LOS FUNDAMENTOS PARTE 5


18 – LOS HECHOS

DE LOS APÓSTOLES

 

CONSIDERADOS DESDE LOS PUNTOS DE VISTA

HISTÓRICO Y DISPENSACIONAL

 

Los escritos del profesor Ramsay, que confirman y enfatizan la autenticidad y veracidad de este importante y extraordinario Libro de las Escrituras, junto con las referencias que le han sido hechas por el profesor Harnack en su libro La Cronología del Nuevo Testamento, por muy importantes que hayan sido considerados por la Crítica Moderna, solo servirán de ayuda para los teólogos en general, para las malas interpretaciones, muy difundidas todavía, en cuanto a la autenticidad de los Hechos de los Apóstoles en sus propósitos, en cuanto sea el último de los libros históricos en las Escrituras.

En los cuatro Evangelios tenemos, descrito en un lenguaje muy claro y solemne, el rechazo y la crucifixión de Aquel que era y es el auténtico Rey de Israel, el auténtico Siervo y Profeta de Jehová, el manso pero al mismo tiempo glorioso Hijo de Hombre, y Aquel que era y sigue siendo El Hijo Eterno del Dios Vivo.

Este rechazo o repudio ha sido colocado y siendo escrito en orden, y siguiendo el número de incidentes acontecidos en los Evangelios Sinópticos, y mientras tanto, al principio del Evangelio de Juan, se nos dice cuál fue el resultado solemne y trágico de su Encarnación, teniendo principalmente en cuenta que había venido a los suyos, y los suyos no le recibieron (1:11).

Considerado desde el punto de vista histórico, vemos que los cuatro Evangelios tienen un profundo significado si comprendemos debidamente el pleno impacto de la expresión, el evangelio de la gracia de Dios. Solo nos vuelve a aparecer esta expresión, en la Palabra de Dios, al cap.20 de Hechos y el vers.24. De hecho, la palabra gracia no aparece en los dos primeros evangelios, mientras que en Lucas y en Juan solamente se le hace referencia con el propósito de mostrar lo que rechazó el hombre cuando se negó a recibir a Cristo. La ley fue dada por Moisés, pero la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo.

Hechos 20:24  Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera(A) con gozo, y el ministerio que recibí del Señor Jesús, para dar testimonio del evangelio de la gracia de Dios.

 

El amado Hijo de DIOS vino y habitó entre nosotros, pero el hombre le odió tanto a Él, como habían odiado a Su Padre que se lo había enviado en paz y gracia.

Los cuatro Evangelios tratan principalmente acerca de las buenas nuevas expuestas por Cristo acerca de DIOS, mientras que las Epístolas, en ese Intervalo, presentan las buenas nuevas de DIOS acerca de Cristo, es decir, el evangelio de la gracia de Dios acerca de Su Hijo.

Lo mismo sucede con el libro de los Hechos de los Apóstoles, considerado desde ese mismo punto de vista histórico. No solamente se ve en él la venida del Espíritu Santo a Israel con las señales que le siguieron, como en Joel, sino que tenemos por escrito  además, el rechazo solemne que hizo Israel al Espíritu, el repudio de la ofrenda hecha con milagros y señales del Regreso, de la Parousia. Esa señales se establecieron con el propósito de anunciar e introducir el Reino del Cristo resucitado y Sus tiempos de refrigerio en la tierra. Ahora vemos que no pudo llegarles a Israel el tiempo de refigerio, ni al mundo en general,; y así seguirá su curso mientras perdure la ceguera temporal, sobre ese Su pueblo escogido de la tierra.

Siempre resistís al Espíritu, fue el testimonio de Esteban; como hicieron vuestros padres, así también hacéis vosotros. ¿A cuál de los profetas no persiguieron vuestros padres? Y mataron a los que anunciaron de antemano la venida del Justo, de quien vosotros ahora habéis sido entregadores y matadores. (Hechos 7:51, 52).

Esteban vio al Hijo del Hombre de pie, a la diestra de DIOS (Hechos 7:56) pues todavía no se había sentado a esperar que sus enemigos fuesen puestos por estrado de sus pies (Hebreos 10:12.

Pablo y Bernabé se dirigieron primeramente a las sinagogas de los judíos. La palabra griega sinagoga aparece veinte veces en el libro de los Hechos y ni una sola vez en las Epístolas de Pablo.

La sentencia sobre la ceguera nacional, que había sido predicha en Isaías 6, setecientos años antes de este punto crítico en la historia de Israel, se cernía sobre la nación favorecida. El mismo Señor se había referido en dos ocasiones a la solemne sentencia de esta ceguera judicial, pero debía ser el apóstol Pablo, siguiendo las huellas de Isaías, el que habría de responder diciendo: Heme aquí, envíame a mí (para transmitir este solemne mensaje). Cuando llegó a Roma, según vemos en Hechos 28, se dirigió por última vez a los judíos en corporación al final de su ministerio, a sus sinagogas. Pablo entonces citó esa palabra en medio de todos, es decir, la solemne sentencia respecto a la ceguera que ahora, durante casi dos mil años, ha oscurecido sus ojos y ha endurecido los corazones del pueblo aún rebelde e incrédulo.

El apóstol les había advertido ya anteriormente, en la sinagoga de Antioquía de Pisidia (Hechos 13:46): mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles. Estos judíos estaban llenos de celos, a causa de que aquella gente que no era de la nación, se habían congratulado antes escuchando las buenas nuevas, y les pedían a Pablo y a Bernabé que al siguiente día de reposo de los judíos, les diese el privilegio de oír a ellos también, las buenas nuevas  sobre la anunciada Venida de Cristo, y de las cosas relacionadas con la llegada de ese tiempo. Por eso se llenaron de celo e injuriaron a Pablo, aunque anteriormente ya se había dicho y escrito, como les testificaba con las Escrituras  que, no solamente iría a ser restaurado el tabernáculo de David, sino que los gentiles compartirían también las bendiciones de la parousia, gozaos gentiles con Su pueblo (Deut.32:19-21, 43).

Deuteronomio 32:19-21  Y lo vio Jehová, y se encendió en ira

Por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas.   20  Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro,

Veré cuál será su fin;

Porque son una generación perversa,

Hijos infieles.   21  Ellos me movieron a celos(B) con lo que no es Dios;

Me provocaron a ira con sus ídolos;

Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo,

Los provocaré a ira con una nación insensata.(C)

 

Deuteronomio 32:43  Alabad, naciones, a su pueblo,(E)

Porque él vengará la sangre de sus siervos,(F)

Y tomará venganza de sus enemigos,

Y hará expiación por la tierra de su pueblo.

 

El prisionero del Señor para los gentiles, una vez que pronunció judicialmente esa sentencia de ceguera de Isaías 6, fue encarcelado y mantenido en su prisión en Roma, y poco después se sintió inspirado a escribir el más profundo de los escritos sagrados, las Epístolas a los Efesios, Filipenses y Colosenses, que son oráculos de Dios conteniendo en ellas la más profunda verdad respecto a Cristo y la Iglesia, el Misterio que había permanecido oculto durante todos los tiempos, y en los cuales ni tan siquiera alusión alguna se le hace en los Hechos de los Apóstoles.

El periodo de transición extraordinario, que fue la generación, según aparece en los Hechos, tocó a su fin antes de que fueran escritas, tanto la posdata de Romanos como las Epístolas de la cautividad, y, por tanto, cuando se insiste en que la Iglesia comenzó en Pentecostés debemos recordar que Pentecostés tuvo su aplicación judía primeramente, como en Levítico 23:15, y no debemos permitir que esta verdad parcial lleve, o pase a ser una aplicación nuestra equivocada.

Debemos tener presente, por tanto, que la revelación del Misterio que estaba escondido en Dios no fue expuesta antes, se mantuvo escondido siempre, y hasta que no hubo transcurrido y finalizado el tiempo y periodo que atraviesa todo el libro de Hechos, nadie lo supo. Fue al final de esa era, y nunca antes sino cuando hubiese comenzado el intervalo de la gracia, y de que Cristo pasase a ser: la esperanza de gloria. Este Misterio entre los gentiles, posterior, contiene una revelación más profunda ahora, y más completa del evangelio de la gloria, un evangelio bien más grande, ancho, alto y profundo que el revelado en los Hechos.

Después de la gloriosa exposición tan clara de la Iglesia del Misterio, que aparece en Filipenses 3:11, 14, 20, 21, cuando estos cuerpos nuestros de humillación sean transformados a semejanza del cuerpo de su gloria, entonces podrá ser que las manifestaciones interrumpidas, que habían comenzado a verse en Pentecostés, tales como el hecho milagroso de los que hablaron en lenguas e hicieron las señales especiales, comiencen de nuevo su curso, porque habrá de seguir y cumplirse con el resto de la porción de la profecía de Joel, que aún están por cumplirse: Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo. El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová. Y todo aquel que invocare el nombre de Jehová será salvo.

Si, porque cuando se manifiesten los juicios de DIOS en el mundo, las gentes de la tierra aprenderán justicia con esas señales especiales, pero solo aparecerán cuando el Misterio que siguió su curso durante el Intervalo o interrupción en el tiempo, como dice claramente en Efesios y Colosenses, le hay sido predicado a los gentiles, creído en el mundo, y recibido arriba en gloria (1ª Timoteo 3:16).

1 Timoteo 3:16  E indiscutiblemente, grande es el misterio de la piedad:

 Dios fue manifestado en carne,

 Justificado en el Espíritu,

 Visto de los ángeles,

 Predicado a los gentiles,

 Creído en el mundo,

 Recibido arriba en gloria.

 

Una vez más repetimos, el reconocer la naturaleza especial y única de la historia, que duró treinta y tres años, según vemos en Hechos, nos lleva a comprender un tema de suma importancia en cuanto a la enseñanza Dispensacional del orden cronológico de las Epístolas paulinas.

Las primeras Epístolas, sobre todo 1ª y 2ª Tesalonicenses y 1ª Corintios, fueron escritas antes del final del periodo histórico que cubre el libro de los Hechos, cuando la parousia o regreso de Cristo estaba siendo ofertada aún a Israel y las naciones.

No vemos para nada, como algunos ven, insinuado en todo esto que Pablo estuviese equivocado esperando la parousia, si tenemos en cuenta que algunos de los que esperaban al Hijo de DIOS del cielo estaban aún con vida, y que, por tanto, serían conservados en espíritu, alma, y cuerpo hasta el día de la esperada con deseos ardientes la parousia (1ª Tesal.5:23).

Cuando se hizo la oferta, dentro del periodo que cubren los Hechos, de la posible e inmediata venida de Cristo, ¿no es natural suponer que esas primeras Epístolas de Pablo, escritas antes de que la oferta hubiese sido repudiada por Israel (tanto por la nación en Jerusalén como la Dispersión en Roma), y que contienen dentro una alusión tan especial a la parousia, estaría convencidos y sin duda que se hallaban dentro de su alcance, de acuerdo con la entonces clara oferta y la forma de actuar de DIOS en aquella dispensación? 

Resulta realmente extraordinario que haya sido solo aquí, en estas primeras Epístolas de Pablo, escritas antes de su encarcelamiento en Roma, y durante el curso del periodo de Hechos, que se mencione la parousia. La palabra parousia no aparece ni una sola vez, ni en Efesios ni en Colosenses, y la alusión que le hace Filip.3 se relaciona con el llamamiento de lo alto y el premio asociado al Gran Misterio de Cristo y de la Iglesia. Este Misterio o Secreto propósito de DIOS, no fue declarado durante el tiempo que la parousia, que habría de preceder de modo inmediato al Reino, estaba siendo ofrecido a la fe.

DIOS reveló a su siervo fiel y amado, mientras se hallaba en la cárcel en Roma, esta maravillosa gloria de Cristo como futura Cabeza del universo, con la Iglesia por su plenitud (pleroma). Esa  profunda y más exaltada verdad,  surgió solo a seguir al rechazo de la parousia y del Reino en 1ª Tesal.4, que entonces quedó definitivamente aplazada, muy seguramente para reanudarse otra vez, y con otra oferta muy clara, pero eso solo sucederá, solamente, cuando el Misterio, escondido en DIOS (al cual se hace alusión en Tesalonicenses), se haya consumado y recibido en gloria.

Esa parousia tendrá lugar, a pesar de haber quedado aplazada durante tantísimo tiempo, porque ninguna jota o tilde de DIOS puede quedarse sin cumplimiento; pero, ¿Por acaso no se dice en Filip.3, 1ª Timoteo 1 y Tito 2,  que esa bendita esperanza tendrá que cumplirse antes de que venga la parousia,  la cual será algo más pública y amplia?

También resultará evidente, al reconocer el aspecto histórico del libro de los Hechos, que los milagros, dones y poderes del mundo venidero, que habían sido una característica tan distintiva de aquel periodo tan extraordinario, naturalmente cesaron cuando el testimonio del Espíritu Santo, que tenía TODOS como propósito enfatizar, fue finalmente rechazado por Israel, igual que había sido ya repudiado un poco antes el propio Cristo.

El orar ahora (sin duda, con intención piadosa) para que haya una renovación de los dones de Pentecostés, mientras el Misterio está siendo aún predicado entre los gentiles, es, sin lugar a dudas, algo que no está de acuerdo con lo que sabemos; porque ¿no habrán de seguir la sangre, el fuego y la columna de humo, así como otros terrores en los cielos y en la tierra, a la renovación de la profecía de Joel, que solamente ha quedado en suspense mientras que siga predicándose aún, este nuevo y maravilloso día de gracia entre los gentiles?  

  

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

19 – LOS HECHOS

DE LOS APÓSTOLES

 

Antes de que nos metamos con las Epístolas desde la cárcel, escritas después de Hechos 28:29, 30, es absolutamente necesario que entendamos perfectamente la gran línea divisoria que separa las primeras de esas las últimas Epístolas Paulinas.

A fin de poder obtener ese conocimiento, debemos tener una idea clara del alcance y designio de los Hechos de los Apóstoles como algo dispensacionalmente caracterizado por la

 

CONCLUSIÓN DE LA HISTORIA BÍBLICA DE ISRAEL

 

De ningún otro libro de las Escrituras se ha perdido, de modo tan efectivo, la clave o llave para abrirlo y es tan difícil de recuperar. Los ojos del Cristianismo han sido cegados por la tradición, que tuvo su comienzo en los Papas de Roma, según la cual Jesucristo vino a la tierra a fundar una iglesia, y que le dio las llaves de ella a Pedro, y él, a su vez, se las pasó al Papa. Esa es la forma de expresar de manera más suave: Que la Iglesia comenzó en Pentecostés. Y esa afirmación es la raíz de todas las tinieblas que, cuan grueso velo, esconde la verdad de las iglesias hasta nuestros días.

Debido a la desgraciada traducción de la palabra ekklesia por iglesia en Mateo 16:18, en lugar de asamblea o congregación (como en el Antiguo Testamento), los copistas romanos y protestantes han dado nacimiento a los perniciosos frutos diciendo que, en los Hechos de los Apóstoles, lo que tenemos es, la formación de la Iglesia Cristiana.

