/ a los padres

                     d/ por los profetas

     C/ a/ En estos postreros días

             b/ nos ha hablado

                c/ a nosotros (Hebreos)

                    d/ por (Su) el Hijo.

 

Aquí tenemos los ocho puntos o sujetos apareciendo en dos series. En nuestra primera sección dedicamos nuestra atención al primero de ellos. Aquí ofrecemos sus cuatro puntos, que nos conducen a los restantes cuatro, los cuales debemos reservar para nuestra próxima sección.

 

1.      Dios, habiendo hablado. Ese es el primer gran hecho.

2.      Habló en el pasado, antiguamente, en contraste con lo pueda haber dicho en ocasiones posteriores,

3.      Habló a los padres. No a los gentiles o personas de las demás naciones.

4.      Habló por medio de los profetas, no por medio de los sacerdotes. Tampoco por medio de los falsos profetas ordenados por los hombres (que por fuerza habrían de ser falsos), sino por los profetas en cuyos escritos se encuentran, solamente, las palabras de Dios.

 

Hebreos 1:1-2:18 1    Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, 2  en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo;  3  el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4  hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. 5  Porque ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Mi Hijo eres tú, Yo te he engendrado hoy,(A) m y otra vez: Yo seré a él Padre,  Y él me será a mí hijo?(B) m  6  Y otra vez, cuando introduce al Primogénito en el mundo, dice:  Adórenle todos los ángeles de Dios.(C) m  7  Ciertamente de los ángeles dice:  El que hace a sus ángeles espíritus,  Y a sus ministros llama de fuego.(D) m  8  Mas del Hijo dice:  Tu trono, oh Dios, por el siglo del siglo;  Cetro de equidad es el cetro de tu reino. 9  Has amado la justicia, y aborrecido la maldad,  Por lo cual te ungió Dios, el Dios tuyo, Con óleo de alegría más que a tus compañeros.(E) m  10  Y:  Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra,  Y los cielos son obra de tus manos.  11  Ellos perecerán, mas tú permaneces;  Y todos ellos se envejecerán como una vestidura,  12  Y como un vestido los envolverás, y serán mudados;  Pero tú eres el mismo,  Y tus años no acabarán.(F) m  13  Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás:  Siéntate a mi diestra,  Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies?(G) m  14  ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación? 

 HEBREOS CAP 2  1  Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos.  2  Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución,  3  ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,  4  testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.  El autor de la salvación 5  Porque no sujetó a los ángeles el mundo venidero, acerca del cual estamos hablando; 6  pero alguien testificó en cierto lugar, diciendo:  ¿Qué es el hombre, para que te acuerdes de él,  O el hijo del hombre, para que le visites?  7  Le hiciste un poco menor que los ángeles,  Le coronaste de gloria y de honra, Y le pusiste sobre las obras de tus manos;  8  Todo lo sujetaste bajo sus pies.(A) m Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas.  9  Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos.  10  Porque convenía a aquel por cuya causa son todas las cosas, y por quien todas las cosas subsisten, que habiendo de llevar muchos hijos a la gloria, perfeccionase por aflicciones al autor de la salvación de ellos.  11  Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos, 12  diciendo: Anunciaré a mis hermanos tu nombre,  En medio de la congregación te alabaré.(B) m  13  Y otra vez:  Yo confiaré en él.(C) m Y de nuevo:  He aquí, yo y los hijos que Dios me dio.(D)  14  Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo,  15  y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.  16  Porque ciertamente no socorrió a los ángeles, sino que socorrió a la descendencia de Abraham.  17  Por lo cual debía ser en todo semejante a sus hermanos, para venir a ser misericordioso y fiel sumo sacerdote en lo que a Dios se refiere, para expiar los pecados del pueblo.  18  Pues en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los que son tentados. 

El Señor ha hablado

 

1. POR MEDIO DE LOS PROFETAS

(Hebreos 1:1)

Todos hemos oído hablar de la cosa más importante del mundo, y de la multitud de opiniones que existen al respecto, pero si verdaderamente hay un hecho más importante que cualquier otro en este mundo, es sin duda alguna el hecho de que Dios haya hablado y se haya dado a conocer a los hombres.

 

No tenía motivos para hacerlo, ni tampoco estaba obligado a ello. No recaía sobre Él la necesidad de hacerlo. Las cosas hubiesen seguido entonces sucediendo tal como han ido sucediendo, y la historia del hombre habría sido exactamente igual que la conocemos, siendo que, la única diferencia, habría sido que el hombre habría así permanecido en una condición de absoluta ignorancia en muchos asuntos y cuestiones que son de gran importancia y envergadura y, como resultado, hubiese sido incapaz de entenderlas y explicarlas por sus cinco sentidos y su razón.

 

De hecho, así mismo les ocurre en los días actuales a todos aquellos que desconocen que Dios ha hablado, o que, siendo conscientes del hecho, no saben lo que ha dicho o, sencillamente, no creen lo que ha dicho. La fe viene por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios (Romanos 10:17).

(Rom 10:17)  Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

 

Es, por tanto, por medio de la fe en lo que Dios ha dicho que comprendemos el hecho de que las edades fuesen ajustadas por Él, de manera que las cosas que se ven con el ojo externo, no hayan surgido ni tengan origen en lo que nos aparece exteriormente, y no pueden, por tanto, ser juzgadas o explicadas por las apariencias externas (Hebreos 11:3).

(Heb 11:3)  Por la fe entendemos haber sido constituido el universo por la palabra de Dios,(A) de modo que lo que se ve fue hecho de lo que no se veía.

 

En otras palabras, como muy acertadamente se ha dicho, ¡las cosas no siempre son lo que parecen!

 

Hay un hecho que es realmente maravilloso y casi increíble, y es, precisamente, que Dios haya hablado y haya tenido la misericordia de darle a conocer al hombre las fuentes secretas de la historia, a fin de que al hombre le sea posible saber y comprender la verdad acerca de las edades o dispensaciones, que van unas a seguir a las otras, y que pueda discernir esa verdad en lo que se refiere a Sus principios de administración durante cada una de ellas.

 

Durante los comienzos del mundo Dios habló directamente a los hombres, como fue el caso con Adán, con Noé, Abraham y con otros muchos; sin embargo, cuando habló a los hombres, de manera colectiva, o de todas las naciones sin distinción, a todos, siempre lo hizo valiéndose de otros hombres. Ahora bien, ¿por medio de quién habló?: los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo (2ª Pedro 1:21), habiéndolo hecho de muchas maneras y en diferentes ocasiones durante el pasado.

DIOS HABLÓ POR MEDIO DE LOS PROFETAS

El hecho que se destaca en esta declaración es que Dios habló.

 

NO POR MEDIO DE LOS SACERDOTES

¡No! Porque los sacerdotes no son llamados, y tampoco hechos a sí mismos sacerdotes, sino escogidos como descendientes del linaje de Leví. Son escogidos por Dios, no por el hombre; es decir, no hechos ni elegidos por manos o designios humanos.

 

El profeta es el portavoz de Dios, y nadie puede ocupar ese puesto, hablando en lugar de Dios, a menos que haya sido por Él llamado y nombrado, además de recibir la preparación de Aquel que le envía y, de recibir de Sus manos el mensaje que ha de transmitir.

 

Pero el ser un portavoz de Dios no forma parte del servicio de sacerdote, cuyas obligaciones están muy claramente definidas en la Palabra también. La labor del sacerdote no consistía, simplemente, en ofrecer sacrificios (según la idea general que se tiene hoy en día en la cristiandad apóstata) sino en enseñar al pueblo lo que Dios había hablado por medio del profeta. De este modo podemos leer, en cuanto a las obligaciones del sacerdote se refiere, en Dt.17:9-11:

(Deu 17:9)  y vendrás a los sacerdotes levitas, y al juez que hubiere en aquellos días, y preguntarás; y ellos te enseñarán la sentencia del juicio.(10)  Y harás según la sentencia que te indiquen los del lugar que Jehová escogiere, y cuidarás de hacer según todo lo que te manifiesten.(11)  Según la ley que te enseñen, y según el juicio que te digan, harás; no te apartarás ni a diestra ni a siniestra de la sentencia que te declaren.

Según la ley que te enseñen, y según el juicio que te digan, harás. Su obligación era enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les había dicho por medio de Moisés (Levítico 10:11).

(Lev 10:11)  y para enseñar a los hijos de Israel todos los estatutos que Jehová les ha dicho por medio de Moisés.

Moisés fue el profeta por medio del cual Dios habló primeramente a los padres, a Su pueblo Israel, y la obligación de los sacerdotes era enseñar lo que habían oído decir a Moisés.

 

(Deu 33:10)  Ellos enseñarán tus juicios a Jacob,

 Y tu ley a Israel;

 Pondrán el incienso delante de ti,

 Y el holocausto sobre tu altar.

En Dt.33:10, donde se habla acerca del aspecto de los dos servicios de los sacerdotes, podemos ver claramente cuál de los dos era el más importante, simplemente leyendo el orden en que aparecen los servicios mencionados. Estos dos servicios los hallamos en la bendición de Leví, y leemos:

Primero: Ellos enseñarán tus juicios a Jacob, y tu ley a Israel; y entonces, a continuación :Segundo: Pondrán incienso delante de ti, y el holocausto sobre tu altar.

Solo tenemos que pararnos a meditar, y luego contrastar esta declaración con lo que hoy en día afirman los denominados falsamente “sacerdotes cristianos,” para comprobar hasta qué punto de degradación ha llegado la apostasía, bajo la cual los llamados sacerdotes queman incienso y ofrecen lo que denominan “el sacrificio de la Misa”. Porque, en lugar de enseñar a las gentes lo que Dios ha dicho, hacen todo cuanto esté en sus manos para que el pueblo no conozca ni se entere de lo que está escrito, y no aprendan la Palabra de Dios.

