“Comprobando las cosas que difieran”
Charles Welch
Trad. Juan Luis Molina
¿Qué
pensaría, querido lector, del siguiente argumento?
“El
hombre ingles come, bebe y duerme. El hombre francés come, bebe y duerme, por
tanto los ingleses son franceses”.
Ciertamente
no consideraría de un cariz muy elevado la inteligencia de quien expusiese una
tan débil afirmación como un serio argumento. No precisaría de ningún tipo de
entrenamiento en lógica formal para descartarla dándola por ridícula. Podría ir
más lejos y decir, ¿para qué desperdiciar el tiempo discutiendo tonterías? El
motivo por el cual expongo todo esto, es porque la verdad de Dios, de una
manera única y particular, es algunas veces atacada con argumentos tan estúpidos
como este que acabamos de señalar.
Es
posible que hayas examinado y tenido en cuenta en tu lectura de las Escrituras
las evidentes diferencias que se encuentran en los Evangelios, los Hechos, las
Epístolas y el libro del Apocalipsis, por ejemplo, diferencias en cuanto a las
esferas de bendición, tales como: “Los mansos heredarán la tierra” y “toda
bendición espiritual en los lugares celestiales”. Puedes haber discernido una
real diferencia entre “el Reino” y “La Iglesia ”, o entre “La Esposa ” y “El Cuerpo”, y
después se te haya demolido totalmente el concepto que tenías de la verdad por
alguien que te diga cosas tales como:
“Todos
los redimidos son salvos por la misma preciosa sangre, reciben el mismo don de
vida, leen el mismo libro inspirado, adoran al mismo Dios, pertenecen al mismo
Padre, por tanto, todas estas denominadas diferencias son fantasías y altamente
peligrosas.”
Ahora
bien, al mismo tiempo que rápidamente te percibes de la estupidez en el
argumento del hombre ingles siendo francés porque ambos coman, beban y duerman,
tal vez aquí en este caso no te percibas tan rápidamente de la misma estupidez
en el argumento que niega todas las diferencias concernientes a las distintas
compañías de los redimidos enseñados por las Escrituras, simplemente porque
esas compañías puedan tener algo en común.
Veamos
si es que esta figura de las dos nacionalidades puede ayudarnos a apreciar lo
que se conoce como “verdad dispensacional”.
Las cosas que son iguales Las
cosas diferentes
Ingleses Inglaterra es una Monarquía
Comen INGLATERRA La moneda de Inglaterra es la Libra
Beben Se conduce dando prioridad a la
Duermen izquierda
El Canal de la Mancha
Franceses Francia es una República
Comen FRANCIA La moneda de Francia es el Euro
Beben Se conduce dando prioridad a la
Duermen derecha.
Está
muy claro que las similitudes observadas a la izquierda no pueden neutralizar
las más que evidentes diferencias registradas a la derecha. Expongamos ahora el
caso para la verdad dispensacional de la misma manera, utilizando los dos países
para representar dos dispensaciones, y empleando el Canal de la Mancha para el límite o
frontera dispensacional, observando a la izquierda algunos aspectos que son
similares en ambas dispensaciones, y a la derecha algunas que son diferentes.
Algunas cosas iguales Cosas diferentes
Redención
por la sangre de Cristo. La dispensación La presencia de dones
milagrosos
Dios
el Padre cubierta por los HECHOS La esperanza de Israel
-----------------------------------
Hechos 28
--------------------------------------
Redención
por la sangre de Cristo Misterio de EFESIOS La ausencia de dones
milagrosos
Dios
el Padre -------------------------------- La esperanza de gloria
El
lector no precisará de grandes explicaciones para probar la verdad exhibida a
la izquierda del diagrama. Así que nuestra atención recaerá en el lado opuesto.
¿Hasta qué punto se hallan estos apartes sustentados por la Palabra de Dios? El
diagrama asume que al final de los Hechos se produce un definitivo cambio
dispensacional, tan definitivo como el cambio entre una Monarquía hacia una República.
El diagrama sugiere que la presencia de Israel durante los Hechos y la ausencia
de Israel al final de los Hechos sea el evento más relevante. Procuremos y
veamos:
Israel como factor predominante hasta Hechos 28
“No
soy enviado sino a las ovejas perdidas de la casa de Israel” (Mat.15:24).
“Jesucristo
fue un ministro de la circuncisión para la verdad de Dios, para confirmar las
promesas hechas a los padres” (Rom15:8).