Mateo 16:18  Y yo también te digo, que tú eres Pedro,[a] y sobre esta roca[b] edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella.

 

 Los cristianos de nuestros días, no sabiendo que durante bien más de cincuenta años después de la destrucción de Jerusalén se dio un espacio, un intervalo perfecto en la historia eclesiástica, han imaginado y supuesto en su ignorancia de eso que, el Cristianismo organizado, tal y como lo vemos en la actualidad, es sencillamente la continuación de lo que leemos en los Hechos de los Apóstoles; ¡pero no es así! ¡ni mucho menos!

Los años que siguieron a la destrucción de Jerusalén son, de hecho, algunos de los más oscuros en la historia de la iglesia. Esto es lo que expone el Dr. Samuel Green en su Hand-book of Church History, diciendo:

Cuando nos introducimos en el segundo siglo nos encontramos, en gran manera, en un mundo cambiado. Ya no existe la autoridad apostólica  en la comunidad cristiana, los milagros ya no suceden…Como bien ha dicho el Dr. Arnold: nos detenemos en la última Epístola de Pablo a Timoteo con un interés parecido al de una persona que se para en el último pueblecillo de un valle cultivado, donde no hay nada más allá de él, sino el páramo. Es el fin, o casi el fin, de nuestro verdadero conocimiento del Cristiano primitivo. Allí echamos nuestro último vistazo a nuestro alrededor, pues más allá la bruma espesa y los objetos son pocos y distorsionados, y apenas nos es posible discernirlos.(1)

(1)              Se puede añadir más información acerca del periodo de silencio, después de la destrucción de Jerusalén, de las autoridades más conocidas:

El finado Dean Stanley, e su History of the Eastern Church, escribe de la siguiente manera acerca de la transición del Nuevo Testamento al Cristianismo de los primeros Padres. Dice:

El hilo, en ese momento tan crítico de los pasajes de las colinas eternas a la planicie de abajo, se pierde para siempre de nuestra vista justamente cuando más desearíamos verlo. Podemos escuchar sus luchas debajo de la roca que cuelga, podemos mojarnos con la espuma en las ramas que se sobreponen en su curso, pero no podemos ver el torrente o solamente lo vemos de manera imperfecta al echar un vistazo. No es tanto un periodo de historia eclesiástica, sino una era durante la cual se suscitan controversias y conjeturas eclesiásticas.

Un fragmento acá, una alegoría allá, romances cuyo autor se desconoce, un puñado de cartas cuya autenticidad se ha puesto en duda en cada una de sus porciones, un examen sumario de un magistrado romano, las alegaciones de dos o tres apologistas cristianos, costumbres y opiniones en el momento del cambio y, por último, aunque no menos importante, las pinturas ya borrosas, las esculturas rotas, los rudos epitafios en la oscuridad de las catacumbas: estos son los pocos aunque atractivos materiales a partir de los cuales debemos reproducir la semejanza de la Iglesia primitiva…una vez que hemos pasado este abismo, nos acercamos al punto cuando la historia de la Iglesia se convierte de nuevo en historia.

 

Hay un testimonio similar en The Edinbourgh Review (abril, 1870) al revisar el San Pablo de Renam. Habiendo traído la historia al punto en que el apóstol llegó a Roma, el Review sigue diciendo:

Una vez que ha llegado hasta ahí, y está plantada con toda seguridad en esa situación central y de dominio, aunque parezca extraño, la Iglesia, con todos sus personajes dramáticos, desaparece de repente de nuestra vista. Las más espesas nubes oscuras se reúnen de inmediato alrededor de su historia, de tal forma, que nuestra ansiosa curiosidad intenta, en vano, penetrar en ella. Se ha esfumado, entre una corona de humo, de un modo tan absoluto como cuando un tren desaparece en el túnel. La llegada de S. Pablo a Roma marca el origen del Cristianismo, el comienzo de una profunda noche, iluminada solamente por los espeluznantes fuegos de las terribles festividades de Nerón. La historia de la vida de S. Pablo y la historia de la era apostólica acaban inesperadamente, cae una profunda oscuridad sobre el escenario, y un severo y sobrecogedor silencio de una tormenta que se aproxima, mantiene, en expectante anticipación, el día del Señor, a la iglesia atemorizada y desalentada.

Por tanto, todo cuanto tenemos (como creyentes gentiles) para nuestra dirección espiritual, doctrinal y eclesiástica son las Epístolas desde la cárcel (Efesios, Filipenses, Colosenses y 2ª Timoteo) y todo lo que los hebreos tuvieron para servirles de guía se halla en la Epístola que se les dirige, Epístola a los Hebreos; pero tanto ellos como nosotros, tenemos además toda la Biblia para nuestra enseñanza.

 

El escrito más antiguo datado de esa época sombría repentina, es el que se conoce como la Didachê o enseñanza de los Doce Apóstoles a los Gentiles. Permaneció sin descubrir hasta 1883, y desde entonces ha sido publicado en diversos formatos y traducciones. Se supone que data, más o menos, del año 120 d. C., y hay pasajes en él que pueden ser más tardíos. Consiste de preceptos y obligaciones morales, de normas en cuanto al ayuno, el bautismo, la eucaristía, y el cumplimiento de rituales, a diferencia de lo que lo leemos en los Hechos de los Apóstoles; y como se puede suponer, acaba con solemnes advertencias respecto al juicio final. Fuese cual fuese el significado de la palabra sacrificio en una cita de Malaquías 1:14 en relación con el servicio eucarístico, todo esto nos muestra que ya se habían sembrado las semillas que dieron una cosecha tan abundante de herejías en los últimos tiempos.

A juzgar por las evidencias internas, aportadas por los datos cronológicos, la degradación y degeneración es tan evidente que, en lugar de considerarla como los primeros escritos del Cristianismo puro, no podemos por menos de ver en ella los principios de un Cristianismo corrompido, y la apostasía que habría de ocupar su lugar en estos últimos días de entonces, como había sido escrito que sucedería en 2ª Tesal.2:3,  cuando el ministerio de los que le oyeron al Señor hubiese cumplido y acabado su propósito.

2 Tesalonicenses 2:3  Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía, y se manifieste el hombre de pecado, el hijo de perdición,

 

El aplazamiento de la parousia por la destrucción de Jerusalén fue el resultado de los lobos rapaces que entraron en el rebaño, de cuya venida, después de su partida, se enteró el apóstol Pablo por inspiración divina. Una vez que estos se hubieron introducido, la enseñanza de la cual la Didachê era una muestra, fue el resultado (Hechos 20:29  Porque yo sé que después de mi partida entrarán en medio de vosotros lobos rapaces, que no perdonarán al rebaño.) y el efecto que produjeron. Ésta es la única sucesión apostólica a la que se refiere la Palabra de Dios. La Didachê revela el comienzo de la corrupción de la verdad que desembocó en la edad de las tinieblas, y que se desarrolló y tuvo su consumación en los peores errores cometidos por la Iglesia de Roma, a la cual hay tantos en nuestros días que pretenden regresar: A la Iglesia del primer siglo!

La ignorancia de este hiatus, o lapsus en la historia eclesiástica, ha dado pie a la aceptación de la hipótesis según la cual la Iglesia comenzó en Pentecostés. La consecuencia de ese gran error  ha sido la causante de que, los cuatro Evangelios, así como los Hechos de los Apóstoles, se lean como Epístolas Paulinas, y así las consideran muchos lectores, y sus Epístolas en cambio reciben un trato insignificante, porque no pueden, en este sentido errado, ser entendidas debidamente.

Nada puede estar más claro que la afirmación enfática que comienza en la segunda porción dispensacional de la Epístola a los Romanos. (15:8-12).

 

Romanos 15:8-12  Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres,  9  y para que los gentiles glorifiquen a Dios por su misericordia, como está escrito:

 Por tanto, yo te confesaré entre los gentiles,

 Y cantaré a tu nombre.(B)  10  Y otra vez dice:

 Alegraos, gentiles, con su pueblo.(C)  11  Y otra vez:

 Alabad al Señor todos los gentiles,

 Y magnificadle todos los pueblos.(D)  12  Y otra vez dice Isaías:

 Estará la raíz de Isaí,

 Y el que se levantará a regir los gentiles;

 Los gentiles esperarán en él.(E)

 

Pues os digo que Jesucristo vino a ser SIERVO DE LA CIRCUNCISIÓN para mostrar la verdad de Dios, PARA CONFIRMAR LAS PROMESAS HECHAS A LOS PADRES.

 

La primera de estas promesas se ve en Génesis 12:2, 3. Fue hecha a Abraham, padre de Israel, con las siguientes palabras:

 

Y haré de ti una nación grande,

Y te bendeciré,

Y engrandeceré tu nombre,

Y serás bendición.

Bendeciré a los que te bendijeren,

Y a los que te maldijeren maldeciré;

Y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.

 

En esta promesa, que encierra siete aspectos diferentes, se indica y enfatiza cada uno de ellos con la figura polisíndeton (la repetición de la conjunción “y”) ilustrando una promesa absoluta y sin condiciones. Fue, por lo tanto, un pacto incondicional y, por eso, en lo que a Jehová se refiere, debe ser y será fielmente cumplido al pie de la letra, a pesar de la pasada infidelidad y desobediencia de Israel.

Romanos 15:8 determina, por tanto, el alcance de los cuatro Evangelios, y, nos permite discernir el verdadero propósito y objetivo del ministerio del Señor como

Romanos 15:8-12  Pues os digo, que Cristo Jesús vino a ser siervo de la circuncisión para mostrar la verdad de Dios, para confirmar las promesas hechas a los padres, 

MINISTRO DE LA CIRCUNCISIÓN

 

La palabra circuncisión utilizada en esta relación está cargada de significado, ya que enfatiza la diferencia que existe entre Israel y el resto de las Naciones en el terreno religioso, de la misma manera que lo hace la palabra hebreo en el campo del idioma, y la palabra judíos en lo que se refiere a la dispensación y nacionalidad.

Esto nos lleva al alcance del ministerio del Señor, y cuando estudiamos ese misterio tal y como aparece en los cuatro Evangelios, nos encontramos con que, cada uno de ellos, consistía en dos temas:

 

EL REINO Y EL REY

 

Tomando como ejemplo el Evangelio de Mateo, nos encontramos con el siguiente orden:  (El número de versículos adjudicados a estos temas en cada evangelio varía y forma un interesante tema de estudio)

 

A| 4:12 – 7:28. EL REINO. Proclamado

   B| 8:1 – 16:20. EL REY. Proclamado

   B| 16:21 – 20:34. EL REY. Rechazado

A| 21:1 – 25:46. EL REINO. Rechazado

 

Nos enteramos, de este modo, de que el ministerio de nuestro Señor se limitaba a la circuncisión y se dedicaba a la confirmación de las promesas hechas por Dios a los padres de la nació israelita y, por ello, no pudo tener como objetivo nada que tuviese que ver con la fundación de una Iglesia, ni tampoco con establecer la religión cristiana.

Esto es algo que se ve claramente en una de las parábolas del propio Señor sobre el banquete de bodas. El Señor enseñó en dos ocasiones acerca del Reino valiéndose de parábolas, en Mateo 13, en relación con la proclamación del Rey, y en Mateo 21 y 22, en relación con el rechazo del Reino.

Una de las últimas parábolas es la de la viña. Habiendo enviado repetidamente a sus siervos (Juan el Bautista y el Señor) a decirles que todo estaba listo (preparado por los profetas del Antiguo Testamento) y que la fiesta les aguardaba. Sin embargo

 

NO QUISIERON IR

 

Este fue el resultado que obtuvo el ministerio del Señor.

A continuación tenemos la secuela, que es la historia condensada de los Hechos de los Apóstoles:

 

He aquí, he preparado mi comida;

Mis tesoros y mis animales engordados han sido muertos,

 y todo está dispuesto;

venid a las bodas.

 

Más ellos, sin hacerle caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios; y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron. Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad (Mateo 22:1-7).

 

¿Qué es todo esto sino la historia (condensada) de los Hechos de los Apóstoles, y de la destrucción de Jerusalén?

Esto nos demuestra que los Hechos de los Apóstoles es un libro histórico que ocupa un lugar único en la Palabra de Dios. Es el libro que cierra, por así decirlo, los libros históricos de toda la Biblia. La historia acerca del fracaso de Israel habría estado incompleta y hubiese quedado sin conclusión de no ser por la historia que nos relata este último libro histórico, el cual se nos da con ese propósito. Sin él, eso si,  nos habríamos enterado de la historia del rechazo del Señor en la nación, y habríamos sabido que por manos malvadas fue crucificado y muerto, pero nuestra ignorancia habría sido total y absoluta en lo que se refiere al cumplimiento de la parábola profética del Señor en Mateo 22:1-7.

Y aunque la historia profana nos hubiese relatado la destrucción de aquellos asesinos y de cómo fue quemada la ciudad, poco hubiésemos sabido sobre la auténtica causa, y nada acerca de la nueva proclamación de perdón para la nación, a pesar de los terribles crímenes que había cometido, nada sabríamos tampoco de la maravillosa gracia de Jehová en convertir aquellos crímenes en las más estupendas bendiciones para ellos si estaban dispuestos a recibir y a reverenciar a Su Hijo; no habríamos además sabido nada acerca de la maravillosa promesa de enviarle con aquellas bendiciones en sus manos a los doce, con Pablo, para cumplir todas las profecías sobre la gloria de Jehová sobre Su pueblo y Su nación, y todo ello bajo la sola condición: que manifestasen su arrepentimiento nacional reverenciando a Su Hijo.

Además, los Hechos de los Apóstoles, en lugar de ser el comienzo de la Iglesia, es en cambio el cumplimiento de la antigua profecía del Cántico de Moisés, respecto a la historia de Israel, desde el principio hasta el final de los juicios apocalípticos, y el comienzo de las glorias milenarias.

Dios había prometido ser Dios de Abraham y de su simiente después de él (Génesis 17:7); pero Israel se volvió culpable de idolatría, que en todos los profetas se menciona como un adulterio (espiritual), y no se quiso nunca arrepentir, de todo corazón, a Jehová (aunque Él había sido el Esposo de la nación). Israel no solo se negó a arrepentirse bajo el ministerio de los profetas, sino que además siguió negándose los sucesivos ministerios de Juan el Bautista, del Señor mismo,  y también del Espíritu Santo, Quien dio testimonio a los que le oyeron con “señales y prodigios y diversos milagros y dones espirituales”, de modo que al negarse la última vez,  la sentencia de escisión fue final y judicialmente pronunciada.

Por tanto, en los Hechos de los Apóstoles tenemos el relato histórico (desde el punto de vista judío) de aquello que (desde el punto de vista gentil)  aparece en la porción dispensacional de la Epístola a los Romanos en su forma interna y parabólica.

La enseñanza sobre el olivo en Romanos 11 no tiene nada que ver con la Iglesia Cristiana, sino que expresa, como por una parábola, toda la transición histórica, de modo detallado, en el libro de los Hechos.