 

Ya hubo épocas durante las cuales los sacerdotes, que quemaban el incienso, también quemaban las Escrituras, y pasaban por la hoguera a todos aquellos que se atreviesen a leerlas; y además, no contentos con esto, las corrompían y pervertían con falsas traducciones. En los días actuales, los denominados sacerdotes también las destruyen escribiendo en contra de las Escrituras, pretendiendo con sus opiniones juzgar el texto sagrado; negando el hecho de que Dios haya hablado por medio de Sus escritores y, al mismo tiempo, aprobando la circulación de traducciones plagadas con sus errores. Hasta aquí ha llegado la apostasía actual, que es tan real y flagrante como lo fue en los peores días del rey Joacín.

 

Es cierto que, en la actualidad, los pecados son más camuflados y refinados que en aquellos días pasados, pero el corazón del hombre es peor que entonces. El envenenamiento científico ocupa hoy en día el lugar del asesinato violento de entonces, y al robo que había se anteponen ahora los más refinados cálculos. En vez de la hoguera y el puñal, la pluma y los falsos testimonios son hoy en día los que sutilmente roban las riquezas espirituales.

 

Pero los sacerdotes siempre se han comportado de esta manera a través de todos los siglos. Esdras es la única excepción que conocemos, y lo que de él se ha escrito en la Biblia resalta un propósito Divino, pues se destaca de manera muy enfática como un sacerdote ejemplar. No se nos dice nada de que quemase incienso ni ofreciese sacrificios, pero, sin embargo, leemos lo siguiente:

 (Esd 7:6)  este Esdras subió de Babilonia. Era escriba diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios de Israel había dado; y le concedió el rey todo lo que pidió, porque la mano de Jehová su Dios estaba sobre Esdras.

 

Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la congregación, así de hombre como de mujeres, y de todos los que podían entender… Y leyó en el libro… desde el alba hasta el mediodía… y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al libro de la ley… Y abrió, pues, Esdras el libro a los ojos de todo el pueblo… Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían el sentido, de modo que entendiesen la lectura (Nehemías 8:2, 3, 5, 8).

Es cierto, Esdras fue un verdadero sacerdote; y si todos los sacerdotes hubiesen hecho como él, la apostasía no sería conocida. Israel y Judá no habrían conocido la Dispersión, y el denominado sacerdote cristiano habría llevado a cabo, hasta el presente día de hoy, la obra que comenzaron los reformadores, y además, se habrían sentido satisfechos recibiendo el nombre de ministros de la Palabra.

 

La apostasía que hoy en día vemos desarrollándose gradualmente a nuestro alrededor en todas las llamadas iglesias tiene su origen directo en esta procedencia. A partir de ahí precisamente es de donde surgen todas las divisiones y diferencias religiosas. Todos los cristianos perciben el mal y lo lamentan, sin embargo, ¡cuán pocos disciernen la verdadera causa, y cuán pocos se proponen erradicarla y quitarla del medio pase lo que pase!

 

No se dan cuenta de que, los sacerdotes, son humanos en sí mismos, y son además, por así decirlo, de manufactura humana; y así ha sido a lo largo de todas las edades. Todos los sacerdotes han sido hechos de manos de carne. En Israel fueron concebidos de voluntad de hombre y de voluntad de carne, y en nuestros días también se puede decir lo mismo. Es por eso que Jehová no habló jamás por boca de los sacerdotes, sino de los profetas.

Porque los labios del sacerdote han de guardar la sabiduría, y de su boca el pueblo buscará la ley; porque mensajero es de Jehová de los ejércitos (Malaquías 2:7).

Los sacerdotes deberían estar agradecidos por el hecho de no haber quedado totalmente excluidos a la hora de recibir el llamamiento Divino, a fin de ser portavoces de Dios.

 

Jeremías y Ezequiel fueron profetas que recibieron este tipo de llamamiento, pero también lo fue Abraham, que fue un patriarca (Gén.20:7); David, que fue rey (Hechos 2:30, 31); Daniel, que fue un príncipe (Daniel 2:19); y Amós, un hombre que guardaba ganado, un pastor (Amós 1:1; 7:14). En su mayoría fueron hombres de poca importancia, desconocidos, de no ser por el nombre de sus padres; y también hubo profetisas, además de profetas.

Génesis 20:7   Ahora, pues, devuelve la mujer a su marido; porque es profeta, y orará por ti, y vivirás. Y si no la devolvieres, sabe que de cierto morirás tú, y todos los tuyos.

Hechos 2:30-31   Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,(F)  (31)  viéndolo antes, habló de la resurrección de Cristo, que su alma no fue dejada en el Hades, ni su carne vio corrupción.

Daniel 2:19   Entonces el secreto fue revelado a Daniel en visión de noche, por lo cual bendijo Daniel al Dios del cielo.

Amós 1:1 Las palabras de Amós, que fue uno de los pastores de Tecoa, que profetizó acerca de Israel en días de Uzías(A) rey de Judá y en días de Jeroboam(B) hijo de Joás, rey de Israel, dos años antes del terremoto.

Amós 7:14 RV 1960  Entonces respondió Amós, y dijo a Amasías: No soy profeta, ni soy hijo de profeta, sino que soy boyero, y recojo higos silvestres.

 

Pero el hecho más importante es que aquellos hombres y mujeres por medio de los cuales Dios habló habían sido llamados por Él. Nadie sino Dios podría haberles hecho el llamamiento, y nadie sino Él Mismo pudo informarles acerca de lo que debían decir. Por eso el profeta recibía el nombre de portavoz de Dios, ya que el significado original hebreo de profeta es la boca. Aarón actuó como siendo la boca de Moisés (Éxodo 4:16; 7:1), y el profeta actuó como siendo la boca de Jehová (Ezequiel 3:17). Jehová dijo: … pondré mis palabras en su boca. Refiriéndose a profetas de la talla de Moisés (Deut.18:18).

Éxodo 4:16 Y él hablará por ti al pueblo; él te será a ti en lugar de boca, y tú serás para él en lugar de Dios.

Éxodo 7:1 Jehová dijo a Moisés: Mira, yo te he constituido dios para Faraón, y tu hermano Aarón será tu profeta.

 

Ezequiel 3:17 Hijo de hombre, yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; oirás, pues, tú la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte.

Deuteronomio 18:18   Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.

 

Esta es la explicación divina de lo que es la inspiración, y no es posible darle otra definición más clara y detallada. Tampoco es posible explicar la creación. Es algo que se debe aceptar por fe y no intentar llegar a la respuesta por la razón sensorial. La inspiración es un hecho, del mismo modo que también lo es la creación. El Dios que sopló en la nariz del hombre el aliento de vida, es el mismo Dios que sopló en la boca del hombre y sobre su pluma las palabras de vida. Como dijo Pedro en Hechos 1:16, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas. Fue David quien lo dijo, pero no fueron sus palabras, puesto que David no podía saber nada acerca de Judas. ¿Cómo podría David haber hablado nada acerca de Judas, cuando faltaban todavía mil años para que naciese? David podía hablar y habló acerca de Ahitofel, que vivió en su tiempo, pero fue el Espíritu Santo quien habló por boca de David acerca de Judas; y, por el mismo motivo, David, siendo profeta

 

(Hechos 2:30, 31), habló acerca de la resurrección de Cristo en el Salmo 16.

Hechos 1:16   Varones hermanos, era necesario que se cumpliese la Escritura en que el Espíritu Santo habló antes por boca de David acerca de Judas, que fue guía de los que prendieron a Jesús,

Hechos 2:30   Pero siendo profeta, y sabiendo que con juramento Dios le había jurado que de su descendencia, en cuanto a la carne, levantaría al Cristo para que se sentase en su trono,(F)

 

Salmos 16:1-11    Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.  2  Oh alma mía, dijiste a Jehová:

 Tú eres mi Señor;

 No hay para mí bien fuera de ti.  3  Para los santos que están en la tierra,

 Y para los íntegros, es toda mi complacencia.  4  Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios.

 No ofreceré yo sus libaciones de sangre,

 Ni en mis labios tomaré sus nombres.  5  Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa;

 Tú sustentas mi suerte.  6  Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos,

 Y es hermosa la heredad que me ha tocado.  7  Bendeciré a Jehová que me aconseja;

 Aun en las noches me enseña mi conciencia.  8  A Jehová he puesto siempre delante de mí;

 Porque está a mi diestra, no seré conmovido.  9  Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma;

 Mi carne también reposará confiadamente;  10  Porque no dejarás mi alma en el Seol,(A)

 Ni permitirás que tu santo vea corrupción.(B)  11  Me mostrarás la senda de la vida;

 En tu presencia hay plenitud de gozo;

 Delicias a tu diestra para siempre.(C)

 

También de la misma manera habló Dios a Ezequiel: 

…oirás, pues, tú la palabra de Mi boca, y los amonestarás de Mi parte (Ezequiel 3:17).

Aquí vemos, por lo tanto, que en muchas ocasiones y de muchas maneras habló Dios, en el pasado, a los padres hebreos.