“Porque
si tú fuiste cortado del que por naturaleza es olivo silvestre, y contra
naturaleza fuiste injertado en el buen olivo, ¿cuánto más estos, que son las
ramas naturales, serán injertado en el propio olivo?” (Rom.11:24).
A
través de los Hechos de los Apóstoles y las epístolas del periodo, el Judío es “primero”
(vea Rom.1:16). El Reino de Israel está siempre presente (vea Hechos 1:6);
cuando el apóstol Pablo llegó a Roma, no fue a visitar la Iglesia según se nos dice,
sino que se dirigió a los ancianos de los Judíos. Después de un día entero en
conferencia, el pueblo de Israel fue solemnemente repudiado por la citación de
Isaías 6:9, 10, y, por primera vez desde el llamamiento de Abraham, la salvación
de Dios fue enviada a los Gentiles sin referencia al pueblo de Israel.
Al
examinar las epístolas escritas por Pablo durante su prisión (es decir, después
del cambio de dispensación que había sucedido) descubrimos que el pueblo de
Israel, los padres, Abraham, Isaac y Jacob, brillan todos por su ausencia.
Hemos atravesado el Canal de la
Mancha , y hemos dejado a parte un “Reino” por una “República”.
El
segundo punto que hemos indicado en el diagrama es la presencia de dones
milagrosos. El apóstol que operaba milagros mientras transcurría el periodo de
los Apóstoles – envía ahora una prescripción a Timoteo debido a sus “constantes
enfermedades” en la dispensación que vino a seguir, y muchos son los
descalabros resultantes de intentar vivir como si los dones milagrosos del
periodo de los Hechos estuviesen hoy en día vigentes sin excepción.
Cuando
atravesamos el Canal y pusimos los pies en terreno francés, nos hallamos
rodeados con un conjunto de circunstancias que son diferentes de aquellas que
poseíamos en Inglaterra. Si fuésemos tan necios que persistiéramos en
ignorarlas, por ejemplo, el cambio de moneda, vamos a meternos y a meter a
otros en serios apuros, y en breve descubriremos que la vida se hace imposible;
Al mismo tiempo que si fuésemos tan necios intentando ignorar el cambio en las
carreteras “dando prioridad a la derecha”, probablemente pagaríamos con nuestra
vida la necedad persistente, y lo más cierto es que pongamos también en peligro
la vida a terceros.
Por
último, aquello por lo cual “se espera” es un buen punto para llamar la atención.
El lector debe recordar la frase “la esperanza de vuestro llamamiento”. La epístola
a los Romanos fue la última a ser escrita antes de que los Hechos llegarán a su
final, y cualquiera que fuese la esperanza de la Iglesia entonces
representará cual sea su correcta esperanza a través del periodo:
“Estará
la raíz de Isaí, y el que se levantará a regir los Gentiles; en Él esperarán
los Gentiles. Y el Dios de (esta) esperanza os llene de todo gozo y paz en
el creer” (Rom.15:12, 13).
El
apóstol se refiere a Isaías 11, el cual habla del reinado del milenio de
Cristo, cuando el lobo venga a morar con el cordero, y cuando el Señor extienda
sus manos por segunda vez para recobrar el remanente de Su pueblo Israel. Esto
coincide con la declaración del apóstol en Hechos 26 y 28:
“La
esperanza de la promesa que hizo Dios a nuestros padres…promesa cuyo
cumplimiento esperan que han de alcanzar nuestras doce tribus, sirviendo
constantemente a Dios de día y de noche (esperando que suceda).” (Hechos 26:6,
7).
“Por
la esperanza de Israel estoy sujeto con estas cadenas”. (Hechos 28:20).
En
las epístolas desde la prisión de Pablo, Israel ha desaparecido, y con Israel
también la esperanza conectada con aquella nación. En su lugar se pone “la
esperanza que está guardada en los cielos”, “la cual se predica en toda la
creación que está debajo del cielo” (vea Colos.1:5, 23, 27; 3:4).
Aquellos
que posean el verdadero espíritu de los de Berea (Hechos 17:11) no serán engañados
ni se dejarán intimidar por los que emplean argumentos similares con aquellos
mencionados al comienzo de este folleto, sino que desearán, a cualquier precio,
conocer cuál sea su llamamiento, para que pueda tomar posesión de su herencia,
y andar como es digno de su vocación.
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