Hechos y Romanos citan Deut.32:20, 21; e Isaías 28:14-21 en combinación con Habacuc 1:5 como la garantía escritural de uno, y de la enseñanza dispensacional del otro.

Si tomamos esta llave nos encontraremos como sigue:

 

LA ESTRUCTURA DE ROMANOS COMO UN TODO

(Introversión y alternancia extendida)

 

C| 1:1-3. Introducción.

   D| E| 1:4 – 2:13. Jerusalén. Misión del Espíritu Santo. Preparación de los doce para su próximo ministerio.

           F| 2:14 – 8:1. El ministerio de Pedro (y de los demás) a la nación de Jerusalén y en la nación.

              G| 8:1 – 11:30. El ministerio de Pedro en la nación de Israel: 1º a Judíos, y 2º a Gentiles.

                 H| 12:1-23. Jerusalén. Pedro encarcelado, vive posteriormente en Cesarea, al fin de su ministerio.

   D| E| 12:24 – 13:3. Antioquía. Misión del Espíritu Santo. Preparación de Pedro y de Pablo para su ministerio venidero.

           F| 13:4 – 14:28. El ministerio de Pablo (con otros) a la dispersión, separado de Jerusalén y de los doce.

             G| 15:1 - 19:20. El ministerio de Pablo juntamente con los doce (haciéndose judío a los judíos).

                 H| 19:21 – 28:29. Jerusalén. Pablo encarcelado. Vive posteriormente en Roma, y final de su ministerio.

C| 28:30, 31. Conclusión.

 

Solamente serán necesarias unas pocas palabras respecto a las grandes divisiones mencionadas encima.

En el momento en que comenzó la historia de los Hechos, había llegado el cumplimiento del Cántico de Deut.32:20, y se iría a ver si es que

 

LA GENERACIÓN PERVERSA, DE HIJOS INFIELES

IRÍAN, O NO, A VER CUMPLIDAS LAS PALABRAS QUE SE MENCIONAN EN EL VERS. 21.

 

A| a| Ellos me movieron a celos

        b| con lo que no es Dios

            c| me provocaron a ira

                d| con sus ídolos

A| a| yo también los provocaré a celos

       b| con un pueblo que no es pueblo,

           c| los provocaré a ira

               d| con una nación insensata.

 

Estas palabras son “la llave” que abre el libro de los Hechos de los Apóstoles. El Espíritu Santo mismo pone esta clave a nuestro alcance para que nos demos cuenta de que, la historia que ha quedado escrita en los Hechos, es el cumplimiento de Deuteronomio 32:21 (¡sin la cual ese versículo no tendría cumplimiento alguno!) y los motivos para la transferencia de la posición privilegiada que poseemos ahora, bajo la promesa hecha a los padres con respecto a los gentiles como tales (no a una iglesia ni iglesias).

Si seguimos la estructura, en “E” (1:4 – 2:13) tenemos la promesa que el Señor Jesús les hizo, de darles poder espiritual y que explicaría además la posición dispensacional a los once,  hablando acerca de las cosas tocantes al Reino de Dios. La pregunta hecha por los once, muestra lo que Dios había dicho ya. El Señor tuvo que explicarles que, fuese cual fuese el resultado de la proclamación que iba a ser llevada a cabo y hecha, el reino sería restaurado  al final, conforme había sido anunciado por los profetas. Porque preguntan: ¿Restaurarás ahora el Reino de Israel? La pregunta no se refiere solamente al tiempo, sino también al hecho (1:6).

En “F” (2:14 – 8:1) tenemos a los doce testigos de la transacción en la tierra de los días de Juan el Bautista a la Resurrección, que habrían de hacer, una vez más, la llamada al arrepentimiento, y habrían de repetir la gran proclamación de que, después del arrepentimiento de la nación, Jehová enviaría sin falta a Jesús el Mesías, y no solamente restauraría de nuevo el Reino de Israel, sino que iría más allá, y cumpliría todas las profecías que Dios había predicho y prometido por boca de Sus profetas.

En “G” (8:1 – 11:30) vemos a Pedro ejerciendo el ministerio que le había sido donado en Mateo 16:19, y haciendo uso de las llaves que le habían sido dadas para abrir (anunciar) el Reino: 1º a los judíos en el país y 2º a los gentiles en Samaria y Galilea.

Los gentiles pasaron a ser copartícipes en los privilegios de Israel, a fin de que se pudiesen cumplir las muchas profecías que habían sido pronunciadas para el gozo de los Gentiles juntamente con Israel, que era el pueblo de Dios, y todo se resume en las siguientes palabras del Cántico de Moisés (Deut.32:43):

 

 

J| e| Alabad, naciones,

      f| a su pueblo.

         k| porque él vengará la sangre de sus siervos,

         k| y tomará venganza de sus enemigos,

J| e| y hará expiación por la tierra

      f| de su pueblo.

 

Todo estaba llegando a su punto culminante para que se cumpliese la gloriosa consumación. Los poderes de siglo venidero se estaban manifestando. Pedro estaba atando y desatando, ejerciendo funciones judiciales, realizando milagros más grandes que los que hizo Cristo en Juan 14:12), causando la muerte inmediata de aquellos que eran deshonestos, levantando de los muertos a los que dormían.

Las señales sobre las cuales había ya hablado Joel (2:28-32) se estaban comenzando a ver; eran las señales del día grande y notable del Señor, que tendría su final en la restauración de todas las cosas que habían dicho los santos profetas que habían sido enviados desde que comenzó el mundo. Así que ESTO que fue visto en Pentecostés, era AQUELLO acerca de lo cual había hablado con antelación Joel. El Espíritu Santo enfatiza este hecho por medio de Pedro. Todo estaba listo, y todo hubiese acontecido y habría desembocado en el glorioso Reinado de Cristo y de sus santos, de haber obedecido la nación al llamamiento de Pedro.

Pero, juntamente con la oferta, la apostasía de la nación en la tierra estaba llegando a su culminación. Satanás estaba, al mismo tiempo, obrando y preparando su anticristo, utilizando a Herodes con el fin de abrir la primera brecha en el cuerpo apostólico de los apóstoles, asesinando a Jacobo y procurando a seguir asesinar a la columna que era Pedro; y, a continuación, cometió una blasfemia antes inigualable, exaltándose a sí propio como Dios, que solo será igualada más tarde por el anticristo (Hechos 12).

En la “F” (13:4 – 14:28) tenemos el cumplimiento de la profecía mencionada en Deut.32:20, 21, y encontramos los judíos movidos a celos (13:45-51) y la nación amenazada por la escisión, mientras que en “G  (15:1 - 19:20) tenemos la inclusión de los Gentiles (como tales) (13:41-47) pero confirmada además por el concilio apostólico de Jerusalén (Hechos 15).

El hecho de que los gentiles pudiesen disfrutar también de los privilegios de Israel hizo que los judíos de la dispersión se llenasen de celos (Hechos 16 y 28), y fue durante este periodo cuando Bernabé fue sustituido por Silvano, Timoteo, Trófimo y Tiquico como asociados de Pablo en su ministerio. Fue, además, durante este mismo periodo cuando fueron escritas las primeras Epístolas de Pablo: 1ª y 2ª Tesalonicenses y 1ª y 2ª de Corintios, además de Gálatas.

El libro termina y la historia alcanza su culminación con la cita de Isaías 6:9, 10, que se repite por tercera y última vez (las otras dos son Mateo 13:14 y Juan 12:39 – 41) dando la profecía divina respecto a la ceguera judicial de Israel. Pocos años después se cumplió la parábola profética sobre el banquete nupcial, cuando el Rey,

 

Enviando a sus ejércitos,

destruyó a aquellos homicidas,

y quemó su ciudad (Mateo 22:7).

 

Desde aquel acontecimiento que hizo época, cuyo solemne efecto y pleno significado pocos, si es que hay algunos, que puedan comprender por completo o siquiera imaginan, Israel ha continuado teniendo un velo sobre sus ojos y su corazón. Por un lado vemos, en aumento y en la actualidad, el odio de los gentiles manifestado por medio del antisemitismo, y, por otro lado, la hostilidad de los judíos, que nunca había sido tan amarga en contra del movimiento converso.

La historia judía, que acabó con los Hechos de los Apóstoles, no continuará, desde los puntos de vista bíblico y dispensacional, que mencionó Santiago al citar a Amos 9:11, 12, en combinación con otras profecías, en Hechos 15:13-17, hasta que el propósito de Dios en lo que se refiere al Misterio (o secreto) que ha estado oculto de los profetas (1ª Pedro 1:10-12; Efesios 3:9) no solamente haya ya sido predicado entre los gentiles, sino que el cuerpo de Cristo haya ya sido recibido en gloria y se haya unido a su Cabeza gloriosa (1ª Timoteo 3:16; Filipenses 3:14; Colosenses 3:4). Solo entonces reatará su curso.

Ahí si que habrá un cambio en la obra presente del Espíritu Santo, y una vuelta al propósito original de Pentecostés, continuando y cumpliendo el resto de los versículos sobre el día grande y notable del Señor (Joel 2:28-32; Hechos 2:39; Daniel 9:7) por medio de los juicios apocalípticos que tendrán su culminación con la apertura de los cielos y el Señor descendiendo en el aire (1ª Tesl,4:16, 17; Hechos 3:20), cuando el Hijo del Hombre ponga  pie sobre el mismo monte de los Olivos, sobre el monte del cual le vieron sus discípulos ascender (Hechos 1:11, 12) cumpliendo así la promesa que les hizo antes de ascender (Hechos 1:3, 6).

Debemos dejar el estudio de este tema para más adelante. Veremos entonces que la dispensación especial de los Hechos de los Apóstoles, lejos de ser el comienzo de la historia de la Iglesia, lo que realmente conlleva en sí es la conclusión bíblica de la historia pasada de Israel y está allí, además, caracterizada :

 

(1)            Por ser un periodo de expectación basado en la promesa de Jehová manifestada por los profetas y en Hechos 3:19-26.

(2)            Por la confirmación apostólica de las palabras del Hijo (como aparecen en los evangelios) y:

(3)             Por el testimonio divino de la confirmación (según vemos en Hechos) por medio de señales y prodigios, con diversos milagros y dones del pneuma hagion (dones espirituales) según Su propia voluntad (Hebreos 2:4; 1ª Cor.12:11).

 

Entonces, y no antes, estaremos en situación de apreciar la evidencia que hemos recibido, y en la que vemos que, las primeras Epístolas Paulinas no fueron más allá de todo eso, sino que pertenecieron y estuvieron de acuerdo con las características de la Dispensación de los Hechos; y no será hasta entonces, más adelante, que podremos comprender la nueva Dispensación (en la cual tenemos el privilegio de vivir) revelada en las últimas epístolas de Pablo, escritas desde la cárcel y dirigidas a las asambleas (Efesios, Filipenses y Colosenses.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

20 – LOS HECHOS

DE LOS APÓSTOLES

 

UNA DISPENSACIÓN DE “EXPECTACIÓN”

BASADA EN LAS PROMESAS DE JEHOVÁ

 

Así como la confirmación de los que le oyeron se basó en las palabras del Hijo, y como el testimonio de Dios a su confirmación se basó en las obras del Espíritu Santo, de igual modo el estado de expectación que caracteriza la dispensación que cubre los Hechos de los Apóstoles se basó en las palabras de Jehová. Para poder verlo precisamos volver más atrás, a Malaquías, al último de los profetas.

El Antiguo Testamento finaliza con la grave acusación en contra de la condición moral de Israel; una acusación que se dirigía hacia la hipocresía de la nación, con su desprecio a las leyes de Dios y su apostasía. Una acusación que la nación tuvo la osadía de rechazar en todos sus aspectos. Solo tenía una condición requerida y que anunciaba el juicio venidero. El propio título de la profecía de Malaquías es de lo más solemne, significativo e instructivo: el peso de la palabra de Jehová a Israel por mano de Malaquías. Este título destaca la crisis que había de padecer la nación y que solamente podremos entender estudiándola a la luz de

 

EL DÍA DE SU VENIDA

 

Entre sus palabras finales estaba la declaración que la une al comienzo de la historia del Nuevo Testamento.

 

He aquí, que yo os envío al profeta Elías, antes que venga el día de Jehová, grande y terrible (4:5).

 

La Dispensación del Nuevo Testamento empieza con el cumplimiento de esta promesa de Jehová en la persona de Juan el Bautista, que vino para cumplir su misión llamando a la nación al ARREPENTIMIENTO, puesto que el Reino de los cielos, que había sido el sujeto o tema en el Antiguo Testamento, se había acercado, y la profecía decía que estaba cercano, a la mano.

 

El Mensajero del pacto (Malaq.3:1) declaró acerca de JUAN:

Malaquías 3:1  He aquí, yo envío mi mensajero, el cual preparará el camino delante de mí;(A) y vendrá súbitamente a su templo el Señor a quien vosotros buscáis, y el ángel del pacto, a quien deseáis vosotros. He aquí viene, ha dicho Jehová de los ejércitos.

 

Mateo 11:14  Y si queréis recibirlo, él es aquel Elías que había de venir.(E)

 

 

Aquí se determina el alcance de la historia del evangelio.

El propósito del Mensajero del Pacto no era el de fundar una iglesia, sino proclamar el día de su venida, durante el cual se salvaría el remanente fiel y la nación apóstata sería juzgada, y durante el cual el oro y la plata serían refinados y la cruz sería rechazada (3:3), en el cual se recogerían las tesoros preciados (3:17) y se quemaría la estopa (4:1), y los hijos se librarían (3:17) y los malvados sería hollados (4:3). Y en medio de aquellas tinieblas y el espanto de los malvados, el Sol de Justicia se elevaría con sanidad en sus alas para sus fieles.

Malaquías 3:3  Y se sentará para afinar y limpiar la plata; porque limpiará a los hijos de Leví, los afinará como a oro y como a plata, y traerán a Jehová ofrenda en justicia.

 

Malaquías 3:17  Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve.

 

Malaquías 4:1 

  Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.

 

Malaquías 3:17  Y serán para mí especial tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actúe; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve.

Malaquías 4:3  Hollaréis a los malos, los cuales serán ceniza bajo las plantas de vuestros pies, en el día en que yo actúe, ha dicho Jehová de los ejércitos.

 

Aún no se había cerrado la puerta de la esperanza. Elías tenía que ser enviado, y la nación si se arrepintiese y volviese para Jehová, entonces la maldición con que acaba podría llegar a evitarse.

Después de cuatro siglos se acercó el día de su venida, y la Dispensación, caracterizada por la expectación, había comenzado. Había unos que estaban aguardando la consolación de Israel (Lucas 2:25)

Lucas 2:25  Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.

 

y que esperaban la redención en Jerusalén (Lucas 2:38),

Lucas 2:38  Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.

 y había otros que esperaban el Reino de Dios (Marcos 15:43)

Marcos 15:43  José de Arimatea, miembro noble del concilio, que también esperaba el reino de Dios, vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús.

 

y que confiaban en que el Crucificado sería el que debía redimir a Israel (Lucas 24:41).