 

POR MEDIO DE LOS PROFETAS, Y NO DE LOS SACERDOTES

Fíjense, además, en que lo que Dios habló, lo dijo a los padres, es decir, a los antepasados de aquellos a quienes fue dirigida la Epístola a los Hebreos. No fue dirigida ni escrita a los gentiles, aunque dentro de la carta hubiese muchas cosas a su respecto. Pero lo que en la Epístola se dijo, iba expresamente dirigido al pueblo hebreo, respecto a la manera indigna como se comportó en el pasado y a la gracia maravillosa de Jehová para con ellos; la manera en que habían provocado la ira de Jehová y el contraste con la tolerancia Suya hacia aquella nación; acerca de los castigos que tuvieron en resultado de su desobediencia que soportar en aquellos tiempos, y sobre su dispersión que iría en breve a permitir Jehová como consecuencia; así como, además, les habló acerca de su futura restauración y las glorias de Jehová con ellos. Así, pues, el tema de las palabras que Jehová les dirigió, se limitaba enteramente a Israel y a los principios de administración que Jehová llevaba a cabo, específicamente, con aquella particular nación. Todas las cosas que la carta contenía eran típicas de aquella Dispensación en concreto. Por lo tanto, si aplicamos de aquel Pueblo particular, de aquel entonces, aquellos peculiares principios, y los empleamos para la Dispensación de nuestros días, estaremos tomando lo que Dios habló, por medio de los profetas, para hablar a/y respecto a los padres (es decir, Al Israel de entonces), y lo estaremos leyendo como si hubiesen sido pronunciadas para nosotros, en la actual Dispensación. Con ese procedimiento, lo único que lograremos será sembrar la confusión. ¡Y en vez de en la verdad, nos hallaremos en un gran error!

 

¡La gran confusión se instala cuando, aquello que fue dicho a Israel referente a las futuras bendiciones que habrían de recibir como nación, se interpretan como si fueran las bendiciones actuales, literalmente, de los gentiles, o de la raza anglosajona, o de cualquier otra raza diferente a la hebrea!

 

La misma confusión acarreamos cuando espiritualizamos las profecías, y cuando todo se interpreta como siendo las actuales bendiciones espirituales que recibe la Iglesia. Este último sistema de falsa interpretación fue precisamente el que condujo al anterior. Estando hartos hasta la saciedad de ese trato indebido de las Escrituras proféticas, hecho por medio de los tradicionales comentadores evangélicos, que siempre dan a las afirmaciones literales un sentido espiritual, hubo muchos que optaron por procurar alivio, y lo hallaron, preservando el significado literal. Acompañamos en el sentimiento a todos aquellos que fueron descarriados por causa de este duplo error, pues nada ganan así, y lo que les sucede es que se pierden algo divino y maravilloso. Se quedan con la mera sombra y se pierden la bendita sustancia acerca de la cual habló Dios por medio del Hijo, y desde entonces por medio de aquellos que le oyeron y por medio de su siervo, Pablo, el prisionero de Jesucristo (2ª Timoteo 1:8).

2 Timoteo 1:8 RV 1960  Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,

 

 

Pero eso es algo que debemos reservarnos para nuestra próxima sección.

 

3.      POR MEDIO DE SU HIJO

 

Comparando lo que se dice en el hecho de que Dios mismo hablase, con lo que habló por medio de los profetas al final de la última sección, en la segunda serie vimos que después:

 

Dios volvió a hablar nuevamente, una vez que los profetas concluyeron sus testimonios.

Que cuando Dios así habló, y lo hizo en estos últimos días, se refiere a los últimos días de aquel entonces cuando el Hijo habló las palabras que Dios le encomendó. No se trata, pues, de los últimos días en los cuales nosotros vivimos ahora, sino en los últimos días de aquella Dispensación, que, como es lógico, ya se han quedado en el pasado – son los días en que habló estando el Hijo en la tierra, o: los días del Hijo del Hombre.

Que el hablar al que se refiere aquí fue por medio de Su Hijo. Por tanto, no fue nada nuevo que dijese posteriormente ni por otro medio que hubiese escogido, ni tan siquiera por medio del don de espíritu santo como había prometido el Señor (para el futuro entonces) en Juan 16:12-15.

Juan 16:12-15 Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar.  (13)  Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir.  (14)  El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber.  (15)  Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

 

Que el Hijo, cuando se refirió a nosotros, en este caso significa al escritor hebreo que escribió la Epístola, así como a los hebreos que leyeron lo que escribió. No se dirigía, pues, a los lectores gentiles o de las demás naciones, sino a los que oyeron lo que había dicho, y a los hebreos que, aunque no le oyesen, se les confirmaban las palabras por los que le oyeron (Hebreos 2:3).

Hebreos 2:3 RV 1960  ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

 

Más adelante tendremos algo más que añadir sobre este punto. Los demás puntos han quedado perfectamente claros, aunque por lo general no se preste la debida atención a este hecho fundamental que es de suprema importancia, y que es:

 

DIOS HABLÓ

 

Ya fuese por medio de los profetas o por Su propio Hijo. Este último modo había sido objeto de profecía. Dios había anticipado este acontecimiento de suma importancia, y que habría de señalar una época particular, cuando le dijo a Moisés: Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y PONDRÉ MIS PALABRAS EN SU BOCA, y Él les HABLARÁ TODO LO QUE YO LE MANDARE. Mas a cualquiera que no oyere MIS PALABRAS que él HABLARE EN MI NOMBRE, Yo le pediré cuenta (Dt.18:18,19).

Cuando llegó el momento en que Dios levantó a ese gran Profeta, fue oportunamente llamado, ungido y nombrado, recibiendo formalmente la comisión de parte de Dios. El nombramiento tuvo lugar bajo la condición expresa en Números 11:29, ya que el Espíritu Santo ungió al Mesías para esa misma profética labor (Lucas 4:18, 19). Así como Moisés fue llamado junto a la zarza ardiente, así el profeta semejante a él fue ungido junto a las aguas del Jordán. A partir de ese momento Dios habló por medio de Su Hijo, y lo que denominamos los Cuatro Evangelios es lo que da fe, por escrito, de las PALABRAS y OBRAS del Padre en el Hijo (Juan 14:10).

 

Números 11:29  Y Moisés le respondió: ¿Tienes tú celos por mí? Ojalá todo el pueblo de Jehová fuese profeta, y que Jehová pusiera su espíritu sobre ellos.

Lucas 4:18-19   El Espíritu del Señor está sobre mí,  Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;  Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;  A pregonar libertad a los cautivos,  Y vista a los ciegos;  A poner en libertad a los oprimidos;  (19)  A predicar el año agradable del Señor.(F)

Juan 14:10  ¿No crees que yo soy en el Padre, y el Padre en mí? Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mi propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, él hace las obras.

 

 

No debemos permitir que este pensamiento se aleje de nuestras mentes al leer o estudiar los Evangelios. El Señor tuvo este hecho siempre muy presente. Tan solo en el Evangelio de Juan, Jesucristo lo resalta en siete diferentes ocasiones, y, aun a riesgo de resultar repetitivo, quisiera volver a mencionarlas en esta ocasión:

 

Mi doctrina (es decir, mi enseñanza) no es mía, sino de Aquel que me envió (Juan 7:16).

Según me enseñó el Padre, así hablo (Juan 8:28).

Por qué vosotros no me creéis? El que es de Dios, las palabras de Dios oye; por esto no las oís vosotros, porque no sois de Dios (Juan 8:47).

Porque yo no he hablado por mi propia cuenta; el Padre que me envió, Él me dio mandamiento de lo que he de decir, y de lo que he de hablar (Juan 12:49).

Las palabras que yo os hablo, no las hablo por mí propia cuenta, sino que el Padre que mora en mí, Él hace las obras (Juan 14:10).

La palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió (Juan 14:24).

Porque las palabras que me diste, les he dado (Juan 17:8).

 

Aquí vemos, por tanto, siete ocasiones diferentes en las cuales nuestro Señor Jesús afirmó que había sido el Padre, es decir, el propio Dios, Quien había hablado por medio de él, de la misma forma que lo había hecho, anteriormente, por medio de los profetas.

Así que, los críticos modernos que hablan de la historia de Jonás como si fuera un mito, del libro de Daniel como si fuese una falsificación, y que dicen que el Salmo 110 no fue escrito por David, harían bien en reconsiderar sus blasfemias cuando hablan tan livianamente acerca de lo que se haya disfrazado (dicen ellos) bajo la palabra griega kenôsis, o vaciar.

 

Filipenses 2:7   sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres;

 

En Filipenses 2:7, el verbo kenoô se traduce se despojó a sí mismo, lo cual significa, en realidad, se vació a sí mismo. Los críticos actuales interpretan ese verbo con el significado de que se despojó a sí mismo…de todo conocimiento, así como de otras cosas, y, por tanto, dicen que cuando Jesús habló acerca de Jonás, o de Daniel o David, o bien lo hizo con ignorancia, o entonces adhirió a las tradiciones y a las ignorantes supersticiones del pueblo. Pero la respuesta que el Espíritu Santo les da a todos estos críticos es: Eso es lo que afirman los necios en sus corazones. La verdadera explicación y el real significado de kenoô lo dan las palabras que aparecen a continuación, las cuales fueron añadidas por el Espíritu Santo con el propósito de mostrar cómo, y de qué manera, se despojó a sí mismo.

Se despojó de la gloria que había mantenido con el Padre antes de que el mundo (kosmos) fuese (Juan 17:5).

Juan 17:5   Ahora pues, Padre, glorifícame tú al lado tuyo, con aquella gloria que tuve contigo antes que el mundo fuese.

 

Así lo llevó a cabo cuando tomó forma de siervo, hecho semejante a los hombres…y se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (Filipenses 2:7, 8). Esta es la explicación divina de lo que se denomina kenôsis, y es más que suficiente.

Sin embargo, la explicación que ofrecen los críticos modernos, rebaja a la persona de nuestro Señor, y le roban incluso de su gloria como Hombre. Pero aunque se despojase de la gloria divina de la cual podría muy bien haberse aprovechado, estaba repleto de sabiduría divina, y solamente habló las palabras de Dios; por eso conocía muy bien los corazones de los hombres y podía leerles sus pensamientos.   