 Lucas 24:41  Y como todavía ellos, de gozo, no lo creían, y estaban maravillados, les dijo: ¿Tenéis aquí algo de comer?

 

Todos los hombres se interrogaban acerca de Juan (Lucas 3:15).

Lucas 3:15  Como el pueblo estaba en expectativa, preguntándose todos en sus corazones si acaso Juan sería el Cristo,

 

La expectativa, como vemos, caracterizaba a la Dispensación que cubre los cuatro Evangelios, y esa misma expectativa siguió sintiéndose durante la Dispensación de los Hechos de los Apóstoles y continuó hasta el final del libro. La expectación se basaba en la palabra del propio Jehová Mismo.

A continuación mencionamos seis pasajes de los Hechos que manifiestan y prueban que la EXPECTACIÓN fue su más destacada característica y, lejos está que, esa expectación, hubiera sido producida para dar “comienzo de una iglesia”. En todas las partes del libro, esta condición de expectación, se manifiesta hasta el último capítulo para ver cumplida la palabra de Jehová.

 

1 – EL PRIMER PASAJE (Hechos 1:3,6)

Hechos 1:3-6  a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.  4  Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre,(B) la cual, les dijo, oísteis de mí.  5  Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo(C) dentro de no muchos días.   6  Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

 

 

Al comienzo mismo se nos habla acerca de cuál fue el tema del Señor y su enseñanza durante los cuarenta días que transcurrieron entre su resurrección y su ascensión. Fue

 

LAS COSAS RELACIONADAS CON EL REINO DE DIOS.

 

No se menciona ningún otro tema y tampoco nos toca a nosotros imaginarnos que el Señor llamase la atención de sus discípulos con ningún otro tema. El modo en que lo enfocó lo podemos ver en Lucas 14. Allí vemos la necesidad de parte de los que le escucharon de ser sabios de corazón y rápidos para creer TODO lo que los profetas habían predicho sobre Él (vers.25).

Lucas 24:25  Entonces él les dijo: ¡Oh insensatos, y tardos de corazón para creer todo lo que los profetas han dicho!

 

En este sentido, los discípulos eran lo mismo que todos los judíos que escuchaban al Señor, y también como los judíos de nuestros días. Ellos fueron rápidos para creer lo que habían dicho los profetas acerca de LA GLORIA, pero lentos de corazón para creerlo TODO, lo cual incluía en grande parte los SUFRIMIENTOS del Señor. Ellos no tenían ningún deseo de creer que era necesario que su Mesías sufriese, de modo que, entre otros esfuerzos para dar otra interpretación a la profecía, se inventaron dos Mesías: uno el Mesías hijo de David, que habría de reinar, y el otro el Mesías hijo de José, que habría de padecer.

Es posible que Juan el Bautista se refiriese a esta teoría cuando envió a dos de sus discípulos a interrogar: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? (Mateo 11:3). El Señor no respondió diciendo que o que no, sino que citó las profecías (Isaías 35:5; 42:6, 7) que eran neutrales en cuanto a la intención de la pregunta, pero suficientes como para aportar la evidencia que verdaderamente sirviese de respuesta.

Isaías 35:5  Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se abrirán.

 

Isaías 42:6-7  Yo Jehová te he llamado en justicia, y te sostendré por la mano; te guardaré y te pondré por pacto al pueblo, por luz de las naciones,(D)  7  para que abras los ojos de los ciegos, para que saques de la cárcel a los presos, y de casas de prisión a los que moran en tinieblas.

 

A fin de corregir el error en el caso de los discípulos que iban de camino a Emaús, el Señor les contestó:

 

¿No era necesario que el Mesías padeciera estas cosas y que entrara en su gloria? (Vers.26)

 

En una fecha posterior el Espíritu Santo declaró por medio de Pedro a los profetas: el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos (1ª Pedro 1:11). Ellos creían que, en lo que los profetas habían escrito, se dejaba en blanco una dificultad por resolver, y era el periodo de tiempo que habría de transcurrir entre los sufrimientos y la gloria. Los mismos profetas se toparon con esta dificultad cuando:

 

Inquirieron y diligentemente indagaron… qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos (1ª Pedro 1:10).

 

Los discípulos a los que se dirigió el Señor en Hechos 1:3  hablándoles acerca del Reino de Dios, estaban perplejos por causa de la misma pregunta que había inquietado a los profetas de antaño: le preguntaron diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo? Pero no les tocaba a ellos saber los tiempos y las sazones que el Padre puso en Su sola potestad (Hechos 1:7).

Hechos 1:7  Y les dijo: No os toca a vosotros saber los tiempos o las sazones, que el Padre puso en su sola potestad;

 

El tiempo de la restauración dependía del cumplimiento de otras profecías. La más antigua de ellas era la que Dios le había dicho a Moisés en Levítico 26, donde, después de describir los pecados de Israel, y los juicios de la cautividad y la dispersión, acabó con una condición inalterable entre Él y la nación de Israel en el monte Sinaí por mano de Moisés:

 

Y confesarán su iniquidad,

Y la iniquidad de sus padres,

Por su prevaricación con que

Prevaricaron contra Mí;

Y también porque anduvieron conmigo

En oposición

Yo también habré andado en contra

 de ellos, y los habré hecho entrar

En la tierra de sus enemigos;

Y ENTONCES se humillará su corazón

Incircunciso, y RECONOCERÁN su pecado.

ENTONCES Yo me acordaré de Mi pacto

Con Jacob, y asimismo de Mi pacto

Con Abraham me acordaré, y haré

Memoria de la tierra (Lev.26:40-42).  

 

Ésta fue la Escritura que recordó y suplicó SALOMÓN en la cumbre de la gloria de Israel durante la dedicación del templo, en las palabras finales de su oración (1ª Reyes 8:46-53).

1 Reyes 8:46-53  Si pecaren contra ti (porque no hay hombre que no peque), y estuvieres airado contra ellos, y los entregares delante del enemigo, para que los cautive y lleve a tierra enemiga, sea lejos o cerca,  47  y ellos volvieren en sí en la tierra donde fueren cautivos; si se convirtieren, y oraren a ti en la tierra de los que los cautivaron, y dijeren: Pecamos, hemos hecho lo malo, hemos cometido impiedad;  48  y si se convirtieren a ti de todo su corazón y de toda su alma, en la tierra de sus enemigos que los hubieren llevado cautivos, y oraren a ti con el rostro hacia su tierra que tú diste a sus padres, y hacia la ciudad que tú elegiste y la casa que yo he edificado a tu nombre,  49  tú oirás en los cielos, en el lugar de tu morada, su oración y su súplica, y les harás justicia.  50  Y perdonarás a tu pueblo que había pecado contra ti, y todas sus infracciones con que se hayan rebelado contra ti, y harás que tengan de ellos misericordia los que los hubieren llevado cautivos;  51  porque ellos son tu pueblo y tu heredad, el cual tú sacaste de Egipto, de en medio del horno de hierro.  52  Estén, pues, atentos tus ojos a la oración de tu siervo y a la plegaria de tu pueblo Israel, para oírlos en todo aquello por lo cual te invocaren;  53  porque tú los apartaste para ti como heredad tuya de entre todos los pueblos de la tierra, como lo dijiste por medio de Moisés tu siervo, cuando sacaste a nuestros padres de Egipto, oh Señor Jehová.

 

Ésta fue la Escritura que recordó ESDRÁS en su oración (Esdras 9:15; 10:11).

Esdras 9:15  Oh Jehová Dios de Israel, tú eres justo, puesto que hemos quedado un remanente que ha escapado, como en este día. Henos aquí delante de ti en nuestros delitos; porque no es posible estar en tu presencia a causa de esto.

 

Esdras 10:11  Ahora, pues, dad gloria a Jehová Dios de vuestros padres, y haced su voluntad, y apartaos de los pueblos de las tierras, y de las mujeres extranjeras.

 

Fue, además, la Escritura que recordó Nehemías en su oración (Nehemías 1:5-11) y pronunciada por los LEVITAS en su oración (Nehem.9:26-36).

Nehemías 1:5-11  Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos;  6  esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.  7  En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo.  8  Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos;(A)  9  pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.(B)  10  Ellos, pues, son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran poder, y con tu mano poderosa.  11  Te ruego, oh Jehová, esté ahora atento tu oído a la oración de tu siervo, y a la oración de tus siervos, quienes desean reverenciar tu nombre; concede ahora buen éxito a tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.

 

Nehemías 9:26-36  Pero te provocaron a ira, y se rebelaron contra ti, y echaron tu ley tras sus espaldas, y mataron a tus profetas que protestaban contra ellos para convertirlos a ti, e hicieron grandes abominaciones.  27  Entonces los entregaste en mano de sus enemigos, los cuales los afligieron. Pero en el tiempo de su tribulación clamaron a ti, y tú desde los cielos los oíste; y según tu gran misericordia les enviaste libertadores para que los salvasen de mano de sus enemigos.  28  Pero una vez que tenían paz, volvían a hacer lo malo delante de ti, por lo cual los abandonaste en mano de sus enemigos que los dominaron; pero volvían y clamaban otra vez a ti, y tú desde los cielos los oías y según tus misericordias muchas veces los libraste.(W)  29  Les amonestaste a que se volviesen a tu ley; mas ellos se llenaron de soberbia, y no oyeron tus mandamientos, sino que pecaron contra tus juicios, los cuales si el hombre hiciere, en ellos vivirá;(X) se rebelaron, endurecieron su cerviz, y no escucharon.  30  Les soportaste por muchos años, y les testificaste con tu Espíritu por medio de tus profetas, pero no escucharon;(Y) por lo cual los entregaste en mano de los pueblos de la tierra.  31  Mas por tus muchas misericordias no los consumiste, ni los desamparaste; porque eres Dios clemente y misericordioso.  32  Ahora pues, Dios nuestro, Dios grande, fuerte, temible, que guardas el pacto y la misericordia, no sea tenido en poco delante de ti todo el sufrimiento que ha alcanzado a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros sacerdotes, a nuestros profetas, a nuestros padres y a todo tu pueblo, desde los días de los reyes de Asiria(Z) hasta este día.  33  Pero tú eres justo en todo lo que ha venido sobre nosotros; porque rectamente has hecho, mas nosotros hemos hecho lo malo.  34  Nuestros reyes, nuestros príncipes, nuestros sacerdotes y nuestros padres no pusieron por obra tu ley, ni atendieron a tus mandamientos y a tus testimonios con que les amonestabas.  35  Y ellos en su reino y en tu mucho bien que les diste, y en la tierra espaciosa y fértil que entregaste delante de ellos, no te sirvieron, ni se convirtieron de sus malas obras.  36  He aquí que hoy somos siervos; henos aquí, siervos en la tierra que diste a nuestros padres para que comiesen su fruto y su bien.

 

Ésta fue la Escritura que recordó DANIEL en su solemne oración (cap.9:4-19), conforme está escrito en la ley de Moisés (vers.13).

Daniel 9:4-19  Y oré a Jehová mi Dios e hice confesión diciendo: Ahora, Señor, Dios grande, digno de ser temido, que guardas el pacto y la misericordia con los que te aman y guardan tus mandamientos;  5  hemos pecado, hemos cometido iniquidad, hemos hecho impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus ordenanzas.  6  No hemos obedecido a tus siervos los profetas, que en tu nombre hablaron a nuestros reyes, a nuestros príncipes, a nuestros padres y a todo el pueblo de la tierra.  7  Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti.  8  Oh Jehová, nuestra es la confusión de rostro, de nuestros reyes, de nuestros príncipes y de nuestros padres; porque contra ti pecamos.  9  De Jehová nuestro Dios es el tener misericordia y el perdonar, aunque contra él nos hemos rebelado,  10  y no obedecimos a la voz de Jehová nuestro Dios, para andar en sus leyes que él puso delante de nosotros por medio de sus siervos los profetas.  11  Todo Israel traspasó tu ley apartándose para no obedecer tu voz; por lo cual ha caído sobre nosotros la maldición y el juramento que está escrito en la ley de Moisés, siervo de Dios; porque contra él pecamos.  12  Y él ha cumplido la palabra que habló contra nosotros y contra nuestros jefes que nos gobernaron, trayendo sobre nosotros tan grande mal; pues nunca fue hecho debajo del cielo nada semejante a lo que se ha hecho contra Jerusalén.  13  Conforme está escrito en la ley de Moisés, todo este mal vino sobre nosotros; y no hemos implorado el favor de Jehová nuestro Dios, para convertirnos de nuestras maldades y entender tu verdad.  14  Por tanto, Jehová veló sobre el mal y lo trajo sobre nosotros; porque justo es Jehová nuestro Dios en todas sus obras que ha hecho, porque no obedecimos a su voz.  15  Ahora pues, Señor Dios nuestro, que sacaste tu pueblo de la tierra de Egipto con mano poderosa, y te hiciste renombre cual lo tienes hoy; hemos pecado, hemos hecho impíamente.  16  Oh Señor, conforme a todos tus actos de justicia, apártese ahora tu ira y tu furor de sobre tu ciudad Jerusalén, tu santo monte; porque a causa de nuestros pecados, y por la maldad de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo son el oprobio de todos en derredor nuestro.  17  Ahora pues, Dios nuestro, oye la oración de tu siervo, y sus ruegos; y haz que tu rostro resplandezca sobre tu santuario asolado, por amor del Señor.  18  Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.  19  Oye, Señor; oh Señor, perdona; presta oído, Señor, y hazlo; no tardes, por amor de ti mismo, Dios mío; porque tu nombre es invocado sobre tu ciudad y sobre tu pueblo.

 

 

 

La Escritura es la base de la súplica también de Oseas:

 

Vuelve, oh ISRAEL, a JEHOVÁ tu Dios;

Porque por tu pecado has caído.

Llevad con vosotros palabras de súplica,

Y volved a Jehová, y decidle:

Quita toda iniquidad, y acepta el bien,

Y te ofreceremos la ofrenda de nuestros labios.

 

-                  -   -

 

¿Quién es sabio para que entienda esto, y prudente para que lo sepa (vers.9)

 

Levítico 26 fue la Escritura que sirvió de base para la proclamación de JUAN EL BAUTISTA: ARREPENTÍOS, porque el reino de Dios se ha acercado (Mateo 3:2)

Las primeras palabras con que el Señor comenzó su ministerio se basan en la misma Escritura:

 

Desde entonces (cuando había acabado el ministerio de Juan, (Mateo 4:12), comenzó Jesús a predicar y a decir: ARREPENTÍOS, porque el reino de los cielos se ha acercado (Mateo 4:17).

Mateo 4:12  Cuando Jesús oyó que Juan estaba preso,(G) volvió a Galilea;

 

Mateo 4:17  Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos(J) se ha acercado.(K)

 

Ésta fue la base de la súplica de PEDRO en el Día de Pentecostés, cuando aquellos a los que se dirigió preguntaron: Varones, hermanos, ¿qué haremos? Pedro les dijo:

 

ARREPENTÍOS, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo. Porque, para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos (es decir, para los de la dispersión, Daniel 9:7); para todos cuantos el Señor nuestro Dios llamare (Hechos 2:37-40).

 

Daniel 9:7  Tuya es, Señor, la justicia, y nuestra la confusión de rostro, como en el día de hoy lleva todo hombre de Judá, los moradores de Jerusalén, y todo Israel, los de cerca y los de lejos, en todas las tierras adonde los has echado a causa de su rebelión con que se rebelaron contra ti.

 

Hechos 2:37-40  Al oír esto, se compungieron de corazón, y dijeron a Pedro y a los otros apóstoles: Varones hermanos, ¿qué haremos?  38  Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.  39  Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.  40  Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

 

Esta Escritura fue, además, la base de la segunda súplica hecha por PEDRO en Hechos 3:19-26.

Hechos 3:19-26  Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,  20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;  21  a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.  22  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;(B)  23  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C)  24  Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.  25  Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.(D)  26  A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

 

Pero, por desgracia, el pueblo hizo caso omiso a todas estas súplicas, y la historia de los Hechos termina, al final del ministerio de PEDRO, con el rechazo del testimonio por parte de la nación, tanto en Jerusalén como en el resto de la nación; con la lapidación de ESTEBAN y el propio encarcelamiento de Pedro; mientras que el ministerio de Pablo termina en Hechos 28, con el rechazo formal de su súplica hecha a las tribus que estaban dispersadas por Roma, la capital de su dispersión, después de una conferencia de todo un día de duración, donde asistieron  muchos de los principales de los judíos (vers.17-28).

Después de este último formal rechazo del aviso, su ciudad fue destruida y su templo quemado, y todo lo que queda en la actualidad de aquel templo es

 

UN LUGAR (O MURO) DE LAMENTACIONES

 

Mientras que, a lo largo de toda la dispersión se lamentan, no de su pecado nacional, sino de sus consecuencias; no por causa de sus crímenes, sino de sus calamidades.

Durante cuarenta días Jesús estuvo hablando acerca del Reino de Dios, explicándoles por qué era necesario que Él SUFRIESE, y asegurándoles que cuando el Padre lo considerase oportuno, Él entraría en Su gloria. Entretanto, era preciso que fuese proclamado el arrepentimiento como única condición para la bendición y restauración de la nación.

 

 

2 – EL SEGUNDO PASAJE (Hechos 1:11)

Hechos 1:11  los cuales también les dijeron: Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo.

 

Éste también se lleva a cabo en el periodo que cubre los Hechos de los Apóstoles, una Dispensación llena de expectación. Inmediatamente después de que el Señor ascendiese, los discípulos fueron avisados por medio del testimonio de los ángeles de que

 

Éste mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, ASÍ vendrá como le habéis visto ir al cielo (Hechos 1:11).

 

Ellos se encontraban sobre el monte de los Olivos y fueron, de ese modo, recordados de la profecía de Zacarías (14:4) respecto al día de la venida del Señor cuando

 

Zacarías 14:4  Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está en frente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio, hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur.

 

SUS PIES SE POSARÁN SOBRE EL MONTE DE LOS OLIVOS

 

Los discípulos escucharon estas palabras que se referían solamente al hecho, no había nada con respecto al “cuándo,” habrían de acontecer. El Señor ya les había enseñado que eso era algo que el Padre había puesto en Su sola potestad; pero a partir de ese momento vivirían con la constante esperanza y expectación del cumplimento de esa promesa. No siguieron sus vidas particulares y de quehaceres diarios, como si el cumplimiento fuese a tener lugar unos dos mil años después, porque, ¿acaso no se lo había dicho el propio Señor ya, cuando aún estaba con ellos, diciéndoles

 

Todavía un poco, y NO ME VERÉIS;

Y de nuevo un poco, Y ME VERÉIS?

(Juan 16:16).

Juan 16:16  Todavía un poco, y no me veréis; y de nuevo un poco, y me veréis; porque yo voy al Padre.

 

 

La falta o carencia de referencia a un tiempo determinado les tenía un tanto perplejos, como les había sucedido a los profetas y como había preocupado a los dos que iban de camino a Emaús, y a los once en Hechos 1:6.

Hechos 1:6  Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

 

Por tanto, se habían cuestionado, entre ellos mismos, acerca del cuándo quería decir el Señor. ¿Qué es esto que nos dices: Todavía un poco, y no me veréis…? ¿Qué quieres decir con: Todavía un poco…? No entendemos lo que hablas.

 

Pero el Señor les contestó con gran solemnidad:

 

De cierto, de cierto os digo…

Aunque vosotros estéis tristes,

Vuestra tristeza se convertirá en gozo…

Pero os volveré a ver, y se gozará vuestro corazón,

Y nadie os quitará vuestro gozo (Juan 16:17-22).

 

A pesar de todo el tiempo continuaba por definir; pero las palabras consoladoras de Jesús sirvieron para que regresasen a Jerusalén después  de su Ascensión CON GRAN GOZO. ¿No sería más que probable que hubiesen vuelto alabando y bendiciendo a Dios de continuo por sus labios, si es que habían creído la palabra del Señor? Y, ¿sería igual si hubiesen pensado que aún faltaban más de dos mil años para su concretización? ¿Sería posible que la expresión un poco de tiempo quisiese decir al mismo tiempo, tan solo unos pocos días, en la primera cláusula, y veinte siglos en la siguiente?

No cabe duda que es imposible, y es igualmente imposible suponer que su gran gozo al escuchar la solemne promesa estuviese fuera de lugar. La única explicación que satisface todas estas dificultades es que la prometida parousia posiblemente tuviera lugar en una fecha muy próxima, siendo la única condición el mandamiento, el arrepentimiento.

Está perfectamente claro que, el resultado de esta proclamación respecto al arrepentimiento no podría haberse interpretado de una manera u otra.

 

3 – EL TERCER PASAJE (Hechos 2:16-20).

 

Más ESTO es LO dicho por el profeta Joel:

Y en los postreros días, dice Dios,

Derramaré de Mi Espíritu sobre toda carne,

Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

Vuestros jóvenes verán visiones,

Y vuestros ancianos soñarán sueños;

Y de cierto sobre Mis siervos y sobre Mis siervas

En aquellos días

Derramaré de Mi Espíritu y profetizarán.

Y daré prodigios arriba en el cielo,

Y señales abajo en la tierra,

Sangre, y fuego, y vapor de humo;

El sol se convertirá en tinieblas,

Y la luna en sangre,

Antes que venga el día del Señor,

Grande y manifiesto (Joel: 2:28-32).

 

 

En este pasaje tenemos una interpretación divina y autoritaria de la gran profecía de Joel. Todos sabemos muy bien lo mucho que nos hemos debatido con este pasaje a fin de poder aclarar la dificultad que implica explicar esto es lo (dicho), y lo insatisfechos que nos hemos sentido, pero todo se aclara en cuanto vemos el pasaje desde la perspectiva dispensacional.

 

19  Y daré prodigios arriba en el cielo,

 Y señales abajo en la tierra,

 Sangre y fuego y vapor de humo;   20  El sol se convertirá en tinieblas,

 Y la luna en sangre,

 Antes que venga el día del Señor,

 Grande y manifiesto;

 

Joel está tratando asuntos, inspirado por el Espíritu, acerca de los sucesos que habrían de acontecer en los últimos días de la Dispensación, antes de y desembocando en, el día del Señor. Los últimos días del vers.17 son aquellos días del vers.18, y el comienzo de la profecía de Joel se estaba cumpliendo delante de sus propios ojos. Se refiere al día de su venida mencionada en Malaquías 3:2; 4:1, y aquellos días de Mateo 24:29.

Hechos 2:17-18  Y en los postreros días, dice Dios,

 Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

 Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

 Vuestros jóvenes verán visiones,

 Y vuestros ancianos soñarán sueños;   

 

18  Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

 Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.   

Malaquías 3:2  ¿Y quién podrá soportar el tiempo de su venida? ¿o quién podrá estar en pie cuando él se manifieste?(B) Porque él es como fuego purificador, y como jabón de lavadores.

 

Malaquías 4:1    Porque he aquí, viene el día ardiente como un horno, y todos los soberbios y todos los que hacen maldad serán estopa; aquel día que vendrá los abrasará, ha dicho Jehová de los ejércitos, y no les dejará ni raíz ni rama.

 

Mateo 24:29  E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo,(H) y las potencias de los cielos serán conmovidas.

 

Todo se refiere a los mismos acontecimientos, resaltando las últimas palabras que pronunció el Señor, y todo ello se menciona como algo que tenía que suceder en breve.

¡Cuánto más sencillo, y fácil y satisfactorio nos resulta creer en la Palabra de Dios, en vez de buscarnos otras interpretaciones, porque no podemos siquiera suponer que JOEL estuviese profetizando sobre el shibboleth: la Iglesia comenzó durante Pentecostés; y por otro lado, tampoco podemos creer, como lo hace una gran mayoría, que el día del Señor hubiese tenido lugar ya de hecho, durante la destrucción de Jerusalén!

Nada de eso podrá satisfacer la dificultad en la cita de PEDRO y la interpretación de la profecía de JOEL, excepto la verdad dispensacional de que Pentecostés vio el comienzo de los sucesos que habrían de llevar a, y acabar en, la restauración del Reino de Israel (que era el sujeto o tema de las palabras de Joel), y que el pleno cumplimiento de esa restauración quedó suspendido por causa de la constante y persistente desobediencia de Israel, que se negó a arrepentirse en la condición única que se basaba la profecía.

La promesa que implicaba el derramamiento del Espíritu sobre toda carne no se cumplió por ese preciso motivo. Esto mismo demuestra que la única razón fue la falta de arrepentimiento de parte de Israel, y no porque hubiesen fallado las palabras ni las promesas de Jehová. La plenitud del derramamiento del espíritu sobre toda carne (judío y gentil) queda, por tanto, también aplazada después de eso.

Esta es la única solución satisfactoria para todas las dificultades con las cuales las opiniones equivocadas han rodeado esta importante Escritura.

 

4 – EL CUARTO PASAJE (Hechos 2:40)

Hechos 2:40  Y con otras muchas palabras testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de esta perversa generación.

 

 

Y con otras muchas palabras (Pedro) testificaba y les exhortaba, diciendo: Sed salvos de ESTA PERVERSA GENERACIÓN.

 

Estas palabras con las que Pedro acaba su primer discurso establecen el hecho de que esta generación acerca de la cual había hablado nuestro Señor en Mateo 24:34, era la misma generación; esa generación adúltera y malvada que había sido ya advertida por JUAN EL BAUTISTA, para que huyesen de la ira venidera. Fue la generación que disfrutó los mayores privilegios de ver y de oír al Hijo del Hombre mismo, que había llegado al colmo de sus iniquidades, y sobre la cual pendía el juicio.

Mateo 24:34  De cierto os digo, que no pasará esta generación hasta que todo esto acontezca.

 

Lucas nos ofrece una crónica, en este Evangelio, de los sucesos de aquella generación, comenzando en el año 4 antes de Cr., y acabando con la muerte del Señor en el 29 desp. De Cristo, que cubren los tales treinta y tres años de la vida del Señor. La generación que escuchó el llamamiento hecho por PEDRO en Hechos 2 comenzó en el año 29 desp. de Cristo y va desde ahí hasta el 62, otro periodo similar al de los treinta y tres años,  y acaba en Hechos 28:25, 26. Esa generación perversa  mencionada en Hechos 2 era, por lo tanto, la misma que había escuchado la proclamación de JUAN EL BAUTISTA, y del Señor: Arrepentíos y volveos al Señor.

 

De aquí se nos lleva a

 

5 – EL QUINTO PASAJE (Hechos 3:12-26) 

Hechos 3:15-26  y matasteis al Autor de la vida, a quien Dios ha resucitado de los muertos, de lo cual nosotros somos testigos.  16  Y por la fe en su nombre, a éste, que vosotros veis y conocéis, le ha confirmado su nombre; y la fe que es por él ha dado a éste esta completa sanidad en presencia de todos vosotros.  17  Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.  18  Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de todos sus profetas, que su Cristo había de padecer.  19  Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,  20  y él envíe a Jesucristo, que os fue antes anunciado;  21  a quien de cierto es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.  22  Porque Moisés dijo a los padres: El Señor vuestro Dios os levantará profeta de entre vuestros hermanos, como a mí; a él oiréis en todas las cosas que os hable;(B)  23  y toda alma que no oiga a aquel profeta, será desarraigada del pueblo.(C)  24  Y todos los profetas desde Samuel en adelante, cuantos han hablado, también han anunciado estos días.  25  Vosotros sois los hijos de los profetas, y del pacto que Dios hizo con nuestros padres, diciendo a Abraham: En tu simiente serán benditas todas las familias de la tierra.(D)  26  A vosotros primeramente, Dios, habiendo levantado a su Hijo, lo envió para que os bendijese, a fin de que cada uno se convierta de su maldad.

 

 

No será necesario citar todo este pasaje. Nuestros lectores pueden procurarlo y leerlo y, de ese modo, recibir las palabras directamente del Espíritu Santo Dios. Afortunadamente, ninguno de estos pasajes ha sido castigado por malas traducciones o interpretaciones privadas. Cada uno de los pasajes es muy claro, sencillo y perfectamente fácil de comprender. Todo cuanto se precisa es la fe de un niño para creer a Dios y para oír lo que ha escrito para nuestra enseñanza.

Al final del discurso de Pedro, en Hechos 2:40, tenemos un breve bosquejo que muestra cómo aquellos que recibieron Su palabra con gozo fueron bautizados, y cómo fueron iluminados por ella, y cómo estaban ya probando el don celestial y se convirtieron en copartícipes del pneuma hagion (es decir, los dones y manifestaciones del poder de lo alto); y estaban probando la buena palabra de Dios, y las obras poderosas (o milagros) de la era venidera.

Hebreos 6:4, 5 y Hechos 2:44 nos ofrecen una descripción de aquellos que oyeron a Pedro; y se nos dice que probaron el socialismo divino del Reino, teniendo todas las cosas en común, algo que el mundo intenta imitar actualmente en vano, cansado del evidente fracaso del hombre por alcanzar un medio de gobierno satisfactorio; describe también cómo habían comprobado las señales y prodigios  hechas por los apóstoles, y la manera en que vendieron sus posesiones y pertenencias y las repartieron entre todos los necesitados. Esas señales nada tienen que ver con la fundación de una iglesia. Por lo menos ¡No vemos ni señal de eso! ¡Ni es probable que las volvamos a ver! Se daban entre las señales pertenecientes a la nueva era, que aún entonces se hallaba por venir.

Hebreos 6:4-5  Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,  5  y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,

 

Hechos 2:44  Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas;(H)

 

Se hallaban continuamente en el templo, y eran todos de un mismo sentir. No les preocupaba para nada formar un Cristianismo organizado, sino que estaban adorando al Dios de sus padres, en Su propio templo, en Jerusalén. No habían abandonado la congregación de los santos, sino que se exhortaban los unos a los otros, y tanto más mientras más de cerca veían que se acercaba el DÍA, el tal día acerca del cual profetizaron JOEL y PEDRO y sobre el cual habían testificado con tantas señales.