 

DIOS HABLÓ POR MEDIO DE SU HIJO

 

Por lo tanto, todo lo que dijo fue con palabras medidas por la divina sabiduría. A su madre le dijo: ¿No sabíais que en los negocios de mi Padre (1) me es necesario estar? (Lucas 2:49). Y las últimas palabras que pronunció fueron Consumado es (Juan 19:30). ¿Qué es lo que había consumado? El negocio del Padre para el cual había venido y sido enviado a la tierra (Salmo 40:7, 8 Entonces dije: He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de mí;  (8)  El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón.(A))

1.- Nótese la corrección en estas palabras al dicho que María le refirió en el vers.48: Tu padre y yo te hemos estado buscando.

 

Lo mismo se puede aplicar a las palabras que empleó durante su ministerio, siendo que todas habían sido ordenadas por el Padre, tanto en lo referente al tema como al momento de pronunciarlas. El ministerio del Señor abarcó cuatro grandes temas.

 

EL PRIMER TEMA fue la proclamación del Reino, comenzando en Mateo 4:12 y terminando en Mateo 7:28, 29: cuando terminó Jesús estas palabras. Cada una de las palabras en ese espacio se refiere al Reino, no a la Dispensación actual, ni a ninguna otra diferente del Reino.

 

Mateo 4:12  Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso,(G) volvió a Galilea;

Mateo 7:28-29   Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina;  (29)  porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas.(E)

 

 

EL SEGUNDO TEMA fue Él Mismo, su bendita Persona. Comienza proclamándose (por el Padre) como Señor (8:2, 6, 8, 9) y como el Hijo del Hombre (vers.20). Todas las palabras habladas y escritas, desde Mateo 8:1 hasta 16:20, demuestran que fue perfecto, y que sus obras fueron milagros de la creación.

Mateo 8:2-9   Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme.  (3)  Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció.  (4)  Entonces Jesús le dijo: Mira, no lo digas a nadie; sino vé, muéstrate al sacerdote, y presenta la ofrenda que ordenó Moisés,(A) para testimonio a ellos.   (5)  Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole,  (6)  y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado.  (7)  Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré.  (8)  Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente dí la palabra, y mi criado sanará.  (9)  Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Vé, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace.

 

 

EL TERCER TEMA, comenzando con Mateo 16:21, fue el hecho de que los suyos le rechazaron, su propio pueblo de Israel no le recibió (Juan 1:11). DESDE ESE MOMENTO EN ADELANTE JESÚS COMENZÓ a mostrarle a sus discípulos que era necesario que fuese a Jerusalén y allí padecer muchas tribulaciones. En cuatro ocasiones se refiere a su obra de expiación y sus próximos sufrimientos, y el tema continúa hasta el vers.20:34.

Mateo 16:21  Desde entonces comenzó Jesús a declarar a sus discípulos que le era necesario ir a Jerusalén y padecer mucho de los ancianos, de los principales sacerdotes y de los escribas; y ser muerto, y resucitar al tercer día.

 

Juan 1:11   A lo suyo vino, y los suyos no le recibieron.

 

 

EL CUARTO TEMA fue de nuevo el Reino, y en esta ocasión no se refiere a su proclamación, sino a los que lo rechazan. Comienza con el 21:1 y finaliza en el 26:35. Todas las parábolas de este periodo se refieren al cambio venidero de Dispensación, durante la cual el Reino quedaría en suspense por haber sido repudiado.

Mateo 21:1 Cuando se acercaron a Jerusalén, y vinieron a Betfagé, al monte de los Olivos, Jesús envió dos discípulos,

Mateo 26:35  Pedro le dijo: Aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré. Y todos los discípulos dijeron lo mismo.

 

Estos cuatro temas son de suma importancia, pues están compuestos de las palabras y de las obras de Jehová por medio de Su Hijo, y todos ellos están marcados por la más grande perfección posible.

Ahora podemos presentar los cuatro temas, que están colocados en el orden de una  introversión en el cual el REINO es el tema de las secciones externas, mientras que el REY mismo es el tema de las dos secciones internas y centrales.

 

E| 4:12 – 7:29. El Reino. Proclamado

     F| 8:1 – 16:20. El Rey. Proclamación de su Persona.

     F| 16:21 – 20:34. El Rey. Se produce el rechazo de su Persona y su Reino en suspense

E| 21:1 – 26:35. El Reino. Su rechazo y suspensión.

 

Así vemos que estos temas, que son de gran importancia – El Reino y el repudio del mismo, el Rey y su crucifixión -, son los temas fundamentales de todo el Evangelio (1)

       Es lo mismo en los Cuatro Evangelios. Cada uno de ellos tiene la misma cuádruple división sobre el ministerio del Señor.

Los cuatro periodos y ministerios del Señor pueden presentarse según los Cuatro Evangelios:

                

                     Mateo             Marcos          Lucas             Juan               

Primero |  4:12 – 7:29    | 1:14 – 20      |  4:14 - 5:11   |  1:35 – 4:54

Segundo| 8:1 – 16:20     | 1:21 – 8:30   |  5:12 – 9:21  | 5:1 – 6:71

Tercero  |16:21 – 20:34 | 8:31 – 10:52  | 9:22 – 18:43 | 7:1 – 11:54

Cuarto    | 21:1 – 26:35  |  11:1 – 13:37 | 10:1 – 22:38 | 11:54 – 17:26

 

Para que podamos comprender la Estructura superior E, F, F, E, sobre el ministerio del Señor como es debido, resulta necesario ver el lugar que le ha sido asignado a en la Estructura del Evangelio en general. Como vamos a ver, también se presenta en forma de Introversión, lo cual sitúa el tema de mayor importancia en su mismo centro.

 

A| 1:1 – 2:23. PREMINISTERIAL.

   B| 3:1 – 11. EL PREDECESOR.

      C| 3:12 – 17. EL BAUTIMO.

         D| 4:1 – 11. LA TENTACIÓN.

            E| 4:12 – 7:29. PERIODO I. EL REINO.            |

               F| 8:1 – 16:20. PERIODO II. EL REY.            | El cuádruple

               F| 16:21 – 20:34. PERIODO III. EL REY.       | ministerio       

            E| 21:1 – 26:35. PERIODO IV. EL REINO.       |

         D| 26:36 – 46. LA AGONÍA,

      C| 26:47 – 28:14. MUERTE, SEPULTURA, RESURRECCIÓN.

   B| 28:16 – 18. LOS SUCESORES TESTIGOS. LOS DOCE APÓSTOLES.

A| 28:19, 20. POSTMINISTERIAL.

 

Dios, al hablar por medio de Su Hijo, se ve limitado de la manera anteriormente expuesta y no puede ir más allá de esos límites, que son los términos de las palabras del ministerio del Señor.

En tres ocasiones, inmediatamente antes del comienzo oficial de su ministerio (4:12), nuestro Señor resaltó el hecho de que la palabra escrita es el comienzo, es el centro y el final de todo su ministerio, en aquel triple escrito está (Mateo 4:4, 7, y 10). Y en tres ocasiones también, al final de su ministerio, cuando entregó en manos del Padre su comisión, tenemos otra referencia tripartita a esa misma Palabra de Dios escrita (Juan 17:8, 14, 17).

 

Mateo 4:4-12 El respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.(B)  (7)  Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.(E) 

 

Mateo 4:10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.(F)

 

Juan 17:8-17 porque las palabras que me diste, les he dado; y ellos las recibieron, y han conocido verdaderamente que salí de ti, y han creído que tú me enviaste.   (14)  Yo les he dado tu palabra; y el mundo los aborreció, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.  (17)  Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.

 

Por tanto, el periodo durante el cual Dios habló por medio del Hijo en los días finales de aquella especial Dispensación, permanece estrictamente definido y limitado. El Hijo en este periodo trató sobre la salvación acerca de la cual habló el Señor al principio, puesto que fue solo él quien dio comienzo a esa maravillosa manera de hablar  y que terminó con su muerte.

Fue precisamente en aquella época cuando Dios cumplió Su promesa, la cual había hecho a Israel por medio de Su siervo Moisés. Levantó al Mesías, que era el Profeta aquel semejante a Moisés, y puso Sus propias palabras en su boca, con la solemne advertencia de que si aquellos a quienes fueron dirigidas no les prestasen atención y no las recibiesen, Dios entonces les pediría cuentas de su desobediencia (Dt.18:18,19). A pesar de ello, Israel hizo caso omiso de la advertencia, repudiando a Su Mesías, y no quisieron recibir aquellas palabras que Dios había puesto en su boca. Rechazaron al Reino y crucificaron a su Rey.

Deuteronomio 18:18-19  Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.  19  Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.(G)

 

¿Qué iría entonces a suceder con el pueblo de Israel a partir de ese momento? ¿Cuál sería el resultado de su desobediencia? El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o tres testigos, muere irremisiblemente. ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, Yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a Su pueblo. ¡Horrenda cosa es caer en manos del Dios vivo! Estas palabras fueron escritas y dirigidas a los que se negaron a escuchar las palabras de Jehová, transmitidas por Su HIJO (Hechos 10:28-30), a pesar de la solemne advertencia que aparece en Dt.18:18, 19: Yo le pediré cuenta.

Deuteronomio 18:18-19 RV 1960  (18)  Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare.  (19)  Mas a cualquiera que no oyere mis palabras que él hablare en mi nombre, yo le pediré cuenta.(G

 

Esto nos enseña que, si Dios nos ha hablado a nosotros, desde entonces, aunque haya sido por otro medio, haremos bien en prestarle atención, para que no seamos nosotros culpables de ir en contra del espíritu de gracia, con el cual ha hecho posible Dios que Su Palabra haya llegado hasta nosotros.  