En una sola cosa se diferenciaban los que habían creído, del resto de los Israelitas que no creyeron la revelación de la verdad dispensacional que Dios llevaba a cabo entonces por manos de los apóstoles: dejaron de hacer sacrificios y, por tanto, partieron su pan (es decir) comieron su carne, no ya solo en el patio del templo, sino en casa, en sus propios hogares (Hechos 2:46).

Hechos 2:46  Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,

 

Pero aquellos que continuaron ofreciendo sacrificios, negaron el ofrecimiento del sacrificio único hecho ya por Cristo de una vez por todas, y a estos judíos se les denomina en Hebreos 10:29 como los que pisotean al Hijo de Dios, y tienen por inmunda la sangre del pacto. Pacto del cual está escrito: porque esto es mi sangre del nuevo pacto, que por muchos es derramada para remisión de los pecados (Mateo 26:28).

Una vez que este nuevo pacto se ha establecido, se convierte en el fundamento del segundo llamamiento de PEDRO, en este quinto pasaje de los Hechos que estudiamos ahora. Tuvo lugar en medio de las muchas señales y prodigios realizadas por los apóstoles (Hechos 2:43).

 Hechos 2:43  Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles.

 

 Es posible que el milagro se realizase unos pocos días después del Día de Pentecostés. No se nos dice cuanto tiempo transcurrió, pero sucedió durante uno de esos días cuando Pedro y Juan iban al templo a orar siendo la hora novena del día (más o menos las 3 de la tarde, para nosotros) Hechos 3:1, y el cojo fue sanado a la puerta del templo.

El milagro produjo un efecto tan poderoso sobre el pueblo, que se llenaron de asombro, y los dejó atónitos. Este milagro dio pie al segundo discurso de Pedro, y durante el cual acusó al pueblo de la magnitud de su culpa, al haber negado al Santo y Justo, prefiriendo antes preservarle la vida a un criminal asesino y matando al Príncipe de la Vida, y acaba refiriéndoles las siguientes palabras:

 

Mas ahora, hermanos, sé que por ignorancia lo habéis hecho, como también vuestros gobernantes.

Pero Dios ha cumplido así lo que había antes anunciado por boca de los profetas, que su Cristo había de padecer. ASÍ QUE, arrepentíos y convertíos (al Señor), PARA QUE SEAN BORRADOS VUESTROS PECADOS, para que vengan de la presencia del SEÑOR tiempos de refrigerio, y

ÉL ENVÍE A JESUCRISTO

Que os fue antes anunciado; a quien de cierto es necesario que el cielo reciba arriba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo (Hechos 3:18-21).

 

PEDRO cita a continuación a MOISÉS (Deut.18:18 Profeta les levantaré de en medio de sus hermanos, como tú; y pondré mis palabras en su boca, y él les hablará todo lo que yo le mandare)  .y especialmente menciona a SAMUEL. Y ¿por qué a SAMUEL? Porque SAMUEL fue el primer profeta que denunció el pecado de Israel, ¡rechazando y resistiendo a Jehová como Su Rey, y poniendo en su deseo a un hombre en Su lugar! Pretendían ser como las naciones que tenían a su alrededor. ¡Cuán apropiado y solemne resulta mencionar el nombre de SAMUEL, en ese preciso momento tan crítico de la historia posterior de Israel, cuando la nación estaba rechazando de nuevo al Señor Su Rey, y a la promesa que Jehová había hecho de ENVIARLE para que reinase sobre ellos!

No es preciso que nos detengamos más en este discurso tan importante de PEDRO. Y apenas será necesario enfatizar la solemne alternativa que, interpretado de cualquier otro modo, da rienda suelta a imaginarse que el Espíritu Santo, por boca de Pedro, se estuviese burlando de la nación, prometiéndoles enviar a Jesucristo, si no pensara realizarlo como algo inminente que iría a producirse efectivamente, bajo la condición única que ya hemos repetido. Difícilmente podían estar esos tiempos de la restauración a veinte siglos de distancia.

¿Qué otro motivo urgente podría haber tenido para requerir el inmediato arrepentimiento nacional semejante promesa?

El Señor mismo se había referido a estos tiempos como los de la regeneración (Mateo 19:28), que es el equivalente de esta restauración.

Mateo 19:28  Y Jesús les dijo: De cierto os digo que en la regeneración, cuando el Hijo del Hombre se siente en el trono de su gloria,(K) vosotros que me habéis seguido también os sentaréis sobre doce tronos, para juzgar a las doce tribus de Israel.(L)

Esto anterior refiere a la obra de Juan el Bautista, que habría sido, de haberlo el pueblo recibido, el Elías que habría de venir (Marcos 9:12).

Marcos 9:12  Respondiendo él, les dijo: Elías a la verdad vendrá primero, y restaurará todas las cosas; ¿y cómo está escrito del Hijo del Hombre, que padezca mucho y sea tenido en nada?

Este tiempo en el que se especifica cuándo habría de venir Jesucristo lo vemos en el vers.20, y es el periodo durante el cual habrían de cumplirse todas las profecías respecto a las glorias.

Hechos 2:20  El sol se convertirá en tinieblas,

 Y la luna en sangre,

 Antes que venga el día del Señor,

 Grande y manifiesto;

 

 Pero lamentablemente no se cumplió el requisito. Ni la nación ni la dispersión se arrepintieron y, en consecuencia, no quedó más remedio que postergar las bendiciones que esperaban y que hoy siguen permaneciendo en suspense.

No era posible que se estuviese cumpliendo y estableciendo a la Iglesia Cristiana. Por muy santos que hubiesen sido los hombres, no se manifestaron las maravillas físicas relacionadas con la restauración acerca de la cual habían hablado los profetas, en la cual florecerían los desiertos, y las fuentes brotarían en los sequedales (Isaías 35, etc.). Ciertamente no hubo tal restauración durante la destrucción de Jerusalén, como muchos quieren imaginarse en vano. Pues justo después se produce más bien una dispersión, y no la prometida reunificación con todas esas bendiciones. Para verlo mejor no tenemos más que leer Jerem.30 y 31 y nos convenceremos de este hecho.

Queda un solo pasaje más por estudiar.

 

6 – EL SEXTO PASAJE (Hechos 17:30, 31)

 

Hechos 17:30-31  Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan;  31  por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.

 

Éste fue dirigido por el apóstol Pablo a los gentiles en Atenas. Allí les habló acerca del cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, pero estableciendo hechos, y entre ellos el siguiente:

 

Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar (habitable) que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón al cual designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos.

 

Solamente serán necesarios dos comentarios:

(1)          Que el día que se menciona aquí, es el mismo día al que se refiere en las diferentes Escrituras que hemos mencionado, y

(2)          El verbo traducido juzgará no es el tiempo futuro del verbo juzgar, sino que es una combinación de dos verbos diferentes, es decir, el presente del verbo mello = estar dispuesto a, y el infinitivo del verbo krinô = juzgar.

Eso nos dice una vez más  que el apóstol no está hablando sobre algún acontecimiento que iría a suceder solo dos milenios después, sino de un juicio que habría de tener lugar en breve, y al asegurar este hecho se está refiriendo a, y “confirmando”, solamente, las palabras del Señor en Juan 5:22, 27.

Juan 5:22-27  Porque el Padre a nadie juzga, sino que todo el juicio dio al Hijo,  23  para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo, no honra al Padre que le envió.  24  De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.  25  De cierto, de cierto os digo: Viene la hora, y ahora es, cuando los muertos oirán la voz del Hijo de Dios; y los que la oyeren vivirán.  26  Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo;  27  y también le dio autoridad de hacer juicio, por cuanto es el Hijo del Hombre.

 

Estos seis pasajes de los Hechos de los Apóstoles, que hemos mencionado, serán suficientes para establecer nuestro segundo punto, y para demostrar que, sin ningún argumento más, este libro cubre una Dispensación extraordinaria y diferente, caracterizada por un periodo de EXPECTACIÓN.  

 

 

 

 

 

 

 

 

21 – LOS HECHOS

DE LOS APÓSTOLES

 

LA DISPENSACIÓN DEL TESTIMONIO CONFIRMANTE

 

Tenemos que mostrar ahora que el periodo que cubre los Hechos de los Apóstoles fue una Dispensación caracterizada también por la confirmación de las palabras del Señor, pronunciadas por Él mismo durante su ministerio en la tierra. Esto es lo que afirma categóricamente Hebreos 2:3.

Hebreos 2:3  ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

 

La Epístola a los Hebreos comienza con un hecho de suma importancia y muy solemne diciendo: Que la Biblia en su totalidad afirma ser la Palabra de Jehová. Esta afirmación establece, de una vez por todas, la cuestión de la inspiración. Porque de no ser cierto, entonces la Biblia no pasa por ser sino un mero buen libro. Esta afirmación, por tanto, es de profunda importancia para nosotros: porque ya sea por medio de los profetas como si es por medio de Su Hijo, o de los evangelistas y apóstoles… Aquel que habla siempre es Jehová, y todas las palabras de la Biblia, por tanto, son igualmente divinas; por eso no hay un solo versículo que pueda decirse sea mayor en autoridad que otro.

El designio del enemigo al imprimir Testamentos con letras rojas es algo que detectamos como un esfuerzo para cegar los ojos de los estudiantes de la Biblia, intentando anular y deshacer las palabras prometidas que vienen a seguir sobre el Espíritu de la verdad, y que en 2ª Timoteo 1:8 aparece en igualdad a lo dicho por Jehová.

2 Timoteo 1:8  Por tanto, no te avergüences de dar testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo, sino participa de las aflicciones por el evangelio según el poder de Dios,

 

Este hecho condena todos aquellos libros que hacen las palabras pronunciadas por Cristo de mayor autoridad e importancia que las palabras inspiradas de los demás escritores u oradores en la Biblia, o que hacen con que la enseñanza de uno, sea de mayor autoridad que la de los demás. Cada uno de ellos habló las palabras mismas de Jehová. Ni Cristo, ni ninguno de los demás, dijeron nunca que fueran solo ellos los que pronunciaran todas Sus palabras.

Veamos como este hecho ilumina, de forma maravillosa, las primeras palabras de la Epístola a los Hebreos, como vemos en la estructura de los dos primeros capítulos:

 

A| 1:1-2. Dios HABLA por medio de los profetas y de Su Hijo.

   B| 1:2-14. El HIJO de Dios (vers.8), mucho mejor que los ángeles (vers.4).

A| 2:1-4. Dios HABLANDO por medio de los ángeles (vers.2) y de su Hijo (vers.3) y por medio de los que le oyeron (vers.4)

   B| 2:5:18. EL HIJO: Hombre (vers.6): hecho poco menor que los ángeles (vers. 7)

 

Gracias a esta estructura aprendemos que nos será más fácil entender estos dos capítulos solamente al ver el B (1:2-14) como un paréntesis con relación al A (1:1-2) y A (2:1-4), y que A (2:1-4) debe ser tratado como un paréntesis en relación con B (1:2-14) y B (2:5-18). En otras palabras, tenemos que leer a partir de 1:2 – 2:1 y desde 1:14 a 2:5. Solamente entonces podremos darnos cuenta de la fuerza de las palabras por tanto al comienzo del cap.2:1 y la fuerza de la palabra porque al principio de 2:5.

Esto sitúa los versículos 3 y 4 (del cap.2) en su debida perspectiva y nos permite, además, ver su alcance e importancia. El versículo 3 nos da el tema presente, porque está relacionado con toda la Dispensación de los Hechos de los Apóstoles retrospectivamente, como la parábola del Señor sobre el banquete nupcial en Mateo 22:1-7 lo hace refiriéndose al futuro. Ambas se refieren a toda la Dispensación que cubre los Hechos de los Apóstoles, aunque la segunda (la parábola) tiene el objetivo de dar los hechos externos históricos, a los oradores; mientras que la primera (Hebreo 2:3) trata el tema interno de las palabras que fueron pronunciadas.

Hebreos 2 comienza con un llamamiento de atención, para escuchar bien, ya que las palabras que habían dicho los ángeles (la Ley) fueron CONFIRMADAS (bebaioô)  y ninguno de los que le oyeron podían escapar a los dolores y castigos impuestos por la desobediencia. ¿Cómo, pues, podrían aquellos hebreos escapar si descuidaban una salvación tan grande, acerca de la cual había ya hablado el Hijo y había sido CONFIRMADA (bebaioô) por aquellos que la oyeron?

Fíjense en esta doble confirmación, que se pierde en las versiones Autorizada y Reformada, interpretando la primera palabra como firmes en lugar de confirmados al igual que la segunda palabra. Debería ser la misma palabra en ambos casos. La palabra (de la Ley) transmitida por mediación angélica fue confirmada por una justa retribución por cada transgresión y desobediencia, y de igual modo la palabra de la gran salvación pronunciada por el Señor fue confirmada por los que le oyeron. Por tanto, las consecuencias por no prestar atención a las palabras del Señor, que habían sido confirmadas, serían más grave todavía, y a esa transgresión y desobediencia mayor seguiría una retribución similar en el juicio sobre el que nuestro Señor ya se había pronunciado. 

La destrucción de su ciudad (Jerusalén) estaba próxima, como vemos por la solemne advertencia hasta el final de la Epístola, relacionada con lo que dijo el Señor Jesús:

 

Mirad que no desechéis al que habla. Porque si no escaparon aquellos que desecharon al que los amonestaba en la tierra, mucho menos nosotros, si desecháremos al que amonesta desde los cielos. La voz del cual conmovió entonces la tierra pero ahora ha prometido, diciendo: Aún una vez, y conmoveré no solamente  la tierra, sino también el cielo. Y esta frase: Aún una vez, indica la remoción de las cosas movibles, como cosas hechas, para que queden las inconmovibles…porque nuestro Dios es fuego consumidor (Hebreos 12:25-29).

 

La certeza de la retribución que habría de darse en el juicio era algo inminente, no solamente por lo que había dicho el Señor, sino por las palabras que habían pronunciado los que le oyeron y confirmaron sus palabras. Aquí llegamos al punto más importante de nuestro tema. Aquellos que oyeron al Señor solamente repitieron y completaron el testimonio que Él había dado. Este testimonio del Hijo es el tema de los cuatro Evangelios, y la repetición del mismo es el tema de los Hechos de los Apóstoles. El uno se hace con el llamamiento de los  siervos que primeramente fueron enviados a invitar a los que habían recibido el convite para el banquete nupcial, para decirles que todo estaba preparado.

El Hijo del Rey en el banquete (Mateo 22:1-7) es el mismo Hijo amado de la viña enviado a los labradores (Mateo 21:33-41); y el fin es el mismo: es decir, la miserable destrucción de aquellos hombres malvados.

Mateo 22:1-7    Respondiendo Jesús, les volvió a hablar en parábolas, diciendo:  2  El reino de los cielos es semejante a un rey que hizo fiesta de bodas a su hijo;  3  y envió a sus siervos a llamar a los convidados a las bodas; mas éstos no quisieron venir.  4  Volvió a enviar otros siervos, diciendo: Decid a los convidados: He aquí, he preparado mi comida; mis toros y animales engordados han sido muertos, y todo está dispuesto; venid a las bodas.  5  Mas ellos, sin hacer caso, se fueron, uno a su labranza, y otro a sus negocios;  6  y otros, tomando a los siervos, los afrentaron y los mataron.  7  Al oírlo el rey, se enojó; y enviando sus ejércitos, destruyó a aquellos homicidas, y quemó su ciudad.