 

 

4 POR MEDIO DE LOS QUE LE OYERON

(Hebreos 2:3)

 

Esto significa, por medio de los que oyeron al Hijo, a través de quien Dios había ahora hablado (en los Cuatro Evangelios), después de haberlo hecho por medio de los profetas durante la Dispensación del Antiguo Pacto.

Los profetas hablaron a los padres, y el Hijo les había hablado a ellos y ellos le habían oído, pudiendo así confirmar lo que había dicho y nos había confirmado; es decir, al propio Pablo y a los hebreos a los cuales se dirigió.

Podemos dividir lo que dijo (en Hebreos 2:3, 4) en dos partes diferentes:

Hebreos 2:3-4 3  ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, 4  testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.

 

1.     La confirmación de aquellos que oyeron al Hijo, y

2.     Dios, que fue testigo de sus testimonios por medio de señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del espíritu santo.

Estas son las dos partes que forman el tema, que es de suma importancia, y sobre el cual hablaremos a continuación (Hebreos 2:3, 4).

Tengamos en cuenta, para empezar, cuándo y cómo se produjo esta confirmación, es decir, la manera en que fue trasmitida esta verdad, así como a las personas que se les comunicó y las que la confirmaron o dijeron. La manera de hablar en sí misma fue especial y específica, y no general ni universal. Se dirigió a los hebreos y a sus padres, y en lo que a eso respecto no cabe error alguno, así como tampoco hay dudas en cuanto a los que lo confirmaron o repitieron ni los temas que trataron. Todo está perfectamente claro y evidenciado, y si no mezclamos las cosas, ni juntamos nosotros lo que Dios ha separado, lo comprenderemos todo perfectamente. No hay dificultad alguna en cuanto a saber quiénes fueron los que Le oyeron (al Hijo). No podrían haber sido otros, sino solo los doce apóstoles, pues nadie más, ningún otro ser humano además de ellos podría hablar de parte de Dios, ni tenía autoridad de parte de Dios para poder hacerlo.

LOS QUE LE OYERON. Esa y no otra era la calificación precisa y lo que guió a los once a la hora de escoger a un otro que ocupase el puesto de Judas Iscariote. Es necesario, pues, que de estos hombres que han estado juntos con nosotros todo el tiempo que el Señor Jesús entraba y salía entre nosotros, comenzando desde el bautizo de Juan hasta el día en que de entre nosotros fue recibido arriba, uno sea hecho testigo con nosotros de su resurrección (Hechos 1:21, 22).

Los discípulos entonces echaron suerte sobre dos hombres en concreto, uno de ellos fue José, llamado Barsabás, que tenía por sobrenombre Justo, y el otro Matías. Y, orando, dijeron: Tú, Señor, que conoces los corazones de todos, MUESTRA CUÁL DE ESTOS DOS HAS ESCOGIDO. ¿No estamos acaso seguros de que se cumple la escritura cuando dice, la suerte se echa en el regazo, más de Jehová es la decisión de ella? (Prov.16:33). Y Jehová escogió a Matías.

De este modo, los doce apóstoles emprendieron una misión especial, y Matías fue escogido y fue contado con (uno entre gr. hendiadys) los doce apóstoles (Hechos 1:26). La palabra hendiadys, en el original, significa uno, aunque se utilicen dos palabras, pues el segundo de los nombres califica el primero, convirtiéndose en un adjetivo superlativo, y añadiendo un fuerte énfasis al primero. Significa uno entre este ministerio, es decir, se refiere al ministerio APOSTÓLICO.

Así que Pablo al comienzo no participó en dicho ministerio, pues ni acompañó a los doce, ni había oído hablar al Señor; por lo tanto, no podía ni se encontraba calificado para confirmar lo que el Señor había dicho. Forzosamente, por tanto, tuvo que recibir un llamamiento especial con una misión determinada, y todos sabemos muy bien cuando le fue encomendada y eso sucedió.

Algunos comentadores afirman que los once se equivocaron con el modo de proceder que tuvieron en Hechos 1, y consideran que Pablo fue realmente el doceavo apóstol; pero eso es algo que se sobrepone, y es ir mucho más allá de lo que está escrito en la Palabra de verdad, y no podemos aceptarlo, ya que nada se dice acerca de esta afirmación particular, ni a favor ni en contra; y donde las Escrituras guardan silencio es preciso que también nosotros lo guardemos igual y sin alteraciones. Pero sin embargo no guarda silencio en lo referente a la solemne oración de los once y la respuesta que obtuvieron. Es más, recibe el soporte del Espíritu Santo Mismo, al referirse y hablar más delante acerca de ellos como de “los doce” incluyendo a Matías. Por otro lado, Pablo siempre se presenta como siendo aparte de los doce, repitiendo, una y otra vez, que no fue llamado por hombre alguno ni para los hombres. Sencillamente enfatiza el hecho de su propio llamamiento divino y extraordinario como ministro de los incircuncisos y, al hacerlo de este modo, se distingue del especial ministerio de los doce, y la singular condición para confirmar las palabras del Señor que los doce habían oído.

Así vemos, por tanto, que el ministerio de nuestro Señor en los Cuatro Evangelios, siguió adelante y continuó, después de su ascensión, por mano de sus sucesores los doce apóstoles. No hubo interrupción alguna, ni tampoco hubo un nuevo testimonio diferente al hecho de que Cristo había resucitado de entre los muertos y de que ellos habían recibido el encargo o comisión de repetir y confirmar lo que de Él habían oído.

A fin de que podamos comprender en qué consistía este ministerio apostólico (tal y como aparece en los Hechos de los Apóstoles), no tenemos más que fijarnos y ver el ministerio del Señor. Ya hemos visto que comenzó con el encarcelamiento de Juan el Bautista (Mato 4:12), con el llamamiento a la nación a ¡que se arrepintiese! Con la proclamación del Reino y con la presencia del Rey que se había acercado y se hallaba presente (Mateo 4:17).

Mateo 4:112  Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso,(G) volvió a Galilea;

 

Mateo 4:17  Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos(J) se ha acercado.(K)

 

Bien sabemos ahora que el pueblo hizo caso omiso del llamamiento, y el relato de los Cuatro Evangelios nos muestra y expone claramente de qué modo fue repudiado el Reino y cómo el Rey fue crucificado.

El Señor no vino con el propósito de fundar una Iglesia, sino de ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para CONFIRMAR las promesas hechas a los padres (Romanos 15:8).

Romanos 15:8

8  Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,

 

No fue bautizado a fin de instituir un sacramento para una cualquier Iglesia, sino para que fuese manifestado a Israel (Juan 1:31  Y yo no le conocía; mas para que fuese manifestado a Israel, por esto vine yo bautizando con agua.). Así entonces sucede, pues, que según vemos en los Hechos de los Apóstoles, los doce no recibieron la comisión o encomienda de formar o fundar una Iglesia, sino para repetir el llamamiento de Jesucristo al arrepentimiento, para confirmar su proclamación anterior con respecto a su Persona y para ofrecerle una vez más a Israel el Rey y el Reino repudiados, con la sola condición del arrepentimiento nacional.

 

LOS HECHOS DE LOS APÓSTOLES

 

Si estudiamos detenidamente los Hechos de los Apóstoles, veremos que el llamamiento que repitieron iba esencialmente dirigido a los dirigentes del pueblo, quienes esencialmente habían repudiado al Reino y a Su Rey, si bien que, el llamamiento en sí al arrepentimiento, fuese verdaderamente dirigido a la nación entera como tal, que consintió y participó en el repudio de parte de los dirigentes; pero el conflicto de los doce se destaca entre los gobernantes (véase Hechos 4:1-3, 5-21; 5:24-41; 6:12; 8:1; 9:2, 23; etc.)

Hechos 4:1-4Hablando ellos al pueblo, vinieron sobre ellos los sacerdotes con el jefe de la guardia del templo, y los saduceos, 2  resentidos de que enseñasen al pueblo, y anunciasen en Jesús la resurrección de entre los muertos. 3  Y les echaron mano, y los pusieron en la cárcel hasta el día siguiente, porque era ya tarde. 4  Pero muchos de los que habían oído la palabra, creyeron; y el número de los varones era como cinco mil.

 

La suma y sustancia del discurso que hizo Pedro en el día de Pentecostés fue ¡arrepentíos!, y fue dirigido a los hombres de Judea (Hechos 2:14), a los hombres de Israel (vers.22; 3:12), a toda la casa de Israel (2:36). La promesa (dijo) es para vosotros, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos (es decir, para todos los Judíos que estaban en la Dispersión).

Hechos 2:1414  Entonces Pedro, poniéndose en pie con los once, alzó la voz y les habló diciendo: Varones judíos, y todos los que habitáis en Jerusalén, esto os sea notorio, y oíd mis palabras.

 

Hechos 2:22  Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis;

 

Hechos 3:12 Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste?

 

Hechos 2:36 Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo.

 

Hechos 2:39 Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

 

 

Las primeras palabras del discurso de Pedro fueron MAS ESTO ES lo dicho por el profeta Joel (2:16), y a continuación cita lo que había predicho Joel que sucedería en el Día del Señor. Aquel día debía comenzar (como sucedió) con el derramamiento de los dones espirituales y la manifestación de los poderes del espíritu santo: Y ASÍ HABÍA COMENZADO. Y, de haberse arrepentido la nación, los acontecimientos predichos habrían ido sucediéndose en el mismo orden, tal como Dios había dicho y le mandó profetizar y escribir a Joel. Maravillas en los cielos y señales en la tierra hubiesen tenido lugar, produciendo con ellos, la restauración de todo cuanto fue dicho por los profetas en la antigüedad.