 

Mateo 21:33-40  Oíd otra parábola: Hubo un hombre, padre de familia, el cual plantó una viña,(I) la cercó de vallado, cavó en ella un lagar, edificó una torre, y la arrendó a unos labradores, y se fue lejos.  34  Y cuando se acercó el tiempo de los frutos, envió sus siervos a los labradores, para que recibiesen sus frutos.  35  Mas los labradores, tomando a los siervos, a uno golpearon, a otro mataron, y a otro apedrearon.  36  Envió de nuevo otros siervos, más que los primeros; e hicieron con ellos de la misma manera.  37  Finalmente les envió su hijo, diciendo: Tendrán respeto a mi hijo.  38  Mas los labradores, cuando vieron al hijo, dijeron entre sí: Este es el heredero; venid, matémosle, y apoderémonos de su heredad.  39  Y tomándole, le echaron fuera de la viña, y le mataron.  40  Cuando venga, pues, el señor de la viña, ¿qué hará a aquellos labradores?

 Como quiera que la destrucción no se produjera hasta poco después del final de la Dispensación de los Hechos de los Apóstoles, tenemos una prueba incontestable de que las dos parábolas cubren todo el periodo de los Hechos, y que el testimonio de los Evangelios y de los Hechos son, los dos, partes de una única y misma Dispensación.

Por esto es por lo que el ministerio de los que oyeron al Hijo fue solo la confirmación y conclusión del ministerio que el Señor había comenzado. El principio de ambos hace uso del mismo término arrepentíos. Véase Mateo 4:17; Hechos 2:38; 3:19, etc.

Mateo 4:17  Desde entonces comenzó Jesús a predicar, y a decir: Arrepentíos, porque el reino de los cielos(J) se ha acercado.(K)

 

Hechos 2:38  Pedro les dijo: Arrepentíos, y bautícese cada uno de vosotros en el nombre de Jesucristo para perdón de los pecados; y recibiréis el don del Espíritu Santo.

 

Hechos 3:19  Así que, arrepentíos y convertíos, para que sean borrados vuestros pecados; para que vengan de la presencia del Señor tiempos de refrigerio,

Este arrepentimiento de Israel no era necesario para la fundación de una iglesia, sino que era esencial como la fundación de la bendición de Israel. Mira hacia atrás, hacia  la condición única que se había establecido en Levítico 26:40-42.

Levítico 26:40-42  Y confesarán su iniquidad, y la iniquidad de sus padres, por su prevaricación con que prevaricaron contra mí; y también porque anduvieron conmigo en oposición,  41  yo también habré andado en contra de ellos, y los habré hecho entrar en la tierra de sus enemigos; y entonces se humillará su corazón incircunciso, y reconocerán su pecado.  42  Entonces yo me acordaré de mi pacto con Jacob,(E) y asimismo de mi pacto con Isaac,(F) y también de mi pacto con Abraham(G) me acordaré, y haré memoria de la tierra.

 

Esa bendición se define como la redención de Israel (Lucas 24:21) que habría de cumplirse en Jerusalén (Lucas 2:38) y como la consolación de Israel (Lucas 2:25, anteriormente predicha en Isaías 40:1 etc.) y que esperaban aquellos que habían creído en Dios (Marcos 15:43).

Lucas 24:21  Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel; y ahora, además de todo esto, hoy es ya el tercer día que esto ha acontecido.

 

Lucas 2:38  Esta, presentándose en la misma hora, daba gracias a Dios, y hablaba del niño a todos los que esperaban la redención en Jerusalén.

 

Lucas 2:25  Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él.

 

En todas estas profecías acerca de Israel no hay nada respecto a la fundación de una Iglesia. Esto está perfectamente claro en lo que se refiere a la continuación sobre el ministerio del Señor en Hechos 1:3, 6. En Hechos 2:17-21 se cita a JOEL, pero no como una profecía usándose para el comienzo de una nueva Dispensación, sino como perteneciente al final de la antigua.

Hechos 1:3-6  a quienes también, después de haber padecido, se presentó vivo con muchas pruebas indubitables, apareciéndoseles durante cuarenta días y hablándoles acerca del reino de Dios.  4  Y estando juntos, les mandó que no se fueran de Jerusalén, sino que esperasen la promesa del Padre,(B) la cual, les dijo, oísteis de mí.  5  Porque Juan ciertamente bautizó con agua, mas vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo(C) dentro de no muchos días. 6  Entonces los que se habían reunido le preguntaron, diciendo: Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?

 

Hechos 2:17-21  Y en los postreros días, dice Dios,

 Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne,

 Y vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán;

 Vuestros jóvenes verán visiones,

 Y vuestros ancianos soñarán sueños;   18  Y de cierto sobre mis siervos y sobre mis siervas en aquellos días

 Derramaré de mi Espíritu, y profetizarán.   19  Y daré prodigios arriba en el cielo,

 Y señales abajo en la tierra,

 Sangre y fuego y vapor de humo;   20  El sol se convertirá en tinieblas,

 Y la luna en sangre,

 Antes que venga el día del Señor,

 Grande y manifiesto;   21  Y todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.(B)

 La promesa de Hechos 2:39 era la promesa hecha a Israel, y no a la Iglesia.

Hechos 2:39  Porque para vosotros es la promesa, y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos; para cuantos el Señor nuestro Dios llamare.

Ya hemos hablado acerca del segundo llamamiento de Pedro en Hechos 3 y hemos visto, además, que el derramamiento de los dones del Espíritu era un anticipo (Hebreos 6:4, 5) un comienzo de la profecía de Joel sobre Israel.

Hebreos 6:4-5  Porque es imposible que los que una vez fueron iluminados y gustaron del don celestial, y fueron hechos partícipes del Espíritu Santo,  5  y asimismo gustaron de la buena palabra de Dios y los poderes del siglo venidero,

 

En los siguientes capítulos de los Hechos tenemos más y más abundantes evidencias sobre las palabras de Pedro que las confirman, y lo vemos claramente si leemos sus argumentos dirigidos a los dirigentes de la nación como prueba de la resurrección del Señor, y del lugar que ocupan en los consejos de Dios en los cap.3 y 4.

En Hechos 5 vemos el ejercicio del poder ejecutivo que le había sido concedido a Pedro, que tenía las llaves del Reino (no de la Iglesia), y el poder para atar y desatar, incluyendo mismo el poder sobre la vida y la muerte.

Este primer periodo de los Hechos concluye con el testimonio de Pedro en Jerusalén (la capital de la nación) y el asesinato de Esteban.

Hechos 8, 9, 10 y 11 nos dice cómo Pedro, habiendo abierto el Reino de los cielos a Israel en Jerusalén, se dedicó a hacer lo mismo en Samaria y Cesarea entre los gentiles. Esto sucedió también como cumplimiento de la profecía del Antiguo Testamento y de la promesa que hizo Dios originalmente a Abraham en Génesis 12:3, y no era la introducción de nada nuevo. Y el cap. 12 pone punto final al ministerio de Pedro con su encarcelamiento, su liberación y su morada posterior.

Génesis 12:3  Bendeciré a los que te bendijeren, y a los que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra.(B)

 

En el cap. 13 tenemos la separación y preparación de Pablo y Bernabé por medio de otro Pentecostés, cuando el mismo Espíritu Santo les designó para la misión de llevar las buenas nuevas de la resurrección de Cristo a todos los de la Dispersión de Israel.

Comenzaron en Chipre y continuaron su ministerio en las sinagogas de los judíos (13:5). ). Hechos 13:5  Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante.

 

Al comienzo de su ministerio en Antioquía de Pisidia se dirigieron a la asamblea como varones israelitas (Hechos 13:16  Entonces Pablo, levantándose, hecha señal de silencio con la mano, dijo:  Varones israelitas, y los que teméis a Dios, oíd:), y les presentaron un bosquejo de la historia de Israel, y les demostraron cómo el Dios de este pueblo de Israel escogió a nuestros padres hasta poner toda la historia en día, es decir, hasta la resurrección del Mesías, y finalizando con la proclamación del perdón de los pecados (Hechos 13:38-39  Sabed, pues, esto, varones hermanos: que por medio de él se os anuncia perdón de pecados,  39  y que de todo aquello de que por la ley de Moisés no pudisteis ser justificados, en él es justificado todo aquel que cree.) y de la solemne advertencia en contra del rechazo de la proclamación (Hechos 13:40-41  Mirad, pues, que no venga sobre vosotros lo que está dicho en los profetas:  41  Mirad, oh menospreciadores, y asombraos, y desapareced;  Porque yo hago una obra en vuestros días,  Obra que no creeréis, si alguien os la contare.(U)). Así fue exactamente como Pedro comenzó en Hechos 2:38 y 3:19. Pablo concluyó su ministerio en Antioquía, al igual que Pedro había acabado el suyo en Cesarea, declarando el consejo de Dios en cuanto a la inclusión de los Gentiles, como tales, en la promesa que hizo Dios originalmente a Abraham (Hechos 13:46-49  Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles.  47  Porque así nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles,  A fin de que seas para salvación hasta lo último de la tierra.(V)  48  Los gentiles, oyendo esto, se regocijaban y glorificaban la palabra del Señor, y creyeron todos los que estaban ordenados para vida eterna.  49  Y la palabra del Señor se difundía por toda aquella provincia.).

 

Esto nos lleva a otro asunto que debemos estudiar aquí, es decir, la similitud de métodos que emplearon los doce al ser enviados por el Señor (Mateo 10:14; Marcos 6:11; Lucas 9:5) a las ovejas perdidas de la casa de Israel, proclamando el Reino de los cielos que se ha acercado y obedeciendo la divina instrucción de que,  a los que no les recibiesen… de salir de su presencia y sacudirse el polvo de sus pies.

Mateo 10:14  Y si alguno no os recibiere, ni oyere vuestras palabras, salid de aquella casa o ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies.(C)

 

Marcos 6:11  Y si en algún lugar no os recibieren ni os oyeren, salid de allí, y sacudid el polvo que está debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos.(C) De cierto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para los de Sodoma y Gomorra, que para aquella ciudad.

 

Lucas 9:5  Y dondequiera que no os recibieren, salid de aquella ciudad, y sacudid el polvo de vuestros pies en testimonio contra ellos.(B)

 

Vemos que en Hechos 13:51 fue lo que Pablo y Bernabé tuvieron que hacer precisamente en Antioquía de Pisidia, como los doce habían hecho en el Territorio.

En el vers.26 se encuentran las significativas palabras:

 

Varones, hermanos, hijos del linaje de Abraham, y los que entre vosotros teméis a Dios, a VOSOTROS es enviada la palabra de esta salvación.

 

Y en el versículo 46 Pablo añade estas extraordinarias palabras:

 

Era NECESARIO que se os hablase PRIMERO la palabra de Dios, mas puesto que la desecháis…he aquí, nos volvemos a los Gentiles.

 

Y sigue apoyando esta sorprendente declaración citando a Isaías 49:6:

 

Porque ASÍ nos ha mandado el Señor, diciendo: Te he puesto para luz de los gentiles (a Israel), a fin de que seas (Israel) para salvación hasta lo último de la tierra.

 

Las profecías de las Escrituras del Antiguo Testamento sobre el papel que Israel ha desempeñado, y habrá aún de desempeñar futuramente llevando el evangelio a las naciones de la tierra, son abundantes, y cuando se cumplan estas profecías, las actuales misiones a los herejes parecerán un juego de niños en comparación con los milagrosos resultados que sucederán cuando Israel, como los misioneros que habrá Dios escogido, dominará el campo de misión, y será como vida de entre los muertos al proclamar el evangelio del Reino, y se conviertan en una luz y salvación para los gentiles.

Pero volvamos a Hechos 13. ¿Cómo podemos encontrar justificable esta acción por parte de Pablo y Bernabé a continuar presentando el evangelio a los gentiles, a pesar de la falta de arrepentimiento de la obstinada nación de Israel? No estaba de acuerdo con la profecía del Antiguo Testamento el que el evangelio, que había sido ordenado pasar por Israel, siguiese pasando y cubriendo la tierra independientemente de Israel y de la palabra profética de Dios. Esta es, en realidad, la enseñanza teológica que corre en nuestros días, pero no forma ni formaba parte de la revelación divina.

El hecho era que esta aceptación formal y especial del evangelio en Hechos 13, por medio de un vaso especial judío, era también profética y efectiva, a pesar de que Israel se mostrase indiferente a ella y la rechazase. El apóstol lo discute en toda su amplitud en ese maravilloso paréntesis dispensacional de Romanos, en los capítulos 9 – 11, en los cuales prueba, basándose en las Escrituras del Antiguo Testamento, que su propósito yendo a los gentiles fue temporal, y era PARA PROVOCARLOS A CELOS a Israel, como cumplimiento de la antigua profecía en cuanto a Israel en el cántico de Moisés (Deut.32:20, 21).

Deuteronomio 32:20-21  Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro,

 Veré cuál será su fin;

 Porque son una generación perversa,

 Hijos infieles.   21  Ellos me movieron a celos(B) con lo que no es Dios;

 Me provocaron a ira con sus ídolos;

 Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo,

 Los provocaré a ira con una nación insensata.(C)

 

Se nos dice claramente en Romanos 10:19-21, donde leemos,

Romanos 10:19-21  También digo: ¿No ha conocido esto Israel? Primeramente Moisés dice:

 Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo;

 Con pueblo insensato os provocaré a ira.(H)  20  E Isaías dice resueltamente:

 Fui hallado de los que no me buscaban;

 Me manifesté a los que no preguntaban por mí.(I)  21  Pero acerca de Israel dice: Todo el día extendí mis manos a un pueblo rebelde y contradictor.(J)

 

También digo: ¿No ha conocido esto Israel? Primeramente Moisés dice: Yo os provocaré a celos con un pueblo que no es pueblo; como pueblo insensato os provocaré a IRA (Véase lo mismo en Hechos 22:21, 22).

Hechos 22:21-22  Pero me dijo: Vé, porque yo te enviaré lejos a los gentiles. 22  Y le oyeron hasta esta palabra; entonces alzaron la voz, diciendo: Quita de la tierra a tal hombre, porque no conviene que viva.

 

En todo el ministerio de Pablo entre los gentiles, durante la dispensación de los Hechos, no encontramos la menor alusión a que estuviese proclamando una NUEVA REVELACIÓN, o que estuviese revelando un SECRETO escondido a las edades y generaciones, o que estuviese fundando una iglesia o estableciendo una nueva institución. Por el contrario, afirma al final de su ministerio público, inmediatamente antes de marcharse de Roma:

 

Pero habiendo obtenido auxilio de Dios, persevero HASTA EL DÍA DE HOY, dando testimonio a pequeños y grandes, NO DICIENDO NADA FUERA DE las cosas que los PROFETAS Y MOISÉS dijeron que habían de suceder. Que el Cristo había de padecer, y ser el primero de la resurrección de los muertos, para anunciar luz al pueblo y a LOS GENTILES (Hechos 26:22, 23).

 

Esta afirmación positiva muestra que Pablo no estaba solamente confirmando la palabra que comenzó siendo hablada por el Señor, sino que, al igual que el ministerio del mismo Señor, el de Pablo se basó por entero en las Escrituras proféticas del Antiguo Testamento, es decir, en las de Moisés y los profetas. De ello hemos de ver, de manera concluyente, que no es posible que existiese la dispensación de la Iglesia en los Hechos de los Apóstoles y, como es natural, no hubo revelación del Misterio (o secreto) que después fue dado a conocer en las últimas Epístolas escritas desde la cárcel en Roma.

El ministerio de los Hechos termina, de modo definitivo, de acuerdo con la afirmación categórica del apóstol en Romanos 15:19.

Romanos 15:19  con potencia de señales y prodigios, en el poder del Espíritu de Dios; de manera que desde Jerusalén, y por los alrededores hasta Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

 

Desde Jerusalén, y por los alrededores desde Ilírico, todo lo he llenado del evangelio de Cristo.

Otro hecho que es fácil pasar por alto es que, a lo largo de toda la Dispensación de los Hechos, todavía tenían una ciudad, aunque faltaba poco para la destrucción de Jerusalén (Hebreos 13:14  porque no tenemos aquí ciudad permanente, sino que buscamos la por venir.). El templo aún estaba en pie y seguían celebrándose reuniones en él, llevando sacrificios y celebrando las fiestas judías. Y Pablo reconoce la postura oficial de las Escrituras respecto aquel que ocupaba el puesto de sumo sacerdote (Hechos 23:5  Pablo dijo: No sabía, hermanos, que era el sumo sacerdote; pues escrito está: No maldecirás a un príncipe de tu pueblo.(B)). Como judío creyente que era, Pablo seguía celebrando las fiestas:

 

Es necesario que, en todo caso, yo guarde en JERUSALÉN la FIESTA que viene (Hechos 18:21  sino que se despidió de ellos, diciendo: Es necesario que en todo caso yo guarde en Jerusalén la fiesta que viene; pero otra vez volveré a vosotros, si Dios quiere. Y zarpó de Efeso. ).

 

Pues se apresuraba por estar el día de pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén (Hechos 20:16  Porque Pablo se había propuesto pasar de largo a Efeso, para no detenerse en Asia, pues se apresuraba por estar el día de Pentecostés, si le fuese posible, en Jerusalén.).

 

En Hechos 16:3 vemos que Pablo observaba el rito de la CIRCUNCISIÓN.

Hechos 16:3  Quiso Pablo que éste fuese con él; y tomándole, le circuncidó por causa de los judíos que había en aquellos lugares; porque todos sabían que su padre era griego.

 

En Hechos 21:24-26 encontramos a Pablo cumpliendo la ley tal como estaba establecida en Números 6:2, 13, 18, para mostrar que nada había sucedido para cambiar el comportamiento de los creyentes gentiles que guardaban la ley (vers.20), y que si bien los creyentes gentiles quedaban libres de este cumplimiento (vers.25), Pablo tiene sumo cuidado a fin de mostrar que él andaba ordenadamente, GUARDANDO LA LEY.

Hechos 21:24-26  Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza;(C) y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti, sino que tú también andas ordenadamente, guardando la ley.  25  Pero en cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinando que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación.(D)  26  Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo, para anunciar el cumplimiento de los días de la purificación, cuando había de presentarse la ofrenda por cada uno de ellos.

 

Números 6:2  Habla a los hijos de Israel y diles: El hombre o la mujer que se apartare haciendo voto de nazareo,[a] para dedicarse a Jehová,

 

Números 6:13  Esta es, pues, la ley del nazareo el día que se cumpliere el tiempo de su nazareato: Vendrá a la puerta del tabernáculo de reunión,

 

Números 6:18  Entonces el nazareo raerá a la puerta del tabernáculo de reunión su cabeza consagrada, y tomará los cabellos de su cabeza consagrada y los pondrá sobre el fuego que está debajo de la ofrenda de paz.

 

Hechos 21:20  Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley.

 

En todo esto no hemos de imaginar o interpretar que Pablo estuviera viviendo en nuestra Dispensación, y luego condenarle por actuar de manera engañosa en Hechos 21 y por andar de manera contraria a la revelación siguiente en cuanto a las ordenanzas mencionadas en las Epístolas que escribió desde la cárcel. Pablo vivió bajo la Dispensación que cubren los Hechos de los apóstoles, y ello nos hace pensar en un asunto totalmente diferente, y es el siguiente: ¿Somos nosotros hoy, COMO GENTILES ASÍ LLAMADOS,  A OBEDECER ESE EVANGELIO que Pablo predicó ENTONCES? Si es así, entonces nuestra manera de actuar debería de ser exactamente la misma que la de aquellos a quienes él predicó. Y debemos, por tanto, andar ordenadamente y guardar la ley como muchos se esfuerzan por hacer. Si lo hacemos así, nos encontramos en las mismas condiciones delante de Dios que el pueblo de Israel estaba entonces, y nuestras afirmaciones se basarán en los dichos proféticos del Antiguo Testamento. Si es de este modo, y si nuestro llamamiento data de los tiempos de Pentecostés o de un punto determinado durante ese periodo, entonces nuestra postura delante de Dios es exactamente la misma, y ni más alta ni más baja que la del pueblo de Israel en esos veintiocho capítulos.

Nuestra esperanza sería igualmente alta, y no más alta, que la de aquellos a los que el apóstol les habló y escribió sus primeras Epístolas durante ese mismo periodo.

 

¿Y EN QUÉ CONSISTÍA aquella ESPERANZA?

 

No nos queda la menor duda, porque en la primera Epístola que escribió el apóstol (1ª Tesalonicenses) está muy claramente descrita y expuesta; pero no era más alta que la que declaró el Señor en su propio ministerio. Pablo se limitó a confirmar lo que el Señor había dicho con sus palabras en Juan 11:25, 26. Cierto que fue ampliada y explicada en 1ª Tesal.4, pero la esperanza no es otra. No era lo que se ha llamado la esperanza de la Iglesia, a diferencia de la esperanza de Israel. No, sino que era la misma esperanza; lo único que ocurre es que estaba siendo aclarada y explicada.

La palabra del Señor en lo que a esta esperanza se refiere fue dada, por Él mismo, en Juan 11:25, 26.

Juan 11:25-26  Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.  26  Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

 

 Todo estaba ligado a Él, la Resurrección y la Vida. Es decir, que solamente podían encontrarse y disfrutarse en Él, por medio de Él y por Él, como Él había explicado:

 

El que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá (es decir, vivirá de nuevo en la vida de resurrección; por tanto, Yo le seré la Resurrección).

Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. (Yo le seré la Vida).

 

Esto fue lo que el Señor le dijo a Marta y es, además, la palabra del Señor en la primera Epístola que escribió el apóstol. Pablo la amplió, gracias a la inspiración, de la siguiente manera:

 

Pero nosotros, los que estamos vivos, permaneceremos hasta la parousia (o presencia) del Señor mismo, con voz de arcángel y con la trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Y luego los vivos serán JUNTAMENTE arrebatados en las nubes para reunirse con el Señor en el aire y estar para siempre con el Señor. (1ª Tesal.4:15-17).

 

En estas palabras tenemos una ampliación y descripción de las palabras del Señor en Juan 11:25, 26, y otros detalles más reveladores acerca de la resurrección; pero era la confirmación de lo que había dicho en Hebreos 2:3, y era la parousia o presencia del Señor.

Juan 11:25-26  Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.  26  Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?

 

Hebreos 2:3  ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron,

 

Estas eran las mismas palabras que el Señor había pronunciado en todos los Evangelios, en los Hechos de los Apóstoles y en las primeras Epístolas Paulinas que fueron escritas durante aquella Dispensación.

 Las encontramos en cuatro ocasiones en la primera Epístola a los Tesalonicenses, tres veces en la segunda Epístola y una vez en la primera Epístola a los Corintios. Pero ya no vuelven a aparecer más. El apóstol Pablo no usa la palabra después de estos casos, y la mención que se hace sobre ella en 1ª de Corintos nos lleva de vuelta a un tiempo paralelo al de Hechos 19. Después resultará en vano que la procuremos. La esperanza de la parousia se amplía de nuevo en las Epístolas a los Corintios, pero no se usa la palabra en esa relación.

En 1ª Corintios 15 se explica ampliamente la resurrección como la primera y en asociación con la trompeta de 1ª Tesal.4. En 2ª Cor.5 se explica el rapto como algo que requiere un cambio (acerca de lo cual nada se dice en 1ª Tesalonicenses); y habla sobre el estar revestidos con un cuerpo espiritual antes de ser arrebatados, sin el cual no se podría dar la presencia (o parousia) con el Señor. Pero ahí está todo lo que fue revelado acerca de la esperanza hasta el final de la Dispensación. Y ¿por qué? Porque Israel se negaba a arrepentirse, y porque la condición para que se cumpliese la esperanza no se había cumplido.

Hechos 28 es el punto decisivo de la historia bíblica de Israel, y le ha placido a Dios decirnos, con todo detalle, cómo se ha llegado a ese punto y cómo terminó. En ese capítulo (Hechos 28) se nos dice que la proclamación acabó en Roma, la capital de la dispersión, como había terminado en Jerusalén, la capital de la nación. El encarcelamiento de Pedro acabó una y el encarcelamiento de Pablo la otra.

El principal d los judíos (los dirigentes de la sinagoga) se habían reunido formalmente; ellos mismos habían decidido el día, y la reunión que tuvieron con Pablo duró todo el día, desde la mañana hasta el anochecer, y en la cual Pablo

 

Les declaraba y les testificaba el reino de Dios desde la mañana hasta la tarde, persuadiéndoles acerca de Jesús, tanto por la ley de Moisés como por los profetas; finalizando con la cita sobre la solemne sentencia de la ceguera judicial pronunciada por Jehová, pero por boca de Isaías (6:9) que, a pesar de haber comenzado antes de que el apóstol llegase a Roma (Hechos 28:15, 20, 25), tuvo su efecto absoluto a partir de aquel momento. Aquí llegamos al final de la Dispensación de los Hechos de los Apóstoles.

No hemos leído ni una sola palabra sobre la fundación de una Iglesia como una nueva organización, ni una palabra más allá de lo que Jehová había comenzado a decir por medio de Su Hijo. No hay ninguna referencia a ningún secreto escondido desde antes de la fundación del mundo; no se menciona una nueva esperanza que ocupase el lugar de la parousia que había sido aplazada. Nosotros los gentiles deberíamos habernos quedado sin esperanza de no haber sido por las Epístolas últimas escritas posteriormente para la obediencia de nuestra fe. Solamente en ella nos es posible leer acerca de las riquezas de la gracia de Dios  (Efesios 1:7; 2:7) y las riquezas de gloria (Efesios 1:18; 3:16; Filip.4:19; Colos.1:27).

Efesios 1:7  en quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados(B) según las riquezas de su gracia,

 

Efesios 2:7  para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.

 

Efesios 1:18  alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,

 

Efesios 3:16  para que os dé, conforme a las riquezas de su gloria, el ser fortalecidos con poder en el hombre interior por su Espíritu;

 

Filipenses 4:19  Mi Dios, pues, suplirá todo lo que os falta conforme a sus riquezas en gloria en Cristo Jesús.

 

Colosenses 1:27  a quienes Dios quiso dar a conocer las riquezas de la gloria de este misterio entre los gentiles; que es Cristo en vosotros, la esperanza de gloria,

 

Es verdad que antes de esto hubo dones de gracia y promesas de gloria, pero estas riquezas solo se mencionan en las últimas Epístolas de Pablo. A pesar de lo cual, algunos han insistido en que Pablo le dijo a los ancianos de la asamblea en Éfeso que él no se había recusado a declararles todo el consejo de Dios, pero lo que pasa es que, el consejo no es el propósito de Dios (Efesios 1:18  alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,, 11, etc.). El propósito de Dios que estaba relacionado con el secreto, lo tuvo desde ANTES de la fundación del mundo (Efesios 1:4  según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,); pero el consejo de Dios (que concernía a Israel y al Reino), lo tuvo DESDE la fundación del mundo (Mateo 13:35  para que se cumpliese lo dicho por el profeta, cuando dijo: Abriré en parábolas mi boca; Declararé cosas escondidas desde la fundación del mundo.(E) ; 25:34; Lucas 11:50; Hebreos 4:3; 9:26; Apoc.13:8; 17:8).

Hay un contraste entre las dos palabras en Efesios 1:11, donde leemos que ahora (en Cristo):

 

En él asimismo tuvimos (nosotros los gentiles) herencia, habiendo sido predestinados conforme al PROPÓSITO del que hace todas las cosas según el DESIGNIO  de Su voluntad.

 

El consejo de Dios que en Hechos 20:27 el apóstol declara que no había rehusado a declararles, se define en el versículo 25 como algo relacionado con el Reino de Dios. No podía, por tanto, estar relacionado con el Misterio (o secreto) que todavía no había sido revelado y que, cuando fue revelado, en las Epístolas escritas desde la cárcel, se ve claramente que no tenían nada que ver con el Reino de Dios.

A lo largo de toda la Dispensación de los Hechos, Pablo se había limitado a declarar el consejo de Dios, pero el propósito de Dios no fue dado a conocer hasta que él mismo lo reveló a los creyentes efesios en la Epístola que les dirige una vez que ya se había acabado aquella Dispensación; y Efesios 1:10 está fuera del testimonio que aparece en los Hechos de los Apóstoles.

Efesios 1:10  de reunir todas las cosas en Cristo, en la dispensación del cumplimiento de los tiempos, así las que están en los cielos, como las que están en la tierra.

 

¡Qué lamentable es que se tome la mayoría tan a la ligera el propósito de Dios revelado en estos tesoros de sabiduría y conocimiento (Colosenses 2:3  en quien están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.) abiertos a nuestra vista errante en las últimas Epístolas de Pablo, y situándose así, voluntariamente, en la condición anterior de los judíos durante la Dispensación de los Hechos, tomando esa como su posición actual delante de Dios!

Pero al hacerlo así no se dan cuenta que están despreciando esa tierra agradable en gran manera que está llena de las riquezas de la gracia y de la gloria de Dios, y donde se cambia la esperanza de la anastasis (resurrección) por la Ex-anastasis, y el poder de ser arrebatados en el aire transformándose en un llamamiento de lo alto pudiendo ir al cielo mismo, que es la más alta esfera de todas (Filipenses 3:11-14  si en alguna manera llegase a la resurrección de entre los muertos.  12  No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús.  13  Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante,  14  prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.). Es verdad, esa bendita esperanza es algo que puede convertirse en una realidad de un momento a otro, y sin privar a Israel de su propia esperanza, que es un hecho seguro, y que habremos de disfrutar cuando el día feliz de su arrepentimiento y vuelta al Señor haya por fin llegado. 

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