Fíjese bien, mientras la mente siga obsesionada con la idea de que Joel y Pedro estaban refiriéndose e interesados en la formación de la Iglesia, resultará imposible comprender Sus palabras, pero una vez que nos demos cuenta de que ambos se referían al Reino, todo se vuelve muy claro y se comprende perfectamente. Solo entonces, podremos, seguir la pista a lo que dijo Pedros en Hechos 2, así como el más amplio desarrollo en sustancia del tercer capítulo. El día del Señor se había, efectiva y palpablemente, acercado, y lo tuvieron “a la mano,” y estaba siendo proclamado en el mismísimo nombre o con la autoridad del propio Señor a través de sus sucesores, los doce. El juicio iría entonces a recaer primeramente comenzando por la casa de Dios (1 Pedro 4:17   Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? ), porque el juez se hallaba delante de la puerta (Santiago 5:9   Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta. ). Pedro acaba su discurso de Pentecostés con las significativas palabras sed salvos de esta perversa generación (2:40), que era un grito de inminente escapatoria del juicio que iba a tener lugar y recaer irremisiblemente sobre aquella generación (tal y como vemos en Lucas 21:32).

Hch 2:40  Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

 

Lucas 21 ;32  De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

 

Note bien que, todos estos acontecimientos, nada tienen que ver con la fundación de una Iglesia, y aquel día de Pentecostés no fue el comienzo de la Iglesia, como comúnmente se dice. De nada serviría el lenguaje, en cuanto a los propósitos de la revelación, si esa es la conclusión a la que llegamos. No podría estar más claro el hecho de que, Pedro y los doce, eran ministros de la circuncisión, como lo había sido también Cristo el Mesías, limitándose ellos a confirmar solamente lo que le habían oído decir al Señor y Maestro desde el principio.

Así que “todavía” no había llegado el momento en el cual el espíritu santo habría de enseñarles y guiarles a toda verdad, según la promesa del Señor hecha en Juan 16:12-15,

 

Juan 16:12-15  12  Aún tengo muchas cosas que deciros, pero ahora no las podéis sobrellevar. 13  Pero cuando venga el Espíritu de verdad, él os guiará a toda la verdad; porque no hablará por su propia cuenta, sino que hablará todo lo que oyere, y os hará saber las cosas que habrán de venir. 14  El me glorificará; porque tomará de lo mío, y os lo hará saber. 15  Todo lo que tiene el Padre es mío; por eso dije que tomará de lo mío, y os lo hará saber.

 

sino que ese espíritu santo solamente les estaba dando testimonio por medio de sus obras en ellos, pues no había “todavía” llegado el momento de hacerlo por medio de sus palabras. Por eso mismo es que, en el capítulo siguiente, cuando se da uno de sus maravillosos milagros (Hechos 3:1-11),

Hechos 3:1-26  Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración. 2  Y era traído un hombre cojo de nacimiento, a quien ponían cada día a la puerta del templo que se llama la Hermosa, para que pidiese limosna de los que entraban en el templo. 3  Este, cuando vio a Pedro y a Juan que iban a entrar en el templo, les rogaba que le diesen limosna. 4  Pedro, con Juan, fijando en él los ojos, le dijo: Míranos. 5  Entonces él les estuvo atento, esperando recibir de ellos algo. 6  Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. 7  Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos; 8  y saltando, se puso en pie y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando a Dios. 9  Y todo el pueblo le vio andar y alabar a Dios. 10  Y le reconocían que era el que se sentaba a pedir limosna a la puerta del templo, la Hermosa; y se llenaron de asombro y espanto por lo que le había sucedido.  11  Y teniendo asidos a Pedro y a Juan el cojo que había sido sanado, todo el pueblo, atónito, concurrió a ellos al pórtico que se llama de Salomón. 12  Viendo esto Pedro, respondió al pueblo: Varones israelitas, ¿por qué os maravilláis de esto? ¿o por qué ponéis los ojos en nosotros, como si por nuestro poder o piedad hubiésemos hecho andar a éste? 13  El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su Hijo Jesús, a quien vosotros entregasteis y negasteis delante de Pilato, cuando éste había resuelto ponerle en libertad. 14  Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida,(A) 15  y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos. 16  Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros. 17  Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes. 18  Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer. 19  Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21  a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;(B) 23  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C) 24  Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25  Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.(D) 26  A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

 

Pedro lo aprovechó, de inmediato, para volver a hacerles el llamamiento a los hombres de Israel, animándoles, a pesar de que habían rechazado y crucificado al Santo, al que era Justo, pese a lo cual el Dios de sus padres había glorificado, levantándole de los muertos a Su Hijo, y les había dado a los doce la comisión, de que pidiesen a la nación que se arrepintiese, añadiendo Pedro aquella magnífica promesa que habría de hacer época, de que, al arrepentirse, sus pecados serían borrados y perdonados, y de la presencia del Señor vendrían tiempos de refrigerio, enviando a Jesucristo, que antes les había sido predicado, y todo lo que había sido prometido por boca de los profetas se cumpliría entonces, acabando con las memorables palabras que citamos en su integridad.

(3:19) Así que arrepentíos y convertíos (al Señor), para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio (20) y Él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado (como Mesías); (21) a quien d cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de la cual habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. (22) Porque Moisés dijo a los padres (nuestros): EL SEÑOR vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable; (23) y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo. (24) Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado “estos días”. (25) Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra. (26) A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a Su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.(1) (Hechos 3:19-26).

(1)     Esta palabra “maldad” es la griega poneros (plural). Se refiere más bien a los males, a las calamidades y enredos que padecieron, en lugar de a los pecados cometidos, de los que trata al principio, en el vers. 19.

 

Ahora preguntamos una vez más: ¿En dónde se ve, en todo esto, la fundación de una Iglesia, como muchos enseñan? O, como otros muchos también afirman, ¿Dónde ubicamos aquí la tal Iglesia aquella que dicen comenzó en Pentecostés? Semejante enseñanza ha cegado a miles de personas, y ha hecho con que sea prácticamente imposible comprender con claridad lo que Dios ha escrito para que lo entendamos bien, convirtiéndose en una tradición de los ancianos (líderes y coordinadores), haciendo que el Nuevo Testamento no produzca ningún efecto y aguando su doctrina verdadera, al igual que las enseñanzas de los fariseos hicieron que sucediese  con las del Antiguo Pacto (Mateo 15:3, 9).

Mateo 15:3-9 3  Respondiendo él, les dijo: ¿Por qué también vosotros quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? 4  Porque Dios mandó diciendo: Honra a tu padre y a tu madre;(A) y: El que maldiga al padre o a la madre, muera irremisiblemente.(B) 5  Pero vosotros decís: Cualquiera que diga a su padre o a su madre: Es mi ofrenda a Dios todo aquello con que pudiera ayudarte, 6  ya no ha de honrar a su padre o a su madre. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición. 7   Hipócritas, bien profetizó de vosotros Isaías, cuando dijo:  8  Este pueblo de labios me honra;

 Mas su corazón está lejos de mí. 9  Pues en vano me honran,

 Enseñando como doctrinas, mandamientos de hombres.(C)

 

Esta nueva proclamación llamando al arrepentimiento, y la repetición de la promesa según la cual el Mesías sería enviado, como consecuencia directa a su obediencia, se desarrolla y lleva a cabo a lo largo de todo el libro de los Hechos de los Apóstoles, por Pedro y los doce, en la nación y en otros lugares, así como por Pablo y otros en las sinagogas de la Dispersión, y se llevó a cabo hasta que llegó su culminación en Roma, cuando muchos de los principales de entre los judíos, habiéndoseles señalado el día, no se pusieron de acuerdo entre sí (Hechos 28:17-25). Fue entonces cuando el apóstol Pablo se encontró ante la solemne y especial obligación de repetir una vez más, por tercera y última vez, la solemne declaración de ceguera judicial de Israel, de la cual habló primeramente el profeta Isaías (Isaías 6:9, 10).

Hechos 28:17-31 17  Aconteció que tres días después, Pablo convocó a los principales de los judíos, a los cuales, luego que estuvieron reunidos, les dijo: Yo, varones hermanos, no habiendo hecho nada contra el pueblo, ni contra las costumbres de nuestros padres, he sido entregado preso desde Jerusalén en manos de los romanos; 18  los cuales, habiéndome examinado, me querían soltar, por no haber en mí ninguna causa de muerte. 19  Pero oponiéndose los judíos, me vi obligado a apelar a César;(A) no porque tenga de qué acusar a mi nación. 20  Así que por esta causa os he llamado para veros y hablaros; porque por la esperanza de Israel estoy sujeto con esta cadena. 21  Entonces ellos le dijeron: Nosotros ni hemos recibido de Judea cartas acerca de ti, ni ha venido alguno de los hermanos que haya denunciado o hablado algún mal de ti. 22  Pero querríamos oír de ti lo que piensas; porque de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella. 23  Y habiéndole señalado un día, vinieron a él muchos a la posada, a los cuales les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas. 24  Y algunos asentían a lo que se decía, pero otros no creían. 25  Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo:26Vé a este pueblo, y diles:

 De oído oiréis, y no entenderéis;

 Y viendo veréis, y no percibiréis;  27  Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,

 Y con los oídos oyeron pesadamente,

 Y sus ojos han cerrado,

 Para que no vean con los ojos,

 Y oigan con los oídos,

 Y entiendan de corazón,

 Y se conviertan,

 Y yo los sane.(B)  28  Sabed, pues, que a los gentiles es enviada esta salvación de Dios; y ellos oirán.  29  Y cuando hubo dicho esto, los judíos se fueron, teniendo gran discusión entre sí.  30  Y Pablo permaneció dos años enteros en una casa alquilada, y recibía a todos los que a él venían,  31  predicando el reino de Dios y enseñando acerca del Señor Jesucristo, abiertamente y sin impedimento.

 

 

 

Isaías 6:9-10   9  Y dijo: Anda, y dí a este pueblo: Oíd bien, y no entendáis; ved por cierto, mas no comprendáis. 10  Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos, para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.(D)

 

El Señor ya la había repetido en Mateo 13:13-17, y una segunda vez en Juan 12:37-41. En las dos ocasiones se pronunció con respecto al repudio de las obras y las palabras del Señor, y ahora, una vez más, por tercera y última vez, la confirma Pablo en Hechos 28:25-27.

Mateo 13:13-17 13  Por eso les hablo por parábolas: porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden. 14  De manera que se cumple en ellos la profecía de Isaías, que dijo:

 De oído oiréis, y no entenderéis;

 Y viendo veréis, y no percibiréis. 15  Porque el corazón de este pueblo se ha engrosado,

 Y con los oídos oyen pesadamente,

 Y han cerrado sus ojos;

 Para que no vean con los ojos,

 Y oigan con los oídos,

 Y con el corazón entiendan,

 Y se conviertan,

 Y yo los sane.(C) 16  Pero bienaventurados vuestros ojos, porque ven; y vuestros oídos, porque oyen. 17  Porque de cierto os digo, que muchos profetas y justos desearon ver lo que veis, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.(D)

 

Juan 12:37-41 37  Pero a pesar de que había hecho tantas señales delante de ellos, no creían en él; 38  para que se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo:

 Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio?

 ¿Y a quién se ha revelado el brazo del Señor?(H) 39  Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías: 40  Cegó los ojos de ellos, y endureció su corazón;

 Para que no vean con los ojos, y entiendan con el corazón,

 Y se conviertan, y yo los sane.(I) 41  Isaías dijo esto cuando vio su gloria, y habló acerca de él.

 

Hechos 28:25-26 25  Y como no estuviesen de acuerdo entre sí, al retirarse, les dijo Pablo esta palabra: Bien habló el Espíritu Santo por medio del profeta Isaías a nuestros padres, diciendo: 26  Vé a este pueblo, y diles:

 De oído oiréis, y no entenderéis;

 Y viendo veréis, y no percibiréis;

 

Cada repetición de esta solemne profecía marcó una crisis en la historia de Israel, seguida poco después de la última por la destrucción de Jerusalén, siendo el templo quemado y destruido, y produciendo a seguir la Dispersión de todo el pueblo judío. La presencia judía entre nosotros, en nuestros días actuales, es un testimonio claro e importante en cuanto a todas estas cosas.

Esta confirmación de lo que el Señor había dicho no se limitaba solo a la palabra hablada, porque los que le oyeron las escribieron también, además de confirmarlas hablándolas al pueblo.

 

 

 

 

 

LAS EPÍSTOLAS APOSTÓLICAS

 

Tenemos, por tanto, lo que se ha dado en llamar las Epístolas católicas o generales; pero aquí nos encontramos, una vez más, conque este nombre que se les da es un reflejo de la incomprensión que las rodea. Todas ellas fueron escritas por los que le escucharon, pero sin embargo no tenemos doce epístolas. Solamente fueron escogidas tres para esta misión, y son las siguientes: PEDRO, SANTIAGO y JUAN junta con JUDAS. Por tanto estos escritos deberían haberse denominado las Epístolas Apostólicas.

En los mejores y más antiguos manuscritos griegos estas Epístolas Apostólicas aparecen inmediatamente a seguir a los Hechos de los Apóstoles, siendo la primera de ellas SANTIAGO. Este hecho tan sencillo nos explica muchas cosas, y nos pone en una posición para entenderlas mejor, quitando del medio todas las dificultades y dándonos respuesta a muchas de las preguntas que surgen constantemente en relación con ellas.

 

 

LA EPÍSTOLA DE SANTAGO

 

Podemos comprender el cómo y el por qué Santiago se sintió inspirado a escribir su Epístola a las doce tribus en la dispersión. Recordamos que escribió durante aquella Dispensación y en los tiempos que cubrieron los Hechos de los Apóstoles, durante los cuales la promesa de Dios, hecha por boca de PEDRO, en Su nombre, todavía estaba vigente y era válida; es decir, que siguiendo al arrepentimiento del Pueblo, Dios enviaría a Jesucristo, y el tiempo de refrigerio y del renacimiento espiritual, así como la restauración consecuente a su venida, se convertiría de manera efectiva en un hecho consumado. Podemos además, a la luz de todo esto, comprender las palabras de SANTIAGO cuando les dijo a los Israelitas creyentes que tanto él como ellos habían sido concebidos por la Palabra de verdad, para que seamos primicias (o una especie de ellas) de Sus criaturas (1:18).

Santiago 1:18 18  El, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.

 

Esa fue la enseñanza que recibieron en aquellos tiempos. Pablo ya había escrito respecto a esas primicias en la más temprana y primera de sus Epístolas (la que escribió a los Tesalonicenses), diciéndoles que cuando fuese enviado Jesucristo, los que habían muerto en Él resucitarían primero, y después los que estuviesen vivos (como era su caso entonces) serían arrebatados con ellos (1ª Tesal.4:13-18). Esas serían las primicias acerca de las cuales habló también Santiago en su Epístola (1:18).

1 Tesalonicenses 4:13-18 13  Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. 14  Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. 15  Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. 16  Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17  Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.(A) 18  Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

Dios había prometido, por medio de Pedro, que enviaría a Jesucristo una vez que la nación se hubiese arrepentido, y no podemos pensar que Dios se estuviese burlando de ellos, de eso podemos estar completamente seguros. Al escribir así, sobre todo esto, Pablo no hacía otra cosa que confirmar lo que había dicho el Señor. No lo escuchó cuando lo dijo el Señor, pero las palabras le fueron reveladas por el mismo Señor que las había pronunciado aquí en la tierra; por esa revelación le fue posible a Pablo confirmarlas escribiendo su primera Epístola a estos creyentes tesalonicenses.

Pero es necesario reservar lo que tenemos que decir sobre 1ª Tesalonicenses 4 hasta el momento de considerar esa Epístola en su debido lugar y orden. Entretanto, vemos que no era de sorprender que SANTIAGO, que escribió también durante aquella Dispensación del libro de Hechos, pudiese decir, en un sentido muy especial: el juez está delante de la puerta (5:9), porque el Señor no se había sentado todavía, sino que se hallaba como lo vio Esteban, todavía en pie,  esperando el arrepentimiento de Israel y listo para descender del cielo y ser enviado según la promesa de Dios, hecha por boca de Pedro en Hechos 3:20.

Hechos 3:20 20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;

PABLO si pudo escribir en Hebreos 10:12 acerca del Señor que estaba sentado a la diestra del Padre. Pero eso lo escribe en contraste con los sacerdotes de la tierra a los cuales se refiere, que estaban siempre en pie porque sus obras y sacrificios no acababan nunca, estando la obra y el sacrificio completamente concluido.

Hebreos 10:12 12  pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios,

 

SANTIAGO podía escribir acerca de la justificación por fe junto con las obras, porque al escribir a las doce tribus y durante aquella Dispensación, les mostraba que era preciso una fe viva en el arrepentimiento para que de la presencia del Señor enviase Sus tiempos de refrigerio.

Todavía no había sido revelada plenamente la Justicia de Dios sin obras, pues aún no se había escrito la Epístola a los Romanos. Todavía era preciso que la fe fuese como la de Abraham y la de Rahab, porque la fe es como el cuerpo humano, que está muerto sin el espíritu, porque cuando Dios puso en el hombre el aliento de vida se pasó a ser un ser vivo, y sin el espíritu se convierte en un alma muerta, y no tiene en sí evidencia alguna ni señal de vida. Por eso SANTIAGO se refiere a Abraham, que creyó en Dios, pero manifestó, al mismo tiempo, que su fe estaba viva gracias a su obediencia, al estar dispuesto a salir de su tierra y de su parentela (2:27).

Santiago 2:17-26  17  Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. 18  Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras. 19  Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan. 20  ¿Mas quieres saber, hombre vano, que la fe sin obras es muerta? 21  ¿No fue justificado por las obras Abraham nuestro padre, cuando ofreció a su hijo Isaac sobre el altar?(D) 22  ¿No ves que la fe actuó juntamente con sus obras, y que la fe se perfeccionó por las obras? 23  Y se cumplió la Escritura que dice: Abraham creyó a Dios, y le fue contado por justicia,(E) y fue llamado amigo de Dios.(F) 24  Vosotros veis, pues, que el hombre es justificado por las obras, y no solamente por la fe. 25  Asimismo también Rahab la ramera, ¿no fue justificada por obras, cuando recibió a los mensajeros y los envió por otro camino?(G) 26  Porque como el cuerpo sin espíritu está muerto, así también la fe sin obras está muerta.

 De la misma manera, se demostró que la fe de Rahab era una fe viva al recibir a los espías en paz, en lugar de denunciarles y entregarles para que murieran a manos del rey de Jericó (2:25).

SANTIAGO pudo escribir además acerca de la sinagoga (2:2) como también lo hizo LUCAS en los Hechos de los Apóstoles, y cuando Pablo añadió su confirmación a la de Pedro y predicó también la resurrección de Jesús, también se dirigía según su costumbre a las sinagogas de los Judíos que estaban en la Dispersión (Hechos 27:1, etc.)

A SANTIAGO le era posible decir todas aquellas cosas porque estaba confirmando sencillamente lo que ya había dicho el Señor, empleando las mismas palabras de Pedro en Hechos 3:14, diciéndoles a los dirigentes: Habéis condenado y dado muerte al Justo, y él no os hace resistencia (Sant.5:6); es decir, no hace resistencia contra vosotros, dirigentes, ni a las doce tribus, no los juzga por eso ahora, pero el juez está a la puerta (5:9), no habiendo sido cambiada su promesa de enviar a Jesucristo, sino sabiendo que la venida del Señor se acerca (Sant.5:8).

Hechos 3:14  Mas vosotros negasteis al Santo y al Justo, y pedisteis que se os diese un homicida,(A)

 

Santiago 5:6  Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.

 

Santiago 5:9  Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.

 

 

 

LAS EPÍSTOLAS DE PEDRO

 

PEDRO también se dirigió, tanto por escrito como de palabra, a los que estaban lejos en la Dispersión o la Diáspora; y habla de manera inminente de la misma salvación acerca de la cual escribieron los profetas, y les dice que el mensaje que transmitieron los profetas fue, no para ellos mismos, sino PARA NOSOTROS, es decir, para Pedro y para todos los Judíos, incluyendo los de la Dispersión (1 Pedro 1:1    Pedro, apóstol de Jesucristo, a los expatriados de la dispersión en el Ponto, Galacia, Capadocia, Asia y Bitinia, ), a los que se dirigía por escrito, ministrando las cosas de las cuales habéis sido informados por los que llevaban las buenas nuevas, a través del pneuma hagion, es decir, el poder, o autoridad de lo alto (Hebreos 2:4) enviado de los cielos, cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles (1ª Pedro 1:12).

Hebreos 2:4  testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.

 

1 Pedro 1:12  A éstos se les reveló que no para sí mismos, sino para nosotros, administraban las cosas que ahora os son anunciadas por los que os han predicado el evangelio por el Espíritu Santo enviado del cielo; cosas en las cuales anhelan mirar los ángeles.

 

PEDRO escribe además a los que dirige su mensaje, describiéndolos como sacerdocio santo, un real sacerdocio, una nación santa (1ª Pedro 2:1-10), y dirigiéndose a las ovejas de este redil (vers.25), les exhorta a ser sobrios y a velar en oración porque el tiempo está cerca (1ª Pedro 4:7), porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros (Judíos obedientes), ¿cuál será el fin de aquellos (Judíos) QUE NO OBEDECEN al evangelio de Dios? (vers.17), refiriéndose, como es lógico, a Su propio mandamiento en Hechos 3:19-26 y a la salvación (Hebreos 2:1-3).

1 Pedro 2:1-10 1  Desechando, pues, toda malicia, todo engaño, hipocresía, envidias, y todas las detracciones, 2  desead, como niños recién nacidos, la leche espiritual no adulterada, para que por ella crezcáis para salvación, 3  si es que habéis gustado la benignidad del Señor.(A)  4  Acercándoos a él, piedra viva, desechada ciertamente por los hombres, mas para Dios escogida y preciosa, 5  vosotros también, como piedras vivas, sed edificados como casa espiritual y sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales aceptables a Dios por medio de Jesucristo. 6  Por lo cual también contiene la Escritura:

  He aquí, pongo en Sion la principal piedra del ángulo, escogida, preciosa;

 Y el que creyere en él, no será avergonzado.(B) 7  Para vosotros, pues, los que creéis, él es precioso; pero para los que no creen,

 La piedra que los edificadores desecharon,

 Ha venido a ser la cabeza del ángulo;(C) 8  y:

 Piedra de tropiezo, y roca que hace caer,(D)

porque tropiezan en la palabra, siendo desobedientes; a lo cual fueron también destinados. 9  Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa,(E) pueblo adquirido por Dios,(F) para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable; 10  vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios; que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia.(G)

 

1 Pedro 2:25  Porque vosotros erais como ovejas descarriadas,(J) pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.

 

1 Pedro 4:7  Mas el fin de todas las cosas se acerca; sed, pues, sobrios, y velad en oración.

 

1 Pedro 4:17  Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?

 

Hechos 3:19-26 19  Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio, 20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado; 21  a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo. 22  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;(B) 23  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C) 24  Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días. 25  Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.(D) 26  A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

 

Hebreos 2:1-3 1    Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. 2  Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución, 3  ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

 

PEDRO da testimonio de que por medio de la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, Dios les había concebido o generado para una recibir una herencia incorruptible, que no era ya la terrenal, sino una más alta e incorruptible celestial, y que había una salvación que habría de ser revelada en los últimos días o estación, también “al final” de la muy próxima Dispensación, que estaba ya entonces dispuesta para ser REVELADA (apokaluptô), porque aquella Dispensación en que se hallaban estaba entonces tocando a su fin, y en la siguiente a la mano, en el momento cuando los sufrimientos acabasen, la gloria habría de ser manifestada. Tenemos la misma palabra apokaluptô en 1ª Pedro 4:13 y en 5:1.

 

1 Pedro 4:13  sino gozaos por cuanto sois participantes de los padecimientos de Cristo, para que también en la revelación de su gloria os gocéis con gran alegría.

 

1 Pedro 5:1    Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada:

 

Había entonces un “verdadero sentido” en el cual Pedro podía utilizar esa palabra, tal y como la conocían y que estaba incluida en la promesa de enviar a Jesucristo. No forma, sin embargo, parte de nuestra actual bendita esperanza, ahora, porque esperamos nuestro llamamiento de lo alto, y ahora sabemos que, este “apocalipsis” o día del Señor, solo aparecerá después de nuestro Rapto.

En su segunda Epístola les exhortó de modo que de esta manera os será OTORGADA amplia y generosa entrada en el REINO eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo, el Mesías (2ª Pedro 1:11).

2 Pedro 1:11  Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

 

 Él propio Pedro se cuenta a sí mismo entre los que le oyeron cuando dice: Y nosotros oímos esta voz enviada del cielo, cuando estábamos con él en el monte santo (vers.18).

Al final de su segunda Epístola habla del día del Señor como siendo algo que vendrá como ladrón en la noche (2ª Pedro 3:10), y de las solemnes escenas de juicio que le acompañarán (vers.11).

 

2 Pedro 3:10-11  10  Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche;(E) en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. 11  Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir,

 

Relata y acompaña este anuncio acerca del día del Señor que había de tener lugar en el próximo versículo; y habla, además, acerca de unos nuevos cielos y una nueva tierra, con los que tocará a su fin ese día; y concluye basando su exhortación sobre ello (vers.14), diciendo: para que tengáis memoria de las palabras que antes han sido dichas por los santos profetas, y del mandamiento del Señor y Salvador dado por VUESTROS APÓSTOLES (2ª Pedro 3:2). Al enfatizar también el pronombre “vuestros” lo hacemos con el sencillo propósito de que el lector se fije en que, los apóstoles, que eran de la circuncisión,  se incluían a sí mismos en todo lo que escribían, además de mostrar cómo se consideraban partícipes de las escenas que relataban. Pero sabiendo ahora nosotros que la nación hizo caso omiso de la proclamación además del llamamiento al arrepentimiento, y que repudiaron el envío prometido del Mesías para establecer el Reino y restaurar todas las cosas, solamente podemos hacer uso de las expresiones específicas en un sentido remoto.

En aquel entonces todo era inminente, pero ahora en nuestros días lo que escribieron se ha quedado en suspenso. La promesa que fue hecha a los padres estaba muy clara, pero desde entonces pasó a verse como algo remoto. Ese es el único sentido que podemos sacarle y por el cual podemos entender aquellos términos pronto, inminente,  en breve, rápidamente, o está cerca (Apoc.1:1, 3). Muchos creyentes no entienden por qué se le dijo a Juan que escribiera diciendo que aquellas cosas habían de suceder en breve (Apoc.1:1).

Apocalipsis 1:1-3  1 La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto; y la declaró enviándola por medio de su ángel a su siervo Juan, 2  que ha dado testimonio de la palabra de Dios, y del testimonio de Jesucristo, y de todas las cosas que ha visto. 3  Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca.

 

No acaban de ver ni de darse cuenta de que era literal y perfectamente cierto, porque Juan escribió inmediatamente antes del final de aquella Dispensación, durante el tiempo que denomina la última hora; por lo tanto, no podía escribir como si diese por asentado el rechazo y repudio de la proclamación y llamamiento hecho por Pedro. Más bien entendemos lo contrario, era necesario y entendemos que tuviera una fe viva y que escribiera de una forma positiva, y no de manera hipotética, como si estuviese solo refiriendo y escribiendo sobre, o acerca de cosas y realidades solemnes.

Pero sin embargo, ignorando casi todos en la Iglesia por completo la gran crisis que tiene lugar en Hechos 28, y tratando la más profunda crisis que tuvo la historia poco después, es decir, la destrucción de Jerusalén, como si fuese un incidente pasajero, sin efecto alguno sobre la Historia de la Escrituras o Sus enseñanzas proféticas, como resultado de eso, ¡el libro del Apocalipsis ha sido despreciado en la Iglesia, ha sido desligado de toda relación con Israel y considerado como si se tratase de la continuación de la historia de los gentiles escrita en símbolos!  La Iglesia abandonó el estudio de este Libro, espiritualizándolo a su manera hasta convertirse en lo que es hoy, una parte insignificante de la Palabra que Dios nos ha dejado.
En cuanto a este Libro del Apocalipsis, es preciso que, en este sentido, como Palabra que Dios nos ha dejado, dejemos lo que tenemos que decir de él hasta que lleguemos al final de los escritos apostólicos, y entonces veremos cómo la confirmación de las palabras del Señor, transmitida por medio de los que le oyeron, forma un todo armonioso, ocupando el lugar tan importante que les corresponde, siendo la clave a la interpretación de todo el Nuevo Testamento

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